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Anna Castillo: "Yo me atrevo con todo"

Néstor Villamor

Foto: Miguel Córdoba
Cortesía de la Academia de Cine

Con 23 años, era una de las nominadas más jóvenes de la última edición de los premios Goya. Y su papel protagonista en El olivo, de Icíar Bollaín, le valió la estatuilla a la mejor actriz revelación. Pasada ya la emoción inicial y superada la resaca de la ceremonia, Anna Castillo, uno de los nombres más solventes de la interpretación española de su generación, charla con The Objective sobre su premio, su carrera, su presente y su futuro. Barcelonesa de nacimiento, se trasladó a Madrid con 19 años para hacerse un hueco en el arte dramático. Hoy, Goya en mano, puede decir que lo ha conseguido. Lo que más le apetece ahora, dice, es “seguir currando”. Más adelante “me gustaría trabajar en Europa”, asegura, “vivir una temporada fuera por trabajo, tener que irme a Francia o a Italia, quedarme una temporada por allí” y “ver cómo se trabaja en otros lugares”. ¿Y Hollywood? La pregunta le provoca una carcajada. “Ahora mismo no es lo que más me interesa ni en lo que tengo el ojo puesto”, responde. Pero advierte: “Yo me atrevo con todo”.

“Desde pequeña siempre me gustó la interpretación, pero nunca tuve claro que quisiera ser actriz”, recuerda. “Era una cosa que me divertía”, pero “no decidí dedicarme a esto 100% hasta que no me vi dedicándome a ello”. De hecho, ella había empezado a estudiar Psicología. “Pero, de repente, cuando tenía 19 años, me vi en Madrid trabajando entre semana y los fines de semana y me di cuenta de que me estaba dedicando a eso”. Solución: dejó Psicología y se metió en la interpretación a tiempo completo.

Se enteró de que estaba nominada al Goya mientas desayunaba, acompañada por su compañera de piso y su gato, Capitán. “Grité muchísimo”, dice. La alegría fue doble, porque en esa misma categoría también estaba el nombre de su amiga Belén Cuesta, que optaba al premio por Kiki: el amor se hace. Acto seguido “la llamé llorando, muy contenta”, rememora. Competir con una amiga “fue más relajado”, porque la candidatura “te da mucha visibilidad pero a la vez te expone mucho: están todo el rato pendientes de ti, hay mucha entrevista y mucha promoción de golpe, y yo creo que vivirlo con una amiga lo normalizaba, lo hacía más cómodo, más divertido…”.

En El olivo trabajó a las órdenes de Icíar Bollaín, con un guión que la “emocionó mucho”. “Me lo leí del tirón, me gustó la historia y para mí era un reto” porque “era el personaje protagonista” y “tenía una carga emocional muy fuerte”. De su trabajo en la película se lleva “los dos meses de rodaje: el aprendizaje profesional, lo que significa hacer un prota, con la responsabilidad que tiene, pero sobre todo la parte personal”. Y profundiza: “Estuve con una gente maravillosa de la que aprendí muchísimo”. Trabajar con la realizadora de Te doy mis ojos fue para ella “muy fácil”. Y destaca la flexibilidad de su jefa: “No fue una directora que me dijera exactamente lo que tenía que hacer, sino que me daba la seguridad para que yo creara lo que yo quisiera”.

La actriz -entre cuyos referentes interpretativos, enumera, están Candela Peña, Penélope Cruz, Natalie Portman y Marlon Brando-, reconoce que no tiene “unas metas muy claras” en este momento. Eso sí, en el futuro “me gustaría formar una familia, me gustaría poder pasar más tiempo en Barcelona y me gustaría seguir dedicándome a esto”. De la situación política de su tierra prefiere no hablar, al menos con la prensa. “No me gusta mojarme”, zanja, pero desliza: “Todo el mundo tiene derecho a elegir y a decir de dónde se siente”. Y de su profesión admite que le “da mucho miedo” que solamente un 8% de los actores pueda ganarse la vida con su oficio. “La poca gente que estamos viviendo de nuestra profesión estamos en la cuerda floja y en cualquier momento caemos porque los números son aterradores”, se preocupa.

De momento, ella tiene varios proyectos pendientes en cine: ya ha terminado de rodar Oro, de Agustín Díaz Yanes, y la adaptación a la gran pantalla de la obra teatral La llamada, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, uno de los mayores fenómenos musicales de los últimos años en España. Ambas se estrenarán en 2017. “Y ahora estoy preparando Viaje alrededor del cuarto de una madre, que empezamos a rodar a finales de marzo en Sevilla”. Mientras tanto, le toca descansar del fenómeno creado por el Goya. Reconoce que la propia noche de la ceremonia no lo celebró hasta tan tarde como ella había esperado. “Aguanté menos de lo que pensaba porque a final la gala me pasó factura y me dejó muy cansada”. Por suerte, tiene hasta marzo para recuperarse antes de volver al cine.

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La crisis ambiental de la que nunca has oído hablar

Lidia Ramírez

Foto: BOGDAN CRISTEL
Reuters

El drenaje ácido de minas es una crisis mundial poco conocida. La ONU lo ha calificado como el segundo mayor problema que enfrenta el mundo después del calentamiento global. En Estados Unidos, se estima que 22.000 kilómetros de ríos y miles de embalses de agua dulce se ven afectados por esta formación de aguas ácidas, ricas en sulfatos y metales pesados por el drenaje ácido de la mina. Los ríos y lagos en Arizona, Patagonia, Papúa Nueva Guinea, Guangdong en China y el Río Tinto y Odiel en España, por nombrar sólo algunos, han sido contaminados por el drenaje ácido de la minas. En Sudáfrica, el problema es crónico.

Los drenajes ácidos de antiguos minados de carbón y minería metálica son una de las principales fuentes de contaminación de las aguas superficiales y subterráneas en el mundo. Debido a que este problema puede persistir durante décadas e incluso cientos de años una vez finalizado el ciclo productivo, con las consecuencias en los humanos que esto conlleva, sobre todo, en los países en desarrollo, existe la necesidad de prevenir su formación y aplicar el tratamiento más adecuado cuando se ha formado, según el Instituto Geológico y Minero de España.

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Imagen del cauace del río Tinto, Sierra< de Padre Caro, Nerva, Huelva. | Foto: Wikipedia

Una crisis mundial

El primer ministro de Rumania, Mihai Tudose, planteó recientemente la posibilidad de reabrir el enorme campo de oro Rosia Montana (Montaña Roja).  La zona había sido explotada desde la época romana hasta la última operación estatal cerrada en 2006. La solicitud del gobierno anterior para hacer de la zona Patrimonio Mundial de la Unesco ha sido retirada allanando el camino para nuevos desarrollos.

Rosia Montana se encuentra en las montañas de los Cárpatos y, con 314 toneladas de oro, alberga el mayor depósito de este metal de Europa; incluso una solicitud del gobierno anterior de hacer de la zona patrimonio mundial de la Unesco ha sido retirada allanando el camino para nuevos desarrollos. De esta forma, una explotación minera de este tipo supone millones de puestos de trabajos. Pero, ¿vale la pena realmente?

Llegados a este punto no podemos olvidar el pasado tóxico de Rosia Montana. En la década de 1970, una mina de cobre en la zona necesitaba un lugar para almacenar sus residuos contaminados con cianuro y el pueblo vecino de Geamana fue evacuado e inundado. Desde entonces permanece sumergido en aguas tóxicas siendo uno de los mayores desastres ecológicos de Rumania, superado sólo en 2000, cuando una mina de oro en Baia Mare, en el norte del país, derramó unas 100 toneladas de cianuro en un río. Este último incidente fue descrito como el peor desastre medioambiental de Europa desde Chernóbil.

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La antigua iglesia de la aldea de Geamana se ve parcialmente sumergida por aguas contaminadas con cianuro y otros productos químicos cerca de Rosia Montana. | Foto: Bogdan Cristel/Reuters

Por su parte, la industria de explotación minera es una de las actividades económicas más importantes de Perú. Las minas existentes en el norte, en el centro y en el sur del país han creado un gran problema ambiental. Por ejemplo, las actividades de extracción en minas de cobre en Cuajone y Toquepala exponen grandes cantidades de contaminantes que producen el drenaje de ácido de mina cuando se ponen en contacto con agua y oxígeno. Los residuos mineros de la extracción de cobre y de las operaciones de las refinerías contaminan el río Locumba. Otro problema sabido es la contaminación del lago Junín y el río de Mantaro, que indirectamente, reciben efluentes de la mina de Colquijirca.  Estas extracciones han causado un enorme daño a la biodiversidad de la región y puso en peligro los medios de subsistencia de 70.000 indígenas Awajúns y Wampís.

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Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, Perú | Foto: Rodrigo Abd/AP

Por su parte, las multinacionales prometen un desarrollo sostenible, sin embargo, la realidad es otra y la limpieza en la mayoría de estas corrientes de agua llevará décadas y costará millones de euros. Así, sin una cuidadosa y comprometida previsión de las empresas y gobiernos de diferentes países lidiaremos con la contaminación crónica de nuestros ríos, arroyos, lagos y suelos durante siglos.

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Pablo Navascués: "El boxeo me ha hecho mejor persona"

Jorge Raya Pons

Foto: Lidia Ramirez
The Objective

En un pasillo entre dos calles altas de las Ventas, cruzando el puente de la M-30 y a cinco minutos a pie de la plaza de toros madrileña, el campeón Pablo Navascués entra en su gimnasio: El Origen-Thai Martin. Viene sonriendo y saluda con un abrazo. El campeón Pablo Navascués tiene 41 años, alguna cicatriz en el rostro, y peleó su último combate el pasado 14 de mayo en el Palacio de Vistalegre. En una entrevista previa a su retirada, dijo que no sabía qué sería de él después del combate: no conocía la vida después del boxeo. Lo comparó con el día que murió su padre. Han pasado casi cinco meses desde la pelea y Navascués sigue en pie y no en la lona, aunque nunca lo tuvo fácil.

“El boxeo es mi vida”, dice Navascués, apoyado en una orilla del ring. “Hay gente a la que le gusta la montaña, y vive como un ermitaño. Hay gente a la que le gusta la nieve, y vive rodeada de ella. Esta es mi forma de vida. A mí me gusta el boxeo”. Navascués tiene un trato muy cercano y una capacidad que sorprende para comunicar modulando la voz, haciendo pausas, expresando con sus ojos y con sus manos. El boxeador de peso medio ha sido dos veces campeón de España, campeón del título Latino del Consejo Mundial de Boxeo y campeón Intercontinental de Peso Súper Welter. Alrededor se escuchan los pitidos y los golpes y los muchachos entrenando con pesas y martillos. “Creo que el boxeo es una forma de vida porque te hace sufrir”, continúa. “Te hace sufrir de tal manera que si eres capaz de entrenar y guantear y aguantar los golpes, aprendes a encajar cuando la vida te da un golpe”.

Llevaba seis años sin pelear, desde que cayó contra Grzegorz Proksa –al que pocos meses después castigó Golovkin en Italia– en abril de 2011, cuando disputó su último combate. Escogió a José Luis López Clavero, entonces candidato al título nacional y ahora campeón del mismo, y se preparó a conciencia. “Casi la palmo en mi despedida”, dice, como contando una anécdota cualquiera. “Bajé 23 kilos para esa pelea. Tenía anemia y seguía entrenando. Yo no lo sabía. Lo di todo en el ring, no me acuerdo de nada y llegué al hospital con principio de parada cardiaca. Estuve a punto de morir. Tuvieron que inyectarme hierro en sangre. Yo pensé que si tenía que morir, qué mejor sitio que en un ring. Como el torero que muere en la plaza. Haciendo lo que más quiero. Los toreros más recordados son los que han muerto en la plaza”.

Navascués, que durante tres años estuvo entre los diez mejores púgiles del mundo, cayó esa noche en el tercer asalto: buscó un combate agresivo, persiguiendo a su contrincante –como siempre–, aun sabiendo que él estaba más lento y Clavero muy ágil, certero. “Le deseo lo mejor”, dice. “Me ganó. Me ganó y punto. No hay que poner excusas. Fue mejor que yo aquella noche”. Navascués habla con franqueza y sin prejuicios de la derrota. Él que la ha visto de cerca y que nunca lo tuvo fácil. A Navascués lo apodaron Huracán por el púgil norteamericano Rubin ‘Huracán’ Carter, quien pasó 19 años en prisión por un triple asesinato que no cometió.

La vida de Navascués está llena de golpes bajos y el primero lo encajó tras la Nochevieja de 2001, después de una fiesta junto a su mujer en la discoteca Kapital. Tenía 25 años y una trayectoria profesional envidiable: había vencido 10 de sus 11 combates y todos salvo uno terminaron por nocaut. En el mismo día y en el mismo lugar, apuñalaron a un hombre en el estómago. Navascués fue detenido y encarcelado unos días después de manera preventiva como supuesto autor del crimen. Su abogado le dijo que pasaría en Soto del Real una temporada larga: las acusaciones eran muy graves. El boxeador no se resignó y siguió entrenando con dureza en la prisión y utilizaba el relleno de su almohada a modo de guantes. Fueron dos meses muy largos, pero finalmente la justicia le absolvió de un delito de homicidio por tentativa. Navascués no volvió a combatir hasta dos años más tarde, rebelado contra el mundo.

–¿Alguna vez has pensado en tirar la toalla? –le pregunto.

–Muchas –dice, y se toma unos segundos–. Muchas. Pero cuando lo superas es cuando te sientes más fuerte. Solo que hay veces que el tiempo dura demasiado. Ahora debo decirte que estoy separándome de mi mujer, que es el amor de mi vida. Es horroroso. Muchas veces agónico. Nunca llega. Y luego, de repente, se pasa. Como una tormenta. Hay que aguantar todo lo que se pueda.

La carrera deportiva de Navascués es una sucesión de infortunios, y él mantiene la entereza. Quizá no tuvo otra opción: creció en una familia tradicional de seis hermanos, todos ellos mucho mayores que él. El más mayor, de 60. Más allá de ser el protegido, era el olvidado. “Me he criado solo”, dice. “Mi padre nunca estaba en casa porque trabajaba mucho. Me crie en una época que no era la mía, rodeado de circunstancias y visiones que no eran las mías. No tenía hermanos mayores, y eso que eran cinco. Nadie me defendía en el colegio. Nadie se preocupaba por mí. Era como un hijo único”.

Así comenzó en el boxeo y en otros deportes de combate: por pura defensa personal. “Yo tenía una bestia negra de pequeño”, dice. “Era mi hermano mayor”. Navascués mira siempre a los ojos, no aparta la mirada. “Mi hermano mayor hacía deporte, era muy grande, muy fuerte, hacía pesas. Quería educarme como le educó mi padre, prácticamente a hostias. Hubo un momento con 14 años, en una época en la que era un poco rebelde, en que me harté de sus abusos. Aunque lo hiciera por mi bien, me estaba educando de la manera equivocada. Así comencé a hacer full contact, artes marciales, kick boxing… Con 16 años comencé a destacar. Lo hacía para aplacar a mi hermano, para que me respetara”.

Cuenta que con 17 años fue campeón de España de full contact, que con 19 años viajó a  Italia y Holanda para competir en kick boxing, que fue después que comenzó con el boxeo. También asegura que no guarda recuerdos concretos de sus primeras peleas: “Mis primeros 17 combates duraron poco, apenas dos asaltos. Les ganaba por K.O.”. Esa pasión por el deporte ha conseguido transmitirla a sus tres hijos; el mayor juega en la cantera del Real Madrid de fútbol, el mediano compite en gimnasia deportiva y el pequeño ha comenzado con la natación. “Y son buenos estudiantes”, añade, con orgullo.

Y aunque han visto sus combates por YouTube, eran demasiado pequeños para seguirle el día a día de su carrera. Entonces no lo sabían, pero su padre pudo ser campeón del mundo. “Sylvester se escapó por el doping”, recuerda Navascués, que aprieta los dientes. Justo cuando iba a pelear por el campeonato mundial de la Federación Internacional de Boxeo, dio positivo en dopaje. Un accidente de moto le obligó a tomar mucha medicación durante su preparación para el combate, y eran dosis tan abusivas que terminaron afectándole a los riñones. Tomó una medicación que protegía el órgano: una sustancia prohibida por la Federación alemana y austriaca, aunque no por la española. “Sylvester se libró aquel día”, dice. “Ese habría dejado de ser campeón del mundo. Seguro. Yo habría quedado campeón del mundo, y por nocaut. Seguro”.

A Navascués se le escaparon otras dos peleas que habrían sido antológicas: contra el argentino Sergio ‘Maravilla’ Martínez y contra el mexicano Julio César Chávez Jr., en Sinaloa, por la defensa del mundial latino interino. La primera se escapó por una lesión de clavícula; la segunda, tras romperse la base del metacarpiano y el trapecio. Ocurrió durante el combate que le concedía el billete a Sinaloa. Cuenta que se partió la mano en el segundo asalto. “Seguí luchando hasta el final”, dice. “Gané el combate con una sola mano. Con la otra hacía como que iba a pegar”. Pero tuvo que operarse a menos de un mes para la pelea con Chávez Jr., y la posibilidad desapareció. Navascués estuvo tan cerca: “Fue un putadón…, acaricié el cielo”.

Hace unos años, Navascués hizo una ponencia con chicos discapacitados en Murcia. Él disfruta contando la historia. “Recuerdo que era sábado, un puente. Tenía que hablar delante de 40 chavales en silla de ruedas sobre esfuerzo y superación”, dice, y levanta las cejas. “Les pregunté: ‘¿Alguien de vosotros puede explicarme qué coño hago yo aquí, dándoos a vosotros una charla de cómo esforzaros y motivaros?’. La primera pregunta la hice yo y los chavales se rieron. Eran muy majetes. Al final me hicieron más preguntas. Uno me preguntó: ‘Oye, Pablo, ¿tú nunca has tenido miedo a pelear?’. Yo le dije: ‘Claro. He tenido miedo a muchas cosas. A competir. A enamorarme. A montar en moto a alta velocidad. A tirarme en paracaídas’. Entonces él me hizo otra pregunta: ‘¿Y qué haces?’. ‘¿Que qué hago?’, le respondí. ‘Lo hago con miedo’. Si quieres hacer algo y tienes miedo, hazlo. Con miedo, pero hazlo. Todas las cosas que hacemos en la vida y valen la pena las hacemos con miedo. Todas”.

–¿Has tenido que renunciar a muchas cosas por el boxeo? –le pregunto.

–Todo a lo que he renunciado ha sido para bien –dice, marcando una pausa–. El boxeo me ha hecho renunciar a la mala vida y a los malos hábitos. El boxeo me ha hecho mejor persona. Me ha enseñado que en la vida nada se consigue gratis, que todo el esfuerzo tiene su recompensa. Más tarde o más temprano. Aunque se sufra demasiado para llegar. En el boxeo, como en la vida, si no vales pero le pones constancia y disciplina y esfuerzo, al final queda algo. El boxeo te hace grande.

Han pasado casi cinco meses desde su despedida con Clavero, y ahora su vida es este gimnasio. Este lugar es su herencia. “Me siento orgulloso de que la gente que viene a este gimnasio lo hace para entrenar”, dice, abriendo las manos. “A mí que una persona llegue tarde no me gusta. A mí que una persona haga el vago no me gusta. Aquí al que no le gusta entrenar se va rápido. Yo le abro la puerta y se va. La gente que viene aquí quiero que aprenda, y que sufra“. Luego continúa: “El boxeo es un deporte que te hace estar pensando mientras vas a muchas pulsaciones. Imagina tener que correr a 20 por hora y luego te dicen que tienes que escribir esto. Pues aquí encima te llevas una hostia”.

Navascués dice que si pudiera echar el tiempo atrás, volver a cuando tenía 18 años, se iría a Las Vegas a construirse un nombre. “Iría al gimnasio que pudiera con dos duros”, dice. “A pelearse con quien fuera. Los chavales de ahora no tienen los cojones suficientes para irse. Yo robaría para conseguir el billete y hacerlo”.

Han pasado casi cinco meses desde su despedida con Clavero, pero me resisto a pensar que no sueñe con un retorno.

–Si tuvieras que enfrentarte a alguien, ¿a quién escogerías?

–Ahora mismo no puedo ni pensarlo –dice, y suelta una carcajada–. Ya me molesta hasta cuando camino por casa y me doy con el pico de la cama. Ahora, con [casi] 42 años y con más de 150 peleas, no me pegaría ni con mi sombra.

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Pablo Navascués, a la izquierda, durante la entrevista. | Foto: Lidia Ramírez/The Objective

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¿Cada cuánto deberías lavar las toallas de tu baño?

Redacción TO

Foto: David Cohen
Unsplash

Las toallas sucias tienen todo tipo de microbios y es imposible mantenerse plenamente aislado de ellos. Con todo, limpiando las toallas con frecuencia puedes combatirlos y evitar, así, el riesgo de sufrir infecciones. Porque, nada más lejos de la realidad, las toallas son un nido de bacterias y cada vez que te secas con ellas estás trasladándolas a tu cuerpo.

Aun así, se hace complicado vivir con tranquilidad sabiendo que las toallas son un hábitat perfecto para los gérmenes por estar húmedas, ser absorbentes y permanecer en lugares cálidos, por no mencionar que no suelen recibir la luz del sol. Podríamos decir incluso que el baño no es el lugar más adecuado para una toalla, pero es para el que está destinado. Charles Gerba, microbiólogo de la Universidad de Arizona, asegura que en ellas conviven bacterias que pueden acarrearnos infecciones y enfermedades.

De acuerdo con uno de sus últimos estudios, el 90% de las toallas examinadas presentaban bacterias coliformes, que suelen encontrarse en grandes cantidades en las heces humanas y animales. Asimismo, el 14% tenían la conocida bacteria E. Coli. Gerba reconoce a Newsweek que, cuando no nos lavamos las manos a conciencia y luego las pasamos por la toalla, dejamos bacterias que son peligrosas para nuestro organismo. “Después de dos días, secarse la cara con la toalla de mano supone recibir más E.coli que metiendo la cabeza en el inodoro”, dice el experto en la revista Neewsweek.

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Foto: Jason Briscoe/Unsplash

Emily Martin, profesora asociada de Epidemiología en la Universidad de Michigan, resta importancia a las apreciaciones de Gerba. “Nuestros cuerpos están adaptados para ser capaces de vivir en un entorno rodeado de microbios”, explica. Con todo, el riesgo de contagio de enfermedades a través de las toallas es real.

Un estudio publicado en The New England Journal of Medicine desveló que el brote de SARM –Staphylococcus aureus resistente a la meticilina, una cepa bacteriana que se ha hecho resistente a muchos antibióticos– que afectó a todo un equipo de fútbol americano de Los Ángeles en 2003 se pudo deber a que compartían toallas en los vestuarios.

Así, la solución pasaría por lavar las toallas con mayor frecuencia y en condiciones más severas. Gerba sostiene que lo deseable sería lavar las toallas cada dos días, más si cabe si están al alcance de niños pequeños. Además, sería necesario lavarlas en agua caliente y con detergentes de oxígeno activo para minimizar riesgos. Otra especialista, la directora de microbiología en el Presbyterian de Nueva York, sostiene que mientras se sequen bien y se utilicen con higiene, basta con lavar las toallas una vez por semana.

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¿Por qué no ha acogido España a todos los refugiados que debía?

María Hernández

Foto: ALVARO BARRIENTOS
AP

Este martes se acaba el plazo para que España cumpla la cuota de acogida de refugiados establecida por la Unión Europea. Sin embargo, España solo ha recibido al 11% de los refugiados que debía acoger obligatoriamente. La Unión Europea estableció que debía acoger a 17.337 personas, 9.323 de las cuales eran de obligado cumplimiento.

La media de cumplimiento con el cupo de acogida obligatoria en Europa se sitúa en torno al 50%, lo que demuestra que a España aún le queda mucho por hacer en este aspecto, aunque no es la única. El 86% de las personas refugiadas en todo el mundo son acogidas en algunos de los países más empobrecidos, como Pakistán, Irán, Etiopía o Jordania, por lo que Europa solo recibe un pequeño porcentaje de los más de 65 millones de personas que se han visto obligadas a huir de su país, explica la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

Los motivos del incumplimiento

Las organizaciones de defensa de los refugiados denuncian a menudo los diferentes motivos por los que la Unión Europea en general, y España en concreto, no cumplen con las cuotas establecidas de acogida de refugiados.

El primero de estos motivos es la limitación de reubicación a personas que tengan una nacionalidad que supere el 75% de reconocimiento de protección internacional por parte de los estados miembro. CEAR critica que este criterio de nacionalidad está dejando fuera a refugiados de países como Afganistán, Sudán o Nigeria.

Además, los criterios de reconocimiento no son iguales en todos los países, por lo que existe una falta de coordinación, especialmente entre la Oficina Europea de Apoyo al Refugiado (EASO) y países como Italia o Grecia.

Otro aspecto de gran importancia respecto a la acogida de refugiados es el acuerdo al que llegaron la Unión Europea y Turquía en marzo de 2016, tras el cual los estados miembros decidieron que las personas que llegaran a Grecia desde ese momento no podrían solicitar su reubicación a otro país europeo.

Esta decisión está estrechamente relacionada con la última comunicación la Unidad de Reubicación Griega, en la que afirmaba que no hay en Grecia más personas con un perfil adecuado para la reubicación. CEAR asegura que esto no es cierto, pues la Comisión Europea cifra en 4.700 las personas “potencialmente elegibles” para ser reubicadas desde Grecia, sumadas a las más de 7.200 personas que han llegado este año a Italia.

Además, CEAR destaca que existe una gran falta de voluntad política en los países de la Unión Europea, cuyos gobiernos han utilizado el discurso del miedo para justificar el incumplimiento de las cuotas de acogida de refugiados que ha establecido la Comisión Europea.

Las peticiones de CEAR

El hecho de que no exista un mecanismo efectivo de sanciones a los países que incumplen las cuotas establecidas por la Comisión Europea ha sido uno de los principales motivos por el que ningún país de la Unión Europea ha cumplido con el 100% de las acogidas obligatorias.

Por esta razón, desde CEAR piden que se impongan sanciones al Gobierno español y al resto de incumplidores para “que no queden impunes”, explica la secretaria general de la organización, Estrella Galán.

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Un grupo de manifestantes pide que España acoja más refugiados. | Foto: Emilio Morenatti/ AP

Además, Galán ha recordado que España cuenta con una ley de asilo que no se está aplicando, así como con una directiva de protección temporal que le permitiría trasladar a personas con necesidades concretas durante un tiempo determinado, por lo que “no hay excusas, España debe seguir con su cumplimiento”, dice Galán.

Desde CEAR también piden a las autoridades que eliminen la discriminación por nacionalidad en el proceso de aceptación de solicitudes de asilo, así como que se deje de discriminar a las personas con vulnerabilidad, especialmente a los menores no acompañados, un grupo a menudo más rechazado por los países europeos debido a que necesitan más recursos que el resto.

El cumplimiento del acuerdo no acaba ahora

La directora de Políticas y Campañas de CEAR, Paloma Favieres, recuerda que, aunque el plazo fue establecido para el 26 de septiembre, el cumplimiento de la cuota de acogida de refugiados no debe finalizar.

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Un grupo de manifestantes protestan contra el acuerdo de la Unión Europea con Turquía. | Foto: Jon Nazca/ Reuters

La Comisión Europea habla de un plazo “razonable” para seguir acogiendo refugiados hasta cumplir con la cuota establecida, explica Favieres, que insiste en que España debe seguir recibiendo a los solicitantes de asilo hasta cumplir con el número fijado a pesar de que se haya cumplido el plazo.

Además, señala que “la carta de Grecia no puede ser la excusa” para dejar de recibir refugiados, sino que todos aquellos que llegaron tras el acuerdo con Turquía también deben ser reubicados, así como los que lleguen hasta el día 26 de septiembre a las costas griegas.

El proceso de acogida en primera persona

Las cifras nos muestran que España se queda muy atrás en lo que respecta a acoger e integrar refugiados, pero son los propios refugiados los que mejor transmiten cómo es el proceso de reubicación a España.

Nedal, un refugiado sirio que llegó a España tras más de dos años de espera, explica que “mucha gente en España no acepta a los refugiados”, por lo que la integración en la sociedad es difícil en algunos casos.

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Un manifestante protesta por los largos procesos que viven los refugiados para entrar en España. | Foto: Francisco Seco/AP

Nedal fue a la universidad en Siria, pero la guerra le impidió llevar una vida normal y tuvo que huir a Líbano, desde donde comenzó el proceso para venir a España. Aquí estudia español, alemán y un curso de Administración y Asistencia a la Dirección.

Todo suena muy bien, pero acabar sus estudios en España tampoco está siendo fácil para Nedal. “No todo el mundo acepta a los refugiados aquí”, explica, motivo por el que le está resultando muy complicado encontrar una empresa donde llevar a cabo las prácticas necesarias para acabar su curso.

También son difíciles otras situaciones cotidianas como la búsqueda de piso. Nedal asegura que en numerosas ocasiones le han denegado el alquiler de un piso por el simple hecho de ser un refugiado árabe. A pesar de todo, asegura que hay mucha gente que le ha ayudado en España y que “claro está, no todos son iguales”.

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