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La crisis ambiental de la que nunca has oído hablar

Lidia Ramírez

Foto: BOGDAN CRISTEL
Reuters

El drenaje ácido de minas es una crisis mundial poco conocida. La ONU lo ha calificado como el segundo mayor problema que enfrenta el mundo después del calentamiento global. En Estados Unidos, se estima que 22.000 kilómetros de ríos y miles de embalses de agua dulce se ven afectados por esta formación de aguas ácidas, ricas en sulfatos y metales pesados por el drenaje ácido de la mina. Los ríos y lagos en Arizona, Patagonia, Papúa Nueva Guinea, Guangdong en China y el Río Tinto y Odiel en España, por nombrar sólo algunos, han sido contaminados por el drenaje ácido de la minas. En Sudáfrica, el problema es crónico.

Los drenajes ácidos de antiguos minados de carbón y minería metálica son una de las principales fuentes de contaminación de las aguas superficiales y subterráneas en el mundo. Debido a que este problema puede persistir durante décadas e incluso cientos de años una vez finalizado el ciclo productivo, con las consecuencias en los humanos que esto conlleva, sobre todo, en los países en desarrollo, existe la necesidad de prevenir su formación y aplicar el tratamiento más adecuado cuando se ha formado, según el Instituto Geológico y Minero de España.

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Imagen del cauace del río Tinto, Sierra< de Padre Caro, Nerva, Huelva. | Foto: Wikipedia

Una crisis mundial

El primer ministro de Rumania, Mihai Tudose, planteó recientemente la posibilidad de reabrir el enorme campo de oro Rosia Montana (Montaña Roja).  La zona había sido explotada desde la época romana hasta la última operación estatal cerrada en 2006. La solicitud del gobierno anterior para hacer de la zona Patrimonio Mundial de la Unesco ha sido retirada allanando el camino para nuevos desarrollos.

Rosia Montana se encuentra en las montañas de los Cárpatos y, con 314 toneladas de oro, alberga el mayor depósito de este metal de Europa; incluso una solicitud del gobierno anterior de hacer de la zona patrimonio mundial de la Unesco ha sido retirada allanando el camino para nuevos desarrollos. De esta forma, una explotación minera de este tipo supone millones de puestos de trabajos. Pero, ¿vale la pena realmente?

Llegados a este punto no podemos olvidar el pasado tóxico de Rosia Montana. En la década de 1970, una mina de cobre en la zona necesitaba un lugar para almacenar sus residuos contaminados con cianuro y el pueblo vecino de Geamana fue evacuado e inundado. Desde entonces permanece sumergido en aguas tóxicas siendo uno de los mayores desastres ecológicos de Rumania, superado sólo en 2000, cuando una mina de oro en Baia Mare, en el norte del país, derramó unas 100 toneladas de cianuro en un río. Este último incidente fue descrito como el peor desastre medioambiental de Europa desde Chernóbil.

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La antigua iglesia de la aldea de Geamana se ve parcialmente sumergida por aguas contaminadas con cianuro y otros productos químicos cerca de Rosia Montana. | Foto: Bogdan Cristel/Reuters

Por su parte, la industria de explotación minera es una de las actividades económicas más importantes de Perú. Las minas existentes en el norte, en el centro y en el sur del país han creado un gran problema ambiental. Por ejemplo, las actividades de extracción en minas de cobre en Cuajone y Toquepala exponen grandes cantidades de contaminantes que producen el drenaje de ácido de mina cuando se ponen en contacto con agua y oxígeno. Los residuos mineros de la extracción de cobre y de las operaciones de las refinerías contaminan el río Locumba. Otro problema sabido es la contaminación del lago Junín y el río de Mantaro, que indirectamente, reciben efluentes de la mina de Colquijirca.  Estas extracciones han causado un enorme daño a la biodiversidad de la región y puso en peligro los medios de subsistencia de 70.000 indígenas Awajúns y Wampís.

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Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, Perú | Foto: Rodrigo Abd/AP

Por su parte, las multinacionales prometen un desarrollo sostenible, sin embargo, la realidad es otra y la limpieza en la mayoría de estas corrientes de agua llevará décadas y costará millones de euros. Así, sin una cuidadosa y comprometida previsión de las empresas y gobiernos de diferentes países lidiaremos con la contaminación crónica de nuestros ríos, arroyos, lagos y suelos durante siglos.

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Refugiados climáticos, desarraigados medioambientales

Lidia Ramírez

Foto: FEISAL OMAR
Reuters

El mundo se muere. Huracanes cada vez más potentes, sequías e inundaciones más intensas, la temperatura media y el nivel del mar en aumento, desiertos más áridos, tierras incultivables…. Estas son las consecuencias directas del cambio climático, a las que hay que sumar los millones de “personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares porque la degradación medioambiental experimentada en su tierra de origen, por razones naturales o por la acción humana, ha minado sus sistemas de sustento”. Así define el Diccionario de Acción Humanitaria el concepto de refugiados medioambientales, más de 26 millones de personas –una persona cada segundo, según ACNUR- que cada año se ven obligadas a emigrar por cuestiones climatológicas y que se enfrentan a un limbo legal, político y humano. ¿La razón? La definición de refugiado, según se determinó en la Convención de 1951, no incluye a aquellos desplazados por razones ambientales, algo que podría resultar comprensible pues en aquella época el problema ni siquiera se planteaba o existía.

Como consecuencia, estos desplazados carecen de un marco jurídico internacional que los saque del limbo legislativo en el que se encuentran; “esto significa que no reciben ayudas económicas de ningún tipo ni pueden acceder a alimentos, vivienda, hospitales, escuelas… lo que les convierte en desarraigados medioambientales”, recoge el escritor y catedrático de Ciencias Políticas francés Sami Naïr, en el libro Refugiados. Frente a la catástrofe humanitaria, una solución real (Crítica, 2016).

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La sequía en Kenia acaba con el ganado. | Goran Tomasevic/Reuters

Sin embargo, llegados a este punto, con 26,4 millones de personas en un limbo legal, el imperativo moral de resignificar el concepto de refugiado ya no tiene excusas de dilación, más aún si tenemos en cuenta las previsiones nada halagüeñas de ACNUR, que asegura que en los próximos 50 años podrían migrar por razones climáticas hasta 1.000 millones de personas, principalmente de países empobrecidos de África, Asia y América Latina, augurando una gran crisis humanitaria. En este sentido, cabe preguntarse, ¿estamos preparados para acoger una nueva oleada de refugiados, en esta ocasión, medioambientales?  Según Tatiana Nuño, responsable de la campaña de cambio climático de Greenpeace, los mensajes que nos llegan “son muy preocupantes. Europa debería dar ejemplo y demostrar esa unión de países donde deberíamos estar preparados para acoger a los desplazados de la mejor forma”. Pero cualquier pronóstico queda lejos de esto.

       “Cada segundo, una personas se ve obligada a abandonar su hogar por el clima”

       -ACNUR

Lo que es cierto, sin embargo, es que el cambio climático no sólo está alterando el planeta, está cambiando las vidas humanas. Y en este punto, de nuevo las cuestiones florecen:  ¿es posible ofrecer a los refugiados ambientales asilo temporal o permanente?,  ¿estos refugiados tienen derechos colectivos en las nuevas zonas que habitan?,  ¿quién pagará los costes de todos los países afectados durante el proceso de reasentamiento? Demasiadas preguntas que resolver en una época de violencia sectaria, guerras civiles, recesiones económicas que hacen de estos desarraigados medioambientales un tema secundario para políticos.

Ejemplo de ello es el tan sonado y polémico Acuerdo de París para luchar contra el cambio climático, un ambicioso proyecto que, según el propio texto del instrumento internacional, tiene como objetivo “reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático, en el contexto del desarrollo sostenible y de los esfuerzos por erradicar la pobreza“, pero que, sin embargo, obvió el término refugiado climático delimitándose a hablar de Derechos Humanos. “La cumbre fue deficiente en cuanto a principios de igualdad, solidaridad y reconocimientos de las personas más vulnerables”, reconoce la portavoz de Greenpeace, aunque destaca “el compromiso de los estados a hacer todas las políticas necesarias para permanecer por debajo del grado y medio, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y reducir a cero el balance neto de gases efecto invernadero para la segunda mitad de siglo”. Si todo esto se cumple, el cambio climático y el efecto invernadero se frenarían, y las persona no tendrían que emigrar. “De alguna manera, aún estamos a tiempo de actuar”, señala Nuño.

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François Hollande junto a varios participantes de una de las conferencias de la Cumbre del Clima en el Palacio del Elíseo, París. | Foto: Philippe Wojazer/Reuters

No es solo cuestión de países subdesarrollados

Camerún, Chad, Níger, Nigeria… El lago Chad se ha reducido en más de un 90% desde 1963, una catástrofe ecológica que ha provocado el desplazamiento de 3,5 millones de personas. En 2007 la sequía en Siria oriental dio lugar a pérdidas de cosechas y muertes de ganado que hizo que 1,5 millones de personas se desplazaran de áreas rurales a ciudades, dejando a miles de personas en una situación terriblemente vulnerable al estallar la guerra. Y en Filipinas, desde 2013, casi 15 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse debido a los tifones y tormentas. Son sólo algunos ejemplos de regiones aún más empobrecidas como consecuencia del clima.

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Un coche de policía sumergido en Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina. 31 de agosto de 2005. | Foto: Rick Wilking/Reuters

Sin embargo, esto no es sólo cuestión de países subdesarrollados, que en palabras de la portavoz de Greenpeace, son “los menos responsables de las consecuencias del efecto invernadero y del cambio climático”, naciones occidentales como Estados Unidos ya han comenzado a sentir el impacto de las tensiones ambientales. Hace una década el huracán Katrina causó la muerte de 1.833 personas;  en 2012 el huracán Sandy diezmó a la costa del Atlántico medio e inundó la ciudad de Nueva York, dejando a su paso 219 fallecidos; y hoy en día, el suroeste languidece en una de las peores sequías de los últimos tiempos mientras ciudades como Washington DC y Filadelfia se cubren de un manto asfixiante de polvo y suciedad.

Y ante este preocupante panorama nos encontramos cuando el presidente de Estados Unidos ha decido darle la espalda al Acuerdo de Paris velando más por los intereses “económicos, empresariales y de mercado de grandes empresas petroleras, del carbón y del gas” en detrimento de “12 millones de personas que para 2030 se verán obligadas a desplazarse por el aumento del nivel del mar en cuatro grandes zonas de los Estados Unidos”, apunta Tatiana Nuño.

Y España, ¿cómo se ve afectada?

Desde Greenpeace advierten rotundamente: “somos uno de los países más vulnerables dentro de la Union Europea”. La aparición de enfermedades infecciosas, el aumento de incendios en la zona norte y centro de la península, los temporales cada vez más extremos en el norte de España y Andalucía que obligan a agricultores a invertir en nuevas prácticas, la subida del nivel del mar que convierte a las zonas costeras y a las llanuras aluviales en puntos críticos… España necesita un plan contra el cambio climático. Antes esta situación, la Oficina Española de Cambio Climático pone de “manifiesto que son necesarias nuevas políticas y medidas para cumplir” con los objetivos que tiene el país como miembro de la UE y firmante del Acuerdo de París.

       “España es uno de los países más vulnerables de la Unión Europea”.

       -Tatiana Nuño, Greenpeace

En este sentido, no hay duda de que el cambio climático es uno de los mayores peligros que afronta nuestro planeta. Ahora tenemos la posibilidad de cambiar el futuro, de cambiar el rumbo de millones de personas desarraigadas medioambientales que no son más que víctimas silenciosas de una indiferencia respecto al ambiente natural, aseguran los expertos.

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Palabras que valen más que mil imágenes

Carlos Mayoral

Foto: JUAN MEDINA
Reuters

epónimo, ma

adj. cult. Dicho de una persona o de una cosa: Que tiene un nombre con el que se pasa a denominar un pueblo, una ciudad, una enfermedad, etc.

El otro día, mientras hojeaba el libro ‘50 fotografías con historia’ que edita Signo Editores (recomendadísimo), me dio por pensar en la extraordinaria habilidad que tienen algunos nombres para permanecer en el recuerdo, anclados en una imagen. Algunos, incluso, traspasan el objetivo para colarse en los diccionarios, quedándose para siempre en el imaginario popular. Son los llamados epónimos, y no descarto que por culpa de este contexto que hoy pisamos heredemos un “rajoyesco”, un “puigdemontar”, o vaya usted a saber. Vivimos en un mundo que cada día tiene más capacidad de asimilar epónimos, sobre todo si el que lo inspira es un personaje que transmita surrealismo, absurdez, locura, irracionalidad, insensatez. Así que, mezclando epónimo y contexto, me dispuse a buscarle título a esta columna. Rápido surgió la primera opción, que rezaba: “Política kafkiana”. Si kafkiano es, según la RAE, “Dicho de una situación: Absurda, angustiosa”, pensé yo que con el epónimo bastaba para definir el escenario. No parecía buena idea: sobraban cerca de cuatrocientas noventa palabras para completar las quinientas que me exige el editor para cobrar debidamente por un texto.

Así que intenté avanzar y, fíjense, que se cruzó por mi horizonte el siguiente encabezamiento: “Escenario dantesco”, pero de nuevo el problema se me presentó en forma de concreción. Sólo hay que echarle un ojo a la definición académica: “Que causa espanto”. Asustado por el poder de la palabra, que por sí sola estaba bastando para resumir el sindiós, decidí elegir cualquier otra, que de epónimos está lleno el mundo. Sin tardar me crucé con una nueva posibilidad en el horizonte: “Realidad maquiavélica”. En este caso, el problema era contrario, el titular se mostraba poco concreto. Dado que “El Príncipe” de Maquiavelo es un tratado para gobernantes canallas, no supe bien a cuál de los actores asignar un papel tan predominante. Fíjense que es todo tan rocambolesco, que siguen sobrando decenas de palabras. Por cierto, también hubiera sido una opción utilizar este adjetivo, “rocambolesco”, que según la Academia etiqueta a todo lo exagerado e inverosímil, palabras rabiosamente actuales, y que nos llega gracias a Rocambole, personaje creado por Ponson du Terrail, aquel novelista francés. Intentando no perderme entre escritores decimonónicos comprendí que, como en cualquier pregunta moderna, la respuesta tenía que estar en los clásicos, Así me topé, debo reconocerlo, con el epígrafe perfecto: “Futuro pírrico”. Muy certero este Pirro, que dejó escrito en el diccionario que pírrica es esa victoria que acaba con más daño para el vencedor que para el vencido. Con esta conclusión tan cruel cubrí el número de palabras exigido por el editor. Una cosa quedaba clara: hay palabras e imágenes que valen más que mil columnas.

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Llegó el 155

Melchor Miralles

Foto: Francisco Seco
Reuters

Era inevitable. Ya llegó el 155. Puigdemont y los suyos estarán celebrándolo. Han puesto todo de su parte. Ahora veremos lo que sucede. Es un artículo de la Constitución, como tantos otros, sin desarrollar, y dependerá de la resistencia que apliquen las autoridades, o sea, la Generalitat, que genere incidentes o no. Si cada uno cumple con sus obligaciones no sucederá nada más que seguirá aplicándose cada día la legislación que se han dado los catalanes.

Hay más de uno ye de dos entre los independentistas que quiere jaleo, resistencia, más palos, fotos de altercados para ocupar escaparate en la prensa internacional y nacional. El papel de los Mossos d’Esquadra, de los mandos, va a ser esencial.

El Gobierno no tenía otra alternativa. Incluso es probable que haya puesto en marcha la maquinaria con retraso. El 155 no suspende la autonomía catalana, es un artículo que pretende que se cumpla la legalidad vigente. No es un Estado de sitio, excepción o guerra, como algunos quieren hacer ver. Lo que se pretende con su aplicación es que aquellas autoridades autonómicas que no están cumpliendo con sus obligaciones sí lo hagan, es, en definitiva, restablecer la normalidad democrática y garantizar que se respetan las leyes.

Si la Generalitat no desobedece, como viene siendo habitual desde hace tiempo, no pasará nada más en Cataluña que los ciudadanos tendrán garantías de que se cumplen la Constitución y el Estatuto en su territorio. Así de difícil y así ee complicado, a la vez. El 155 que ya ha llegado.

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Las calles de Lavapiés se llenan de gastronomía y música con Tapapiés

Redacción TO

Foto: Tapapiés

Este jueves 19 de octubre vuelve una de las rutas de tapas más conocidas de Madrid. Tapapiés llega a las calles del barrio madrileño de Lavapiés con más de 100 tapas de todo el mundo, a las que se suman 68 actuaciones, para llenar de vida aún más este barrio multicultural de la capital.

Hasta el domingo 29 de octubre, Lavapiés se convertirá en un lugar donde poder disfrutar de una gran oferta gastronómica y cultural que acercará a todo aquel que se paseé por sus calles los sabores y ritmos de diferentes lugares del mundo.

Concurso de tapas

Tapapiés, organizada por la Asociación de Comerciantes de Lavapiés Distrito 12 y patrocinada por Estrella Damm, no es una ruta de tapas cualquiera. Más de 80 bares y restaurantes se preparan durante todo el año para ofrecer a los madrileños y a los numerosos turistas de la ciudad sus mejores creaciones.

Las calles de Lavapiés se llenan de gastronomía y música con Tapapiés 4
La cucutapa, la tapa del bar La Chulapa. | Foto: Tapapiés

Entre todas ellas, con una gran variedad de sabores del mundo y fusión de cocinas de diferentes lugares con la gastronomía española, el público otorga el premio popular a la mejor tapa.

Todo aquel que quiera votar para que su tapa favorita reciba este premio popular puede hacerlo a través de la página web de Tapapiés o a través de su app gratuita. Se puede valorar cada tapa, y además tiene premio, porque los comercios del barrio también participan en esta iniciativa, y quienes voten entrarán en el sorteo de vales de regalo para gastar en los locales de Lavapiés.

Música y mucho más

Tapapiés no es sólo una ruta gastronómica, también cuenta con una gran oferta cultural. Las calles de Lavapiés se convertirán en el escenario de 30 bandas de música, obras de teatro y actuaciones circenses que llenarán de vida las tardes y noches de uno de los barrios más vivos de Madrid.

Del 20 al 22 y del 27 al 29 de octubre tendrán lugar las actuaciones a pie de calle, en las que se escuchará desde rock’n roll, soul, swing o jazz hasta flamenco y reggae, entre otros estilos musicales. Grupos como Blues Lee, Afro Jam, Club del Río o Mighty Vamp alegrarán con sus actuaciones las plazas y calles más típicas de Lavapiés.

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El grupo Hakuna Ma Samba actúa en las calles de Lavapiés. | Foto: Tapapiés

La música será la principal protagonista de las calles de Lavapiés en los días en los que dura esta ruta de tapas, pero también habrá otras actividades culturales para que quienes quieran disfrutar al máximo de Tapapiés puedan asistir a jornadas de cine, clases de baile o exposiciones de arte.

Las tapas

En la aplicación de Tapapiés y en su página web se puede ver qué tapa ofrece cada bar o restaurante. Todas ellas cuestan 1,5 o 2,5 euros con un botellín de Estrella Damm, y entre ellas hay algunas de lo más tradicional, como los caracoles de ‘Donde da la vuelta el viento’ o los callos a la madrileña de ‘Peñalaire’, hasta cocina fusión, como el gazpacho de flor de jamaica del ‘Ven ven ven’, pasando por platos de casi todo el mundo.

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El gazpacho de flor de Jamaica del ‘Ven ven ven’. | Foto:

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La tapa de Caracoles de ‘Donde da la vuelta el viento’. | Foto: Tapapiés

Entre la oferta de Tapapiés hay cocina italiana, senegalesa, india, japonesa o mexicana. Además, entre las tapas hay una muchas aptas para vegetarianos y veganos.

Chollopiés

Los comercios de Lavapiés quieren participar también en estos días de cultura y gastronomía. Por eso, han creado Chollopiés. A través de esta iniciativa, los comercios han preparado un concurso cuyo premio son cheques regalo para gastar en los locales participantes.

Para participar, hay que realizar una compra en dos de los comercios que forman parte de Chollopiés. Con cada compra, el consumidor recibirá un sello en una papeleta que se puede encontrar en el libro de Tapapiés 2017 y que deberán depositar en alguna de las urnas que se encuentran en los propios comercios.

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