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Gabo, el niño que con sus caricaturas retrata la crisis en Venezuela

Tal Levy

Foto: José Clemente
The Objective

Tiene once años pero para su mamá “es un viejito”, “el Profe” como le decían sus compañeritos y maestras de escuela, el que desde pequeño hablaba con palabras que los niños no usaban, el que opinaba de temas sobre los que los chiquillos de su edad por lo general no se ocupaban.

¿A cuenta de qué vas a mezclar tus dibujos con política?– le preguntó su madre sorprendida al ver el giro que advertía con esas elocuentes frases que rebosaban de actualidad.

–Es que ahora me gusta la caricatura– respondió.

–¡Sigue haciendo lo tuyo, tus dibujos de animalitos, de cangrejitos, de pececitos!– le replicó.

Pero Gabriel Moncada González o simplemente Gabo, nombre con el que desde pequeño le llaman y que adoptó como firma, sabía muy bien lo que quería. Le rogué a mi mamá que subiera mi caricatura a Facebook y vi que a la gente le gustó. Así que empecé a hacer más con la esperanza de que alguien importante las publicara”.

El 23 de diciembre del año pasado le llegó por anticipado su regalo navideño cuando el portal Te Lo Cuento News comenzó a difundir sus caricaturas, precisamente una de un pino en el que en lo alto, inalcanzable, figuraba un pavo y no una estrella de Navidad.

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Una muestra de las caricaturaas de Gabo | Imagen vía TeLoCuentoNews

“Me gustan las caricaturas porque son una forma de denuncia con ese toque gracioso que lo suaviza todo. Mi objetivo es que la gente reflexione sobre lo que está pasando en Venezuela y se dé cuenta de que aquí no la estamos pasando bien, que hay problemas muy graves como la falta de medicinas, la escasez de alimentos, hay niños que se están muriendo de hambre en este momento, la juventud del país está emigrando porque aquí realmente no tiene futuro”, dice Gabo en esta su primera entrevista.

Como la mayoría de los niños venezolanos, su cotidianidad se ha visto afectada por la crisis. “Antes, cuando tenía 7 u 8 años, solíamos ir a restaurantes, a pasear por allí, pero eso ya no se puede porque muchas cosas se han puesto casi impagables, ni siquiera puedes salir a caminar al parque a las 5, a las 6 de la tarde, ya que se hace de noche y la delincuencia es extrema. En mi salón de clase, tres amigos se han ido del país y hace poco tiempo dos de mis primas emigraron a Miami”.

Las 28.479 muertes violentas que de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Violencia ocurrieron en 2016, convirtiendo a Venezuela en el segundo país del mundo con la mayor violencia letal, es una realidad a voces que como un fantasma aterrador persigue a los venezolanos.

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“No tengo que pensar mucho con este gobierno ya que todos los días hay material para caricaturas”, afirma Gabo | Imagen vía TeLoCuentoNews

Dar la vuelta y ver más allá

“Esto ha traspasado todo, ya no hay disimulo posible. Por más que uno quiera mantenerlos ajenos a una realidad tan cruda, es muy difícil. Cuando en una casa no hay qué comer, los niños se enteran, y eso está pasando en todos los hogares; cuando hay inseguridad en el barrio, ellos lo ven. Los niños saben lo que está pasando, les afecta su vida diaria, porque si antes iban al cine, ahora ya no; si antes estrenaban uniforme para empezar el año escolar, ahora no, además del estrés, de la angustia de los padres”, ahonda su madre, la periodista venezolana Cecilia González, de quien Gabo afirma haber heredado “ese don de investigar, de dar a conocer las cosas que están pasando”.

Venezuela tiene la inflación más alta del mundo, proyectada por el Fondo Monetario Internacional en 720% para 2017. El billete de más alta denominación equivale a menos de un euro según la cotización del mercado paralelo y a unos 5 euros en el mercado oficial.

Cuando se vive en una suerte de mundo al revés, como destaca González, no es fácil ser la mamá de un niño caricaturista. “Él siempre ve las cosas más allá, dándole la vuelta a todo, buscando dónde está la idea para la próxima caricatura. Entonces, termina indagando, haciendo miles de preguntas sobre cosas que los niños muchas veces a esa edad no preguntan, de la vida política, de lo que no debería ser y está pasando en el país. Y uno tiene que buscar la forma de darle respuesta a asuntos tan duros, tan crueles, como lo es la violación de derechos humanos o la existencia de presos políticos. Son cosas difíciles que los niños no deberían estar viendo ni viviendo”.

En Venezuela el número de presos políticos asciende a 590, de acuerdo con la ONG Foro Penal Venezolano en su informe de agosto de 2017. Frente a la escalada de violaciones a los derechos humanos, el secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, con la ayuda del ex fiscal jefe de la Corte Penal Internacional (CPI), Luis Moreno Ocampo, trabaja conjuntamente con expertos independientes para determinar si hay elementos suficientes para llevar al gobierno de Nicolás Maduro ante la CPI por crímenes de lesa humanidad.

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Más de las caricaturas de Gabo | Imagen vía TeLoCuentoNews

Trazos de hambre

Gabo sabe decir las cosas que quizá muchas veces la gente no logra entender de otra manera, asegura quien se considera su mamá artística. “Te Lo Cuento News es un medio de oportunidades. Tener al caricaturista más joven de Venezuela es un lujo. Sus caricaturas son de calidad, no tiene nada que envidiarle a los de avanzada trayectoria. Las ha ido mejorando, en sus líneas, sus colores”, afirma la directora de la página web, María José Ramírez, una periodista venezolana radicada en Estados Unidos.

Con su ingenio, sus pueriles trazos abordan desde la delincuencia hasta la inflación, pasando por la injusticia, la escasez de productos básicos, el hambre, la crisis en general.

“¿Y la comida? Nos la quitaron”, se preguntan las ratas al ver unas manos humanas hurgando entre los desechos en una de sus más recientes caricaturas. “Tristemente, cerca de donde yo vivo y en toda la ciudad de Caracas tú ves gente comiendo de la basura de lo difícil que está la situación. Sólo ponte a pensar, esa gente no tiene dinero para comprar un kilo de auyama o un pan, claro, si es que lo consigue”, cuenta Gabo.

La carestía y la falta de alimentos es una realidad de la que es difícil apartar la mirada. Son necesarios 15 salarios mínimos para comprar la canasta básica de alimentos. Que la población y sobre todo los niños pierdan peso y hasta talla es una señal inequívoca.

La fundación Caritas Venezuela ha encendido la alerta con el Monitoreo de la Situación Nutricional en Niños Menores de 5 años pues entre abril y agosto de 2017 en 68% de los evaluados se registró algún grado de déficit nutricional o riesgo de padecerlo.

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Aedes aegypti | Imagen vía TeLoCuentoNews

El comunismo como plaga

En otra de sus caricaturas aparece el Aedes aegypti, el mosquito transmisor del zika, el dengue y la chikungunya, junto a una frase: “Aedes comunismus. El animal más nocivo del mundo. ¡Cuídate!”.

“En mi escuela habíamos hablado de enfermedades como el dengue, el zika; entonces, creo que escuché un comentario de que el comunismo es una enfermedad y allí me vino a la mente esa idea. Como recién había dibujado un mosquito para el trabajo de la escuela, pues no se me hizo nada difícil”, explica.

El comunismo, una palabra con resonancias muy grandes en boca, o más bien trazo, de un niño todavía. “Para mí es una ideología que dice que nadie tiene derecho a tener más que el otro, pero eso en realidad no es a así. Si una persona se faja (dedica intensamente) estudiando, hace un posgrado de 5 años y consigue un buen empleo, tiene derecho a tener mucho más que el flojo que no ha hecho nada en toda su vida”.

Todo le sirve de material para sus caricaturas. “Vi un programa de la evolución humana y me puse a pensar: se supone que la evolución es para mejorar una especie y con Maduro no parece que haya pasado eso”.

Una mascota o 2,5 kilos de carne

Pero ¿cómo es su proceso creativo, es decir, cómo surge la idea y le da forma, la plasma? “Antes de hacer una caricatura, yo suelo ver las noticias para enterarme de lo que está pasando. Después me pongo a pensar hasta que me llega la idea. De vez en cuando me llega así, de repente, o la veo en mi vida cotidiana, aunque en realidad no tengo que pensar mucho ya que con este gobierno todos los días hay material para caricaturas”, dice este aficionado al dibujo y la lectura.

Frente al llamado Plan Conejo que Maduro junto a su gabinete expuso recién al país entre sorna al afirmar que este animal no es una mascota, sino “dos kilos y medio de carne con alta proteína y sin colesterol”, para introducir su cría y su consumo en la dieta de los venezolanos, Gabo se resiste y ha dibujado a un imaginario Copito acompañado de un “yo era feliz como mascota y ahora los rojos dicen que soy comida”. Sabe que hay gente que lo ingiere pues forma parte de su cultura, pero “en lo personal lo veo como una mascotita, yo no podría comerme un conejo”, confiesa quien el próximo 12 de octubre cumplirá 12 años.

De sus cerca de 40 caricaturas, que se publican cada viernes en la sección “Así lo mira Gabo” en Te Lo Cuento News, esa es su favorita, quizá porque supo que la retuiteó el artista plástico y humorista gráfico venezolano Eduardo Sanabria, mejor conocido como Edo.

“Antes, cuando comprábamos periódicos, siempre venía una caricatura y a mí me encantaba verlas, me divertían mucho. Eran graciosas, pero te pones a pensar y son una denuncia, tocan de una forma casi perfecta un tema bastante triste en realidad”, señala Gabo.

Fue gracias a la obra de Rayma, Edo y Weil, caricaturistas de los principales medios venezolanos que hoy se han visto en la necesidad de emigrar de su país, como se interesó por el humorismo gráfico.

“Desde que llegó Hugo Chávez al poder el tema político impregnó todo el país y ahora con Nicolás Maduro más, y este muchacho no se ha escapado a eso. Tiene madera, de verdad que sí. Dibuja bastante bien para su edad”, comenta Edo.

Y es que le sorprende que un niño de 11 años tenga el tema del humor gráfico político tan claro. “A diferencia de uno cuando tenía su edad, él está imbuido en todas las redes sociales y sabe que hay muchas caricaturistas que hacen humor político, entonces tiene ese camino más claro. Los tiempos han cambiado, las redes te dan esta oportunidad de expresar tu opinión, que hace muchos años si no eras un Zapata (artista plástico y caricaturista venezolano emblema ya fallecido) era más difícil. Las redes son una bendición”.

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El caricaturista de 11 años que busca que la gente reflexione sobre lo que está pasando en Venezuela | Imagen vía José Clemente

Un pasatiempo que da vida

Pero ¿de dónde proviene la fijación de Gabo en la política? “Me interesa porque esas pocas personas importantes son las que tienen que encargarse de dar una buena calidad de vida a todas las personas de un país”, responde.

Lo primero que se le ocurre es el dibujo, antes que la frase que lo acompaña. “Cuando tengo la idea, me tardo como 40 minutos. A la semana suelo hacer una o dos caricaturas, inclusive tres si me inspiro. Sé que no soy el mejor dibujante del mundo, pero cuando dibujo siento que le doy vida a lo que estoy pensando, porque primero viene el lápiz y después el color”. Sus padres, según dice, son su control de calidad.

¿Y cómo quisiera que fuera su país?, ¿cuál es la Venezuela que Gabo imagina? “A mí me gustaría una Venezuela próspera, libre, con un buen gobierno, con un bolívar que valga algo, donde pueda salir a las calles sin miedo a que te roben o inclusive te quiten la vida, donde no te puedas morir de hambre, donde los anaqueles de las tiendas siempre estén llenos y la gente siempre esté feliz porque lo tiene todo”.

Frente a la ineludible pregunta sobre qué le gustaría ser cuando sea grande, contesta sin titubear que biólogo marino. “Las caricaturas creo que me las voy a tomar como un hobby o quizá como un segundo empleo, nadie sabe”.

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La diálisis en Venezuela: un corredor de la muerte

Anna Carolina Maier

Foto: Daniel Hernández
El Estímulo

Las cuentas de Twitter del Ministerio de Salud de Venezuela y del ministro de esa cartera, Luis López, parecen las oficiales de la tierra de Narnia. Lo que allí se muestra es un país muy distinto a la Venezuela que hoy padecen sus ciudadanos.

Mientras en los tuits, el Ejecutivo se ufana de repartir medicinas y garantizar la salud a través del número 0800SALUDYA, la vida de 16.000 pacientes renales está en riesgo por la escasez de insumos para diálisis -procedimiento que se utiliza para extraer las toxinas y el exceso de agua de la sangre y del que dependen para sobrevivir-.

Durante la última semana han muerto cuatro personas a la espera del tratamiento en las unidades para diálisis paralizadas que se han convertido en una especie de corredor de la muerte.

Francisco Valencia, director de la Coalición de Organizaciones por el Derecho a la Salud y a la Vida (CODEVIDA), ha expresado a The Objective que el año pasado advirtió de que los centros de atención estaban teniendo serias dificultades debido a la intermitencia en el suministro de insumos. De hecho, muchos ya habían reducido las terapias de las cuatro horas correspondientes a dos, pero hace una semana la crisis se complicó.

32 de los 129 ambulatorios de hemodiálisis distribuidos en todo el país dejaron de prestar el servicio el viernes debido a la falta de filtros para las máquinas, sin los cuales no hay diálisis. Los demás funcionan con serias dificultades.

“Desde CODEVIDA alertamos de que se habían agotado todos los insumos a nivel nacional lo que pone en riesgo la vida de 16.000 personas que necesitan del tratamiento de diálisis”, ha expresado Valencia. Por esta razón, se están registrando numerosas protestas en el país.

La diálisis en Venezuela: un corredor de la muerte
Unos pacientes protestan ante un centro de salud por la falta de insumos. | Foto: Andrés Gerlotti / El Estímulo

“Hay pacientes que llevan más de seis días sin hacerse el tratamiento a pesar de que es interdiario. En la última semana ya hemos registrado cuatro fallecidos aunque quizá haya más”, ha añadido. La situación de los pacientes es un verdadero drama. Muchos saben que sus vidas dependen del proceso como es el caso del señor Luis González quien no ha logrado contener sus lágrimas ante la cámara de este reportero.

CODEVIDA afirma que la situación es “catastrófica” y prevé que empeore ya que la respuesta oficial no llega a ser ni una tirita que alivie el problema. El ministro de Salud, Luis López, escribió en su cuenta de Twitter este lunes: “Gobierno Bolivariano envía 15.096 dializadores (filtros) a las unidades de hemodiálisis en todo el país”. El asunto es que los 16.000 pacientes necesitan cada uno tres terapias a la semana y en cada una se usa un filtro. Un paciente que prefirió mantener el anonimato dijo a The Objective que, ante la situación de desesperación, la enfermera le propuso lavar el filtro, a pesar del riesgo que esto significa.

Tanto las unidades de diálisis hospitalarias como extrahospitalarias son subsidiadas por el Gobierno que a través del Seguro Social (SS) debería aportar la maquinaria e insumos necesarios. Según los encargados de los centros de salud, cada tratamiento cuesta unos 15 millones de bolívares (484 euros a cambio oficial) y el SS está pagando tan solo 40.000 bolívares por paciente.

Para tener una idea del valor de esos 15 millones en el país latinoamericano, se traduce en el sueldo durante todo un año de un tercio de los trabajadores formales. También es lo que cuesta un neumático, si se llega a conseguir pues estos también escasean.

Los encargados de las unidades que imparten el tratamiento también han denunciado que hasta el año 2016 esa entidad abastecía para un mes de tratamiento, pero desde el último semestre del año pasado solo llegaban dializadores para el trabajo de una semana.

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Centro de hemodiálisis Riverside en Chacao. | Foto: El Estímulo y The Objective

Francisco Valencia explica que esta situación crítica es una lupa que permite observar tan solo una pequeña porción del grave problema sanitario en Venezuela. Afirma que en general en el país 300.000 personas con problemas crónicos de salud están en riesgo por la crisis de salud que el Gobierno insiste en negar.

El ministro de Salud, Luis López, aseguró a principios de diciembre del 2017 que no permitiría el ingreso de ayuda humanitaria. “Aquí nadie se arrodilla ante el imperio y mucho menos va a permitir que esta derecha imponga una supuesta ayuda humanitaria cuando nuestro pueblo está siendo atendido por el presidente Nicolás Maduro”, dijo López en Caracas a través del canal estatal VTV pero la ayuda resulta necesaria.

Para colmo, el número 0800SALUDYA a través del cual el Gobierno reparte a cuenta gotas algunas medicinas básicas y que es protagonista del Twitter oficial del Ministerio de Salud, es discriminatorio. La comunicación es realmente difícil y si te atienden, te piden el carnet de la patria -tarjeta de identificación impartida por el Gobierno-. Se trata de un DNI electrónico que regula la adquisición de alimentos y artículos de primera necesidad aunque poco sirve ante la falta de todo y, según la oposición, es utilizado como un mecanismo de control social.

CODEVIDA presentó una propuesta en el intento de mesa de negociación entre el Gobierno y la oposición que se lleva a cabo en República Dominicana para activar un mecanismo de cooperación internacional a través de la Organización Panamericana de la Salud o de la Organización Mundial para la Salud con los fondos de emergencia. “A través de los países amigos en Venezuela se podrían traer medicamentos al al país de forma inmediata. Y pueden llegar insumos hospitalarios para los 70 hospitales de mayor población que atienden al 80% de la población como un alivio a la situación”. El Ejecutivo se niega y de su disposición a resolver la crisis que continúa cobrando vidas.

Continúa leyendo: La muerte de Óscar Pérez narrada en directo a través de Instagram

La muerte de Óscar Pérez narrada en directo a través de Instagram

Anna Carolina Maier

Foto: Stringer
Reuters

“El lunes 15 de enero ocurrió algo en nuestro país que quedará inscrito en la memoria de todos. Una masacre pública con un desmesurado uso de armas letales. La brutal exterminación de un grupo de venezolanos que optaron por una vía de rebelión, discutible, sin duda, pero dictada por una genuina preocupación ante la bota horrida de la dictadura”. Así lo explicaba el escritor Leonardo Padrón en un texto en el que evidencia la incredulidad por parte de la mayoría de los venezolanos a la autenticidad de este grupo rebelde. Incredulidad que ha sembrado durante 20 años el chavismo y el Gobierno de Nicolás Maduro.

Mientras el cuerpo de Óscar Pérez  descansa bajo tierra en El Cementerio del Este de Caracas, su imagen se ha revitalizado y ha tomado forma en una especie de ídolo post-mortem. Abundan sus fotos en las redes, así como los textos en los grupos de discusión, que tras su asesinato, lo han llegado a comparar con personajes históricos como “El Cid, que muerto, se hizo más vivo que nunca”, como dice el artículo de opinión del columnista Alfredo Salgado, que se volvió viral. 

Los venezolanos siguieron los detalles de la muerte de Óscar Pérez a través de las redes sociales y los medios digitales por donde se informan, en un país marcado por la censura a la prensa. El preludio a su ejecución -transmitida por él mismo en vivo mediante Instagram– conmocionó al país.

Pérez era piloto e inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), lo que correspondería en España a la Policía Científica. Fue por primera vez noticia cuando sobrevoló el 27 de junio de 2017 con un helicóptero robado el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y, supuestamente, disparó granadas sonoras contra esa sede de Gobierno y otra del Ministerio del Interior mostrando una pancarta en la que se leía el número 350 en grande. Hacía referencia al artículo constitucional que llama a la desobediencia civil, en medio de las protestas contra Maduro -las manifestaciones masivas más constantes registradas en América– que el año pasado dejaron al menos 150 muertos, la mayoría jóvenes entre 17 y 30 años.

Óscar tenía 36 años de edad y estaba casado con Danahis Vivas​, con quien tuvo tres hijos: Sebastián, Santiago y Dereck, que residen con su abuela desde 2017 en México por razones de seguridad. Hace poco tiempo se dio a conocer que perteneció a la filosofía masónica. Uno de sus hermanos, Edgar Alexander Velásquez Pérez, fue asesinado en un asalto en Venezuela, una de las razones que impulsó al joven policía rebelarse en contra de las injusticias de su país. En sus primeros discursos difundidos por Youtube, insistía en que lucharía por sacar al país de la crisis, donde se registra la inflación más alta del mundo -que cerró el año pasado en un 2.000%-; la violencia ciudadana anualmente se cobra la vida de más de 27 mil personas; y la escasez de medicinas y el hambre mata a cientos de personas, muchos de ellos niños.

La muerte narrada en redes sociales

La escena del 15 de enero recordaría una película de acción como la que transmite la televisión en horario estelar. Como en cualquier filme, hay tomas de interiores y exteriores.  A través de un vídeo filtrado por los agentes policiales, se pudo ver cómo los funcionarios que participaron en el operativo dispararon un lanza cohetes contra el pequeño chalet -que parecía abandonado- en donde se encontraba Pérez junto a otros seis compañeros, protagonistas de su rebelión.

La muerte narrada en directo de Óscar Pérez a través de Instagram

El grupo se escondía en El Junquito -una zona popular y montañosa al Noroeste del Municipio Libertador en la capital-. El Gobierno llevaba siete meses buscándolos. Como en otros momentos de su fama mediática en las redes, Pérez usó su teléfono para documentar lo que ocurría. Narró -entre disparos- lo que sucedía e hizo un llamamiento a los venezolanos a “tomar las calles”. Se trataba, además, de la primera inminente ejecución política narrada en vídeo por la persona sitiada. La última transmisión la publicó a las 11:00am. El silencio después de esto dio a entender que los habían matado.

En los vídeos de las horas previas a su muerte, Óscar Pérez explicaba: “Aquí nos encontramos en la carretera nueva de El Junquito… Estamos negociando, no queremos hacer frente a funcionarios… Somos patriotas, nacionalistas, venimos con toda nuestra convicción. Para los que tuvieron dudas, aquí estamos peleando. Estamos agazapados pero ya estamos negociando. Venezuela vamos a seguir, en nombre de Dios, de Jesucristo”.

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El grupo se escondía en El Junquito, una zona popular y montañosa al Noroeste del Municipio Libertador en la capital. | Foto: Marco Bello / Reuters

Pérez insistía en que el grupo había bajado las armas e estaba intentando llegar a un acuerdo, pero las fuerzas del Estado continuaron con la arremetida. En otro de los vídeos se escuchó a uno de los agentes del Gobierno responderle a Pérez con tono amenazante: “Usted va ha hacer historia con este procedimiento ¿oyó?”.

En el epílogo de la ejecución, algunos abogados penalistas analizaron las circunstancias del operativo oficial y afirmaron que de terminar en muerte, se trataría de un crimen de guerra. Según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, se establece este delito, entre otras cosas, como “causar la muerte o lesiones a un combatiente que haya depuesto las armas o que, al no tener medios para defenderse, se haya rendido a discreción”.

Las ejecuciones extrajudiciales son una práctica constante y permanente de las fuerzas de seguridad del Estado para combatir a sospechosos delincuentes en operativos policiales, conocidos como OLP ( siglas de Operación de Liberación del Pueblo). La fiscal general de la República en el exilio, Luisa Ortega Díaz, denunció ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya a Maduro por los crímenes de lesa humanidad cometidos por funcionarios del Gobierno en estas operaciones. En noviembre del año pasado, ya contaba más de 500 acciones de este tipo. Pérez logró que un procedimiento de estos quedará documentado y registrado. 

“Nos están disparando con RPG (granada propulsada por un cohete), granadas, lanza granadas, dijimos que nos queremos entregar pero no dejan que nos entreguen, nos quieren asesinar”; “No disparen, aquí hay civiles, hay mujeres y niños”, son algunas de las frases que se escucharon en vivo por parte de Pérez. Había civiles y niños, como lo advirtió. Lisbeth Andreina Ramírez Mantilla, de 30 años, resultó abatida. Estaba embarazada. Se encontraba con el grupo subversivo porque se había sumado a la causa de su novio que pertenecía al equipo del inspector rebelado.

“Alfredo, soy yo, Andreína… aquí nos agarraron con Jairo… Los amo, los amo mucho; dile a mami que me perdone y a mi papá que me perdone por todo. Los amo, perdónenme por favor”, dijo en un mensaje de 13 segundos que envió a su hermano por Whatsapp poco antes de morir, que también se volvió viral.

Licencia para matar 

La confirmación oficial de la muerte de Pérez y de sus compañeros por parte del Gobierno tardó más de 24 horas. Lo que sí se supo casi de inmediato fue que en el operativo habían caído dos funcionarios al servicio del Estado. El presidente Nicolás Maduro dió su Memoria y Cuenta -ante la Asamblea Nacional Constituyente– el mismo día de los acontecimientos.

El mandatario venezolano felicitó a los agentes de seguridad del Estado por cumplir la orden que había dado tan solo 17 días antes y desmantelar lo que calificó como un “grupo terrorista que había amenazado al país”.  El 17 de enero, había dicho que cuando encontraran a Pérez, “plomo con él”. También acotó que, durante el operativo, dos hombres pertenecientes a la Policía Nacional Bolivariana (PNB) murieron con “tiros en la cabeza”.

Para añadir a esta trágica realidad un nuevo elemento más propio de Hollywood, es que entre los policías del Gobierno había delincuentes de renombre. De hecho, uno de los muertos mencionados por Maduro pertenecía a una de las bandas paramilitares más peligrosas del país.

Se trataba de Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera, miembro del colectivo Tres Raíces de la parroquia 23 de enero de Caracas, que fue enterrado el martes 16 por un grupo de efectivos de Fuerzas Especiales (FAES) de la PNB, con armas largas, pasamontañas y uniformados de negro en el mismo cementerio donde está enterrado el cuerpo de Pérez.

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Entierro del colectivo Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera. | Foto: redes sociales

Desde hace tiempo que los colectivos armados forman parte del escenario político. Son militantes del partido gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En tiempos del presidente fallecido Hugo Chávez, fueron fundados como organizaciones comunitarias a favor del Gobierno. Según los expertos que estudian su conformación, son civiles con entrenamiento policial, armados por las autoridades para amedrentar a los opositores y evitar alzamientos populares. Controlan varios territorios del país y, en muchas ocasiones, se financian con actos delictivos como la extorsión, el secuestro, el contrabando en el mercado negro de alimentos regulados y el narcotráfico. El Gobierno permite sus actividades a cambio de lealtad y defensa.

“Heyker ha caído en combate, como caen los revolucionarios de todos los días, los revolucionarios de siempre, los que son capaces más allá del discurso de arriesgar la vida por las ideas, y en esta oportunidad por el legado del comandante Hugo Chávez (…) Así es la guerra, compatriotas. En la guerra o se triunfa o se muere”. Fueron las palabras del ministro de Agricultura Urbana, Freddy Bernal, el lunes 15 de enero en otro audio difundido por Whatsapp.

El caso del miembro del colectivo, quien tiene un expediente en la Fiscalía por cinco homicidios y una extorsión, fue confuso debido a que el hombre tenía dos identidades. Mientras los miembros del colectivo en el entierro despedían a “Heyker”, los agentes de seguridad hablaban de él como el supervisor jefe de la Policía Nacional Bolivariana, Adriun Domingo Ugarte Ferrera, como también era identificado el difunto paramilitar.

Además, en la lista de heridos y muertos del parte policial sobre la actuación de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), que partició en el operativo de El Junquito -difundido la noche del 15 de enero-, se menciona a dos agentes muertos en el “enfrentamiento con grupo subversivo”: Domingo Ugarte (sin cédula de identidad) y Nelson Antonio Chirino Cruz. No aparece el nombre de Heyker Vásquez.

Una impactante foto filtrada por trabajadores de la morgue del cuerpo de Heyker muerto tiene valor noticioso. Muestra una herida que, según los expertos, es producto de un impacto a larga distancia por la espalda, muy probablemente por un francotirador, justo en el punto vulnerable dejado por el chaleco antibalas. Un impacto difícil de lograr desde la casa donde estaban los sitiados.

Pérez y el cine

Óscar Pérez, además de ser técnico aeronáutico y segundo a cargo de la División de Apoyo Aéreo de la policía científica, no limitó su vida a combatir la delincuencia o a intentar buscar la justicia. Llegó a incursionar en el cine. Protagonizó en 2015 el filme Muerte Suspendida, del cual también fue co-productor. En aquel año, explicaba al diario Panorama: “Soy piloto de helicóptero, buzo de combate y paracaidista libre. También soy padre, compañero y actor porque Oscar Rivas me lo propuso… Soy un hombre que sale a la calle sin saber si va a volver a la casa… porque la muerte forma parte de la evolución”. Pérez parecía ser consciente de su destino.

En aquél momento, decía que la cinta buscaba “demostrar la capacidad que tiene la institución a la hora de emprender una investigación que termine con la desarticulación de grupos criminales. Somos la institución policial del país con más detenidos y procedimientos, también queremos decirles que contamos con las herramientas y el conocimiento para evitar el delito. Los caminos de los delincuentes son muy marcados: la cárcel y morir en un enfrentamiento”. La película de bajo presupuesto contó con el apoyo del cuerpo policial Cicipc.

De hecho, su pasado como actor fue una de las cosas que sembró dudas sobre la autenticidad de su rebelión. Cuando Pérez hizo su primera aparición en contra del Gobierno y de la indolencia de los dirigentes, muchos justificaron su incredulidad en el interés que podía tener Pérez en ser un personaje famoso. También, en su momento, estos comentarios invadieron las redes sociales. Lo llamaron incluso farsante. Otros, consideraban que se trataba de una ‘bomba de humo’ para desviar la atención de las protestas opositoras o un doble agente para hacer quedar mal a la oposición por mostrarse armado. 

“Ni siquiera con el rostro salpicado de sangre por las esquirlas de una granada la gente le creía. Ni siquiera a minutos de ser asesinado grabando un mensaje de despedida para sus hijos. Se hacían chistes sobre su pelo decolorado. Se ironizaba sobre la satisfactoria señal de internet que tenía para colgar sus mensajes en las redes. Se hablaba de show, de circo, de trapo rojo y pote de humo. Ni siquiera muerto se le creía muerto. Se necesitaba ver el cadáver. Incluso ya con la siniestra estampa de su cuerpo derrumbado sobre su propia muerte y la de sus compañeros de faena, también se especulaba, se tejían hipótesis rocambolescas. Porque todo parecía rocambolesco. Pero ya, con su cadáver en la morgue, finalmente todos le creen a Oscar Pérez”, diría Leonardo Padrón en la misma reflexión citada al comienzo del artículo.

Un vía crucis para llegar a camposanto

Seis de los siete muertos en el operativo contra Óscar Pérez y su grupo fallecieron por disparos en la cabeza, según las actas de defunción publicadas por la prensa, filtradas desde la morgue. Las organizaciones de derechos humanos alertan de posibles “ejecuciones extrajudiciales”, aunque el Gobierno sostiene que militares y policías respondieron a fuego enemigo.

Las familias de Óscar Pérez y de los otros seis rebeldes, llevaban toda la semana en las puertas de la morgue reclamando que les entregaran los cuerpos de los fallecidos. Por un momento, esta exigencia pareció una utopía -como la de Óscar de “librar al país de la dictadura”- cuando trascendió que los iban a incinerar sin consentimiento para ocultar posibles pruebas judiciales. Llevar los cuerpos al cementerio también fue un vía crucis. La Guardia Nacional bloqueó la entrada de los camposantos para los siete entierros.

Los restos de Abraham Agostini y José Díaz Pimentel fueron sepultados el sábado en el mismo lugar donde un día después iría a parar Pérez, en un entierro que las familias no habían autorizado y con la única presencia permitida de sus parientes más próximos. Las fotos en las que se ve la  llegada de más ciudadanos son de horas más tarde cuando ya los restos estaban bajo tierra y sellados, según periodistas en el lugar.

La muerte anunciada de Óscar Pérez por Instagram 1
La Policía Nacional Bolivariana impide el acceso a la morgue de Bello Monte en Caracas. | Foto: Marco Bello /Reuters
La muerte anunciada de Óscar Pérez por Instagram
Civiles visitan la tumba de Óscar Pérez. | Foto: Marco Bello / Reuters

En el caso de Díaz Pimentel, la historia tiene además otra arista. Su mujer, Dayana Santana de Pimentel, se enteró de la muerte de su esposo desde la sede la prisión de la policía política (Helicoide) donde lleva recluida más de seis meses. El Estado la mantuvo como rehén -ya que no ha habido procedimiento judicial- para fozar la entrega de su marido y compañeros. Según algunos periodistas, las autoridades han sostenido que no la liberarían hasta que él apareciera “vivo o muerto”. Y muerto está. Dayana sigue presa.

Los cadáveres de las otras cuatro personas asesinadas -el periodista Daniel Soto, los militares hermanos Abraham y Jairo Lugo y la novia de este último, la enfermera Lisbeth Ramírez-, fueron trasladados a sus estados de origen en un avión militar para ser allí sepultados . Los parientes de Ramírez esperaron durante horas en un cementerio para descubrir finalmente que el cuerpo de la enfermera embarazada había llegado a otro camposanto en el que fue enterrada de noche. 

“Dios con nosotros y Jesucristo me acompaña. Dereck, Santiago, Sebastián, los amo con todo mi corazón, hijos. Espero volverlos a ver”, dijo Óscar Pérez en uno de sus últimos mensajes antes de que dejara de transmitir su muerte en directo a través de Instagram.

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Tumba de Óscar Pérez en el Cementerio del Este. | Foto: Marco Bello / Reuters

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Óscar Pérez, breve y mediático

Andrés Cañizález

Foto: CHRISTIAN VERON
Reuters

El paso de Óscar Pérez por la vida pública venezolana ha sido breve y sin duda con un claro impacto comunicacional. Desde que apareció montado en un helicóptero disparando a la sede del Tribunal Supremo de Justicia hasta la difusión de sus últimos videos (rodeado en El Junquito), este inspector agregado del CICPC dejó una estela de interrogantes.

El gobierno tardó más de doce horas en informar que Óscar Pérez estaba entre los fallecidos (nueve en total, dos efectivos de la PNB), pero posiblemente nunca informen con precisión sobre lo ocurrido. Diversos periodistas especializados en la fuente policial han dado por cierta la versión de que Pérez murió tras un ataque masivo y de alto calibre por parte de una acción conjunta de varios cuerpos de seguridad del Estado.

Esto ha ocurrido medio año después de su cinematográfica irrupción en la escena venezolana, dentro de un helicóptero oficial evidenciando una grieta en el sistema de seguridad de un régimen que se precia de tener las cosas bajo control, al menos cuando de uniformes se trata.

Un sinfín de preguntas, sospechas y admiraciones despertó al mediático piloto de helicópteros policía tras sobrevolar y disparar contra la sede del Tribunal Supremo de Justicia el 27 de junio de 2017, en medio de la efervescencia de una ola de protestas que comenzaba francamente a extinguirse por la falta de conducción y de objetivos alcanzables.

¿Óscar Pérez actuaba solo con un pequeño grupo de policías descontentos o su acción representaba un descontento de más largo alcance? ¿Era en verdad un romántico que creía que una acción solitaria despertaría una ola de respuestas o fue parte de una acción con otros factores que sencillamente a última hora lo dejaron solo? ¿Se trata de una estrategia genuina o es una fachada promovida por el propio gobierno?

Estas son algunas de las preguntas que rodeaban a Pérez a mitad de 2017.

A mitad del primer mes de 2018 (un año que sin duda será candente en Venezuela), Óscar Pérez deja una nueva estela de interrogantes: ¿Su afán de protagonismo, por ejemplo brindando hace pocos días una entrevista a CNN, le hizo descuidar medidas de seguridad? ¿Si representaba a un movimiento más amplio porque al final sólo estaba con tan pocas personas? ¿El gobierno conocía su paradero con antelación y activó la operación en un momento propicio para sus fines?

En mi opinión, sin embargo, subyace una pregunta crucial que tiene que ver con lo comunicacional: ¿Por qué el gobierno le permitió a Óscar Pérez transmitir todos los videos que transmitió una vez que se sabía de su ubicación?

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Karin Valecillos: “Nadie está libre de ser víctima del poder”

Ariana Basciani

Foto: Mauricio Villahermosa
Esfera Cultural

Aunque la palabra amparo signifique refugio o protección, la película venezolana con el mismo nombre, narra todo lo contrario. El Amparo relata la masacre de 14 pescadores ocurrida en los llanos venezolanos en 1988, siendo la voz de dos de sus sobrevivientes el hilo conductor para restablecer y defender la verdad de lo que realmente aconteció en el lugar.

El Amparo, dirigida por Rober Calzadilla y escrita por Karin Valecillos, ha sido ganadora de varios premios internacionales –entre ellos el Festival de Biarritz- y en la actualidad se encuentra en la carrera para optar por los premios Goya en España. Este viernes 24 de noviembre El Amparo se estrena en los cines Girona de la ciudad de Barcelona y para hablar de la película conversamos con su guionista, la venezolana Karin Valecillos.

¿Cómo llegaste a la idea del guión de El Amparo? ¿Por qué decidiste junto a Rober Calzadilla contar esta historia y llevarla al cine?

La idea ha vivido con nosotros desde siempre, para mí los hechos del Amparo cambiaron mi manera de ver el país, aunque tenía once años guardaba intacto el recuerdo de la declaración de Wolmer y José Augusto ante las cámaras de Radio Caracas Televisión, también conservaba intacta la sensación que me produjo, el desasosiego. Veinte años después, Rober hizo un trabajo para PROVEA, ese recuerdo volvió y decidimos hacer una obra de teatro, se llama 29/10/88, pero creo que siempre pensamos que era una gran historia que necesitaba ser contada, no por revivir un hecho del pasado, sino para indagar en nuestro presente, y en la dignidad que nos habita y que a veces olvidamos.

Te basas en un hecho ocurrido durante el gobierno del presidente venezolano Jaime Lusinchi. ¿No sentías desconfianza de que el gobierno de Nicolás Maduro pudiese usar la película para hacer proselitismo político, teniendo en cuenta que es una película respaldada por el Centro Nacional de Cinematografía (CNAC)?

Para hacer cine que tenga sentido, que valga la pena, no podemos hacerlo con miedo. Esa posibilidad estuvo presente, pero no sucedió porque el resultado ha sido una película incómoda, de la que no se han podido apropiar porque no son tan distintos a lo que en teoría criticaban, y que a la vez nos recuerda que todo lo que está sucediendo en el país no viene de la nada. Me gusta la cornisa en donde transita esta historia, fue un gran riesgo, porque no es fácil llevar a los espectadores a la sala, pero cuando la ven comprenden, se conmueven y la agradecen.

¿Crees que El Amparo nos puede hermanar con la situación política actual?

El Amparo dialoga con nuestro presente, por eso la hicimos. Hemos recorrido las salas, y cuando conversamos con los espectadores, no hablan de 1988, hablan del país, de nuestro devenir político. Algunos pueden criticar cierta visión romántica, porque la película habla de la determinación de la gente por defender la verdad y la dignidad, pero sucedió, no lo inventamos, un pueblo fue capaz de defender a los suyos y enfrentarse al poder del Estado. Lo que sucedió en El Amparo es un gran referente para nuestra contemporaneidad.

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Póster promocional de El Amparo | imagen vía Tumbarancho Films

La película ha ganado el reconocimiento en varios festivales internacionales, ¿con qué crees que ha conectado la crítica y el espectador?

En principio es una película bien realizada, se cuidó cada uno de los detalles. Nuestros productores, Marianela Illas y Rubén Sierra, involucraron a todo el equipo con la historia. Fue un gran trabajo de pre producción que se traduce en una película de gran factura. En cuanto a la historia, toda persona que haya vivido o haya sido testigo de una injusticia se identifica con El Amparo. Lamentablemente, todos los países, sin excepción, hemos pasado por momentos donde el poder nos muestra su peor cara, donde nos hemos sentido vulnerables, desprotegidos. El Amparo ha tenido cinco premios de audiencia en lugares muy distantes, con herencias políticas diferentes, pero el poder siempre es el mismo, y la sensación de que lo único que tenemos en nuestra defensa es la verdad nos une.

¿Venezuela está un boom cinematográfico porque tiene buenas historias que contar o porque el país está de moda a nivel internacional por el tema político?

No hay que negar que Venezuela está siendo observada por el mundo, eso es un elemento que juega a nuestro favor, sin duda, pero si voltearan la mirada y no encontraran algo interesante que ver, hasta ahí llegaría el interés. El hecho concreto es que nuestro cine ha encontrado un lugar de enunciación estético y político que ha dado películas como Pelo Malo, Azul y no Tan Rosa, Desde Allá, sin embargo, su camino fue mucho más solitario. Para nosotros ha sido un honor compartir festivales con La Familia, La Soledad, El Inca. Lo que está sucediendo con los cortometrajes de Michael Labarca, Marianne Amelinckx es muy alentador. Lo que sí puede ser lamentable que este proceso se frene, la situación económica del país hace cuesta arriba la producción, esperemos que podamos encontrar nuevas formas para seguir, porque solo hay una manera de hacer mejor cine y es haciendo cada vez más películas.

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Fotograma de El Amparo | Imagen vía IMDB

El Amparo se estrena puntualmente en salas españolas este mes. ¿qué le puede decir la película a los españoles sobre Venezuela?

Quizás les pueda dar una clave para entender por qué nuestro país ha llegado a este momento histórico tan complejo, a veces tan difícil de explicar, sin embargo, más que lo que les pueda decir de Venezuela, quizás me interesa lo que le pueda decir de ellos mismos. Nadie está libre de ser víctima del poder. No es una historia lejana de un país caribeño, sucede también en sus ciudades, en sus pueblos.

¿Cómo ves el futuro del cine en Venezuela y su proyección internacional?

Quisiera ser optimista y pensar que todo este impulso pueda mantenerse en el tiempo, pero la realidad es otra. Si no se encuentran mecanismos que puedan sostener la producción cinematográfica, se irán haciendo cada vez menos películas. Lamentablemente la ayuda que aporta el CNAC ya no es suficiente, la inflación devora los presupuestos. Algunos han encontrado financiamiento privado pero eso determina el tipo de película que debes hacer, películas más “taquilleras”. Hay una posibilidad que se abre con las coproducciones con otros países, pero es un camino que debemos construir. El futuro es incierto y cada vez está más en nuestras manos no dejar que nuestro cine deje de conectarse con el mundo, y hablarles de quiénes somos.

El Amparo intenta narrar la verdad de un país que nunca ha sabido muy bien qué es esa palabra. Karin Valecillos convence y nos da luces de cómo fue la Venezuela pre y post chavista, entendiendo la verdad desde los hechos ocurridos en un gobierno antes de la era Chávez e inspeccionándolo en la actualidad durante un gobierno extremadamente chavista. Un contraste que más que una historia, es una crítica de la gestión de los gobiernos en Venezuela.

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