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Juan Villoro: "Mi nuevo libro es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios"

Foto: Cristina Marcano | Anagrama

La forma como es recibida la literatura es muy azarosa, pero el nuevo libro de Juan Villoro, La utilidad del deseo (Anagrama, 2017), contribuye a mantener vivo el interés por los libros que valen la pena.

El libro es un volumen de ensayos literarios del escritor mexicano, un viaje por la erudición, la inteligencia y las lecturas apasionadas de su autor. Luego de dos ensayos como Efectos personales De eso se trata, Villoro nos demuestra su pasión por la lectura y la escritura desmenuzando la obra de autores tan disímiles como Daniel Defoe, Nikolái Gógol, Karl Kraus, Juan Carlos Onetti, Julio Cortázar o Carlos Monsiváis.

En su paso por Barcelona, Juan Villoro se sentó a “platicarme” sobre esta especie de autobiografía a través de las lecturas que lo han formado como autor. Además no dejamos de conversar sobre la actualidad: el referéndum catalán, las redes sociales o el terremoto en Ciudad de México.

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Portada de La utilidad del deseo | Imagen vía Anagrama

¿La utilidad del deseo es un libro sobre el amor a la literatura?

A mí me gustaría pensar que es un libro para compartir entusiasmos y pasiones literarias. Cuando yo leo a un escritor que me interesa de inmediato quiero saber cuáles son los libros que lo han formado, cuáles son sus pasiones como lector. Yo creo que a todo autor le antecede un lector y este libro, como otros que he hecho de ensayos, son mis pasiones de lector. Yo creo que mi nuevo libro -La utilidad del deseo- es un mecanismo para compartir entusiasmos literarios y para tratar de explicarlos, por principios de cuentas a mí mismo. Usualmente tú sueles escribir un libro y te cautiva, pero te cuesta trabajo decir por qué y en ocasiones es más difícil argumentar lo positivo que lo negativo. Cuando un libro te parece defectuoso fácilmente das con las causas y encuentras aquello que te repudia; en cambio cuando un libro te seduce, comienza a formar parte de ti, te cuesta mucho trabajo entender qué es lo que tú estás advirtiendo de singular en ese libro, y este tipo de ensayos es un ejercicio de autoconocimiento, del porqué estas obras, en un sentido epidérmico y emocional, me parecen estupendas. Es un proceso de autoconocimiento, de tratar de descifrar qué es lo que yo he visto en estos autores y eso también tiene algo de autobiografía indirecta. No hablo de mí mismo, pero al hablar de mis gustos hago un retrato de la persona que más o menos soy.

Pero eso es más o menos lo que sucede cuando escribes un libro…

Sí, sobre todo cuando escribes un libro sobre los demás, entonces te estás delatando pero con una máscara. Es como un striptease al revés, no te estás desnudando sino que te estás recubriendo de referencias ajenas, de citas de otros autores, de contextos que no son el tuyo, pero todo eso de alguna manera define lo que eres.

 

En el libro comentas sobre las máscaras desde otro punto de vista que no es el ordinario, hablas de su uso para decir la verdad.

Sí, muchas veces pensamos que la máscara es un encubrimiento para ser otra persona, pero lo más atrevido y lo más singular de la máscara es que te permite ser quien eres, pero no te atreves a asumirlo. Toda la idea del carnaval de Venecia no consiste en disfrazarte para convertirte en colombina o en arlequín; en realidad, se trata que te disfrazas para decir las cosas que tienes dentro pero te da vergüenza comunicar, entonces es cuando sacas lo más sincero de ti mismo escudado en una máscara, y la literatura es eso. Tú postulas un personaje cuando escribes ficción y, a través de ese personaje, puedes decir cosas muy íntimas que de pronto no se van a asociar contigo sino con él. Por ejemplo, Proust tiene que ver con el Barón de Charlus, pero no necesariamente, entonces eso te da un margen de libertad porque es una máscara.

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Portada del primer volumen de Por el camino de Swann de Marcel Proust. El barón de Charlus un de sus personajes principales de la novela |  Imagen vía Wikimedia Commons.

En la era digital las máscaras son distintas, la gente aparenta cosas que no son, el concepto de máscara ¿no es quizás diferente en la era digital a lo que afirmas?

Creo que ese es un sentido más profundo de la máscara, es decir, poder mostrar una intimidad con la salvaguarda de que no necesariamente se te atribuye, eso es muy significativo. A veces hay gente que en las redes sociales usa un alias con ese fin, pero otras veces es simplemente tener como un avatar de que es alguien diferente.

¿Lo ves significativo?

Yo creo que apenas estamos aprendiendo a comportarnos en el océano digital, somos los bárbaros en una nueva civilización entonces todavía no sabemos cómo asumir estos protocolos, cómo conducirnos y hay todo tipo de actitudes. Hay gente que en las redes ha encontrado una capacidad expresiva notable y también hay gente que ha volcado lo peor de sí misma. No podemos juzgar a la humanidad por las redes sociales. Sería injusto para la humanidad, esperemos un poco para ver cómo se comportan los humanos del futuro con las redes.

Volviendo al libro, La utilidad del deseo revela que eres un gran lector. ¿Cómo fue el proceso de escritura?

Este es un libro que es un viaje en el tiempo. Son lecturas a través de los años de distintos autores, tiene que ver con azares, con las exigencias de la profesión y la forma en que la vives. Yo pienso que podemos leer un libro en distintas velocidades y con distintas intenciones. Hay muchos libros que los he leído como un lector hedonista, buscando disfrutar en ellos y de pronto los he dejado en la paz. Con el tiempo he tenido la oportunidad de regresar a algunos de estos libros y su relectura con el fin de escribir un ensayo, y la experiencia es completamente diferente. García Márquez decía que él leía con el desarmador en la mano para ir viendo qué piezas podría extraer y aprovecharlas en sus propios libros. Entonces, esta segunda lectura muchas veces es muy diferente en función de interpretar el libro de otra manera, no solamente de disfrutarlo sino de explicar tu emoción. Decía Nabokov que la mejor prueba de la calidad literaria era sentir un escalofrío en el espinazo, es algo que no razonas, tu propio cuerpo está experimentando. Muchas veces estos escalofríos los has sentido y no los puedes explicar porque son muy intuitivos; entonces el ensayo es el arte de razonar escalofríos, de decir esto que sentí tiene una causa, tiene un origen y tiene una justificación. Muchas veces la relectura es una vocación por desmontar el libro y entenderlo. Muchos de los ensayos han surgido de esta manera. Yo había leído Robinson Crusoe y de pronto me surgió una nueva traducción que agregaba una nueva parte del libro y me ofrecieron hacer un prólogo muy extenso con un plazo de entrega enorme, y regresar a ese libro fue casi naufragar en él. Era estar yo mismo en la isla, reflexionando y pensando un libro que había leído de forma apasionada, pero sin la obligación ni la necesidad de explicarlo, entonces eso me resulta muy atractivo del ensayo.

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Primera edición de Robinson Crusoe (1719) de Daniel Defoe | Imagen vía Wikimedia Commons

Mencionas a Crusoe en uno de los ensayos y lo mencionas ahora. Pensando en la obra de Defoe ahora con la situación en Cataluña, ¿cómo te posicionas al respecto? ¿Qué crees? ¿Ves a la política española o catalana como un naufragio?

El escritor catalán Joan Fuster tiene una frase que me gusta mucho que dice “un fracaso no se improvisa”, en ocasiones se necesita mucho esfuerzo para fracasar, no es tan fácil hacerlo. Y yo creo que toda la situación catalana es una suma de grandes esfuerzos por lograr un fracaso. Es una sociedad bastante igualitaria, incluyente, que ha logrado que prácticamente se erradique la discriminación, con una política de salud pública espléndida, un lugar seguro donde muchos latinoamericanos hemos encontrado acogida y refugio. Entonces de esta sociedad uno pensaría que no tiene demasiada urgencia, que no tiene la necesidad de un cambio radical, pero se han sumado una serie de factores que aparentemente lo hacen inevitable; no necesariamente se llegará a la independencia, pero es difícil de zanjar lo que ha ocurrido. Yo creo que hay una responsabilidad fundamental del gobierno de Madrid que a través de la represión y la intolerancia ha impedido que la gente se sienta acogida en España, esto aunado al independentismo sentimental, irracional e irresponsable de Puigdemont.

Sin embargo, Defoe tiene muchas hipótesis para el naufragio…

Defoe tiene unas hipótesis morales para el naufragio, entonces se embarca en contra de la voluntad de sus padres y de alguna manera los traiciona. El propio Daniel Defoe se sentía muy en falta de lo que su padre esperaba de él. Entonces el naufragio es una especie de castigo moral por el atrevimiento de evadirse del destino familiar, pero al mismo tiempo es una especie de bautizo, cae al agua y se convierte en otra persona.

Es una aprendizaje para Defoe…

Es un aprendizaje y toda la novela es esa supervivencia. Es difícil extrapolarlo a una situación como la catalana.

Lo que aprecié de la lectura de La utilidad del deseo pensando en la situación actual fue esta reflexión, te cito: “en su aislamiento Crusoe llega a la conclusión de que todas las naciones son iguales y de que solo Dios puede dirimir entre ellas”. ¿Quién nos salva?

La misma idea de nación es una idea bastante obsoleta, la idea de patria con aduanas, fronteras que define a la gente como diferente de nosotros y, por lo tanto, niega a los demás o asume que el patriotismo es una declaración de superioridad con respecto a los otros. La gente apoya a un colectivo en la medida en que piensa que es más importante que otro y todo eso me parece una idea conservadora, retrograda y absurda. Yo lo preferirá al revés, como Crusoe, estar en la puesta en blanco que significa la isla desierta, empezar de cero en un país que no sabes si es tuyo o no es, pero que tú tienes que conquistar con tu trabajo y ser inmigrante. Eso no lo pensó Defoe como una categoría moral, porque no era un tema que estuviese presente en su época ni en su bagaje intelectual. Pensar en Crusoe como un inmigrante es una interpretación que podemos hacer desde la modernidad, pensar en alguien que está buscando una patria de acogida que no es la suya. Defoe más bien lo veía como un héroe de la supervivencia, como un gran héroe del capitalismo que administra la isla y cuando encuentra a otro es un subordinado porque es un aborigen, porque quizás aunque conoce mejor esa realidad y al que le tiene simpatía, tiene que tener esa oposición subordinada con respecto a él. Una visión muy colonial.

Llevamos días intentando explicar el conflicto catalán aquí y afuera…

Cuando el conflicto está tan polarizado se atiende a los dos polos del conflicto y lo significativo está en medio que no se cubre ni nada, y eso que está en medio es la sensatez del futuro. En el futuro todo se explicará por lo que estaba en medio de la manera más racional, pero hoy en día eso no tiene mayor validez.

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La Galaxia Gutenberg de Marshall Mcluhan | Imagen vía Editorial Aguilar

Ya que hablas del relato y la sensatez del futuro, en el libro comentas sobre los comerciantes mexicanos que venden los separadores de libros en Ciudad de México, ¿cómo ves la literatura y a los lectores en el futuro? ¿Quedarán lectores? ¿Los libros serán tradición?

En el prólogo hablo de algo que es muy conmovedor, que es la venta de separadores de libros artesanales en el barrio donde yo vivo, que es un barrio que se ha vuelto turístico con el tiempo, es el barrio de Coyoacán. Como mucha gente va allí de visita, hay muchos vendedores de artesanía y venden estos separadores hechos con una madera de un árbol que se llama guayacán y vienen de muy lejos, de zonas donde no hay muchos libros. Pero me conmueve la idea que ellos tienen de la ciudad, de que es un sitio donde la gente lee y donde la gente lee lo suficiente para que los campesinos lleguen a ofrecerles tablitas de madera para separar las páginas de sus libros y esa utopía yo la comparto, porque a mi me gustaría pensar que toda ciudad es un sitio para que se lean libros. Pero también sé que es una utopía intangible e irrealizable, porque hay mucha gente que no lee, pero me sorprende la tenacidad e incluso la terquedad con que estos artesanos a través de los años siguen vendiendo separadores de libros. Parecería que en algún momento deberían cambiar de registro y ofrecer otro tipo de productos, porque no parece haber tantos lectores en la ciudad, pero surge entonces otro tema, si ellos insisten con sus mercancías ¿acaso no es tan inútil que lo hagan?, ¿acaso son necesarios y la gente lo requiere? Un separador de libros es un objeto especializado, pero tú puedes ser un gran lector y nunca utilizar un separador de libros. Es para una especie de lector de viejo cuño. Yo los veo y yo digo: ¿encontrarán personas así? Llevan años haciendo eso, es una prueba de resistencia no solo de las esperanzas de los vendedores de estos objetos, sino de la existencia misma de los libros en papel. Creo que con frecuencia pensamos en términos apocalípticos respecto al objeto libro y decimos que está agotado. Incluso se dan fenómenos tan interesantes como el de Marshall McLuhan en el siglo pasado, que escribió un libro maravilloso para anunciar el fin de los libros. Su libro La Galaxia Gutenberg es un libro genialmente escrito, lleno de ideas originales y que profetiza la extinción de un objeto que de forma inadvertida está contribuyendo a preservar, porque si tú escribes un libro tan maravilloso para decir que el libro no tiene sentido estás ayudando a preservar aquello que niegas. Esta paradoja es fascinante y explica en buena medida la perdurabilidad de los libros en papel. Hace 10 años los apocalípticos decían “se acabaron los libros impresos, todo serán tabletas electrónicas, ebooks”. Han pasado 10 años y no solamente no se extinguieron los libros en papel sino que aficionados al ebook están volviendo al formato papel. El futuro del libro me parece que está garantizado; para hacer un juego de palabras fácil, su papel garantizado.

 

Al final del libro hablas de la literatura infantil y juvenil, ¿por qué la gente no le da la importancia que debe tener?

Tienes toda la razón, es un género al que no le dan la valoración social equivalente a las dificultades para escribirlo. Los grandes clásicos contemporáneos son libros para niños, desde las fábulas de Esopo hasta nuestros días; las mayores formaciones culturales han surgido de la literatura infantil. Hay grandes libros que originalmente no fueron escritos para niños, pero perduraron en el tiempo gracias a la lectura infantil, como por ejemplo Robinson Crusoe o bien otros, que son clásicos indiscutibles como Alicia en el país de las maravillas o Alicia frente al espejo, libros destinados para niños, así que es muy injusto no entender que la literatura infantil es una forma de arte muy compleja. Ha costado mucho entender que el niño no es una antesala del adulto sino que el niño tiene un fin cultural en sí mismo, entonces a partir de la Ilustración fue posible entender la importancia cultural de la infancia. Lo hemos comprendido desde el punto de vista psicológico y, sin embargo, quienes escriben literatura infantil suelen ser relegados a una especie de apartheid de una sub especialidad que no es gran literatura y he ahí un grave problema porque yo pienso que El Principito es una de las grandes obras del siglo XX. Así podríamos clasificar la literatura de Roald Dahl, Gianni Rodari y de muchos otros.

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Las fábulas de Esopo | Imagen vía Ministerio de Cultura de España

Afirmas el hecho de que “algunas historias contemporáneas en el futuro serán leídas como ensoñaciones o inocentadas” ¿Crees que los lectores del futuro serán más cultos e inteligentes para comprender obras más complejas?

Hay libros, por ejemplo, Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño que es leído actualmente por lectores jóvenes; quizás en el futuro sea leído por preadolescentes, porque justamente es un libro de formación de gente que está tratando de vivir la vida de otra manera o de entender que la vida es una forma poética y eso tiene que ver con el impulso juvenil de transformación. Entonces en el futuro posiblemente se adelanten a leerlo.

 

¿Crees que seremos mejores?

Bueno yo creo que hay ciertos libros que van encontrando con el tiempo lectores de distintas edades, libros que a lo mejor en su origen se postulan como obras muy complejas para los adultos de esa generación y en el futuro serán para lectores más juveniles, ya sea el texto original o la adaptación. Por ejemplo, en La utilidad del deseo hablo de la literatura rusa, que es la permanente juventud de toda la literatura, los temas juveniles por excelencia, desde elegir la vocación hasta tomar ciertas posturas básicas de la vida están en las obras de Dostoievski, de Tolstoi, de Chejov, de Gógol. Digamos que hay un atractivo muy especial en estos escritores para la gente que está tomando decisiones básicas en momentos cruciales de su vida. Entonces no es una literatura juvenil como hoy se entiende Harry Potter, encaminado determinadamente a un lector joven. Los temas que postula la literatura rusa son extraordinarios porque son el rito de paso para la gente joven y eso es tan extraordinario que siempre que lees a Dostoievski, de cierta forma tienes 18 años, porque estás ante esos temas esenciales. Entonces, tengas la edad que tengas en el mundo real, regresas a ese momento extraordinario en el que tienes que decidir ciertas cosas básicas en la vida y eso es muy interesante en la literatura, que la edad que tienes como lector se modifique en función del texto que estás leyendo. Ya que hablamos de literatura infantil, la dedicatoria de El Principito “todos los adultos han sido niños pero muchos de ellos lo han olvidado” y él le dedica ese libro a su mejor amigo, no el que es en ese momento sino el que fue de niño para que no olvide esa etapa. Muchos de nosotros cancelamos edades y la literatura te ayuda a recuperarlas.

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Primera edición de Los hermanos Karamazov de Fiodor Dostoievski | Imagen vía Wikimedia

Comentas que Monsiváis en sus libros deja una puerta abierta para que el lector los complemente. ¿Con tus libros pasa lo mismo?

Sí, todos los libros están abiertos a distintas lecturas y a ser completados y prolongados por otras obras. Me parece que no hay literaturas plenamente individuales, son producto de lecturas e influencias que las han hecho, que también se abren a respuestas posteriores. Es lo que a mi me parece muy interesante de la escritura, no necesariamente es una percepción individual del mundo, eres tú el que escribes pero estás hecho de una familia muy amplia de lectores.

Por último, después del terremoto del 85 tuviste la idea de inventar tu propia muerte y desaparecer. ¿Quisiste desaparecer este 2017?

Esa fue una gran tentación. En el terremoto del 85 se produjeron muchas víctimas, no sabemos cuántas, fueron muchas y destruyó buena parte de la ciudad, más que el terremoto actual. Era plenamente verosímil, en ese momento, que alguien desapareciera en los escombros y es una gran tentación decir “que me den por muerto”, tener una muerte cívica y a partir de eso inventarme la posteridad. La tentación de reinventarnos está en nosotros y además es un motivo legítimo. Este año no lo pensé, fueron 32 años de diferencia, aunque hay muchos momentos en los que me gustaría cambiar por completo, siempre estoy fantaseando con vivir en otro lado, con hacer otro tipo de vida, no se extingue esa sensación; a mí por lo menos no deja de inquietarme eso.

¿Esa sensación nace y la dejas morir por lo que puedes dejar como legado?

No, nace de la insatisfacción de tu propia vida, yo nunca he estado plenamente satisfecho con mi vida y creo que nunca lo estaré. Hay gente que no se plantea una alternativa, pero a mí me parece muy aburrido pensar que solo puedo ser quien soy. Por eso me dedico a la literatura, porque ella te permite suplantar otras personas y asumir otras vidas, es una manera de llevar vidas paralelas, todas ellas conjeturales; sin embargo, un terremoto te permite la posibilidad de cambiar tu propia vida. El terremoto del 85 fue un borrón y cuenta nueva, la ciudad quedó arrasada y era más verosímil desaparecer allí. No por falta de verosimilitud, esta vez no tuve esa tentación; me he resignado a ser quien soy, pero de manera crítica. Me resigno, pero me quejo.

 

La utilidad del deseo nos hace entender la creación literaria y el mundo desde sus engranajes. Villoro se convierte en traductor del deseo literario y en embajador que nos muestra la belleza de sus lecturas para emocionarnos y revivir con él nuestras pasiones literarias por esas obras.

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