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Jack Nicholson, siete años después

Jorge Raya Pons

Por supuesto que el actor es mejor conforme va comprendiendo ciertas inercias del oficio: solo así puede salir corriendo de ellas. Porque el gran actor no memoriza; el gran actor es otra cosa: piensa el personaje, es el personaje. Y va más allá: el actor –como el periodista, como el carpintero– es mejor conforme va conociendo el oficio –y la industria– en cada una de sus facetas. “Creo que no fui un buen actor hasta que comencé a escribir guiones en serio”, dijo Jack Nicholson en una entrevista de 1981. “Me ayudó a entender los problemas que surgen, aprendí cómo abordarlos. En ese momento dejé de limitarme como actor y ascendí a la categoría de cineasta”. Porque escribir es conocerse y Jack –el rompecorazones de las doce nominaciones al Óscar– hizo de su trabajo un templo.

La obra y la personalidad de Jack evolucionan irremediablemente unidas: una y otra se alimentan y es difícil establecer el punto en que comenzó todo. Jack es el abogado dipsómano de ideas liberales; el agitado y tramposo paciente de un psiquiátrico; el padre de familia esquizofrénico; el psicópata de cara pintada; el neurótico gruñón con la emoción a flor de piel. Su carácter se dibuja en esas arruguitas alrededor de los ojos y en la frente, en esa mirada que va más allá, que dispara las sospechas, en esos dientes ordenados que no significan nada salvo que algo ahí dentro está fuera de control; en las entradas prominentes, en la barbilla que sobresale.

Jack siempre fue como un adolescente con la libido desatada y sin freno y su incapacidad para la monogamia destruyó cada uno de sus noviazgos, lo que se trasladó a sus dos matrimonios: el más duradero con Anjelica Huston. La vida de Jack fue conocida por ser caótica como un torbellino y descubrir a los 37 años que su verdadera madre era su hermana mayor no ayudó a poner las ideas en orden. Por eso comprendí que Jack se había hecho mayor en Cuando menos te los esperas, a los 66 años, cuando interpreta a un viejecito resultón que se aburre de conquistar a las chicas jóvenes y se enamora de una mujer de su edad –que, por otra parte, es Diane Keaton: quién no lo haría–. “Todo lo bueno se acaba”, reconoció en una entrevista promocional, “ya no soy el juerguista de antes: me parece poco atractivo e inapropiado”.

No es extraño que Jack vuelva al cine tras siete años de rumores sobre una memoria frágil: este año protagonizará el remake de Toni Erdmann y repetirá el personaje grotesco de un padre obsesionado por encauzar la vida de su hija, anímicamente devastada por un trabajo que le consume. Una etapa –en abril cumplirá 80 años– donde mostrar el estado de su laberíntico paisaje emocional: nadie conoce al verdadero Jack.

De los trastornos y las drogas

Melchor Miralles

Foto: STEVE DIPAOLA
Reuters

Las estadísticas tienen lo suyo, y siempre muchas lecturas. Hoy sabemos que en 2015 250 millones de personas consumieron algún tipo de droga en el mundo, y al menos 190.000 murieron por causas directas relacionadas con los estupefacientes, según el Informe Mundial sobre Drogas de la ONU, que asegura también que casi 30 millones de personas padecen trastornos graves por esta causa. La más consumida es el cannabis, pero la heroína figura como la más nociva y la que más muerte causa. Los números, qué duda cabe asustan.

Me parece un trabajo relevante de la ONU. Los científicos que lo han hecho merecen mi respeto. Pero si se quiere entrar a fondo en la materia hay que ir al fondo. Las drogas lo que son es un gran negocio que enriquece a muchos. Su combate es imposible a nivel nacional, un solo país no puede acabar con la causa del problema. Y como genera ríos de millones de beneficios, quienes se enriquecen a su costa tienen la capacidad de neutralizar con dinero a gobiernos, jueces y policías. Y el problema crece cada año. Y seguimos manejando estadísticas, y escandalizándonos, y lo que nos queda por ver.

Esos treinta millones de personas que padecen los trastornos a que se refiere este informe quizá hayan empezado a trastornarse antes, y por ello han acabado en la droga, donde han encontrado un refugio y un cobijo que no tenían, puede que incluso sabiendo el daño que iba a causarles. Hemos construido una sociedad que cada día genera motivos para el disgusto, el hartazgo, el desasosiego y el dolor. Crecen el hedonismo y el egoísmo, aumenta el culto al dinero y cada vez importan menos los seres humanos, que tenemos sentimientos, sufrimientos, dolores y penas que nos afligen.

Bien por Naciones Unidas, el doctor ya ha diagnosticado la enfermedad. Ahora me gustaría que nos dijeran estos expertos de la cosa cual es la solución. Para acabar con los trastornos, y para que las drogas solo se utilicen para aquellos casos en los que son útiles. Me temo que tardará en llegar.

Calderiana intempestiva

José María Albert de Paco

Foto: Andreu Dalmau
EFE

En la sección de librería del Corte Inglés no hay libreros, sino empleados que tratan de compensar sus lagunas con una actitud más o menos servicial. Para cualquier letraherido, la experiencia de consumo en estos establecimientos carece del embrujo que envuelve a esas librerías en las que todo está dispuesto para que el comprador se crea poco menos que Harold Bloom, desde la altivez de los dependientes hasta el crujido de las lamas del parqué. Tanto es así que sus propietarios no se consideran exactamente libreros, sino prescriptores del buen gusto, comisarios culturales que, imbuidos de redentorismo, determinan qué obras merecen un lugar de privilegio y cuáles, en cambio, un nicho mortuorio en el más recóndito anaquel.

La librería Calders, de Barcelona, ha declarado en Twitter persona non grata al escritor Gregorio Morán, haciendo así honor a la catalanísima costumbre del señalamiento (ni siquiera la librería Europa llevó tan lejos su bravuconería). Desconozco en qué consiste que una librería te declare persona non grata, ni si los declarantes exhibirán un cartel del tipo ‘prohibida la entrada a perros y mexicanos’. Lo desconozco, digo, porque hasta ahora, por una cuestión de cercanía, era cliente de la Calders, y me consta que no hacía falta que declarasen a nadie non grato para vetar sus libros. Empezando, por cierto, por el libro sobre Ciudadanos que Iñaki Ellakuría y yo escribimos hace año y medio, y que fue la única novedad del sello Debate que, por aquel entonces, no encontró acomodo en el apartado de ensayos políticos. Obviamente, la censurita del tendero no se ciñe a obras menores; en ocasiones, también apunta alto: véase el caso de María Elvira Roca Barea y su Imperiofobia, de cuyo lanzamiento no hubo noticia en la Calders, como no suele haber noticia de nada que huela a disidencia. Puede parecer paradójico, pero el progreso de la humanidad no se debe al sensiblero ingeniero social que pretende salvarte de ti mismo, sino al jefe de planta poco instruido que por cada Roca Barea se lleva un 0,2%. Y en esa evidencia, en fin, radica el gran triunfo de Antonio Escohotado.

Con faldas y a lo loco: la divertida protesta de unos alumnos británicos

Redacción TO

Foto: RRSS

La ola de calor que ha invadido España, pero también el conjunto de Europa, puede ser un fuerte inconveniente en según qué sectores laborales o educativos. Si en España los centros educativos han tenido que soportar temperaturas que han llegado a superar los 35 grados, y a construcciones low cost que han empeorado la situación, más al norte el problema del calor también se ha intensificado.

Las altas temperaturas han obligado a unos jovencísimos alumnos británicos a tomar medidas inusuales. Se trata de unos 30 estudiantes de entre 11 y 16 años de la Academia ISCA en Exeter, en Inglaterra, que han decidido ponerse falda para protestar contra las normas de vestimenta del centro. Dichas normas establecen que, en caso de clima cálido, los estudiantes masculinos pueden llevar pantalones largos, mientras que las estudiantes femeninas pueden usar pantalones largos o falda, según prefieran. A los chicos se les permite que se quiten sus corbatas y desatar sus camisas en clase, pero deben llevar la corbata en el exterior, y mantener las camisas abrochadas cuando salen del aula.

La reivindicación de los chicos de la Academia ISCA es sencilla: quieren poder llevar pantalones cortos cuando hace mucho calor, así como a sus compañeras les permite llevar falda. De esta forma tan divertida y travestida han logrado una visibilidad mayúscula para su protesta.

Según declaraciones de los chavales a la BBC, esta curiosa reivindicación nació tras la sarcástica respuesta de Aimee Mitchell, directora del centro, ante su petición. Ésta les dijo que si querían estar más frescos podían ponerse una falda. Al día siguiente, cinco de los alumnos aparecieron con faldas, y la tendencia se fue expandiendo.

Gracias a este peculiar y divertido movimiento de los alumnos, la escuela parece ahora dispuesta a cambiar su política de vestimenta. “Los pantalones cortos no forman parte de nuestro uniforme para los niños, y yo no querría hacer ningún cambio sin consultar tanto a los estudiantes como a sus familias. Sin embargo, con un clima cálido cada vez más normal, estaría encantada de considerar un cambio para el futuro”, ha declarado la directora a la BBC. Los chicos de ISCA ya pueden decir que con faldas y a lo loco un gran cambio es posible.

Cine interactivo: La aventura de escoger finales en Netflix

Redacción TO

Foto: Netflix

Hace unos años era común que los niños anduvieran con sus libros de Elige tu propia aventura, donde habitaban aquellas historias que podían dar saltos tremendos si el niño se aburría del cuento o si elegía una trama secundaria –a veces terciaria- que cambiaba por completo la línea narrativa, conduciendo al protagonista hacia un final inesperado. Era novedoso porque creaba la impresión en el lector de estar participando en la historia como algo más que un espectador; se convertía en el dueño de los destinos de los personajes.

Estas novelas interactivas fueron rompedoras desde su irrupción en la década de los 80. Ahora, Netflix pretende seguir esta línea ofreciendo a sus clientes la capacidad de decidir el rumbo de las tramas argumentativas de algunas de sus ficciones. Con esta opción, el espectador puede escoger con su mando de la televisión o desde la pantalla de la tableta o del móvil, el camino que han de tomar los personajes principales del entretenimiento. Por el momento solo es posible hacerlo en una película, pero pronto se sumarán más. El título señalado se llama Puss in Book: Trapped in an Epic Tale.

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Puss in book, la primera animación interactiva de la compañía. | Fuente: Netflix

Los creadores de contenido tenían el deseo de contar historias no lineales como esta, y Netflix les ofrece la libertad de divagar, intentar cosas nuevas y permitir que hagan su mejor trabajo”, explica Carla Engelbrecht Fisher, directora de Innovación de la compañía, en un comunicado publicado en su blog. “Ser una empresa que funciona en internet nos permite innovar con nuevos formatos, ofrecer nuestros productos en múltiples dispositivos y, lo que es más importante, aprender de ellos”.

Después de dos años de trabajo, sale a la luz una plataforma interactiva cuyo principal público son los niños

La empresa californiana ha trabajado durante dos años en el desarrollo de esta plataforma que permite el funcionamiento de un sistema interactivo. Para ello requirieron de un equipo de varias decenas de desarrolladores, quienes decidieron dar un tiempo limitado a los consumidores para realizar su elección. Este tiempo se estima que oscila entre los 15 y los 20 segundos.

Además, su primera película, Puss in Book, demuestra que el primer objetivo de este tipo de producto son los niños. Esto se debe a que la mitad de los usuarios de Netflix consume contenidos infantiles. Así, en esta primera historia se narran las aventuras del gato con botas, tal y como lo conocimos en Shrek, tras quedar atrapado dentro de un libro de cuentos. Durante la evolución de la ficción, los niños pueden tomar hasta 13 decisiones que derivan en cierres completamente distintos y convertir el cuento en una narración de 13 minutos o de 39. Esto nos trae de nuevo a aquellos libros donde uno podía terminar con el caballero salvando a la princesa o derrotado y en el barro tras una batalla. Los cuentos antes eran así.

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Buddy Thunderstruck: The Maybe Pile será la segunda ficción en aprovechar esta función. | Fuente: Netflix

Los títulos interactivos estarán disponibles solo en algunos soportes. Esto significa que si eres cliente de Apple TV, Android, Chromecast o la propia web, no puedes disfrutar de este servicio. En cambio, sí podrán disfrutarlos los usuarios de Smart TV, videoconsolas y dispositivos con el sistema operativo iOS (Apple).

El 14 de julio llegará el segundo título interactivo, Buddy Thunderstruck: The Maybe Pile, una animación realizada con la técnica stop-motion protagonizada por Buddy, un perro piloto de camiones, y su amigo Darnell, un hurón mecánico de coches.

Asimismo, está previsto para el año que viene el estreno de otra animación: Stretch Armstrong: The Breakout. Habrá que esperar, por el momento, para ver si los buques insignia de Netflix se suman a esta iniciativa; se hace difícil imaginar que se abra esta posibilidad a series como House of cards u Orange is the new black.

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