Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano”

Beatriz García

Foto: Gunther Von Hagens
Gunther Von Hagens

Dice la asirióloga e historiadora Érica Couto-Ferreira que “somos porque nuestros cuerpos existen” y aunque el suyo se refleje, como es natural, en la superficie de los espejos, los evita desde niña porque los asocia a presencias sobrenaturales que se mueven a través de ellos. También le recuerdan a la muerte, esa muerte material, de la carne, que le provoca tanta fascinación como miedo. Conocida por los amantes del género por el podcast literario ‘Todo tranquilo en Dunwich’, que conduce junto a José Luis Forteza, esta gallega que vive en Italia, país en el que cada iglesia hay criptas con osarios, reliquias de santos y cuerpos incorruptos expuestos en vitrinas, ha cambiado las ruinas y los ritos de civilizaciones antiguas por los teatros anatómicos del siglo XIX, las sociedades de petrificadores, los cuerpos convertidos en arte y la obsesión por parecer eternamente dormidos, inmortales, en un libro que desentierra uno de los mayores tabúes de nuestra sociedad: la muerte física y la forma en que nos acercamos a ella.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 5
Érica Couto-Ferreira. Foto via Érica Couto-Ferreira.

El libro ‘Cuerpos. Las otras vidas del cadáver’ (Ed. Gasmask, 2017) es tanto una reflexión sobre el buen y mal morir como un viaje histórico, inquietante y, si se me permite, bastante divertido hacia los mil y un usos del cadáver como objeto político, médico, técnico, artístico y como depositario de la memoria familiar. Un retablo de anécdotas y referencias literarias sobre diarios de verdugos, difuntos convertidos en arte, danzas macabras, vampirismos y aquellos científicos y artistas que creyeron que muertos somos más longevos que vivos.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 3
Lección de Anatomía, de Rembrandt

A mí la idea de morirme me aterroriza, pero me gusta pasear por los cementerios. Raro, ¿no?

Es que la muerte que queremos ver es una muerte exótica, estética, hermosa, o  bien marcada por la normalidad, como la muerte que sucede de forma violenta, por guerras, terrorismo… Pero el fallecimiento cotidiano por vejez o enfermedad es lo que nos espanta, porque está en nuestro día a día y nos recuerda que nosotros también vamos a morir. Lo que nos atrae es el carácter morboso de la muerte ficticia, la artística, la que no vamos a vivir.

Pienso en las catacumbas de Palermo o en las obras de Fragonard que aparecen en el libro y ya no sé si el arte imita a la vida o la muerte al arte.

Y además muchas de estas obras evocan belleza e incorruptibilidad, y eso no es realmente la muerte, que es putrefacción y decadencia. Y en parte está ligado a que hasta época muy reciente la ciencia y el arte no estaban separados. Por ejemplo, los médicos del siglo XIX y principios del XX estudiaban lenguas clásicas, poesía y arte, y estaban en contacto con grupos intelectuales y literarios, lo que les permitía conjugar más elementos en sus investigaciones y preparados. Y considero que eso lo hemos perdido con la especialización que existe hoy en día.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 2
El jinete del anatomista Honoré Fragonard

Pero no siempre hubo esa obsesión por embellecer e inmortalizar la muerte…

No, en época medieval encontramos manuscritos iluminados y detalles de iconografía arquitectónica que muestran la muerte real, que es el esqueleto que baila. Al inicio de la edad moderna todavía está muy presente y, poco a poco, se abandonan esos motivos y vamos hacia la idea del muerto vivo, del muerto incorruptible, del muerto dormido.

Cuentas en el libro que algunas familias del siglo XIX tenían las costumbre de exhibir el cadáver de sus difuntos en el salón de casa. Pienso en Martin van Butchell, el excéntrico dentista londinense que embalsamó a su mujer y la colocó en su consulta…

Sí, Butchell tenía fama muy merecida de excéntrico, pero cuando se casó por segunda vez a la nueva esposa no le gustaba la idea de que tuviera expuesto el cadáver de la primera y lo donó al Hunterian Museum de Londres. En cuanto a lo que comentas de los muertos en los hogares, imagino que no habrían muchas familias que pudiesen acceder a ese tratamiento, pero nos habla de una sociedad con menores restricciones legales y sociales a ese respecto. Hoy en día un comportamiento así sería imposible, pero en el siglo XIX todavía podías mantener cerca a los propios difuntos de manera literal.

“El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo”

Igualmente, hay comportamientos muy similares hoy en día aunque las formas hayan cambiado. Creo que hay empresas en Japón que fabrican reproducciones exactas de tus hijos muertos y hace unos meses también una compañía proponía realizar vinilos utilizando cenizas del muerto y con la posibilidad de escuchar su voz grabada. No creo que estemos volviendo al pasado, pero tenemos la misma necesidad de lidiar con la muerte y el duelo.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 4
Las catacumbas de Palermo

¿Estamos perdiendo el pudor a la muerte?

A mí me gustaría pensar que sí, pero tengo mis dudas. Creo que este tipo de encargos que predomina es ficticio, solamente estético, como ir un paso más allá de lo que es la tanatomorfosis y la aniquilación del cuerpo. Me refiero a saltarse esa fase entre la agonía y el después, porque igualmente uno no quiere ver la parte más terrible del cuerpo que se deshacen. Es otro mirar a un lado, o más allá del cadáver.

¿Y eso de que la muerte nos iguala a ricos y pobres?

Nadie puede escapar a la muerte  y eso es cierto, pero no nos iguala. No es lo mismo morir apedreado porque el gobierno de tu país así ha decidido hacer justicia o morir como el gran dictador que nunca ha pagado por sus crímenes y al que realizan un funeral de estado que dura una semana.

“Siento una fascinación ilimitada por la muerte y los cadáveres, pero también me provocan miedo y rechazo”

Por no hablar de quienes antaño aspiraban a vivir eternamente pero no por propia voluntad, como los criminales a los que se les imponían destinos aborrecibles. El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo de lo que no debía hacerse.

Así que un cadáver es también un instrumento político…

Lo vemos diariamente, con estas grandes tumbas de generales, dictadores y cabecillas varios que siguen ahí. El mismo Lenin, que quería ser enterrado, sigue en su tumba convertida casi en icono del capitalismo.

Y luego está la venganza en vida y, sobre todo, más allá de ella.

Arqueológicamente se han encontrado muchos ejemplos en distintos periodos cronológicos y áreas de sepulturas que presentan un cadáver enterrado de una manera anormal, que no era consuetudinaria en la cultura o contexto en que ese cadáver se inscribe. En muchos casos era una manera de neutralizar el cadáver o de castigarlo más allá de la muerte, indicando su pertenencia a un credo herético o etnia repudiada… No estamos libres de eso ni cuando nos morimos.

¿Qué te parece que se expongan cuerpos en los museos?

Crea debate y te obliga a pensar y confrontar con otras personas que no piensan como tú. Yo siento una fascinación morbosa por determinadas colecciones, cuando visité el Hunterian estaba emocionadisima, pero al cabo de media hora tuve que salir porque me estaba mareando y tenía náuseas. Eso explica muy bien mi relación con la muerte y los cadáveres, por una parte siento una fascinación ilimitada, pero también una cierta reacción de miedo o rechazo.

Hablas del oficio de verdugo y de las memorias que escribían. Eran peor vistos que el cobrador del frac.

Sí, pero socialmente se estimaba necesario y se ganaban bien la vida, aunque les estuviera vetado el acceso a ciertos espacios públicos y se casasen entre familias de verdugos por su estigma social.

Ya no existen verdugos ni petrificadores pero, ¿se sigue embalsamando gente?

Creo que el Papa Juan Pablo tuvo una embalsamado no permanente para que durase varias semanas incorrupto y poder organizar los funerales de estado, pero ni siquiera hoy duran mucho tiempo. Fue parte de un período de investigación científica y no cuajó por el coste y porque no se consiguió perfeccionar. Aunque es cierto que en países como Estados Unidos hay más tradición, ya que durante la Guerra Civil se embalsamaron muchos cadáveres de soldados para ser devueltos a las familias. En Europa somos más de inhumar o cremar, pero todavía podemos copiar a los norteamericanos…

Como buena gallega, quizás hayas visto algún rito de muerte en los pueblos. He oído que en algunos se siguen haciendo fotografías post mortem.

De fotografía postmortem no sé nada, pero existe todavía una serie de ritos ligados a la muerte o al servicio de ser salvado de la muerte, como las procesiones de las mortajas. Cuando una persona está al borde de la muerte puede hacer un voto con determinado santo y si es salvada su cuerpo es transportado en ataúd, fingiendo que ha muerto, hasta la capilla en la que hizo ese voto. Con los exvotos pasa algo parecido, lo que entregas simboliza tu cuerpo viejo o enfermo, tu vida anterior. Cuando tenía 4 años caí muy enferma y mi familia hizo un voto, cuando me recuperé me llevaron al santuario cubierta con un tul que luego depositaron en el altar y que simbolizaba el cuerpo, el viejo cuerpo enfermo. Quizás sean prácticas menos vigentes ahora, pero se juega mucho con la idea de muerte y de nueva vida.

Save

Save

Save

Save

Save

Save

Save

Continúa leyendo: Este es Moussa Oukabir, el principal sospechoso del atentado de Barcelona

Este es Moussa Oukabir, el principal sospechoso del atentado de Barcelona

Redacción TO

Tras las tres detenciones relacionadas con el atentado de Barcelona de este jueves, que ha causado la muerte de 13 personas, las autoridades buscan ahora a Moussa Oukabir, hermano de uno de los detenidos, Driss Oukabir, como presunto conductor de la furgoneta con la que se perpetró el ataque, según han informado fuentes policiales a la agencia Efe.

Moussa Oukabir, de 17 años, se encuentra fugado, y las autoridades lo consideran peligroso. Al parecer, tras cometer el atentado, el sospechoso abandonó el centro de Barcelona cubierto con una gorra y a la carrera.

Driss Oukabir, el hermano de Moussa, ha sido detenido en Ripoll, Gerona, en relación con el atentado. Sin embargo, Driss asegura que su hermano, menor de edad, le robó el pasaporte para poder alquilar dos furgonetas, una de las cuales fue utilizada para arrollar a cientos de personas en La Rambla de Barcelona.

Este es Moussa Oukabir, el principal sospechoso del atentado de Barcelona 1
Driss Oukabir, el hermano de Moussa, fue detenido en Ripoll. | Foto: AFP

Ahora los investigadores están tratando de determinar si Driss participó de algún modo en el terrible atentado o si fue realmente su hermano quién utilizó su documentación para alquilar las furgonetas e incriminarlo a él.

La cuenta de Facebook de Moussa Oukabir ha sido cerrada por la red social pocas horas después del atentado. En ella se podía observar que Moussa nació en Ibiza, que vive en Ripoll, donde se ha detenido a su hermano y que estudia en la Universidad de Barcelona, pero el único dato que ha podido ser comprobado es el de su lugar de residencia. Los dos hermanos están registrados como residentes en el consulado marroquí de Gerona.

Además, Moussa contaba con una cuenta en la red social Kiwi, una aplicación de preguntas y respuestas en la que se mostraba como @moussastreetboy. En una de las últimas informaciones, de hace dos años, un usuario le preguntaba: “En tu primer día como reina/rey absoluto del mundo, ¿qué harías?”, a lo que él contestó: “Matar a los infieles, solo dejar a los musulmanes que sigan la religión”, informa Efe.

Las primeras investigaciones sobre la autoría de los dos atentados de Barcelona y Cambrils apuntan a un grupo compuesto por 12 personas, cinco de las cuales fueron abatidas por la policía en un tiroteo en la localidad de Cambrils, y otros tres detenidos. Por tanto, además de al conductor de la furgoneta, supuestamente Moussa Oukabir, las fuerzas de seguridad buscan a otros tres sospechosos.

Continúa leyendo: La furgoneta y la fascinación tecnológica

La furgoneta y la fascinación tecnológica

Antonio García Maldonado

En el inicio de la película Body of Lies (2008), un oficial de inteligencia de Estados Unidos se dirige ufano a sus superiores, a los que pide un cambio de enfoque en la lucha contra el terrorismo islamista en plena ola de insurgencia tras la invasión de Irak. Les explica que, frente a nuestra fascinación por las tecnologías y los avances en el espionaje electrónico, el enemigo se mueve con costumbres de la Edad Media, se comunica con papelitos y con códigos culturales propios absolutamente ajenos a nosotros. De modo que, a su juicio, se impone una vuelta al terreno distinta, con un mayor esfuerzo por atenuar los sesgos analíticos occidentales y más conocimiento de la cultura y las formas de pensar, sentir y actuar del enemigo. Esa vuelta a lo rudimentario sería, según el analista, uno de los grandes movimientos estratégicos del yihadismo.

Sabemos que muchos yihadistas sí utilizan las nuevas tecnologías, y de hecho es Internet una herramienta básica de radicalización y captación. Pero el razonamiento del oficial no está exento de argumentos válidos tras el atentado de ayer en Barcelona, que se suma a los producidos en Europa estos años: se han utilizado camiones, cuchillos, martillos y armamento básico. De hecho, la película anticipa este escenario de atentados yihadistas permanentes en mercados y centros comerciales de las ciudades europeas.

Por razones comprensibles con el auge de Internet, la cibercriminalidad y el Big Data, en las labores de recogida de información ha primado un enfoque que prioriza perfiles tecnológicos o técnicos (ingenieros, matemáticos, estadísticos) frente a los perfiles más clásicos de la inteligencia, que provenían bien del ejército o bien de carreras humanísticas. En cualquier caso, perfiles en principio más acordes con una vuelta a ciertos orígenes en la inteligencia sobre el terreno que los nuevos tiempos parecen reclamar a criterio del protagonista de la película. En este sentido, la inteligencia ha recorrido un camino similar al de la sociedad en la relegación de antropólogos, filósofos o periodistas.

Las nuevas tecnologías y la información compartida son esenciales, nadie lo duda. Las fronteras clásicas entre inteligencia exterior e interior en las que se había dividido hasta hace pocos años el sector, se han difuminado. Y por tanto, las fronteras entre los distintos servicios cuando asumen retos globales. Fueron los servicios italianos quienes advirtieron de la peligrosidad de uno de los terroristas del puente de Londres, y según informaba ayer El Periódico, la inteligencia americana había avisado a los Mossos de un posible atentado inminente en Las Ramblas.

Pero en la época de la cibercriminalidad, los smartphones, los hackers y la fascinación tecnológica, el factor humano y humanístico, la cultura en su acepción más clásica, sigue siendo esencial, también para nuestra seguridad.

Continúa leyendo: El recuerdo eufórico y arrepentido de un periodista adicto al crack

El recuerdo eufórico y arrepentido de un periodista adicto al crack

Jorge Raya Pons

Foto: Reuters

David Carr vivió una larga cuesta abajo disparado y sin frenos cuando descubrió los senderos de la droga, que le transformaron en un hombre terrible. Muchos años después, siendo un periodista exitoso y reverenciado en The New York Times, quiso explorar aquella sala oscura que era su pasado y abordarla en un libro que se llamaría La noche de la pistola, editado ahora en España por esa caja de sorpresas que es Libros del K.O. Carr viajó a los lugares donde vivió, entrevistó a docenas de personas que conocieron al antiguo yo y le quitó el polvo a un buen puñado de documentos archivados que incluían fichas policiales y sentencias.

No es sencillo encontrar personas tan esforzadas por alcanzar un grado tan elevado de autoconsciencia. David Carr era –fue– un maltratador –golpeó a dos de sus exparejas– y un yonqui, un periodista extraordinario y un padre entregado. Tendemos a imaginar que hay todo un mundo entre los polos, y sin embargo está a un tiro de coca de distancia. En este libro, Carr rescata un puñado generoso de experiencias especialmente repugnantes. Como el día en que olvidó a sus hijas en el coche cuando hizo una visita nocturna a su camello, con quien pasó la noche entera. Cuando salió de la casa, las niñas continuaban allí, en sus sillitas, vestidas con sus monos de invierno.

El recuerdo eufórico y arrepentido de un periodista adicto al crack 1
David Carr, junto a sus hijas, Erin y Meagan. | Fuente: Archivo de David Carr

En otro momento, el periodista cuenta la historia emotiva, reveladora y profundamente trágica de su amigo Dave, a quien conoció en desintoxicación y de quien escribe que “tenía hijos” y le enseñó “muchas cosas, no solo sobre ser padre, sino sobre ser un hombre de verdad”. Dave fue una mano tendida en su rehabilitación: cuidó de él, cuidó de las niñas, se aseguró de que asistiera a cada una de las reuniones. Los años pasaron, Carr logró recuperarse, y ambos tomaron distancia.

Algunos años después, Carr visitó a Dave; un amigo común le avisó de que era momento de hacerlo. Dave estaba en su cama, hinchado y sin fuerzas y terriblemente enfermo. Hablaron de las niñas, de deporte, y prometieron volver a verse otro día. Carr se despidió, y supo en ese momento que no volverían a verse. Así que le dijo: “Te debo todo lo que tengo en el mundo. Has hecho mucho. Ahora puedes descansar”. Y se marchó.

Es posible que David Carr carezca del virtuosismo literario de Burroughs y de tantos otros que exploraron la mística y la ruina de la adicción a las drogas. Pero tampoco importa: Carr lo hace con una honestidad brutal, abriéndose en dos y exponiéndose sin reparos. Y aunque a menudo cae en la bravuconería y en un punto nada lejano a la autocomplacencia, el libro deja a las claras que su vocación principal es la expiación de sus pecados. Una confesión larga y documentada ante Dios y ante sus lectores.

El recuerdo eufórico y arrepentido de un periodista adicto al crack 2
La noche de la pistola, de David Carr (Libros del K.O.) | Foto: The Objective

Carr, que tantos méritos hizo para morir en una sobredosis, o en una pelea entre colgados, o en un accidente de tráfico, que sobrevivió a un cáncer particularmente agresivo y que recayó en el alcoholismo, murió muchos años después, en 2015, tras desplomarse por un infarto frente a su mesa en el Times. Tenía 58 años.

Carr escribió un libro valiente. Detrás de sus gemelas, que crecieron felices y fueron a la universidad –he obviado que crecieron entre jeringuillas; su madre también era yonqui–, su gran legado es este libro que sirve como advertencia: hay épica y diversión con las drogas, pero solo antes de crear descontrol y una probabilidad muy alta de destrucción. Su amigo Ike se lo dijo en otras palabras: “¿Vas a ser leal a un jodido concepto como el de ser artista? ¿O vas a ser leal a unos seres humanos de los que eres responsable?”. Y Carr, casi en los últimos párrafos, escribe: “Siempre te dicen que tienes que curarte por tu bien, pero lo único que me permitió dejar de hacer el imbécil fue recordar que otras personas dependían de mí”. Este libro es la declaración de amor a sus hijas.

Continúa leyendo: El verano se va pero llega MadTown Days

El verano se va pero llega MadTown Days

Redacción TO

Foto: Ayman Saidi
Reuters

MadTown Days by Jim Beam amplía el cartel de su cuarta edición con una nueva confirmación: Nouvelle Vague, que tendrá lugar el 6 de noviembre en But.

El colectivo musical liderado por Marc Collin y Olivier Libaux lleva más de diez años girando por todo el mundo gracias a su exquisita mezcla de punk, new wave y jazz con ritmos bossa-nova, versionando clásicos de Joy Division, The Clash o The Cure, entre otros, y ayudando a lanzar al estrellato a jóvenes cantantes y músicos franceses.

Desde 2004 han vendido más de 1.5 millones de discos, lanzando en 2016 ‘I could be happy’, que estarán presentando en el ciclo.

Igualmente, MTD by Jim Beam contará con las actuaciones de Bomba Estéreo el 30 de agosto en La Riviera, Smile el 6 de octubre en Copérnico, Lucía Scansetti + Tom Forbes el 20 en Café Berlín, Delaporte el 21 en Icon Stage, Ukulele Clan Band + Bluestain el 28 en Siroco y Lichis el 4 de noviembre en Joy Eslava.

El verano se va pero llega Mad Town Days 1

Las entradas para todos los conciertos están disponibles en Ticketmaster y Ticketea, a excepción de Nouvelle Vague que lo estarán próximamente. Asimismo, se podrán adquirir tickets también en Wegow y tkt.es en los próximos días, aunque si queréis asistir a alguno de los conciertos, no lo penséis mucho ya que las entradas están volando.

MTD by Jim Beam, promovido por Radio Madrid, tiene como objetivo que la capital sea el centro representativo de diferentes ramas musicales dirigidas a los amantes del directo. Ha tenido lugar en 2015, 2016 y principios de 2017 con conciertos de los artistas nacionales e internacionales más destacados del indie, el soul y la electrónica, congregando a más de 25.000 personas. En esta ocasión, MTD se ha asociado con Jim Beam, el bourbon más vendido del mundo, del que los asistentes podrán degustar en todos los shows del ciclo.

TOP