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Epónimos en la literatura: escritores que se convirtieron en jerga cotidiana

Romhy Cubas

Foto: Librerías Gandhi
Librerías Gandhi

Borges decía que uno no es lo que es por lo que escribe sino por lo que ha leído. Por otro lado, es fácil que lo que se ha escrito se convierta en jerga cotidiana cuando sus autores trascienden la temporalidad que se rige por épocas o espacios. Para muestra de esto los epónimos en la literatura, o los escritores que se adhieren por extensión de sus obras al vocabulario diario de las personas.   

Los epónimos son tan antiguos como el purgatorio de Dante o las excursiones del Quijote, y derivan precisamente de una ficción que los personajes populares de la literatura han transferido a la cotidianidad. Su tipología abarca desde términos políticos y médicos  -el síndrome de Alicia en el país de las maravillas para describir un trastorno ilusorio de la imagen corporal o Freud basándose en la tragedia de Sófocles para fundar su «complejo de Edipo»- hasta la jerga literaria.

Se trata de  personajes y sus creadores convertidos en sustantivos para ilustrar un comportamiento de la vida rutinaria. La palabra proviene del griego eponymos que significa “darle el nombre de uno a alguien o algo” ya que el “arconte epónimo” (jefe de gobierno y magistrado principal) daba su nombre al año en el que regía.

La trascendencia de estos escritores y sus obras es tan extensa que las asociaciones se vuelven usuales y se adhieren al lenguaje para designar una realidad que en un principio nada tenía que ver con su nuevo designio. En la literatura es tan habitual que se vuelve frecuente aquello de describir situaciones kafkianas y dantescas, o amores masoquistas y maquiavélicos sin que el responsable del calificativo se revele en el diálogo en sí. Y si bien en algunos casos es evidente el origen de estos epónimos, otros no han trascendido con tanta amplitud la cultura popular; aunque los usamos no estamos conscientes de que también provienen de escritores prácticamente presentes desde hace siglos.

Los inesperados

Doppleganger o doble que camina

En inglés esta palabra fue acuñada por el escritor alemán Johann Paul Friedrich en su novela de 1796 “Siebenkäs”, se usa para describir  al doble de una persona que camina a su lado. No es uno de los términos más comunes aunque por ejemplo, la serie de TV norteamericana How I Met Your Mother tiene varios capítulos dedicados a esta expresión en donde los personajes principales se encuentran con sus dobles exactos en las calles de New York.  

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Los cinco Doppleganger de “How I Meet Your Mother” | Imagen vía: TheOdisseyOnline

Serendipia

Deriva del inglés serendipity y fue acuñada en 1754 por medio de la correspondencia del escritor británico Horace Walpole a raíz de un relato persa llamado Los tres príncipes de Serendip. En este se supone que los protagonistas solucionan todo tipo de problemas gracias a afortunadas casualidades. La palabra se utiliza para señalar esos descubrimientos accidentales, afortunados e inesperados que se producen cuando se está buscando casi totalmente lo contrario.

Anfitrión

Lo utilizamos para designar a la persona u ente que recibe en su territorio a invitados que atiende “personalmente”. Pocos saben que este es el nombre de un personaje mitológico, bisnieto de Zeus, y que fue el dramaturgo francés Molière quien le dio su significado actual en su obra de teatro homónima del mismo nombre, en la que se afirma que el verdadero Anfitrión «es el que nos da de cenar».

Pantalón

Es inesperado pero el nombre para esa prenda de vestir que se usa como por inercia proviene de un tipo de dramaturgia italiana del siglo XV llamada la Comedia del Arte, en donde uno de los personajes más populares era “el viejo Pantaleón”. Este señor siempre llevaba las piernas cubiertas por un atuendo estrafalario que eventualmente adquirió el nombre de pantalón.

Don Juan

Personaje arquetípico de la literatura española creado por Tirso de Molina en su obra de teatro El burlador de Sevilla y convidado de piedra  en 1630. La figura del Don Juan era la del burlador que representa la ruptura absoluta de todas las normas y reglas preestablecidas. Pero el desenlace algo trágico de la obra ha sido olvidado y hoy en día ser un “Don Juan” es un halago que describe a una especie de seductor de mujeres. Algo similar sucede con la palabra Romeo, que data de la tragedia de William Shakespeare Romeo y Julieta.

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Leonardo DiCaprio y Claire Danes en la película de Baz Luhrmann, Romeo y Julieta | Imagen vía Youtube


Quevedos

El nombre de Francisco de Quevedo podría haber pasado al lenguaje cotidiano por un sinfín de cualidades personales o por su obra poética; sin embargo, su cotidianidad se detuvo para designar un tipo de gafas como las que usaba el escritor: los quevedos.

Rocambolesco

Rocambole es un personaje literario creado por el escritor francés del siglo XIX Pierre Alexis Ponson du Terrail. Las aventuras de Rocambole son las de un joven que se transforma de ladrón a justiciero como una especie de  héroe de ficción moderno en la novela de aventuras. El término rocambolesco es una alusión a este protagonista e indica algo extraordinario o inverosímil, improbable y difícil de creer.

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Retrato de Rocambole elaborado por el artista francés Andre Gosset para el semanario “La Lune” ejemplar de 1867 | Imagen vía Wikipedia

Los sospechosos habituales

Lo más común es que los escritores se conviertan en una especie de marca personal a través de su bibliografía, el universo característico de sus obras los transforma en algo familiar cuyo calificativo es una variante de sus propios nombres.

Homérico

Homero es un nombre clave en la literatura occidental.  Poeta griego al que se atribuye la autoría de la Ilíada y la Odisea, es el autor por antonomasia de la literatura clásica. Sus epopeyas llenas de personajes legendarios y heroicos le valieron dos epónimos: Odisea y Homérico. La palabra homérico se utiliza para adjetivar esos relatos legendarios que no solo recuerdan a las historias del poeta, sino que describen  pueblos y personajes extraordinarios  tan épicos como Aquiles y Ulises. Por otro lado, una Odisea, como bien relata el libro, se utiliza para describir un largo viaje lleno de adversidades en donde abundan las aventuras para la consecución de un fin.  

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Ulises y Polifemo | Pintura de Jacob Jordaens (1593-1678)

Dantesco

La descripción más exacta y perturbarte que se ha hecho del infierno y el cielo la hace el poeta italiano de la Edad Media Dante Alighieri en  la Divina Comedia. Una obra necesaria en la literatura que a través de decenas de cantos guía a Dante por los nueve círculos del infierno, el purgatorio y el paraíso. Esa exactitud tan poética como impresionante abrió un universo en el cual todas aquellas escenas aterradoras y pasmosas que combinan hechos inconcebibles en su dramaturgia se describen como dantescas. Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza”.

Kafkiano

La metamorfosis del escritor checo Franz Kafka tiene todas las características de lo absurdo e inverosímil para concebir un mundo donde el término es literal. En su novela “El juicio” el protagonista es arrestado y juzgado por un crimen del cual nunca se le informa. La cantidad de procedimientos y reglas herméticas, la complicada e inaccesible burocracia que llevan a la frustración extrema del personaje trasladan al término Kafkiano para describir cualquier situación similar en donde la burocracia imposibilita encontrar una solución sencilla.

Maquiavélico

El concepto del maquiavelismo tiene que ver con actos inmorales o considerados negativos en la sociedad. Se relaciona con la persona que actúa con astucia y perfidia para seguir propósitos individuales. Su origen se deriva de la doctrina e ideas de Nicolás Maquiavelo a través de sus obras El Príncipe y los Discursos sobre la primera Década de Tito Livio. El florentino es el autor de una especie de manual satírico en el cual explica cómo ha de ser el príncipe o gobernante ideal; en este reflexiona sobre el empleo de “malas acciones” cuando el fin lo justifique.

Dickensiano

Charles John Huffam Dickens fue un novelista inglés conocido en la literatura universal por obras como Oliver Twist, Tiempos Difíciles o Un cuento de Navidad que practicaba la crítica social en sus obras con ironía y humor. Su estilo poético pero risible, como una sátira que reprochaba la pobreza y la estratificación social de la edad victoriana, le valió este término para describir aquello que no alcanza las condiciones mínimas de vida o trabajo que garanticen la dignidad humana, según el diccionario. También puede aplicarse a las trabas burocráticas y la vida urbana regida por el individualismo.

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Póster de la versión de Roman Polanski para el cine de Oliver Twist | Imagen vía IMDB

Sadismo

El sadismo es un término -tal vez el más popular- derivado del Marqués de  Sade, escritor y filósofo francés del siglo XVIII cuya obra literaria se consideraba obscena y depravada en su época por las explícitas situaciones sexuales e incluso violaciones de los personajes. Define la RAE al sadismo como «la perversión sexual de quien provoca su propia excitación cometiendo actos de crueldad en otra persona». 

Quijotesco

Una de las pocas excepciones en donde el personaje trascendió más allá del escritor. El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha creado por Miguel de Cervantes Saavedra en 1605 es un símbolo universal para describir el comportamiento de una persona que hace lo imposible para defender sus creencias, obra desinteresadamente en defensa de causas que considera justas o es víctima de un idealismo pocas veces práctico. En el siglo XVII ya se usaba el término quijote para definir a una persona que no diferencia la realidad de la fantasía.

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Edición de “1984” de George Orwell | Imagen vía DeBolsillo Editorial.

Orwelliano

El término «orwelliano» ha pasado al vocabulario común para designar a las sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias y represoras, como las representadas en la novela 1984 del escritor George Orwell. La utopía de Orwell describe maneras sutiles pero efectivas de someter a su población: a través de la propaganda y del lenguaje.  Orwelliano no solo hace referencia a situaciones y sistemas totalitarios, sino que también remarca la importancia que desempeña el lenguaje en la formación de pensamientos y de emociones en una sociedad.

Lovecraftiano

Howard Phillips Lovecraft es fundamental para la literatura de ficción y terror. Autor de novelas y relatos del género desarrolló la corriente del horror cósmico para mezclar la literatura tradicional de terror sobrenatural con elementos de ciencia ficción. Sus universos fueron tan influyentes que la palabra se utiliza para revivir historias o situaciones que evocan esa miscelánea de su obra.

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Fotograma de la película “El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey” | Imagen vía CineyCine

Algunas suposiciones

Estos epónimos datan de literatura de décadas y hasta siglos pasados, lo que indica el tiempo que pueden demorar en calar en la cultura popular. Analizando superficialmente el panorama actual de las letras y considerando la relevancia exclusiva de escritores del siglo XX y XXI -gracias a ese universo constante creado en sus historias- estos son algunos de los próximos epónimos que tal vez escuches en una conversación:

Bolañesco

El escritor chileno Roberto Bolaño publicó una decena de libros en vida, muchos de sus obras se dieron a conocer de manera póstuma, pero sus universos detectivescos -en donde Latinoamérica y Europa se mezclan en un contexto de crítica social y especificaciones generacionales- pueden ser identificados fácilmente si comenzamos a usar el epónimo Bolañesco.

Tolkiano

John Ronald Reuel Tolkien, identificado como el padre de la literatura moderna de fantasía, es un narrador exhaustivo que no dudó en escribir veinte páginas para describir un bosque o inventar varios idiomas para la creación completa de sus personajes. El universo tolkiano sería entonces uno absorbente y delineado hasta el más mínimo detalle en el cual no solo caminarían elfos, duendes y criaturas fantásticas, sino que se trazaría el panorama completo con lupa.

Coetziano

Si se pudiera describir la obra del escritor sudafricano y Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee no sería con una palabra sino con un sentimiento. Desesperación, como el título de una de sus obras, es lo que sucede en sus historias en donde se mezclan escenarios áridos y desolados para representar la miseria humana en todas sus formas.  

Rothiano

El eterno aspirante al Nobel de Literatura Phillip Roth tiene un tino para describir la sociedad estadounidense y sus fosos que ha calado en la crítica y el público como una especie de auto revisión para los norteamericanos. Esa cadencia y crítica social muy exclusiva de un continente describe fácilmente algo Rothiano.

Murakamiano

El japonés Haruki Murakami tiende a escribir historias en donde el horror cósmico toma gran parte del protagonismo, es decir, ciencia ficción con elementos paranormales. Su virtud para describir la soledad de un continente a la perfección hace que el universo de sus obras en conjunto sea bastante identificable, así como la escenificación que hace de la sociedad asiática en juego con la totalidad de sentimientos que llevan al aislamiento y la introspección. Algo Murakiano sería exactamente eso, Murakami en su máxima expresión.

La mayoría de estos epónimos, de ser consultados en el diccionario de la RAE aparecen con parcas definiciones en donde predominan expresiones como: “relacionado con el escritor argentino Jorge Luis Borges” o “que tiene cualidades parecidas al poeta griego Homero”; no obstante, los términos envuelven un universo mucho más amplio que fusiona los cuerpos literarios con la familiaridad de la realidad.

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Los doce imperdibles del Festival Eñe

Saioa Camarzana

Llega un año más el Festival Eñe al Círculo de Bellas Artes de Madrid. Pero en esta edición se presentan, por lo menos, dos novedades gustosas. Por primera vez, podemos pensar que con el objetivo de llegar a un público más amplio, todos los eventos son gratuitos. Por otro lado el CBA, aunque seguirá siendo la sede central donde se realicen la mayoría de los encuentros, no es el único punto neurálgico de esta cita con las letras (aquí el programa completo). Pero hay más, porque esta vez no serán solo las voces de los escritores contemporáneos quienes tomen Madrid sino que se abre también a la música, a la fotografía, al cine, al teatro y a la ilustración. El escritor y periodista Antonio Lucas ha sido el encargado de emparejar a más de 139 autores en 50 actividades. Pero, si hay algo que se le puede criticar es que la presencia femenina es, de largo, muy inferior a la masculina. Tan solo 28 mujeres. No nos vamos a meter en terreno activista, que por supuesto daría para ello, y vamos a mencionar las citas imperdibles de esta edición que se celebra del 23 de octubre al 28 de octubre.

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Imagen del Festival EÑE 2017

Durante los primeros días del festival, del 23 al 26, son los nuevos espacios los encargados de reunir a diversas personalidades. Entre la programación de la Biblioteca Nacional, del Instituto Cervantes y del Club Matador destacamos tres encuentros que desgranamos a continuación:

Día 23 a las 19:00h: Isabel Muñoz y Enrique del Río

La fotógrafa Isabel Muñoz conversará en el Club Matador con Enrique del Río, miembro fundador de WeCollect Club. La obra de Muñoz, Premio Nacional de Fotografía 2016, se centra en la exploración del cuerpo humano y aúna el compromiso social con la belleza que le rodea. Ha viajado por todo el mundo para adentrarse en las culturas de Papua Guinea, China, Cuba… para realizar estudios antropológicos en forma de fotografía. Casi siempre en blanco y negro a la fotógrafa le interesa que los protagonistas de sus instantáneas participen de manera activa en el momento de la captura. Entre ambos desgranarán toda una trayectoria de una de las fotógrafas más importantes de la actualidad.

Día 25 a las 19:00h: Juan Mayorga y Javier Gomá

Juan Mayorga es uno de los dramaturgos más importantes de nuestras tablas y Javier Gomá uno de los filósofos y ensayistas que se ha iniciado en esta profesión con un monólogo. El teatro, del que nos podemos sentir cerca y a la vez lejos, puede plantear preguntas que no tienen respuesta y ahí reside su importancia. Estas cuestiones son las que interesan e importan a Mayorga, un nombre ya vital de nuestra dramaturgia. De sus trabajos conversarán estas dos voces en el Instituto Cervantes.

Día 26 a las 19.00h: Rosa Montero, Álex Grijelmo, Carolina Reoyo y Javier Rodríguez Marcos

Detrás de un gran autor hay (o debería haber) un gran corrector. Así se llama la mesa redonda en la que participan estos cuatro protagonistas a los que reúne la Unión de Correctores en la Biblioteca Nacional. En ella le darán el protagonismo que se merece a la figura del editor de textos que es tan importante como desconocido en el proceso editorial. Lo cierto es que sin una figura como esta los libros no llegarían al lector con la misma calidad. Cada texto requiere de unos ojos vírgenes y objetivos que detecten los fallos, lo que funciona y lo que no. A este oficio en palpable retirada se dedicará la charla.

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Asistentes a la última edición del Festival EÑE. | Imagen vía Festival EÑE.

El día 27 arranca la programación del Círculo de Bellas Artes con una programación interesante durante dos días. Destacamos varias citas de diferentes disciplinas.

Viernes 27

19.00h: Arturo Pérez Reverte, Javier Marías y Agustín Díaz Yanes

Sin duda son cuatro nombres con tanta personalidad como para poner en marcha la programación del Círculo de Bellas Artes. El viernes 27 en el Teatro Fernando Rojas, dos escritores cinéfilos como Pérez Reverte y Marías, que por cierto participan en la cita por primera vez, se sentarán junto al cineasta Agustín Díaz Yanes en una conversación moderada por el periodista Jacinto Antón. La ficción y la vida, la actualidad y la historia, el humor y la seriedad, serán algunos de los temas que traten con la libertad y la astucia que les caracteriza.

20.30: Marta Sanz y Ramón Andrés

Que la literatura puede ser una herramienta de sanación, un bálsamo para almas atormentadas y un ejercicio catalizador se sabe a través de las novelas que abordan el tema. Una de las voces más singulares de nuestra literatura es Marta Sanz que, junto a Ramón Andrés, uno de los intelectuales más originales del país, se preparan para hablar sobre la literatura y el daño. El periodista Manuel Llorente será el encargado de que ambos aborden cuestiones como si la filosofía puede ser una cura, si la palabra es un pabellón de reposo y la literatura un bálsamo.

20.45h: Joan Fontcuberta, Sofía Moro, José Manuel Navia y Chema Conesa

¿Cómo se crea un buen libro de fotografía? Esa es la pregunta que se plantea este encuentro que nace con motivo de la edición número 100 de la colección PHotoBolsillo. Chema Conesa es, además del director de la colección, uno de esos fotógrafos incombustibles que suma ya más de 40 años de recorrido. Él ha sido el encargado de reunir a Fontcuberta, Moro y Navia en una charla en la que abordarán, seguro, más temas que el que los une inicialmente.

21.30h: Manuel Borja-Villel, Niño de Elche y Pedro G. Romero

Algunos se preguntarán qué conexión existe entre el director del Reina Sofía (Manuel Borja-Villel) y el artista flamenco (Niño de Elche). Pues bien, el cantante ofreció el pasado mes de mayo un concierto en la pinacoteca con motivo del Día de los Museos. Poco a poco las diversas disciplinas se van uniendo creando nuevas sinergias que se retroalimentan y crean nuevos espacios. El arte puede servir de rebelión pero, ¿qué tipo de herramienta puede ser el flamenco en todo esto? Esa es la clave que intentarán desentrañar entre los tres.

Los doce imperdibles del Festival Eñe
Editoriales presentes en la última edición del Festival EÑE. | Imagen vía Festival EÑE.

Sábado 28

17.00h: Isaac Rosa, Daniel Gascón y Elvira Navarro e Inés Martín Rodrigo

¿Puede ser la literatura una herramienta para el desarrollo de una conciencia cívica? Esta es la cuestión troncal que abordarán Rosa, Navarro y Gascón, tres escritores que se relacionan a través de unas obras donde la memoria sirve de herramienta política y la desolación como forma de conciencia. ¿Hasta dónde llega la realidad? Inés Martín Rodrigo modera este encuentro en el que se determinará si realmente la realidad se agota y si la literatura puede ser un estímulo, un bálsamo o todo lo contrario.

18.15h: Eduardo Madina y Bernardo Atxaga

La última vez que el político Eduardo Madina y el escritor Bernardo Atxaga se vieron fue con motivo de <em>La pelota vasca. La piel contra la piedra</em> que dirigió Julio Medem. Han pasado ya varios años de aquel encuentro en 2003 en el que la conversación giraba en torno al terrorismo de ETA. Lo que les une ahora es algo completamente diferente y divertido: la literatura. En la educación sentimental de Madina están algunos de los libros de Atxaga y con Atxaga, que acaba de subir a los escenarios Obabakoak, hablará sobre ello en una conversación moderada por Javier Gómez Santander.

18.15h: Andrés Trapiello y Felipe Benítez Reyes

Gran admirador de Cervantes hace un par de años Andrés Trapiello tradujo El Quijote al lenguaje actual. Fue una labor, que además de ser una tarea ardua, estuvo destinada a ese 80% de españoles que no lo han leído. Felipe Benítez Reyes, por su parte, volvió con a la novela tras diez años silencio con El azar y viceversa, una historia de apariencia picaresca. A ambos les une, por tanto, haber trabajado con vidas de otros y, en algún momento, haber asumido la escritura como una espeleología por vidas ajenas. La conversación entre ambos, que moderará el periodista Luis Alemany, girará en torno a cuestiones como hasta dónde se puede contar y hasta dónde se puede inventar cuando se aborda una biografía.

20.15h: Manuel Vicent y Raúl del Pozo

Un gran momento para los periodistas y los amantes de la profesión. Manuel Vicent y Raúl del Pozo, dos de esos periodistas que llevan el oficio en la sangre abordarán, moderados por Antonio Lucas, cuestiones internas de esta profesión de carácter pasional. Cómo ha evolucionado al periodismo, cuáles son sus mutaciones, la presencia de la literatura en los periódicos, la dicotomía entre el papel y lo digital, los aciertos y los fallos y, sobre todo, la herencia de aquellas generaciones de escritores en prensa del siglo XX serán los temas que entretendrán a todos los asistentes.

21.30h: Carlos Boyero y Borja Hermoso

Si hablamos de crítica de cine seguro que muchos lo relacionarán, de manera automática, con Carlos Boyero, que hace lo propio en el periódico El País. La suya es siempre una opinión tan personal que no tenemos por qué compartir pero es esa libertad de la que goza la que le hace especial. Lleva en esto más de 40 años y no le da miedo equivocarse, porque, como hemos apuntado, su opinión es suya propia. Pero la música y la literatura también son parte de su genética y el periodista Borja Hermoso, con quien comparte mesa, lo conoce bien. Podría decirse que es un encuentro imperdible.

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Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista

Anna Maria Iglesia

Foto: DANIEL AGUILAR
Reuters

El legado de Leonora Carrington, artista surrealista británica, no solo está compuesto por una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX, sino también por textos de indudable interés, entre ellos uno de los más importantes es Memorias de Abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora publica Alpha Decay con prólogo de Elena Poniatowska.

“¡No admito su fuerza, el poder de ninguno de ustedes, sobre mí. Quiero ser libre para obrar y pensar; odio y rechazo sus fuerzas hipnóticas!”, se rebeló de pronto Leonora Carrington al doctor Luis Morales, bajo cuya supervisión médica estaba recluida en el sanatorio mental de Santander. Pocos meses antes, Max Ernst, había sido detenido por la República de Vichy. De origen judío y vinculado a la resistencia, Ernst fue detenido en su casa de Saint Martin d’Ardèche, donde vivía con una jovencísima Leonora, una joven inglesa llamada a ser una de las pintoras más relevantes del surrealismo. La Segunda Guerra Mundial, sin embargo, lo cambió todo: Ernst terminó detenido en el campo de concentración de Les Milles,  en la República de Vichy, y Leonora encerrada en una clínica psiquiátrica en Santander.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista 1

Los gritos de Leonora, reclamando su libertad, retumbaban en la clínica santanderina el agosto de 1940. Tan solo unas semanas antes, la pintora había sido obligada por su padre a un internamiento forzoso en la clínica del Dr. Morales, un psiquiatra de ideología nazi que, por entonces, regentaba una de las clínicas psiquiátricas con más prestigio entre la burguesía europea. El Dr. Morales era considerado una excelencia por llevar a cabo “milagrosas” y experimentales curaciones sobre sus pacientes, curaciones que se basaban principalmente en un choque convulsivo químico con cardiazol. A pesar de que el Dr. Morales la cogiera del brazo, afirmando, sin titubear, “aquí soy yo el amo”, aquellos gritos de Carrington anunciaban el final de su encierro. Ella estaba en aquella clínica por orden de su padre, un tradicional hombre de la burguesía inglesa que nunca había aprobado la conducta de su “rebelde” hija, y bajo el control permanente del Dr. Morales, ocupado, más que preocupado, en quitarle las ideas delirantes que la joven padecía desde la detención de Ernst.

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La posada del Caballo del Alba (1936-1937), autorretrato de Leonora Carrington | Imagen vía: Wikimedia Commons

“Cuando los alemanes invadieron Francia, temiendo por su propia seguridad, Leonora decidió escapar a España, con la intención de obtener un visado para el pasaporte de Max, que ella guardaba consigo”, cuenta Victoria Combalía en Amazonas con pincel. Por entonces, Carrington “ya comenzaba a ser presa de alucinaciones que le desencadenarían ataques de locura”, unos ataques que la acompañarían a lo largo de su huida de Francia, desde Andorra, pasando por la Seu d’Urgell y Barcelona, hasta Madrid, donde llegó acompañada por Catherine Yarrow y Michel Lucas.

La locura de Carrington era resultado de lo vivido, ¿cómo sino podría reaccionar alguien a quien, en palabras de Elena Poniatowska “de pronto los gendarmes se presentan y se llevan a su amor alegando razones de religión o de raza o de ideología”. La violencia, sin embargo, no abandonó a Leonora: no sólo llegaba a una España que acaba de salir de la Guerra Civil, una España cruel, dice Poniatowska, un país que “con su guardia civil intentó destruir su mundo imaginario y afectivo”, sino que nada más llegar sería víctima de una banda de requetés, que la raptaron y la violaron.

“Se levantaron algunos de aquellos hombres y me metieron a empujones en un coche. Más tarde estaba ante una casa de balcones adornados con barandillas de hierro forjado, al estilo español. Me llevaron a una habitación decorada con elementos chinos, me arrojaron sobre una cama, y después de arrancarme las ropas me violaron el uno después del otro”, recordaría tiempo después en Memorias de abajo. A partir de entonces, Carrington ya no pudo más, los delirios se incrementaron como si delirar fuera la única manera de huir de aquella vida hostil a la que parecía estar condenada.

“En sus raptos de locura, Leonora asumía el comportamiento de varios animales: rugía como una hiena, relinchaba como un caballo, ladraba como un perro…” cuenta Combalía. Fue entonces cuando el padre de Leonora entró en escena y obligó su internamiento: “Mi primer despertar a la conciencia fue doloroso: me creí víctima de un accidente de automóvil; el lugar me sugería un hospital, y estaba siendo vigilada por una enfermera de aspecto repulsivo y que parecía una enorme botella de Lysol. Me sentía dolorida, y descubrí que tenía las manos y los pies atados con correas de cuero. Después me enteré de que había entrado en el establecimiento luchando como una tigresa, que la tarde de mi llegada, don Mariano, el médico director del sanatorio, había intentado convencerme para que comiera y que yo le había arañado”.

Leonora Carrington, las Memorias de abajo de la pintora surrealista
Leonora Carrington | Imagen vía Alpha Decay

Así recuerda Leonora Carrington su llegada a la clínica psiquiátrica en Memorias de abajo, libro que André Breton le animó a escribir y que ahora la editorial Alpha Decay publica en una nueva edición con prólogo de Elena Poniatowska. Como cuenta Poniatowska, autora del libro Leonora, en la vejez, la pintora apenas hablaba de Max Ernst, pero sí de su estancia en la clínica: “De su niñez, Leonora habló con felicidad; del Cardiazol en la clínica del doctor Mariano Morales en Santander, en cambio, con verdadera angustia”. De hecho, añade la escritora mexicana, “con el terror impreso en sus ojos, volvía a caer en el agujero negro: ‘Me impidieron cualquier movimiento, me amarraron, me inyectaron…’”. Si bien para Bretón el libro de Leonora fue un texto imprescindible para sus estudios en torno a la locura y los delirios, no debe olvidarse que Memorias de abajo es, ante todo, un libro sobre la reclusión y el abandono.

Carrington no sólo se siente atrapada en esa clínica, no sólo siente que aquellos tratamientos, hoy absolutamente superados, no hacían otra cosa que hundirla más en su locura, sino que se sentía abandonada, sobre todo por un padre que parecía estar haciéndole pagar el precio de la libertad disfrutada años atrás en París. Como relataba hace algunos meses en The Guardian su sobrina Joanna Morhead, Carrington –Prim, así la llamaban- era considerada la “niña salvaje” de la familia: “Nunca escuché ni una sola buena palabra hacia ella”, recuerda Morhead, para quien fue todo un descubrimiento saber que su tía era un nombre imprescindible dentro de la historia de la pintura. “Durante décadas, ella fue relativamente desconocida: el convencional mundo artístico pasó por encima de ella y los comerciantes la ignoraron. Cuando entró en los ochenta años, sin embargo, encontró, con lentitud, pero con firmeza, la fama”, afirma Morhead y sigue: “Su trabajo fue redescubierto por los historiadores; las mujeres surrealistas fueron ‘recuperadas’ y conocidas por sus talentos individuales antes que por su papel de musas. Al inicio del siglo XXI, ella se convirtió en una especie de tesoro nacional para su país de adopción”, México.

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Cocodrilo de Leonora Carrington, en Ciudad de México. | Imagen vía Carlos Valenzuela/Wikicommons

Carrington llegó a México en 1942, tras un año en Estados Unidos. A finales de 1940, gracias a la intermediación de un primo suyo, salió de la clínica de Santander, aunque su padre ya había decidido su destino: “Su familia ha decidido enviarla a Sudáfrica, a un sanatorio donde será muy feliz porque es delicioso”, le dijeron nada más llegar a Madrid, primera etapa de un viaje que Leonora no estaba dispuesta a realizar. Acompañada por Frau Asegurado, encargada de su cuidado y vigilancia, fue embarcada a Lisboa, teóricamente la segunda parada antes que Sudáfrica. Sin embargo, Leonora, consciente de que “no había que luchar con esa clase de gente, sino pensar más deprisa que ellos”, no dudó en escapar en cuanto tuvo la posibilidad y esconderse en la Embajada de México, habiendo conocido al diplomático mexicano, Renato Leduc, pocos días antes en Madrid: “El embajador se portó maravillosamente conmigo, después. Tuve que entrar a verle, y dijo: ‘Está usted en territorio mexicano. Ni siquiera los ingleses pueden tocarla’. No sé cuándo apareció Renato. Al final, dijo: ‘Vamos a casarnos. Sé que es horrible para los dos, porque no creo en esa clase de cosas, pero…’”.

Fue así como Leonora pudo escapar. ¿Fue un matrimonio concertado aquello que le concedió la libertad? Ella nunca lo negó. Si bien el matrimonio con Renato durara tan solo un año, su amistad perduró hasta el final y él nunca dejó de visitarla en su casa de Chihuahua. En México, Leonora retomó su carrera como pintora que la guerra había interrumpido y aquellas alucinaciones cabalísticas y astrológicas sufridas durante su estancia en Santander terminaron plasmando un mundo interior, del cual sus pinturas fueron reflejo: “su pintura desvela la vertiente mística de la vida cotidiana. Sus escenas recuerdan los cuentos de hadas y los relatos infantiles irlandeses y celtas que le contaban de niña, repletos de druidas y magos que conocen una dimensión superior de la realidad. Personajes como la diosa Danu o la figura del caballo como símbolo de la búsqueda de renovación abundan en sus lienzos, así como gatos, cisnes, serpientes y alusiones a la cábala y a la alquimia”, apunta Victoria Combalía.

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El mundo mágico de los mayas de Leonora Carrington en el Museo Nacional de Antropología de México | Imagen vía Loppear / Wikimedia Commons

Leonora Carrington murió en 2011 en México. Tenía 91 años. Nunca quiso volver a Europa para vivir, aunque sus viajes a Inglaterra y Francia fueron constantes. Tras de sí, no sólo deja textos de indudable interés, sino una obra pictórica indispensable para entender el siglo XX. “Su trabajo evoca de muchas cosas y su enormemente complejo”, comenta Matthew Gale de la Tate Modern, “su producción no fue masiva porque su técnica es muy meticulosa y su trabajo muy detallista”.  

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Con testimonios se reconstruye la historia, el descubrimiento de las pertenencias físicas y sobre todo escritas de personas que ya no están presentes tiene la habilidad de recomponer un pasado nublado como si se tratara de legos ensamblados. De eso también se tratan las librerías, de ausencias y olvidos que buscan reencontrarse. Jorge Carrión recuerda que cada librería condensa un mundo, “no es una ruta aérea, sino un pasillo entre anaqueles lo que une a tu país y sus idiomas”, escribe en su libro Librerías. Un centro de resistencia que se aferra a estantes y cubiertas de cartón.

Cuando la polaca Françoise Frenkel decidió concretar su amor por la cultura francesa en 1921 nació La Maison du Livre, la primera librería francesa de Berlín. Junto a su esposo Simon Raichenstein esta librera de vocación, graduada de Letras en la universidad de la Sorbona en París, fundó un espacio para los libros franceses al darse cuenta, paseando por los escaparates de Berlín, que aquellos eran casi inexistentes en estos establecimientos. “Una librería en Berlín, es casi una misión”, afirma Françoise en la más reciente edición de su libro testimonial reeditado por Seix Barral y prologado por el Nobel de Literatura Patrick Modiano. Este testifica en sus primeras páginas:

“Ese testimonio de la vida de una mujer acorralada entre el sur de Francia y la Alta Saboya durante el periodo de la Ocupación es más impresionante cuanto más anónimo nos parece”.

La vida de esta librera polaca durante la ocupación alemana, junto a sus huidas y exilios, fue publicada en forma de libro en 1945 por Éditions Jeheber (Ginebra). El título de “Una librería en Berlín” es el intento de una sobreviviente por rendir cuentas a los muertos y recordar tantos sacrificios hechos para intentar navegar en medio de esa pesadilla que fue la guerra.

“Una librería en Berlín”, resistencia literaria de guerra
Una librería en Berlín de Francoise Frenkel | Imagen vía: Seix Barral

El rastro de Frenkel desaparece poco después de la publicación de la que fue su única obra. En el 2010 en un tenderete de la comunidad de Emaús –Niza- el literato Michel Francesconi redescubre el texto. Luego de darlo a conocer, su reedición en Francia fue un fenómeno de ventas y uno de los protagonistas de la rentrée literaria del 2015. Este año Seix Barral publicó su edición en español.

Huidas y exilios

Françoise Frenkel falleció en 1975 en Niza. Sus múltiples intentos por huir de la ocupación nazi -especialmente en el territorio francés- constituyen la esencia de este libro que no solo narra memorias y recuerdos de una mujer más entre las millones que sufrieron la deportación y el horror de los campos de concentración para judíos, sino que también evoca la resistencia de la cultura en medio del caos.

La Maison du Livre regentó hasta el año 1939, cuando Frenkel huyó desde Alemania hacia Francia entre las crecientes tensiones y hostilidades hacia los judíos, además de la censura y el control que comenzaron a imposibilitar la llegada de inventario a su establecimiento. A raíz de esta primera huída la escritora se convierte en fugitiva, apoyándose en la caridad y coraje de unos pocos que la ayudaron a cruzar la frontera hacia Suiza en 1943. En el intermedio, de pueblo en pueblo, y de secreto en secreto, la escritora recuenta el deterioro de un país y su economía, la falsificación de pasaportes y documentos de identidad, la desesperación de sus habitantes por una cartilla de racionamiento para comer, las nuevas profesiones que surgen inevitablemente de las desgracias ajenas, el tráfico de personas, la amenaza constante de la deportación.

Lo especial de este testimonio es que con sencillez y humildad, esta lectora implacable elige contar su exilio de una manera diferente. No hacen falta descripciones gráficas ni páginas enteras detallando las torturas en los campos de concentración. Su relato sobre la muerte y el miedo es intuitivo, casi a deducción del lector, quien entenderá sin necesidad de demasiada sangre ni gritos el sufrimiento silencioso de aquellos desplazados por una guerra que nunca entendieron completamente.

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Passauerstrasse Berlín en 1935 | Imagen vía: Wikimedia

La primera sede de La Mansion du Livre fue en el número 13 de Kleiststrase. La librería se muda enseguida a Passauerstrasse, 39; entre el barrio de Schöneberg y el de Charlottenburg. Para los escritores franceses y apasionados de la literatura el lugar se convirtió en una parada casi obligatoria, la clientela forjada por Frenkel y los amigos que allí conoció fueron los que luego le darían cobijo durante la guerra e intentarían que dejara el país por medio de contactos y “pasadores” de personas. Hoy en día en este lugar se ubican los grandes almacenes KaDeWe, bombardeados en 1943 y reconstruidos y ampliados en 1950.

El último rastro de Françoise Frenkel es un expediente de indemnización a su nombre fechado en 1958. En este declara sobre  un baúl consignado en mayo de 1940 en el guardamuebles del Colisée que fue embargado el 14 de noviembre de 1942 como “posesión judía”. En 1960 fue indemnizada con 3.500 marcos por la incautación del baúl. Este es uno de los objetos más emblemáticos del libro, tal vez porque se presenta como su única herencia permanente luego de perder su librería y su hogar. Una caja con un abrigo de piel de nutria y otro con cuello de zarigüeya. Dos vestidos de punto. Una gabardina negra. Una bata de Grünfeld. Un paraguas. Una sombrilla. Dos pares de zapatos. Un bolso de mano. Una almohadilla eléctrica. Una máquina de escribir portátil Erika. Una máquina de escribir portátil Universal. Guantes, zapatillas y pañuelos.

Una librería en Berlín, resistencia literaria de guerra
El barrio de Kreuzberg fotografiado por Joan vía Flickr bajo Creative Commons License.

En el presente Berlín tiene tantas librerías alternativas como nacionalidades conviviendo en sus calles. Libros en francés, en español, en inglés, en alemán. Libros de todos los colores, formas y olores. Atrás quedó esa censura asfixiante que hizo que Françoise dejara la ciudad junto y a su proyecto de vida para embarcarse en el vacío de la guerra.

Y aunque es un testimonio del pasado, precisamente este año vuelve a los estantes con la pertinencia de las letras para recordar que el pretérito de los verbos no está tan lejos como nos gusta creer, e inmortalizar el alcance de la memoria para sobrevivir tanto a lo que conocemos como a lo que ignoramos.

“Ojalá estas páginas puedan inspirar un pensamiento piadoso para aquellos que fueron silenciados para siempre, exhaustos por el camino o asesinados. Dedico este libro a los HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD que, generosamente, con una valentía inagotable, opusieron la voluntad a la violencia y resistieron hasta el final”

Francoise Frenkel en Suiza, a orillas del lago de los Cuatro Cantone, entre 1943-1944 .

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