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Guía para un 2017 que podría reivindicar el cine de horror y terror

Romhy Cubas

Foto: Sundance Institute
Sundance Institute

En 1992 un mockumentary de la BBC hizo que miles de británicos entraran en pánico al creer que su cadena de noticias favorita transmitía un directo real de una casa embrujada –improbable pero cierto-. Todo fue una farsa, y Ghostwatch fue vetado de la cadena por una década gracias a su “broma” del día de los inocentes. No obstante, de este infame “documental” emergió un legado de películas como The Blair Witch Project que luego dio pie a producciones estilo Paranormal Activity y REC; casi fue el comienzo de un género en el cine de terror.

Hoy en día Paranormal Activity tiene tantas secuelas que difícilmente provoca algo más que sueño, pero en un pretérito no muy lejano en la década de los 60 y los 70 las historias de terror tenían otra cara que exploraba aquellas ansiedades rurales sobre la familia, Dios y ciertos valores decretados por la sociedad.  The Shining, Rosemary’s Baby  y The Exorcist  tienen la esencia de estas grietas morales que el siglo XXI  ha dejado atrás –no sin antes darle la bienvenida a nuevas fisuras.

“Lo que realmente nos mantiene despiertos por las noches no es lo desconocido, es lo terroríficamente familiar.”

La agudeza temprana de estas películas disolvía en el maquillaje y los efectos especiales una crítica circunstancial pero necesaria. Esto se perdió en las décadas siguientes cuando, con contadas excepciones, las franquicias y sus directores dejaron de un lado el factor “reflexivo” para atar los cabos con gritos, sexo y sangre. Entonces el brillo se perdió y vino aquello de “no veo películas de terror porque nunca dan miedo”.

En la década del 2000 y progresivamente, el panorama integral parece elevarse de nuevo y aunque ya se superó lo de la menstruación y las guerras mundiales –esperemos-los nuevos directores se están enfocando menos en los monstruos y más en el potencial de las personas para convertirse en uno. Porque lo que realmente nos mantiene despiertos por las noches no es lo desconocido, es lo terroríficamente familiar que pueden ser esos mundos de los films de horror y terror.  Hasta las series de televisión apoyadas por cadenas como Netflix y FOX han logrado reunir un nido bastante variado de series del género que vale la pena seguir (The Exorcist, Outcast, American Horror Story, Scream, Ash vs Evil Dead).

Lo indie está de moda porque sus características se han apuntado a las tecnologías y las consideraciones de los jóvenes en este nuevo espacio para acoplar un ritmo cinematográfico más personal y silencioso.  Festivales como el Berlinale, Cannes, Tribeca y Sundance han asumido en sus últimas temporadas una línea de screenings en donde el horror indie se ha yuxtapuesto a las franquicias predecibles y sus cámaras escondidas. Ahora el factor miedo reside en el mundo real, que cada vez se vuelve menos improbable y más verosímil, para discutir sobre los pequeños tabúes que en el siglo XXI se gestionan en las redes sociales y con las diferencias generacionales. A estos festivales se les unió este año el Overlook Film Festival, programado para tener su ceremonia en el hotel en donde Stanley Kubrick filmó las tomas exteriores de The Shining.

Títulos de años previos que han sonado con bastante insistencia por parte de la crítica incluye a producciones ya consideradas como “clásicos modernos” como It Follows de David Robert Mitchell y BabaDook de Jennifer Kent. Y este año, Get Out, Raw, It Comes At Night, A Dark Song y A Ghost Story son solo el aperitivo de un 2017 en donde los guiones del género se miran en el espejo para extender esa conversación racial, sexual, social, política, generacional y existencial que reflejan la cadencia de los continentes en sus cinco temperaturas.


Horror, Terror, Gore, Indie

En el arte, el cine y literatura la línea entre el horror y el terror se desdibuja con las incontables producciones que suponen un amasijo de sangre, tripas, fantasmas, gente demente y luces que se encienden solas. Los términos se usan como sinónimos y el gore, horror y terror terminan juntos y revueltos. Sin embargo, hay que aclarar que el terror es el que recurre a un miedo intenso que se vale de lo racional –Psicosis de Alfred Hitchcock es un buen ejemplo- o de la irracionalidad de esta, mientras que el horror sí presenta elementos sobrenaturales –Nightmare on Elm Street de Wes Craven- o aversiones profundas a alguien o algo.

En esta categoría en donde hay horror mezclado con ciencia ficción y un factor indie cada día más notorio, se han proyectado recientemente una serie de historias como The Neon Demon de Nicolas Winding, SouthBound de Roxanne Benjamin y David Bruckner y The Invitation de Karyn Kusama, en las cuales ese componente de Twilight Zone en donde el tiempo juega con la elasticidad del espacio y la narrativa se dobla a su antojo, está muy presente. Thrillers psicológicos en donde las posibilidades inverosímiles del género se exponen en todo su esplendor. Junto a Sam Was Here de Christophe Deroo, que se sale un poco del horror para entrar en el terror pero tiene esa misma burbuja “indie” y “ochentosa” de SouthBound, estos guiones han marcado una pauta indicativa en el género.

The Witch de Robert Eggers, 2016 | Imagen vía Warner Bros.
The Witch de Robert Eggers, 2016 | Imagen vía Warner Bros.

El año pasado The Witch de Robert Eggers y Prevenge de Alice Lowe se unieron a It Follows con ese elemento de crítica disfrazada en horror. Esta vez el conjunto se puede analizar dentro de tramas donde la sexualidad, la “posición” de la mujer en la sociedad y la transición entre la adultez y la juventud son interrogadas por esta nueva generación con el cinismo de quienes viven en la era de la tecnología y una sobrecarga agobiante de información.

El 2017 en 12 títulos

Hasta ahora el debut de Jordan Peele con Get Out es la premisa perfecta para este 2017; una película en donde el racismo es el factor “it”. Peele introduce el tabúes clave de Norte América en un mundo post-racial en donde una logia de hombre blancos americanos atraen a jóvenes negros para hipnotizarlos, lobotomizarlos y ocupar sus cuerpos sanos todavía ajenos a la vejez. Además de los millones recaudados, Get Out ya tiene todo lo necesario para convertirse en un clásico moderno de las nuevas películas de terror.

Raw, de Julia Ducournau, es otra película que se ha publicitado astutamente -incluyendo supuestos desmayos de espectadores cuando vieron los adelantos. Pero más allá de la publicidad, el film se ha colocado como una de las historias de “caníbales” más originales desde hace mucho tiempo, en donde una chica de 16 años iniciada en rituales extravagantes desarrolla un voraz apetito por la carne en todas sus formas y conductos. El visceral film combina este elemento con un inesperado apetito sexual que hace la película aún más compleja  e insolente en el mejor sentido del término.

Para cerrar It Comes at Night, segunda película del aclamado director de Krisha -2015- Trey Edward Shults, es tal vez desde que se reveló el trailer que el film que ha generado más expectativas. Lo que se sabe es que la trama incluye una misteriosa enfermedad que obliga a sus protagonistas a mantenerse encerrados en una cabaña en el medio del bosque. Shults señaló que su intención siempre fue crear “un film de horror inteligente que rompiera con ese estigma de ‘bloodporn’ de las películas de terror”.      

Además de los títulos anteriores, Tribeca, Sundance y Cannes en 2016  proyectaron una serie de películas que abarcan desde el film de horror que era inevitable que se hiciera en América -con Trump como inspiración-, un viaje dantesco para vengar la muerte de un hijo y Kirsten Stewart en su primera película de terror, hasta dos hermanos envueltos en un culto de la infancia. La lista incluye:

A Dark Song de Liam Gaving: una mujer de luto por la muerte de su hijo contrata a un ocultista para oír su voz una vez más. Crítica 7/10

A Ghost Story de David Lowery Raiting: el fantasma de sábanas blancas de un hombre vuelve a su antiguo hogar para intentar reconectar con su esposa.  Crítica: 8.2/10

Tilt de Kasra Farahani: un documental sobre la era dorada de América trastorna a un hombre que a raíz de este se comienza a comportar desequilibradamente. (Trump es el factor It).

The Endless de Justin Benson, Aaron Moorhead, y Aaron Moorhead: dos hombres regresan a su hogar para descubrir que un viejo y peligroso culto olvidado en su adolescencia todavía ejerce control en sus vidas.  

Personal Shopper de Olivier Assayas: una joven busca señales de su fallecido hermano gemelo mientras asiste como compradora personal de una adinerada mujer en Francia.

78/52 de Alexandre O. Philippe: un análisis sin precedentes de la icónica escena de la ducha en la película de Alfred Hitchcock, Psycho.

Thoroughbred de Cory Finley: dos adolescentes retoman su amistad tras años de separación. Mientras descubren que ninguna de las dos es lo que parece ser un asesinato conjunto parece presentar la solución a todos sus problemas.

Life de Daniel Espinosa: un equipo de científicos instalados en el espacio descubren una nueva forma de vida que rápidamente se convierte en una amenaza para toda la tripulación.

The Void de Samy Inayeh: un film nostálgico para los fanáticos de las películas de horror de los 80  en donde luego de llevar a un individuo herido al hospital, un policía comienza a experimentar extraños y violentos eventos relacionados con un grupo de misteriosos individuos disfrazados de capuchas blancas.

Los “remakes” y “reboots” que nunca mueren

Guía para un 2017 que podría reivindicar el cine de horror-terror
Anabelle 2 de David Sanberg | Imagen: Warner Bros.

Otro factor que regresa este 2017, como casi todos los años con al menos un par de títulos, son los reboots de clásicos y franquicias de los 80 y 90.

Por ello no es extraño que Alien vuelva con una secuela de Ridley Scott -el segundo capítulo de la trilogía-precuela que comenzó con Prometheus y que conecta directamente con el trabajo de 1979 de Scott en la ciencia ficción, o que Anabelle tenga su segunda entrega dirigida por David Sanberg. Rings, la tercera película del El Aro también se estrenó este año y fue dirigida por Francisco Javier Gutierrez.

Amityville: The Awakening es otra franquicia que programó su décimo sexta entrega -esta vez dirigida por Franck Khalfoun- en el cine, pero de todos estos títulos es Suspiria -original de Dario Argento y dirigida este año por Luca Guadagnino– la producción que genera más interés no solo porque Argento sigue como escritor sino porque el elenco incluye a actrices como Tilda Swinton y Chloë Moretz.

Magia negra bilingüe

Por otra parte, los filmes en la categoría de lengua “extranjera” suelen tener una predilección por la ruralidad de sus pueblos y el argumento de la magia negra junto a sus respectivas leyendas. Under the shadow de Babak Anvari’s, escenificado en Teherán, es un ejemplo eficaz en donde las historias contadas por los abuelos cuando se es niño se salen rápidamente de control. Este año el film de Estonia November de Rainer Sarnet presentado en el Tribeca vuelve a un formato blanco y negro para relatar una historia de magia negra y amor en una antigua villa que juega con el Diablo y sus mitos.

La resiliencia de las películas de terror y horror ha logrado que estas se adapten a la marcha de las décadas y que sus premisas, iconos y referentes se transformen con los años. Esa nueva manera de tratar al género sugiere que desde hace tiempo los gritos y la sangre dejaron de funcionar y en presente le abren paso a nuevos guiones, en donde se busca una conversación más existencial que la del desconocido que acecha en la casa de enfrente.

   

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Psicosis en San Sebastián: viene Hitchcock

Christian Rubio

Foto: Paco Marí / Vicente Ibáñez

San Sebastián, 21 de julio de 1958. Una oronda figura emerge del interior de un Rolls-Royce frente al Hotel María Cristina. La expectación es enorme. Refulgen los flashes de las cámaras. Es Alfred Hitchcock.

El gran maestro del suspense llegaba a la capital vasca junto a su mujer, la guionista Alma Reville, para el estreno mundial de la película Vértigo. La cita elegida, el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Era la sexta edición del certamen y el escenario perfecto para asombrar al mundo con sus fascinantes dotes para el séptimo arte. Y no defraudó, aunque eso sería adelantarnos demasiado en el tiempo. Porque la visita de Hitchcock a la ciudad fueron cuatro días intensos, repletos de anécdotas.

Alfred Hitchcock y Alma Reville en Biarritz. (Foto: Paco Marí / Archivo Kutxateka)

El viaje en avión ya empezó movidito. El director británico salía de Los Angeles destino París cuando una fuga en el depósito de combustible obligó al piloto a realizar un aterrizaje de emergencia en Seattle. El accidente no pasó a mayores y en unas horas el vuelo prosiguió su trayecto. La llegada de Hitchcock se hacía esperar. Aterrizó el día 20 a las 17 horas y al día siguiente voló hasta Biarritz.

“Si digo quiénes considero que son las mejores actrices, corro el peligro de morir a manos de las que no mencione”

Allí es donde el flamante Rolls-Royce le aguardaba para llegar a San Sebastián. Los más veteranos del lujoso Hotel María Cristina aún recuerdan cómo Hitchcock jugueteaba con las camareras, haciendo gala de su refinada ironía británica. Ocupó la suite 405. Mientras Alma descansaba en la habitación, Hitchcock se dio un baño de masas firmando autógrafos y visitó el Museo San Telmo, donde quedó absolutamente maravillado con los frescos de José María Sert y el pórtico del museo. “¡Es un excelente escenario natural para una de mis películas!”, exclamó. Después fue con su esposa a cenar al histórico restaurante Casa Nicolasa.

Como amante de la gastronomía, en San Sebastián disfrutó de lo lindo. (Foto: Paco Marí / Archivo Kutxateka)
En Bayona, a punto de disfrutar de una de sus pasiones: la gastronomía. (Foto: Paco Marí / Archivo Kutxateka)

El paladar de nuestro protagonista era exigente, y así lo demostró en su menú: melón con jamón, chipirones en su tinta, lenguado a la belle étoile y pudin de melocotón. Y es que su relación con la comida era casi enfermiza. “Desaparecido el primer impulso sexual en una pareja, comer juntos es una variable de hacer el amor”, llegó a decir. Era un amante de la gastronomía francesa. Su pasión le llevó a pesar más de 130 kilos.

El día 22 amaneció lluvioso, pero la meteorología no frenó sus ganas de hacer turismo por la zona. En San Sebastián visitó la casa donde vivió Victor Hugo, paseó junto a Alma por los laberínticos callejones de la ciudad y disfrutó las vistas del mar desde el paseo de La Concha. Además rindió homenaje a su fervor católico al visitar numerosas iglesias, claustros y santuarios. Tampoco le faltó tiempo para cruzar al País Vasco francés y conocer Bayona.

En el Museo de San Telmo, a la que comparó con un escenario de sus películas. (Foto: Paco Marí / Archivo Kutxateka)
En el Museo de San Telmo, al que comparó con un escenario de sus películas. (Foto: Paco Marí / Archivo Kutxateka)

De vuelta al hotel, en el ascensor fue abordado por una periodista española:

– ¿Cuál es su estrella femenina favorita? -le preguntó.

Hitchcock, tirando de su peculiar sarcasmo, contestó:

– No hay respuesta para eso. Si yo le digo las que más me gustan o las que considero mejores actrices, corro el peligro de morir asesinado a manos de las que no mencione.

Estallaron las risas. Tocaba descansar, que el día 23 era la puesta de largo de su película.

“El suspense logra mantener latente el interés del público sin necesidad de gritos ni excesos”

Antes del certamen, que se celebraría por la noche, aún tenía huecos en la agenda que rellenó sin titubeos. Visitó el cementerio de Polloe, en el que realizó una sesión fotográfica que publicaría la revista francesa más popular del momento, Paris Match. El titular elegido, sugerente: ‘El rey del suspense, sorprendido en el lugar de su inspiración’.

En el cementerio de Polloe, agarrándose a unas cadenas. (Foto: Vicente Ibáñez / Archivo particular)
En el cementerio de Polloe, agarrándose a unas cadenas. (Foto: Vicente Ibáñez / Archivo particular)

Precisamente más tarde, en una rueda de prensa, Hitchcock explicó lo que para él era el cine de suspense: “Mis películas han demostrado que no había necesidad de recurrir a lo terrorífico ni a lo truculento para mantener latente el interés del público, logrando que el espectador esté pendiente de lo que sucede ante sus ojos sin necesidad de gritos ni excesos”. Una visión que durante toda su trayectoria explotó con maestría, estableciendo ciertas diferencias con respecto al concepto de sorpresa frente a la pantalla.

De riguroso esmoquin negro, Alfred Hitchcock salió a escena en el Teatro Victoria Eugenia una vez el festival dio comienzo. Entre el público estaban dos artistas de talla mundial que por entonces todavía eran jóvenes promesas: Carlos Saura y Roman Polanski. “Perdonen, pero estoy un poco impaciente por ver la película. ¡Tiene un suspense…!”, bromeaba antes de empezar la proyección de Vértigo. Sin embargo, la cinta no tuvo la acogida que esperaba y el respetable tardó en aplaudir tras los créditos.

La fría reacción del público llegó incluso a quitarle el apetito, algo que podría considerarse casi quimérico. En el cóctel posterior a la gala apenas probó bocado. Tuvo que conformarse con una Concha de Plata compartida con la película italiana Rufufú. La plana mayor de Paramount, la distribuidora de Vértigo, sugirió a Hitchcock que modificara el final para ‘suavizar’ el desenlace de su historia. Él aceptó a regañadientes.

De rostro siempre imperturbable, Hitchcock acabó enamorado de San Sebastián. (Foto: Vicente Ibáñez / Archivo Zinemaldia)
De rostro siempre imperturbable, Hitchcock acabó enamorado de San Sebastián. (Foto: Vicente Ibáñez / Archivo Zinemaldia)

Pero el corolario de su viaje a San Sebastián ya estaba escrito. Coincidiendo con la 64 edición del Festival de Cine, que arranca el 16 de septiembre, la exposición ‘Welcome Mr. Hitchcock’ reconstruye esta aventura a través de 125 maravillosas fotografías. Un sinfín de anécdotas y experiencias que cautivaron al celebérrimo director británico, que de cara a la galería parecía imperturbable. Tanto le enamoró la ciudad que volvió al año siguiente para presentar Con la muerte en los talones.

Una segunda visita que forma parte de otra película.

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Ser un villano es divertido (en el cine)

Nerea Dolara

Foto: Warner Bros
Warner Bros

Cate Blanchett es la última en unirse a las filas de los villanos del cine fantástico. ¿Por qué quieren los actores estos roles?

El villano más conocido del cine no tiene rostro. Darth Vader -disculpas a David Prowse pero casi nadie recuerda que es él tras esa máscara y de hecho la conocida voz pertenece a otro actor, James Earl Jones- puede ser esa figura que hace sombra sobre todo malo cinematográfico que intente ganar la carrera por los peores actos en el cine, pero ciertamente no produjo un gran avance para la carrera del actor tras la máscara. Esto no tiende a ser así en general con los villanos, los actores y actrices disfrutan interpretarlos y, en ocasiones, se convierten en papeles que marcan sus carreras (en otras son papeles que preferirían que nadie viese). En fin, hacer de malo parece ser muy divertido.

Ser un villano es divertido (en el cine) 1
Cate Blanchett como Hela, la primera villana del universo Thor | Imagen vía Walt Disney Studios Motion Pictures

La última en optar a convertirse en villana – y en la categoría que todo actor, al parecer, desea: la de malo de una película de superhéroes- es Cate Blanchett, que hace su debut como Hela, la diosa de la muerte, en el trailer de Thor: Ragnarok. Blanchett es la primera villana del universo de Thor y, sobre el tema y cómo es aún un “tema” del que se habla le dijo lo siguiente a Entertainment Weekly: “Afrontémoslo: como mujer estas oportunidades no han estado disponibles en el pasado y creo que hay una revolución sucediendo en Marvel. He visto muchas de las franquicias de Marvel, soy madre de cuatro. Tienden a ser el único tipo de película que vemos, porque son cuatro niños. Para mí como actriz esto está separado de mi deseo de trabajar con Taika Waititi (el director). ¿Pueden creer que aún tengamos esta conversación? ¿Que sea 2017 y hablemos de primera villana? Es ridículo. Hay tanto potencial por explorar en la villanía femenina. Es emocionante. Creo que por fin se está reconociendo que hombres y mujeres quieren ver personajes diversos y eso implica raza y géneros en todo el espectro sexual”.

Ser un villano es divertido (en el cine) 3
Ralph Fiennes como Voldemort en la saga Harry Potter | Imagen vía Warner Bros.

Lo cierto es que ser un malote en el cine ofrece oportunidades que hacer de bueno no. Se pueden explorar los extremos, se puede jugar mucho más. Porque no se trata de hacer de villano en una película realista, hablamos de ser el peor en un universo con magia, poderes o elfos. Y en el caso de las películas fantásticas o de acción la teatralidad (bien encauzada y siempre divertida) puede generar clásicos. Uno de los actores que mejor sabe esto es Ralph Fiennes. Cuando el actor, que ya había interpretado villanos terribles -nadie olvida La lista de Schindler-, aceptó ser la encarnación de Voldemort, un villano de cine que puede competir con Darth Vader sin problema. El que no debe ser nombrado tomó su forma corpórea al final de la cuarta película de la saga de Harry Potter y su encarnación en manos de un exagerado pero terrorífico Fiennes es lo que podría señalarse como ejemplo perfecto de: divertirse trabajando.

En el universo Potter –que reclutó a casi todos los mejores actores británicos del momento– está lleno de malos histriónicos y temibles como Dolores Umbridge, Bellatrix Lestrange o Lucius Malfoy, personajes en los límites de la parodia del estereotipo – la profesora tiránica, la bruja loca y el mago millonario y despreciable – pero llevados al terreno real por los tres actores a cargo de su interpretación: Imelda Staunton, que consigue convertir a Umbridge en una terrorífica y posible versión del burócrata fanático; Helena Bonham Carter, especialista en explorar los límites de la malvada psicópata, y Jason Isaacs, capaz de proyectar una superioridad y desprecio que se mezclan con características mucho menos villanas y más humanas como la cobardía o el miedo.

Otro ejemplo de malvado histriónico memorable proviene de la nueva saga de Batman. En The Dark Knight, Heath Ledger se ganó alabanzas múltiples y se robó el show como el Joker. Su interpretación del mítico villano de Gotham es extrema, intensa, explosiva. La discreción no forma parte de la personalidad del Joker y su amor por el caos lo hace especialmente temible. En otras versiones de Batman, las dirigidas por Tim Burton en los noventa, una villana que conquista a la cámara (y al héroe) es la Catwoman de Michelle Pfeiffer. Primero una tímida secretaria, luego una gata sarcástica y traviesa, Catwoman llega a maullar antes de una explosión y arreglárselas para que no se vea cliché.

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Eddie Redmayne en Jupiter Ascending | Imagen vía Warner Bros.

Un mal ejemplo de la teatralidad es Eddie Redmayne en Jupiter Ascending (esa anodina película que estrenaron las Wachoswki en 2015). Sus decisiones para interpretar al villano de la historia son tan erradas (la crítica lo destruyó, y las burlas no se hicieron esperar) que se pensó que este papel podía hacerle perder el Oscar que tenía casi garantizado por La teoría del todo. Antes que él ya hubo villanos deplorables (y no por sus acciones) como el Dr. Frío de Arnold Schwarzenegger en Batman y Robin o el doble cara de Tommy Lee Jones en Batman Forever.

Y es que el equilibrio es clave, también lo es ser buen actor (y contar con un buen director). Javier Bardem, tal vez uno de los malos más temibles y excesivos existe fuera del cine fantástico, es un ejemplo. Su Anton Chigurh, corte de pelo ridículo y extraña elección de arma incluidos, es uno de los personajes más terroríficos del cine contemporáneo en No es país para viejos de los hermanos Coen. Mujeres que aún generan pesadillas con sus papeles que tocan la frontera de lo excesivo, pero que siguen con el pie en lo realista son, por ejemplo, la enfermera Ratchet en Alguien voló sobre el nido del cuco o Kathy Bates en Misery.

Malvados memorables hay muchísimos, no es casual. El cine al final es entretenimiento y espacio en el que vivir aventuras y emociones que no se quieren vivir en la vida real. Y para los actores hacer de villano implica tocar partes y pensamientos humanos con los que normalmente no tienen contacto, y a la vez tomar decisiones interpretativas arriesgadas y divertidas.

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Siete películas LGTB premiadas en la Berlinale que no te puedes perder

Néstor Villamor

Hoy es común, en los grandes festivales de cine, ver una sección dedicada a las películas de temática LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales): La Mostra de Venecia otorga desde 2007 el premio Queer Lion, el Festival de Cannes entrega desde 2010 la Queer Palm… Pero en 1987 dar un premio a los mejores filmes de temática homosexual no era pan de cada día. La Berlinale fue de los primeros certámenes generalistas en hacerlo. Hoy, 30 años más tarde, el Teddy Award es una referencia en la cultura LGTB (además de un impagable escaparate para las cintas premiadas). En esta edición, que se celebra entre el 9 y el 18 de febrero, algunas de las 37 obras que competirán por llevarse el osito en las distintas categorías son el documental estadounidense Bones of Contention (que explora la memoria histórica española a través de la figura de Federico García Lorca), la alemana The Misandrists, una propuesta feminista del siempre polémico Bruce LaBruce, y la española Pieles, el primer largometraje de Eduardo Casanova, protagonizado por Ana Polvorosa, Candela Peña, Carmen Machi y Macarena Gómez. Para conocer a las ganadoras habrá que esperar hasta el 17 de febrero, pero, de momento, podemos disfrutar de las premiadas de las ediciones anteriores. Estas son algunas:

La ley del deseo (1987)

Con la movida madrileña dando sus últimos coletazos, Pedro Almodóvar se plantó en Berlín con La ley del deseo (un triángulo amoroso protagonizado por Antonio Banderas, Eusebio Poncela y Miguel Molina), que se llevó el premio al mejor largometraje en la primera edición de la Berlinale que entregó los Teddy. Imposible no acordarse de aquel “¡Riégueme!” que suplicaba Carmen Maura encarnando a una mujer transexual.

Poison (1991)

Drama, ciencia ficción, terror y homosexualidad. Uno de los ejemplos más tempranos y notables del llamado New queer cinema (corriente indie que intenta presentar una imagen del mundo LGTB alejada de la que proporciona el cine mainstream) . Todd Haynes, un nombre mucho más famoso después de rodar la multipremiada Carol, debutó en el largometraje con esta película de difícil clasificación pero clasificada, no obstante, en tres partes: “Hero”, “Horror”, “Homo”.

The watermelon woman (1996)

Cheryl (Cheryl Dunye) es una mujer afroamericana y lesbiana que trabaja en un videoclub pero cuya ambición es rodar un documental sobre una actriz que la impresionó en una película y que aparecía acreditada simplemente como “The watermelon woman” (“La mujer sandía”). Uno de los momentos cumbre de la película llegó a ser descrito por la crítica como “la escena de sexo entre bolleras más tórrida jamás rodada en el celuloide”.

Hedwig and the angry inch (2001)

Película de culto entre la comunidad LGTB, este musical rock cuenta la enrevesadísima historia de Hedwig, una drag queen que decide dar el paso definitivo y operarse. Pero la cirugía no sale como cabría esperar… El éxito del filme hizo que incluso tuviera su propia adaptación teatral protagonizada por Neil Patrick Harris en el mismísimo Broadway neoyorkino (premio Tony incluido).

Los chicos están bien (2010)

Una pareja de lesbianas interpretadas por Julianne Moore y Annette Bening acude a un banco de esperma para formar una familia. Años más tarde, los hijos (la mayor a punto de entrar en la universidad) deciden buscar a su padre biológico. Un éxito en Sundance, la película le valió a Bening un Globo de Oro e incluso recibió cuatro nominaciones a los Oscar (entre ellas, a la mejor película).

Keep the lights on (2012)

Una conflictiva relación abierta entre dos hombres que mezcla sexo, rupturas, cine y drogas (sobre todo, drogas) a lo largo de varios años. Su director, Ira Sachs, que estrenó esta película en Sundance, se basó en su propia relación con un exnovio que, a su vez, había publicado sus memorias con el joyceano título de Portrait of an Addict as a Young Man (Retrato del adicto adolescente).

A primera vista (2014)

Una entrañable historia adolescente entre dos estudiantes de instituto en Brasil. La rutina de Leonardo (Ghilherme Lobo), un joven ciego al que todos los días acompaña de regreso a casa una amiga, cambia ligera pero sustancialmente cuando llega a clase un chico nuevo, Gabriel (Fabio Audi), que será el nuevo encargado de llevarlo de vuelta a casa. Dirigida por Daniel Ribeiro, está basada en un cortometraje del mismo realizador, Eu Não Quero Voltar Sozinho (No quiero volver solo).

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Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos

Redacción TO

Foto: Navesh Chitrakar
Reuters

No prestamos demasiada atención a los movimientos de la rotación de la Tierra, pero son más relevantes de lo que el común de los mortales creemos. De vez en cuando, la rotación de la Tierra disminuye algunos milisegundos por día, y esto va a tener un enorme efecto en las vidas de millones de personas alrededor del globo. Según el Servicio Geológico de los Estados Unidos ha habido 7.574 a escala global en los últimos diez años. Una reciente teoría prevé que esta cifra pegará un importante repunte el próximo 2018.

En un estudio publicado en Geophysical Research Letters a mediados de este año, los científicos Roger Bilham, de la Universidad de Colorado, y Rebecca Bendick, de la Universidad de Montana predicen que, debido a la desaceleración de la rotación de la Tierra, el mundo sufrirá un aumento significativo de grandes terremotos en 2018.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores estudiaron todos los terremotos desde 1900 que registraron una magnitud (según la escala del momento en que sucedieron) de 7,0 o mayor y descubrieron que aproximadamente cada 32 años hay un repunte en estos grandes sismos.

Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos 2
Aproximadamente cada 32 años hay un repunte en grandes sismos en el mundo. | Foto: Kim Hong-Ji / Reuters

El factor común

El estudio revela, asimismo, que el único factor que se correlaciona fuertemente en esta repetición de grandes terremotos es una ligera desaceleración de la rotación de la Tierra en un período de cinco años antes del repunte, algo que ha ocurrido en el último lustro.

En el ecuador, la Tierra gira 460 metros por segundo. Dada esta alta velocidad, no es absurdo pensar que un ligero desajuste en la velocidad entre la corteza sólida y el manto y el núcleo líquido podría traducirse en una fuerza que, de alguna manera, empujaría los temblores a la sincronía.

La mayoría de los sismólogos coinciden en que la predicción de un terremoto es un terreno pantanoso. Y hasta ahora, Bilham y Bendick tan solo tienen ideas difusas y difíciles de probar sobre lo que podría causar el patrón que encontraron. No obstante, el hallazgo es demasiado provocador para ignorarlo, dicen otros investigadores. “La correlación que encontraron es notable y merece una investigación“, dijo Peter Molnar, reconocido geólogo norteamericano, a la revista Science.

La importancia de prevenir

Entonces, ¿es posible predecir los terremotos? Es una pregunta que molesta a los sismólogos, no porque no sea razonable, sino porque los científicos lo han intentado muchas veces y siempre han terminado en fracaso. Incluso después de muchos avances en sismología, como lo expresa Richard Luckett del British Geological Survey, “cuando ocurre un terremoto es esencialmente un evento aleatorio“.

Una teoría científica prevé que 2018 será el año de los grandes terremotos 1
Los devastadores terremotos de México en este 2017 dejaron centenares de víctimas mortales. | Foto: Nacho Doce / Reuters

Ante la aparente imprevisibilidad de la actividad sísmica, la única solución para evitar grandes desastres como los que sacudieron México hace unos meses es una previsión efectiva. España es un ejemplo claro de la falta de preparación a la hora de afrontar grandes terremotos. La evidencia está en el ocurrido en Lorca en 2011, que tuvo una magnitud de 5,1, y dejó nueve víctimas mortales e innumerables daños materiales. El 75% de las viviendas en España cumple con “poco rigor” la normativa de construcción sismorresistente, y es necesario con “urgencia” rehabilitar edificios para soportar terremotos, según el expresidente de la Asociación Española de Ingeniería Sísmica, Ricardo García Arribas. Por ello, y teniendo en cuenta esta nueva teoría científica, la inversión en una preparación mejor de nuestras infraestructuras y protocolos de actuación puede ser clave ante cualquier catástrofe.

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