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Henrietta Lacks y otras mujeres que no conocemos

Nerea Dolara

The Inmortal Life of Henrietta Lacks es una nueva película de HBO que cuenta la historia de una mujer cuyas células cambiaron el mundo médico (y a quien nadie se lo reconoció). No es la única que no ha pasado a la historia.

A la historia pasan los ganadores, a los que admira o protege el status quo. Sobre eso no hay discusión. Entonces no es difícil imaginar que muchísima gente se ha quedado fuera no sólo de los libros de texto, sino en general de cualquier registro. Ya si se trata de mujeres, de personas de razas que no sean la blanca o que no cumplan con los géneros “normales” pues la inexistencia está casi garantizada. La película The Inmortal Life of Henrietta Lacks, que se acaba de estrenar en Estados Unidos y que tiene entre sus protagonistas a Oprah Winfrey, es un buen ejemplo de influencia e importancia ignoradas y de la necesidad de reconocer los aportes, incluso cuando se hicieron sin consentimiento.

¿Cómo es eso? Henrietta Lacks fue una mujer afroamericana que vivió en los años 40. Esta granjera era una persona normal, cualquiera, hasta que se le diagnosticó un cáncer. Cuando se hizo la biopsia de su tumor una muestra de células cancerígenas se guardó, sin que ella consintiera o supiera, y a partir de esas células se creó la primera línea de células inmortales del mundo, algo que se había buscado por años. ¿Eso qué significa? Que las células inmortales de Henrietta, capaces de reproducirse indefinidamente, fueron sometidas a enfermedades y agentes externos para sacar conclusiones. Las células HeLa han enriquecido a farmacéuticos y han generado avances médicos sin los que lo que sabemos hoy no existiría. Se han reproducido a tal extremo que un científico, cita The Guardian, aseguró que si las células de Henrietta se ponían en fila podrían dar la vuelta tres veces a la Tierra. Pero ¿fue Henrietta reconocida por su aporte? No, no por lo menos hasta años después cuando su familia peleó por él. El libro homónimo en que se basa la película cuenta la vida de Henrietta y la lucha de su familia porque esta mujer no sea olvidada.

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Póster promocional de la película producida por HBO | Imagen vía Wikipedia

Pero Lacks no es la única en una larga lista de personas sin reconocimiento. Hay mujeres, muchas, que han hecho grandes aportes y que nadie conoce. Y aunque no podamos hablar de todas, aquí recordamos a algunas.

Ada Lovelace (1815-1852)

Un nombre que parece de novela y una historia que, al conocerla indigna no haber visto contada. Lovelace, una condesa británica e hija de Lord Byron, fue una excelente matemática. A los 17 años se convirtió en la discípula de Charles Babbage, conocido como el padre del ordenador. Ada leyó y estudió los planes de Babbage para crear una máquina analítica (ordenador). Cuando se publicó un artículo sobre los logros de Babbage en Italia, Ada lo tradujo al francés y al inglés y anotó el texto con ideas y avances, sus aportaciones eran tres veces más largas que el artículo. Eran las que se consideran las primeras instrucciones para crear un programa de ordenador. No se conoció el aporte de Lovelace hasta la década de los cincuenta y actualmente hay un lenguaje computarizado que lleva su nombre.

Tasuo Sakane (1904-1975)

Fue la primera cineasta japonesa y una de las primeras documentalistas del mundo. Sakane se convirtió, tras salir de un matrimonio infeliz, en la aprendiz del cineasta Kenji Mizoguchi. Primero fue su script y luego dirigió sus propias películas con la protección de Mizoguchi: la industria del cine era machista y cerrada. Sin embargo, sus aportes nunca se reconocían con más que el crédito de asistente de la dirección. Tras la Segunda Guerra Mundial se le negó la posibilidad de trabajar como cineasta, así que terminó siendo asistente y editora antes de retirarse a los 46 años.

Emmy Noether (1882-1935)

Hasta Einstein la llamó la Atenea de las matemáticas. Sin ella, la matemática como se conoce y como ha avanzado sería imposible. Noether es la creadora del álgebra abstracta y es responsable de cambiar por completo tantos conceptos matemáticos que noetheriano es un adjetivo. Además su teorema, el de Noether, es primordial para el desarrollo de la física teórica. Enseñó en varias universidades durante su vida y actualmente hasta un cráter de la Luna lleva su nombre.

Katherine Johnson (1918-)

Esta física y matemática afroamericana ha pasado a ser más conocida desde el año pasado, cuando Taraji P. Henson la interpretó en Figuras ocultas. Johnson trabajó en el programa espacial de la NASA. Primero como miembro de las computadoras de la agencia aeroespacial (antes de que hubiese un ordenador real, había mujeres que calculaban), luego ya parte de los proyectos de sacar al hombre al espacio, Johnson calculó las trayectorias de entrada y salida de John Glenn (primer astronauta en orbitar alrededor de la Tierra) y luego de la misión Apolo 11, la que aterrizó en la Luna.
Estos son sólo unos muy pocos ejemplos, la lista podría ser mucho más larga. La realidad es que la historia no ha sido amable, o justa, con muchísimas personas. Pero a veces llega el momento y lo que estaba en el olvido, sale a la luz.

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'Grace and Frankie', icono televisivo de la tercera edad

Néstor Villamor

Las ancianas ya no son ancianas. Al menos en la televisión. Ya no hacen punto ni bizcochos. No están todo el día pendientes de sus hijos, que para algo son mayorcitos. Si ya de por sí las series protagonizadas por mujeres son minoría (aunque tampoco son excepciones: Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas…), Grace and Frankie, la aclamada comedia sobre dos septuagenarias que Netflix acaba de renovar para una cuarta temporada, es una propuesta que no solo desafía al sexismo, sino también al ageism, la discriminación por la edad.

Para hacerse una idea más o menos realista de cómo son Grace y Frankie basta con imaginar a las chicas de oro saliendo de farra, quemando la pista, tomando peyote, sufriendo los dolores post-masturbatorios generados por la artritis y poniendo verdes a sus exmaridos homosexuales. Porque la comedia arranca precisamente cuando a Grace (Jane Fonda) y Frankie (Lily Tomlin) les dicen sus respectivos cónyuges, Robert (Martin Sheen) y Sol (Sam Waterston), que se van a divorciar de ellas porque llevan 20 años liados y han decidido casarse. Tras el shock, ambas se van a vivir a una casa que habían comprado las dos parejas en multipropiedad. E intentan seguir con su vida como pueden: Grace crea un perfil en una página web de citas, Frankie intenta poner a la venta un lubricante vaginal orgánico creado por ella misma que además es comestible (“una no debería ponerse en la vagina nada que no se llevase a la boca”, razona) y entre las dos inventan un vibrador para mujeres de la tercera edad que no deje las manos agarrotadas y cuyas instrucciones estén en letra bien grande para poder leerlas sin gafas de cerca.

Señoras que practican sexo

Pero más allá de momentos más o menos divertidos, la serie refleja un cambio de tendencia que se va consolidando en el cine y la televisión mainstream: mostrar la sexualidad de las mujeres de cierta edad. Ocurrió en 2003 con Las chicas del calendario, una historia basada en hechos reales sobre señoras que posan desnudas para hacer un calendario benéfico para luchar contra la leucemia. Del mismo año es Cuando menos te lo esperas, en la que una madurita Diane Keaton se lía con un joven Keanu Reeves. Y también fue Keaton quien, aunque en un papel secundario, conseguía por fin su primer orgasmo en Porque lo digo yo (2007).

Y el avance social no es solo para ellas. Los gays de Grace and Frankie muestran una realidad nueva del colectivo, inequívocamente ligada a la aprobación del matrimonio homosexual en Estados Unidos en 2015, año en que se estrenó la primera temporada. La pareja que forman Martin Sheen y Sam Waterston es una de las pocas representaciones televisivas del colectivo LGTB de la tercera edad. Se suma así a la estela de Transparent, drama producido por Amazon sobre una anciana transexual.

Avance por fuera, retroceso por dentro

Pero los avances que la serie proyecta en la pantalla distan mucho de estar reflejados en las condiciones laborales de las actrices. Aunque son ellas las que llevan el peso narrativo (y el título) de la ficción, Fonda y Tomlin cobran lo mismo que los actores que interpretan a sus exmaridos, que si bien aparecen en todos los episodios, tienen un papel secundario. Según Fonda, fue Tomlin quien se enteró de que sus compañeros cobraban lo mismo que ellas. “No nos hace gracia”, se quejó la ganadora de dos Oscar. “El programa no es Sol and Robert, es Grace and Frankie“, lamentó a su vez la otra coprotagonista. Por su parte, Sheen y Waterston han salido en defensa de las actrices y han dicho en una entrevista televisiva que deberían “recibir un aumento” porque “son las que llevan la serie”.

Habrá que esperar hasta 2018, año en que se estrenará la cuarta temporada de la comedia, para saber si Netflix abandonará la discriminación salarial de sus actrices. Lo que sí se sabe ya es que la nueva entrega contará con la participación de Lisa Kudrow, la inolvidable Phoebe de Friends.

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La Sociedad de la Información en tiempos de Netflix

Cecilia de la Serna

Allá por 1997, Reed Hastings y Marc Randolph crearon un videoclub de servicio a domicilio en Los Gatos (California). Los clientes de este servicio de vídeo online podían solicitar un DVD que les llegaba a la puerta misma de su casa por correo ordinario. Todo esto se gestionaba a través de una página web, lo que ya era una verdadera revolución en la época.

Sin el nacimiento del DVD, de hecho, Netflix nunca habría existido. Sus fundadores estuvieron a punto de abandonar la idea por los problemas logísticos que entrañaba el envío de VHS.

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Así llegaban los títulos cinematográficos a los hogares de los suscriptores de Netflix. (Foto: Marit & Toomas Hinnosaar)

La clave estaba en el mismo formato, y es que con la desaparición del VHS y la entrada del DVD los problemas logísticos desaparecieron. Esto era Netflix antes de entrar en el mundo del streaming digital allá por 2007. Casi 20 años después del primer envío al domicilio de un cliente, ahora Netflix es un gigante de la ficción gracias a sus producciones propias, que incluso marcan tendencia en la denominada “televisión tradicional”.

La expansión internacional, clave del éxito

El 6 de enero de 2016, el CEO de Netflix, Reed Hastings, anunció que Netflix iba a pasar a estar presente en 130 países nuevos, triplicando la distribución de la compañía. “Hoy estamos presenciando el nacimiento de una nueva cadena de televisión por internet global”, afirmó Hastings. Bajo el hashtag #NetflixEverywhere, la empresa celebró este hito en sus redes sociales. Entraban países con unas audiencias potenciales muy jugosas para la compañía, como Rusia, India o Corea del Sur. Sin embargo, quedaba una espina clavada: China, la excepción notable de este “Netflix en todas partes”. Aparte de la nación más poblada del mundo, quedaban fuera otras zonas sensibles como Crimea, Corea del Norte o Siria, debido a las restricciones hacia las compañías estadounidenses en estos territorios por parte del gobierno norteamericano.

Además de añadir países, se apuntaban más idiomas a los 17 que soportaba su plataforma: árabe, coreano y chino (a pesar de estar China fuera de la lista de naciones conectadas a este servicio de streaming). Básicamente, Netflix se estaba globalizando a niveles insospechados tan sólo cuatro años atrás, cuando daba su primer gran salto a Europa. Y es que es precisamente la expansión internacional, iniciada esencialmente en 2012, la causante de que Netflix haya cuadriplicado sus suscriptores.

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Netflix está disponible en 190 países.

Pero no es oro todo lo que reluce. En las últimas semanas hemos asistido a un desplome notable en Wall Street de las acciones de Netflix. Esta bajada de las cotizaciones del gigante de Los Gatos es una sorpresa, sobre todo teniendo en cuenta que mejoró su beneficio neto en un 12% en el primer trimestre de 2016, y que obtuvo unos beneficios de 1.957 millones de dólares, que subieron un 24,4%. Entonces, ¿por qué se desploma Netflix en la bolsa? Porque Netflix no funciona tan bien fuera de Estados Unidos. Mientras que el negocio dentro de su país de origen le genera 413 millones de dólares, el mercado internacional le reporta pérdidas de 104 millones. Esto se traduce en una decepción de los inversores, que veían en el #NetflixEverywhere un verdadero filón. No obstante, Netflix no ha cumplido (de momento) con las expectativas de los analistas, que auguraban 3,5 millones de nuevos suscriptores internacionales, cuando realmente han atraído “tan sólo” a 2 millones, aproximadamente. ¿Será la próxima -y pendiente- inclusión de China a su lista de países un alivio en los mercados? Los movimientos que emprenda Netflix en los meses a venir serán mirados con lupa. Pero Netflix no es tan sólo una compañía con balances de números, Netflix es un modo de vida. Una plataforma que ha cambiado los hábitos de consumo de millones de personas.

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Usuarios de Netflix en los últimos catorce años. (Gráfico: Ana Laya / The Objective)

De la cultura del binge-watching al Netflix and chill

Binge-watching es un término anglosajón para definir un telemaratón en plataformas de televisión digitalNetflix fue pionero en extender esta costumbre ya muy arraigada en los hábitos de los consumidores de entretenimiento online, especialmente entre los más jóvenes: los millenials y la generación Z.

Netflix fue la primera plataforma en lanzar las temporadas de sus series originales completas. Según una encuesta de la compañía en febrero de 2014, el 73% de sus usuarios definen el binge-watching como “ver entre dos y seis episodios de la misma serie de una sola tacada”. Ya en los años 80 existía un fenómeno parecido, el telemaratón de programas de televisión emitidos de continuo durante varias horas por una misma cadena. En los años 90 ya se utilizaba, especialmente en Estados Unidos, el término binge-watch, aunque era residual y se limitaba a los fandoms, o comunidades de fanáticos de una serie de televisión. La práctica era parecida a la que se ha extendido en los últimos años en las plataformas digitales, aunque el formato que se utilizaba era el de packs de DVD que incluían varias temporadas de una misma ficción. No obstante, la popularidad que ha adquirido en los últimos cinco años con la expansión de los servicios -legales o ilegales- de streaming ha colocado al binge-watching en la cultura popular como nunca antes.

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Netflix puede verse desde cualquier dispositivo que puedas imaginar. (Foto: Netflix)

Al menos el 70% de usuarios de Netflix realiza esta práctica, muchas veces animados por las propias tramas “gancho” de las series. La preocupación por que el que está frente a la pantalla esté viendo demasiadas horas de una misma serie ha hecho que el propio Netflix envíe una notificación que pausa la reproducción y cuyo mensaje es claro: “¿Todavía estás viendo la serie?”. Muchos critican esta medida diciendo que hace sentir vergüenza al usuario que recibe la notificación, y otros la defienden como un elemento crucial para preservar la salud de los espectadores. La aparición de este fenómeno sociológico ha auspiciado todo tipo de teorías y estudios psicológicos en torno a este hábito. Según el Journal of Health Psychologyel binge-watching no tiene nada de malo. Estos “atracones”, según sus investigadores, pueden resultar muy placenteros.

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Otras teorías, como la de la Universidad de Texas, contradicen esta hipótesis: la práctica del binge-watching podría tener una relación directa con la depresión. Según Yoon Hi Sung, miembro del grupo de investigadores, “la fatiga física y los problemas como la obesidad son causa de preocupación. Cuando el binge-watching se vuelve desenfrenado, los espectadores pueden comenzar a descuidar su trabajo y sus relaciones con los demás. Aunque la gente sepa que no debe hacerlo, tiene dificultades para resistir el deseo de ver episodios de forma continua”. Estamos, tal vez, ante un nuevo problema de adicción. ¿Debería el binge-watching tratarse como se tratan otras adicciones tecnológicas como la nomofobia?

Otros términos y frases, más que convertirse en fenómenos sociológicos, se han asentado en el vocabulario de los internautasNetflix and chill es un buen ejemplo de ello. El primer uso de esta frase en Twitter está registrado en 2009:

Las redes sociales han sido clave para popularizar el servicio de Netflix, tanto que han acuñado un término que directamente funciona como sinónimo de “tener sexo”. En un primer momento, “Netflix y relájate” no significaba más que eso: pasar un rato distendido con una serie o película. Con el tiempo fue adquiriendo la connotación erótica que ahora se ha extendido por medio planeta. Tal ha sido la explosión del Netflix and chill que hasta se ha creado una canción sobre ello.

Este término, que tiene su propio recorrido vital, demuestra cómo gracias al poder de las redes sociales, de publicaciones con un target definido como BuzzFeed, y del imaginario colectivo, una compañía puede convertirse en una forma de hacer las cosas. En una forma de ironizar sobre la vida. En un modo directo de comunicación. Netflix no sólo cambia los hábitos de consumo, sino que crea unos nuevos, y genera toda una cultura popular en torno a su propia identidad.

Las cifras estratosféricas de usuarios de Netflix en todo el mundo no pueden tenerse en cuenta sin otro dato fundamental para entender el fenómeno: la cantidad de horas que pasa la gente en la plataforma. La posibilidad de ver lo que quierascuando quierascomo quieras y desde la pantalla que prefieras ha marcado la diferencia. En 2015, los usuarios vieron 42.500 millones de horas de series y películas. Ahora Netflix contempla la posibilidad de visualizar contenido online, lo cual multiplicaría seguro las horas de visionado. Otras plataformas ya ofrecen esta posibilidad, como YouTube o Amazon Video.

La influencia social de esta y otras plataformas está contrastada. Su continuidad se sustenta sobre un modelo de negocio que evita la publicidad, y sobre una nueva forma de contar historias.

La tarifa de suscripción, modelo de negocio

Ya por 1999, los de Los Gatos lanzaron una tarifa de suscripción con acceso ilimitado al alquiler de DVD. Comenzaba así una andadura que marcaría el camino del modelo de negocio de los servicios de streaming en internet. Netflix apuesta desde entonces, y todavía ahora, por el pago directo de los clientes a través de diversas tarifas mensuales, frente al modelo publicitario. De hecho, según un estudio reciente, Netflix ahorra de media a sus usuarios unos seis días de publicidad al año.

Los servicios en streaming, ya sean de películas y series como Netflix, o de música como Spotify, han propiciado el boom del ‘todo incluido’. Los modos de suscripción de Netflix varían según la calidad en que queramos ver los contenidos y el número de dispositivos que pueden hacer uso de una cuenta de forma simultánea. Actualmente, en España hay tres modalidades: 7,99 euros/mes (un solo dispositivo, SD), 9,99 euros/mes (dos dispositivos, HD), y 11,99 euros/mes (cuatro dispositivos, 4K). Una de las ventajas de Netflix es el gran abanico de dispositivos disponibles(móviles, tabletas, consolas, Apple TV, Smart TV, y -cómo no- el propio ordenador). Esto hace que muchos opten por una de las dos tarifas más altas.

Una nueva forma de contar historias

El gran paso que dio Netflix vino de la mano de la producción audiovisual. Más allá de ser ‘solamente’ una plataforma de streaming digital, se lanzó a producir títulos propios. Algunos de estos son su bandera, un orgullo que llevan por festivales y ceremonias de premiosHouse of Cards y Orange is the new black lanzaron al estrellato a Netflix, siendo una causa directa de su expansión internacional.

A estos títulos siguieron otros como Narcos o las colaboraciones con Marvel en Daredevil y Jessica Jones. Además, produce documentales y apoya el cine independiente. Netflix tiene previsto invertir más de 1.000 millones de dólares en series propias -algunas de ellas realizadas en diferentes países y con un target local- y ha comprado películas en el festival de Sundance. En la pasada edición de los Premios Oscar, Netflix entró por la puerta grande con dos nominaciones a Mejor Película Documental porWhat Happened, Miss Simone? Winter On Fire: Ukraine’s Fight For Freedom.

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Solo o en familia, Netflix siempre te salva un buen plan. (Foto: Netflix)

Estos servicios de streaming han creado una nueva forma de contar historias. El binge-watching ha brindado la posibilidad de rodar episodios pilotos más arriesgados, así como la despreocupación por los datos de audiencia. Los guionistas y creadores de las series nativas para plataformas como Netflix tienen una mayor libertad creativa y narrativa, moldeando los argumentos para ser consumidos de una sola tacada. Pero la estrategia de Netflix aún está en el aire: ¿Quiere ser la televisión del futuro o una sala de cine indie? Sea como sea, sus títulos, argumentos y personajes se están convirtiendo en los iconos de una generación de espectadores exigentes.

Otros servicios

En Estados Unidos, la competencia que le ha salido a Netflix es feroz:Hulu,Amazon y el servicio de streaming de HBO apuestan fuerte por sus propios contenidos. En España ya había servicios similares antes de que Netflix aterrizara en octubre de 2015. Yomvi, de Movistar Plus, y las plataformas de televisión a la carta de los principales grupos de comunicación (MiTeleAtresplayer y RTVE a la carta).

Por lo tanto, se avecina un futuro combatido, donde los que más y mejor ofrezcan a cambio de menos tendrán las de ganar. 2016 iba a ser el año de Netflix con la expansión casi total de su servicio en el mundo. No obstante, ya hemos podido observar que las expectativas no se han cumplido, por lo que no está todo escrito en este modelo de negocio que ha cambiado nuestros hábitos, nuestro vocabulario y que ha complicado -todavía más- lo que llamamos ‘Sociedad de la Información’.

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Entre libros y series: Literatura que se maquilla para la televisión

Rohmy Cubas

Foto: Hulu
Hulu

Si el siglo XVIII fue la ópera y el XIX la novela, al filo del siglo XXI, la llamada Edad de Oro para la televisión, impulsada por canales como HBO o las producciones originales de Netflix ha preparado el ritmo de la realidad ante una nueva cultura que revive los géneros y vanidades de antaño para su reinterpretación en un formato: las series de televisión.

La cantidad de producciones y ficciones que se estrenan cada año son casi imposibles de rastrear, los dilemas éticos y estéticos antes reservados para el cine y los libros hoy se exponen en los guiones de series como Juego de tronos, House of Cards, Mad Men y Westworld. No obstante, los proyectos audiovisuales, especialmente los recientes, se inspiran en relatos ya escritos en tinta por otros cuentacuentos. Y si, la gran mayoría de estas producciones increíbles que invaden la televisión se aferran a lo pretérito de palabras selladas en clásicos de la literatura; es precisamente en los libros en donde se puede entender su naturaleza sin maquillaje.

Un ejemplo de muchos es el de las sagas literarias de ficciones como Harry Potter y Juego de tronos, o adaptaciones de cómics como The Walking Dead y Outcast. Producciones más frescas y virales como 13 Reasons Why o Big Little Lies son también adaptaciones de historias recientes que no pudieron ser contenidas en sus páginas originales. Directores, productores y guionistas recurren a sentimientos pretéritos para reconstruir clásicos ya olvidados, pero clásicos al fin.

Este año, un puñado de series reviven historias imprescindibles para la literatura que tal vez las nuevas generaciones no conocerían de no ser por la televisión. Las criadas distópicas de Margaret Atwood, la casa encantada de Shirley Jackson, la serie de encuentros desafortunados de Lemony Snicket -Daniel Handler- y el mundo encantado del Mago de Oz son algunas de las fábulas que cambian de formato. Antes vale la pena recordarlas en su estado original: el de las hojas de papel.

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Portada de “The Handmaid’s Tale” de Margaret Atwood, en castellano editado como “El Cuento de la Criada”.

Las mujeres distópicas de Margaret Atwood:

En 1985 la escritora canadiense hizo una extravagante e inteligente crítica a la vida de la mujer en la sociedad cuando escribió El cuento de la criada o The Handmaid’s Tale, una de las comunas ficticias de género noveladas más incómodas e incisivas. Atwood creó un cuento de hadas antagónico en donde las mujeres viven y existen para reproducirse, a cualquier costo. En el libro, tras el asesinato del presidente de los Estados Unidos, y la mayoría del Congreso, se instaura un régimen teocrático en los Estados Unidos conocido como la república de Gilead. La mujer y sus ovarios son ahora un objeto de valor indispensable para la nueva República, cuya historia es contada por Offred, una criada que revive el escalofriante cambio del mundo occidental en donde las mujeres pasan de poder manejar sus propios carros y tener su propia habitación, como diría Virginia Woolf, a ser propiedad de unos pocos privilegiados que las clasifican con vestidos de colores según el estado de su aparato reproductivo, por decir algo. Un cuarto propio, una cama, una ventana, unas cortinas blancas y una puerta, nada más lejos de la verdad que quiso explicar Woolf en su época cuando decía que “una mujer debe tener dinero y una habitación propia si desea escribir ficción”.

Esta es una de esas distopías en donde el mundo parece retroceder en el vértice de su propia evolución. Su característica de cuento de hadas no es más que una ilusión para una premisa que reza algo así como: “había una vez una mujer que tuvo nombre y libre albedrío”; ahora las caras cubiertas con velos pasean miradas que solo apuntan al suelo. El perfume y los cosméticos son un lujo reservado para otros, leer escribir o comunicarse está prohibido, al igual que la televisión; las compras se hacen por cupones en tiendas donde filas de mujeres intentan no diferenciarse entre ellas, de nuevo los castigos son públicos y los que no siguen las reglas desaparecen sin preguntas.

En 1990 The Handmaid’s Tale fue llevada al cine por Volker Schlöndorff, además tiene una adaptación dramática para la BBC Radio y una adaptación operística realizada Poul Ruders. Esta vez Bruce Miller y Warren Littlefield la versionan para la televisión con Elisabeth Moss (Mad Men) como protagonista.

En un futuro cercano, escenificado en lo que fue una vez Boston, el inconveniente de la infertilidad se resigna a las piernas de las pocas mujeres capaces de dar a luz, ahora un ritual tan impersonal como cepillarse los dientes. El mundo presentado por Miller, una plataforma hermética en donde la religión solo recuerda la pérdida de la humanidad y la estratificación cultural regresa a esquinas bárbaras y retrógradas, es protagonizado por un elenco que incluye a Samira Wiley, Joseph Fiennes, Yvonne Strahovski y Max Minghell. La serie estrena el 26 de abril con un antecedente de críticas impresionadas por el trabajo de los productores.

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Ilustración de portada de “The Haunting of Hill House”. Imagen vía BookLovers

La casa encantada de Shirley Jackson:

The Haunting of Hill House es una de las historias de fantasmas más icónicas de la literatura del siglo XX. Escrita en 1959 por Shirley Jackson, la historia se declara desde el inicio con una de esas frases que cuando aparecen te revelan un libro que no querrás dejar para después: “No live organism can continue for long to exist sanely under conditions of absolute reality; even larks and katydids are supposed, by some, to dream. Hill House, not sane, stood by itself against its hills, holding darkness within; it had stood for eighty years and might stand for eighty more.”

La clásica historia de la casa embrujada se defiende al ritmo de Jackson en una combinación de puntos tan comunes como especiales que hacen del libro de todo menos predecible. Hill House es una casa erigida en las inmediaciones de un pequeño pueblo silente ante decenas de historias sobrenaturales, en donde los objetos se mueven solos y las puertas no siempre se abren cuando las necesitas. El investigador de lo “oculto”, el Dr. John Montage, aparta un verano para invitar a tres desconocidos con previas experiencias inexplicables para que acampen en aquel laberinto en donde nadie permanece más de una noche seguida por voluntad propia.

La casa se convierte en un ente separado, con las mismas visiones protagonistas de sus visitantes, la prosa de Jackson lleva hacia un camino en donde los ruidos y las alucinaciones se mezclan con el círculo de personajes que comienzan a depender de sus paredes.

Es inevitable que Poe y Lovecraft no interfieran en el estilo del relato, pero Jackson crea un equilibrio propio en donde el sentido de pertenencia se vuelve el factor más peligroso de la historia. Y si la casa Hill suena como una más entre el montón de lugares embrujados en la literatura es porque lo es; fue Jackson quien popularizó la esencia de este tipo de relatos que han sido reproducidos miles de veces tanto en los libros como en el cine y la televisión.

El libro ha sido adaptado a la pantalla grande dos veces en 1963 y en 1999  -con las actuaciones de Liam Neeson, Catherine Zeta-Jones y Owen Wilson- bajo el título de The Haunting. Esta vez su adaptación para la televisión viene de la mano de Netflix y Mike Flanagan en diez episodios que todavía no tienen fecha de estreno.

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Imagen de portada de “El Maravilloso Mago de Oz” con ilustraciones de Antonio Segura Donat, editado por Alfaguara clásicos

El maravilloso Mago de Oz y las zapatillas de Dorothy

Pocas películas son tan conocidas como el musical de 1939 El Mago de Oz,  considerado por la UNESCO como memoria del mundo, pero de nuevo, la película no existiría de no ser por Lyman Frank Baum y W.W. Denslow. Ambos son el escritor y dibujante original de El maravilloso Mago de Oz, publicado en Chicago en 1900 como uno de los libros de literatura infantil más vendidos y posteriormente editados en el mundo.

L. Frank Baum escribió trece libros más sobre la tierra de Oz, pero fue el relato de Dorothy el que se impuso entre el público. Dorothy, la Bruja del Norte, el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata, el León y el Mago de Oz son algunos de los personajes más representativos de la literatura norteamericana, además de ser el origen de muchísimas historias posteriores inspiradas en este mundo de fantasía para niños como las Crónicas de Narnia o la trilogía de La Materia Oscura de Philip Pullman, en donde es difícil no ver las similitudes.

La historia es la de Dorothy Gale, una niña huérfana que vive en una granja con sus tíos en algún lugar de Kansas y que es arrastrada por un ciclón junto a su perro Toto hasta el mundo de Oz. Equipada solo con el beso de despedida de la Bruja del Norte, su perro, su cesta y unos Zapatos Plateados Dorothy debe seguir el camino de ladrillos amarillos mientras intente regresar a su casa y supera todo tipo de aventuras y retos en el camino. La historia no es tan infantil como se cree, ya que entre líneas sigue siendo una alegoría directa a la lucha política y económica en Estados Unidos a fines del siglo XIX, entre otras metáforas más profundas que se pueden explicar en otro texto.

Se han montado innumerables adaptaciones teatrales en todas partes del mundo. Judy Garland inmortalizó a Dorothy en el cine en 1939 y en 1974 Liza Minnelli hizo la voz protagonista en una película animada. En el año 1975 se presentó como musical en Broadway y entre comics, series y videojuegos la historia nunca ha dejado de ser versionada.

Esta vez, la nueva adaptación viene de la mano de la NBC bajo el título de Emerald City. El proyecto previsto para la temporada 20142015 fue cancelado y retomado por la cadena en abril del 2015 con una temporada inicial de 10 capítulos.  Desarrollada por Matthew Arnold y dirigida por Tarsem Singh la serie fue estrenada el 6 de enero del 2017 con Oliver Jackson Cohen como Lucas y Adria Arjona como Dorothy en los papeles principales. Esta nueva versión es mucho más “oscura” que el musical, tal vez aferrándose a las ideas escondidas entre las líneas de los libros originales, y adaptándolas a los conflictos sociales que el presente predice para el futuro.

Entre libros y series: Literatura que se maquilla para la televisión
Imagen via Juniper Books.

La fortuna de los huérfanos de Lemony Snicket’s

Al igual que el Mago de Oz, el título de Una Serie de Eventos Desafortunados es públicamente relacionado con Jim Carrey y la película del mismo nombre estrenada en el 2004. Pero de nuevo, la verdadera historia permanece en los libros, publicados entre 1999 y el 2006 por Daniel Handler bajo el seudónimo de Lemony Snicket, e ilustrados por Brett Helquist, esta es una serie de trece libros que relata la vida de los hermanos Baudelaire. De por sí los libros son tan misteriosos como sus relatos, y encierran decenas de referencias literarias y de acertijos que se apoyan en la excusa de las lecturas infantiles para liberarse con un humor negro e inteligente sobre la niñez y sus paredes.

Violet, Klaus y Sunny son tres jóvenes que enfrentan la muerte de sus padres mientras son llevados a vivir con el Conde Olaf, un primero tercero o sobrino cuarto de la familia cuya existencia desconocían. Los libros siguen una especie de rutina en donde Olaf a menudo se disfraza para estar cerca de los huérfanos con la esperanza de robar su fortuna. Los huérfanos intentan entonces pedir ayuda a algún adulto que normalmente los ignora hasta que las pruebas son irrefutables.

Cada uno de los tomos consta de 13 capítulos, excepto The End, que tiene un capítulo extra titulado: “El libro decimocuarto”. Existe también el libro de Lemony Snicket: The Unauthorized Autobiography (Lemony Snicket: La autobiografía no autorizada) que narra los eventos de vida del atormentado Lemony Snicket, escrito por el mismo Handler. Por otro lado, el personaje de Beatrice está basado en un amor infantil del propio Handler, y el apellido Baudelaire lo tomó del poeta francés Charles Baudelaire. Se ha dicho que su verdadero hijo, ahora adolescente, Otto Handler, se ha negado a leer los libros escritos por su padre.

El primer tomo en la serie, Un mal principio (The Bad Beginning), fue publicado en 1999 y el decimotercer y último libro, The End (El fin), fue publicado el viernes 13 de octubre de 2006.

En la contraportada de cada libro se muestra una nota de advertencia de las cosas terribles descritas en cada volumen, y se recomienda leer otro libro en vez de ese. Cada volumen comienza con una dedicatoria a la memoria del único amor de Lemony Snicket “Beatrice”:

“Este libro, como en el diccionario, contiene la palabra “nervioso” que significa “preocupado por algo” – podrías sentirte nervioso, por ejemplo, si te sirvieran helado de pasas como postre, porque te preocuparía que te supiese horrible- mientras que la palabra “ansioso” que significa “consternado por una terrible preocupación,” es lo que sentirías si te sirviesen un cocodrilo vivo como postre, porque estarías consternado por una terrible preocupación al no saber si podrías comerte tu postre antes de que él te comiera a ti. Pero contrario a este libro, el diccionario también contiene palabras que son mucho más agradables de contemplar. La palabra “burbuja” está en el diccionario, por ejemplo, al igual que la palabra “pavo real,” la palabra “vacaciones,” y las palabras “La” “ejecución” “del” “autor” “ha” “sido” “cancelada,” las cuales forman un enunciado siempre agradable de escuchar. Así que si llegas a leer un diccionario, y no este libro, podrías saltarte las partes sobre “nervioso” y “ansioso” y leer cosas que no te mantengan toda la noche despierto, llorando y tirándote de los pelos.”

El 13 de enero del 2017 Netflix estrenó su adaptación a la televisión con una serie titulada bajo el mismo nombre y protagonizada por Neil Patrick Harris, Patrick Warburton, Malina Weissman, Louis Hynes y Presley Smith. Por ahora cuenta con una primera temporada de ocho capítulos.

Entre libros y series: Literatura que se maquilla para la televisión 7
Imagen vía Simon & Schuster.

Anne of Green Gables o Ana, la de Tejas Verdes es un libro escrito por la canadiense Lucy Maud Montgomery y publicado por primera vez en 1908. La historia es la de Anne Shirley, una niña huérfana que vive en un pequeño pueblo pesquero ficticio en la Isla del Príncipe Eduardo, donde se desarrolla la historia a principios del siglo XX. Considerada un tesoro nacional por el pueblo canadiense, la novela  ha vendido mundialmente alrededor de 50 millones de copias.

En el momento en el que transcurre la historia las mujeres todavía se dedicaban a ser amas de casa y esposas, los cánones de belleza se expresaban bastantes distintos a los de la actualidad, al igual que el valor de la mujer en la sociedad y sus limitaciones graduales. La vida de Ana Shirley continuó en una secuela de ocho libros ordenados según la edad de Ana por la escritora.

Existen varias versiones audiovisuales, entre ellas una miniserie televisiva que se rodó en 1985, con el nombre de «Ana de la pradera», además de una versión animada.

En el 2016 Netflix se unió a la cadena canadiense CBC y la productora Northwood Entertainment para grabar una nueva miniserie inspirada en el libro. “Anne” se producirá bajo la dirección de Niki Caro con una primera temporada de ocho episodios que sería grabada en Ontario, Canadá.

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Zinteta, la artista que devuelve las estrías a la belleza

Redacción TO

Foto: @ZINTETA
Instagram

La artista e ilustradora española Cinta Tort Cartró, nacida en Barcelona en 1995, ejemplifica el espíritu emprendedor y autodidacta de su generación, la Generación Z. Gracias a sus creaciones, algunas controvertidas pero sin duda certeras, ha logrado protagonizar artículos de importantes publicaciones extranjeras como The Daily Dot o Huffington Post, por citar algunas.

Obsérvalas, léelas, descúbrelas y ámalas. Estrías 💛💚❤️💜💙 Des de bien pequeñitxs nos hacen odiar todo aquello que tenemos en nuestro cuerpo e intentan constantemente que eliminemos todo aquello que para ellos no es normal: las manchas, las pecas, los pelos, y un sinfín de cosas más, y… las estrías. Las estrías son aquellas marcas que muchxs de nosotrxs tenemos en la piel. Me pasé años odiándolas e intentando encontrar una manera de eliminarlas, hasta que me dí cuenta que si no las aceptaba no me estaba aceptando a mi misma. Hace unos pocos años que he empezado a trabajar el amor propio y a aceptar y ver todo lo que hay en mi cuerpo. Aceptar todo esto es aceptar tus raíces, tu historia, todo lo que hay en él y, al fin y al cabo, aceptarte a ti misma. Las estrías son parte de nuestra esencia, nuestros momentos, de nuestras vidas, de nuestras historias y de nosotrxs. Son tan bellas que no se como a veces consiguen que las odiemos. Observarlas es terapéutico. No dejas que se metan con todo lo que tienes y todo lo que eres. Quererse es un acto revolucionario.

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M'agrada quan ens abracem 💜 #abrazos

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#manchoynomedoyasco (Més respecte, si us plau)

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#estrías 💜💖❤💛💚💙 Cada unx de nosotrxs es diferente y, a la vez, cada cuerpo es de una forma u otra y tiene su propia esencia y energía. Hay muchos tipos de cuerpos, igual que hay muchos tipos de estrías. De eso me dí sobre todo cuenta el día que hice estas producciones. Pintando a Yacine, a Mònica y a Roser observé detalladamente su piel, la delicadeza que había en ella y, a la vez, la belleza y la esencia que estas escondían. Hay personas con más o menos estrías, con estrías muy gruesas, menos, o más o menos marcadas, y en esto, en la diversidad, hay la riqueza. Las estrías de Yacine me llamaron mucho la atención, pequeñitas, poco palpables a primera vista y verticales, era la aventura de descifrar todo lo que ellas escondían. Todos los cuerpos tienen (más o menos) manchas, pelos, pecas, estrías, curvas, rectas, heridas, arrugas… y todos son igual de válidos. Ya es hora de que empezemos a amar el nuestro porque, al fin y al cabo, esta es nuestra herramienta de comunicación con el mundo. Y si no nos gusta la herramienta que utilizamos para ello, dificilmente podremos sentirnos libres. Una vez más: quererse es un acto revolucionario. 💜

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La propuesta que ofrece Zinteta en la red, y que le ha labrado una importante base de 30.000 seguidores que suma y sigue, es arriesgada a la par que reivindicativa. Según sus propias palabras, este proyecto creativo feminista nació porque “sometida a situaciones machistas” vio que “una buena manera de poder luchar contra ellas era visibilizándolas a través del arte”. Muchas de esas situaciones son los propios cánones de belleza que imponen industrias como la de la moda, en la que elementos naturales del cuerpo de cualquier mujer, como las propias estrías, se esconden ante la mirada de millones de personas. Esas estrías Zinteta las pinta de colores para devolverlas a la belleza, para hacerlas visibles e incluso destacarlas. Además, también visibiliza otras ‘vergüenzas’ para que no sean tales, como la menstruación. Lo hace a través de “Mancho y no me doy asco”, uno de sus más recientes proyectos artísticas.

#manchoynomedoyasco

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#manchoynomedoyasco Hola a todxs. Gracias. Estos dos últimos días han pasado cosas muy "heavys". Antes de ayer me hicieron una entrevista desde Nueva York y ayer me encontré con un artículo en la red sobre mi trabajo, aluciné. Pero hoy… esta mañana, me he encontrado con un artículo sobre mi trabajo en la edición digital de Metro Newspaper (UK). Y lo más gracioso es que me ha dado por buscar mi nombre (Cinta Tort Cartró) en google y me he encontrado con mogollón de artículos que hacían referencia a mis producciones, artículos en mogollón de idiomas… lo estoy flipando y creo que no voy a ser consciente de ello durante unos días. Espero que llegue a muchas personas y que puedan reflexionar sobre toda la lucha que hay en esto. Estoy muy feliz, la verdad que estoy muy en shock y no se muy bien que decir. Un gracias queda pequeño. Un gràcies es queda molt petit💜🌱

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💗 #manchoynomedoyasco

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Part II. Emoción a flor de piel. Estoy en shock. GRACIAS. THANK YOU 💜🌱

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Sus piezas e ilustraciones abarcan la exploración de la mujer, la identidad sexual y el género desde un punto estéticamente llamativo. Quédate con su nombre, porque esta jovencísima ilustradora dará mucho que hablar.

More about International day against homophobia, transphobia and biphobia #IDAHOT

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Faltan abrazos. Prints disponibles.

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