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Juantxo López de Uralde: “El medio ambiente es eso que se destruye mientras estamos hablando de Cataluña”

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Rodrigo Isasi
The Objective

Herbicidas a debate, veranos que se alargan en zonas habitualmente húmedas, aumento de la desertificación, fenómenos naturales cada vez más virulentos, hambrunas, emigración, incendios devastadores…forman parte cada vez más del paisaje del planeta debido al calentamiento global, según aseguran los expertos en medio ambiente. Coincidiendo con la celebración en Bonn de la 23ª Conferencia de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 23) en la que alrededor de 200 delegados de más de 140 países debaten las medidas para dar cumplimiento al Acuerdo de París, The Objective ha entrevistado a Juantxo López de Uralde (San Sebastián, 1963), diputado por Álava de Equo – único partido verde con representación parlamentaria en España -, con una larga trayectoria como ecologista y activista en organizaciones como Greenpeace, para saber dónde está España en materia de medio ambiente.

Nos recibe en su despacho del Congreso de los Diputados, atestado de carpetas y papeles, documentos y libros colocados sobre la mesa, las estanterías e, incluso, en un hueco junto a la ventana, que hace que la estancia donde trabaja parezca aún más pequeña. “Perdonad el desorden”, es lo primero que nos dice después de saludarnos.

Desde hace unos meses hay abierto un intenso debate sobre el glifosato. La Unión Europea acaba de concluir sin acuerdo renovar cinco años la licencia de este herbicida. Estudios recientes afirman que este herbicida tiene efectos nocivos para la salud.

Juantxo López de Uralde (Equo): “El medio ambiente es eso que se destruye mientras estamos hablando de Cataluña”
La UE no se pone de acuerdo sobre la fecha para prohibir el uso de glifosato. | /Yves Herman / Reuters archivo

¿Cuál es la posición del gobierno español?

“El glifosato es el herbicida que más se utiliza actualmente y, según la agencia internacional sobre el cáncer, es un potencial cancerígeno. Hay países de la Unión Europea que están ya procediendo a su prohibición progresiva, a pesar de lo cual la Unión Euroepa ha pretendido alargar su vida durante diez años, que es el proceso en el que estamos ahora. En la actualidad, la UE debe decidir cuánto tiempo más se alarga para que el glifosato se siga utilizando en el territorio europeo. En este momento no hay consenso porque hay países como Francia o Italia, que quieren su eliminación. ¿Dónde está España? España está posicionada en el lado de aquellos que defienden la industria agroquímica y defienden el glifosato. El gobierno español, desde hace muchos años, está posicionado defendiendo estas industrias, defendiendo estos intereses. Lo ha hecho con los transgénicos. De hecho, España es el único país de la Unión Europea donde los transgénicos se cultivan de forma comercial, en el resto de Europa no se cultivan, es decir, que somos la puerta de entrada de los transgénicos y, en este sentido, hay que denunciar que estas empresas tienen la puerta abierta del Ministerio de Agricultura y tienen mucha influencia. Todo esto hace que la posición del Gobierno español en esta materia, en concreto, en la del glifosato, sea la de continuar diez años más. A nosotros nos parece absolutamente inaceptable y estamos, por todos los medios, tratando de que el Gobierno español cambie de posición”.

El tema de los pesticidas afecta también a la miel y a la supervivencia de las abejas que, según los expertos, tiene efectos devastadores para el planeta si no se ponen medidas pronto

“Sí, un tema muy preocupante es la reducción del número de abejas; las poblaciones de abejas se están viendo afectadas por un proceso de degradación que, en muchos sitios están incluso en peligro de extinción. Se han hecho muchos estudios, porque en estas cuestiones de degradación de poblaciones, etcétera, no hay una causa única, pero sí se ha visto y está constatado con varios informes al respecto, que unos pesticidas llamados neonicotinoides están detrás de la desaparición de las abejas. Hay una frase que se atribuye a Einstein que dice que ‘la humanidad sólo sobreviviría cuatro años tras la desaparición de las abejas’, puesto que tienen una labor muy importante en la polinización de la plantas, en los cultivos, etc. y en ese sentido es especialmente preocupante lo que está ocurriendo con la abejas y, desde luego, los neonicotinoides son pesticidas que deben prohibirse precisamente si queremos salvar las abejas.

¿Se está haciendo algo al respecto?

“Sí, hay una campaña muy importante por parte de organizaciones de consumidores, de organizaciones ecologistas pidiendo la prohibición de estos pesticidas y, a diferencia del glifosato, donde la resistencia de UE es mucho mayor, en el caso de los neonicotinoides sí que parece que están en proceso de prohibición y van a prohibirse. Está mucho más avanzada su prohibición de lo que está en el caso del glifosato.

Cambiamos de tema y preguntamos al dirigente de Equo sobre la energía.

¿Cómo explica que en un país como España que es de los que más horas de sol tiene al año, la energía solar sea tan cara y que sean pocos los que se la pueden permitir? Lo mismo con otro tipo de energías renovables más limpias para el medio ambiente.

“Es muy difícil de entender que las energías renovables estén tan marginadas en un país que no tiene petróleo como España, que tenemos muy poco carbón y, sin embargo, somos ricos en sol y en viento. Realmente hay una causa política detrás. Y es que las políticas de este gobierno del PP han sido de favorecer los intereses del oligopolio energético; nuestro sector energético es un oligopolio, hay cinco empresas que lo controlan, que lo dominan y su interés, hasta ahora, está más en el gas que en las energías renovables. Esto ha hecho que se hayan desarrollado legislaciones que dificultan su implantación en España. La más significativa, la última porque viene de atrás, es la que impide el autoconsumo de energía porque impone lo que se llama un impuesto al sol, que establece una tasa tan grande que impide que los consumidores puedan producir su propia energía”.

“Las políticas energéticas en España son contrarias a nuestros intereses”

“En definitiva, sí es cierto que las políticas energéticas en España son contrarias a nuestros intereses, en el sentido de que gastamos cada año 50.000 millones de euros en importar hidrocarburos, en importar petróleo -que ahora el petróleo está barato pero tiene sin duda un impacto brutal sobre nuestra balanza de pagos. Para que nos hagamos una idea de lo que nos gastamos en petróleo: todo lo que ingresamos por turismo es lo que nos gastamos en comprar petróleo. Por lo tanto, es muchísimo. En vez de desarrollar el potencial que tenemos, que deberíamos ser mucho más líderes en esta materia”.

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Las energías renovables en España, como los paneles solares, son muy caras para el ciudadano medio. | Foto: Santiago Ferrero / Reuters

El Gobierno dice que no existe un impuesto al sol…

“El Gobierno dice que no existe un impuesto al sol porque no lo ha aplicado, pero en la legislación está establecido. De hecho, si no existiera sería mucho más fácil conseguir que se cambiara la legislación, que es lo que nosotros hemos pedido. Hay una proposición de ley que está vetada en la Mesa del Congreso por Ciudadanos y el PP que precisamente lo que trata es modificar toda la regulación del autoconsumo para facilitarlo, y es lo que nosotros estamos intentando. Cuando Ciudadanos también estaba en la oposición era favorable y firmante para un acuerdo de un cambio de la ley, sin embargo, ahora no lo ha hecho por sus pactos con el PP y ambos tienen capacidad de veto en la Mesa”.

Seguimos preguntando sobre otros temas relacionados con el medio ambiente y, en particular, sobre el incumplimiento por parte de España de directivas de la UE como la de limpieza de los Océanos o la relativa a la contaminación del aire.

“Para entender lo que pasa en España, hay que tener en consideración que el medio ambiente es un tema absolutamente secundario para el Gobierno español, y no sólo para este gobierno; ya viene de atrás. Esto hace que en la mayor parte de las políticas, cualquier interés es prioritario antes que el medio ambiente. Sea el interés de una empresa, de una urbanización, sea cualquier interés. Sólo hablamos de medio ambiente realmente en España cuando hay una catástrofe. Hemos hablado ahora con los incendios, hemos hablado de medio ambiente con el Prestige, cuando se rompió la mina de Aznalcóllar, cuando los problemas del medio ambiente están en el día a día sin que tenga apenas repercusión. Solamente cuando hay catástrofes, cuando hay una intoxicación por alguna sustancia es cuando se habla de medio ambiente y en España, el medio ambiente es un tema secundario. Está en el Ministerio de Agricultura pero como una materia totalmente secundaria por debajo de todos los otros intereses. Y al no ser una bandera que interese, nos va a generar problemas en el futuro, nos los está generando ya porque España es un país muy vulnerable al cambio climático”.

“El gobierno español, en política de medio ambiente se mueve con pies de plomo y sólo actúa cuando la UE llega con la cachiporra”

“Nosotros somos víctimas del cambio climático, lo hemos visto muy claramente este verano con el tema del alargamiento del verano, la intensidad de las olas de calor, el tema de lo incendios… Todas estas cosas hay que tenerlas en cuenta. El cambio climático es una realidad que afecta a todos los ámbitos, que es muy transversal y que no podemos seguir ignorando. Y en España, el gobierno lo ignora sistemáticamente”.

No cree que tiene algo que ver esa pasividad de la que habla con la propia sociedad. Da la impresión de que somos ecologistas de boquilla porque, a la hora de la verdad, no somos capaces de dejar el coche o de reciclar….y no hay una representación importante en política de un partido ecologista. Aparte de Equo, los partidos ‘verdes’ aquí nunca han tenido una gran presencia.

“Así es, efectivamente. Seguramente, las políticas responden al nivel de conciencia de la demanda social que hay, si no hay demanda social, no se hacen políticas en ese sentido. Eso, sin duda, debe tener parte de verdad, pero lo cierto es que los hecho son como son y, por lo tanto, es obligación del gobierno hacer frente a eso hechos. No podemos esperar a que todo el mundo esté concienciado para tomar medidas contra el cambio climático porque el cambio climático está aquí, nos está afectando, no podemos esperar, igual que no podemos esperar a que los pantanos se vacíen para adoptar medidas de ahorro de agua, porque en el momento en que se vacíen ya no hay solución; hay que actuar antes y esta es una de las claves de las políticas de medio ambiente, adoptar medidas preventivas y eso no se está haciendo.

El gobierno español, que se ha sumado al Acuerdo de París, carece entonces de esa iniciativa, por lo que comenta…

“Absolutamente! El gobierno español en política de medio ambiente se mueve con pies de plomo, se mueve solamente porque la UE tira e intenta frenarlo lo máximo posible. Sólo actúa cuando la UE llega con la cachiporra y dice ‘oiga, que están ustedes incumpliendo la directiva de depuración de aguas residuales, que están incumpliendo la directiva de calidad del aire en las ciudades, que están incumpliendo la directiva de calidad de los hábitats…entonces y solamente entonces es cuando reacciona. Y si no fuera porque la UE, digamos, impone ciertas políticas, aquí estaríamos mucho más atrás en materia de medio ambiente”.

¿Cree que hay más conciencia entre los jóvenes a favor de la defensa del medio ambiente, de una mejor calidad de vida que entre las anteriores generaciones?

“Sin duda, cada vez se impone más el vegetarianismo, el veganismo entre los jóvenes. Sin lugar a dudas se está produciendo ese cambio de mentalidad y los jóvenes son conscientes cada vez más de que viven en un mundo en peligro, de que viven en un mundo amenazado, de que viven en un un mundo que se está degradando muy rápidamente, que no van a conocer el mundo que hemos conocido nosotros, ni lo lugares que hemos conocido nosotros ni lo animales que hemos conocido nosotros. Y eso les hace ser mucho más conscientes”.

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España incumple varias directivas de la UE en materia de medio ambiente. | Foto: Paul Hanna / Reuters

Numerosas iniciativas

“No paramos de trabajar en esta materia”, asegura López de Uralde. “Y creo que gracias a nuestro trabajo hemos conseguido algunos avances importantes, como por ejemplo, hemos conseguido el cierre de la central nuclear de Garoña, que el propio ministro de Energía dijo que la cerraba porque la presión política la hacía insoportable; hemos conseguido esta semana mismo en el Congreso un acuerdo para la reducción de emisiones que yo creo que es un acuerdo que establece un marco ya para llevar a la ley de cambio climático, que también es relevante; hemos reclamado por primera vez en el Congreso la protección para una especie emblemática como es el lobo…hay muchísima actividad. Es verdad que esa actividad no se ve reflejada en los medios de comunicación como otras cuestiones que en estos momentos tienen más peso; a día de hoy la política está muy condicionada”.

Y, sin embargo, el cambio climático, sus efectos, repercuten más sobre los ciudadanos, sobre las próximas generaciones que otras cuestiones más puntuales. ¿A eso se refiere?

“Efectivamente, la desertificación, el aumento de la temperatura del agua, o la contaminación…Como decía John Lennon: ‘la vida es aquello que se pasa mientras estamos distraídos haciendo otras cosas’, pues el medio ambiente es eso que se destruye mientras estamos hablando de Cataluña”.

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En España el lobo es una de las especies en peligro de extinción. | Foto: Rafael Marchante / Reuters

Abordamos otro tema que en España está también bastante a la orden del día como es el maltrato animal, un país especialmente cruel con los animales, donde la llamada fiesta nacional son las corridas de toros, donde los animales han sido considerados cosas hasta esta legislatura.

Mi pregunta es si estamos muy atrás respecto a otros países de nuestro entorno y, sobre todo, los anglosajones, en el respeto a los animales.

“En un país donde la fiesta nacional son los toros, la defensa numantina por parte de las fuerzas políticas tradicionales de la mal llamada fiesta de los toros, ya nos da una idea de lo que importa el maltrato animal. Sin embargo, nosotros, en el trabajo que estamos haciendo también en ese ámbito estamos trayendo esta cuestión a las instituciones y estamos consiguiendo avances. Por ejemplo, tuvimos una pelea muy grande también con el PP en el tema del convenio de animales domésticos para que se prohibiera la amputación del rabo de los perros, cosa que hemos conseguido…también en esos ámbitos estamos dando la batalla en un país, efectivamente, donde dar esa batalla tiene muchos enemigos porque hay muchos lobbies. En el PP, por ejemplo, es increíble el lobby de los cazadores. En el año que llevamos de legislatura, el PP en la Comisión de Agricultura y Medio Ambiente ha presentado seis PNLs en defensa de la caza, seis en un año…eso te da la idea del poder del lobby que hay…y ahí estamos. Estamos planteando esa batalla y estamos empezando a conseguir cosas. Creo que nuestra presencia aquí está sirviendo para dar la vuelta a muchas cosas”.

Por último, abordamos el tema de los incendios y, en concreto, los ocurridos en Galicia en octubre donde cuatro personas perdieron la vida en los peores fuegos en la Comunidad con cerca de 50.000 hectáreas arrasadas.

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Los incendios de octubre asolaron miles de hectáreas en Galicia. | Foto: Miguel Vidal / Reuters

Es verdad que hay muchos factores que han podido desencadenarlos, entre ellos la sequía, la falta de una limpieza de los bosques, la ausencia de prevención, pero también se ha hablado sobre el tema de la industria maderera con el tema de los eucaliptos, o los intereses de Ence, la empresa papelera que hay en Galicia, como un factor a tener en cuenta a la hora de buscar al menos una parte del origen de los fuegos intencionados. No sé si usted está de acuerdo en esta tesis.

“No cabe duda de que la política forestal en Galicia está totalmente condicionada por la presencia de Ence. No hay un lugar en España donde el eucalipto tenga la presencia que tiene en Galicia, es brutal. De hecho, las estadísticas muestran que en los últimos años la superficie de eucaliptos, que creo que supera ya el medio millón de hectáreas, ha aumentado en un 60%; hay más superficie de eucaliptus plantada de la que la Xunta de Galicia había planificado para 2030. El eucalipto es un tipo de bosque muy pirófito, eso quiere que, por un lado, es muy resistente a los incendios en el sentido de que puede rebrotar después de ser alcanzado por las llamas, y al mismo tiempo expande el incendio porque el incendio le beneficia como especie porque elimina otras especies competidoras, etc. El problema es que los montes de Galicia son campos minados que, cuando se dan las condiciones que se han dado este verano o este mes de octubre de temperaturas altas, de sequedad, de viento, no hay quien pare los incendios…sin lugar a dudas, la política forestal vinculada a la industria papelera es claramente responsable”.

¿Falta una legislación más dura para este tipo de delitos como el terrorismo medioambiental o el maltrato animal?

Más que la legislación, lo que hay es una mala persecución del delito . El problema no es tanto la falta de legislación, que existe, como de falta de medios y de voluntad para que la policía, los fiscales lleven estos delitos hasta el final y ante los tribunales. Nos encontramos una y otra vez con que grandes catástrofes acaban en nada. El caso del Prestige es el mejor ejemplo. Ocupó cientos de páginas, movilizó a un millón de personas, había una indignación popular brutal, la justicia que es muy lenta, al cabo de los años terminó prácticamente sin determinar responsabilidades. Los incendios, pues ocurre lo mismo. Los incendios pasan, los incendios de Galicia ya se van alejando en el tiempo y prácticamente no hay detenciones…es muy difícil creer que no se puedan determinar quiénes han provocado esos incendios”.

¿Porque no se investiga?

“Creo que no se investiga lo suficiente. No tienen medios las fiscalías, y eso hace que la mayoría de los delitos medioambientales, desgraciadamente, siguen sin tener culpables y eso facilita el delito. En la medida en que tu sabes que al final no te van a pillar…En el caso del los incendios ¿qué es lo que que ocurre, además? Que aunque se pueda demostrar que han sido provocados, al final es muy difícil saber quién ha prendido la mecha. Debe de haber también cambios para facilitar que estas investigaciones puedan llegar a buen puerto.

Juantxo López de Uralde, diputado de Equo y ecologista: “El medio ambiente es eso que se destruye mientras estamos hablando de Cataluña” 1
El diputado de Equo, Juantxo López de Uralde, en su despacho del Congreso de los Diputados. | Foto: Rodrigo Isasi / The Objective

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Manuel Arias Maldonado: “La humanidad tiene que ser indulgente consigo misma”

Borja Bauzá

Foto: Rodrigo Isasi
The Objective

Manuel Arias Maldonado (Málaga, 1974) es profesor de Ciencia Política en la Universidad de Málaga y colaborador habitual de medios de comunicación tanto españoles –The Objective, entre otros– como extranjeros. Partidario del análisis sosegado frente al eslogan lapidario, ha dedicado más de dos décadas a investigar la relación que existe entre el medio ambiente y la política. Suyo es el libro Sueño y mentira del ecologismo. Naturaleza, sociedad, democracia (Siglo XXI), publicado en 2008. También Real Green. Sustainability after the End of Nature (Ashgate), considerado el mejor libro del 2012 por la Asociación Española de Ciencia Política. Hace poco más de un año escribió La democracia sentimental: política y emociones en el siglo XXI (Página Indómita), un ensayo en el que propone una reflexión sobre la influencia de las emociones en los sistemas políticos actuales.

Su último libro, Antropoceno. La política en la era humana (Taurus), llegó a las librerías hace unos días. Trata, claro, del Antropoceno; un fenómeno que la cultura popular encuadra dentro de la ciencia ficción pero que los expertos se toman muy en serio desde que en el año 2000 el prestigioso químico Paul Crutzen lo presentase en sociedad durante un congreso internacional celebrado en México. Crutzen, y con él un gran número de científicos, considera que el planeta está abandonando el Holoceno, la era geológica en la que la especie humana ha conseguido prosperar gracias a unas condiciones climáticas estables, para adentrarse, precisamente a causa de la actividad humana, en el Antropoceno. Es decir: la colonización humana del planeta nos ha llevado hasta una nueva época geológica. Pero esta nueva era –avalada por la revista Nature  encierra un horizonte imprevisible. ¿Su manifestación más llamativa? El cambio climático.

¿Este libro debe leerse como un aviso a navegantes?

Puede llegar a cumplir esa función, pero no es la idea que tenía en la cabeza cuando me senté a escribir. Entre otras cosas porque se necesitan navegantes dispuestos a escuchar para que el aviso tenga efectividad. Precisamente, lo que busca este libro es introducir el Antropoceno en el debate público español.

En efecto, el Antropoceno es un concepto muy poco conocido en España. ¿Esa falta de interés también se da en los países de nuestro entorno? Me refiero a Alemania y Estados Unidos, lugares que conoces bien porque has investigado en ellos.

La falta de interés se da más en España. Alemania es un país con una conciencia medioambiental bastante fuerte. El otro día leí que en las últimas tres décadas el número de vegetarianos ha pasado del 0,1% al 10%. Es más, la primera exposición sobre el Antropoceno celebrada en el mundo tuvo lugar en el Deutsches Museum de Múnich. En cuanto al mundo anglosajón, se beneficia de que las discusiones suceden en inglés. Eso genera una cercanía entre el objeto de debate y las sociedades de esos países.

¿Por qué crees que en España no se discute este asunto?

Creo que la ausencia de un Partido Verde potente es un factor importante a la hora de explicar la poca conversación que hay en torno a la cuestión del Antropoceno. Y el poco debate que hay viene de la mano del cambio climático. ¿Cuál es el problema? Pues que la discusión que gira en torno al cambio climático está muy ideologizada, es muy poco racional y pasa por alto la gran cantidad de matices que encierra un asunto tan complejo. Tenemos que hablar más de las relaciones entre la sociedad y la naturaleza –las relaciones socionaturales– pero tenemos que hacerlo con sensatez.

En el libro explicas que los expertos no se ponen de acuerdo a la hora de determinar dónde se encuentra el origen del Antropoceno; cuándo habría comenzado esta nueva era. ¿Cuáles son las diferentes propuestas?

Lo primero que conviene aclarar es que la búsqueda del origen puede hacerse desde distintos presupuestos. El Antropoceno es un término geológico y por eso el presupuesto geológico es el principal, pero también hay otra dimensión que rastrea el origen basándose en las transformaciones provocadas por el hombre en el medio ambiente; el cambio climático, etcétera. Luego hay estudiosos que dicen que no se puede finiquitar el Holoceno tras ‘solo’ 11.700 años de existencia, y que por tanto sería más acertado referirse al Antropoceno como una nueva etapa histórica. En cualquier caso, el término ha llegado para quedarse.

Regresando a la pregunta, la cuestión del origen gira en torno a un planteamiento muy simple: si dentro de un millón de años aterrizan unos extraterrestres en la Tierra y se ponen a estudiar los sedimentos, ¿qué marcador les va a permitir establecer que en ese punto concreto comenzó el Antropoceno? Por un lado, está William Ruddiman sosteniendo que todo empieza con la revolución agrícola del Neolítico. El problema es que, según su tesis, el Antropoceno compartiría origen con el Holoceno. Que no habría Holoceno, vaya. Por otro lado están las hipótesis industrialistas, que defienden que el industrialismo es el momento en el que la intervención humana sobre el medio ambiente se radicaliza.

Luego hay autores que defienden el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Aquí estaríamos hablando de las bombas atómicas como el origen del Antropoceno. Este caso trae consigo una gran carga simbólica; al margen de la huella geológica que dejan los isótopos radiactivos de las bombas, éstas se asocian a un descubrimiento humano cuya peligrosidad salta a la vista. Por último, están quienes defienden el desarrollo tecnológico como punto de partida, y concretamente el motor de combustión. Como ves, existen varias opciones y el debate no está cerrado.

Manuel Arias Maldonado: “La humanidad tiene que ser indulgente consigo misma” 1
Portada de Antropoceno. La política en la era humana. | Imagen vía Taurus.

Y cuando se cierre ese debate sobre el origen también sabremos, dependiendo de cuál sea ese origen, quién es el culpable, o el responsable, del Antropoceno…

Esta es una cuestión muy interesante. ¡Quién es el antropos del Antropoceno! Hay autores que sostienen que algunos grupos de seres humanos han sido más víctimas que actores en todo este proceso. Suelen ser los mismos autores que defienden un cambio de nombre para que el Antropoceno comience a ser conocido como el Capitaloceno; la era del capitalismo en lugar de la era del hombre. En el Capitaloceno el origen y los responsables saltan a la vista: la Gran Bretaña industrialista. Personalmente, no comparto este punto de vista, aunque me parece una crítica razonable si tenemos en cuenta que, efectivamente, hay grupos de personas que han sido mucho más influyentes que otros.

¿Cuál es tu punto de vista?

Que no podemos entender la intervención del ser humano sobre el planeta si no es en términos de especie. Porque hasta el más pasivo de los seres humanos interviene en su entorno. De hecho, tenemos pruebas que indican que las tribus aborígenes ya intervenían de manera agresiva –con arreglo a sus posibilidades tecnológicas– en las profundidades del tiempo amazónico. Como decía Karl Marx: hay un modo de ser de la especie humana que implica una adaptación agresiva al medio. Y esa adaptación agresiva está potenciada por rasgos como la sociabilidad, la capacidad de cooperación, la cultura o el lenguaje. Rasgos que nos abren la posibilidad de transmitir información entre miembros de una misma época, o incluso entre generaciones, y que andando el tiempo aumentan exponencialmente nuestra capacidad transformadora. Que esa capacidad transformadora haya surgido de manera más exitosa en la Europa del siglo XVIII no deja de ser una casualidad histórica. ¡En algún lugar tenía que producirse! Y por supuesto que hay tribus amazónicas que interactúan con su entorno de manera menos agresiva, pero lo hacen porque permanecen aisladas durante más tiempo; porque no reciben las herramientas que les permitirían obrar de manera distinta. Por eso yo no le atribuiría demasiado valor al hecho de que exista una tribu en Ecuador que parece vivir en armonía con su entorno.

Porque si les das un iPhone lo van a utilizar.

¡Pues claro! Por eso a mí me parece que la humanidad tiene que ser hasta cierto punto indulgente consigo misma. Hemos hecho algo, pero no sabíamos lo que estábamos haciendo. No sabíamos, por ejemplo, que estábamos provocando un cambio climático; no sabíamos que estábamos generando una contaminación oceánica; no sabíamos, en definitiva, que estábamos trayendo el Antropoceno. Sabíamos que estábamos alterando el medio ambiente, pero lo hacíamos porque nos habíamos dotado de aquellas herramientas morales y filosóficas que nos autorizaban a hacerlo. Pero es que eso es lo natural. Somos una especie arrojada al planeta que piensa que el planeta gira en torno a ella. ¿Qué vas a pensar? ¡No vas a pensar lo contrario! El argumento del designio –“la naturaleza está para que el ser humano la utilice”– viene de lejos: el Génesis, Aristóteles, Descartes… ¡Fíjate en Descartes! Él intensifica esta noción diciendo que el mundo animal está vacío de contenidos, que los animales son robots. El famoso mecanicismo filosófico.

Y deshacerse de esa herencia lleva mucho tiempo.

Sí, y también implica un ejercicio de reflexión que a lo que nos conduce es a decir: es verdad, hemos hecho daño, pero es que no podíamos haberlo hecho de otra manera. El dominio de la naturaleza no era una opción, era algo que el ser humano tenía que hacer para poder sobrevivir y para garantizar unas condiciones de vida razonables. Por eso creo que la protección del medio ambiente es un lujo que uno puede asumir cuando las necesidades principales han sido atendidas. Y por necesidades principales entiendo el conseguir un desarrollo económico que permita relajarse, que permita poder pensar en otras cosas.

Pero, en cualquier caso, ahora ya sí sabemos lo que hacemos. O las consecuencias que tiene aquello que hacemos.

Ahora sí. Antes no lo sabíamos pero ahora lo sabemos, o por lo menos empezamos a saberlo. Por lo tanto, vamos a pensar si no deberíamos hacer algunos cambios al respecto.

Así terminas el libro: diciendo que ahora que ya sabemos lo que hay conviene ponerse manos a la obra. Es decir, que te alejas de quienes piensan que la humanidad ni pincha ni corta y que, por lo tanto, no hay nada que hacer respecto al cambio climático y cuestiones parecidas. Pero también te distancias de quienes piensan que hay que intentar revertir el proceso a toda costa, antes de que sea demasiado tarde. Propones un camino alternativo.

Lo primero que hay que tener en cuenta es lo siguiente: el planeta Tierra ha cambiado muchas veces a lo largo de su existencia, a veces de forma extremadamente violenta. En el libro hago un recorrido por la historia planetaria en el que nuestra insignificancia queda demostrada. Un dato: el 90% de las especies que han existido desde el principio de los tiempos han dejado de existir. Es más, tenemos constancia de cinco extinciones masivas en las que el hombre no ha tenido nada que ver. Por tanto, se podría argumentar lo que ya dijo Sloterdijk: que la biología es tanatología. Pero también hay que escuchar a los autores que advierten contra la desestabilización del planeta que estaríamos provocando nosotros, la especie humana. A quienes dicen que estamos haciendo desaparecer las condiciones benignas del Holoceno y luego –en el Antropoceno– a ver qué nos encontramos. Estos autores son interesantes porque si el cambio climático se dispara las condiciones de habitabilidad del planeta se verán seriamente comprometidas.

¿Entonces qué crees que hay que hacer?

Antes de nada, hay que pensar en un horizonte temporal razonable. A mí me cuesta mucho conectar intelectual, psicológica y afectivamente con lo que pasó hace 536 millones de años. La cifra está bien para recordarnos que somos una anécdota, pero aquí de lo que se trata es de modificar ciertos hábitos y ciertos comportamientos en las relaciones socionaturales que nos permitan vivir bien durante el próximo milenio.

¿Eso no es lo que piden los partidarios del decrecimiento para intentar frenar el cambio climático?

El problema del cambio climático, como he dicho antes, es que es un debate fuertemente ideologizado. El escepticismo negacionista del que hablabas antes –los que piensan que la humanidad no tiene ni voz ni voto en esto– surge como respuesta al ecologismo radical de los años 60 que defendía desmantelar el sistema capitalista como la gran solución a todo. Para el ecologismo radical el cambio climático no es el protagonista, el protagonista es el capitalismo y el cambio climático sería entonces la herramienta con la que destruirlo. Frente a eso reaccionan desde el otro extremo ideológico diciendo que menuda estupidez y que lo único que quieren los ecologistas radicales es acabar con el capitalismo, y que como no saben cómo hacerlo pues recurren al cambio climático; ergo el cambio climático es mentira. Francamente, ambos extremos me parecen desaconsejables. Lo que pasa es que son los que más llaman la atención en un debate público tan polarizado como el actual.

Pero el cambio climático no es una opinión.

No, claro que no. Es una conclusión científica basada en el aumento de las temperaturas. Es verdad que en el pasado han existido fluctuaciones naturales del clima y que no se puede descartar totalmente que estemos ante un suceso similar. Es decir, que la culpabilidad del ser humano no es indiscutible. ¿Qué pasa? Pues que sí es muy probable por motivos que los paleoclimatólogos te explican al trazar un paralelismo entre los niveles de dióxido de carbono que circulan en la atmósfera y el aumento de las temperaturas. En todo caso, existe un cambio climático. ¿Que haya sido causado por el hombre es una hipótesis? Técnicamente sigue siendo una hipótesis. Lo que pasa es que es una hipótesis con altísimas probabilidades de ser cierta. Por eso no tiene sentido partir de su negación. No podemos seguir discutiendo si existe o no el cambio climático. Existe, claro que existe. Y como parece razonable esperar que la causa sea el ser humano y sus múltiples actividades, sería un error no hacer nada confiando en que sea lo contrario. Hay que hacer una apuesta a la manera de Pascal. Si apuesto que no existe, o que sí existe pero que el ser humano no puede hacer nada al respecto, y luego resulta que sí podía, pierdo la apuesta. Si resulta que hago algo y resulta que puedo hacer algo, gano la apuesta. Y si resulta que hago algo pese a que no sirve de nada hacerlo porque no depende de mí, bueno, tampoco he perdido nada.

Como invitar a alguien que te gusta a tomar un café. El “no” ya lo tienes.

¡Exacto! El “no” ya lo tienes. Así que lánzate, prueba. O ganas o, en el peor de los casos, te quedas como estabas.

Manuel Arias Maldonado: “La humanidad tiene que ser indulgente consigo misma” 2
Manuel Arias Maldonado en las oficinas de Penguin Random House. | Foto: Borja Bauzá.

Pero regresando a los partidarios del decrecimiento. En lo fundamental –que hay que hacer algo– estáis de acuerdo. ¿Qué te chirría de su postura?

Las teorías que defienden el decrecimiento sostienen que el único curso de acción pasa por desmantelar la sociedad tal y como la conocemos. Primero, esa es una reacción desproporcionada. Y segundo: no vas a encontrar apoyo electoral en ningún sitio.

Pero los partidarios del decrecimiento sostienen que se nos acaba el tiempo y que hay que pisar el freno de inmediato. ¿Tú ves margen de maniobra?

Vamos a ver. ¿Tenemos una cantidad finita de recursos? Sí. Pero frente al pesimismo que dice que cuando se acaben esos recursos se han acabado y ya está, yo me pregunto: ¿por qué no vamos a poder ingeniárnoslas para multiplicar la productividad de esos recursos? ¿Quién te iba a decir a ti que el grafeno iba a ser utilizado para la tecnología? ¿Y cuántos años llevamos escuchando que el petróleo se va a terminar y no se termina? Sí, quizá se termine algún día, pero es posible que para entonces ya tengamos alternativas. La capacidad del ser humano para encontrar soluciones tecnológicas está suficientemente probada.

Es una postura esperanzadora. Sin embargo, el panorama actual –las renovables que no terminan de despegar, la crisis de las nucleares en Alemania, Donald Trump y su política medioambiental– invita a muchos decrecentistas a plantearse medidas drásticas. ¿A ti ese horizonte plagado de baches no te invita al pesimismo?

Invita al realismo. Una forma muy fácil de responder a esa objeción del horizonte plagado de baches es que el propio decrecimiento se encontraría con deficiencias en su aplicación práctica que dejarían en entredicho el ideal en el que se basa. Me estoy refiriendo, concretamente, a la ecotopía: ese sistema basado en pequeñas comunidades en el que todos viajaríamos menos, comerciaríamos menos y en el que nuestra convivencia con el medio ambiente sería mucho más armónica.

Un regreso al Paleolítico.

Ahí tienes a John Cerzan, que defiende que nunca hemos estado tan bien como en el Paleolítico. O al propio Yuval Noah Harari, que dice que la Revolución Neolítica fue un desastre para la humanidad. Pero no, no llega hasta ese extremo.

Lo que defienden quienes defienden la ecotopía es lo mismo que ya predicaba el socialismo primitivo del XVIII: una utopía romántica, de tintes rousseaunianos, que sobre el papel puede ser muy atractiva pero que en la práctica daría muchísimos problemas. Como digo, esa es la primera objeción que se le puede plantear al ideal decrecentista.

Una segunda objeción sería la cola de gente –sociedades enteras– que está esperando su turno para entrar a formar parte de la era del progreso y del desarrollo. Negarles esa posibilidad sería injusto. ¡Imagínate! Los occidentales hemos impuesto primero un paraíso tecnológico y ahora queremos pulirlo de un plumazo y apostar por la ecotopía.

En tercer lugar, no hay campaña política que pueda sostener una promesa electoral basada en tener menos y vivir peor. Es imposible. El propio fracaso político del ecologismo en su vertiente más catastrofista así lo atestigua. Lo que pasa es que es un discurso atractivo, a todos nos gusta leer sobre eso y Naomi Klein vende muchos libros. Pero en la práctica se estrella.

Hombre, puede haber elementos concretos de esa propuesta que sean viables. Tratar mejor a los animales, por ejemplo.

No creo que el decrecimiento tenga demasiado que ver con la política animalista. Es uno de los problemas que ha causado esa ideologización que te decía antes: convertir temas que no tienen ideología en posturas ideológicas. ¿O es que la simpatía hacia los animales es patrimonio exclusivo del votante del Partido Verde? ¿A los conservadores no les gusta un paisaje bonito? Es absurdo.

El ser humano no destruye la naturaleza o maltrata a los animales porque así lo desee; es un efecto colateral de otras cosas que va haciendo. Pero claro que hay que concienciar contra el maltrato animal y, en la medida de lo posible, evitar que determinadas tribus africanas piensen que los cuernos de rinoceronte tienen virtudes medicinales.

Lo que en el libro defines como Ilustración Ecológica.

Eso es. Y por lo tanto no entiendo que determinados temas tengan que estar ideologizados. Politizados claro que sí, porque deben estar en la agenda pública para que, entre todos, podamos plantear soluciones. Preservando, y esto es importante, los valores tradicionales de la sociedad liberal. No me refiero a la posición ultra liberal según la cual el crecimiento económico es un fin en sí mismo. A eso tampoco le encuentro demasiado sentido y John Stuart Mills estaría de acuerdo conmigo. Pero hay ciertos valores que deberíamos querer preservar, y que son básicamente la libertad, la autonomía y la igualdad, al tiempo que garantizamos unas condiciones materiales adecuadas para la humanidad. En este contexto el crecimiento económico es un medio, no un fin.

En el libro propones un sistema basado en la gobernanza global. Luego, en paralelo, estaría el debate público. Corrígeme si me equivoco, pero la sensación que transmite esa propuesta es que los líderes políticos podrían llegar a imponer el sacrificio de algunas comodidades personales en nombre del bien común. ¿Es así?

Es así. De todos modos, y antes de contestar, permíteme un matiz: conviene tener en cuenta que la sociedad tiene capacidad para auto-organizarse y que no todo tiene por qué estar legislado. En eso los liberales siempre han tenido razón. Te pongo un ejemplo: el desarrollo económico trae consigo una corrección de la maternidad en las sociedades pobres. Es decir, que la gente pasa a tener menos hijos. Y eso es positivo para el planeta. Por ahora solo África escapa a esta tendencia, pero en Asia, Europa y Latinoamérica la natalidad va a la baja. Seguirá creciendo durante algunas décadas, pero ya se vislumbra lo que los norteamericanos llaman el peak child, momento a partir del cual empezará a descender.

Y respondiendo a tu pregunta, lo que es innegable es que el Antropoceno es un efecto de especie; es la suma de muchísimas acciones individuales a lo largo del tiempo lo que provoca determinados efectos globales. Es decir: tenemos que ser conscientes de que nuestras acciones individuales, íntimas incluso, tienen una vida privada y una vida pública. Ducharse con agua caliente, tener hijos o conducir un coche es una acción privada. En un marco liberal, nadie debería pedirle cuentas a nadie por ello. ¿Qué pasa? Pues que si sumas todas las duchas calientes del mundo o todos los coches del mundo tienes un efecto global. Se convierte en un problema colectivo.

Entonces la pregunta sería: ¿podemos democratizar el Antropoceno?

Me lo pregunto constantemente. Existe un problema: la distancia entre magnitud del objeto –el cambio climático, por seguir con el mismo ejemplo– y la idea de unos individuos que deliberan y votan en su pequeño país. Por eso cualquier política climática debe ser geopolítica, global. Eso no quiere decir que las acciones locales no tengan importancia. La tienen. Pero es un asunto que requiere una perspectiva global. Y con esto vuelvo a tu pregunta anterior: someter a una votación ordinaria nuestras condiciones de supervivencia me parece una incongruencia.

El Antropoceno tiene dos dimensiones. La primera dimensión es la deseable; en qué sociedad queremos vivir refinando nuestras relaciones con el medio ambiente. La segunda dimensión es la indiscutible; qué sociedad necesitamos para sobrevivir. ¿Hay que cerrar la capa de ozono? Hay que cerrar la capa de ozono. ¿Podemos seguir utilizando los clorofluorocarbonos? No podemos seguir utilizando los clorofluorocarbonos. Así es como surge el Protocolo de Montreal, pensado para restringir un tipo de actividad que descubrimos en un momento dado que es dañina para el medio ambiente y que, además, compromete la habitabilidad del planeta.

El Protocolo de Montreal representaría, por tanto, la gobernanza global que defiendes. Sin embargo, lo establecido por el Protocolo de Montreal no sentó bien a todo el mundo.

Siempre habrá personas con intereses, o que sencillamente están acostumbradas a un modo de vida, que no toleran bien los cambios que les van a afectar en lo personal. Por eso protestan. Pero el tiempo ha dado la razón al Protocolo de Montreal. Lo que yo planteo es que tiene que haber una dimensión de la política climática sujeta a la gobernanza global; agencias medioambientales internacionales con representantes de los distintos gobiernos, por ejemplo, que aseguren que ciertos límites planetarios como la temperatura o la desertización no traspasan determinados umbrales. Una vez tengamos esos mínimos garantizados, podemos hablar de lo deseable. Es decir: podremos debatir sobre cómo queremos que sean nuestros entornos urbanos, qué queremos comer, cómo queremos que se trate a los animales que nos comemos, cuántos paisajes hay que preservar, cuánta naturaleza queremos conservar más allá de la que necesitamos conservar, etcétera. Pero sin supervivencia no hay deseabilidad que valga y por eso la voz de los expertos es fundamental. Y a veces ésta tendrá que comunicarse directamente con los organismos internacionales, al margen del debate público.

En el libro arrojas un dato curioso: dentro de unas décadas el 70% de la población mundial vivirá en ciudades. También dices, al respecto, que esto es una buena noticia para el planeta. ¿Qué lectura haces de la nostalgia hacia el mundo rural que parece recorrer la sociedad española?

La nostalgia por la vida en el campo, que muchos asocian a una vida más sencilla, es un clásico del pensamiento occidental y probablemente responda al subconsciente colectivo de una especie que viene de la sabana. Es, también, una expresión de nuestro disgusto ante las dificultades que presenta la vida urbana. Pero si tan bien se viviese en el campo, el campo no estaría quedándose sin gente. Esta contradicción me invita a pensar que estamos ante un anhelo más que ante una preferencia meditada. Por otra parte, yo siempre hago mucho énfasis en no asociar lo natural con lo natural-salvaje, o lo que los norteamericanos llaman wilderness. La naturaleza también se encuentra en las ciudades.

En Nueva York me sorprendió encontrar grupos de observadores de aves –birdwatching, como dicen allí– en Prospect Park, el parque gigantesco que tienen en el corazón de Brooklyn.

¡Y en el libro cito un paper sobre un grupo de observadores de aves en Filadelfia! Pero es que es verdad: si queremos seguir manteniendo la idea de naturaleza en nuestras vidas, y si queremos cuidarla, es necesario que no pensemos que la naturaleza se encuentra al margen de la sociedad. Lo que tenemos fuera de las ciudades será, en todo caso, naturaleza de otro tipo. El wilderness que comentaba antes.

Volviendo al despoblamiento del campo. ¿Es realmente tan positivo?

Abre ciertas oportunidades. Y es una gran noticia para aquellos ecólogos que defienden la necesidad de crear corredores continentales entre zonas naturales en los que no exista intervención del hombre; corredores que permitan a las especies vivir y transitar libremente. Edward Wilson, por ejemplo, sostiene que la mitad del planeta debería estar dedicado a este fin; no dice que haya que partir el globo en dos, sino que es menester crear una reserva natural cuya superficie equivalga a la mitad del planeta. Puede parecer una idea descabellada, pero no imposible dado el ritmo de urbanización al que vamos. El debate público va muy desencaminado: existe la impresión de que la humanidad no hace más que crecer cuando en realidad no es así. El otro día leí que Japón va a pasar de 126 millones de habitantes a 85 millones en los próximos 50 años. ¡El peak child! Esa reducción de la población y ese agrupamiento de seres humanos en contextos urbanos tiene virtudes ecológicas porque facilita la creación de espacios donde la naturaleza se recupera gracias a la ausencia del ser humano.

Termino. Argumentas que a más modernidad más posibilidades de que el Antropoceno resulte una buena época en lugar de una era plagada de catástrofes. ¿A qué te refieres con más modernidad?

Sobre todo, a la innovación tecnológica destinada a lidiar con asuntos climáticos. Lo que se conoce como “ingeniería del clima”, aunque personalmente no me sitúo en esa posición tan radical que argumenta que esa es la única opción capaz de contener y reducir el cambio climático. La tecnología es imprescindible, sobre todo aquellas iniciativas como la biomímesis –la imitación de determinados procesos naturales– que no caen en extravagancias como la de reducir nuestro tamaño para reducir, a su vez, nuestra huella ecológica. Pero no basta con la tecnología. Se requiere una perspectiva política, porque sin riqueza no vamos a ser sostenibles, y también el convencimiento de que no se puede entender el medio ambiente y la sociedad como figuras antagónicas, sino como parte del mismo entramado. El entramado socionatural.

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¿Cuál de estas imágenes debería ganar el World Press Photo 2018?

Bea Guillén Torres

El 3 de mayo de 2017, el fotógrafo venezolano Ronaldo Schemidt captó una de las imágenes más icónicas de la violencia policial en Venezuela. Era José Víctor Salazar Balza, de 28 años, envuelto en llamas. Ahora esa fotografía ha sido elegida por el World Press Photo de 2018 como una de las imágenes del año, junto a otras cinco. La ganadora se conocerá el 12 de abril en una ceremonia en Amsterdam. Schemidt es uno de los nominados al premio principal que incluye, además del prestigioso reconocimiento, 10.000 euros y un equipo de material fotográfico.

En esta edición se han presentado más de 73.000 imágenes de fotógrafos de 125 países. Para elegir a las seis imágenes finalistas, el jurado ha valorado que traten acontecimientos de actualidad y que supongan una nueva forma de contar historias. “Con una foto World Press Photo tienes que sentir un puñetazo en tu estómago“, dijo Thomas Borberg, miembro del jurado y jefe de fotografía del periódico danés Politiken.

Eso es lo que ocurre con la imagen de Schemidt, fotógrafo de AFP. “Es una imagen simbólica. El hombre en llamas lleva una máscara en la cara. No se representa a sí mismo. Representa cómo está quemándose Venezuela“, consideraron los miembros del jurado. La fotografía muestra a un protestante contra Maduro, después de incendiar una moto abandonada de la Guardia Nacional, atrapado por el fuego de la explosión del vehículo.

El fotógrafo Ronaldo Schemidt cubriendo las protestas de Caracas. | Foto: CRISTIAN HERNANDEZ / AFP

“Yo estaba muy, muy cerca y de espaldas. Solo sentí la explosión, el calor en mi espalda. Reaccioné volteándome rápidamente. Tenía mi cámara colgada en el hombro derecho, la levanté y disparé y no paré de disparar en la bola de fuego. En ese momento no sabía qué estaba sucediendo realmente. Todo se desarrolló en pocos segundos, no más de cinco. Cuando revisé mi cámara, sentí impresión cuando vi las fotos, por el muchacho, por el accidente, por el nivel de violencia al que había escalado el conflicto”, cuenta Schemidt a The Objective.

“El muchacho fue rápidamente ayudado por sus compañeros y luego por los paramédicos, que lo enviaron a un hospital”, recuerda Schemidt. Se recuperó físicamente de las quemaduras, después de una intensa rehabilitación, pero en un país desabastecido de medicamentos aún sufre las dificultades de la recuperación.

El fotógrafo venezolano recuerda esta imagen como una de las más duras que ha tomado. “Otras coberturas también me han marcado, como el incendio de una guardería en México, donde murieron más de 50 niños quemados”, cuenta. Respecto al debate sobre la responsabilidad de los fotógrafos cuando presencian este tipo de escenas, Schemidt tiene clara su posición: “Creo que la verdadera ayuda es hacer nuestro trabajo, estar presentes y hacer fotos de las historias que aquejan a las sociedades, darles visibilidad. Gracias a muchas fotos fuertes, terribles, que la gente preferiría no ver, se han denunciado tragedias, se han cambiado historias“.

Las otras imágenes que compiten por el World Press Photo son:

Boko Haram les ató bombas suicidas. De alguna manera estas adolescentes sobrevivieron”, así tituló el fotógrafo freelance Adam Ferguson esta imagen. Vemos unas cortinas azules, veladas por la luz de fuera. Vemos unas paredes y en el centro de ellas, ella. Aisha, una niña de 14 años fue secuestrada por Boko Haram y asignada, obligada, forzada a una misión suicida. No vemos sus ojos, ni su rostro. Pero sabemos su historia. De alguna manera consiguió escapar y pedir ayuda. Nunca detonó las bombas. “Se nota que el fotógrafo tuvo una gran conexión con la niña. Es como una Mona Lisa”, dijo el jurado para elegir como candidata. “No hay sangre, no hay violencia, no hay fuego, pero no lo necesita para transmitir el mensaje”.

En una Europa conmocionada por los continuos ataques yihadistas, el puente de Westminster en Londres se convirtió el 22 de marzo en un nuevo escenario del pánico. A las 14:40 horas, un vehículo irrumpió en la acera que une el palacio de Westminster y el Big Ben con el otro lado del Tamésis. Una de las zona más concurridas y turísticas de Londres. Khalid Masood atropelló a decenas de personas y después estrelló su coche contra las vallas que rodean el palacio de Westminster. Esta fotografía de Toby Melville para Reuters es una de las imágenes que inmortalizó el caos. Una mujer socorre a otra, mientras los heridos y los muertos siguen en las aceras. En el ataque fallecieron seis personas: cuatro peatones, un guardia que vigilaba el palacio y el propio Masood. “Es la fotografía de noticias perfecta, es capaz de contar al mundo lo que está ocurriendo en ese momento. Describe el terrorismo, el miedo, la confusión, pero también las relaciones humanas. Los ojos de la víctima miran directamente a la cámara, te miran a ti como observador, te confronta con la persona que fue atacada directamente. Ella te está mirando a ti”, consideró el jurado para elegirla.

El drama, la tristeza, la decepción humana. Eso es lo que representa “la crisis de los rohingya”, inmortalizada por Patrick Brown. Los cuerpos sin vida de niños refugiados que se ahogaron cuando trataban de escapar de la limpieza étnica, las violaciones, las torturas, la destrucción que el ejército birmano estaba —y está— ejerciendo sobre esta minoría musulmana. Se ahogaron donde se han ahogado miles de ellos. En la playa de Inani, cerca de Cox’s Bazar, ya en Bangladesh. Cruzan con barcas tan precarias que solo esa noche, explica Brown, de las 100 personas que iban en la embarcación sobrevivieron 17. La imagen fue tomada en septiembre de 2017 y utilizada por Unicef para tratar de concienciar sobre la catástrofe. “Esta foto es capaz de contar lo que supone la muerte de niños. Es algo muy difícil de conseguir. Y él lo hizo”, consideró el jurado.

Estas dos fotografías candidatas pertenecen al mismo fotógrafo: Ivor Prickett. Ambas pertenecen a la batalla de Mosul. Están tomadas con unos meses de diferencia. La primera es en marzo. Muestra a dos filas de civiles, divididos por sexos. “Muestra a los que no tienen voz. A veces, nosotros somos su voz y tenemos que hacer nuestro trabajo. El mundo se está cayendo y ahí está esa niña que tiene, esperas, toda la vida delante de ella. Tú te sientes vinculado con esa niña pequeña. Eso es lo que la hace poderosa“, concluyó el jurado.

La siguiente fotografía es todavía más poderosa: un grupo de soldados iraquíes rescata a un niño entro los escombros de una zona tomada por el ISIS. “Es una historia sobre la vida, sobre la muerte, sobre el dolor. El soldado que lo rescató fue el mismo que luego lo adoptó. Puedes ver la esperanza. Esta foto tiene que afectarte”, dijeron los miembros del jurado.

La foto ganadora del año pasado la captó Burhan Ozbilici, fotógrafo turco que captó el momento después de que el embajador ruso Andrey Karlov fuera asesinado en una galería de arte en Ankara (Turquía), el 19 de diciembre de 2016. Karlov fue asesinado por un oficial de la policía turca fuera de servicio, Mevlüt Mert Altıntas, que gritó justo en el que Ozbilici disparó su cámara: “Allahu akbar. No olvides a Aleppo. No te olvides de Siria”. 

¿Cuál de estas imágenes debería ganar el World Press Photo 2018? 6

Además de la fotografía del año, hay ocho categorías más: gente, naturaleza, proyectos a largo plazo, noticias generales, medio ambiente (incluida este año), asuntos contemporáneos, deportes y cobertura de deportes. Y hay seis fotografías —excepto en proyectos largos que hay únicamente tres—nominadas por cada categoría. De los 42 fotógrafos nominados, 15 han ganado ya premios anteriores de World Press Photo. Estas son algunas de las fotografías nominadas:

Musulmanes rohingya huyen de las limpiezas étnicas del ejército birmano. Imagen nominada en la categoría de Noticias Generales. | Foto: Kevin Frayer/World Press Photo 2010/Getty Images

Un joven rinoceronte blanco, drogado y con los ojos vendados, a punto de ser liberado en el delta del Okavango, Botswana, después de su traslado desde Sudáfrica para protegerse de los cazadores furtivos. Imagen nominada en la categoría de Medio Ambiente. | Foto: Neil Aldridge/Wild Press Photo

Un hombre lleva basura sobre sus hombros en Lados Nigeria. Imagen nominada en la categoría de medio ambiente. | Foto: Kadir van Lohuizen/World Press Photo 2018

La práctica del planchado de mamas para niñas en Camerún se lleva a cabo con la creencia de que esto retrasará la madurez y ayudará a prevenir las violaciones. Imagen nominada en la categoría de asuntos contemporáneos. | Foto: Heba Khamis/World Press Photo

Preparan a una cría de elefante huérfana y abandonada para rehabilitarla y devolverla a la naturaleza, en el santuario de elefantes Reteti. Nominada en la categoría de Naturaleza. | Foto: Ami Vitale/World Press Photo

El jurado está formado por nueve mujeres y ocho hombres, pero los seis finalistas para ganar el premios a la imagen del año son todos hombres. Durante el proceso de elección de las fotos finalistas, los jueces en ningún momento conocen quienes son los autores. Aun así, Magdalena Herrera, la presidenta del jurado, asegura que no hubiera supuesto ninguna diferencia: “No podemos elegir según si es una mujer o hombre, elegimos porque es una imagen potente y emocionante”.

“Me hubiera gustado que hubiera más mujeres en las categorías de noticias, porque siempre es importante tener diferentes puntos de vista en las coberturas”, dijo Herrera a The New York Times. Solo el 16% de las personas que se presentaron al premio fueron por mujeres. “Me decepcionó que fueran solo hubiera un 1% más de mujeres solicitantes que el año anterior, porque tratamos este tema como una prioridad y nos asociamos con organizaciones de mujeres fotógrafas y periodistas”, dijo Lars Boering, director general de World Press Photo Foundation.

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Vandana Shiva: “Corporaciones como Monsanto corrompen a los Gobiernos"

Beatriz García

Foto: Cortesía Capitán Swing

¿Qué sabemos de los alimentos que comemos? Una pregunta cuya respuesta puede provocar mucho más que un dolor de tripas. Cada año mueren 222.000 personas en todo el mundo envenenados por los pesticidas, según la OMS. Las mismas sustancias químicas que se emplearon en guerras, como el Agente Naranja en Vietnam, se utilizan hoy para acabar con las plagas, y de paso con todo el planeta.

Así lo asegura la doctora en Física y activista medioambiental Vandana Shiva en el libro ‘¿Quién alimenta realmente al mundo?’ (Capitán Swing), donde urge a un nuevo modelo de agricultura más sostenible y local, en el que la mujer vuelva a tener un papel central. Asimismo, la activista india, que se ha convertido en el azote de las multinacionales, responsabiliza a la multinacional Monsanto de los suicidios de 300.000 agricultores en la India por el pago de patentes de semillas modificadas genéticamente.

¿Puede algo tan pequeño como una semilla haberse convertido en un arma de destrucción, enfermedad y hambruna? ¿Qué estamos sembrando en realidad?

Vandana Shiva: “Corporaciones como Monsanto corrompen a los Gobiernos"

Ha asesorado a muchos Gobiernos, entre ellos al del expresidente  Zapatero. ¿Cuál es el error más común que cometen?

La falta de respeto para las constituciones y leyes que se han escrito desde una sociedad democrática, porque se convierten en los esclavos del 1% de la sociedad y utilizan su dinero para financiar las campañas electorales. ¡Qué digo 1%! Quienes están robando nuestra economía y lo controlan absolutamente todo son muchísimos menos, el 000,1% de la sociedad. Quieren destruir la naturaleza quedándose todos los recursos, además de poseer las nuevas tecnologías. Si no fíjese en Trump, que es el primer presidente de la Inteligencia Artificial. Sus interacciones en Facebook se vendieron a compañías de algoritmos como Cambridge Analytics, que compilaron toda esta información y detectaron cuatro tipos de lenguaje de odio: el odio hacia las mujeres, hacia los negros, los musulmanes y los inmigrantes en general. ¡La IA y las redes sociales son el capital de un hombre que no tiene ningún tipo de experiencia política y gobierna el que dicen que es el país más poderoso del mundo! La piratería de los procesos democráticos es la nueva amenaza que tenemos en el futuro y han conseguido que una sociedad tan diversa como la nuestra se base únicamente en el miedo y el odio. Y los políticos siguen impulsando este sistema… Primero fue Estados Unidos y ahora está llegando a Europa, donde en Austria ya hay un presidente del odio y veremos cómo van a aparecer otras personas desconocidas que llegarán a la política con este tipo de mensajes. Debemos salir de este círculo vicioso y apostar por la humanidad y la diversidad para crear un futuro.

¿Ha recibido amenazas por su activismo?

Sí, recibí amenazas directas de Monsanto cuando los denuncié. Monsanto es la compañía más importante del mundo de semillas, pero no tenía nada que ver con ellas hace 20 años. No han creado ninguna semilla, lo que han hecho es modificarlas genéticamente y por eso dicen que las han inventado y compran todas las patentes. Ellos mismos son los que escribieron el acuerdo con la Organización Mundial del Comercio (OMC) para tener su monopolio, pero en 1991 hubo una revisión y empecé a trabajar en el Parlamento para que no se permitieran estas patentes. Una semilla no es una invención ni una máquina, sino una expresión regulada de un sistema vivo que se reproduce, se multiplica y se adapta. Cada vez que me interpongo en el camino de Monsanto recibo amenazas, pero lo relevante para todos es que esta nueva economía que dirige un 1% quiere poseer nuestros recursos y nuestras mentes, y lo siguiente será que nos digan qué tenemos que pensar. Pero tienen miedo, porque no puedes enfrentarte al 99% del mundo y no tener miedo, y ese miedo es el que genera los sistemas de vigilancia.
Lo que he aprendido en esta vida es que las plantas se autorregulan solas, si las sometes a químicos ocurre lo que en Estados Unidos, que la mitad de sus campos están cubiertos de superhierbas. Lo que busca ese 1% es el control de la política y de la democracia representativa a través de mensajes falsos como los de Trump. Tenemos que recuperar la capacidad de pensar por nosotros mismos y nuestra libertad.

Quizás quien mejor lo comprende es quien lo ha padecido ya. Me refiero a la revolución verde del Punjab, que usted investigó en los años 80, y esa segunda revolución verde de los transgénicos. ¿Con la violencia se siembra?

Se dice que la revolución verde empezó en Punjab, pero no fue una revolución, lo que se hizo fue introducir productos químicos en la agricultura por una imposición de los Estados Unidos y el Banco Mundial. Sí, el presidente Johnson, la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford forzaron a la India para que aceptase la introducción de químicos cuando el país era próspero. Yo me licencié en Ciencias Físicas en Punjab en 1973 y hacia el final de la década había mucha violencia. Entonces la revolución verde recibió un Premio Nobel con el argumento de que era lo que traería la prosperidad pero, ¿sabe lo que querían? Lo que no querían, en realidad, es que India fuese hacia el ‘rojo’ de China, ese era su gran temor, y el color verde no tiene nada que ver con la ecología. No había ningún movimiento ecológico detrás, simplemente un color distinto. Y recibieron un Nobel de la Paz cuando en Punjab había una guerra, en una tierra en la que murieron 30.000 personas por culpa de esos movimientos. Entonces me empecé a preguntar qué era lo que había pasado, por qué la gente estaba en contra. Los agricultores me dijeron en una reunión: “Si no podemos decidir qué cultivamos –porque les forzaban a cultivar arroz y trigo-, ni tampoco cómo lo hacemos y nos obligan a utilizar químicos, si ni siquiera podemos decidir el precio de venta, estamos en un modelo de esclavos”.

Pero la violencia de los transgénicos la encontramos a muchos más niveles: Todos los sistemas vivos se autorregulan y las semillas también, y una de las primeras violencias es reducirlo todo a un gen; no puedes decir que has creado una planta por haber modificado un gen. En India las leyes no permiten crear patentes para las semillas, pero Monsanto continua pidiendo regalías a los agricultores y ellos no tienen dinero. Les dicen que si firman un papel serán multimillonarios, pero el documento lo que dice en realidad es que la tierra será de la corporación si no pagan, y cuando pasan un par de años se acaban quedando con su tierra y el agricultor se suicida porque no puede pagar. Ya se han suicidado 300.000 agricultores en India por culpa de Monsanto.

Cuando asesoré a Zapatero hubo una época en que el Ministerio de Medioambiente no podía tomar sus propias decisiones porque estaban manipulados por la industria de los transgénicos.

Otra forma de violencia es la que se ejerce contra la naturaleza. Las corporaciones decían que iban a hacer milagros, como cultivar alimentos en el Sáhara, pero lo que tenemos son cultivos BT, que contienen pesticidas que matan a los insectos polinizadores de las plantas. Ya han matado al 66% de los organismos que vivían en las tierras algodoneras; también han matado abejas y han surgido patógenos en la comida de los animales, también los pájaros empiezan a morir. En Argentina hay bebés que tienen diez veces más cáncer que antes, y en Honduras y Sri Lanka ocurre lo mismo con los trastornos de hígado. No solo se destruye el planeta, sino también la salud.

¿Por qué si la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que los transgénicos son perjudiciales sigue produciéndolos Monsanto? Han destruido a todos mis amigos científicos que trabajaban para el Gobierno, les han robado las tierras. Se han cargado todas las instituciones científicas y esa es la mayor de las violencias, la que atenta contra la ciencia y la democracia.

Nuestras estructuras están diseñadas para proteger la salud y el medioambiente, pero Monsanto corrompe a los Gobiernos. Cuando asesoré a Zapatero hubo una época en que el Ministerio de Medioambiente no podía tomar sus propias decisiones porque estaban manipulados por la industria de los transgénicos.

Dice en el libro que las agroquímicas trajeron la guerra a los campos, que los productos que se utilizaron primero para matar personas, como el Agente Naranja en Vietnam, se usaron luego como pesticidas. ¿Acaban con las plagas o ellos mismos son ‘la plaga’?

La industria de los pesticidas dice que todos los insectos deben ser exterminados, pero la naturaleza es capaz de controlar las plagas a través de la diversidad sin necesidad de químicos. Si planto nueve cultivos distintos, esas diferentes plantas alimentarán a los diversos insectos y mantendrán el equilibrio ante los depredadores. Lo que significa que un insecto no se convertía en plaga porque se controlaban entre ellos. Cuando devolvemos materia orgánica al suelo y reciclamos semillas, las plantas tienen más resistencia a una plaga.

Hemos realizado muchos estudios y prueban que si empleas fertilizantes químicos la planta tienen más agua y las plagas pueden atacar, se generan mayores plagas en tanto la materia orgánica las reduce. En segundo lugar, las plantas tienen un mecanismo de control de plagas que consiste en que cuando un insecto ataca a una de ellas, suelta una sustancia que afecta a las demás plantas, es decir, construye su inmunidad. Porque son inteligentes, tienen sobrada resistencia a las plagas. Y ocurre al contrario con los pesticidas y el veneno que tienen los transgénicos, las plantas se vuelven vulnerables y las plagas se hacen más resistentes y se incrementan.

Sostiene que, al contrario de lo que nos hacen creer, no son la agricultura industrial ni las grandes corporaciones con sus monocultivos las que alimentan el mundo, sino las mujeres. ¿Por qué es tan importante su papel como agricultoras?

Las mujeres fuimos las primeras científicas agrícolas antes de que la división del trabajo acabase dando lugar a la agricultura del colonialismo, de los bienes de consumo y las grandes producciones, que quedaron en manos de los hombres y hoy se considera la única agricultura. Y de esa forma la agricultura de las mujeres quedó en el ámbito de lo invisible; de hecho, ellas mismas fueron invisibilizadas. Pero es en estas pequeñas granjas gestionadas por mujeres con conocimientos reales de lo que es la biodiversidad, de las semillas y de la tierra que trabajan, donde se producen alimentos reales y con valor nutritivo. Y le pondré un ejemplo: He visto como solo en un 5% de la tierra labrada por mujeres nigerianas se producía el 50% del alimento de la región y el resto se dedicaba a la comercialización. Algún día debería ser el modelo agrícola principal en todo el mundo.

¿Existe un vínculo entre la violencia contra la mujer y la violencia ‘sembrada’? Se lo pregunto porque en su libro menciona la proliferación de abortos selectivos en regiones de la India donde abundaban cultivos transgénicos.

En los años 80, cuando estaba realizando un estudio sobre la revolución verde en el Punjab había muchos anuncios sobre la selección del sexo de los niños. Mi hermana, que es médico, fue nombrada por el Gobierno para que formase parte de un comité que iba a redactar leyes para prohibir los abortos selectivos. Llegaba a casa con mapas donde habían asesinado a las mujeres antes de nacer y comprobamos que ocurría en las mismas zonas donde tenía influencia la industria agroquímica. ¿Por qué? Porque en los sistemas agrícolas pequeños la mujer tiene un papel relevante en el trabajo, pero la industria agrícola la sustituye por máquinas y la devalúa como mano de obra. Ya no la necesitan. Pero es incluso peor, porque cuando cultivas para la propia nutrición tienes en cuenta que todos los seres tienen derecho a la vida, lo que no ocurre con la agroeconomía donde solo el comercio tiene valor y el alimento pasa a ser un bien de consumo.

Y al final esta perspectiva de comercialización entra en tu pensamiento y la mujer pasa a ser un sexo que podemos desechar. Una vez una mujer me dijo: “Si puedo elegir el color de mi sari, ¿por qué no puedo hacer lo mismo con el sexo de mi hijo?” Pues bien, hay unos 35 millones de niñas indias que no han podido nacer y en las aldeas que padecieron la revolución verde no hay niñas, tienen que comprarlas del Nepal, de Bangladesh. ¡Ahora se comercializan las niñas! Son círculos viciosos que no paran de reproducirse.

Usted fue una de las principales promotoras de la creación de bancos de semillas en la India y la preservación de la biodiversidad y la agroecología. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos para crear comunidades alimentarias?

En cualquier lugar donde se puedan cultivar alimentos debería hacerse. Fíjate en la cantidad de alimentos que importamos de otros países cuando podríamos cultivar en lugares comunes, en las ciudades, incluso en balcones. Todas las ciudades deberían tener su propia adaptación. Puedes escoger entre alimentarte con tóxicos e importar o cultivar alimentos de forma localizada, en tu ciudad.

Creo que el urbanismo debería integrar la planificación de alimentación, incluyendo los mercados, el cultivo de cercanía… Empezar por lo pequeño sin destruir la agricultura y nuestra salud.

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¿Cuáles son los principales riesgos que deben preocupar al mundo?

Alex Gray

Foto: Kyle Grillot
Reuters

Crisis económicas y políticas, ciberataques, el cambio climático, los desastres naturales o las armas nucleares son algunas de las mayores preocupaciones de los ciudadanos de todo el mundo. El informe anual del Foro Económico Mundial demuestra que los líderes mundiales tienen mucho por lo que preocuparse. La extensa red de empresas, gobiernos, sociedad civil y líderes del pensamiento del Foro Económico Mundial ha identificado los mayores riesgos mundiales y aquellos que con mayor probabilidad sucederán en un plazo de 10 años.

Estas son las cinco principales preocupaciones, según el informe Global Risks Report 2018.

Armas de destrucción masiva

El presidente Donald Trump llamó al líder norcoreano “hombre cohete”. El líder norcoreano Kim Jong-un respondió llamándolo “idiota”. Pero esto no era un juego de niños. Podría decirse que su guerra de palabras en 2017 acercó a Estados Unidos y Corea del Norte a una confrontación nuclear.

De hecho, la escalada de riesgos geopolíticos fue una de las tendencias más pronunciadas de 2017, según el informe de este año.

Guerras en Oriente Medio

Otro punto de conflicto potencial es Oriente Medio, donde un número cada vez mayor de fuerzas desestabilizadoras podría conducir a la aparición de nuevos conflictos militares, además de los de Siria y Yemen.

¿Cuáles son los principales riesgos que deben preocupar al mundo? 1

Un hombre sirio anda entre los escombros del barrio de Salaheddine, en Alepo. | Foto: Hassan Ammar/AP

La gran mayoría de los encuestados, el 93%, espera un empeoramiento de las “confrontaciones / fricciones políticas o económicas entre las principales potencias de la región”.

Clima extremo

En un año caracterizado por huracanes de alto impacto, temperaturas extremas y el aumento de las emisiones de CO2, no sorprende que los riesgos ambientales pesen mucho en la mente de los encuestados.

En Estados Unidos, las consecuencias financieras de los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos fueron enormes en 2017. Fue el año más caro del que se tiene registro, con 16 fenómenos meteorológicos y climáticos con pérdidas que superan los 1.000 millones de dólares cada uno.

Desastres naturales

El año pasado también hubo una serie de desastres naturales, como inundaciones, terremotos y deslizamientos de tierra. Estos incluyeron un terremoto de magnitud 7,1 que sacudió a México en septiembre, un alud de lodo que mató al menos a 200 personas en Colombia en abril, y las inundaciones en el sur de Asia en agosto que afectaron a 16 millones de personas.

Fracaso de la mitigación y adaptación al cambio climático

El mundo celebró la firma del Acuerdo de París sobre Cambio Climático, pero la decisión posterior de Estados Unidos de retirarse amenaza el progreso en la limitación del aumento de la temperatura global, especialmente si otros países siguen su ejemplo.

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Las altas temperaturas han causado el deshielo de los glaciares a un ritmo muy acelerado. | Foto: David Goldman/AP

Crisis del agua

La falta de agua limpia no solo daña la salud humana, sino que también puede afectar la actividad económica, provocar conflictos y expulsar a las personas de sus hogares. Los riesgos ambientales han cobrado importancia en los 13 años de historia del Informe Global de Riesgos.

¿Qué riesgos es más probable que sucedan en los próximos 10 años?

Además de analizar los riesgos que tendrán el mayor impacto en el mundo, el informe también pide a los expertos que identifiquen los que es más probable que sucedan. Los encuestados dijeron que el clima extremo, los desastres naturales y el fracaso de la mitigación y la adaptación al cambio climático son los más propensos a ocurrir.

La primera semana de 2018 ya vimos uno de ellos. El centro y el este de China vieron un temporal de fuertes lluvias y nieve, una poderosa tormenta trajo fuertes vientos y fuertes lluvias a Europa, y algunas zonas de Australia registraron olas de intenso calor. Una gran tormenta de invierno golpeó la costa este de los Estados Unidos.

Los encuestados también señalan los ciberataques y el robo de datos como dos de los riesgos más probables de ocurrir. Internet ha transformado muchos aspectos de nuestras vidas, sobre todo para mejor. Pero también es un arma poderosa, permitiendo que cualquier persona, desde un adolescente conocedor de la tecnología hasta una nación, lleve a cabo un ataque cibernético.

Los ataques contra empresas casi se han duplicado en cinco años, y los incidentes que una vez se consideraron extraordinarios se están convirtiendo en algo común, explica el informe.

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La Conferencia de Ciberseguridad en Lille, Francia, es uno de los ejemplos de esta preocupación mundial. | Foto: Michel Spingler/AP

El impacto financiero de las infracciones de seguridad cibernética está aumentando, y algunos de los mayores costos en 2017 se relacionaron con los ataques de ransomware, que representaron el 64% de todos los correos electrónicos maliciosos.

Ejemplos notables incluyen el ataque de WannaCry, que afectó a 300.000 computadoras en 150 países, y NotPetya, que causó pérdidas trimestrales de 300 millones de dólares para las empresas afectadas.

Otra tendencia creciente es el uso de ataques cibernéticos para atacar infraestructuras críticas y sectores industriales estratégicos, lo que hace temer que, en el peor de los casos, los atacantes puedan desencadenar un colapso en los sistemas que mantienen funcionando a las sociedades.

Los problemas económicos retroceden

Uno de los resultados más positivos de la encuesta de este año es la creencia de los encuestados de que la peor crisis financiera del período posterior a la Segunda Guerra Mundial finalmente ha quedado atrás. La economía mundial sigue mejorando, y el FMI espera un crecimiento global del 3,8% en 2018.

Sin embargo, el informe concluye con una advertencia. Si bien algunas personas disfrutan de los más altos estándares de vida en la historia de la humanidad, los desafíos globales interconectados que enfrentamos están llevando a las instituciones, comunidades e individuos a sus límites.

La encuesta se realizó del 28 de agosto al 1 de noviembre de 2017 entre los 1.000 miembros de las comunidades del Foro Económico Mundial, los miembros del Instituto de Gestión de Riesgos y las redes profesionales de sus miembros del Consejo Asesor.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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