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Hunter S. Thompson, un salvaje alarido de libertad y parodia

Jorge Raya Pons

Escribió Tom Wolfe que la vida de Hunter S. Thompson, como su obra, fue “un alarido largo y salvaje de libertad y parodia”. Wolfe y Thompson, con esas personalidades tan opuestas, mantuvieron una amistad extraña que solo se explica por la admiración que se profesaban.

Después de la muerte de Hunter el 20 de febrero de 2005 -se cumplen doce años-, Tom relató en The Wall Street Journal cómo se conocieron un día de primavera de 1969. Wolfe quedó rendido ante el libro arriesgado y meritorio que el periodista rebelde había escrito sobre su experiencia como infiltrado en los Ángeles del Infierno, una banda criminal de moteros, y decidió invitarlo a una comida en un restaurante de Nueva York. Caminaban juntos hacia The Brazilian Coffee House, atravesando la calle 46 Oeste, cuando Hunter decidió interrumpir el paso y entrar en una tienda náutica. Tom esperó fuera y contuvo su interés cuando Hunter regresó con una bolsa de compra. Una vez en la mesa, Wolfe no pudo resistirse:

—Dime, Hunter, ¿qué tienes ahí dentro?

“Tengo algo que podría vaciar este restaurante en 20 segundos”, respondió. Luego abrió la bolsa y sacó un botecito insignificante, algo parecido a una lata con espuma de afeitar, y decidió presionarlo. En ese momento, como recuerda Wolfe, nadie salió corriendo de la sala: simplemente quedaron congelados. Hunter hizo sonar una bocina de alarmas de la Marina audible a 35 kilómetros… en el agua.

Ejemplar de su libro sobre los Ángeles del Infierno. (Fuente: Wikipedia)
Ejemplar de su libro sobre los Ángeles del Infierno. (Fuente: Random House)

Esta fue la primera impresión que Tom se llevó de Hunter, que trabajó con dedicación y sin descanso durante sesenta y siete años para construir su templo. El autor de Miedo y asco en Las Vegas ejerció un periodismo agresivo y sin dogmas, a todas luces genuino, que puede resumirse en una premisa clara: “No hay disturbios hasta que uno los provoca”. Un periodismo que situaba al periodista en el centro de la acción, que lo convertía en el motor de los hechos; un estilo que terminó por bautizar como gonzo –son diversas las teorías sobre el origen de la idea- y que despertó el interés de publicaciones como Rolling Stone o Playboy, revistas hambrientas de innovaciones narrativas.

A principios de los 70, Tom Wolfe, que muchos años después definió a Thompson como “el mejor escritor cómico en lengua inglesa del siglo XX”, realizó un esfuerzo homérico tratando de reunir en un libro algunos ejemplos elocuentes de lo que consideraba una generación única de periodistas norteamericanos, algunos hombres -y todavía muy pocas mujeres- que estaban explorando las fronteras que separaban al periodismo de la literatura, que comprendían el arte de la crónica y la entrevista como un género literario en sí mismo. Hunter estaba en su lista, pero, lejos de celebrarlo, decidió escribirle una carta invitándole amistosamente a olvidar su nombre:

“Querido Tom…

[…]

Voy a hacer que tus fémures queden hechos astillas si vuelves a mencionar mi nombre en relación con esa cosa (no dice cosa) horrible del “nuevo periodismo” que andas promoviendo.

Ay, ¡esa codicia, esa maldad! ¿Cuándo va a terminar? ¿Qué carga mugrienta tiene tu alma que te hizo caer tan bajo? ¡El doctor Bloor tenía razón! ¡Las hienas se están apoderando del mundo! ¡¡¡¡Ay, Jesús!!!! ¿Qué más puedo decir? ¡Excepto advertirte, una vez más, que el martillo de la justicia amenaza, y que tu sucio traje blanco se convertirá en un sudario en llamas!

Cordialmente, Hunter”.

Thompson era apasionado y libre y tenía el carisma necesario para ser un aficionado a las armas y mantener la admiración de sus camaradas hippies. El día después de que Hunter se suicidara con un disparo de escopeta, como su venerado Hemingway, a sus amigos no les quedó otra salida que hacer cumplir su última voluntad: esparcir bien alto sus cenizas en unos majestuosos fuegos artificiales.

Los mejores 'memes' del zasca de Rajoy a Espinar

Redacción TO

Foto: ERIC VIDAL
Reuters

Mariano Rajoy y Ramón Espinar, portavoz de Unidos Podemos en el Senado, se han enzarzado esta tarde en la Cámara Alta y, según los jueces de internet, el peor parado ha sido el más joven, que no ha visto venir el zasca dialéctico del presidente. Aunque no le ha faltado apoyo en forma de tuits.

En el debate ha habido gritos, aplausos y recriminaciones constantes, pero la contienda verbal ha terminado por acaparar todas las miradas. Espinar ha comenzado acusando al presidente del Gobierno de “usar en beneficio propio algunas instituciones del Estado”, como la fiscalía, para controlar los casos de corrupción, y le ha invitado a irse “a su casa”

Rajoy, ni corto ni perezoso, ha devuelto la acusación recordándole, primero, la condena de su padre por el caso de las tarjetas black y, segundo, su famosa polémica con la Coca-cola, que se remonta a cuando vieron a Espinar con botellas de este refresco después de llamar a su boicot por los despidos en las plantas de producción madrileña. Con este golpe directo ha nacido el hashtag , y la imaginación de los tuiteros se ha disparado.

Descubre cuántos datos gastas al usar Spotify

Lidia Ramírez

Foto: Spotify

Spotify se ha convertido en un imprescindible para muchos usuarios de smartphone. Con un catálogo de música gigantesco por una tarifa mensual o, en su defecto, el disfrute de miles de canciones mediante el modo freemium con anuncios intercalados, el servicio líder de música en streaming  ha convencido a 100 millones de usuarios que a golpe de play aprovechan cualquier momento para escuchar sus canciones favoritas. Sin embargo, el uso de este servicio tiene la contrapartida de que consume una gran cantidad de datos si no disfrutas de una cuenta Premium. Sin embargo, ¿te has parado alguna vez a pensar cuántos datos consume exactamente la aplicación?

Dependiendo de la calidad de audio

Los datos que consume Spotify dependerá de la calidad con la que estemos escuchando el contenido.

  • Calidad baja: 96 kilobits (Kbps), supone un gasto por hora de reproducción de unos 43 megas.
  • Calidad alta: 160 Kbps, supone un gasto de unos 72 megas a la hora.
  • Calidad máxima: 320 Kbps, supone el gasto de 144 megas por hora reproducida. Esta opción sólo está disponible para cuenta Premium.

¿Cómo controlar los datos de Spotify?

  1.  Verificar el uso de datos móviles

Puedes hacer un seguimiento de la cantidad de datos que vas gastando al escuchar la aplicación y, de esta forma, elegir la calidad de escucha. Esto lo podrás comprobar en Ajustes Datos móviles.

La cantidad de datos hace uso de Spotify

             2. Seleccionar la calidad de la música

Para ello deberás abrir la aplicación de Spotify en tu teléfono e ir a configuración, que la encontrarás en la esquina superior derecha una vez que hayas pinchado en tu biblioteca. Una vez ahí, en la parte inferior de la pantalla, aparecerá calidad de la música. La opción más aconsejable es la de calidad automática, pero si tienes un plan apretado la mejor apuesta es la de calidad baja. 

La cantidad de datos hace uso de Spotify

        3. Escuchar música sin conexión

La manera más idónea de escuchar tus canciones favoritas sin gastar datos es hacerlo en modo sin conexión. Sin embargo, esta opción sólo está disponible para suscriptores Premium, que podrán descargar listas, álbumes y podcasts sin gastar datos.

Síndrome del impostor: incluso Neil Armstrong creyó ser un fraude

Redacción TO

Foto: AP Photo

Cuenta el escritor Neil Gaiman en su blog una anécdota curiosa. Estaba en una convención de tres días rodeado de artistas y científicos, encogido entre tanta eminencia, cuando se encontró a Neil Armstrong. El primer hombre que pisó la luna era discreto y calmado y estaba al final de la sala sin molestar a nadie cuando Gainman se acercó. Conversaron y Armstrong terminó por hacerle una confesión; levantó un dedo, apuntó hacia la sala y dijo: “Veo a todas estas personas y pienso: ‘¿Qué demonios estoy haciendo aquí?’. Todos ellos han realizado cosas asombrosas. Yo simplemente fui adonde me enviaron”. Gainman quedó sorprendido y le respondió: “Sí, pero tú fuiste el primer hombre en llegar a la Luna, y eso tiene su importancia”.

Ese sentimiento de insatisfacción, esa incapacidad para valorar los logros propios y ensalzar los ajenos, es conocido como el síndrome del impostor y siete de cada diez personas lo han experimentado, al menos, en una ocasión a lo largo de su vida. Quienes lo padecen “tienen la sensación de no estar nunca a la altura; de no ser lo suficientemente buenos, competentes o capaces; de ser impostores, un fraude”, resume la bióloga Aida Baida Gil a la BBC.

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El síndrome impide a quienes lo padecen disfrutar de sus propios logros. | Foto: Bret Hartman/AP Photo

La científica decidió investigar el trastorno después de haberlo padecido durante toda su carrera; tenía éxito y reconocimiento y, sin embargo, se sentía incompleta, llegando a creer que todos sus logros, nunca sus fracasos, se debían a golpes de fortuna. “Nunca lo achacas a tu inteligencia, sino a factores externos o al hecho de que hayas tenido que trabajar muy duro para lograrlo”, concluye.

“Este síndrome es mi vida. Creo que tengo mi trabajo por casualidad y que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo”

Además, este trastorno tiene otras implicaciones. Porque haciendo honor al sentimiento de fraude, de ser un impostor, convive con el miedo a quedar retratado y en entredicho. Al menos así lo interpreta la consultora Sandra Marín en el diario ABC: “El síndrome del impostor hace a quien lo padece tener miedo de no estar a la altura y no merecer el cargo que ostenta, pues piensa que cualquiera lo hará mejor. Por ello, en todo momento les invade el temor a ser descubiertos en su supuesta ignorancia”.

Existe un componente de inseguridad y falta de autoestima en el emerger de este síndrome, de marcarse unos objetivos complicados y excesivos que acaban minando la moral de cualquiera. Con todo, la calidad del entorno de una persona resalta como un factor decisivo: rodearse de pesimistas, no hacer otra cosa que escuchar comentarios negativos, conduce hacia el afloramiento del síndrome.

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Los ambientes tóxicos y los comentarios pesimistas son dos de los factores más determinantes en el desarrollo del síndrome. | Foto: Altaf Qadri/AP Photo

En redes sociales como Reddit, las conversaciones sobre patologías son más o menos comunes y los usuarios no dudan en compartir sus experiencias. Uno de ellos, por ejemplo, ha escrito un mensaje que es especialmente trágico: “Este síndrome es mi vida. Creo que tengo mi trabajo por casualidad y que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo y que nadie sabe todavía lo incompetente que soy en realidad. ¿Habrá personas realmente excelentes en sus trabajos que también se sientan de esta manera?”. Otro hombre comenta que para él mantener el trabajo, después de tres meses, es como un logro: “Me pregunto si no será una broma”.

En este sentido, algunos terapeutas se asoman a estas páginas para dar su apoyo, su comprensión y sus consejos. Uno de ellos explica que muchos de sus pacientes guardan en común una preocupación excesiva por la aceptación social. “Muchos se preocupan de lo que otras personas piensan de ellos”, dice. “Esto genera mucha ansiedad y la verdad es que nadie está prestando tanta atención sobre ellos porque lo que la gente suele hacer es centrarse en sí misma”.

Cómo sobreponerse al síndrome

En cualquier caso, los expertos coinciden en que la vía más efectiva -y escabrosa- para superar este síndrome parte de la autoaceptación, y esta parece una cima muy alta cuando la autoestima está por los suelos.

Si sospechas que puedes estar sufriendo esta patología, existe un test que te ayuda a averiguarlo.

Si sabes a ciencia cierta que lo padeces, la coach Virginia Jiménez da una serie de consejos para sobreponerse:

  1. Haz tu propia definición del éxito. Esto incluye la vida personal y la profesional y permite que la ansiedad de unas metas desproporcionadas desaparezca.
  2. Convierte los pensamientos negativos en positivos. Los malos pensamientos son el mayor obstáculo en la vida. Una forma de llevar a cabo esta transición se fundamenta en mostrar gratitud hacia los demás y con uno mismo.
  3. Establece expectativas razonables. Superar objetivos más alcanzables nos dará la energía necesaria para hacer las cosas sin tantas tensiones innecesarias, disfrutando del recorrido.
  4. Concéntrate en aprender de los fracasos. Cuando se falla, no hay que darse por vencido. Escribir un diario de errores es de gran utilidad para ser consciente de ellos y asegurarse de que no se repitan.
  5. Deja de compararte con los demás. Construye tu propio éxito, olvídate del ajeno.

7 claves para entender a los millennials y su relación con la política

Néstor Villamor

Foto: SERGIO PEREZ
Reuters

Los millennnials y postmillennials, población nacida a grandes rasgos entre 1982 y 2004, son una generación de transición: viven entre el papel y el digital, entre el soporte físico y el streaming, están comprometidos con la política pero desconfían de los partidos tradicionales. Para intentar desmenuzar a un segmento de la ciudadanía que supondrá el 70% de la fuerza laboral en el mundo desarrollado en menos de una década, el Espacio Fundación Telefónica ha celebrado un encuentro que ha analizado quiénes son y cómo se relacionan con la política los jóvenes españoles. En él han participado el presidente de la fundación civil G2020 y expolítico Salvador Sánchez-Terán, el periodista Javier Ayuso, el analista demoscópico y profesor de Sociología Francisco Camas y la fundadora del think-tank liberal-conservador Red Floridablanca, Isabel Benjumea. El debate ha dibujado a los millennials con siete rasgos, trazados por Sánchez-Terán.

Han nacido en democracia

Los jóvenes nacidos entre 1982 y 2004 son en España más de ocho millones de personas y supondrán más del 70% de la fuerza laboral en el mundo desarrollado en 2025. Han nacido en una España próspera, en democracia, en un entorno político y social mucho más optimista que en el que se criaron sus padres. Eso sí, al alcanzar la primera etapa de la edad adulta, la crisis se interpuso en su camino y en sus aspiraciones. Y son la generación de los sueños rotos.

Tienen nuevas necesidades laborales

Los millennials no tienen como prioridad buscar un trabajo que les permita comprar un coche y una casa, como sus padres. Valoran más que sus empleos estén adecuados a sus conocimientos, que les guste y que permitan que su vida profesional sea conciliable con el ámbito personal. Antes que el dinero, aprecian más valores como la familia, la amistad, el trabajo y los estudios.

Son las mayores víctimas de la crisis

Han sido los grandes perjudicados por la crisis económica. Los conferenciantes coinciden en que se ha roto la promesa con la que crecieron: que tendrían un trabajo asegurado si iban a la Universidad. Ayuso aporta que han salido especialmente perjudicados aquellos jóvenes que dejaron los estudios para dedicarse a la construcción durante la burbuja. Al llegar la crisis “se quedaron sin trabajo y sin estudios” y son “un colectivo que nunca va a encontrar trabajo”, valora Ayuso.

Han cambiado de valores cívicos

El concepto de ser buen ciudadano tiene para los millennials un significado que rompe con el de las generaciones anteriores. Para ellos, participar en asociaciones sociales, militar en un partido político o servir en el Ejército no son prioridades. En cambio, tienen como bandera los valores de la solidaridad y la igualdad.

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Un grupo de manifestantes protesta contra el racismo. | Foto: Edgard Garrido / Reuters

Están desencantados pero politizados

Los millennials se identifican cada vez menos con las instituciones y los partidos políticos tradicionales. Pero esto no implica un alejamiento de la política, sino un cambio de escenario. Prestan más atención a los movimientos sociales y están comprometidos con la sociedad, pero plasman sus ideas en nuevos soportes de comunicación alejados de la burocracia, como las redes sociales.

Buscan la regeneración democrática

Esta generación suspende el funcionamiento democrático en España, un país que consideran que necesita reformas y en cuyos partidos tradicionales no confían para lleva a cabo estos cambios (de hecho, PP y PSOE han perdido la mitad de su electorado joven desde 2008, según los conferenciantes). Confían, eso sí, en la justicia, en la sociedad civil, los sindicatos, las PYMES los movimientos sociales y las ONG. Y piden más transparencia a las instituciones.

Y ya no son antisistema

Han abandonado las posturas rebeldes y antisistema como parte de su propuesta política y apoyan los valores fundamentales de la Constitución, como la libertad, la igualdad o la tolerancia. Además, no buscan mayorías absolutas sino que abogan por el diálogo y son favorables a la presencia internacional.

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