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Fernando Pérez: “En Cuba, a diferencia de en otros países, la cultura no se ha contaminado"

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Fernando Pérez (Guanabacoa, 1942) sabe qué esperar de la vida. Ya son más de 40 años de cine y sus películas son el ojo clínico de Cuba; nadie ha retratado el espíritu de la isla como él. Fernando vive en La Habana, una ciudad que ama, y es rara la ocasión en que no se le escapa hablar de ella como si fuera un órgano vital dentro de su cuerpo, como un pulmón o como el estómago. “La Habana es una ciudad azul”, dice, y mira lejos. “La Habana es la sorpresa, es la contradicción. He llegado a un estado en que yo me siento cubano, pero sobre todo habanero. El otro día estaba en Villaclara, otra ciudad de Cuba, y sentía que estaba raro. Y cuando llegué a La Habana me di cuenta de que me faltaba el mar. Allá la mayoría de las calles terminan en el malecón”.

En Últimos días en La Habana, su última película –galardonada con el Biznaga de Oro en el Festival de Málaga-, Fernando cuenta la historia de dos amigos con destinos aparentemente distanciados. Diego es un enfermo de Sida que cuenta sus horas finales postrado en una cama. Miguel cuida de él y trabaja lavando platos en un bar, juntando el dinero necesario para marcharse de Cuba y comenzar una vida nueva en Estados Unidos. Y, entre medias, siempre está la ciudad, o al menos parte de ella. “Si tuviera que decirte qué es La Habana, te diría que es los habaneros”, continúa el cineasta, con la voz encendida. “No es el espacio, sino esa gente llena de energía y con esa manera de ser”.

Fernando Pérez: “En Cuba, a diferencia de en otros países, la cultura no se ha contaminado" 1
Fotograma de ‘Últimas días en La Habana’, de Fernando Pérez. | Foto: Wanda Vision

Fernando viste con elegancia una americana marrón. Su piel es blanca a ojos de los caribeños, y las manchas en la piel se revelan como heridas de guerra de quien ha pasado toda una vida bajo el sol calcinante de La Habana, adonde llegó siendo un adolescente. “Yo nací en Guanabacoa, un pueblo separado de La Habana por una bahía, y para mí cruzar aquello era como viajar a otro país. Recuerdo la primera vez que viajé solo, yo tenía 12 ó 13 años. Tomé una lanchita y crucé la bahía. Recuerdo recorrer las calles de La Habana, esplendorosas, y ver las marquesinas de los cines. Para mí eso fue una emoción tremenda, fue un descubrimiento”.

“Cuando triunfa la Revolución, en 1959, se crea un instituto de cine. Yo me dije que tenía que entrar ahí”

La infancia de Fernando transcurrió sin comodidades. Creció en una familia con pocos recursos; su papá era cartero y su mamá, ama de casa. En cuanto tuvo la oportunidad comenzó a trabajar para ayudar a la economía familiar y no estudió más que la enseñanza media, sin alcanzar el preuniversitario. Pero en aquel momento, confiesa, sabía con seguridad que su vocación era el cine. “Yo era y sigo siendo curioso”, dice. “Con 14 ó 15 años veía una película y me ponía a escribir, aspiraba a ser crítico de cine. Cuando triunfa la Revolución, en 1959, se crea un instituto de cine. Yo me dije que tenía que entrar ahí”. Para ello estudió con esfuerzo y se presentó a un examen de ingreso que logró aprobar. Tenía 16 años. Fue su primera incursión en ese mundo, donde comenzó como mensajero de una película, como Jack Nicholson, y terminó por construir una carrera exitosa. Entre medias se licenció en Lengua y Literatura Hispánica. Le digo que fue un recorrido largo, y él sonríe: “Esto lo dijo Freud cuando le pidieron el epitafio que quería para su tumba: ‘He sido un hombre feliz; nada en la vida me fue fácil’”.

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Fidel Castro, firmando la reforma agraria de junio del 59. | Foto: RB/AP Photo

Por el tiempo en que nació, a Fernando le tocó vivir el auge de la Revolución cubana, uno de los episodios más destacados del siglo XX. Pero no el único: el mundo entero vivía en estado de agitación. “Yo viví ese cambio”, dice, moviendo mucho las manos. “Todo empezó a transformarse, otro mundo era posible. La Revolución en Cuba. Los hippies en Estados Unidos. Las revueltas del 68. Bob Dylan. Los pelos largos. El mundo caminaba hacia una ilusión utópica”. Aquella gran ola, sin embargo, fue retrocediendo y arrastró con ella todas las aspiraciones. Fernando es un veterano, a sus 72 años, pero el paso del tiempo no lo ha convertido en un nostálgico. Él es resuelto y optimista y piensa justo lo contrario, que de todo aquello queda una esencia, que no todo fueron batallas perdidas. “Todo ese espíritu, toda la energía de esas ideas es eterna y mantiene el significado. La historia es espiral, no va en línea recta”.

“Se alfabetizó al pueblo cubano. Los campesinos leían y escribían. Pero después comenzaron a venir los problemas”

La historia de Cuba está irremediablemente ligada a Fidel Castro, el líder de aquella Revolución. Castro fue un hombre culto e inteligente, pero asertivo ante la crítica, inclemente ante los opositores. En este contexto, la convivencia entre la cultura y el régimen debió ser compleja, peligrosa solo para una de las partes. “Los años 60 fueron como un remolino, se produjo una eclosión de la creatividad”, cuenta Fernando. “Se alfabetizó al pueblo cubano. Los campesinos leían y escribían. Pero después comenzaron a venir los problemas. La sociedad comenzó a institucionalizarse y los problemas políticos no podían negarse; pretendían reducir la cultura a un mensaje político”. Pese a ello, el cineasta encuentra un punto positivo en una herencia de la Revolución: “En Cuba, a diferencia de en otros países, la cultura no se ha contaminado, no se ha convertido en un negocio. Aunque ya comienza a serlo…”.

Cuando murió Fidel Castro, el mundo quedó congelado por unas horas, pero Cuba permaneció así por diez días. Este fue el tiempo que la isla se mantuvo de luto por la muerte del dictador. Aquella noticia no fue una sorpresa para Fernando: “Yo estaba fuera de Cuba en una actividad pública. Uno de los organizadores se acercó y me dijo: ‘Se murió Fidel’. Yo le respondí: ‘Ah’. Era una pérdida esperada, ya llevaba dos o tres años fuera. El pueblo cubano se fue preparando para el momento. Cuando volví, se celebraban los funerales y había mucho respeto. Pero claro, declararon diez días de luto…”. Fernando hace una pausa y no puede contener la risa: “Al noveno día la gente ya estaba como ‘Oye, lo sufrimos, pero ya está bien…’. Fidel causó pena, pero ya pasó”.

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Una procesión transportó las cenizas de Fidel Castro por varias ciudades cubanas durante cuatro días. | Foto: Desmond Boylan/AP Photo

Fernando, que reconoce expresarse mejor con imágenes que con palabras, se define como un escritor lento aunque apasionado. Dice tener una película en mente, que la tiene clara en la cabeza, aun a falta de ponerle un poco de orden. “Es una historia coral en tres o cuatro capítulos”, explica, midiendo las palabras. “Empieza en el año 61, en Cuba, con la campaña de alfabetización, y aquí presento a unos personajes. Luego viene otro capitulo en los 70, donde estos personajes son hombres maduros, aquellos niñitos empiezan a ser protagonistas. El último capítulo termina en el hoy, cuando ya son ancianitos. Esa película contará lo que yo he vivido, con historias mías y otras que he oído”.

“Hay muchas montañas que he subido y otras que no he alcanzado. Se trata de buscar el sentido”

La estancia de Fernando en España ya se ha alargado por seis semanas. La Casa de América le trajo a Madrid, lejos del mar azul de la Habana, y todavía pasará un tiempo hasta que regrese a la isla, pues visitará a su hija en Valencia. Fernando se mantiene joven, no ha perdido la curiosidad, no le importa salir de casa. Es un acto de rebeldía mantener esta actitud a pesar de los golpes y del tiempo: “A mis 72 años, yo sé hacer cine, tengo una profesión, sé dónde poner una cámara. Pero eso no es lo que a mí me interesa. Yo quiero plantearme en cada película algo que nunca haya hecho antes y ver si lo logro. Si la montaña es muy alta, comienzo a subirla. Sé que igual no llego. Hay muchas montañas que he subido y otras que no he alcanzado. Se trata de buscar el sentido. Por eso me gusta rodearme de gente joven. Porque siempre te desafía, porque siempre te niega cosas. En este sentido, el cine es una búsqueda. Y esto lo decía mejor Almodóvar: ‘Existe una gramática del lenguaje cinematográfico y, por supuesto, uno lo aprende y se puede hacer una película. Pero siempre va a faltar algo, y ese algo eres tú mismo’”.

Continua leyendo: Ander Izagirre: “No tengo una idea demasiado elevada de mi trabajo”

Ander Izagirre: “No tengo una idea demasiado elevada de mi trabajo”

Jorge Raya Pons

Cada libro de Ander Izagirre es como un respiro: Ander es uno de los últimos románticos del oficio y su voz sirve como luz que guía a los periodistas que vienen. Ander es un hombre humilde que no alardea, que no presume, que ejemplifica el significado de sencillez y que mide cada palabra que emplea. Pero esto lo iremos descubriendo. Porque cuando Ander habla, lo hace con mesura, sereno, aunque poco a poco se suelta, bromea, se confiesa. Su trabajo como periodista es meritorio y valioso, encarna el periodismo de siempre, el que se pierde, el que requiere tiempo y valor y paciencia y un determinado sentido de la responsabilidad que solo se comprende desde la perspectiva del que asume el periodismo como un propósito, como algo más.

Acaba de llegar a las librerías Potosí (Libros del K.O.), un libro que es un reportaje y una novela y que nos abre un mundo minero violento, supersticioso, injusto, donde la explotación y la miseria lo impregnan todo, donde el protagonista es un Cerro Rico que es un infierno en la Tierra.

“Muchas veces los periodistas vemos lo que queremos ver”, me dice Ander. “Yo viajé por primera vez a Bolivia hace siete años para contar el trabajo infantil en las minas. Conocía la situación y fui a buscar una historia. Pero decidí estar un tiempo en el sitio y eso me permitió conocer a más gente, y entonces comenzaron a aflorar otras historias”.

Un minero boliviano traslada minerales en la mina del Rosario, en Potosi. (Foto: David Mercado/Reuters)
Un minero boliviano traslada minerales en la mina del Rosario, en Potosi. (Foto: David Mercado/Reuters)

Ander quería explicar qué tipo de mundo conduce a una niña como Alicia, de doce años, a verse obligada a trabajar en una mina en peligro de derrumbe constante, sin seguridad laboral, cobrando un sueldo de miseria, sin cobrarlo, rompiéndose la espalda y renunciando a cualquier futuro. O cómo viven y mueren los tipos sin nombre en las minas, en accidentes o por enfermedades como la silicosis, que a duras penas les permite cumplir los 30 años, descabezando a las familias y dejándolas a merced de los explotadores.

Azarosamente, el cronista encontró otro mundo paralelo que no es noticia, que es ignorado, que las mujeres sufren en silencio y que los niños pronto entienden. Un machismo y una vileza que está profundamente arraigado en el espíritu minero:

“Las noticias eran los derrumbes en la mina, los problemas laborales, pero nunca las palizas, las violaciones incluso dentro de las familias. Eran casos horribles. Yo me metí en un universo minero con unas características bien conocidas: los mineros como héroes, como protagonistas de la lucha política, como huelguistas que acaban con dictaduras, como personajes admirados. Pero me di cuenta de que ese papel de minero duro tiene otra cara. Es alguien que sufre el infierno y que luego se lo hace pasar a otro, al más débil. Ese minero explotado se convierte en explotador y lo paga con el último, que suele ser una mujer o un crío. De esto me di cuenta en el segundo viaje”.

“Alicia es la demostración evidente de que hay lugar para la esperanza”

Ander, con todo, también se esfuerza por mostrar la cara luminosa, el lado amable de ese mundo: si bien hay miseria moral y económica, existen motivos para creer en que nada es para siempre, que hay vida más allá de Potosí, que algunos lo lograrán:

“Alicia es esa demostración evidente de la brutalidad de un sistema, pero también que hay lugar para la esperanza. A mí me asombraba la lucidez y la conciencia política de esta niña, que se organizaba con otras en asambleas de menores trabajadores y que fue hasta el Congreso en La Paz para leerle una carta al presidente, Evo Morales. Es una persona especial, capaz de imaginar una vida distinta. Las madres y los mineros ya están resignados a esa realidad que les ha tocado vivir. Pero esta niña es la que se dice que va a estudiar para conseguir otro trabajo y salir de allí”.

Varias familias mineras del Potosí, reposando. (Foto: David Mercado/Reuters)
Varias familias mineras del Potosí, reposando. (Foto: David Mercado/Reuters)

La infancia de Ander no tuvo nada que ver con la de Alicia. Él nació en San Sebastián en 1976, en un lugar y en un tiempo donde todo volvía a ser nuevo; no era San Francisco en los años sesenta pero sí una ciudad que se abría al mundo. Ander adora Donostia y no la ha abandonado nunca. “Yo soy consciente de mi fortuna, más después de viajar por el mundo y ver sociedades tan distintas”, me dice. “He tenido suerte porque podría haber nacido en Berlín en los años 30 o en Níger en cualquier época”. Pero Ander creció en una casa feliz donde la lectura y el ciclismo compartían pasión y espacio.

­“Yo competí en ciclismo hasta los 20 años, el ciclismo me apasiona. Yo creo que de adulto no te puedes enganchar a algo con ese entusiasmo. Cuando me recuerdo de pequeño, me veo leyendo cómics y novelas de Julio Verne. Era la épica que me nutría, las historias que me flipaban. Pero el ciclismo estaba en esa misma categoría, aunque con la ventaja de que yo salía a la calle y Cabestany podía firmarme un autógrafo. Cabestany era mi ídolo, como el capitán Nemo [protagonista de 20.000 leguas de viaje submarino, de Verne], solo que el capitán no me podía firmar autógrafos”.

Fue un niño muy curioso. Resulta significativo ese afán de coger la bicicleta y marcharse, de viajar, de descubrir, de dejar la mente en blanco y mirar nada más que la carretera y la montaña, sentir los golpes de pedal como las pulsaciones o como respirar: como algo en lo que uno no repara, pero que te mantiene vivo. Luego fue viajando más y más lejos, hasta Bolivia, hasta Groenlandia, de continente en continente, y sin darse cuenta había encontrado aquello que le hacía feliz.

Portada del último libro de Ander Izagirre. (Fuente: Libros del K.O.)
Portada del último libro de Ander Izagirre. (Fuente: Libros del K.O.)

“Las historias de aventuras que me gustaban de pequeño fueron un primer sustrato, pero luego pude conocer a gente viajera”, ahora habla despacio, como recordando cada momento. “Nada más acabar la carrera me fui en un viaje al punto más bajo de cada continente, aquello fue para mí como un máster. Una vuelta al mundo de la mano de Josu Iztueta, que es un viajero de Tolosa. Para mí eso fue un filón: ahí descubrí cuánto me gustaba viajar, cuánto me gustaba contar historias. Me interesa la variedad de modos de vida que hay en el planeta. ¿Cómo vivirán en Groenlandia?, ¿cómo vivirán en el país más caluroso del mundo? Ahora puedo decir que he estado en esos sitios”.

Pero a veces, le digo, debe ser difícil para uno pasar tanto tiempo fuera, que a uno lo comprenda la familia, los amigos, la pareja. Ander se sorprende: “Tampoco viajo tanto, lo que pasa es que cunde mucho”. Y luego ríe. “Está claro que al principio tu entorno quiere que tengas un trabajo en el periódico de tu ciudad. Es normal. Pero de muy joven empecé a viajar y mi vida es muy sencilla: no tengo hijos, no tengo casa en propiedad, no tengo coche. Necesito poco. Como escribo tanto parece que esté todo el día fuera, pero la realidad es que el 80% de mi tiempo es estar delante del ordenador, en casa. Mi trabajo es de oficinista y de vez en cuando salgo a buscar historias”.

Este trabajo le ha valido numerosos premios en algo menos de veinte años de trayectoria, y me dispongo a enumerar solo unos pocos: el Premio Rikardo Arregi en 2001 al mejor trabajo periodístico del año en euskera por sus crónicas sobre el viaje alrededor del mundo; el Premio Marca de literatura deportiva 2005 por el libro Plomo en los bolsillos, con historias no tan conocidas del Tour de Francia; el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid de 2010 por el reportaje Mineritos, semilla de Potosí, y que también mereció el Premio Manos Unidas de ese mismo año; o el prestigioso Premio Europeo de Prensa en 2015 por el reportaje Así se fabrican guerrilleros muertos.

Los enumero no tanto por mostrar sus logros como para enlazar con una cuestión puntiaguda y que afecta a esta profesión: el imperio del ego. Porque Ander, aun siendo uno de los grandes cronistas en castellano, parece generar anticuerpos contra la vanidad:

Yo soy muy inseguro de mi trabajo. Los reportajes son más fáciles de manejar, piensas que han salido más o menos bien, puedes sentirte orgulloso de tu trabajo. Pero yo tengo la impresión de que nunca termino de rematar bien las cosas. Tendrá que ver con el carácter –en este momento duda, crea un silencio–. No tengo una idea demasiado elevada de mi trabajo. Uno debe asumir que es imperfecto. Sé que he hecho algunas cosas bien y que hay gente que quiere publicar mis libros. Pero hay muchos periodistas haciendo cosas más valiosas, y esto te lo digo de corazón”.

“Siempre tengo la sensación de haber desperdiciado la oportunidad de contar una buena historia”

Hace dos años, Ander llevó los fragmentos todavía inconexos de Potosí a los talleres de escritura que organiza la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), impulsada por Gabriel García Márquez en 1995, que cuida y premia el periodismo narrativo –o, mejor dicho, el periodismo de calidad–. Compartió horas con otros escritores latinoamericanos para retroalimentarse, para mejorar sus obras, todo el rato ante la mirada atenta del maestro Martín Caparrós, lo cual es un privilegio:

“Fui hace dos años con este libro a medias. Para los que somos escritores solitarios se aprecia esa mirada externa. Yo, por ejemplo, siempre tengo la sensación de haber desperdiciado la oportunidad de contar una buena historia. Pero uno debe asumir que es imperfecto. Ese taller fue muy útil: le di varias vueltas al libro que no le hubiera dado de lo contrario. Este año también fui, pero como ayudante de Caparrós, tomando notas y escribiendo los informes”.

Ander espera poco –o mucho– de la vida; solo seguir viajando, seguir escribiendo, seguir conociendo. Llegado el momento, le pregunto cómo se imagina en 30 años, cómo le gustaría ser recordado. Pero son cuestiones que no le preocupan; Ander persigue otras metas:

“Yo solo espero llegar a los 70 con buena salud, la curiosidad despierta y contando historias. Mi esperanza es seguir haciendo lo mismo que ahora. Quizá con 70 no pueda ir a un campamento en Pakistán, pero sí hacer otras cosas. En cuanto a la trascendencia, lo que me importa es la gente que me rodea: mi familia, mis amigos y mi novia. El resto del mundo, si aprecia mi trabajo, bien. Pero si se olvida de mí, no me importa. Yo soy feliz así”.

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El nuevo Spiderman es un adolescente millennial

Nerea Dolara

Foto: IMDB
IMDB

La película que vuelve a presentar a Peter Parker, se acerca al público adolescente con un protagonista coetáneo. Es una renovación del universo de los héroes.

En sus primeras dos semanas Spiderman ha recaudado más de 200 millones de dólares sólo en Estados Unidos. El hombre araña ha tenido tres iteraciones distintas en menos de 15 años, la última vez que otro actor lo interpretó fue hace menos de cinco. Pero es esta, la de Tom Holland, la que lo incluye en el Universo Cinematográfico de Marvel (un trato con Sony que les permite acceso al personaje), la que parece estar haciendo más mella. No, no es que las anteriores no hubiesen tenido éxito. Lo tuvieron (nunca contar la tercera entrega con Tobey Maguire, un horror) pero Holland llega a refrescar a un personaje que la insistencia de los estudios por revivir una y otra vez había convertido en aburrido.

La razón de esa insistencia es que antes de que Marvel decidiera hacer sus propias películas otros estudios habían adquirido los derechos de sus personajes (de ahí la existencia de los X-Men fuera del universo o los intentos frustrados con Los cuatro fantásticos). Sony tenía en sus manos a Spidey y no quería soltarlo con facilidad. Así que lo rebooteo dos veces en menos de 10 años, con actores diferentes y volviendo a su historia de origen (¿a alguien se le podrá olvidar jamás que le picó una araña radioactiva? No. De la misma forma que nadie podrá nunca olvidar haber visto cuatro veces en la historia reciente a Batman caer en un pozo lleno de murciélagos).

Marvel, que tras años logró negociar una custodia conjunta con Sony, lo presentó con poco bombo en Capitán América: Civil War, para luego colaborar con su propia aventura, esta nueva entrega que se ha ganado a la crítica y al público.

El nuevo Spiderman es un adolescente millennial 2
Tom Holland | Photo via hdqwalls.com

Parte del encanto de la película es que Holland interpreta a un Peter Parker de 15 años, aún estudiante de bachillerato, que realmente tiene un rango inferior a los otros vengadores. Y eso no es malo. Holland es un Peter millennial, que se emociona con el vídeo que lleva en el móvil de cuando participó en la pelea entre vengadores como lo haría cualquier jovencito, que le habla a un público más joven y que le responde a la tendencia a lo oscuro en el mundo superhéroe (sí, es contigo universo de DC… obviando la excelente Wonder Woman) con una puñeta repleta de humor, vida y una historia de alcance más reducido, que confía en el encanto de un joven actor para contar una historia en la que no, no toda la galaxia y la humanidad van a desaparecer (ya para eso tienen otras películas).

“Este hombre araña se presenta como un respiro en unos cines llenos de batallas gigantes por la supervivencia de nuestra especie, y de todas las especies, en todas las galaxias.”

Y no sólo se trata de que Holland sea un verdadero millennial en que el público joven se ve representado. Zendaya, artista pop con 8 millones de seguidores en Twitter, aparece también en la película. Y el director le pidió a su protagonista que mirase cine y series para adolescentes (los de la suya, eso sí) como las cintas de John Hughes o Freaks & Geeks (uno de los guionistas es el ex actor de la serie, John Francis Daley) para inspirarse para su personaje. La idea era construir a un Spidey cercano y humano, hacerlo terrenal ante la grandiosas de otros personajes que están comenzando a tener problemas por su uso excesivo de la fuerza (aunque sea para salvar al planeta).

Este hombre araña se alimenta del espíritu joven y jovial de sus dos predecesores, pero además se presenta como un respiro en unos cines llenos de batallas gigantes por la supervivencia de nuestra especie, y de todas las especies, en todas las galaxias… Holland es un buen ejemplo de un camino que el cine de superhéroes comienza a recorrer, diversificando su universo y dando paso a nuevas generaciones de héroes con otro tipo de aventuras. No se olvide que Tony Stark, Capitán América o Thor, ya ni mencionar al envejecido Logan o al barbudo Bruce Wayne interpretado por Ben Affleck, llevan años en esto… y el tiempo no será tan generoso con los actores (que tienen contratos de varios años) como lo sería con sus alter egos.

Así que tienen a Spiderman, un adolescente sobrado y tímido (sí, tiene emociones encontradas e intensas como cualquier miembro de su quinta), con smartphone y redes sociales. Es el nuevo héroe millennial y tras él, muy probablemente, vengan muchos más.

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Vivir como un personaje de Star Wars en el nuevo hotel de Disney

Redacción TO

Los fanáticos de Star Wars están de enhorabuena, y es que alojarse en una nave espacial de la saga cinematográfica y disfrutar de atracciones que recrean parte de los escenarios de las películas será posible en 2019, gracias a Disney. Bob Chapek, director de resorts de la compañía, ha anunciado esta semana, con motivo de la D23 Expo – un evento en el que la compañía explica sus próximos proyectos – que construirá un hotel en Walt Disney World, Orlando (Estados Unidos) en el que los huéspedes participarán en una aventura inmersiva personalizada única. Todo ello forma parte de la ampliación, Star Wars: Galaxy’s Edge, que la compañía llevará a cabo en sus parques de Disneyland en Anaheim, California, y Walt Disney World en Orlando, Florida.

“Es diferente a todo lo que existe hoy”, ha asegurado Chapek. Desde el momento en el que los huéspedes lleguen al hotel, se les otorgará un rol activo en la aventura y un vestuario al más puro estilo Skywalker.

Así será el hotel de Star Wars de Disney 1
Recreación de la experiencia inmersiva que ofrecerá Disney | Foto: Walt Disney Park and Resorts

El hotel se basará en una nave espacial de la famosa saga cinematográfica y los huéspedes podrán ver el “espacio exterior” desde sus ventanas, gracias a unas pantallas colocadas para tal fin. Las habitaciones estarán configuradas en función del rol que se haya elegido al llegar (Jedi, miembros de la Primera Orden, de la Resistencia, androides…).

Durante la estancia en el hotel intergaláctico será común cruzarse con extraterrestres o cualquier personaje conocido de Star Wars, ya que los empleados también irán uniformados con los trajes de la película.

Así será el hotel de Star Wars de Disney 2
Cruzarse con seres de otras galaxias por los pasillos del hotel, será algo común | Foto: Walt Disney Park and Resorts

Star Wars: Galaxy’s Edge

Star Wars: Galaxy’s Edge será el nombre de la nueva sección que llegará a los parques Disneyland en Anaheim, California, y Walt Disney World en Orlando, Florida. Esta expansión, será la más grande en la historia de los parques de la compañía, ya que contará con una extensión de 5,7 hectáreas. Hasta 2019, que será cuando esté operativa, Cars Land, el área dedicada a la película Cars, seguirá siendo la más grande, con 4,9 hectáreas.

La experiencia central de esta nueva área de Star Wars se basará en dos atracciones principales en las que los visitantes podrán pilotar el archiconocido Halcón Milenario y participar en una batalla entre la Primera Orden y la Resistencia a bordo de un destructor espacial.

Convertirse en Jedi

Si alguna vez has soñado con ser Jedi, estás de suerte. Disney ha anunciado que además de construir la nueva sección en sus parques, también desarrollará un juego de realidad aumentada para smartphones, en colaboración con Lenovo, que permitirá convertirse en un auténtico JediJedi Challenges, que aún no tiene fecha de salida, se basará en un casco de realidad aumentada y se complementará con una empuñadura de un sable de luz

Cuando Star Wars: Galaxy’s Edge abra sus puertas, es probable que cuente con una atracción de este tipo.

Continua leyendo: Rubén Blades se despide de Madrid con dos horas y media de música y anécdotas

Rubén Blades se despide de Madrid con dos horas y media de música y anécdotas

Ana Laya

Foto: Noches del Botánico

Rubén Blades no hará más giras de salsa. El cantante que acaba de cumplir 69 años (el 16 de julio) y quien ha destacado en el mundo entero tanto por la maestría de su música y de sus letras provocadoras y poéticas, como por su compromiso y activismo político, sobre todo en su natal Panamá y en Latinoamérica en general, anuncia que Caminando, adiós y gracias, será su última gira, y se despide de España en los escenarios de Vitoria, Madrid, Barcelona y Canarias.

El concierto en Madrid, en el marco de las Noches del Botánico, junto a la Big Band de 16 miembros encabezada por Roberto Delgado con quienes grabó su último disco, fueron dos horas y media enérgicas de música y baile, como era de esperar, pero también de anécdotas, recuerdos y homenajes.

Rubén Blades se despide de Madrid con dos horas y media de música y anécdotas 3
Con Coque Malla y Jorge Drexler. | Foto: Noches del Botánico.

“Nacimos de muchas madres, pero aquí solo hay hermanos… “

Comienza la noche y la promesa de despedirse como se debe, todos bailando, todos felices. Cuatro canciones (Las calles, Pablo Pueblo, La canción del cazanguero y Arayué) y cuatro anécdotas más tarde, el público confirmaba que Rubén Blades no venía solo a cantar, venía a conversar con los más de 3.000 amigos presentes, a “echar cuentos”, a confesar motivos, nostalgias, dudas y esperanzas.

Ojos de perro azul fue el quinto tema de la noche, adaptado de un cuento de García Márquez que en la época fue recibido con malas críticas: “Me pegaron los salseros porque no era salsero, y los intelectuales porque había destruido los cuentos cortos de García Marquez”. “Yo no quería hacer adaptaciones de los cuentos cortos de Gabo”, sigue Blades, “yo quería interpretarlos, y eso fue lo que a él le interesó, y por eso el disco nos gustó a los dos y por eso esas eran las únicas dos copias que se vendieron.”

Lleno total y dos horas y media de música y anécdotas para la despedida de Rubén Blades en Madrid 6
Rubén le dedica este tema a Venezuela. | Foto: The Objective.

Entramos en calor, la gente que está de pie ha dejado ya de moverse tan tímidamente y le va soltando más la rienda a las caderas, cuando para empezar el quinto tema Blades dice: “A Venezuela”, comienza Prohibido olvidar y el Botánico complutense estalla.

“Prohibido esperar respuestas. Prohibida la voluntad. Prohibidas las discusiones. Prohibida la realidad. Prohibida la libre prensa y prohibido el opinar. Prohibieron la inteligencia con un decreto especial. Si tú no usas la cabeza, otro por ti la va a usar. ¡Prohibido olvidar!” La vigencia y la universalidad de la letra es emocionante y triste. Pero hey, ¡a secarse las lágrimas que la fiesta sigue!

Rubén Blades se despide de Madrid con dos horas y media de música y anécdotas 7
Cae la noche en el Botánico complutense. | Foto: Noches del Botánico.

Cuentas del almaApóyate en mi alma un bolero de Santos Colón y Juan Pachanga, el segundo tema que grabó con las estrellas de Fania, precedieron al clásico de 1981 Ligia Elena, canción que Blades dedica a las víctimas del racismo. A la cándida niña de la sociedad le sigue una adaptación del vals del poeta peruano César Miró “que en español se titula Todos vuelven, y en inglés se titula… Todos vuelven.”

El poeta de la salsa ha decidido pasearse por toda América Latina rindiendo homenaje a sus artistas e intelectuales, desde Ray Barreto y Tito Puente a los dos Carlos, Fuentes y Monsiváis. Y ahora llega el turno, cómo no, del gran Héctor Lavoe. “La muerte comienza solo por el olvido, así que mientras recordemos a Héctor, Héctor sigue vivo”. Vamos cantante comienza. La versión de Blades es sublime y los metales de la banda se lucen.

“Como en una novela de Kafka…”

Entre las muchas cosas que probablemente los asistentes desconocían era la influencia de Mack the Knife de Bobby Darin en la creación de Pedro Navaja. Blades, tan didáctico como casual nos abre la puerta una vez más a su proceso. ‘La ópera de los vagabundos’ y ‘La ópera de los 3 centavos’, cuenta, le ayudaron a crear a Pedro y el arreglo de Darin le dio su estructura progresiva. Acto seguido la big band se lanza a interpretar su versión de Mack the Knife, a la que seguiría un Pedro Navaja épico que mezcló nuevos arreglos con ese sonido emblemático de los 70 -casi se podía distinguir a la aguja rayando el vinilo- y hasta un toque de Michael Jackson (minuto 5’20” en el vídeo).

Despuéd de Pedro Navaja probablemente todo el mundo podría haberse ido a casa feliz, con la seguridad de haber visto uno de los mejores conciertos de salsa de su vida, pero la noche estaba lejos de acabarse y siguieron clásicos como Plástico, Buscando América, Sin tu cariño y Maestra vida, esa obra maestra que escribió cuando tenía apenas 32 años y que como dijo, ahora a los 69, la canta y la siente distinta.

La ecléctica y espectacular selección de esta especial noche en la que se entrelazaron música e historias, terminaría con Patria, un regalo de todos los panameños “para todo Madrid y todos los que están aquí”. Dos horas y media más tarde nadie está cansado, nadie quiere dejar de bailar. Ojalá fueran así todas las despedidas. Quedan tres fechas y tres escenarios para ver a Rubén Blades, hoy 19 en Barcelona, el 21 en Santa Cruz de Tenerife y el 22 en Las Palmas de Gran Canaria. Si aún no se deciden recuerden que aunque todo es pasajero -y tal vez esta despedida también lo sea-  estas son dos horas y media que definitivamente valen la pena.

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