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La boda de mi mejor amigo cumple 20 años y hoy no existiría

Nerea Dolara

Una de las mejores rom-com de los noventa cambió los roles y el final típicos del género. Y hacerla hoy no sería posible.

Hace 20 años llegó a las pantallas una comedia romántica que se quedó en la memoria de los espectadores de ese momento y que aún figura en listas de las mejores rom coms… y eso considerando que los “enamorados” no terminan juntos, o tal vez sí. La boda de mi mejor amigo tenía la ventaja incomparable de contar con Julia Roberts como protagonista. Y ya pensando en ella, esa mujer que el cine convirtió en la bonita vecina de todos, en la más querida, la trama casi se escribía por sí misma. Pero resultó que no. Que la película cambió las normas, que la perspectiva de la historia provenía de la villana y no la heroína. Que al final sí hay una boda, pero Julia Roberts es sólo la dama de honor.

La novia de América interpreta, con su enorme sonrisa y su pelo alborotado, a Jules, una periodista gastronómica que ha estado enamorada de su mejor amigo toda la vida, con quien tiene un pacto para casarse llegados a los 28 años (estándares retrógrados noventeros) si siguen solteros. Y cuando él la llama, cerca de su cumpleaños, ella supone que será para acordar casarse. Y él sí quiere casarse, pero con otra. Conoció a alguien, una joven e inocente universitaria llamada Kimmy. Y es aquí donde Jules pierde los papeles. Lo que sigue es una suma de tretas, cada una peor que la otra, para separar a la pareja, porque esta convencida de que es ella quien debe estar con él.

La boda de mi mejor amigo cumple 20 años y hoy no existiría 2
ESCENA DE LA BODA DE MI MEJOR AMIGO. | Foto: Columbia Pictures

Y así, casi sin que el espectador lo note, la sonriente Julia Roberts, la chica buena por excelencia, se convierte en una malvada, en la tercera en discordia, en ese personaje que siempre está ahí en la película para que lo odies y quieras que la pareja supere todo. Pero es a la vez ella la protagonista, a quien vemos sufrir y descender cada vez más en un agujero de autodestrucción intentando obtener algo que quiere a costas de la felicidad de cualquier otro. Es egoísta y descabellada y si no fuese por Roberts la simpatía de la audiencia desaparecería en segundos. La línea es difícil de caminar porque además Kimmy, una jovencísima Cameron Díaz, no es lo que parece. Sí, es una chica rosa y pija, pero es también dulce, inteligente y realmente ama a Michael.

Inicialmente el final de la película no iba a ser tan revolucionario -para recapitular, Jules casi destruye la boda pero al final también la salva y termina sola en la fiesta, mientras la pareja se dirige a su luna de miel-, de hecho el plan inicial era que ella terminase con otro hombre, enamorada y feliz. Pero las audiencias de los focus groups estaban en contra. “La querían muerta. No entendían sus motivos”, dijo el director de la película PJ Hogan a Entertainment Weekly. Así que hubo modificaciones en la trama y el editor de Jules, su confidente, adquirió un rol más importante como su pepe grillo. “Cuando estaba siendo particularmente horrible hacíamos que llamara a Rupert y él le decía que estaba haciendo algo malo”. La actriz tuvo que regresar al set ocho meses después a grabar un nuevo final. Y en esos pocos minutos la audiencia perdona a una deprimida Jules que baila para olvidar sus penas con su confidente gay.

 

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Escena de la boda de mi mejor amigo. | Foto: Colombia Pictures

Los noventa -y los ochenta- fueron una era dorada de las comedias románticas y La boda de mi mejor amigo es prueba de ello. No era formulaica y no tenía el final predecible tan común en el género. Pero esos tiempos han pasado ya. Películas como esta no llegan a cines repletos de superhéroes y presupuestos exhorbitantes. Producciones de media escala son cada vez más escasas y las comedias románticas, cuando aparecen, son mediocres. Las excepciones vienen el pozo del cine indie (What if, The Big Sick, Adventureland), antes alejado de estas historias tan mainstream, ahora rescatando un género que ofrece múltiples posibilidades y que siempre tiene audiencia. Y de la televisión, que últimamente ha producido más de una historia que definitivamente podría considerarse una rom-com extendida (Master of None, Love, You’re the Worst, The Mindy Project).

Lo cierto es que 20 años después no hay un papel como este o una película como esta o incluso la posibilidad de una Julia Roberts -se le acerca Jennifer Lawrence, pero en ello han influido franquicias de literatura adolescente como Los juegos del hambre-. La boda de mi mejor amigo le dio a las audiencias un final diferente, les dio una protagonista que era una villana y les dio un momento genial (y perfecto para gifs, años antes de que existieran) en que un restaurante entero canta Say a Little Prayer. Convirtió la escena en que el chico persigue a la chica y le declara su amor, en una escena entre dos mujeres en la que una de ellas se disculpa y convence a la otra de quedarse con su amado, el amado de ambas. Puso patas arriba la fórmula del género pero sin hacer una revolución, aún dentro del mainstream. Hace 20 años se podía ver algo así en el cine. Hoy sólo pensarlo parece imposible. Y eso es triste.

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Un paseo por la Florencia de Gucci y Ferragamo

Claudia Preysler Ledo

Foto: .
Museo Salvatore Ferragamo

Si eres de aquellos paseantes que presta atención al nombre de las calles, más por curiosidad que por orientación, al recorrer las de Florencia deberías de reparar en algunos, como Via Cartolai, Via Tessitori o Via Tintori. Más allá de todas las maravillas artísticas que hay que descubrir cuando se visita esta ciudad, las calles de los papeleros, los tejedores y los tintoreros, por nombrar solo algunas, ponen sobre la pista al viajero de otra ruta.

Orgullo toscano

Aunque pensar en Milán evoque ya el estilo y los grandes nombres de la moda italiana, la fama de este país en el arte de la alta costura no sólo se concentra en esta urbe. Ya desde el siglo XIII, antes de la llegada de la familia Medici, veintiún gremios de mercaderes y artesanos gobernaban la entonces república independiente de Florencia. Los mismos que todavía hoy dan nombre a sus vias y recuerdan que el comercio y la artesanía son dos señas de identidad que los toscanos siempre han lucido con orgullo.

“Un florentino que no es un mercader, que no ha recorrido el mundo, ha visto naciones extranjeras y a sus gentes, y ha regresado a Florencia con algo de riqueza, no goza de estima propia en absoluto”, escribió el comerciante de seda renacentista Gregorio Datti.

Siglos después, la misma dignidad toscana volvía a abrirse paso cuando Maurizio Gucci, hermano del fundador del imperio textil, bromeaba: “Gucci es tan florentino como Johnnie Walker es escocés, y no hay mucho que alguien pueda enseñar a un florentino sobre comercio y artesanía”.

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Imagen del el antiguo Pallazo della Mercanzia. | Foto vía Gucci.com

Una parada en el Gucci Garden

La periodista Sara Gay Forden cuenta esta anécdota en su libro sobre la historia la casa Guccio Gucci, cuyas iniciales son hoy reproducidas (e imitadas) en bolsos, cinturones o camisetas, como distintivo de clase y poderío económico.

Como homenaje a su historia y a su ciudad, desde este febrero, la firma italiana ha elegido el antiguo Pallazo della Mercanzia, situado en la famosa Piazza de la Signoria florentina, como sede de su colección. El Gucci Garden fusiona arte y moda en una suerte de museo multiespacio, un concepto cada vez más popular entre las casas de alta costura.

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Guccificación. Imagen vía Gucci.com

Mientras que en la planta baja se sitúa la divertida tienda de objetos singulares y el restaurante, a cargo del triestellato chef Massimo Bottura, algunos de los objetos y diseños más singulares o con mayor valor simbólico para la firma se exhiben en las plantas superiores del jardín, mezcladas con el onírico universo de Alessandro Michaele, actual genio creativo de Gucci.

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La osteria de Massimo Bottura | Imagen vía Gucci.com

En la última sala encontramos maletas y bocetos que recuerdan el origen de la marca. A finales del siglo XIX,  mientras trabajaba en el Hotel Savoy de Londres, Guccio Gucci observó el gran cuidado que los ricos huéspedes que llegaban procuraban a sus posesiones, contenidas en pilas de maletas hechas de cuero y grabadas con sus iniciales.

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CINEMA DA CAMERA en el Gucci Garden. | Imagen vía Gucci.com

Cuando regresó a Florencia, tras trabajar en varias firmas dedicadas a la piel, en 1921 reunió el suficiente conocimiento y dinero como para abrir su propia tienda, dedicada los artículos de cuero y las reparaciones de este material. El comercio, que no tardó en ser rentable, se situaba, estratégicamente, cerca de la Via dei Tornabuoni, una de las calles más elegantes de la ciudad, que hoy se disputa con la Via del Corso los letreros de todas las grandes firmas de moda, y donde se encuentra la tienda de Gucci.

El zapatero que fue a Hollywood y volvió a Florencia

Tras un paseo por Oltrarno, donde poliferan los pequeños talleres dedicados al tejido de lana, la seda y los brocados, de vuelta al otro lado del río, accediendo por el Ponte Santa Trinita, se encuentra el Palazzo Spina Feroni, sede del Museo Salvattore Ferragamo.

El famoso zapatero que calzó a las celebridades del joven Hollywood de los años 20, regresó a Italia en 1927 para establecerse en Florencia, conocida por su buen hacer artesano.

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Piezas de la exposición ‘1927. Il rittorno a Italia’ en el Museo Salvattore Ferragamo | Foto vía Museo Salvattore Ferragamo

Hasta el 2 de mayo, el museo conmemora el aniversario de esta vuelta con la exposición 1921. Il ritorno a Italia, que acoge una amplia selección de pintura, escultura, fotografías, artes decorativas, y por supuesto, zapatos, que ilustran la historia de Italia durante esos años. La muestra, no solo recomendable para los amantes de la moda, recorre la vanguardia de los años 20, cuyas corrientes estéticas influenciaron el trabajo de Ferragamo.

Además de su colección de zapatos (10.000 de la propia firma y piezas de época), de vestidos y de su archivo de documentos, el museo organiza exposiciones temporales, como la que ahora apura sus últimos días. A partir del 24 de mayo, acogerá la muestra Italia en Hollywood, dedicada a la época que el diseñador de zapatos pasó en California.

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Il Ritorno a Italia recorre la vanguardia de los años 20. | Foto vía Museo Salvattore Ferragamo

Polimoda, la fábrica de diseñadores

Además de este museo, la familia Ferragamo está presente en la escuela de moda más importante de Italia: el Instituto Polimoda, que, desde 2006, preside Ferruccio Ferragamo, está considerado como el mejor lugar para formarse en estudios de diseño y gestión de moda y marcas de lujo.

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Polimoda Firenze. | Imagen vía Facebook de Polimoda.

En 1986, las primeras clases se impartían en la Villa Strozzi de Florencia. Tras la apertura de dos nuevos campus especializados, en el 2000, los tres espacios se unificaron en una sede en la Via Curtatone, donde hoy se asienta la escuela.

Quien presenta un proyecto de fin de grado o máster en Polimoda, puede acabar haciendo carrera en el bussiness of fashion: directivos de importantes firmas acuden al instituto florentino en busca del talento y el buen hacer artesano que, todavía hoy, se cocina entre los muros de la joya de la Toscana.

Continúa leyendo: Israel: un milagro hi-tech que floreció en medio del desierto

Israel: un milagro hi-tech que floreció en medio del desierto

Tal Levy

Foto: Ronen Zvulun
Reuters

“En Israel, para ser realista debes creer en los milagros”. Esta afirmación, lanzada por el mítico primer ministro israelí David Ben Gurión, quien proclamó la independencia de Israel el 14 de mayo de 1948, es quizá sólo en apariencia paradójica.

Un país pequeño, relativamente joven, árido, sin recursos naturales, poblado con inmigrantes venidos de los más diversos confines, democrático y rodeado de dictaduras, con unas cuantas guerras a cuestas, una tensa calma con sus vecinos y un conflicto no resuelto con los palestinos ha sido considerado la octava potencia, de acuerdo con el ranking elaborado el año pasado por la revista The American Interest, por ser un “poder en ascenso con un impacto creciente en los asuntos mundiales”.

Hace 70 años no era más que un sueño; hoy, una nación start-up de tecnología y conocimiento. Los kibutz, comunidades predominantemente agrícolas y cooperativistas de producción y consumo en las que confluyeron el sionismo y el socialismo, tuvieron un rol esencial en el naciente Estado y forjaron su economía, basada fundamentalmente en la exportación de naranjas y en la actualidad impulsada por el mundo hi-tech.

Sabían que ese territorio largo y angosto, equiparable en tamaño a la Comunidad Valenciana, era en un 60% puro desierto. Por más creyentes que fueran, no podían esperan a que el maná cayera del cielo; había que arar, nunca mejor dicho, en el desierto hasta “milagrosamente” hacerlo florecer. 

Ante la carencia natural, se antepuso el recurso humano hasta lograr desarrollar el riego por goteo, que sería utilizado luego en todo el globo, así como la desalinización y la reutilización del agua.

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Una soldado israelí hace un saludo frente a los nombres de los soldados muertos en 1948 durante la guerra de fundación del Estado de Israel en el Cementerio Militar del Monte Herzl | Foto: Nir Elias / Reuters.

Israel, que según el calendario hebreo celebra en abril su setenta aniversario, ha sido creadora por igual del sistema antimisiles llamado Cúpula de Hierro, capaz de interceptar proyectiles y hacerlos explotar en el aire, que del gel antimedusas; de la mayor torre de energía solar que del “ojo móvil” de los coches que contribuye a evitar accidentes de tránsito; de la primera mensajería instantánea, la cual permitió chatear en internet, que de la variedad más pequeña del tomate cherry, apodado gota, menor en diámetro que un shékel (moneda israelí).

En esta tierra descrita en la Biblia como “de leche y miel” las vacas producen más leche que en ninguna otra parte, pero no por obra de gracia, sino por la investigación y aplicación de métodos de alta tecnología que han inspirado proyectos en naciones como China, India o Vietnam.

Son muchos los avances. El ser un país bajo constante amenaza, pues a lo largo de su corta historia distintos líderes árabes han lanzado su intención manifiesta de “borrar a Israel de la faz de la Tierra”, ha hecho que la ingeniería militar sea una prioridad.

Esta necesidad no ha impulsado sólo a Israel a transformarse en una potencia militar regional con uno de los ejércitos más avanzados tecnológicamente del planeta y en una de las pocas naciones dotadas, aunque no ha sido reconocido oficialmente, con armamento nuclear. También ha beneficiado el emprendimiento en otras áreas gracias, además, a que es permitido que los ingenieros apliquen sus tecnologías ideadas durante el servicio militar obligatorio a sectores “no conflictivos” y con uso comercial.

Tal es el caso de soluciones de la vida moderna inicialmente incubadas en las Fuerzas de Defensa de Israel o por expertos formados en sus filas, como los primeros lápices de memoria USB, el “cortafuegos” pionero de Check Point en seguridad informática o la píldora con cámara de vídeo que permite la visualización de los intestinos de un paciente y reemplaza a la molesta endoscopia.

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La Fuerza Aerea israelita se prepara para el show acrobático durante las celebraciones del 70 aniversario en Jerusalén | Foto: Ammar Awad / Reuters.

La herencia duradera

El mundo estaba en deuda tras el Holocausto con los judíos, un pueblo que vivió en el exilio durante dos milenios y que deseaba volver a la que considera su tierra sagrada, ancestral. Con un historial de expulsiones y tratados como parias, los hebreos sabían que lo único que podrían llevarse consigo siempre y que nadie podría arrebatarles era la educación, la misma a la que apostaron al levantar el país, al punto que el llamado “Pueblo del Libro”, que le dio un renacer al hebreo como idioma nacional, se ubica en la actualidad entre las naciones más alfabetizadas y con mayor porcentaje de universitarios.

No es de extrañar que su primer presidente y líder por años del Movimiento Sionista Mundial haya sido un científico: Jaim Weizman, fundador del instituto de investigación que llevaría su nombre y que junto con el Technion y la Universidad Hebrea de Jerusalem han sido responsables de buena parte de las innovaciones.

La inversión en investigación y desarrollo en relación con el PIB de Israel sobrepasa al de los demás países, por lo que lo sitúa a la cabeza de las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico; eso sí, los recursos son destinados sobre todo a un único rubro: la alta tecnología, sector que emplea a 9% de los trabajadores.

Desde instancias como la Oficina del Jefe Científico y luego la Autoridad de Innovación se ha fomentado el desarrollo tecnológico mediante el apoyo a emprendimientos, la inversión en investigación y desarrollo en el sector privado. El Foro Económico Mundial ha ubicado a Israel entre los diez países más innovadores.

La nación start-up

En Start-up nation: La historia del milagro económico de Israel, best seller publicado en 2009, Dan Senor y Saul Singer abordan las claves del exitoso modelo israelí que le ha permitido tener el mayor número de estas empresas emergentes per cápita en el mundo, superando a Japón, China, Corea, Canadá y Reino Unido.

Israel ha logrado convertirse en la segunda potencia tecnológica, después de Estados Unidos, tanto que se habla del Nuevo Silicon Valley, del Silicon Wadi e incluso del Silicon Valley de Silicon Valley.

La nación hebrea cuenta con más compañías de alta tecnología en el Nasdaq que toda la Unión Europea.

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Matam High-Tech Park es el parque tecnológico más grande y antiguo de Israel y está localizado en la entrada de Haifa. | Foto vía Wikipedia.

Ostenta la mayor tasa en inversión extranjera en comparación con el PIB, siendo Estados Unidos la fuente principal. IBM fue el primer gigante tecnológico que escogió Israel para abrir su primera instalación de investigación y desarrollo fuera de territorio estadounidense. Microsoft, Google, Apple, Intel, Motorola, Cisco, Daimler y General Motors, entre otros, también han dispuesto allí plantas o centros de este tipo.

A su vez, Israel exporta start-up tecnológicas. Entre sus grandes éxitos empresariales destaca Waze, la aplicación de tráfico en tiempo real, que fue vendida a Google por una cifra cercana a los 1.000 millones de euros en 2013.

Ese mismo año, por ejemplo, Apple adquirió por 245 millones de euros la compañía israelí PrimeSense, responsable del sensor 3D de Kinect; IBM pagó poco menos de 1.000 millones de euros por la firma de soluciones contra virus y fraudes informáticos Trusteer y Facebook adquirió por más de 110 millones de euros la empresa de análisis de consumo de datos móviles Onavo.

El récord fue batido el año pasado con la compra que hizo Intel, por más de 14.000 millones de euros, de Mobileye, empresa puntera israelí fundada en 1999 para el desarrollo de sensores y componentes electrónicos que facilitan la conducción de coches autónomos, pasando a ser la mayor adquisición empresarial por parte de una compañía extranjera en la historia de Israel.

De lo difícil a lo imposible

En una exclamación de júbilo encerrada en una sola palabra, bíblica por demás, “aleluya”, se enmarcan los festejos del setenta aniversario de Israel, para los cuales ha sido escogida la canción con ese nombre con la que Israel ganó por segunda vez consecutiva el Festival de Eurovisión en 1979, superando a su rival de España, Betty Missiego, gracias al voto final curiosamente dado por el jurado español y que tanta polémica despertó.

Una nueva versión de ese clásico será interpretada en la celebración oficial por la propia Gali Atari, aunque en lugar del grupo Milk & Honey estará acompañada por Eden Ben-Zaken, quien llegó en segundo lugar en la edición israelí del concurso Factor X.

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Celebraciones en Ashkelon. | Foto: Amir Cohen / Reuters.

Las 70 horas de celebraciones, cuyo costo ronda los 25 millones de euros, se inician el 18 de abril con el encendido de doce antorchas en el Monte Herzl, en conmemoración a las doce tribus de Israel, e incluirán un desfile de fuegos artificiales y una fiesta nocturna que se extenderá de Tiberíades a Eilat a lo largo de 70 kilómetros, así como danzas en las calles que rememorarán aquellos bailes espontáneos avivados al proclamarse el nacimiento del Estado.

La conmemoración no se ha visto exenta de cuestionamientos, como los suscitados en torno a la insistencia del gobierno por lograr que el primer ministro, Benjamín Netanyahu, ofreciera un discurso en la ceremonia inaugural, honor que tradicionalmente sólo es reservado al presidente del Parlamento (Knéset), o las críticas al logo de los festejos tachado por algunos de “old fashion” y que poco hace honor al eslogan de “un legado de innovación”.

Los notables avances de Israel en el ámbito de la tecnología contrastan con los desafíos que afronta, por ejemplo, con la creciente tensión en su sociedad polarizada entre ultrarreligiosos y laicos.

Además, debe acabar de resolver un problema fundamental: el conflicto con los palestinos, que hunde sus raíces en la fundación misma de la nación hebrea. Como también dijera David Ben Gurión, padre de la patria: “Las cosas difíciles las hacemos inmediatamente. Las imposibles tardan un poco más”.

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Ready Player One o el fin del reinado de la nostalgia

Nerea Dolara

La nueva película de Spielberg ha generado dos reacciones: indiferencia y rabia… no precisamente las que se desea en un estreno. A unas semanas de su llegada a las salas analizamos por qué este filme fracasó y si marca la llegada del declive de la nostalgia como mina de historias para Hollywood.

Hace unas semanas llegó a los cines la primera incursión de Steven Spielberg en el cine de espectáculo desde La guerra de los mundos en 2005: Ready Player One. Por alguna razón (o varias que ya veremos) este regreso del director responsable de ET, Jurassic Park o Tiburón al cine de aventuras que también se le daba llamó poco la atención de los espectadores, que no han llegado a las salas en masa como esperaría el estudió que financió la cinta.

Ready Player One es una historia de aventura, que se desarrolla entre el mundo real y un mundo de realidad virtual, y que para muchos críticos y espectadores es la gota que rebasó el vaso de la obsesión de Hollywood con la nostalgia. La historia, en resumen, es la siguiente: el mundo del futuro está sumido en la pobreza y sus habitantes escapan a su realidad conectándose a un mundo virtual llamado Oasis; cuando el creador del Oasis -un “nerd” obsesionado con la cultura pop- muere deja como condición para el heredero de su fortuna, y del diseño del Oasis, que se busquen tres llaves en una competencia en que puede participar todo el que quiera… y que mide el conocimiento que tengan sobre ¿la vida de el creador? ¿la cultura pop antigua? En fin…

Pero ¿qué razones hay para que esta película que en teoría debería funcionar haya pasado completamente desapercibida para unos y haya sido altamente criticada por otros? Pues revisemos.

1. El material

Ready Player One está basada en una novela del mismo nombre. El libro, de Ernest Cline, salió al mercado en 2011 y fue recibido con muy buena crítica. Era una historia sobre un nerd que crea un mundo a la imagen y semejanza de sus obsesiones de infancia y de un joven del futuro que debe probar que sabe todos los detalles de esa cultura pop – en algún punto hay que citar toda una película de Monty Python para avanzar- para heredar su reino. Y en 2011 eso no estaba del todo mal. Y luego, en 2014, llego Gamergate y todo cambió. El escándalo sobre el sexismo y el yo-lo-sé-todismo del mundo de los gamers y del desarrollo de juegos para ordenador explotó en todo su misógino, prejuicioso, violento y desagradable esplendor y Ready Player One comenzó a verse bajo otra luz. Porque ¿no es el creador del Oasis un gamer como los peores trolls del mundillo online del juego? ¿No obliga a sus jugadores a compartir sus obsesiones so pena de castigo porque asume que lo que le importa debería ser lo más importante para todos? ¿No es al final el libro una lista de referencias ochenteras repetidas de manera obsesiva sin mucho más trasfondo?

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Wade es un estereotipo ambulante, pero a la vez es un adolescente del futuro que nunca existiría. | Imagen del afiche oficial. Warner Bros. Pictures, Amblin Entertainment y Village Roadshow Pictures.

2. El director

Steven Spielberg supo durante mucho tiempo entender a las audiencias, de hecho se le culpa de inventar la era del blockbuster (en que estamos sumidos hasta las orejas) con películas como Tiburón. Su olfato era siempre astuto, capaz de sumar emoción, aventura y personajes memorables para producir clásicos de la gran pantalla. El otro Spielberg, el que hace La lista de Schindler, Salvando al soldado Ryan o The Post, es también un muy buen director: serio, emotivo, capaz. Es este segundo Spielberg el que ha reinado en los últimos años y Ready Player One significaba su vuelta a su viejo amor por el cine de entretenimiento. Pero, y cualquiera que haya visto la película lo habrá notado, hay algo que falla en la suma de esta historia y este director.

Spielberg, y esto no se trata de hablar mal de los mayores, parece intentar hablar a las nuevas generaciones en sus términos, pero sin tener idea de qué términos son esos. Estos jóvenes personajes están tan obsesionados con el pasado que este futuro parece escrito en los noventa y no hace unos años. Es, porque también lo es en el libro, una historia sobre juventud escrita por hombres mayores recordando la suya propia. Es difícil entender, de hecho, a quién se dirige la película: apela a las sensibilidades de treintañeros y cuarentones, pero es demasiado juvenil al mismo tiempo, tanto que a veces parece hecha para adolescentes… pero no conoce a los adolescentes a los que les pretende hablar. Spielberg, que ha tenido varios fracasos en los últimos años, probablemente apostó por volver a lo grande con lo que le parecía una historia perfecta para el momento: nostálgica pero futurista, llena de realidad virtual y protagonizada por jóvenes… con lo que no contó es que Ready Player One no tiene nada que ver con este momento, es de hecho completamente ajena a su entorno y eso ha sido parte de su fracaso.

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La película tiene más de 300 referencias de cultura pop y gaming… ¿exceso o deleite? | Imagen vía Warner Bros. Pictures’, Amblin Entertainment’s y Village Roadshow Pictures.

3. La historia

En este mundo del futuro el mundo parece ser un lugar horrible: la pobreza es general, la contaminación y la superpoblación obvias… en general la miseria es la norma. La única oportunidad de huir de este mundo horrible es el Oasis, este juego de realidad virtual montado sobre la nostalgia de un solo hombre que por alguna razón se convirtió en dueño del mundo cuando creó este invento. A su muerte el plan es dejarle el control del Oasis, es decir del mundo porque la población vive la mayoría de su existencia conectada, a quien gane un juego basado exclusivamente en él y sus gustos. No se trata sólo del cansancio general con la explotación de la nostalgia (en lo que esta película incurre hasta el hartazgo) sino del preocupante mensaje que subyace: este es un mundo monárquico o imperial, pero no se trata de sangre azul sino de quienes tengan mayor conocimiento de trivia. De hecho para el creador del Oasis es tan importante saber tonterías varias sobre películas de los ochenta y noventa que cree que eso es prueba suficiente de que alguien, un adolescente por ejemplo, merece tener control total sobre el mundo, sin nadie a quien rendir cuentas. Y no hablemos de la política de género en una película marcada por el orgullo de ser hombre blanco heterosexual. De hecho, el protagonista proclama su amor por una compañera de juego a los minutos de conocerla… y el Oasis y todo lo que hizo su creador está básicamente sembrado en el abono de que la chica que le gustaba sólo lo consideraba un amigo.

Es una película sin conciencia real del mensaje que transmite, desconectada del momento en que vive e incluso de su propia esencia… es ignorante sobre su influencia, su peligro y su claro desapego humano… y eso es incomprensible cuando involucra a gente tan talentosa como Spielberg.

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Las críticas han llegado por la superficialidad con que la historia trata temas importantes y con las ideas que parece defender. | Imagen del afiche oficial. Warner Bros. Pictures, Amblin Entertainment y Village Roadshow Pictures.

4. La nostalgia

Sí, hemos hablado de esto hasta el cansancio pero es que la televisión y el cine se alimentan de la nostalgia hasta el cansancio. Ready Player One podría considerarse el último intento de ganar dinero a raudales explotando los recuerdos de la audiencia. ¿Por qué? Su descaro, su falta de dirección clara y su pasar anodino por las salas son algunas razones. En Ready Player One, a diferencia del libro, las referencias no son sólo a los ochenta, también están los setenta, los noventa, los 2000… pero es todo eso, decoración, como la capa de azúcar glasé que se le pone a una tarta de boda y que la mayoría de los invitados retira… es bonita, pero es demasiado. Esto no quita que no sea divertido pillar las referencias (aunque hay tantas que es casi imposible, en YouTube hay videos que detectan más de 300, por ejemplo), y si la película no fuese un ejercicio vacío tal vez valdría la pena… pero no lo es, por lo que termina por convertirse en una acumulación de guiños y poco más.

Ready Player One es una prueba para Hollywood de que tener grandes nombres, incluso un gran nombre como Steven Spielberg, no salva películas mediocres. Y es también prueba de que la nostalgia no es un pozo sin fondo, es de hecho un recurso no renovable y se está agotando.

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Killing Eve y otras cinco mujeres detectives que deberías conocer

Nerea Dolara

La nueva serie de Sandra Oh se estrenó en HBO y vale mucho la pena. Pero si te quedas con ganas de ver a más detectives geniales (hay un episodio por semana) te recomendamos a otras cinco mujeres geniales y muy buenas en su trabajo.

Esta semana quien estuviese atento (y quien no lo estuvo…este es su aviso) presenció la vuelta a la televisión de Sandra Oh o como la conocen los fans de Grey’s Anatomy, Cristina Yang. Desde su genial paso por el drama médico como la mejor amiga de Meredith Grey, la fría y vulnerable, siempre competitiva y brillante Dra. Yang, Oh había estado tristemente fuera de los radares, a menos que se cuente alguna pequeña película indie. ¿Cómo ha vuelto? A lo grande, como protagonista. Killing Eve, serie de la BBC que actualmente emite HBO, es un drama escrito por Phoebe Waller-Bridge (esa genial treintañera que nos regaló Fleabag) que antes de estrenarse ya se había renovado para una segunda temporada. Oh interpreta a una detective que trabaja en MI6 (la serie es muy británica) y que se obsesiona con atrapar (o tal vez sólo se obsesiona) a una asesina a sueldo bastante despiadada y brillante que va dejando cadáveres por Europa.

El drama atrapa desde la primera escena y Oh (no olvidemos que durante su paso por Grey’s Anatomy estuvo nominada a cinco Emmys y ganó un Globo de Oro) deleita con esa mezcla tan suya de encanto y sarcasmo interpretando a este personaje que de inmediato conecta con el espectador. No es Eve la primera detective femenina que haya llegado a la pantalla, ni de lejos. La acompañan en esa alineación muchas versiones de mujeres curiosas por resolver misterios, desde las más pop, como Verónica Mars, hasta las más clásicas, como Jessica Fletcher. Eve se une al equipo con muchos puntos a favor: es inteligente, siente fascinación por el crimen y tiene sentido del humor. Para superar los días que hay que esperar entre episodios (uno a la semana, a la vieja usanza) te proponemos visitar las investigaciones de otras detectives femeninas de armas tomar.

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Olivia Benson es empática, fuerte y muy atenta al procedimiento. | Foto vía NBC Universal

Olivia Benson (La ley y el orden: Unidad de víctimas especiales)

Este es un clásico, sin duda. Mariska Hargitay lleva décadas interpretando a esta investigadora que persigue a violadores, pedófilos y en general gente despreciable como poca hay en el mundo siempre manteniendo el temple y la capacidad de empatizar con las víctimas. Este spin-of es el más exitoso de todos los derivados de la serie original y cuenta con la ventaja de ser actualmente muy relevante.

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Jessica Jones es alcohólica, instintiva y hostil. | Foto vía Netflix.

Jessica Jones (Jessica Jones)

Sí, es una superhéroe pero su trabajo diario es de detective privada, no se olvide. A diferencia de Benson, Jones es una sarcástica y hostil investigadora que prefiere el whisky al café (o al agua) y que tiende a meterse en problemas. Pero Jones es también buena en su trabajo. Tiene un instinto indiscutible, es valiente y tiene un código moral claro… aunque no siempre le salen bien las cosas siempre intenta hacer lo mejor.

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Stella Gibson destila frases feministas mientras derrocha genialidad. | Foto vía Netflix.

Stella Gibson (The Fall)

Si hay una detective que sea comparable a Eve en más de un campo en esta lista esa es Stella Gibson. No sólo por ser brillante, sino porque Gibson busca a un sólo criminal y tiene una conexión muy clara con su psique. En el caso de Stella no se trata de una secreta admiración, sino de una capacidad fría de análisis, del peso de ser una mujer en un mundo de hombres machistas que persigue a un hombre que busca poder en el sometimiento femenino. Gibson, una siempre genial Gillian Anderson, es distante, intelectual y profesional… y es también un gran personaje.

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Robin Griffin utiliza su trauma pasado como combustible en su presente. | Foto vía Sundance Channel.

Robin Griffin (Top of the Lake)

En la primera temporada de esta serie la detective Robin Griffin (Elisabeth Moss) vuelve a su pueblo natal en Nueva Zelanda a visitar a su madre y se encuentra con el caso de una adolescente desaparecida. Griffin comienza a investigar el suceso en medio de un tóxico ambiente masculino y sus terribles recuerdos, pero eso no le impide seguir su instinto hasta una resolución… de hecho su propia psique y sus experiencias tienen mucho peso en su proceso como investigadora.

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Brenda Johnson es dulce pero dura, un personaje complejo que merece mucho más crédito del que tiene. | Foto vía Warner Bros.

Brenda Johnson (The Closer)

Personaje como pocos, esta detective con acento del Sur de Estados Unidos y predilección por el color rosa, el azúcar y los bolsos enormes, es también un sabueso como pocos y legendaria por su capacidad de cerrar casos satisfactoriamente. Su olfato es indiscutible, sus tácticas imaginativas y su código moral cuestionable. Brenda (Kyra Sedgwick) fue una de las primeras antiheroínas en tiempos en que los personajes femeninos con defectos eran pocos, de hecho una de las temporadas de la serie se centra exactamente en un amplio cuestionamiento de sus métodos… y vale mucho la pena.

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