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Ellos lo saben todo

Clara Paolini

¿Por qué trabajamos gratis para Google y Facebook?

Internet es una mansión de cristal donde todo lo que miramos, sobre qué hablamos, lo que nos interesa o preocupa, dónde estamos, qué hacemos, con quién y cuándo, queda registrado para siempre. Vaya novedad, ¿verdad? A estas alturas todos hemos aceptado en mayor o menor medida que nuestra identidad, el más preciado bien de todo individuo, se nos escapa cada día un poco más de las manos a golpe de click. También sabemos, o al menos eso espero, que alguien se beneficia de todos esos valiosos datos que compartimos “sin querer queriendo”.

Sabemos todas esas cosas, pero en general, evitamos pensar en ello. No nos gusta hurgar más de la cuenta en el irrefutable hecho de haber entregado nuestras identidades; en primer lugar, porque resulta incómodo y molesto sabernos desnudos, listos para ser arrojados en la caja de las estadísticas o nichos de mercado, y en segundo, porque resulta sencillamente más cómodo y placentero seguir disfrutando de lo fácil que nos hace la vida internet, prefiriendo no detenernos en preguntas que puedan ocasionar conflictos internos imposibles de resolver.

Aun así, por mucho que intentemos evitar pensar en ellas en un intento de hacerlas desparecer, las preguntas incómodas siguen ahí, acechando nuestra apacible existencia en conectividad: ¿cuál es el precio que en realidad pagamos al utilizar servicios digitales gratuitos?, ¿qué consentimos, sin saberlo, al instalar cookies, aceptar las condiciones de Facebook o hacer una inocente búsqueda en Google?, ¿qué saben de nosotros las grandes empresas digitales y cómo lo utilizan?, ¿somos conscientes de que cómo los grandes gigantes digitales monetizan nuestro tiempo en red, nuestras reacciones y hasta nuestras relaciones?

En la cúspide de esta montaña de dudas se eleva la incógnita sobre si hallar respuestas de verdad nos preocupa o es más cómodo optar por el “ojos que no ven corazón que no siente” para poder seguir disfrutando de las innumerables maravillas que ofrece la web. Como primera respuesta a todas estas preguntas, un aviso a navegantes: lo más probable es que estas cuestiones quede sin resolver mientras el tiempo que pasas en esta página se monitoriza. Y resulta complicado dilucidar si eso es bueno o malo.

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Instalación de Rick Smolan para la exposición Big Bang Data vía Torene Project

¿Cómo utilizan nuestra información?

En los últimos años, un reducido número de corporaciones digitales ha conseguido hacerse con más información de la de ningún servicio de inteligencia en la historia soñara jamás. Compilar la ingente cantidad de datos que hoy nutre el llamado fenómeno Big Data ha resultado una tarea sorprendentemente fácil, porque la hemos entregado a cambio de cosas que nos gustan, o en este, punto, que consideramos hasta indispensables. Dar tu nombre, fecha de nacimiento y ubicación para poder enviar emails o hacer llamadas sin pagar un duro parece a simple vista, una oferta irrechazable.

Con el mismo principio, usamos Google Maps aceptando informar sobre dónde estamos, traducimos textos en otra lengua mientras dejamos un rastro de los contenidos que antes no entendíamos o adquirimos objetos baratos de importación dejando bien claro qué tipo de consumidores somos y cuáles son nuestros hábitos de compra. No es una trampa en la que hayamos caído de forma pasiva, e incluso nos convertimos en creadores de contenidos con los que rellenar los espacios sobre los que se publicitan las marcas. De lo que no nos damos cuenta es que en el fondo, todos esos fantásticos servicios que hacen de internet un espacio más útil y enriquecedor cada día, no son gratis. Son plataformas de las que disfrutamos gracias al sistema de trueque “servicios a cambio de datos”.

Estos intercambios, ¿contribuyen a hacer nuestra existencia un poco mejor, más fácil y agradable? Desde mi punto de vista sí, pero no conviene perder de vista el hecho de que Google o las redes sociales son empresas de publicidad cuyo modelo de negocio es utilizar nuestros datos para que el resto de compañías, que sí venden bienes o servicios a cambio de dinero, lo hagan de forma más efectiva. El principal objetivo de los gigantes digitales es enriquecerse. Si de forma colateral crean un mundo mejor conectado y más avanzado, o por el contrario, una sociedad más fácilmente manipulable, son a fin de cuentas, efectos colaterales.

En una entrevista al economista Yann Moulier-Boutang en la contra de La Vanguardia el experto ofrece una visión clara sobre lo evidente: todos trabajamos gratis para la GAFA (siglas de G-oogle, A-pple, F-acebook y A-mazon). “Millones de humanos no cobran ningún sueldo pero dedican gran parte de su vida a generar dividendos para las GAFA. Ocupando todas las facetas de nuestra vida, la digitalización consiste en poner online, ergo monetizar, todas las relaciones humanas (…) Se van apropiando de todos los signos que los humanos generamos en el planeta: el presupuesto de una empresa o el cumpleaños de la abuela en Facebook. Es la economía de la atención, cuanta más atención les prestamos, más datos les damos y más rentables son. Los convierten en dinero, acompañándolos de publicidad viralizada, o en información mercancía para venderlos como big data a otras empresas”.

Instalación HELLO World! de Christopher Baker vía Gunnar Knechtel Photography
Instalación HELLO World! de Christopher Baker vía Gunnar Knechtel Photography

Lo queramos o no, muchos de nosotros somos esclavos de internet, y como tal, ponemos al servicio de las grandes corporaciones nuestra mano de obra gratuita. Como resalta Moulier-Boutang, “nadie se daba cuenta de que gratis eran las baratijas con que los esclavistas engañaban a los nativos hasta encadenarlos”, como puede que tampoco estemos apreciando en toda su complejidad el nuevo status de control por parte de las compañías digitales porque lo que nos ofrecen, nos encanta.

Las mentes más brillantes de nuestra generación trabajan en sus oficinas, por lo que resultan “amos” bastante considerados. Manejando a la perfección el ambiguo concepto de libertad, pocos nos sentirnos cautivos, y aunque la publicidad nos molesta, seguimos considerando que somos medianamente libres y anónimos. Pasar tiempo navegando es tan entretenido, didáctico y útil, que llegamos a la conclusión de que nos están haciendo un favor, y como somos tantos los usuarios, el sentido de esclavismo o falta de privacidad queda diluido entre la masa. A fin de cuentas, ¿qué importa que sepan todo acerca de mí si no soy nadie? Mientras no utilicen mis datos bancarios sin mi consentimiento, todo bien.

Lo gratis, ¿sale caro?

En palabras extraídas del libro Código 2.0 de Lawrence Lessing “la mayoría de usuarios de Internet no tiene ninguna conciencia de si su conducta está siendo vigilada o de si puede ser rastreada. Más bien al contrario, la experiencia de la Red nos sugiere anonimato”. El libro de Lessig, aunque imprescindible, ha cumplido ya 10 años, por lo que cabe preguntarse si acaso ¿no hemos perdido ya la inocencia? Las evidencias acerca de cómo la GAFA y sus compinches utilizan nuestros datos se han ido amontonando de forma gradual, y a día de hoy, resulta casi imposible no ver cuáles son las consecuencias. Si por ejemplo escribimos en la página de Facebook de una aerolínea una queja, al cabo de los meses aparecerá entre las fotos de nuestros amigos el anuncio de una empresa que gestiona reclamaciones sobre cancelaciones, o si ojeamos un producto en cualquier plataforma de venta online, nos perseguirá su fotografía en forma de anuncio allá donde vayamos en la web. Estaremos hablando con un familiar en Facebook, leyendo el periódico online o usando una app y allí estarán; los zapatos sobre los que te detuviste 1,3 segundos o los mejores hoteles de aquel destino de vacaciones que googleaste por pura curiosidad, te perseguirán hasta el último rincón.

La publicidad a medida, dando en el clavo de tus deseos, necesidades y gustos, aparece como por arte de magia, pero dado que hemos llegado a la madurez como internautas, sabemos que tiene truco. Los métodos que las marcas utilizan para crear y segmentar la publicidad en internet no son ningún secreto, y no hace falta ser un gurú del marketing digital para conocer las claves sobre el funcionamiento del mecanismo que mueve los hilos. No es necesario que hayamos visto nunca un Google Analitycs mostrando gráficos de comportamiento, ni sepamos de forma exacta las opciones que Facebook ofrece a las marcas para elegir los perfiles adecuados sobre los que publicitarse. En un alarde de demostrar lo bien que nos conocen y lo mucho que nos quieren (como consumidores), el sistema con el que las empresas monetizan nuestras navegaciones se exhibe en nuestras propias narices cada vez que aparece un anuncio a medida.

Face to Facebook, una obra de Paolo Cirio y Alessandro Ludovico vía LSN Global.
Face to Facebook, una obra de Paolo Cirio y Alessandro Ludovico vía LSN Global.

Pueden persuadirnos, ¿pero no manipularnos?

Las campañas de publicidad online son cada vez más invasivas, pero también es cierto que nuestras habilidades para distinguir y esquivar anuncios se ha desarrollado a la par. Dado que hemos aceptado trabajar gratis para Facebook y Google y que sabemos cómo utilizan nuestra información, nos hemos visto obligados a desconfiar de todo como forma de vida. Sin embargo, nuestro impermeable anti publicidad tiene sus límites y a veces resulta difícil complicado distinguir la fina línea que separa la persuasión de la manipulación.

Conozco a pocas personas que hayan visto un anuncio completo en YouTube antes de dar al botón de “saltar publicidad” y he llegado a presenciar los superpoderes de algunos individuos a la hora de evitar el campo de minas de pop ups y publicidad en algunas páginas ilícitas de visualización o descarga de películas. Pero si muchas de las empresas digitales marcan el paso de la economía, por algo será. ¿Por qué sigue funcionando tan bien? La clave está en mezclarlo todo y usar el mismo formato, haciendo que cada vez resulte más complicado distinguir, si es que alguna vez fue posible, qué es publicidad y qué es información. De ahí que Facebook incluya los anuncios en nuestro timeline en lugar de la fácilmente esquivable columna lateral de antaño, o que los medios de comunicación incluyan a pie de página impactantes “noticias” virales de dudosa procedencia con links a plataformas plagadas de anuncios.

“Los vendedores ya no sólo seducen nuestros deseos innatos, sino que llegar a programar nuestros comportamientos.

El abuso está a punto de devaluar no solo la publicidad, sino la propia información, pero por lo visto por ahora funciona. Y es más, antes de que estas tácticas dejen de ser efectivas, ya se habrán instaurado otras aún más penetrantes. Hace un tiempo un artículo publicado en el diario The Atlantic predecía certeramente el futuro del marketing asegurando que “ las futuras aplicaciones que hacen uso de grandes volúmenes de datos, localizaciones, mapas, seguimiento de los intereses de un navegador y flujos de datos procedentes de dispositivos móviles y portátiles, prometen marcar el comienzo de la era de poder sin precedentes en manos de los vendedores, que ya no sólo seducen nuestros deseos innatos, sino que llegar a programar nuestros comportamientos”.

En el lado opuesto a eta afirmación, podemos pensar que es imposible llegar a tal manipulación. Somos demasiado inteligentes como para no darnos cuenta del efecto que la publicidad tiene en nosotros, y algo hay que dar a cambio de los servicios de los que disfrutamos. Por ejemplo, los usuarios de Wallapop intercambian entre ellos productos mediante una plataforma gratuita en la que todo parecen ventajas. Por ahora, a pesar de las multimillonarias inversiones, no ganan ni un duro por lo que se prevé que en un futuro, habrá publicidad. Es posible que utilizando nuestra ubicación y búsquedas, se ofrezca información sobre comercios a nuestro alrededor donde comprar lo que queramos de primera mano. ¿Estarán manipulando nuestra información para vendernos cosas? Sí, pero establecer si esto nos perjudica al manipular nuestras acciones, o nos beneficia al hacer más fácil que encontremos lo que queramos, depende del cristal con el que se mire.

Apocalípticos e integrados

apocalipticos-e-integrados-umberto-eco-4970-MLA4008899551_032013-FTomando como referencia el conocido libro Apocalípticos e Integrados de Umberto Eco, es posible aplicar las concepciones opuestas con las que el filósofo dividía la percepción de la cultura de masas a esta nueva dominación de los gigantes online.  Según los apocalípticos, la cultura de masas, o en este caso, la nueva era del marketing digital, genera homologación, manipula a sus públicos, provoca emociones pre construidas y está dominada por las leyes del mercado. Uno de las personalidades que mejor ejemplifica esta corriente de opinión sea quizá Andrew Keen, autor de Internet no es la respuesta. Por otro lado, desde la visión de los integrados, la actual era de la digitalización, no puede ser reducida a un fenómeno capitalista, permite el acceso democrático a la cultura y la información, puede servir como agente de formación y satisfacer necesidades. Como ejemplo de esta postura, cualquier trabajador de Sillicon Valley que considera que gracias a nuestros datos, la tecnología está haciendo del mundo un lugar mejor.

En el fondo importa poco de qué lado nos situemos, ya que lo cierto es que parece imposible escapar. La única alternativa a este nuevo mundo creado donde la publicidad mueve los hilos de nuestras acciones es no utilizarlo, y sinceramente, no parece una opción más beneficiosa que continuar compartiendo datos. Lo de poner en Facebook “no permito que se venda mi información” es una verdadera chorrada, leerse el rollo de las cookies cada vez que visitamos una página es impensable y por más que Google se empeñe en convencernos en su página de administración que no vende nuestra información a terceros, queda claro que eso es extensamente discutible.

La ley establece nuestro derecho a saber qué saben las empresas de nosotros, ¿pero de verdad nos importa? Tomando prestada una frase de Dan Ariely, los humanos somos “predeciblemente irracionales” por lo que no siempre actuaremos en nuestro mejor beneficio. Mientras unos sigamos disfrutando y otros enriqueciéndose, la maquinaria seguirá en marcha, aunque nunca está de más abrir los oídos al permanente murmullo que desde segundo plano se burla de nosotros susurrando “si lo barato sale caro, lo gratis ya ni te digo”.

Google I/O 2017 presenta sus grandes novedades que nos afectarán a (casi) todos

Redacción TO

Foto: Stephen Lam
Reuters

El evento del año para Google ha dejado importantes novedades que más pronto que tarde afectarán también a nuestra vida en la red. En el Google I/O, el gigante americano descubre sus nuevas herramientas para los desarrolladores informáticos que en unos meses estarán ya en nuestras manos.

Durante tres días, del 17 al 19 de mayo, Google ha presentado en Mountain View, California, sus nuevas versiones de Android, los nuevos ‘ojos’ de Google Assistant (antes era solo para voz) o sus novedades en lo que a realidad virtual se refiere. Te explicamos más detalladamente los grandes anuncios de la gran G para seguir innovando en el ecosistema tecnológico.

Google Lens, o los ‘ojos’ de Google Assistant

Es la nueva inteligencia artificial de la empresa americana capaz de aprender de las imágenes que tomas con tu smartphoneCon Google Lens podrás enfocar una flor y el sistema será capaz de identificar esa flor; o podrás hacer una foto a la clave y a la contraseña de tu router y el móvil se conectará automáticamente a esa red Wi-Fi.

Aunque no es la primera compañía que lanza una tecnología como esta, sus competidores (Pinterest Lens o Bixby Vision de Samsung) no tienen los 2.000 millones de usuarios que alcanza Android, o el motor de búsqueda de Google.

Esta función estará disponible en aproximadamente un mes con la aplicación Google Photos, aunque tarde o temprano, estará disponible también en Google Apps, incluido el Assistant.

Google I/O 2017 presenta sus grandes novedades que nos afectarán a (casi) todos 1
Fue el primer anuncio en el Google I/O 2017. | Foto: Stephen Lam / Reuters

Android O, la gran actualización del sistema operativo

Miles de teléfonos, relojes, televisiones o coches funcionan con Android, así que conocer los pormenores de esta nueva versión puede ser interesante para muchos. Google ya ha anunciado que su objetivo es lograr “experiencias fluidas y vitalidad” con esta nueva actualización.

Android O aumentará la seguridad con una nueva tecnología llamada Google Play Protect. Además, mejorará el rendimiento llegando a ser hasta dos veces más rápido que Android Nougat, o eso es lo que dice el portal sobre Android, AndroidPIT.

La nueva actualización tendrá también un contador de notificaciones que te permitirá poder ver de un vistazo en el icono de una app cuántas notificaciones tienes sin leer. También presenta una nueva forma para seleccionar texto que puede reconocer, por ejemplo, direcciones completas. Ah, y una nueva característica para los desarrolladores: Android soportará un tercer lenguaje de programación. A C++ y a Java se les une ahora también el soporte nativo Kotlin.


Google Assistant tendrá una app para iPhone

Para los usuarios de iPhone que suspiraban por el nuevo Assistant de Google, ya tendrán su aplicación. Algunos medios citan que ya está disponible en Estados Unidos, pero que no ha aparecido en la App Store de otros países.

Google Home

En los próximos meses, Google Home permitirá llamadas gratuitas en Estados Unidos y Canadá y en verano llegará a países como Australia, Francia o Alemania. Entre las nuevas funciones se incluye la lectura automática de notificaciones o el control de otros dispositivos en casa gracias al soporte Bluetooth. Además, ha conseguido más socios como Soundcloud, Hulu and HBO Now, y por tanto, podrá ofrecer más contenidos.

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La apuesta por una realidad virtual más simple sigue siendo una prioridad para Google. | Foto: Stephen Lam / Reuters

YouTube

Con la nueva aplicación de YouTube para televisiones se podrá disfrutar próximamente de vídeos 360 en la pantalla más grande de tu salón. También va a contar con una nueva función llamada Super Chat (un chat interactivo con el que se podrán comentar emisiones en directo).


Realidad Virtual y Realidad Aumentada

Google quiere deshacerse de los cables y conseguir un acceso más simple a la realidad virtual. En su plataforma Daydream, ha presentado unas nuevas gafas standalone VR capaces de reconocer el espacio que nos rodea sin necesidad de utilizar un teléfono móvil o un ordenador. Eso por un lado, y por otro, está el proyecto de realidad virtual de Google para los teléfonos.

El ‘Tango project’, y sus sensores 3D, serán aún más prácticos: por ejemplo, con esta nueva tecnología vamos a poder andar por una tienda y el propio smartphone nos indicará el camino hasta la estantería donde se encuentra lo que queremos comprar.

Tenemos un año por delante para ver cómo funcionan todas las novedades del gigante americano.

Inteligencia artificial: el mito de las máquinas autoconscientes

Jorge Raya Pons

Foto: KIM KYUNG-HOON
Reuters

Garry Kasparov era un joven entusiasta y soberbio que no podía imaginar que enfrentándose a una máquina podía salir derrotado. Pusieron frente al tablero del ajedrecista ruso, en febrero de 1996, un ordenador IBM que prometía una tecnología nunca vista; aquella supercomputadora se permitía analizar hasta 100 millones de movimientos por segundo y había recibido el nombre de Deep Blue. Cuentan los cronistas que Kasparov se llevaba las manos a la cabeza, que su gesto altivo inicial se fue transformando en un gesto preocupado y que finalmente ganó la partida por un margen muy estrecho.

Los informáticos de la compañía estadounidense decidieron desafiarlo una vez más en junio de 1997 advirtiéndole de que el oponente, en esta ocasión, sería más poderoso; habían fabricado una versión más sofisticada, más inteligente, que doblaba la capacidad de su versión anterior. A este ordenador lo llamaron Deeper Blue y acabó venciendo al campeón ruso, instalando la tristeza en su oponente y la duda en los expertos del ajedrez, que no podían imaginar que un escenario como aquél fuera posible. ¿Y si una máquina se había convertido en el mejor ajedrecista del mundo?

Esta historia refleja esa competencia casi literaria que existe entre la inteligencia humana y la inteligencia artificial a través uno de los casos más sonados en los que el cerebro humano se ha visto derrotado por el procesador de una computadora. Han pasado 20 años desde entonces y la inquietud ha ido en aumento; la tecnología no ha dejado de avanzar, de agregar mejoras, y cada vez está más presente en nuestros trabajos y hogares. Una gran parte de esta tecnología funciona, sin nosotros saberlo, gracias a mecanismos de inteligencia artificial.

¿Y si la inteligencia artificial superase a la inteligencia humana?
La partida de 1997 entre Garry Kasparov y una computadora de IBM, televisada. | Foto: Kathy Willens/AP Photo

Cuando un GPS nos sugiere una ruta o un restaurante, estamos interactuando con inteligencia artificial. Cuando una página web nos ofrece una noticia, cuando nos enfrentamos al usuario automático en un videojuego, estamos beneficiándonos de ella. “Desde el momento en que una máquina tiene unos sensores o una cámara, algo que recibe información y que puede procesarla y tomar una decisión simulando o haciéndolo muy parecido a como lo hace una persona, se conoce como inteligencia artificial”, explica Sergio Escalera, profesor del máster de Inteligencia Artificial de la Universidad de Barcelona.

“Estamos progresando en simular la conciencia, pero lejos de conseguir que una máquina sea consciente de sí misma”

Existe una sensación alimentada por las ficciones de que la inteligencia artificial es un elemento distante, a veces peligroso, que avanza un futuro distópico donde los hombres se someten a las máquinas. Esta hipótesis, claro está, es un gran nutriente de novelas y películas, pero la actualidad desvela una realidad bien distinta, como asegura Escalera: “Estamos muy lejos de que las propias máquinas tomen decisiones para hacer cosas diferentes para las cuales han sido programadas”.

Y eso pese a que los investigadores y desarrolladores se esfuerzan para que una máquina se asemeje cada vez más a los humanos: en los movimientos que hacen, en las acciones que ejecutan, en la forma que tienen de tomar decisiones. Sin embargo, como recuerda el profesor, nos encontramos a años luz de conseguir que un ordenador tenga emociones, sea capaz de sentir y de sentirse, de cobrar una conciencia sobre su propio existencia, y este es un factor clave. “Todo está avanzando, pero la conciencia es un mito”, dice Escalera. “Estamos igual que hace 50 años. Estamos progresando mucho en simular la conciencia, pero muy lejos de conseguir que una máquina sea consciente de sí misma”.

“Cuando una máquina lee novelas, puede aprender de la semántica y generar conocimientos”

Con todo, la incapacidad de las máquinas para empatizar y emocionarse, como se encarga de recordar el experto, no guarda relación con una inutilidad para crear belleza o provocar emociones. Una de las funciones más interesantes de la inteligencia artificial es que dota a sus ordenadores de la capacidad de aprender; a partir de determinadas técnicas, las máquinas aprenden de sus propios errores, son capaces de rectificar y perfeccionar sus aptitudes. Pese a todo, los resultados son todavía pobres y nos encontramos en un estadio primigenio. En cualquier caso, esta circunstancia alimenta una pregunta: ¿Podría aprender una máquina los elementos esenciales de la belleza, pintar un cuadro, escribir un poema?

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Commerce Bot, una máquina de servicio al consumidor, funciona con inteligencia artificial. | Foto: Paul Hanna/Reuters

Escalera sostiene que sí, que un robot puede que no tenga conciencia de sí mismo, que no sea capaz de sentir emociones, pero sí de provocarlas; la falta de conciencia no equivale, pues, a una falta de creatividad. “Yo creo que esto es distinto”, continúa el profesor. “Una cosa son las emociones y la conciencia, que están muy ligadas a los humanos y los seres vivos, y otra la creatividad y la capacidad de decidir. Cuando una máquina lee muchas novelas, puede aprender de la semántica y generar nuevos conocimientos, y a eso se le puede llamar arte. De esto no estamos tan lejos. Pero eso lo habrá creado sin emociones y sin conciencia, de forma mecánica. Una máquina puede crear emocionar en los humanos”.

En último término, persiste la duda de si un ordenador puede superar en inteligencia a un ser humano. “Sin duda, la inteligencia artificial es más rápida”, dice Escalera. Sin embargo, esta parece todavía una comparación difícilmente sostenible; los parámetros a determinar no están claros y el cerebro sigue siendo un misterio insondable. Aunque esta circunstancia no impidió que Ray Kurzweilun, director del departamento de ingeniería de Google, situara en 2029 la fecha en que este adelantamiento se producirá.

Cómo "apagar" el esperma: así funciona el anticonceptivo del futuro

Redacción TO

Foto: Srdjan Zivulovic
Reuters

Impedir que los espermatozoides lleguen al óvulo para evitar la fecundación. Este es el objetivo de todo método anticonceptivo y aunque las opciones para conseguirlo son cada vez más variadas y fiables, lo cierto es que en pleno siglo XXI el condón sigue siendo el rey.  Según cifras del Ministerio de Sanidad, Igualdad y Servicios Sociales, un 28,4% de los españoles utiliza el preservativo como principal método anticonceptivo, seguido por el 24,7% de los que no utilizan absolutamente ningún contraceptivo y el 21,7% de mujeres que toman la píldora.

En definitiva, tratándose de relaciones sexuales, la evolución desde que los griegos y romanos inventaron el preservativo al cubrir el pene con pieles y materiales orgánicos, resulta algo decepcionante. O bien una barrera protectora para ellos o bien píldoras con demoledores efectos secundarios para ellas. Ya era hora de innovar, y por fin llegan noticias augurando un futuro prometedor, un nuevo descubrimiento podría darle la vuelta a estas cifras al ofrecer un método tanto para hombres como para mujeres, científicamente fiable y tan cómodo como imperceptible.

Cómo "apagar" el esperma: así funciona el anticonceptivo del futuro

¿En qué se basa el nuevo método del botón?

La explicación científica se encuentra en un artículo publicado en la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) en el que las científicas Nadja Mannowetz, Melissa R. Miller, y Polina V. Lishko explican la importancia de un componente que actuaría como botón de “encendido” y “apagado” del esperma.

En una explicación simplista, para tener éxito en su misión, los espermatozoides tienen que ser buenos en dos cosas: la natación y la perforación. La mayor parte de métodos, incluidos los preservativos, están pensados para frenar la primera de las cualidades (impedir que los espermatozoides “naden” hasta su destino), pero,  ¿qué hay de la segunda parte? El esperma humano tiene que nadar entre 10 y 12 centímetros hasta llegar al óvulo, lo que viene a significar 24.000 veces su propia longitud, y tras el recorrido, convertirse en “taladro” con el que perforar la capa que cubre los óvulos.

En lugar de golpear de lado a lado como hacen durante su camino a través de las trompas de falopio, el espermatozoide empieza entonces a girar en una sola dirección, sacudiendo la cabeza hacia delante, a través del denso y viscoso entorno de las capas externas del óvulo. Los científicos llaman a esta maniobra el “golpe de poder“. La energía para producir este golpe proviene de iones de calcio, proveniente de un componente llamado CatSper que no está en ninguna otra parte de nuestro cuerpo. Encuentra algo que impida que estos “interruptores” de iones se enciendan, y estarás un paso más cerca de tener el anticonceptivo más eficaz del mundo. Es, precisamente, lo que acaban de hacer estas científicas.

Cómo "apagar" el esperma: así funciona el anticonceptivo del futuro 1
Vaginas artificiales en un laboratorio de fertilidad | Foto: REUTERS / Leonhard Foeger

En el artículo publicado en PNAS, las investigadores de la Universidad de California en Berkeley examinaron más de 50 compuestos químicos para encontrar unos cuantos que podrían evitar que los espermatozoides se movieran para realizar la perforación y los dos más prometedores provienen de plantas que los seres humanos han estado consumiendo durante milenios: lupeol, un compuesto que se encuentra en mangos, uvas y aceitunas, y pristimerin, que proviene de una antigua hierba medicinal conocida como Thunder God Vine.

Las científicas que han dado con esta clave explicaban en la revista Wired, que el descubrimiento puede convertirse en un anticonceptivo útil tanto para “emergencias” como de uso regular y que el uso de estas sustancias es “diez veces más efectivo que cualquier otro método” e impide que la fertilización del óvulo llegue a realizarse, con lo que incluso aquellos que creen que la vida empieza en la fertilización, no podrían tachar de abortista al método.

Los ensayos en primates para dar con las dosis adecuadas ya han comenzado, y las científicas esperan alcanzar resultados a finales de este año. Según sus cálculos, este nuevo método podría empezar a comercializarse en los próximos tres años, convirtiéndose así en el más eficaz anticonceptivo universal al alcance de todos.

La generación dispuesta a parar la gran ciberguerra global

Cecilia de la Serna

Foto: Kacper Pempel
Reuters

Los expertos coinciden ya en que estamos inmersos en un gran conflicto global -¿Tal vez la Tercera Guerra Mundial?- y que sus trincheras están en Internet. Esta ciberguerra ha tenido su mayor exponente en el reciente y mediático ataque masivo sufrido por entidades de todo el mundo. El virus informático WannaCry desnudó en pocas horas las vulnerabilidades de una sociedad hiperconectada y cada vez más dependiente de la tecnología. En España, por ejemplo, logró penetrar en el sistema de Telefónica, mientras que en el Reino Unido logró paralizar numerosos hospitales públicos, y en otros países entró en los sistemas de entidades críticas y bancos. Parece que WannaCry ya empieza a remitir, pero los expertos alertan de un segundo ciberataque mundial por otro virus: el Adylkuzz.

Espionaje, contraespionaje, mero chantaje económico, o acciones de sabotaje masivo están a la orden del día en este clima de ciberguerra. Forman parte de auténticas mafias ciberdelictivas, e incluso de la estrategia de los gobiernos. Esta ciberguerra también se revela en recientes episodios en las urnas, con los hackeos denunciados en Francia y en los expuestos en la elección que terminó con el republicano Donald Trump en la Casa Blanca.

Dos veinteañeros al rescate

El ciberataque que propagó este software malicioso por todo el mundo fue frustrado por un joven investigador británico con la ayuda de otro ingeniero de seguridad de veintitantos años en Estados Unidos. Ambos pertenecen a la generación de hackers dispuesta a parar la gran ciberguerra global.

Los ‘hackers de sombrero blanco’ usan sus amplios conocimientos informáticos para encontrar los fallos en la seguridad de los sistemas 

Antes de continuar, no está de más recordar que ‘hacker’ no es necesariamente un término peyorativo. Existen hackers buenos, como aquellos que trabajan día a día por preservar la privacidad de millones de usuarios o aquellos que ayudan con su labor a proteger la seguridad nacional de sus países. Estos individuos, conocidos en el entorno digital como ‘hackers de sombrero blanco’, hacen uso de sus amplios conocimientos informáticos para encontrar los fallos en la seguridad de los sistemas y prevenirlos de los ataques malintencionados de los otros hackers, los malos. A veces trabajan con ejércitos y cuerpos y fuerzas de seguridad de los estados, a veces para empresas privadas y en otras ocasiones lo hacen por su cuenta.

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Marcus Hutchins es el héroe accidental de los últimos días. | Foto: Frank Augstein / AP

Marcus Hutchins es un hacker de sombrero blanco. Británico, de 22 años, aficionado a los videojuegos y un jovencísimo especialista en ciberseguridad, es el perfil que está detrás del hombre que logró bloquear el pasado viernes la extensión del virus WannaCry. Lo hizo desde un ordenador en su pequeña habitación en la casa de sus padres, en Devon, en el suroeste de Inglaterra. Este joven, que responde al alias (ya no) anónimo de ‘MalwareTech’, se convirtió en el héroe accidental de este “ciberdrama” global. Hutchins descubrió la kill switch -la forma de apagar el virus- al darse cuenta de que los responsables del WannaCry habían creado un dominio oculto en el software que hacía las veces de tecla de desactivación interna para los propios piratas. Para ejecutar el bloqueo del virus, primero infectó su propio ordenador con el ransomware. Consiguió, con la ayuda de un amigo, una muestra del malware y al ejecutarlo se dio cuenta de que llamaba a un dominio, gwea.com, no registrado. Hutchins registró este dominio por 10 euros y redirigió el tráfico a un servidor de Los Ángeles. La propagación se paró inmediatamente y sin que nadie lo esperara. El propio Hutchins contó en su página web cómo descubrió, casi sin querer, esa vulnerabilidad del virus, convirtiéndose en un héroe a escala global.

Otro veinteañero también reparó en el interruptor que bloqueaba el virus. Se trata de Darien Huss, un ingeniero de investigación de 28 años que trabaja para la firma de ciberseguridad Proofpoint. Desde el otro lado del Atlántico, Huss estaba haciendo su propio análisis y se puso en contacto con Hutchins para colaborar en el bloqueo. Huss hizo una captura de pantalla que mostraba su descubrimiento, y la compartió en Twitter.

Hutchins responde como nadie al perfil típico de la Generación Z: no fue a la Universidad y aprendió por sí mismo 

La vida de Marcus Hutchins ha cambiado radicalmente tras su accidental descubrimiento. En estos momentos está trabajando con el gobierno británico, concretamente para el Centro Nacional de Seguridad Cibernética, en la labor de evitar un posible nuevo ataque del virus. Además, ha recibido una multitud de ofertas de trabajo. Actualmente trabaja para la firma estadounidense de inteligencia privada Kryptos Logic, según publica el británico The Daily Mail. Hutchins responde como nadie al perfil típico de la Generación Z: no fue a la Universidad y aprendió por sí mismo las más sofisticadas técnicas de hacking.

Un ejército de jóvenes hackers

El ataque masivo de la pasada semana provocó un auténtico revuelo mediático. No era para menos ya que era una agresión sin precedentes en la red. Tanto es así, que los propios gobiernos se vieron obligados a explicar algunas de sus estrategias en la lucha contra el cibercrimen, e incluso a impulsar nuevas medidas.

El Estado podría aprovechar los recursos y conocimientos de ciudadanos anónimos para proteger al resto

El Partido Popular, actualmente en el gobierno de España, anunció la realización de un borrador para la creación de una milicia de voluntarios civiles, en su mayoría hackers, que en cuestión de minutos pueda combatir codo con codo con los ciberguerreros del Estado, en el caso de que se produjese una agresión informática que pusiera en peligro una infraestructura crítica del país o a una empresa estratégica.

De esta forma, el Estado aprovecharía los recursos y conocimientos de ciudadanos anónimos -en su gran mayoría gente muy joven- para proteger al resto de los mortales sin esa sabiduría informática.

¿De qué lado estás?

En cuestiones informáticas los más jóvenes parece que siempre tienen las de ganar. Los más pequeños ya aprenden el lenguaje de programación a muy temprana edad, como quien aprende inglés o francés. Los adolescentes de la Generación Z son nativos digitales, por lo que términos como malware o ransomware no son inescrutables para ellos. Ahora se les presenta ante sí la disyuntiva que toda generación ha tenido que dilucidar: estar en el lado del bien o en el del mal. En la ciberguerra que no se avecina, sino que se da en estos precisos instantes, es necesario escoger un lado.

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