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Este es el líder de la "supremacía blanca" en Charlottesville

Anna Carolina Maier

Foto: Justin Ide
Reuters

El periodista Jason Kessler tiene 34 años y es uno de los organizadores de las manifestaciones por la “supremacía blanca” en Charlottesville, una ciudad situada en el condado de Albemarle (Virginia) en los Estados Unidos que en los últimos días ha vivido un ataque por parte de un supremacista blanco que se ha saldado con al menos tres muertos y una veintena de heridos.

Kessler nació en el lugar y es el presidente de una organización que se identifica como encargada de “defender la civilización occidental” de nombre Unity and Security for America (Unidad y Seguridad para América).

En su descripción, el grupo señala que busca defender los “valores occidentales incluyendo su historia, la cultura, los principios y los pueblos”.

“Creemos que la inmigración desenfrenada está dañado a nuestra civilización. Las intervenciones extranjeras innecesarias y los ataques contra la historia y el patrimonio occidental son perjudiciales para la supervivencia de la tradición que nos trajo la razón, la lógica, la medicina, los derechos humanos y nos llevó al espacio exterior”, destaca.

Este hombre se ha mostrado no solo en contra de los negros sino de los inmigrantes en general. Muchas de sus opiniones están publicadas en su blog personal.

En esa página web se describe a sí mismo como un “periodista, activista y autor”.

Añade que “es conocido” por sus trabajos de investigación publicados en medios como The Washington Post, The Daily Caller y The Daily Progress. Además escribió una “novela de crimen negro” así como un libro de poesía. Tiene una maestría en la Universidad de Virginia.

En mayo, fue responsable de organizar el primer mitín en Charlottesville en rechazo a una propuesta para quitar una estatua de Robert E. Lee – general estadounidense que encabezó los ejércitos de los Estados Confederados de América durante la Guerra de Secesión- de un parque local.

En 2015, cuando un supremacista blanco mató a nueve personas negras en Carolina del Sur, los estadounidenses comenzaron a pedir que se retiraran las referencias a personajes racistas. Esto incluía estatuas, nombres de calles y escuelas. Kessler aboga porque esto no se logre.

La retirada de la estatua del general Lee en Nueva Orleans a principios de 2017 también trajo controversia y manifestaciones en la ciudad que han desencadenado en hechos violentos como los del fin de semana que causaron tres muertos y varios heridos.

Kessler en otra ocasión fue arrestado por desobedecer a un policía. Ha dicho que no pertenece a la organización de extrema derecha Ku Klux Klan y también, en otro momento, comenzó un movimiento para intentar remover del cargo a Wes Bellamy, un concejal negro de Charlottesville.

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El ataque de Charlottesville, en imágenes

Redacción TO

Foto: Steve Helber
AP

La retirada de la estatua de un general confederado de la Guerra Civil estadounidense en Charlottesville (en el Estado de Virginia) desencadenó ayer una manifestación de supremacistas blancos y neonazis y una contraprotesta contra los dos primeros. Durante la marcha, bajo el lema “Unir a la derecha”, uno de los supremacistas embistió con su coche a los manifestantes opositores minutos antes del medio día y, acto seguido, aceleró marcha atrás para seguir atacando. El atacante, un joven de 20 años originario de Ohio, ya ha sido detenido y el FBI ha anunciado este domingo que ya ha iniciado una investigación. Tras un balance provisional de tres muertos y una veintena de heridos, han comenzado ya los homenajes a las víctimas. Estas son algunas de las imágenes que se han visto en Charlottesville este fin de semana.

El ataque de Charlottesville, en imágenes 1
Un manifestante opositor utiliza un espray encendido contra un supremacista blanco. | Foto: Steve Helber / AP
El ataque de Charlottesville, en imágenes 2
A la derecha, un coche contra el que chocó el atacante; a la izquierda, una de las víctimas recibe primeros auxilios. | Foto: PAUL J. RICHARDS / AFP
El ataque de Charlottesville, en imágenes 3
El personal sanitario traslada a una de las víctimas a la ambulancia. | Foto: Joshua Roberts / Reuters
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Foto policial del sospechoso, James Alex Fields, Jr, de 20 años y natural de Ohio. | Foto: Albemarle County Jail / AFP
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Foto de Facebook de Heather Heyer, víctima mortal del atropello. | Foto: Handout / Reuters
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Fotos sin datar de los agentes de policía M.M. Bates (izquierda) y H. Jay Cullen (derecha). Murieron cuando se estrelló el helicópteo en el que volaban para prestar asistencia a las víctimas. | Foto: Virginia State Police / AP
El ataque de Charlottesville, en imágenes 7
Una manifestante sostiene una pancarta en señal de rechazo por el atropello de Charlottesville. El cartel reza “No me puedo creer que todavía siga protestando”. | Foto: Josh Edelson / AFP
El ataque de Charlottesville, en imágenes 8
Un grupo de manifestantes protesta por el ataque. “Basura fascista, se os ha acabado el tiempo”, se puede leer en el cartel. | Foto: Stephen Lam / Reuters

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Ideología de género y el género del columnismo

Enrique García-Máiquez

Un amigo de las redes sociales se extraña mucho en público y por privado de que yo escriba en The Objective, señalándome cierta querencia del medio por la ideología de género que él y yo consideramos una malandanza. Me ofrece una ocasión estupenda para reflexionar sobre el papel del columnista en los medios. Y si, de paso, podemos evitar cierto desconcierto en los lectores de una o de otra orilla, mejor que mejor.

Si el columnista sólo pudiese escribir en los medios afines, lo llevaría crudo. Siendo reaccionario, como es mi caso, iría listo de papeles. Sólo podría escribir pintadas en los muros de los palacios decrépitos, y eso tampoco, porque él estaría naturalmente en contra de los graffitti. También se perdería uno de los grandes placeres del escritor, que es ser leído por quienes piensan distinto, ganarse su respeto y, ojalá, a veces, su asentimiento.

Por parte del medio, también hay dos condiciones para que esta relación digamos transversal funcione. Que no esté engañado, por supuesto. Y seguro que aquí no es el caso. El jefe de opinión, que me fichó, me conoce de antiguo y de hondo. Cuando él hablaba de que habría diversas sensibilidades políticas en The Objective, de la socialdemocracia al centro-derecha, ya sabía él que yo me salía bastante del abanico, sin duda, pero es que quería que hubiese, de verdad, diversas sensibilidades. El segundo requisito es el respeto a la libertad del escritor, que aquí ha sido siempre exquisito. Llevo mucho tiempo escribiendo lo que me da la gana y nadie ha dicho ni mu.

Volviendo a la ideología de género, la presencia de voces discordantes (y la mía no es la única) es más importante si cabe. Porque, con independencia de que esa ideología esté equivocada o no, que ese no es el tema de esta columna y habrá que discutirlo después, lo más inminente y peligroso suyo es la unanimidad que pretende imponer, poco a poco, con presión creciente, en ámbitos cada vez más amplios de la esfera pública. Que, en tu pequeño ángulo oscuro, te dejen susurrar “no” es muy importante.

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Ultras reincidentes

Melchor Miralles

Ignacio Racionero, un seguidor ultra del Atlético de Madrid que estuvo detenido y pasó 11 días en prisión preventiva por la muerte del seguidor de la Real Sociedad Aitor Zabaleta en el año 1998, ha sido detenido como presunto autor de las tres puñaladas que recibió ayer un seguidor de su mismo equipo, el Atlético de Madrid, miembro también del grupo ultra Frente Atlético, tras la derrota de su equipo frente al Sevilla en las proximidades del Estadio Wanda Metropolitano.

Racionero, que ha cumplido condena durante 10 años por diferentes atracos, especialmente a farmacias, fue identificado por tres testigos del apuñalamiento, y se encuentra aún detenido en dependencias policiales a la espera de pasar a disposición judicial.

Hablamos del Frente Atlético, pero todos los grupos ultras son lo mismo, y sus miembros reinciden y reinciden, y aún hay directivas de muchos equipos de fuste que dan cobijo a estos vándalos peligrosos porque durante los partidos jalean a los jugadores, e incluso hay jugadores que coleguean con los ultras que les aplauden. En este último caso la víctima no era siquiera del equipo contrario, era uno de los suyos, quizá le miró mal, o vaya usted a saber, porque estos ultras son antes que nada violentos, y tiran de navaja con facilidad, porque van armados y para ellos la vida no vale nada, y menos aún la vida de otro. Los testigos cuentan que la víctima estaba en un bar hablando de fútbol, comentando el partido con otros colegas del Frente Atlético, cuando Racionero, inopinadamente, apareció y apuñaló tres veces al chaval, que era uno de los suyos, y lo sabía, porque llevaba una camiseta del grupo

Racionero pertenece a Suburbios Firm, una facción del Frente Atlético, y fue expulsado por el Atlético de Madrid como socio tras un asalto a un entrenamiento del equipo en Majadahonda, por encararse e insultar a jugadores y entrenadores junto a otros diez ultras.

Algunos de sus conocidos, en declaraciones a los medios, han calificado a Racionero como un tipo “inestable”, “que no distingue entre el bien y el mal”, y mantiene relaciones con el grupo ultra Hogar Social Madrid, a quienes apoya en sus acciones, siempre controvertidas.

Estos ultras reinciden. Por eso hay que vigilarles de cerca. Atacan, hieren y matan, y vuelven a hacerlo. La emprenden con los seguidores del equipo contrario o con quien sea, incluso con los suyos.

Los clubes y los responsables políticos y federativos han tardado mucho tiempo en tomarse en serio la lucha contra estos criminales que son bien vistos por quienes manejan la cosa por ser los que “ambientan” los partidos con sus cánticos y sus insultos a los adversarios. Se les ha bailado el agua, no se les ha combatido y perseguido como es debido, y las consecuencias han sido graves, y siguen dando disgustos y liándola, y como muestra lo sucedido el miércoles. Un chaval de 22 años herido de tres puñaladas tras el partido, y el presunto autor con múltiples antecedentes. No debía haber podido estar siquiera por allí, por los alrededores, armado con al menos un cuchillo. Algo ha fallado, y debieran contarnos qué y por qué. Porque, insisto, era reincidente. Podíamos estar hablando de otro muerto. La tercera puñalada que recibió, en la espalda, podía haberle costado la vida. Y el autor del ataque era conocido por sus antecedentes, graves, gravísimos. ¿Por qué estaba en los alrededores del estadio? ¿Llegó a entrar al Metropolitano y asistió al partido? No lo descarten, y sería gravísimo que hubiera sido así. Es necesaria una investigación porque estos hechos se pueden evitar, se deben evitar. Más aún con tanto reincidente como hay entre los ultras insoportables y canallas.

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Por qué gravar a la banca es una idea legítima

Antonio García Maldonado

Foto: Andrew Kelly
Reuters

La idea de imponer una tasa finalista a los bancos que ha propuesto el PSOE merece más consideración que la burla habitual (muchas veces tan impúdicamente interesada) que se le dispensa a todo lo que venga de este partido. Sin entrar en si el destino final de dichos ingresos suplementarios (las pensiones) es el más adecuado, el Partido Socialista señala en la dirección correcta. El dinero está ahí, o en Apple o en Amazon o en Facebook, no en los autónomos ni en las pymes. Francia y Reino Unido aplican tasas parecidas, aunque no son finalistas.

Los argumentos en contra de la tasa no se sostienen. Se habla de que ese recargo lo pagarán los consumidores en forma de comisiones. Razonamiento que invalidaría cualquier tipo de impuesto indirecto. Como el IVA, que paradójicamente es el que más gusta a los que cargan contra la tasa bancaria. Basta con que se prohíba aplicar nuevas comisiones y las inspecciones sean estrictas al respecto, como se ha hecho ya en otros casos en el sector financiero tras la crisis. Respecto a que “es insuficiente” para la magnitud del problema, sería como pedirle al céntimo sanitario que financiara por sí mismo los sobrecostes del sistema de salud en vez de que ayudara un poco.

No obstante, son los economistas de la Escuela Austríaca, nada sospechosos de tener veleidades socialdemócratas, los que mejor legitiman la nueva tasa. Los representantes de esta escuela hablaban y hablan de Estados y bancos como una perniciosa “sociedad de socorros mutuos”. Al no tener que cubrir con sus depósitos el 100% del capital que prestan, la banca tiene capacidad de generar masa monetaria, amparada en un etéreo aval del Estado sostenido en un “too big to fail” que es innegable que ha funcionado todos estos años. Además, las entidades financieras, a diferencia de pymes y autónomos, cuentan con una institución pública (BCE) como prestamista y avalista de casi primera instancia, no de última. ¿A qué sector se le diseña y crea desde el Estado un banco malo para que no se manche con sus propias malas decisiones?

Por tanto, independientemente de la coyuntura de la crisis, es legítimo considerar que hay una dependencia estructural por la que los bancos deben contribuir más para reparar la crisis político-institucional, si queremos dar por superada la económica. Algo parecido a un cupo por los servicios prestados por el Estado, sin cuyo respaldo implícito los principales bancos se pensarían hacer muchos de sus grandes negocios, en España y en el exterior.

En una interesante columna publicada hace unos días, Ian Buruma, nuevo editor de The New York Review of Books, hacía algunas consideraciones agudas sobre Japón. Se preguntaba por qué no había allí populismos, por más que identificara en el primer ministro Shinzo Abe algunos rasgos ‘trumpianos’. Su diagnóstico conciso era que, por un lado, en Japón seguían funcionando instituciones de intermediación depauperadas en Occidente; y por otro, hablaba de una sociedad con uno de los impuestos de sucesiones más altos del mundo (aumentado en los últimos años, contra la tendencia general global). “La eficiencia no crea de por sí sensación de comunidad”, concluía.

También anotaba un rasgo interesante: los ricos japoneses no hacen ostentación de sus fortunas como hacen sus pares en Occidente, por no hablar de la que hacen gala los rusos o los chinos. El resultado es menos desigualdad y menos percepción de la desigualdad existente. Buruma obviaba rasgos muy negativos de Japón, pero señalaba dos problemas clave de nuestras sociedades, como son la mencionada falta de sensación de comunidad y la percepción de dos injusticias: la generacional y la de clase.

El populismo no ha causado la crisis institucional y política en la que estamos, es su principal síntoma. Si queremos revertir las causas, los bancos y las grandes empresas habrán de aportar mucho más porque habrá que repartir más y mejor. La pornografía financiera de bonus, sueldos disparatados, contratos blindados, pensiones inmorales, fortunas estratosféricas y ostentación yuppie en un entorno de salarios bajos y contratos cutres, tenía y tiene un coste. Parece increíble que creyéramos que no sería así.

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