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Juan Martín Guevara: "Si el Che hubiera triunfado, Rajoy no sería presidente"

Néstor Villamor

Foto: CBS-TV
AP Photo, File

“Las ideas de Ernesto siempre eran fantasiosas”. Juan Marín Guevara escribe sobre su hermano desde la distancia del tiempo. Cuarenta y siete años fue lo que tardó en enfrentarse a sus fantasmas y visitar el lugar en el que fue ejecutado en una “aldea perdida” de Bolivia, donde quería hacer triunfar una revolución como la cubana que se expandiera por el resto de Latinoamérica. Pero el destino de Ernesto Che Guevara era caer fusilado el 9 de octubre de 1967. “Dicen que murió dignamente y que sus últimas palabras fueron: ‘Póngase sereno y apunte bien. Va a matar a un hombre'”. Juan Martín narra la vida del guerrillero en Mi hermano el Che (Alianza), coescrito con la periodista francesa Armelle Vincent.

En conversación con The Objective en la Casa de América -adonde acude para presentar el libro-, conjetura que de no haber fallecido hace casi 50 años “habría triunfado en Latinoamérica y, si hubiera triunfado en Latinoamérica, Rajoy no sería presidente. Cambiarían mucho las cosas. En Europa y, ni que hablar, en Latinoamérica. En México no estaría Peña Nieto, eso seguro. Y a lo mejor Maduro tampoco sería presidente “.

A lo largo de la conversación, con disquisiciones continuas y una dicción inequívocamente argentina, Juan Martín nunca menciona su país natal. Tampoco Buenos Aires se ha dedicado demasiado a promocionar la figura del Che como sí ha patrocinado otros iconos autóctonos como Eva Perón, Borges o incluso Messi. Acaso porque la suya es una herencia que ha atravesado la Pampa para terminar por definir una identidad, sencillamente, latinoamericana.

Estados Unidos tiene “el presidente que merece”

Se explaya en profundidad, eso sí, sobre Estados Unidos: “Estoy convencido de que hoy tiene el presidente que merece. Se ha caído la careta. Hoy es el Estados Unidos profundo, el Estados Unidos midwest, el Estados Unidos WASP, hoy es El Estados Unidos, No embromemos más”. Y lanza un último dardo a Donald Trump: “Tira la madre de las bombas y se pone contento, es un éxito. Porque tiene la bomba no atómica más grande del mundo y es un éxito. O después tira el bombazo en Siria y dice: ‘Es buena la guerra y vamos a tener que hacer guerras’. Porque traen producción, elementos y herramientas de tanques y aviones y los obreros norteamericanos tendrán trabajo. Si para que los obreros norteamericanos trabajen tenemos que tirar bombas y ver a quién le podemos montar una guerrita, estamos mal”. También le preocupa la situación en Venezuela: “Hay una guerra civil en ciernes. Ya han comenzado los tiros. Hay una lucha de clases. La lucha de clases en América está presente de una u otra manera y en Venezuela se expresó de una manera agresiva”.

Mi hermano el Che, escrito con un tono naturalmente familiar, contiene datos sobre su madre (“era muy pedagoga: a nuestros amigos les aconsejaba lecturas y hablaba luego con ellos de política, de literatura, de historia, de filosofía, de religión…”) y su padre (“nunca dudaba en hacer trampas para ganar”) que ilustran por qué Ernestito se convirtió en el Che, un hombre de barba espesa e ímpetu rupturista que embarcó en un yate el 25 de noviembre de 1956 y, basado en “la doctrina de san Carlos” (Marx), terminó con la dictadura de Fulgencio Batista.

“En Venezuela hay una guerra civil en ciernes”

Pero la imagen que el mundo tiene del Che, explica Juan Martín a The Objective, sería distinta si hubiese muerto anciano, como Fidel Castro. “No tuvo todo el desgaste que ha podido tener la Revolución Cubana en todo este tiempo y los ladrillos siempre les van a caer a los que viven”. Así, la historia recuerda a Castro como un tirano y a su íntimo compañero como un héroe cuya impronta sigue siendo venerada como faro de la izquierda. Como semidios. Abanderado de la revolución. Adalid de la lucha. Líder de la resistencia. Mito.

Y el propio Che sería hoy el primero en repudiar semejantes alharacas. “Habría detestado el estatus de ídolo”, escribe su hermano. “Mi hermano no perseguía la gloria”, defiende Juan Martín después de contar una anécdota especialmente ilustrativa sobre su hermano. Ocurrió cuando, en 1961, los funcionarios del Ministerio de Industria cubano (del que entonces era titular) quisieron rendirle un homenaje. “Mira fijamente a los empleados y declara: ‘Ustedes no entienden lo que yo escribo y repito en mis conferencias. Aquí lo que hace falta no son homenajes sino trabajo’. Y añadía (sic): ‘¿Ustedes se consideran revolucionarios? Bueno, entonces yo les buscaré algún puesto de lucha… en alguna fábrica'”.

Los mejores 'memes' del zasca de Rajoy a Espinar

Redacción TO

Foto: ERIC VIDAL
Reuters

Mariano Rajoy y Ramón Espinar, portavoz de Unidos Podemos en el Senado, se han enzarzado esta tarde en la Cámara Alta y, según los jueces de internet, el peor parado ha sido el más joven, que no ha visto venir el zasca dialéctico del presidente. Aunque no le ha faltado apoyo en forma de tuits.

En el debate ha habido gritos, aplausos y recriminaciones constantes, pero la contienda verbal ha terminado por acaparar todas las miradas. Espinar ha comenzado acusando al presidente del Gobierno de “usar en beneficio propio algunas instituciones del Estado”, como la fiscalía, para controlar los casos de corrupción, y le ha invitado a irse “a su casa”

Rajoy, ni corto ni perezoso, ha devuelto la acusación recordándole, primero, la condena de su padre por el caso de las tarjetas black y, segundo, su famosa polémica con la Coca-cola, que se remonta a cuando vieron a Espinar con botellas de este refresco después de llamar a su boicot por los despidos en las plantas de producción madrileña. Con este golpe directo ha nacido el hashtag , y la imaginación de los tuiteros se ha disparado.

Tótem y tabú

Manuel Arias Maldonado

Foto: CRISTINA QUICLER
AFP PHOTO

Ahora que por fin ha terminado uno de los thrillers políticos de la temporada, queda claro que no hay nada como un buen relato para hacerse con el poder: sin una historia capaz de galvanizar al público, nadie puede conseguir votos suficientes. Eso es lo que tenía Pedro Sánchez y lo que no tenía Susana Díaz: una narrativa capaz de dar un sentido a la trayectoria de su partido en los últimos meses y aun los últimos años. Por supuesto, la relación de ese relato con la realidad es una cuestión secundaria; lo decisivo es que nadie le ha opuesto una alternativa. Y lo mismo cabe decir de los zigzagueos ideológicos del nuevo Secretario General: solo podían pasar desapercibidos allí donde el debate de ideas ha sido inexistente. De manera que Díaz ha hecho bueno a Sánchez.

Acaso la clara victoria del sanchismo pueda explicarse recurriendo a los términos antropológicos utilizados por Freud: el tótem y el tabú. Lo que ha hecho Sánchez es invocar un tótem capaz de unificar a la tribu y denunciar la violación del tabú por parte de sus rivales internos. El tótem es la integridad ideológica del partido, definido por su oposición a la derecha; el tabú, el entendimiento con esa misma derecha. Nadie se ha molestado en explicar por qué la abstención que permitió a Rajoy formar gobierno era conveniente o dejaba de serlo; nadie ha interrogado a Sánchez sobre su alternativa. Éste ha impuesto el registro afectivo por incomparecencia de sus antagonistas, que no se han atrevido a hacer una defensa explícita de su abstención. Por eso ha ganado Sánchez, oportunamente auxiliado por la corrupción del PP madrileño: si la identidad del partido era lo que estaba en juego, sus cartas eran las mejores. ¡Democracia sentimental!

¿Y ahora? Es dudoso que el PSOE se fracture; eso no interesa a ninguno de sus integrantes. Pero si el partido logrará unirse o no en torno a Sánchez dependerá -como siempre- de los rendimientos de su liderazgo: de sus probabilidades de victoria electoral. Por eso, que logre ahora la legitimidad de la que careció durante su primera etapa dependerá de los sondeos y por tanto de su estrategia. En ese sentido, será interesante ver qué hace exactamente con su victoria. Ya anunció que pediría la dimisión de Rajoy, pero eso es como salir a la ventana y pedir que llueva: un gesto dramático sin mayores consecuencias. ¿Buscará un acercamiento a Podemos, volverá a coquetear con Ciudadanos? Dicen los psicólogos que el mejor predictor de la conducta futura es la conducta pasada. Si es el caso, es previsible que Sánchez no corrija el relato que le ha hecho ganar las primarias y más bien lo traduzca al lenguaje de la oposición: no era no y seguirá siendo no. Buscará la vía portuguesa, olvidando que Portugal no tiene una Cataluña.

Pero ni a Sánchez ni a Rajoy convienen unas elecciones inmediatas: a éste porque los sondeos no le sonríen, a aquél porque si fracasara en ellas habría tardado bien poco en perder lo que tan arduamente ha reconquistado. Es así probable que asistamos a una legislatura melodramática y sobreactuada, llena de ruido y de furia, sin demasiadas novedades sustanciales. Para la cultura política española, de hecho, es sintomático que el acuerdo de mínimos entre los dos grandes partidos nacionales, cuya finalidad principal era evitar las terceras elecciones consecutivas, haya desembocado en una serie de episodios traumáticos que alejan sine die toda posibilidad de entendimiento.

Sánchez ha ganado una batalla que parecía perdida y merece el debido reconocimiento. Pero está por ver que eso sirva a su partido, necesitado de más paciencia en un momento de redefinición para la socialdemocracia europea. Se ha elegido entre Díaz y Sánchez, pero si la recuperación de la potencia electoral del PSOE aún es posible, parece verosímil pensar que su protagonista será algún joven a quien todavía no conocemos: el verdadero tapado de esta larga carrera de obstáculos.

La banalidad de Trump

Ferrán Caballero

Entrevistaban en La Vanguardia a Timothy Snyder para hablar de su último libro, “Sobre la tiranía. Veinte lecciones que aprender del siglo XX” y no tardó en salir la comparación entre Trump y Hitler que ya asomaba en el titular: “Trump destruye la verdad para acabar con la democracia”. Una comparación que no es sólo recurso periodístico, sino el ánimo mismo del libro, pensado y planteado para advertirnos de los peligros que acechan a la democracia y se encarnan en Trump y sus semejantes. La comparación no es sólo legítima sino necesaria, viene a decir Snyder, y lo explica diciendo que criticarla por exagerada es “una maniobra diseñada para soslayar la reflexión histórica y la experiencia”.

Yo mismo la critico, claro. No porque sea un error intelectual o un error moral. Sino porque es un error a secas. No es que no describa bien el asunto, porque ya sabemos que toda comparación es limitada y que “una semejanza de relaciones no es una relación de semejanza”. Ni que sea cosa poco ética o de mala educación. No es que esté mal, es que es un error. Cuando uno reduce todo lo malo a Hitler lo que hace no es banalizar el nazismo sino banalizar la crítica. Porque, en realidad, ni siquiera hace falta querer cargarse la democracia para cargarse la democracia. No hace falta un plan ni una intencionalidad. Es mucho peor, porque basta con la incompetencia o la frivolidad.

Cuando criticamos a nuestros propios populistas y extremistas por sus oscuras intenciones, por sus simpatías chavistas y sus pretensiones totalitarias, les estamos haciendo más un favor que una crítica. Les estamos dando la oportunidad de refugiarse en la bondad de sus intenciones, hasta de volver a la matraca de que el comunismo era una noble idea pero fue mal aplicada o que el chavismo pretendía liberar al pueblo mientras que los del Íbex sólo pretenden llenar sus bolsillos. Pero es que sus intenciones son irrelevantes. De lo que se trata aquí no es si Trump, Le Pen o Iglesias pretenden o no pretenden en realidad acabar con la democracia liberal y los derechos individuales. De lo que se trata es de que en cada una de sus acciones y en cada una de sus declaraciones debilitan este orden y nos acercan un poquito más a la jungla y al totalitarismo.

Dijo Burke que para que el mal triunfe basta con que los hombres de bien no hagan nada. Ni siquiera es necesario que los malvados traten de imponerlo. El mal se impone por si mismo porque la corrupción es la naturaleza misma de las cosas. De ahí que quien no trabaje para su preservación y mejora trabaje, lo quiera o no, lo pretenda o no, para su destrucción. De ahí que quien no trabaje en la defensa de la verdad y las instituciones trabaje, queriéndolo o no, en contra de la libertad y de la democracia. De ahí que cuando centramos la crítica en el juicio de intenciones no sólo estamos limitando la crítica sino dificultando la defensa. De ahí que cuanto más insistimos en llamar nazis a los adversarios menos les acompleja la crítica y con más facilidad se defienden de ella apelando a los nobles sentimientos de las buenas gentes que sólo quieren salud, dignidad y trabajo. Centrar la crítica en los actos y los discursos y no en las oscuras intenciones debería hacernos más comprensivos con los demás y más exigentes con los propios. Es muy probable que Trump no sepa lo que hace cuando presenta “hechos alternativos”. Pero eso lo hace más peligroso, y no menos.

¿Llegaremos a una guerra nuclear? Los satélites nos dan pistas

Redacción TO

Foto: KCNA KCNA
Reuters/Archivo

Cuando Kim Jong-un lanzó el 14 de mayo un misil a unos 2.000 kilómetros de altitud, logró demostrar que el país más aislado del mundo sigue trabajando, y parece que con éxito, en el desarrollo de armamento nuclear cuyo objetivo son las bases estadounidenses.

Las preguntas que podríamos hacernos son muchas, ya que está en juego la paz mundial y la estabilidad del planeta, pero concretamente, estaría bien saber cuándo podrían llegar estos misiles de largo alcance a Estados Unidos, y si realmente es posible que Corea del Norte pueda llevar a cabo este ataque como respuesta, según justifica Pyongyang, a las amenazas estadounidenses.

Bien, vayamos por partes. El país que gobierna Kim Jong-Un está desarrollando un misil que transportaría una cabeza nuclear para alcanzar la parte continental de Estados Unidos. Para lograr que el ataque tenga éxito, este misil necesitaría llegar a los 8.000 kilómetros de altitud o más, y contar también con la tecnología necesaria para asegurar la estabilidad de reingreso en la atmósfera de la cabeza nuclear.

Esta prueba “representa un nivel de desempeño nunca visto antes en un misil norcoreano”, asegura el experto en aeroespacio John Schilling en un análisis en el sitio web estadounidense 38 North, según cita Reuters. “Parece que no sólo ha demostrado que tiene un misil balístico de alcance intermedio (IRBM) que podría permitirle atacar de forma fiable la base estadounidense situada en Guam, una la isla del Pacífico; sino que también, y esto es lo más importante, puede representar un avance sustancial en el desarrollo de un misil balístico intercontinental (ICBM)”. La agencia oficial de noticias norcoreana, KCNA, resalto la precisión en la detonación y cómo el misil logró sobrevivir “bajo la peor situación de reingreso” en la atmósfera.

¿Llegaremos a una guerra nuclear? Los satélites nos dan pistas
Kim Jong-un asiste a todos los ensayos nucleares. | Foto: KCNA

Con todo ello, podríamos decir que Corea del Norte sí avanza en lo que se refiere a armas nucleares y, por supuesto, Estados Unidos ya las tiene, así que si alguno de los dos países en discordia decidiera atacar ¿podríamos saberlo con antelación? Los satélites nos podrían dar pistas, según se explica en Quartz.

Durante los últimos años, compañías satelitales como DigitalGlobe y Planet han ofrecido una gran cantidad de datos a analistas de seguridad o grupos de pensadores para analizar los programas de ingeniería a gran escala, utilizados en la construcción de armas de destrucción masiva. El director del programa ‘East Asia Non-proliferation’ en el Instituto de Estudios Internacionales Middlebury, Jeffrey Lewis, asegura que “los analistas tienen más información hoy de la que podían tener en los años 60 y 70, incluso aquellas personas que tenían acceso a la información clasificada”.

Así, durante la Guerra Fría, los analistas independientes basaban su información, esencialmente, en lo que podían obtener de los amigos que tenían el los gobiernos, en los periódicos o en los documentos desclasificados, y hoy la situación es distinta. Aunque aún se cree que los satélites gubernamentales sobrepasan el poder de la tecnología de aquellos que son comerciales, gracias a los datos que ofrecen y gracias también a Internet, analistas como Lewis pueden rastrear la construcción de estas armas, e incluso rebatir la información que dan las fuentes oficiales.

Por ejemplo, el año pasado, Corea del Norte llevó a cabo un intento de prueba de misiles de alcance medio que resultó fallido y no pudo llegar a Estados Unidos, según analistas de la inteligencia norteamericana. Como las pruebas fallaron, el radar militar no pudo identificar la capacidad de los misiles norcoreanos, sin embargo, gracias a las fotografías de la compañía de satélites Planet, Lewis y sus colegas pudieron comparar los daños causados por los misiles y estimar que eran más grandes de lo que pensaban y que, por tanto, la capacidad de recorrido de dichos misiles era mayor de lo que afirmaban las estimaciones oficiales.

El arsenal de misiles de Corea del Norte está diseñado para que se pueda dar la orden de despegue desde un teléfono móvil, y así ocultar mejor la información a todos los adversarios. Todo esto hace que reunir pistas desde el espacio sobre las pruebas que realiza el país sea aún más complicado. Sin embargo, los analistas pueden combinar las visiones que puedan obtener desde el espacio, con el análisis minucioso de las fotos de propaganda que ofrece Corea del Norte y así lograr una comprensión técnica de cómo se están desarrollando los misiles y las armas nucleares. Lewis compartió en las redes que el misil más reciente que lanzó el régimen de Pyongyang fue el que se presentó en un desfile militar el mes pasado.

Para entender los ensayos nucleares subterráneos realizados por el régimen norcoreano se utilizan mediciones de satélite que permiten construir un mapa tridimensional de la montaña donde se realizan, en un esfuerzo por comprender mejor el rendimiento de las explosiones.

Desde Estados Unidos se ha intentado localizar los movimientos del dictador norcoreano, ya que asiste personalmente a cada ensayo nuclear. El equipo de Kim Jong-un podría sospechar que están intentando traquear al líder, ya que Lewis y sus colegas han notado un esfuerzo mayor por parte de los norcoreanos para camuflar la ubicación de Jong-un. Sin embargo, otro analista de Middlebury, David Schmerler, logró frustrar un intento de ocultar la ubicación de Kim, mediante la comparación cuidadosa de señales de tráfico en fotos de propaganda, con las películas subidas a YouTube por turistas chinos.

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Cada vez son mayores los esfuerzos para intentar ubicar al líder norcoreano. | Imagen: Planet

Sin duda, la información (llegada desde el espacio o no) es poder y puede servir para prepararse, para prevenir sobre situaciones límites, pero también para generar más guerra. Lewis cita en Quartz la ocasión en la que la administración de Barack Obama utilizó las imágenes obtenidas desde el cielo, para pedir apoyo al bombardeo sobre Siria, después de que el régimen utilizara armas químicas. “Creo que los sirios lo hicieron, pero una cosa que noté fue que los expedientes publicados por los Estados Unidos, Reino Unido y Francia con el fin de hacer público el caso, se parecieron mucho a los expedientes de guerra pre-Irak”.

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