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Juan Martín Guevara: "Si el Che hubiera triunfado, Rajoy no sería presidente"

Néstor Villamor

Foto: CBS-TV
AP Photo, File

“Las ideas de Ernesto siempre eran fantasiosas”. Juan Marín Guevara escribe sobre su hermano desde la distancia del tiempo. Cuarenta y siete años fue lo que tardó en enfrentarse a sus fantasmas y visitar el lugar en el que fue ejecutado en una “aldea perdida” de Bolivia, donde quería hacer triunfar una revolución como la cubana que se expandiera por el resto de Latinoamérica. Pero el destino de Ernesto Che Guevara era caer fusilado el 9 de octubre de 1967. “Dicen que murió dignamente y que sus últimas palabras fueron: ‘Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre'”. Juan Martín narra la vida del guerrillero en Mi hermano el Che (Alianza), coescrito con la periodista francesa Armelle Vincent.

En conversación con The Objective en la Casa de América -adonde acude para presentar el libro-, conjetura que de no haber fallecido hace casi 50 años “habría triunfado en Latinoamérica y, si hubiera triunfado en Latinoamérica, Rajoy no sería presidente. Cambiarían mucho las cosas. En Europa y, ni que hablar, en Latinoamérica. En México no estaría Peña Nieto, eso seguro. Y a lo mejor Maduro tampoco sería presidente “.

A lo largo de la conversación, con disquisiciones continuas y una dicción inequívocamente argentina, Juan Martín nunca menciona su país natal. Tampoco Buenos Aires se ha dedicado demasiado a promocionar la figura del Che como sí ha patrocinado otros iconos autóctonos como Eva Perón, Borges o incluso Messi. Acaso porque la suya es una herencia que ha atravesado la Pampa para terminar por definir una identidad, sencillamente, latinoamericana.

Estados Unidos tiene “el presidente que merece”

Se explaya en profundidad, eso sí, sobre Estados Unidos: “Estoy convencido de que hoy tiene el presidente que merece. Se ha caído la careta. Hoy es el Estados Unidos profundo, el Estados Unidos midwest, el Estados Unidos WASP, hoy es El Estados Unidos, No embromemos más”. Y lanza un último dardo a Donald Trump: “Tira la madre de las bombas y se pone contento, es un éxito. Porque tiene la bomba no atómica más grande del mundo y es un éxito. O después tira el bombazo en Siria y dice: ‘Es buena la guerra y vamos a tener que hacer guerras’. Porque traen producción, elementos y herramientas de tanques y aviones y los obreros norteamericanos tendrán trabajo. Si para que los obreros norteamericanos trabajen tenemos que tirar bombas y ver a quién le podemos montar una guerrita, estamos mal”. También le preocupa la situación en Venezuela: “Hay una guerra civil en ciernes. Ya han comenzado los tiros. Hay una lucha de clases. La lucha de clases en América está presente de una u otra manera y en Venezuela se expresó de una manera agresiva”.

Mi hermano el Che, escrito con un tono naturalmente familiar, contiene datos sobre su madre (“era muy pedagoga: a nuestros amigos les aconsejaba lecturas y hablaba luego con ellos de política, de literatura, de historia, de filosofía, de religión…”) y su padre (“nunca dudaba en hacer trampas para ganar”) que ilustran por qué Ernestito se convirtió en el Che, un hombre de barba espesa e ímpetu rupturista que embarcó en un yate el 25 de noviembre de 1956 y, basado en “la doctrina de san Carlos” (Marx), terminó con la dictadura de Fulgencio Batista.

“En Venezuela hay una guerra civil en ciernes”

Pero la imagen que el mundo tiene del Che, explica Juan Martín a The Objective, sería distinta si hubiese muerto anciano, como Fidel Castro. “No tuvo todo el desgaste que ha podido tener la Revolución Cubana en todo este tiempo y los ladrillos siempre les van a caer a los que viven”. Así, la historia recuerda a Castro como un tirano y a su íntimo compañero como un héroe cuya impronta sigue siendo venerada como faro de la izquierda. Como semidios. Abanderado de la revolución. Adalid de la lucha. Líder de la resistencia. Mito.

Y el propio Che sería hoy el primero en repudiar semejantes alharacas. “Habría detestado el estatus de ídolo”, escribe su hermano. “Mi hermano no perseguía la gloria”, defiende Juan Martín después de contar una anécdota especialmente ilustrativa sobre su hermano. Ocurrió cuando, en 1961, los funcionarios del Ministerio de Industria cubano (del que entonces era titular) quisieron rendirle un homenaje. “Mira fijamente a los empleados y declara: ‘Ustedes no entienden lo que yo escribo y repito en mis conferencias. Aquí lo que hace falta no son homenajes sino trabajo’. Y añadía (sic): ‘¿Ustedes se consideran revolucionarios? Bueno, entonces yo les buscaré algún puesto de lucha… en alguna fábrica'”.

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Juan Soto Ivars: “En la poscensura no tienes miedo al estado; tienes miedo a tus amigos”

Borja Bauzá

Foto: Jose Jeosm
Cedida por Juan Soto Ivars

Hace un par de meses Juan Soto Ivars (Águilas, 1985), barcelonés de adopción y columnista destacado de El Confidencial, escribió un artículo afirmando que Cataluña funciona como una república cuántica. “Cuando un político toma una decisión en Cataluña, la toma y no la toma”, explicaba el escritor y periodista murciano. Dos meses después el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se presentó en el Parlament para declarar la independencia de Cataluña y dijo lo siguiente: “Llegados a este momento histórico, y como presidente de la Generalitat, asumo al presentar los resultados del referéndum ante el Parlamento y nuestros conciudadanos, el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república. Esto es lo que hoy corresponde hacer. Por responsabilidad y por respeto. Y con la misma solemnidad, el Gobierno y yo mismo proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia”.

Además de inspirar –sin pretenderlo– al presidente de Cataluña en el momento más tenso de su carrera, Soto Ivars también ha dedicado una parte considerable de su tiempo a investigar los linchamientos digitales. Su último ensayo, Arden las redes (Debate), explora lo que él llama poscensura; el agobiante reino de la corrección política en las redes sociales. También es autor de un libro mitad memoria mitad reflexión sobre la sociedad española titulado Un abuelo rojo y otro abuelo facha (Círculo de Tiza) y de varias novelas. Muchos le han acusado de abordar los conflictos patrios desde la equidistancia. Sin embargo, y como se puede comprobar en las líneas que siguen, Soto Ivars no parece tener ningún problema en mojarse y señalar aquello que detesta.

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La prensa internacional destaca en portada la tensión en Cataluña | Imagen vía: Borja Bauzá

El 1-O es un día que ha quedado grabado a fuego en el proceso independentista catalán. Por muchos motivos. Tú que no eres catalán ni tampoco independentista, ¿cómo viviste aquella jornada?

El 1-O produjo una ruptura entre lo que pensaba y lo que estaba viendo. Soy anti independentista y por eso cuando escribo lo hago a favor del unionismo. Lo que pasa es que el día del referéndum vi cómo, al lado de mi casa, la policía hostigaba a gente mayor. Cuando ves a la policía pasándose tanto, lo que tú piensas y lo que piensa la persona que está en la calle deja de importar. Todo se reduce a una cosa: están pegando a tus vecinos. Hablando desde un punto de vista unionista creo que tendríamos que ser muy críticos con lo que ha pasado. Nosotros, los que no queremos la independencia, tenemos que decir que la policía no puede cargar así para cerrar cuatro colegios electorales. Yo el 1-O me agarré un disgusto con los míos.

En los días posteriores al referéndum aparecieron crónicas contando que gente que no pensaba votar bajó a votar después de ver las imágenes de la policía desalojando colegios. ¿Fue la acción policial de ese día contraproducente?

Completamente. Mi propia mujer, Andrea, no pensaba votar porque opinaba que el referéndum, tal y como estaba planteado, no era democrático. Decidió ir después de ver esas imágenes. Conozco bastantes casos parecidos. Lo he dicho en varios artículos: hay que ser consciente de que aquí las cosas se viven de otra manera. A mí lo que más me cabrea de todo este asunto es lo siguiente: ¿si alguien cometió un delito por qué no hay detenidos? Me refiero a los que promovieron el referéndum, a los que lo hicieron posible. ¿Por qué esas personas están libres y otras que sólo fueron allí a votar, y que según los jueces no estaban cometiendo ningún delito, tienen el ojo morado? La polarización ideológica es tal que una parte de la sociedad está aceptando que la pena por un supuesto delito que ni siquiera se ha juzgado sea una somanta de hostias. Eso no es justicia. Es la ley del más fuerte.

El fenómeno de colgar la bandera de turno en el balcón, algo que en Cataluña ya es tradición, se ha empezado a extender por el resto de España. En ciudades como Madrid hay banderas españolas donde antes no había nada. Hay gente que lo celebra diciendo que por fin se está acabando con el complejo de sentirse español. Otros hablan de un rebrote de nacionalismo españolista. ¿Tú qué opinas?

A mí me parece que abrazar la bandera de España cuando Rafa Nadal gana un campeonato es una reacción natural; se abraza en actitud festiva, de celebración. El problema es que ahora se está sacando de forma reivindicativa y contra un nacionalismo. Existen dos posturas principales dentro del españolismo: la que dice no a la independencia pero sí a un estado plurinacional y la que saca banderas a los balcones, que es la misma que dice que España es una y no cincuenta y una. Esta última me parece negativa. De hecho, a mí me asusta más el nacionalismo español que el catalán. Al nacionalismo catalán ya estoy acostumbrado; vivo aquí, no soy nacionalista y nunca he tenido ningún problema por ello.

¿En el resto de España se exagera al hablar de los problemas de convivencia que hay entre nacionalistas y no nacionalistas en Cataluña?

Se exagera mucho al hablar de la mala vida que supuestamente llevan los que no son independentistas. Con esto no quiero decir que los que dicen que han tenido problemas estén mintiendo. Estoy seguro de que hay gente que ha tenido problemas. Pero no es generalizado. Yo nunca he ocultado que el nacionalismo catalán me parece estúpido y nunca me ha pasado nada.

¿Entonces el relato independentista, ese que habla del respeto al disidente, es cierto?

El relato independentista también trae su dosis de mentira. Que existe cierta discriminación es innegable. Esto se nota, por ejemplo, en los institutos. Me han llegado historias de profesores que han sido marginados de una manera u otra. Y conozco personas que llevan 30 años aquí a las que algunos siguen sin considerar catalanas. Hay mucho marketing que presenta el independentismo catalán como un fenómeno abierto y eso es falso. Ahora bien: no tenemos una situación a la yugoslava. Es imposible. No son tan fanáticos.

Ciertos comentarios en redes sociales pueden dar la impresión contraria.

Es que es ahí donde uno puede encontrar a los fanáticos del independentismo catalán: en las redes sociales. Pero son muy engañosas. El día del desfile de la Fiesta Nacional se mató un piloto de caza cuando volvía a su base tras la exhibición. Yo sigo a muchos independentistas en Twitter para ver lo que dicen y en ese momento estaban lamentando lo sucedido. ¿Pero qué es lo que se estaba viendo? Pues pantallazos de 50 gilipollas, entre ellos un concejal de ERC, que se estaban descojonando de lo del piloto. Esa imagen es falsa. Es un espejismo. Es una sombra china; pones el foco muy cerca del imbécil y la sombra que proyecta es gigantesca. El independentismo catalán es un movimiento muy civilizado. Sí, en Cataluña hay propaganda, hay crispación y hay gente que prefiere no tocar según qué temas. Pero no hay Jemeres Rojos. Cuando surgió Podemos pasaba lo mismo: había amigos con los que no podías hablar de Pablo Iglesias porque te saltaban al cuello. Eso se llama emoción política. Una sociedad democrática tiene que convivir con esa tensión.

Ahora que mencionas a Podemos, me ha sorprendido comprobar que en algunos sectores del independentismo es un partido más odiado que el PP o Ciudadanos.

Tiene muchísimo sentido. El independentismo catalán se beneficia del PP y el PP se beneficia del independentismo catalán. A nadie le beneficia más el gobierno de Rajoy que a Junts pel Sí. Saben que Rajoy no se va a sentar a hablar y eso es perfecto para conseguir votos. Y viceversa. ¿Quién va a ser la salvaguardia y el escudo de España frente a quienes quieren romperla? Pues Rajoy. O Albert Rivera, que últimamente se está postulando como extrema derecha en lo que a este tema se refiere. Pero a Podemos lo odian. Yo critico muchísimo a Podemos, pero creo que es el único partido que tiene una visión realista y constructiva de lo que está pasando en Cataluña. Aparte del PSC, que no el PSOE. Esos son los partidos que más caña reciben del independentismo. Al fin y al cabo, los radicalismos siempre intentan dañar las zonas grises. El nacionalista español que vota al PP no vuelve a votar a Rajoy en la vida si Rajoy, en un acto de estadista, decidiera que esto ha llegado muy lejos y que hay que sentarse a hablar para pasar página. Y si Puigdemont renuncia a la independencia y decide sentarse a hablar a cambio de unas cuantas cosas, hay facciones dentro del nacionalismo que le van a llamar traidor.

Puigdemont el pasado 10 de octubre en el Parlament de Cataluña | Imagen vía Reuters

Ya se lo llamaban el otro día, tras su famoso discurso en el Parlament…

Es que lo del otro día fue de risa.

Cuando lo escuché me vino a la mente aquel artículo en el que explicabas que, en realidad, Cataluña es una república cuántica.

¡Estoy contentísimo! Es que la clavé, y mira que es difícil clavarla. Lo de la república cuántica es una buena forma de explicar esto: hay dos leyes que se contradicen, dos poderes que se arrogan la autonomía soberana sobre el otro, y dos masas de ciudadanos que creen versiones enfrentadas. Además, casi no hay puntos de contacto. Es decir: existen dos universos paralelos donde la gente se informa de distinta manera. Tú preguntas a independentistas sobre lo que está pasando y preguntas a españolistas sobre lo que está pasando y te dan dos versiones radicalmente opuestas. Existe un relato paralelo.

¿Y cuál de los dos relatos se acerca más a la verdad?

Ahora hay más mentira en el relato independentista, porque les está yendo fatal, aunque antes había más mentira en el otro. Pero volviendo al tema del que hablábamos, lo que hizo el otro día Puigdemont fue hacer política cuántica. Dijo que la República de Cataluña estaba viva y estaba muerta, que existía y no existía, que la había declarado pero que no la había declarado. Por eso Rajoy le ha pedido que se explique. Es maravilloso. El procés se ha vuelto gallego. Si teníamos confianza en que esto se solucionase de una forma u otra, perdámosla porque ya lo que nos faltaba es tener a un gallego enfrente del otro.

¿Eso invita al optimismo o al pesimismo?

Eso invita al aburrimiento. La marmota Puigdemont salió del tronco en Punxutawney y predijo seis semanas más de invierno. A mí lo que me preocupa es la reforma constitucional, porque no la veo posible

¿Por qué no la ves posible?

Porque se tienen que poner de acuerdo tres de los cuatro grandes partidos nacionales, y hay un punto en el que no se van a poner de acuerdo: PP y Ciudadanos van a intentar quitar competencias para perjudicar al nacionalismo catalán, y Podemos y el PSOE van a intentar lo contrario. El PSOE ahora mismo depende del PSC para esto, y en el PSC, donde conocen muy bien Cataluña, saben que cualquier retroceso en competencias va a ser desastroso para ellos. ¿Cómo van a ponerse de acuerdo? Y sobre todo: ¿quién va a validar luego esa reforma? ¿Se va a celebrar un referéndum? ¿Y si hay referéndum y sale que no se acepta en Cataluña pero sí en el resto de España? Abrir la puerta a una reforma de la Constitución con esta polarización que tenemos es de locos. Si se hubiera hecho antes, hubiera funcionado. ¿Pero ahora? ¿Qué van a cambiar?

Hay muchas voces que abogan por quitar a la Generalitat su competencia en materia de Educación. Creen que es un paso fundamental en la lucha contra el independentismo.

Eso es imposible. Pujol lo hizo muy bien: aisló a Cataluña. Me lo contó José Bou, el director de los empresarios catalanes españolistas, y a él se lo dijo José María Aznar en persona. La historia es la siguiente: en el año 96, cuando Aznar necesitaba a Pujol para formar gobierno, y siendo muy listo, le ofreció varios ministerios a CiU. O sea, ofreció hacer un gobierno central, en Madrid, con ministros catalanes nacionalistas. Pujol se negó. Dijo que su apoyo dependía de recibir más competencias, pero que no quería figurar en el gobierno central. Buscaba aislar a Cataluña. ¿Y la educación qué papel ha jugado ahí? Pues ha dado una visión del mundo que termina en la frontera de Cataluña. ¿Eso significa adoctrinar? No, porque a mí en Murcia me obligaron a aprender todos los ríos de Murcia, que están secos. Eso no es adoctrinar, es el desastre del autonomismo y la gilipollez de que si vives en Ávila pues te enseñan que Ávila es lo más importante. Quizás hay que enseñar desde una perspectiva más global, ¿no? Enseñar todo el país. Pero quitarles una competencia es imposible, porque eso va a multiplicar a los que están en contra de tu postura.

¿Entonces…?

Pues estuve hablando sobre esto con un amigo al que llamaré Joaquín M. y resulta que Joaquín M. tiene una idea que a mí me parece muy interesante: hacer un sistema educativo nacional en el que cada comunidad autónoma tenga sus competencias, pero en el que existan dos cosas comunes.

¿La primera?

Una asignatura sobre España. Una asignatura sobre el país, sobre sus diferentes costumbres y culturas; una asignatura que enseñe a los chavales nociones básicas de las lenguas reconocidas oficialmente en el territorio.

Ajá. ¿Y la segunda?

Un intercambio obligatorio de un mes de duración y pagado por el Estado, porque de lo contrario no puede ser obligatorio. Por ejemplo, un chaval de Barcelona y toda su clase son enviados a un instituto de Madrid durante un mes. Luego a los de Madrid les toca ir un mes a Barcelona. Y en dos meses tienes novios, novias, amigos y mejores amigos. Ese vínculo, el vínculo de la amistad, rompe muchísimo mejor la deriva de separación que cualquier anulación de la inmersión lingüística que quiera promover el gobierno de Rajoy. Hay nacionalistas catalanes que te dicen que han vivido diez años en Madrid y que siguen siendo independentistas. Vale, pero es que esa gente se marchó siendo ya mayor; hasta entonces se había criado en un ambiente de separación mental.

Sea cual sea la solución que se plantea, todas parecen pasar por los niños del mañana.

Sí, la generación actual está perdida. Esto también me lo dijo José Bou. Él cree que hay que centrarse en la siguiente. Aunque lo que él propone es diferente; quiere tirar por lo de españolizar a los niños catalanes, algo que a mí me parece equivocadisimo.

¿Por qué crees que la generación actual está perdida?

Pues, entre otras cosas, por lo ocurrido el 1-O. El día del referéndum yo vi niños que a su vez veían cómo estaban hostigando a sus vecinos. Porque allí había niños. ¿Y qué crees que van a recordar estos niños? Hay mucha manipulación y todo lo que quieras, pero esos niños han visto lo que se ha visto en los videos. Han visto porrazos. Es una generación que ha corrido delante de los grises. Les hemos entregado eso a los independentistas. Nunca nos podrán pagar ese regalo.

¿No tienes la sensación de que en el ámbito independentista la queja por lo que sucedió el 1-O esconde también cierta satisfacción?

Vivimos en una sociedad victimista. Se usa el agravio como medida de reafirmación, tanto en un lado como en el otro. El nacionalismo español ha resurgido de su letargo por el ataque del independentismo catalán, que quiere romper España. Y el independentismo catalán lleva años alimentándose de la catalanofobia. En Cataluña es mucho más popular la gente de Intereconomía que en Madrid. Hay un ensayo de filosofía que se llama Crítica de la víctima (Herder). En él Daniele Giglioli analiza por qué la víctima está tan interesada en ser una víctima. Pues bien: aquí, hasta ahora, teníamos solo un victimismo. Ahora tenemos dos.

Juan Soto Ivars: “En la poscensura no tienes miedo al estado; tienes miedo a tus amigos” 2
Portada de Crítica de la víctima de Daniele Giglioli | Imagen vía Herder Editorial

¿Te preocupan los episodios de violencia que ha protagonizado hace apenas unos días la ultraderecha española en Valencia y en Barcelona?

Lo que me preocupa es que no exista una condena unánime por parte del españolismo. Los que se pegaron el 12 de octubre en la Plaza de Cataluña después del acto convocado por Societat Civil Catalana eran neonazis. Y esas imágenes se han utilizado desde el independentismo para describir lo que, según ellos, es España. Eso es manipulación, de acuerdo, pero sigue sin haber una condena unánime de esas imágenes por parte del PP o Ciudadanos. Un comunicado, por ejemplo. Pero no: se han lanzado al y tú más sacando vídeos de Arran. ¿Qué sentido tiene eso? Acepta que entre los tuyos hay radicales y hay locos y sé el primero en condenarlos. ¿Cómo vamos a exigir luego a Convergència que condene aquel cartel de Arran en el que aparecían las caras de concejales contrarios al referéndum?

De hecho, poco después de tildar de acosadores a los de Arran por ese cartel, el PP de Madrid hizo algo parecido sacando fotos y señalando a través de Twitter a los concejales de Ahora Madrid que acudieron a una concentración a favor del referéndum.

Exacto. Es deprimente.

¿Por qué crees que lo hicieron?

Las redes sociales ponen de manifiesto algo que por otra parte siempre ha estado ahí: el fanatismo se retroalimenta. En Arden las redes he dado muchas vueltas a este tema. Las redes sociales se dedican a hacernos sentir bien porque quieren que estemos todo el rato metidos en ellas. Y un truco que usan es el filtro burbuja. El filtro burbuja consiste en hacerte ver el mundo a través de una ventana en la que todo el mundo te da la razón, y al que no te da la razón lo puedes bloquear y hacerlo desaparecer. La gente se está fanatizando a una velocidad alucinante. Más del 40% de los españoles usa redes sociales; un lugar en el que puedes bloquear al que piensa distinto y en el que puedes participar en un linchamiento al que molesta a tu ideología. Es una fábrica de fanáticos.

Las famosas ‘echo chambers’.

Sí. Lo describe muy bien Eli Pariser, que tiene un libro titulado precisamente El filtro burbuja (Taurus). En ese libro explica desde un punto de vista técnico todo esto y demuestra cómo funcionan los algoritmos que nos están cambiando la visión del mundo. El algoritmo de Facebook tiende a enseñarte en tu pantalla principal opiniones y publicaciones a las que tú sueles poner ‘Me gusta’. Porque Facebook quiere que te quedes, no quiere que pases un mal rato, quiere ahorrarte el sofoco. A lo mejor tú tienes 1.000 amigos, pero Facebook te muestra los 200 con los que sueles estar de acuerdo. Lo que opina el resto no te va a llegar.

Pero esto ya ocurría antes de las redes sociales. Con los periódicos, por ejemplo. La gente solía leer ‘su’ periódico. Y elegía comprar ese periódico y no otro porque quería que le contasen las cosas de una determinada manera.

Es diferente. El periódico puede tener una línea muy marcada, muy cerrada, puede ser La Razón o, cuando todavía salía en papel, Público y aun así, al pasar las páginas, también estás recibiendo una información que no tiene que ver con tus intereses o gustos. Siempre va a haber algo que te hará recordar que existe Pakistán. Es decir, que por muy cerrada que sea su visión del mundo ya estás recibiendo cosas que no dependen de un programa que decide por ti lo que a ti te interesa. Estás más conectado con lo desconocido escuchando una tertulia de radio o leyendo un periódico en papel que a través de Facebook o Twitter.

Te acusan de equidistante, ¿crees que lo eres?

Soy escurridizo. A mí me hubiera ido mucho mejor en lo que a premio y castigo digital se refiere si me hubiese mantenido en mi postura españolista, que es lo que pienso y lo que creo. Pero lo que he hecho ha sido intentar explicar a la gente que me lee qué piensan los que no opinan como yo, qué les pasa, por qué están así de enfadados. Y eso me ha traído muchos problemas. He perdido muchos lectores por el camino. Pero los columnistas tenemos que hacer un esfuerzo de amor propio; intentas no incurrir en la poscensura.

Juan Soto Ivars: “En la poscensura no tienes miedo al estado; tienes miedo a tus amigos” 1
Portada de Arden las redes | Imagen vía Editorial Debate

La poscensura es el gran tema de tu libro Arden las redes. ¿Qué significa exactamente?

La poscensura es un neologismo que saqué precisamente en ese libro. En la poscensura tú no tienes miedo a que el estado franquista, por poner un ejemplo, te ponga una multa; tienes miedo a tus amigos. Es mucho más fácil sostener la pancarta que sacan otros antes que salir a matizarla. Entonces es cuando acabas radicalizándote por miedo a que tus propios amigos te llamen traidor. Esto es fatal para el debate público. La víctima de la poscensura no es al que linchan. El linchado es la víctima colateral; la auténtica víctima de la poscensura es el debate público. La poscensura establece polarización absoluta; o conmigo o contra mí.

Aunque no son pocos los que acusan a Pablo Iglesias de conspirar con los nacionalistas catalanes para romper España, antes comentabas que Podemos es junto al PSC el único partido que parece tener una visión realista y constructiva de lo que está pasando en Cataluña. En este sentido, y aunque suene paradójico para muchos, ¿opinas que son los que más pueden hacer por la unidad de España?

No lo sé. El nacionalismo catalán siempre va a querer más y si la actitud de Podemos es dar lo que piden, ellos van a seguir pidiendo y pidiendo porque no hay que olvidar que su fin es la independencia. Es como pasar por un barrio de carteristas sin cerrar la cartera. El problema es que la alternativa puede ser peor. Lo que no tiene sentido es equiparar a Podemos con los independentistas. Son muy distintos. Cuando en el Parlament pasaron las leyes del referéndum de esa forma tan pirata fue Coscubiela, de Podem, el tío más valiente. Se plantó y les dijo a la cara que era intolerable lo que estaban haciendo, saltándose las leyes de su propia cámara y acallando de aquella manera a los otros grupos. Fue mucho más valiente que Pablo Iglesias, que se mete con el PP pero no con Puigdemont. Me quedo con Coscubiela antes que con Pablo Iglesias y me quedo con Ada Colau antes que con cualquiera de los dos. Creo que haría muy bien la izquierda española en aprender de ella, que critica a Junts pel Sí tanto como a Rajoy. Me jode ese mantra en Podemos que dice que hay que ir contra el PP pase lo que pase. En esta crisis ha habido momentos en los que había que estar a su lado.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo cuando Rajoy hizo lo que hizo la semana pasada. Podía haber aplicado el 155 y lo que hizo fue decirle a Puigdemont que le aclarase qué había dicho. Dejó un margen de tiempo durante el cual han existido reuniones. Ahí Rajoy estuvo muy bien. También en las semanas que transcurrieron desde la aprobación de las leyes del referéndum en el Parlament hasta el 1-O. Podemos podría haber sumado su voz al bando constitucionalista sin dejar tampoco de decir que se necesita una reforma de la Constitución y un referéndum pactado.

Hay personas que se han planteado abandonar Cataluña ante el cariz que ha tomado la situación. ¿Os habéis planteado tu mujer y tú hacer lo propio en algún momento?

Hemos hablado del tema, no tanto por las consecuencias políticas como por la posibilidad de que se desate la violencia. El día del discurso del Rey terminé asustado. Era un discurso de negación, el discurso de alguien que no está mediando. Para mí fue un error; no puedes negar la existencia de dos millones de súbditos, aunque te odien. Tienes que dirigirte también a ellos, dedicarles alguna palabrita. Pensé que se iba a liar. Pero al día siguiente comenzó la fuga de empresas. Eso me tranquilizó.

¿Por qué?

Pues porque cuando se van los bancos y las empresas, en el PdeCat empiezan a ponerse de manifiesto unas diferencias brutales entre la parte más independentista, minoritaria, y los que miran más la pela que otra cosa. Puigdemont es, de hecho, el más independentista de todo el PdeCat. Yo creo que a Puigdemont se lo va a comer el propio partido. Si quiere que las empresas regresen, la burguesía independentista va a tener que bajarse del carro. Luego se cargará a la CUP y, junto a ERC, dará un giro cosmético hacia el federalismo, donde se encontrará con Podemos y el PSOE. Me parece que será la solución. Ganará el capitalismo, como siempre. En cierto modo, que sean los bancos y no la gente quienes se están cargando el procés me parece un fracaso democrático.

Hay quien dice que por más que hagan o deshagan los políticos, a estas alturas ya hay un sector del independentismo que va por libre. Y que eso podría causar disturbios en la calle.

Creo que lo tienen controlado. A lo largo de mi vida he experimentado tres momentos en los que la gente estaba realmente ilusionada: la movilización contra la guerra de Irak, el 15-M y el momento actual. ¿En qué quedaron las protestas anteriores? ¿Qué esperas de la Diada, de la revolución de las sonrisas? Los medios de comunicación independentistas son de los bancos. Cuando llegue la orden cambiarán el tono.

En el libro El fracaso de la no violencia (Segadores/Descontrol) se ponen esos mismos ejemplos, entre otros, para argumentar que la protesta pacífica no consigue nada.

Pero es que vivimos en una sociedad bien alimentada. No hay ningún motivo para que la gente se tome realmente en serio lo de salir a luchar a la calle mientras pueda seguir dando de comer a su hijo. Hay un factor que va a hacer imposible cualquier revolución en España y en Europa: las salchichas Frankfurt del DIA cuestan 25 céntimos, un bote de tomate 39 céntimos y un paquete de medio kilo de espaguetis 30 céntimos. Es decir: que tú por menos de un euro no sólo comes sino que además engordas. Nunca se ha visto una revolución con guerrilleros gordos. Ni la vamos a ver.

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La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo

Tal Levy

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No sólo es la novela que el presidente del Congreso de Estados Unidos, Paul Ryan, suele obsequiar a los nuevos miembros de su equipo, sino también la que el banco Saxo de Dinamarca regala a clientes y empleados. De uno a otro confín, La rebelión de Atlas, obra máxima de Ayn Rand, ha marcado por igual a emprendedores de Silicon Valley que a estrellas de Bollywood.

Este libro de cabecera de conservadores y liberales de todo el mundo, de empresarios e inversores de riesgo, cumple 60 años de su publicación este octubre ratificando por qué en una encuesta que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos realizó en 1991 fue considerado el más influyente en la vida de los estadounidenses, sólo superado por la Biblia.

De allí que no sorprenda que el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, haya confesado el gran impacto que le produjo leerla o que el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, la catalogue como favorita. Incluso fue uno de los libros que le sirvieron a Steve Jobs de guía para la vida y que le enseñaron cómo marcar una diferencia en el mundo, según ha revelado el cofundador de Apple Steve Wozniak.

Aunque La rebelión de Atlas fue desacreditada por los críticos, la huella dejada entre sus lectores ha sido duradera.

Novela, texto curricular, libro de negocios o de autoayuda, según se quiera, pasó de enseñarse en las aulas estadounidenses a incluirse recién en el plan de estudios de Ciencias Políticas de Reino Unido, donde 20.000 obras de Rand anualmente son vendidas. “Cada año se compran alrededor de 25.000 ejemplares en la Rusia natal de Rand, otros 13.000 al año en Brasil, 6.000 en España y 1.000 en Japón y Bulgaria. Incluso en China, unos 15.000 libros de Rand se compran cada año, un número que, dado el despertar económico e intelectual de ese país, sólo puede aumentar”, se lee en la web del Adam Smith Institute.

La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo
Póster con todas las portadas de La rebelión de atlas | Imagen vía Pinterest

La virtud del egoísmo

¿Quién es John Galt?”. Esta pregunta da inicio y se repite en el transcurso de las casi 1.200 páginas de La rebelión de Atlas. Más allá de su papel clave en la trama, para Ayn Rand él vendría a ser el mejor representante de su ética Objetivista, asentada en tres valores: razón, propósito y autoestima, a los cuales corresponden las virtudes respectivas de la racionalidad, la productividad y el orgullo.

“La felicidad es un estado de alegría no contradictoria, una alegría sin pena ni culpa, una alegría que no choca con ninguno de tus valores y que no te lleva a tu propia destrucción”, afirma Galt en el emblemático discurso que condensa el sentido de la vida para Rand y que ella demoró dos años en perfeccionar de los doce que le tomó escribir el libro en su totalidad.

El motivo y propósito de mis escritos es la proyección de un hombre ideal”, señala Rand en El Manifiesto Romántico. “Ni la política ni la ética ni la filosofía son fines en sí mismos, ni en la vida ni en la literatura. Sólo el hombre es un fin en sí mismo”.

Pero ¿de qué trata la novela? En palabras de la autora fallecida en 1982, “el tema de La rebelión de Atlas es ‘El rol de la mente en la existencia del hombre’. El tema-trama es: ‘El hombre pensante rebelándose contra una sociedad altruista-colectivista”.

Describe cómo el Estado con su altruismo termina saqueando, arrasando y persiguiendo a los creadores e innovadores, que son quienes son los impulsores del progreso y del bienestar gracias a su individualismo, a que tienen al egoísmo por virtud. ¿Qué sucedería si los individuos emprendedores estuvieran en huelga? A esta interrogante el libro da respuesta.

Y es que para Rand, anticomunista hasta la médula, “la vida en una isla desierta es más segura e infinitamente preferible a la existencia en la Rusia soviética, la Alemania nazi o la Cuba de Castro”, como apuntó en los ensayos reunidos en La virtud del egoísmo, de 1961. Creía en lograr lo mejor de cada uno en contra de una sociedad de zombis, de hombres-masa, sometidos, manipulados.

“No me cabe la menor duda de que la novela ha desempeñado un papel importante en desacreditar al socialismo como un ideal y hacer que la discusión sobre el capitalismo sea intelectualmente legítima”, asegura en la web del Ayn Rand Institute, su presidente, Yaron Brook.

Pero también La rebelión de Atlas ha sido descalificada por quienes la consideran un canto panfletario al capitalismo, una exaltación de la avaricia, del egoísmo. No obstante, su interés renace, como en medio de la debacle financiera de Estados Unidos en 2009, con un Barack Obama recién presidente, cuando se vendieron más de 200 mil ejemplares.

Es la actualidad misma la que renueva su vigencia. Quizá el más cercano ejemplo, el de la Venezuela de hoy. “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes no trafican bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un inútil sacrificio, entonces podrá reconocer que esa sociedad está condenada”, se lee en el libro que está de aniversario y cuyo impacto es compartido en Twitter bajo el hashtag #atlasshrugged60, iniciativa del Instituto Ayn Rand.

Un manantial de éxito

Entre los discípulos de Rand se encuentra quien fuera presidente de la Reserva Federal estadounidense de 1987 a 2006, Alan Greenspan, quien llegó a formar parte de un selecto círculo que frecuentaba su casa neoyorquina todos los sábados.

También devoto se ha declarado el cofundador de Pay Pal y primer gran inversor de Facebook, Peter Thiel. Otros, como el eurodiputado conservador británico Daniel Hannan, uno de los máximos promotores del Brexit, exhiben una fotografía de la escritora en su despacho.

Por un tiempo, la portada de El manantial, novela que Rand tardó siete años en escribir y que fue rechazada por 12 editoriales hasta que Bobbs-Merrill Company la publicó en 1943, sirvió de avatar de Twitter del fundador y ex consejero delegado de Uber Travis Kalanick.

Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado sentirse identificado con el protagonista de esa obra de ficción, de las pocas que le gustan y que “tiene que ver con los negocios, la belleza, la vida y las emociones internas… con todo”, recogió USA Today.  

Eso sí, estudiosos consideran que el mandatario está muy lejos del prototipo de héroe de Ayn Rand.

Lo cierto es que el personaje de Howard Roark, inspirado en el legendario arquitecto Frank Lloyd Wright, ha ayudado a muchos lectores a la hora de tomar una decisión. ¿Qué haría Roark en esta situación?, se han preguntado quienes han debido hacer frente a un dilema moral, según ha contado Rand, y “esa es la función psico-epistemológica de un ideal humano personificado (concretizado)”.   

La autora no accedió a suprimir ni una sola palabra del parlamento final de Roark en la adaptación de su novela a la gran pantalla en 1949. Gary Cooper no sólo personificó al arquitecto capaz de dinamitar su obra antes de doblegarse a sí mismo, sino que protagonizó el discurso más largo en la historia de Hollywood: 6 minutos.

La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo 2
Estatua de Atlas en el Rockefeller Center de Nueva York | Imagen vía Wikimedia Commons

A la gloria del hombre

Otra obra de ficción de Rand, Los que vivimos, publicada en 1936, es lo más parecido a una autobiografía suya al abordar la determinación de una mujer, Kira Argounova, enfrentada a un sistema totalitario.

De familia judía, Ayn Rand nació en San Petersburgo en 1905 bajo el nombre de Alissa Zinovievna Rosenbaum. A los 12 años vio cómo los bolcheviques le confiscaron la farmacia a su padre y también cuestionó a Dios, al punto de escribir en su diario: “Hoy he decidido ser atea”.

“En la sofocante y sórdida fealdad de la Rusia soviética” descubrió un año después la obra de Víctor Hugo, a quien consideraba el más grande novelista de la literatura mundial.

Igual admiración, en el campo de la filosofía, le despertaría Aristóteles, porque su Lógica “liberó al hombre al validar el poder de su mente”.

Graduada en Filosofía e Historia en la Universidad de San Petersburgo a los 19 años, esta apasionada del naciente cine se propuso ser guionista, por lo que se matriculó en el Instituto Estatal de las Artes Cinematográficas.

Dos años después, marchó en busca de la libertad hacia Estados Unidos gracias a un permiso de viaje que le permitió dejar atrás esa suerte de “cementerio soviético”, donde años más tarde sus padres y su hermana Natasha morirían sin haberlos podido llevar consigo a América pese a sus muchos esfuerzos.

Sólo en la década de los setenta lo lograría con su otra hermana, Nora, pero habían pasado muchos años y distaba de la que fue. Lo que es capaz de hacer el comunismo fue atestiguado por Ayn Rand en carne viva con su hermana, quien decidió volver a la Unión Soviética.

Fue el director y productor cinematográfico Cecil B. DeMille quien introdujo a Rand en Hollywood tras incorporarla como extra a Rey de Reyes, filme gracias al cual ella conoció al que sería su esposo, el actor Frank O’Connor.

Y lograría sus objetivos: convertirse en libretista, novelista, ensayista y filósofa, dedicándose hasta el último de sus días a divulgar en conferencias y entrevistas sus ideas.

Pero también sería blanco de ataques. “A la gente jamás le gusta un hombre que ha alcanzado el éxito por sí mismo. Cuando tienes una gran devoción hacia un objetivo, la gente te llama despiadado. Y cuando trabajas más duro que otros, cuando trabajas como una máquina mientras otros se lo toman con calma y tú los superas, la gente te llama inescrupuloso”, replicaría.

Aunque su marcado acento ruso a lo largo de sus 77 la delataba, ella siempre se sintió americana por convicción, por eso no extraña que el tap haya sido su danza favorita, más aún por ser de origen afroamericano, tan lejos de Europa e incapaz, como destacaría, de expresar tragedia, dolor, miedo o culpa, sino felicidad y emociones aledañas a la alegría de vivir.

“La impresión que uno se lleva es: control total; la mente humana controlando, sin esfuerzo, el impecable funcionamiento de su cuerpo. La clave es la precisión. Transmite una sensación de propósito, disciplina, claridad, combinada con una ilimitada libertad de movimiento y una inalcanzable creatividad que se atreve a lo repentino, lo inesperado y, sin embargo, nunca pierde la línea integradora central: el ritmo de la música”. Quizá esta descripción suya del tap es la mejor alegoría de lo que fue su vida.

Rand vivió sin buscar más aprobación que la propia, a contracorriente de la moda imperante. No tuvo reparo a la hora de lucir un prendedor con el símbolo del dólar, el mismo que le tributaron en forma de coronas de flores sus admiradores al morir. Tampoco en pensar en términos de blanco o negro, en contra del culto del que llamaba el amoral gris. De opiniones terminantes, contundente, audaz y visionaria, la determinación guio sus pasos.

Pero como afirmaba que “en el campo de la caracterización una acción vale mil adjetivos”, mejor apelar a un ensayo suyo fechado entre octubre y noviembre de 1963: “El motivo y propósitos de mis escritos puede ser resumido mejor diciendo que si la totalidad de mi obra fuera a estar precedida de una dedicatoria, se leería: A la gloria del hombre. Y si alguien me preguntara qué es lo que he dicho para la gloria del hombre, sólo contestaría parafraseando a Howard Roark. Sostendría en alto una copia de La rebelión de Atlas y diría: ‘La explicación está de más”.

Breve diccionario a lo Rand

Altruismo: mide la virtud de un hombre según el grado de su disposición a capitular, a renunciar o traicionar sus valores.

Amor: expresión y afirmación de la autoestima, una respuesta a los propios valores en la persona del otro.

Arte: espejo metafísico del hombre.

Capitalismo: único sistema que puede hacer posible en la práctica la libertad, la individualidad y la búsqueda de los valores. No es un sistema del pasado; es el sistema del futuro.

Felicidad: estado exitoso de la vida.

Historia de ficción: abstracción que reclama universalidad, es decir, su aplicación a cada vida humana incluida la de uno.

Hombre: única especie viviente que tiene el poder de actuar para destruirse a sí misma.

Inacción: antítesis de la vida.

Mente: herramienta fundamental para la supervivencia del hombre. La mente dirige, las emociones siguen.

Nación: cantidad de individuos, y no puede tener otros derechos que los de sus ciudadanos individuales.

Racismo: forma más baja y groseramente primitiva de colectivismo.

Razón: medio básico de supervivencia para el hombre.

Religión: forma primitiva de filosofía.

Sentido de vida: suma integrada de los valores básicos del hombre. Es la fuente del arte.

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¿Por qué son importantes las elecciones de gobernadores de este domingo en Venezuela?

Redacción TO

Foto: FEDERICO PARRA
AFP

Los venezolanos acudirán el domingo a elecciones de gobernadores que según la Constitución debieron celebrarse en 2016. Estos comicios podrían significar un cambio radical en el mapa político del país. El oficialismo tiene el poder actualmente sobre 20 de las 23 gobernaciones pero tras la intensificación de la crisis política a partir de abril de este año en protestas antigubernamentales que dejaron más de 100 muertos, el dominio del rojo (color del partido del Gobierno) sobre el azul de la oposición, pudiese mermar.

Un análisis de AFP señala que analistas coinciden en que la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) tiene altas posibilidades de ganar las elecciones, en votos y gobernadores. “El país está deshecho con penurias y hambruna. No hay probabilidad de que el gobierno gane”, afirmó para la agencia el politólogo Luis Salamanca.

Si eso ocurre, la oposición podrá presionar al gobierno “en un proceso de negociación serio, para fijar las condiciones de las elecciones presidenciales de 2018″, afirmó, por su parte la analista Colette Capriles.

José Ignacio Guédez, actual secretario de la Asamblea Nacional de mayoría opositora, ha expresado a The Objective que votar en las elecciones de gobernadores “es la manera de continuar la lucha contra la dictadura (de Nicolás Maduro), evidenciando su ilegitimidad y demostrando el fraude Constituyente”.

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El candidato opositor por el estado Miranda y actual alcalde del municipio Sucre, recorre un barrio de Caracas durante su campaña. | Foto: Miguel Gutiérrez / EFE

Además, y lo más importante, asegura que es “una forma viable de acumular fuerza recuperando unas gobernaciones que luego contribuirán con el cambio de Gobierno Nacional y de modelo económico”.

Luis Salamanca también asegura que una victoria de la oposición ayudaría a mejorar el vínculo con sus seguidores, “frustrados por las protestas que entre abril y julio exigieron sin éxito la salida de Maduro y culminaron poco antes de la instalación de la todopoderosa Asamblea Constituyente, integrada únicamente por chavistas”.

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Héctor Rodríguez, candidato del oficialismo por el estado Miranda, celebra su cierre de campaña. | Foto: Federico Parra / AFP

A pesar de que la oposición pudiese ganar, uno de sus principales retos es vencer la abstención. El Consejo Nacional Electoral (CNE) es muy cuestionado por los ciudadanos opositores. De hecho, en las últimas horas, el CNE ha cerrado 274 centros electorales y ha reubicado a sus votantes a 48 horas de las elecciones, ha informado a The Objective el asesor en temas electorales, Eugenio Martínez.

Esto mantiene en alerta a la oposición y varios países como Canadá, Estados Unidos y Chile. A pesar de que el universo de centros de votación es de 13 mil, estas medidas afectan a 715 mil electores y pudiese cambiar las tendencias en importantes estados como Miranda y Mérida.

Los expertos coinciden, de acuerdo a AFP, en que sólo una elevada abstención permitiría que el oficialismo gane más gobernaciones, aunque descartan que pueda obtener más votos, pues su rechazo es muy elevado (ocho de cada 10 venezolanos, según la firma Datanálisis).

Por su parte, el presidente de Datanálsis en un tweet señaló que sus proyecciones no son de “18 a 21 gobernaciones para la oposición”, como fue comentado en redes y medios, sino que “ese (sería el) tamaño teórico en una elección sin abstención ni manipulación”.

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Charlie Hebdo califica a los “catalanes” como “más tontos que los corsos”

Redacción TO

Foto: JUAN MEDINA
Reuters

El semanario satírico francés Charlie Hebdo titula en portada: “Los catalanes, más tontos que los corsos”. La ilustración muestra a tres encapuchados armados con metralletas que dicen: “Exigimos un debate”. Ha sido muy comentada en redes sociales.

La caricatura ha sido publicada un día después de que el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, declarara la independencia de Cataluña y de inmediato, pidiera al Parlament suspender sus efectos para abrir un proceso de diálogo.

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