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Hope Jahren: “Condenamos la idea del cambio climático como si el hecho de condenar sirviese de algo”

Ariana Basciani

Foto: Miquel Taverna
CCCB

Hope Jahren ha visitado Barcelona para reflexionar sobre botánica, cambio climático, literatura y, principalmente, sobre lo que la motiva a crear. Esta geobióloga fue invitada al Festival Kosmopolis como uno de los científicos que mezclan literatura y ciencia en sus obras, y nos ha quedado claro cuando afirma que a pesar de estar en una soleada y espectacular Barcelona, a ella le encantaría estar investigando en su oscuro laboratorio en Oslo.

Esas ganas de seguir investigando es una de las razones por las cuales ha sido catalogada como la Marie Curie de la botánica actual y una de las personas más influyentes según la revista TIME. A pesar de la pomposidad de los títulos que se le atribuyen, esta tejana nos comenta desde la sencillez, que su intención es mostrar la vida de un científico y la vida de las mujeres, por eso ha escrito el libro La memoria secreta de las hojas (Paidós).

“Mi imagen no tenía nada que ver con la vida de un científico, al escribir el libro, mi vida cobró sentido”, afirma Jahren. Este ensayo autobiográfico, seleccionado por el NY Times como libro notable, representa la mezcla de pensamientos entre su vida personal y su vida como científico: “yo voy al laboratorio y luego a casa con mi familia y pienso sobre problemas científicos, salgo un momento fuera, voy al laboratorio y cuando estoy en el laboratorio pienso en cosas de casa y así. Esto es lo que es la vida. Mi idea con el libro era representar realmente lo que es la vida de un científico porque esto es algo que yo había visto antes. Además, era representar la vida de las mujeres, porque nuestras vidas no son lineales, aunque puedan parecerlo en un libro.”

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Hope Jahren © CCCB, 2017. Foto: Miquel Taverna

La memoria secreta de las hojas no solo cuenta la vida no lineal de una científica, desde su prólogo la narración invita a observar la naturaleza y a las plantas que nos rodean, esas que están allí aunque nunca te percates realmente de que están. “Ver las diferencias de las plantas te hace crecer, cuando más sabes del mundo, más lo sientes como una parte de ti. Mi objetivo es facilitar esa observación” afirma Jahren.

Cambio climático, hipocresía y noticias falsas

A partir de esa relación con el conocimiento desde la responsabilidad, a la autora le parece curioso que la gente tenga una posición con respecto al cambio climático. “No importa la posición que uno tenga porque el clima simplemente está cambiando. Condenamos la idea del cambio climático como si el hecho de condenar sirviese de algo, pero ya ha quedado muy claro que de la condena a la acción hay una gran diferencia”.

El discurso moral sobre la destrucción del planeta no tiene sentido para ella, la incomoda y le parece hipócrita. Condenar el cambio climático “no nos hace buenos o malos al respecto”, afirma. De hecho el verdadero reto es vivir dentro de las contradicciones: “no tenemos la opción de vivir en un planeta limpio y virgen, pero eso no significa que tengamos que talar todos los árboles que hay por el camino”.

“Las personas que tienen ese discurso en muchos casos son las que tienen una mayor huella de carbono en el mundo”.

Esta geobióloga va más allá de los discursos y explica que las cifras no cierran. Existen contradicciones entre los derechos de los seres humanos y los derechos del planeta, no van de la mano: desde la energía necesaria para que cada mujer pueda tener derecho a procrear cuántos hijos quiera, hasta poder tener luz para leer en la oscuridad o un refugio para vivir, no es fácilmente manejable si queremos que el planeta subsista de la mejor manera. Debemos comprometernos: “hay que ser más realistas con la energía que necesitamos y para qué la necesitamos” dice Jahren.

¿Hay esperanza?

 A pesar de la hipocresía, y de los datos acerca del calentamiento global y las huellas de carbono que se han discutido a lo largo de nuestro encuentro, Hope  opina -tal vez haciéndole honor a su nombre- que sí, hay esperanza. “Tenemos buenas vidas. Somos las personas que más suerte tienen en el mundo. Si miramos la historia, todas las generaciones tienen la labor de luchar. Están condenadas a la lucha y tienen que enfrentar grandes pruebas y retos. Este es nuestro reto y no hay que reducirlo a si es bueno o malo, porque quizás no sobrevivamos, pero alguien debería sobrevivir, esa es la lucha, esa es la esperanza”, concluye Jahren.

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Clima Ficción: La literatura del Antropoceno

Beatriz García

Rascacielos sumergidos, huracanes azotando ciudades, plagas y extinciones masivas, mutaciones genéticas y bandadas de aves que queriendo llegar a África aterrizan en nuestros balcones. Niebla tóxica. Marte como el próximo planeta que convertir en vertedero…  Desde los años setenta, la ciencia ficción ha sido el agorero oráculo de los desastres ecológicos del planeta. Así surgió la novela de clima ficción o ‘cli-fi’, un género centrado en el cambio climático y sus efectos futuros que se ha popularizado en los últimos años y apunta a ser la literatura del Antropoceno. A saber: la era en la que el hombre ha pasado de inquilino del planeta a su verdugo.

No todo es esperar al Apocalipsis. Incluso en la más oscura de las distopías ambientales hay una oportunidad para el cambio a una nueva y urgente conciencia ecológica. Así lo creen escritores del género como Kim Stanley Robinson, quien en numerosas entrevistas ha defendido el poder de la ciencia ficción no sólo para desarrollar futuros posibles, sino como crítica metáfora de un presente que nos negamos a ver llevando la mirada a las estrellas. En una de sus obras más premiadas,  la Trilogía marciana (1992-1996), de la que este año se estrena adaptación televisiva, narra la colonización durante 35 años del planeta rojo por parte de un grupo de humanos, los Primeros Cien, y las disputas entre quienes quieren modificar las condiciones de vida en Marte para que se parezca a la Tierra –calentamiento global incluido- y quienes luchan para protegerlo. La ilusión de pretender reparar los problemas del mundo explorando el espacio es un tema que orbita en esta trilogía y en otras novelas, como ‘2312’ (2013) y ‘Aurora’ (2015), donde pasajeros de una nave que viaja a otro sistema solar llevan la devastación con ellos.

Trilogia-Marciana-Robinson

Las novelas de clima ficción crean puentes entre la ciencia y la cultura, exploran nuevas soluciones e inspiran a la acción

Considerado un novelista político, Robinson, que visitará Barcelona a finales de marzo para participar en Kosmopolis’17, aborda también cuestiones relativas al poder de las corporaciones, la necesidad de una ética social y la amenaza del capitalismo neoliberal. Coincidencia o no, su último libro, ‘New York 2040’, llega a las librerías norteamericanas este marzo, tres meses después de que el ahora presidente Trump convirtiera el cambio climático en leyenda urbana y a Estados Unidos en la protagonista de otra terrorífica anti-utopía.

En 'cuchillo de agua' el sur de Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.
En ‘cuchillo de agua’ el sur de Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.

La fuerza de la narrativa de clima ficción no reside sólo en sus aspectos críticos, sino que además crea puentes entre la ciencia y la cultura, acercándonos a complejas teorías científicas a la vez que explora posibles soluciones e inspira a la acción comunitaria, como asegura la bióloga y escritora Barbara Kingsolve, autora de la novela ‘Conducta Migratoria’ (2014). Prueba de ello es que en años recientes se ha empezado a introducir este tipo de literatura en las escuelas; aunque haya voces críticas que acusen al género de despojar de realismo y gravedad el problema del calentamiento global.

La autores de cli-fi emplean datos científicos para recrear un futuro que es suma de presentes y acciones humanas

“Las personas necesitan estas historias porque la oscuridad con voces en su interior es mejor que un vacío silencioso”, escribía Margaret Atwood en ‘MaddAddam’ (2013), novela que forma parte de una trilogía junto a ‘El año del diluvio’ (2009) y ‘Oryx y Crake’ (2003),  y en la que describe un futuro post-apocalíptico gobernado por grandes corporaciones donde la modificación genética es algo común. Fue la escritora y activista canadiense quien en 2012 popularizó en Twitter el término ‘clima ficción’, que había inventado unos años antes el activista Dan Bloom.

Los autores de cli-fi no profetizan, o al menos no al estilo de Nostradamus; emplean datos científicos para dibujar un futuro que es suma de presentes, acciones humanas y avances que hoy en día parecen tan de ciencia ficción como las novelas donde figuran. En sus libros encontraremos niños que nacen sin necesidad de vientre materno, máquinas que controlan el clima, ascensores que levitan, ciudades sumergidas y barrios de ricos en Marte, pero, sobre todo, una advertencia para quien esté dispuesto a leerlos. Nosotros te recomendamos tres:

Libros-Climate-Fiction-Cli-Fi

1. La sequía (1965)

Una de las novelas más extrañas e inspiradas de J.G Ballard que presenta un mundo donde ya no llueve a causa de la contaminación y se producen grandes migraciones de gente en busca de agua. ‘La sequía’ conforma junto a ‘El viento de la nada’, ‘El mundo sumergido’ y ‘El mundo de cristal’ una casi tetralogía que aborda catástrofes relacionadas con los cuatro elementos.

2. Solar (2010)

Si escribir comedia es difícil, lograr un carcajada con un tema tan crudo como el cambio climático es una proeza literaria. Y el novelista británico Ian McEwan lo consigue narrando las vicisitudes de un Nobel de la Física cínico, mujeriego y bebedor, que cree haber descubierto la solución al calentamiento global.

 3. Cuchillo de agua (2016)

¿Qué ocurriría si el río Colorado se secase? El escritor Paolo Bacigalupi, que ya había despuntado con la publicación de otra novela de clima ficción, La chica mecánica, dibuja un futuro no muy lejano donde los cárteles buscan acuíferos y el sur de los Estados Unidos se convierte en el desértico escenario de una guerra por el agua.

De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores

Beatriz García

Foto: Carlos Cazurro
CCCB

Considerado el hermano feo, bajito y no demasiado listo de la ficción con mayúsculas, el género parece ser el mejor reflejo de una realidad que, como señala el escritor Kim Stanley Robinson, “es pura ciencia ficción”. Y lo prueba la participación de autores entre lo espacial y lo criminal en la edición más ambiciosa del Festival Kosmópolis, que este año ha tenido el cambio cultural y climático como uno de sus ejes. A algunos de ellos recurrimos para hacerles una pregunta: Si hay novelas que te cambian la vida, ¿puede la literatura cambiar la manera en que piensa y obra la sociedad?

De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores 4

Para el francés Pierre Lemaitre, la narrativa nace para ser incómoda y ayuda a sus lectores a transgredir su propia visión del mundo. “Un sistema como el de Francia se basa en el suspense, radica en preguntarse: ¿voy a encontrar trabajo antes de que se me acabe el paro? Los legisladores hacen las leyes para que escribamos novela negra”, explica. Su última novela, ‘Recursos Inhumanos’ (Alfaguara) aborda el lado más inmoral del mundo empresarial a través de la historia de un ejecutivo desempleado que acaba participando en un macabro simulacro de toma de rehenes urdido por una compañía. “La gente dice que es la parte menos realista del libro, pero ¡fue real! Me inspiré en una noticia que pasó muy desapercibida en los medios porque quien secuestró a sus empleados fue una televisión pública”.

De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores 2
Foto: Carlos Cazurro via CCCB / Kosmópolis.

Kim Stanley Robinson: “Soy un americano de izquierdas y lo que intento en mis novelas es buscar soluciones”

Si todas las novelas, incluso las de aventuras, tienen, según Lemaitre, un trasfondos social, el creador de la Trilogía de Marte, Kim Stanley Robinson, todavía se muestra más contundente: “La literatura realista de Balzac o Proust es hoy la ciencia ficción, porque es la única capaz de explicar los problemas actuales en lo que atañe al Planeta y su futuro”. Aunque también vuelva la cabeza al pasado más remoto, la Edad de Hielo (‘Chamán’, Minotauro) para entender cómo empezó todo.

La fidelidad a los descubrimientos científicos y su concienzuda labor de documentación convierten a Robinson no sólo en visionario –la NASA ha llegado a pedirle consejo en temas climáticos-, sino también en un escritor realista y sumamente político: “Soy un americano de izquierdas y lo que intento en mis novelas es buscar soluciones, por eso me interesan las utopías”. En su opinión, la literatura sí puede cambiar el mundo o, como poco, la mentalidad de los ciudadanos.

¿Qué son las ficciones detectivescas sino un intento de poner orden sobre el caos imperante? A pesar de que esta búsqueda de sentido sea para escritores como Jo Nesbo no sólo reconfortante para el lector, sino extensible a toda ficción con independencia del género. “La vida real es caótica y no siempre encontramos lógica alguna en lo que ocurre, pero en las novelas todo encaja. O casi todo”, sostiene.

John Banville: “La mayoría de nosotros no estamos expuestos a la violencia, por eso la buscamos en los libros”.

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Jo Nesbo. Foto: Miquel Taverna via CCCB / Kosmópolis.

A Nesbo lo que más le interesa es la condición humana y los dilema que le son propios. Su mítico detective, Harry Hole, se enfrenta en ‘La Sed’ (Reservoir Books) a una difícil decisión: escoger entre el amor de su familia o un empleo que odia, el de cazador de asesinos. “Es una cuestión a la que se enfrenta mucha gente hoy, que elige emprender misiones que no comportan ni fama ni dinero. Lo mismo les ocurre a los soldados que han combatido en Afganistán y que pudiendo quedarse con sus familias vuelven a los horrores del campo de batalla. ¿Por qué? ¿Es un sentido del deber o una forma de colocar nuestra vida en un contexto mayor?”.

De Pierre Lemaitre a Kim Stanley Robinson: Lo que la literatura de género nos enseña sobre el mundo, según sus autores 3

A John Banville escribir género le divierte, llana y simplemente. “La novela negra es entretenimiento. A pesar de que esté muy bien escrita jamás será arte, porque al verse obligada a incorporar un crimen en su argumento carece de libertad”, concluye el irlandés (¿o es su alter ego, Benjamin Black?). No obstante, esto no exime a sus autores de asumir la responsabilidad de cómo tratan la violencia en sus novelas: “Todas las series escandinavas empiezan con el asesinato o la violación de una mujer. Si yo fuera mujer me enfadaría… La violencia aparece de forma muy inmediata en los medios, pero la mayoría de nosotros no estamos expuestos a ella en nuestras vidas, por eso la buscamos en los libros”.

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La razón científica tras el escepticismo en torno al cambio climático

Cecilia de la Serna

Foto: FRANCOIS LENOIR
Reuters

El líder de la primera potencia mundial es un escéptico. Concretamente, no cree en el cambio climático. Donald Trump firmaba el pasado lunes un decreto que daba marcha atrás en muchas de las medidas tomadas por su antecesor, Barack Obama, para proteger el medio ambiente. Con ello, retrocedía así en un tema que la mayoría de científicos coinciden en calificar de urgencia a escala global.

Lo que hace Trump con la rectificación de las medidas medioambientales de la Administración Obama es hacerse eco de las opiniones de muchos votantes conservadores. Responde así a los deseos de gran parte de su electorado, repleto de escépticos del cambio climático. ¿Por qué abunda este escepticismo, a pesar de la abrumadora evidencia científica del calentamiento global?

Según unas recientes revelaciones, la negación del cambio climático tiene mucho que ver con el tiempo que hace. En un estudio publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias estadounidense, los investigadores han descubierto que las personas situadas en partes del país que han experimentado más temperaturas mínimas récord que máximas desde el año 2005, son menos propensas a creer en el cambio climático.

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Siempre hay que mirar el panorama general cuando hablamos de cambio climático. | Foto: NASA

El autor principal del estudio, Robert Kaufmann de la Universidad de Boston, explica que quería “convencer definitivamente a la gente de la realidad del cambio climático”. Para ello, debía demostrar que las temperaturas récord en las máximas ganaban a las récord en las mínimas. El laboratorio de Kaufmann desarrolló TMax, una medida de niveles récord basados en datos de las estaciones meteorológicas locales. Cuando Kaufmann vio los datos de TMax trazados en un mapa, tuvo una revelación casi instantánea. “Esto se parece a los mapas que he visto de personas que no creen en el cambio climático”, pensó. Él y su laboratorio compararon su mapa con uno generado por el coautor del estudio, Peter Howe, en la Universidad de Utah, basado en cómo 12.000 personas en todo el país respondían a la siguiente pregunta: “¿Está ocurriendo el calentamiento global?”. Resultaba que, donde las mínimas récord ganaban a las máximas, el porcentaje de gente que creía en el cambio climático era considerablemente inferior que en otras zonas. Esto responde, según Kaufmann, a un proceso lógico de la comprensión humana. “Una vez la gente se convence de algo, es fácil que ignore la evidencia ya que contradice su entendimiento”, explica.

“El tiempo que experimentamos en un momento concreto es un indicador muy pobre de los cambios a largo plazo en nuestro clima”

– Paul Egan, científico de la Universidad de Nueva York

Para Paul Egan, científico de la Universidad de Nueva York, “el tiempo que experimentamos en un momento concreto es un indicador muy pobre de los cambios a largo plazo en nuestro clima”. “Es una distracción del serio problema y el desafío que presenta el cambio climático”, añade.

Este estudio demuestra la necesidad que tiene la comunidad científica de comunicar correctamente el grave problema que supone este desafío medioambiental. Especialmente cuando las políticas que proponen los grandes líderes constituyen un retroceso y un castigo inmerecido para las próximas generaciones.

Apps para los que quieren cambiar el mundo

Clara Paolini

En unos segundos podemos tenerlas instaladas en el móvil, para utilizarlas basta con mover un dedo y la mayoría no cuestan un céntimo. Son apps capaces de hacer del mundo un lugar mejor, aunque sea un poquito. 

No es que gracias a una aplicación vayamos a conseguir parar la guerra en Siria, frenar el cambio climático o hacer que los millones de personas en riesgo de hambruna del planeta reciban remedio inmediato a su desesperación, pero lo cierto es que con un esfuerzo casi nulo, gracias a estas apps podemos crear un impacto positivo sumando granitos de arena.

Puede que sea buen momento para hacer un hueco en la memoria de tu iPhone o Android e incluir aplicaciones un poco más útiles que el Candy Crush o el Pokémon Go. Si eres parte del inmenso colectivo de gente indignada con el mundo que nos rodea, pero aún conservas un ápice de esperanza en el poder del ser humano para cambiar las injusticias, echa un vistazo a esta selección de apps. Puede que incluso consigas  sacar partido a ese pequeño pedacito de poder al alcance de tus manos, ¿por qué no hacerlo?

1. Acabar con el desperdicio de comida

Cada día se tiran a la basura toneladas de comida, un escandaloso desperdicio que en la mayoría de los casos no sabemos cómo evitar. La buena noticia es que existen apps para intentar  solucionarlo:  el objetivo de estas dos aplicaciones es contribuir a la sostenibilidad del planeta mediante la reducción del malgasto de alimentos.

La primera es Too Good to Go, que sirve para aprovechar la comida que los restaurantes piensan tirar al final del día. Los usuarios pueden ver qué hay disponible y reservar sus platos a precios de risa, para luego recogerlos una hora antes de que cierre el establecimiento. La idea original fue de un grupo de amigos daneses que la exportaron a tierras británicas a principios de 2016. De momento está disponible en Brighton, Leeds, Birmingham (escorts), Manchester y Londres, donde ya se han unido a la iniciativa más de un centenar de restaurantes y se espera que, poco a poco, todos podamos aprovechar sus ventajas mediante la progresiva incorporación de restaurantes de todo el mundo a la iniciativa.

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Imagen de la app LeftoverSwap

Pero no hace falta encontrar un restaurante participante para poder aprovechar la comida que sobra; la aplicación LeftoverSwap permite compartir las sobras de comida entre desconocidos. Como lo oyes. Lo que empezó como una broma entre sus fundadores Dan Newman y Bryan Summersett en 2010, ha empezado a resultar una app con miles de descargas. Está claro que no todo el mundo es capaz de comer los restos desconocido, pero según Newman se trata de una idea que está haciendo furor sobre todo entre estudiantes y personas sin recursos.  Su funcionamiento no puede ser más sencillo: desde trozos de pizzas hasta los restos de la cena de Navidad; puedes compartir cualquier plato que no pienses acabarte. Sólo necesitas hacer una foto, escribir una breve descripción, subirla a la aplicación y esperar a que cualquier persona de los alrededores se ponga en contacto contigo para recoger la comida que de otra manera tirarías a la basura.

2. Aprovechar la energía que tu Smartphone no utiliza

Aunque no lo creas, tu teléfono tiene una impresionante capacidad de cálculo, miles de veces mayor que, por ejemplo, la de las computadoras que llevaron al hombre a la Luna. Pero en muchas ocasiones, cuando no estás ejecutando ninguna aplicación, todo ese potencial queda desaprovechado. La aplicación HTC Power To Give destina esa fuerza no utilizada para analizar información de diversos proyectos científicos: desde el análisis de fármacos que podrían curar graves enfermedades, hasta la búsqueda de inteligencia extraterrestre. En su web explican: “Los mil millones de smartphones que hay en la actualidad suponen una enorme potencia de procesamiento combinada. Dona la potencia de tu smartphone durante el tiempo que no lo utilices a una enorme red para proyectos de investigación en todo el mundo. Ayuda al mundo cada noche (probablemente podrás dormir un poco mejor)”. Resulta algo increíble la promesa de contribuir sin hacer prácticamente nada, pero según sus desarrolladores basta con dejar el móvil conectado a una red Wifi y abrir la app durante el tiempo que no vayas a utilizarlo para otra cosa. Tan sencillo como eso.

3. Por un consumo responsable

Aunque pocas veces seamos conscientes de ello, cada vez que compramos algo estamos invirtiendo, contribuyendo con nuestro dinero a legitimar ciertas prácticas, influir en la economía y engrosar los bolsillos de compañías que puede que vayan en contra de nuestra filosofía de vida. Para fabricar este producto que encontramos en  el supermercado, ¿los empleados de la compañía han recibido un trato y salario digno?, ¿se han hecho experimentos con animales?, ¿contiene organismos genéticamente modificados? No siempre resulta fácil conocer de dónde provienen las cosas que compramos, quién está detrás de cada empresa, y la mayoría de las veces no sabemos a ciencia cierta si lo que adquirimos cumple con criterios que consideramos indispensables.

apps-para-cambiar-el-mundo-buycottPara acabar con esta problemática del día a día, aplicaciones como Buycott ofrecen pistas para el consumo consciente. Bajo el lema “vote with your wallet” (vota con tu cartera), la app permite que los consumidores gasten de forma consecuente con su filosofía, identificando a la empresa matriz en el código de barras del producto que uno va a comprar a través de su teléfono móvil. Así, los consumidores estarán informados de la empresas a la que realmente están dando su dinero, pudiendo evitar un financiamiento involuntario a empresas que no cumplen con nuestros mismos criterios éticos.

Gracias a esta aplicación podemos, por ejemplo, evitar productos de las empresas de Donald Trump, boicotear a Monsanto o apoyar compañías que contribuyen a eliminar la discriminación racial. Su desarrollador, el jovencísimo Iván Pardo, aclaraba en un entrevista para Forbes que el objetivo no es moralizar al resto, sino facilitar la información necesario para una toma de decisiones que vaya más allá del precio y características aparentes del producto: “Para mí, era muy importante permitir a los usuarios crear campañas porque no creo que sea el papel de Buycott decirle a la gente qué comprar. Simplemente queremos proporcionar una plataforma que permita a los consumidores tomar decisiones de compra con conocimiento de causa”.

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Escaneando un producto con al app Good Guide. Imagen vía Fast Company.

En la misma línea, la app Good Guide, creada por Dara O’Rourke, científico ambiental y profesor de la Universidad de Berkeley, ofrece también una herramienta para suplir la falta de conocimiento por parte de las personas sobre lo que consumen, dejando expuesta la verdad detrás de diversos productos y abriendo las puertas hacia un proceso de decisión de compra más consciente. Good Guide cuenta con un registro de más de 250.000 productos de diversas categorías con datos de los componentes, procedencia, la marca, empresa, certificaciones, precio e  información adicional relevante que varía según el tipo de producto. Su característica principal son los ratings mostrados junto con cada producto para que el usuario pueda evidenciar el impacto social, medioambiental o en la salud que se desprende de cada uno. Se determinan basados en estudios, investigaciones y procedimientos hechos por expertos, resultado de metodologías fundadas en las ciencias de la información, salud, evaluación medioambiental, de ciclos de vida y de impacto social.

4. Convertir tus fotos, tus apuestas o tu pereza antes de levantarte en una donación

Feedie, para que los 'foodies' donen sus instántaneas
Feedie, para que los ‘foodies’ donen sus instantáneas.

¿Imaginas que cada vez que sacas una foto de lo que vas a comer pudieras compartir un bocado con alguien que lo necesita? Feedie está justo pensada para eso. Por cada foto de comida tomada en uno de los restaurantes participantes que se comparta a través de las redes sociales se donarán 20 céntimos a Lunchbox Fund, la plataforma que provee comidas a los estudiantes de las zonas rurales en Sudáfrica. Con este sencillo mecanismo todos parecen salir ganando: los restaurantes consiguen promocionar sus platos de forma barata, los foodies de Instagram tienen una excusa de más para sacar la fotito de rigor y sobre todo, se recaudan fondos para alimentar a los que están lejos de poder permitirse el precioso plato de restaurante que estás a punto de zamparte. Por ejemplo, en Madrid, el restaurante Du Liban ya forma parte de la red de Feedie, aunque tendremos que esperar un poco para más establecimientos de Europa se unan a la red, ya que por ahora la mayoría están en Estados Unidos.

Y si no encuentras restaurantes, cualquier foto vale para ayudar. Cada vez que compartes una foto en la app Donate a Photo, Johnson & Johnson paga 1 dólar para llevar a cabo los proyectos de la ONG Save the Children. Tan fácil como eso. En lugar de dinero, se puede donar hasta una foto al día, con la garantía de que éstas nunca se utilizarán con fines comerciales.

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iCukoo, el despertador solidario.

Pero compartir fotos no es, por supuesto, la única manera de donar. Por ejemplo, si instalas la app iCucko cada vez que suene la alarma de tu despertador y la pospongas para disfrutar de esos 5 minutitos más en la cama, la aplicación añade la cantidad de dinero que hayas especificado previamente. Una vez hayas acumulado días de remoloneos y llegues a una cifra redonda, la app te pregunta si deseas entregársela a alguna organización. Nada mejor para no sentirse culpable los días de pereza matutina, ya que a fin de cuentas, con este despertador solidario estarás acumulando granitos de arena para una buena causa cada vez que no quieras despegarte de las sábanas.

Y para que las apuestas entre amigos no caigan en saco roto, una solución: la app Budge Challenge hace que la pregunta “¿qué te apuestas?” sea más fácil de responder y de cumplir. Gracias a esta aplicación, el perdedor de cualquier reto que quieras establecer tendrá que hacer una donación, destinándola donde guste a través de su plataforma. Si el Ice Bucket Challenge sirvió para descubrir el gen que provoca el ELA, imagina todo lo que sería posible hacer sumando todas y cada una de las apuestas con las que bromeamos cada día.

5. Ayuda a refugiados

Lamentablemente forma parte de los titulares cada día: millones de personas se ven obligadas a dejar sus hogares huyendo de la guerra, el hambre o las insostenibles condiciones de vida en sus países de origen. Desde el primer mundo, observamos con impotencia cómo los gobiernos gestionan solicitudes de asilo, los esfuerzos de las instituciones y ONGs para aliviar las durísimas condiciones de vida de los centros de refugiados, y la llegada, día tras día, de familias enteras rogando por un futuro. ¿Qué puede hacer una persona normal y corriente contra una crisis de tales magnitudes? Puede que no mucho, pero no está de más intentarlo, o al menos saber que existen pequeños gestos para hacerles la vida más fácil.

Durante los últimos meses han aparecido diferentes iniciativas en forma de aplicaciones móviles que intentan ayudar, de una y otra manera, a los refugiados. Por ejemplo, en Alemania la app Ankommen, creada por varias instituciones como el Goethe Intitut o la Oficina Federal de Refugiados, permite a los recién llegados conocer las normas sociales y jurídicas del país, aprender un nivel básico de alemán, informarse sobre cómo realizar la petición de asilo o buscar  trabajo, y  con características muy similares, en Australia se lanzó la aplicación New Roots, desarrollada por las ONG Settlement Services International (SSI).

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A pesar de lo reducido del equipaje de los refugiados, casi todos tienen teléfonos móviles, pudiendo utilizar este tipo de apps.

También  teniendo como meta la integración de refugiados, en España se está llevando a cabo el proyecto de web y app OpenSpain. Está siendo desarrollada por jóvenes profesionales y estudiantes de países como Siria, Iraq, Irán, Sahara, Venezuela y España con la colaboración de Telefónica Red.es, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, ACCEM y Madrid International LAB, poniendo énfasis en la integración desde la integración.

apps-para-cambiar-el-mundo-acnurPor otro lado, a parte de las app destinadas a facilitar la integración de los refugiados,  la Agencia de Ayuda al Refugiado de Naciones Unidas (ACNUR) ha creado una aplicación cuyo objetivo es la concienciación de la población de los países de acogida.  Mi vida como refugiado es un juego interactivo que nos reta a tomar las mismas decisiones que aquellas personas que viven en situaciones extremas, ayudándonos a ponernos en la piel del otro y concienciando a la sociedad sobre los motivos que provocan que  los emigrantes que llaman ahora a las puertas de Europa.

6. Por la sostenibilidad medioambiental

A (casi) todos nos gustaría que se plantaran más árboles, que reciclar fuera sencillo y poder reducir las emisiones de CO2 con las que estamos deteriorando la capa de ozono. En definitiva, la mayoría querríamos contribuir a un medio ambiente sostenible, y por mucho que en el fondo nos parezca que el destino de la Tierra depende de las grandes empresas, lo cierto es que sí podemos ayudar a su conservación.

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La app Recyclart, con infinitas creaciones a partir de materiales reciclados

Por ejemplo, en España la app GuiaReciclaje (creada por Ecoembes), hace más fácil saber dónde tirar todas esas cosas que no tenemos muy claro dónde dejar. Lo de los bricks, las pilas o los restos orgánicos lo tenemos más o menos incorporado, pero ¿qué hacemos con todo lo que no son ni restos orgánicos ni envases?  Filtrando sobre las características del residuo que tenemos que desechar, nos lleva al final a una pantalla donde nos indica en qué contenedor tenemos que depositarlo. Si en lugar de tirar a la basura lo que ya no usas prefieres darle una nueva vida, prueba la app Recyclart, donde se ofrecen miles de ideas DIY para crear sorprendentes objetos utilizando materiales reciclados. Desde juguetes de aluminio a partir de latas de refresco, pasando por mesitas de café hechas de cajas de zapatos, hasta lámparas que utilizan el plástico de bolsas. Cualquier cosa sirve para intentar hacer de los desperdicios algo útil, creativo e incluso bonito.

Por otro lado, si lo que buscar es llevar a cabo una actitud un poco más ecológica y reducir tus emisiones de CO2, aplicaciones como EcoSpeed o GreenMeter sirven para ahorrar gasolina, y de paso contaminar menos detectando la eficiencia del uso de combustible.

Y para terminar con esta sección de apps “verdes”, ¿qué mejor que plantar árboles jugando? La aplicación Tree Planet, creada en 2010 en Corea del Sur, es un entretenido juego en el que el objetivo es sembrar árboles, pero lo bueno es que cada vez que uno crece en el mundo digital, las organizaciones colaboradoras siembran un árbol en la vida real. Gracias  a este sencillo mecanismo, sus organizadores dicen haber plantado más de 460.000 árboles en ocho países, contribuyendo así a la reforestación de 38 bosques en diferentes partes del mundo.

7. Para hacerte oír, apps de denuncia ciudadana

¿Qué hacer si presenciamos a un energúmeno maltratando a un animal? En España, la app Alerta Animal, creada por el  Observatorio Justicia y Defensa Animal ya ha gestionado más de 400 denuncias. Con esta aplicación, cualquier persona que sea testigo de un caso de maltrato o abandono animal puede hacerlo llegar al equipo jurídico del observatorio de forma gratuita y anónima, para que éstos puedan llevar a cabo las medidas oportunas. Sin embargo, ésta no es la única app de denuncia ciudadana, ya que durante los últimos años, varias decenas de desarrolladores han lanzado diferentes servicios destinados a hacer más sencillo y seguro alertar sobre injusticias.

Los enfrentamientos entre manifestantes negros y la policía en Estados Unidos se han saldado con varias muertes, poniendo de manifiesto la permanencia de un latente conflicto racial englobado bajo el Black Lives Matter.  Estos lamentables incidentes también sacaron a la palestra otra batalla, una lucha que reivindica el derecho a grabar y difundir vídeos que denunciaran la brutalidad policial. Con el fin de proporcionar a los ciudadanos estadounidenses el respaldo institucional y legal necesario para ejercer sus denuncias, la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) lanzó la aplicación Justicia Móvil, diseñada específicamente para filmar interacciones con la policía y frenar los abusos.

Ésta no es la única app que ha promocionado la libertad de expresión promoviendo la denuncia ciudadana a través de dispositivos móviles. Por ejemplo, en Venezuela, la organización Transparencia Venezuela ha desarrollado la aplicación Dilo aquí, que permite a las víctimas o testigos de un caso de corrupción, denunciar el hecho o dar el aviso de forma anónima. Otros países como Honduras, también disponen de su propia plataforma “dilo aquí”, y en lugares como México, donde el pago de “mordidas” es una práctica lamentablemente bastante habitual, aplicaciones como Denuncia Ciudadana, sirven para presentar quejas formales en contra de servidores públicos que presenten conductas indebidas o actividades de corrupción.

8. Y las que quedan por llegar…

Esta pequeña lista es tan sólo un repaso a algunas de las mejores aplicaciones útiles para todo aquel que quiera cambiar el mundo, pero lo más probable es que lo mejor esté aún por llegar.  ¿Conoces alguna que merezca la pena mencionar y no esté incluida en la lista?, ¿qué app te gustaría que desarrollaran en un futuro? Buenas ideas de futuro, innovación y cambio, sean bienvenidas.

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