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Vídeo | Ignacio Salazar-Simpson: "Hoy en día Bernabéu no sería el patrón del Real Madrid"

Anna Carolina Maier

Foto: @RMadridInfo
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Ningún cine catalán ha querido programar la película Bernabéu que fue estrenada el pasado jueves en el estadio del conjunto blanco en Madrid. Aquellos residentes de Cataluña que quieran ver el rodaje sobre la vida de del mítico presidente del Real Madrid, Santiago Bernabéu, tendrán que trasladarse a otras regiones del país. A pesar de esto, el documental dirigido por Ignacio Salazar-Simpson ya se encuentra en 12 salas del país, según Film Affintity. Específicamente en Madrid, Guadalajara, Alicante, Bilbao y Zaragoza. Su director señala que no la prohibieron en Cataluña sino que los cines se “auto censuraron”.

No hay un comunicado oficial sobre por qué aún no ha sido puesto en cartelera el documental en Cataluña, aunque podría ser una decisión comercial. Tampoco se sabe si la comenzarán a dar en los próximos días. The Objective ha intentado contactar a algunas de las salas para pedir una explicación y, hasta el momento, no ha recibido respuesta. Entretanto, el documental se ha convertido en pocos días en una cita obligada para todo madridista. Fotos de antaño, entrevistas de radio e imágenes de archivo componen el rodaje que cuenta con un guión de Joaquín Andújar (23-F: la película), y la voz en off para narrar del actor Luis Callejo. “El hombre para vivir años tiene que conservar una ilusión”, dirá en algún momento Santiago Bernabéu. The Objective tuvo una conversación telefónica sobre la película con su director para indagar en cómo logró retratar la pasión e ilusión del mítico jugador, entrenador y presidente del Real Madrid.

¿Es usted madridista?

Sí. Yo vivo muy cerca del Bernabéu y heredamos unos abonos de fútbol que tenía mi padre desde el año 59. Hemos seguido yendo todos al estadio.

¿Por qué decidió hacer una película sobre Santiago Bernabéu?

Lo gracioso es que la idea no fue mía sino del guionista, Joaquín Andújar, que un día en mi casa me propuso hacer una película sobre Bernabéu. Yo sabía que el estadio se llamaba Santiago Bernabéu pero no sabía mucho de él, como le pasa a mucha gente. Entonces decidimos intentarlo. Comencé a investigar y me resultó fascinante el personaje. Me pareció interesantísimo todo lo que fui descubriendo sobre él y sobre su época. En realidad, era un personaje que siempre estaba ligado al Real Madrid. El nombre se lo ponen al estadio cuando él está de viaje. Le hacen presidente por una carambola, como lo muestra la película. Él creía que el nombre (del estadio) lo iban a cambiar luego pero nunca lo cambiaron. También, él le dijo a su mujer María Valenciano, cuando lo contrataron (como presidente): “No te preocupes María que antes de un año me han echado, porque no soy millonario, ni tengo aptitudes de nada, soy un futbolista amateur que está aquí por el medio”. Duró 34 años. El gran descubrimiento que he hecho yo en estos tres años que he tardado en hacer la película, es que el Real Madrid era la familia de Bernabéu. Él se queda huérfano de madre con 14 años y de padre, con 20. Al quedarse sin padres, asume que el Real Madrid se convierte en su familia. Los jugadores se convierten en sus hijos, los directivos en sus hermanos. De alguna manera, él vive por y para el Real Madrid. Es fascinante que no cobrara un duro en toda su vida. Imagínate la libertad que te da eso.

¿Qué cosa rescata del personaje?

Su arrojo para fiarse de sus instintos. Esa cosa tan americana de follow your instincts, él lo llevaba a raja tabla. ‘La teoría de la jeta’ que él manejaba … Trataba de que, cada vez que veía a un jugador, no solo pensaba en si era buen o mal futbolista, sino que quería saber qué tal era como persona. Al él le importaba mucho que los jugadores fueran buenas personas para evitar envidias en el vestuario o rencillas. Por ello, él charlaba con alguno y a los cinco primeros minutos, ya había decidido si merecía la pena o no.

¿Cree que la película podría ayudar a mejorar la imagen del fútbol que se ha visto un poco deteriorada en los últimos tiempos?

Yo no pretendo mejorar la imagen de nadie. Lo que nos ha pasado es que nos hemos fascinado con este personaje y por eso hemos ido profundizando en él. Sí que hay cierta crítica, pues simplemente al ver el documental, intuyes lo que era el fútbol y en lo que se ha convertido en cuanto a los principios de lealtad, amistad y cosas que hoy en día ya no existen. Bernabéu dice en un momento dado: “El día en que esto solo sea una cuestión de dinero y cada uno solo piense en sí mismo y ya no haya ese espíritu amateur -que había antes del año 28 cuando los jugadores no cobraban por jugar, sino que jugaban porque querían y se divertían- yo ya no seré patrón”. Hoy en día, seguramente, no sería el patrón. Ha cambiado todo muchísimo. Él necesitaba la cercanía y relación con los jugadores.

Tras ver otras producciones en las que ha participado como Ocho apellidos vascos, pareciera que le interesa profundizar en la identidad del español. ¿Siente que Bernabéu forma parte de esa identidad?

En realidad, las películas Ocho apellidos vascos y Ocho apellidos catalanes las hizo mi hermano y yo lo ayudé a conseguir el dinero. Pero sí produje 23-F y en esa película me pasó un poco lo mismo que con Bernabéu. Era un hecho que no se había profundizado y sentí que había llegado el momento, a los 30 años, de profundizar en él y contar lo que ocurrió realmente. En los dos casos, en 23-F y Bernabéu, he pretendido ser absolutamente objetivo. Nada tendencioso y simplemente contar hechos. Hay gente que dice ‘Bernabéu (y su relación) con el régimen’. Y yo he contado lo que he encontrado: que más bien era el régimen el que se aprovechaba de Bernabéu para salir fuera. Siempre se puede ser tendencioso, pero he procurado evitarlo.

Ignacio Salazar-Simpson: Hoy en día, seguramente, Bernabéu no sería el patrón

¿Cómo fue el proceso de creación del documental? ¿Qué fue lo más difícil?

Lo que hice fue investigar mucho. Hemos buscado todo lo que existe de Bernabéu de fotografías, imágenes de archivo, e incluso de entrevistas de radio que hay poquísimas porque hasta los años 60, borraban unas entrevistas con otras para aprovechar la cinta magnética. Hemos investigado todo. A partir de ahí, ha sido interesante, porque hemos cambiado varias veces el principio y el final. Un documental no es como una película de ficción que una vez que empiezas a hacerla sabes cómo empieza y termina. Aquí fuimos descubriendo, a lo largo del proceso, qué cosas nos interesaban más y así.

¿Prescindieron de alguna cosa muy interesante de la vida de Bernabéu?

En realidad la primera versión de la película duraba tres horas y lo que ha sido duro es reducirla a 75 minutos, porque tampoco queríamos aburrir a la gente. Entonces, por ejemplo, hemos tenido que recortar momentos con Raimundo Saporta (exdirectivo del Real Madrid), quien fue importantísimo en su vida y en las decisiones que él tomó. También hemos recortado otras anécdotas como un secuestro que le hicieron a (Alfredo) Di Stéfano en Venezuela. Resulta que hicieron una película aquí (España) de broma en la que secuestraban a Di Stéfano y entonces lo que ocurrió es que, seis meses después, él viajó a Venezuela y para protestar por (el expresidente venezolano Rómulo) Betancourt, lo secuestraron de verdad. Fue un secuestro muy light porque al parecer los secuestradores le dieron pizza y jugaron con él a las cartas. Fue para llamar la atención de una situación política. De eso conseguí unas imágenes, pero en el fondo, tampoco tenía que ver mucho con Bernabéu y tuve que sacarlas.

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El Real Madrid y Los Morancos, juntos por la inclusión de las personas con autismo

Lidia Ramírez

Foto: Jesús Montes
The Objective

“Que mi hermana hable”. Es el deseo de Daniela, de siete años. Es lo que le reza a sus bisas –así llama a sus bisabuelos, ya fallecidos– y es lo que pide cuando una pestaña se le cae en su mejilla y su madre le dice que pida un deseo. Daniela es la protagonista de esta nueva campaña que pretende sensibilizar sobre el autismo: ‘Autismo, yo no soy distinto’. Porque esta pequeña conoce bien este trastorno psicológico. Su hermana gemela, Carla, lo sufre. “Daniela es la mejor profesora de su hermana”, cuenta orgullosa Carolina Marín, madre de las niñas, que desde 2015 invierte gran parte de su tiempo en realizar campañas para clamar inclusión, tolerancia y respeto.

“Cuando voy a un restaurante con mi hija ella tiene la necesidad de quitarse sus zapatos porque sus pies le están quemando. Las mesas que hay cerca tienden a mirar, a susurrar o simplemente exclaman “qué maleducada es esta niña.” A mí eso me duele. Antes agachaba la cabeza y suspiraba, pero ya me he cansado de agachar la cabeza y suspirar. Es hora de concienciar”, nos cuenta Carolina, quien nos cita en el bar donde trabaja, Manolete Degustación, cuyas propinas de los clientes van destinadas a financiar estas iniciativas.

En esta ocasión, el vídeo, que aspira a tener la misma repercusión que sus predecesores, se centra en la inclusión de los niños con autismo en los colegios. “Hay un esfuerzo muy grande por parte de profesores pero no hay inclusión total”, asegura Carolina, quien recalca que la “concienciación sobre el autismo comienza en la infancia”. “Hay que concienciar a esos niños de que no pasa nada porque un día Carla se ponga nerviosa”, insiste.

Los jugadores del Real Madrid y Los Morancos, juntos para sensibilizar sobre el autismo 1
Imagen extraída del vídeo de campaña: ‘Autismo, yo no soy distinto’.

En el vídeo se puede ver cómo un grupo de niños juega al escondite y todos se esconden menos Carla. Cuando Daniela le explica a sus compañeros que su hermana tiene autismo y que ella se comunica con pictogramas, los niños empiezan a relacionarse con Carla mediante estos signos, la pequeña se integra perfectamente en el grupo y comienza también a jugar. En esta ocasión, esta campaña, que ya es la quinta realizada por Carolina, aunque asegura que con esta “se corta la coleta”, cuenta con la participación de los jugadores del Real Madrid y de otras caras conocidas como Los Morancos y Pitingo. “Carla disfrutó muchísimo grabando con ellos, le encanta Pepe, del Real Madrid, y se divierte mucho con Los Morancos y su versión de la canción de Carlos Vives y Shakira, ‘La bicileta'”.

El autismo es un trastorno del neurodesarrollo que comprende varias tipologías o grados con una prevalencia del 1%. Carla lo sufre en una de sus formas más severas, y aunque no tiene estereotipias (repetición de gestos, acciones o palabras), no es agresiva y no se autolesiona, probablemente, no conseguirá nunca hablar. Ahora es capaz de pronunciar siete palabras. Entre ellas, ‘Mama’: “esta fue la primera, casi me da un infarto”, cuenta orgullosa y con una gran sonrisa Carolina, y ‘Bebe’, por la cantautora, su artista favorita, quien formó parte de la cuarta campaña.

Por otro lado, si Mariano Rajoy, Pedro Sánchez y Albert Rivera –”Pablo Iglesias no tenía tiempo”, así se lo comunicaron a Carolina desde el equipo de comunicación del líder de Podemos– no dudaron en formar parte del vídeo de la tercera edición, parece que no lo han tenido tan claro a la hora de hacer cumplir el artículo 24 de la Convención de Derechos de Personas con Discapacidad de 2007, con el cual se comprometían a que todos los centros educativos contaran con los medios adecuados para una educación acondicionada a la situación de estos niños. Un objetivo consensuado por todos los especialistas, un compromiso de España como Estado “que no se está cumpliendo”.  Las aulas para niños con Trastorno General del Desarrollo (TGD) y Trastorno del Espectro Autista (TEA) que hay en los centros de la Comunidad de Madrid están saturadas. Casi la mitad de ellas tienen más de cinco alumnos, que es el límite que establece la Consejería de Educación de Madrid. Así lo denuncia la Asociación Sureste del Trastorno del Espectro Autista (Surestea), que ha hecho un estudio en 91 de los 128 centros preferentes de la Comunidad que tienen censados. En total hay 160, por lo que la muestra representa al 60% de los centros.

La historia de la pequeña Carla es similar a la de uno de cada 100 niños que nacen en España, es decir, a la de medio millón de pequeños. De ahí el objetivo de Carolina, como el de otros tantos padres de niños con autismo, que no falten nunca los medios materiales y humanos necesarios para seguir garantizando su inclusión. Porque hoy es Carla y 500.000 niños más, pero mañana pueden ser nuestros hijos.

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Ideología de género y el género del columnismo

Enrique García-Máiquez

Un amigo de las redes sociales se extraña mucho en público y por privado de que yo escriba en The Objective, señalándome cierta querencia del medio por la ideología de género que él y yo consideramos una malandanza. Me ofrece una ocasión estupenda para reflexionar sobre el papel del columnista en los medios. Y si, de paso, podemos evitar cierto desconcierto en los lectores de una o de otra orilla, mejor que mejor.

Si el columnista sólo pudiese escribir en los medios afines, lo llevaría crudo. Siendo reaccionario, como es mi caso, iría listo de papeles. Sólo podría escribir pintadas en los muros de los palacios decrépitos, y eso tampoco, porque él estaría naturalmente en contra de los graffitti. También se perdería uno de los grandes placeres del escritor, que es ser leído por quienes piensan distinto, ganarse su respeto y, ojalá, a veces, su asentimiento.

Por parte del medio, también hay dos condiciones para que esta relación digamos transversal funcione. Que no esté engañado, por supuesto. Y seguro que aquí no es el caso. El jefe de opinión, que me fichó, me conoce de antiguo y de hondo. Cuando él hablaba de que habría diversas sensibilidades políticas en The Objective, de la socialdemocracia al centro-derecha, ya sabía él que yo me salía bastante del abanico, sin duda, pero es que quería que hubiese, de verdad, diversas sensibilidades. El segundo requisito es el respeto a la libertad del escritor, que aquí ha sido siempre exquisito. Llevo mucho tiempo escribiendo lo que me da la gana y nadie ha dicho ni mu.

Volviendo a la ideología de género, la presencia de voces discordantes (y la mía no es la única) es más importante si cabe. Porque, con independencia de que esa ideología esté equivocada o no, que ese no es el tema de esta columna y habrá que discutirlo después, lo más inminente y peligroso suyo es la unanimidad que pretende imponer, poco a poco, con presión creciente, en ámbitos cada vez más amplios de la esfera pública. Que, en tu pequeño ángulo oscuro, te dejen susurrar “no” es muy importante.

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Ultras reincidentes

Melchor Miralles

Ignacio Racionero, un seguidor ultra del Atlético de Madrid que estuvo detenido y pasó 11 días en prisión preventiva por la muerte del seguidor de la Real Sociedad Aitor Zabaleta en el año 1998, ha sido detenido como presunto autor de las tres puñaladas que recibió ayer un seguidor de su mismo equipo, el Atlético de Madrid, miembro también del grupo ultra Frente Atlético, tras la derrota de su equipo frente al Sevilla en las proximidades del Estadio Wanda Metropolitano.

Racionero, que ha cumplido condena durante 10 años por diferentes atracos, especialmente a farmacias, fue identificado por tres testigos del apuñalamiento, y se encuentra aún detenido en dependencias policiales a la espera de pasar a disposición judicial.

Hablamos del Frente Atlético, pero todos los grupos ultras son lo mismo, y sus miembros reinciden y reinciden, y aún hay directivas de muchos equipos de fuste que dan cobijo a estos vándalos peligrosos porque durante los partidos jalean a los jugadores, e incluso hay jugadores que coleguean con los ultras que les aplauden. En este último caso la víctima no era siquiera del equipo contrario, era uno de los suyos, quizá le miró mal, o vaya usted a saber, porque estos ultras son antes que nada violentos, y tiran de navaja con facilidad, porque van armados y para ellos la vida no vale nada, y menos aún la vida de otro. Los testigos cuentan que la víctima estaba en un bar hablando de fútbol, comentando el partido con otros colegas del Frente Atlético, cuando Racionero, inopinadamente, apareció y apuñaló tres veces al chaval, que era uno de los suyos, y lo sabía, porque llevaba una camiseta del grupo

Racionero pertenece a Suburbios Firm, una facción del Frente Atlético, y fue expulsado por el Atlético de Madrid como socio tras un asalto a un entrenamiento del equipo en Majadahonda, por encararse e insultar a jugadores y entrenadores junto a otros diez ultras.

Algunos de sus conocidos, en declaraciones a los medios, han calificado a Racionero como un tipo “inestable”, “que no distingue entre el bien y el mal”, y mantiene relaciones con el grupo ultra Hogar Social Madrid, a quienes apoya en sus acciones, siempre controvertidas.

Estos ultras reinciden. Por eso hay que vigilarles de cerca. Atacan, hieren y matan, y vuelven a hacerlo. La emprenden con los seguidores del equipo contrario o con quien sea, incluso con los suyos.

Los clubes y los responsables políticos y federativos han tardado mucho tiempo en tomarse en serio la lucha contra estos criminales que son bien vistos por quienes manejan la cosa por ser los que “ambientan” los partidos con sus cánticos y sus insultos a los adversarios. Se les ha bailado el agua, no se les ha combatido y perseguido como es debido, y las consecuencias han sido graves, y siguen dando disgustos y liándola, y como muestra lo sucedido el miércoles. Un chaval de 22 años herido de tres puñaladas tras el partido, y el presunto autor con múltiples antecedentes. No debía haber podido estar siquiera por allí, por los alrededores, armado con al menos un cuchillo. Algo ha fallado, y debieran contarnos qué y por qué. Porque, insisto, era reincidente. Podíamos estar hablando de otro muerto. La tercera puñalada que recibió, en la espalda, podía haberle costado la vida. Y el autor del ataque era conocido por sus antecedentes, graves, gravísimos. ¿Por qué estaba en los alrededores del estadio? ¿Llegó a entrar al Metropolitano y asistió al partido? No lo descarten, y sería gravísimo que hubiera sido así. Es necesaria una investigación porque estos hechos se pueden evitar, se deben evitar. Más aún con tanto reincidente como hay entre los ultras insoportables y canallas.

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Por qué gravar a la banca es una idea legítima

Antonio García Maldonado

Foto: Andrew Kelly
Reuters

La idea de imponer una tasa finalista a los bancos que ha propuesto el PSOE merece más consideración que la burla habitual (muchas veces tan impúdicamente interesada) que se le dispensa a todo lo que venga de este partido. Sin entrar en si el destino final de dichos ingresos suplementarios (las pensiones) es el más adecuado, el Partido Socialista señala en la dirección correcta. El dinero está ahí, o en Apple o en Amazon o en Facebook, no en los autónomos ni en las pymes. Francia y Reino Unido aplican tasas parecidas, aunque no son finalistas.

Los argumentos en contra de la tasa no se sostienen. Se habla de que ese recargo lo pagarán los consumidores en forma de comisiones. Razonamiento que invalidaría cualquier tipo de impuesto indirecto. Como el IVA, que paradójicamente es el que más gusta a los que cargan contra la tasa bancaria. Basta con que se prohíba aplicar nuevas comisiones y las inspecciones sean estrictas al respecto, como se ha hecho ya en otros casos en el sector financiero tras la crisis. Respecto a que “es insuficiente” para la magnitud del problema, sería como pedirle al céntimo sanitario que financiara por sí mismo los sobrecostes del sistema de salud en vez de que ayudara un poco.

No obstante, son los economistas de la Escuela Austríaca, nada sospechosos de tener veleidades socialdemócratas, los que mejor legitiman la nueva tasa. Los representantes de esta escuela hablaban y hablan de Estados y bancos como una perniciosa “sociedad de socorros mutuos”. Al no tener que cubrir con sus depósitos el 100% del capital que prestan, la banca tiene capacidad de generar masa monetaria, amparada en un etéreo aval del Estado sostenido en un “too big to fail” que es innegable que ha funcionado todos estos años. Además, las entidades financieras, a diferencia de pymes y autónomos, cuentan con una institución pública (BCE) como prestamista y avalista de casi primera instancia, no de última. ¿A qué sector se le diseña y crea desde el Estado un banco malo para que no se manche con sus propias malas decisiones?

Por tanto, independientemente de la coyuntura de la crisis, es legítimo considerar que hay una dependencia estructural por la que los bancos deben contribuir más para reparar la crisis político-institucional, si queremos dar por superada la económica. Algo parecido a un cupo por los servicios prestados por el Estado, sin cuyo respaldo implícito los principales bancos se pensarían hacer muchos de sus grandes negocios, en España y en el exterior.

En una interesante columna publicada hace unos días, Ian Buruma, nuevo editor de The New York Review of Books, hacía algunas consideraciones agudas sobre Japón. Se preguntaba por qué no había allí populismos, por más que identificara en el primer ministro Shinzo Abe algunos rasgos ‘trumpianos’. Su diagnóstico conciso era que, por un lado, en Japón seguían funcionando instituciones de intermediación depauperadas en Occidente; y por otro, hablaba de una sociedad con uno de los impuestos de sucesiones más altos del mundo (aumentado en los últimos años, contra la tendencia general global). “La eficiencia no crea de por sí sensación de comunidad”, concluía.

También anotaba un rasgo interesante: los ricos japoneses no hacen ostentación de sus fortunas como hacen sus pares en Occidente, por no hablar de la que hacen gala los rusos o los chinos. El resultado es menos desigualdad y menos percepción de la desigualdad existente. Buruma obviaba rasgos muy negativos de Japón, pero señalaba dos problemas clave de nuestras sociedades, como son la mencionada falta de sensación de comunidad y la percepción de dos injusticias: la generacional y la de clase.

El populismo no ha causado la crisis institucional y política en la que estamos, es su principal síntoma. Si queremos revertir las causas, los bancos y las grandes empresas habrán de aportar mucho más porque habrá que repartir más y mejor. La pornografía financiera de bonus, sueldos disparatados, contratos blindados, pensiones inmorales, fortunas estratosféricas y ostentación yuppie en un entorno de salarios bajos y contratos cutres, tenía y tiene un coste. Parece increíble que creyéramos que no sería así.

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