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¿Es The New York Times el nuevo 'agente político' de la era Trump?

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Richard Drew
AP Photo, File

La Administración Trump está inmersa en varios escándalos, el presidente de Estados Unidos Donald Trump mantiene una evidente lucha contra los medios no afines, con The New York Times como uno de sus principales enemigos, el país se encuentra dividido como nunca antes, y las redacciones tienen que elegir entre mantener su independencia desde la beligerancia y sin pestañear de los días del Watergate, o transformarse en algo más parcial, disparando munición contra un objetivo favorito deleitándose en el caos.

El pasado mes de mayo marcó un momento decisivo para la Administración Trump y los periodistas que cubren información de la Casa Blanca. El lunes 15 de mayo, el diario The Washington Post publicó que el presidente Donald Trump había revelado información altamente clasificada en una reunión con altos funcionarios rusos.

Al día siguiente, fue The New York Times el que salió con la demoledora noticia de que Trump había pedido al todavía director del FBI, James Comey, que cerrara la investigación del entonces asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn.

Las exclusivas (scoops en lenguaje periodístico) han convertido a estos medios en referentes del periodismo en EEUU. En ambos casos, sus informaciones son convincentes y están acreditadas.

¿Es el New York Times el nuevo agente político de la era Trump?
El ex director del FBI, James Comey, testifica ante el Comité de Inteligencia del Senado el pasado 8 de junio | Foto: Jonathan Ernst / Reuters

Los periodistas de ambos medios sabían el poder que tenían y se limitaron a dar una información desconocida por el gran público, permitiendo que los hechos hablaran por sí solos, “sin florituras, ni suposiciones”. Para The New York Times “así es como se presenta el periodismo ejemplar en cualquier momento, pero especialmente cuando va dirigido a una Casa Blanca sospechosa de desafiar el estado de Derecho”, escribió la entonces editora del diario, Liz Spayd.

Ambos medios cuentan con una larga trayectoria de exclusivas, con años de periodismo de investigación que los ha convertido en medios de referencia dentro y fuera de Estados Unidos.

Recuperar la credibilidad

Para el NYT su resurgimiento como medio creíble y de referencia era una necesidad, después del devastador escándalo de 2003, cuando se hizo público que el periodista Jayson Blair había plagiado buena parte de unos reportajes de portada, cuando no inventado algunas de sus historias e incluso fuentes citadas en las mismas. El caso Blair supuso una seria amenaza para la reputación del Times como mejor periódico de América.

Han pasado unos años desde aquello y el diario neoyorquino ha ido recuperando su lugar entre los medios de comunicación más influyentes del mundo. En el caso de la historia sobre Comey destapada por el NYT, el origen de la información está perfectamente clara: las notas del director del FBI, James Comey. No hay duda de dónde salió la filtración de la noticia que citaba “fuentes oficiales del gobierno”. El nivel de especificidad de lo que se contaba es lo que hizo imposible que la revelación fuera insignificante incluso para los republicanos. Muchos legisladores conservadores, normalmente reticentes a sumarse al “drama político” procedente de los medios, rompieron su silencio. Los comités de Justicia e Inteligencia dirigidos por los republicanos y el Comité de Supervisión de la Cámara llamaron a Comey a testificar.

Tres congresistas republicanos dijeron que considerarían el impeachment – juicio político al presidente de EEUU – si se demostrara que Trump presionó para que se cerrara una investigación federal. Poco después, el ayudante del Fiscal General designó un “fiscal especial” para dirigir una investigación sobre los posibles vínculos entre el equipo de campaña de Trump y Rusia. Incluso Fox News, en vez despachar la información del NYT calificándola de “noticia falsa”, fue más allá al confirmarla.

Estos hechos son clarificadores para una prensa que intenta definir su lugar en un periodo exigente de la historia del país, no sólo con un presidente que se salta las normas de conducta y de sinceridad, sino con una sociedad más polarizada que nunca. En palabras de Dean Baquet, editor ejecutivo del NYT, “se reconoce cada vez más fuera de nuestras cuatro paredes que el Times es vital para el futuro del país”.

La pregunta que se hacen los periodistas del diario es si los medios deberían comprometerse haciendo una oposición abierta a la Casa Blanca y tomar partido en una batalla política, o deberían informar con agresividad pero desapasionadamente con la esperanza de retener la credibilidad de la mayoría de la audiencia. Juzgado por gran parte del periodismo, el NYT ha optado desde que Trump asumió el poder, por una preferencia por la estricta independencia. Al menos así lo ven en la redacción, y así lo expresaba Liz Spayd en mayo.

Pero, es verdad que a veces hay un sesgo en la cobertura de noticias que “puede ser percibida erróneamente” como una intensa búsqueda de informaciones para acabar con Trump. De hecho, el NYT ha relatado cada tweet del presidente, cada cambio de humor y cada lucha interna en el Despacho Oval. Algunos de estos seguimiento son necesarios y justificables. Los periodistas de este medio admiten que el problema es que, cuando empiezan a salir en primera página, puede parecer que el diario está en campaña.

De ahí que se pregunten qué estrategia es más efectiva: ¿cuando el diario aparece como si se hubiera sumado a la resistencia, o cuando ahonda en hechos sin una predisposición determinada? En el sistema legal, recuerdan, existe la diferencia entre un investigador y un fiscal.

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La relación de Donald Trump cono los periodistas nunca ha sido muy buena | Foto: Yuri Gripas / Reuters

Algunos lectores, alarmados por la presidencia de Trump, quieren que la redacción se ponga en modo combate total. Quieren que los editores adopten un vocabulario directo, que llamen mentira a lo que es una mentira, por ejemplo, y resistan cualquier interpretación de los acontecimientos que pueda “normalizar” a Trump. Ven al NYT como un lugar para voces que discrepan de la ortodoxia liberal. Y si todo eso implica tomar partido y situarse en un bando, bueno, eso es lo que demanda la crisis.

“La otra estrategia periodística – imparcial, agresiva, libre de ataduras – es lo que demostramos” con exclusivas como la de Comey, asegura el diario en un editorial. En el periódico, lo que es especialmente atractivo de esta forma de hacer periodismo es su eficacia. Porque la historia de Comey estaba tan fuera de discusión, que capturó la atención de aquellos que de forma instintiva, en otras circunstancias, la habrían rechazado.

Joe Kahn, director editorial del NYT, dijo que el caso Comey era un marco de referencia para lo que aspira a ser la cobertura informativa del medio. “Queremos, básicamente, producir una información que hable a todas las partes en este debate, y la manera de hacerlo no es a través de inventarnos nada, es a través de profundizar, de buscar fuentes y realizar las preguntas difíciles, y trabajar toda la noche”.

Jeremy Peters, que cubre información política para este diario, ha comentado que muchos republicanos están indignados por lo que califican de “histeria sobre Trump”. “No es sólo que estén junto a Trump, sino que lo apoyan reflexivamente frente a la reacción de la izquierda sobre el presidente. Están como locos tratando de acabar con la idea de que la presidencia de Trump es un caos y creen que los medios son los que levantan esta controversia”.

A su vez, alimentar esta dinámica es la piedra angular para la supervivencia de Trump. Cuando la noticia sobre Comey se convirtió en el centro de atención de los medios nacionales e internacionales, Trump dijo durante una intervención ante los guardacostas graduados en Connecticut: “Mirad de qué modo he sido tratado últimamente. Especialmente por los medios. Ningún político en la historia de Estados Unidos, y digo esto con total seguridad, ha sido tratado peor o de una manera más injusta”. A la mañana siguiente repitió el mismo mensaje en Twitter, asegurando que estaba siendo objeto de una caza de brujas desconocida hasta el momento en el país. Se ha convertido en casi una norma que Trump responda a las noticias críticas calificándolas de “falsas” (¡Fake News!, dice siempre).

La reacción de Trump tras el caso Comey fue publicada por todos los medios, que es lo que quiere el presidente, según NYT. “Cuanto más pueda hacer aparecer a los medios que están tomando partido, más fácil es para él desautorizar su trabajo”.

Lo que Trump no sabe es que no es tan fácil socavar informaciones “imparciales e irrefutables como las publicadas por NYT”, decía Liz Spayd en uno de sus últimos editoriales.

Inversión millonaria

The New York Times ha recuperado su espacio a través de su compromiso con la información y con la necesidad de desenmascarar a una administración como la de Trump que no parece respetar los límites de lo que se puede y lo que no se puede hacer desde el poder político. Esta situación ha llevado a los responsables del diario a duplicar su redacción, y en estos momentos seis periodistas se encargan de cubrir la información de la Casa Blanca, apoyados por un equipo de investigación formado por otros cinco periodistas.

Ha desplegado también corresponsales por todo el país para conocer el sentimiento de los electores, con especial interés en conocer si los votantes de Trump siguen apoyando al presidente.

En enero, el diario desbloqueó cinco millones de dólares para cubrir la información de la administración Trump, informa El Financiero.

Esta inversión parece que está obteniendo sus frutos. Las cifras así lo indican: entre septiembre de 2016 – en plena campaña electoral – y marzo de 2017 – con Trump ya en la Casa Blanca – el periódico ha ganado 644.000 abonados. Además, ha logrado 308.000 nuevos suscriptores online, un récord atribuido en parte a la presidencia de Trump, según informaba la CNN a primeros de mayo citando al CEO del diario, Mark Thompson.

La ganancia total de la compañía fue de 11 centavos de dólar por acción en el primer trimestre, un aumento de un centavo desde el mismo trimestre del año pasado, según el diario.

Críticas

Lo que el diario NYT considera periodismo independiente, sacando a la luz todo lo que sea informativamente relevante de la administración Trump, para otros medios no es más que periodismo basado en mentiras. Uno de los más críticos es The National Interest, que en febrero dedicó una portada al NYT con este titular: ¿Por qué miente el New York Times sobre Trump?.

“Después de meses de historias presentando a Donald Trump como un depredador sexual, un empresario defraudador, marioneta de Vladimir Putin, evasor de impuestos, y todo lo que uno pueda imaginar, el New York Times ha llamado a Trump mentiroso…”. Para este medio, el diario neoyorquino actúa así porque ha interiorizado su papel de oposición, en vez de actuar como un medio de comunicación.

Otros medios afines a Trump, entre los que destaca la Fox News, creen que con su actitud, The New York Times ha demostrado que no sabe perder, después de apostar durante la campaña para que Trump no ganara las elecciones de noviembre.

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Entrada del edificio del New York Times en Nueva York | Foto: Carlo Allegri

En parte, el propio diario reconoció este exceso cuando pocos días después de las elecciones presidenciales del 8 de noviembre, el presidente y director ejecutivo del diario, Artur O. Sulzberger Jr, y el editor ejecutivo, Dean Baquet, publicaron una carta a los lectores asegurando que el periódico iba a reflexionar sobre la cobertura que había hecho de la campaña, comprometiéndose a continuación a “dedicarnos de nuevo a nuestra misión fundamental del Times que es informar a América y al mundo con honestidad, sin miedo ni favor, esforzándonos siempre por comprender y reflejar todas las perspectivas políticas y experiencias de vida en las historias que os traemos”.

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Un año de portadas: Donald Trump, el presidente más ridiculizado de la Historia

Cecilia de la Serna

Foto: Der Spiegel

Donald Trump cumple ahora su primer año de mandato. El magnate, que atrajo una gran atención hacia sí mismo tanto durante la campaña de los republicanos como durante la presidencial norteamericana, seguirá previsiblemente tres años más en la Casa Blanca (a falta de un impeachment inmediato a la vista).

El primero de sus ejercicios en el poder ha estado marcado por no pocas controversias: su veto a la entrada de ciudadanos de países de mayoría musulmana, sus comentarios racistas, la relación de su entorno más próximo con agentes rusos o la construcción de un muro con México que por ahora parece más obra de su imaginación que de la realidad.

Una de esas polémicas que ha planeado constantemente sobre Trump y su propio ego ha sido la relación con la prensa, a la que ha acusado constantemente de verter noticias falsas sobre él cada vez que había un tema de actualidad que podía afectarle. La expresión “fake news” ha servido como una especie de escudo, transmitiendo un mensaje que sin duda ha calado sobre sus seguidores y provocando un descrédito desmesurado de la prensa.

Esa prensa a la que él ha acusado de mentirosa ha publicado numerosas portadas, algunas auténticas obras maestras de la ilustración y el humor, que lo han convertido no sólo en el presidente más controvertido sino también en el más ridiculizado que se recuerde. A continuación, un repaso de esas portadas, tanto de medios serios como de publicaciones satíricas, de uno y otro lado del charco.

La revista New Yorker

Desde la polémica por las largas estancias del presidente Trump en sus complejos de golf, al apoyo por parte de grupos de supremacía blanca o el pozo en el que para muchos está el mandatario a estas alturas, las célebres ilustraciones de portada de la prestigiosa revista New Yorker han mostrado a un Donald Trump poco adecuado para el cargo que ostenta.

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

Imagen: The New Yorker

La revista Time

La famosa publicación Time ha sido una de las más incisivas a la hora de retratar a Donald Trump en su portada. Las dos imágenes que hemos seleccionado son muy violentas, y muestran ese odio y esa furia que lo caracterizan.

Imagen: Time

Imagen: Time

La revista The Week

Con ocasión del lanzamiento de Fire and Fury del periodista Michael Wolff, la publicación The Week divulgó esta portada en la que mostraban al Trump que ama la comida rápida totalmente furioso por lo que el libro cuenta.

Imagen: The Week

El New York Magazine

Por el mismo sendero caminaba New York Magazine cuando publicó esta portada en la que se representan los malos hábitos alimenticios de Donald Trump y que se ven reflejados en el libro de Wolff.

Imagen: New York Magazine

Der Spiegel

Más allá de las fronteras norteamericanas, una de las publicaciones que ha publicado las portadas más notables durante el primer año de Trump en la Casa Blanca ha sido el alemán Der Spiegel. En ellas ha puesto de relevancia temas como el exacerbado patriotismo del presidente e incluso ha llegado a retratarle como la viva imagen de la involución humana.

Imagen: Der Spiegel

Imagen: Der Spiegel

La revista The Economist

Con sus siempre acertados análisis, The Economist ha dedicado varias portadas al presidente norteamericano. De entre todas destacamos la última, en la que pretenden hacer balance del primer año del presidente en el poder ilustrando a un bebé Trump.

Imagen: The Economist

Bloomberg Businessweek

Las polémicas medidas firmadas durante este año por el mandatario estadounidense inspiraron la portada de Bloomberg Businessweek en la que, en lugar de una orden ejecutiva, podemos leer en un documento firmado por Trump: “insertar orden ejecutiva redactada precipitadamente, jurídicamente dudosa y económicamente desestabilizadora”.

Imagen: Bloomberg Businessweek

La revista elJueves

Para terminar: una publicación española. Los chicos de elJueves utilizaron su acertado sentido del humor para alumbrar la boca de Trump con una antorcha sostenida por un miembro del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan.

Imagen: elJueves

Un nuevo año comienza para Trump, y para todos aquellos maestros ilustradores a los que les espera mucho trabajo para retratar las facetas de un icono mediático irrepetible.

Continúa leyendo: Mientras el bitcoin se desploma, sus grandes inversores se van de farra

Mientras el bitcoin se desploma, sus grandes inversores se van de farra

Redacción TO

Foto: DADO RUVIC
Reuters

De las 100 principales criptomonedas que actualmente están en el mercado, un total de 96 están en números rojos, es decir, la práctica totalidad de las criptodivisas pierde dinero (y con ellas, sus inversores). Solo se salvan de esta guillotina económica Tether, Gas, Neblio y Cryptonex. El martes se conocía la noticia de que la criptomoneda por antonomasia, bitcoin, se desplomaba un 16% y que sus casi igualmente famosas compañeras Ethereum y Ripple (las dos más populares después de bitcoin) perdían un 16% y un 24% de su valor, respectivamente. Uno podría pensar que este pesimista panorama alertaría a los inversores y que estos cruzarían tierra, mar y aire para salir de semejante embrollo. Pero se equivocaría. Los grandes inversores han cruzado mar sí, pero en crucero, con toda la calma.

Alrededor de 600 entusiastas de las criptomonedas se embarcaron el lunes por la noche en Singapur en el segundo Blockchain Cruise anual, una suerte de vacaciones en el mar con una temática entrada en las criptodivisas. El valor del bitcoin se situaba entonces cómodamente por encima de los 13.500 dólares (unos 11.000 euros) pero para cuando el buque llegó a el miércoles a Tailandia, donde los viajeros pudieron dedicarse a beber, a tomar el sol y a disfrutar de conferencias sobe la criptoeconomía, el bitcoin había caído ya hasta los 10.000 dólares (algo más de 8.000 euros), informa Bloomberg. En el transcurso de esos días, el grupo, compuesto en su mayoría de hombres jóvenes, muchos de los cuales han hecho fortunas gracias a bitcoin, habían perdido probablemente millones de dólares.

Pero el batacazo no detuvo la fiesta. Según ha explicado Ronnie Moas, uno de los conferenciantes del miércoles, el bitcoin alcanzaría, en el mejor de los casos, los 300.000 dólares (más de 245.000 euros) en tan solo siete años. “Nada crece en línea recta”, razona. Pero la lista de conferenciantes del exclusivo crucero no acaba ahí e incluye nombres fuertes como José Gómez, hombre cercano al expresidente de Venezuela Hugo Chávez; Kaspar Korjus, el hombre detrás de la “nación digital” de las e-residencias impulsada por el Gobierno de Estonia; Jorg Molt, que -de ser cierta su afirmación de que posee un cuarto de millón de bitcoins– tiene una fortuna de 2.800 millones de dólares (casi 2.300 millones de euros), e incluso el mismísimo John McAfee, el empresario de la compañía de ciberseguridad McAfee (cuyos antivirus se encuentran hoy en día en dispositivos de todo el mundo).

Precisamente McAfee se ha convertido en los últimos tiempos en un gran promotor de las criptodivisas a través de su cuenta de Twitter, donde también ha incluido una fotografía del crucero.

“¡Que todo el mundo se relaje!”, ha dicho recientemente, citado por International Business Times. “No sé si será el bitcoin o múltiples divisas pero habrá un estándar de criptomonedas para el mundo les guste a los gobiernos o no”.

Con este panorama, el mundo de las criptomonedas sigue festejando su repentino éxito, ajeno a los últimos datos, que apuntan a que estas divisas experimentarán una caída tan potente como lo fue su ascenso. Y olvidan el tortazo que se pegaron en 2007 las hipotecas subprime (disparador de la crisis económica) y de la explosión de la burbuja de las puntocom a principios de siglo. Los seguidores más acérrimos de la moda del bitcoin, según una de las conferencias, tendrán que ver una caída de más del 50% del valor antes de que salgan espantados. 

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Vídeo | Putin se sumerge en aguas heladas por la festividad del Bautismo de Cristo

Redacción TO

Vladimir Putin se ha unido a millones de creyentes ortodoxos al sumergirse con el torso desnudo en agua helada en una tradición rusa con motivo de la festividad del Bautismo de Cristocelebrada cada 19 de enero. Rodeado de sacerdotes ortodoxos, se sumergió en aguas del lago Seliger que rondan la temperatura de los -5°C. 

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Melania Trump, primera dama a la fuerza

Redacción TO

Foto: Alex Brandon
AP

Dicen que Melania lloró cuando su marido Donald Trump ganó, contra todo pronóstico, las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre de 2016. Dicen que sus lágrimas no eran precisamente de alegría. Así se ha publicado en el polémico libro ‘Fire and Fury’. Dicen que la idea de convertirse en primera dama del país más poderoso del planeta jamás formó parte de sus planes. Y, sin embargo, cuenta Vanity Fair que fue la propia Melania quien animó a su marido a anunciar su candidatura a presidente del país, pues era algo que realmente quería hacer desde hacía tiempo. Con todo, parece que le animó porque pensó que jamás ocurría lo que pasó en noviembre de 2016.  “Esto no es algo que ella quisiera y nunca pensó que ocurriría”, dice Vanity Fair citando a alguien muy cercano a Melania.

Se entiende así el gesto serio, más bien triste, que captaron las cámaras del mundo entero el 20 de enero de 2017 en la ceremonia en la que su marido juraba el cargo como 45º presidente de Estados Unidos. Melania forzó una sonrisa cuando Donald Trump se volvió a ella para dirigirle unas palabras, pero en cuanto él le dio la espalda, la sonrisa de Melania dio paso a una expresión taciturna que desencadenó los primeros comentarios sobre la presunta infelicidad de Melania y la poca gracia que le hacía protagonizar el papel de first lady.

Según el New York Daily News, cuando le preguntaron a Ivana -la primera mujer de Trump y madre de Donald Jr., Ivanka y Eric, tres de los cincos hijos del magnate – por las aspiraciones de su exmarido a entrar en la carrera política y presentarse como candidato a la Presidencia del país, contestó: “Sí, es verdad, pero el problema es ¿qué va a hacer con su tercera mujer? No habla, no puede dar un discurso, no acude a actos y, no parece muy interesada en implicarse”.

Algo de razón tenía Ivana, pues si algo ha destacado del primer año de Melania como primera dama es su perfil bajo, convirtiéndose en la más “enigmática” de todas las primeras damas de Estados Unidos, según coinciden en destacar la mayoría de los medios estadounidenses.

Nacida el 26 de abril de 1970 y ex modelo de profesión, Melania es la tercera mujer de Donald Trump con quien se casó en 2005. Él era un empresario multimillonario conocido por sus excentricidades que casi le dobla la edad, que demostró no tener ningún sentido del ridículo al protagonizar un reality en la televisión, y con el que tuvo un hijo, Barron, el quinto de él y el primero de Melania.

Melania Trump, primera dama a la fuerza
Donald Trump y su entonces novia Melania Knauvs en Nueva York en mayo de 2003. | Foto: Peter Morgan / Reuters

Ajena a lo que pudieran decir de ella, tras casarse con uno de los hombres más ricos del país, Melania vivía cómodamente ejerciendo de ama de casa y volcada en su hijo. Nacida en Novo Mesto, Eslovenia, cuando el país era parte de la Yugoslavia comunista, Melania Knavs es hija de un empleado de un concesionario de coches mientras que su madre hacía patrones de ropa infantil. Creció en una vivienda modesta junto a su hermana menor. Tiene, además, un hermanastro por parte de padre de una relación anterior.

A los 16 años Melania, que mide 1.80, comenzó a trabajar como modelo y sólo dos años después firmó un contrato con una agencia en Milán. Apenas pisó la Universidad de Ljubljana, ya que tras un primer año matriculada parece ser que en Arquitectura y Diseño, optó por dejar los estudios para centrarse en su carrera como modelo. Parece ser porque este es un dato que ha desaparecido del perfil de la primera dama.

Abandonó su actividad profesional cuando contrajo matrimonio. Más allá de su carrera, lo más destacado de la primera dama es que no nació en Estados Unidos, que su lengua materna no es el inglés, aunque habla varios idiomas, y que en 2006 adquirió la nacionalidad.  Además, Melania ha roto con una tradición, al ser la primera mujer de un presidente de EEUU que no se instaló en la Casa Blanca junto a su marido cuando éste tomó posesión de su cargo. ¿El motivo? Quiso quedarse en Nueva York en vez de irse a Washington argumentando que quería que su hijo Barron terminara el curso en el elitista colegio privado de la Gran Manzana. Y así lo hizo. Mientras Donald Trump empezaba su vida en la Casa Blanca, por primera vez en la historia del país, una primera dama no se instalaba en la residencia oficial hasta cinco meses después.

Melania rompió con la tradición de sus antecesoras y tardó cinco meses en instalarse en la casa Blanca tras la toma de posesión de Donald Trump

Melania ha sido también la única primera dama que en el pasado posó desnuda para una publicación y la primera también que se querelló contra el Daily Mail después de que el diario británico publicara que había ejercido la prostitución en los años 90. Melania ganó el pasado año la batalla judicial y 3.000.000 de dólares como compensación. En definitiva, es una primera dama atípica por su pasado pero también por su presente, pues sus apariciones públicas son escasas y su agenda como primera dama se ha limitado a varias visitas a colegios y algún hospital donde se la ha visto hablando con estudiantes o pacientes del servicio de pediatría. Poco más.

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Donald Trump junto a su mujer Melania y el hijo de ambos, Barron en Los Angeles en enero de 2007. | Foto: Chris Pizzello / Reuters

Antes de convertirse sin quererlo en primera dama, Melania tuvo una intensa carrera como modelo que la llevó a trabajar en ciudades como Milán y París, antes de trasladarse a Nueva York en 1996, apareciendo en portadas de revista emblemáticas como Vanity Fair, GQ donde posó desnuda en enero del 2000 – imagen que The New York Post recuperó cuando Trump ganó las elecciones y Melania acaparó la atención de un mundo ávido por saber más de la exmodelo extranjera casada con el controvertido empresario multimillonario y sucesora de Michelle Obama en el papel de primera dama.

Un papel nada fácil para Melania, sobre todo, después de que se hiciera viral su discurso en Cleveland ante la Convención Republicana que nominó a su marido candidato a la Presidencia de EEUU por incluir párrafos enteros plagiados que los del discurso que Michelle Obama había pronunciado ocho años antes en la Convención Demócrata de Denver en la que su marido Barack Obama fue nominado candidato demócrata a la presidencia de EEUU. Fue un auténtico escándalo y la imagen de Melania como alguien con pocas inquietudes y sin un discurso propio creció como la espuma. Nadie creyó, como se aseguró desde el equipo de Trump, que ella había escrito su intervención y al final la excusa que se dio fue que una persona del equipo de Trump había traspapelado el discurso de Michelle a la que Melania admitía admirar.

Quién le iba a decir a Melania en 1998, cuando coincidió en una fiesta de moda en Nueva York con Donald Trump que viviría una situación tan desagradable años después. Cuentan que Melania tardó en aceptar una cita con el multimillonario, cuya insistencia acabó dando sus frutos, y un tiempo después comenzaron a salir.

En 1994 la pareja anunció su compromiso y se casó en Palm Beach, Florida, al año siguiente. Una boda por todo lo alto a la que asistieron personalidades del mundo de la cultura, de la farándula, del deporte y de la política, entre los que estaban el expresidente Bill Clinton y su mujer, la entonces senadora demócrata por Nueva York, Hillary Clinton, que en 2016 se convirtió, casualidades de la vida, en la rival de Trump en las elecciones presidenciales de EEUU que el magnate ganó ante la incredulidad de muchos de su propio partido y, quién sabe, si también de la propia Melania.

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El matrimonio Trump despide a los Obama en el Capitolio, Washington, el 20 de enero de 2017. | Foto: Jonathan Ernst / Reuters

Sea o no cierto que a Melania no le haga feliz su papel como primera dama de Estados Unidos, está claro que por ahora no acaba de ajustarse al perfil de lo que tradicionalmente se espera de su nueva responsabilidad. Por el momento no tiene una causa concreta por la que batallar como muchas de sus antecesoras, incluida la admirada Michelle Obama que se centró en luchar contra la obesidad infantil. La pregunta es si acabará encontrando su sitio y dejando su impronta personal como ha ocurrido con las anteriores primeras damas. El tiempo lo dirá.

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