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Jaime Pastor: “Mucha gente de izquierdas es nacionalista española sin saberlo”

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

“No duele la ofensiva de la caverna, duele la rabia de la izquierda de salón por atrevernos a plantar cara como ellos nunca se atrevieron”. Son palabras de Gabriel Rufián. Las escribió en su cuenta personal de Twitter hace una semana. De las muchas respuestas que obtuvo Rufián destacó la de Antonio Maestre, veterano periodista del diario La Marea: “La izquierda de salón a la que insultas lleva jugándosela en la calle antes de que te abrieras twitter”.

Es un ejemplo. Hay muchos más. En forma de tuits, en forma de declaraciones e incluso en forma de destituciones como la que ha sufrido el hasta ahora secretario general de Podemos en Cataluña, Alberto Dante Fachin, a manos de sus compañeros de siglas. ¿Qué produce tanta tensión entre personas que, hasta hace unas pocas semanas, preferían aparcar sus diferencias para perseguir objetivos parecidos?

Uno de los intelectuales que mejor puede explicar lo que le está pasando a la izquierda española, resquebrajada y enfrentada a causa de los sucesos que han ocurrido en los últimos tiempos en Cataluña, es Jaime Pastor (Valencia, 1946). Por tres motivos. El primero es su edad: 71 años, exilio en Francia durante el tardofranquismo incluido. El segundo es su dedicación: hasta el curso pasado, y durante décadas, ha sido profesor de Ciencias Políticas en la UNED. Y el tercero es su activismo: ha pasado por la Liga Comunista Revolucionaria, Izquierda Alternativa e Izquierda Unida hasta que, en 2008, decide fundar Izquierda Anticapitalista. Un partido integrado actualmente en Podemos y del cual sigue formando parte. Conoce bien el percal.

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PORTADA DE LOS NACIONALISMOS, EL ESTADO ESPAÑOL Y LA IZQUIERDA. IMAGEN VÍA LA OVEJA ROJA.

Autor de varios libros, entre los que destaca Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda (La Oveja Roja), Pastor se muestra muy crítico con la izquierda española “que no lucha para que el Estado español reconozca el derecho a la autodeterminación de los catalanes”. Por desgracia –añade– es la mayoritaria.

En la última manifestación convocada por Societat Civil Catalana en Barcelona el ex secretario general del Partido Comunista de España, Paco Frutos, dio un discurso en el que lamentó la existencia de una izquierda nacionalista. Frutos acusó a esa izquierda de traicionar a la clase obrera por su complicidad con el independentismo catalán. ¿Qué te parecieron sus palabras?

Me parecieron mal. El discurso de Frutos refleja la involución de una parte de la izquierda española. Conocí a Frutos en Izquierda Unida, cuando yo era secretario del Proyecto Federal de la organización, y por aquel entonces él estaba a favor del derecho a la autodeterminación. Ahora parece que ha tomado la parte por el todo y piensa que nacionalismo catalán es sinónimo de burguesía catalana. Pero en el bloque soberanista hay muchos sectores comprometidos con la lucha social. Sucede que esos mismos sectores están indignados y frustrados con un nacionalismo español que no ha permitido plantear la vía federalista.

Sin embargo, la izquierda española plantea una queja legítima cuando dice que el proceso independentista ha fomentado una guerra de banderas que ha desplazado la lucha por los derechos sociales.

Ese argumento es, en mi opinión, una coartada. El Parlament ha aprobado varias leyes que velan por los derechos sociales; la ley contra la pobreza energética o la ley de renta mínima garantizada, entre otras. Tampoco hay que olvidar la campaña lanzada por Òmnium Cultural que se llamó “Lluites Compartides” y en la que se hablaba de luchar por la sanidad o la educación públicas. Luego está la CUP, un partido que siempre mete la cuestión social en sus propuestas.

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JAIME PASTOR ES UNO DE LOS INTELECTUALES MARXISTAS MÁS VETERANOS DE ESPAÑA. | Foto: Juan Romero Velasco.

Pero estarás de acuerdo en que la cuestión social no es, hoy por hoy, una prioridad.

La prioridad ahora mismo es la cuestión nacional, sí. Pero la culpa no es de las fuerzas soberanistas catalanas. La culpa es del Estado español. Si este conflicto se hubiese tratado con urnas ya no estaría en el centro de la agenda política. De modo que, para mí, el Estado español es el principal responsable de que no existan otras prioridades.

¿El apoyo de esa izquierda que denuncia Frutos al proceso independentista se debe al convencimiento de que conseguir una república de izquierdas será más fácil en una Cataluña independiente?

Ese apoyo se debe a que el bloque soberanista defiende una causa justa desde el punto de vista democrático: el derecho a la autodeterminación. Yo no me identifico con las fuerzas nacionalistas catalanas, pero sí me identifico con una izquierda internacionalista que siempre ha defendido ese derecho. Y la izquierda española no puede apoyar o dejar de apoyar una causa semejante dependiendo de quién lidere la iniciativa. Dicho esto, no sé dónde sería más fácil conseguir instaurar una república de izquierdas. Lo que sí es incontestable es que dentro del movimiento independentista catalán hay fuerzas de izquierda con el potencial para disputarle la hegemonía a la derecha catalana.

Es decir, que en tu opinión la izquierda española tiene que apoyar el proceso independentista catalán sin importar quién lo lidera.

No, no da igual quién lo lidera. La izquierda española debería adoptar dos posturas: una dentro de Cataluña y otra fuera de Cataluña. Fuera de Cataluña, la izquierda española tendría que luchar para que el Estado español reconozca el derecho a la autodeterminación de los catalanes. Y dentro de Cataluña lo que debería hacer es apoyar a las fuerzas que estén luchando por los derechos sociales. Es importante distinguir entre el PdeCat o ERC y ciertos sectores de la CUP o Revolta Global. Estos últimos están involucrados en la cuestión nacional sin olvidarse de la cuestión social.

En la izquierda española se teme, y mucho, que todo esto lleve a un resurgimiento del nacionalismo español. ¿Es un temor pertinente?

Sí, es pertinente, y es pertinente porque a corto plazo puede darse. Rajoy ha sido muy hábil al convertir el proceso independentista catalán en un enfrentamiento entre el nacionalismo estatal, o sea español, y el nacionalismo catalán. Esa visión de las cosas ha cuajado en sectores importantes de la población. Pero es que estamos en lo de siempre: si la izquierda española hubiera rechazado esa polarización desde el principio y hubiera defendido la idea de plurinacionalidad, con todo lo que conlleva, quizás tendríamos una situación menos tensa. Tampoco podemos pretender que en Cataluña se sienten a esperar hasta que en el Estado español gobierne la izquierda. Si la izquierda española hubiera defendido desde el principio, y consecuentemente, el derecho a un referéndum pactado amparándose en los casos de Escocia o del Quebec, e insistiendo en la falta de voluntad política de la derecha para llevarlo a cabo, estaríamos en otra situación.

Podemos ha defendido un referéndum pactado…

Lo ha defendido en la última etapa. Pero al mismo tiempo ha querido mantenerse equidistante. No ha desarrollado todavía la labor pedagógica. El problema viene de lejos. Desde la Transición, la socialización que han sufrido varias generaciones en torno a la unidad intocable del Estado y la sacralización de la Constitución ha derivado en una cultura democrática que no ha sido ni antifranquista ni respetuosa con la plurinacionalidad. El giro de Podemos se dio a raíz de la coalición que formaron con En Comú Podem en las generales de diciembre de 2015. Llegó demasiado tarde.

¿Tienes en mente alguna figura de la izquierda que represente esa socialización?

A juzgar por sus declaraciones recientes, Carolina Bescansa o Alberto Garzón son dos buenos ejemplos de lo que estoy diciendo. Tanto Bescansa como Garzón abrazan un nacionalismo español que de alguna manera no se reconoce en sí mismo; ellos no se consideran nacionalistas españoles porque el suyo es un nacionalismo inconsciente. Le pasa a mucha gente de izquierdas; son nacionalistas españoles sin saberlo.

¿Podría ser que las declaraciones de ambos respondan más a fines electoralistas?

También existen fines electoralistas, por supuesto. Se dan ambos factores. La socialización en torno al nacionalismo español ya se daba en los estertores de la dictadura franquista, por cierto. Entonces el Partido Comunista de España ya hablaba de derecho de autodeterminación, pero siempre dentro de la unidad de España. Como máximo han llegado a defender una vía federal de España, pero no un federalismo plurinacional.

La clave en toda esta crisis reside en la palabra “plurinacional”, por lo que veo.

Sí, y ese es precisamente el paso adelante que durante la última etapa ha dado Pablo Iglesias: asumir el concepto de plurinacionalidad, que es el que reconoce que las diferentes nacionalidades españolas son sujetos políticos con derecho a existir. No obstante, en la mayoría de la izquierda española sigue predominando un nacionalismo español abierto al federalismo pero nunca a una hipotética separación. Una cosa es el derecho a la autodeterminación y otra, muy distinta e inadmisible para muchos, es el derecho a la independencia.

¿Por qué?

Porque en la izquierda española se hace una lectura del leninismo que dice que la separación debilita la unidad de la clase obrera. Es lo que sostiene y siempre ha sostenido el Partido Comunista de España, por ejemplo. Esa misma lectura es la que dice que el marco más favorable para avanzar en derechos sociales es el que plantean los grandes Estados. En resumen: un Estado, una clase, un partido. Aunque, como hemos hablado antes, en el caso de Carolina Bescansa puede pesar más una idea electoralista según la cual habría que interpelar a la mayoría de los españoles. Y la mayoría de los españoles no está ni en Cataluña ni en el País Vasco.

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JAIME PASTOR EN UNA CONCENTRACIÓN DE IZQUIERDA ANTICAPITALISTA. | Foto: Juan Romero Velasco.

Una situación complicada: la izquierda necesita a la mayoría de los españoles pero al mismo tiempo, y siguiendo con los términos electoralistas, no puede prescindir de Cataluña.

Claro. Sin los votos de Cataluña la izquierda lo tiene crudo para echar al PP.

Así que, de momento, la partida la va ganando el PP.

También en Cataluña, donde ahora mismo está triunfando el nacionalismo español. Pero cuidado: al mismo tiempo está demostrando su fracaso histórico. El independentismo ya es, desde el 2012, un dato estructural. No va a bajar de los dos millones de personas. Y lo que es más importante: es también un dato intergeneracional. Así que ahora mismo tienes un independentismo estructural, un nacionalismo español que ante su amenaza se torna reactivo, y muy poca cosa en medio. Donde debería estar la izquierda te encuentras con una propuesta de federalismo descentralizador que, sin embargo, no asume un pacto entre dos iguales, entre dos realidades nacionales en igualdad de derechos.

Si tuvieses una varita mágica, ¿cómo solucionarías el problema?

Lo ideal sería llevar a cabo un proceso constituyente en Cataluña y que ese proceso decidiese qué tipo de relación quiere mantener con el Estado español. Y en función de lo que salga, se debería abrir otro proceso en el Estado español. Eso sería lo ideal. Pero, en el corto plazo, lo más pragmático sería hacer lo que ya planteó Francisco Rubio Llorente: con la reforma de la ley orgánica del referéndum, permitir la celebración de un referéndum consultivo solo en Cataluña para conocer la opinión de los catalanes. Luego, en base a la respuesta de la gente, ya se valora qué hacer. En Canadá tienen la Ley de Claridad, por ejemplo. Se podría pactar una ley parecida entre el Parlamento de España y el Parlament, o entre el Parlamento de España y los parlamentos regionales que lo solicitasen. O más fácil todavía: en Escocia no hubo Ley de Claridad ni nada parecido. Allí pactaron un referéndum que se terminó llevando a cabo y ya está. Hay varios ejemplos que marcan posibles caminos a seguir. Lo que no hay es voluntad política.

En los últimos meses el proceso independentista ha sido ampliamente criticado por su forma de hacer las cosas. La sesión del Parlament de principios de septiembre en la que se aprobó la Ley del Referéndum mientras la oposición era ninguneada, por ejemplo. ¿Cuál es tu opinión?

El bloque independentista ha ido dando bandazos y hay que ser críticos con su hoja de ruta. Después de las elecciones del 2015 no estaban dispuestos a hacer un referéndum, ya que apostaban por la Declaración Unilateral de Independencia. Más tarde cambiaron de parecer y aceptaron la necesidad de un referéndum. Sin embargo, cuando buscaron la forma de celebrar una consulta pactada se encontraron las puertas cerradas. Y a eso hay que sumar las consecuencias del referéndum no vinculante del 2014. Al final se han visto obligados a pasar a la ilegalidad según dicta la normativa española. Por supuesto, las sesiones del 6 y 7 de septiembre en el Parlament fueron una gran chapuza. Supongo que tuvieron miedo al foco mediático y a la represión judicial.

¿Qué te parece la huida de Puigdemont a Bruselas?

Ha sido su forma de intentar sobrevivir. Temía que le metieran en chirona enseguida. Ahí han demostrado que son de derechas. Es gente que ha llegado mucho más lejos de lo que pensaba. No se lo tomaba en serio. El ejemplo más claro es Santi Vila. Esto se ha comprobado al descubrir que no habían preparado estructuras de Estado alternativas. Los únicos que se lo creen, los únicos dispuestos a asumir el riesgo de la confrontación y la desobediencia, son los de la CUP.

En una entrevista concedida a Viento Sur este verano afirmabas que la legitimidad del referéndum del 1-O dependería del grado de participación. Según los datos de la Generalitat, en la consulta votó menos del 50% del censo. ¿Estamos ante una consulta legítima?

En semejantes condiciones, fue realmente excepcional que votará el 43% del censo. Visto lo visto, creo que no hay que caer en si tenía o no tenía que haber registrado más de un 50% de participación; ese 43% en esas condiciones otorga legitimidad suficiente al referéndum. Quizás no para proclamar la independencia, pero sí para abrir un proceso constituyente en el que se decida por qué camino tirar. Un proceso constituyente en el que se pueda hablar también de otros temas; no sólo del tema del territorio sino también de cuestiones sociales y de soberanía.

¿La convocatoria de elecciones autonómicas ha sido un golpe maestro de Rajoy?

Es verdad que nadie podíamos preveer que la aplicación del artículo 155 iba a ir acompañada de unas elecciones autonómicas. No lo veo tanto como una operación inteligente de Rajoy; para mí es una salida que surge del miedo a encontrarse con una situación fuera de control y de las presiones de sus colegas europeos, que le han pedido varias veces que no recurra a la fuerza. No obstante, es cierto que ha descolocado a los independentistas. Ahora estamos en otra fase y ese cambio de escenario juega a favor de Rajoy, que con esto puede recuperar a los votantes que se alejaron de él por culpa de la corrupción. De todas formas, vivimos una época en la que los días valen por años. No sabemos qué efecto van a tener los encarcelamientos de políticos catalanes. ¿Eso va a desmoralizar o va a cohesionar todavía más al independentismo? Además, hay que ver las propuestas que surgen tras estos comicios. No olvidemos que hay dos millones de catalanes que ya han llevado a cabo su desconexión emocional.

Y, según un estudio reciente, cada vez hay más personas en España a favor de un referéndum pactado.

Claro. Hay varias encuestas que dicen esto. Si te asomas a la calle en ciudades como Madrid, ahora llena de banderas de España, no lo parece. Pero existe una tendencia favorable al referéndum pactado. Esa es la baza que tiene que jugar Podemos, y de paso tendría que dejar también muy claro que el referéndum pactado debe plantearse entre nacionales en pie de igualdad, no como fórmula para intentar encajar a Cataluña en España.

¿Te parece que hay condescendencia en el tono que Podemos emplea con Cataluña?

Lo que tiene que hacer Podemos es asumir que el Estado uninacional español ha fracasado, y que si se quiere buscar una nueva relación dentro del Estado entre los distintos sujetos existentes hay que respetar el derecho a decidir. Hay que buscar una vía federal, o confederal, que permita también decidir si uno quiere separarse o no.

La siguiente pregunta quiero hacérsela al Jaime Pastor politólogo: ¿puedes diseccionar los nacionalismos catalanes?

Es una pregunta difícil, porque los nacionalismos catalanes están en un estado de evolución constante. Por un lado estaría el PdeCat, que es el nacionalismo más pactista de todos. Asume la máxima de “ni Bismarck ni Bolívar”. O sea, Pujolismo puro y duro que lo que busca es condicionar a la derecha española. Lo que sucede es que ese nacionalismo pactista evoluciona, a partir del año 2012, hacia el independentismo; un independentismo más de conveniencia que de convicción. Por otro lado estaría ERC representando un nacionalismo independentista vinculado a la pequeña burguesía catalana pero que no obstante cuenta también con una base rural importante. Su postura es moderada, socio-liberal, como bien demuestra Oriol Junqueras cada vez que promete estabilidad económica. Tiene, eso sí, elementos más radicales. Joan Tardá y Gabriel Rufián serían dos ejemplos de su facción más izquierdista. Y por último estaría la CUP, en donde hay de todo aunque fundamentalmente se caracteriza por abrazar un independentismo radical y anticapitalista pero no nacionalista. Su origen se encuentra en el PSAN (Partido Socialista de Liberación Nacional de los Países Catalanes) y recoge ese municipalismo de raíz libertaria que ha sobrevivido en Cataluña. Por citar un referente histórico, la CUP sería una mezcla del POUM y la CNT.

¿Se puede ser independentista no nacionalista?

Sí, claro. Los de Endavant, que están en la CUP, sostienen que el independentismo es solo una táctica para romper con España ya que una Cataluña independentiente sería un marco más favorable para la revolución anticapitalista.

Hemos comenzado hablando de la crisis que atraviesa la izquierda española a raíz del proceso independentista catalán. Podemos sería un ejemplo de esta situación; cruce de acusaciones internas, destituciones y, en las encuestas, pérdida de escaños. ¿Crees que Cataluña puede suponer el principio del fin del partido?

No lo sé. Hay encuestas que apuntan a una bajada tremenda en votos, tienes razón, pero luego hay estudios, como el que has citado antes, que hablan de un aumento de gente a favor del referéndum pactado. A corto plazo creo que sí va a tener un coste para Podemos. Sin embargo, el régimen del 78 arrastra una grieta en el ámbito territorial que no se va a cerrar. Más pronto o más tarde habrá que tener el debate sobre la cuestión territorial. El reto que tiene Podemos ahora mismo es no reaccionar a la defensiva. Si reacciona a la defensiva cometerá el error que históricamente ha cometido la izquierda española, y que no es otro que el de mantener dos discursos.

¿Dos discursos?

Sí. En el País Vasco, Galicia y Cataluña mantiene uno, y en el resto del Estado otro. En esas regiones el discurso va de reconocer toda una serie de derechos y privilegios, mientras que en el resto del Estado español lo que se defiende es un encaje de bolillos para evitar cuestionar la indivisibilidad de España. Si Podemos mantiene esos dos discursos estará cometiendo un grave error. Debe asumir la defensa de la plurinacionalidad sin tapujos.

¿Y qué hacemos con los millones de catalanes que no son nacionalistas ni se sienten parte de una nación catalana?

Esos millones de catalanes que no tienen ningún vínculo con el nacionalismo catalán suponen un reto para Podemos. Tiene que conseguir que no se marchen en masa a partidos como Ciudadanos y al mismo tiempo evitar que los catalanes furibundos hispanófobos, que los hay, polaricen todavía más el panorama.

Hace unas semanas el escritor Juan Soto Ivars, que es murciano pero vive en Barcelona, decía en este mismo medio que le daba más miedo el nacionalismo español que el catalán. ¿A ti también?

Por supuesto. Y ahí la izquierda española tiene una gran responsabilidad. Felipe González y toda su gente no lidiaron con el legado franquista. No presentaron ninguna batalla, aunque fuese simbólica. Forman parte de una cultura democrática que ha banalizado el franquismo y que tiene sacralizada la unidad de España. Para los catalanes este proceso es un divorcio, mientras que para los españoles este proceso es lo más parecido a ver cómo te amputan un brazo. La reacción en uno y otro caso puede ser muy distinta.

Para terminar quería preguntarte por la estructura territorial de España. Se suele decir que el sistema de las autonomías español es de los más permisivos del mundo. ¿Estás de acuerdo?

En algunos aspectos eso es indudable. Pero esas concesiones luego se compensan con rasgos ultracentralistas como el artículo 155. Ese mismo artículo, por ejemplo, está directamente copiado y pegado de la Constitución alemana. ¿Qué sucede? Pues que Alemania tiene una naturaleza diferente; no es una realidad plurinacional como sí lo es la española. En cuanto al Estado español, es el vivo ejemplo de un estado híbrido: ha cedido competencias a entidades supranacionales como la Comisión Europea y ha cedido competencias a entidades subestatales como es el caso de la Educación. Aunque, eso sí, se guarda mucho de ceder el control sobre las infraestructuras. En resumidas cuentas: el Estado español está descentralizado política y administrativamente en algunos aspectos, pero en otros está en pleno proceso de recentralización.

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La vieja izquierda catalana quiere plantar cara al independentismo

Borja Bauzá

Foto: Borja Bauzá
The Objective

José Antonio Canillas mira a su alrededor con aire satisfecho. Los ecos de La Internacional todavía resuenan en el salón de actos del Centre Cívic La Sedeta. El lugar, a pocas manzanas de la Sagrada Familia, ha acogido este martes un acto contra el referéndum que ha terminado con los 200 asistentes cantando el himno obrero a pleno pulmón. “Hacía tiempo que no veía a tanta gente de la izquierda clásica junta”, asegura este veterano de Comisiones Obreras, un sindicato al que lleva afiliado desde el tardofranquismo. En Cataluña, en los últimos años, el nacionalismo ha devorado lo que él llama “izquierda clásica”.

El acto, impulsado por el Foro de las Izquierdas No Nacionalistas, había comenzado dos horas antes con los altavoces reproduciendo “Mi tierra”, una oda a España cantada por Nino Bravo. Entre la balada del cantautor y el himno de la clausura nueve ponentes –con el ex fiscal anticorrupción Carlos Jiménez Villarejo y el viejo líder comunista Paco Frutos como estrellas invitadas– se habían dedicado a no dejar títere con cabeza; Carles Puigdemont, Ada Colau, la CUP, ERC, Podemos, Pablo Iglesias o Mariano Rajoy. Hubo para todos.

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Dos centenares de personas acudieron al acto convocado en el Centre Cívic La Sedeta. | Imagen vía Borja Bauzá/The Objective

Puigdemont y sus antecesores, Artur Mas y Jordi Pujol, fueron acusados de querer una república catalana para poder robar más y mejor. Ada Colau fue acusada de seguir permitiendo desahucios en Barcelona. La CUP recibió la acusación de traición a la izquierda y de servir como caballo de Troya a las élites capitalistas, que gracias a ellos habrían podido penetrar finalmente en los barrios obreros. ERC fue acusada de catalanista y, como la CUP, de ser los tontos útiles del poder. Podemos de partido sectario y de haber permitido gobernar al PP. Y Pablo Iglesias fue tildado de “ignorante” por el propio Villarejo para gran regocijo de la concurrencia. Mariano Rajoy, en cambio, sólo se llevó algún palo suelto. De pasada y no precisamente por despertar simpatía alguna entre los presentes; más bien al contrario. En su caso los palos se daban por supuestos.

Desahogos al margen, el acto también sirvió para hablar del objetivo que la ‘izquierda verdadera’ debe perseguir. En palabras del propio Paco Frutos: Una España federal, republicana y socialista. La invocación de semejante España fue ovacionada largo y tendido. El antiguo secretario general del Partido Comunista no compartió, sin embargo, ninguna pista sobre cómo se podría avanzar hacia esa realidad soñada.

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Voluntarios de Recortes Cero animan a firmar su próximo manifiesto. | Imagen vía: Borja Bauzá/The Objective

Quienes sí lo hicieron, aunque de manera un tanto vaga, fueron Miguel del Amo, de la organización En Positivo +, y Vicente Serrano, de Alternativa Ciudadana Progresista. El primero explicó desde el estrado que en las próximas elecciones autonómicas no se puede abandonar a la izquierda no nacionalista a su suerte. Vicente Serrano, por su parte, me confirmó al terminar el acto que la creación de un partido político es algo que está sobre la mesa. El problema de la izquierda es que ha perdido la hegemonía política y cultural, sostiene Serrano. Eso explicaría, en su opinión, por qué partidos como Unidos Podemos se habrían asociado con el nacionalismo catalán a la hora de pedir la celebración de un referéndum. Es una forma de mantenerse a flote.

Esta negativa no ya a la independencia sino a la celebración del referéndum es el denominador común que todos los asistentes al acto comparten y es, también, lo que separa a estas organizaciones de otros partidos de izquierdas que, sin buscar la independencia de Cataluña, piden respetar su derecho a decidir. Los más puristas de entre los presentes alegan que cuando Marx defendía el derecho de autodeterminación lo hacía pensando en las colonias, algo que Cataluña no es. Nuria Suárez, cabeza visible de la plataforma Recortes Cero, es más pragmática al exponer que la consulta es “una estafa antidemocrática” porque no se celebraría con garantías de ningún tipo.

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Los ponentes cantan La Internacional al terminar el acto. | Imagen vía Borja Bauzá/The Objective

Echando un vistazo a su popularidad en redes sociales uno podría pensar que Recortes Cero es un movimiento anecdótico. Sin embargo, esta es la organización que promovió el manifiesto 1-O Estafa Antidemocrática que causó tanto revuelo tras aparecer en las páginas de El País firmado por personalidades de toda España como el escritor Juan Marsé o la cineasta Isabel Coixet. De hecho, Recortes Cero ha utilizado el acto de Barcelona para impulsar la publicación de un tercer manifiesto en El Mundo antes del domingo. “Nos sale por 8.000 euros”, explica una voluntaria mientras recoge firmas y pide donaciones.

Pero hay límites. No todo vale en la lucha contra el independentismo. Cuando pregunto a José Antonio Canillas, el sindicalista de Comisiones Obreras, si sería capaz de hacer causa común con partidos como el PP o Ciudadanos me mira con incredulidad. “Con la derecha no se va a ningún lado”, aclara. “Otra cosa es que estén ellos también ahí; entonces estaríamos juntos, pero nunca revueltos”.

Cuando me despido de Canillas son cerca de las diez de la noche y el salón de actos está prácticamente vacío. Esther Vila, una maestra retirada, intenta ocultar un puñado de pósteres en su bolso antes de salir a la calle. No lo hace por la lluvia; es que no quiere que se vean. Por si las moscas. “En Cataluña no existe libertad de expresión”, me explica. El póster reza: “Si vas a votar, aunque votes no, ganan ellos.

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Juan Soto Ivars: “En la poscensura no tienes miedo al estado; tienes miedo a tus amigos”

Borja Bauzá

Foto: Jose Jeosm
Cedida por Juan Soto Ivars

Hace un par de meses Juan Soto Ivars (Águilas, 1985), barcelonés de adopción y columnista destacado de El Confidencial, escribió un artículo afirmando que Cataluña funciona como una república cuántica. “Cuando un político toma una decisión en Cataluña, la toma y no la toma”, explicaba el escritor y periodista murciano. Dos meses después el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se presentó en el Parlament para declarar la independencia de Cataluña y dijo lo siguiente: “Llegados a este momento histórico, y como presidente de la Generalitat, asumo al presentar los resultados del referéndum ante el Parlamento y nuestros conciudadanos, el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república. Esto es lo que hoy corresponde hacer. Por responsabilidad y por respeto. Y con la misma solemnidad, el Gobierno y yo mismo proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia”.

Además de inspirar –sin pretenderlo– al presidente de Cataluña en el momento más tenso de su carrera, Soto Ivars también ha dedicado una parte considerable de su tiempo a investigar los linchamientos digitales. Su último ensayo, Arden las redes (Debate), explora lo que él llama poscensura; el agobiante reino de la corrección política en las redes sociales. También es autor de un libro mitad memoria mitad reflexión sobre la sociedad española titulado Un abuelo rojo y otro abuelo facha (Círculo de Tiza) y de varias novelas. Muchos le han acusado de abordar los conflictos patrios desde la equidistancia. Sin embargo, y como se puede comprobar en las líneas que siguen, Soto Ivars no parece tener ningún problema en mojarse y señalar aquello que detesta.

Juan Soto Ivars: “En la poscensura no tienes miedo al estado; tienes miedo a tus amigos” 3
La prensa internacional destaca en portada la tensión en Cataluña | Imagen vía: Borja Bauzá

El 1-O es un día que ha quedado grabado a fuego en el proceso independentista catalán. Por muchos motivos. Tú que no eres catalán ni tampoco independentista, ¿cómo viviste aquella jornada?

El 1-O produjo una ruptura entre lo que pensaba y lo que estaba viendo. Soy anti independentista y por eso cuando escribo lo hago a favor del unionismo. Lo que pasa es que el día del referéndum vi cómo, al lado de mi casa, la policía hostigaba a gente mayor. Cuando ves a la policía pasándose tanto, lo que tú piensas y lo que piensa la persona que está en la calle deja de importar. Todo se reduce a una cosa: están pegando a tus vecinos. Hablando desde un punto de vista unionista creo que tendríamos que ser muy críticos con lo que ha pasado. Nosotros, los que no queremos la independencia, tenemos que decir que la policía no puede cargar así para cerrar cuatro colegios electorales. Yo el 1-O me agarré un disgusto con los míos.

En los días posteriores al referéndum aparecieron crónicas contando que gente que no pensaba votar bajó a votar después de ver las imágenes de la policía desalojando colegios. ¿Fue la acción policial de ese día contraproducente?

Completamente. Mi propia mujer, Andrea, no pensaba votar porque opinaba que el referéndum, tal y como estaba planteado, no era democrático. Decidió ir después de ver esas imágenes. Conozco bastantes casos parecidos. Lo he dicho en varios artículos: hay que ser consciente de que aquí las cosas se viven de otra manera. A mí lo que más me cabrea de todo este asunto es lo siguiente: ¿si alguien cometió un delito por qué no hay detenidos? Me refiero a los que promovieron el referéndum, a los que lo hicieron posible. ¿Por qué esas personas están libres y otras que sólo fueron allí a votar, y que según los jueces no estaban cometiendo ningún delito, tienen el ojo morado? La polarización ideológica es tal que una parte de la sociedad está aceptando que la pena por un supuesto delito que ni siquiera se ha juzgado sea una somanta de hostias. Eso no es justicia. Es la ley del más fuerte.

El fenómeno de colgar la bandera de turno en el balcón, algo que en Cataluña ya es tradición, se ha empezado a extender por el resto de España. En ciudades como Madrid hay banderas españolas donde antes no había nada. Hay gente que lo celebra diciendo que por fin se está acabando con el complejo de sentirse español. Otros hablan de un rebrote de nacionalismo españolista. ¿Tú qué opinas?

A mí me parece que abrazar la bandera de España cuando Rafa Nadal gana un campeonato es una reacción natural; se abraza en actitud festiva, de celebración. El problema es que ahora se está sacando de forma reivindicativa y contra un nacionalismo. Existen dos posturas principales dentro del españolismo: la que dice no a la independencia pero sí a un estado plurinacional y la que saca banderas a los balcones, que es la misma que dice que España es una y no cincuenta y una. Esta última me parece negativa. De hecho, a mí me asusta más el nacionalismo español que el catalán. Al nacionalismo catalán ya estoy acostumbrado; vivo aquí, no soy nacionalista y nunca he tenido ningún problema por ello.

¿En el resto de España se exagera al hablar de los problemas de convivencia que hay entre nacionalistas y no nacionalistas en Cataluña?

Se exagera mucho al hablar de la mala vida que supuestamente llevan los que no son independentistas. Con esto no quiero decir que los que dicen que han tenido problemas estén mintiendo. Estoy seguro de que hay gente que ha tenido problemas. Pero no es generalizado. Yo nunca he ocultado que el nacionalismo catalán me parece estúpido y nunca me ha pasado nada.

¿Entonces el relato independentista, ese que habla del respeto al disidente, es cierto?

El relato independentista también trae su dosis de mentira. Que existe cierta discriminación es innegable. Esto se nota, por ejemplo, en los institutos. Me han llegado historias de profesores que han sido marginados de una manera u otra. Y conozco personas que llevan 30 años aquí a las que algunos siguen sin considerar catalanas. Hay mucho marketing que presenta el independentismo catalán como un fenómeno abierto y eso es falso. Ahora bien: no tenemos una situación a la yugoslava. Es imposible. No son tan fanáticos.

Ciertos comentarios en redes sociales pueden dar la impresión contraria.

Es que es ahí donde uno puede encontrar a los fanáticos del independentismo catalán: en las redes sociales. Pero son muy engañosas. El día del desfile de la Fiesta Nacional se mató un piloto de caza cuando volvía a su base tras la exhibición. Yo sigo a muchos independentistas en Twitter para ver lo que dicen y en ese momento estaban lamentando lo sucedido. ¿Pero qué es lo que se estaba viendo? Pues pantallazos de 50 gilipollas, entre ellos un concejal de ERC, que se estaban descojonando de lo del piloto. Esa imagen es falsa. Es un espejismo. Es una sombra china; pones el foco muy cerca del imbécil y la sombra que proyecta es gigantesca. El independentismo catalán es un movimiento muy civilizado. Sí, en Cataluña hay propaganda, hay crispación y hay gente que prefiere no tocar según qué temas. Pero no hay Jemeres Rojos. Cuando surgió Podemos pasaba lo mismo: había amigos con los que no podías hablar de Pablo Iglesias porque te saltaban al cuello. Eso se llama emoción política. Una sociedad democrática tiene que convivir con esa tensión.

Ahora que mencionas a Podemos, me ha sorprendido comprobar que en algunos sectores del independentismo es un partido más odiado que el PP o Ciudadanos.

Tiene muchísimo sentido. El independentismo catalán se beneficia del PP y el PP se beneficia del independentismo catalán. A nadie le beneficia más el gobierno de Rajoy que a Junts pel Sí. Saben que Rajoy no se va a sentar a hablar y eso es perfecto para conseguir votos. Y viceversa. ¿Quién va a ser la salvaguardia y el escudo de España frente a quienes quieren romperla? Pues Rajoy. O Albert Rivera, que últimamente se está postulando como extrema derecha en lo que a este tema se refiere. Pero a Podemos lo odian. Yo critico muchísimo a Podemos, pero creo que es el único partido que tiene una visión realista y constructiva de lo que está pasando en Cataluña. Aparte del PSC, que no el PSOE. Esos son los partidos que más caña reciben del independentismo. Al fin y al cabo, los radicalismos siempre intentan dañar las zonas grises. El nacionalista español que vota al PP no vuelve a votar a Rajoy en la vida si Rajoy, en un acto de estadista, decidiera que esto ha llegado muy lejos y que hay que sentarse a hablar para pasar página. Y si Puigdemont renuncia a la independencia y decide sentarse a hablar a cambio de unas cuantas cosas, hay facciones dentro del nacionalismo que le van a llamar traidor.

Puigdemont el pasado 10 de octubre en el Parlament de Cataluña | Imagen vía Reuters

Ya se lo llamaban el otro día, tras su famoso discurso en el Parlament…

Es que lo del otro día fue de risa.

Cuando lo escuché me vino a la mente aquel artículo en el que explicabas que, en realidad, Cataluña es una república cuántica.

¡Estoy contentísimo! Es que la clavé, y mira que es difícil clavarla. Lo de la república cuántica es una buena forma de explicar esto: hay dos leyes que se contradicen, dos poderes que se arrogan la autonomía soberana sobre el otro, y dos masas de ciudadanos que creen versiones enfrentadas. Además, casi no hay puntos de contacto. Es decir: existen dos universos paralelos donde la gente se informa de distinta manera. Tú preguntas a independentistas sobre lo que está pasando y preguntas a españolistas sobre lo que está pasando y te dan dos versiones radicalmente opuestas. Existe un relato paralelo.

¿Y cuál de los dos relatos se acerca más a la verdad?

Ahora hay más mentira en el relato independentista, porque les está yendo fatal, aunque antes había más mentira en el otro. Pero volviendo al tema del que hablábamos, lo que hizo el otro día Puigdemont fue hacer política cuántica. Dijo que la República de Cataluña estaba viva y estaba muerta, que existía y no existía, que la había declarado pero que no la había declarado. Por eso Rajoy le ha pedido que se explique. Es maravilloso. El procés se ha vuelto gallego. Si teníamos confianza en que esto se solucionase de una forma u otra, perdámosla porque ya lo que nos faltaba es tener a un gallego enfrente del otro.

¿Eso invita al optimismo o al pesimismo?

Eso invita al aburrimiento. La marmota Puigdemont salió del tronco en Punxutawney y predijo seis semanas más de invierno. A mí lo que me preocupa es la reforma constitucional, porque no la veo posible

¿Por qué no la ves posible?

Porque se tienen que poner de acuerdo tres de los cuatro grandes partidos nacionales, y hay un punto en el que no se van a poner de acuerdo: PP y Ciudadanos van a intentar quitar competencias para perjudicar al nacionalismo catalán, y Podemos y el PSOE van a intentar lo contrario. El PSOE ahora mismo depende del PSC para esto, y en el PSC, donde conocen muy bien Cataluña, saben que cualquier retroceso en competencias va a ser desastroso para ellos. ¿Cómo van a ponerse de acuerdo? Y sobre todo: ¿quién va a validar luego esa reforma? ¿Se va a celebrar un referéndum? ¿Y si hay referéndum y sale que no se acepta en Cataluña pero sí en el resto de España? Abrir la puerta a una reforma de la Constitución con esta polarización que tenemos es de locos. Si se hubiera hecho antes, hubiera funcionado. ¿Pero ahora? ¿Qué van a cambiar?

Hay muchas voces que abogan por quitar a la Generalitat su competencia en materia de Educación. Creen que es un paso fundamental en la lucha contra el independentismo.

Eso es imposible. Pujol lo hizo muy bien: aisló a Cataluña. Me lo contó José Bou, el director de los empresarios catalanes españolistas, y a él se lo dijo José María Aznar en persona. La historia es la siguiente: en el año 96, cuando Aznar necesitaba a Pujol para formar gobierno, y siendo muy listo, le ofreció varios ministerios a CiU. O sea, ofreció hacer un gobierno central, en Madrid, con ministros catalanes nacionalistas. Pujol se negó. Dijo que su apoyo dependía de recibir más competencias, pero que no quería figurar en el gobierno central. Buscaba aislar a Cataluña. ¿Y la educación qué papel ha jugado ahí? Pues ha dado una visión del mundo que termina en la frontera de Cataluña. ¿Eso significa adoctrinar? No, porque a mí en Murcia me obligaron a aprender todos los ríos de Murcia, que están secos. Eso no es adoctrinar, es el desastre del autonomismo y la gilipollez de que si vives en Ávila pues te enseñan que Ávila es lo más importante. Quizás hay que enseñar desde una perspectiva más global, ¿no? Enseñar todo el país. Pero quitarles una competencia es imposible, porque eso va a multiplicar a los que están en contra de tu postura.

¿Entonces…?

Pues estuve hablando sobre esto con un amigo al que llamaré Joaquín M. y resulta que Joaquín M. tiene una idea que a mí me parece muy interesante: hacer un sistema educativo nacional en el que cada comunidad autónoma tenga sus competencias, pero en el que existan dos cosas comunes.

¿La primera?

Una asignatura sobre España. Una asignatura sobre el país, sobre sus diferentes costumbres y culturas; una asignatura que enseñe a los chavales nociones básicas de las lenguas reconocidas oficialmente en el territorio.

Ajá. ¿Y la segunda?

Un intercambio obligatorio de un mes de duración y pagado por el Estado, porque de lo contrario no puede ser obligatorio. Por ejemplo, un chaval de Barcelona y toda su clase son enviados a un instituto de Madrid durante un mes. Luego a los de Madrid les toca ir un mes a Barcelona. Y en dos meses tienes novios, novias, amigos y mejores amigos. Ese vínculo, el vínculo de la amistad, rompe muchísimo mejor la deriva de separación que cualquier anulación de la inmersión lingüística que quiera promover el gobierno de Rajoy. Hay nacionalistas catalanes que te dicen que han vivido diez años en Madrid y que siguen siendo independentistas. Vale, pero es que esa gente se marchó siendo ya mayor; hasta entonces se había criado en un ambiente de separación mental.

Sea cual sea la solución que se plantea, todas parecen pasar por los niños del mañana.

Sí, la generación actual está perdida. Esto también me lo dijo José Bou. Él cree que hay que centrarse en la siguiente. Aunque lo que él propone es diferente; quiere tirar por lo de españolizar a los niños catalanes, algo que a mí me parece equivocadisimo.

¿Por qué crees que la generación actual está perdida?

Pues, entre otras cosas, por lo ocurrido el 1-O. El día del referéndum yo vi niños que a su vez veían cómo estaban hostigando a sus vecinos. Porque allí había niños. ¿Y qué crees que van a recordar estos niños? Hay mucha manipulación y todo lo que quieras, pero esos niños han visto lo que se ha visto en los videos. Han visto porrazos. Es una generación que ha corrido delante de los grises. Les hemos entregado eso a los independentistas. Nunca nos podrán pagar ese regalo.

¿No tienes la sensación de que en el ámbito independentista la queja por lo que sucedió el 1-O esconde también cierta satisfacción?

Vivimos en una sociedad victimista. Se usa el agravio como medida de reafirmación, tanto en un lado como en el otro. El nacionalismo español ha resurgido de su letargo por el ataque del independentismo catalán, que quiere romper España. Y el independentismo catalán lleva años alimentándose de la catalanofobia. En Cataluña es mucho más popular la gente de Intereconomía que en Madrid. Hay un ensayo de filosofía que se llama Crítica de la víctima (Herder). En él Daniele Giglioli analiza por qué la víctima está tan interesada en ser una víctima. Pues bien: aquí, hasta ahora, teníamos solo un victimismo. Ahora tenemos dos.

Juan Soto Ivars: “En la poscensura no tienes miedo al estado; tienes miedo a tus amigos” 2
Portada de Crítica de la víctima de Daniele Giglioli | Imagen vía Herder Editorial

¿Te preocupan los episodios de violencia que ha protagonizado hace apenas unos días la ultraderecha española en Valencia y en Barcelona?

Lo que me preocupa es que no exista una condena unánime por parte del españolismo. Los que se pegaron el 12 de octubre en la Plaza de Cataluña después del acto convocado por Societat Civil Catalana eran neonazis. Y esas imágenes se han utilizado desde el independentismo para describir lo que, según ellos, es España. Eso es manipulación, de acuerdo, pero sigue sin haber una condena unánime de esas imágenes por parte del PP o Ciudadanos. Un comunicado, por ejemplo. Pero no: se han lanzado al y tú más sacando vídeos de Arran. ¿Qué sentido tiene eso? Acepta que entre los tuyos hay radicales y hay locos y sé el primero en condenarlos. ¿Cómo vamos a exigir luego a Convergència que condene aquel cartel de Arran en el que aparecían las caras de concejales contrarios al referéndum?

De hecho, poco después de tildar de acosadores a los de Arran por ese cartel, el PP de Madrid hizo algo parecido sacando fotos y señalando a través de Twitter a los concejales de Ahora Madrid que acudieron a una concentración a favor del referéndum.

Exacto. Es deprimente.

¿Por qué crees que lo hicieron?

Las redes sociales ponen de manifiesto algo que por otra parte siempre ha estado ahí: el fanatismo se retroalimenta. En Arden las redes he dado muchas vueltas a este tema. Las redes sociales se dedican a hacernos sentir bien porque quieren que estemos todo el rato metidos en ellas. Y un truco que usan es el filtro burbuja. El filtro burbuja consiste en hacerte ver el mundo a través de una ventana en la que todo el mundo te da la razón, y al que no te da la razón lo puedes bloquear y hacerlo desaparecer. La gente se está fanatizando a una velocidad alucinante. Más del 40% de los españoles usa redes sociales; un lugar en el que puedes bloquear al que piensa distinto y en el que puedes participar en un linchamiento al que molesta a tu ideología. Es una fábrica de fanáticos.

Las famosas ‘echo chambers’.

Sí. Lo describe muy bien Eli Pariser, que tiene un libro titulado precisamente El filtro burbuja (Taurus). En ese libro explica desde un punto de vista técnico todo esto y demuestra cómo funcionan los algoritmos que nos están cambiando la visión del mundo. El algoritmo de Facebook tiende a enseñarte en tu pantalla principal opiniones y publicaciones a las que tú sueles poner ‘Me gusta’. Porque Facebook quiere que te quedes, no quiere que pases un mal rato, quiere ahorrarte el sofoco. A lo mejor tú tienes 1.000 amigos, pero Facebook te muestra los 200 con los que sueles estar de acuerdo. Lo que opina el resto no te va a llegar.

Pero esto ya ocurría antes de las redes sociales. Con los periódicos, por ejemplo. La gente solía leer ‘su’ periódico. Y elegía comprar ese periódico y no otro porque quería que le contasen las cosas de una determinada manera.

Es diferente. El periódico puede tener una línea muy marcada, muy cerrada, puede ser La Razón o, cuando todavía salía en papel, Público y aun así, al pasar las páginas, también estás recibiendo una información que no tiene que ver con tus intereses o gustos. Siempre va a haber algo que te hará recordar que existe Pakistán. Es decir, que por muy cerrada que sea su visión del mundo ya estás recibiendo cosas que no dependen de un programa que decide por ti lo que a ti te interesa. Estás más conectado con lo desconocido escuchando una tertulia de radio o leyendo un periódico en papel que a través de Facebook o Twitter.

Te acusan de equidistante, ¿crees que lo eres?

Soy escurridizo. A mí me hubiera ido mucho mejor en lo que a premio y castigo digital se refiere si me hubiese mantenido en mi postura españolista, que es lo que pienso y lo que creo. Pero lo que he hecho ha sido intentar explicar a la gente que me lee qué piensan los que no opinan como yo, qué les pasa, por qué están así de enfadados. Y eso me ha traído muchos problemas. He perdido muchos lectores por el camino. Pero los columnistas tenemos que hacer un esfuerzo de amor propio; intentas no incurrir en la poscensura.

Juan Soto Ivars: “En la poscensura no tienes miedo al estado; tienes miedo a tus amigos” 1
Portada de Arden las redes | Imagen vía Editorial Debate

La poscensura es el gran tema de tu libro Arden las redes. ¿Qué significa exactamente?

La poscensura es un neologismo que saqué precisamente en ese libro. En la poscensura tú no tienes miedo a que el estado franquista, por poner un ejemplo, te ponga una multa; tienes miedo a tus amigos. Es mucho más fácil sostener la pancarta que sacan otros antes que salir a matizarla. Entonces es cuando acabas radicalizándote por miedo a que tus propios amigos te llamen traidor. Esto es fatal para el debate público. La víctima de la poscensura no es al que linchan. El linchado es la víctima colateral; la auténtica víctima de la poscensura es el debate público. La poscensura establece polarización absoluta; o conmigo o contra mí.

Aunque no son pocos los que acusan a Pablo Iglesias de conspirar con los nacionalistas catalanes para romper España, antes comentabas que Podemos es junto al PSC el único partido que parece tener una visión realista y constructiva de lo que está pasando en Cataluña. En este sentido, y aunque suene paradójico para muchos, ¿opinas que son los que más pueden hacer por la unidad de España?

No lo sé. El nacionalismo catalán siempre va a querer más y si la actitud de Podemos es dar lo que piden, ellos van a seguir pidiendo y pidiendo porque no hay que olvidar que su fin es la independencia. Es como pasar por un barrio de carteristas sin cerrar la cartera. El problema es que la alternativa puede ser peor. Lo que no tiene sentido es equiparar a Podemos con los independentistas. Son muy distintos. Cuando en el Parlament pasaron las leyes del referéndum de esa forma tan pirata fue Coscubiela, de Podem, el tío más valiente. Se plantó y les dijo a la cara que era intolerable lo que estaban haciendo, saltándose las leyes de su propia cámara y acallando de aquella manera a los otros grupos. Fue mucho más valiente que Pablo Iglesias, que se mete con el PP pero no con Puigdemont. Me quedo con Coscubiela antes que con Pablo Iglesias y me quedo con Ada Colau antes que con cualquiera de los dos. Creo que haría muy bien la izquierda española en aprender de ella, que critica a Junts pel Sí tanto como a Rajoy. Me jode ese mantra en Podemos que dice que hay que ir contra el PP pase lo que pase. En esta crisis ha habido momentos en los que había que estar a su lado.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo cuando Rajoy hizo lo que hizo la semana pasada. Podía haber aplicado el 155 y lo que hizo fue decirle a Puigdemont que le aclarase qué había dicho. Dejó un margen de tiempo durante el cual han existido reuniones. Ahí Rajoy estuvo muy bien. También en las semanas que transcurrieron desde la aprobación de las leyes del referéndum en el Parlament hasta el 1-O. Podemos podría haber sumado su voz al bando constitucionalista sin dejar tampoco de decir que se necesita una reforma de la Constitución y un referéndum pactado.

Hay personas que se han planteado abandonar Cataluña ante el cariz que ha tomado la situación. ¿Os habéis planteado tu mujer y tú hacer lo propio en algún momento?

Hemos hablado del tema, no tanto por las consecuencias políticas como por la posibilidad de que se desate la violencia. El día del discurso del Rey terminé asustado. Era un discurso de negación, el discurso de alguien que no está mediando. Para mí fue un error; no puedes negar la existencia de dos millones de súbditos, aunque te odien. Tienes que dirigirte también a ellos, dedicarles alguna palabrita. Pensé que se iba a liar. Pero al día siguiente comenzó la fuga de empresas. Eso me tranquilizó.

¿Por qué?

Pues porque cuando se van los bancos y las empresas, en el PdeCat empiezan a ponerse de manifiesto unas diferencias brutales entre la parte más independentista, minoritaria, y los que miran más la pela que otra cosa. Puigdemont es, de hecho, el más independentista de todo el PdeCat. Yo creo que a Puigdemont se lo va a comer el propio partido. Si quiere que las empresas regresen, la burguesía independentista va a tener que bajarse del carro. Luego se cargará a la CUP y, junto a ERC, dará un giro cosmético hacia el federalismo, donde se encontrará con Podemos y el PSOE. Me parece que será la solución. Ganará el capitalismo, como siempre. En cierto modo, que sean los bancos y no la gente quienes se están cargando el procés me parece un fracaso democrático.

Hay quien dice que por más que hagan o deshagan los políticos, a estas alturas ya hay un sector del independentismo que va por libre. Y que eso podría causar disturbios en la calle.

Creo que lo tienen controlado. A lo largo de mi vida he experimentado tres momentos en los que la gente estaba realmente ilusionada: la movilización contra la guerra de Irak, el 15-M y el momento actual. ¿En qué quedaron las protestas anteriores? ¿Qué esperas de la Diada, de la revolución de las sonrisas? Los medios de comunicación independentistas son de los bancos. Cuando llegue la orden cambiarán el tono.

En el libro El fracaso de la no violencia (Segadores/Descontrol) se ponen esos mismos ejemplos, entre otros, para argumentar que la protesta pacífica no consigue nada.

Pero es que vivimos en una sociedad bien alimentada. No hay ningún motivo para que la gente se tome realmente en serio lo de salir a luchar a la calle mientras pueda seguir dando de comer a su hijo. Hay un factor que va a hacer imposible cualquier revolución en España y en Europa: las salchichas Frankfurt del DIA cuestan 25 céntimos, un bote de tomate 39 céntimos y un paquete de medio kilo de espaguetis 30 céntimos. Es decir: que tú por menos de un euro no sólo comes sino que además engordas. Nunca se ha visto una revolución con guerrilleros gordos. Ni la vamos a ver.

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Ojos de gata

Jaime G. Mora

Foto: Edgar Garrido
Reuters/Archivo

“Enrique, cuando estaba mal, y también cuando estaba bien, siempre a las 3 o 4 de la mañana, se pasaba por aquí y cogíamos las guitarras”. Habla Joaquín Sabina en el documental ‘Una vida a tu lado’, que celebra los cuarenta años de carrera de Los Secretos. Enrique es Enrique Urquijo, el histórico líder del grupo hasta su muerte, en 1999, de una sobredosis. “Nos hicimos prófugos, primos y amigos porque nos gustaba un mismo territorio, que era la melancolía”.

Años 80, en plena movida madrileña. “Estaba Tierno Galván, las fiestas eran una alegría… Celebrábamos mucho que Franco ya no estuviera”, recuerda Sabina. El alcohol, la heroína. “Había caballo en todas las fiestas. Si eras músico y no te metías, es como si fueras gilipollas”, escribió Miguel A. Bargueño, autor de una biografía de Urquijo.

En la casa de Tirso de Molina de Sabina ambos artistas también compartían su devoción por la música mexicana, y de esa amistad nació una de las canciones más singulares de las últimas décadas.

“Él venía de vez en cuando, o nos encontrábamos por la noche y nos veníamos aquí. Y yo le enseñaba lo que estaba haciendo”, dice el de Úbeda en el documental. “Y ese día le conté lo que estaba haciendo”. Eran las primeras estrofas de la canción ‘Y nos dieron las diez’. Pancho Varona recuerda que Sabina la había comenzado a escribir ya en los 90, en un pueblo con mar, en Lanzarote, después de un concierto:

“Fue en un pueblo con mar / una noche después de un concierto / tú reinabas detrás / de la barra del único bar que vimos abierto”.

“A él le gustó mucho y se la llevó”, añade Sabina. “Me dijo que si podía hacer lo que quisiera. Naturalmente. E hizo lo que quería. Y yo también hice lo que quería”. ‘Y nos dieron las diez’, de Sabina, y ‘Ojos de gata’, de Los Secretos, son canciones mellizas: nacidas de un mismo parto, pero desarrolladas por distintas sensibilidades.

“Cántame una canción al oído”, siguen las letras de ambas canciones. Y a partir de aquí los caminos se separan.

“Cántame una canción al oído / te sirvo y no pagas / solo canto si tú me demuestras / que es verde la luz de tus ojos de gata. / Loco por que me diera / la llave de su dormitorio / esa noche canté / al piano del amanecer todo mi repertorio”, escribió Urquijo.

“Cántame una canción al oído / y te pongo un cubata / con una condición: / que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata. / Loco por conocer / los secretos de su dormitorio / esa noche canté / al piano del amanecer todo mi repertorio”, escribió Sabina.

Le cantan los dos a la misma camarera, con los mismos ojos de gata. Pero mientras a Sabina le dan “las diez y las once” en el bar, “las doce y la una”, con los clientes marchándose, “y las dos y las tres”, ya desnudos a la luz de la luna, a Urquijo el alcohol lo acunó entre las mantas de ella, olvidando que de él algo esperaba:

“Desperté con resaca y busqué / pero allí ya no estaba / me dijeron que se mosqueó / porque me emborraché y la usé como almohada. / Comentó por ahí / que yo era un chaval ordinario. / Pero cómo explicar / que me vuelvo vulgar / al bajarme de cada escenario.

Los dos empiezan la canción en el mismo sitio, los dos se llevan a la chica. Sabina sale triunfador; Urquijo, derrotado.

Enrique vivió 39 años, la mitad de ellos recorriendo un camino de ida y vuelta que lo llevaba de la depresión a las drogas. “Era un secreto a voces entre los camaradas de la madrugada, en todas las trincheras de la noche: no siempre se encontraba a gusto por los bulevares de la vida”, escribió Manuel de la Fuente en ‘ABC’, en la muerte de Urquijo. “Enrique no se volvía vulgar cuando se bajaba del escenario, tan solo se marchaba a un mundo de corazones hechos añicos”.

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Black Friday 2017: cómo aprovecharlo y conseguir las mejores gangas

Redacción TO

Foto: NACHO DOCE
Reuters

Un año más, un día después de la festividad de Acción de Gracias en Estados Unidos, llega desde tierras americanas el Black Friday, un evento que ha adquirido ya un cariz global y que promete ofrecernos todo tipo de gangas. Desde la moda a los viajes, un infinito mundo de posibilidades se abre para los amantes de las ofertas.

Dos son las fechas clave de estas mega ofertas: el Black Friday (que se celebrará el próximo viernes 24 de noviembre), y el Cyber Monday (que se celebrará el próximo lunes 27 de noviembre y es exclusivo del comercio electrónico). No obstante, el Black Friday se extiende ya a más de una semana de ofertas, ya que muchos son los que aprovechan toda la semana anterior para lanzar ofertas bajo la premisa de la Black Week.

España es uno de los países que con mayor intensidad se lanza al mundo de las gangas, aprovechando el tirón de esta ocasión para las compras navideñas. Y el impacto es cada vez mayor: según un estudio de la firma Deloitte, una de cada tres compras de Navidad en España se realiza ya en el mes de noviembre. ¿Quieres buscar grandes gangas? Aquí una guía para no perderte en este mar de ofertas:

Amazon, protagonista indiscutible de las gangas

El gigante electrónico norteamericano es sin duda uno de los grandes clásicos en esta cada vez más extendida costumbre comercial. Para Amazon el Black Friday es una estupenda oportunidad de hacer negocio, sí, pero también una cuestión de récords. La empresa prevé superar las ventas del año pasado, cuando batió su propia marca al registrar en España solo ese día más de 940.000 pedidos en 24 horas. Para ello, alarga las ofertas durante dos semanas en esta edición.

Ya está disponible en su web un apartado especial Black Friday en la que se pueden encontrar ofertas flash que duran tan sólo unas horas y que oscilan entre, aproximadamente, el 20 y el 50% de descuento. Cuando se acaban unas ofertas, llegan otras nuevas que también desaparecen al poco tiempo. Electrónica, electrodomésticos, música, cine, accesorios, hogar… todo tipo de productos son los que cuentan con asombrosos precios. La clave está en visitar este apartado de la página cada cierto tiempo para ver si lo que estamos buscando cuenta con su propia oferta flash.

El Corte Inglés: ampliación del periodo de ofertas

A pesar de ser una empresa genuinamente española, la compañía fundada por Ramón Areces fue una de las primeras en adoptar la costumbre del Black Friday norteamericano en España. Desde que se liberaran los periodos de rebajas en el año 2012, El Corte Inglés viene ampliando su periodo de ofertas por el Black Friday.

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Hay que estar al loro ante posibles fraudes, siempre en rebajas, también durante este Black Friday. | Foto: Andrew Kelly / Reuters

En El Corte Inglés, como buenos grandes almacenes, todos los departamentos se suman al Black Friday: moda, electrónica, electrodomésticos, móviles, portátiles, videojuegos, cine, hogar, deportes, música… Además, para los poco amigos de las compras online, desde la compañía aseguran que las ofertas serán iguales en la tienda online y en los centros comerciales, así que aquí no hay discriminación. Aún no han confirmado las fechas del periodo de rebajas, pero el año pasado los descuentos se alargaron durante cuatro jornadas, y todo parece indicar que este año se ampliará aún más.

Viajar también tiene descuento

Si más que un producto físico buscas una experiencia vital, estás de enhorabuena: los viajes también tienen descuento.

El buscador Destinia ofrecerá un cupón Black Friday que incluirá viajes con hasta un 10% de descuento. Su campaña especial comienza el próximo viernes 24 de noviembre y se alargará hasta el lunes 27.

EasyJet oferta, hasta el próximo jueves 23 de noviembre, 70.000 plazas a varios destinos con precios que oscilan entre los 15 y los 25 euros. Los billetes, a la venta en su página web, son aptos para viajar entre el 28 de noviembre de este año y el 2 de septiembre de 2018.

Black Friday 2017: cómo aprovecharlo y conseguir las mejores gangas 2
¿Pensando en surcar los mares? Igual ahora te sale más barato. | Foto: Alastair Miller / Viking Cruises via AP

La agencia digital Logitravel también ofrece suculentos descuentos: hasta un 65% reservando el vuelo y el hotel de manera conjunta, hasta un 20% en todos los circuitos y grandes viajes o un 5% de descuento en cruceros con salida hasta febrero, entre otras.

Para los que busquen hoteles a buen precio, Meliá Hotels International será la primera cadena hotelera del mundo en vender habitaciones en Amazon durante el Black Friday. El programa de fidelización de la hotelera obsequiará a los clientes de Amazon Prime Now, que podrán hacerse hasta con un 10% de descuento en futuras reservas realizadas en la web de Meliá.

Otras compañías como Iberia, KLM o AirFrance suelen ofertar viajes a precios más baratos que de costumbre durante esta época, aunque aún no han confirmado descuentos.

Comercio cercano a través del móvil

La aplicación para smartphones Tiendeo dispone de los catálogos de las tiendas de tu ciudad o de tu barrio, una opción muy cómoda para filtrar los mejores descuentos cerca de ti. También permite seleccionar comercios como favoritos y te avisa con las actualizaciones de las ofertas de tus comercios favoritos, algo muy útil en esta Black Week.

Saber y cultura por un módico precio

Una periodo de rebajas como el Black Friday puede servir también para enriquecer el espíritu, por lo que invertir en cultura buena y barata se adivina muy apetecible.

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Leer te ofrece un mundo de posibilidades, y ahora también está en oferta. | Foto: Dmitry Ratushny / Unsplash

Aprendum ofrece cursos online con hasta un 80% de descuento, la Casa del Libro tiene rebajas de hasta el 70% en libros, y el departamento de entradas para espectáculos de El Corte Inglés tiene tickets para todo tipo de eventos con hasta un 50% de descuento.

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