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¿Está haciendo Tinder suficiente para evitar el acoso a las mujeres en la red?

Redacción TO

Foto: Mike Blake
AP

Esta historia siempre comienza de forma parecida. Chico le escribe a chica por una aplicación de citas online. La chica no contesta, por el motivo que sea, no importa. Él insiste. Pero sigue sin recibir respuesta. Entonces, reacciona mal, muy mal. En los mejores casos, la frase es “podías no haberme hecho perder el tiempo”. En los peores: párrafos muy violentos, agresivos, insultos e incluso amenazas. “Gracias por no responder, gilipollas”, “Adiós puta”, “Sigue utilizando filtros de Snapchat que te hagan parecer normal y ocultar lo gorda que estás. Buenas suerte buscando hombres. Te dejarán en cuánto vean lo obesa que eres”, “Zorra, ve a ahorcarte“. Todos son ejemplos reales.

Esta historia se repite demasiadas veces. Tantas que ya se refleja en las estadísticas. Los crímenes relacionados con las citas online han aumentado en un 382% en cinco años en Reino Unido, según la policía británica informó a Sky News. Se han registrado 2.054 ataques en Reino Unido entre 2011 y 2016. En 2011, se registraron 14 crímenes sexuales, en 2016, 106. Los ataques violentos han pasado de 29 a 240. Becky Crozier sufrió ataques de pánico y depresión después de ser acosada por un hombre que conoció online. Estuvo 10 meses sin salir de casa.

Con la intención de paliar esta grave situación, Tinder anunció la semana pasada una nueva herramienta llamada Reacciones. Esta nueva herramienta contra el acoso es en realidad una selección de respuestas animadas, solo disponible para las usuarias mujeres, que permite entre otras cosas lanzar un martini virtual en la cara del usuario que les está molestando. Es parte de la iniciativa Menprovement, creada por las empleadas de la compañía que han decidido que “enfrentarse a los idiotas debería ser fácil y divertido“.

Ahí han comenzado las críticas. Las dudas sobre la efectividad de las caritas animadas para luchar contra seres violentos que insultan, acosan y amenazan. Primer punto débil: enviar estas respuestas predeterminadas implica contestar al acosador, con la posibilidad de que se entienda como ganas de continuar la conversación. Seguimos: ninguna de estas animaciones, “divertidas y fáciles” tiene la fuerza suficiente para responder a los muy habituales “perra estúpida” que siguen a los rechazos. Y para terminar, esta herramienta da la sensación de que ligar y el acoso son dos caras de la misma moneda.

Sin embargo, Tinder, que es la aplicación de citas más grande y que ha celebrado su quinto aniversario, ha señalado que Reacciones no está diseñado para combatir el acoso en la aplicación: “Para combatir eso ya hemos aplicado varias iniciativas como incluir guías de comunidad mucho más estrictas, nuevos estándares de mensajes para todos los usuarios y actualizar nuestro sistema para reportar todas las incidencias”, recoge The Guardian.

Otras aplicaciones de citas como Huggle, creada por dos mujeres, han puesto al servicio de las usuarias otras herramientas, una de ellas permite la rápida identificación de los hombres, por lo que estos se sienten menos propensos a realizar estos comentarios.


Varios blogs y páginas de Instagram como Bye Felipe o Tinder Nightmare recopilan este tipo de historias. Especialmente, aquellas en las que el chico reacciona de forma agresiva y hostil cuando es rechazado o ignorado:

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Pro tip: If she doesn't respond the first time, just add "bitch" at the end! 💡👍

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Descripciones machistas o despectivas hacia las mujeres:

Y, por supuesto, las fotos de partes íntimas no solicitadas:


Aunque algunas usuarias tratan de sacar siempre el humor:

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Continúa leyendo: Los mejores perfiles de Tinder para perder la esperanza en el amor (y en la inteligencia humana)

Los mejores perfiles de Tinder para perder la esperanza en el amor (y en la inteligencia humana)

Redacción TO

Foto: Mike Blake
Reuters

Más de 10.000 millones de “matches” después de la aparición de Tinder, los tiempos en los que para ligar era necesario acudir a bailes de pueblo, aceptar citas a ciegas planeadas por conocidos o lanzar miradas en plena borrachera de sábado noche parecen anteriores al Pleistoceno. Para miles de personas, Tinder se ha convertido en la herramienta imprescindible para buscar el amor o la cópula, y como consecuencia también en una especie de cajón de sastre de la condición humana en estado de soltería.

Según reza la descripción de la app “Tinder ha cambiado la forma en que la gente se reúne en todo el mundo. Es mucho más que una aplicación de citas. Tinder es una poderosa herramienta para conocer gente, ampliar su grupo social, conocer a los lugareños cuando está de viaje y encontrar gente que de otra manera nunca hubiera conocido”, aunque en realidad todos sabemos que su principal cometido es pillar cacho. Desconocemos si las 100 millones de personas que han instalado alguna vez la app en su teléfono encontraron amor, amistad, sexo o absolutamente nada, pero de lo que sí estamos seguros es que más de uno se ha echado unas cuantas risas entre “swipe” y “swipe” al observar la fauna recogida entre los perfiles.

Para pasar de la incesante búsqueda de amor y conformarse con la risa,  la cuenta de Facebook Filósofos de Tinder recopila la cara más intensa, grotesca e hilarante de la aplicación de citas.

De nulo a chulo

Una de las mejores presentaciones de Tinder de todos los tiempos: “Soy Mario dejame conocerte no se porque pone maria”, así sin tildes, mayúsculas ni comas, tras su nombre de pila con una aparente y misteriosa equivocación de género. En el lado opuesto de esta vistosa falta de pericia en la escritura de perfiles,  un hombre que sabe de marketing amoroso. Mario-María debería aprender de su compañero, capaz de convencer a la más escéptica con promesas de futuro.

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Las fotos más “sexys”

¿Quién dijo que la cola vendada de un caballo no resulta una imagen sugerente?, ¿a quién no le gusta ver a un adulto en traje en una piscina de bolas?

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Peor imposible

Con la irrechazable oferta de una conversación rica e interesante sobre motos “sexo porno y demás temas” o declarando que “es jodidamente fácil ser una perra” pero “jodidamente difícil ser un semental”, estos elementos alardean de su machismo sin el mínimo miramiento. Más de una pensará que si las usuarias se preocupan por leer y alguno de los dos tiene un “match”, algo estaremos haciendo mal.

Los mejores perfiles de Tinder para perder la esperanza en el amor (y en la inteligencia humana) 1 

El uno para el otro

A ella le gustan las cosas de verdad. A él, le gustan las cosas buenas. Puede que no se conozcan, pero en en sus obviedades, es probable que encontrarán el amor.

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Metáforas y antífrasis

Adelantándose a la posible decepción de la primera cita, dos ejemplos que demuestran que en Tinder lo importante es la esencia, el concepto. El primero muestra una “foto de perfil concebida como metáfora”, el segundo, su auténtico “amor por los animales”.

Los mejores perfiles de Tinder para perder la esperanza en el amor (y en la inteligencia humana)

La “modernidad líquida” de Bauman en Tinder

De toda la vida, culturetas, gafapastas y filosófos de poca monta han utilizado su intelecto como gancho, apoyados en aquella excusa que reza que “la inteligencia es sexy”. Sin embargo, Tinder les permite incluir la liquidez, incluso en sus descripciones. Bravo.

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Una imagen vale más que la palabrería

Sencillos, directos y efectivos. Uno busca deshacerse de su calentura; el otro llegar directo a tu corazón. No sabemos si lo conseguirán, pero al menos ingenio le echan.

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Continúa leyendo: La pareja de Tinder que se conoció un 'match' y tres años después en un plató de televisión

La pareja de Tinder que se conoció un 'match' y tres años después en un plató de televisión

Redacción TO

Foto: Tsering Topgyal
AP

A Josh Avsec y Michelle Arendas les ha salido muy barato su match en Tinder. Estos dos jóvenes estadounidenses comenzaron a hablar por la red social a finales de 2014 y han tardado tres años en conocerse, y lo han hecho en un plató de televisión en horario de máxima audiencia. Porque su historia no es la de una pareja de Tinder cualquiera.

Todo empezó con este tuit:

En la publicación, de principios de julio, el joven contaba: “Jajajaja el día que conozca a esta chica va a ser épico. Mirad las fechas de nuestros mensajes en Tinder”. Avsec adjuntaba dos imágenes con el mensaje. Tres años de relación reducidos a dos capturas de sus conversaciones, a ver quién puede decir lo mismo.

El 20 de septiembre de 2014, Josh saludó a Michelle. Esta tardó más de dos meses en responder con un “lo siento, mi teléfono murió”. Después de un par de mensajes seguidos de broma, la pareja empieza a espaciar sus contactos hasta casi un año. Entre medio se suceden las excusas típicas, que aquí, por fin, suenan ridículas: “Lo siento estaba en la ducha”, “Ey, acabo de ver tu mensaje, perdona estaba en clase”, “He tenido una semana complicada”, “Mis exámenes finales realmente me tienen muy atrapado” o “¡Ey, Josh! Quería contestarte rápidamente pero me he liado con el Día del Presidente. ¡Ya sabes cómo es!”.

El diálogo compuesto por solamente diez mensajes tiene más de 30.000 compartidos, 100.000 me gustas y 500 respuestas. Una de ellas fue la de la propia Michelle —de la que Josh ni siquiera sabía su apellido—: “Lo siento por tardar en contestar, pero necesitaba esperar un par de meses”. En ese momento, cientos de personas intervenían ya en la relación de la pareja pidiéndoles que, ¡por favor!, se conocieran de una vez.

En ese punto fue donde apareció, de nuevo, la celestina 2.0: Tinder. Los responsables de la aplicación les ofrecieron un viaje: “Es hora de que os conozcáis en la vida real. ¡Tenéis 24 horas para decidir en qué ciudad queréis que sea vuestra primera cita y os enviaramos allí!”.

La pareja, que habrá sido lenta, pero que ha demostrado que no tiene ni un pelo rubio de tonta, eligió Hawái. Y allí iban a encontrarse por primera vez, si no fuera porque la televisión americana vio el potencial publicitario que había traído la historia de los dos jóvenes, ambos estudiantes en Kent State University. Good Morning America les organizó su primer encuentro en horario de máxima audiencia. El vídeo en Facebook cuenta ya con más de tres millones de visitas. “Soy muy cabezona y no iba a ser yo la que arruinara una buena broma como esta“, contó Michelle.


Continúa leyendo: Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita

Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita

Redacción TO

Foto: Saudi Press Agency
Reuters

El pasado 4 de noviembre más de 200 personas fueron detenidas en Arabia Saudita sin acusaciones formales ni procedimientos jurídicos. Entre ellas, príncipes, ministros e importantes hombres de negocios cayeron en una operación anticorrupción lanzada por una comisión presidida por el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, que ha tomado ciertas medidas para introducir cambios inéditos en el país como llevarlo de una economía dependiente del petróleo a una diversificada.

Al joven de 32 años no le titubeó la mano. Entre los nombres de los arrestados destacan el de uno de los inversores más poderosos del mundo: el príncipe Alwalid Bin Talal, quien tiene intereses en compañías como Citigroup, 21st Century Fox y Twitter, y el del príncipe Mutaib bin Abdalá, el hijo favorito del difunto rey Abdalá.  Poco antes de las detenciones, Mutaib bin Abdalá había sido retirado de su puesto como jefe de la Guardia Nacional.

Según apuntan medios locales, con esta acción el príncipe heredero y principal asesor del rey Salmán, logró poner bajo su control a los tres servicios de seguridad del país: el Ejército, los servicios de seguridad interna y la Guardia Nacional. Por décadas estos poderes se habían distribuido entre las ramas del clan de la casa de Saúd para mantener un equilibrio de poder.

Con la ‘purga’, Bin Salmán supuestamente intenta combatir uno de los principales problemas que sufre el país: la corrupción. Sin embargo, esta acción ha preocupado a observadores internacionales y a los propios ciudadanos que la han considerado como una “apuesta muy arriesgada”. Incluso algunos lo acusan de buscar “desestabilizar la región” y de pretender deshacerse de personas que no apoyan sus reformas e ideas.

En cambio, otros como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le han dado su apoyo. Un día después de la operación, Trump escribió en su Twitter: “Tengo mucha confianza en el rey Salmán y en el príncipe heredero que saben perfectamente lo que están haciendo”. “¡Algunos de los que son tratados duramente han exprimido a su país durante años!”, añadió.

Quebrantamiento de la línea de sucesión 

En junio de este año, el rey Salmán bin Abdulaziz designó a su hijo “preferido” Mohamed bin Salmán como príncipe heredero, relevando en el cargo y en la línea sucesoria a su sobrino y príncipe Mohamed bin Nayef, según un decreto real. Con esta medida, el rey quebró por primera vez la línea de descendencia aunque contó con el apoyo de 31 de los 34 miembros del Consejo de Lealtad, órgano creado en 2006 por el entonces monarca Abdullah Bin Abdulaziz al Saud para dirimir sobre cuestiones sucesoriales.

En aquel decreto, el rey también ordenó enmendar el segundo párrafo del régimen del Consejo de Lealtad, en el que se determina que el Gobierno debe ser ejercido por los hijos del fundador del reino, Abdelaziz bin Abdelrahman al Faisal al Saud, y agregó que pueden dirigir el país sus nietos.

Mohamed bin Salmán podría convertirse en una de las figuras más poderosas del mundo árabe. The New York Times destaca que, hasta el momento, ha bloqueado a la vecina Catar, ha acusado a Irán de actos de guerra y ha alentado la renuncia del primer ministro libanés. Y en Yemen, sus fuerzas armadas están luchando en el conflicto religioso de esa nación contra una facción de hutíes alineados con Irán. 

Al ser el principal asesor del rey, se dice que ha movido los hilos de sus drásticas decisiones, como la transformación de algunos ministerios, entre ellos el de Economía, y la destitución de algunos líderes de la vieja guardia. Como ejemplo, en mayo del año pasado, Alí al Naimi, que estuvo por dos década a la cabeza del Ministerio de Petróleo, fue relevado por el presidente de la petrolera estatal Aramco, Jalid al Falih, un estrecho aliado del príncipe.

¿Mayores posibilidades para las mujeres?

Mohamed bin Salmán antes de ser designado como heredero al trono,  ya contaba con el puesto de ministro de Defensa. Es el hombre más joven del mundo en ejercer ese cargo. Aunque pertenece a una de las corrientes musulmanas más conservadoras, el wahabismo, Bin Salmán ha elogiado un “islam moderado” en el que las mujeres tendrán mayores derechos.

De acuerdo a una medida que ya ha sido aprobada, las saudíes podrán conducir a partir de junio de 2018 en el único país en el mundo que todavía mantiene la prohibición. Otro de los cambios ‘aperturistas’ fue anunciado en octubre, cuando el Gobierno dijo que autorizará a las mujeres a asistir a estadios deportivos. De momento, el próximo año podrán ir a tres recintos pero solo junto a sus maridos.

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Arabia Saudita es el único país que aún prohibe a las mujeres conducir| Foto: Faisal Al Nasser / Reuters

¿Una ‘Visión 2030’?

En el programa de Gobierno del príncipe Bin Salamán presentado en abril de 2016, llamado ‘Visión 2030’, se menciona explícitamente la intención de “empoderar a las mujeres y hacer efectivo su potencial” con el objetivo de elevar su participación en la fuerza de trabajo y la productividad nacional.

Para el monarca esto se traduce en aumentar la participación femenina en el mercado laboral de 22% a 30%, como lo recoge el documento. Esta cifra forma parte de los índices que el Foro Económico Mundial ha usado para situar a Arabia Saudí en el puesto 138 de 145 países respecto a las oportunidades y participación económica de las mujeres, a pesar de que el 60% de los estudiantes que se gradúan de carreras universitarias son chicas, según la OECD.

A pesar de las promesas, Human Rights Watch ha denunciado que no ha sido concretada la orden real de abril de este año en la que se autorizó suavizar la tutoría del hombre a la que están sometidas las saudíes. En el reino del Golfo ellas todavía deben contar con la autorización de un tutor hombre, que generalmente es su padre, esposo o hermano, para poder viajar, estudiar, sacarse el pasaporte, contraer matrimonio o incluso salir de la cárcel tras haber cumplido alguna condena. De modo, que hasta que las cosas no cambien en la práctica, las ofertas del príncipe serán palabras al viento.

Transformaciones económicas

Otro de los principales giros que busca el príncipe y que también está plasmado en ‘Visión 2030’ es convertir a Arabia Saudita en una economía diversa, no dependiente del petróleo, como lo ha sido hasta ahora. Para ello pretende privatizar la petrolera Aramco.  “En Arabia Saudita hemos desarrollado una adicción al petróleo”, expresó Salmán en una entrevista con la televisora estatal Al Arabiya. Por su parte,  la BBC señala que lograr que el país se sobreponga a esa dependencia no será fácil ya que obtiene más de 70% de sus ingresos por la venta de crudo. Además, entre otro de sus objetivos económicos, está aumentar la aportación del sector privado al PIB a un 65% en 2030 (actualmente es de 40%).

Más novedades

El llamado ‘príncipe detrás del trono’ ha anunciado la restricción de facultades de la policía religiosa llamada ‘Comité de la propagación de la virtud y prevención del vicio’, cuerpo de encargado de aplicar la estricta versión saudí de la sharia. Además de las anteriores, otra muestra de ‘modernidad’ que llamó la atención de los medios fue cuando Mohamed visitó al fundador de Facebook, Marck Zuckerberg, con vaqueros en vez de su túnica blanca, y su reciente encuentro con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates.

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El príncipe se reunió recientemente con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates. | FOTO: Reuters Handout

Estas reuniones con los ‘reyes de la tecnología’ posiblemente forman parte de sus planes de modernizar la nación. El más ambicioso hasta el momento es el de construir una nueva metrópolis que se extenderá por tres países y costará 500.000 millones de dólares. El proyecto, llamado NEOM, fue anunciado en una conferencia de inversiones. 

De modo que ser un príncipe moderno en Arabia Saudita está lleno de matices. El joven abogado deberá enfrentar a algunos clérigos que no concuerdan con sus ideas ‘vanguardistas’, a una élite empresarial acostumbrada a subsidios estatales y tendrá que crear planes más concretos para la materialización de sus objetivos. Además, sus decisiones en cuanto a mejorar los derechos de la mujer aún están muy lejos de parámetros dispuestos por las organizaciones defensoras.

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Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso"

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Benedict está acostumbrado a firmar sus libros con el apellido Wells, pero lo que la verdad oculta es que se apellida von Schirach y que Wells, más que un alias artístico, es un homenaje al personaje de John Irving en Las normas de la casa de la sidra. Lo escogió con un motivo poderoso: “Él es la razón por la que escribo”.

Benedict Wells (Múnich, 1984) –uno de los autores más reconocidos en Alemania– ha estado en España por la publicación en castellano de su última novela, El fin de la soledad, a cargo de la editorial Malpaso, y es un hombre de rostro tranquilo, alto y delgado, con el pelo frondoso y castaño, que esconde tras de sí una historia fascinante. En el libro queda mucho de esa esencia y desde bien pronto, apenas en el segundo capítulo, viene a decirnos cómo se rompe una familia en mil pedazos después de que tres hermanos preadolescentes –Marty, Liz y Jules– pierdan a sus padres en un accidente de tráfico, sin otra salida que continuar con sus vidas en un internado público.

Cuando Benedict escribe sobre la soledad, lo hace desde el corazón y desde el estómago. Benedict supo desde joven que quería ser escritor y con 19 años se fue de Múnich a Berlín, que en 2003 era “una ciudad barata”, “perfecta para la gente que, como yo, no tenía dinero”, tomando un camino que nadie le aconsejó. “Mi vida era miserable”, recuerda. “No fui a la universidad. Los primeros años tras el instituto los viví muy solo, en un apartamento horrible, con la ducha en la cocina. Trabajé en varios empleos temporales, y escribía por las noches. Trabajé de camarero, en la taquilla de un cine, de recepcionista en un hotel, más tarde en un show televisivo que estaba bien, pero al que tuve que renunciar porque no me dejaba tiempo para escribir. No tenía otra vida. Sentía que debía invertir todo mi tiempo en escribir”.

Y continúa: “Hay mucha gente con talento. Pero, para mí, el talento no era el campo en el que podía marcar la diferencia. Lo único que estaba dentro de mi área de control era mi voluntad y mi esfuerzo. Pensaba que nadie estaba tan loco con 19 años como para tener esa vida solitaria y extraña de escribir todo el tiempo. Pensaba que muy pocas personas podían mantener ese ritmo después de dos años. Dediqué todo lo que tenía a la escritura y, después de un par de años, vi que era mejor que cuando comencé. Aun así, seguía pensando que necesitaba dos o tres años más, quizá cuatro. Mi vida era muy solitaria. Tan solitaria que podía pasar cinco semanas sin hablar absolutamente con nadie. Allí estaba yo, solo y escribiendo”.

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Portada de ‘El fin de la soledad’, de Benedict Wells. | Imagen: Malpaso

Lo más difícil de todo aquello, cuenta, más incluso que la reclusión y el olvido, era el modo amargo en que sus amigos y familiares renegaban de su esfuerzo. “Nadie me entendía”, dice, con gesto serio. “No podía demostrar que tenía el talento necesario. Habían pasado cuatro o cinco años y seguía sin publicar. Tenía 23 y algunos amigos veían mi apartamento, veían que no estudiaba, que no tenía una red de seguridad, y me decían: ‘Vamos, tienes que buscarte algo más estable’. La presión estaba ahí y era tal que estuve pensando en salir de Alemania. En cada conversación había un recordatorio de mi fracaso. Mi gran ventaja, de algún modo, era que mis padres no tenían dinero, así que podían apoyarme emocionalmente, pero no económicamente. Era totalmente libre. Aunque me pesaba la presión de que no pudieran entenderlo. Yo mismo… estaba esperando a que alguien me animara a intentarlo”.

Dice, con la memoria puesta en sus años en Berlín, que tuvo que luchar contra la soledad y el rechazo, pero también contra sus momentos de ansiedad y vacilación. “Me pasaba el día entero pensando que era un fracasado, que no valía lo suficiente”, dice. “Pero me sentaba frente al escritorio y pensaba que no había nada mejor que pudiera hacer. Vivía todo el tiempo entre dos extremos: excitado por escribir y contar una historia o deprimido porque pensaba que no tenía talento. Lo que me hizo seguir es la voluntad de contar historias. Pensaba que quizá no fuera tan bueno, pero quería terminar lo que había comenzado”.

Conforme Benedict se expresa, los recuerdos se van haciendo sólidos. Casi dibuja imágenes. Dice: “Recuerdo el día que descubrí a Michael Chabon. Simplemente leyendo Chicos prodigiosos y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, viendo cómo escribía, cómo jugaba con el lenguaje, sentía que tenía que volver a escribir. Sabía que la literatura era mi vida y estaba dispuesto a fracasar. Prefería fracasar que arrepentirme por no haberlo intentado. Temía más al arrepentimiento que al fracaso”.

Dice que fue en el último instante que apareció un agente, justo cuando tenía planeado su viaje a Escocia. Después de tantos años, la editorial en alemán Diogenes –muy prestigiosa y conocida por publicar un único libro al año– se interesó por él y terminó por publicarle su primera novela, El último verano de Beck. Su nombre fue, definitivamente, cobrando más y más fuerza. Publicó tres novelas más con este sello.

“Uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real”

Probablemente su entereza y vocación exclusiva, su capacidad para no torcer el brazo, habrían sido imposibles de no haber soportado un duro entrenamiento previo –vivió de los 6 a los 19 años en un internado público por una grave situación familiar, como Marty, Liz y Jules–. Le pregunto por esta circunstancia, y habla de ello con naturalidad y sin resignación. “Creo que la independencia fue lo primero que aprendí en el internado”, dice, con la mirada puesta en una taza de café que apenas ha probado. “Pero entre los niños que estábamos allí, yo era un afortunado. Allí había niños que habían sufrido abusos, había refugiados… Al menos yo tenía unos padres que me querían. Los otros niños de mi clase iban con padres adoptivos, y yo me iba con los míos. Era extraño. Quizá para mis amigos, que han sido amados y han tenido una infancia protegida, habría sido más difícil”.

La vida de Benedict Wells es fascinante, decía, y en parte lo es por todo a lo que tuvo que renunciar. Le pregunto por las cosas que quedaron en el camino, si las echa de menos. Benedict responde que sí, sin reservas, y explica que es la razón por la que se mudó a Barcelona. “Tenía 26 años, había publicado mi primer libro y sentía que me había perdido muchas cosas”, dice. “Me di cuenta de que uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real. Echo cosas de menos, sí. Pero todo tenía un propósito. Me habría gustado disfrutar de lo que llaman la vida del estudiante, pero luego estuve tres años y medio en Barcelona, y más tarde traté de imitar la vida del Erasmus en Montpellier. Me esforcé por hacer lo que no había hecho, y claro que no era lo mismo. Pero nunca dudé del camino que había tomado: amo la escritura y volvería a hacer lo mismo”.

Ahora Benedict es un autor respetado en Europa, sus libros se venden por cientos de miles, y en su país concede raramente entrevistas: es, la mayor parte del tiempo, un hombre solitario. Con todo, más allá de las ventas y de los premios y de ese reconocimiento intangible que es la admiración de sus lectores, todavía experimenta, de vez en cuando, la amargura del rechazo. “Recientemente escribí un artículo sobre el tren transiberiano y traté de venderlo a los periódicos”, cuenta, divertido. “Una vez más: rechazado-rechazado-rechazado. Me di cuenta de que todavía era posible. No hay garantías. Todavía puede ocurrirme”.

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Benedict Wells, fotografiado en Madrid. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

“Después de todos estos años”, le pregunto, “¿qué significa para ti el fracaso?”.

Benedict se toma ocho, nueve segundos, busca una respuesta: “A veces es difícil asimilar que es inherente al ser humano, simplemente inevitable”. Hace una nueva pausa: “Vamos a fracasar y vamos a tener que lidiar con ello. Nada puede protegernos del fracaso. Lo único que puede cambiar es tu actitud. Por supuesto que existe aquella teoría de que el fracaso te hace más fuerte, y de que puedes aprender de ello. Pero hay fracasos de los que no puedes extraer nada. Probablemente ni siquiera puedas cambiar de actitud, pero tienes que esforzarte por hacerlo. Intentar aprender de tus fracasos, intentar hacer las paces con ellos. Es la única manera: intentarlo”.

Benedict, en su camino hacia el fin de la soledad, siempre encontró la literatura. “Es, definitivamente, una parte muy importante en mi vida. En ambas direcciones. Hacia fuera, mi pasión y mi profesión. Hacia dentro, el sentimiento de que no estás solo, de que puedes encontrarte a ti mismo en muchos libros, de que puedes sentirte a salvo”. Entonces habla de Harry Mulisch y de Kazuo Ishiguro, al que admira profundamente y llama profesor, y menciona Los restos del día y Nunca me abandones. Dice: “Hay pocos libros que me hayan cambiado de verdad, y estos son dos de ellos. Los leo y me pregunto: ‘¿Por quéee? ¿Cómo logró manipularme así? ¿Por qué me siento así?’. No es algo que esté entre las páginas. Trato de estudiar estos libros. Los libros que amo son mis profesores“.

Luego Benedict regresa a la idea de que la literatura, en el mejor de los casos, nos ayuda a sentirnos menos solos. “Es la primera experiencia cuando lees”, continúa. “No estás tan solo. Lo que realmente amo de la literatura es que es completamente distinta al resto de artes. En un cuadro, en una fotografía o en una película, todo está acabado. Puedes consumirlo. Pero un libro es simplemente blanco y negro. Todo viene de dentro. Tienes una página y todo depende de ti”.

Y concluye: “Hay algo que me fascina de la literatura: te deja a solas con la historia que tú has construido dentro de ti“.

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