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Gentrificación, el camino del aburguesamiento del barrio mestizo

Lidia Ramírez

Foto: Ana Laya
The Objective

A priori, que un barrio deteriorado y castigado por la violencia, la droga, etc, se regenere y revalorice es bueno. Regenerar es una palabra atractiva y revalorizar suena a progreso y prosperidad. Sin embargo, el problema surge cuando esa evolución produce la expulsión de sus residentes. En este punto es cuando hablamos de gentrificación, un proceso por el cual ciertas zonas pobres del centro de las ciudades se ponen de moda, el precio de la vivienda sube y los vecinos que tradicionalmente lo habitan –normalmente clase media/baja– se ven obligados a marcharse para dejar paso a otros de rentas más altas y generalmente más jóvenes.

Este fenómeno, cuyo término que más se ajusta en español sería elitizaciónelitización residencial, impera en barrios de grandes ciudades como Harlem en Manhattan, Hackney en Londres, El Raval en Barcelona o Chueca y Malasaña en Madrid. “El bajo precio de la vivienda o la cercanía al centro de la ciudad y al lugar de trabajo hacen de estos barrios su principal atractivo para los nuevos vecinos”, apunta el arquitecto Javier Clavero.

Barrio de Chueca, Madrid. | Foto: Juan Medina / Reuters
Barrio de Chueca, Madrid. | Foto: Juan Medina / Reuters

Chueca es el referente en España cuando se habla de gentrificación. Allá por los años 80 la convivencia en este barrio era complicada por la delincuencia y la población envejecía de manera constante. Esto cambió a comienzos de siglo. La aparición de nuevas estructuras sociales, al margen del sistema heteropatriarcal imperante en el siglo pasado, como jóvenes profesionales solteros, especialmente mujeres, o parejas homosexuales que buscan nuevos espacios en la ciudad donde establecerse hizo de Chueca un distrito de moda. La comunidad LGTB fue incorporándose poco a poco al barrio, primero a través de locales donde el colectivo podía relacionarse sin temor y posteriormente comprando o alquilando viviendas que rehabilitaban. Eran otros tiempos, cuando un gran ático de 200 metros cuadrados en 2001 costaba menos de 300.000 euros. Hoy, sin embargo, el precio de un piso con características similares ronda los 700.000 euros, según ha podido comprobar The Objective en varios portales de venta de vivienda.

La gentrificación amenaza a Lavapiés

Todo apunta a que Lavapiés está comenzando a sufrir este fenómeno. Masificación de bares con grandes mesas de madera envejecida, bombillas vintage, zumos ecológicos a precios desorbitados, nuevos residentes jóvenes de barbas prominentes… “Todavía no se palpa mucho, pero el proceso ya comienza a darse y es un problema latente desde 2016”, nos cuenta Javier Ruiz, presidente de la Asociación de Vecinos La Corrala-Lavapiés, quien asegura que el comercio tradicional ya ha desaparecido y los pisos turísticos “están haciendo mucho daño”.

Gentrificación, el camino del aburguesamiento del barrio mestizo 1
Chueca es el referente en España de gentrificación. | Foto: Juan Medina / Reuters

La gentrificación es un proceso prolongado en el tiempo, sus efectos no son inmediatos, pero los primeros síntomas pueden observarse en el “alza progresiva de los precios de las viviendas, la apertura de nuevos locales comerciales en detrimento de los establecimientos tradicionales o en el cambio en la vida social y los hábitos de ocio del barrio”, detalla Clavero. Indicios que según el presidente de la Asociación ya están teniendo lugar en Lavapiés, el barrio mestizo por excelencia: “la ‘turistificación’ de los centros urbanos se nos ha ido de las manos, hay una masificación de bares, discotecas y pubs que están transformando el barrio”. A esto hay que sumar, según Javier, la inseguridad y el desconcierto de los moradores al no conocer a sus nuevos vecinos, que además, cambian cada semana. “Hay una vecina cuyo bloque solo tiene cuatro viviendas y tres son de alquiler turístico, ya nos ha dicho que va a abandonar el barrio”.

Según datos publicados por el Ayuntamiento de Madrid, la capital cuenta con 8.000 pisos de este tipo, aunque sólo el 10% están registrados; y sus precios han subido un 26% entre el último trimestre de 2014, y el de 2016.

El destino de los ‘exiliados’

Los vecinos originarios de un barrio gentrificado no son esos afortunados que asisten jubilosos al florecimiento de su distrito, sino personas que primero han sufrido el estigma de vivir en un lugar marginado y después el drama de tener que abandonarlo porque no pueden permitirse el aumento de precios que tienen que pagar por el alquiler. 

“Madrid cuenta con 8.000 pisos turísticos, sólo el 10% está registrado”

En general, el desplazamiento de los vecinos con menores recursos económicos se produce hacia barrios periféricos donde el precio de la vivienda es menor, como es el caso de algunos distritos del sur de la ciudad (Carabanchel, Villaverde o Puente de Vallecas), aunque en algunos casos se ven obligados a volver a sus localidades de origen o incluso regresar a su país, en el caso de la población inmigrante. Es esta comunidad la más resistente a la gentrificación ya que pierden el apoyo de sus iguales con los que ya tienen confianza. Esto ocurre en Lavapiés, que cuenta con una gran población extranjera donde hay comunidades enteras de senegaleses o bangladesíes que son difíciles de desplazar precisamente por esos lazos que no quieren perder.

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Plaza de Lavapiés. | Foto: Susana Vera / Reuters

Las soluciones

Para Clavero, la grentrificación, que a priori, tiene efectos negativos inmediatos para el barrio, como puede ser la especulación y el encarecimiento de los alquileres, también tiene muchos efectos positivos, como “la renovación de su parque inmobiliario y la revitalización del comercio”, por lo que un proceso como este puede resultar una oportunidad de mejora si se desarrolla de una forma adecuada. Pero, ¿cuál es la forma más sana de hacerlo sin caer en la elitización? El arquitecto asegura que en este sentido es imprescindible la intervención de las administraciones públicas y la cooperación con las asociaciones vecinales para amortiguar este tipo de procesos urbanos, garantizando el acceso a la vivienda para todos los niveles de ingresos, de forma que se integre a la nueva población sin expulsar a la original. “En definitiva, promover un desarrollo urbanístico basado en los intereses de los ciudadanos y no en los estrictamente económicos”.

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Este es el mapa de los países más ‘vagos’ del mundo y España no es uno de ellos

Redacción TO

Foto: ELOY ALONSO
Reuters

En la esfera internacional, los españoles tenemos fama de perezosos, de pasar todo el día de fiesta o de dormir la siesta. Estos prejuicios están muy equivocados como pone de manifiesto un nuevo estudio en el que se asegura que España es uno de los países más activos del mundo.

Un grupo de científicos estadounidenses ha estudiado durante meses la actividad física de más de 700.000 personas en todo el mundo a través de la aplicación Argus, y ha usado los datos anónimos de estas personas para elaborar un mapa con los países más activos y más sedentarios del mundo.

Los científicos de la Universidad de Stanford han analizado la actividad física de personas de 111 países, recopilada durante unos 95 días de media, sumando en total 68 millones de días de actividad física registrados.

¿Quiénes son los más activos?

España es el quinto país más activo del mundo. Los españoles dan 5.936 pasos de media al día, solo superados por China, Japón, Rusia y Ucrania.

La aplicación, instalada en los smartphones de 717.000 personas, cuenta los pasos diarios que da cada uno de los individuos, así como las calorías quemadas durante el ejercicio físico, además de controlar los periodos de reposo y la dieta de cada persona.

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Los investigadores han creado un mapa de actividad en el mundo. | Foto: Tim Althoff/ Universidad de Stanford

Hong Kong es el lugar más activo del mundo, con una media de 6.880 pasos al día.

¿Quiénes son los menos activos?

Los países más inactivos se encuentran sobre todo en el Golfo Pérsico, como Arabia Saudí y Qatar, y en el sudeste asiático, como Filipinas y Malasia. Los ciudadanos con menos actividad física diaria son los indonesios, con casi la mitad de pasos que los chinos.

Los países de América Latina se encuentran hacia la mitad de la tabla, con Brasil en el puesto 40, por ejemplo. Los venezolanos, argentinos o colombianos tampoco son muy activos.

Pero quizás los que más destacan en este mapa son países como Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos, que se encuentran entre los diez lugares menos activos y los más obesos del mundo.

Desigualdad entre géneros

Además de medir el nivel de actividad física que existe en cada país, con este estudio los investigadores han descubierto una gran diferencia entre hombres y mujeres en ciertos países.

Algunos estudios hechos anteriormente, principalmente en Estados Unidos, habían mostrado que los hombres andan más que las mujeres, y las investigaciones de la Universidad de Stanford demuestran que este hecho es cierto también a nivel global.

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Las mujeres suelen tener menos actividad física en los países con desigualdad entre géneros. | Foto: Bob Edme/AP

Sin embargo, la desigualdad varía según el país. “Por ejemplo, Suecia tiene una de de las menores grietas entre los ‘ricos’ y los ‘pobres’ en lo que se refiere a actividad, y tiene la menor disparidad entre los pasos de los hombres y las mujeres”, explica uno de los autores del informe, Tim Althoff.

Además, explica que la desigualdad afecta mucho más a las mujeres que a los hombres. “Cuando la desigualdad en la actividad es mayor, la actividad de las mujeres se reduce mucho más dramáticamente que la de los hombres”, explica otro de los autores principales del informe, Jure Leskovec.

La desigualdad y la obesidad

Los lugares donde los índices de obesidad son más bajos tienen una mayor igualdad en cuanto a actividad física y sus ciudadanos andan una cantidad de pasos similar.

“En países con poca obesidad, la gente mayoritariamente da una cantidad de pasos similar al día. Pero las grandes diferencias entre la gente que anda mucho y la que anda muy poco coinciden con altos niveles de obesidad”, explica el informe.

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La obesidad es mayor en países donde hay una gran desigualdad entre la cantidad de pasos que anda cada ciudadano. | Foto: Mark Lennihan/AP

Un ejemplo de esto es Estados Unidos, que se sitúa en el cuarto puesto por la cola respecto a desigualdad en actividad, también es el quinto por abajo en diferencias entre géneros y tiene unos elevados índices de obesidad.

Los investigadores querían ayudar con este estudio a determinar por qué la obesidad es un problema mayor en algunos países, ya que alrededor de 5,3 millones de personas mueren por causas asociadas a la falta de actividad física cada año.

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Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano”

Beatriz García

Foto: Gunther Von Hagens
Gunther Von Hagens

Dice la asirióloga e historiadora Érica Couto-Ferreira que “somos porque nuestros cuerpos existen” y aunque el suyo se refleje, como es natural, en la superficie de los espejos, los evita desde niña porque los asocia a presencias sobrenaturales que se mueven a través de ellos. También le recuerdan a la muerte, esa muerte material, de la carne, que le provoca tanta fascinación como miedo. Conocida por los amantes del género por el podcast literario ‘Todo tranquilo en Dunwich’, que conduce junto a José Luis Forteza, esta gallega que vive en Italia, país en el que cada iglesia hay criptas con osarios, reliquias de santos y cuerpos incorruptos expuestos en vitrinas, ha cambiado las ruinas y los ritos de civilizaciones antiguas por los teatros anatómicos del siglo XIX, las sociedades de petrificadores, los cuerpos convertidos en arte y la obsesión por parecer eternamente dormidos, inmortales, en un libro que desentierra uno de los mayores tabúes de nuestra sociedad: la muerte física y la forma en que nos acercamos a ella.

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Érica Couto-Ferreira. Foto via Érica Couto-Ferreira.

El libro ‘Cuerpos. Las otras vidas del cadáver’ (Ed. Gasmask, 2017) es tanto una reflexión sobre el buen y mal morir como un viaje histórico, inquietante y, si se me permite, bastante divertido hacia los mil y un usos del cadáver como objeto político, médico, técnico, artístico y como depositario de la memoria familiar. Un retablo de anécdotas y referencias literarias sobre diarios de verdugos, difuntos convertidos en arte, danzas macabras, vampirismos y aquellos científicos y artistas que creyeron que muertos somos más longevos que vivos.

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Lección de Anatomía, de Rembrandt

A mí la idea de morirme me aterroriza, pero me gusta pasear por los cementerios. Raro, ¿no?

Es que la muerte que queremos ver es una muerte exótica, estética, hermosa, o  bien marcada por la normalidad, como la muerte que sucede de forma violenta, por guerras, terrorismo… Pero el fallecimiento cotidiano por vejez o enfermedad es lo que nos espanta, porque está en nuestro día a día y nos recuerda que nosotros también vamos a morir. Lo que nos atrae es el carácter morboso de la muerte ficticia, la artística, la que no vamos a vivir.

Pienso en las catacumbas de Palermo o en las obras de Fragonard que aparecen en el libro y ya no sé si el arte imita a la vida o la muerte al arte.

Y además muchas de estas obras evocan belleza e incorruptibilidad, y eso no es realmente la muerte, que es putrefacción y decadencia. Y en parte está ligado a que hasta época muy reciente la ciencia y el arte no estaban separados. Por ejemplo, los médicos del siglo XIX y principios del XX estudiaban lenguas clásicas, poesía y arte, y estaban en contacto con grupos intelectuales y literarios, lo que les permitía conjugar más elementos en sus investigaciones y preparados. Y considero que eso lo hemos perdido con la especialización que existe hoy en día.

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El jinete del anatomista Honoré Fragonard

Pero no siempre hubo esa obsesión por embellecer e inmortalizar la muerte…

No, en época medieval encontramos manuscritos iluminados y detalles de iconografía arquitectónica que muestran la muerte real, que es el esqueleto que baila. Al inicio de la edad moderna todavía está muy presente y, poco a poco, se abandonan esos motivos y vamos hacia la idea del muerto vivo, del muerto incorruptible, del muerto dormido.

Cuentas en el libro que algunas familias del siglo XIX tenían las costumbre de exhibir el cadáver de sus difuntos en el salón de casa. Pienso en Martin van Butchell, el excéntrico dentista londinense que embalsamó a su mujer y la colocó en su consulta…

Sí, Butchell tenía fama muy merecida de excéntrico, pero cuando se casó por segunda vez a la nueva esposa no le gustaba la idea de que tuviera expuesto el cadáver de la primera y lo donó al Hunterian Museum de Londres. En cuanto a lo que comentas de los muertos en los hogares, imagino que no habrían muchas familias que pudiesen acceder a ese tratamiento, pero nos habla de una sociedad con menores restricciones legales y sociales a ese respecto. Hoy en día un comportamiento así sería imposible, pero en el siglo XIX todavía podías mantener cerca a los propios difuntos de manera literal.

“El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo”

Igualmente, hay comportamientos muy similares hoy en día aunque las formas hayan cambiado. Creo que hay empresas en Japón que fabrican reproducciones exactas de tus hijos muertos y hace unos meses también una compañía proponía realizar vinilos utilizando cenizas del muerto y con la posibilidad de escuchar su voz grabada. No creo que estemos volviendo al pasado, pero tenemos la misma necesidad de lidiar con la muerte y el duelo.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 4
Las catacumbas de Palermo

¿Estamos perdiendo el pudor a la muerte?

A mí me gustaría pensar que sí, pero tengo mis dudas. Creo que este tipo de encargos que predomina es ficticio, solamente estético, como ir un paso más allá de lo que es la tanatomorfosis y la aniquilación del cuerpo. Me refiero a saltarse esa fase entre la agonía y el después, porque igualmente uno no quiere ver la parte más terrible del cuerpo que se deshacen. Es otro mirar a un lado, o más allá del cadáver.

¿Y eso de que la muerte nos iguala a ricos y pobres?

Nadie puede escapar a la muerte  y eso es cierto, pero no nos iguala. No es lo mismo morir apedreado porque el gobierno de tu país así ha decidido hacer justicia o morir como el gran dictador que nunca ha pagado por sus crímenes y al que realizan un funeral de estado que dura una semana.

“Siento una fascinación ilimitada por la muerte y los cadáveres, pero también me provocan miedo y rechazo”

Por no hablar de quienes antaño aspiraban a vivir eternamente pero no por propia voluntad, como los criminales a los que se les imponían destinos aborrecibles. El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo de lo que no debía hacerse.

Así que un cadáver es también un instrumento político…

Lo vemos diariamente, con estas grandes tumbas de generales, dictadores y cabecillas varios que siguen ahí. El mismo Lenin, que quería ser enterrado, sigue en su tumba convertida casi en icono del capitalismo.

Y luego está la venganza en vida y, sobre todo, más allá de ella.

Arqueológicamente se han encontrado muchos ejemplos en distintos periodos cronológicos y áreas de sepulturas que presentan un cadáver enterrado de una manera anormal, que no era consuetudinaria en la cultura o contexto en que ese cadáver se inscribe. En muchos casos era una manera de neutralizar el cadáver o de castigarlo más allá de la muerte, indicando su pertenencia a un credo herético o etnia repudiada… No estamos libres de eso ni cuando nos morimos.

¿Qué te parece que se expongan cuerpos en los museos?

Crea debate y te obliga a pensar y confrontar con otras personas que no piensan como tú. Yo siento una fascinación morbosa por determinadas colecciones, cuando visité el Hunterian estaba emocionadisima, pero al cabo de media hora tuve que salir porque me estaba mareando y tenía náuseas. Eso explica muy bien mi relación con la muerte y los cadáveres, por una parte siento una fascinación ilimitada, pero también una cierta reacción de miedo o rechazo.

Hablas del oficio de verdugo y de las memorias que escribían. Eran peor vistos que el cobrador del frac.

Sí, pero socialmente se estimaba necesario y se ganaban bien la vida, aunque les estuviera vetado el acceso a ciertos espacios públicos y se casasen entre familias de verdugos por su estigma social.

Ya no existen verdugos ni petrificadores pero, ¿se sigue embalsamando gente?

Creo que el Papa Juan Pablo tuvo una embalsamado no permanente para que durase varias semanas incorrupto y poder organizar los funerales de estado, pero ni siquiera hoy duran mucho tiempo. Fue parte de un período de investigación científica y no cuajó por el coste y porque no se consiguió perfeccionar. Aunque es cierto que en países como Estados Unidos hay más tradición, ya que durante la Guerra Civil se embalsamaron muchos cadáveres de soldados para ser devueltos a las familias. En Europa somos más de inhumar o cremar, pero todavía podemos copiar a los norteamericanos…

Como buena gallega, quizás hayas visto algún rito de muerte en los pueblos. He oído que en algunos se siguen haciendo fotografías post mortem.

De fotografía postmortem no sé nada, pero existe todavía una serie de ritos ligados a la muerte o al servicio de ser salvado de la muerte, como las procesiones de las mortajas. Cuando una persona está al borde de la muerte puede hacer un voto con determinado santo y si es salvada su cuerpo es transportado en ataúd, fingiendo que ha muerto, hasta la capilla en la que hizo ese voto. Con los exvotos pasa algo parecido, lo que entregas simboliza tu cuerpo viejo o enfermo, tu vida anterior. Cuando tenía 4 años caí muy enferma y mi familia hizo un voto, cuando me recuperé me llevaron al santuario cubierta con un tul que luego depositaron en el altar y que simbolizaba el cuerpo, el viejo cuerpo enfermo. Quizás sean prácticas menos vigentes ahora, pero se juega mucho con la idea de muerte y de nueva vida.

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Otro 18 de julio, qué hastío

Víctor de la Serna

Foto: SARIS
AP Photo/Archivo

Hemos pasado otro 18 de julio y de nuevo, como sucede sobre todo desde la Ley de Memoria Histórica, la explotación política del aniversario del alzamiento franquista ha vuelto a reinar, con toques siempre novedosos, como esos carteles separatistas con la cara del dictador que han poblado de repente Barcelona. La búsqueda de criminales y genocidas -ahora tienen a Rodolfo Martín Villa de inexplicable pim-pam-pum- prosigue 81 años después de aquel día y 42 desde la muerte de Franco. Cuando todos los demás protagonistas han muerto o están en la cuarta edad.

Sólo en un país desquiciado, en el que las fuerzas moderadas que hicieron la Transición prefirieron que se perdieran en el olvido los valores de aquella etapa que rescató a España de los horrores de su siglo XX, es comprensible la deriva penosa del último decenio. Penosa y sin sentido.

Yo ya estoy muy cascado y cansado de todo esto, pero al menos seguiré repitiendo a los -incrédulos- jóvenes que me quieran oír que todo eso es manipulación, que el primer régimen legítimo y democráticamente refrendado que hemos conocido en este país desde el golpe de Estado del general Primo de Rivera en 1923 es el actual, construido por hombres y mujeres de buena voluntad a partir de las Cortes Constituyentes, y que lo que se necesita frente a lo anterior son enseñanza, análisis, historiadores y reflexión nacional para evitar recaídas. Como la que se está ya confirmando en el nordeste.

Que quede bien claro: por fraude electoral generalizado en 1931 y 1936 y por golpes de Estado exitosos o fallidos en 1923, 1934, 1936 y 1981, los demás episodios de cambio no democrático y legal en el poder deben ser condenados por igual y, sobre todo, deben ser conocidos por el conjunto de la ciudadanía en toda su dimensión. Y deben ser estudiados, de verdad, en los institutos y las universidades. El resto sobra.

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El jardín prohibido

José María Albert de Paco

Foto: Francois Mori
AP Photo, File

“Saquen su rosario de nuestros ovarios, saquen su doctrina de nuestra vagina. / Ni amo ni Estado ni partido ni marido.” Tal es el estribillo de ‘Mi cuerpo es mío’, del dúo cubano Kruda Cubensi, cuyas componentes, Odaymara y Olivia, militan en el feminismo negro (lo he buscado y no es ninguna perversión recreativa), el veganismo y la cultura ‘queer’. ‘Mi cuerpo es mío’ es la primera de las 200 canciones del playlist ‘no sexista’ que ha elaborado el Instituto Vasco de la Mujer para que suene en los bares y txoznas de los pueblos durante las fiestas patronales. Entre los hits del Beldur Barik Playlist, que así se llama el bando, figuran también ‘Antipatriarca’ (Ana Tijoux), ‘Ella’ (Bebe), Jodida pero contenta (Buika); Mi barba (también de Kruda Cubensi), ‘I’m not your toy’ (La Roux) y ‘Machirulo escóndete’ (Tongo). Esta última (una cumbia arrebatadora) dice así: “Llámame loca del coño, no me puedes detener. / Feminazi me han parido, machirulo escóndete”.

El Beldur Barik es una sugerencia, no una imposición. Se trata de que las txoznas pinchen de vez en cuando alguna de esas canciones para, de ese modo, promover “comportamientos basados en el respeto y la igualdad ” y “prevenir agresiones machistas”. Una propuesta asertiva que, por descontado, no pretende impedir que las cuadrillas disfruten del repertorio habitual por estas fechas: el ‘Sarri Sarri’ de Kortatu, que celebra la fuga de dos etarras de la cárcel de Martutene, el ‘Jimmy Jazz’ del mismo grupo (“puso veinte kilos de goma 3 / mandó a tomar por culo todo un cuartel”), ‘Aprieta el gatillo’ de Cicatriz, ‘Txibato’ de Kojón Prieto (“A los chivatos y a todos sus jefes, en un paquete mandaba yo a volar. / Chivato, los días que te quedan son una cuenta atrás”), ‘El último txakurra’ de Lendakaris Muertos (“Antes te echábamos un cóctel molotov / y ahora te echamos de menos”). Un playlist un pelín terrorista, de acuerdo, pero del que no se puede decir que incite a violar a la vecina, como en cambio sí hacen Bisbal, Fonsi o El Puma.

(Pero no nos pongamos dramáticos. Según consta en la wiki, Odaymara y Olivia, nuestras queer-black-feminist-vegan, huyeron de Cuba en 2006 y, a través de la frontera mexicana -y amparadas por la ley de pies secos y pies mojados-, se plantaron en Estados Unidos. Aún más tortuosa que su travesía fue la razón que les llevó a ella: “La decisión del grupo de abandonar Cuba vino motivada por su deseo de luchar por la justicia social en otras partes del mundo, sobre todo en lo que respecta a la denuncia de la marginación de las lesbianas latinas y caribeñas”.)

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