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Gabinete: de Murillo a Richard Serra

Saioa Camarzana

Foto: COLLAGE DE ALFONSO BUÑUEL (DETALLE)
Gabinete

En la segunda edición de la feria de arte de dibujo y estampa participan 25 galerías nacionales e internacionales. Murillo, Unamuno, Goya, Alberto Corazón, Juan Zamora y Richard Serra son algunos de los nombres más atractivos de esta feria-boutique que surge con la ambición de convertirse en una cita internacional ineludible.

El primer robo mediático en la historia del arte español tuvo lugar en la catedral de Sevilla cuando unos ladrones entraron, recortaron el San Antonio de Murillo y se lo llevaron a Nueva York. Con todos los viajes y movimientos la pintura sufrió desperfectos pero un dibujo preparatorio que hizo el pintor del siglo de oro español  posibilitó su reconstrucción. Ese boceto de la pintura para la Capilla del Santo, que ha permanecido en manos de unos coleccionistas desde hace 70 años, es uno de los grandes reclamos de Gabinete, feria de dibujo y estampa que se celebra este fin de semana en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tras todos esos años fuera del alcance del público se pone a la venta por 300.000 euros.

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Montaje de Gabinete | Imagen cortesía de Gabinete

Gabinete, que cumple su segundo año de aventura, es una feria-boutique de galerías nacionales e internacionales dedicadas al dibujo, la estampa, la serigrafía y la litografía. “Quería una feria pequeña con una apuesta rotunda por la calidad”, señala Víctor del Campo, director de la cita. “Es una feria pequeña en la que se pueden ver todos los stands tranquilamente. Esta edición cuenta con 25 y, de momento, no queremos crecer más”. Para que esa base de la calidad de los participantes en la que se asienta se refuerce es el propio comité organizador quien invita a las galerías a participar, no existe un proceso de inscripción como en otras ferias de arte.

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Los Caprichos de Goya.

De ahí que las obras que se muestran transiten desde el siglo XV al XXI con la presencia de artistas como El Greco, Murillo, Sabatini, Unamuno, Goya, Alonso Cano, Alexandre Arrechea, José Pedro Croft, Alberto Corazón, Richard Serra, Eusebio Sempere y Juan Zamora, último Premio Fundación Princesa de Girona de Artes y Letras. Además, uno de los grandes atractivos de la feria es que Del Campo ha pedido “que las galerías traigan obra que solo se pueda ver aquí y no en otras subastas o galerías”. Ese carácter inédito de las piezas junto a que el precio, que oscila entre los 300 y los 500.000 euros, es “el mismo aquí que fuera de España”, hace de Gabinete una cita particular. Lo explica así: “No todo el mundo puede decir lo mismo. Mucho arte español se compra aquí por mucho dinero y en Francia, por ejemplo, no darían tanto por él. Pero si sacas de aquí la primera edición de La pasión de Durero  el precio sería el mismo, incluso en Alemania pagarían un 15 o un 20% más. Hay que adaptarse al mercado y por eso los precios son españoles”, indica Víctor del Campo.

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Foto vía Gabinete.

Para que todos estos grandes artistas que traen galerías como La Caja Negra, Benveniste Contemporary, Niels Borch Jensen, N2 Galería, Ana Chiclana, Artur Ramón Art, Caylus o Frame puedan ser observados de manera minuciosa el espacio ha sido ideado por el estudio del arquitecto Juan Herreros. Su apuesta ha sido por unos stands de proporciones alargadas que generan una secuencia de pequeñas estancias que recrean el ambiente de los gabinetes de curiosidades. Según su director, “es un montaje innovador” que permite el tranquilo tránsito por las estancias de una feria que divide el arte antiguo del más reciente en diferentes apartados. Se trata, por tanto, de una oportunidad de hacer un viaje de varios siglos en un mismo lugar.

Además, es cierto que la obra sobre papel está viviendo un buen momento en España. Al calor de su popularidad han nacido ferias paralelas a ARCOmadrid como Drawing Room, que trae a Madrid la obra sobre papel de dibujantes contemporáneos más importantes. Pero la apuesta de Gabinete es diferente en tanto a que abarca diversos géneros y épocas del dibujo. Todo ello demuestra, por tanto, que la obra sobre papel “se está empezando a conocer, valorar y entender en España”. Francia, Estados Unidos y el Reino Unido, por ejemplo, ya cuentan con una tradición en este terreno pero “España ha sido un país de una gran tradición pintora en el que incluso la escultura ha estado en segundo plano. Pero esto está empezando a cambiar”, opina Del Campo.

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Ouka Leele vía Gabinete.

De esta manera, este viaje del siglo VX al XXI permite también un fácil acceso al coleccionismo porque, según dice el director de Gabinete, nunca ha visto bajar el precio de un grabado de Durero o de una primera edición de Los caprichos de Goya. Gabinete aún no ha arrancado de manera oficial y a su director le consta, aunque no puede dar datos, que hay obras que ya han sido vendida. Esto mismo le ocurrió en la pasada edición, una “edición piloto” en sus propias palabras, con la venta de obra a pinacotecas tan importantes como la National Gallery de Londres o la National Gallery de Irlanda.

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El Gabinete.

Y es que lo curioso o lo más importante de la primera edición de Gabinete fue la presencia de los 50 conservadores de los gabinetes de dibujo y estampa de los 50 museos más importantes del mundo. No fue casualidad aunque tuvo miga. “Siempre me gusta trabajar con un año de antelación y estaba previsto inaugurar la feria para otoño de 2016 pero recibí una información importante de que en primavera se iban a reunir en Madrid todos estos conservadores y era una buena oportunidad para poder reunirlos”, explica Del Campo. Así, la inauguración de la feria se adelantó seis meses y con tan solo cuatro meses para trabajar en ella Víctor del Campo se centró en la calidad de los participantes. Por eso, para él, esta es la primera edición en la que “se materializa la idea que tenía en la cabeza”.

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Richard Serra vía Gabinete.

Tan solo lleva dos ediciones y las galerías que participan en Gabinete también asisten a importantes citas como Maastricht, Basilea, el Salón de Dibujo de París, la cita internacional más importante con el dibujo y en la Feria de Grabado de Nueva York, que se posiciona en el segundo puesto del escalafón. Gabinete surge, pues, para llenar un vacío y, sobre todo, para, jugando bien sus cartas, “estar en esa primera división y llegar a estar entre las cinco ferias de arte sobre papel más importantes del mundo”.

De momento, parece que Gabinete se sitúa en una buena posición de salida.

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Gatos, turistas decembrinos y madrileños de adopción... aquí 10 planes para estas fechas

Saioa Camarzana

Foto: Carmaglover
Flickr bajo Licencia Creative Commons

En una ciudad como Madrid confluye gente de todas partes y la Navidad es una de esas épocas en las que muchos se sienten lejos de casa y, por tanto, nostálgicos. Pero lo bueno es que, desde que se encienden las luces, la gente parece no pensar tanto en el frío y se nos ilumina cara con una sonrisa melancólica.

Algunos se irán dentro de unos días a sus lugares de origen y ya están contando los días que quedan, otros se quedarán aquí. Para todos hay un plan. Además de pasear por la ciudad para ver las luces y hacerse la foto de rigor bajo el gran árbol de Sol la ciudad ofrece una agenda de actividades culturales para todos los gustos y bolsillos.

Destacamos nueve eventos durante el mes de diciembre y uno para empezar bien el año y plantarle cara a la temida cuesta de enero. También puede servir de idea para un posible regalo de Reyes…

Gatos de Madrid… aquí 10 planes que hacer en estas fechas 4
Taller de Maridaje Mahou | Foto: Cervezas Mahou

Taller de tiraje de Mahou

En la calle Génova número 5 se encuentra la Saborería Mahou, un local en el que actualmente se realizan tres actividades diferentes. Una de ellas es el taller de tiraje, donde enseñan a tirar la caña perfecta y, por supuesto, a detectar si tus baristas lo hacen bien… o no. La actividad, que es gratuita, acepta a 15 personas por sesión y tiene una hora de duración (aproximadamente). Después de aprender a degustar los matices de la bebida es el turno de entrar en la barra, escoger entre dos cervezas Mahou (Cinco estrellas o Maestra) y tirarla tú mismo. Si te interesa ¡corre! porque a partir del 18 de diciembre el local cierra durante unos meses para volver con otras propuestas que ni los propios trabajadores aún conocen…

Noches de flamenco en Café Berlín

Es tiempo de Navidad, de alegría y menear los cuerpos para deshacernos del frío. El flamenco puede ser el antídoto para ello y el lugar es el Café Berlín. El local tiene dos modalidades, por un lado las jam organizadas por el percusionista Bandolero en las que invita a diversos artistas a participar y, por el otro, la programación del propio Café Berlín. El próximo 6 de diciembre será el turno de Josemi Carmona, el 13 estará José Cortés, el 20 le tocará a El Farru y el 27 Kiki Morente. Todos los conciertos flamencos empiezan a las 23.00 de la noche y se pide ganas de pasárselo bien.

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Detrás del Slam Poetry | Foto: Sonia Aroca

Poetry Slam

El miércoles 6 de diciembre (como cada primer miércoles de mes) vuelve el Poetry Slam al Intruso Bar. La cita es muy sencilla: doce poetas se reúnen para recitar sus poemas. Pero tan solo tienen tres minutos para hacerse con un público que, pizarra en mano, puntúa a cada uno de ellos tras su intervención. Este mes coinciden, además, el Spoken Word en el Teatro de las Culturas (el viernes 1) donde convergen la danza, la música y las artes escénicas con poesía recitada en directo y el Slam Internacional (el sábado 2), que tiene el mismo formato que el evento del día seis y se celebra en el mismo lugar, pero con figuras internacionales.

The Illusionists

¿A quién no le gusta pensar en cómo han podido hacer eso a un palmo de nuestros ojos sin que nos hayamos dado cuenta? La magia es uno de esas cosas que, a pesar de que muchos lo consideren un arte para niños, puede impresionar también a los adultos. Magos como Luis de Matos, Gaetan Bloom, Andrew Basso, Josephine Lee, James More, Leonardo Bruo y Yu Ho-Jin llevan años impresionando por todo el mundo. Levitación, adivinación, hipnotismo y desapariciones es lo que promete el espectáculo The Illusionists. Direct from Broadway, que se celebra en el Palacio de los Congresos de Madrid los días 8, 9 y 10 de diciembre con cinco únicos espectáculos.

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Tebeos | Imagen vía Museo ABC

Historia del tebeo. 1917-1977

El museo ABC sigue programando exposiciones populares que pueden servir tanto para pasar un buen rato con los colegas como para que las familias se desperecen y acudan con los niños. En esta ocasión cuenta la evolución del tebeo en nuestro país en el siglo XX. Para algunos quizá sean personajes desconocidos pero para otros, sin embargo, será revivir la niñez y la juventud. Pulgarcito, El Capitán Trueno, Mortadelo y Filemón siguen protagonizando sus hazañas en las paredes del museo. Son 300 piezas entre dibujos originales y 120 revistas que arranca en 1917 con la creación de la ya emblemática, y casi mítica, revista TBO y culmina en 1977 con la aparición de Totem y el paso del cómic para adultos.

Patinar sobre hielo en La Nevera de Majadahonda

En Madrid no tenemos un Winter Wonderland como el de Londres pero sí una pista de hielo en Majadahonda, la más grande de la comunidad, donde arrancarnos a hacer piruetas. O, bueno, a lanzarnos a patinar de modo un tanto más tranquilo para muchos. El hecho es que la pista olímpica está abierta todo el año pero parece que la Navidad invita a sentirnos Macaulay Culkin en Solo en casa. Los patines se alquilan ya (en efectivo, nada de tarjeta para agilizar la cola) y el uso de guantes es obligatorio. Las ganas de pasarlo bien hay que llevarlas de casa.

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Clara Sanchís en la piel de Virginia Woolf | Foto: Teatro Español

Una habitación propia en el teatro

El clásico ensayo feminista de Virginia Woolf lleva de gira por los teatros madrileños desde su estreno en el Teatro Español. Allí colgaron el cartel de ‘agotado’ para todas las sesiones, al igual que ocurrió en el Teatro Pavón Kamikaze. La obra (se representa del 7 de diciembre hasta el 14 de enero en el Teatro Galileo), dirigida por María Ruiz e interpretada por Clara Sanchís, toma las conferencias que Woolf ofreció en octubre de 1928 en dos universidades femeninas de Cambridge. “Les dije suavemente que bebieran vino y tuvieran una habitación propia”, escribe la escritora. En el ensayo repasa el papel de la mujer en la literatura, un oficio dominado en aquella época por los hombres. Su texto, un clásico manifiesto feminista, sigue estando de actualidad.

Rolling dance

¿Te gusta bailar? ¿Y patinar? Sin duda esta puede ser una de las alternativas más divertidas. Esta pista de baile no es una pista más. No te olvides de tus patines (o los alquilas allí), pierde la vergüenza y que el hilo musical haga el resto. Los jueves están dedicados a la música disco de los 80 por lo que, como diría Alaska, ¿A quién le importa lo que yo haga? No importa si lo haces bien o mal solo céntrate en mover la cadera al ritmo de la música. Los sábados están dedicados a las sesiones de DJ’s. Ellos ponen la música y tú el ritmo. Además en este local también dan clases de patinaje para todos los niveles y se pueden celebrar fiestas de cumpleaños. Si no tenías plan… ¡ya sabes!

Gatos de Madrid… aquí 10 planes que hacer en estas fechas
Una de las imágenes del planeta rojo en la Fundación Telefónica | Imagen vía NASA

Marte, la conquista de un sueño

Marte se descubrió hace ya 6.500 años y tras varias misiones al planeta rojo se ha llegado a la conclusión de que puede ser el planeta en el que el ser humano pueda vivir en un futuro. La muestra de la Fundación Telefónica (de acceso gratuito) reúne objetos, láminas y vídeos de las misiones, los descubrimientos y su presencia en la cultura popular. Se dice que entre 15 y 20 años el ser humano podría pisar Marte. ¿Realidad o quimera? Quién sabe pero seguro que hay más que esos marcianos verdes que han retratado diversas películas de ficción.

Inverfest

Si bailar en patines puede servir para despedir el año Inverfest es una opción para dar salida a los turrones y a los excesos de la Navidad. Los festivales musicales no solo son para el verano, se puede gastar la suela de la zapatilla en cualquier momento del año. Por eso, el Teatro Circo Price programa una serie de conciertos que sirve para arrancar el curso. En esta ocasión se celebra del 12 de enero al 4 de febrero y los artistas que pisarán el escenario son variopintos: Carlos Núñez es el encargado de inaugurar el festival seguido de Bebe, M Clan, Andrés Suárez, Goran Bregovic, Iván Ferrero, Rosalía y Raül Refree mientras que Zenet será quien clausure esta edición. Para gustos… colores.  

Continúa leyendo: Silvia Cruz Lapeña, un relato desde el flamenco

Silvia Cruz Lapeña, un relato desde el flamenco

Anna Maria Iglesia

Foto: Alberto Gamazo

Silvia Cruz LaPeña es una periodista de raza. Fiel y honesta con sus principios. Especialista en flamenco, Cruz LaPeña no es una mera reseñista: sus artículos y reportajes son textos, a veces incómodos, en los que ella analiza y descubre el mundo del flamenco, construyendo un relato que no se acomoda a los tópicos. Crónica Jonda (Libros del K.O) es también un relato incómodo, es también un relato que desmonta tópicos, un relato aparentemente autobiográfico a través del cual Cruz LaPeña destripa el presente social, político y, también, emocional. El presente de Crónica Jonda es el resultado de un pasado que no ha acaba de morir, que está ahí y cuyos frutos recogemos ahora.

Crónica Jonda comienza con la muerte de Paco de Lucía, que, a través de las palabras de Miguel Mora, se convierte en símbolo de un tiempo que se acaba.

Sí, y por esto está muy marcado el hecho de que yo me entero de la muerte de Paco de Lucía cuando estoy terminado el epílogo de la biografía de Camarón. Es un gesto casi epifánico: termino el epílogo y, por tanto, en cierta manera vuelvo a enterrar al gitano, que era Camarón, y me entero que se ha muerto el payo, Paco de Lucía. Y, sí, cuando Miguel Mora habla de la España aniquilada, yo la veo representada.

El gitano y el payo, el norte y el sur, lo exterior y lo interior… ¿tu libro es un juego de dualidades imposibles de separar?

Sí, está todo imbricado, porque la realidad es así. Este libro es un viaje, que yo empiezo cabreada, pero no puedo decirte en qué página dejo de estarlo, porque todo está mezclado, los opuestos se tocan y se confunden. En el fondo del libro está la idea de un todo, algo caótico, un todo donde es imposible determinar dónde empieza la otra. Es un libro que empiezo a escribir cuando todo parece haberse desquebrajado, cuando estaba naciendo con mucha fuerza Podemos y nos preguntábamos qué iba a pasar; ahora, seguimos, en parte, igual, no sabemos qué va a pasar, ni con Podemos ni con ningún otro partido. Por esto, cito a Faulkner.

Narras un tiempo que agoniza…

Sí, un tiempo que, además, se estira y no se acaba. Hablo de un tiempo que tiene mucho que ver con el flamenco, con esa voluntad de querer conservar el pasado, de no dejar que llegue lo nuevo. Por esto digo que, para no ser la música de España, el flamenco se le parece mucho. Como el flamenco, también el tiempo que estamos viviendo ahora es un tiempo suspendido, no sabemos qué va a pasar y, personalmente, tengo la sensación de que cada día empieza todo de nuevo.

No sólo dices que el flamenco se parece mucho a España, sino que es machista como España. ¿El flamenco es la lente desde donde miras tu entorno?

Sí, en cierto modo y, de hecho, en este libro el flamenco no es una excusa, como algunos me han dicho, sino que es la clave de lectura de muchas cosas y, al mismo tiempo, es mi abrigo, porque es el flamenco es el lugar donde me refugio. El flamenco es un microcosmos y en él veo conductas que, luego, veo también en otros ambientes, entre los periodistas, los carniceros o los taxistas.

El flamenco y, sobre todo, el mundo flamenco está muy connotado, pero, desde fuera, ¿lo miramos y lo juzgamos con demasiados prejuicios?

Hay muchos prejuicios en relación al flamenco, unos prejuicios que vienen de hace tiempo. Es cierto que el franquismo se apropió del flamenco y se lo usó como forma de propaganda de la cultura española, pero no fue el único arte a ser usado. Esto, sin embargo, ha hecho que, todavía hoy, haya quien conserva la idea de que el flamenco mantiene unos lazos con el franquismo cuando no es así.

Además, el flamenco es considerado como “lo español”, en un momento donde “lo español”, sobre todo en lugar como Cataluña, cuesta mucho de aceptar. Y, por último, para empeorar las cosas, se le tacha de machista y, en parte, es cierto, pero el flamenco no es más machista que la sociedad en el que está inmerso, es decir, la sociedad española.

Lo que quisiera es poner un punto y final a estas asociaciones, porque de flamenco he visto mucho y lo he visto en países como Francia e Inglaterra. Por tanto, ¿el flamenco es “lo español”? Sí, pero no. Lo que sucede es que falla el relato y creo que, en gran medida, de esto es responsable el propio mundo flamenco y, también, aquellos que lo narramos. Creo que tendríamos que hacer el esfuerzo de hablar de flamenco sin hablar de lunares, sin caer en los tópicos.

¿En qué sentido se ha explicado o se explica mal el flamenco?

El relato que se ha hecho hasta ahora del flamenco es la del tío guapo, alto, moreno y con pinta de torero y la mujer guapa, espectacular, con vestido de lunares. Se cuenta que, en el mundo flamenco, él manda y ella renuncia a todo y, en parte, es cierto, solo que, como te decía antes, el machismo del flamenco no es otra cosa que el reflejo del machismo de la sociedad en que se enclava.

El flamenco es mucho más, solo que todavía es un mundo muy circunscrito; ten en cuenta que muchos conservatorios no admiten los estudios de flamenco porque piensan que es cosa de cuatro gitanos que bailan en su casa. Esto hace que se desconozca el flamenco más allá de los tópicos, más allá del “lerele” y de los topos. Por esto, hablo del relato y de nuestra responsabilidad, porque es cierto que, sobre todo los medios no especializados, todavía te piden que si escribes de flamenco les hables de lunares, de sangre y de pasión, pero es precisamente esto lo que tenemos que evitar, porque el flamenco de hoy no es esto o no es solo esto. Hay espectáculos de flamenco muy fríos, donde no hay ni sangre ni pasión. O, por ejemplo, ver bailar a Rocío Molina es asistir a una clase magistral de danza contemporánea y de flamencos. Es una mujer que no utiliza ni lunares ni peinetas, pero es flamenco.

¿Ha habido clasismo en la percepción del flamenco?

Sí y no. Por una parte, no en cuanto, casi desde sus inicios el flamenco ha vivido gracias al apoyo de la gente adinerada; de hecho, muchos artistas flamencos han vivido de bailar a señoritos y a gente adinerada. Además, lo curioso es que, actualmente, muchas veces quien rechaza el flamenco es gente que, por cultura o por contexto, está muy cerca de él; sin embargo, hoy muchos lo rechazan por ser algo popular, algo folklorico…e, incluso, algunos no rechazan por no ser un arte elevado, si bien no hay que olvidar que hoy en día el flamenco está en todos los teatros del mundo.

Por otra parte, sí, hay clasismo: el rechazo al flamenco tiene mucho de clasismo y de racismo, que, paradójicamente, no solo viene del mundo payo.  En el mundo gitano también hay racismo, el de los gitanos y, lo que es más curioso, el de los gitanistas hacia los payos. Los gitanistas, que muchas veces no son gitanos, son unos puristas, son aquellos que dicen que el flamenco solo puede ser puro y que todo lo demás no es flamenco.

Ahora que hablas de los gitanistas, pienso en tu análisis de la música de Miguel Poveda, cuyo flamenco se ha “modificado” en cuanto él ha cedido, en parte, al gusto, tentado por las ventas o el gran público. ¿Poveda, como tantos otros, representa un flamenco adulterado, ese flamenco que nos llega y que consume la gran mayoría?

Yo diría edulcorada. Me voy a remitir, además porque enlaza con la cuestión del clasismo, a lo que dice Luis Cabrera, del Taller de Músics: el flamenco gusta si no te araña. No gusta el flamenco duro. Y lo que yo digo de Poveda es algo que se ve mucho en programas como La Voz u Operación Triunfo: se flamenquea mucho, se hace mucho “lerele” y mucho “olé”, pero eso no es hacer flamenco, por mucho que quien lo haga esté relacionado familiar o culturalmente con el flamenco.

Hay muchos que piensan que Malú es flamenca o que Rosario Flores hace flamenco, cuando no lo ha hecho en su vida. Y, sin llegar a este punto, Miguel Poveda, que sí que canta flamenco, aunque en sus espectáculos hay de todo, hace un flamenco edulcorado o, como yo digo, flamenco de amplio espectro. Muchos de mis compañeros de profesión, me dirían que este flamenco de amplio espectro no es flamenco.

Un relato desde el flamenco 1
El flamenco es mucho más que lunares y trajes de sevillana | Foto de Alberto Gamazo

¿Me comprarías la etiqueta: “flamenco para quien no entiende de flamenco”?

Mis compañeros gitanistas te comprarían… y yo también

Otro de los temas del libro es la inmigración, principalmente la de Andalucía hacia Barcelona y te muestras muy crítica hacia la política catalana, hacia ese discurso político que llegó a consolidar el concepto de “charnego”.

Sí, ante todo, porque reniego completamente del concepto de “charnego”. Yo no eliminaría esta palabra, pero que la diga quién la inventó. Este nombre, completamente despectivo, no nos lo hemos inventado quienes supuestamente somos charnegos, por esto, no lo asumo, porque no hay nada de negativo en el hecho de que una abuela mía fuera andaluza, otra murciana, mi madre de Barcelona y mi padre de Córdoba. Y, sí, en el libro hago una crítica feroz a esa sociedad que conocí y la hago, también, porque me hace mucha gracia cuando se habla hoy de los catalanes a los que no se escucha o a esos catalanes que estamos un poco callados. ¿Nos han escuchado alguna vez? Por esto cuento la celebración que se hizo en Barcelona en 2013 por los cien años del nacimiento de Carmen Amaya. A nadie le importó que se celebrara el nacimiento de Amaya teniendo mal los datos, sin prestar atención a los estudios que decían que ella había nacido en 1918. ¿Te imaginas que hubiera pasado si quienes organizan la celebración de 1714 se equivocaran y dijeran 1715? Pues, esto. No se trata de forma distinta a unos que a otros y luego decir que somos todos parte de un mismo pueblo. Recuerdo perfectamente cuando en la rueda de prensa previa al homenaje de Amaya, Mascarell decía que el pueblo romaní era parte del pueblo catalán, cosa que es cierta, pero entonces ¿por qué no se la trata igual?

En el libro cuentas, además, como un concejal te dice que prefiere antes “a los africanos que a los andaluces porque son ‘más propensos a hablar catalán’”.

Me hicieron este comentario como me han hecho muchos otros. Y, lo peor, te lo hacen sin preguntarse quién eres tú, sin plantearse que, a lo mejor, con sus palabras te están ofendiendo o están ofendiendo a tus padres.

¿Tuviste que asumir tu historia y tus orígenes o siempre fueron connaturales a ti?

No, no tengo la sensación de haber tenido que asumir mis orígenes, pero sí es cierto que, durante la presentación en Madrid, Cristina Fallarás decía que el libro es la narración de la construcción de una identidad. Seguramente, en el libro me digo algunas cosas que nunca me había dicho y ciertamente no es casual que mi interés por el flamenco se haya reafirmado en estos últimos años ni que mi libro salga en estos días y hable de flamenco. Aunque no quieras, ahora mismo, te obligan a preguntarte sobre tu identidad. Yo, que nunca me he preocupado de esto, me siento obligada no sólo a preguntarme sobre mi identidad, sino también a interrogarme sobre mi origen. Sin embargo, para mí nunca fue un problema: cuando volví a Barcelona, vivía en Nous Barris y nunca sentí la necesidad de preguntarme de dónde era. A lo mejor era una excepción, pero lo cierto es que nunca me preocupó este asunto.

Tú, además, narras la experiencia de una migración a la inversa: cuando tienes 8 años, dejas Barcelona y vas vivir a Andalucía. ¿Cómo era tu mirada, la de una niña que, si bien de origen Andaluz, deja Barcelona y se va a vivir a Andalucía?

Era una mirada repelente, porque era la mirada de quien viene de Barcelona y llega al sur. Era una mirada donde había rechazo, que, sin embargo, también encontré en Andalucía, aunque por distintos motivos. El rechazo que encontré era debido a que allí están muy hartos de que, desde Barcelona, se les mire con cierta superioridad, una superioridad que yo llevaba incorporada. Y, ahora, lamento haber salido corriendo de allí con 18 años, deseando ir a Barcelona, que para mí significaba un lugar con amplitud de miras y cosmopolita, paradójico si pensamos en lo que estamos viviendo hoy.

Evidentemente, con los años he vuelto a Andalucía, pero ya no he vuelto a vivir allí; de ahí que, en el libro, exprese mi arrepentimiento por esa actitud repelente que tuve y, solo ahora, me doy cuenta de que en todos los años que viví ahí, no llegué a conocer, de verdad, Andalucía por mi estrechez de miras.

En el fondo, Crónica Jonda es un gran canto a Andalucía.

Y a Barcelona.

Sólo que Barcelona sale peor parada.

No, el libro es un gran canto a Barcelona, solo que vivo en Barcelona. Si me hubiera ido, seguramente mi mirada se hubiera dulcificado. Yo no tengo una mirada romántica de Andalucía, pero ya no es tan severa como la que tenía antes, porque vivo a mil kilómetros y porque cuando voy es solo para estar unos días. Sin embargo, Barcelona es mi ciudad elegida, es la ciudad que amo, de ahí el cabreo que tengo. Siempre te enfadas con quien más quieres y yo estoy casada con Barcelona.

Por último, quería preguntarte sobre el periodismo, del que también hablas.

Yo todo lo que te pueda decir del periodista suena a corporativista, aunque no lo sea para nada, pues soy muy crítica con quien no lo hace bien y conmigo misma cuando me equivoco. Me parece vital que se haga periodismo y que se haga bien. Aunque no tengamos un código deontológico muy claro, me parece esencial hacer periodismo con sensatez y respetando algunos principios.

Te muestras muy crítica con los “periodistas” amateurs.

Yo soy muy crítica con el amateurismo, es cierto, con ese “periodismo” que se ejerce gratis. Yo también me abrí un blog para escribir sobre mis cosas, pero el periodismo es otra cosa. ¿Qué quieres hacer periodismo? Muy bien, pero juega con nuestras reglas: cobra por trabajar. ¿Te metes a hacer periodismo sin cobrar para ligarte a la cantaora o el productor? Entonces, lo que haces no es periodismo, porque el objetivo del periodismo es otro.

Puedes ser amateur, pero no nos quites el pan, no reemplaces el papel del periodismo. Nos quejamos de que se hace mal periodismo, pero es que la mitad de la gente que lo ejerce no es periodista, y no me refiero a tener o no el título universitario, y la mitad de la otra mitad ha sucumbido a determinadas cosas: cobrar poco, titular mal en busca de click, evitar ser molesto.

Continúa leyendo: Manuel Martín Cuenca: “Un artista es un lúcido y un demente”

Manuel Martín Cuenca: “Un artista es un lúcido y un demente”

Daniel Fermín

Foto: Julio Vergner

Manuel Martín Cuenca (Almería, 1964) encontró en un viaje a República Dominicana una antigua edición de la primera novela de Javier Cercas y vio en ella el germen de una película. Tardó dos años en escribir el guión y siete semanas en rodarla. Se llama El autor y es una sátira del proceso creativo. Ganó el premio de la crítica en el Festival de Toronto, pasó por San Sebastián y Sevilla y llega a las salas españolas el 17 de noviembre. En ella se narra la historia de Álvaro, un aspirante a escritor que manipula la realidad para hacer literatura. Liga con la conserje, espía desde el baño a sus vecinos, se cuela en sus apartamentos. Escucha, graba y escribe. Protagonizada por Javier Gutiérrez, mezcla el thriller y la comedia para generar una reflexión sobre el afán de trascender de los artistas.

“Un artista es un lúcido y un demente”, dice, antes de presentar su película en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, el autor andaluz. “Todo creador tiene sus pulsiones. Los límites, el determinar hasta dónde es capaz de llegar, los pone cada uno. Yo, obviamente, no hago las cosas que hace el personaje, pero también tengo algo de él”.

De Manuel Martín Cuenca se sabe que: se licenció en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Complutense de Madrid, trabajó con Mariano Barroso e Icíar Bollaín, dio clases en la Escuela de San Antonio de los Baños en Cuba, hizo cortometrajes y videos comerciales, tiene cinco largos de ficción y tres documentales, ha obtenido cuatro nominaciones a los Premios Goya y ha sido reconocido en certámenes internacionales. Se sabe eso y que nació en Almería y no El Ejido, como suele aparecer en Internet. Eso y que antes de ser cineasta quiso ser arquitecto, escritor y filólogo.

Manuel Martín Cuenca, el fracaso como escuela 1
Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre y María León protagonizan el filme (Julio Vergne)

“Recuerdo que tenía una agenda en la que anoté, a los siete u ocho años, que me gustaría ser arquitecto. Luego quise escribir hasta que me di cuenta de que quería hacer cine”.
Hijo de un agricultor y una ama de casa, “ambos hijos de la posguerra, sin estudios, no muy cultos pero sí muy sabios”, afirma, se desplazó con sus padres a los cinco años a la población de El Ejido. De esa época evoca la pobreza de la Almería de los 70 y los vasos de leche que le daban en el colegio para combatir la desnutrición.

“Sólo tengo dos recuerdos de cine: uno, de ver la historia de un barco que se daba la vuelta, que se llamaba Poseidón; y otro, de una película que me encantó en ese momento y que mucho más tarde descubrí que era La mujer pirata, de Jacques Tourneur”.

Tras mudarse a Granada, a los 11 años, comenzó a ir al cine solo. Veía lo que un chico de entonces solía ver: Indiana Jones y La guerra de las galaxias. Se hizo asiduo a las salas de arte y ensayo y vio filmes de Bernardo Bertolucci, de Pier Paolo Pasolini y de Pedro Almodóvar y se matriculó en Filología en la Universidad de Granada.

“Un día, en un cineclub al que solía ir, vino un cineasta a dar una charla y me di cuenta de que era una persona normal, de carne y hueso, real, que había hecho una película y que estaba ahí, al frente, y supe que yo también quería hacer eso”.

¿Y por qué no estudió cine?

Porque en esa época no había escuelas oficiales de cine y las pocas privadas que existían no podía permitírmelas. No tenía dinero y mi padre se había enfadado conmigo porque dejé mi carrera al tercer año para irme a Madrid y empezar de nuevo.

Manuel Martín Cuenca hizo en Madrid sus primeros cortometrajes y comenzó a trabajar como asistente de dirección, primer ayudante, script o director de casting en filmes de Felipe Vega, Mariano Barroso, José Luis Boreu, Alain Tanner o Icíar Bollaín. Fue en esos puestos que aprendió el oficio del cine, en los que se preparó para dar el salto a la dirección. Cansado de hacer de auxiliar, decidió que ya era hora de rodar sus propias películas. Dijo que no a toda llamada que recibía con alguna oferta de trabajo. Así estuvo dos años hasta que nadie más lo llamó y comenzó a hacer vídeos industriales.

En ese período también escribió una novela: El ángel de la prisa (1995), la historia de una chica que tiene la fantasía de conocer el mundo marinero y hace un viaje por la costa de Granada para darse cuenta de que la realidad del mar no era como la imaginaba.

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“El autor” se estrena el 17 de noviembre en las salas españolas.

¿Y la leyó alguien?

La leyeron mi madre, mis hermanos y mis amigos. Se editaron 500 ejemplares y se venderían como 50 o 100. El resto todavía debe estar por ahí.

¿Dio por finalizada su etapa de escritor?

Tengo mi gusanillo. Lo que pasa es que le tengo mucho respeto a la literatura por el esfuerzo que me costó escribir esa novela. Ya luego empecé a dirigir y lo dejé.

Lo primero que dirigió Martín Cuenca fue un documental en Cuba. Mariano Barroso le propuso irse como coordinador de dirección de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños. Estuvo allá un año, entre idas y vueltas. Daba clases y regresaba a España a hacer vídeos. En la isla, se le ocurrió la idea de hacer una película de no ficción que narrara la historia del país caribeño a través de su deporte nacional, el béisbol. Se llamó El juego de Cuba y ganó el premio al Mejor Documental en el Festival de Málaga 2001.

¿Y le gustaba el béisbol?

No tenía ni idea, pero ahora sí me encanta.

Su siguiente película fue La flaqueza del Bolchevique (2003), una suerte de Lolita española, adaptación de la novela de Lorenzo Silva, protagonizada por Luis Tosar y una jovencísima María Valverde que obtuvo un Goya a la Mejor Actriz Revelación. Luego vendrían Malas temporadas (2005), un melodrama de historias cruzadas con Javier Cámara; La mitad de Óscar (2010), un filme sobre un guardia de seguridad que tiene dos años sin saber nada de su hermana; y Caníbal (2013), un thriller protagonizado por Antonio de la Torre que obtuvo ocho nominaciones a los Goya. En el medio, hizo documentales a varias manos y en solitario. Su filmografía ha recibido el visto bueno de la crítica y de los festivales.

“Eso me motiva a nivel personal y, sobre todo, me permite sobrevivir en la industria. Que La flaqueza del Bolchevique haya ido a San Sebastián me mantuvo vivo. Si eso no ocurre, si no hubiese ido a ningún festival, quizás no habría hecho ninguna otra película”.

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Manuel Martín Cuenca ha dirigido cinco largometrajes de ficción (Julio Vergne)

Manuel Martín Cuenca escribió en el diario de rodaje de El autor que el fracaso es su mejor escuela. Él ha tenido sus desilusiones: tras terminar su primer cortometraje, El día blanco (1990), decidió exhibirlo en sala junto con otros tres cortos. El suyo, seis minutos de primeros planos y planos generales sin diálogos, era el único que no era comedia.

“Yo pensaba que había hecho la enésima potencia de la poesía, que iba a cambiar la historia del cine. Había 600 personas. Se proyectó de primero y fue una cosa gélida. Sentí la energía ‘de qué mierda es esto’ y estuve nueve años sin dirigir”.

¿Y qué le hizo volver?

La obsesión. Al corto tampoco le fue bien en festivales. Eso me hizo más fuerte. Me enseñó que, hagas lo que hagas, nunca va a ser tan bueno como sueñas y que te tienes que saber enfrentar al fracaso, a la posibilidad de que no gustes.

¿Sueña con Hollywood?

A mí me encantaría dirigir en inglés, no en Hollywood. Si vuelvo al chaval de 20 años que era, nunca pensé que hubiera podido hacer cinco películas y tres documentales. A todos nos interesa llegar al mayor público posible, pero tampoco voy a renunciar a mi cine para ser más comercial. Voy día a día. Todo esto es un camino para darte cuenta si vales o no para hacer algo. Si me lo ofrecen, lo intento. Igual fracaso o igual no.

¿Ha dejado algún guión a medias por un bloqueo creativo?

Nunca. Una vez que empiezo a escribir siempre llego hasta al final.

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Carlos Mayoral, reinvidicando la Generación del '98

Anna Maria Iglesia

Foto: Círculo de Tiza

Si tienen twitter, Carlos Mayoral no les será desconocido. Aunque el nombre no les sea familiar, su apodo tuitero lo reconocerán de inmediato: La voz de Larra. Tras este apodo, indicador claro de las debilidades de su dueño, se esconde Carlos Mayoral, un lector voraz de clásicos y un amante empedernido de la literatura y el pensamiento de la Generación del ’98. Colaborador de medios como The Objective, Mayoral acaba de publicar Empiezo a creer que todo es mentira, un recorrido a través de los clásicos que ha influido en su formación. De Cervantes hasta Borges o Ana María Matute, Mayoral rinde homenaje a los escritores cuyos textos, a pesar del tiempo transcurrido, siguen interpelándole, demostrando aquello que decía Calvino: un clásico es un libro que nunca deja de leerse.

¿Cómo nace la idea de escribir un libro como Empiezo a creer que todo es mentira?

Es muy difícil decir en qué momento surge la idea de este libro, pues creo que la idea ha ido fraguándose dentro de mí a lo largo de los años, pero sí puedo decir que el libro tiene que ver con el trato bastante injusto que se da a los clásicos. Yo, que ahora estoy más en contacto con el mundo cultural, me doy cuenta de que, si bien te encuentras con personas muy cultas, no son pocas las veces en las que, al aludir a dioses de la literatura hispánica, te das cuenta de que gente muy culta no sólo los desconoce, sino que no tiene el más mínimo interés en acercarse a ella. Este rechazo me provoca mucha antipatía.

¿Has encontrado alguna explicación para ello?

Creo que la clave está, principalmente, en la educación y en cómo nos han inculcado el amor por los clásicos durante los años de estudio. Es evidente que el sistema educativo nos ha conducido muy mal hacia los clásicos. Y, precisamente por esto, ante esta situación, a mí me gustaría ser un poco justiciero y devolver a los clásicos el lugar que merecen y, sobre todo, inscribirles en un plano contemporáneo, demostrando así que los clásicos no son anacrónicos. Unamuno es tan actual o más que cualquier escritor contemporáneo y podemos irnos aún más atrás: en el barroco te encuentras autores literariamente perfectamente actuales. Con Empiezo a creer que todo es mentira quería demostrar la contemporaneidad a los clásicos, porque estoy convencido de que los clásicos pueden ser tan actuales como Murakami o James Rhodes. En definitiva, a través de mi libro quería dar a los clásicos un halo de modernidad que no siempre se les reconoce.

Decía Calvino que un clásico es un libro que nunca se deje de leer, pero ¿Qué es un clásico para Carlos Mayoral?

Un clásico es un discurso atemporal, un discurso que sirve hoy como servirá mañana y como servía ayer. Para un clásico, el tiempo no es lo importante, por ello es tan clásico y tan contemporáneo un autor greco-latino como lo es Borges. No hay que sorprenderse ante la posibilidad de considerar actuales algunos textos greco-latinos, en concreto los diálogos de Platón. El clásico, por tanto, es un discurso que escapa del tiempo y que sirve como respuesta a preguntas que son siempre son las mismas. Lo decía precisamente el otro día Juan Cruz: las preguntas están ya toda hechas. Y un clásico es una respuesta a estas preguntas

¿Las preguntas, como los temas literarios -el amor, la muerte, el tiempo…- son siempre las mismas?

Totalmente. A mí el tiempo me obsesiona muchísimo y lo utilizo, incluso, en los pequeños textos: dejo pasar tiempo en el momento de escribirlos para que entre el principio y el final se establezca una perspectiva temporal. Las preguntas que nos planteamos son siempre las mismas, de la misma manera que el amor y la muerte son los grandes temas de siempre de la literatura.  Esta dualidad, eros y tanatos, está presente desde el mundo latino hasta ahora.

Carlos Mayoral, reinvidicando la Generación del '98
Portada del libro de Mayoral editado por Círculo de Tiza.

Estamos hablando de clásicos, pero si hay una literatura que ocupa gran parte de tu atención es la literatura de la Generación del ’98.

Sí, es así, porque los autores de la Generación del ’98 cumplen perfectamente con ese requisito propio de los clásicos: son grandes contestadores de preguntas que siempre están ahí. Hace poco leía Castilla de Azorín y creo que es el mejor libro de cuentos que he leído jamás, mejor incluso a cualquier libro de relatos de los autores hispanoamericanos, que son unos maestros del género breve. Nunca he leído un libro de cuentos como Castilla de Azorín y su libro es la clara demostración de que los clásicos, porque Azorín es un clásico, están denostados.

Muy contundente en tus palabras

Es así, si ahora pones un libro de Azorín sobre la mesa la gente se desmaya cuando Azorín es un autor ligero, sencillo y moderno en el sentido amplio de la palabra. Asimismo, Castilla es la prueba de la majestuosidad del ’98, una generación que trató de contestar a grandes preguntas a través del cuento, de la poesía, de la sátira, piensa en Valle-Inclán, y del ensayo a través de autores como Unamuno o Ortega y Gasset. Por ello, cuando contraponen a la generación del ’98 la del ’14 o la del ’27, digo que ninguna de estas dos se acerca a la primera, porque los autores del ’98 consiguieron proponer una obra y un pensamiento incomparablemente amplio. Y este es el motivo por el cual siempre que puedo aludo a los autores de la generación del ’98.

Dejando de lado Antonio Machado, puede que lo que sucede es que haya autores y obras del ’98 que hayan envejecido mal. Pienso, por ejemplo, Jacinto Benavente e, incluso, el libro La deshumanización del arte de Ortega y Gasset

No estoy muy de acuerdo, yo tengo la sensación de que lo que ha envejecido mal es lo que siguió al’98 y que desafortunadamente acabó comiéndoselo. En este sentido, creo lo que ha envejecido mal es el surrealismo. El Lorca surrealista, que en su momento se impuso en parte a la poesía ’98 y arrinconó a Juan Ramón Jiménez, ha envejecido bastante mal, es decir, el Lorca de Poeta en Nueva York ha envejecido bastante más que el Lorca de los Sonetos del amor Oscuro o de Romancero Gitano. Son las vanguardias las que están envejeciendo, no el ’98. Basta leer a Ángel González, José Hierro o a Luis García Montero para darse cuenta que tras su poesía está Antonio Machado. Y lo mismo sucede con Unamuno y con Ortega, que siguen siendo autores esenciales en la actualidad y muy vigentes: Unamuno influye muchísimo en Ortega y el pensamiento y la filosofía de hoy no la podemos pensar sin Ortega.


Personalmente, diría que Ortega quedó sepultado, puede que no del todo, pero si en gran parte, por Heidegger y que la filosofía de la segunda mitad del XX estuvo más influenciada por la Escuela de Frankfurt, el neo-marxismo o el pensamiento francés a partir de los sesenta.

Una cosa no quita la otra. Fíjate que hay mucho Heidegger en Ortega y mucho Ortega en Heidegger, están interconectados, por mucho que sean rivales. Hay una frase que dice que Ortega y Gasset enseñó a pensar en castellano. Independientemente de que se esté de acuerdo con sus ideas o no e independientemente de que el último Ortega, ya apagado por la dictadura, sea infumable, creo que la manera que tiene de entender el conocimiento y de transmitirlo fue fundamental para los filósofos que le siguieron, empezando por Julián Marías, Marina y demás. Hay que decir que Ortega era un excepcional prosista que sabía transmitir sus reflexiones de forma excepcional.  Todos los filósofos españoles de la segunda mitad del siglo XX y los contemporáneos beben de Ortega. Y, dicho esto, vuelvo a lo de antes: no existiría Ortega sin Unamuno, que están en todo. En fin, para volver a tu pregunta, no creo que ni Ortega ni Unamuno ni tampoco los otros componentes de la Generación del ’98 sean autores que hayan envejecido mal.

Tengo bastantes dudas de que se pueda hablar de filósofos españoles tras la segunda mitad del XX. En todo caso hablaría de profesores o historiadores de filosofía. Y destacaría como última gran filósofa a María Zambrano, la única que con su “razón poética” creó un sistema de pensamiento.

Pues para contestar a tu observación, vuelvo a recurrir a Unamuno, que decía: en España, la razón y la ciencia, que son los dos grandes ejes de la filosofía, no han funcionado, sin embargo, siempre hubo una puerta trasera para llegar a la filosofía y esta puerta es la mística. Cuando Unamuno habla de mística no debemos pensar solamente en la mística religiosa de San Juan de la Cruz, sino en la creación artística en general. Para Unamuno, la mística no tenía que ver con la razón, pero sí con el arte y con la literatura, las dos expresiones que permitían llegar al conocimiento. España carece, por tanto, de una tradición filosófica si pensamos la filosofía como el arte de la razón, pero sí encontramos mucha filosofía en grandes textos literarios e, incluso, periodísticos. No hay que olvidar que tanto Unamuno como Ortega escriben en periódicos.

En este sentido, a quien reivindicaría es el Antonio Machado prosista.

Claro, el Mairena es filosofía pura, pero planteada narrativamente. Parece que la cultura hispánica no puede separarse de la narración para pensar y creo que no es algo a desdeñar. Cuando Ortega le espetaba a Unamuno que en España hubiéramos sido incapaces de inventar la luz, Unamuno le contestaba: sí, pero la luz luce aquí como allá donde se inventó. Ojalá El Quijote luzca en otros lugares igual que aquí.

Volviendo a tu libro, hay que decir que tiene un gran poso autobiográfico, ante todo porque es a través de un supuesto yo autobiográfico que te acercas a los autores.

Sí, porque el libro es una radiografía de un lector. Esa primera persona, que no sé si mira a la literatura con mis mismas pupilas, lo que hace es radiografiar sus lecturas y refleja la importancia que han tenido esos autores y esos textos en su vida. Es a partir de la experiencia lectora que yo escribo los textos sobre los autores allí reunidos y, precisamente por ello, por partir de la experiencia lectora, los textos tienen tonos distintos. Por ejemplo, soy bastante lírico en el texto que dedico a buscar un verbo para hablar del asesinato de Lorca; necesitaba forzosamente un tono lírico y solemne, todo lo contrario de lo que necesitaba para escribir sobre Nada de Carmen Laforet. En este texto, utilizo un tono más jocoso. El tono de la escritura es el tono de mi lectura, es decir, el tono que me exige la lectura de esos textos.

En el capítulo dedicado a Lorca, cuestionas el uso de término “asesinato”, “muerte” o “ejecución” para referirte a su asesinato, alegando que su obra pervive. Sin embargo, ¿No es algo peligroso cuestionar dichos términos? Si bien es cierto que su obra pervive, Lorca sigue siendo víctima de una ejecución.

En este capítulo hay una crítica soterrada a ciertos planteamientos que no comparto. Me ha ocurrido, en más de una ocasión, de escribir sobre la obra de autores como Lorca, Miguel Hernández o Machado y de encontrarme con lectores que me han reprochado por no hablar de lo que fue de ellos. Me pasó recientemente en el aniversario de Lorca: escribí sobre su obra y un lector me señaló que no podíamos olvidar que había sido asesinado por unos fascistas. Está bien, pero si hablamos de su obra hablamos de su obra y no de su vida. Su obra está muy por encima de todo esto. Por tanto, el capítulo que le dedicó a Lorca nace de la constatación de que de tanto buscar el verbo con el cual describir cómo murió Lorca perdemos lo que realmente importa, su obra y su legado. De ahí que me pregunte hasta qué punto podemos decir que Lorca fue asesinado, hasta qué punto su muerte agrandó su figura y hasta qué punto Lorca sigue vivo en cuanto su legado perdura.

Puede que no diga nada de su obra, pero el uso del verbo importa, porque cuenta o deja de contar lo que pasó. Si hay libros de texto que no dicen que Lorca fue ejecutado es porque no les interesa contar la historia de este país tal y como fue.

Indudablemente. Es una vergüenza lo que se está haciendo con la educación en este país. He leído que en un libro de texto decía: “Antonio Machado se fue de España y murió en Francia”. La historia tiene que conocerse y a partir de ella reflexionar, pero lo que no podemos hacer es que la historia se imponga al arte, porque entonces estaríamos siendo injustos, ante todo, con los escritores y creadores. No me cabe la menor duda de que Lorca no quiere ser recordado por esa escena -lo voy a decir, aunque suene mal- tan humillante que vivió poco antes de ser fusilado: Lorca fue golpeado por un fusil al grito de ‘maricón’. Estoy seguro de que él no querría ser recordado por esto, sino por su arte, por su Romancero Gitano, por su Poeta en Nueva York…. Dicho esto, estoy de acuerdo contigo: la historia debe conocerse, debe saberse qué paso realmente, eso sí, siempre y cuando la historia no se anteponga al arte.

A propósito de no anteponer la historia al arte, tu aproximación a los textos literarios es bastante biográfica. ¿La vida de los escritores, para ti, es muy importante?

Sí, mucho. En la facultad de filología, ha habido una línea de estudio que proponía pasar por alto la biografía e ir directamente a la obra. Sin embargo, yo creo que las biografías de los autores completan la lectura de sus obras. Indudablemente alguien puede acercarse hoy día a El Quijote, la mayor obra que jamás se haya escrito, sin necesidad de saber quién era Cervantes ni en qué contexto histórico fue escrito. Sin embargo, si conoces la vida de Cervantes, tu lectura de El Quijote se completa, porque, al final, la vida del escritor siempre está presente en la obra, nos guste o no. Yo he escrito un par de libros y puedo decir que cuando escribo me dejo influir por mis vivencias y por mi contexto. Por tanto, hay un punto en el que la biografía del autor y su obra se tocan.

La crítica estructuralista y post-estructuralista te advertiría que la escritura convierte al yo en otro, es decir, que el “yo” narrativo es un “yo” ficcional. ¿Con una lectura biografista no corres el riesgo de leer la obra de un autor solo en base a su vida?

Probablemente, pero es hay que tener en cuenta que la relación entre la vida del autor, la obra y el lector es muy personal y subjetiva. Y esto lo digo pensando en mi propia experiencia personal. Yo leí El Quijote antes de entrar en filología y lo volví a leer después y esas dos lecturas fueron distintas; la segunda vez, El Quijote adquirió para mí una dimensión que no tenía antes. Siempre digo que las lecturas deben llegar en su momento apropiado y con cada lectura nos relacionamos de forma diferente, dependiendo de cuándo la leemos y en qué circunstancias. Tú eres amante total de Vila-Matas, a quien yo leí muy mal. Ahora es un escritor a quien hoy adoro, sin embargo, si me hubieras preguntado por él hace algunos años no te hubiera dicho lo mismo, porque mi relación con su obra era pésima. La capacidad intelectual que te lleva, con el tiempo, a comprender ciertos autores se completa con las biografías. Aunque, tienes razón, hay que saber dónde empieza la obra y dónde se acaba y, por esto, es importante conocer el punto en el que se tocan.

Tú que has reivindicado la figura de Javier Marías y de Vargas Llosa, ¿cómo interfieren sus opiniones en esa relación, a la que apelas, entre lector, obra y escritor?

Todas las personas que están, de una manera u otra, expuestas al público tiene que tener presente esta interferencia. De todas maneras, basta leer dos o tres párrafos de Javier Marías para darte cuenta de que estás delante de un narrador diferente, que estás ante alguien que eleva el arte de la escritura. Y esto está ahí y me da igual lo que luego escriba en otra parte, me es indiferente lo que opine o no. Ahora bien, es normal que las columnas puedan interferir en la relación que instaure un lector con sus obras y, por tanto, la relación que pueda instaurar el lector que por primera vez a Corazón tan blanco de Marías o a La ciudad y los perros de Vargas Llosa estará sin duda marcada por los artículos y las opiniones de los dos autores.

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