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En estado salvaje, un relato sobre la misoginia contemporánea

Anna Maria Iglesia

Foto: Lumen
Lumen

Diez jóvenes mujeres recluidas en una especie de cárcel en medio de la nada. Ellas no saben por qué están ahí, apenas recuerdan en qué momento las secuestraron. Ahora, despojadas de todo, conviven entre la violencia y la represión. Solo comparten un pasado similar: todas fueron protagonistas y víctimas de “escándalos” sexuales, que ellas mismas relataron. Esa fue su culpa: hablar.

 En estado salvaje (Lumen) de Charlotte Wood reflexiona sobre la misoginia y la estructura patriarcal de la sociedad occidental; la novela se interroga sobre la ausencia de libertad de la mujer, resultado de la imposición de un rol determinado, de unos parámetros de actuación demarcados y de un obligado silencio, que permite la perduración de un sistema que todavía no ha aceptado el completo y libre empoderamiento de la mujer.

En Estado Salvaje, un relato sobre la misoginia contemporánea 2
Portada de “En estado salvaje” | Imagen vía Editorial Lumen

En estado salvaje es, formalmente, una ucronía, sin embargo, el referente último al que apela es la sociedad actual. ¿Por qué enmarcar la acción fuera de un tiempo y de un lugar concretos para hablar de la sociedad presente?

Es muy buena pregunta y es, además, algo peliaguda. El origen primero de la historia de En estado salvaje está en un lugar real de Australia, una institución para mujeres que existió realmente hasta hace algunas décadas. Empecé a escribir la historia situándola en ese marco temporal y en ese espacio concreto, sin embargo, el relato no terminaba de funcionar. Además, si observaba la cultura y la sociedad que me rodeaban, veía un gran número de ejemplos de misoginia así que decidí hacer un cambio en el tiempo de la narración y proyectar la historia, quizás, hacia un posible futuro. Y me gustó el resultado que obtenía con una narración que, por no estar circunscrita a un tiempo en concreto, provocaba un cierto malestar en el lector que, como las protagonistas, no sabe exactamente dónde se encuentran.

¿Ese origen al que hace referencia es una institución reformadora donde permanecían recluidas a chicas “problemáticas”?

Efectivamente, se trata de una institución australiana que permaneció abierta hasta 1974. Escuché de su existencia por un documental de la radio y me enfadó muchísimo saber que, en aquellos mismos años en los que yo era una chica joven y libre, había tantas otras chicas que estaban encerradas en una institución como aquella en unas condiciones incluso más terribles de las que yo narro en la novela.

Una institución que, además, estaba avalada por el Estado.

Sí, claro, era una institución gestionada por el Gobierno. Era una auténtica locura. Muchas de las chicas que estuvieron allí encerradas, fueron condenadas a esa reclusión porque habían sido víctimas de alguna violencia –habían sido violadas en la familia, habían sufrido acoso- y habían reclamado ayuda. Lo que sucede es que, cuando pidieron ayuda, la respuesta que obtuvieron fue la reclusión; en cambio de ofrecerles ayuda, se las castigó por lo que habían sufrido.

Aquellas chicas son, en parte, como sus protagonistas: todas ellas son víctimas de situaciones de acoso público o violación que son castigadas por haber contado públicamente lo vivido.

Efectivamente, a todas ellas se las castiga por hablar. No se las castiga por haber vivido lo que han vivido, sino por hablar de ello, por contarlo. Si se hubieran quedado calladitas no les hubiera pasado nada malo. Es cierto que mi libro exagera y tira de la cuerda, pero esta idea de castigar o condenar a quien habla es algo común: cada día en la sociedad en la que vivo, observo como el silencio ante determinadas circunstancias se impone como manera para poder salvarse. Lo importante es no hablar, no decir. Así que he exagerado, pero solo un poco.

Hablar implica condenar y denunciar al verdugo, que, en muchos casos, más que una persona individual, es el propio sistema.

Claro, por esto molesta que se hable, porque hablar implica precisamente esto que comentas. El hecho de que las chicas puedan hablar y contar lo que han vivido, las convierte en una amenaza para los hombres y su estatus, pero también para la sociedad en general. A la sociedad o, por lo menos, a la sociedad australiana, no le gusta las mujeres que se empoderen con pleno derecho.

¿Definiría la sociedad australiana como una sociedad esencialmente machista?

Sí, Australia es un país machista. Es una pena tener que decirlo, pero es así. Sin embargo, no creo que Australia sea el único país todavía machista. El año pasado, me entrevistó la BBC y me preguntó si Australia tenía más misoginia que otros países y no puede responder, aunque pensé que, a lo mejor sí, que a lo mejor Australia sí era más misógina que otros países occidentales. Sin embargo, luego Donald Trump fue elegido como presidente de Estados Unidos y, entonces, pensé que Australia no era el país que peor estaba.

De la misma manera que usted se muestra crítica con la estructura patriarcal de la sociedad, también se muestra crítica hacia la falta de empatía de las mujeres entre ellas. Hay muy poca unión entre las mujeres recluidas de su novela.  

Ciertamente, esas mujeres no está unidad, ni al inicio ni al final; esa unión, reflejo del apoyo mutuo, nunca llega, pero no es exclusiva de mi novela. Esta desunión entre las mujeres es algo que veo yo a mi alrededor con bastante frecuencia: las mujeres no siempre se apoyan las unas a las otras, no siempre son un bloque unido. En ocasiones, cuando una mujer es amenazada, trata de tomar fuerza compitiendo con otra mujer o, incluso, empujándola. En ocasiones, las mujeres nos alienamos con los hombres, en cambio de apoyarnos a nosotras mismas.

En Estado Salvaje, un relato sobre la misoginia contemporánea
Charlotte Wood durante su visita a Barcelona | Imagen vía Editorial Lumen

Como se dice en su novela, ¿lo único que importa es sobrevivir?

Sí, eso dice una de las chicas, pero creo que esa frase también puede extrapolarse a nuestra sociedad. Creo, sinceramente, que en la cultura contemporánea es duro para las mujeres ser verdaderamente libres, porque hay tantos juicios y tanta presión sobre el cuerpo, tantos juicios sobre lo que puedes llevar o no, sobre el trabajo que puedes hacer o no… Hay tantas reglas impuestas a las mujeres que, a veces, es más fácil rendirse y aceptar sin mayor discusión lo que se te impone.

Sin embargo, esta aceptación es peligrosa, es una forma de legitimación del status quo

Claro, es muy peligroso, pero para huir es esa aceptación es necesario mucho valor y mucha fuerza, pero no basta solo con el valor: ante todo es necesario alejarse del discurso general, de ese status quo que podríamos llamar sociedad o cultura, negarlo y refutarlo. Solo así es posible ser verdaderamente libre y solamente siendo verdaderamente libres podremos decir “no” a ese alud de instrucciones y normas que nos imponen diariamente desde nuestra propia sociedad.

Y esa aceptación es la que, sin embargo, define a la mayoría de las jóvenes de su novela.

Ellas, las jóvenes recluidas, aceptan ese aprisionamiento en sus mentes. La cárcel no es solo física, sino también mental, porque todas, con la única excepción de dos, terminan aceptando su situación, porque no tienen el valor necesario para decir no.

Su personaje Hetty, en cambio de liberarse de las normas que se le imponen, se alía con quienes las imponen. Se convierte en una mujer que da la espalda a las otras mujeres.

Hetty refleja aquello que comentábamos antes: es ese tipo de mujer que, para sobrevivir, se alinea con el discurso de los hombres o, en este caso, con el discurso de los represores. Además, el personaje de Hetty, me permitía observar como por el simple hecho de que un grupo de personas comparta una misma situación violenta o complicada –en este caso, un grupo de mujeres atrapadas en una especie de cárcel- no significa que ese grupo termine siendo un grupo unido ni que las personas que lo componen vayan a llevarse bien las unas con las otras y ser amables entre sí. Al contrario, creo que el hecho de estar en una situación de extrema presión y reclutamiento puede dificultar las relaciones y no fomentar esa unión que, sin embargo, sería necesaria.

En estado salvaje se ha leído en paralelo con El cuento de la criada, sin embargo, podríamos también establecer una relación con la novela de William Golding, El señor de las moscas.

Muchas personas han comentado esto que dices y han citado precisamente estos dos libros, relacionándolos con mi novela. Cuando leí, una vez terminada de escribir, mi novela me di cuenta de que era completamente diferente a todo lo que había escrito antes así que le dije a mi editora que sentía como si mi libro fuera el resultado de un embarazo subrogado en el que no sé quién son los padres de la criatura. Mi editora, sin embargo, en seguida me dijo que los padres de mi criatura eran Atwood y Goldwing. Lo curioso es que yo no he leído El señor de las moscas y me obligué a no leer El cuento de la criada hasta terminar mi novela. Lo que sucede es que estos dos libros están en la conciencia colectiva.

¿Cree que se ha dado un paso hacia atrás con respecto, por ejemplo, al movimiento feminista de los años sesenta y setenta?

No estoy segura, me preocupa que pudiera ser así. Sin embargo, tengo que decir que desde que se publicó la novela en Australia, me he encontrado con muchas mujeres jóvenes que son profundamente feministas y esto me hace pensar que no hemos retrocedido. Dicho esto, en la sociedad todavía hay muchas cosas a las que las jóvenes mujeres se tienen que enfrentar, todavía hay mucho que hacer, sobre todo en relación al sistema capitalista, que ha colocado a las mujeres en un papel condicionado, es decir, no las hace realizarse libremente.

¿El capitalismo ha mercantilizado a la mujer?

Sí, creo que hasta un cierto punto es así. El problema es que no sé cuál es la alternativa, pero lo que tengo claro es que, en nuestra cultura occidental, todo tiene que ver con comprar y vender. Y en esta dinámica, no sólo se utiliza a las mujeres para vender cualquier tipo de cosa, sino que, incluso, se hace del cuerpo de la mujer un objeto que debe ser vendido y, por tanto, comprado. Hablamos de Occidente, pero hay que hablar de la explotación que sufre la mujer en los países más pobres, una explotación muchas veces fomentada por Occidente. Lo que no se puede hacer en nuestros países, muchos lo van a hacer en países más pobres, donde además las mujeres están especialmente desesperadas por la situación que viven. Y, volviendo a Occidente, me preocupa mucho las leyes contra el aborto que existen en algunos estados de Estados Unidos.

Leyes que son una forma de tutelaje estatal.  

Efectivamente. No recuerdo exactamente en qué estado, pero leí que en uno de los estados de Estados Unidos se promulgó una ley según la cual la mujer tiene que pedir permiso al Estado para poder abortar. ¡Esto es lo que nos contaba Margaret Atwood! No hay que olvidar que no hay libertad cuando hay un tutelaje, un poder que impone qué decisiones tomar.

A pesar de estas leyes, usted se muestra positiva ante el compromiso de las mujeres más jóvenes.

Sí, claro, porque hay un nuevo despertar entre las jóvenes mujeres. Cuando vi la marcha de las mujeres en Washington, me hizo darme cuenta de que hay un poder nuevo y joven activo. Una joven mujer me escribió tras haber leído En estado Salvaje y me dijo: “Antes estaba dormida. Leí su libro y ahora estoy despierta”. Estas palabras me impresionaron, porque lo que quería conseguir con mi libro era acudir a la gente y movilizarla. Así que, a lo mejor, hay otras tantas mujeres que, ahora, con la elección de Trump, finalmente despertarán.

¿Cree que la literatura tiene la capacidad de movilizar social o políticamente?

¡Ojalá fuera así siempre! Por lo general, creo que la literatura tiene potencialmente un gran poder de movilización social y política. Al menos, así ha sido para mí muchas veces en la vida. Y así lo demuestra el éxito de la serie El cuento de la criada, que se ha convertido en un símbolo del sentimiento feminista.

¿Cuándo escribía En estado salvaje era consciente de estar escribiendo un libro combativo, un libro que iba a dar de qué hablar?

Durante mucho tiempo, pensaba que nadie lo iba a leer por ser demasiado duro y oscuro. Cuando empezaron a llegar los primeros lectores, me di cuenta de que la gente respondía muy positivamente, pero, mientras escribía, yo no era consciente de la fuerza que tenía el texto. Por esto, me impactó la respuesta de los lectores y la gran cantidad de cartas que me han enviado lectores, tanto hombres como mujeres, diciéndome lo que habían sentido con la lectura. Un hombre me dijo que la lectura de En estado salvaje había sido como pasar por una radiografía que le muestra todo aquello que tiene, en tanto que hombre, dentro de sí.

¿Cree que su novela es todavía más dura para un lector masculino, que puede verse reflejado en ese sistema patriarcal representado por la cárcel?

Sí, creo que sí. Es interesante ver cómo con este libro he tenido muchos más lectores hombres de cuantos había tenido con mis anteriores libres. Una mujer me comentó que su marido había leído la novela, porque, desde siempre, había entendido y había sido consciente, digamos, desde una perspectiva intelectual, de las problemáticas relacionadas con la misoginia y el patriarcado, sin embargo, la novela le ha hecho física y emocionalmente sensible a ellas. En cierta manera, a través de la novela, el marido de esta mujer ha sido finalmente consciente de lo que siente una mujer ante determinados ataques, se ha dado cuenta de lo que significa para una mujer vivir en una cultura misógina.

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El gran poder de China pasa por su nueva Ruta de la Seda

Luís Torras

Foto: JASON LEE
Reuters

Desde 2012, China ha avanzado con paso firme convertirse en una Gran Potencia con influencia real sobre la comunidad internacional, capaz de controlar sus intereses domésticos y los regionales.Uno de los grandes ejes de esta política exterior es el llamado One Road, One Belt: una ambiciosa empresa de colaboración internacional para impulsar infraestructuras y el desarrollo económico a lo largo de la amplísima región euroasiática. Un proyecto que alumbra una China más abierta, colaborativa e integrada en la economía global con las nuevas oportunidades y amenazas que esto supone.

A lo largo de la historia, China ha tenido una actitud ambivalente con respecto al comercio exterior. Dinastías como la Yuan (Mongoles), que dominó el destino de China durante los siglos XIII y XIV (1279-1368), fue relativamente plana, abierta y permeable para con el intercambio cultural. Estos serán los tiempos de Marco Polo, donde los dominios del entonces emperador Kublai Kan se extendían desde el norte de Manchuria hasta la orilla misma del Danubio. Tiempos de comercio e impulso tecnológico que culminará con los viajes por el Índico del marino Zheng He iniciados en 1371 e interrumpidos de forma repentina en 1433 por motivos políticos. Durante estos años de apertura, China parecía olvidarse de su Gran Muralla, que durante tanto tiempo había sido barrera de protección y muro de aislamiento, como recuerda la historiadora Julia Lovell.

Esta visión aperturista no será la tónica general. Con la llegada de la dinastía Ming, China alcanzará su zénit, pero también iniciará su declive. Poco antes de la interrupción de los viajes de ultramar del marino Zheng He, el gran Emperador Yongle trasladará la capital del imperio de la comercial Nankín a Pekín, más al norte, y mandará construir la Ciudad Prohibida (1401), que durante los siglos sucesivos aislará tremendamente al emperador de su pueblo. Se iniciaba así un largo proceso de anquilosamiento institucional que irremediablemente conducirá de forma irremediablemente al retraso económico. China se cerraba en sí misma favoreciendo un modelo vertical, jerarquizado, condenando al ulterior potente Imperio celeste a merced de potencias extranjeras hasta bien entrado el siglo XX.

Mapa de la influencia Mongol en los s. XIII y XIV. | Fuente: World Economic Forum

La historia volverá a tener un importante punto de inflexión en 1949, cuando los comunistas liderados por Mao Zedong recuperaron la soberanía y la unidad de China de nuevo. El Partido Comunista se convertía de facto en una nueva dinastía, marxista, no feudal, en la que, como en el pasado, coexistían elementos más reformistas y aperturistas con elementos más autoritarios. En 1978, con el advenimiento de Deng Xiaoping, China iniciaba (por fin) un nuevo ciclo de prosperidad, el más importante de su historia, iniciando una importante reforma pro-mercado y una decidida apertura al exterior. Unos cambios fundamentales que se sitúan en la base del crecimiento económico de los últimos años, y catalizador de los anhelos de China de influir en los asuntos del mundo. 

China no tiene la ambición de ser una potencia global; sí de afianzar su posición como potencia regional y recuperar su antigua área de influencia. La Nueva Ruta de la Seda es una pieza estratégica central para cumplir esta visión y por la que China busca asegurar, por mar y tierra, el acceso a mercados claves tanto para el abastecimiento de materias primas como para dar salida a sus mercancías. Para comprender la importancia estratégica que tiene para China “connecting the dots”, en feliz expresión de Steve Jobs, es importante aproximar (aunque sea de manera somera), la muy diferente y desigual situación geoestratégica de partida del gigante asiático en comparación a Estados Unidos.

Estados Unidos tiene dos salidas estratégicas al mar, cuenca Atlántica y Pacífica, además de ejercer una gran influencia en el mar del Caribe. Únicamente tiene fronteras con dos países, Canadá y México, sobre los que, además, ejerce una gran capacidad de influencia, y cuenta con suficientes recursos hídricos y superficie disponible para la agricultura para garantizar su seguridad alimentaria y, también, de forma creciente, el suministro de energías primarias. China, por su parte, concentra una quinta parte de la población mundial y sólo tiene un 6% de la tierra cultivable (una parte muy importante del país es desierto), con amplías zonas con un importante estrés hídrico. Estos condicionantes hacen que el país sea crecientemente dependiente del exterior en el crítico capítulo alimentario y también en el energético. China tiene una sola salida al mar y unas complejísimas fronteras con hasta 14 países diferentes, donde se incluyen potencias nucleares como Corea del Norte, India, Pakistán o Rusia, además de tener cerca de sus costas a dos importantes aliados de EE UU, Corea del Sur o Japón, lo que da lugar a frecuentes conflictos territoriales. Una situación muy compleja para un gigante en edad de crecimiento. 

Al margen de asegurar el acceso a mercados estratégicos, la nueva Ruta de la Seda quiere ser un elemento para la cooperación internacional y la estabilidad en el área de influencia china. Uno de los factores clave de éxito de las reformas en los últimos años ha sido la gran habilidad de Pekín para forjarse un entorno relativamente favorable. Xi Jinping, el líder más destacable del panorama político actual (con diferencia), es buen conocedor de las lecciones de la historia y ha intensificado como ningún otro líder chino una intensa agenda internacional que le ha llevado a establecer relaciones con prácticamente todos los países de la región. La diplomacia china ha sabido tejer alianzas y complicidades con potencias regionales menores pero también con la Rusia de Putin, la Turquía de Tayyip Erdogan, o, recientemente, también con los Estados Unidos del siempre polémico Trump.

La Nueva Ruta de la Seda incorpora un mensaje de compromiso con la colaboración internacional y el comercio –un mensaje especialmente claro en los últimos encuentros en Davos–, lo que, paradojas de la vida, ha convertido a China en uno de los principales y más estables pilares de defensa de la globalización en un momento caracterizado por el auge del populismo en Occidente y el cuestionamiento de los pilares sobre los que se asienta el progreso de las últimas décadas. Un compromiso que incorpora un vector educacional y para con el bienestar social en una concepción holística del crecimiento económico, muy propia del pensamiento chino. Un enfoque diplomático amplio, que rara vez se circunscribe a un aspecto específico, sino que busca el equilibrio largo plazo en el conjunto de las relaciones internacionales.

Fuente: World Economic Forum
Fuente: MacKinder, The Geographical Journal (1904).

A cambio, China gana influencia regional, y afianza su posición de potencia global (ahí están los mapas de MacKinder), lo que puede conllevar importantes dividendos en clave doméstica. China necesita diversificar sus mercados para la exportación, algo fundamental para favorecer un soft landing que resuelva los problemas de sobrecapacidad que arrastra el país en muchos sectores, al tiempo que garantizar el suministro de fuentes de energía primaria y comida. El esquema de estos proyectos es siempre el mismo: China, a través de sus instituciones estatales de crédito, financia proyectos en países menos desarrollados para impulsar carreteras, trenes, puertos y otras infraestructuras básicas. A cambio, estos proyectos son desarrollados por contratistas chinos; que, luego, pasan a estar controlados (de una manera u otra) por la propia China. Un proyecto global con marcado liderazgo chino y características chinas (también por lo que hace a los estándares de contratación y transparencia). El gran reto de todo lo anterior: la financiación. Esta por ver hasta que punto las finanzas chinas serán capaces de impulsar todos estos macro proyectos sin dañar la solvencia de sus finanzas públicas.

Sin infraestructuras, difícilmente es posible el desarrollo económico. China necesita asegurar el progreso económico en los países de su entorno y área de influencia como piezas esenciales para su propio crecimiento (de nuevo, esta visión de gran angular tan propia de la manera de pensar china). La nueva Ruta de la Seda lanza un potente balón de oxigeno al eje euroasiático, lo que alumbra un escenario global con poderes globales más diluidos, más heterogéneo, más equitativo en términos geopolíticos, y con un cada vez mayor regusto chino. China lanza así una visión más organicista del mundo que buscar reforzar el eje comercial más importante del mundo durante siglos como señala el historiador Peter Frankopan en su imprescindible The Silk Roads, retornando, también, a una china más horizontal y abierta al mundo. Habrá que estar atentos.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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Las intimidades literarias de Gabriel García Márquez, al descubierto

Jorge Raya Pons

Foto: TOMAS BRAVO
Reuters

El archivo con todos los manuscritos que sobrevivieron de Gabriel García Márquez está en Estados Unidos. Él, que se rebeló contra todos sus gobiernos, nunca lo habría imaginado. Vendieron el fondo de documentos que había guardado durante años por más de dos millones de dólares a la Universidad de Texas –a través de la institución Harry Ransom Center–. Parece mucho dinero cuando Gabo –como le llamaron quienes le conocían– vivió con lo justo durante casi media vida. Aquella circunstancia cambió, sin embargo, cuando alguien quedó deslumbrado por Cien años de soledad.

Algunos días, García Márquez compartía con quienes le acompañaban la historia de cómo la idea del libro le alcanzó como un rayo, de cómo quedó prendido e incapacitado para hacer otra cosa que escribir. “A mis 38 años y ya con cuatro libros publicados desde mis 20 años, me senté ante la máquina de escribir y empecé: ‘Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo’. No tenía la menor idea del significado ni del origen de esa frase ni hacia dónde debía conducirme”, dijo en una ceremonia en Cartagena de Indias en 2007. “Lo que hoy sé es que no dejé de escribir ni un solo día durante 18 meses, hasta que terminé el libro”.

Gabo, que nació en el Caribe colombiano y siempre se reconoció periodista, escribió otras obras que son infinitas –como El coronel no tiene quien le escriba y El amor en los tiempos del cólera– y dejó miles de páginas que ahora pueden consultarse gratuitamente y en línea. Son folios y folios –unos 27.000– y artículos y fotografías y ficciones a medias que revelan sobre García Márquez tanto como sus memorias: en ellos están sus métodos de trabajo, sus anotaciones, sus vicios de escritura. La universidad tejana ha comenzado un laborioso y encomiable esfuerzo para digitalizar todo cuanto llegó a sus manos, y los resultados son verdaderamente estimulantes si uno es lector devoto del maestro de Aracataca.

Cómo consultar en línea todo el catálogo de Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez, en Monterrey en 2007. | Foto: Tomás Bravo/Reuters

La página tiene habilitados unos buscadores que permiten, incluso, filtrar por palabras clave, y también un mecanismo sorprendente con el que se pueden comparar simultáneamente borradores distintos de una misma obra. Entre los documentos hay pasaportes de sus abuelos, de él mismo, fotografías de su infancia, todo un torrente de información que desvela las facetas misteriosas de su vida, sobre las que tanto mintió a sus biógrafos.

Toda esta hazaña no habría sido posible –quién sabe– si García Márquez no hubiera publicado Cien años de soledad. Aquello fue una posibilidad real al menos en dos ocasiones, según sus recuerdos. La primera, cuando la mecanógrafa Esperanza Araiza (Pera) resbaló saliendo de un autobús, bajo la lluvia, y provocó que los papeles de su borrador final se empaparan todos en un charco. Luego tuvo que secarlos pacientemente y uno a uno para rescatar los 18 meses de trabajo de su amigo.

La segunda, cuando el escritor y su esposa, Mercedes, se dispusieron a enviar a la editorial Suramericana por correo las 590 cuartillas que entonces eran la novela. El trabajador de la oficina pesó las hojas y les dijo: “Son 82 pesos”. Pero ellos eran pobres y solo tenían 53. Tuvieron que enviar la mitad de la novela, con el escaso atino de escoger la segunda mitad y no la primera. Unos días después, les escribió el editor y les dio el dinero restante a cambio de que le hicieran llegar la primera parte. La historia de García Márquez –quizá distorsionada– viene a demostrar que la fortuna, a veces, es caprichosa. Ahora sus intimidades literarias y familiares quedan abiertas para los curiosos y los investigadores.

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Lorca en presente

Carlos Mayoral

Foto: Fundación García Lorca
Fundación García Lorca

Federico es un poeta que todavía no ha conocido su verso. Apenas se ha dejado llevar por la marea académica en la que le ha sumergido su madre, y nadie excepto los chopos del patio de su casa, que le susurran con cariño su nombre (…Fe-de-ri-co…), sospecha que estamos delante del bardo más universal del siglo XX hispánico. Todo cambia durante un viaje a Castilla, la misma Castilla a la que le cantaba entonces Machado, cuando se fija en las cigüeñas que coronan los campanarios de la meseta. Ese día le escribe a un amigo residente en Suiza los primeros versos conscientes de Federico García Lorca: Cigüeñas musicales/ amantes de campanas/ oh, qué pena tan grande/ que no podéis cantar. Ha visto la luz el poeta.

Hace unos días cayó en mis manos “Palabra de Lorca”, extraordinario libro, que guarda en su interior anécdotas como ésta que acabo de redactar. El título centra su sinopsis precisamente en eso, en una recopilación de entrevistas y artículos sobre la figura del granaíno engarzada por Rafael Inglada, Víctor Fernández y la editorial Malpaso. Más allá de la edición, tan hermosa como todas las de este sello, se abría ante mí una duda: ¿Sería tan seductora esta cara del poliedro lorquiano como lo fueron las otras? Sólo me bastaron dos giros de página para darme cuenta de que, efectivamente, estábamos antes un nuevo prodigio que mantiene viva su llama: Federico lo había vuelto a hacer.

Poliedro lorquiano, sí. Porque Federico muestra a menudo tantas caras y tan ricas en matices cada una de ellas que sería absurdo volverle la vista a alguna. “Palabra de Lorca” se recrea en estas caras, pero lo hace en presente, tiempo verbal que parecía esfumarse sepultado en algún lugar entre Víznar y Alfacar. Podemos fijar la atención en el Federico dramático, capaz de convertir en discurso la sangre del teatro; en el Federico más surrealista, el que hace de Nueva York verso y espina; en el Federico más popular, el que a golpe de romance cincela la tradición moderna andaluza. Todos ellos pasan en este libro por la túrmix de la opinión del propio poeta, que le da vida a su obra.

“Palabra de Lorca” nos telegrafía su cara más íntima, la que bebe de sus confesiones. Secretos, interioridades, esquinas de alcoba. El libro se regodea en la impresión que a Federico le produce tal o cual estreno dramático, en el discurso que el de Fuentevaqueros le da a los obreros catalanes sobre la URSS, en la grieta en la mejilla que Nueva York le dejó para siempre, en la infancia que guardó en su memoria el recuerdo del campesino que escuchaba a Chopin mientras hojeaba a Bakunin. Nótese cómo esparzo las anécdotas del libro sin control temático ni cronológico, porque así era el Lorca que se aleja del mito, un individuo que siente y vive sin control, un ser íntimo que supo hacer de su intimidad figura retórica, verso y obra maestra. “Palabra de Lorca” habla del Federico infinito, lo desnuda y lo coloca frente a nosotros. Y, recuerden, lo hace en presente. La poesía y sus lectores estamos de enhorabuena.

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Okuda: “Me gusta tratar conceptos como la multiculturalidad”

Saioa Camarzana

Foto: Okuda
Okuda

El artista urbano Óscar San Miguel, conocido como Okuda, sigue vistiendo edificios e iglesias con sus geometrías multicolor. Sus últimos trabajos han sido, sin embargo, en formato pequeño y en forma de joya. Ha lanzado, junto a la firma Suárez, una colección de anillos, un cambio de registro y lenguaje que siempre sienta bien. Pero no abandona los grandes proyectos que le llevan a diferentes países del mundo.

Para 2018 tiene ya cerradas cuatro exposiciones individuales en México, Manila, San Francisco y Sevilla y es casi seguro que se le pueda ver en un festival de arte público en Boston. Para este proyecto vuelve a cambiar de lenguaje para llevar sus figuras animales y humanas a esculturas. Okuda en 3D, se podría decir. Como el proyecto que le lleva a las Fallas de Valencia. Sí, una escultura de 30 metros de altura será la falla central de las fiestas.

El artista ya está inmerso en viajes a la ciudad para idear su proyecto que, como todos ese día, será dinamitado. No sabe cómo será ver su obra destruida de esa manera pero antes de todo esto a Okuda se le podrá ver en la feria ArtMadrid el próximo mes de febrero donde, como artista invitado, realizará una obra de 5×3 de dimensión.

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Okuda junto a una de sus obras | Imagen concedida por el artista

Cuando abordas un nuevo proyecto, ¿cuáles son tus principales fuentes de inspiración?

Me inspiro en lo que vivo cada día y necesito música pero lo que más me inspiran son los viajes. Casi cada semana cambio de país y durante ese tiempo genero nuevos proyectos porque estás metido de manera constante en la creación y resulta desafiante.

Cuando viajas a un país para realizar un proyecto, ¿adaptas tu obra al sitio con las influencias de allí?

Mi obra tiene mucha relación con culturas ancestrales o indígenas de México, África, Asia e India sobre todo. No es que sean cosas exactas pero tienen más relación con ellas que con el street art o el arte moderno.

Tengo entendido que empezaste a pintar letras en edificios abandonados. ¿Cómo fueron esos inicios? ¿Tuviste algún percance con la policía local?

El hecho de pintar en fábricas abandonadas era precisamente para no tener problemas y no he tenido grandes problemas porque esos sitios, entre comillas, no son de nadie. Pero sí recuerdo alguna vez cuando era pequeño pero nada remarcable.

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Iglesia Santa Bárbara en Asturias transformada por Okuda | Foto: El Chino Po

Resulta curioso que de pintar de manera clandestina en edificios abandonados terminaras pintando la iglesia de Santa Bárbara, en Asturias. ¿Cómo surgió ese proyecto?

Normalmente para este tipo de proyectos me llaman pero este fue al revés. Vi una foto de la iglesia con las cúpulas arriba y las rampas en forma circular abajo y vi una simetría perfecta. Al ver las rampas pensé que se estaba haciendo algo así que me puse en contacto con los chicos que gestionaban el espacio por medio de un amigo en común. Allí conocían mi trabajo y me dieron vía libre para pintarla así que primero hicimos un crowdfunding y luego se unió Red Bull, Montana, etc.

El resultado, sin duda, es espectacular y además originó nuevos proyectos de este tipo. Cuéntanos a dónde te ha llevado este proyecto.

Ese fue el punto de inflexión de mi carrera porque a partir de ahí surgieron otros proyectos y dos iglesias más. Una en Marruecos, que estaba abandonada y me pidieron que la pintara por fuera. Cuando acabé la gente empezó a acercarse para hacerse fotos y ahora es un sitio cool del pueblo. Para mí detrás de todo esto está la idea de cómo el arte rompe fronteras religiosas y culturales. Eso es lo que me interesa.

Okuda: “Me gusta tratar conceptos como la multiculturalidad”
Mural de Okuda en Hamburgo | Foto: Stefan Groenveld

También te han llamado para pintar un castillo en París. ¿Te proponen muchos proyectos de este tipo?

A partir de la iglesia las propuestas que me llegan son de intervenir en edificios clásicos y con mi pintura multicolor el contraste es genial. Me gusta ver formas en la arquitectura y dejarme llevar por ello. Hago calaveras grandes usando las ventanas como ojos. Es interesante mezclar mi iconografía con arquitectura clásica.

¿Cuánto tiempo te lleva realizar este tipo de trabajos?

Los interiores y los techos llevan más tiempo pero con la ayuda de mis asistentes no más de 7 días. El de Asturias nos llevó siete y el de Marruecos cuatro o cinco. En Denver, sin embargo, no pudimos meter las grúas porque había escaleras y era un segundo piso. Tuvimos que hacerlo con andamios, que .es más costoso porque tienes que bajar para ver las dimensiones, que esté todo bien marcado, etc pero fueron otros cinco o seis días.

De pintar letras en la calle tu obra ha pasado a estar dominada por los colores vivos y las formas geométricas. ¿En qué momento se vuelve esta tu marca y qué significan para ti?

Llevo pintando 20 años pintando por lo que no fue algo de golpe. En el estudio llevaba tiempo haciendo trabajos de surrealismo clásico a nivel de degradados, con paisajes grises y letras en la calle desde 2005. Casi siempre las geometrizaba. De repente Okuda eran rombos, círculos y triángulos. Decidí mezclar ambas cosas, el estilo del estudio con el de la calle así que empecé a hacer más geometría en la calle. Estos cuerpos grises sin cabeza deambulaban en arquitecturas efímeras que hacía en los cuadros y poco a poco apliqué el lenguaje geométrico a las figuras humanas y animales. Lo que simbolizan esas formas geométricas y multicolor en una figura humana son todas las razas que existen, la igualdad, la multiculturalidad. Son conceptos que me gusta tratar en mi obra.

Okuda: “Me gusta tratar conceptos como la multiculturalidad” 1
Okuda en su taller de trabajo | Imagen cedida por el artista

Hay a quien tu obra le puede resultar llamativa y atractiva por sus colores y formas. Pero hay más profundidad en ella. ¿Qué es lo primordial en el arte?

El arte te tiene que enamorar. Hay muchas corrientes como el arte conceptual, que te puede llegar pero lo primero es que te diga algo a través de la imagen. Aunque luego te cuenten la historia que hay detrás y sea genial pero para mí es la primera impresión la que te tiene que enamorar. Hay cuadros que no son tan fáciles de entender pero esa primera impresión, que es el positivismo, el color y la energía creo que llega a todos. Luego, dependiendo de lo que cada uno haya vivido, se interpretan unas cosas u otras: la naturaleza, el radicalismo, libertad. Lo más importante además del flechazo es tener una identidad única, que se vea  una obra y se sepa que es un Picasso. Eso es lo complicado. Tienes que buscar tu camino sin etiquetas, que a mí no me interesan y así es como, creo, se hace un camino único y personal.

En ocasiones se te ha calificado de graffitero pero creo que tu obra más allá de dibujos en una pared. ¿Qué diferencia a un graffitero de un artista urbano?

El arte urbano es cualquier manifestación artística en el espacio público y un graffitero es quien pertenece al graffiti que, sobre todo, se basa en hacer letras o iconos. Yo pintaba letras pero con composiciones que han desembocado en los cuadros. Ahora ya no necesito hacer letras porque la identidad está por encima de las palabras.

Poco a poco, en España con artistas como tú o como el colectivo Boa Mistura, el arte urbano se empieza a ver de otro modo, la gente está entrando en él y deja de verse como vandalismo. ¿En qué momento empieza a cambiar?

Depende del país porque en Ucrania llevan años pintando edificios. En parte porque en la época de Stalin se hacían edificios de 25 pisos y una o dos caras se dejaban sin ventanas. Esos edificios piden a gritos un poco de color. En Barcelona hubo un gran boom hacia los años 2000, aunque ahora ha retrocedido. Creo que actualmente se ha mediatizado y todo tipo de gente conoce mi trabajo. Hay proyectos que he hecho que pueden interesar no solo a quien le gusta el arte, como por ejemplo la estación de Paco de Lucía o la intervención en la plaza de toros. Este tipo de acciones normalizan el arte urbano y es normal porque todo lo que sea positivizar el elemento gris es bueno para todos y crecer con una obra de así puede llegar a repercutir en los niños que van al cole en esa determinada zona.

Okuda: “Me gusta tratar conceptos como la multiculturalidad” 5
“Metamorphosys of a Star”. Plaza intervenida en Tennesse, EUA. | Imagen cedida por el artista

Cada vez hay una mayor cantidad de galerías dedicadas a ello. ¿Cómo se da el salto de la calle a la galería?

Llevo desarrollando el trabajo en el estudio en paralelo a la calle cerca de 15 años. Lo que pasa es que he trabajado con galerías extranjeras, sobre todo de Estados Unidos porque el coleccionismo del tipo de arte que hago allí funciona muy bien. Llevo varios años asistiendo a Scope y Contest que son las ferias paralelas a Art Basel en Miami y Basilea. Ahora parece que está llegando aquí pero fuera este movimiento es popular desde hace tiempo.

En ocasiones hay ferias paralelas que resultan más interesantes que las matrices que han dado lugar a ellas. ¿Qué opinas?

Creo que hay cosas muy interesantes dentro del arte contemporáneo, no solo el street art sino la ilustración contemporánea, por ejemplo. En ARCO, por ejemplo, ha habido un cambio pero en los últimos años. Antes no me sentía partícipe de ese punto de vista de arte contemporáneo. Esas ferias más pequeñas a veces tienen cosas más interesante. En Miami Scope mola mucho y casi todos nos conocemos de haber trabajado juntos.

¿Una de las razones puede ser por el hecho de que sean más accesibles?

Creo que es porque plantean algo diferente, una parte más joven del arte contemporáneo y no solo cerrado a los nombres que ya venden. No hay que olvidar que una cosa es el arte y otra el mercado del arte. Las grandes ferias venden producto y las pequeñas ambas cosas. Además, creo que en las ferias grandes no hay tanta apuesta por artistas diferentes.

Has viajado por muchísimos países y en todos ellos has dejado tu marca. ¿En qué país te gustaría ver tu obra?

Tenía muchas ganas de trabajar en Filipinas y hace poco recibí un email en el que me proponían hacer una exposición individual en Manila. Hay muchos países donde ir pero me apetece volver a Mali, a Sudáfrica, a Cabo Verde y me apetece por la retroalimentación cultural que me llevo de allí. Pero además de esto y de hacer macroproyectos de mucho presupuesto también me gusta combinarlo con dejar parte de mí en lugares como África, donde cuento con presupuesto cero pero lo que me llevo a nivel de sentimiento y experiencia es mayor. Me gusta estar en ese equilibrio.

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