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La "dama de hierro" que preside París cumple 128 años

Rodrigo Isasi Arce

Foto: CHARLES PLATIAU
Reuters/File

El “faro” de París, al alma de la ciudad, la dama de hierro (Dame de Fer), situada en uno de los extremos del Campo de Marte, cumple este viernes 128 años. Y es que un 31 de marzo de 1889 se inauguró la Torre Eiffel con motivo de la Exposición Universal de París. Construida para un período de 20 años, a día de hoy sigue presidiendo la “ciudad de la luz” y se ha convertido en el icono principal de Francia. Se salvó de ser desmontada en su 20 cumpleaños gracias a los experimentos científicos promovidos por Eiffel y, en concreto, las primeras transmisiones radiográficas, seguidas de las telecomunicaciones. Su construcción, en principio iba a durar 12 meses, pero se tardó dos años, dos meses y cinco días en finalizar esta obra de ingeniería, desde enero de 1887 hasta el 31 de marzo de 1889.

El espacio que ahora ocupa el Campo de Marte originalmente sólo era una explanada dedicada al cultivo de hortalizas. No fue hasta 1765, momento en el que se construyó la Escuela militar en uno de sus flancos, cuando empezó a tomar importancia. Testigo de las grandes fiestas revolucionarias, así como de varias ejecuciones mediante guillotina, el Champ de Mars, como lo conocen los franceses, se volvió a convertir en una parte importante de París con la construcción de la Torre Eiffel.

Símbolo de Francia en el mundo, balcón de París, en la actualidad cuenta con casi siete millones de visitantes al año, de los cuales el 75% son extranjeros, lo que le convierte en el monumento de pago más visitado del mundo.

Siete curiosidades sobre la Torre Eiffel

1-Hitler se quedó con las ganas de subir: La Torre Eiffel recibe más de siete millones de visitantes al año, pero Hitler no tuvo la suerte de ser uno de ellos. La Resistencia Francesa cortó los cables del ascensor para que no pudiera acceder, y el dictador se negó a subir los más de 1600 escalones a pie.

La "dama de hierro" que preside París desde hace 128 años 3
Hitler visita París en junio de 1940 | Foto: Archivos federales alemanes/Bundesarchiv

2-Está adornada con los nombres de 72 ingenieros y científicos franceses: Los nombres grabados se encuentran en los pretiles de la primera línea de balcones, justo encima del primer arco a razón de 18 por cada fachada. La lista de los nombres se realizó de acuerdo con las indicaciones de Gustave Eiffel, y en ella no aparece ninguna mujer.

3-Pudo haber estado en Barcelona: La Exposición Universal de Barcelona de 1888 fue el acontecimiento elegido por Eiffel para su torre, pero los coordinadores de la feria no la vieron con buenos ojos. Creyeron que 300 metros de hierro no encajaban demasiado con la estética de la Ciudad Condal y acabaron rechazando el proyecto.

4-Contiene dos millones y medio de remaches y 20.000 bombillas: los remaches fueron colocados por 250 trabajadores y en la construcción de sus piezas y ensamblaje estuvieron involucrados más de medio centenar de ingenieros. El primer alumbrado de la torre data de 1985. Actualmente, las bombillas tardan en encenderse, cada noche, menos de diez minutos.

5-Es considerado el monumento más valioso de Europa: con un valor de 544.000 millones de dólares para la economía francesa, casi una quinta parte del producto interno bruto del país.

6-Ayudó a la victoria aliada en la Primera Guerra Mundial: durante la Batalla del Marne, los transmisores del monumento dificultaron la comunicación de los alemanes e impidieron su avance. Las emisiones desde la torre también sirvieron para desear suerte a los soldados en la guerra.

7-El diseño no fue idea de Gustave Eiffel: no mostró mucho interés en el proyecto y envió a un par de ingenieros a trabajar con Stephen Sauvestre, el jefe del departamento de arquitectura. Después de ver los retoques que hizo Sauvestre, Eiffel se decidió a meterse en el proyecto y a comprar la patente.

Siete películas en las que aparece

1-Amelie

2-El diablo viste de Prada

3-Ratatouille

4-Paris je t’aime

5-Moulin Rouge

6-La invención de Hugo

7-Midnight in Paris

Siete cuadros donde aparece

1- 1888 – Georges Seurat : «La Tour Eiffel» (La Torre Eiffel), Museo de Bellas Artes de San Francisco, EE.UU.

2-1890 – Paul Signac : «Seine Grenelle» (Colección privada).

3-1890 – Le Douanier Rousseau : «Moi-même, portrait paysage» (Yo mismo, retrato-paisaje) (Galería Narodni en Praga (República Checa).

4-1910/1912 – Robert Delaunay : «La Ville de Paris» (La ciudad de París), MNAM – Centro G. Pompidou, París.

5-1913 – Marc Chagall : «Paris vu par la fenêtre» (París visto por la ventana), Museo S.R. Guggenheim de Nueva York.

6-1926 – Romaine Brooks : «Jean Cocteau» (MNAM – Centro G. Pompidou, París.

7-1935-Raoul Dufy : «La Tour Eiffel» (Colección privada).

Siete canciones relacionadas con París y la Torre Eiffel

1-Je Veux – Zaz

2-Édith Piaf -Sous le ciel de Paris

3-Dernière danse – Indila

4-Je suis tombé pour elle – Pascal Obispo

5- Le valse d’Amélie – Yann Tiersen

6-Y’a de la joie – Charles Trenet

7-La tour Eiffel est toujours là – Mistinguett

Siete de sus iluminaciones

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La Torre Eiffel iluminada de verde con motivo de la celebración del acuerdo sobre el cambio climático (U.N. COP21) | Foto: Jacky Naegelen/Reuters
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La Torre Eiffel iluminada con los colores de la bandera francesa en honor de las víctimas del atentado de noviembre de 2016 en París | Foto: Frank Augstein/AP Photo
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La Torre Eiffel iluminada con los colores del arco iris por las víctimas del ataque a un club gay en Orlando, EEUU, en junio de 2016 | Foto: Martin Meissner/AP Photo
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La Torre Eiffel iluminada con los colores de la bandera belga en honor a las víctimas del atentado del 22 de marzo de 2016 en Bruselas | Foto: Thibault Camus/AP Photo
La "dama de hierro" que preside París desde hace 128 años
La Torre Eiffel con una iluminación especial por su 120 aniversario, en 2009 | Foto: Christophe Ena/AP Photo
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La Torre Eiffel con su característico color dorado para celebrar la entrada al año 2000 | Foto: Francois Mori/AP Photo

https://twitter.com/foro_mdm1/status/743912714343428097

El mapa tridimensional que utiliza tus fotografías en las redes para construir ciudades

Redacción TO

Foto: Julie Jacobson
AP Photo

En ciudades como Madrid o Basilea, visualmente tan atractivas, los usuarios de redes sociales andan todo el tiempo haciendo fotos, desde cualquier ángulo, en todas partes. Casi podía pensar uno que, juntando todas ellas, podría hacerse un mapa de la ciudad, con todos sus monumentos, con todas sus plazas.

Lo que parecía una ocurrencia se ha convertido en realidad desde que un grupo de investigadores sacó adelante la idea.

El proyecto VarCity, desarrollado por científicos de la Escuela Politécnica Federal de Zurich (ETH), una universidad pionera en investigación a nivel mundial, ha puesto a prueba esta tesis para crear mapas urbanos tridimensionales. De momento, solo lo han experimentado con la propia ciudad suiza, pero los resultados son reveladores.

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El proceso de detección de objetos urbanos se ha realizado a partir de unos algoritmos complejos desarrollados por la universidad. | Fuente: VarCity

El equipo de investigadores del ETH, que puso en marcha VarCity en 2012 con dinero del Consejo Europeo de Financiación, ha seguido un proceso muy concreto basado en la captura e interpretación simultánea de imágenes de todos los rincones de la ciudad, obtenidas aprovechando tres fuentes distintas.

La primera es la más importante. Utilizando una técnica que recuerda a la empleada por Google para hacer su Street View, adhirieron una cámara de 360 grados a un vehículo para recoger imágenes dentro de una ruta prefijada.

Sin embargo, este plan tenía una laguna: no todas las zonas de la ciudad eran accesibles en coche. Es aquí donde entraron en juego las redes sociales. Los científicos se dieron cuenta de que los recursos que ofrecían abiertamente los usuarios en las redes son riquísimos y han podido perfeccionar sus mapas gracias a éstos.

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Imagen del mapa tridimensional creado por el proyecto. | Fuente: VarCity

El complemento a estas dos fuentes ha partido de las tomas aéreas, que ofrecen una perspectiva cenital que ayuda a ver con detalle las formas de los tejados y del suelo.

Así, tan resumido, parece una tarea sencilla. Pero no lo es. Tuvieron que desarrollar unos algoritmos de gran complejidad y emplear un ordenador específico para esta investigación para conseguir el alto nivel de precisión exigido. La tecnología que ellos mismos manipularon permitió que la computadora diferenciara entre aceras y carreteras, entre hierba y pavimento, entre bancos y farolas. Este fue uno de los grandes retos a los que se enfrentó el equipo.

“Cuantas más imágenes y vídeos puede evaluar la plataforma, más preciso es el resultado”, explica Kenneth Vanhoey, unos de los integrantes del equipo, en la página web de la universidad. “El objetivo de nuestro proyecto consistía en desarrollar los algoritmos necesarios para crear modelos tridimensionales de ciudad, asumiendo que el volumen disponible de imágenes y vídeos iría creciendo con el paso de los años”.

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Esta tecnología permite tomar con exactitud medidas como el tamaño de las fachadas de los edificios. | Fuente: VarCity

En este sentido, anticiparon que el protagonismo de las redes sociales era ascendente.

Desde entonces, han colaborado con el proyecto cinco empresas y otras cuatro han nacido en el proceso. Entre ellas, Spectando, que presta un servicio de construcción virtual y análisis de daños, y Parquery, que monitoriza espacios de aparcamiento aprovechando su conocimiento tridimensional de la ciudad.

El hito de los desarrolladores de VarCity reside en llevar un paso más allá el trabajo de compañías como Google. Con la tecnología de VarCity, es posible calcular con rigor, por ejemplo, el tamaño de la fachada de un edificio, mejorar la información de los GPS o navegar por la ciudad, a través de internet, con una visión tridimensional de los objetos. El resultado final es asombroso y se puede disfrutar en un vídeo que ha lanzado la propia universidad.

Macron, la basura y nosotros

Víctor de la Serna

Foto: PHILIPPE WOJAZER
Reuters

Los rumores tienen la piel dura. Por no entrar en los que siguen vivos, baste recordar un par de ellos de hace casi medio siglo: uno, que la guapa actriz Sonia Bruno, recién casada con uno de los astros del Real Madrid ye-yé, Pirri, había dado a luz un bebé… negro; otro, que Sol Quijano, la esposa del ministro de Asuntos Exteriores de aquella remota época, Fernando Castiella, se había fugado con el chófer de su coche oficial. Ambas historias eran palmariamente falsas y fáciles de desmentir, pero en los -bien llamados- mentideros madrileños circularon durante meses.

Era el tardofranquismo, la prensa apenas si había estrenado un poquito de libertad en 1966 gracias a Manuel Fraga, y esas cosas no se publicaban ni en El Caso. Pero radio macuto las propagaba a base de bien, reforzándolas con trolas de todo tipo: que si mi cuñado conoce a la comadrona que atendió a Sonia, que si a la mujer del ministro no se la ve desde hace un mes…

Han pasado los decenios y ahora hacemos como si acabásemos de descubrir la posverdad y las fake news, con gran escándalo y preocupación… pero haciéndoles el juego a sus propagadores, ahora como entonces.

Todo esto me venía estos días a la memoria porque, como a todo quisque con una relación frecuente y directa con Francia, con los franceses y con fuentes francesas, me llega sin cesar la historia de que Emmanuel Macron, el nuevo presidente de Francia, es en realidad homosexual y su matrimonio con su antigua profesora de literatura sería “una mera tapadera”.

Antes que nada debería saltar a la vista que, a estas alturas del siglo XXI y del desarrollo de las libertades, la supuesta noticia no encerraría en caso alguno ningún escándalo ni el menor problema para el primer mandatario de Francia: sea cual sea su orientación sexual, que es lícita en cualquier caso, no influirá para nada en el desempeño bueno o malo de su cargo, que no tiene nada que ver con ella y que depende de su capacitación y de su carácter.

Sin embargo, hoy en día estas cosas sí que ganan audiencia a través de los medios informativos, y lo de Macron está por todo internet. Eso sí, también ahí podemos leer sus propios desmentidos públicos, y bien explícitos, del último par de meses.

Así, lean en Le Parisien: “Se decía en las cenas parisienses que yo era homosexual. Es bastante desagradable cuando eso no es cierto, y es desestabilizante para uno mismo y para sus allegados. Dice mucho de la degradación de los usos políticos y mucho de la homofobia rampante, porque lo que se me reprochaba era ser homosexual como si fuese una tara”.

O estas otras declaraciones: “Dos cosas son odiosas tras las insinuaciones: equivalen a decir que un hombre que vive con una mujer mayor que él sólo puede ser un homosexual o un gigoló tapado. Es pura misoginia. Si yo fuese homosexual, lo diría y lo viviría”.

Lo más revelador y penoso de toda esta historia de insidias es que da igual lo que diga Macron: se sigue manteniendo el bulo, y de esa manera se asume que no se puede creer uno ni la literalidad de lo que afirma un político, porque la mentira es su medio habitual de expresión.

Si no se cree a Macron en esto, ¿se le puede creer en cualquier otra cosa? ¿Se ha extendido el oprobio de Trump y del resto de la patulea populista a todos los políticos democráticos? Si ya no damos crédito a ninguno de ellos, el sistema está más enfermo aún de lo que pensábamos.

Macron: una soledad demasiado ruidosa

Joseba Louzao

Foto: PHILIPPE WOJAZER
Reuters

El intelectual Michel Ignatieff soñó con llegar a convertirse en el primer ministro canadiense. Su particular aventura como cabeza del Partido Liberal acabó siendo un fracaso estrepitoso, pero la vivencia le permitió comprender mejor el universo de lo político. Ignatieff intentó recoger estas enseñanzas en Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política, un texto sincero a medio camino entre unas memorias políticas y una reflexión teórica sobre las dinámicas electorales más cotidianas. En un momento de la narración Ignatieff describe cómo un gobernante regional le señaló en un encuentro que, para un político, sólo existen dos cuestiones que merece la pena responder: “¿Estás listo para ganar? ¿Estás preparado para perder?”. En el realismo crudo de ambas preguntas encontramos, quizá, más sabiduría que en las páginas de cualquier manual de ciencia política. El mismo Ignatieff aprendió la lección: “a la política no se viene a vivir experiencias enriquecedoras. Se viene a conseguir el poder”.

He recuperado esta anécdota mientras veía Emmanuel Macron: el camino de la victoria, un documental que Netflix no ha tardado en sumar a su catálogo con una celeridad pasmosa. Nos encontramos ante una crónica, claramente hagiográfica, del camino recorrido por Macron hasta el decisivo día en el que se convirtió en el presidente más joven de la democracia francesa. El resultado final es un retrato de un candidato que cree en su victoria y no quiere plantearse otro escenario. Macron aparece como un político inteligente, atento e irónico que sabe lo que quiere, controlando los tiempos y manejando una potente narrativa. No hay duda de ello. Tras ganar el pasado 7 de mayo, Macron apareció, solo, caminando hacia los votantes que le aclamaban. El escenario era el Carrousel del Louvre con el himno europeo como banda sonora. Probablemente sea el mejor ejemplo de la potencia simbólica y emocional del nuevo presidente. De hecho, Emmanuel Macron: el camino de la victoria se construye a partir de este momento histórico. Ese paseo evocaba a personajes de la talla de Charles de Gaulle o François Miterrand y profundizaba en la mística presidencial republicana.

Más allá de la intención del realizador, el documental termina siendo un testimonio significativo de la soledad del político. Sí, Macron aparece constantemente acompañado por su equipo, siempre encadenados a los móviles, y por su mujer, Brigitte Trogneux, confidente y apoyo en cada una de las situaciones que le toca vivir. Pero también hay planos que nos muestran a un Macron que se enfrenta a una soledad demasiado ruidosa – si me permiten parafrasear el título de la novela de Bohumil Hrabal. En la mirada de Macron está el miedo a la derrota. Uno espera ver a los políticos en la soledad del fracaso, tras una puñalada o en el final de su vida política. Pero no cuando se encuentra en la cima de su popularidad y de su autoridad. Macron busca constantemente la aprobación de las personas que están a su alrededor. Sin embargo, casi siempre, debe decidir en soledad. El peso de esa responsabilidad le zarandea. El documental, incluso, nos permite colarnos en su complicada jornada en Amiens con los encolerizados trabajadores de un empresa en huelga que vitoreaban a Marine Le Pen. Macron se encuentra allí frente a las dos preguntas del inicio: “¿Estás listo para ganar? ¿Estás preparado para perder?”. Aquel episodio le hace consciente de que todo éxito no es más que un espejismo. Llegarán nuevos escenarios peligrosos, que amenazarán la victoria. Pese a estar rodeado de asesores de todo tipo, la gestualidad de Macron refleja la inmisericorde soledad del político. Y es que el fuego del poder es capaz reducir a cualquiera, incluso a los más sabios o a los más astutos, a un montón de cenizas. Solamente el político que sea consciente de su propia vulnerabilidad podrá jugar con sus mejores cartas en la contienda política.

Cannes y Netflix: un enfrentamiento inesperado


Cecilia de la Serna

Foto: ALBERTO PIZZOLI
AFP

No hay edición del Festival de Cannes que se precie sin una buena polémica inicial. En la 70 edición, la controversia no ha envuelto a una celebridad, como suele ser costumbre, sino a un concepto: la nueva forma de consumir contenidos audiovisuales. Por primera vez en la historia del festival, dos películas candidatas a la Palma de Oro son originales del servicio de streaming por excelencia, Netflix. Se trata de Okja, de Bong Joon-Ho y de The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach.

Este dato podría ser esperanzador: el festival cinematográfico más prestigioso del mundo se rinde a una realidad sociocultural como es el visionado de películas a través de dispositivos electrónicos. No obstante, el importante lobby de exhibidores y distribuidores galos ha logrado que esa esperanza quede en papel mojado. El Festival de Cannes ya ha anunciado una modificación de su normativa que prohíbe, a partir de la próxima edición, la inclusión en su programación de cintas que no vayan a recibir estreno comercial en salas tradicionales.

Netflix, fiel a su filosofía

El gigante del streaming está dispuesto a pasar por el aro, pero a medias. Netflix no se ha opuesto a que esas dos películas se estrenen en las salas francesas, no obstante sí que ha puesto una condición: que las cintas se estrenen simultáneamente en cines y en Netflix. La compañía siempre ha cumplido con la premisa de ofrecer sus contenidos originales directamente en su plataforma, una premisa que está directamente relacionada con su filosofía empresarial.

Esta condición de la compañía de Reed Hastings ha contado, como era de esperar, con el rechazo de los exhibidores galos. Además, la propuesta de Netflix es, a día de hoy, irrealizable por la propia legislación francesa, que estipula que un film que es estrenado en las salas debe esperar 36 meses para estar en un catálogo de una plataforma digital. Toda esta controversia podría afectar directamente a los usuarios franceses, que podrían llegar a verse perjudicados en el caso de que no pudieran acceder a estos contenidos hasta tres años después, mientras que en el resto del mundo sí podrían hacerlo. Netflix no permitiría algo así.

Opiniones encontradas

Este enfrentamiento entre exhibidores, distribuidores, el propio Festival de Cannes y la compañía norteamericana ha generado todo tipo de opiniones y declaraciones. En el seno del jurado del festival, presidido por el español Pedro Almodóvar, caben todos los criterios y pareceres.

Almodóvar se ha posicionado contundentemente en contra de la inclusión de películas no estrenadas en salas en la sección oficial del festival

El propio Almodóvar se ha posicionado contundentemente en contra de la inclusión de películas no estrenadas en salas en la sección oficial de este festival, el más prestigioso del mundo. “Estas plataformas digitales, estas nuevas formas, no deberían sustituir a otras existentes como las salas de cine. Bajo ninguna circunstancia deben cambiar los hábitos de los espectadores. La única solución que se me ocurre es que acepten y obedezcan las reglas que ya son adoptadas y respetadas por todas las cadenas existentes”, declaró en la rueda de prensa de presentación de Cannes, a lo que añadió que “no concibo dar la Palma de Oro o cualquier otro premio a un film que no pueda ver en una pantalla grande”.

Almodóvar y Will Smith, dos opiniones enfrentadas en el jurado de Cannes. | Foto: Anne-Christine POUJOULAT / Reuters
Almodóvar y Will Smith, dos opiniones enfrentadas en el jurado de Cannes. | Foto: Anne-Christine POUJOULAT / AFP

El actor estadounidense Will Smith, que también forma parte del jurado de la presente edición en Cannes, se posiciona en el lado contrario de la controversia. Según Smith, ambas formas de ver cine son compatibles. “Tengo en casa a jóvenes de 16, 18 y 24 años. Van al cine un par de veces a la semana y ven Netflix… No sé en otros hogares, pero en mi casa Netflix no ha tenido absolutamente ningún efecto en los que van a ver al cine”, aseguró el actor. “En mi casa, Netflix no ha sido nada más que un absoluto beneficio porque pueden ver películas que no habrían visto de otro modo”, añadió.

Aprender a aceptar las nuevas formas de consumo

Como las lenguas no las crean y transforman las Academias, sino la gente que las habla, los hábitos de consumo no los imponen las industrias, sino la sociedad. Lo que no parece haber entendido Cannes es que la fuerte crisis de la industria cinematográfica tiene mucho que ver con los hábitos de consumo. En la pasada década, la piratería le comió el pastel a la industria, que en muchos países -por ejemplo, y especialmente, en España- no se supo combatir. Lo que han traído plataformas como Netflix, pero también HBO u otras cuantas, es una solución a un grave problema.

La piratería -que sigue siendo una cuestión a combatir- descendió en 2016 en España por primera vez en diez años, según un informe del Observatorio de la Piratería y Hábitos de Consumo de Contenidos Digitales. Ese año, Netflix entró en territorio español, y las coincidencias no existen. El lobby de distribuidores y exhibidores en Francia quiere mantener una hegemonía ya imposible, y sus esfuerzos por vetar creaciones alternativas a las más tradicionales -precisamente en la tradición se han basado para presentar sus quejas- serían más efectivos si se trasladaran a acercar de nuevo el buen cine a la sociedad.

Los Oscar ya entregan estatuillas a películas made in Netflix u otras plataformas, el terreno de las series ya es dominio de HBO y de la compañía de Reed Hastings. Este fenómeno es imparable. Quien no lo quiera ver está ciego, y las medidas inesperadas por decreto, como la ejecutada por el Festival de Cannes, no evitarán lo que los consumidores ya han dictado.

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