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'Gigantes Descalzos', una lección documental contra la porno-pobreza

Clara Paolini

Foto: Álvaro Priante e Iván Roiz

“Todo parece imposible hasta que se hace”. Podemos pensar que es la típica frase positiva de Mr. Wonderful, demasiado inocente, azucarada y ridícula como para ser de utilidad. Pero también es posible, y recomendable, demostrar su veracidad mediante el ejemplo, descubriendo que el idealismo, el esfuerzo y afán de superación son más que un reclamo para vender tazas. Tanto Sergio Zúñiga como Álvaro Priante e Iván Roiz saben bien que todo parece imposible hasta que se hace, así que se pusieron manos a la obra. El primero, conocido como “el profe Sergio”, ha conseguido transformar el futuro de los niños de una comunidad indígena mexicana a través del baloncesto. Los segundos, codirectores de Gigantes Descalzos, han autofinanciado el documental que retrata su realidad desde la honestidad y el respeto.

Los pies descalzos sobre el parqué y la mirada puesta en la canasta. Son niños provenientes de un lugar marcado por la violencia, la pobreza y la marginalidad, pero su equipo supera contrincantes del mundo entero. Muy pocos conocían la existencia de la comunidad indígena Triqui, en el noroeste de Oaxaca, hasta que estos pequeños gigantes empezaron a ganar torneos internacionales de baloncesto. El equipo se convirtió en un fenómeno en México que pronto empezó a acaparar titulares, ofreciendo  todos los ingredientes de una historia de seducción mediática que no pasó desapercibida por los directores del documental.

En junio de 2014, Álvaro Priante escucha en la radio un programa deportivo mencionando el triunfo del equipo triqui. Contacta con Sergio Zúñiga,el entrenador que hace posible el éxito, le propone a Ivan Roiz hacer un tándem para filmar la historia y, en diciembre del mismo año, ya están en un avión rumbo a Oaxaca, a punto de filmar las imágenes que germinarían en Gigantes Descalzos. Tras el vuelo, Priante y Roiz emprenden un viaje de 7 horas en furgoneta hasta llegar al remoto lugar que vio nacer a los héroes que triunfan en la cancha. Los directores aún no saben que la película que se disponen a filmar inauguraría la undécima edición del Festival MiradasDoc, que ganaría el Premio a la Mejor Película Nacional en el BCN Sports Film Festival ni el Premio del Público en DocMX; desconocen que durante el 2017 pasarían por la Seminci y festivales en Francia, Italia, Colombia… Nos saben que es una película que servirá de aprendizaje a los niños españoles. Por aquel entonces, no saben siquiera, en qué resultará su intuición. Priante cuenta que el documental nace de “una corazonada y también por pesao”. Según comenta Roiz, “muy mal se nos tenía que dar como para no sacar nada de esta historia”.

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La cocina de Elsa, la madre triqui de un campeón de baloncesto. | Foto: Álvaro Priante e Iván Roiz

En las canchas de una poblado perdido entre Guerrero y Oaxaca les recibe el “profe Sergio”. Él el artífice de un proyecto que busca mejorar la integración, garantizar la educación y proveer de mínimas condiciones de vida a los niños de una de las poblaciones más desfavorecidas de México a través del deporte. Ahora, gracias a sus inagotables esfuerzos detrás de la Asociación de Basquetbol Indígena de México (ABIM), los niños triquis no sólo disfrutan de tres comidas diarias, sino que viajan por todo el mundo jugando a ganar. Zúñiga es la prueba viviente de que, con voluntad, es posible cambiar vidas, a pesar de la falta de apoyo gubernamental y financiero.

“El mensaje que transmite es que es posible cambiar las cosas. Se puede producir un proceso de transformación social desde las condiciones que sean mediante el esfuerzo, dedicación y tiempo. Se pueden conseguir resultados y lo que mas feliz nos hace es trasmitir ese mensaje positivo”, comenta Iván Roiz. El optimismo de los personajes surca el documental dejando una profunda marca de esperanza, pero la realidad, sin embargo, no carece de dureza. “Cuanto más remota y más pobre es la región, más dura es la realidad y en Oaxaca, menos narco, hay de todo. A mitad de rodaje iban apareciendo temas paralelos difíciles de tratar: violencia de todo tipo, enfrentamientos con el estado, guerrillas, tensiones familiares…. Lo filmamos todo, pero preferimos editar en montaje los elementos, presentando pinceladas sin desviarnos de la trama principal”, comenta Priante.

Muchos han acertado en señalar esta característica como uno de los principales logros del film: No cae en la llamada “porno-pobreza”, porque tal y como señala Roiz, “no quisimos seguir escarbando en la pobreza desde la parte negativa para convertirla en espectáculo, sino proponer una historia real que ha dado resultados positivos”. La película abre la mirada del espectador sin caer en el paternalismo, conciencia sin pontificar y aporta un retrato real que dignifica a sus protagonistas. Como consecuencia, el espectador empatiza y descubre otras vivencias, siendo la audiencia más joven la que mayor riqueza extrae del visionado.

Durante la programación de MiradasDoc, más de 1.000 niños de todas las edades tuvieron la oportunidad de ver Gigantes Descalzos y ambos directores coinciden en señalar lo gratificante de la experiencia: “Ven niños como ellos en condiciones muy diferentes y preguntan desde la inocencia. Por ejemplo preguntan cómo se llamaba determinado chaval, o cuántos años tiene la amiga que ha tenido un bebé. Se dan cuenta que uno de los personajes tiene la misma edad, que por ejemplo una es madre y se impresionan. El acercamiento del documental a este tipo de audiencias contribuye a que se interesen por la realidad más allá del puro entretenimiento”.

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“La audiencia infantil empatiza cuando ve niños de su propia edad en otra situación”. | Foto: Álvaro Priante e Iván Roiz

Antes del documental, otros muchos periodistas y reporteros habían visitado la comunidad en busca de capturar la historia, pero nadie se quedaba mas de 3 o 4 días. “Cuando vieron que nos quedábamos semanas les extrañó, pero sólo así conseguimos esa cercanía que te da el tiempo, durmiendo allí, comiendo juntos. Es la única manera de acercarte a las personas y ganar su confianza. Hay que compartir la ilusión, ir con el corazón abierto y mostrar honestidad”, apunta Roiz como clave indispensable para el género documental.

Lejos de ser una superproducción apoyada desde los engranajes de la industria, el camino de Gigantes Descalzos no ha sido fácil: “Todo, desde el primer documento en un Word, hasta la copia en DCP que se va a proyectar mañana en el cine, está hecho, pagado y financiado por nosotros”, asegura Priante, quien también destaca la altruista colaboración de todo aquel que se cruzaba con el proyecto. Tirando de los ahorros, amigos y suerte, la pareja ha conseguido sacar adelante un film cuyo presupuesto ronda los 120.000€. “En México contactamos con una escuela audiovisual que nos prestó material y la colaboración de los estudiantes. Sin esperarlo, conseguimos formar un equipo de 6 personas y hay muchas cosas que a nosotros no nos han costado dinero, como salas de edición, sonido, música…”. Todo parece posible contagiando el entusiasmo compartido.

Para Iván Roiz, su experiencia supone una lección: “Personalmente, haber estado tres años sin financiación ni apoyos externos, me ha enseñado que si te empeñas acabas la película. A veces nos ponemos nuestro propios limites y en el fondo no hay por qué tenerlos. Si este proyecto ha salido tan bien es porque parte de la emoción y la ilusión. Tanto por ellos, los niños indígenas y el profe Sergio, que lo hacen todo desde el corazón y las entrañas, como de la gente a la que motivamos para el proyecto, que se ha conseguido empapar de ese espíritu. Compartimos tiempo, compartimos horas e ilusión, y eso se nota en el resultado”.

Cuando Sergio Zúñiga inició su proyecto, nadie pensó que tirar canastas pudiera contribuir a una mejor educación. Era dudoso que el esfuerzo invertido consiguiera cambiar la desfavorable situación de la comunidad indígena. Quién iba a pensar que merecía la pena, que jugando cambiaran las perspectivas de futuro. Nadie apostaba por los niños triqui. Pero ganaron, en todos los sentidos. Tampoco apostó ninguna productora por un documental que narrara su historia, pero se hizo, se difunde y se disfruta con cada nuevo visionado. A fin de cuentas, todo parece imposible hasta que se hace.

Gigantes Descalzos // Teaser – ESP
from Ivan Roiz on Vimeo.

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Hollywood no hace buenas películas sobre acoso sexual

Nerea Dolara

Foto: LUCY NICHOLSON
Reuters

Harvey Weinstein cayó, pero la industria tiene mucho que avanzar con respecto a su manejo narrativo del acoso y el abuso sexual.

Sí, se ha abierto una olorosa y roñosa caja de Pandora que lleva años cerrada y haciendo imposible la vida de muchas mujeres vinculadas al mundo del cine (en esta ocasión, como han dicho Emma Thompson o Meryl Streep estos indefendibles comportamientos masculinos no pertenecen sólo a Hollywood). Harvey Weinstein, el productor estrella -famoso por sus rabietas, su tendencia a inmiscuirse en el proceso de edición de las películas y su facilidad para ganar Oscars- se ha hecho famoso en las últimas semanas por cargos mucho peores -de hecho está siendo investigado en varias ciudades en EEUU y Reino Unido- como los de acoso, abuso sexual y violación. Primero fueron el New York Times y el New Yorker quienes sacaron a la luz testimonios de varias mujeres, más y menos conocidas, sobre los abusos de Weinstein; ahora se suman más de 50 acusaciones y la ola de se ha expandido a otros depredadores de la industria, como el cineasta James Toback, que ya tiene sus propias 40 acusaciones.

Para hablar del tema pensamos en revisar las películas que el propio Hollywood tendría que ver para aprender sobre acoso sexual, pero haciendo una revisión queda claro que las películas sobre el tema son pocas. No es de extrañar si se piensa un poco. La mayoría de los ejecutivos en los estudios son hombres (blancos y heterosexuales), la mayoría de los directores son hombres (blancos y heterosexuales), la mayoría de los guionistas son hombres (blancos y heterosexuales)… ¿se entiende el panorama? Y no es que a propósito todos estos hombres hayan optado por no hablar del tema para cubrirse las espaldas, por ejemplo. Es más simple. No es un tema que vean, que vivan, y no lo cuentan. Hablan de lo que conocen y esto, el acoso sexual, es una dolencia mayoritariamente femenina.

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Escena de la película North Country.

La búsqueda de películas sobre el tema arroja pocos resultados -cuando se busca acoso sexual y no violación- porque la cotidianidad de estas conductas no es material “suficientemente dramático” para la pantalla, o eso parece. Si se incluye violación, ese acto imperdonable y vil que tantas veces se utiliza como catalizador narrativo sin muchos miramientos, la lista crece. Películas como North Country, nominada al Oscar en 2005, retratan la indiferencia de ciertos ambientes laborales ante el acoso masculino, de hecho la película trata exactamente de eso: la minoría de mujeres trabajadoras de una mina demandan a la compañía por los maltratos sufridos en sus instalaciones… está basado en una historia real y de hecho cambió las leyes sobre acoso sexual en el entorno laboral… la directora de esta cinta es una mujer.

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Escena de la película Disclosure.

En la mayoría de los filmes en que se retrata el acoso sexual sus consecuencias se minimizan, es un acompañante de otras agresiones. O, en los peores casos, es perpetrado por mujeres contra hombres indefensos. ¿No lo recuerdan? El principio de los noventa trajo a los cines los thrillers eróticos y con ellos la figura de la mujer profesional poderosa, obsesiva y peligrosa. El comienzo de la década, tras la entrada masiva de la mujer en el mundo laboral a partir de los setenta, vio a las féminas ocupar cada vez más cargos de responsabilidad (ya no se trataba sólo de secretarias y niñeras) y con ese cambio de paradigma llegó el pánico, transmitido a través de mujeres profesionales que se convertían en violentas acosadoras cuando eran rechazadas. Dos ejemplos claros son Disclosure y Atracción fatal. En ambas, Demi Moore y Glenn Close interpretan a mujeres en altos cargos, centradas en su profesión, que se obsesionan con un hombre (casado, siempre, con una “buena mujer” que le dedica todo su tiempo) a niveles de locura. Nadie dice que el acoso sexual sea exclusivamente masculino (el comportamiento reprochable es unisex), pero es cierto que para ejercerlo se requiere poder sobre el otro… y en la mayoría de los casos en el mundo las mujeres, de una forma u otra, no tienen ese poder.

Hollywood no hace buenas películas sobre acoso sexual

La verdad es que el acoso es un tema que ha sido manejado de forma mediocre, o no manejado en general, en el cine desde hace mucho (la televisión ha tenido avances mucho más claros, un buen ejemplo de la normalización de este comportamiento hace unas décadas es Mad Men y un buen ejemplo actual es el episodio dedicado al tema de Master of None).

La apertura a nuevas voces narrativas, diversas, producirá más amplios resultados en cuanto se ponga en marcha. Las mujeres directoras no llegan ni al cincuenta por ciento de los cineastas que trabajan actualmente, ni hablemos de mujeres en minorías raciales o religiosas. Es hora de sacudir el suelo de una industria que se quedó en tiempos antiguos en que el hombre tenia -y debía tener- todo el poder. La caída de Harvey Weinstein es un comienzo, esperemos que los cambios sean profundos y reales.

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Documentales en Netflix que te harán parecer más inteligente

Cecilia de la Serna

Foto: Frank Okay
Unsplash

Ser inteligente es fácil, lo difícil es parecerlo. O igual era al revés. Lo que es innegable es que parecer inteligente, además de serlo, es primordial para causar sensación en cualquier reunión social. Para avanzar en nuestro cometido de parecer más inteligentes podemos leer, por ejemplo. Leer está bien. Pero seamos honestos: la tasa de lectura entre los más jóvenes en España es realmente baja, y a pesar de que el fomento de esta práctica milenaria es algo a promover, leer no es la única forma de obtener conocimiento.

Un género cinematográfico antes olvidado, y hoy en día recuperado en parte por la proliferación de plataformas de visionado en streaming, es el documental. Hay documentales que son auténticas obras maestras del Séptimo Arte. Muchas de ellas las podemos encontrar en Netflix, y las historias que cuentan llenarán nuestro repertorio de conversaciones interesantes.

Los siguientes son perfectos para enriquecer el conocimiento del más erudito:

1. Ai Weiwei: Never Sorry (2012)

En los últimos años, Ai Weiwei ha captado la atención internacional tanto por su ambiciosa obra como por sus provocaciones políticas. Este documental dirigido por Alison Klayman analiza la confluencia entre arte y activismo social a través de la vida y la creación de los artistas contemporáneos más importantes de China. Una ocasión perfecta para poner en contexto esta confluencia entre arte contemporáneo y la situación política en el gigante asiático.

Puedes verlo en Netflix aquí.

2. What The Health (2017)

Después del boom de Super Size Me, los documentales sobre alimentación han ido proliferando exponencialmente. Uno de los que merece la pena es What The Health, la última película de los creadores de Cowspiracy, que exploran la gran cantidad de amenazas a la salud pública que se derivan de la alimentación con un alto contenido de carne. Es un must para veganos y vegetarianos, y para todo aquel que quiera acercarse a una realidad cada vez más común. Los estudios que salen en el documental se pueden consultar en su totalidad en este enlace.

Puedes verlo en Netflix aquí.

3. The Keepers (2017)

Esta serie documental original de Netflix consta de siete capítulos y es una de las sensaciones de la temporada. Trata sobre un asesinato sin resolver que tuvo lugar hace casi 50 años en Baltimore. La Hermana Cathy era una monja compasiva que fue asesinada en la ciudad norteamericana y la sospecha de que las pruebas del asesinato fueron encubiertas empiezan a crecer. A través de numerosas entrevistas con amigos, parientes, periodistas, funcionarios del gobierno y ciudadanos de Baltimore, el director del documental Ryan White compone una historia que va más allá de la muerte. Involucra a instituciones como el Clero, el Gobierno y a la Iglesia, que en el mejor de los casos no investigó el tema y en el peor, lo encubrió.

Puedes verlo en Netflix aquí.

4. Winter on Fire: Ukraine’s Fight for Freedom (2015)

Este fue uno de los títulos nominados al Oscar a mejor documental en la edición de 2015, y que retrata a la perfección uno de los conflictos contemporáneos más retratados en la prensa. Esta es una crónica de los sucesos que se produjeron durante 93 días en 2013 y 2014. Lo que empezó como una serie de manifestaciones pacíficas en apoyo a la integración europea de Ucrania terminó convirtiéndose en una revolución violenta pidiendo la renuncia del presidente de la nación. Winter of Fire presencia la formación de un nuevo movimiento de derechos civiles en el país y coloca en contexto el conflicto ucraniano.

Puedes verlo en Netflix aquí.

5. Cuba Libre (2015)

Esta serie de ocho episodios retrata ampliamente la historia de Cuba, desde la etapa colonial hasta los últimos años del gobierno de Fidel Castro y el acercamiento diplomático a Estados Unidos. Una ocasión perfecta para dar contexto a la peculiar situación en el mundo del país caribeño.

Puedes verlo en Netflix aquí.

6. What Our Fathers Did: A Nazi Legacy (2015)

Este documental nos presenta a tres hombres que viajan juntos por Europa. Para dos de ellos este viaje supone una confrontación con los actos de sus padres, antiguos oficiales nazis. Para el tercero, el escritor y defensor de los Derechos Humanos Philippe Sands, significa visitar los lugares en donde miembros de su propia familia judía fueron destruidos por los padres de sus compañeros de viaje. Es la exploración emocional y psicológica de tres hombres en lucha con su pasado, el presente de Europa y las distintas versiones de la verdad. Imprescindible documento que nos confronta con nuestro pasado.

Puedes verlo en Netflix aquí.

7. Under the Sun (2015)

Esta inusual película documental, rodada bajo el control férreo del Gobierno norcoreano, nos descubre la vida de una niña que ha sido elegida para formar parte de la Unión de Niños de Corea del Norte. Constituye un fidedigno y fascinante estudio sobre la propaganda del Estado y un retrato de una sociedad hermética y despojada de una vida privada.

Puedes verlo en Netflix aquí.

8. Minimalism: A Documentary About the Important Things (2015)

Este documental es una mirada más allá de los planos y ordenadores en el arte y la ciencia del diseño, mostrando a grandes diseñadores de todas las disciplinas cuyo trabajo da forma a nuestro mundo.

Puedes verlo en Netflix aquí.

9. Paris is Burning (1990)

Es la más antigua de nuestra lista, pero no podía faltar ya que parece que por ella no pasan los años. Paris is burning es un documental dirigido por Jennie Livingston y filmada en la segunda mitad de la década de los 80. Retrata con gran fidelidad el movimiento conocido como cultura del baile en el Nueva York de aquella época, centrándose los sectores sociales más implicados en él: gays latinos y afro-americanos, además de la comunidad transgénero, todos ellos muchas veces envueltos en el riesgo de exclusión social y la pobreza. Esta es una extraordinaria mirada del fin de la llamada “Edad Dorada” de los bailes drag en Nueva York, además de una delicada exploración de los conflictos derivados de la raza, la clase social, la identidad sexual y el género en Estados Unidos.

Puedes verlo en Netflix aquí.

10. El fin de ETA (2017)

La producción española de nuestra lista es El fin de ETA, una película escrita por José María Izquierdo y Luis Aizpeolea, y dirigida por el británico Justin Webster. El documental arranca con las conversaciones entre el entonces presidente del Partido Socialista de Euskadi, Jesús Eguiguren, y el líder de Batasuna, Arnaldo Otegi, en el caserío Txillarre, de Elgoibar (Guipúzcoa), que tienen lugar desde 2000 a 2004, y continúa narrando los diez años de negociaciones que concluyeron con el cese de la actividad armada. Es un acercamiento a veces espeluznante al mundo etarra, y un retrato del final de la banda terrorista.

Puedes verlo en Netflix aquí.

11. Abstract: el arte del diseño (2017)

Esta serie documental original de Netflix está compuesta por ocho episodios. Cada uno de ellos se adentra en el mundo y el trabajo de un diseñador de diferentes disciplinas. Muestra cómo son sus procesos creativos, la forma en que realizan sus trabajos o la forma en que sus diseños han afectado tanto a su propia vida como a la de todos los que les rodean. Es una mirada detallada del mundo del diseño, que influye como pocos en nuestra cultura.

Puedes verlo en Netflix aquí.

12. Inside Job (2010)

Last but not least, el último de nuestra lista es uno de los documentales más influyentes de la Historia más reciente del cine. Salió a la luz en 2010, en medio de la dura recesión que siguió a la crisis de 2008, y ésta es precisamente la que retrata. Inside Job, que recibió un Oscar a mejor película documental el año de su estreno, habla no sólo sobre las causas, sino también sobre los responsables de la crisis económica mundial de 2008, que significó la ruina de millones de personas que perdieron sus hogares y empleos, y que, además, puso en peligro la estabilidad económica de los países desarrollados. A través de una extensa investigación y de entrevistas a financieros, políticos y periodistas, muestra el auge de empresarios sin escrúpulos y la degradación de la política y la educación. Un crudo retrato de las entrañas de Wall Street que afectaron a la economía del planeta entero.

Puedes verlo en Netflix aquí.

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Michel Franco, el cine como obsesión

Daniel Fermín

Foto: Lucía Films
Lucía Films

“Soy un fiel creyente de que sólo se puede filmar lo que uno conoce” dice, desde una residencia de artistas en Italia, el cineasta mexicano Michel Franco. “Hasta ahora todo lo que he filmado tiene que ver con cosas que me han inquietado durante años. Hacer una película implica tanto esfuerzo que sólo vale la pena si estás obsesionado con ella.”

Un día, hace algún tiempo, Michel Franco (Ciudad de México, 1979) vio a una adolescente embarazada y pensó que ese era un buen punto de partida para un largometraje. En Las hijas de Abril, la película que se estrena el 20 de octubre en las salas españolas, una chica de 17 años da a luz a su primer hijo y se enfrenta a la alegría y la angustia de tener que convertirse en madre y de tener que soportar la llegada de otra madre —la suya— que regresa a casa tras una larga ausencia para apropiarse de todo y de todos. La debutante Ana Valeria Becerril y la experimentada Emma Suárez dan vida a las dos protagonistas, una niña que juega a ser adulta y una adulta que se comporta como niña.

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Durante la presentación de Las hijas de Abril en Cannes | Imagen vía Filmaffinity

Franco, galardonado con el Premio del Jurado de la sección Una cierta mirada en el pasado Festival de Cannes, tardó dos años en sacar adelante su proyecto. Exploró la posibilidad de hacerla en Estados Unidos hasta que terminó en México. Escribió y reescribió el guión para encontrar la mejor versión. Sonata de Otoño (Ingmar Bergman, 1978), sobre una madre que visita a su hija después de siete años, fue una de sus referencias.

“Mientras trabajaba la película pensaba en Bergman, por la manera en que una madre opresiva complica la existencia y la identidad de la hija. También en Tacones lejanos (Pedro Almodóvar, 1991), que a su vez hace referencia a Sonata de Otoño. Conozco a mucha gente que se niega a aceptar la edad que tiene, padres y madres que compiten con sus hijos. Eso siempre me ha parecido interesante y cada vez lo veo más.”

* * *

Los padres de Michel Franco querían que su hijo se dedicara al negocio familiar, una fábrica de ropa en México. Hijo de Abud —un hombre de Ciudad Juárez que a los 13 años tuvo que dejar sus estudios para ayudar en la manutención de sus hermanos— y de Yardena —una israelí que llegó a los 12 años a México—, Michel soñaba de joven con ser cineasta. Sus padres, preocupados por su futuro, le propusieron trabajar antes en su empresa por si eso de hacer películas no funcionaba. Lo probó y no le gustó.

“Jamás quise dedicarme al negocio familiar. Hubiera sido una vida muy frustrante”, recuerda Franco. “La condición que mi padre me puso es que tenía que conocer lo suyo por si lo mío no resultaba pudiera entrarle al quite. Eso sirvió para motivarme más en lo del cine. Lo detesté tanto que dije: ‘más vale hacer doble esfuerzo por lo que quiero’.”

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Durante el rodaje de Las hijas de abril | Imagen vía Lucía Films

Lo primero que quería Michel Franco era ser músico. Tenía una banda de rock con sus amigos, tocó la guitarra y grabó algún disco. Luego supo que no era tan bueno.

“Lo acepté a los 16 años, que es cuando a los jóvenes los presionan para escoger una carrera. Dije: sé que música no, así que se me ocurrió lo del cine.”

Escribe la periodista Beatriz Rivas, en la biografía Michel Franco (Cadillac, 2016), que Michel se enganchó con el cine a los 15 años. Bella Cherem, una maestra de la preparatoria, lo acercó a los libros y las películas. Un día le sugirió ver Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) y le gustó tanto que se obsesionó. La veía siempre: antes de ir al colegio, al regresar, después de comer, antes de hacer las tareas. Después vinieron Los olvidados (Luis Buñuel, 1950), La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971), Natural Born Killers (Oliver Stone, 1994). El cine, para entonces, ya era parte de su vida.

A los 18 años, Franco pasó unos meses en el extranjero. Trabajó como camarero en un café de Tel Aviv y volvió para estudiar Comunicación en la Universidad Iberoamericana de México. Se aburrió hasta que su profesor de fotografía, Ricardo Trabulsi, le dijo que si lo que quería era hacer cine se fuera a Nueva York a estudiarlo. Estuvo seis semanas en un curso de verano de una academia e hizo su primer cortometraje. Al regresar, Comunicación ya no le interesaba. Siguió sus estudios un tiempo más a la vez que hacía otros cortometrajes. Todo lo que no tenía que ver con películas se lo tomó con ligereza.

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Las hijas de abril, póster promocional | Imagen vía Lucía Films

¿Y terminó su carrera?

Nunca me titulé. Ya tenía claro que quería filmar. Igual, un título no sirve de nada para un cineasta. Un título no hace que la gente vaya a ver una película.

Michel Franco aprendió su oficio con la práctica. Hizo dos cortos por semestre. Trabajó como asistente de dirección en comerciales, lo despidieron, lo reengancharon. En 2003, rodó el corto Entre dos, que fue galardonado en el Festival Internacional de Cine de Huesca. Eso le confirmó que sí podía ser, por fin, cineasta. Tenía 24 años.

  -Me dio fe de que podría serlo. Es muy intimidante hacer una primera película.

A partir de ahí, comenzó la idea de escribir su ópera prima, titulada Daniel y Ana. La estrenaría en 2009, seis años después, en el Festival de Cannes.  

*

El cine de Michel Franco surge de una anécdota real que envuelve en una historia de ficción. En Daniel y Ana (2009) muestra a dos hermanos que tienen una relación jovial hasta que son secuestrados y obligados a tener sexo entre ellos. A partir de eso, todo cambia. El relato se lo narró una psicóloga que trataba a las víctimas reales.

En Después de Lucía (2012) utiliza la muerte de una madre para retratar el dolor de un padre y una hija, que son víctimas de la depresión y el acoso escolar. Franco, que de niño sufrió pérdidas cercanas, escribió el guión durante una residencia de seis meses en París. La película ganó el premio Una cierta mirada en Cannes. Se volvió un éxito de crítica y de público. Llevó a casi un millón de espectadores a las salas de México.

Luego vino A los ojos (2013), que codirigió con su hermana Victoria, una película que mezcla documental y ficción. La historia muestra a una mujer que trabaja en una fundación dedicada a rehabilitar niños de la calle. Su hijo, de 11 años, sufre una enfermedad que poco a poco lo deja ciego. Necesita un trasplante de inmediato y no hay órganos. Sobran, eso sí, niños que no le importan a nadie. Victoria filmó la parte documental tras años de trabajo social; Michel se encargó de los fragmentos de ficción.

En Chronic (2015) se narra la historia de un enfermero introvertido que se dedica a cuidar enfermos terminales y trata de recomponer su relación familiar. Durante algunos meses, Franco vio cómo su abuela estuvo en cama, producto de una embolia, antes de morir. Le dio tiempo de convivir con las mujeres que se hacían cargo de ella. El largometraje, rodado en inglés y protagonizado por Tim Roth, ganó el premio al Mejor Guión en Cannes y fue nominado a los Independent Spirit de Estados Unidos.

Michel Franco, el cine como obsesión
Poster promocional de Chronic | Imagen vía Lucía Films

El cine de Franco aborda temas sociales: el acoso escolar, el abandono, la incomunicación familiar, el embarazo adolescente. En sus películas no hay héroes ni villanos. Sólo personajes que se dejan llevar por sus instintos ante situaciones límites. Y los muestra con un tono naturalista, con largos planos y pocos diálogos, sin música, a veces distante. El cine de Franco no busca el simple entretenimiento sino la reflexión.

“Cuando voy al cine, quiero que la película me haga sentir y pensar. Una película hecha con una fórmula americana, lejos de entretenerme, me aburre. El entretenimiento tiene que ver con algo que efectivamente te sacuda, que te mueva.”

Usted sufrió un secuestro exprés de joven. ¿A qué edad fue?

A los 20 años.

¿Y eso no sería una buena historia?

Tal vez lo cuente en tono de comedia.

* * *

Michel Franco no tiene el sueño americano de llegar a Hollywood. Su estilo, su forma de trabajar, chocaría con esa industria que lo absorbe todo. Escribe, produce y dirige sus películas. Rueda, contrario a lo que dicen las escuelas, de manera cronológica. Reconocido en los principales festivales, tiene otros objetivos: hacer un largometraje con Uma Thurman, por ejemplo, a la que conoció este año en Cannes. O volver a retratar, como ha hecho, su México natal con historias que trascienden fronteras.

“Me gustaría seguir haciendo cine que hable de mi país, de la realidad que vivo. Conquistar a un público cada vez más amplio, tanto en México como en otros lugares.”

Hoy tiene su propia productora, Lucía Films, que ha producido obras como Desde allá (Lorenzo Vigas, 2015), ganadora del León de Oro de Venecia. Entre sus próximos proyectos, además de la producción de la nueva película de Vigas, tiene una serie de televisión, una comedia que trabaja junto con Gabriel Ripstein y Jorge Hernández Aldana. En Italia, becado por la fundación Rockefeller, escribe su próximo filme.

¿Soñaba, de joven, con tanto reconocimiento?

Yo sólo soñaba con poder hacer cine. Eso para mí era bastante.

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10 películas para celebrar el Orgullo LTGB+

Nerea Dolara

Después de salir por las calles de Madrid a celebrar las fiestas del Orgullo, túmbate en el sofá y regálate estas películas.

El 23 de junio comienza la celebración del Orgullo Gay en Madrid y hasta los semáforos se han vuelto inclusivos. Además de salir de fiesta por las calles de la ciudad hay otras cosas que se pueden hacer para celebrar la fecha y una de ellas es regalarse un maratón de películas LGBT que valen la pena. Hay muchas más – más raras, más antiguas, más malas- pero aquí hay una lista de recomendaciones seguras, de cintas que se disfrutan con sonrisas o con lágrimas, pero se disfrutan mucho.

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PELICULA TANGERINE. | FOTO: Duplass Brothers Productions

Tangerine (2015)

Esta película es de esas joyas que encuentran la forma de llegar a los espectadores aunque no se hayan estrenado en cines o sólo en algunas muy pocas salas en su ciudad de origen. Tangerine, de Sean Baker, es una tragicomedia que acompaña a dos mujeres transexuales que van en busca del novio de una de ellas para darle una lección por ponerle los cuernos mientras estaba en la cárcel. Sí, suena como una trama de telenovela o de serie B, pero es una historia llena de ternura, humor y genialidad. ¡Ah! Y se rodó con un iPhone 5s.

Stranger by the Lake (2013)

Este drama francés, de Alain Guiraudie, se estrenó en Una cierta mirada en Cannes. Lo que parece inicialmente una historia sobre encuentros fortuitos alrededor de un lago en el que en verano hombres gays van a bañarse y tomar el sol (y a ligar) (Spoiler alert) se convierte en un verdadero drama cuando uno de los visitantes resulta ser un asesino. Pero para el protagonista su atractivo es mayor que su pecado capital y lo que sigue es una intensa y peligrosa historia de amor.

Weekend (2011)

Una de esas historias de amor con las que, ya al leer la sinopsis, adivinas que vas a llorar. El filme cuenta el desarrollo de la relación de dos hombres que se conocen una semana antes de que uno de ellos se mude del país. Este drama británico de Andrew Haigh ganó decenas de premios de audiencia en varios festivales y fue tan adorada por la crítica que Rotten Tomatoes le da un 95%. Es  obligatoria.

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AFICHE DE BOYS DON’T CRY

Boys Don’t Cry (1999)

Otra historia trágica y real. En este caso se trata de un transexual, Brandon Teena (nacido mujer, identificado como hombre), que vive en Nebraska. La película de Kimberly Peirce tiene como protagonista a Hillary Swank, quien interpreta a Brandon, que se enamora de una chica (Chloe Sevigny) e intenta vivir su vida. Pero los intolerantes abundan, y los violentos no son pocos. Brandon, como tantas personas LGBT, es asesinado por ser quien es. Su historia se convirtió en símbolo.

Milk (2008)

La película que le ganó el primer Óscar de guión a un hombre abiertamente gay, es un canto a la lucha y la historia real de un hombre que se convirtió en símbolo. Repasemos la trama: Harvey Milk es un hombre que, ya en la adultez, sale del armario y decide mudarse a un más liberal San Francisco en los setenta. Pero cuando el barrio en que vive la comunidad homosexual comienza a vivir episodios de rechazo, Milk decide postularse al gobierno local. Eso lo convierte en el primer hombre gay en hacerlo en la historia de Estados Unidos. Y, spoiler alert, como pasa con los precursores en los temas de derechos civiles las cosas terminan mal… no es como que la sociedad conservadora se siente a ver cómo llegan los cambios. Milk es asesinado y su historia se convierte en mito. La película de Gus Van Sant cuenta con una actuación de Sean Penn tan exacta que quienes conocían a Harvey se frikearon al verlo.

10 películas para celebrar el Orgullo Gay 2
Película The Kids are Alright. | Foto: Gilbert Films.

Los chicos están bien (2010)

Esta película tiene dos cosas que celebrar. El hecho de que la pareja de madres en el centro de la historia sea gay es algo que no necesita más explicación y la relación entre ambas, aunque con baches (y se ven en la película) es comprometida y respetuosa… a la vez que es un matrimonio normal, sumido en una rutina que puede ser asfixiante. Es decir, Los chicos están bien trata a los personajes de Annette Benning y Julianne Moore como una pareja casada desde hace años, cualquier pareja. La historia comienza cuando los hijos de ambas buscan a su padre biológico (cada una gestó a uno de ellos con el semen de un mismo donante) y la tranquila vida familiar se desestabiliza. Inseguridades aparecen, frustraciones salen a la superficie… la aparición de Mark Ruffalo revuelve la rutina y hace que todos los personajes se replanteen cosas.  

The Wedding Banquet (1993)

Esta película bastante desconocida de Ang Lee (sí, el de Brokeback Mountain) es un secreto que debería no ser guardado. Cuando un hombre gay taiwanés se casa, por conveniencia (sus padres no dejan de fastidiarle con el tema) con una mujer china -ella obtiene una Green Card en el proceso- piensa que puede dar todo por olvidado, pero sus tradicionales padres llegan a Estados Unidos a organizar su banquete de bodas y su novio no está muy feliz con la situación.

10 películas para celebrar el Orgullo Gay 4
Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux en La vie d’Adèle.

La vida de Adèle (2013)

Ganadora en Cannes, esta película no se escapó de la controversia. Una de sus protagonistas, Lea Seydoux, habló públicamente de sentirse explota por el director de la cinta, Abdellatif Kechiche (que actualmente está subastando su Palma de Oro para hacer su próxima película). Fuera de esto, la película es una hermosa y dolorosa historia de amor entre Adele (Adèle Exarchopoulos) y Emma (Léa Seydoux). Las escenas de sexo llegan a ser incómodas por lo íntimas, la sensación de estar espiando a una pareja en su momento más privado es intensa y eso las convierte en algunas de las escenas más honestas de sexo que se han visto en pantalla. Pero el sexo no es todo. La historia de amor es también una historia de descubrimiento y de crecimiento, bonita y triste, como resultan casi todas las relaciones importantes en la vida.

High Art (1998)

Esta película de Lisa Chodolenko (Los chicos están bien) no sólo retrata una historia de amor intensa entre dos mujeres interesantes, es también un relato de autodescubrimiento, de exploración personal y de libertad. Radha Mitchell es una joven fotógrafa que parece tener el camino de su vida trazado claramente, aunque sin mucho entusiasmo, y Ally Sheedy es una fotógrafa renombrada que es su vecina. Cuando una grieta en el techo de Mitchell (y sí, es una metáfora) la obliga a tocar la puerta de su vecina comienza el romance.

Brokeback Mountain (2005)

La película gay más reconocida de los últimos tiempos, en parte porque el Óscar le negó la estatuilla de Mejor Película y se la dio en cambio a la tibia Crash. La historia de amor de Ang Lee enamoró a audiencias y críticos por igual y hasta se las arregló para sobrepasar prejuicios (no los de la Academia, obviamente). Aquí Heath Ledger y Jake Gyllenhaal viven una intensa, hermosa y trágica historia de amor (¿ven un patrón de tragedia? No es casual) que le ha regalado a los espectadores algunas de las escenas más conmovedoras (quien no lloró con la escena de la camisa no tiene alma) del cine reciente.

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