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Guía básica para pasar de las cañas a la cerveza artesanal

Clara Paolini

Que la cerveza artesanal es una moda que ha llegado para quedarse es un tópico que se escucha en todas partes, pero también una verdad que vemos corroborar día a día. Los bares especializados brotan como setas en las grandes ciudades, resulta cada vez más habitual ver botellines “raros” en las tiendas y quien no tiene algún amigo que sueña con lanzar su propia marca, al menos conoce a alguien que haya experimentado en casa con kits para fabricar su propia cerveza casera.

Aunque lo habitual sigue siendo disfrutar de una tarde de cañas sin prestar la más mínima atención a la marca que se consume, al menos ahora más gente es consciente de que hay vida más allá de la típica Mahou, Estrella o Cruzcampo, ¿por qué no explorar este nuevo abanico de posibilidades cerveceras? Las típicas cañas anónimas y las chinolatas callejeras seguirán formando parte de nuestro alegre menú alcohólico, pero de vez en cuando, merece la pena hacerle un regalo a nuestras papilas gustativas.

Hay una cerveza para cada momento, se huelen, se saborean y conviene retenerlas en el paladar en lugar de echarse directamente al gaznate. No es lo mismo zamparse una hamburguesa en cualquier establecimiento de comida rápida que en un restaurante de mantel, ni tiene nada que ver un vino de brik para hacer kalimotxo que un Rioja gran reserva, así que con la cerveza ocurre lo mismo. No hace falta ser un sibarita ni dejarse el bolsillo en productos gourmet para disfrutar de la gastronomía, pero de vez cuando, merece la pena explorar nuevos productos.

Puede que la vida fuera más fácil cuando para beber una cerveza bastaba con decir “una caña” o “un tercio”, pero también era más monótona y aburrida. Así que para todos aquellos sedientos y curiosos, respondemos a las principales dudas y mitos sobre la cerveza artesanal. Aquí va la lista sobre todo lo que siempre quisiste saber sobre la cerveza artesanal y nosotros nos atrevimos a preguntar.

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Y nosotros también, pero si es artesanal mejor

¿De verdad hay un ‘boom‘ de cerveceros artesanales en España o se lo han inventado los medios?

En los últimos años, la cerveza artesanal ha llenado titulares (La crisis dispara un 1.600% la fiebre por la cerveza artesana en España – El Mundo, El ‘boom’ de la cerveza artesanal en EspañaExpansión, La gran explosión de las cervezas artesanas españolas – El País), ¿pero es tan cierto como pinta?

Mª Paz González, de la tienda especializada Birra y Paz (c/ Menorca 9), opina que sí, que es cierto que es un sector en pleno crecimiento, pero también que los datos deberían relativizarse. El Mundo mencionaba en su artículo que España se sitúa a la cabeza de Europa en el aumento de micro fábricas de cerveza, ya que el número de este tipo de empresas ha crecido cerca de un 1.600% entre 2008 y 2015. “Porcentualmente parece una burrada pero ¿qué hemos pasado, de 1 a 5? Es un mercado en crecimiento, sí, pero poniendo los datos en porcentajes y no en cifras absolutas parece una barbaridad. Piensa que pasar de 1 a 2 es un crecimiento del 100%”, comenta Paz. Según su parecer el mercado sigue siendo “microscópico”, y buen ejemplo de ello es que sus clientes suelen bromear sobre que siempre son los mismos cuatro gatos los que visitan los diferentes establecimientos especializados y prueban las nuevas marcas. De ahí la sensación de que los amantes de la cerveza artesanal forman una pequeña secta donde reina la endogamia.

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Mª Paz González, en su establecimiento Birra y Paz, tienda obligatoria para los amantes de la cerveza en Madrid en c/ Menorca 9.

Por otro lado, a pesar de los buenos augurios, hay un dato importante a tener en cuenta: hoy por hoy, la oferta es mucho mayor que la demanda, lo que viene a decir que hay más productores de cerveza que consumidores reales. Sin embargo, como el resto de profesionales del sector, Paz se muestra positiva: “Se podría solucionar animando a la gente a probarlas, haciendo que sientan curiosidad, que experimenten. Sucederá como con el mercado del vino, que de aquí unos años habrá mayor conocimiento del producto y la gente sabrá valorarlo mejor”.

¿Por qué las cervezas artesanales son más caras?

Como suele ocurrir en el resto del mercado, en el mundo de la cerveza el baremo calidad-precio también impone su lógica. No es que las grandes marcas ofrezcan un producto mejor ni peor, sino que son diferentes. Las artesanales son más caras porque utilizan unas materias primas de más calidad y en mayor cantidad. Por ejemplo, el precio del lúpulo está por las nubes y los cerveceros artesanales suelen necesitar mucho más que en las de las grandes compañías en su proceso de fabricación.

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Alberto Calabrese y Samuel Liviano, las caras detrás de Cosmos, cerveza artesana de calidad.

Además, los lotes que producen son más pequeños y en esta industria, como en el resto de mercados, prevalece la economía a gran escala. Alberto Calabrese, uno de los socios detrás de la marca de cervezas artesanas Cosmos, explica que la cerveza artesanal respeta los tiempos de elaboración y maduración, intentando ofrecer calidad en un mercado donde predomina la típica Premium American Lager de las cañas: “Por lo general, la cerveza artesanal está elaborada con un 100% de malta de cebada, y no lleva lo que se conocen como adjuntos (cereales baratos que sirven para aumentar la cantidad de alcohol o abaratar la producción)”.

Hay quien dice que es más sana, otros que mantiene una economía de apoyo a las pequeñas empresas en lugar de a las grandes corporaciones mucho más beneficiosas, pero en lo que casi todo el mundo está de acuerdo es que pagar un poco más de vez en cuando, merece la pena.

¿Cómo elegir una cerveza artesanal entre los cientos de marcas y variedades?

En cualquier tienda o bar de cervezas artesanales mínimamente decente, quien esté detrás del mostrador o de la barra suele conocer el producto. Es más, lo más habitual es que no sólo sepa explicar el sabor y características de cada cerveza porque las haya probado casi todas, sino que también suelen estar encantados de recomendar, enseñar y hablar sobre su pasión con los no iniciados. Siempre es mejor compartir tus gustos para que no acabes tomándote una cerveza que la vas a rechazar, a lo mejor porque tiene unas características de olor o de sabor muy extremos. ¿Te parece algo denso y con cuerpo?, ¿ligero y frutal? Hay de todo y para todos, y tampoco está mal aventurarse a probar sin saber qué esperar, pero un consejo: si de verdad quieres disfrutar de algo te que gusta, es mejor preguntar que elegir tu bebida porque tenga una etiqueta bonita o un nombre atractivo.

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Si tienes alguna duda, consulta a tu cervecero | Foto: Rafael Marchante / Reuters.

“Siempre es mejor que alguien te vaya asesorando o encaminando hacia algo que te guste y que luego tu paladar te vaya pidiendo otras cosas. Cuanto más tomas, más te gusta. Diría casi el 100% de la gente que toma este tipo de cerveza y lo hace de una manera sensata (no los que eligen cerveza por su maravillosa etiqueta), no la pueden dejar. Una vez que has dado este paso, la marcha atrás es irreversible”, asegura Paz, quien lo experimentó en su propia piel.

¿Hay gente a la que no le gusta la cerveza pero sí las artesanales?

Aunque suene increíble, sí, por supuesto. Paz me habla de una amiga cercana que lo único que tomaba eran claras; una de esas personas a las que no le gusta el sabor de la cerveza normal que suele tomarse de cañas. “Sin embargo, un día probó una IPA (India Pale Ale) y quedó enamorada. A partir de ese momento si toma cerveza tiene que ser de ese estilo; refrescante, que no sea demasiado extrema, que tenga mucho aroma…”. Para alguien que no le guste la cerveza pero quiera probar con las artesanales, Paz recomienda, por ejemplo, la American Pale Ale de La Axarca, que tiene un atractivo olor frutal a mango.

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Aunque no te guste la cerveza, es muy posible que algunas artesanales lleguen a encantarte.

¿Con qué comida va bien la cerveza artesanal?

Las cervezas artesanales son muy buenas compañeras en una comida, y gracias a su amplísima variedad combinan perfectamente desde con entrantes hasta los postres. Lejos de los maridajes típicos que cabría esperar, en Birra y Paz hicieron uno de cervezas con helados, combinando variedades para ver cómo las artesanales modifican o complementan los sabores de forma sorprendente. Las cervezas  “tienen infinitas posibilidades para maridar, incluso más que los vinos. Lo que ocurre es que la cerveza siempre se ha asociado a un producto más barato, como una introducción a la comida y yo creo que hay que ir descartando este mito”, comenta Paz.

Como regla general, lo mejor es elegir cervezas que complementen el plato y que no tapen ni se queden por detrás de lo que estás comiendo, sino que le den la mano combinando, acentuando y bailando con los sabores. Por ejemplo, una American Pale Ale, como la Apollo de Cosmos, que es una cerveza con cierto amargor y bastante aromática va muy bien con comidas especiadas o picantes ya que hace que los sabores no sean tan agresivos en la boca, pero por el contrario, la Dark Matter de la misma marca, que es una cerveza negra Imperial Stout con 9º de alcohol combina mejor con postres de chocolate.

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La Cerveza Cosmos Apollo combina bien con platos picantes.

En general, las cervezas más ligeras van bien con platos grasos debido a su capacidad para refrescar y limpiar el paladar, así que si tienes delante de ti un plato con grasa, no elijas una cuádruple con mucho cuerpo y densidad que se te quede adherida a la boca, ya que ese tipo de cerveza puede que vaya mejor con alimentos más frescos o con los postres.

¿Cómo se bebe una cerveza artesanal?, ¿en botella, vaso o copa?

Todos los profesionales coinciden: “Nunca en botella. Jamás”. El sentido del gusto se desarrolla en el olfato, por lo que es indispensable servir la cerveza en una copa o vaso que acentúe los aromas. Servidas en botellín, las cervezas artesanales no revelan en su totalidad la variedad de olores y sabores, y además, no contaremos con una parte importante de la experiencia de la cata, que es la parte visual. El color, la textura, la espuma… “Si bebes directamente del botellín estarás valorando un producto de forma parcial, perdiéndote muchas cosas”, dice Paz.

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Un vaso para cada cerveza. | Imagen: www.elrincondelcervecero.com

Además, aunque no hace falta ponerse demasiado tiquismiquis, el tipo de vaso o copa en el que se sirva la cerveza sí importa. Como en el caso de los vinos, la forma determina las cualidades a resaltar de cada bebida, y dependiendo de cómo sea la cerveza, interesa más que la copa tenga un determinado diseño u otro. Sin embargo, a pesar de la variedad, hay ciertos vasos bastante polivalentes que sirven para casi todo tipo de cerveza artesanal, y algunos expertos dicen que basta optar por algo que permita hacer salir el aroma de forma apropiada.

¿A qué temperatura se deben beber las cervezas artesanales?

Aunque se suele preferir que las cañas estén lo más frías que sea posible, en el caso de la cerveza artesanal no es así. Cuanto más fría esté la cerveza más detalles quedarán escondidos, y servirla congelada no suele ayudar a captar el verdadero sabor y los aromas que desprende. Sin embargo, no hay una temperatura adecuada estándar, sino que dependiendo del tipo, conviene servirla a una diferente. Por este motivo, las cervezas artesanales están empezando a mostrar en sus etiquetas una recomendación de la temperatura ideal a la que deberían servirse, pero como regla general, este gráfico podría servir como orientación:

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Algunas es mejor beberlas más calientes de lo que imaginas. | Imagen: www.cervezaartesana.es

 ¿Se puede beber cerveza artesanal sin acabar siendo hipster en el intento?

La cerveza y los hipsters están estrechamente relacionados, básicamente por el amor que profesa esta ‘tribu urbana’ a todo lo que sea alternativo, en edición limitada y fuera del circuito comercial de las grandes compañías, cumpliendo la cerveza artesanal dichos atributos.

Sin embargo, una buena noticia: la cerveza artesanal no la inventaron los hipsters, y partiendo de esa base, no hace falta acabar convertido en uno para disfrutar de sus infinitos sabores, texturas y variedades. Tanto es así que la cervecera artesanal sudafricana Garagista se desmarca del mito utilizando las bromas hacia los propios hipsters como reclamo:

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La cerveza artesanal anti hipsters | Imagen: Garagista.

“Mientras afinabas tu banjo nosotros estamos consiguiendo la afinación perfecta de nuestra cerveza, cada vez que bebes una Garagista el grupo favorito de un hipster se vuelve comercial, si tu bici solo tiene una marcha sigue pedaleando porque esta cerveza no es para ti o para aquellos que saben que Los Ramones hicieron música, no camisetas”.

¿Cualquiera puede cumplir el sueño de ser fabricante de cerveza?

Paz comenta que todo el mundo puede hacer su propia cerveza casera, pero vivir de ello no es tan fácil como parece. Hay una competencia feroz dentro del mercado, y lo que hace unos años valía ha dejado de servir. Por su lado, Alberto de Cosmos tiene una opinión parecida: “Hacer cerveza es fácil, lo que no es tan fácil es hacer un producto por el que el consumidor, cada vez más entendido, esté dispuesto a pagar. Por otro lado, montar una fábrica no es barato. La inversión mínima y poco recomendable es de 50.000€, pero si se quiere montar un fábrica de verdad que tenga posibilidades a largo plazo estamos hablando de un mínimo de 200.000€”.

De todas formas, no todos lo que se dedican a la cerveza tienen una fábrica y como ejemplifica el caso de Cosmos, cada vez son más los que se animan a dar el paso e intentarlo:  “Durante tres años decidimos formarnos lo máximo posible e hicimos nuestros experimentos, primero en el garaje de un amigo, después en el sótano de la Tienda de la Cerveza y finalmente en un pequeño local que alquilamos. A principios de este año decidimos dar el salto como nómadas (marcas que no tienen su propia fábrica) y actualmente nos encontramos en varias tiendas y bares de Madrid”.

Por qué la cerveza se considera (¿erróneamente?) una bebida típicamente masculina

A millones de mujeres les encanta la cerveza, pero sigue existiendo cierto cliché sexista que ha extendido la falsa creencia de que es una bebida para hombres. Si en un restaurante un hombre y una mujer piden una cerveza y un cocktail, lo más probable es que el camarero le sirva la cerveza a él sin molestarse en preguntar. Se trata de algo cultural y social que ya está cambiando, pero lo cierto es que entre los productores y profesionales del sector de la cerveza artesanal, hay más hombres que mujeres.

cerveza-artesenal-mujeresTal y como comenta Paz , ejemplo inmejorable de mujer cervecera, este hecho no deja de resultar paradójico porque inicialmente la cerveza no era un producto que elaborasen los hombres. “Eran las mujeres las que la hacían en casa, formaba parte de la dieta e históricamente ha tenido un componente femenino muy importante,  pero sí es verdad que hoy por hoy se asocia a un mundo masculino “.

Y por último, un secreto experto: ¿cómo beber cerveza toda la noche sin emborracharte?

Si lo que buscas al beber cerveza es justamente emborracharte, puede que no le veas mucho sentido a esta pregunta. Pero hay gente para todo, y si de verdad quieres probar los cientos de variedades y no morir en el intento, el famoso cervecero Jim Koch, dueño de Boston Beer Company y creador de la Samuel Adams, tiene un truco que no tiene nada que ver con la cerveza sin alcohol. En una entrevista publicada en la revista Esquire, este gurú reveló que el secreto para no acabar como Las Grecas es tan simple como efectivo: Levadura activa seca (como la que venden en el supermercado) mezclada con un poco de yogur.

Con este remedio, el AHD descompone el alcohol ingerido antes de que se integre al torrente sanguíneo, y por lo tanto, llegue al cerebro, mitigando así sus efectos. El propio reportero de la revista estadounidense se tomó seis cucharadas de levadura antes de meterse entre pecho y espalda seis latas de cerveza, y para su sorpresa no se emborrachó. ¿Beber cerveza sin emborracharse pierde la gracia? Eso deberás responderlo tú mismo, pero esperamos que después de este artículo al menos la que pidas de vez en cuando, sea artesanal.

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Refugee Food Festival: cuando el chef es un refugiado

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Pierre perdió a toda su familia y ahora está solo en Madrid, arrastra una mirada triste y su pelo es rubio en un tono intenso. “La vida es complicada”, dice, bajando la mirada. “Estoy aquí como refugiado político”. Tiene 27 años y salió de Camerún siendo muy joven; apenas 22 años y no tuvo más remedio que dejar atrás su vida en África. Después de un largo camino llegó en 2015 a España, vivió 10 meses en un centro de Ceuta hasta que le concedieron el asilo. Pierre se fue de Camerún acosado por ser homosexual.

“En mi país hay mucha tradición, no se acepta”, dice Pierre, en un castellano todavía pobre. “En África no tienes libertad si eres homosexual, transexual o lesbiana. Allí existe la mutilación genital. En África es complicado. En África matan por eso”. Pierre cuenta que su padre lo rechazó, que tiene un hermano en Francia con quien no se habla, que su madre fue la única que lo protegió. “Pero mi madre está muerta”, dice. “Yo estaba aquí cuando murió”.

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Pierre, refugiado camerunés, en el restaurante L’Artisan. | Foto: J.R./The Objective

Y aunque no pudo terminar la escuela, siempre se interesó por la cocina; ahora estudia en una escuela gastronómica en Alonso Cano y vive como puede en Madrid, en un piso compartido que le dispuso un amigo dominicano. Cuenta que le interesa la comida francesa, la americana, que va conociendo la española. “Hago cocido”, dice. Ahora participa en una iniciativa, Refugee Food Festival, que nació de la sinergia de la ONG Food Sweet Food y de Acnur, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. Pierre estará este fin de semana cocinando en el restaurante L’Artisan, en la calle Ventura de la Vega.

España solo ha acogido a 744 de los 17.000 refugiados a los que se comprometió en Bruselas

En esta campaña, puesta en marcha el año pasado en París y extendida en esta ocasión a ciudades como Madrid, Florencia o Ámsterdam, varios cocineros –todos ellos refugiados- comparten su cultura a través de la cocina en una serie de restaurantes que se prestan como voluntarios. El resultado en Madrid es nueve restaurantes que dan empleo a ocho refugiados de cuatro nacionalidades durante una semana –en días alternos-, ofreciéndoles la oportunidad de compartir sus inquietudes culinarias con sus comensales.

Refugee Food Festival, que termina su segunda edición este domingo, es una ocasión para dar visibilidad a los desplazados. Hay historias trágicas detrás de cada uno de ellos; esta iniciativa nos empuja a esforzarnos por comprenderlos, por escucharlos. España es el país que más donativos privados aporta a Acnur. Sin embargo, es el mismo país que incumple los acuerdos de acogida de refugiados pactados en Bruselas: se comprometió a acoger a 17.000 personas y solo han llegado 744.

Refugee Food Festival: olvidando entre fogones la tragedia de ser refugiado
Mariana, ofreciendo uno de sus postres. | Foto: J.R./The Objective

Mariana también tuvo que abandonar Ucrania con su marido y con su hijo. Tiene 24 años y estudió Económicas en la universidad de su ciudad, Ternópil, a 200 kilómetros de Polonia. Llegó hace un año y medio y su gran barrera, confiesa, es el idioma. “Quiero vivir en España, quiero trabajar en la repostería”, dice Mariana, que prepara postres en el restaurante Keyaan’s (Blasco de Garay, 10). “Me gusta muchísimo la gente de aquí”. Mariana huye de un país en guerra, con todas sus consecuencias, y sigue en contacto con su madre, a la que escribe por WhatsApp. “España nos ha ayudado muchísimo”, dice, agradecida. “En un futuro me gustaría abrir una pequeña pastelería”. Mariana no piensa en regresar a Ucrania.

Tampoco lo hace Pierre, que remueve una tila que no ha probado. “No puedo volver a Camerún, no tengo familia allí”, dice, muy serio. “Yo sueño con estar en España, con tener mi propio negocio: un restaurante con comida de cuatro continentes –África, América, Asia, Europa-. Y ya está”.

Algunas verdades desagradables

Andrés Cañizález

Foto: Cristian Hernandez
EFE

En estos días atroces que vive Venezuela, cuando logro desconectarme de la mecánica nacional, he vuelto sobre las páginas de un texto clásico de la historia del siglo XX. Se trata de “La República española y la guerra civil (1931-1939)” del estadounidense Gabriel Jackson, que ni más ni menos permite entender, literalmente desde su incubación, cómo se fueron dando los pasos hasta llegar a la guerra civil, cuyas heridas aún no están curadas del todo en la España del siglo XXI.

No trazaré acá un paralelismo entre aquello y lo que vivimos en Venezuela, aunque no tengo dudas de que sería un terreno de interesante indagación. En realidad, Jackson me ha permitido dar con algo que desde hace varias semanas me viene dando vueltas en la cabeza. Se trata de las verdades incómodas, aquellas que nadie quiere oír, pese a que pocos segundos antes en una reunión social o familiar alguien te dice ¿Y cómo ves la vaina?

Jackson lo sintetiza de esta forma: “las pasiones políticas impidieron a la mayoría de los observadores reconocer las verdades desagradables con respecto al bando con el cual simpatizaban”. En no pocas ocasiones he manifestado públicamente mi voto de confianza a la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). En mi rol de periodista e intelectual público intento que el apoyo a la MUD no me empañe la visión y el análisis del momento tan dramático y definitorio que vivimos.

Esta adhesión pública, sin que medie un interés económico o un vínculo partidista, no la hago sólo ahora cuando día por medio tenemos a algún diputado opositor herido o vejado por estar al frente de las manifestaciones de calle. Lo expresé sin ambages en noviembre-diciembre del año pasado, cuando la vocería opositora pasaba por una hora oscura tras el fracasado diálogo con el gobierno y lo que fue, en el imaginario popular, el enfriamiento de la calle.

Sobre esto último hay mucha tela para cortar, pues si se revisan las cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social en realidad la calle tiene bastante tiempo sin estar lo que se dice fría, aún pese a la represión y la criminalización de la protesta popular, ésta última ampliamente denunciada por Provea.

Primera verdad. No hay ninguna señal de un resquebrajamiento serio al interior de las Fuerzas Armadas, al menos al momento en que escribo estas líneas. Hay malestar en mandos medios y cansancio en los uniformados que deben salir a la calle, pero el duopolio represivo de alto mando de la FAN y gobierno de Nicolás Maduro se mantiene amalgamado. Sin una ruptura en esta alianza no habrá cambio. La represión de la protesta, junto a las muertes a cuentagotas que se vienen registrando, hay que decirlo, se pueden mantener por largo tiempo.

Segunda verdad. Un escenario de cambio no nos conducirá necesariamente a la democracia. Como demócrata que soy y venezolano que vive en Venezuela sin plan B de emigrar, deseo profundamente que cualquier posibilidad de cambio desemboque en la restauración democrática, bajo los principios trazados en la Constitución de 1999. Ese es, sin duda, mi deseo más profundo.

Pero existe un claro riesgo (y la constituyente empujada por Maduro le pone fecha a ese escenario) de que pasemos no a más democracia sino a más dictadura. La represión puede subir de tono, se eliminen instancias judiciales independientes y sencillamente se militariza todo aquello que tenga que ver con la protesta política (ya hay bastante señales de que se puede ir en esa dirección). El punto culminante de tener más dictadura podría ser la salida de Maduro del poder y su reemplazo por alguna junta militar que asuma bajo la lógica de que “hay que poner orden”.

Tercera verdad. La caída de la dictadura no se resolverá en cuestión de horas con la huida del tirano. En el imaginario venezolano pesa mucho la visión idílica de que una vez que Pérez Jiménez huyó hubo en el país un florecimiento democrático inmediato, en 1958.

El madurismo, como degeneración autocrática del chavismo, combina no sólo la condición de una dictadura convencional (represión, censura, control de las instituciones) sino que hay dos elementos que a veces soslayamos. Por un lado, la condición de narcotraficantes que han adquirido muchos de quienes son figuras oficiales, junto al poder tras bambalinas que tiene la dictadura cubana en Venezuela, asunto que se ha acrecentado tras la muerte de Hugo Chávez y la asunción de Nicolás Maduro.

Cuarta verdad. Tarde o temprano llegaremos a una mesa de negociación. El enquistamiento del chavismo en la estructura del Estado y la adhesión sin reticencias del sector militar (que además se encarga del trabajo represivo) no se acabará solamente con la renuncia de Maduro (en caso de que éste renuncie por voluntad propia o forzado por los militares).

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Las autoridades venezolanas reprimen con violencia las protestas de la oposición. | Foto: Ivan Alvarado / Reuters

Lo último que se ha discutido, de un grupo de países “amigos”, con naciones que sean colocadas a partes iguales por el gobierno y la oposición, podría ser una vía concreta no de dialogar (el tiempo del diálogo creo yo se acabó el 1 de diciembre de 2016) sino de negociar. Si usted le da crédito a lo que he dicho en las líneas anteriores entenderá que hay mucho que negociar.

Ni la crisis económica (aún agudizándose como se prevé) ni una agenda permanente de protestas en la calle (con la intensidad que viene sucediendo) generarán –por sí solas- el anhelado cambio democrático.

Ni será rápido, ni será fácil. Esa es la quinta verdad. Un buen amigo me considera un pesimista, cuando le comparto esta visión. Trato de mirar la realidad sin que los cristales de mis anteojos estén empañados por lo que deseo para mis hijos (que vivan en un país libre y próspero). No estoy diciendo que estamos condenados como sociedad, sólo que debemos afrontar este momento definitorio para la vida nacional mirando no sólo las posibilidades, sino también los riesgos.

Se trata de mantenerse, en esta hora de crisis, con convicciones firmes y resiliencia en la actuación cotidiana, tanto social como individualmente.

7 destinos rurales para huir de la ciudad

Redacción TO

Foto: DAMIR SAGOLJ
Reuters

Contaminación, aglomeraciones, tráfico, estrés. La rapidez de las ciudades no se va de vacaciones, pero sus habitantes sí pueden. Irse al pueblo es una opción socorrida: ver a la familia y los amigos de toda la vida, rememorar la infancia y, sobre todo, tener alojamiento gratis son solo tres de los atractivos que ofrece esta opción. Pero ¿qué pueden hacer aquellos que han nacido en ciudad y no tienen pueblo al que ir? No entrar en pánico es el primer paso. El segundo, tomar buena nota de los siete destinos propuestos a continuación.

O Cebreiro, Lugo

7 destinos rurales para escapar de la ciudad
Las características pallozas de O Cebreiro. | Imagen: santiagoturismo.com

Estamos en el año 2017 después de Jesucristo. Toda Galicia está ocupada por los turistas… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles gallegos resiste todavía y siempre al invasor. Se trata de O Cebreiro, en el municipio de Pedrafita do Cebreiro, y todavía conserva tesoros arquitectónicos prerromanos, sus pallozas, herencia celta de esta localidad que, al no tener costa, no tiene tanto volumen de turistas. El grueso de los visitantes lo forman las personas que realizan el Camino de Santiago, ya que esta localidad forma parte de la ruta de Roncesvalles. La ausencia de playas, eso sí, queda compensada con las vistas a la Sierra del Courel.

Luarca, Asturias

7 destinos rurales para huir de la ciudad
Vista del puerto marítimo de Luarca. | Foto: turismoasturias.es

Atravesada por el río Negro, Luarca ofrece, como localidad asturiana que es, mar, campo y montaña en el mismo paquete. Luarca forma parte del municipio de Valdés, que cuenta con una de las playas más vistosas de toda la costa cantábrica, la de Barayo. El arenal forma, junto a las dunas y acantilados que lo rodean, la Reserva Natural Parcial de Barayo. Además, Luarca tiene el privilegio de ser la localidad que vio nacer a dos de los españoles más célebres del siglo XX: el ganador del Nobel de Medicina Severo Ochoa y el doble ganador del premio Oscar Gil Parrondo.

Foz de Arbayún, Navarra

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Vista aérea del cañón. | Foto: Wikimedia Commons

Este cañón de unos seis kilómetros de longitud llega a los 400 metros de profundidad y a la completa verticalidad. Un paraje de vértigo taladrado durante siglos por el río Salazar, supone uno de los paisajes más explosivos y singulares de toda la península Ibérica. Esta Reserva Natural navarra tiene, además, uno de los ecosistemas de aves más ricos y diversos de España. Desde los característicos buitres leonados hasta las águilas reales pasando por los quebrantahuesos.

Puerto Lápice, Ciudad Real

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Plaza de la Constitución de Puerto Lápice. | Foto: Ciudad-real.es

“Autores hay que dicen que la primera aventura que le avino [a don Quijote] fue la de Puerto Lápice”, dejó escrito Miguel de Cervantes en el segundo capítulo de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. El autor no vuelve a referirse a la localidad en ningún otro pasaje de la novela, así que el lector se queda con el misterio de saber qué ocurrió en Puerto Lápice, pero este pueblo forma parte de la ruta del Quijote. Con una plaza de la Constitución típicamente castellana y unos molinos de inconfundible sabor manchego, Puerto Lápice es uno de los destinos rurales más interesantes de Castilla-La Mancha.

Alcántara, Cáceres

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Puente romano de Alcántara. | Foto: Efe

Con un puente romano de la época del emperador Trajano que atraviesa el río Tajo en impecable estado de conservación, este municipio extremeño limita al oeste con Portugal, lo cual permite que el viajante se pueda dar una escapada (dentro de la escapada) para aprovechar y conocer tierras lusas. Además de la construcción que ha dado nombre al pueblo (‘Alcántara’ viene de ‘Al Qantarat’, que en árabe significa ‘El puente’), la localidad extremeña es famosa también por el Conventual de San Benito. En uno de sus elementos más reconocibles, la galería porticada de Carlos V, se celebra anualmente el Festival de Teatro Clásico de Alcántara.

Culla, Castellón

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Paisaje fluvial de Culla. | Foto: Turismodecastellon.com

Recorrer sus callejuelas rodeadas de pequeños edificios de piedra típicamente castellonenses, hacer senderismo por sus prados bañados por los ríos Monleón y Mollinel, hacer una excursión por las cuevas del parque minero del Maestrat… Este pueblo medieval del interior de la Comunidad Valenciana ofrece naturaleza, tradición y descanso sin el bullicio turístico de otras localidades de la autonomía, como Denia o Peñíscola.

Zuheros, Córdoba

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Castillo medieval de Zuheros. | Foto: Zuheros.es

Con su castillo medieval de origen incierto y su famosa Cueva de los muerciélagos, declarada Bien de Interés Cultural en 1985, Zuheros es uno de los destinos andaluces todavía por descubrir para el resto de España. Sin el ajetreo ni el bullicio de los pueblos de la costa andaluza pero con una arquitectura inequívocamente sureña, Zuheros se levanta sobre uno de los mayores tesoros montañosos de España: la Cordillera Subbética.

La historia en imágenes de la lucha LGTB tras el franquismo

Jorge Raya Pons

Foto: FELGTB

Los años oscuros no quedan tan lejos. En marzo de 1976, el valenciano Antonio Ruiz, de 18 años, fue detenido y encarcelado durante 94 días después de que un juez aplicara contra él la Ley de Peligrosidad Social. Se trataba de una legislación aprobada en 1970 por las Cortes franquistas para castigar aquellas conductas que se consideraban antisociales, y ser homosexual era una de ellas. Esta ley, que vino a sustituir la famosa Ley de Vagos y Maleantes ­–puesta en vigor en 1933 y reformada en 1954 para incluir a los homosexuales, igualándolos, por ejemplo, a los pederastas– contemplaba penas como el internamiento en prisión –unos 5.000 en ocho años– o el sometimiento a terapias de conversión, las cuales, para sorpresa general, siguen existiendo.

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Una máquina de electroshock empleada en los años 60. | Fuente: FELGTB

Antonio Ruiz es un símbolo de la persecución contra los homosexuales que se desató durante el franquismo y que dio sus últimos coletazos en los primeros años de la democracia; la ley sufrió varias reformas en los años siguientes –eliminando los artículos relativos a los actos de homosexualidad en 1979– y fue abolida definitivamente en 1995. En 2009, Antonio fue el primer indemnizado en España por haber entrado en prisión por ser homosexual. Le compensaron con 4.000 euros.

Tras salir de los tribunales, celebró enérgicamente la resolución del Gobierno español, entonces presidido por Rodríguez Zapatero. “Por fin somos ciudadanos de primera”, dijo. “España se ha convertido en el primer Estado del mundo que reconoce la represión a la que se vieron sometidos los homosexuales y les indemniza. Hemos empezado a recuperar la memoria histórica”. Queda para las próximas generaciones su ficha policial de 1976; en ella se puede leer con claridad que el motivo de su detención fue su condición sexual. No han pasado más que cuatro décadas desde entonces.

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Ficha policial de Antonio Ruiz, detenido por ser homosexual en 1976. | Fuente: FELGTB

Este viraje tan extraordinario que ha vivido España en menos de medio siglo solo se comprende desde la lucha que ejercieron activistas como Armand de Fluviá o Francesc Francino, quienes decidieron enfrentarse a la Ley de Peligrosidad Social aun a riesgo de sufrir la represión de la dictadura. “En aquella época, los gais éramos un peligro social, unos corruptores de menores, unos enfermos mentales, los peores pecadores y la escoria de la sociedad”, recuerda Armand, a sus 85 años, quien más adelante se convertiría en la primer homosexual en manifestarlo públicamente en televisión: fue en 1978, en el programa Vosté pregunta.

“Yo fundé el movimiento gay en 1970 con el MELH (Movimiento Español de Liberación Homosexual). Lo hacíamos todo en la clandestinidad, incluso un fanzine que enviábamos desde París. Lo hacía con mi amigo Francesc (Francino), que murió hace muchos años por el sida. El primer número salió en 1972 y se llamaba Aghoix, sacamos 18 números. Pasábamos la frontera con mucho pánico, con miedo a que nos viera la Policía o la Guardia Civil. Lo hacíamos de uno en uno y por la noche. Este fue el juego sagrado que se mantuvo hasta que Franco murió. Entonces ya salimos con una cosa más potente que es el FAGC (Frente de Liberación Gai de Cataluña)”.

Durante el franquismo apenas eran “unos 20” quienes luchaban desde la clandestinidad; en cuanto se fundó el FAGC, sostiene Armand, llegaron a ser cerca de 500.

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Un manifestante durante la primera marcha del Orgullo celebrada en Madrid, en 1978. | Fuente: FELGTB

Un nuevo país

El emerger del FAGC en la sociedad española fue decisivo; no se puede comprender la lucha LGTB en España sin atender a sus logros. El FAGC fue el punto de partida de todo un movimiento que había guardado silencio por demasiado tiempo y que fue una inspiración para otros territorios que encontraron en Cataluña un ejemplo. Sus principales exigencias fueron la abolición de la Ley de Peligrosidad y la legalización de las organizaciones activistas; la propia FAGC fue inscrita y legalizada en 1980.

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Durante el primer Orgullo celebrado en Madrid se reclamó la abolición de la Ley de Peligrosidad Social.

“Todos los partidos y sindicatos que salieron de la clandestinidad como nosotros nos apoyaron”, relata Armand. “Se fueron formando grupos en distintos sitios de España y empezó la lucha. Yo recuerdo que en 1976 vino a visitarme el iniciador del movimiento gay en Euskadi para ver cómo lo habíamos hecho aquí, en Cataluña. Luego vinieron desde Sevilla. Recuerdo que en 1977 publicamos el manifiesto del FAGC; aquello sirvió para el resto de grupos que fueron formándose en España”.

El resultado de este ímpetu se hizo visible en Barcelona con la primera marcha LGTB permitida por las autoridades en España; fue el 26 de junio de 1977 y recorrió las Ramblas al grito de “¡Amnistía!”. De acuerdo con las crónicas de la época, se congregaron en la emblemática vía cerca de 4.000 personas. La primera celebración del Orgullo en Madrid se convocó un año después.

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Dos hombres en el Orgullo madrileño de 1978. | Fuente: FELGTB
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El movimiento feminista tuvo protagonismo en el primer Orgullo de Madrid. | Fuente: FELGTB

“Del 75 al 80 fue un quinquenio de maravilla”, dice Armand, con entusiasmo. “Muerto Franco, se acabó la rabia. Tras tantos años de dictadura se levantó esa losa que había, la gente perdió el miedo. Todo era fantástico”.

Desde entonces las marchas se han sucedido en todo el país, especialmente en las grandes ciudades, y el fortalecimiento del movimiento desde los años 90 ha permitido dar voz también a los transexuales y a las lesbianas, que comenzaron a agruparse en colectivos feministas para reivindicar que se les diera la misma visibilidad que a los hombres homosexuales.

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Una niña, con la bandera del Orgullo pintada. | Fuente: FELGTB

La evolución de las reivindicaciones

La historia reciente del movimiento homosexual, tal y como se puede descubrir en la exposición Subversivas: 40 años de activismo LGTB en España –organizada por la Federación Española de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales–, es la muestra tangible de la evolución de la sociedad española desde la Transición hasta hoy, con todas sus etapas.

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Los activistas se movilizaron para concienciar a las autoridades sobre la gravedad del sida, que afectaba con dureza a la comunidad gay. | Fuente: FELGTB

Desde la lucha por la concienciación contra el sida, la principal preocupación de los colectivos LGTB en los 80, hasta la Ley de Matrimonio Homosexual (2005) o la Ley de Identidad de Género (2007), que permitió a cualquier persona a cambiar su nombre y sexo en el registro  sin necesidad de pasar por una operación.

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Pedro Zerolo, uno de los grandes activistas LGTB contemporáneos, junto a Toni Poveda y Bibiana Aído en 2008. | Fuente: FELGTB

Es una realidad que la transformación del país ha sido absoluta; en cuatro décadas, España se ha convertido en un referente mundial en la defensa de los derechos de la comunidad LGTB. Tanto es así que este año es Madrid la ciudad que acoge la fiesta internacional del Orgullo; durante dos semanas se espera recibir hasta tres millones de personas en la ciudad.

“Hemos alcanzado lo que muchos otros no han logrado”, sentencia Armand. “Realmente, ahora no tenemos ninguna discriminación. La lucha de los colectivos es ahora contra la homofobia. Tenemos leyes para ello y contemplan sanciones. Es cierto que hay gente medio loca que nos odia, pero no creo que sean demasiados”.

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Celebración del Europride en Madrid en 2007. | Fuente: FELGTB

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Foto de la manifestación del Orgullo en 2009. | Fuente: FELGTB

En cualquier caso, el activista barcelonés sostiene que todavía quedan algunas victorias pendientes: “Ahora hay que incidir en la enseñanza y en los medios de comunicación. Lo que tenemos que conseguir es que se hable desde la guardería hasta la universidad, que la televisión vaya dando ejemplos positivos desde la homosexualidad. Y detalles como el alquiler de vientres, algo que aquí en España todavía no se permite, pero que parece que está al caer”.

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