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IT: el payaso más famoso de la literatura sonríe de nuevo para el cine

Romhy Cubas

Foto: YouTube
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“El hogar es ese lugar en el que cuando llegas, tienes que enfrentar finalmente esa cosa en la oscuridad”

Stephen King

Hasta 1986, en el género de la literatura de terror, el payaso como figura mitológica y de horror se limitaba a relatos cortos y algunos libros de siglos pasados, nada muy concreto ni extenso; el hombre de sonrisa circense se mostraba en su máxima distorsión como un asesino, un borracho, un ser sumido en la depresión y sus sombras o todas a la vez. El principal elemento de terror se manipulaba con la tentación de atreverse a ver más allá del manojo de globos o el maquillaje derretido, aquello del hombre detrás de la máscara y el monstruo que se esconde en la casa de al lado. Pero cuando el escritor estadounidense Stephen King publicó It, Ronald McDonald fue desplazado de su trono de felicidad inquietante por Pennywise, el payaso asesino de Derry y uno de los personajes de terror mejor logrados en la literatura.

El próximo 8 de septiembre se estrena en cines el segundo remake cinematográfico basado en la novela de King . La primera versión cinematográfica del libro fue dirigida por Tommy Lee Wallace en 1990 en formato de teleserie y, aunque cualquier niño de diez años que haya visto la adaptación habría tenido pesadillas, la producción naufragó intentando plasmar la esencia de la ciudad y sus engendros. Empezando por las actuaciones y pasando por los pobres escenarios y efectos especiales, aún para la época, de no ser por la expectativa creada por King alrededor del payaso en sus relatos, muchos ni siquiera la recordarían.

Dejando de un lado las licencias artísticas-creativas, y aunque 120 minutos de película no se comparan con el minucioso relato plasmado en el libro que te mantienen en el sillón por días, la nueva adaptación proyecta –tal vez con demasiada certeza- una historia con todas las intenciones de asomarse en la oscuridad a la hora de dormir. El primer tráiler de esta versión del 2017 dirigida por el argentino Andrés Muschietti fue visto 200 millones de veces en 24 horas, convirtiéndolo en el tráiler más visto en la historia de Youtube.

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Poster de la versión de It 2017 Foto: IMDB

Y aunque seis niños rodando en bicicleta en los años 80 entre árboles y casas pueblerinas recuerdan fácilmente a Stranger Things, la casualidad no es tal ya que precisamente los relatos del escritor norteamericano  -especialmente la historia de It– fueron influencias importantes para escenificar ese sentimiento atemporal al que se aferran los creadores de la serie. En el nuevo tráiler de It se repite esa escena familiar, la calma antes de la tormenta y la inocencia interrumpida sobre ruedas, porque las mejores historias de terror comienzan cuando todavía tienes tiempo para creer en ellas.

El libro:

“Todos flotan. Ellos flotan, Georgie, y cuando estés acá abajo conmigo, tú también flotarás” It. Stephen King

La receta es la siguiente: un pequeño pueblo Americano, un grupo de pre-adolescentes incómodos y solitarios, un verano aburrido, una serie de crímenes sin explicación y un hombre vestido de payaso. Si un globo rojo aparece en tu mente y crees recordar que en algún lugar todos flotan es porque lo has leído, visto, o alguien te ha contado sobre él. Si les tienes fobia a los payasos es muy probable que él haya sido el culpable.

Si unes todo lo anterior en un concepto solo obtendrás un resultado, o una novela, o una pesadilla: It (Eso), el libro de terror de más de 1000 páginas de Stephen King que moldeó como solo los escritores pueden hacerlo un monstruo tan inquietante y espeluznante como adictivo.

El estado de Maine en Estados Unidos, donde King nació en la vida real, se representa en muchos de sus relatos. En este, particularmente uno de sus pueblos –Derry- protagoniza una entidad aparte tan importante para el relato como sus personajes, mero reflejo de una ciudad “maldita” en donde los niños desaparecen y hay toque de queda a las 7pm. La historia es la del Club de los Perdedores, siete niños de 11 años atrapados un verano en un pueblo en apariencia tedioso y ordinario hasta que Georgie, de 6 años de edad, es encontrado un día lluvioso entre las cloacas de Derry descuartizado.

It es también el espejo de la costumbre y la memoria a corto plazo de los pueblos, lejos de política o cuestiones sociológicas y teóricas, es fácil identificarse con el síntoma de ver para creer, creer para ignorar. Los habitantes de Derry saben que algo no está bien con la naturaleza de aquél pueblo, pero sobreviven a las tragedias y asesinatos que cada dos décadas se presentan con características similares gracias a su capacidad para olvidar y evitar ser parte de lo que no pueden controlar.

Y es así hasta que Ben, Richie, Stanley, Beverly, Bill, Mike y Eddie se juntan un verano y descubren que, además de la incomodidad que viene con la adolescencia, todos han visto algo que no puede ser real, porque lo fantasmas y los monstruos no existen, pero de algún modo cada uno ha tenido una experiencia directamente ligada al pueblo que excluye el sentido común del mundo real; y sin embargo, la cordura que existe cuando se es niño y la luz del día borra las preocupaciones de la noche anterior, les ayuda a enfrentarse a It, a Pennywise, el payaso que todos han visto en sus pesadillas.

En It el relato alterna dos espacios temporales, el pasado de 1957-58 cuando el Club de los Perdedores hace frente a Pennywise, y el presente en 1985 cuando aquel verano lleva 27 años en el olvido de la adultez y con treinta años se ven obligados a regresar a Derry. It ha vuelto y los niños desaparecidos se esconden en las cloacas de siempre. La adultez, ese lugar en el que protocolarmente una persona debe tener un sentido de responsabilidad que va más allá del parque de juegos, que exige tácitamente una profesión y un nivel de propiedad y producción creciente se refuta ante la realidad de que inclusive a los treinta años, es válido mirar debajo de la cama.

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El Club de los Perdedores. Fotograma: Youtube

La premisa de King va más allá de las historias que no se deben contar antes de dormir, Pennywise es una sombra sin forma que desde el establecimiento de Derry recorre las tuberías del pueblo y se despierta cada cierto tiempo hambriento de miedos. Tiene cientos de caras que cambian ante los ojos y fobias de quien se tropieza con él: un vampiro, un borracho leproso y sádico, un águila gigante, niños muertos en el agua, una anciana vieja y amarillenta o un manantial de sangre en el lavamanos. La única forma identificada unánimemente en algún momento es su disfraz frecuente, la cara del prólogo, un payaso que ronda invariablemente las calles del pueblo desde que el mundo se creó.

Un hombre alto e inflado con la cara pintada de blanco, labios carmesí sonrientes, traje de colores y formas geométricas abombado, zapatos risibles que apuntan hacia el cielo a través de un manojo de globos rojos, un rostro eufórico y grotesco que se distorsiona con el viento. King recurre al miedo como sentimiento universal, y vuelve a una edad que es constante en sus libros, una en donde parece que las preocupaciones no van más allá del colegio y las vacaciones, pero que demuestra ser más afectiva cuando se trata de pelear con monstruos.

La película:

Entre 2009 y 2015 las expectativas de la nueva adaptación se elevaron cuando se supo que Cary Fukunaga, director de la impecable primera temporada de True Detective, sería el encargado de moldearla; sin embargo, semanas antes de comenzar la filmación este dejó la producción debido a diferencias creativas con el estudio. Originalmente planeaba dividir el film en dos partes, como en el libro, la de los niños y la de su retorno a Derry 27 años después.

Luego de la partida de Fukunaga, Andrés Muschietti, director de Mama, tomó su lugar. El tráiler, que comienza con una escena clave del libro mientras Georgie corre hacia las cloacas de Derry en busca de su barco de papel, muestra que por ahora el Club de los Perdedores será el único espacio temporal ejecutado en la película, lo adultos quedaron por fuera. Ante las críticas e inquietudes de quienes conocen el libro como la palma de su mano el propio King aclaró por Twitter que esta era solo la primera parte, y que el remake de Muschietti superaba sus expectativas. “Relájense, esperen y disfruten”, escribió en la red social.

El reparto de It incluye a Finn Horward (actor de Stranger Things) como Richie Tozier, el actor de Midnight Special  Jaeden Lieberher como Bill Denbrough, Jeremy Ray Taylor como Ben Hanscombe, Sophia Lillis como Beverley Marsh, Wyatt Olef como Stan Uris, Chosen Jacobs como Mike Hanlon y Jack Dylan Grazer como Eddie Kasbrak.

King es uno de los escritores más versionados en la televisión y el cine. Sus relatos, que suman un modesto número de más de cien novelas (publicadas), llegan constantemente a la pantalla. Carrie, La Milla Verde, The Shawshank Redemption y The Shinning no son ni una cuarta parte de esta lista; sin embargo, es usual aunque no definitivo que los directores no entiendan que el libro y la película son entes y experiencias separadas, tal vez ahí el error y el fracaso de la mayoría de estas adaptaciones que fallan ante el espejo de las palabras y terminan en productos confusos y poco memorables.

Un ejemplo que puede jugar con esto es The Shining, dirigida por Stanley Kubrick y protagonizada por Jack Nicholson en 1980. La cara deformada de Nicholson incrustada en el marco de una puerta astillada, mientras grita ¡Here’s Johnny¡ con ojos delirantes y sonrisa frenética es una épica y asombrosa escena de cine, y su popularidad reside precisamente en que Kubrick logró separar las palabras de las imágenes. La película dista mucho de la historia escrita por King, omite y cambia cientos de detalles esenciales para el libro y la convierte en una historia parecida pero diferente, con ritmos y sombras particulares que la evangelizaron en un clásico cinematográfico.

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Jack Nicholson como Jack Torrance en la adaptación de Stanley Kubrick de The Shining. Fotograma: Youtube

Por este camino parece ir la nueva adaptación de It, cuyo tráiler precisa esa nostalgia ochentosa que tan bien practica el escritor, además de dejar claro que esta vez el payaso es mucho más terrorífico que la anterior. No obstante, para entender la historia completa de It hay que ir directo a la fuente, a un verano de 1957 en donde todos flotan y los niños pequeños desaparecen.

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Payasos: Los hombres que ríen sin ganas en la literatura de terror

Romhy Cubas

Entre finales de octubre y principios de noviembre se celebran en distintos lugares del mundo a los muertos y a los santos, a los vivos y a los resucitados, un ritual mexicano que se funde con la efervescencia de consumirse en otras pieles por unas cuantas horas. Este año ese maquillaje vino con narices rojas y sonrisas mateadas, los meses de septiembre y octubre se desbordaron con cientos de denuncias y reportes que describían a personas en esquinas solitarias vestidas de payasos; caras siniestras engalanadas con ropas abombadas caminando por las calles de Norteamérica, Londres Canadá y Alemania. En EE.UU. la prensa local reportó casos en 40 de los 50 estados del país, e inclusive Ronald McDonald’s sufrió las consecuencias cuando la compañía de comida rápida decidió limitar sus apariciones ante los “avistamientos de payasos” malvados multiplicándose en distintas ciudades del mundo, algunos con conclusiones bastantes violentas ante la histeria y el pánico mediático.

XXI Convención de Payasos en México DF | Foto: Carlos Jasso / Reuters
XXI Convención de Payasos en México DF | Foto: Carlos Jasso / Reuters

El icono “cultural” del payaso salió de los cómics y las novelas gráficas de sus rudimentos para jugar a la realidad. El horror y el humor mezclados con promiscuidad trajeron a los “Bad Clowns”, acuñados así por el profesor y escritor Benjamin Radford quien ha estudiado oleadas de eventos similares en 2013, 2014 y 2015 y asegura que “dentro de cinco o seis años habrá otros payasos horrorosos como estos”.

Hombre vs monstruo

El género de terror en la literatura se desarrolla con la novela gótica en el siglo XVIII, clásicos como El castillo de Otranto (1764) de Horace Walpole, considerada la primera novela de esta corriente, abren el camino a historias como Vathek de William Beckford o El monje de Matthew Gregory Lewis. En este siglo surgen nombres indispensables para la evolución y “prosperidad” del género, entre los grandes maestros referenciales se exhiben Edgar Allan Poe con El Corazón Delator (1843) o H.P. Lovecraft con El clérigo malvado (1939), apoyados por Drácula (1987) de Bram Stoker y la creación del monstruo de Mary Shelley Frankenstein (1818), piezas claves que explotan el terror psicológico y parte de la mitología sobrenatural de procedencia anglosajona (vampiro, hombre lobo, fantasma, demonio).

Visten de hombres, de políticos, de seres sobrenaturales o todas las anteriores: alcoholismo, depresión, desilusión y bullying son algunos de los puntos de partida favoritos cuando se trata de describir a alguien que siente la necesidad de pintarse la cara de blanco para ofrecer caramelos a los niños.

Ya desde la antigüedad, en tradiciones especialmente vinculadas a los Indios Americanos, el acto de convertirse en payaso era protocolo válido para alejar a los demonios en ritos religiosos, también se presentaba como una iniciativa en la cual la persona debía aguantar insultos y bromas pesadas. Cientos de años después el concepto se amoldó a los vicios de la modernidad y aunque hay mucha más información de estos personajes explotados en el cine y la televisión,  los libros también tienen sus payasos macabros escritos en tinta.

Un substancial antecedente para el perfil de los payasos como formas turbadas e incómodas la hace Víctor Hugo en 1869 cuando publica El hombre que ríe, en donde un actor llamado Gwynplaine recorre Francia con el rostro desfigurado en una grotesca sonrisa. Esta es una de las primeras formas de utilizar a la figura no tanto en el ámbito de terror como en el contexto social y político, aquí la tragedia es la intolerancia de un Rey ante lo disímil. Por esta misma línea sigue Donde mueren los payasos (2013) del colombiano Luis Noriega, quien con tinte político y casi premonitorio continúa con una historia en donde un medio de comunicación orquesta una campaña en la que un payaso callejero se convierte en firme candidato a las elecciones presidenciales.

En el libro del alemán Heinrich Böll –The Clown (1963)– este personaje es más bien un hombre deprimido y conformista abatido por la Alemania nazi que salta de hotel en hotel con la melancolía del forastero; el australiano Will Elliott fue un poco más allá con  El Circo de la Familia Pilo Payasos tristes, dementes y psicópatas (2011) en donde el payaso ya representa ese ser psicótico de universo circense que viste para impresionar y se maquilla para matar.

It de Stephen King, editada por DeBolsillo.
It de Stephen King, editada por DeBolsillo.

Pero es probable que el payaso más terrorífico de la literatura lo haya creado Stephen King cuando en 1986 explota la coulrofobia –fobia social a los payasos- con todas sus letras. It es un libro de más de mil páginas en donde la maldad de una ciudad se materializa en lugares húmedos y olores familiares. Un payaso que se aprovecha del terror particular de cada niño; una mezcla de asesino, psicópata, fantasma y monstruo que atrae a sus víctimas con una sonrisa pintada y un manojo de globos que perecen flotando junto a los sacrificados. “Aquí abajo todos flotan”, It.

La presencia del “monstruo” es una característica clave en el género del terror, ese “algo” antinatural que perturba al mundo corriente con violaciones a las leyes naturales causando aversión y desconfianza. La frenética crisis de los payasos, al parecer, fue amortiguada con el apogeo de octubre y las fiestas de Halloween; sin embargo, aquí recordamos que estas “leyendas” en la literatura suelen sonreír sin ganas y bien sea para parodiar a un político o a un asesino, alguien siempre termina llorando.

“Ya era demasiado. A él no le interesaban los trapecistas. Sólo para destruir el malentendido, explicó que lloraba porque los payasos no le hacían reír”  Esa Boca (1959) Mario Benedetti.

Continúa leyendo: Adictos al terror. ¿Por qué las películas de miedo revientan la taquilla?

Adictos al terror. ¿Por qué las películas de miedo revientan la taquilla?

Jovan Pulgarin

Foto: Jovan Pulgarin

¿Qué tienen en común Quentin Tarantino, Robert Rodríguez, Tim Burton, Ridley Scott, Martin Scorsese, Joel Schumacher, John Frakenheimer y Pedro Almodóvar? Además de ser cineastas, que todos fracasaron en el intento de aterrorizar a la audiencia con superproducciones. El prestigio de los apellidos pone en perspectiva la dificultad del género. Conectar con el público es tan complicado e inexplicable como los hechos sobrenaturales que inspiraban a algunas de sus cintas.

Grindhouse(Tarantino-Rodríguez), Sweeney Todd(Burton), Hannibal(Scott), Shutter Island(Scorsese), 8MM(Schumacher), Dr. Moreau(Frankenheimer), La Piel que habito(Almodovar), son ejemplos de que se necesita más que a un director consagrado para que el miedo trascienda de la pantalla al espectador.

“La dificultad de hacer cine pasa por un buen guión que no precise de una megaproducción. Hoy en día, cualquiera tiene acceso a una cámara medianamente decente, a dispositivos móviles y a un ordenador con programas de edición, que son los mismos que se utilizan a nivel industrial”, explica Damián Szifrón, director de la exitosa Relatos Salvajes, el filme más taquillero en la historia de Argentina y serio competidor rumbo al Oscar, que coquetea en algunos de sus segmentos con el cine de terror.

“Siempre digo que el elemento indispensable para cualquier historia de miedo, en realidad para cualquier historia, pero concretamente para una de miedo es tener personajes de verdad, creíbles. Que hagan que todas las situaciones terribles que suceden nos puedan afectar. Sin personajes de verdad no habría miedo. Puedo inventar una trama terrible de terror, pero si la ambiento en un hormiguero con hormigas no funcionará”, analiza el español Jaume Balaguero, reconocido por la exitosa saga REC, y responsable de dos títulos imprescindibles para los seguidores del género: Los sin nombrey Mientras duermes.

“En ocasiones las ideas más sencillas y fáciles de ejecutar son las que mejor funcionan. No creo que tenga nada que ver con presupuestos; lo importante es que la idea funcione, al margen del dinero que se haya invertido para ponerla en práctica”, asegura para The Objective Joan Lafulla, propietario de Almasoscuras.com, sitio de referencia obligatoria en el mundo de habla hispana, para encontrar información sobre películas y relatos de horror.

¿Pasó en la vida real?

Una muñeca con poderes diabólicos no es, en apariencia, la idea más original para un proyecto cinematográfico. Sin embargo, basta observar la locura que ha desatado Anabellepara entender que muchas veces no se trata del qué sino del cómo. Pero, como diría Jack El Destripador, vamos por partes.

Anabelle es una precuelade un filme de bajo presupuesto que funcionó muy bien: El Conjuro. Conocida igualmente como Expediente Warren (2013), cuenta la historia de los esposos Ed y Lorraine Warren, investigadores de actividades paranormales que deben luchar contra el mal que habita en una casa maldita. No hay nada de novedoso en la trama, si recordamos a Poltergeist(1982). Incluso, hay tópicos que datan de El Legado Tenebroso(1927) y de los que echa mano Truman Capote en la adaptación que realizó de la novela de Henry James en The Innocents(1961).

Lo llamativo de El Conjuro fue su rentabilidad: costó 20 millones de dólares y recaudó más de 130. La fórmula la inició El Proyecto de la Bruja de Blairy Actividad Paranormalla explotó, literalmente.

“Películas como Actividad Paranormal (2007), La Bruja de Blair (1999), o El Conjuro supieron conectar con un público muy mayoritario a nivel emocional. La idea funcionó. Y hoy en día, cuando algo funciona (sobre todo a nivel económico), se intenta exprimir hasta la saciedad; hasta que la fórmula se agote y deje de rendir económicamente”, observa Lafulla.

La pregunta, entonces, es obvia: ¿por qué estas cintas, de directores menos consagrados, incluso debutantes, llegan tanto a la gente? Si se observa la estructura dramática de cada una de ellas se constata que los tres filmes beben del mismo pantano: la apariencia real de lo sucedido. Para ello es clave la cámara que lo documenta.

Es así como llegamos al Mockumentary. Se trata de la unión de dos palabras: Mock (burla) y Documentary (documental). El origen del concepto es difuso, aunque se le atribuye al director Rob Reiner, quien supuestamente lo utilizó después de realizar la comedia This is Spinal Top(1984).

Reiner parodió todas las etapas de una banda de rock de una manera tan brillante que aún hoy hay quien cree que se trató de un documental sobre un grupo de verdad (curiosamente el éxito del filme sí generó varios discos). No obstante, fue a partir del éxito de El Proyecto de la Bruja de Blair que el terror se adueñó del término, si bien ya en 1980 Holocausto Caníbal había iniciado el camino.

Bajos instintos

“El espectador busca emociones muy intensas en un escenario totalmente controlado (90 minutos en la butaca de un cine o el sillón de su casa)”, responde para este trabajo Jaime Burque, licenciado en Psicología y de los primeros en usar al cine como terapia. “Las emociones que nos proporciona la película de terror son en su mayoría miedo y angustia, provocando que nuestro sistema esté en constante alerta y segregando niveles muy altos de adrenalina”, continúa.

¿Es un masoquista, un loco, un “freaky”, el que se sienta en una butaca a ver un filme de este tipo? “Es una experiencia equiparable a un parque de atracciones, una carrera de coches o un videojuego”, detalla Burque, quien trabaja como psicoterapeuta desde hace 10 años.

Jefrey Goldstein, profesor de Psicología social y Psicología organizacional de la Universidad de Utrecht llegó a la misma conclusión. Afirma que las personas que asisten a una proyección de terror lo hacen por el simple hecho de revivir una emoción básica: miedo. Así lo escribió en el libro Por qué Observamos: La Atracción del Entretenimiento Violento.

La revista LiveScience.com presentó un artículo en 2009, en el que aparecía la teoría de Goldstein, titulado Películas de Horror: Por Qué la Gente las Ama, agregándole una punto de vista biológico enriquecedor, el de Joseph LeDoux, neurocientífico de la Universidad de Nueva York.

El cerebro humano, según LeDoux, es tan complejo que puede razonar, meditar y preocuparse como el de ningún otro animal. Por lo tanto, el miedo es en parte una reacción biológica (defensa) pero también evolutiva, como las precauciones que se aprenden desde niño.

LeDoux, que ha revisado el comportamiento del cerebro, neurona por neurona, cuando es afectado por el miedo, dice: “Si usted tiene una buena imaginación, puede conectar los cables que producen el miedo, pensando en una situación que le afecte de esa manera”. Sin embargo, no es sencillo y la respuesta es infinitamente más fuerte cuando la amígdala cerebral se activa espontáneamente. Esa podría ser la respuesta al por qué las personas regresan a una sala de cine: repetir la emoción básica en su esencia.

¡Y por eso los grandes estudios sacan las segundas partes! Anabelle destrozó en la taquilla a su progenitora: El Conjuro. En pocos días consiguió más de 150 millones de dólares (119 millones de euros) en todo el mundo, estableciendo nuevos récords de apertura para el género de terror en Colombia, Chile, Malasia, Filipinas, Singapur y Taiwán.

Dirigida por John R. Leonetti y producida entre otros por James Wan, quien es un veterano en esto de hacer mucho con poco (dirigió la primera Saw), estableció este año en Estados Unidos el mejor fin de semana de apertura para una película de terror con 37,1 millones de dólares (29,5 millones de euros). El filme también fue éxito de taquilla en Reino Unido, España, Francia, Italia, Alemania y Austria. Y aún le quedan mercados por estrenar. Eso sin contar lo que generará en Blu Ray y mercados caseros.

La democratización del terror

“Busco mucho más el terror psicológico que las escenas explícitas. Me atrae mucho que me asusten sin ver nada, provocando que yo tenga que imaginarme, qué puede estar ocurriendo, como en Allien o El Sexto Sentido“, reflexiona Burque. Lafulla es más directo cuando se le interroga sobre lo que espera encontrar en una cita con el género: “Diversión. Entretenimiento. Pasar miedo. Excitación…”. Para ambos gustos y para muchos más, la televisión por cable tiene respuestas.

La euforia por los zombis (The Walking Dead) los vampiros (The Strain), el canibalismo (Hannibal) y lo sobrenatural (American Horror Story) ha desatado una sangrienta pelea por el rating. Según los datos que manejan las empresas de mercadeo, el típico consumidor de este tipo de series, es un hombre entre 15 y 45 años. Para ellos, la oferta se expande.

“Supongo que con el éxito, entre otras, de series como The Walking Dead (va por la quinta temporada), las productoras de televisión se dieron cuenta de que ofreciendo un producto de calidad, cuidado y ambicioso -tanto en el contenido como en la forma- podían llegar a un amplísimo abanico de espectadores. No únicamente a un público habituado al género terrorífico”, razona Lafulla sobre el presente.

Burque profundiza: “Creo que tiene que ver con el ‘boom’ de las series, pero sí que podríamos reflexionar sobre la necesidad psicológica cada vez más visible en nuestra sociedad actual de intentar romper con lo cotidiano, en busca de nuevas sensaciones y experiencias. Es como una manera de “escapar” de una realidad que no nos gusta”.

Jován Pulgarín

Continúa leyendo: Candle Cove: el terrorífico creepypasta que inspiró la primera temporada de Channel Zero

Candle Cove: el terrorífico creepypasta que inspiró la primera temporada de Channel Zero

Beatriz García

El gran maestro del terror H.P. Lovecraft dijo una vez que de todos los miedos, el pavor a lo desconocido era el más antiguo e intenso. Un presencia ancestral que late bajo nuestras camas y ahora también en nuestras pantallas de televisión.

Cuando era niña tenía pesadillas en las que Don Pimpón, el monstruoso labriego de Barrio Sésamo, me perseguía por un bosque igual que hacía en los créditos del programa infantil. La infancia rememorada es imperfecta y escalofriante; uno nunca se libra de los terrores nocturnos que nos persiguieron de niños. Ese eterno misterio que acecha en la risa psicótica de Pee-wee Herman, con el que no querrías compartir ascensor o encontrártelo disfrazado de Rey Mago, bebiéndose el agua que tus hijos dejaron para los camellos.

Tras su estreno el pasado octubre en Estados Unidos, la HBO ha empezado a emitir esta semana en España Channel Zero, una serie de terror de alto voltaje creada por el genio de Nick Antosca (Hannibal y El bosque de los suicidios), que en su primera temporada narra la historia de Mike Painter (Paul Schneider), un psicólogo infantil que vuelve a la ciudad donde nació para investigar el extraño comportamiento de los niños y su relación con un inquietante programa de televisión infantil emitido en los setenta, Candle Cove, que ya había provocado estragos en el pueblo.

Los seis capítulos están basados en un popular y escalofriante creepypasta, Candle Cove, una de esas leyendas de internet que medran durante años en nuestro inconsciente, muy a pesar de saber que fueron inventadas, en este caso por el animador y escritor Kris Straub.

¿Y tú? ¿Viste Candle Cove?

Nos remontamos al año 2009, cuando en un foro de nostálgicos de una televisión local de Estados Unidos el usuario Skyshale033 preguntó si alguien recordaba cierto programa infantil de principios de los 70’ llamado Candle Cove. “¿No iba sobre piratas? Recuerdo una marioneta pirata hablando con una niña pequeña en la entrada de una cueva”, contestó el internauta mike_painter65. “Sí –continuó Skyshale-, era el Pirata Percy. Parecía estar hecho de partes de otros muñecos y su cabeza era la de un viejo bebé de porcelana”.

El hilo fue creciendo con borrosos recuerdos de otros usuarios que habían visto el programa de niños y recordaban a un maléfico esqueleto llamado Skin Taker que arrancaba la piel a tiras con sus dientes y un barco parlante comandado por Percy que gritaba: “Tienes que… ir… adentro”,  cada vez que el pirata debía abordar un lugar oscuro y siniestro. Los comentarios se volvieron más inquietantes, hasta el punto de que los usuarios empezaron a dudar de si algunas oscuras escenas del programa las habían soñado.

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“Tienes que… ir… adentro”, le gritaba al Pirata Percy un barco con una cara gigante. (Foto por Syfy)

Como si de un conjuro se tratase, algunas leyendas de internet traspasan las fronteras entre ficción y realidad.

La cadena se cierra abruptamente con el siguiente mensaje:

“mike_painter65

Asunto: Re: ¿El programa local Candle Cove?

Hoy fui a visitar a mi madre a la residencia y le pregunté si recordaba cuando yo tenía 8 o 9 años, a principios de los setenta, y veía el programa Candle Cove. Me dijo que estaba muy sorprendida, le pregunté por qué y me contestó: ‘Porque me parecía extraño que dijeses ‘me voy a ver Candle Cove, mamá’ y te quedases mirando la estática en la televisión durante media hora. Fantaseabas mucho con tu pequeño programa de piratas”.

En un artículo publicado en Aeon, el escritor Will Wiles apuntó: “Hardware y software corruptos, hechizados por los perturbadores espectros de anteriores usuarios. Los creepypastas funcionan mejor cuando el medio infecta el mensaje”. Al igual que en la mayoría de las leyendas que circulan por las redes, Candle Cove dio lugar a cientos de recreaciones, vídeos, memes y cuentos escritos por anónimos internautas. Y como si de un conjuro se tratase, algunas de estas leyendas traspasan trágicamente fronteras.

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Pee-wee Herman, el ‘coco’ de los niños de los ochenta

Ficciones peligrosas

Waukesha (Wisconsin), 31 de mayo 2014. Morgan Geyser y Anissa Weier, de doce años de edad, apuñalan diecinueve veces a una compañera de clase siguiendo ordenes del SlenderMan, una criatura imaginaria nacida en un foro de Internet. Durante el interrogatorio, Morgan le diría a la Policía: “Está en todas partes. Siempre vigilándonos, aunque no tenga ojos. Mientras exista, nunca estaremos solas”.

No fue el único caso del que se tuvo noticias, algunos meses después otra niña de 14 años prendió fuego a su casa mientras su madre y su hermano permanecían en el interior; intentaba convertirse en acólita del ser tentacular y sin rostro que habitaba en el bosque. Incluso asociaciones de aterrorizados padres demandaron a su creador, Víctor Surge, responsabilizándole de ese virus que parecía haber infectado la mente de sus hijos, esa presencia que medraba en el más absoluto silencio en centenares de fotografías, vídeos y cuentos. Pero, ¿qué hace que un personaje como el Hombre Esbelto haya arraigado tanto en nuestra cultura? ¿Puede la bola de nieve del creepypasta convertirse en alud social?

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Estas son algunas de las primeras imágenes del SlenderMan.
Candle Cove: el terrorífico creepypasta que inspiró la primera temporada de Channel Zero 5
El SlenderMan (hombre esbelto) en el fondo de la foto.

Las series perturbadoras como Candle Cove simbolizan todo lo que no podemos entender, incluido nuestro mundo

Para el escritor y futurólogo Francisco Jota-Pérez, autor de Homo Tenuis, el primer ensayo español que aborda el fenómeno del Slender Man, “las historias de terror y los monstruos dicen más de nosotros que el más introspectivo de los drama más realistas o que la más minuciosa crónica periodística; empujan nuestras debilidades hacia la luz para volverlas tan visibles como nuestros puntos fuertes”, porque el Hombre Esbelto es en realidad “un contenedor vacío” en el que depositar “los peores miedos en al respecto de la era digital que nos ha tocado vivir”.

Llámese Cthulhu, SlenderMan o Pee-wee Herman, todos y cada uno de ellos, monstruos o series perturbadoras, simbolizan aquello que no podemos entender, incluido nuestro mundo y el lugar que ocupamos en él, y causan en nosotros el mismo miedo irracional que sentíamos de niños, un monstruo oculto en el armario que cuando apagas la luz, despierta. ¿Te acuerdas de Candle Cove? ¿Te acuerdas ahora?

Continúa leyendo: Qué ver y leer en tiempos de turbulencia política

Qué ver y leer en tiempos de turbulencia política

Nerea Dolara

1984 es un best seller. ¿Qué otros productos culturales exploran distopias totalitarias, sociedades agresivas y gobernantes despóticos?

Desde hace unas semanas ronda la noticia de que el clásico de George Orwell, 1984, se ha convertido en un sorpresivo best seller tardío (bastante tardío, la novela se publicó en 1949). La explicación está a la vista. Tras el Brexit, las elecciones en Estados Unidos y un panorama no muy esperanzador en Europa, los lectores buscan respuestas y la distopia totalitaria de Orwell podría ofrecer algunas.

Claro que no todo es como en el mundo del Gran Hermano (sí, el nombre del reality show tiene su origen en este libro) pero en situaciones inestables y con promesas de líderes menos que democráticos la cultura siempre puede servir para pintar un panorama, para experimentar lo malo sin vivirlo del todo, para hacer catarsis. 1984 no es el único producto cultural que explora un gobierno totalitario y una sociedad reprimida y sin libertades. Ejemplos hay muchos. Y si se habla de explorar ficción para descubrir los males de los que las sociedades y sus gobiernos son capaces, pues las opciones son varias.

Los hijos del hombre (2006)

Esta película, dirigida por Alfonso Cuarón, bien podría calificarse de premonitoria. Puede que los eventos de la trama –la infertilidad de las mujeres, las guerras entre países y el uso de armas químicas– no sean reales, pero el trato a refugiados e inmigrantes, así como el control de los gobiernos a sus ciudadanos con la excusa de la seguridad son tristemente sólo un poco peores que en 2016. Una película devastadora, pero que vale la pena.

El cuento de la criada (1985)

Esta novela de Margaret Atwood, que esta semana se convirtió en la más vendida en Amazon, relata la historia de un mundo en que – tras desastres nucleares y varias guerras (¿ven un patrón?) – la natalidad se reduce y una secta conservadora toma el poder de Estados Unidos y lo convierte en la medieval República de Gilead. La protagonista es apresada y destinada a ser una de las criadas cuyo propósito es servir de útero disponible a los hombres con poder. Sutil, opresivo y angustiante, este libro será llevado a serie de televisión este año con Elisabeth Moss como protagonista.

Idiocracy (2006)

No todo tienen que ser historias de sufrimiento. El futuro puede ser oscuro, pero se puede mirar con una perspectiva de humor, aunque sea negro. Eso es lo que hace esta película, convertida en clásico de culto tras un estreno de poco éxito. Un hombre mediocre, por decir lo menos, es preservado por error durante siglos, cuando despierta el mundo se ha convertido en el reino de los idiotas. Una sociedad ignorante, corporativizada, obsesionada con el espectáculo y, sí, despótica, es lo que se encuentra. Y él termina por convertirse, por descarte, en el héroe que tal vez puede salvarlos a todos.

V for Vendetta (2005)

De nuevo los temas recurrentes de armas químicas, guerras y el miedo como arma de control. De nuevo un gobierno controlador y despótico, muy similar al de 1984. En este caso, sin embargo, el protagonista es un superviviente con sed de venganza, que promete destruir todo el aparato represivo en un año.

Black Mirror (2011-)

Esta serie británica explora, con especificidad, los posibles lúgubres futuros de las sociedades tecnológicas y coorporativizadas. Cada episodio es una historia que se cierra y -el que haya visto alguna entrega lo sabe- cada historia produce escalofríos. Una inteligente mirada crítica a una sociedad cada vez más distanciada y solitaria.

Farenheit 451 (1953)

Esta novela de Ray Bradbury retrata un Estados Unidos en que la quema de libros es ley, como una forma de control del conocimiento y, por ende, de control social. Bradbury escribió el libro durante la era de McCarthy, el congresista americano que encabezó una cacería de brujas contra los comunistas en su país que llevaría a detenciones y listas negras. François Truffaut dirigió una versión cinematográfica en 1966.

El fugitivo (1985)

Esta novela de Stephen King – la versión cinematográfica tiene a Arnold Schwarzenegger como protagonista – relata la historia de Ben Richards, concursante en un reality show en que los participantes viajan por el mundo y son cazados por otros hombres. En este mundo Estados Unidos es un régimen totalitario, la economía está en caos y el mundo es cada vez más violento. Una versión más reciente de una idea similar es la popular saga de literatura juvenil, Los juegos del hambre.

Foto cover: Jason via Flickr.

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