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KATY, ¿una alternativa legal, orgánica y segura al MDMA?

Clara Paolini

Foto: Wouter van Doorn
Flickr bajo Licencia Creative Commons

Sus componentes son 100% legales, orgánicos y se supone que el efecto se asemeja al subidón de una dosis de MDMA pero sin el riesgo de sufrir un golpe de calor ni el demoledor bajón depresivo del día después. Según sus inventores y distribuidores, KATY es la alternativa definitiva para aquellos que busquen acercarse al éxtasis mental y corporal evitando las innumerables desventajas de las drogas de diseño, pero ¿hasta qué punto logran estas pastillas cumplir su promesa?, ¿son tan naturales e inofensivas como pretenden venderlas?, ¿qué diferencia hay entre este “suplemento alimenticio” y las anfetaminas sintéticas?, ¿de verdad es posible alcanzar las mismas sensaciones de felicidad, energía, placer y embriaguez emocional sin sufrir consecuencias?

KATY, ¿una alternativa legal, orgánica y segura al MDMA?
Gif MDMA | vía GiphY

Encontrar una alternativa al MDMA, un reto necesario

A pesar de que a día de hoy disponemos de información detallada sobre el MDMA alertando a los consumidores sobre su composición y posibles adulterantes, sus efectos, contraindicaciones y sobre todo, su peligrosidad, el último informe del Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías indica que en 2017 la demanda no ha hecho más que crecer: por detrás del cannabis y la cocaína, el MDMA es la tercera droga más consumida en España, y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito estimó que unos 20 millones de personas la consumieron en todo el mundo por lo menos una vez en el último año.

El MDMA pertenece al club de las anfetaminas y las feniletilaminas, actúa fundamentalmente sobre el neurotransmisor serotonina y tiene efectos empatógenos: además de provocar la sensación de un aumento de la energía, euforia y una reacción más placentera a estímulos sensoriales, provoca que quien la tome se ponga emocional y blandengue. Numerosos estudios han demostrado que los posibles efectos adversos del MDMA pueden llevar a la muerte de diversas maneras: por deshidratación y golpes de calor, como consecuencia del aumento desorbitado de la actividad cardiaca y, sobre todo, por los efectos derivados la adulteración de la dosis que el usuario supone que consume, ya que los componentes esenciales están habitualmente mezclados con otras drogas de efectos aún más nocivos. Sin embargo, por más advertencias y campañas disuasorias que intenten disminuir el consumo de MDMA, la demanda crece a la par que la peligrosidad, y en este contexto, poner remedio parece una tarea urgente.

¿Qué es KATY?

¿Puede una pastilla alternativa, natural y segura ser la solución? Esa es la idea detrás de Limitless Life, una de las principales compañías distribuidoras de KATY, cuyo nombre es un guiño directo a su supuesta prima hermana Molly, el pseudónimo comúnmente utilizado para referirse al éxtasis o MDMA en formato cristalino. Según explican con un sospechoso tono publicitario en su página web: ”KATY es el nuevo suplemento legal, totalmente natural, orgánico y hecho a partir de plantas que te hará feliz. KATY estimula la producción de dopamina, serotonina y gaba. Aumenta los sentidos y proporciona esos momentos llenos de amor que estabas buscando sin ningún riesgo. KATY magnifica las experiencias sin una resaca de pesadilla. Desde la mejora de la vista, los sonidos y el tacto a la creciente claridad del pensamiento y las emociones, KATY le proporcionará la cantidad perfecta de placer”.

El reclamo parece sacado de Un Mundo Feliz de Aldous Huxley, donde un gramo de Soma cura los sentimientos melancólicos, ofrece todas las ventajas del cristianismo y del alcohol, pero sin ninguno de sus efectos secundarios.

¿De qué se compone exactamente?

Según promocionan en la web, “KATY es una mezcla de componentes nutricionales disponibles sin receta médica. Entre ellos se encuentran elementos donantes de colina (aumento de la respuesta sináptica), adaptógenos (mejora de la salud / bienestar general y mejora de la captación nootrópica), neuroestimulantes (mejora de la energía mental / física) y un número selecto de otros elementos que aportan un óptimo rendimiento”.

Entre sus componentes se encuentran: extracto de raíz de Vanuatu, una planta también conocida como Kava, con propiedades sedantes, anestésicas, euforizantes y enteogénicas; extracto de semillas del “árbol del intelecto” (Celastrus paniculatus), utilizado en la medicina tradicional hindú y ayurvédica por sus propiedades sedantes, antidepresivas y neuroprotectoras; extracto de té verde y camelia, vitamina E y B12 (excelente antídoto contra la resaca), extractos de cacao y de café y “aminoácidos concentrados de tipo I y II”.

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Cápsulas de KATY | Imagen vía Edmtunes.

No se especifica a qué tipo concreto se refieren estos últimos, pero teniendo en cuenta la importancia de algunos aminoácidos como la glutamina para los estímulos neuronales y los últimos descubrimientos sobre su poder para acelerar reacciones químicas, se suponen un componente importante para el resultado. Por otro lado, ha quedado demostrado que algunos alimentos como el cacao, presente en los ingrediente de KATY, contienen feniletilamina, una amina asociada al sentimiento del amor y de la que se derivan la feniletilaminas sustituidas, entre las que se encuentran drogas sintéticas como las anfetaminas y, por supuesto, los entactógenos como el MDMA. ¿Funciona entonces este curioso cocktail natural?

Experiencias con KATY, los consumidores opinan

Isabelle Kohn narra en la revista The Rooster su experiencia con KATY con las siguientes palabras: “Me sentí ligeramente enérgica y alerta, como si hubiera tomado una pequeñísima dosis de cocaína o me hubiera bebido un Red Bull a la misma velocidad que otra bebida. Una ligera euforia, un poco de calidez, calma y noté que estaba más sumergida en la música de lo que lo hubiera estado totalmente sobria (…) No creo que KATY hiciera bien en prometerme una experiencia de amor sin límites. Definitivamente había mucha gente entre la multitud a la que no quería confesar ningún amor. (…) Cuando llegué a casa tuve problemas para dormir. Cuando me desperté estaba aturdida y bastante decepcionada al darme cuenta de que tenía una ligera depresión, igual que tras una noche de Molly. Esto tiene sentido: KATY aumenta la dopamina y la serotonina, y cuando la droga finalmente sale de tu sistema, te sientes deprimido ya que los neurotransmisores luchan por volver a la homeostasis. Una cosa que me cruzaba la mente durante toda la noche era si esos leves sentimientos positivos que estaba experimentos eran reales o no”. Según apunta la periodista “la marca alrededor de KATY intensifica cualquier efecto placebo”, ya que  según los testimonios recogidos en la propia web y la intensa campaña de marketing detrás del producto, parecen garantizar efectos que puede que no se acerquen a la realidad.

Las opiniones vertidas en DMNW también invitan al escepticismo. Según la experiencia de sus redactores, los efectos son más parecidos a los de un suplemento alimenticio para hacer ejercicio que a los del MDMA, y el hecho de que aconsejen el consumo de bebidas alcohólicas en conjunto con la pastilla no parece del todo fiable. Por su parte, Haley Hamilton, escribe en primera persona sobre los efectos de KATY en Mel Magazine, pero desde una perspectiva más positiva “Pasé tres o cuatro horas con un ligero colocón pero no me sentí enfadada ni deprimida cuando fuimos a dormir. Tampoco di vueltas ni miré a regañadientes el amanecer a través de las persianas. Al día siguiente, me desperté a una hora razonable y no odié el mundo. Lo mejor de todo es que dos días después, no apareció el conocido efecto “Blue Monday”- donde sus receptores de serotonina están patas arriba tras un fin de semana con Molly – no me encuentro irritable o al borde del pánico como había experimentado con MDMA en el pasado”.

Los comentarios de Reddit sobre KATY ofrecen versiones parecidas a las anteriores. Hay gente a la que le gusta la experiencia y consideran que merece la pena optar por este suplemento en lugar de arriesgarse con las drogas sintéticas, otras personas claman que este suplemento no podría compararse ni por asomo a los efectos del MDMA y muestran su decepción, y los de más allá, intentan dilucidar si acaso su legalidad será un estado pasajero a la espera de efectos adversos aún por descubrir. Lo cierto es que la propia empresa ha alterado la receta tres veces desde la que la sacó al mercado, por lo que es incierto si en un futuro, se acercará o se alejará de la soñada alternativa definitiva al MDMA.

Por el momento, el caso de KATY no ha hecho más que corroborar extendidas sospechas: existe un amplio limbo legal y médico respecto a las sustancias psicoactivas, un indiscutible interés por parte de los consumidores en encontrar alternativas a las tradicionales drogas de síntesis y una acuciante necesidad de hacer más seguro el uso de sustancias con fines recreativos.

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Continua leyendo: Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica

Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica

Redacción TO

Foto: Cliff Owen
AP

Esta es una historia de mujeres imparables. La de seis niñas afganas, amantes de la robótica, que batieron todos los prejuicios y limitaciones para lograr su meta: participar en el First Global Challenge, una competición tecnológica para estudiantes de todo el mundo, que se celebra en Washington D.C. Después de que las autoridades estadounidenses rechazaran en dos ocasiones su visa para poder entrar al país, el equipo ha quedado en segundo lugar en la competición. Los jueces del concurso las han premiado por su “valiente logro” y por su “actitud de puedes lograrlo”, según informa Al Jazeera. El robot que construyeron con materiales domésticos va a volver a Afganistán con una medalla de plata colgada.

Porque esta es también la historia de la lucha por un sueño. El sueño por el que seis niñas lucharon contra las tradiciones de un país que discrimina a las mujeres. Formaron un equipo para construir robots en una región que lleva años azotada por la guerra. Recorrieron los 500 kilómetros que separaban su ciudad de Kabul para conseguir la visa que les permitiera entrar en Estados Unidos y fueron rechazadas. Pero volvieron. Porque 500 kilómetros no iban a poder con ese sueño imparable.

Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica 1
Una de las integrantes del equipo de Afganistán revisa el funcionamiento de su robot. | Foto: Kawsar Rashan/AP

La segunda vez que su solicitud fue rechazada, más de 150 adolescentes de todo el mundo habían recibido luz verde para entrar en el país y competir. El motivo del rechazo no fue hecho público. Aunque Afganistán no está incluido en la lista de países a los que Estados Unidos ha impuesto un veto migratorio (Irán, Libia, Somalia, Siria, Sudán y Yemen), sí es sometido a controles extremos.

“No somos un grupo terrorista”

La desilusión de las niñas por no poder viajar al concurso dio la vuelta al mundo. “Cuando oímos que éramos rechazadas, perdimos la esperanza”, dijo a Associated Press Sumaya Farooqui, de 14 años. “No somos un grupo terrorista que vaya a América y asuste a la gente“, contó Fatima Qadiryan, de 14 años.

La reacción de los expertos no se hizo esperar. “Esto es una desilusión tremenda, son unas muchachas extraordinariamente valientes”, dijo el presidente del concurso, el excongresista demócrata Joe Sestak, según recogieron los medios.

Finalmente, una semana antes de que empezara la competición, el equipo consiguió una excepción bajo el pretexto de “Importante beneficio público”, después de la intervención de última hora del presidente Donald Trump. “Mi sueño es construir robots. Solo queríamos demostrar al mundo nuestro talento, para que supieran que las chicas afganas también tenemos capacidades“, señaló Qadiryan. Y vaya sí las tenían.

Chicas al poder

De los 830 adolescentes que han participado en esta competición tecnológica, solo 209 eran chicas. Sin embargo, el 60% de los equipos que participaron fue fundado, liderado u organizado por mujeres.

En total, había seis equipos formados exclusivamente por mujeres: Estados Unidos, Gana, Jordania, los territorios Palestinos y la isla del Pacífico Vanuatu. “Es muy díficil para nosotras porque todo el mundo piensa que construir robots es solo para chicos“, dijo a Al Jazeera Samira Bader, de 16 años, del equipo de Jornadia. La joven añadió que buscaban demostrar que las chicas también podían hacerlo.

Las niñas afganas que no podían entrar en EEUU ganan un concurso de robótica
Las estudiantes afganas celebran su victoria. | Foto: Jacquelyn Martin/AP

Colleen Johnson, del equipo de Estados Unidos y también de 16 años, apuntó a la misma cadena que esperaba que llegara el día que “los equipos solo de chicas no fueran más especiales que los equipos solo masculinos o mixtos, porque ya fueran completamente normales y aceptados”.

La atención mediática que ha recibido la competición —donde han desaparecido los seis integrantes del equipo de Burundi— gracias al equipo afgano ayuda a hacer más visible el papel que juegan las mujeres en ciencia y tecnología.  De momento, el mundo ya las conoce a ellas. Son las soñadoras afganas.

Continua leyendo: El futuro pertenece a los menos inteligentes (si no lo evitamos)

El futuro pertenece a los menos inteligentes (si no lo evitamos)

Miguel Ángel Quintana Paz

A diferencia de la literatura o la religión, tan reconfortantes a menudo, la ciencia no tiene por qué resultarnos consoladora. Con frecuencia, de hecho, nos cuenta verdades un tanto fastidiosas. Incómodo resultó Galileo cuando decidió tomarse en serio el sistema copernicano e insistió en que la Tierra no era el centro del universo. Incómodo resultó Darwin cuando mostró que nuestro origen biológico y el de las cucarachas era el mismo. Incómodo es saber que hoy no contamos con una cura eficaz para todos los tipos de cáncer. Por latosas que resulten, ninguna de esas verdades pierde por ello ni un solo pellizco de verdad.

Esto no significa, naturalmente, que los científicos ignoren el revuelo que a veces podrían desencadenar sus descubrimientos. Ni que ello deje de provocarles cierto vértigo. Fue el caso, sin ir más lejos, del propio editor de Copérnico en el siglo XVI, el protestante Andreas Osiander. Temeroso de que su libro le acarreara una persecución religiosa, le añadió un precavido prólogo en que aseveraba que cuanto allí se contaba no debía tomarse como verdadero: “Esto, muchachos, es solo un hábil modo de resumir cómo se pueden hacer mejores cálculos en astronomía”, venía a decir el prologuista, “pero ni se os ocurra tomaros en serio este mero truco matemático, ni vayáis a creeros de veras que la Tierra no sea el centro de todo, líbrenos Dios”. La cautela de Osiander no parece excesiva: otro teólogo, Giordano Bruno, se negó a tomarse las cosas como proponía Osiander y se obstinó en sacar consecuencias de que nuestro planeta no fuera el centro del universo. ¿Resultado? Terminó en la hoguera donde un papa, de nombre Clemente, resolvió calcinar parejos atrevimientos.

Hoy los papas ya no achicharran más que terneras argentinas, pero ello no obsta para que los científicos sigan amedrentándose ante la reacción que sus estudios podrían desencadenar. Es lo que pensé al descubrir que uno de los asuntos más palpitantes de la psicología contemporánea contaba por fin, desde hace un año, con una pista para resolverse… pero esa pista aparecía, toda tímida, solo en el material suplementario de un artículo científico. Sus autores no parecían querer insistir en tal hallazgo. El asunto al que me refiero es fácil de formular: ¿favorece la selección genética actual a la gente más inteligente o a la menos dotada intelectualmente? Dicho de otro modo: ¿a este paso, los humanos seremos cada vez más listos, de media, o cada vez menos? La respuesta que se daba en los Proceedings of the National Academy of Sciences era contundente, y se corroboró con otro artículo de la misma revista en diciembre pasado: sí, la inteligencia es en parte heredable; sí, las personas más inteligentes tienden a tener menos hijos que el resto; y por lo tanto, sí, de seguir la actual tendencia, la especie humana estará cada vez menos dotada (intelectualmente).

(De desear adentrarse en los detalles científicos del asunto, cabe acudir a esta nutritiva entrada del blog de @DrXaverius).

¿A qué velocidad se producirá ese previsible entontecimiento de nuestras generaciones futuras, que hace unos años ya describió (menos científica, pero más entretenidamente) la película Idiocracy? Con el auxilio de un tercer estudio podemos confiar un cálculo: implicará unos 0,3 puntos menos de cociente intelectual por década. Esto significa que si Javier Marías o Antonio Navalón (recientemente aupados por periódicos de referencia como eldiario.es al rango de “odiadores de los millennials”) viven cincuenta años más, comprobarán entonces que la media de inteligencia a su alrededor descenderá hasta 1,5 puntos. Quizá no parezca demasiado, como no se lo parecen a algunos los grados de temperatura que se prevé aumentar en las próximas décadas; pero, en términos evolutivos, si ese proceso no se interrumpe, en mil años el humano medio tendría una inteligencia que hoy se considera retrasada.

¿Ese milenarismo va a llegar? Todo depende de si nos ponemos manos a la obra para remediarlo. Y de si queremos hacerlo, claro. A diferencia de la belleza o la fuerza física, que cabe reconocerlas perfectamente en los demás aunque uno carezca por completo de ellas (bien lo sabe un servidor, que humilde reconoce andar falto de la segunda), para apreciar la inteligencia hay que poseer, en parte, esa misma facultad. De modo que, si queremos encontrarle una solución a este asunto, más fácil será emprender tal tarea hoy que convencer a los atolondrados humanos de dentro de diez siglos de su importancia.

¿Qué se podría hacer? La entrada del blog que antes enlacé sugiere aplicar métodos como la selección de embriones o la ingeniería genética para compensar esa idiotización generalizada de nuestra especie. Son apuestas éticamente peliagudas, que entrañan un cierto tipo de eugenesia. Merecerían por sí solas otro artículo, de modo que no entraré a debatirlas aquí.

Hay, sin embargo, otra vía de solución más sencilla, que podríamos denominar “socialdemócrata”, en la que sí me detendré. Sabido es que a los socialdemócratas les encanta solucionar las cosas por medio de subvenciones. Y sabido es, al menos desde tiempos de la new left, que a los socialdemócratas les apasiona apoyar a las minorías, en particular aquellas en situación más vulnerable. Y bien, la conclusión es obvia, como habrá inferido el sagaz lector: creo que, desde el campo socialdemócrata, debería empezar a exigirse que el Estado subsidie a la gente más inteligente para que pueda tener más hijos de los que hoy tiene. Los listos son, al fin y al cabo, una minoría en evidente riesgo de extinción, si nos fiamos de la ciencia.

Además, no me cabe duda de que una medida como esta recabaría un apoyo electoral considerable. Al fin y al cabo, la mayoría de los votantes se considera del lado intelectualmente brillante de la sociedad, como notó ya Descartes al inicio de su Discurso del método. Votando a favor de esta subvención, pues, creerían en el fondo estar apoyando subvenciones para sí mismos. Quizá más tarde descubrieran que no es así: pero parece poco probable que masas de personas que se confesaran poco inteligentes se manifestaran luego para reclamar que son más tontos de lo que se creían.

Continua leyendo: ¿Cada cuánto deberías cambiar las sábanas de tu cama?

¿Cada cuánto deberías cambiar las sábanas de tu cama?

Redacción TO

Foto: Kalegin Michail
Unsplash

Pasamos presumiblemente entre un cuarto y un tercio de nuestras vidas en la cama, en algunos casos incluso más. Sin embargo, y este es un mensaje principalmente para personas solteras y estudiantes, no somos conscientes de toda la vida que crece entre las sábanas. Y no es vida humana, sino un “parque botánico de bacterias y hongos”, tal y como asegura en el diario Business Insider el microbiólogo Philip Tierno, profesor de la Universidad de Nueva York.

Y si dejamos que esos organismos microscópicos convivan con nosotros entre los pliegues de nuestros juegos de cama durante demasiado tiempo, podemos desarrollar alergias, e incluso enfermedades. Dicho esto, es necesario responder a la siguiente pregunta: ¿Cada cuánto debemos cambiar las sábanas de nuestra cama?

¿Cada cuánto deberías cambiar las sábanas de tu cama? 1
Foto: Elizabeth Lies/Unsplash

Teniendo en cuenta que los seres humanos producimos cerca de 98 litros de sudor al año mientras dormimos y que esta humedad sirve como un hábitat “ideal” para la proliferación de hongos, Tierno sostiene que debemos cambiar las sábanas, al menos, una vez a la semana.

“Si vieras lo que habita en tu cama te plantearías si realmente quieres dormir en eso”, sostiene Tierno

Un estudio reciente trató de averiguar hasta qué punto está contaminada nuestra cama, cuántos hongos habitan ahí dentro, qué tipo de bacterias pueden afectarnos, y lo que descubrieron es que había hasta 16 especies de hongos en cada una. Y no es solo por los hongos, hay todo tipo de vida que se suma a las células de la piel muerta, a las pelusas, a los ácaros del polvo y a otros microbios.

Tierno sostiene que basta con una semana para que toda esa mugre se convierta en una masa “significante”. Además, esa exposición a tumbarse y recostarse en ese pequeño ecosistema provoca respuestas como estornudos, derivados de mantener las bacterias cerca de las vías nasales y de la boca. “Incluso aunque no te hayan diagnosticado ninguna alergia en particular, puedes sufrir reacciones similares”, explica.

¿Cada cuánto deberías cambiar las sábanas de tu cama?
Un trabajador prepara las sábanas de una cama cubierta con oro de 24 quilates en la Semana de Diseño de Milán, en abril de 2017. | Foto: Stefano Rellandini/Reuters

Porque tus sábanas están destinadas irremediablemente a ensuciarse. Incluso si no te acuestas en ella, la propia fuerza de la gravedad hace que se llene de microbios y polvo. Tierno justifica que, igual que “Roma quedó enterrada por los escombros”, la gravedad provoca que la suciedad se instale en tu colchón. Y una o dos semanas de acumulación basta para provocar síntomas alérgicos como la sequedad de garganta y tos, especialmente en alérgicos y asmáticos.

Tierno pone un ejemplo algo desagradable para concienciarnos sobre la importancia de mantener la higiene en nuestro juego de cama: “Si tocas una caca de perro en la calle, seguro que querrías lavarte la mano”, dice. “Pues considera lo mismo con tu ropa de cama: si vieras lo que habita allí te plantearías si realmente quieres dormir en eso”. La conclusión es clara: más vale que cambies las sábanas de tu cama al menos una vez por semana.

Continua leyendo: Literatura Weird: lo insólito e inexplicable en la ficción “extraña”

Literatura Weird: lo insólito e inexplicable en la ficción “extraña”

Rohmy Cubas

Foto: Mónica Almeida
The New York Times

La ciencia ficción es más compleja de lo que parece, extraterrestres, viajes al futuro y naves espaciales son una pequeña cerradura entre todas las llaves que puede abrir el género. En la década de los años 20 escritores como H.P Lovecraft con Los mitos de Cthulhu y Edward Allan Poe con El cuervo popularizaron una escritura tan abstracta que fue adoptada por la colectividad con el nombre de Weird Fiction o ficción extraña. Estos clásicos perseveran como referencia de un estilo pero son pocos los escritores que han continuado con la tradición de absorber esa naturaleza verdaderamente inesperada y desconocida.

El casting de autores que escriben o han escrito Weird Fiction incluye a plumas expertas como las de George R.R. Martin, Franz Kafka, China Mieville, Clive Barker, Haruki Murakami, Neil Gaiman, Stephen King y Daphne Du Maurier.

El universo weird, que en inglés moderno significa extraño y en el antiguo hace referencia a una especie de futuro predeterminado, se aparta del romanticismo y la fantasía tradicional y ahonda en lo complejo combinando ambos elementos con el mundo real. Este tipo de ficción especulativa enfrenta al costumbrismo con escenarios incómodos e inconcebibles, dobla hacia caminos alternativos reconociendo que no todo tiene una explicación racional -científica o religiosa- y crea un sentido universal gracias a la incertidumbre que usualmente supone existir. Los monstruos y fantasmas de lo weird son las sombras de la rutina.

El estadounidense Howard Phillips Lovecraft fue uno de los primeros en materializar el término en su ensayo sobre El horror sobrenatural en la literatura, en donde escribe que en estas historias “debe haber un indicio, expresado con una seriedad y pretenciosidad que se convierta en su objetivo, de esa concepción más terrible del cerebro humano —una suspensión maligna y particular o la derrota de esas leyes establecidas por la Naturaleza- que son nuestra única salvaguardia contra los asaltos del caos y los demonios del espacio insondable”.

Literatura Weird: lo insólito e inexplicable en la ficción “extraña”
Historieta basada en el libro Los mitos de Cthulhu de H.P Lovecraft | Imagen vía: MediaFire

La muerte de Lovecraft junto a la segunda guerra mundial y la traducción de las obras de Franz Kafka al inglés fueron claves en el antes y el después del género.

En la década del 2000 el término se ha vuelto a popularizar en parte gracias a la cantidad de experimentos cinematográficos que sin poder definirse por completo mezclan lo sobrenatural con el horror, la fantasía, el relato gótico y la ciencia ficción. Y eso es precisamente lo que hace la Weird Fiction, más que una expresión es un sentimiento que apela a una atmósfera inexplicable donde las fuerzas externas y desconocidas intentan sonar familiares.

En el presente la Weird Fiction se ha reintegrado a la sociedad en el perfil de New Weird. Escritores como Murakami y China Mieville han retomado el tren que se averió luego de una temporada en la literatura del siglo XIX.

Pulp Magazines y el relato comercial

Por ser algo extravagante y bizarra la Weird Fiction ha sido asociada con un tipo de ficción de escaso valor y promocional que se usaba en la era de las revistas Pulp -publicaciones calificadas como “baratas” por el tipo de papel y encuadernación que utilizaban- dedicadas a la ficción en todos sus extremos, pero con la perspectiva del tiempo hoy muchas de estas lecturas son referentes artísticos y culturales.

Una de las publicaciones más reconocidas, Weird Tales, tiene un archivo de lápices envidiables como los de H.G Wells, Isaac Asimov, Lovecraft, Ray Bradbury, Clark Ashton Smith, Howard Wandrei y algunas mujeres -aunque no suficientes- como Mary Elizabeth Councilman y Francis Stevens.

La época de las revistas Pulp plantó la ciencia ficción y la fantasía en el imaginario colectivo y ubicó en el mapa a escritores como Arthur C. Clarke, Poul Anderson, C. L. Moore y Robert Heinlein. La crítica sobre su calidad artística choca con la evidencia que sugiere un limitado reconocimiento. Por otro lado, añade un valor histórico cuando se recuentan la cantidad de conflictos sociales y religiosos que transitó la humanidad a la par de sus publicaciones, incluyendo guerras mundiales, la creación de la bomba atómica, pandemias, genocidios y revoluciones.
Aunque la ficción es una forma de escapismo, para los autores también fue necesario algún tipo de veredicto personal en sus historias entre tantas convicciones e ideologías.

Literatura Weird: lo insólito e inexplicable en la ficción “extraña” 1
Diseño de videojuego inspirado en los mundos de la literatura New Weird | Imagen vía: TheKillScreen

Lo “New Weird”

Lo Weird se estancó pero no desapareció. Desde 1940 en adelante trabajos como los de Mervyn Peake o Daphne Du Maurier siguieron con la tradición gótica de lo Weird, popularizando la atmósfera ya establecida por Lovecraft y Poe.
Desde entonces algunas obras han florecido del letargo como la del francés Michel Bernanos The Other Side of the Mountain –El otro lado de la montaña- y The Beak Doctor del estadounidense Eric Basso con una narrativa más modernista pero no menos sugestiva.

Stephen King también pasó por aquí en los años 70 redefiniendo el género súper natural en la literatura americana de terror junto a Clive Barker con Books of Blood –Libro de sangre- escrito en los 80.

El New Weird definitivo llegó al siglo XXI con una generación que creció sumergida en la cultura de la ciencia ficción, utilizándose como una herramienta para referirse a las múltiples dimensiones de la realidad. Escritores como M. John Harrison, Steph Swainston, China Mieville, K.J. Bishop, Michael Cisco y Jeff VanderMeer –autor de una de las antologías más completas sobre el género de invención en la literatura- reiteran interrogantes formuladas por los pioneros de la ciencia ficción, fusionándolas con lo “extraño”.

Surrealismo transgresivo, ciencia, ficción histórica, sátira política y fantasía urbana se congregan en una proyección de ciudades y personas que se mueven en lo irracional y extraordinario. En la literatura weird hallarás desde plantas asesinas, montañas humanas y colores que caen del cielo hasta un París apocalíptico y un hotel con una dimensión desconocida escondida entre sus pasillos.

La idea es desprenderse del sentido común y el escepticismo, sumergirse en lo ilógico e inexplicable. Parece “extraño”, pero no lo es.

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