Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Francia: una elección y 5 candidatos

Karem Pirela

Foto: CHRISTIAN HARTMANN
Reuters

Abril de 2017 se encuentra con una Francia convulsionada por el terrorismo que ha decidido instalar abiertamente sus amenazas desde enero del 2015 con el ataque al semanario Charlie Hebdo, y que luego del atentado de ayer demuestra que no tiene planes de acabar pronto. Con las elecciones presidenciales en ciernes, el panorama es un tanto incierto para la mayoría de los franceses, sobre todo cuando los candidatos son catalogados de extremistas o tibios, unos enfrentan investigaciones por posibles casos de desvío de fondos y otros desean crear alianzas con la revolución bolivariana en América Latina.

Las elecciones galas cuentan con dos vueltas: la primera se celebra este domingo 23 de abril con la participarán 11 candidatos distribuidos entre la izquierda, la derecha y el centro; la segunda vuelta, el 7 de mayo, enfrentará a los dos que hayan recibido más votos, ya que se descarta que alguno de los presidenciables logre la mayoría absoluta (más de la mitad) de los votos emitidos necesaria para evitar esa segunda vuelta. Durante semanas se han realizando encuestas que han situado como ganadores a casi todos los candidatos, pero hay una persona que siempre aparece entre los vencedores de la primera vuelta, la candidata del partido de extrema derecha, Frente Nacional (FN), Marine Le Pen, y una de las principales propulsoras de Frexit, la salida de Francia de la Unión Europea.

Una elección y 5 candidatos 4
Manifestaciones en contra de la campaña de Marine LePen este 19 de abril en las calles de Paris. | Foto: Philippe Laurenson / Reuters.

Desde los años 80 el Frente Nacional ha sido parte de la vida política del país y ha intentado ubicarse como el favorito de las clases media y alta; con la caída del muro de Berlín y la desaparición de los regímenes comunistas en Europa el discurso cambió, el partido dio un giro para orientar su búsqueda de adeptos entre la clase obrera y los desempleados, un objetivo que han logrado alcanzar con un esfuerzo constante que en los últimos 40 años le ha ganado un 40% de apoyo entre los electores, según explica el sociólogo y profesor de la Universidad Sorbonne París 3, Frederic Farah.

Una elección y 5 candidatos 3
Foto: Karem Pirela / The Objective.

En el lado contrario está el candidato de la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, quien no solo propone abandonar los tratados realizados con Europa conducidos por lo que él denomina en su programa de gobierno “obsesiones ideológicas” de la UE y Alemania, sino que a través de su programa “la Francia insumisa” llama a recuperar la soberanía del país y a crear la sexta república, gracias a un cambio de Constitución que aboliría la monarquía presidencial y otorgaría nuevamente el poder al pueblo; propone también realizar la transición ecológica, cambiar los métodos de producción y acabar con el uso de la energía nuclear, todo esto de la mano de una revolución ciudadana, donde todos y cada uno de los franceses y extranjeros que habitan en el país deberán trabajar en pro de este cambio.

Un poco menos a la izquierda, pero sin acercarse al centro está Benoît Hamon, candidato del partido socialista, a quien la suerte no lo acompaña en las encuestas, incluso en la región de Bretaña – de donde es oriundo – no cuenta con una gran popularidad. El diario francés de izquierda, Libération, afirma que Hamon se convirtió en el candidato de los socialistas gracias al apoyo que le prestaron las zonas aledañas a París (banlieu), pero durante su campaña los dejó un poco de lado, lo que consideran ha impactado negativamente en su popularidad, colocándolo en el quinto lugar. Quizá Hamon no sea quien logre hacer latir el corazón de Francia.

Una elección y 5 candidatos 1
Foto: Karem Pirela / The Objective.

Uno de los candidatos más polémicos ha sido el representante de Los Republicanos (derecha), François Fillon, quien desde el 24 de febrero se enfrenta al sistema judicial por la investigación de puestos de trabajo ficticios en los que se supone estaban contratados su esposa, Penélope, y sus dos hijos. En cuanto se hizo pública esta información en el 2016 el candidato expresó que se retiraría de la contienda electoral si era formalmente investigado, pues no se consideraría moralmente capaz de dirigir al país; llegado el momento en el que la imputación se formalizó, Fillon no se retiró, lo mismo ocurrió con el apoyo de los adeptos de la derecha.

Una elección y 5 candidatos 2
Macron: “el heredero”. | Foto: Karem Pirela / The Objective.

El candidato más joven es Emmanuel Macron (39), ex ministro de Economía de François Hollande entre el 2014 y el 2016; creó su propio movimiento En marcha! y su programa de gobierno mezcla ideas consideradas de izquierda y otras de derecha, pero él prefiere no ser llamado “centrista”; por eso sus contendientes con frecuencia afirman que Macron siempre está de acuerdo con todo. Su programa está a favor de la apertura de Francia y la implantación de nuevas ideas a través de una nueva generación. Sus detractores comparan sus promesas electorales con las realizadas por Hollande para las elecciones del 2012.

En los últimos días los sondeos están aún más cerrados, Ipsos coloca en los primeros puestos a Marine Le Pen, Emmanuel Macron y Jean-Luc Mélenchon.  A pocas horas de que comiencen las elecciones son muchas las dudas por parte de los ciudadanos, mientras los candidatos que han suspendido las campañas en vista del atentado del jueves 20 de abril, verán si las últimas estrategias que les habrán permitido captar la atención de ese 44% que aún no está convencido de ir a votar este 23 de abril. Las principales ciudades de Francia han sido protagonistas de grandes encuentros con los electores y se han sumado recorridos más íntimos para estar en contacto directo con la gente, pero no será sino hasta este domingo cuando los franceses se encuentren frente a las papeletas y el destino de Francia – y quizá el de la Unión Europea – empiece a ser redefinido.

Continúa leyendo: Rajoy, Trump y Cataluña de fondo

Rajoy, Trump y Cataluña de fondo

David Blazquez

Cataluña arde. Y Rajoy busca bomberos. Los ha encontrado en Bruselas y en otras capitales, y ahora cruza el Atlántico a traerse bajo el brazo un titular, una palmadita en la espalda, un “Mariano, Make Spain great again”. La reunión con el presidente estadounidense –lo saben los adláteres de Dastis y las gentes de Moncloa–, sin embargo, es de alto riesgo. Las cosas en esta Casa Blanca no funcionan de manera tan linear como antaño.

Las relaciones entre España y EEUU se concentran desde hace años en torno a dos temas fundamentales: las relaciones comerciales y los asuntos de defensa. Con el acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) sepultado, es previsible que Rajoy no le dedique un minuto a un tema que, por otra parte, se decide mayormente desde Bruselas. España es, sin embargo, esencial para la estrategia militar de EEUU. Y es ahí donde Rajoy podría enseñar las cartas de Rota y Morón de la Frontera. La Base Naval de Rota es la base más importante de EEUU en Europa. Con casi 3.000 militares destinados en la zona es, además, base del escudo antimisiles de la OTAN y de cuatro importantes destructores. Morón es desde junio de 2015 base permanente y sede de la Fuerza de Reacción de Crisis para África. La apuesta de EEUU por España desde el punto de vista militar es clara y el rédito por parte española demasiado bajo hasta la fecha. Otro aspecto esencial y con mucha frecuencia olvidado es la presencia cultural de lo español en EEUU. Casi cincuenta millones de hispanohablantes deberían ser un activo indiscutible. Así fue durante la administración Obama. Por desgracia, lo español es, a día de hoy, anatema para gran parte de los votantes de Trump y puede ser difícilmente usado como piedra sobre la que construir la relación con la Administración actual.

La visita de Rajoy a Washington estará marcada de manera inevitable por el 1-O. En su visita a España en 2016, Obama pasó por Rota y lo hizo regalando al gobierno un importante titular al hablar de una “España fuerte y unida”. Si así fue hace más de un año, imagínense a poco menos de una semana del aciago día. El respaldo público y sin fisuras de EEUU es esencial para combatir una causa, la del independentismo, cuya tracción depende en gran medida de la vendimia de legitimidades a nivel internacional. En su conversación, Rajoy probablemente recordará a Trump la relevancia estratégica de España, presumirá de fidelidad y exigirá ayuda con el tema territorial. Las relaciones entre ambos países pasan ahora por un momento relativamente dulce, comparadas con la luna de hiel que siguió al naufragado matrimonio de las Azores. Rajoy, quien ha hecho de la ausencia emblema, acude a Washington con la hoja de servicio sin faltas graves al no haberse sumado activamente al aluvión de críticas vertidas contra Trump desde Europa. En los últimos días, además, el ejecutivo ha ido sazonando la visita con guiños como la expulsión del embajador de Corea del Norte.

Es importante –lo saben en Moncloa– que el apoyo de Trump a la respuesta del gobierno a la crisis en Cataluña sea formulado de manera que encaje en una narrativa institucional duradera. Rajoy no quiere el apoyo de “Trump”, sino de EEUU, por eso irá buscando una frase clara pero no estrambótica, contundente pero fácilmente desvinculable de un presidente al que pocos quieren presentar como mentor. Las posibilidades de que Trump se salga del guión previamente acordado por la Casa Blanca y Moncloa son altas. Evitar uno de esos tweets que abran la enésima Caja de Pandora o un comentario que dé alas a Puigdemont es un objetivo prioritario. Rajoy necesita munición contra el procès, (Cospedal ya ha conseguido unas declaraciones importantes del Secretario de Defensa norteamericano, James Mattis) pero también evitar dar demasiada publicidad a una situación que siempre ha querido mantener a lejos del parloteo internacional. Rajoy el cauto lo sabe: Pedirle ayuda a Trump para calmar una crisis es poco menos que pedirle a un pirómano que te ayude con el incendio en tu cocina.

Continúa leyendo: ‘Això va de democràcia’

‘Això va de democràcia’

Andrea Mármol

Foto: Andreu Dalmau
EFE Fototeca

Es una de las consignas falsas que más habrá esforzarse por desmentir ahora que los separatistas intentan obviar su asalto a la democracia parlamentaria consumado hace ya tres semanas. El nacionalismo catalán, esto no es nuevo, reviste un proyecto político excluyente con la coartada de un referéndum que no es el objetivo de quienes lo promueven, todos independentistas convencidos. De hecho, creen tanto en la milagrosa fórmula plebiscitaria que ya tramitaron de forma antidemocrática una ‘ley’ fundacional de la República catalana.

En Cataluña hace demasiado tiempo que partidos políticos, poder judicial, sectores mediáticos y opinadores contrarios a la secesión y a la posibilidad de dividir la soberanía nacional llevan colgado el sambenito de anti-demócratas. En las últimas semanas lo acarreamos también ya los ciudadanos que descreemos del fraude del 1-O: ‘súbditos’ nos llamó Jordi Turull y Joan Tardà ya ha anunciado ‘delitos de traición a la tierra’ para nosotros.

Sin embargo, mayor preocupación que esas miserables declaraciones debería provocar el hecho de que son muy pocos quienes, aun escuchando tamañas sandeces, son capaces de denunciar que es el enfrentamiento entre catalanes el objetivo de los gobernantes nacionalistas. En efecto, son muchas las voces en el debate público nacional que asumen como certera la simplificación que encabeza estas líneas y que los nacionalistas catalanes alumbraron para aunar apoyos a su proyecto político, menos aglutinador cuando se mueve estrictamente en el campo de la identidad.

Que los políticos nacionalistas no se queden solos en su desafío al Estado de Derecho y cuenten con la complicidad y el beneplácito de otros actores en el conjunto de España tiene implicaciones muy perniciosas para el futuro de nuestro proyecto común, cualquiera que sea el que se tenga en mente. Para empezar, se contribuye a validar la línea divisoria entre demócratas trazada por los nacionalistas con su réplica en ámbito nacional, lo cual hace muy difícil cualquier iniciativa conciliadora incluso entre quienes se oponen a la secesión de Cataluña.

Pero lo más grave es el lugar en el que queda el Estado de Derecho, pues sólo quienes descreen de la legitimidad de nuestra democracia pueden permitirse reducir a una menudencia la ruptura constitucional y estatutaria que los separatistas han procurado. Es sorprendente la facilidad con la que Podemos olvida el autoritarismo del que han hecho gala Puigdemont, Junqueras y compañía: que ni siquiera hayan puesto un pero a la actuación de la Generalitat estas últimas semanas y dirijan todas sus críticas al Gobierno de España viene a legitimar cualquier tic autoritario por parte de los nacionalistas.

No queda más remedio que asumir que el nacionalismo catalán ha conseguido multiplicar su representación en toda España: Podemos ya se refiere a Cataluña como esa unidad uniforme que es el ‘un sol poble’ y está dispuesto a perdonar los excesos del separatismo aunque sólo sea porque comparten adversario: los fundamentos de la España constitucional.

Continúa leyendo: Pudieron

Pudieron

Manuel Arias Maldonado

Foto: JUAN MEDINA
Reuters

La celebración de la asamblea de cargos públicos convocada por Podemos, que tuvo lugar ayer en Zaragoza, dejó dos noticias. Una es el lamentable incidente protagonizado por la “masa de acoso” (la categoría es de Elías Canetti) de extrema derecha que se congregó en Zaragoza para proferir insultos a los asistentes, tirar una botella a la Presidenta de las Cortes de Aragón y romper las lunas de un coche de TV3. Sucedía esto al final de la semana en que fue ordenado el ingreso en prisión del líder de Falange española por el asalto a la librería Blanquerna durante la Diada de 2013. La segunda noticia es el fracaso de la asamblea misma. Era previsible, dada lea extravagancia de la idea: reunir a representantes políticos de todo el país con objeto de crear una legitimidad paralela a la de las Cortes Generales. O sea, una suerte de poder dual capaz de debilitar la autoridad de Ejecutivo y Legislativo, haciendo frente común contra la “represión del PP” y defender el “derecho de autodeterminación de Cataluña”. Pero la noticia no está en la pobre asistencia, sino en el hecho mismo de la convocatoria. Es, como otras iniciativas de Podemos durante las últimas semanas, síntoma de una degradación.

Ya que Podemos, enfrentado a la más importante crisis institucional que ha vivido España desde el golpe de Estado del 23-F (crisis, me atrevo a decir, menos grave que ésta si pensamos que Tejero no iba a ninguna parte), no ha optado por la defensa del orden constitucional. Más bien se ha dedicado a denunciarlo como autoritario y represivo: hablando de unos inexistentes “presos políticos”, denunciando un inexistente “Estado de excepción”, alineándose con los partidos separatistas que demandan la celebración de un referéndum ilegal. ¡Incluso colapsaron la calle Zurita de Lavapiés! Abundan así en su “resignificación” de la sociedad española como mera continuidad del franquismo, que tanto furor causa entre jóvenes y nostálgicos. Han confirmado así que prefieren ser una fuerza destructiva antes que constructiva, dejando de paso al PSOE el espacio que necesitaba para relanzarse electoralmente a su costa prometiendo diálogo dentro de la ley. Mejor desestabilizar en los márgenes que influir en el centro.

¡Ocasión perdida! La democracia española es, como todas, imperfecta. Podría haberse beneficiado de la acción de un partido que, habiendo demostrado una gran habilidad a la hora de canalizar en su favor legítimos sentimientos de frustración y nobles deseos de cambio, los ha distorsionado por fidelidad a su estrategia: divisiva a fuer de populista. De manera que Podemos ha preferido la hipérbole al realismo, la agitación al diálogo, el rupturismo al reformismo. Y con ello, perdemos todos. Es una lástima, porque pudieron. Pero nunca quisieron.

Continúa leyendo: Por qué deben importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania

Por qué deben importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania

Jorge Raya Pons

Foto: Stefanie Loos
Reuters

Las elecciones alemanas se celebran este domingo 24 de septiembre y es una de las citas electorales del año. La atención mediática es tímida en España y es difícil encontrar el motivo. Lo es si comparamos la cobertura que recibe en comparación con la carrera presidencial en Estados Unidos, el referéndum para salir de la Unión Europea en Reino Unido o la batalla entre el europeísta Emmanuel Macron y la euroescéptica Marine Le Pen en Francia.

Por esta razón, en The Objective lanzamos cinco preguntas y cinco respuestas para resolver no solo las claves sobre qué está en juego en Alemania, sino también para comprender por qué debe importarnos.

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 1
Un cartel electoral en Berlín que pide el voto para Angela Merkel. | Foto:
Hannibal Hanschke/Reuters

¿Por qué estas elecciones merecen la atención de las estadounidenses o las francesas?

La respuesta a esta pregunta se puede solventar rápido: porque es la primera potencia europea y una de las economías más fuertes del mundo. Además, Pablo Simón, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid y miembro fundador de la revista Politikon, añade: “Es importante porque es un elemento fundamental del método de integración europea”. Simón resalta que estas elecciones son particularmente decisivas en un contexto turbulento por motivo del Brexit, tras el cual “se está reconfigurando el poder dentro de Europa”.

En este sentido, la fuerza del eje franco-alemán es clave y la sintonía entre la canciller actual y candidata Angela Merkel y su homólogo francés parece evidente. La unidad de las dos grandes fuerzas europeas es fundamental para el futuro de la Unión. “Estas elecciones llegan en un año electoral que se presentaba negro para la Unión Europea tras el éxito del Brexit e incluso de Trump”, explica Pilar Requena, corresponsal de TVE en Alemania, antigua profesora asociada de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid y autora del libro La potencia reticente. La nueva Alemania vista de cerca (Debate). “La extrema derecha tanto de Francia como de Holanda e incluso de Austria se sintió envalentonada. Hubo peligro de que ganase en Holanda y de que ganase en Francia, pero al final no se ha producido. Nos encontramos ante un panorama nuevo en Europa con un posible impulso de la Unión Europea y también de la Eurozona, y tienen que celebrarse las elecciones alemanas para que eso ya sea efectivo”.

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 2
Un manifestante sostiene un cartel donde se lee ‘Angie no, gracias’, durante un meeting del CDU en Fritzlar. | Foto: Kai Pfaffenbach/Reuters

¿Qué partido es el favorito en las encuestas?

Los últimos sondeos dan como clara vencedora a Angela Merkel, líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y su ala en Bavaria, la Unión Socialcristiana (CSU). “Merkel va a ganar por goleada”, anticipa Requena. De acuerdo con la encuesta publicada el pasado domingo por el diario Bild, Merkel lograría el 36% de los votos, por lo que se posicionaría 14 puntos por delante del Partido Socialdemócrata (SPD), encabezado por el ex presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz, que obtendría el 22% de los votos.

La alarma llega con el que sería el tercer partido, según las encuestas: la extrema derecha de Alternativa por Alemania conseguiría el 11% de los votos. También obtendrían participación parlamentaria la izquierda de Die Linke (10%), los liberales del FDP (9%) y el ecologismo de Los Verdes (8%).

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 3
Mariano Rajoy y Angela Merkel, en rueda de prensa. | Foto: Markus Schreiber/AP

¿Cómo afectaría a España y la UE la continuidad de Merkel?

Dado que la mayoría absoluta del CDU se da por descartada, la respuesta a esta pregunta tendría más que ver con las formaciones con las que decida aliarse Merkel. Simón cree que de repetirse una gran coalición –esto es, la unión de los democristianos y los socialdemócratas–, una hipotética vicepresidencia de Schulz permitiría una política menos restrictiva en materia económica a nivel europeo. En cambio, si el CDU se alía con los liberales –su socio natural– podrían endurecerse algunas exigencias, como el cumplimiento del déficit por parte de los Estados miembros. Requena agrega que, de la mano de Francia, Merkel empujaría hacia una gobernanza del euro y la unidad fiscal.

En cualquier caso, los dos expertos consultados coinciden en que España es vista con buenos ojos por parte de Merkel. “La sintonía entre Madrid y Berlín es total”, dice Simón. “Y lo es hasta cierto punto porque, pese a las pocas reformas estructurales que ha hecho el Gobierno de España, a Angela Merkel le conviene exhibir que hay un país del sur que cumple. Nos utilizan un poco –pese a que no hemos hecho gran cosa– para decir: ‘Veis cómo se pueden hacer cosas y volver a crecer y recuperarse’. Un poco para demostrar sus tesis. Nos beneficiamos de esa posición”.

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 4
Una valla publicitaria del candidato socialdemócrata Martin Schulz. | Foto: Fabrizio Bensch/Reuters

¿Cómo afectaría a España y la UE una victoria sorpresiva de los socialdemócratas?

Requena responde con contundencia: “Esa posibilidad no existe”. Y continúa: “Se tendrían que equivocar de cabo a rabo las encuestas para que eso ocurriera. Es cierto que hay un número de indecisos mayor que en otras elecciones, pero no creo que lo estén tanto por los grandes partidos como por los pequeños. Remontar los 12, 13 ó 14 puntos que hay entre el CDU y el SPD es inviable”.

Además, incluye un factor profundamente cultural para que la hipótesis de un gobierno presidido por Schulz no se convierta en realidad: “No sería aceptable para los votantes alemanes que el que ha perdido con una diferencia de más de 10 puntos forme gobierno, aun si fuera posible matemáticamente”.

Simón cree que un gobierno de Schulz sería positivo: conllevaría una “suavización de las políticas en términos como los objetivos presupuestarios”. No obstante, recuerda que “las probabilidades de que se diera son tan bajas que no deberíamos preocuparnos demasiado”.

Por qué debe importarnos (y mucho) las elecciones en Alemania 5
Frauke Petry (derecha), candidata del partido ultraderechista Alternativa para Alemania, junto al excandidato Joerg Meuthen durante un acto de la formación en Stuttgart. | Foto: Wolfgang Rattay/Reuters

¿Hay un riesgo real de que la extrema derecha entre en el gobierno?

Todos los sondeos muestran que el partido ultraderechista Alternativa para Alemania entrará en el Parlamento, y –como destaca Requena– esto no ocurre desde la II Guerra Mundial. De producirse la gran coalición, este partido quedaría como líder de la oposición. En cualquier caso, sostiene que Merkel nunca formaría gobierno con los radicales.

Simón, por su parte, argumenta que esta opción es “harto improbable”, recordando que la propia Merkel lo ha comunicado públicamente. “Es un partido importante que en algunos länder han sido segundo partido, pero en el ámbito estatal no se plantea como un socio viable”, dice Simón. “Si no hubiera un abanico de alternativas, pues a lo mejor podríamos plantearnos si Merkel es sincera o no cuando lo dice. Pero habiendo tantas alternativas…”.

TOP