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Ellos lo saben todo

Clara Paolini

¿Por qué trabajamos gratis para Google y Facebook?

Internet es una mansión de cristal donde todo lo que miramos, sobre qué hablamos, lo que nos interesa o preocupa, dónde estamos, qué hacemos, con quién y cuándo, queda registrado para siempre. Vaya novedad, ¿verdad? A estas alturas todos hemos aceptado en mayor o menor medida que nuestra identidad, el más preciado bien de todo individuo, se nos escapa cada día un poco más de las manos a golpe de click. También sabemos, o al menos eso espero, que alguien se beneficia de todos esos valiosos datos que compartimos “sin querer queriendo”.

Sabemos todas esas cosas, pero en general, evitamos pensar en ello. No nos gusta hurgar más de la cuenta en el irrefutable hecho de haber entregado nuestras identidades; en primer lugar, porque resulta incómodo y molesto sabernos desnudos, listos para ser arrojados en la caja de las estadísticas o nichos de mercado, y en segundo, porque resulta sencillamente más cómodo y placentero seguir disfrutando de lo fácil que nos hace la vida internet, prefiriendo no detenernos en preguntas que puedan ocasionar conflictos internos imposibles de resolver.

Aun así, por mucho que intentemos evitar pensar en ellas en un intento de hacerlas desparecer, las preguntas incómodas siguen ahí, acechando nuestra apacible existencia en conectividad: ¿cuál es el precio que en realidad pagamos al utilizar servicios digitales gratuitos?, ¿qué consentimos, sin saberlo, al instalar cookies, aceptar las condiciones de Facebook o hacer una inocente búsqueda en Google?, ¿qué saben de nosotros las grandes empresas digitales y cómo lo utilizan?, ¿somos conscientes de que cómo los grandes gigantes digitales monetizan nuestro tiempo en red, nuestras reacciones y hasta nuestras relaciones?

En la cúspide de esta montaña de dudas se eleva la incógnita sobre si hallar respuestas de verdad nos preocupa o es más cómodo optar por el “ojos que no ven corazón que no siente” para poder seguir disfrutando de las innumerables maravillas que ofrece la web. Como primera respuesta a todas estas preguntas, un aviso a navegantes: lo más probable es que estas cuestiones quede sin resolver mientras el tiempo que pasas en esta página se monitoriza. Y resulta complicado dilucidar si eso es bueno o malo.

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Instalación de Rick Smolan para la exposición Big Bang Data vía Torene Project

¿Cómo utilizan nuestra información?

En los últimos años, un reducido número de corporaciones digitales ha conseguido hacerse con más información de la de ningún servicio de inteligencia en la historia soñara jamás. Compilar la ingente cantidad de datos que hoy nutre el llamado fenómeno Big Data ha resultado una tarea sorprendentemente fácil, porque la hemos entregado a cambio de cosas que nos gustan, o en este, punto, que consideramos hasta indispensables. Dar tu nombre, fecha de nacimiento y ubicación para poder enviar emails o hacer llamadas sin pagar un duro parece a simple vista, una oferta irrechazable.

Con el mismo principio, usamos Google Maps aceptando informar sobre dónde estamos, traducimos textos en otra lengua mientras dejamos un rastro de los contenidos que antes no entendíamos o adquirimos objetos baratos de importación dejando bien claro qué tipo de consumidores somos y cuáles son nuestros hábitos de compra. No es una trampa en la que hayamos caído de forma pasiva, e incluso nos convertimos en creadores de contenidos con los que rellenar los espacios sobre los que se publicitan las marcas. De lo que no nos damos cuenta es que en el fondo, todos esos fantásticos servicios que hacen de internet un espacio más útil y enriquecedor cada día, no son gratis. Son plataformas de las que disfrutamos gracias al sistema de trueque “servicios a cambio de datos”.

Estos intercambios, ¿contribuyen a hacer nuestra existencia un poco mejor, más fácil y agradable? Desde mi punto de vista sí, pero no conviene perder de vista el hecho de que Google o las redes sociales son empresas de publicidad cuyo modelo de negocio es utilizar nuestros datos para que el resto de compañías, que sí venden bienes o servicios a cambio de dinero, lo hagan de forma más efectiva. El principal objetivo de los gigantes digitales es enriquecerse. Si de forma colateral crean un mundo mejor conectado y más avanzado, o por el contrario, una sociedad más fácilmente manipulable, son a fin de cuentas, efectos colaterales.

En una entrevista al economista Yann Moulier-Boutang en la contra de La Vanguardia el experto ofrece una visión clara sobre lo evidente: todos trabajamos gratis para la GAFA (siglas de G-oogle, A-pple, F-acebook y A-mazon). “Millones de humanos no cobran ningún sueldo pero dedican gran parte de su vida a generar dividendos para las GAFA. Ocupando todas las facetas de nuestra vida, la digitalización consiste en poner online, ergo monetizar, todas las relaciones humanas (…) Se van apropiando de todos los signos que los humanos generamos en el planeta: el presupuesto de una empresa o el cumpleaños de la abuela en Facebook. Es la economía de la atención, cuanta más atención les prestamos, más datos les damos y más rentables son. Los convierten en dinero, acompañándolos de publicidad viralizada, o en información mercancía para venderlos como big data a otras empresas”.

Instalación HELLO World! de Christopher Baker vía Gunnar Knechtel Photography
Instalación HELLO World! de Christopher Baker vía Gunnar Knechtel Photography

Lo queramos o no, muchos de nosotros somos esclavos de internet, y como tal, ponemos al servicio de las grandes corporaciones nuestra mano de obra gratuita. Como resalta Moulier-Boutang, “nadie se daba cuenta de que gratis eran las baratijas con que los esclavistas engañaban a los nativos hasta encadenarlos”, como puede que tampoco estemos apreciando en toda su complejidad el nuevo status de control por parte de las compañías digitales porque lo que nos ofrecen, nos encanta.

Las mentes más brillantes de nuestra generación trabajan en sus oficinas, por lo que resultan “amos” bastante considerados. Manejando a la perfección el ambiguo concepto de libertad, pocos nos sentirnos cautivos, y aunque la publicidad nos molesta, seguimos considerando que somos medianamente libres y anónimos. Pasar tiempo navegando es tan entretenido, didáctico y útil, que llegamos a la conclusión de que nos están haciendo un favor, y como somos tantos los usuarios, el sentido de esclavismo o falta de privacidad queda diluido entre la masa. A fin de cuentas, ¿qué importa que sepan todo acerca de mí si no soy nadie? Mientras no utilicen mis datos bancarios sin mi consentimiento, todo bien.

Lo gratis, ¿sale caro?

En palabras extraídas del libro Código 2.0 de Lawrence Lessing “la mayoría de usuarios de Internet no tiene ninguna conciencia de si su conducta está siendo vigilada o de si puede ser rastreada. Más bien al contrario, la experiencia de la Red nos sugiere anonimato”. El libro de Lessig, aunque imprescindible, ha cumplido ya 10 años, por lo que cabe preguntarse si acaso ¿no hemos perdido ya la inocencia? Las evidencias acerca de cómo la GAFA y sus compinches utilizan nuestros datos se han ido amontonando de forma gradual, y a día de hoy, resulta casi imposible no ver cuáles son las consecuencias. Si por ejemplo escribimos en la página de Facebook de una aerolínea una queja, al cabo de los meses aparecerá entre las fotos de nuestros amigos el anuncio de una empresa que gestiona reclamaciones sobre cancelaciones, o si ojeamos un producto en cualquier plataforma de venta online, nos perseguirá su fotografía en forma de anuncio allá donde vayamos en la web. Estaremos hablando con un familiar en Facebook, leyendo el periódico online o usando una app y allí estarán; los zapatos sobre los que te detuviste 1,3 segundos o los mejores hoteles de aquel destino de vacaciones que googleaste por pura curiosidad, te perseguirán hasta el último rincón.

La publicidad a medida, dando en el clavo de tus deseos, necesidades y gustos, aparece como por arte de magia, pero dado que hemos llegado a la madurez como internautas, sabemos que tiene truco. Los métodos que las marcas utilizan para crear y segmentar la publicidad en internet no son ningún secreto, y no hace falta ser un gurú del marketing digital para conocer las claves sobre el funcionamiento del mecanismo que mueve los hilos. No es necesario que hayamos visto nunca un Google Analitycs mostrando gráficos de comportamiento, ni sepamos de forma exacta las opciones que Facebook ofrece a las marcas para elegir los perfiles adecuados sobre los que publicitarse. En un alarde de demostrar lo bien que nos conocen y lo mucho que nos quieren (como consumidores), el sistema con el que las empresas monetizan nuestras navegaciones se exhibe en nuestras propias narices cada vez que aparece un anuncio a medida.

Face to Facebook, una obra de Paolo Cirio y Alessandro Ludovico vía LSN Global.
Face to Facebook, una obra de Paolo Cirio y Alessandro Ludovico vía LSN Global.

Pueden persuadirnos, ¿pero no manipularnos?

Las campañas de publicidad online son cada vez más invasivas, pero también es cierto que nuestras habilidades para distinguir y esquivar anuncios se ha desarrollado a la par. Dado que hemos aceptado trabajar gratis para Facebook y Google y que sabemos cómo utilizan nuestra información, nos hemos visto obligados a desconfiar de todo como forma de vida. Sin embargo, nuestro impermeable anti publicidad tiene sus límites y a veces resulta difícil complicado distinguir la fina línea que separa la persuasión de la manipulación.

Conozco a pocas personas que hayan visto un anuncio completo en YouTube antes de dar al botón de “saltar publicidad” y he llegado a presenciar los superpoderes de algunos individuos a la hora de evitar el campo de minas de pop ups y publicidad en algunas páginas ilícitas de visualización o descarga de películas. Pero si muchas de las empresas digitales marcan el paso de la economía, por algo será. ¿Por qué sigue funcionando tan bien? La clave está en mezclarlo todo y usar el mismo formato, haciendo que cada vez resulte más complicado distinguir, si es que alguna vez fue posible, qué es publicidad y qué es información. De ahí que Facebook incluya los anuncios en nuestro timeline en lugar de la fácilmente esquivable columna lateral de antaño, o que los medios de comunicación incluyan a pie de página impactantes “noticias” virales de dudosa procedencia con links a plataformas plagadas de anuncios.

“Los vendedores ya no sólo seducen nuestros deseos innatos, sino que llegar a programar nuestros comportamientos.

El abuso está a punto de devaluar no solo la publicidad, sino la propia información, pero por lo visto por ahora funciona. Y es más, antes de que estas tácticas dejen de ser efectivas, ya se habrán instaurado otras aún más penetrantes. Hace un tiempo un artículo publicado en el diario The Atlantic predecía certeramente el futuro del marketing asegurando que “ las futuras aplicaciones que hacen uso de grandes volúmenes de datos, localizaciones, mapas, seguimiento de los intereses de un navegador y flujos de datos procedentes de dispositivos móviles y portátiles, prometen marcar el comienzo de la era de poder sin precedentes en manos de los vendedores, que ya no sólo seducen nuestros deseos innatos, sino que llegar a programar nuestros comportamientos”.

En el lado opuesto a eta afirmación, podemos pensar que es imposible llegar a tal manipulación. Somos demasiado inteligentes como para no darnos cuenta del efecto que la publicidad tiene en nosotros, y algo hay que dar a cambio de los servicios de los que disfrutamos. Por ejemplo, los usuarios de Wallapop intercambian entre ellos productos mediante una plataforma gratuita en la que todo parecen ventajas. Por ahora, a pesar de las multimillonarias inversiones, no ganan ni un duro por lo que se prevé que en un futuro, habrá publicidad. Es posible que utilizando nuestra ubicación y búsquedas, se ofrezca información sobre comercios a nuestro alrededor donde comprar lo que queramos de primera mano. ¿Estarán manipulando nuestra información para vendernos cosas? Sí, pero establecer si esto nos perjudica al manipular nuestras acciones, o nos beneficia al hacer más fácil que encontremos lo que queramos, depende del cristal con el que se mire.

Apocalípticos e integrados

apocalipticos-e-integrados-umberto-eco-4970-MLA4008899551_032013-FTomando como referencia el conocido libro Apocalípticos e Integrados de Umberto Eco, es posible aplicar las concepciones opuestas con las que el filósofo dividía la percepción de la cultura de masas a esta nueva dominación de los gigantes online.  Según los apocalípticos, la cultura de masas, o en este caso, la nueva era del marketing digital, genera homologación, manipula a sus públicos, provoca emociones pre construidas y está dominada por las leyes del mercado. Uno de las personalidades que mejor ejemplifica esta corriente de opinión sea quizá Andrew Keen, autor de Internet no es la respuesta. Por otro lado, desde la visión de los integrados, la actual era de la digitalización, no puede ser reducida a un fenómeno capitalista, permite el acceso democrático a la cultura y la información, puede servir como agente de formación y satisfacer necesidades. Como ejemplo de esta postura, cualquier trabajador de Sillicon Valley que considera que gracias a nuestros datos, la tecnología está haciendo del mundo un lugar mejor.

En el fondo importa poco de qué lado nos situemos, ya que lo cierto es que parece imposible escapar. La única alternativa a este nuevo mundo creado donde la publicidad mueve los hilos de nuestras acciones es no utilizarlo, y sinceramente, no parece una opción más beneficiosa que continuar compartiendo datos. Lo de poner en Facebook “no permito que se venda mi información” es una verdadera chorrada, leerse el rollo de las cookies cada vez que visitamos una página es impensable y por más que Google se empeñe en convencernos en su página de administración que no vende nuestra información a terceros, queda claro que eso es extensamente discutible.

La ley establece nuestro derecho a saber qué saben las empresas de nosotros, ¿pero de verdad nos importa? Tomando prestada una frase de Dan Ariely, los humanos somos “predeciblemente irracionales” por lo que no siempre actuaremos en nuestro mejor beneficio. Mientras unos sigamos disfrutando y otros enriqueciéndose, la maquinaria seguirá en marcha, aunque nunca está de más abrir los oídos al permanente murmullo que desde segundo plano se burla de nosotros susurrando “si lo barato sale caro, lo gratis ya ni te digo”.

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Freedom, una aplicación que busca 'uberizar' a los partidos políticos

Anna Carolina Maier

Foto: Ricardo de La Blanca
Ricardo de La Blanca

Ricardo de La Blanca tiene 15 años en la industria del mercadeo y las comunicaciones, pero este año su carrera está dando un vuelco. En enero presentó en Harvard, ante el programa Harvard Business School / YPO (Young President Organization), una aplicación que busca ‘uberizar’ a los partidos políticos. Se trata de Freedom que ya está siendo usada por 23 de estas organizaciones.

Entre ellas, está la del presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, la del candidato a la presidencia de Chile Sebastián Piñera, la del presidente de Bosnia y Herzegovina y ​la del partido del presidente de Ghana. El Partido Popular de España está estudiando empezar a usarla.

¿Cómo surgió? De La Blanca notó que los partidos funcionan de manera “muy primitiva” en cuanto a sus comunicaciones internas. “Los líderes de los partidos hablan con los demás integrantes del equipo mediante grupos de WhatsApp, BBM, text o Facebook”.

El especialista en comunicaciones, señala que al no estar todos los miembros del equipo en una sola plataforma, no es posible saber, “sin intermediarios”, sus opiniones, ni quién recibe realmente los mensajes. De modo que no hay cohesión, se pierde información y el desorden domina las comunicaciones internas.

“Tampoco los jefes de los partidos tienen manera de aprender de las bases porque simplemente no tiene contacto directo y constante”. Es allí donde entra el calificativo de ‘uberización’ de los partidos. La nueva herramienta “busca dar voz a cada miembro por igual para expresar sus ideas, para mostrar sus logros y esfuerzos”, explica su creador.

¿La reinvención de los partidos?

De La Blanca sostiene que, así como los hoteles fueron reinventados por Airbnb, los taxis por Uber (en eso que se llama economía colaborativa), con Freedom se busca reinventar a las organizaciones políticas. “Hacerlas más democráticas”.
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¿Cómo funciona?

Freedom es la primera plataforma social con algoritmos de aprendizaje automático desarrollada para que las organizaciones aumenten la transparencia en las ideas y la fidelización de sus miembros.

Cuenta con unos algoritmos para computar el trabajo del afiliado, los foros y actividades en los que participa, qué ideas aporta y cómo estas son recibidas. Además, registra los nuevos afiliados traídos por este miembro al partido y las personas que ha convencido para que voten por la organización durante una elección. El sistema agrupa los datos, los traduce a una escala de valores y les da un puntaje.

De La Blanca hace hincapié e insiste en que no se trata de “un Facebook”, ya que considera que allí “hay mucha confusión de la información” e incluso “se crean partidos falsos”.

“Eso es imposible en Freedom porque el partido tiene que hablar conmigo para que yo cree el perfil y le dé acceso”.

Después del acceso, la organización tendrá un panel de control en el que los miembros comparten ideas. Además, la directiva del partido contará con “un cerebro” que funciona como una computadora central “para ver el trabajo de los miembros y las ideas que proponen”.

Freedom, una aplicación que busca 'uberizar' los partidos políticos

Reconoce que la plataforma no puede estar absolutamente blindada ya que “hoy en día todo es hackeable, incluso la CIA”. Aún así, insiste en que el principal objetivo de la ‘app’ es, sobre todo, ser un palco abierto de conversación, de modo que la encriptación no es una prioridad. “En vez de hacerlo en Facebook lo haces en la herramienta y es más privado y seguro”, añade.

Sobre cómo se financia Freedom, comenta que a cada miembro que la use le cuesta tan solo “un café al año”. “Es decir 2.99 dólares” y sirve en todas las plataformas -android e iOS-. Actualmente trabajan junto a De La Blanca otros empresarios como Romir Bosu,  Nicolas E. Maslowski, Salomon Sredni, Jorge Prado, Tatiana Mendoza, Enrique López de Ceballos y Federico Nano.

¿De dónde viene?

A sus 45 años, ha tenido la oportunidad con su agencia de publicidad de atender a clientes políticos en Europa, Asia y América. Fue fundador de DLB Group, una de las agencias de marketing más importantes de Venezuela que luego se conviritó en una empresa internacional.

Con ella logró hacer campañas, no solo para grupos políticos venezolanos, sino para otros como el Partido Liberal en Colombia e incluso el El Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México. “Así me fui involucrando, poco a poco, con la política”, recuerda.

También cuenta que el vínculo inició por su cercanía con de los dirigentes que hoy son protagonistas en la oposición venezolana.

¿Dónde está la ‘app’ en este momento?

Luego de presentar en Harvard la idea, viajó a Madrid al congreso del Partido Popular donde presentó la aplicación. Pablo Casado, vicesecretario de comunicación del PP, ahora está evaluando si la implementa o no.

También presentó a Freedom en Brasil ante un congreso de la UPLA (Union de Partidos Latinoamericanos) donde consiguió que 19 organizaciones afirmaran unánimemente la intención de implementar la herramienta.

Asimismo, la está usando el candidato presidencial de Chile Sebastián Piñera para su campaña y luego de asistir la semana pasada al Congreso Conservador en Manchester donde fue invitado por WFD (Westminster Foundation for Democracy), logró el apoyo de esa fundación Británica para llevar Freedom a todos los países Africanos y Asia.

“Volé a Ghana para ver si en África había interés. Conocí al presidente y a su equipo y decidieron utilizar la aplicación. Fue gracias a ellos que me llamaron de Londres”, comenta.

Esta semana, la reunión es con la Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), conformado con expresidentes como Andrés Pastrana (Colombia), Jorge Quiroga (Bolivia), Luis Alberto Lacalle (Uruguay), Mireya Moscoso (Panamá), Miguel Ángel Rodríguez y Laura Chinchilla (Costa Rica). De La Blanca se muestra optimista en que muchos más partidos se unan para que los miembros de los equipos puedan influir en la política desde la pantalla de sus móviles.

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8 cuentas 'fake' de Twitter para echarte unas risas

Redacción TO

Foto: Fabrizio Bensch
Reuters

Twitter es un hervidero de talentos. Y el humor es una de las facetas más explotadas de la red social. Uno de los subgéneros del humor viral es el fake, las cuentas que parodian a distintos personajes famosos o de actualidad, personajes de ficción e incluso instituciones. En pleno boom de las fake news, las cuentas fake convierten en carcajada a los nombres (aparentemente) menos divertidos que quepa imaginar. No se libra ni Dios. Literalmente.

1. Donald Trump

La versión hispanohablante del presidente de Estados Unidos tuitea sobre deportaciones, Corea del Norte, el muro con México y demás temas relacionados con Washington con un toque de humor irreverente. “Dicen que es bueno hacer deporte; deportemos pues”, se define en su biografía de Twitter.

2. Kim Jong-un

Y uno de los mayores enemigos de Donald Trump también comenta la actualidad internacional desde el altavoz de Twitter. El imitador de Kim Jong-un se define como “Líder Supremo de la Corea buena, la del Norte, la fetén”.

3. Dios

Si el misterio de la Trinidad consiste en entender cómo demonios Dios es uno y tres a la vez, en el mundo digital son dos los dioses reinantes. @Sr_Dios se define ante sus más de 282.000 seguidores de la siguiente manera: “No quiero quedar como un prepotente, pero mira a tu alrededor… Todo lo he creado yo con estas manitas. Palabra de Dios”. @diostuitero, por su parte, se presenta así ante sus más de 400.000 followers: “Vengo de una familia desestructurada: madre virgen, padre paloma y durmiendo en un pesebre. Autor de La Biblia y Palabra de Dios Tuitero”.

4. Señora franquista

¿Quién es esta señora? Un fenómeno de Internet de identidad sin aclarar. Se trata de una mujer que, en la Transición, hacía una apología bastante sui géneris de Franco.

La cuenta fake de esta mujer, que tiene más de 64.000 seguidores, comenta la actualidad nacional desde una óptica de parodia al franquismo.

5. Forrest Gump

“La vida es como una caja de chocolates… A los gordos les dura menos”. Así se presenta en Twitter la cuenta fake de Forrest Gump, el entrañable personaje que le valió su segundo Oscar a Tom Hanks. Al igual que el auténtico Forrest, @esepinchewey deslumbra a sus más de 224.000 seguidores con grandes dosis de sabiduría cotidiana.

6. Mauricio Colmenero

Otro personaje de ficción que triunfa en Twitter. En este caso, se trata del camarero de la serie Aída. “Cincuentón soltero, hostelero, fascista, racista, putero, explotador, homófobo y madridista”. Así se presenta esta cuenta ante sus más de sus 600.000 seguidores.

7. Tomasa Pérez

La de la madre del popular yihadista El Cordobés es un ejemplo de esas cuentas que acumulan miles seguidores en pocos días tras su apertura por una noticia de actualidad y luego caen en el semiolvido, pero sirven para recordar que las redes sociales saben sacarle unas carcajadas hasta al terror del yihadismo. Tomasa Pérez convive pacíficamente con otra parodia, la de su propio hijo.

8. Quevedo

“El Siglo de Oro iba para Diamante pero Góngora nos jodió la nota media. Cojito y miope pero con mucha labia. No me da la gana ser serio”. ¿Quién habla? Don Francisco de Quevedo, que, reencarnado en tuitero, sigue despotricando contra Góngora y comentando la actualidad cultural. A su manera…

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La carrera por conquistar Marte se intensifica

Cecilia de la Serna

Foto: DOMINIC EBENBICHLER
Reuters

Marte es el sueño colono de nuestro siglo. Más allá de los confines de la Tierra puede estar la solución a los problemas de la Humanidad -o al menos eso defienden algunos, como Elon Musk, que se ha tomado la idea de enviar a humanos a Marte muy en serio-.

Los planes de Musk para conquistar el planeta marciano han sido diseñados para convertir la especie humana en multiplanetaria, como si de una película de Ciencia Ficción se tratara. La civilización podría estar en peligro en un futuro cercano, y emigrar al Espacio suena como una posibilidad no tan remota. Entre los proyectos que ha emprendido Musk, fundador de SpaceX y Tesla, está el lanzamiento de vuelos a Marte en 2024. Dentro de nada.

No obstante, Musk y su SpaceX no son los únicos que sueñan con habitar Marte. Dubái, el emirato más emprendedor, ha anunciado recientemente que está construyendo un prototipo de la colonia de Marte en el desierto para proporcionar “un modelo viable y realista para simular la vida en la superficie de Marte”.

Mars Science City, un plan en el desierto

El Gobierno de Dubái cree que todo es posible, por eso invierte los petrodólares en grandes planes para la Humanidad. No sabemos si es un espejismo, pero en su desierto ha ideado un proyecto para experimentar con la vida en Marte. Este plan lleva por nombre Mars Science City y cuenta con un presupuesto de 140 millones de dólares. Este proyecto ha sido desarrollado por el reconocido arquitecto Bjarke Ingels, fundador del estudio de arquitectura BIG y creador de la torre Two World Trade Center, el rascacielos que sustituirá a las Torres Gemelas. Su plan consiste en una megaciudad en mitad del desierto hará las veces de campus de simulación espacial, donde científicos y astronautas vivirán durante un año como máximo.

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Vista general del proyecto de Bjarke Ingels. | Imagen: Dubai Media Office

Aparte de los 140 millones de dólares, el resto de cifras asustan: la ciudad tendrá una superficie total de 176.516 metros cuadrados, convirtiéndose en la mayor ciudad de simulación espacial jamás construida, y está concebida para enviar vida a Marte de aquí a 100 años. Para julio de 2020, sus impulsores aseguran que serán capaces de enviar una sonda al planeta rojo.

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Con 176.516 metros cuadrados, Mars Science City será la mayor ciudad de simulación espacial jamás construida. | Imagen: Dubai Media Office

Los edificios que compondrán este futurista complejo serán, en palabras de los responsables del proyecto, “los más sofisticados del mundo”. Para su construcción se utilizará la tecnología de impresión 3D con arena del desierto, por lo que el impacto medioambiental será mínimo. Entre los proyectos que se emprenderán en esta ciudad extraterrestre están el perfeccionamiento de técnicas agrícolas en ambiente marciano, el almacenamiento de alimentos, la generación de energía y agua potable, entre otras cuestiones que afectan directamente a la habitabilidad del planeta rojo para nosotros, los humanos.

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Vista del interior de una de las cápsulas marcianas en el desierto de Dubái. | Imagen: Dubai Media Office

Aunque aún no exista una fecha de inauguración, o siquiera de iniciación de las obras, este mastodóntico plan emprendido por los Emiratos Árabes Unidos confirma una tendencia al alza: conquistar Marte es el próximo gran proyecto de la humanidad. No sólo en Dubái, sino en muchos otros lugares de la geografía terrestre

Elon Musk: el visionario de Marte

Si hay un nombre propio y poderoso que a día de hoy podamos relacionar con los viajes especiales ese es el del fundador de Tesla y SpaceX, Elon Musk. Con Tesla ha querido democratizar, a su manera, el uso de los coches eléctricos. Con SpaceX busca exactamente lo mismo en el campo de los viajes espaciales. Siempre a la vanguardia, ahora el equipo de Musk está trabajando en el diseño de un complejo sistema de naves de carga y de pasajeros para crear una colonia permanente en Marte. Su última creación son los Big Fucking Rockets (BFR), unas naves de 50 metros de largo que serán capaces de transportar a 100 pasajeros una y otra vez, como si fueran aviones convencionales.

No es, claro está, la primera vez que el Musk habla de su idea de llegar a Marte para quedarse. Ya el año pasado, el fundador de SpaceX presentó sus naves ITS, que tenían como objetivo fundar una ciudad de un millón de habitantes en Marte en el plazo de 50 a 100 años. El problema con el plan inicial de Musk era el precio, y es que la financiación para su proyecto era prácticamente irrealizable. No obstante, el nuevo plan es mucho más viable.

Las naves BFR son ligeramente más pequeñas baratas que las ITS. Además, Musk cuenta con que estas naves puedan darle rendimiento económico a SpaceX. Para obtenerlo, las BFR pueden ofrecer diversos servicios como, por ejemplo, vuelos de abastecimiento a la Estación Espacial Internacional. El plan de Musk no es una quimera. La compañía espera lanzar al menos dos naves no tripuladas a Marte en 2022. Las BFR medirán 106 metros de alto, 15 menos que las ITS, y serán capaces de enviar unas 150 toneladas de peso a la órbita baja de la Tierra. Además, podrán, según aseguran desde SpaceX, transportar 100 tripulantes en un viaje a Marte, en un total de 40 camarotes.

No hay duda de que Elon Musk, desde la iniciativa privada, ha animado una operación que parecía olvidada. De hecho, uno de sus reclamos más famosos -la existencia de una base espacial en la Luna- ya ha sido recogido por el gobierno de Donald Trump -gobierno del que el propio Musk era consejero hasta que el presidente decidió poner fin al acuerdo de París-.

De la NASA a la ESA: otras iniciativas

No sólo las iniciativas de Dubái y SpaceX tienen a Marte en la mirilla. También son reseñables otras como la de la agencia estadounidense, la NASA, o la europea, la ESA.

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, anunció recientemente en el Consejo Nacional Espacial en Chantilly (Virginia) que el Gobierno norteamericano tiene como objetivo llevar personas a la Luna para poder “construir las bases para mandar estadounidenses a Marte y más allá”. “Volveremos a enviar astronautas a la Luna, no solo para dejar detrás huellas y banderas”, aseguró en referencia al hito marcado en el año 1969 por el equipo formado por Neil Armstrong, Edwin Aldrin y Michael Collins, que aterrizaba en la Luna para demostrar que el horizonte se expande más allá de nuestra atmósfera.

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¿Emigraremos a Marte? | Foto: NASA / Handout / Reuters

La ESA, la Agencia Espacial Europea, también coquetea a menudo con la idea de conquistar Marte. Más bien, no quiere quedarse atrás. Por eso, en 2016 lanzó ExoMars, una misión conjunta de la ESA y la agencia espacial rusa Roscosmos, cuyo principal buscar pistas de vida en Marte en el pasado y el presente. Esta operación supuso un estrepitoso fracaso al conocerse que la sonda Schiapareli se había estrellado en el planeta rojo. A pesar de este fracaso, los Estados miembros de la Unión han aprobado la participación europea en la Estación Espacial Internacional hasta, al menos, 2024, y tampoco han renunciado al sueño marciano.

Las condiciones de Marte son mucho más cercanas a la habitabilidad para un ser humano que la mayoría de planetas de nuestro sistema solar, por eso el planeta rojo está en la mirilla de todos. No obstante, su colonización no es inminente. Aún a día de hoy, un humano desprotegido perdería el sentido en unos 20 segundos y podría sobrevivir no más de un minuto en la superficie de Marte sin llevar puesto un traje espacial. Este mero hecho da una idea de lo compleja que puede llegar ser esta empresa. Para salvar los obstáculos, el gobierno de Dubái, el visionario Elon Musk o las agencias gubernamentales más importantes de la Tierra intensifican su carrera por conquistar Marte. No sabemos quién será el primero que llegue, o el que más tiempo se quede, pero la respuesta está cada día más cerca.

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¿Está haciendo Tinder suficiente para evitar el acoso a las mujeres en la red?

Redacción TO

Foto: Mike Blake
AP

Esta historia siempre comienza de forma parecida. Chico le escribe a chica por una aplicación de citas online. La chica no contesta, por el motivo que sea, no importa. Él insiste. Pero sigue sin recibir respuesta. Entonces, reacciona mal, muy mal. En los mejores casos, la frase es “podías no haberme hecho perder el tiempo”. En los peores: párrafos muy violentos, agresivos, insultos e incluso amenazas. “Gracias por no responder, gilipollas”, “Adiós puta”, “Sigue utilizando filtros de Snapchat que te hagan parecer normal y ocultar lo gorda que estás. Buenas suerte buscando hombres. Te dejarán en cuánto vean lo obesa que eres”, “Zorra, ve a ahorcarte“. Todos son ejemplos reales.

Esta historia se repite demasiadas veces. Tantas que ya se refleja en las estadísticas. Los crímenes relacionados con las citas online han aumentado en un 382% en cinco años en Reino Unido, según la policía británica informó a Sky News. Se han registrado 2.054 ataques en Reino Unido entre 2011 y 2016. En 2011, se registraron 14 crímenes sexuales, en 2016, 106. Los ataques violentos han pasado de 29 a 240. Becky Crozier sufrió ataques de pánico y depresión después de ser acosada por un hombre que conoció online. Estuvo 10 meses sin salir de casa.

Con la intención de paliar esta grave situación, Tinder anunció la semana pasada una nueva herramienta llamada Reacciones. Esta nueva herramienta contra el acoso es en realidad una selección de respuestas animadas, solo disponible para las usuarias mujeres, que permite entre otras cosas lanzar un martini virtual en la cara del usuario que les está molestando. Es parte de la iniciativa Menprovement, creada por las empleadas de la compañía que han decidido que “enfrentarse a los idiotas debería ser fácil y divertido“.

Ahí han comenzado las críticas. Las dudas sobre la efectividad de las caritas animadas para luchar contra seres violentos que insultan, acosan y amenazan. Primer punto débil: enviar estas respuestas predeterminadas implica contestar al acosador, con la posibilidad de que se entienda como ganas de continuar la conversación. Seguimos: ninguna de estas animaciones, “divertidas y fáciles” tiene la fuerza suficiente para responder a los muy habituales “perra estúpida” que siguen a los rechazos. Y para terminar, esta herramienta da la sensación de que ligar y el acoso son dos caras de la misma moneda.

Sin embargo, Tinder, que es la aplicación de citas más grande y que ha celebrado su quinto aniversario, ha señalado que Reacciones no está diseñado para combatir el acoso en la aplicación: “Para combatir eso ya hemos aplicado varias iniciativas como incluir guías de comunidad mucho más estrictas, nuevos estándares de mensajes para todos los usuarios y actualizar nuestro sistema para reportar todas las incidencias”, recoge The Guardian.

Otras aplicaciones de citas como Huggle, creada por dos mujeres, han puesto al servicio de las usuarias otras herramientas, una de ellas permite la rápida identificación de los hombres, por lo que estos se sienten menos propensos a realizar estos comentarios.


Varios blogs y páginas de Instagram como Bye Felipe o Tinder Nightmare recopilan este tipo de historias. Especialmente, aquellas en las que el chico reacciona de forma agresiva y hostil cuando es rechazado o ignorado:

Una publicación compartida de Bye Felipe 👋 (@byefelipe) el

Pro tip: If she doesn't respond the first time, just add "bitch" at the end! 💡👍

Una publicación compartida de Bye Felipe 👋 (@byefelipe) el

Descripciones machistas o despectivas hacia las mujeres:

Y, por supuesto, las fotos de partes íntimas no solicitadas:


Aunque algunas usuarias tratan de sacar siempre el humor:

Una publicación compartida de Bye Felipe 👋 (@byefelipe) el

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