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Howl, el aullido de la revolución beat

Clara Paolini

“I saw the best minds of my generation destroyed by madness, starving hysterical naked, dragging themselves through the negro streets at dawn looking for an angry fix angelheaded hipsters burning for the ancient heavenly connection to the starry dynamo in the machinery of the night…”

Estos son los primeros versos de Howl (Aullido), estandarte de la Generación Beat con el que Allen Ginsberg insufló nuevos y polémicos aires a la literatura. Letras convulsas, proféticas y rabiosas que dan la bienvenida a uno de los poemas más famosos del siglo XX.

howl-aullido-allen-gingsberg-cartoonGinsberg vio a las mejores mentes de su generación “destruidas por la locura, famélicos histéricos desnudos, arrastrándose de madrugada por las calles de los negros en busca de un colérico picotazo…”. Nosotros, hemos visto a las mejores mentes de la nuestra devorar sus versos durante la adolescencia, sintiendo una inexplicable atracción hacia su prosa ágil, enrevesada, sucia y provocadora.

Desde Bukowski a Irvine Welsh, son muchos los autores que han demostrado que no hay nada mejor para el ávido lector adolescente que la palabra explícita revelando oscuros tabúes. Y si además se utiliza una forma poética inspirada en Leaves of Grass de Walt Whitman y consigue calar en la percepción de los estados de conciencia, como lo haría William Blake, el poema se torna un viaje (en el sentido más amplio de la palabra), cuyo éxito está casi garantizado.

La primera edición de Howl, que este otoño cumple su 60 aniversario, costaba solo 75 centavos, pero había algo de incalculable valor entre sus páginas. Fue un alarido incómodo y estridente que retumbó en la conservadora sociedad estadounidense tras la II Guerra Mundial, donde algunos jóvenes ya empezaban a sembrar las semillas de la corriente hippie que florecería poco más tarde.

…who passed through universities with radiant cool eyes hallucinating Arkansas and Blake-light tragedy among the scholars of war, who were expelled from the academies for crazy & publishing obscene odes on the windows of the skull…

Escrito en 1955, el poema fue publicado un año después por la editorial de San Francisco City Lights, de la que Lawrence Ferlinghetti, poeta y amigo de Ginsberg, era copropietario.

Pero las primeras copias fueron confiscadas; Alarido y Otros Poemas, fue sometido a juicio por obscenidad. Ocurrió de verdad, tal y como reproduce de forma fiel la película dirigida por Rob Epstein y Jeffrey Friedman con James Franco encarnando a un jovencísimo Ginsberg.

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Lawrence Ferlinghetti en frente de la librería City Lights, San Francisco 1957. (Foto: City Lights Blog)

En la sala del juzgado se reunieron expertos para discutir el valor literario del poema, la necesidad de usar tal o cual palabra, y en definitiva, dilucidar los límites entre obscenidad y libertad creativa. Sesenta años más tarde, para los más  jóvenes resulta casi descabellado que un poema pueda llegar a ser el motivo de celebración de un juicio, pero a finales de los 50, gran parte de lo que contenía el texto superaba lo “aceptable”. Drogas, sexo homosexualidad, alguna que otra blasfemia… Si en San Francisco Howl levantó revuelo, en la España franquista de aquel entonces era inimaginable que llegara a publicarse, y como bien señaló Bernardo Atxaga en un homenaje al poema, de haber llegado a hacerlo, Howl hubiera sido un auténtico ovni.

…who let themselves be fucked in the ass by saintly motorcyclists, and screamed with joy, who blew and were blown by those human seraphim, the sailors, caresses of Atlantic and Caribbean love…

Durante el juicio, un destacado crítico del momento fue llamado a declarar. Tras escuchar uno de los pasajes especialmente explícitos sobre culos y peyote, se vio obligado a contestar bajo juramento la siguiente pregunta: “¿Cree que el poema valor literario?, ¿trascenderá?”. El crítico adivinó con honestidad el destino del poema: “No puedo predecirlo, pero le aseguro que este juicio le ayudará a perdurar”. 

La demanda no era hacia el autor, sino hacia Ferlinghetti, su editor, quién salió del paso de forma exitosa cuando el juez Clayton dio su veredicto: El poema es “inocente” de obscenidad. El resultado del juicio fue una afirmación de la libertad individual y la expresión creativa, y por lo tanto, una bandera de rebelión contra la mera reproducción de buenas maneras que otros se esforzaban por patrocinar. El legendario poema de Ginsberg, fue una encrucijada en la historia de la poesía norteamericana y su influencia poética, cívica, social, cultural, incluso sexual, se propagó como un incendio cruzando fronteras progresivamente. Desde entonces, Howl se ha erigido casi como una reliquia sagrada.

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Versión transcrita a máquina de Howl, incluida en la edición de Harper Perennial por el 50 aniversario . (Foto: Clara Paolini / The Objective)

En el sexagésimo aniversario de su publicación, Howl parece haber conservado su rabiosa juventud, convertido, y quizá idealizado, en símbolo de un estilo y una actitud literaria libre e irreverente. Con Jack Kerouac como Quijote, a quien ‘Sancho’ Ginsberg conoció en la universidad de Colombia, y con William Burroughs como acompañante, tanto Ginsberg como el resto de beats dieron salida a movimiento basado en el ritmo jazz, la plasmación de un flujo de pensamientos, vivencias espontáneas y el renacimiento de una literatura que diera sentido a la libertad en su máxima expresión.

Ginsberg escribió Howl cuando tenía 29 años, haciendo un esfuerzo por hacer brotar las palabras como si nadie, o más concretamente su padre (también poeta), las fuera a leer. Según grabaciones luego reproducidas en el documental, Ginsberg opinaba que la única manera de alcanzar la libertad creativa, la auténtica inspiración, es “no distinguir lo que le cuentas a tus amigos y lo que les cuentas a tus musas, escribir de la forma que eres”.

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Allen Ginsberg fotografiado por William Burroughs en el ático de su apartamento del Lower East Side en 1956. (Foto: National Gallery of Art website)

Durante una época, Ginsberg trabajó como copy en la agencia Associated Press, pero vivía con yonkis y ladrones, mantenía relaciones con homosexuales con quien se le pusiera a tiro y llegó a contagiarse en pequeña medida del impulso autodestructivo de quien se sabe joven y rebelde con o o sin causa.

Ginsberg escribió Howl no sólo como un canto a la libre expresión en general, sino también como un devenir un acuerdo con su propia identidad, lo que resultaba todo un atrevimiento si pensamos en la percepción acerca de la homosexualidad en una época en la que aún se contemplaba como delito. Tras verse involucrado en un robo, Ginsberg conmutó su pena por el internamiento en un psiquiátrico por 8 meses, de donde salió prometiendo falsamente que sería heterosexual y aún más importante, habiendo conocido a Carl Solomon.

“…Carl Solomon! I’m with you in Rockland where you’re madder than I am, I’m with you in Rockland where you must feel very strange, I’m with you in Rockland, where you imitate the shade of my mother…”

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Un jovencísimo Allen Ginsberg en un barco en el puerto de Nueva York, 1947. (Foto: National Gallery of Art website)

Es a Solomon a quien dedica el poema y quien es el protagonista de la tercera parte: “¡Carl Solomon! Estoy contigo en Rockland”. ¿Pero quién es Carl Somolon? Se trata del hombre que conoció internado en el psiquiátrico Greystone Park de New Jersey, en Rockland. La historia de Solomon es la de la materia bruta de la poesía, el hombre que le recuerda a su propia madre para la que el mismo Ginsberg firmó una autorización para la lobotomía, el doppelgänger que le muestra el camino que el poeta se encargará de relatar.

Las convulsas palabras amalgamadas que construyen Howl hablan de toda una generación, de un deseo y un ansía de libertad, pero por encima de todo hablan del propio Ginsberg  y de quienes le rodean.

Convertido en símbolo, puede que sea uno de los poemas más homenajeados por artistas de todas las disciplinas contemporáneos o posteriores a Gingsberg, quienes han utilizado el aullido como excusa formal o contenedora de significados: Con motivo del sesenta cumpleaños de Ginsberg, el polifacético John Cage reinventó el poema Writing through Howl (escribiendo a través del aullido), Patti Smith ha recitado en más de un concierto el Footnote To Howl y en un contexto 100% contemporáneo, la banda de rock  Black Rebel Motorcycle Club utilizó el mismo nombre del poema para darle título a su disco del 2005. Los homenajes, referencias y pastiches son incontables.

Algunos dicen que Howl está sobrevalorado, que es un hype de dudosa calidad literaria, que su éxito se debe a la extendida tendencia de convertir la contracultura en producto de masas. Y en cierta medida, no se equivocan.  En 1956 Howl era un texto subversivo, pero 60 años después no nos extrañaría verlo impreso en una camiseta de H&M. Nació como poema radicalmente ofensivo y seis décadas más tarde, ya no existen lectores ofendibles cuyo miedo e indignación sigan llevando su esencia a la vida. ¿Ha perdido por ello su relevancia y valor?

Ginsberg no es a Celan, ni Vallejo, ni Rilke, pero he visto a las mejores mejores mentes de mi generación alabar un aullido que permanece pertinente. Es un grito desgastado, mercantilizado e idealizado, sí, pero al menos nos recuerda que hace 60 años los jóvenes todavía creían en eso de la libertad.

Para quien quiera leer el poema completo, aquí la versión original en inglés y traducido al español.

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Este es Moussa Oukabir, el principal sospechoso del atentado de Barcelona

Redacción TO

Tras las tres detenciones relacionadas con el atentado de Barcelona de este jueves, que ha causado la muerte de 13 personas, las autoridades buscan ahora a Moussa Oukabir, hermano de uno de los detenidos, Driss Oukabir, como presunto conductor de la furgoneta con la que se perpetró el ataque, según han informado fuentes policiales a la agencia Efe.

Moussa Oukabir, de 17 años, se encuentra fugado, y las autoridades lo consideran peligroso. Al parecer, tras cometer el atentado, el sospechoso abandonó el centro de Barcelona cubierto con una gorra y a la carrera.

Driss Oukabir, el hermano de Moussa, ha sido detenido en Ripoll, Gerona, en relación con el atentado. Sin embargo, Driss asegura que su hermano, menor de edad, le robó el pasaporte para poder alquilar dos furgonetas, una de las cuales fue utilizada para arrollar a cientos de personas en La Rambla de Barcelona.

Este es Moussa Oukabir, el principal sospechoso del atentado de Barcelona 1
Driss Oukabir, el hermano de Moussa, fue detenido en Ripoll. | Foto: AFP

Ahora los investigadores están tratando de determinar si Driss participó de algún modo en el terrible atentado o si fue realmente su hermano quién utilizó su documentación para alquilar las furgonetas e incriminarlo a él.

La cuenta de Facebook de Moussa Oukabir ha sido cerrada por la red social pocas horas después del atentado. En ella se podía observar que Moussa nació en Ibiza, que vive en Ripoll, donde se ha detenido a su hermano y que estudia en la Universidad de Barcelona, pero el único dato que ha podido ser comprobado es el de su lugar de residencia. Los dos hermanos están registrados como residentes en el consulado marroquí de Gerona.

Además, Moussa contaba con una cuenta en la red social Kiwi, una aplicación de preguntas y respuestas en la que se mostraba como @moussastreetboy. En una de las últimas informaciones, de hace dos años, un usuario le preguntaba: “En tu primer día como reina/rey absoluto del mundo, ¿qué harías?”, a lo que él contestó: “Matar a los infieles, solo dejar a los musulmanes que sigan la religión”, informa Efe.

Las primeras investigaciones sobre la autoría de los dos atentados de Barcelona y Cambrils apuntan a un grupo compuesto por 12 personas, cinco de las cuales fueron abatidas por la policía en un tiroteo en la localidad de Cambrils, y otros tres detenidos. Por tanto, además de al conductor de la furgoneta, supuestamente Moussa Oukabir, las fuerzas de seguridad buscan a otros tres sospechosos.

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La furgoneta y la fascinación tecnológica

Antonio García Maldonado

En el inicio de la película Body of Lies (2008), un oficial de inteligencia de Estados Unidos se dirige ufano a sus superiores, a los que pide un cambio de enfoque en la lucha contra el terrorismo islamista en plena ola de insurgencia tras la invasión de Irak. Les explica que, frente a nuestra fascinación por las tecnologías y los avances en el espionaje electrónico, el enemigo se mueve con costumbres de la Edad Media, se comunica con papelitos y con códigos culturales propios absolutamente ajenos a nosotros. De modo que, a su juicio, se impone una vuelta al terreno distinta, con un mayor esfuerzo por atenuar los sesgos analíticos occidentales y más conocimiento de la cultura y las formas de pensar, sentir y actuar del enemigo. Esa vuelta a lo rudimentario sería, según el analista, uno de los grandes movimientos estratégicos del yihadismo.

Sabemos que muchos yihadistas sí utilizan las nuevas tecnologías, y de hecho es Internet una herramienta básica de radicalización y captación. Pero el razonamiento del oficial no está exento de argumentos válidos tras el atentado de ayer en Barcelona, que se suma a los producidos en Europa estos años: se han utilizado camiones, cuchillos, martillos y armamento básico. De hecho, la película anticipa este escenario de atentados yihadistas permanentes en mercados y centros comerciales de las ciudades europeas.

Por razones comprensibles con el auge de Internet, la cibercriminalidad y el Big Data, en las labores de recogida de información ha primado un enfoque que prioriza perfiles tecnológicos o técnicos (ingenieros, matemáticos, estadísticos) frente a los perfiles más clásicos de la inteligencia, que provenían bien del ejército o bien de carreras humanísticas. En cualquier caso, perfiles en principio más acordes con una vuelta a ciertos orígenes en la inteligencia sobre el terreno que los nuevos tiempos parecen reclamar a criterio del protagonista de la película. En este sentido, la inteligencia ha recorrido un camino similar al de la sociedad en la relegación de antropólogos, filósofos o periodistas.

Las nuevas tecnologías y la información compartida son esenciales, nadie lo duda. Las fronteras clásicas entre inteligencia exterior e interior en las que se había dividido hasta hace pocos años el sector, se han difuminado. Y por tanto, las fronteras entre los distintos servicios cuando asumen retos globales. Fueron los servicios italianos quienes advirtieron de la peligrosidad de uno de los terroristas del puente de Londres, y según informaba ayer El Periódico, la inteligencia americana había avisado a los Mossos de un posible atentado inminente en Las Ramblas.

Pero en la época de la cibercriminalidad, los smartphones, los hackers y la fascinación tecnológica, el factor humano y humanístico, la cultura en su acepción más clásica, sigue siendo esencial, también para nuestra seguridad.

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7 poemas cantados para recordar a Federico García Lorca

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Fundación García Lorca

La madrugada del 18 de agosto de 1936, uno de los grandes poetas y escritores españoles de la generación del 27, Federico García Lorca, era fusilado en algún lugar entre las localidades de Víznar y Alfacar, en Granada, y enterrado en una fosa común. Su cuerpo sigue sin aparecer a día de hoy. El irlandés Ian Gibson, uno de los mayores especialistas en la vida de Lorca, contaba en su biografía que oficialmente, Federico García Lorca murió por “ser espía de los rusos, estar en contacto con éstos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual”. No muchos lo saben, pero su nombre real era Federico del Sagrado Corazón de Jesús, así lo bautizaron sus padres, era licenciado en derecho y, si bien nunca militó en ningún partido, desde muy joven fue un firme defensor de las clases bajas.

Desde The Objective, te ofrecemos siete poemas para recordar a este gran poeta granadino que han sido cantados por grandes referentes del panorama musical español.

Canción del jinete

El cantautor valenciano Paco Ibañez, reconocido activista de izquierdas, puso música a este poema de Lorca. Ibañez, de 82 años de edad, Ha dedicado casi íntegramente su trayectoria artística a musicalizar poemas de autores españoles e hispanoamericanos, tanto clásicos como contemporáneos. Entre sus canciones se pueden encontrar versos de Rafael Alberti, Antonio Machado, León Felipe, Gloria Fuertes, Miguel Hernández, Luís de Góngogra, Blas de Otero y Federico García Lorca, entre otros.

En 1983 el ministro de Cultura del Gobierno de Miterrand le otorgó la medalla del Orden de las Artes y las Letras, pero nunca la aceptó. “Un artista tiene que ser libre en las ideas que pretende defender. A la primera concesión pierdes parte de tu libertad. La única autoridad que reconozco es la del público y el mejor premio son los aplausos que se lleva uno a casa”.

En la luna negra

de los bandoleros,

cantan las espuelas.

Caballito negro.

¿Dónde llevas tu jinete muerto?

Romance del amargo

Uno de los grandes referentes del flamenco español, el gaditano José Monje Cruz, más conocido como Camarón o Camarón de la Isla, puso voz a este poema. El 2 de julio de 2017, se cumplieron 25 años de su muerte. La canción forma parte de la leyenda del tiempo, el décimo álbum del cantaor y considerado una de las obras más importantes de la historia del flamenco.

El veinticinco de junio

le dijeron al amargo,

ya puedes cortar si quieres

las adelfas de tu patio…

Los cuatro muleros

Si bien no es un poema propio de García Lorca, si no que es una composición tradicional de origen popular y autoría desconocida, el poeta granadino, en 1931, años antes de la Guerra Civil española,  lo grabó junto a Encarnación López ‘La Argentinita’, acompañándola al piano, para su álbum Colección de Canciones Populares Españolas. Dicen que ‘La Argentinita’ estaba muy vinculada a artistas y escritores de la Generación del 27, participando en sus veladas donde mezclaban lírica, música y coreografía.

De los cuatro muleros

que van al campo,

el de la mula torda,

moreno y alto.

De los cuatro muleros

que van al agua,

el de la mula torda,

me roba el alma…

Gacela del amor desesperado

El compositor y cantautor leonés Amancio Prada, cuya carrera se dio a conocer en los años 70 en París, donde estudió sociología, canta este poema de Lorca.

La noche no quiere venir

para que tú no vengas

ni yo pueda ir.

Pero yo iré

aunque un sol de alacranes me coma la sien.

Pero tú vendrás

con la lengua quemada por la lluvia de sal…

No me encontraron

Dicen que Lorca vaticinó su muerte en este poema. El poeta granadino, asesinado en la madrugada del 18 de agosto de 1936 por militares golpistas, parece hablar del crimen en los versos escritos durante su estancia en la Universidad de Columbia. El poema fue escrito hacia 1930, cuando todavía nadie podía imaginar que España se vería inmersa en una Guerra Civil (1936-1939). Junto a Lorca, fueron fusiladas otras tres personas, los banderilleros Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas; y el maestro de Pulianas Dióscoro Galindo Monge.

El cantaor catalán Miguel Poveda pone voz a este poema.

Cuando se hundieron las formas puras

bajo el cri cri de las margaritas,

comprendí que me habían asesinado.

Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,

abrieron los toneles y los armarios,

destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro

Ya no me encontraron…

Romance sonámbulo

Esta es una rumba que se basa en un poema de Federico García Lorca, cantada y tocada por los madrileños Ketama, un grupo musical gitano español de flamenco-fusión formado a principios de la década de los 80, acompañados de José Manuel Ortega Heredia, de nombre artístico Manzanita, un cantante también madrileño que se caracterizó por su voz rota y una especial habilidad tocando la guitarra.

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda,

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas le están mirando

y ella no puede mirarlas…

La leyenda del tiempo

El granadino Enrique Morente fue considerado uno de los grandes renovadores del flamenco. Entre los círculos que frecuentaba muchos le conocían como ‘el granaíno’ y esta, es una de las canciones que pertenecen a su álbum ‘Lorca’, de 1998, dedicado al poeta.

Nadie puede abrir semillas

en el corazón del sueño.

El sueño va sobre el tiempo

flotando como un velero.

¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!

¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

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El recuerdo eufórico y arrepentido de un periodista adicto al crack

Jorge Raya Pons

Foto: Reuters

David Carr vivió una larga cuesta abajo disparado y sin frenos cuando descubrió los senderos de la droga, que le transformaron en un hombre terrible. Muchos años después, siendo un periodista exitoso y reverenciado en The New York Times, quiso explorar aquella sala oscura que era su pasado y abordarla en un libro que se llamaría La noche de la pistola, editado ahora en España por esa caja de sorpresas que es Libros del K.O. Carr viajó a los lugares donde vivió, entrevistó a docenas de personas que conocieron al antiguo yo y le quitó el polvo a un buen puñado de documentos archivados que incluían fichas policiales y sentencias.

No es sencillo encontrar personas tan esforzadas por alcanzar un grado tan elevado de autoconsciencia. David Carr era –fue– un maltratador –golpeó a dos de sus exparejas– y un yonqui, un periodista extraordinario y un padre entregado. Tendemos a imaginar que hay todo un mundo entre los polos, y sin embargo está a un tiro de coca de distancia. En este libro, Carr rescata un puñado generoso de experiencias especialmente repugnantes. Como el día en que olvidó a sus hijas en el coche cuando hizo una visita nocturna a su camello, con quien pasó la noche entera. Cuando salió de la casa, las niñas continuaban allí, en sus sillitas, vestidas con sus monos de invierno.

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David Carr, junto a sus hijas, Erin y Meagan. | Fuente: Archivo de David Carr

En otro momento, el periodista cuenta la historia emotiva, reveladora y profundamente trágica de su amigo Dave, a quien conoció en desintoxicación y de quien escribe que “tenía hijos” y le enseñó “muchas cosas, no solo sobre ser padre, sino sobre ser un hombre de verdad”. Dave fue una mano tendida en su rehabilitación: cuidó de él, cuidó de las niñas, se aseguró de que asistiera a cada una de las reuniones. Los años pasaron, Carr logró recuperarse, y ambos tomaron distancia.

Algunos años después, Carr visitó a Dave; un amigo común le avisó de que era momento de hacerlo. Dave estaba en su cama, hinchado y sin fuerzas y terriblemente enfermo. Hablaron de las niñas, de deporte, y prometieron volver a verse otro día. Carr se despidió, y supo en ese momento que no volverían a verse. Así que le dijo: “Te debo todo lo que tengo en el mundo. Has hecho mucho. Ahora puedes descansar”. Y se marchó.

Es posible que David Carr carezca del virtuosismo literario de Burroughs y de tantos otros que exploraron la mística y la ruina de la adicción a las drogas. Pero tampoco importa: Carr lo hace con una honestidad brutal, abriéndose en dos y exponiéndose sin reparos. Y aunque a menudo cae en la bravuconería y en un punto nada lejano a la autocomplacencia, el libro deja a las claras que su vocación principal es la expiación de sus pecados. Una confesión larga y documentada ante Dios y ante sus lectores.

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La noche de la pistola, de David Carr (Libros del K.O.) | Foto: The Objective

Carr, que tantos méritos hizo para morir en una sobredosis, o en una pelea entre colgados, o en un accidente de tráfico, que sobrevivió a un cáncer particularmente agresivo y que recayó en el alcoholismo, murió muchos años después, en 2015, tras desplomarse por un infarto frente a su mesa en el Times. Tenía 58 años.

Carr escribió un libro valiente. Detrás de sus gemelas, que crecieron felices y fueron a la universidad –he obviado que crecieron entre jeringuillas; su madre también era yonqui–, su gran legado es este libro que sirve como advertencia: hay épica y diversión con las drogas, pero solo antes de crear descontrol y una probabilidad muy alta de destrucción. Su amigo Ike se lo dijo en otras palabras: “¿Vas a ser leal a un jodido concepto como el de ser artista? ¿O vas a ser leal a unos seres humanos de los que eres responsable?”. Y Carr, casi en los últimos párrafos, escribe: “Siempre te dicen que tienes que curarte por tu bien, pero lo único que me permitió dejar de hacer el imbécil fue recordar que otras personas dependían de mí”. Este libro es la declaración de amor a sus hijas.

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