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Guía básica para pasar de las cañas a la cerveza artesanal

Clara Paolini

Que la cerveza artesanal es una moda que ha llegado para quedarse es un tópico que se escucha en todas partes, pero también una verdad que vemos corroborar día a día. Los bares especializados brotan como setas en las grandes ciudades, resulta cada vez más habitual ver botellines “raros” en las tiendas y quien no tiene algún amigo que sueña con lanzar su propia marca, al menos conoce a alguien que haya experimentado en casa con kits para fabricar su propia cerveza casera.

Aunque lo habitual sigue siendo disfrutar de una tarde de cañas sin prestar la más mínima atención a la marca que se consume, al menos ahora más gente es consciente de que hay vida más allá de la típica Mahou, Estrella o Cruzcampo, ¿por qué no explorar este nuevo abanico de posibilidades cerveceras? Las típicas cañas anónimas y las chinolatas callejeras seguirán formando parte de nuestro alegre menú alcohólico, pero de vez en cuando, merece la pena hacerle un regalo a nuestras papilas gustativas.

Hay una cerveza para cada momento, se huelen, se saborean y conviene retenerlas en el paladar en lugar de echarse directamente al gaznate. No es lo mismo zamparse una hamburguesa en cualquier establecimiento de comida rápida que en un restaurante de mantel, ni tiene nada que ver un vino de brik para hacer kalimotxo que un Rioja gran reserva, así que con la cerveza ocurre lo mismo. No hace falta ser un sibarita ni dejarse el bolsillo en productos gourmet para disfrutar de la gastronomía, pero de vez cuando, merece la pena explorar nuevos productos.

Puede que la vida fuera más fácil cuando para beber una cerveza bastaba con decir “una caña” o “un tercio”, pero también era más monótona y aburrida. Así que para todos aquellos sedientos y curiosos, respondemos a las principales dudas y mitos sobre la cerveza artesanal. Aquí va la lista sobre todo lo que siempre quisiste saber sobre la cerveza artesanal y nosotros nos atrevimos a preguntar.

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Y nosotros también, pero si es artesanal mejor

¿De verdad hay un ‘boom‘ de cerveceros artesanales en España o se lo han inventado los medios?

En los últimos años, la cerveza artesanal ha llenado titulares (La crisis dispara un 1.600% la fiebre por la cerveza artesana en España – El Mundo, El ‘boom’ de la cerveza artesanal en EspañaExpansión, La gran explosión de las cervezas artesanas españolas – El País), ¿pero es tan cierto como pinta?

Mª Paz González, de la tienda especializada Birra y Paz (c/ Menorca 9), opina que sí, que es cierto que es un sector en pleno crecimiento, pero también que los datos deberían relativizarse. El Mundo mencionaba en su artículo que España se sitúa a la cabeza de Europa en el aumento de micro fábricas de cerveza, ya que el número de este tipo de empresas ha crecido cerca de un 1.600% entre 2008 y 2015. “Porcentualmente parece una burrada pero ¿qué hemos pasado, de 1 a 5? Es un mercado en crecimiento, sí, pero poniendo los datos en porcentajes y no en cifras absolutas parece una barbaridad. Piensa que pasar de 1 a 2 es un crecimiento del 100%”, comenta Paz. Según su parecer el mercado sigue siendo “microscópico”, y buen ejemplo de ello es que sus clientes suelen bromear sobre que siempre son los mismos cuatro gatos los que visitan los diferentes establecimientos especializados y prueban las nuevas marcas. De ahí la sensación de que los amantes de la cerveza artesanal forman una pequeña secta donde reina la endogamia.

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Mª Paz González, en su establecimiento Birra y Paz, tienda obligatoria para los amantes de la cerveza en Madrid en c/ Menorca 9.

Por otro lado, a pesar de los buenos augurios, hay un dato importante a tener en cuenta: hoy por hoy, la oferta es mucho mayor que la demanda, lo que viene a decir que hay más productores de cerveza que consumidores reales. Sin embargo, como el resto de profesionales del sector, Paz se muestra positiva: “Se podría solucionar animando a la gente a probarlas, haciendo que sientan curiosidad, que experimenten. Sucederá como con el mercado del vino, que de aquí unos años habrá mayor conocimiento del producto y la gente sabrá valorarlo mejor”.

¿Por qué las cervezas artesanales son más caras?

Como suele ocurrir en el resto del mercado, en el mundo de la cerveza el baremo calidad-precio también impone su lógica. No es que las grandes marcas ofrezcan un producto mejor ni peor, sino que son diferentes. Las artesanales son más caras porque utilizan unas materias primas de más calidad y en mayor cantidad. Por ejemplo, el precio del lúpulo está por las nubes y los cerveceros artesanales suelen necesitar mucho más que en las de las grandes compañías en su proceso de fabricación.

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Alberto Calabrese y Samuel Liviano, las caras detrás de Cosmos, cerveza artesana de calidad.

Además, los lotes que producen son más pequeños y en esta industria, como en el resto de mercados, prevalece la economía a gran escala. Alberto Calabrese, uno de los socios detrás de la marca de cervezas artesanas Cosmos, explica que la cerveza artesanal respeta los tiempos de elaboración y maduración, intentando ofrecer calidad en un mercado donde predomina la típica Premium American Lager de las cañas: “Por lo general, la cerveza artesanal está elaborada con un 100% de malta de cebada, y no lleva lo que se conocen como adjuntos (cereales baratos que sirven para aumentar la cantidad de alcohol o abaratar la producción)”.

Hay quien dice que es más sana, otros que mantiene una economía de apoyo a las pequeñas empresas en lugar de a las grandes corporaciones mucho más beneficiosas, pero en lo que casi todo el mundo está de acuerdo es que pagar un poco más de vez en cuando, merece la pena.

¿Cómo elegir una cerveza artesanal entre los cientos de marcas y variedades?

En cualquier tienda o bar de cervezas artesanales mínimamente decente, quien esté detrás del mostrador o de la barra suele conocer el producto. Es más, lo más habitual es que no sólo sepa explicar el sabor y características de cada cerveza porque las haya probado casi todas, sino que también suelen estar encantados de recomendar, enseñar y hablar sobre su pasión con los no iniciados. Siempre es mejor compartir tus gustos para que no acabes tomándote una cerveza que la vas a rechazar, a lo mejor porque tiene unas características de olor o de sabor muy extremos. ¿Te parece algo denso y con cuerpo?, ¿ligero y frutal? Hay de todo y para todos, y tampoco está mal aventurarse a probar sin saber qué esperar, pero un consejo: si de verdad quieres disfrutar de algo te que gusta, es mejor preguntar que elegir tu bebida porque tenga una etiqueta bonita o un nombre atractivo.

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Si tienes alguna duda, consulta a tu cervecero | Foto: Rafael Marchante / Reuters.

“Siempre es mejor que alguien te vaya asesorando o encaminando hacia algo que te guste y que luego tu paladar te vaya pidiendo otras cosas. Cuanto más tomas, más te gusta. Diría casi el 100% de la gente que toma este tipo de cerveza y lo hace de una manera sensata (no los que eligen cerveza por su maravillosa etiqueta), no la pueden dejar. Una vez que has dado este paso, la marcha atrás es irreversible”, asegura Paz, quien lo experimentó en su propia piel.

¿Hay gente a la que no le gusta la cerveza pero sí las artesanales?

Aunque suene increíble, sí, por supuesto. Paz me habla de una amiga cercana que lo único que tomaba eran claras; una de esas personas a las que no le gusta el sabor de la cerveza normal que suele tomarse de cañas. “Sin embargo, un día probó una IPA (India Pale Ale) y quedó enamorada. A partir de ese momento si toma cerveza tiene que ser de ese estilo; refrescante, que no sea demasiado extrema, que tenga mucho aroma…”. Para alguien que no le guste la cerveza pero quiera probar con las artesanales, Paz recomienda, por ejemplo, la American Pale Ale de La Axarca, que tiene un atractivo olor frutal a mango.

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Aunque no te guste la cerveza, es muy posible que algunas artesanales lleguen a encantarte.

¿Con qué comida va bien la cerveza artesanal?

Las cervezas artesanales son muy buenas compañeras en una comida, y gracias a su amplísima variedad combinan perfectamente desde con entrantes hasta los postres. Lejos de los maridajes típicos que cabría esperar, en Birra y Paz hicieron uno de cervezas con helados, combinando variedades para ver cómo las artesanales modifican o complementan los sabores de forma sorprendente. Las cervezas  “tienen infinitas posibilidades para maridar, incluso más que los vinos. Lo que ocurre es que la cerveza siempre se ha asociado a un producto más barato, como una introducción a la comida y yo creo que hay que ir descartando este mito”, comenta Paz.

Como regla general, lo mejor es elegir cervezas que complementen el plato y que no tapen ni se queden por detrás de lo que estás comiendo, sino que le den la mano combinando, acentuando y bailando con los sabores. Por ejemplo, una American Pale Ale, como la Apollo de Cosmos, que es una cerveza con cierto amargor y bastante aromática va muy bien con comidas especiadas o picantes ya que hace que los sabores no sean tan agresivos en la boca, pero por el contrario, la Dark Matter de la misma marca, que es una cerveza negra Imperial Stout con 9º de alcohol combina mejor con postres de chocolate.

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La Cerveza Cosmos Apollo combina bien con platos picantes.

En general, las cervezas más ligeras van bien con platos grasos debido a su capacidad para refrescar y limpiar el paladar, así que si tienes delante de ti un plato con grasa, no elijas una cuádruple con mucho cuerpo y densidad que se te quede adherida a la boca, ya que ese tipo de cerveza puede que vaya mejor con alimentos más frescos o con los postres.

¿Cómo se bebe una cerveza artesanal?, ¿en botella, vaso o copa?

Todos los profesionales coinciden: “Nunca en botella. Jamás”. El sentido del gusto se desarrolla en el olfato, por lo que es indispensable servir la cerveza en una copa o vaso que acentúe los aromas. Servidas en botellín, las cervezas artesanales no revelan en su totalidad la variedad de olores y sabores, y además, no contaremos con una parte importante de la experiencia de la cata, que es la parte visual. El color, la textura, la espuma… “Si bebes directamente del botellín estarás valorando un producto de forma parcial, perdiéndote muchas cosas”, dice Paz.

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Un vaso para cada cerveza. | Imagen: www.elrincondelcervecero.com

Además, aunque no hace falta ponerse demasiado tiquismiquis, el tipo de vaso o copa en el que se sirva la cerveza sí importa. Como en el caso de los vinos, la forma determina las cualidades a resaltar de cada bebida, y dependiendo de cómo sea la cerveza, interesa más que la copa tenga un determinado diseño u otro. Sin embargo, a pesar de la variedad, hay ciertos vasos bastante polivalentes que sirven para casi todo tipo de cerveza artesanal, y algunos expertos dicen que basta optar por algo que permita hacer salir el aroma de forma apropiada.

¿A qué temperatura se deben beber las cervezas artesanales?

Aunque se suele preferir que las cañas estén lo más frías que sea posible, en el caso de la cerveza artesanal no es así. Cuanto más fría esté la cerveza más detalles quedarán escondidos, y servirla congelada no suele ayudar a captar el verdadero sabor y los aromas que desprende. Sin embargo, no hay una temperatura adecuada estándar, sino que dependiendo del tipo, conviene servirla a una diferente. Por este motivo, las cervezas artesanales están empezando a mostrar en sus etiquetas una recomendación de la temperatura ideal a la que deberían servirse, pero como regla general, este gráfico podría servir como orientación:

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Algunas es mejor beberlas más calientes de lo que imaginas. | Imagen: www.cervezaartesana.es

 ¿Se puede beber cerveza artesanal sin acabar siendo hipster en el intento?

La cerveza y los hipsters están estrechamente relacionados, básicamente por el amor que profesa esta ‘tribu urbana’ a todo lo que sea alternativo, en edición limitada y fuera del circuito comercial de las grandes compañías, cumpliendo la cerveza artesanal dichos atributos.

Sin embargo, una buena noticia: la cerveza artesanal no la inventaron los hipsters, y partiendo de esa base, no hace falta acabar convertido en uno para disfrutar de sus infinitos sabores, texturas y variedades. Tanto es así que la cervecera artesanal sudafricana Garagista se desmarca del mito utilizando las bromas hacia los propios hipsters como reclamo:

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La cerveza artesanal anti hipsters | Imagen: Garagista.

“Mientras afinabas tu banjo nosotros estamos consiguiendo la afinación perfecta de nuestra cerveza, cada vez que bebes una Garagista el grupo favorito de un hipster se vuelve comercial, si tu bici solo tiene una marcha sigue pedaleando porque esta cerveza no es para ti o para aquellos que saben que Los Ramones hicieron música, no camisetas”.

¿Cualquiera puede cumplir el sueño de ser fabricante de cerveza?

Paz comenta que todo el mundo puede hacer su propia cerveza casera, pero vivir de ello no es tan fácil como parece. Hay una competencia feroz dentro del mercado, y lo que hace unos años valía ha dejado de servir. Por su lado, Alberto de Cosmos tiene una opinión parecida: “Hacer cerveza es fácil, lo que no es tan fácil es hacer un producto por el que el consumidor, cada vez más entendido, esté dispuesto a pagar. Por otro lado, montar una fábrica no es barato. La inversión mínima y poco recomendable es de 50.000€, pero si se quiere montar un fábrica de verdad que tenga posibilidades a largo plazo estamos hablando de un mínimo de 200.000€”.

De todas formas, no todos lo que se dedican a la cerveza tienen una fábrica y como ejemplifica el caso de Cosmos, cada vez son más los que se animan a dar el paso e intentarlo:  “Durante tres años decidimos formarnos lo máximo posible e hicimos nuestros experimentos, primero en el garaje de un amigo, después en el sótano de la Tienda de la Cerveza y finalmente en un pequeño local que alquilamos. A principios de este año decidimos dar el salto como nómadas (marcas que no tienen su propia fábrica) y actualmente nos encontramos en varias tiendas y bares de Madrid”.

Por qué la cerveza se considera (¿erróneamente?) una bebida típicamente masculina

A millones de mujeres les encanta la cerveza, pero sigue existiendo cierto cliché sexista que ha extendido la falsa creencia de que es una bebida para hombres. Si en un restaurante un hombre y una mujer piden una cerveza y un cocktail, lo más probable es que el camarero le sirva la cerveza a él sin molestarse en preguntar. Se trata de algo cultural y social que ya está cambiando, pero lo cierto es que entre los productores y profesionales del sector de la cerveza artesanal, hay más hombres que mujeres.

cerveza-artesenal-mujeresTal y como comenta Paz , ejemplo inmejorable de mujer cervecera, este hecho no deja de resultar paradójico porque inicialmente la cerveza no era un producto que elaborasen los hombres. “Eran las mujeres las que la hacían en casa, formaba parte de la dieta e históricamente ha tenido un componente femenino muy importante,  pero sí es verdad que hoy por hoy se asocia a un mundo masculino “.

Y por último, un secreto experto: ¿cómo beber cerveza toda la noche sin emborracharte?

Si lo que buscas al beber cerveza es justamente emborracharte, puede que no le veas mucho sentido a esta pregunta. Pero hay gente para todo, y si de verdad quieres probar los cientos de variedades y no morir en el intento, el famoso cervecero Jim Koch, dueño de Boston Beer Company y creador de la Samuel Adams, tiene un truco que no tiene nada que ver con la cerveza sin alcohol. En una entrevista publicada en la revista Esquire, este gurú reveló que el secreto para no acabar como Las Grecas es tan simple como efectivo: Levadura activa seca (como la que venden en el supermercado) mezclada con un poco de yogur.

Con este remedio, el AHD descompone el alcohol ingerido antes de que se integre al torrente sanguíneo, y por lo tanto, llegue al cerebro, mitigando así sus efectos. El propio reportero de la revista estadounidense se tomó seis cucharadas de levadura antes de meterse entre pecho y espalda seis latas de cerveza, y para su sorpresa no se emborrachó. ¿Beber cerveza sin emborracharse pierde la gracia? Eso deberás responderlo tú mismo, pero esperamos que después de este artículo al menos la que pidas de vez en cuando, sea artesanal.

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Las 7 mejores cabeceras de serie de la historia

Redacción TO

Foto: Adam Arkapaw
HBO

Aunque puede que muchas personas pasen por alto estas cabeceras, consumidos por la impaciencia, hambrientos de más episodios, algunas de ellas son obras maestras en sí mismas. La mayor parte de la selección corresponde a series de la última década, salvo por una honrosa excepción. Y aunque otras grandes cabeceras han quedado fuera, esta es sin duda una muestra representativa de la deslumbrante creatividad de las series televisivas norteamericanas, con las productoras Netflix y HBO a la cabeza.

A continuación, la lista:

True Detective (Temporada 1):

La serie de un macabro crimen por resolver es absorbente desde los títulos de crédito. Esta superposición de capas con vistas a escenas de vicio y paisajes de Lousiana sugiere un clima oscuro que luego se reafirma en este guión extraordinario de Nic Pizzolatto. La melodía de Far from any road, de The Handsome Family, hace el resto.

Stranger Things:

Los sintetizadores del opening consiguen ponernos los pelos de punta. Las aventuras de estos niños de Hawking, que habitan el pueblo remoto de Hawkins (y, según parece, otros territorios más hostiles), cohabitan a la perfección con la música de Survive, pero también con canciones que trasladan a otra época: Jefferson Airplane, The Clash, Echo & Bunnymen, Joy Division…

BoJack Horseman:

Esta no será probablemente una elección justa; se trata de la única serie de animación de la lista. Pero BoJack Horseman tiene un espíritu que la hace especial, con esa nostalgia de actor deprimido y venido a menos que se recluye en el alcohol y las drogas y las fiestas salvajes en una mansión que preside una colina de Hollywoo (así, sin la D). La música es obra de Patrick Carney. Ajá, el batería de los Black Keys.

Los Soprano:

El recorrido de Tony Soprano, puro en mano, hasta las calles de Nueva Jersey, bordeando la grandilocuente Nueva York, como diciendo ‘Estas son mis calles, aquí mando yo’. Una serie que marcó a una época y a una generación y que imprime su esencia en esta cabecera, donde resulta imposible no reconocer la canción Woke up this morning, de Alabama 3.

“…and mama always said
you’d be the chosen one”.

Mad Men:

Apenas supera el medio minuto y parece revelar un final anticipado, con Don Draper, el protagonista, descendiendo a los infiernos o, simplemente, lanzándose por la ventana. En cualquier caso, es una de las cabeceras más evocadoras que se haya visto y la canción A beautiful mine, de RJD2, acompaña en la travesía.

Vinyl:

El polvo del vinilo y la cocaína y los escenarios locos del rock and roll de los setenta visitados desde las entrañas en esta serie que no llegó muy lejos a pesar de tanta creatividad desbordante. Mick Jagger, Martin Scorsese, Terence Winter y Rich Cohe apostaron bien fuerte por ella, pero no fue suficiente. La canción Sugar Daddy, de Sturgill Simpson, es la dignísima antesala de lo que está por venir.

Breaking Bad:

Si algo puede decirse de esta cabecera es que va al grano, sin florituras. Es ingeniosa y creativa, un viaje breve por la tabla periódica que reúne la vida y muerte de esta serie que ha convertido la Química (y la metanfetamina) en temas casi ordinarios. La música, aunque simple, se instala en tu cabeza y no te abandona y, tras el episodio final, se convierte en algo más que una sintonía. La compuso, por cierto, Dave Porter.

Ojos en el corazón

Lea Vélez

Foto: DENIS BALIBOUSE
Reuters

Año 2004. Viajábamos de Inglaterra a Madrid en coche, sin paradas. El viaje había sido incómodo, largo, cansado. Dejábamos Francia atrás. En cuando cruzamos la frontera de Irún y cogimos esa cuesta de pura curva y contra curva a 120 por hora, vimos los primeros coches quemados. Los restos de un horrible accidente. Cien metros más abajo, un camión volcado en la cuneta. Un kilómetro después, dos coches con los hierros entrelazados en un abrazo mortal, cristales rotos, esqueletos oxidados, restos de coches volcados, frenazos frescos sobre el asfalto, vehículos empujados de cualquier forma hacia el arcén. Durante las siguientes cuatro horas de viaje hasta Madrid, mi marido y yo nos encontramos con cada accidente, tragedia, despiste, con cada sueño agotado en los arcenes de aquel verano. Eran los restos de la guerra.
Alucinados ante aquel paisaje apocalíptico buscábamos explicación. ¿Hubo lluvias torrenciales? ¿Bancos densos de niebla? ¿Un loco al volante? Al fin, adivinamos la causa. No era cosa del clima, ni de que hubiera habido más despistes de la cuenta, ni más borrachos o chiflados o atentados terroristas. Es que existen las guerras constantes e invisibles. Esas que se barren cada día porque da miedo mirar. Las guerras que nadie sabe que existen hasta que el tipo al que le toca siempre barrer, recoger, ordenar y esconder los restos de todo lo malo, se planta. En el verano de 2004 hubo una huelga de conductores de grúa. Comenzó en el País Vasco y se extendió al resto de España. Nadie retiró los coches siniestrados durante más de un mes y en ese mes, las carreteras se llenaron de fantasmas. Aquel viaje me marcó para siempre, y el corazón, ese que si no ve no siente, aprendió a mirar lo que no está.
A veces hago ese ejercicio mental con otras cosas terribles, como el cáncer. Imagino todos los cuerpos graves, enfermos, asustados, los muertos que causa la enfermedad. Pienso en lo que no se ve y le doy la imagen metafórica de aquel cementerio de coches del verano del 2004.

Susana Díaz: vivir es decidir

David Martínez

Foto: GERARD JULIEN
AFP PHOTO
“Se vive durante 20 años; luego, se sobrevive”, escuché defender una vez a Felipe González. Las preocupaciones de la vida adulta, la toma de conciencia sobre los aspectos más dolientes de la existencia -“envejecer, morir es el único argumento de la obra”, enseñó Gil de Biedma- nos estrechan el camino y lo condicionan todo una vez doblada la esquina de la madurez. Es entonces cuando acaba el prólogo alegre de la infancia y primera juventud para dar paso a lo serio: concatenar golpes, decepcionar, ser decepcionado y embarcarse en el frenesí imparable de la toma de decisiones, que no otra cosa es vivir. Casi siempre, por cierto, dejando con cada una de ellas un notable parte de daños colaterales. Esto es lo sustancial y por eso la psicología nos dice que la felicidad se manifiesta por momentos, nunca como un estado duradero; Cervantes escribió que esta se halla en el camino y no en la posada; o el catolicismo justifica el “valle de lágrimas” con el argumento de que precede a la vida eterna. Y también por eso nos esforzamos en buscar evasiones que nos distraigan de lo mollar, así sea circunstancialmente -excusas para no pensar-.

Decidir, decidir y decidir. No paramos de tomar una alternativa u otra en el laberinto de la vida, sabiendo además que el final será el mismo en cualquier caso, dotando así de una trascendencia a nuestros movimientos que por supuesto no tienen. (¿O sí la tienen?) Esta columna iba a versar sobre la decisión política más importante en la carrera de Susana Díaz, que es la de lanzarse a una batalla que en el mejor de los casos le otorgará el mando de un partido roto y reducido a la mitad de lo que era hace pocos años, con la seguridad de que perderá las próximas elecciones generales. Porque ni ella ni nadie puede remontar 14 puntos en menos de un ciclo electoral.

Iba a ir de eso, pero qué pequeña se queda la contienda política patria cuando se amplia el foco para conseguir una panorámica más completa. Díaz ha tomado una decisión que marcará toda su trayectoria y también -al menos durante un tiempo- la del PSOE y la de la política nacional, pero ninguna decisión de ninguna otra persona te afectará tanto como la menor de las que tomes tú mismo hoy. Será difícil, quizá, probablemente dañes a alguien, y después de ella tampoco te librarás del acoso de la memoria, pertinaz en esa misión de recordarnos que nos estamos muriendo, como supo ver Michi Panero. O que vamos sobreviviendo, que diría el más optimista González. Sí, vivir es decidir y autoengañarse, pero todo vale la pena cuando la elección de turno te lleva a empezar de nuevo. Porque Pavese tenía razón: La mayor alegría del mundo es comenzar.

Sí, habrá un robot al volante

José Carlos Rodríguez

Foto: HANDOUT
Reuters

Un conductor toma la decisión de saltarse un ‘ceda el paso’, y el Volvo que intentaba cambiar el sentido choca contra él. La noticia no habría aparecido siquiera en la prensa local si el segundo vehículo hubiese estado conducido. Pero es uno de esos drones sobre ruedas que constituyen la promesa de un mejor transporte; un coche que se gobierna de forma autónoma, sin conductor. Como la tecnología no está madura, circulan con un piloto que, llegado el momento, retoma el control. En esta ocasión, la precaución no ha sido suficiente.

El coche forma parte de la flota de coches autónomos de Uber en la ciudad de Tempe, Arizona. La compañía ha suspendido su programa de pruebas con coches autopilotados, como primera providencia. Pero volverá a retomarlo. Uber ve un futuro de coches que funcionan sin horario, y en los que todos los ingresos van para la compañía.

En nuestra ciudad habrá decenas, centenares de coches fantasma, que reaccionarán como autómatas a un par de toques en la pantalla de nuestro teléfono móvil. Alquilaremos el uso de los coches para la ciudad. Nos recogerán, y por un módico precio nos dejarán donde queramos. Más adelante, sólo habrá vehículos autónomos, que se comunicarán entre ellos. Los atascos serán menos frecuentes. Y no habrá multas, porque los vehículos no se saltarán el código. Los ayuntamientos, como venganza, nos prohibirán conducir por el centro de las ciudades. Leeremos camino del trabajo, si es que entonces todavía se estila esta milenaria costumbre. Los metros de las ciudades se cerrarán y se convertirán en museos o centros de ocio.

Es un futuro que casi podemos tocar con la punta de los dedos, pero que aún se nos hace lejano. Es normal que la transición cause accidentes. En la I Guerra Mundial, el índice de mortalidad de los aviones, en sus primeros vuelos, era de más del 70 por ciento a los tres meses. Los pasos que vamos a dar a esta nueva forma de transporte no van a ser tan traumáticos.

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