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Juan Soto Ivars: “En la poscensura no tienes miedo al estado; tienes miedo a tus amigos”

Borja Bauzá

Foto: Jose Jeosm
Cedida por Juan Soto Ivars

Hace un par de meses Juan Soto Ivars (Águilas, 1985), barcelonés de adopción y columnista destacado de El Confidencial, escribió un artículo afirmando que Cataluña funciona como una república cuántica. “Cuando un político toma una decisión en Cataluña, la toma y no la toma”, explicaba el escritor y periodista murciano. Dos meses después el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se presentó en el Parlament para declarar la independencia de Cataluña y dijo lo siguiente: “Llegados a este momento histórico, y como presidente de la Generalitat, asumo al presentar los resultados del referéndum ante el Parlamento y nuestros conciudadanos, el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república. Esto es lo que hoy corresponde hacer. Por responsabilidad y por respeto. Y con la misma solemnidad, el Gobierno y yo mismo proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia”.

Además de inspirar –sin pretenderlo– al presidente de Cataluña en el momento más tenso de su carrera, Soto Ivars también ha dedicado una parte considerable de su tiempo a investigar los linchamientos digitales. Su último ensayo, Arden las redes (Debate), explora lo que él llama poscensura; el agobiante reino de la corrección política en las redes sociales. También es autor de un libro mitad memoria mitad reflexión sobre la sociedad española titulado Un abuelo rojo y otro abuelo facha (Círculo de Tiza) y de varias novelas. Muchos le han acusado de abordar los conflictos patrios desde la equidistancia. Sin embargo, y como se puede comprobar en las líneas que siguen, Soto Ivars no parece tener ningún problema en mojarse y señalar aquello que detesta.

Juan Soto Ivars: “En la poscensura no tienes miedo al estado; tienes miedo a tus amigos” 3
La prensa internacional destaca en portada la tensión en Cataluña | Imagen vía: Borja Bauzá

El 1-O es un día que ha quedado grabado a fuego en el proceso independentista catalán. Por muchos motivos. Tú que no eres catalán ni tampoco independentista, ¿cómo viviste aquella jornada?

El 1-O produjo una ruptura entre lo que pensaba y lo que estaba viendo. Soy anti independentista y por eso cuando escribo lo hago a favor del unionismo. Lo que pasa es que el día del referéndum vi cómo, al lado de mi casa, la policía hostigaba a gente mayor. Cuando ves a la policía pasándose tanto, lo que tú piensas y lo que piensa la persona que está en la calle deja de importar. Todo se reduce a una cosa: están pegando a tus vecinos. Hablando desde un punto de vista unionista creo que tendríamos que ser muy críticos con lo que ha pasado. Nosotros, los que no queremos la independencia, tenemos que decir que la policía no puede cargar así para cerrar cuatro colegios electorales. Yo el 1-O me agarré un disgusto con los míos.

En los días posteriores al referéndum aparecieron crónicas contando que gente que no pensaba votar bajó a votar después de ver las imágenes de la policía desalojando colegios. ¿Fue la acción policial de ese día contraproducente?

Completamente. Mi propia mujer, Andrea, no pensaba votar porque opinaba que el referéndum, tal y como estaba planteado, no era democrático. Decidió ir después de ver esas imágenes. Conozco bastantes casos parecidos. Lo he dicho en varios artículos: hay que ser consciente de que aquí las cosas se viven de otra manera. A mí lo que más me cabrea de todo este asunto es lo siguiente: ¿si alguien cometió un delito por qué no hay detenidos? Me refiero a los que promovieron el referéndum, a los que lo hicieron posible. ¿Por qué esas personas están libres y otras que sólo fueron allí a votar, y que según los jueces no estaban cometiendo ningún delito, tienen el ojo morado? La polarización ideológica es tal que una parte de la sociedad está aceptando que la pena por un supuesto delito que ni siquiera se ha juzgado sea una somanta de hostias. Eso no es justicia. Es la ley del más fuerte.

El fenómeno de colgar la bandera de turno en el balcón, algo que en Cataluña ya es tradición, se ha empezado a extender por el resto de España. En ciudades como Madrid hay banderas españolas donde antes no había nada. Hay gente que lo celebra diciendo que por fin se está acabando con el complejo de sentirse español. Otros hablan de un rebrote de nacionalismo españolista. ¿Tú qué opinas?

A mí me parece que abrazar la bandera de España cuando Rafa Nadal gana un campeonato es una reacción natural; se abraza en actitud festiva, de celebración. El problema es que ahora se está sacando de forma reivindicativa y contra un nacionalismo. Existen dos posturas principales dentro del españolismo: la que dice no a la independencia pero sí a un estado plurinacional y la que saca banderas a los balcones, que es la misma que dice que España es una y no cincuenta y una. Esta última me parece negativa. De hecho, a mí me asusta más el nacionalismo español que el catalán. Al nacionalismo catalán ya estoy acostumbrado; vivo aquí, no soy nacionalista y nunca he tenido ningún problema por ello.

¿En el resto de España se exagera al hablar de los problemas de convivencia que hay entre nacionalistas y no nacionalistas en Cataluña?

Se exagera mucho al hablar de la mala vida que supuestamente llevan los que no son independentistas. Con esto no quiero decir que los que dicen que han tenido problemas estén mintiendo. Estoy seguro de que hay gente que ha tenido problemas. Pero no es generalizado. Yo nunca he ocultado que el nacionalismo catalán me parece estúpido y nunca me ha pasado nada.

¿Entonces el relato independentista, ese que habla del respeto al disidente, es cierto?

El relato independentista también trae su dosis de mentira. Que existe cierta discriminación es innegable. Esto se nota, por ejemplo, en los institutos. Me han llegado historias de profesores que han sido marginados de una manera u otra. Y conozco personas que llevan 30 años aquí a las que algunos siguen sin considerar catalanas. Hay mucho marketing que presenta el independentismo catalán como un fenómeno abierto y eso es falso. Ahora bien: no tenemos una situación a la yugoslava. Es imposible. No son tan fanáticos.

Ciertos comentarios en redes sociales pueden dar la impresión contraria.

Es que es ahí donde uno puede encontrar a los fanáticos del independentismo catalán: en las redes sociales. Pero son muy engañosas. El día del desfile de la Fiesta Nacional se mató un piloto de caza cuando volvía a su base tras la exhibición. Yo sigo a muchos independentistas en Twitter para ver lo que dicen y en ese momento estaban lamentando lo sucedido. ¿Pero qué es lo que se estaba viendo? Pues pantallazos de 50 gilipollas, entre ellos un concejal de ERC, que se estaban descojonando de lo del piloto. Esa imagen es falsa. Es un espejismo. Es una sombra china; pones el foco muy cerca del imbécil y la sombra que proyecta es gigantesca. El independentismo catalán es un movimiento muy civilizado. Sí, en Cataluña hay propaganda, hay crispación y hay gente que prefiere no tocar según qué temas. Pero no hay Jemeres Rojos. Cuando surgió Podemos pasaba lo mismo: había amigos con los que no podías hablar de Pablo Iglesias porque te saltaban al cuello. Eso se llama emoción política. Una sociedad democrática tiene que convivir con esa tensión.

Ahora que mencionas a Podemos, me ha sorprendido comprobar que en algunos sectores del independentismo es un partido más odiado que el PP o Ciudadanos.

Tiene muchísimo sentido. El independentismo catalán se beneficia del PP y el PP se beneficia del independentismo catalán. A nadie le beneficia más el gobierno de Rajoy que a Junts pel Sí. Saben que Rajoy no se va a sentar a hablar y eso es perfecto para conseguir votos. Y viceversa. ¿Quién va a ser la salvaguardia y el escudo de España frente a quienes quieren romperla? Pues Rajoy. O Albert Rivera, que últimamente se está postulando como extrema derecha en lo que a este tema se refiere. Pero a Podemos lo odian. Yo critico muchísimo a Podemos, pero creo que es el único partido que tiene una visión realista y constructiva de lo que está pasando en Cataluña. Aparte del PSC, que no el PSOE. Esos son los partidos que más caña reciben del independentismo. Al fin y al cabo, los radicalismos siempre intentan dañar las zonas grises. El nacionalista español que vota al PP no vuelve a votar a Rajoy en la vida si Rajoy, en un acto de estadista, decidiera que esto ha llegado muy lejos y que hay que sentarse a hablar para pasar página. Y si Puigdemont renuncia a la independencia y decide sentarse a hablar a cambio de unas cuantas cosas, hay facciones dentro del nacionalismo que le van a llamar traidor.

Puigdemont el pasado 10 de octubre en el Parlament de Cataluña | Imagen vía Reuters

Ya se lo llamaban el otro día, tras su famoso discurso en el Parlament…

Es que lo del otro día fue de risa.

Cuando lo escuché me vino a la mente aquel artículo en el que explicabas que, en realidad, Cataluña es una república cuántica.

¡Estoy contentísimo! Es que la clavé, y mira que es difícil clavarla. Lo de la república cuántica es una buena forma de explicar esto: hay dos leyes que se contradicen, dos poderes que se arrogan la autonomía soberana sobre el otro, y dos masas de ciudadanos que creen versiones enfrentadas. Además, casi no hay puntos de contacto. Es decir: existen dos universos paralelos donde la gente se informa de distinta manera. Tú preguntas a independentistas sobre lo que está pasando y preguntas a españolistas sobre lo que está pasando y te dan dos versiones radicalmente opuestas. Existe un relato paralelo.

¿Y cuál de los dos relatos se acerca más a la verdad?

Ahora hay más mentira en el relato independentista, porque les está yendo fatal, aunque antes había más mentira en el otro. Pero volviendo al tema del que hablábamos, lo que hizo el otro día Puigdemont fue hacer política cuántica. Dijo que la República de Cataluña estaba viva y estaba muerta, que existía y no existía, que la había declarado pero que no la había declarado. Por eso Rajoy le ha pedido que se explique. Es maravilloso. El procés se ha vuelto gallego. Si teníamos confianza en que esto se solucionase de una forma u otra, perdámosla porque ya lo que nos faltaba es tener a un gallego enfrente del otro.

¿Eso invita al optimismo o al pesimismo?

Eso invita al aburrimiento. La marmota Puigdemont salió del tronco en Punxutawney y predijo seis semanas más de invierno. A mí lo que me preocupa es la reforma constitucional, porque no la veo posible

¿Por qué no la ves posible?

Porque se tienen que poner de acuerdo tres de los cuatro grandes partidos nacionales, y hay un punto en el que no se van a poner de acuerdo: PP y Ciudadanos van a intentar quitar competencias para perjudicar al nacionalismo catalán, y Podemos y el PSOE van a intentar lo contrario. El PSOE ahora mismo depende del PSC para esto, y en el PSC, donde conocen muy bien Cataluña, saben que cualquier retroceso en competencias va a ser desastroso para ellos. ¿Cómo van a ponerse de acuerdo? Y sobre todo: ¿quién va a validar luego esa reforma? ¿Se va a celebrar un referéndum? ¿Y si hay referéndum y sale que no se acepta en Cataluña pero sí en el resto de España? Abrir la puerta a una reforma de la Constitución con esta polarización que tenemos es de locos. Si se hubiera hecho antes, hubiera funcionado. ¿Pero ahora? ¿Qué van a cambiar?

Hay muchas voces que abogan por quitar a la Generalitat su competencia en materia de Educación. Creen que es un paso fundamental en la lucha contra el independentismo.

Eso es imposible. Pujol lo hizo muy bien: aisló a Cataluña. Me lo contó José Bou, el director de los empresarios catalanes españolistas, y a él se lo dijo José María Aznar en persona. La historia es la siguiente: en el año 96, cuando Aznar necesitaba a Pujol para formar gobierno, y siendo muy listo, le ofreció varios ministerios a CiU. O sea, ofreció hacer un gobierno central, en Madrid, con ministros catalanes nacionalistas. Pujol se negó. Dijo que su apoyo dependía de recibir más competencias, pero que no quería figurar en el gobierno central. Buscaba aislar a Cataluña. ¿Y la educación qué papel ha jugado ahí? Pues ha dado una visión del mundo que termina en la frontera de Cataluña. ¿Eso significa adoctrinar? No, porque a mí en Murcia me obligaron a aprender todos los ríos de Murcia, que están secos. Eso no es adoctrinar, es el desastre del autonomismo y la gilipollez de que si vives en Ávila pues te enseñan que Ávila es lo más importante. Quizás hay que enseñar desde una perspectiva más global, ¿no? Enseñar todo el país. Pero quitarles una competencia es imposible, porque eso va a multiplicar a los que están en contra de tu postura.

¿Entonces…?

Pues estuve hablando sobre esto con un amigo al que llamaré Joaquín M. y resulta que Joaquín M. tiene una idea que a mí me parece muy interesante: hacer un sistema educativo nacional en el que cada comunidad autónoma tenga sus competencias, pero en el que existan dos cosas comunes.

¿La primera?

Una asignatura sobre España. Una asignatura sobre el país, sobre sus diferentes costumbres y culturas; una asignatura que enseñe a los chavales nociones básicas de las lenguas reconocidas oficialmente en el territorio.

Ajá. ¿Y la segunda?

Un intercambio obligatorio de un mes de duración y pagado por el Estado, porque de lo contrario no puede ser obligatorio. Por ejemplo, un chaval de Barcelona y toda su clase son enviados a un instituto de Madrid durante un mes. Luego a los de Madrid les toca ir un mes a Barcelona. Y en dos meses tienes novios, novias, amigos y mejores amigos. Ese vínculo, el vínculo de la amistad, rompe muchísimo mejor la deriva de separación que cualquier anulación de la inmersión lingüística que quiera promover el gobierno de Rajoy. Hay nacionalistas catalanes que te dicen que han vivido diez años en Madrid y que siguen siendo independentistas. Vale, pero es que esa gente se marchó siendo ya mayor; hasta entonces se había criado en un ambiente de separación mental.

Sea cual sea la solución que se plantea, todas parecen pasar por los niños del mañana.

Sí, la generación actual está perdida. Esto también me lo dijo José Bou. Él cree que hay que centrarse en la siguiente. Aunque lo que él propone es diferente; quiere tirar por lo de españolizar a los niños catalanes, algo que a mí me parece equivocadisimo.

¿Por qué crees que la generación actual está perdida?

Pues, entre otras cosas, por lo ocurrido el 1-O. El día del referéndum yo vi niños que a su vez veían cómo estaban hostigando a sus vecinos. Porque allí había niños. ¿Y qué crees que van a recordar estos niños? Hay mucha manipulación y todo lo que quieras, pero esos niños han visto lo que se ha visto en los videos. Han visto porrazos. Es una generación que ha corrido delante de los grises. Les hemos entregado eso a los independentistas. Nunca nos podrán pagar ese regalo.

¿No tienes la sensación de que en el ámbito independentista la queja por lo que sucedió el 1-O esconde también cierta satisfacción?

Vivimos en una sociedad victimista. Se usa el agravio como medida de reafirmación, tanto en un lado como en el otro. El nacionalismo español ha resurgido de su letargo por el ataque del independentismo catalán, que quiere romper España. Y el independentismo catalán lleva años alimentándose de la catalanofobia. En Cataluña es mucho más popular la gente de Intereconomía que en Madrid. Hay un ensayo de filosofía que se llama Crítica de la víctima (Herder). En él Daniele Giglioli analiza por qué la víctima está tan interesada en ser una víctima. Pues bien: aquí, hasta ahora, teníamos solo un victimismo. Ahora tenemos dos.

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Portada de Crítica de la víctima de Daniele Giglioli | Imagen vía Herder Editorial

¿Te preocupan los episodios de violencia que ha protagonizado hace apenas unos días la ultraderecha española en Valencia y en Barcelona?

Lo que me preocupa es que no exista una condena unánime por parte del españolismo. Los que se pegaron el 12 de octubre en la Plaza de Cataluña después del acto convocado por Societat Civil Catalana eran neonazis. Y esas imágenes se han utilizado desde el independentismo para describir lo que, según ellos, es España. Eso es manipulación, de acuerdo, pero sigue sin haber una condena unánime de esas imágenes por parte del PP o Ciudadanos. Un comunicado, por ejemplo. Pero no: se han lanzado al y tú más sacando vídeos de Arran. ¿Qué sentido tiene eso? Acepta que entre los tuyos hay radicales y hay locos y sé el primero en condenarlos. ¿Cómo vamos a exigir luego a Convergència que condene aquel cartel de Arran en el que aparecían las caras de concejales contrarios al referéndum?

De hecho, poco después de tildar de acosadores a los de Arran por ese cartel, el PP de Madrid hizo algo parecido sacando fotos y señalando a través de Twitter a los concejales de Ahora Madrid que acudieron a una concentración a favor del referéndum.

Exacto. Es deprimente.

¿Por qué crees que lo hicieron?

Las redes sociales ponen de manifiesto algo que por otra parte siempre ha estado ahí: el fanatismo se retroalimenta. En Arden las redes he dado muchas vueltas a este tema. Las redes sociales se dedican a hacernos sentir bien porque quieren que estemos todo el rato metidos en ellas. Y un truco que usan es el filtro burbuja. El filtro burbuja consiste en hacerte ver el mundo a través de una ventana en la que todo el mundo te da la razón, y al que no te da la razón lo puedes bloquear y hacerlo desaparecer. La gente se está fanatizando a una velocidad alucinante. Más del 40% de los españoles usa redes sociales; un lugar en el que puedes bloquear al que piensa distinto y en el que puedes participar en un linchamiento al que molesta a tu ideología. Es una fábrica de fanáticos.

Las famosas ‘echo chambers’.

Sí. Lo describe muy bien Eli Pariser, que tiene un libro titulado precisamente El filtro burbuja (Taurus). En ese libro explica desde un punto de vista técnico todo esto y demuestra cómo funcionan los algoritmos que nos están cambiando la visión del mundo. El algoritmo de Facebook tiende a enseñarte en tu pantalla principal opiniones y publicaciones a las que tú sueles poner ‘Me gusta’. Porque Facebook quiere que te quedes, no quiere que pases un mal rato, quiere ahorrarte el sofoco. A lo mejor tú tienes 1.000 amigos, pero Facebook te muestra los 200 con los que sueles estar de acuerdo. Lo que opina el resto no te va a llegar.

Pero esto ya ocurría antes de las redes sociales. Con los periódicos, por ejemplo. La gente solía leer ‘su’ periódico. Y elegía comprar ese periódico y no otro porque quería que le contasen las cosas de una determinada manera.

Es diferente. El periódico puede tener una línea muy marcada, muy cerrada, puede ser La Razón o, cuando todavía salía en papel, Público y aun así, al pasar las páginas, también estás recibiendo una información que no tiene que ver con tus intereses o gustos. Siempre va a haber algo que te hará recordar que existe Pakistán. Es decir, que por muy cerrada que sea su visión del mundo ya estás recibiendo cosas que no dependen de un programa que decide por ti lo que a ti te interesa. Estás más conectado con lo desconocido escuchando una tertulia de radio o leyendo un periódico en papel que a través de Facebook o Twitter.

Te acusan de equidistante, ¿crees que lo eres?

Soy escurridizo. A mí me hubiera ido mucho mejor en lo que a premio y castigo digital se refiere si me hubiese mantenido en mi postura españolista, que es lo que pienso y lo que creo. Pero lo que he hecho ha sido intentar explicar a la gente que me lee qué piensan los que no opinan como yo, qué les pasa, por qué están así de enfadados. Y eso me ha traído muchos problemas. He perdido muchos lectores por el camino. Pero los columnistas tenemos que hacer un esfuerzo de amor propio; intentas no incurrir en la poscensura.

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Portada de Arden las redes | Imagen vía Editorial Debate

La poscensura es el gran tema de tu libro Arden las redes. ¿Qué significa exactamente?

La poscensura es un neologismo que saqué precisamente en ese libro. En la poscensura tú no tienes miedo a que el estado franquista, por poner un ejemplo, te ponga una multa; tienes miedo a tus amigos. Es mucho más fácil sostener la pancarta que sacan otros antes que salir a matizarla. Entonces es cuando acabas radicalizándote por miedo a que tus propios amigos te llamen traidor. Esto es fatal para el debate público. La víctima de la poscensura no es al que linchan. El linchado es la víctima colateral; la auténtica víctima de la poscensura es el debate público. La poscensura establece polarización absoluta; o conmigo o contra mí.

Aunque no son pocos los que acusan a Pablo Iglesias de conspirar con los nacionalistas catalanes para romper España, antes comentabas que Podemos es junto al PSC el único partido que parece tener una visión realista y constructiva de lo que está pasando en Cataluña. En este sentido, y aunque suene paradójico para muchos, ¿opinas que son los que más pueden hacer por la unidad de España?

No lo sé. El nacionalismo catalán siempre va a querer más y si la actitud de Podemos es dar lo que piden, ellos van a seguir pidiendo y pidiendo porque no hay que olvidar que su fin es la independencia. Es como pasar por un barrio de carteristas sin cerrar la cartera. El problema es que la alternativa puede ser peor. Lo que no tiene sentido es equiparar a Podemos con los independentistas. Son muy distintos. Cuando en el Parlament pasaron las leyes del referéndum de esa forma tan pirata fue Coscubiela, de Podem, el tío más valiente. Se plantó y les dijo a la cara que era intolerable lo que estaban haciendo, saltándose las leyes de su propia cámara y acallando de aquella manera a los otros grupos. Fue mucho más valiente que Pablo Iglesias, que se mete con el PP pero no con Puigdemont. Me quedo con Coscubiela antes que con Pablo Iglesias y me quedo con Ada Colau antes que con cualquiera de los dos. Creo que haría muy bien la izquierda española en aprender de ella, que critica a Junts pel Sí tanto como a Rajoy. Me jode ese mantra en Podemos que dice que hay que ir contra el PP pase lo que pase. En esta crisis ha habido momentos en los que había que estar a su lado.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo cuando Rajoy hizo lo que hizo la semana pasada. Podía haber aplicado el 155 y lo que hizo fue decirle a Puigdemont que le aclarase qué había dicho. Dejó un margen de tiempo durante el cual han existido reuniones. Ahí Rajoy estuvo muy bien. También en las semanas que transcurrieron desde la aprobación de las leyes del referéndum en el Parlament hasta el 1-O. Podemos podría haber sumado su voz al bando constitucionalista sin dejar tampoco de decir que se necesita una reforma de la Constitución y un referéndum pactado.

Hay personas que se han planteado abandonar Cataluña ante el cariz que ha tomado la situación. ¿Os habéis planteado tu mujer y tú hacer lo propio en algún momento?

Hemos hablado del tema, no tanto por las consecuencias políticas como por la posibilidad de que se desate la violencia. El día del discurso del Rey terminé asustado. Era un discurso de negación, el discurso de alguien que no está mediando. Para mí fue un error; no puedes negar la existencia de dos millones de súbditos, aunque te odien. Tienes que dirigirte también a ellos, dedicarles alguna palabrita. Pensé que se iba a liar. Pero al día siguiente comenzó la fuga de empresas. Eso me tranquilizó.

¿Por qué?

Pues porque cuando se van los bancos y las empresas, en el PdeCat empiezan a ponerse de manifiesto unas diferencias brutales entre la parte más independentista, minoritaria, y los que miran más la pela que otra cosa. Puigdemont es, de hecho, el más independentista de todo el PdeCat. Yo creo que a Puigdemont se lo va a comer el propio partido. Si quiere que las empresas regresen, la burguesía independentista va a tener que bajarse del carro. Luego se cargará a la CUP y, junto a ERC, dará un giro cosmético hacia el federalismo, donde se encontrará con Podemos y el PSOE. Me parece que será la solución. Ganará el capitalismo, como siempre. En cierto modo, que sean los bancos y no la gente quienes se están cargando el procés me parece un fracaso democrático.

Hay quien dice que por más que hagan o deshagan los políticos, a estas alturas ya hay un sector del independentismo que va por libre. Y que eso podría causar disturbios en la calle.

Creo que lo tienen controlado. A lo largo de mi vida he experimentado tres momentos en los que la gente estaba realmente ilusionada: la movilización contra la guerra de Irak, el 15-M y el momento actual. ¿En qué quedaron las protestas anteriores? ¿Qué esperas de la Diada, de la revolución de las sonrisas? Los medios de comunicación independentistas son de los bancos. Cuando llegue la orden cambiarán el tono.

En el libro El fracaso de la no violencia (Segadores/Descontrol) se ponen esos mismos ejemplos, entre otros, para argumentar que la protesta pacífica no consigue nada.

Pero es que vivimos en una sociedad bien alimentada. No hay ningún motivo para que la gente se tome realmente en serio lo de salir a luchar a la calle mientras pueda seguir dando de comer a su hijo. Hay un factor que va a hacer imposible cualquier revolución en España y en Europa: las salchichas Frankfurt del DIA cuestan 25 céntimos, un bote de tomate 39 céntimos y un paquete de medio kilo de espaguetis 30 céntimos. Es decir: que tú por menos de un euro no sólo comes sino que además engordas. Nunca se ha visto una revolución con guerrilleros gordos. Ni la vamos a ver.

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"Sé quien tú quieras ser", el discurso de Javi Calvo en los Feroz que nos ha hecho llorar a todos

Redacción TO

Foto: Cero
Movistar+

“La llamada habla del valor de ser tú mismo, de encontrar tu camino, y pese a quien le pese, ser quien tú quieres ser“. Así empezaba Javier Calvo su discurso al recoger el galardón a Mejor Comedia en los Premios Feroz. El creador de La llamada dio un ejemplo de cómo se puede aprovechar el minuto de agradecimiento al recoger un premio para hacer un gran discurso.

Calvo y Javier Ambrossi, ya conocidos como Los Javis o Las Javas, son directores y creadores de La llamada, la peli y la obra de teatro que lleva más de cuatro años llenando el teatro Lara. Son profesores de la academia de Operación Triunfo, donde han enseñado a los 16 concursantes a explorar sus emociones, a aceptarlas y a utilizarlas para ser mejores artistas y mejores personas. Además, son pareja, son homosexuales y orgullosos. Y anoche en los Feroz quisieron demostrar todo esto.

Yo soy gay“, empezó Javi Calvo. Esta afirmación —después haber sido sido pregonero del World Pride en Madrid y paseado orgulloso su amor por Javier Ambrossi por todas las alfombras y plataformas— solo pudo hacer estallar en risas al público. “No me digas. Cariño, lo sabe todo el mundo“, contestó divertido Ambrossi.

Pero Calvo —a quien este martes en redes sociales le han llegado a espetar que no era necesario decirlo así, puesto que todos somos “personas”— tenía un propósito. Decirlo bien alto y bien fuerte para que otros pudieran hacer lo mismo.

“Yo tengo un novio que me quiere, una familia que me apoya, y estoy aquí cogiendo este premio. Si alguien, algún niño, alguna niña, alguna persona me está mirando y tiene miedo, siente que está perdido, siente…”. Ahí, Javi no pudo aguantar más la emoción y estalló en lágrimas. Pero siguió p’alante, siempre p’alante: “Si siente que no le van a querer, que sepa que le van a querer, que va a encontrar su sitio. Que tu familia te va a querer y que vas a cumplir tu sueño, y que yo y él [Javier Ambrossi] vamos a escribir historias para que tú te sientas inspirado. De verdad, siempre”.

GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS. Vamos a estar aquí para todos vosotros siempre.

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El discurso ha sido compartido miles de veces en redes sociales, incluso por políticos como Íñigo Errejón y Pedro Sánchez.

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El quinto mandamiento

José Carlos Rodríguez

Foto: Alessandro Bianchi
Reuters

No sé si Francisco es capaz de realizar milagros, pero sí ha logrado obrar maravillas, como tenernos a los agnósticos rezando por su conversión. El Vicario de Cristo es un hombre muy mundano. Está apegado a esta tierra como el catoblepas; con un ojo mirando al frente y otro al suelo. Aquí abajo se manifiesta sobre las cuestiones que nos interesan a los pecadores. Cristina Kirchner buena, Mauricio Macri malo. Nicolás Maduro bueno, Sebastián Piñera malo. En este sentido, el de la comunicación, es un hombre eminentemente moderno. Contemporáneo. Digital. Atrás quedan las tortuosas sutilidades del escolasticismo. El pensamiento hashtag es lo que se lleva. Manes tuitero.

Los cascotes del materialismo forman parte de su dialéctica. El evangelio de Francisco es el nuevo Libro verde de Gadafi, el nuevo Libro rojo de Mao. Francisco es el nuevo líder moral de los no alineados. Y así aprendemos que el hombre ya no es el guardián de la Tierra, como ha defendido la Iglesia hasta Benedicto XVI, sino su devorador malvado e inconsciente. Y la libertad humana ya no está cerca de la verdad. La verdad de la doctrina social de Francisco es que la libertad de producir e intercambiar el fruto de ese esfuerzo es el camino hacia el mal.

Ahora sabemos que de las interioridades de la conciencia de Francisco sale el juicio moral según el cual los terroristas de Sendero Luminoso son mejores que las “monjas chismosas”. Será una broma. Cabe pensar que lo es. Cabe pensar que no lo es. Y que en su escalafón moral las bombas que sueltan las monjas cotillas son comparables a las del grupo terrorista, con sus 70.000 muertos.

El escándalo y el oxímoron han formado parte del mensaje cristiano desde su mismo profeta. Pero dejan de hacer gracia cuando la chanza se refiere al quinto mandamiento.

Continúa leyendo: El resurgir del iberismo político: unir España y Portugal con el fin de controlar Bruselas

El resurgir del iberismo político: unir España y Portugal con el fin de controlar Bruselas

Borja Bauzá

Foto: Pedro Szekely
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Hace cinco siglos que Covilhã dejó de aportar nombres a la lista de “personalidades ilustres” que elabora la Wikipedia. Los últimos covillanenses que aparecen en ella son los hermanos Faleiro, dos cosmógrafos del siglo XVI que colaboraron estrechamente con Fernando de Magallanes. Pero esto puede cambiar en los próximos años si Paulo Gonçalves, un vecino de este antiguo castro lusitano reconvertido en ciudad de provincias, consigue su objetivo: crear una suerte de confederación ibérica para que España, Andorra y Portugal vuelvan a tener peso en el mundo.

Gonçalves no está solo. A unos 515 kilómetros y una frontera de distancia se encuentra Casimiro Calderón, el antiguo alcalde socialista de Puertollano, provincia de Ciudad Real. Él también piensa que la creación de una Comunidad Ibérica de Naciones mejoraría la vida de todos los habitantes de la península. Gonçalves y Calderón se conocieron hace cinco años gracias a un bloguero de Málaga que gestionaba una bitácora sobre iberismo, que es como se conoce al movimiento que promueve algún tipo de unión entre España y Portugal. Se entendieron inmediatamente y tras meses de correspondencia el portugués pagó visita al español. “Hoy –dice Gonçalves– Casimiro es como parte de mi familia”.

Poco antes de saber de la existencia de Calderón, concretamente el 12 de febrero del 2012, Gonçalves dio un paso importante: fundó el Movimiento Partido Ibérico, una plataforma dedicada a defender las ventajas del macroestado ibérico en Portugal. Cuando se conocieron y le comentó su iniciativa a Calderón, el ex alcalde de Puertollano se entusiasmó y decidió montar una organización hermana al otro lado de la frontera. Así nació el Partido Íber.

El resurgir del iberismo político: unir España y Portugal con el fin de controlar Bruselas 1
Paulo Gonçalves y un militante del Partido Íber en la Cumbre Luso-Española de 2017. Autor: Foto cedida por Paulo Gonçalves

Ambas formaciones se pusieron manos a la obra inmediatamente. El trabajo acabó dando sus frutos y en octubre del 2016, tras organizar una cumbre en Lisboa para presentarse ante el mundo, la prensa se hizo eco de sus intenciones. En ese encuentro también leyeron una carta –colgada en su página web en castellano, portugués y catalán– que ya se conoce como la Declaración de Lisboa. Es un documento que llama a “los ibéricos, como pioneros de la globalización y el mestizaje, a liderar un mundo de futuro incierto donde vuelven a levantarse fronteras y se profundiza la crisis de valores”. Los autores de la carta también se quejan de que el iberismo, una tradición política con varios siglos de existencia, ha sido borrado de los libros de historia con bastante alevosía.

*

Lo primero que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que nadie se pone de acuerdo a la hora de establecer cuándo y cómo surge el fenómeno.

Para Gonçalves el iberismo nació el 7 de junio de 1494, cuando los Reyes Católicos y Juan II de Portugal acordaron repartirse el mundo en el Tratado de Tordesillas. “Ese día ambos reinos apostaron por un futuro sin conflicto”, explica el fundador del MPI. Los académicos, sin embargo, manejan otras teorías. Gabriel Magalhães, escritor y catedrático especializado en el estudio de las identidades de España y Portugal, también apunta al siglo XV como el origen del iberismo, pero se desmarca del Tratado de Tordesillas y opina que la clave reside en la política matrimonial de la monarquía lusa, que pretendía conseguir por esa vía una unión peninsular de proyección mundial. Con capital en Lisboa, por supuesto. No está de acuerdo el historiador José Miguel Sardica, quien sostiene que hace nueve siglos ya existían acercamientos diplomáticos entre los reinos de la época. Estos serían, en su opinión, los primeros síntomas de iberismo. Una nueva voz discordante: la de Santiago Pérez Isasi, investigador en la Universidad de Lisboa. Este académico vasco argumenta que si se habla con propiedad entonces no se puede hablar de iberismo hasta el siglo XIX, pese a todas las relaciones políticas, comerciales y culturales que existieron antes.

El resurgir del iberismo político: unir España y Portugal con el fin de controlar Bruselas 5
Portada de Ibéria. | Imagen: Aletheia Editores

Lo segundo que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que, tenga o no tenga su origen en el XIX, este siglo fue la época dorada del movimiento gracias al florecimiento de los nacionalismos unificadores. En un tiempo en el que se pensaba que sólo las naciones más grandes sobrevivirían, y teniendo en cuenta la pérdida de las colonias en Sudamérica, la idea de un Estado Ibérico, de una Iberia fuerte y unida que siguiese los pasos de las recientemente formadas Alemania e Italia, resultaba tentadora.

Durante las primeras décadas del siglo, el iberismo estuvo estrechamente ligado al liberalismo y, por lo tanto, se opuso frontalmente al absolutismo. Eran los tiempos de Fernando VII, del vivan las cadenas y del exilio de un número importante de liberales españoles, que escogieron Londres como refugio. En la capital británica coincidieron con un buen puñado de liberales portugueses que no se fiaban de los absolutistas lusos –Juan VI y Miguel I– y preferían mantener las distancias. Se habló largo y tendido de la posibilidad de unir ambos reinos bajo un monarca constitucional liberal que gobernase sobre toda la Península Ibérica. El nombre de Pedro I de Brasil, hijo de Juan VI y sobrino de Fernando VII, un rey liberal que se había enfrentado a las aspiraciones absolutistas de su padre, sonó con fuerza. Le enviaron cartas pidiéndole que aceptase el reto mientras el poeta Almeida Garrett se paseaba por Europa elogiando a aquellos ciudadanos de la Península Ibérica –a aquellos “hispanos”– dispuestos a luchar por las libertades individuales.

Sin embargo, esta primera ola de iberismo decimonónico se topó de bruces con las tensiones internas de ambos países; la guerra civil portuguesa y la primera guerra carlista silenciaron cualquier proyecto unificador.

La segunda ola de iberismo decimonónico, más fuerte que la primera, viene marcada por la publicación de un libro escrito por el diplomático español Sinibaldo de Mas en 1851: La Iberia. En su obra, el que fuera el primer embajador de España en China defendía las ventajas políticas y, sobre todo, las ventajas económicas de una unión ibérica. Tal fue su adherencia a la causa que hasta llegó a sugerir un nuevo escudo para la nueva nación.

Fue durante esta segunda ola cuando el iberismo se dividió en dos corrientes bien diferenciadas: frente a la que promovía la unión bajo una forma monárquica y centralista surgió otra que defendía una unión republicana y federal. Este último modelo incluía desde posturas liberales, ergo burguesas, hasta otras influenciadas por el incipiente movimiento obrero y la doctrina socialista.

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Praça do Comércio de Lisboa y el Rey José I, estatua de Machado de Castro (1775) | Foto: Han van Hoof vía Flickr bajo licencia Creative Commons.

“El siglo XIX fue una especie de casino en el que se podían hacer todo tipo de apuestas”, apunta Gabriel Magalhães. “Se propuso un iberismo neocolonial y otro que se podría decir de izquierdas, y que pretendía renovar muchas cosas”, añade el catedrático antes de concluir, esbozando una tímida sonrisa, que el iberismo podría definirse “como uno de esos espejismos que surgen a lo largo de la historia”. Uno de esos proyectos quijotescos que no llegan a ningún puerto.

Desterrado el absolutismo, la recta final del siglo trajo otros adversarios. “Los pequeños avances del iberismo tenían como respuesta una defensa acérrima del nacionalismo portugués”, explica Pérez Isasi. Poco después surgiría el Integralismo Lusitano, un movimiento tradicionalista que se presentó como defensor de la monarquía portuguesa frente a injerencias extranjeras.

¿Y en España? “Exceptuando a un reducido grupo de intelectuales, escritores y políticos, la mayoría de los debates iban por otro lado y tenían más que ver con la idea de regeneración o la relación con Europa”, explica el investigador vasco. La única excepción sería Cataluña, donde sí hubo una tradición iberista fuerte encabezada por intelectuales vinculados a la Renaixença que vieron en el hipotético Estado Ibérico una forma de debilitar el poder de Castilla en beneficio de las demás “naciones ibéricas”. Francisco Pi i Maragall, que llegó a ser presidente de la (brevísima) primera república española, defendió en varios de sus escritos la creación de una federación autonomista.

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Fotografía del poeta Antero de Quental (1875) vía pedroteixeiradamota.blogspot.com

Resumiendo: el iberismo tuvo que enfrentarse al nacionalismo portugués y al desinterés español. Y perdió. Con la llegada del siglo XX las relaciones entre ambos países se enrarecieron; en Portugal se proclamó la república mientras en España unos Borbones cada vez más recelosos del país vecino lograban perpetuarse en el poder. Aunque el iberismo cultural, derivado del iberismo político, siguió contando con defensores, la unión política se volvió más utópica que nunca.

Lo tercero que conviene aclarar cuando toca hablar de iberismo es que era un proyecto promovido por las élites intelectuales y que, como tal, tuvo escaso calado social pese a la cantidad de revistas y periódicos –A Iberia, A Peninsula, Revista de Mediodía, Revista Peninsular o el diario barcelonés La Corona de Aragón– que defendieron la causa.

Uno de los principales referentes del iberismo decimonónico junto a Sinibaldo de Mas fue, según Pérez Isasi, el poeta Antero de Quental. En el marco de unas jornadas de debate celebradas en Lisboa en 1871, Quental pronunció una conferencia titulada Causas da decadência dos povos peninsulares. Poco después de su intervención, las autoridades prohibieron el evento alegando que iba demasiado lejos a la hora de cuestionar el statu quo. El intelectual y político Oliveira Martins, que escribió la Historia de la Civilización Ibérica, fue otro de los grandes defensores del iberismo en Portugal. Al otro lado de la frontera el diplomático y escritor Juan Valera, el novelista Clarín y la ensayista de noble cuna Emilia Pardo Bazán propusieron un acercamiento con la nación vecina. Aunque, en opinión de Pérez Isasi, “llamarles iberistas quizás sea exagerar”.

Pero quizás los dos representantes más famosos del iberismo sean Miguel de Unamuno y Fernando Pessoa. Paradójicamente, ambos se involucran en el fenómeno ya en el siglo XX. Y, curiosamente, nunca se trataron.

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Portada de Iberia. Introducción a un imperialismo futuro. | Iamagen: Editorial Pre-Textos

“Miguel de Unamuno fue una especie de fantasma para Pessoa”, explica Antonio Sáez Delgado, profesor de la Universidad de Évora especializado en las relaciones literarias entre España y Portugal a principios del siglo XX y autor de Pessoa y España (Pre-Textos).

En 1915, poco después de publicar Por tierras de Portugal y España, que de algún modo convirtió al filósofo vasco en el faro del iberismo cultural de la época, Unamuno recibió una carta de Pessoa en la que el entonces joven escritor portugués le invitaba a colaborar en la revista Orpheu. Sáez Delgado explica que Unamuno nunca se dignó a contestar, hecho que dejó bastante tocado a Pessoa. Pero la anécdota no acaba ahí. Años más tarde, en 1930, un amigo de Pessoa, António Ferro, consigue entrevistar a Unamuno en Salamanca. En esa entrevista, que apareció publicada en el Diário de Notícias, el de Bilbao declara que los escritores vascos, gallegos y catalanes deberían escribir en castellano para aspirar a un público mayor. “Tras la muerte de Pessoa se encontró entre sus papeles un recorte de la entrevista junto a un texto en el que refuta a Unamuno diciendo que, por esa máxima, los escritores deberían escribir todos en inglés”, explica el investigador de la Universidad Évora. El texto, por cierto, estaba escrito en inglés.

En España se ha discutido mucho en torno al proyecto ibérico que tenía Pessoa en la cabeza, sobre todo a raíz de la crisis territorial que surge en 2012 con el proceso soberanista catalán. No obstante, Sáez Delgado advierte que conviene aproximarse con prudencia a los textos que escribió reflexionando sobre su idea de Iberia entre 1910 y 1930 (las reflexiones del luso han sido publicadas en castellano por la editorial Pre-Textos con el título Iberia. Introducción a un imperialismo futuro).

“Pessoa no fue un gran conocedor de España”, empieza diciendo Sáez Delgado. Pero pese a no ser un experto, le interesaba mucho la pluralidad de la Península Ibérica. “Él habla del País Vasco, de Galicia y de Cataluña, incluso habla del problema catalán, pero lo hace desde un prisma cultural y desde el respeto que otorga la lejanía”. Y aunque es cierto que Pessoa tenía ciertas reservas con el centralismo español y el papel dominante de Castilla –“a quien veía como el gran enemigo secular de Portugal”–, Sáez Delgado opina que algunas interpretaciones políticas que se han hecho recientemente del Pessoa más iberista caen en el dramatismo y la exageración. “Él no pensó en términos de arquitectura política; lo que esbozó fue una especie de confederación espiritual marcada por la pluralidad cultural”.

Gabriel Magalhães es algo más crítico en su análisis, y sostiene que el iberismo de Pessoa venía “con cargas de dinamita”. “El proyecto iberista de Pessoa busca destrozar Castilla”, asegura el catedrático.

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Portada de Los secretos de Portugal. | Imagen: RBA

En lo que ambos académicos están de acuerdo es en el carácter cambiante del literato portugués. En 1934, cuatro años después de sus últimos textos iberistas, salió a la calle el único libro que Pessoa publicó en vida: Mensagem, una colección de poemas en clave nacionalista. Lo curioso del caso es que algunos de los versos que incluía el volumen habían sido redactados en la misma época que los textos iberistas

Lo que se deduce de la vida y obra de Pessoa, según Pérez Isasi, es que el escritor mantuvo una reflexión constante sobre la cuestión ibérica, aunque enfocada siempre desde sus propios intereses y obsesiones particulares. “Es cierto que Pessoa habla de una unidad cultural ibérica, que uniría lo Mediterráneo con lo Atlántico, pero lo hace con la vista puesta en un imperialismo americano”, sostiene. Es decir: que para Pessoa el iberismo no sería un fin en sí mismo sino un proyecto que nace del deseo de volver a convertir a Portugal en el dominador del orbe. “Y en ese nuevo Portugal futuro –termina Pérez Isasi– Pessoa sería su gran poeta-profeta”.

El historiador José Miguel Sardica está de acuerdo con esta interpretación solo a medias: “Pessoa es un hispanófilo adicto al descubrimiento mutuo de pueblos que suscribía la visión de que la Península Ibérica es una suma de partes y que, por tanto, repudiaba cualquier absorción por parte de una sola de esas partes”. En su opinión, Pessoa creía que una unión ibérica podía volver a situar a los pueblos peninsulares en el centro del escenario global.

*

“El día en que España y Portugal se presenten juntos en Bruselas, a Europa le van a temblar las piernas”. Es Paulo Gonçalves, el fundador del MPI, quien hace esta afirmación. “Fíjate en una cosa: ¿cuántos europarlamentarios pueden tener, en conjunto, nuestros dos países?” La respuesta, según la distribución actual del Parlamento Europeo, es 75. Es decir: sería el segundo estado por número de escaños, solo siendo superado por Alemania (96) y quedando a uno de Francia (74).

A Gonçalves le gusta recurrir a un ejemplo concreto: cuando Mariano Rajoy y el entonces primer ministro portugués Pedro Passos-Coelho acudieron, en el año 2014, a un Consejo Europeo dispuestos a exigir, juntos, un mercado común de la energía beneficioso para la Península Ibérica. Ambos salieron de aquel encuentro satisfechos por haber conseguido lo que pedían. “Es un ejemplo claro de cooperación ibérica y el camino a seguir, por mucho que fastidie a franceses e ingleses”, añade el covillanense.

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Paulo Gonçalves con varios coordinadores regionales del MPI. Autor: | Foto cedida por Paulo Gonçalves

Pero, precisamente, si cuando hay un interés común ya existe una cooperación, ¿por qué unir a España y Portugal? ¿Quizás para plantear, a medio plazo, un macroestado ibérico que sirva como alternativa a la Unión Europea? “No, no, no –niega, con vehemencia, Gonçalves– no planteamos un futuro por fuera de la Unión Europea sino ganar peso dentro de la misma”. En opinión del fundador del MPI, la Europa actual ya no es la Europa idealista y solidaria de hace tres décadas, sino una organización comercial que se debate entre la tecnocracia de los países del norte y los populismos de derechas procedentes, sobre todo, del oriente continental. “El iberismo lo que busca es desplazar el centro de gravedad hacia Iberia, una región solidaria y que, además, serviría de enlace con Latinoamérica”.

José Miguel Sardica cree que, efectivamente, el resurgimiento que el iberismo está registrando de unos años a esta parte tiene como objeto hacer piña en una Europa cada vez más escorada hacia el Este.

Sin embargo, Gabriel Magalhães, que se define como alguien muy crítico con el iberismo hoy en día, no termina de entender la postura de Gonçalves. “Pero si el mejor iberismo que se ha inventado ya lo tenemos: se llama europeísmo”. El europeísmo, añade, permite una estrechísima colaboración entre los estados miembros, la libre circulación de personas, la posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas dentro del marco establecido y toda una serie de alianzas estratégicas impensable hace apenas medio siglo. Las fronteras están, pero por estar. “Y sí, el iberismo cultural es bueno, es sano y es entrañable, pero hoy en día también existe un interés cultural mutuo importantísimo entre España y Portugal, así que… ¿iberismo para qué?”.

¿Quizás como posible salida a la crisis territorial de España si con el tiempo la situación empeora?

Gonçalves evita meterse en jardines. Dice que la posición de su organización es la de perseguir una unión ibérica esté quien esté. Si hay tres estados como ahora (el MPI cuenta Andorra, que es de hecho el territorio que justifica el uso del catalán en sus documentos) pues serán tres los actores que tengan que sentarse a hablar. Si hay cuatro estados, pues hablarán cuatro. Y si hay cinco, pues cinco. “Nosotros creemos que los españoles tienen inteligencia suficiente como para saber organizarse”, dice. Aclara, no obstante, que el proyecto sólo se plantea por vía democrática; si uno de los estados candidatos decidiese no entrar a formar parte del proyecto, su decisión se respetaría en todo momento. “El proyecto es para los que están y para los que quieren estar”.

Desde que el MPI y el Partido Íber comenzaron su andadura, las encuestas que se han realizado en ambos países respecto a una hipotética unión ibérica no han obtenido malos resultados. En todos los casos los encuestados han mostrado gran simpatía por el país vecino y han respondido positivamente a preguntas sobre una mayor cooperación entre España y Portugal. Esas son las expectativas que manejan las formaciones iberistas ahora mismo. “Aunque en el pasado se ha llegado a hablar de fusión, hoy no parece la mejor opción”, explica Gonçalves antes de exponer que lo idóneo sería empezar a caminar juntos fusionando solamente algunas competencias como Medio Ambiente, Economía o Transporte. Los aspectos más delicados –Defensa, Interior, Justicia– no se tocarían. De momento.

*

Es evidente que a Paulo Gonçalves no le falta idealismo, pero es prudente. Sabe que la recuperación del iberismo como planteamiento político va a llevar mucho tiempo. También es consciente de que, incluso si se consigue extender el fenómeno, puede volver a repetirse la performance del XIX, cuando todo quedó en agua de borrajas. Puede, como dice Gabriel Magalhães, que el iberismo sea un espejismo quijotesco condenado a estrellarse una y otra vez. En definitiva: puede que lo que está haciendo con su vida no sirva para nada.

Con todo, Gonçalves, un huérfano de padre que se costeó la vida vendiendo pescado de puerta en puerta en su Covilhã natal, sigue empeñado en poner este proyecto a velocidad de crucero cueste lo que cueste. Luego, dice, podrá morirse en paz.

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Mapa de los principales nacionalismos sin estado en Europa

Néstor Villamor

Foto: Andreina Restrepo
The Objective

Si bien el separatismo catalán ocupa actualmente la atención tanto en España como en Europa y el resto del mundo, Cataluña es solo una de las muchas regiones con un movimiento nacionalista. Las viejas tensiones territoriales del continente nunca habían estado tan presentes desde el inicio del proceso de unificación europea. Los recientes referéndums tanto en Cataluña como en Escocia o incluso el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, son tres de los ejemplos más claros. Desde movimientos independentistas que buscan la secesión o la reanexión con otros países hasta otros regionalistas que solo buscan tener más competencias, estos son algunos de los territorios europeos donde el nacionalismo tiene una representación parlamentaria sólida.

Flandes, Bélgica

Población: 6.477.804 (57,3% de Bélgica)

Extensión: 13.522 km² (44,2% de Bélgica)

PIB per cápita: 39.643 dólares internacionales (41.212 en Bélgica)*

Idioma propio: No

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Un grupo de independentistas flamencos despliega una pancarta que reza “Flandes independiente” frente a la casa del rey Alberto II, en Bruselas, en 2007. | Foto: Francois Lenoir / Reuters

La Nueva Alianza Flamenca (Nieuw-Vlaamse Alliantie o N-VA) no solo es el partido con más representación en el Parlamento regional (con 42 de los 124 escaños) sino también del Parlamento Federal Belga. La coalición con la que el N-VA gobierna en Flandes desde 2014, con otras dos fuerzas no independentistas, ha hecho que modere sus posturas, pero el partido propugna la independencia total de esta región, en la que se habla neerlandés principalmente. Precisamente fue un miembro de N-VA, Theo Francken, el que dijo que ofrecer asilo político a Carles Puigdemont en Bélgica tras la declaración de independencia era “una posibilidad”. Además de N-VA, otras dos fuerzas buscan en el Parlamento Flamenco más autonomía con respecto a Bruselas: Vlaams Belang (con seis escaños) y Union des Francophones (con uno). Los primeros abogan por una independencia completa, mientras que los segundos buscan ciertos privilegios y exenciones para las áreas francófonas de Flandes. Tanto N-VA como Union des Francophones son de derechas. Vlaams Belang, por su parte, pertenece a la derecha populista.

*El PIB per cápita, tanto de Flandes y Bélgica como del resto de territorios de este reportaje, está presentado en dólares internacionales, una divisa ficticia empleada habitualmente a la hora de comparar distintas regiones.

Islas Feroe, Dinamarca

Población: 49.884 habitantes (0,86% de Dinamarca, sin contar Groenlandia)

Extensión: 1.393 km² (24,4% de Dinamarca, sin contar Groenlandia)

PIB per cápita: 36.600 dólares internacionales (46.600 en Dinamarca)

Idioma propio: Feroés

De los 33 asientos de la Asamblea de las Islas Feroe -el Løgting-, una mayoría muy ajustada de los asientos, 17 de ellos, está ocupada por partidos que abogan por el independentismo. Dos de las tres fuerzas que ahora mismo gobiernan el archipiélago, República y Progreso, son independentistas. Otras dos formaciones, Partido del Autogobierno y Partido Popular, también defienden la separación desde posturas que oscilan entre la izquierda y el centroderecha. El nacionalismo feroés, derivado de las diferencias lingüísticas y culturales y de los 900 kilómetros que separan a las islas de la Dinamarca continental, ha tenido mucho auge desde el final de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en 1946 se realizó un referéndum consultivo sobre la independencia en el que ganó el sí a la separación. Aunque finalmente los resultados no se aplicaron, el plebiscito logró que las Feroe gocen actualmente de un gran nivel de autonomía con respecto a Copenhague. Actualmente, diversas encuestas sitúan a los habitantes de las islas divididos a la mitad sobre el independentismo.

Cataluña, España

Población: 7.408.853 habitantes (15,9% de España)

Extensión: 32106,5 km² (6,3% de España)

PIB per cápita: 36.565 dólares internacionales (32.765 en España)

Idioma propio: Catalán

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Una multitud de independentistas catalanes celebra la declaración unilateral de independencia el pasado octubre. | Foto: Juan Medina / Reuters

Aunque las raíces históricas del nacionalismo catalán hay que buscarlas en la Edad Media, es en el siglo XIX cuando aparece el nacionalismo moderno en Cataluña. Desde la independencia total con respecto a España hasta la defensa de una Cataluña encajada dentro de España en forma de Estado federado o confederado, el nacionalismo catalán escribe en estos momentos uno de los capítulos más importantes de su historia. Después de las elecciones del 21 de diciembre, convocadas en el marco de la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española como respuesta a la declaración unilateral de independencia, el Parlament catalán cuenta con 70 asientos (de un total de 135) ocupados por independentistas (Junts per Catalunya, Esquerra Republicana de Catalunya-Catalunya Sí y la Candidatura d’Unitat Popular). El nacionalismo catalán está representado en la Cámara por formaciones que van desde el centroderecha hasta la izquierda radical.

Galicia, España

Población: 2.720.544 habitantes (5,8% de España)

Extensión: 29.574,4 km² (5,8% de España)

PIB per cápita: 27.444 dólares internacionales (32.765 en España)

Idioma propio: Gallego

El mapa del nacionalismo en Europa 1
Un grupo de manifestantes despliega en Santiago la bandera independentista gallega, la estreleira, en 2016. | Foto: Óscar Corral / Efe

Galicia ha tenido un movimiento nacionalista desde el siglo XIX bajo distintas formas (provincialismo, federalismo, rexionalismo), un proceso que coincidió en el tiempo con el Rexurdimento o resurgimiento de la literatura y la cultura de la región de la mano de distintos intelectuales, principalmente Rosalía de Castro. Actualmente, 11 de los 75 escaños del Parlamento Gallego están ocupados por partidos que buscan mayor autonomía. Las demandas del nacionalismo gallego van desde la defensa de la lengua y la cultura galaicas, el reconocimiento de Galicia como nación o la soberanía energética hasta la independencia total con respecto a Madrid. Todas las formaciones galleguistas con representación parlamentaria (Bloque Nacionalista Galego, Esquerda Unida y Anova-Irmandade Nacionalista, estos dos últimos integrados dentro de En Marea) son de izquierdas.

País Vasco, España

Población: 2.164.144 habitantes (4,6% de España)

Extensión: 7.234 km² (1,4% de España)

PIB per cápita: 40.425 dólares internacionales (32.765 en España)

Idioma propio: Vasco

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Un grupo de nacionalistas vascos se manifiesta en Bilbao, en 2016. | Foto: Alvaro Barrientos / Efe

Si bien históricamente el País Vasco incluye también Navarra y una parte del suroeste de Francia (lo que se conoce como Euskal Herria), es en la comunidad autónoma del mismo nombre donde el nacionalismo ha tenido mayor presencia. Comparada con otras comunidades, Euskadi ya cuenta con mayor autonomía financiera con respecto a España. Actualmente, 46 de los 75 escaños del Parlamento vasco están ocupados por formaciones nacionalistas. El nacionalismo vasco comprende un espectro ideológico que abarca desde el centroderecha del Partido Nacionalista Vasco (PNV) hasta la izquierda abertzale de Bildu, vinculado a la banda terrorista ETA. El independentismo vasco ha dejado atrás la violencia desde que en 2011 ETA anunciara el alto al fuego, poniendo fin a cerca de medio siglo de violencia tanto en Euskadi como en el resto de España y en Francia, que dejó más de 800 muertos.

Córcega, Francia

Población: 330.000 habitantes (0,5% de Francia)

Extensión: 8.680 km² (1,5% de Francia, sin contar sus territorios de ultramar)

PIB per cápita: 30.346 dólares internacionales (42.314 en Francia)

Idioma propio: Corso

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Miembros del Frente de Liberación Nacional Corso, la facción violenta del nacionalismo de Córcega, en una imagen de 2006. | Foto: Pierre Murati / Reuters

Al contrario de lo que ocurre con las regiones de la Francia continental, la isla de Córcega cuenta con una Asamblea con poder ejecutivo propio y con instituciones también propias gracias a una ley de 1982. Esto le garantiza, por tanto, un mayor nivel de autogobierno. Desde 1976, el grupo terrorista Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC) ha empleado la violencia para lograr la independencia de la isla. De hecho, el grupo asesinó en 1998 a Claude Érignac, prefecto para la isla. En 2014 y, de nuevo, en 2016, el grupo anunció el cese de la violencia, pero diversas facciones del FLNC continúan activas. Actualmente, el nacionalista Pé a Corsica es la formación con más representación en la Asamblea, con 24 de los 51 escaños desde 2015. Pé a Corsica es una coalición de dos partidos: Femu a Corsica (que busca una mayor autonomía con respecto a París) y Corsica Libera (que busca la independencia), ambos de izquierdas.

Lombardía, Italia

Población: 10.023.876 habitantes (16,5% de Italia)

Extensión: 23.844 km² (7,9% de Italia)

PIB per cápita: 44.547 dólares internacionales (36.833 en Italia)

Idioma propio: Lombardo

El actual presidente de Lombardía, Roberto Maroni, es el líder de la Liga Norte, un partido italiano que ocupa 27 de los 80 asientos del Consiglio Regionale della Lombardia (es el partido más representado) y que aglutina a distintas fuerzas del norte de Italia para promover mayor independencia con respecto a Roma o incluso la independencia completa y la creación de un nuevo país, Padania. Fundamentalmente, el objetivo más inmediato es la creación en Italia de un Estado federal que logre mayor independencia fiscal para cada región, lo que haría que el norte de Italia, económicamente más rico, tuviera mayor control sobre sus impuestos, que muchos nacionalistas del norte consideran que van a parar al sur, más pobre.

Tirol del Sur, Italia

Población: 511.750 habitantes (0,8% de Italia)

Extensión: 7.400 km² (2,4% de Italia)

PIB per cápita: 49.264 dólares internacionales (36.833 en Italia)

Idioma propio: No

Para entender el nacionalismo de Tirol del Sur, la región más rica de Italia y una de las más adineradas de la Unión Europea, hay que remontarse a la Primera Guerra Mundial. Finalizada la contienda, Tirol del Sur dejó de ser austrohúngara para pasar a ser italiana. Esta anexión fue consecuencia del Tratado de Londres, en el que el Imperio Ruso, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y Francia -la Triple Entente- le prometieron Tirol del Sur a Roma para que se uniera a ellos en el conflicto bélico. Hoy, más del 60% de los habitantes de esta “provincia autónoma”, también conocida como Bolzano o Alto Adigio, hablan alemán como primera lengua. Es una cifra que duplica holgadamente el casi 25% de hablantes de italiano como primer idioma. Con todo, el uso del alemán ha ido cediendo terreno al italiano de manera progresiva en los últimos 100 años. El actual partido gobernante (el centrista Partido Popular Surtirolés, con 17 de los 35 escaños del Consiglio della Provincia autonoma di Bolzano) no es independentista, pero sí regionalista. Los que defienden abiertamente la reunificación con Austria son Die FreiheitlichenSüd-Tiroler FreiheitBürgerUnion für Südtirol (todos de derechas), que juntos suman 10 escaños en el Consiglio. Es decir, 27 de los 35 escaños de la cámara buscan mayor autonomía. El movimiento tuvo un capítulo violento en los años 50 y 60, cuando la organización BAS realizó una serie de ataques con bombas para lograr la reanexión.

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Banderas de varios movimientos nacionalistas durante una manifestación independentista en Escocia en 2014. De izquierda a derecha, las banderas de Véneto, Tirol del Sur, Escocia y Flandes. | Foto: Virginia Mayo / AP

Véneto, Italia

Población: 4.865.380 habitantes (8% de Italia)

Extensión: 18.399 km² (6,1% de Italia)

PIB per cápita: 36.740 dólares internacionales (36.833 en Italia)

Idioma propio: Véneto

El partido con más representación en el Consiglio Regionale del Veneto, con 24 de los 51 escaños, es Liga Veneta, una formación de derechas. En la misma línea que Lombardía, la Liga busca mayor independencia económica con respecto a Roma. Otras dos fuerzas también defienden una mayor distancia con Roma. Siamo Veneto (que, con un escaño, forma parte de la coalición que actualmente gobierna la región) propugna la independencia del resto del país y, en la misma línea de la Liga, Lista Tosi per il Veneto (que ocupa tres asientos del Consiglio y que ya no existe como partido) se muestra a favor de un federalismo fiscal. Tanto Véneto como Lombardía celebraron el pasado octubre un referéndum para obtener mayor autonomía con respecto a Roma en el que ganó el .

Escocia, Reino Unido

Población: 5.404.700 habitantes (8,2% del Reino Unido)

Extensión: 77.933 km² (32,1% del Reino Unido)

PIB per cápita: 43.651 dólares internacionales (39.016 en Reino Unido)

Idioma propio: Escocés y gaélico escocés

El mapa de los nacionalismos en Europa
Manifestación por la independencia de Escocia en Glasgow el pasado junio. | Foto: Russell Cheyne / Reuters

El origen del independentismo escocés está en la Edad Media. Ya en el siglo XIII la región disputaba las Guerras de Independencia contra Inglaterra. Actualmente, 69 de los 129 escaños del Parlamento escocés están ocupados por independentistas. El Partido Nacional Escocés, de centroizquierda, es el partido más representado, con 63 asientos y actualmente en el Gobierno. El Partido Verde Escocés, también nacionalista, cuenta con seis escaños. Escocia celebró en 2014 un referéndum por la independencia, en el que un 55,3% de los votantes se decantó por la permanencia en el Reino Unido. Uno de los mayores temores de los independentistas escoceses era la amenaza de que una Escocia independiente se quedaría automáticamente fuera de la Unión Europea. Después de que, en 2016, el Reino Unido votara a favor de abandonar la UE, el gobierno de Escocia (región que votó mayoritariamente por la permanencia en la Unión en el referéndum del Brexit) está tramitando unas segundas elecciones, pero el Gobierno central ha anunciado que no las aceptará.

Gales, Reino Unido

Población: 3.063.456 habitantes (4,6% del Reino Unido)

Extensión: 20.779 km² (8,5% del Reino Unido)

PIB per cápita: 31.043 dólares internacionales (39.016 en Reino Unido)

Idioma propio: Galés

Al igual que lo que ocurre en Escocia, el nacionalismo de Gales tiene siglos de antigüedad. Sin embargo, el inicio del nacionalismo moderno hay que buscarlo en el siglo XIX. Actualmente, el tercer partido más representado en la Asamblea Nacional de Gales, con 10 de los 60 escaños, es el separatista Plaid Cymru, que está en la oposición. Desde una postura de izquierdas, Plaid Cymru busca la independencia de Gales pero manteniéndose en la Unión Europa y defiende la utilización del idioma galés como medio para fomentar la cultura de la región. Encuestas recientes citadas por el diario británico The Guardian señalan que más de un 40% de los votantes galeses está a favor de otorgar más competencias a la Asamblea Nacional y que cerca de un 25% está a favor de la independencia.

Irlanda del Norte, Reino Unido

Población: 1.876.695 habitantes (2,8% del Reino Unido)

Extensión: 14.130 km² (5,8% del Reino Unido)

PIB per cápita: 34.654 dólares internacionales (39.016 en Reino Unido)

Idioma propio: Irlandés y escocés del Úlster

Más de un tercio de los 90 asientos de la Asamblea de Irlanda del Norte está ocupado por partidos que promueven la reunificación de Irlanda. El Sinn Féin y el Partido Laborista Socialdemócrata, ambos de izquierdas, tienen 27 y 12 escaños, respectivamente. El Sinn Féin fue además el brazo político del IRA, un grupo terrorista que desató un conflicto que dejó más de 3.500 muertos desde la división de Irlanda a principios de siglo XX hasta la firma del Acuerdo del Viernes Santo en 1998. La Constitución de la República de Irlanda establece la voluntad de la reunificación de la isla: “Es la firme voluntad de la Nación Irlandesa, en armonía y amistad, unir a todas las personas que comparten el territorio de la isla de Irlanda, en toda la diversidad de sus identidades y tradiciones, reconociendo que una Irlanda unida solo se buscará por medios pacíficos con el consentimiento de la mayoría del pueblo, democráticamente expresado, en ambas jurisdicciones de la isla” (artículo 3.1). Por su parte, la Northern Ireland Act (una figura similar a los Estatutos de Autonomía de España) establece que el secretario de Estado de Irlanda del Norte puede convocar un referéndum secesionista “si en cualquier momento le parece probable que una mayoría de los votantes expresarían un deseo de que Irlanda del Norte dejase de ser parte del Reino Unido y formase parte de una Irlanda unida” (párrafo 2). Eso sí, en el caso de que se celebre un referéndum independentista, no puede volver a convocarse otro en siete años como mínimo. Al igual que lo que ocurre con Tirol del Sur, este movimiento nacionalista es más complejo, porque no solo implica que tanto la propia región como el país al que pertenece acepten la separación, sino que el país al que pretende anexionarse esté de acuerdo con esa integración.

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