Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

Karin Valecillos: “Nadie está libre de ser víctima del poder”

Ariana Basciani

Foto: Mauricio Villahermosa
Esfera Cultural

Aunque la palabra amparo signifique refugio o protección, la película venezolana con el mismo nombre, narra todo lo contrario. El Amparo relata la masacre de 14 pescadores ocurrida en los llanos venezolanos en 1988, siendo la voz de dos de sus sobrevivientes el hilo conductor para restablecer y defender la verdad de lo que realmente aconteció en el lugar.

El Amparo, dirigida por Rober Calzadilla y escrita por Karin Valecillos, ha sido ganadora de varios premios internacionales –entre ellos el Festival de Biarritz- y en la actualidad se encuentra en la carrera para optar por los premios Goya en España. Este viernes 24 de noviembre El Amparo se estrena en los cines Girona de la ciudad de Barcelona y para hablar de la película conversamos con su guionista, la venezolana Karin Valecillos.

¿Cómo llegaste a la idea del guión de El Amparo? ¿Por qué decidiste junto a Rober Calzadilla contar esta historia y llevarla al cine?

La idea ha vivido con nosotros desde siempre, para mí los hechos del Amparo cambiaron mi manera de ver el país, aunque tenía once años guardaba intacto el recuerdo de la declaración de Wolmer y José Augusto ante las cámaras de Radio Caracas Televisión, también conservaba intacta la sensación que me produjo, el desasosiego. Veinte años después, Rober hizo un trabajo para PROVEA, ese recuerdo volvió y decidimos hacer una obra de teatro, se llama 29/10/88, pero creo que siempre pensamos que era una gran historia que necesitaba ser contada, no por revivir un hecho del pasado, sino para indagar en nuestro presente, y en la dignidad que nos habita y que a veces olvidamos.

Te basas en un hecho ocurrido durante el gobierno del presidente venezolano Jaime Lusinchi. ¿No sentías desconfianza de que el gobierno de Nicolás Maduro pudiese usar la película para hacer proselitismo político, teniendo en cuenta que es una película respaldada por el Centro Nacional de Cinematografía (CNAC)?

Para hacer cine que tenga sentido, que valga la pena, no podemos hacerlo con miedo. Esa posibilidad estuvo presente, pero no sucedió porque el resultado ha sido una película incómoda, de la que no se han podido apropiar porque no son tan distintos a lo que en teoría criticaban, y que a la vez nos recuerda que todo lo que está sucediendo en el país no viene de la nada. Me gusta la cornisa en donde transita esta historia, fue un gran riesgo, porque no es fácil llevar a los espectadores a la sala, pero cuando la ven comprenden, se conmueven y la agradecen.

¿Crees que El Amparo nos puede hermanar con la situación política actual?

El Amparo dialoga con nuestro presente, por eso la hicimos. Hemos recorrido las salas, y cuando conversamos con los espectadores, no hablan de 1988, hablan del país, de nuestro devenir político. Algunos pueden criticar cierta visión romántica, porque la película habla de la determinación de la gente por defender la verdad y la dignidad, pero sucedió, no lo inventamos, un pueblo fue capaz de defender a los suyos y enfrentarse al poder del Estado. Lo que sucedió en El Amparo es un gran referente para nuestra contemporaneidad.

Karin Valecillos: “Nadie está libre de ser víctima del poder” 4
Póster promocional de El Amparo | imagen vía Tumbarancho Films

La película ha ganado el reconocimiento en varios festivales internacionales, ¿con qué crees que ha conectado la crítica y el espectador?

En principio es una película bien realizada, se cuidó cada uno de los detalles. Nuestros productores, Marianela Illas y Rubén Sierra, involucraron a todo el equipo con la historia. Fue un gran trabajo de pre producción que se traduce en una película de gran factura. En cuanto a la historia, toda persona que haya vivido o haya sido testigo de una injusticia se identifica con El Amparo. Lamentablemente, todos los países, sin excepción, hemos pasado por momentos donde el poder nos muestra su peor cara, donde nos hemos sentido vulnerables, desprotegidos. El Amparo ha tenido cinco premios de audiencia en lugares muy distantes, con herencias políticas diferentes, pero el poder siempre es el mismo, y la sensación de que lo único que tenemos en nuestra defensa es la verdad nos une.

¿Venezuela está un boom cinematográfico porque tiene buenas historias que contar o porque el país está de moda a nivel internacional por el tema político?

No hay que negar que Venezuela está siendo observada por el mundo, eso es un elemento que juega a nuestro favor, sin duda, pero si voltearan la mirada y no encontraran algo interesante que ver, hasta ahí llegaría el interés. El hecho concreto es que nuestro cine ha encontrado un lugar de enunciación estético y político que ha dado películas como Pelo Malo, Azul y no Tan Rosa, Desde Allá, sin embargo, su camino fue mucho más solitario. Para nosotros ha sido un honor compartir festivales con La Familia, La Soledad, El Inca. Lo que está sucediendo con los cortometrajes de Michael Labarca, Marianne Amelinckx es muy alentador. Lo que sí puede ser lamentable que este proceso se frene, la situación económica del país hace cuesta arriba la producción, esperemos que podamos encontrar nuevas formas para seguir, porque solo hay una manera de hacer mejor cine y es haciendo cada vez más películas.

Karin Valecillos: “Nadie está libre de ser víctima del poder” 3
Fotograma de El Amparo | Imagen vía IMDB

El Amparo se estrena puntualmente en salas españolas este mes. ¿qué le puede decir la película a los españoles sobre Venezuela?

Quizás les pueda dar una clave para entender por qué nuestro país ha llegado a este momento histórico tan complejo, a veces tan difícil de explicar, sin embargo, más que lo que les pueda decir de Venezuela, quizás me interesa lo que le pueda decir de ellos mismos. Nadie está libre de ser víctima del poder. No es una historia lejana de un país caribeño, sucede también en sus ciudades, en sus pueblos.

¿Cómo ves el futuro del cine en Venezuela y su proyección internacional?

Quisiera ser optimista y pensar que todo este impulso pueda mantenerse en el tiempo, pero la realidad es otra. Si no se encuentran mecanismos que puedan sostener la producción cinematográfica, se irán haciendo cada vez menos películas. Lamentablemente la ayuda que aporta el CNAC ya no es suficiente, la inflación devora los presupuestos. Algunos han encontrado financiamiento privado pero eso determina el tipo de película que debes hacer, películas más “taquilleras”. Hay una posibilidad que se abre con las coproducciones con otros países, pero es un camino que debemos construir. El futuro es incierto y cada vez está más en nuestras manos no dejar que nuestro cine deje de conectarse con el mundo, y hablarles de quiénes somos.

El Amparo intenta narrar la verdad de un país que nunca ha sabido muy bien qué es esa palabra. Karin Valecillos convence y nos da luces de cómo fue la Venezuela pre y post chavista, entendiendo la verdad desde los hechos ocurridos en un gobierno antes de la era Chávez e inspeccionándolo en la actualidad durante un gobierno extremadamente chavista. Un contraste que más que una historia, es una crítica de la gestión de los gobiernos en Venezuela.

Continúa leyendo: ¿Cómo logró escapar Antonio Ledezma de Venezuela?

¿Cómo logró escapar Antonio Ledezma de Venezuela?

Anna Carolina Maier

Foto: Anna Carolina Maier
The Objective

Entre Caracas y Cúcuta hay 679,09 km en línea recta, según Google Maps. Para el dirigente político de la oposición venezolana, Antonio Ledezma, fueron “1.200 kilómetros de día y de noche en los que no solamente pensaba en mi pellejo” sino también en su país, el que dejaba atrás. Comenta que pensaba a menudo en que si el Gobierno de Nicolás Maduro lo agarraba en el trayecto de la fuga, lo exhibiría “como un trofeo para desmoralizar a la oposición”. Pero esta vez Maduro no lo logró. Ledezma aporta su relato.

El 19 de febrero de 2015, el alcalde de Caracas, Ledezma, fue detenido por una comisión del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN). Más de 100 agentes de la polícia política encapuchados, con las armas enfundadas y sin orden de detención, entraron en las oficinas privadas del dirigente y se lo llevaron. El pasado 17 de noviembre, 1.002 días más tarde, se dio a conocer a los medios que el dirigente opositor al Gobierno de Maduro estaba en Colombia tras haberse dado a la fuga.

Antonio Ledezma logró burlar los férreos controles a los que estuvo sometido durante su arresto domiciliario desde febrero de 2016, cuando le dictaron la medida de casa por cárcel, haciendo creer a sus vigilantes que se encontraba enfermo. Así consiguió que un día le dejaran de sacar la foto que diariamente le hacían como ‘fe de vida’ para los que él llama sus “secuestradores”: el Gobierno de Nicolás Maduro. Ese día, como él dice, “me la jugué”.

“Estudiamos los hábitos de los funcionarios y cuál era el momento más adecuado”. Confiesa que todo el tiempo que estuvo en su piso recluido, aplicó el “principio mandeliano” de: “No te líes con tus custodios”, lo que lo ayudó a establecer relaciones cordiales que luego facilitarían el análisis de las actitudes de los guardias. “A mi me hacían una fotografía todos los días en la que tenía que mostrar el periódico del día. Logramos, en estos últimos 15 días, que se bajara un poco la guardia diciéndoles que me sentía mal, que no podía dormir (…)”.

Relata que llevó adelante una estrategia evaluando cómo vestirse y lucir para hacer creer a la policía política que se encontraba muy enfermo. Dejó de arreglarse y de peinarse, hasta que logró evitar que le tomaran la fotografía correspondiente. El jueves a las 8:00am escapó. “Me la jugué para que no se repitiera la fotografía y fue cuando salimos a las primeras horas de la mañana”.

Añade que calcularon el tiempo que tardaba la unidad del SEBIN en hacer su cambio de guardia. A partir de allí, “lo que vivimos fueron 29 alcabalas (controles de la Guardia Nacional y de la Policía Nacional), además de otros puestos de vigilancia”.

¿Cómo logró escapar Antonio Ledezma de Venezuela? 1
El dirigente de Ciudadanos, Albert Rivera y el expresidente de Colombia, Andrés Pastrana acompañaron a Ledezma en la rueda de prensa de este lunes en Madrid. | Foto: Paul Hannah | Reuters

Reconoce que hubo colaboración de un equipo militar que se arriesgó a ayudarlo en su huida, “que no tiene nada que ver con colaboradores cercanos de Caracas”.

“Nicolás Maduro sabe que para poder pasar 29 alcabalas tuvo que haber colaboración de efectivos militares que hoy en día sienten vergüenza de lo que ocurre con la Fuerza Armada Nacional”, explica.

Los últimos 14 metros para llegar a la frontera con Cúcuta (Colombia) fueron los más tensos. Una señora que estaba en la cola de inmigración lo reconoció a pesar de que él llevaba un suéter y una gorra para disimular su apariencia. Ella le gritó emocionada: “Ledezma”, justo frente al guardia del último control en la frontera donde revisan las maletas.

“El guardia me reconoció, me hizo un guiño con el ojo y me dijo: ‘Siga adelante’”. “Quedan 14 metros”, fue la última frase que escuchó Ledezma antes de cruzar. Para el político, esos 14 metros parecieron 14 kilómetros.

Como documentación, Ledezma llevaba un carnet falso de inmigración colombiano con la foto de un hombre con rasgos similares. Al presentarlo al funcionario de la aduana del país vecino, este le respondió: “No hace falta”. Le dio una bandera de Venezuela y le dijo: “Usted es hombre libre; está en territorio colombiano”.

La escapada de Ledezma ha traído algunas consecuencias. Entre ellas, el allanamiento de algunos pisos del edificio donde vivía, así como la detención de varias personas com Ignacio Benítez, presidente de la junta de la comunidad de su edificio, quien está retenido en el Helicoide (sede del SEBIN en Caracas) y permanece incomunicado. También están detenidos el vigilante externo de la residencia, Jairo Atencia; Nelson Teixera, dueño de la empresa que presta el servicio de cámaras de seguridad de las residencias; Elizabeth Cardenas, exjefa de protocolo de la Alcaldía Metropolitana de Caracas (AMC); Carlos Luna, exjefe de protocolo de la AMC; y Carmen Catalina Andarcia, directora de administración de la AMC.

El dirigente venezolano ha aprovechado la rueda de prensa que ha dado en Madrid este lunes para denunciar estos casos. También ha prometido que trabajará desde el exilio para sacar a Venezuela de la crisis en la que está inmersa.

Sobre su situación legal ha dicho a los medios que no ha pedido asilo y que está estudiando con el Gobierno español la figura que le permitirá “actuar desde España y moverse por todo el mundo para denunciar la narcodictadura” y la situación de los 380 presos políticos que hay según el Foro Penal venezolano.

Continúa leyendo: Silvia Cruz Lapeña, un relato desde el flamenco

Silvia Cruz Lapeña, un relato desde el flamenco

Anna Maria Iglesia

Foto: Alberto Gamazo

Silvia Cruz LaPeña es una periodista de raza. Fiel y honesta con sus principios. Especialista en flamenco, Cruz LaPeña no es una mera reseñista: sus artículos y reportajes son textos, a veces incómodos, en los que ella analiza y descubre el mundo del flamenco, construyendo un relato que no se acomoda a los tópicos. Crónica Jonda (Libros del K.O) es también un relato incómodo, es también un relato que desmonta tópicos, un relato aparentemente autobiográfico a través del cual Cruz LaPeña destripa el presente social, político y, también, emocional. El presente de Crónica Jonda es el resultado de un pasado que no ha acaba de morir, que está ahí y cuyos frutos recogemos ahora.

Crónica Jonda comienza con la muerte de Paco de Lucía, que, a través de las palabras de Miguel Mora, se convierte en símbolo de un tiempo que se acaba.

Sí, y por esto está muy marcado el hecho de que yo me entero de la muerte de Paco de Lucía cuando estoy terminado el epílogo de la biografía de Camarón. Es un gesto casi epifánico: termino el epílogo y, por tanto, en cierta manera vuelvo a enterrar al gitano, que era Camarón, y me entero que se ha muerto el payo, Paco de Lucía. Y, sí, cuando Miguel Mora habla de la España aniquilada, yo la veo representada.

El gitano y el payo, el norte y el sur, lo exterior y lo interior… ¿tu libro es un juego de dualidades imposibles de separar?

Sí, está todo imbricado, porque la realidad es así. Este libro es un viaje, que yo empiezo cabreada, pero no puedo decirte en qué página dejo de estarlo, porque todo está mezclado, los opuestos se tocan y se confunden. En el fondo del libro está la idea de un todo, algo caótico, un todo donde es imposible determinar dónde empieza la otra. Es un libro que empiezo a escribir cuando todo parece haberse desquebrajado, cuando estaba naciendo con mucha fuerza Podemos y nos preguntábamos qué iba a pasar; ahora, seguimos, en parte, igual, no sabemos qué va a pasar, ni con Podemos ni con ningún otro partido. Por esto, cito a Faulkner.

Narras un tiempo que agoniza…

Sí, un tiempo que, además, se estira y no se acaba. Hablo de un tiempo que tiene mucho que ver con el flamenco, con esa voluntad de querer conservar el pasado, de no dejar que llegue lo nuevo. Por esto digo que, para no ser la música de España, el flamenco se le parece mucho. Como el flamenco, también el tiempo que estamos viviendo ahora es un tiempo suspendido, no sabemos qué va a pasar y, personalmente, tengo la sensación de que cada día empieza todo de nuevo.

No sólo dices que el flamenco se parece mucho a España, sino que es machista como España. ¿El flamenco es la lente desde donde miras tu entorno?

Sí, en cierto modo y, de hecho, en este libro el flamenco no es una excusa, como algunos me han dicho, sino que es la clave de lectura de muchas cosas y, al mismo tiempo, es mi abrigo, porque es el flamenco es el lugar donde me refugio. El flamenco es un microcosmos y en él veo conductas que, luego, veo también en otros ambientes, entre los periodistas, los carniceros o los taxistas.

El flamenco y, sobre todo, el mundo flamenco está muy connotado, pero, desde fuera, ¿lo miramos y lo juzgamos con demasiados prejuicios?

Hay muchos prejuicios en relación al flamenco, unos prejuicios que vienen de hace tiempo. Es cierto que el franquismo se apropió del flamenco y se lo usó como forma de propaganda de la cultura española, pero no fue el único arte a ser usado. Esto, sin embargo, ha hecho que, todavía hoy, haya quien conserva la idea de que el flamenco mantiene unos lazos con el franquismo cuando no es así.

Además, el flamenco es considerado como “lo español”, en un momento donde “lo español”, sobre todo en lugar como Cataluña, cuesta mucho de aceptar. Y, por último, para empeorar las cosas, se le tacha de machista y, en parte, es cierto, pero el flamenco no es más machista que la sociedad en el que está inmerso, es decir, la sociedad española.

Lo que quisiera es poner un punto y final a estas asociaciones, porque de flamenco he visto mucho y lo he visto en países como Francia e Inglaterra. Por tanto, ¿el flamenco es “lo español”? Sí, pero no. Lo que sucede es que falla el relato y creo que, en gran medida, de esto es responsable el propio mundo flamenco y, también, aquellos que lo narramos. Creo que tendríamos que hacer el esfuerzo de hablar de flamenco sin hablar de lunares, sin caer en los tópicos.

¿En qué sentido se ha explicado o se explica mal el flamenco?

El relato que se ha hecho hasta ahora del flamenco es la del tío guapo, alto, moreno y con pinta de torero y la mujer guapa, espectacular, con vestido de lunares. Se cuenta que, en el mundo flamenco, él manda y ella renuncia a todo y, en parte, es cierto, solo que, como te decía antes, el machismo del flamenco no es otra cosa que el reflejo del machismo de la sociedad en que se enclava.

El flamenco es mucho más, solo que todavía es un mundo muy circunscrito; ten en cuenta que muchos conservatorios no admiten los estudios de flamenco porque piensan que es cosa de cuatro gitanos que bailan en su casa. Esto hace que se desconozca el flamenco más allá de los tópicos, más allá del “lerele” y de los topos. Por esto, hablo del relato y de nuestra responsabilidad, porque es cierto que, sobre todo los medios no especializados, todavía te piden que si escribes de flamenco les hables de lunares, de sangre y de pasión, pero es precisamente esto lo que tenemos que evitar, porque el flamenco de hoy no es esto o no es solo esto. Hay espectáculos de flamenco muy fríos, donde no hay ni sangre ni pasión. O, por ejemplo, ver bailar a Rocío Molina es asistir a una clase magistral de danza contemporánea y de flamencos. Es una mujer que no utiliza ni lunares ni peinetas, pero es flamenco.

¿Ha habido clasismo en la percepción del flamenco?

Sí y no. Por una parte, no en cuanto, casi desde sus inicios el flamenco ha vivido gracias al apoyo de la gente adinerada; de hecho, muchos artistas flamencos han vivido de bailar a señoritos y a gente adinerada. Además, lo curioso es que, actualmente, muchas veces quien rechaza el flamenco es gente que, por cultura o por contexto, está muy cerca de él; sin embargo, hoy muchos lo rechazan por ser algo popular, algo folklorico…e, incluso, algunos no rechazan por no ser un arte elevado, si bien no hay que olvidar que hoy en día el flamenco está en todos los teatros del mundo.

Por otra parte, sí, hay clasismo: el rechazo al flamenco tiene mucho de clasismo y de racismo, que, paradójicamente, no solo viene del mundo payo.  En el mundo gitano también hay racismo, el de los gitanos y, lo que es más curioso, el de los gitanistas hacia los payos. Los gitanistas, que muchas veces no son gitanos, son unos puristas, son aquellos que dicen que el flamenco solo puede ser puro y que todo lo demás no es flamenco.

Ahora que hablas de los gitanistas, pienso en tu análisis de la música de Miguel Poveda, cuyo flamenco se ha “modificado” en cuanto él ha cedido, en parte, al gusto, tentado por las ventas o el gran público. ¿Poveda, como tantos otros, representa un flamenco adulterado, ese flamenco que nos llega y que consume la gran mayoría?

Yo diría edulcorada. Me voy a remitir, además porque enlaza con la cuestión del clasismo, a lo que dice Luis Cabrera, del Taller de Músics: el flamenco gusta si no te araña. No gusta el flamenco duro. Y lo que yo digo de Poveda es algo que se ve mucho en programas como La Voz u Operación Triunfo: se flamenquea mucho, se hace mucho “lerele” y mucho “olé”, pero eso no es hacer flamenco, por mucho que quien lo haga esté relacionado familiar o culturalmente con el flamenco.

Hay muchos que piensan que Malú es flamenca o que Rosario Flores hace flamenco, cuando no lo ha hecho en su vida. Y, sin llegar a este punto, Miguel Poveda, que sí que canta flamenco, aunque en sus espectáculos hay de todo, hace un flamenco edulcorado o, como yo digo, flamenco de amplio espectro. Muchos de mis compañeros de profesión, me dirían que este flamenco de amplio espectro no es flamenco.

Un relato desde el flamenco 1
El flamenco es mucho más que lunares y trajes de sevillana | Foto de Alberto Gamazo

¿Me comprarías la etiqueta: “flamenco para quien no entiende de flamenco”?

Mis compañeros gitanistas te comprarían… y yo también

Otro de los temas del libro es la inmigración, principalmente la de Andalucía hacia Barcelona y te muestras muy crítica hacia la política catalana, hacia ese discurso político que llegó a consolidar el concepto de “charnego”.

Sí, ante todo, porque reniego completamente del concepto de “charnego”. Yo no eliminaría esta palabra, pero que la diga quién la inventó. Este nombre, completamente despectivo, no nos lo hemos inventado quienes supuestamente somos charnegos, por esto, no lo asumo, porque no hay nada de negativo en el hecho de que una abuela mía fuera andaluza, otra murciana, mi madre de Barcelona y mi padre de Córdoba. Y, sí, en el libro hago una crítica feroz a esa sociedad que conocí y la hago, también, porque me hace mucha gracia cuando se habla hoy de los catalanes a los que no se escucha o a esos catalanes que estamos un poco callados. ¿Nos han escuchado alguna vez? Por esto cuento la celebración que se hizo en Barcelona en 2013 por los cien años del nacimiento de Carmen Amaya. A nadie le importó que se celebrara el nacimiento de Amaya teniendo mal los datos, sin prestar atención a los estudios que decían que ella había nacido en 1918. ¿Te imaginas que hubiera pasado si quienes organizan la celebración de 1714 se equivocaran y dijeran 1715? Pues, esto. No se trata de forma distinta a unos que a otros y luego decir que somos todos parte de un mismo pueblo. Recuerdo perfectamente cuando en la rueda de prensa previa al homenaje de Amaya, Mascarell decía que el pueblo romaní era parte del pueblo catalán, cosa que es cierta, pero entonces ¿por qué no se la trata igual?

En el libro cuentas, además, como un concejal te dice que prefiere antes “a los africanos que a los andaluces porque son ‘más propensos a hablar catalán’”.

Me hicieron este comentario como me han hecho muchos otros. Y, lo peor, te lo hacen sin preguntarse quién eres tú, sin plantearse que, a lo mejor, con sus palabras te están ofendiendo o están ofendiendo a tus padres.

¿Tuviste que asumir tu historia y tus orígenes o siempre fueron connaturales a ti?

No, no tengo la sensación de haber tenido que asumir mis orígenes, pero sí es cierto que, durante la presentación en Madrid, Cristina Fallarás decía que el libro es la narración de la construcción de una identidad. Seguramente, en el libro me digo algunas cosas que nunca me había dicho y ciertamente no es casual que mi interés por el flamenco se haya reafirmado en estos últimos años ni que mi libro salga en estos días y hable de flamenco. Aunque no quieras, ahora mismo, te obligan a preguntarte sobre tu identidad. Yo, que nunca me he preocupado de esto, me siento obligada no sólo a preguntarme sobre mi identidad, sino también a interrogarme sobre mi origen. Sin embargo, para mí nunca fue un problema: cuando volví a Barcelona, vivía en Nous Barris y nunca sentí la necesidad de preguntarme de dónde era. A lo mejor era una excepción, pero lo cierto es que nunca me preocupó este asunto.

Tú, además, narras la experiencia de una migración a la inversa: cuando tienes 8 años, dejas Barcelona y vas vivir a Andalucía. ¿Cómo era tu mirada, la de una niña que, si bien de origen Andaluz, deja Barcelona y se va a vivir a Andalucía?

Era una mirada repelente, porque era la mirada de quien viene de Barcelona y llega al sur. Era una mirada donde había rechazo, que, sin embargo, también encontré en Andalucía, aunque por distintos motivos. El rechazo que encontré era debido a que allí están muy hartos de que, desde Barcelona, se les mire con cierta superioridad, una superioridad que yo llevaba incorporada. Y, ahora, lamento haber salido corriendo de allí con 18 años, deseando ir a Barcelona, que para mí significaba un lugar con amplitud de miras y cosmopolita, paradójico si pensamos en lo que estamos viviendo hoy.

Evidentemente, con los años he vuelto a Andalucía, pero ya no he vuelto a vivir allí; de ahí que, en el libro, exprese mi arrepentimiento por esa actitud repelente que tuve y, solo ahora, me doy cuenta de que en todos los años que viví ahí, no llegué a conocer, de verdad, Andalucía por mi estrechez de miras.

En el fondo, Crónica Jonda es un gran canto a Andalucía.

Y a Barcelona.

Sólo que Barcelona sale peor parada.

No, el libro es un gran canto a Barcelona, solo que vivo en Barcelona. Si me hubiera ido, seguramente mi mirada se hubiera dulcificado. Yo no tengo una mirada romántica de Andalucía, pero ya no es tan severa como la que tenía antes, porque vivo a mil kilómetros y porque cuando voy es solo para estar unos días. Sin embargo, Barcelona es mi ciudad elegida, es la ciudad que amo, de ahí el cabreo que tengo. Siempre te enfadas con quien más quieres y yo estoy casada con Barcelona.

Por último, quería preguntarte sobre el periodismo, del que también hablas.

Yo todo lo que te pueda decir del periodista suena a corporativista, aunque no lo sea para nada, pues soy muy crítica con quien no lo hace bien y conmigo misma cuando me equivoco. Me parece vital que se haga periodismo y que se haga bien. Aunque no tengamos un código deontológico muy claro, me parece esencial hacer periodismo con sensatez y respetando algunos principios.

Te muestras muy crítica con los “periodistas” amateurs.

Yo soy muy crítica con el amateurismo, es cierto, con ese “periodismo” que se ejerce gratis. Yo también me abrí un blog para escribir sobre mis cosas, pero el periodismo es otra cosa. ¿Qué quieres hacer periodismo? Muy bien, pero juega con nuestras reglas: cobra por trabajar. ¿Te metes a hacer periodismo sin cobrar para ligarte a la cantaora o el productor? Entonces, lo que haces no es periodismo, porque el objetivo del periodismo es otro.

Puedes ser amateur, pero no nos quites el pan, no reemplaces el papel del periodismo. Nos quejamos de que se hace mal periodismo, pero es que la mitad de la gente que lo ejerce no es periodista, y no me refiero a tener o no el título universitario, y la mitad de la otra mitad ha sucumbido a determinadas cosas: cobrar poco, titular mal en busca de click, evitar ser molesto.

Continúa leyendo: Manuel Martín Cuenca: “Un artista es un lúcido y un demente”

Manuel Martín Cuenca: “Un artista es un lúcido y un demente”

Daniel Fermín

Foto: Julio Vergner

Manuel Martín Cuenca (Almería, 1964) encontró en un viaje a República Dominicana una antigua edición de la primera novela de Javier Cercas y vio en ella el germen de una película. Tardó dos años en escribir el guión y siete semanas en rodarla. Se llama El autor y es una sátira del proceso creativo. Ganó el premio de la crítica en el Festival de Toronto, pasó por San Sebastián y Sevilla y llega a las salas españolas el 17 de noviembre. En ella se narra la historia de Álvaro, un aspirante a escritor que manipula la realidad para hacer literatura. Liga con la conserje, espía desde el baño a sus vecinos, se cuela en sus apartamentos. Escucha, graba y escribe. Protagonizada por Javier Gutiérrez, mezcla el thriller y la comedia para generar una reflexión sobre el afán de trascender de los artistas.

“Un artista es un lúcido y un demente”, dice, antes de presentar su película en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, el autor andaluz. “Todo creador tiene sus pulsiones. Los límites, el determinar hasta dónde es capaz de llegar, los pone cada uno. Yo, obviamente, no hago las cosas que hace el personaje, pero también tengo algo de él”.

De Manuel Martín Cuenca se sabe que: se licenció en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Complutense de Madrid, trabajó con Mariano Barroso e Icíar Bollaín, dio clases en la Escuela de San Antonio de los Baños en Cuba, hizo cortometrajes y videos comerciales, tiene cinco largos de ficción y tres documentales, ha obtenido cuatro nominaciones a los Premios Goya y ha sido reconocido en certámenes internacionales. Se sabe eso y que nació en Almería y no El Ejido, como suele aparecer en Internet. Eso y que antes de ser cineasta quiso ser arquitecto, escritor y filólogo.

Manuel Martín Cuenca, el fracaso como escuela 1
Javier Gutiérrez, Antonio de la Torre y María León protagonizan el filme (Julio Vergne)

“Recuerdo que tenía una agenda en la que anoté, a los siete u ocho años, que me gustaría ser arquitecto. Luego quise escribir hasta que me di cuenta de que quería hacer cine”.
Hijo de un agricultor y una ama de casa, “ambos hijos de la posguerra, sin estudios, no muy cultos pero sí muy sabios”, afirma, se desplazó con sus padres a los cinco años a la población de El Ejido. De esa época evoca la pobreza de la Almería de los 70 y los vasos de leche que le daban en el colegio para combatir la desnutrición.

“Sólo tengo dos recuerdos de cine: uno, de ver la historia de un barco que se daba la vuelta, que se llamaba Poseidón; y otro, de una película que me encantó en ese momento y que mucho más tarde descubrí que era La mujer pirata, de Jacques Tourneur”.

Tras mudarse a Granada, a los 11 años, comenzó a ir al cine solo. Veía lo que un chico de entonces solía ver: Indiana Jones y La guerra de las galaxias. Se hizo asiduo a las salas de arte y ensayo y vio filmes de Bernardo Bertolucci, de Pier Paolo Pasolini y de Pedro Almodóvar y se matriculó en Filología en la Universidad de Granada.

“Un día, en un cineclub al que solía ir, vino un cineasta a dar una charla y me di cuenta de que era una persona normal, de carne y hueso, real, que había hecho una película y que estaba ahí, al frente, y supe que yo también quería hacer eso”.

¿Y por qué no estudió cine?

Porque en esa época no había escuelas oficiales de cine y las pocas privadas que existían no podía permitírmelas. No tenía dinero y mi padre se había enfadado conmigo porque dejé mi carrera al tercer año para irme a Madrid y empezar de nuevo.

Manuel Martín Cuenca hizo en Madrid sus primeros cortometrajes y comenzó a trabajar como asistente de dirección, primer ayudante, script o director de casting en filmes de Felipe Vega, Mariano Barroso, José Luis Boreu, Alain Tanner o Icíar Bollaín. Fue en esos puestos que aprendió el oficio del cine, en los que se preparó para dar el salto a la dirección. Cansado de hacer de auxiliar, decidió que ya era hora de rodar sus propias películas. Dijo que no a toda llamada que recibía con alguna oferta de trabajo. Así estuvo dos años hasta que nadie más lo llamó y comenzó a hacer vídeos industriales.

En ese período también escribió una novela: El ángel de la prisa (1995), la historia de una chica que tiene la fantasía de conocer el mundo marinero y hace un viaje por la costa de Granada para darse cuenta de que la realidad del mar no era como la imaginaba.

Manuel Martín Cuenca, el fracaso como escuela 4
“El autor” se estrena el 17 de noviembre en las salas españolas.

¿Y la leyó alguien?

La leyeron mi madre, mis hermanos y mis amigos. Se editaron 500 ejemplares y se venderían como 50 o 100. El resto todavía debe estar por ahí.

¿Dio por finalizada su etapa de escritor?

Tengo mi gusanillo. Lo que pasa es que le tengo mucho respeto a la literatura por el esfuerzo que me costó escribir esa novela. Ya luego empecé a dirigir y lo dejé.

Lo primero que dirigió Martín Cuenca fue un documental en Cuba. Mariano Barroso le propuso irse como coordinador de dirección de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños. Estuvo allá un año, entre idas y vueltas. Daba clases y regresaba a España a hacer vídeos. En la isla, se le ocurrió la idea de hacer una película de no ficción que narrara la historia del país caribeño a través de su deporte nacional, el béisbol. Se llamó El juego de Cuba y ganó el premio al Mejor Documental en el Festival de Málaga 2001.

¿Y le gustaba el béisbol?

No tenía ni idea, pero ahora sí me encanta.

Su siguiente película fue La flaqueza del Bolchevique (2003), una suerte de Lolita española, adaptación de la novela de Lorenzo Silva, protagonizada por Luis Tosar y una jovencísima María Valverde que obtuvo un Goya a la Mejor Actriz Revelación. Luego vendrían Malas temporadas (2005), un melodrama de historias cruzadas con Javier Cámara; La mitad de Óscar (2010), un filme sobre un guardia de seguridad que tiene dos años sin saber nada de su hermana; y Caníbal (2013), un thriller protagonizado por Antonio de la Torre que obtuvo ocho nominaciones a los Goya. En el medio, hizo documentales a varias manos y en solitario. Su filmografía ha recibido el visto bueno de la crítica y de los festivales.

“Eso me motiva a nivel personal y, sobre todo, me permite sobrevivir en la industria. Que La flaqueza del Bolchevique haya ido a San Sebastián me mantuvo vivo. Si eso no ocurre, si no hubiese ido a ningún festival, quizás no habría hecho ninguna otra película”.

Manuel Martín Cuenca, el fracaso como escuela 2
Manuel Martín Cuenca ha dirigido cinco largometrajes de ficción (Julio Vergne)

Manuel Martín Cuenca escribió en el diario de rodaje de El autor que el fracaso es su mejor escuela. Él ha tenido sus desilusiones: tras terminar su primer cortometraje, El día blanco (1990), decidió exhibirlo en sala junto con otros tres cortos. El suyo, seis minutos de primeros planos y planos generales sin diálogos, era el único que no era comedia.

“Yo pensaba que había hecho la enésima potencia de la poesía, que iba a cambiar la historia del cine. Había 600 personas. Se proyectó de primero y fue una cosa gélida. Sentí la energía ‘de qué mierda es esto’ y estuve nueve años sin dirigir”.

¿Y qué le hizo volver?

La obsesión. Al corto tampoco le fue bien en festivales. Eso me hizo más fuerte. Me enseñó que, hagas lo que hagas, nunca va a ser tan bueno como sueñas y que te tienes que saber enfrentar al fracaso, a la posibilidad de que no gustes.

¿Sueña con Hollywood?

A mí me encantaría dirigir en inglés, no en Hollywood. Si vuelvo al chaval de 20 años que era, nunca pensé que hubiera podido hacer cinco películas y tres documentales. A todos nos interesa llegar al mayor público posible, pero tampoco voy a renunciar a mi cine para ser más comercial. Voy día a día. Todo esto es un camino para darte cuenta si vales o no para hacer algo. Si me lo ofrecen, lo intento. Igual fracaso o igual no.

¿Ha dejado algún guión a medias por un bloqueo creativo?

Nunca. Una vez que empiezo a escribir siempre llego hasta al final.

Continúa leyendo: Kevin Johansen: "El humor es como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas"

Kevin Johansen: "El humor es como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas"

Ana Laya

Foto: Sony Music España

Estamos todos trasnochados. Kevin se aferra a sus gafas de sol. Viene casi directo desde Buenos Aires para comenzar su gira europea en España (esta noche en la Sala But de Madrid y mañana en la Sala Barts de Barcelona). Lleva encima cuatro horas de jetlag que se insertan en sus ojos y se sugieren en una voz un poco más profunda de lo normal. Afortunadamente su ánimo está intacto, nos recibe con un café con leche, una sonrisa y con ganas de que tengamos una charla interesante, de que valga la pena no estar durmiendo en el hotel.

El último álbum de Kevin Johansen que le da nombre a la gira se llama Mis Américas Vol. ½ y se pronuncia volumen medio. “Un guiño para los atentos”, apunta Kevin al tiempo que enfatiza que las Américas son tan enormes que abarcarlas en un solo disco es imposible. Así que atenti que por ahí se viene un volumen 3/4 o uno 6/7… o ambos.

En Mis Américas Volumen ½ hubo más músicos invitados. Grabaron en Río, en Nueva York, en Buenos Aires, con diferentes productores… ¿fue por una razón estratégica, simbólica o solo pasó?

Pasó, sí. Fue completamente fortuito. Marías Cella, amigo productor del disco, sugirió ir a grabar con Leo Sidran en Nueva York ya que él también ha trabajado mucho con Drexler (al igual que Cella).  Yo tengo amigos ahí y la idea era grabar con alguno de ellos, y yo encantado. Así que fuimos al estudio en Brooklyn de Leo Sidran. Luego él tenía ganas de trabajar con Kassin, un gran productor brasilero, en Río de Janeiro  y se dio la posibilidad de ir una semanita y trabajar con él. Poco a poco, fueron tomando forma algunas canciones en alguna ciudad y finalmente, desembocamos en Buenos Aires donde los The Nada, con los que ya nos conocemos desde hace 15 años y fue como ponerle el moño al disco.

¿Es la primera vez que trabajas con Matías?

No, en realidad con Matías ya habíamos trabajado en Logo, en parte del disco Bi y en algunos tracks de City Zen, así que ya éramos amigos. Aparte, él también había trabajado un par de veces como nuestro sonidista. De tanto trabajar detrás de escena, ya era una persona de confianza. En cambio, nunca había trabajado con Cachorro López y Sebastián Schonn, pero eran otros socios con los que teníamos pendiente la cuenta de hacer algo e hicimos tres tracks con ellos.

Siempre he producido o co-producido discos con amigos… me acuerdo de encontrarme con Tweety González en el DF y que él me dijera: “¡Vamos a hacer algo!”. Cuando se da la oportunidad de trabajar con alguien que tiene ganas de trabajar contigo y además es alguien que sabe mucho, es súper cómodo.

También me ha pasado con Mario Broier que es un famoso masterizador que ha trabajado con los grandes, con Charly y con todos, que cada tanto me lo encontraba y él es medio parecido a Santaolalla, el look y la voz, y decía, “¿Y nosotros para cuando?”. Es lindo coincidir con gente del medio que tienen ganas de hacer algo contigo y bueno… yo tengo el sí fácil.

Yendo del living al estudio

A sugerencia también un poco de Matías, entra en Miranda, la hija mayor de Kevin a escena. Ella, así como Kim y Tom, sus hermanos menores, ya habían hecho coros y cantado fragmentos en otros discos, “es una extensión lógica es como pasar del living al estudio”. En Mis Américas, sin embargo, la participación de Miranda es diferente, más formal. Ella y Kevin cantan juntos el tema Es como el día.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Miranda?

Los hijos son una extensión lógica. Son testigos en el living de casa de que papi está ingeniando una canción. A veces son tus peores críticos y te dicen: “Pá, no hagas eso, qué horrible”, pero otras te dicen: “Ah, qué linda esa melodía, se me pegó… ¿es tuya?”. Y ahí entonces se te infla el pecho y dices: “Sí, es mía”. Por eso con Miranda fue muy bonito. Kim, la de 13, también cantó en Folky, hizo coros en Es como el día, y Tom, el de 10, cantó en el tema de Antunes, de Tribalistas, Torcer a favor.

Todos somos músicos en el fondo, la música nos toca. Ellos siempre han vivido en un entorno un poco más proclive a agarrar una guitarra, un piano, un instrumento. Ahora Miranda, sobre todo, está grabando cosas suyas. Agarró poemas de mi mamá que era poeta y está poniéndoles música y agregando líneas. Es muy emocionante ver ese proceso. Kim, está aprendiendo a tocar la guitarra, el ukelele… Tom toca la batería. Después el tiempo dirá si van hacia lo profesional o simplemente conectan con la música.

De la bossanova al foxtrot, pasando por el blues, las cumbias, los boleros y otros tantos ritmos… ¿qué le falta por explorar a Kevin Johansen?

Podría ser una cueca chilena, un joropo venezolano que es parecido en un punto a nuestra chacarera o a otros ritmos folklóricos más complejos y que son similares desde México hasta Chile o Argentina. Hay miles de ritmos y sub-ritmos, que son parecidos entre sí. Me interesan también los sonidos brasileros o los ritmos afro-peruanos.

En este disco en Dios de la marea participa Miss Bolivia y hay un tinte un poco afro-peruano de algún modo; hay un bolero que es bien de Centroamérica; hay un ritmo caribeño en homenaje a Barranquilla en Oh What a Waist (¡pero qué cintura!), hay varios guiños latinos y trabajo con bandas como Chico Trujillo de Chile, o Kanaku y El Tigre de Perú, pero esto es un aprendizaje constante, una combinación de ser permeable, empaparse cual esponja de un ritmo, aprender los arreglos, cómo lo hacen los que saben, y después ponerle tu impronta, ponerle tu personalidad, romper con eso.

Hay una frase muy linda de Samuel Beckett que dijo cuando una joven coreógrafa franco-española Maguy Marin trabajó con él. Ella estaba muy tímida y él ya era una leyenda y le dijo: “No mijita, con respeto no se crean cosas bellas”. Me gustó mucho esa frase porque a veces para ponerle tu impronta a las cosas hay que faltarles al respeto.

Kevin Johansen: "El humor es como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas" 1
Portada de Mis Américas Vol. 1/2.

Instrucciones para usar la ironía en español

Musicalmente Kevin Johansen es un poco Zelig, adopta personalidades, voces, ritmos, instrumentos, sonidos… pero a nivel de líricas tal vez hay dos elementos inconfundibles en su estilo: el bilingüismo y el humor. Lo primero se explica fácilmente geo y biográficamente: Kevin nació en Alaska, de padre noruego “con algo de inglés” y de madre argentina, y ha vivido entre Argentina y Estados Unidos, con varias ciudades in-between. Lo segundo me intriga un poco más. Indago.

Tal vez es mi impresión pero me parece que te resulta más sencillo hacer humor en español.

No realmente. Es cierto que Cortázar decía que la ironía era más aceptada en el mundo anglosajón como hasta algo ponderado, respetable, tal vez justamente por eso me gusta más hacerlo en castellano. La ironía con las palabras y el conjugar sonoridad con sentido es un poco la labor del compositor de canciones pero a la vez también hay que ser un poco arqueólogo de la palabra y buscar en la etimología el significado. Es un trabajo arduo jugar con las palabras.

Él (Cortázar) decía que los novelistas en habla hispana tenían mucho miedo de la ironía porque tenían temor a no ser tomados en serio y en cambio, yo creo que el único problema con el humor es, como decía Mark Twain, que nadie lo toma en serio. Y lo es, el humor es muy serio, desde Les Luthiers a Frank Zappa, siempre hay una cosa muy crítica, y hay una profundidad seria detrás. Es un poco como un velo detrás del cual uno puede decir las verdades más tremendas y parece una cosa risueña y por abajo te tiran la zancadilla. A mí me gusta mucho ese uso del humor. Por ejemplo, la Bach Chata en donde participa Marcos Mundstock de Les Luthiers cuyo título es Habladurías, trata de algo que los Les Luthiers hacen muy bien que es machacar el humor sobre nuestras pequeñeces humanas, sobre nuestras faltas, sobre nuestras miserias.

¿En el caso particular de Habladurías, esta cosa tan individual y humana no te parece que resulta una lectura social de los tiempos en los que estamos entre posverdades y “calumnias vertebrales”?

El tema es eterno, es un poco “pinta tu tiempo y serás atemporal”, para bien o para mal. El tema de las habladurías viene desde siempre y seguirá existiendo, el ensuciar a otro, la “calumnia vertebral”, como bien lo dijo el gran Marcos Mundstock, tiene mucho que ver con nuestra esencia. Tiene que ver también con lo que menciono en el tema que está Arnaldo Antunes que es Torcer a favor, que refleja esa ansia de dejar de festejar un gol de tu equipo solo para poder decirle a otro “¡Toma!”.

Estamos en un mundo ahora en el que en vez de celebrar las diferencias estamos padeciéndolas, estamos hinchando en contra en lugar de hinchar a favor, torciendo en contra en lugar de torcer a favor como dirían en portugués, y lamentándolo mucho es algo que sigue vigente. La plaga somos nosotros, dije en algún momento en Apocalipso, un tema que está en Bi.

Entre luthiers y cumbieras

Ganadores del Premio Princesa Asturias de Comunicación y Humanidades de 2017, es imposible no divagar un poco cuando Les Luthiers entra en escena. Creadores, músicos, artesanos, poetas y maestros cuando se trata de formas sutiles y sublimes del humor. Le pregunto a Kevin si tiene algo en común con Johan Sebastian Mastropiero, me dice que no entre risas, pero sí confiesa que le genera demasiada emoción escuchar su nombre mencionado por Marcos Mundstock, “es como escuchar a un Rolling Stone”.

Trabajar con Marcos Mundstock…

Es un genio. Cuando llegué a la Argentina con casi 12 años escuchaba a los chicos en el recreo cantando canciones de Spinetta o de Charly García, el rock argentino estaba muy fuerte en ese momento a nivel local y luego explotando más con Charly o con Soda Stereo y otras bandas en los 80’s, pero a la vez mi madre me debe haber llevado a escuchar a Les Luthiers a los 13-14 años y por eso también suelo mencionarlos a ellos como una gran influencia y unos grandes “desgenerados” a nivel de género musical, al igual que yo, porque amo aprender de la música. Eso de empaparse y aprender a tocar bien un bossanova, una chacarera, un sonido de banda mexicana, un tema country, una cueca chilena… ese proceso, creo que bandas como Les Luthiers me lo contagiaron. Ellos saben bien cómo mezclar un foxtrot con Bach con una cumbia…

Con epistemología…

¡Con epistemología! Es una anécdota muy hermosa. Los conozco gracias a Daniel Rabinovich con quien coincidí una vez y me tomó del brazo y me dijo: “Gracias por la dedicatoir”, yo les había dedicado el bolero Oops que está en City Zen que tiene mucho del espíritu de Les Luthiers. Daniel me dice: “Vente que te voy a presentar a Les Luthiers que les encanta lo que haces”.

Ahí conocí a Marcos, a López Puccio, a Núñez Cortés y a Maronna. Entonces, López Puccio me dijo: “Sabes que ese tema la Cumbiera intelectual, yo casi termino una canción hace muchos años que tiene mucho que ver porque habla de filósofos y de escritores en son de cumbia, pero bueno todavía no la terminé y me hizo acordar”.

López Pucho me llamó unos meses después y me dijo: “Terminé la Cumbia epistemológica, es parecido en esencia a tu Cumbiera intelectual pero te muestro la letra -muy profesional- fíjate si te molesta”… y obviamente sin escucharla le dije que sí, “al final la influencia de la Cumbiera intelectual, son ustedes.”

Identidad(es)

Tal vez en sus inicios el estilo ecléctico de Kevin Johansen podía verse como el resultado de la curiosidad y la geografía -que sería una variante de “la casualidad y la diplomacia” con las que Cortázar explicaba haber nacido en Bélgica- pero de un tiempo para acá, la realidad impone otra lectura más profunda y esa peculiar manera de mezcla de ritmos, acentos, historias e identidades de una forma armónica luce casi como un manifiesto.

Decía Mark Twain que viajar es fatal para los prejuicios, el fanatismo y la estrechez mental. ¿Es tu propuesta musical tan mestiza una variante de esta máxima, una manera de viajar?

Totalmente, es un disco que habla mucho de eso. Sin caer en una demagogia innecesaria pero sí, celebrar la diversidad en un continente tan vasto como las Américas. Se extiende hacia el mundo obviamente, pero sí era la intención hacerlo con lo que uno conoce, con lo que uno maneja, celebrar esa diversidad. El advenimiento de la tan defenestrada globalización nos ha acercado y nos ha enseñado a apreciar esas diferencias, nos ha hecho vernos y vernos reflejados en el otro, riéndonos de los acentos y de la forma que tienen de decir las cosas en un país y otra. Creo que hemos crecido mucho a nivel local y a nivel global… pero falta un montón.

Es curioso que de alguna manera está muy en boga la necesidad de tener tu libertad pero también tus límites bien definidos. Torcer a favor también habla de eso, porque si no el nacionalismo con Z, el nazionalismo, es tremendo, porque es poner en la cara del otro tu bandera clamando de alguna manera “yo soy de esto y tú no”. Y eso es tremendo. Lo más lindo es el nacionalismo del cariño, de querer tu comida, tu país, tu geografía, tu música, tu gente, y reconocerte en ellos pero sin que eso signifique una barrera, un muro “Trumpiano” para el otro.

Recuerdo haber leído hace poco que ya la lucha no es derecha vs izquierda, capitalismo vs comunismo, sino propaganda vs educación…

Y sí, es el signo de nuestros tiempos y es realmente increíble, hay una suerte de guerra civil solapada donde el 50% de la población piensa una cosa y el otro 50% piensa diametralmente lo opuesto, y hay un quilombo también con la prensa… y en todos los países están igual. Viajando por el continente te das cuenta, Macri, Temer, Colombia votando en contra de La Paz, Trump… ha ido subiendo una ola conservadora hecha de muros… y cruzó el océano. Esa ola de división, extraña y contradictoria, ese mecanismo de defensa de hacer ver que el mal está en el otro. Esa fue la gran estrategia de Trump, el mal son los mexicanos, nosotros estamos perfectos, el problema son los de afuera. Tremendo. Divide y conquista.

La portada de The Economist de hace un par de semanas decía que las redes sociales eran una amenaza para la democracia…

Yo la llamo la era del ego. Fíjate que ganó en Estados Unidos un gran ególatra como Trump y en general las figuras están teniendo esa impronta. Putín en Rusia, Merkel en Alemania, las figuras vuelven a ser “facistoides” en su presencia… en su omnipresencia, y las redes sociales exacerban fácilmente el ego. Mira lo bien que me va, miren lo exitoso que soy, miren lo bello que soy, con mi familia, miren los premios que me he ganado. Todo ese ego exacerbado provoca una cosa que va en detrimento de lo que se supondría que es una cosa democratizada, mancomunada y socialista si se quiere, va en contra de nivelar la cancha. No se nivela para nada. Siguen siendo pocos los poderosos, pocos lo que tienen mucho y parece que va a seguir siendo así porque siguen acumulando, ahora los social media guys son tres adolescentes que manejan el mundo. Se ha pervertido un poco esa ilusión que teníamos de que Internet y las redes nivelaran la cancha un poco… hay que ver cómo se desenvuelve. No sé si se puede afirmar directamente eso -que sean una amenaza a la democracia- pero definitivamente es una buena observación.

Es un poco como el chiste del músico brasilero que venía de ganar premios y saluda un amigo que es músico también y le cuenta:”Vengo de ganar unos premios, estoy rebien, ahora ando en unas vacaciones divinas con mi familia, y pronto iré a que me den otro premio, pero ya no hablo más de mí… ahora habla tú un poco de mi”.

Como no podía ser de otra manera, la entrevista termina así, con un chiste.

* * *

¿Más Kevin Johansen? Aquí 11 Preguntas Random.

TOP