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Erika Martínez: "Mi poesía se ha vuelto más especulativa e imaginaria"

Ariana Basciani

Foto: Lucía Martínez Cabrera
Lucía Martínez Cabrera

Los poetas como Erika Martínez disfrutan indecorosamente leyendo en público algunos de sus poemas, pero prefieren ser más tímidos en las entrevistas y aprovechar la efectividad de las preguntas y respuestas por correo electrónico.

Martínez es una poeta que se crió en una ciudad pequeña, Granada, así que siempre ha estado con un pie afuera, viajando lejos. No es de extrañar que sea una de las invitadas del Hay Festival de Arequipa, Perú, motivo de esta conversación. La Premio de Poesía Joven Radio Nacional de España 2009 dedica horas de su tiempo a leer, escribir y preparar clases sobre literatura. Afirma que sus poemas le suceden de la nada; así nació Chocar con algo (Pre-textos, 2017), escogido como uno de los cinco mejores poemarios de El Cultural.

Su entusiasmo por la escritura predomina igualmente en la entrevista, en los comentarios sobre la poesía, la sociedad española o su afición hacia la literatura Latinoamérica y sus viajes a ese lado del mundo.

 

Erika Martínez: "Mi poesía se ha vuelto más especulativa e imaginaria" 2
Portada del poemario Chocar con algo | Imagen vía Editorial Pre-Textos

Tus tres poemarios tienen una poderosa voz femenina. ¿Cómo conjugas la voz poética con la voz femenina en tu obra?

Confieso que, a estas alturas, me siento incapaz de distinguir qué es lo femenino y qué lo masculino, pero sean lo que sean, toda voz poética me parece impregnada de ellos. No es que haya que conjugar una voz con otra, es que suceden al mismo tiempo, de forma inevitable y no siempre obvia. Yo creo que escribir es una experiencia histórica y que, por muy ficticios que resulten, nuestro género y nuestro sexo siguen constituyendo una parte cardinal de dicha experiencia en el siglo XXI. Eso no quita que podamos trabajar con ellos de la forma más sofisticada, heterodoxa y oblicua posible, entregándonos incluso a la retracción utópica de la propia identidad.

Chocar con algo tiene una estructura particular, más narrativa… ¿cómo fue la creación de este poemario?

Hay algunos poemas de carácter narrativo, efectivamente, pero sobre todo hay una oscilación entre el versículo whitmaniano más lírico y el poema en prosa, que comulga desde el siglo XIX con el ensayo, el fragmento y el pensamiento. Además de una cuestión de ritmo, la alternancia entre prosa y verso habla, por supuesto, de la forma en que las palabras ocupan la página. En ese sentido, diría que los poemas de Chocar con algo comparten cierta dificultad de habitar. El espacio está concebido en ellos desde sus obstáculos. Es un espacio cuya materialidad resulta solo perceptible mediante el impacto con aquello que lo ocupa, como si una caminara con los brazos extendidos dentro de una habitación a oscuras y solo pudiera hacerse un mapa del lugar a golpes. Y frente a esa intimidad plagada de obstáculos, se abriría la amplitud exterior de los desiertos y otras intemperies también difíciles de habitar. Para mí es como si los espacios cerrados se correspondieran con los poemas en verso y cada verso luchara en sus encabalgamientos, en su entrada y salida de la métrica con sus propios obstáculos. Y como si la prosa, entendida como una forma de sobriedad, tuviera algo de intemperie.

De Color Carne a Chocar con algo, ¿en qué sientes que ha cambiado en tu poesía entre la publicación de ese primer poemario y este último?

Diría que mi poesía se ha vuelto más especulativa e imaginaria. Los aforismos, que escribí una vez de forma independiente, están integrados ahora en los versos y persiguen una lógica rota. Como una precariedad de la idea. En todo caso, creo que sigo manteniendo ciertas obsesiones históricas y genealógicas, una tensión muy corporal y ojalá que algo de humor.

Chocar con algo se encuentra en la colección La Cruz del Sur de Pre-Textos y es algo excepcional, eres de las pocas mujeres de tu generación en la colección. Pensando en la voz femenina de tus poemas, ¿cómo ves la figura de la poeta femenina dentro del panorama editorial?

Bueno, ser mujer dentro del panorama editorial conlleva algunas dificultades específicas. Me parecen incuestionables las trabas que pone la consideración colectiva (con frecuencia inconsciente) de que lo femenino pertenece a una segunda categoría. Y luego está lo que esperan nuestras familias, parejas, amigos, profesores, jefes y colegas que seamos y cómo interiorizamos, discutimos y gestionamos ese horizonte de expectativas. En mi caso y para ser honesta, creo que el mayor perjuicio que he sufrido hasta el momento es la autopostergación, aunque tenga profundos motivos de género. De mi editor y de la inmensa mayoría de mis compañeros he recibido hasta ahora apoyo y confianza, sin condescendencia ni paternalismos. Esa es la verdad. Creo que muchos hombres están aprendiendo todo lo que ellos mismos se juegan en la emancipación de género. Y no serán mayoría, pero son vanguardia. No me olvido, sin embargo, de la advertencia que me hizo una poeta veterana sobre el riesgo de creer de forma ingenua que mi generación es diferente. Sí y no. La vida y la historia nos pueden arrollar por mil motivos; todavía hay muchas posibilidades de que dichos motivos terminen siendo de género.

Erika Martínez: "Mi poesía se ha vuelto más especulativa e imaginaria"
Erika Martínez | Imagen vía: Lucía Martínez Cabrera ©

Tanto en El falso techo como en Chocar con algo, hay varios poemas donde siento una crítica al país o a la burocracia académica. ¿Cómo ves la España actual? ¿Todavía “quieres parir un ciudadano para conocerla”?

En el poema “Un español habla de su tierra”, Luis Cernuda escribió sobre los “sueños envenenados” que traía pensar en España. Antes de su exilio, el famoso dolor patrio que padecían los escritores de la Generación del 98 procedía de la conciencia de un fracaso: el de la persecución de la modernidad en un país que no había logrado hacer su propia revolución burguesa. Ese fracaso devino en algo mucho más trágico a nivel político tras el golpe militar a la República, cuyo proyecto democrático fue cercenado por la Guerra Civil y el Franquismo. Tal vez hoy, los “sueños envenenados” apunten a la frustración de los proyectos emancipatorios colectivos que trajo la nueva democracia. Así veo yo a España. Igual paro un ciudadano para desconocerla.

Participarás en el Hay Festival de Arequipa, ¿Te hace ilusión ir a Latinoamérica? ¿Qué esperas del Festival?

Soy profesora de literatura latinoamericana, así que voy siempre que puedo y nunca es suficiente. Me gustaría pasar al menos la mitad de mi vida a ese lado del Atlántico. De todas formas los poemas no siempre dicen la verdad, por lo menos no una verdad anecdótica. A veces me gusta contar experiencias ajenas como si fueran propias. Respecto al Hay Festival, en general me hace más feliz no hacerme ningún tipo de expectativa respecto a lo que puede pasarme en un lugar, voy a dejarme sorprender.

Erika Martínez, propone a sus lectores chocar con algo desde la poesía; aferrarse a la vida desde la lectura y resistir la cotidianidad desde la experiencia.

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Jorge Raya Pons

Foto: AVALON

Carlos Marques-Marcet (Barcelona, 1983) tocó el cielo en 2014, cuando ganó el Goya a mejor director novel por 10.000 kilómetros, que sumó otros cinco premios en el Festival de Málaga. Ahora espera con cierto nerviosismo que su nueva película, Tierra firme, eche a volar –como le gusta decir– y cobre vida propia. “Desde el momento en que está acabada, ya no pintas nada, va por sí sola”, dice. “A mí siempre hay un momento cuando termina la película en que me entra el bajón y me digo: ‘¿Ahora qué?’. La película es como parte de tu pasado, deja de ir contigo: cuando la hiciste eras otra persona”.

¿Te resulta difícil marcar un estilo durante el proceso?

Sí, requiere una cierta concentración. Siempre hay un momento en el proceso en el que te cansas, especialmente cuando es largo. Me cuesta entender a las personas que se tiran 10 años haciendo una película. Hay un momento en que ya no tienes nada que ver con la persona que la comenzó. Gestionar eso es una de las cosas más difíciles de un proyecto largo. Yo creo que por eso nunca ruedas como escribes, y nunca montas como ruedas. Casi se ven tus tres tús diferentes. Precisamente en la película que estamos haciendo ahora, estoy tratando de cambiar el proceso de intentar rodar cronológicamente y durante más tiempo a lo largo de un año.

Carlos Marques-Marcet: "Si tengo que elegir entre el talento y la suerte, elijo la suerte" 3
Marques-Marcet, durante el rodaje de ‘Tierra firme’. | Imagen: AVALON

[Tierra firme plantea una duda casi personal para el director: ¿qué ocurre en una relación, entre los 30 y los 40, cuando uno quiere tener hijos y el otro no? Y si con amarse no basta. Esta es la cuestión sobre la que circula toda la película, con sus fases de comedia y de drama, con el ambiente idílico de Londres y sus canales, con un reparto protagonizado por Oona Chaplin, Natalia Tena, David Berdaguer y Geraldine Chaplin].

¿Cómo recibiste la noticia de que Geraldine Chaplin estaría en tu película?

Hicimos el papel para ella, era nuestro objetivo. Solo que luego se complicó, pero Oona –su hija– nos ayudó para que fuera posible. Me dio mucha impresión, claro. Es Geraldine, un mito viviente. Es un lujazo trabajar con ella, nos hemos entendido muy bien. Fue un flechazo mutuo. Me contaba batallas con David Lean, Robert Altman, cómo dirigían… Y a la vez es una mujer súper humilde. Me dijo una cosa muy bonita que me dejó impactado: ella, de joven, pensaba que con el tiempo se le calmarían los nervios durante una película, pero que en realidad le ha sucedido todo lo contrario. Eso habla mucho de cómo vive su trabajo.

No debe ser sencillo dirigirla.

Bueno, luego es mucho más orgánico. Si el actor ve que tiene sentido lo que propones, lo va a hacer. Si ve que no lo tiene, te lo va a decir. Si un actor está por la faena, lo que quiere es dar lo mejor. Uno tiene que trabajar para que el actor confíe en él. Yo animo mucho a los actores a buscar sus vías. Probablemente el actor más duro con el que he trabajado sea Antonio Dechent. Te pone a prueba. Quiere ver si eres un buen director o no, y si no lo eres te come. Dechent te come.

[Carlos Marques-Macet habla sin reservas, se expresa mucho con las manos, y recuerda con entusiasmo uno de los momentos que solidificaron sus ambiciones de ser cineasta. “Pasó cuando estudiaba Audiovisuales”, cuenta. “En la Pompeu Fabra tenían una sala repleta de VHS y VHS NTSC y traían películas no publicadas en España o en Europa, igual venían de Estados Unidos. Guerín –director de cine y profesor universitario– nos hablaba mucho de Yasujiro Ozu, pero eran películas que nunca habíamos podido ver. Se movían en determinados círculos, y yo todavía no estaba en ese ambiente. Recuerdo llegar a la universidad, ir a los bajos, donde estaban los rolletes, y de repente ver ahí películas de Ozu. Me decía: ‘A ver qué es esto’. Cogía una y leía: ‘Un padre casa a una hija…’. Cogía otra y leía: ‘Un padre casa a una hija…’. Recuerdo poner Primavera tardía y no entender nada. Estaba en ese cubículo, sentado en una silla incómoda, y de repente hay un momento en la película en que el hombre se pone a pelar una manzana, como su último gesto se pone a pelar una puta manzana… Hay algo ahí que hace que te explote la cabeza. Es una emoción extática. No es una emoción de los personajes, tampoco es una idea. Es como puro cine con un gesto. Una revelación, si utilizamos términos religiosos –que no me gustan”].

¿Qué buscas en una película como espectador?

No lo sé… depende del día y del momento. En cada película busco una cosa. Por eso el problema de las expectativas. ¿Qué buscas cuando conoces a alguien? Para mí ver una película desconocida es como conocer a una persona, conocer un lugar o conocer una realidad diferente a la tuya. O como conocer una realidad tuya vista de otra manera. Entre hacer ordinario lo extraordinario y extraordinario lo ordinario. Entre Ozu y Mizoguchi, supongo.

¿Es distinto a lo que buscas como cineasta?

Supongo que… cuando escribes no estás pensando tanto en el espectador. Hombre, estás haciendo comedia y estás esperando que se rían con una broma, no voy a negarlo. Una cosa que me gusta y que sé que provoco con mis películas es que la gente salga de la película a tomar una birra y discuta sobre los personajes. Eso, para mí, ya es un logro. Y supongo que uno también busca crear una revelación que le cambie a alguien, pero tampoco tengo una aspiración tan grande con mis películas. Aunque si llega, perfecto.

¿Te sientes cómodo viendo tu propia película en una sala, con gente a la que no conoces y que no te conoce, comprobando sus reacciones?

Antes me daba pavor. Era una sensación muy extraña. Ahora veo mi película dos veces: en el estreno fuera y en el estreno en España. Esta la vi en Sevilla y la vi en Londres, y lo que mola de esta película es ver si la gente se ríe o no. Me di cuenta de que en Londres se ríen de cosas completamente distintas. Allí comenzaron a reírse desde el minuto cero con Geraldine haciendo de hippie. Aquí la gente no se empezó a reír hasta que apareció la escena del semen: a partir del momento incómodo. Luego puede que se rían y que no les guste, y viceversa, pero te da ese placer momentáneo, casi como recibir un like. Ahora lo interesante es ver lo que la gente piensa y cómo opina y qué debates se crean. No es la parte que más me gusta de hacer una película, pero también la disfruto. Aunque también paso vergüenza, como si hablaran de mi hijo delante de mí.

¿Y piensas mucho en el cine cuando no estás trabajando?

Yo soy de los que cree que pensar no sirve de mucho, que solo sirve para fantasear y darle demasiadas vueltas. A mí me vale más hablar de una idea, especialmente con gente que ha pasado por cosas parecidas. Que la gente dé su opinión sobre la película. Ahí empiezas a pensar en los personajes, en imágenes. Muchas veces tiene que ver con los espacios. Me ha pasado, esta vez, con los canales. Tenemos un documento de 700 páginas con cada puente de los cuatro canales principales de Londres. Todo lleno de fotos. Ahí sacas muchas ideas de las localizaciones, más que si estás paseando en la playa. Para esta película he leído mucho sobre canales, sobre en qué épocas y cómo se construyeron, sus historias y las de sus constructores, sobre la gente que vivía en barcos, que se llamaban a sí mismo boaters.

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Oona Chaplin y Carlos Marques-Marcet, en el rodaje de ‘Tierra firme’. | Imagen: AVALON

[Luego, Marques-Marcet cuenta que no se siente un director ilustrado, que va “muy poco a museos” y que es, incluso, “bastante necio”. Luego dice, entre risas, que es un autor con “poca imaginación”: “Recuerdo que cuando acabé el guión de Tierra firme, se lo pasé a un amigo. Él me dijo: ‘Está muy bien. Pero esto es como L’Atalante, ¿no?’. Y claro, es una de mis películas favoritas, pero ni siquiera había pensado en ella. Quieras o no, las películas están en tu inconsciente”].

Ahora que estrenas tu segunda película, ¿has pensado en qué te gustaría hacer en los próximos años?

Me gustaría comer bien, follar mucho… viajar… y hacer películas. Espero no hacer ninguna película que no disfrute. Me gusta hacer encargos, y eso es un peligro. Me da miedo no escoger bien. Eso depende mucho de la suerte. Y si tengo que elegir entre el talento y la suerte, elijo la suerte.

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Mark Hagland: “Los hijos racializados con padres adoptivos blancos no somos víctimas”

Beatriz García

Foto: Diana Rangel
The Objective

Tengo 57 años y pertenezco a la primera ola de adopciones de niños de Corea del Sur de los años sesenta en Estados Unidos. Crecí junto a mi hermano gemelo en una cariñosa familia norteamericana, pero siempre me sentí un alienígena entre blancos. Ahora me dedico a ayudar a padres adoptivos y a sus hijos racializados a vivir en el amor y la diversidad. He sido invitado por la Asociación Antirracista de Madres con Hijxs Negros de Barcelona para compartir mi historia con ellos.

Pasó la niñez en el Iowa de los años sesenta. Nunca he estado allí, pero imagino que no debía ser el lugar más cosmopolita del mundo…

Mis padres eran de ascendencia alemana y noruega y crecí rodeado de blancos totales. Nadie creía que fuéramos una familia y la gente nos señalaba con el dedo y preguntaba: “¿De quién son esos niños?”.  Y mi madre contestaba: “Nuestros”.

Eso me hizo vivir siempre acomplejado por mi imagen física y a mis 57 años ha mejorado. Es fatal crecer odiándote y sentirte alienado, he pasado décadas trabajando la imagen que tengo de mí mismo y por eso me gusta compartir las experiencias que he vivido para apoyar a mis hermanos transraciales y a sus padres. No quiero que sus hijos pasen por lo que yo pasé.

Crecer con un gran sentimiento de aislamiento y rechazo me dio más cosas. Y eso me llevó a querer conocer otras culturas y formas de ser y me hice periodista. Tuve que mudarme a Chicago y aunque al principio pasé miedo, porque te genera mucha inseguridad no conocer a tu raza de origen, disfruté de la diversidad.

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Mark Hagland, Periodista y activista antirracista | Imagen vía The Objective/Diana Rangel

En sus charlas habla mucho de la carga narrativa. ¿A qué se refiere?

Las personas racializadas se ven en la obligación de tener que explicar su historia personal a los otros, porque constantemente les preguntan de dónde son. Es agotador y forma los parámetros de nuestra vida y la imagen que tenemos de nosotros mismos. Y también están las burlas…

Por eso es importante que los niños crezcan en un ambiente lo más abierto y diverso posible, con espejos raciales y una gran diversidad de personas, y que aprendan lo máximo posible sobre el racismo sistémico y el privilegio del blanco.

¿El privilegio del blanco?

Sí, es difícil que los blancos comprendan este punto, hay que experimentarlo. Los adoptados transraciales no somos víctimas y vivimos vidas ricas, con miles de capas. Somos cebollas gigantes. Los podres deben entender que, como blancos, viven en una situación de privilegio respecto a sus hijos y cuando descubren el racismo se vienen abajo. Intentan protegerles, pero les transmiten miedos y fantasmas y lo que deberían hacer es no obsesionarse y compartir con sus hijos la historia y los orígenes del lugar donde nacieron.

Yo tengo una hija multirracial de 16 años y desde los cuatro he tratado con ella la complejidad de la identidad. Ahora se siente orgullosa de sus identidades múltiples y espacios en el mundo. No es suficiente tener una única conversación con ellos y los padres saben muy poco de la cultura y la situación política de los países de origen de sus hijos.

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La portavoz de la Asociación Madres Blancas con Hijxs Negros, Montse Felez y su hija Lea. | Foto: Diana Rangel / The Objective.

Pero los niños viven en otra cultura. No entiendo por qué debería ser un problema…

Para evitar que si un día deciden regresar en busca de sus orígenes tengan experiencias duras.

¿Usted lo hizo?

No todos los adoptados buscan a su familia biológica. Yo decidí que lo haría junto a mi hermano o no lo haría, y no lo hice. Corea del Sur en los años sesenta era mísera y probablemente mis padres eran jóvenes y pobres, y es difícil buscar. Tengo amigos que lo han hecho.

Pero sí he estado en Corea en tres ocasiones y fue una experiencia interesante, pero muy complicada. Me encantó visitar mi país de nacimiento, pero a la vez me sentí aislado de nuevo. Cada vez que encontraba a una persona, me preguntaba si era japonés. Cuando un asiático acude a otro país asiático no habla el idioma y siempre le preguntan de dónde es. Y es alienante regresar a tu país de origen y ser tratado como un extranjero.

Había aprendido un par de frases en coreano, pero la cultura era demasiado distinta. Ser coreano es estar en una página muy pequeña del mundo y la gente se enorgullece de que piensen todos lo mismo. Hay cientos de adoptados europeos y norteamericanos de origen coreano que vuelven al país y sienten que no encajan, jamás serán vistos como  ciudadanos de Corea.

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La sala se llenó de familias transraciales que compartieron sus vivencias con Hagland | Imagen vía The Objective/Diana Rangel

¿Se siente norteamericano?

Sí, pero soy un norteamericano diferente. No soy blanco, viajo y hablo idiomas. Aunque tuve unos padres cariñosos siempre estuvo presente la sensación de no pertenecer a la comunidad, que era muy cerrada, de inmigrantes alemanes. Me sentía como un alienígena y nada integrado. Y aún en situaciones puramente blancas siento ansiedad. El pasado verano estuve en Iowa y yo era el único no blanco y me acordé de ese sentimiento que tuve durante toda mi infancia y adolescencia.

Por eso me siento cómodo en lugares donde hay todo tipo de gente. Mi identidad es casi ser ciudadano del mundo.

España está viviendo el desafío que vivieron ustedes hace treinta y cuarenta años. ¿Qué consejo le daría a los chicxs adoptados de familias transraciales?

Que cuando les pregunten de dónde son contesten lo que quieran. Tienen el poder de hacerlo.

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7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Nerea Dolara

El asesino y líder de un culto se convirtió en icono pop y ha sido el sujeto de muchas creaciones culturales. Ahora que ha muerto te recomendamos desde libros hasta podcasts sobre este tenebroso personaje que tanta obsesión ha generado desde los sesenta.

No es un secreto que los asesinos despiertan una oscura curiosidad en la gente “normal” (véase Seven o más recientemente Mindhunter, por ejemplo). Tampoco lo es que gracias a esa pulsión la cultura les ha dedicado muchas horas y páginas a sabiendas de que siempre habrá personas interesadas en saber más. Uno de los asesinos que se ha mantenido como una enorme figura influyente, incluso tras años de cárcel, es Charles Manson. El hippie que quería ser músico y que terminó liderando varios sangrientos asesinatos murió esta semana, pero su presencia sigue siendo amplia y poderosa en la cultura. Manson y sus crímenes están en todos los géneros y aquí revisamos su presencia en la cultura y qué puedes mirar, leer o escuchar si quieres descubrir su larga influencia en la cultura.

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Un libro

Las chicas tuvo un éxito inusitado el año pasado. No es de extrañar. La primera novela de Emma Cline relata, con nombres cambiados, la experiencia de una chica de clase media que deja su casa para unirse a un grupo de casi adolescentes que viven con un gurú, una clara referencia a Manson y La Familia. La novela retrata con maestría el momento histórico y la capacidad de Manson de atraer, seducir y someter. Su cariño y su violencia, su volátil personalidad. Y retrata a las chicas, todas amantes, todas jóvenes, todas perdidas. Una novela que no romantiza un tiempo que muchas veces se ha visto como idílico, que relata una historia dura y a la vez capaz de enganchar.

7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Un disco

The Downward Spiral, de Nine Inch Nails (1994), no sólo recicla letras de Mechanical Man, una canción de Charles Manson, e incluye una colaboración con Marilyn Manson (cuyo apellido falso proviene claramente del nombre del asesino), sino que se grabó en 10025 Cielo Drive, la casa en que Sharon Tate y sus amigos fueron brutalmente asesinados y donde Trent Reznor construyó un estudio al que llamó Pig (en referencia a las pintadas que los asesinos dejaron en las paredes). Reznor luego reconoció que tal vez esto fue un error. The Guardian lo cita explicando que poco después se encontró con la hermana de Tate que le reclamó por explotar la muerte de Sharon. “Por primera vez pensé: ¿Y si fuese mi hermana?. Pensé: Que se joda Charlie Manson. No quiero que me vean como alguien que apoya a un asesino en serie”.

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Un ensayo

The White Album es un extenso ensayo en que Joan Didion analiza -posteriormente, se publicó en los setenta pero habla de su vida en la California de los sesenta- el fenómeno hippie y de la contracultura en California y su vida en ese tiempo. Los asesinatos perpetrados por La Familia aparecen en el libro y Didion los identifica como los responsables de la muerte de un momento, de un espíritu libre y despreocupado. California se llenó de paranoia y miedo. Y cuando Manson, el perfecto ejemplo del hippie descarrilado (el discurso dominante en los medios) fue detenido, el flower-power recibió su última estocada. Didion entrevistó a Linda Kasabian, una de las asesinas y amantes de Manson, más de una vez, de hecho le compró el vestido que llevó a su juicio. Y en el libro relata estas conversaciones.

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Una serie

Aquarius no tuvo demasiado éxito, pero claramente cuenta la historia de los comienzos de Manson y lo que va a venir después. Un policía, completamente conservador y que rechaza a los hippies, interpretado por David Duchovny, sigue la pista de una adolescente desaparecida que se une al grupo de un gurú. La serie se toma libertades, pero resulta un ejercicio interesante.

Una canción

Death Valley 69, de Sonic Youth, hace referencia directa a Manson, La Familia y los asesinatos. La canción fue llamada por Rolling Stone “la mejor fusión de punk y estética de película de terror que ha hecho la banda”.

Un podcast

You Must Remember This es un excelente podcast sobre historia de Hollywood que hace Karina Longsworth, antigua jefa de cultura del L.A. Times. ¿Qué hace la historia de Charles Manson en su podcast? La serie de 10 episodios sobre el asesino existe en sus archivos porque, como sabrá casi todo el mundo, los discípulos de Manson mataron, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski. Las muertes afectaron no sólo al país y al verano del amor, que mucha gente considera que murió en ese instante, sino al mundo del cine. Profundamente investigada, la serie relata la completa historia de Manson y cómo pasó de ser un extraño y violento aspirante a músico a líder de un culto con tendencias asesinas. Una joya del periodismo y un excelente retrato de ese tiempo y este personaje.

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Una película

Manson (1973) es un documental nominado al Oscar en que el cineasta, Robert Hendrickson, tuvo total acceso al rancho que era hogar de La Familia y entrevistó a sus miembros antes, durante y tras los juicios por los asesinatos Tate-LaBianca. También habla con ex miembros de la familia y muestra segmentos de noticias y análisis del momento en televisión. El documental presenta la visión que tienen los seguidores de su líder y de lo que defiende. Interesante y aterrador.

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