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La Diada del millón por la independencia de Cataluña

Andrea Daza

Foto: SUSANA VERA
Reuters

La Guardia Urbana cifró la participación de esta diada alrededor del millón de personas. Los Mossos d’Esquadra destacaron el civismo de la multitud convocada por dos organizaciones civiles: la Asamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural. Entre el Paseo de Gràcia y la calle Aragó de Barcelona, los independentistas celebraron el Día Nacional de Cataluña con una jornada que esperan sea la última, antes de celebrar el referéndum convocado el 1º de octubre por el Govern de la Generalitat.

Un closure. Cerrar un ciclo. Abrir una nueva etapa. El independentismo catalán ha vuelto a salir a las calles de Barcelona para reivindicar su identidad y su sentido de nación. Por enésima vez. Lo han hecho sistemáticamente desde el año 2012, según se podía leer en las espaldas de muchos de los manifestantes: 2012, marcha —la clásica—; 2013, Vía Catalana —cadena humana inspirada en la Vía Báltica que animó la independencia de Letonia, Estonia y Lituania. 2014, la Diada de la V humana entre Diagonal y Gran Vía, para reivindicar la victoria o los deseos de victoria en la celebración de un referéndum por la independencia. 2015, la Via Lliure; cuando hicieron un puntero que recorrió la avenida Meridiana de Barcelona. El eslogan decía en catalán que “Ahora es la hora” (que era o en todo caso, que sería). 2016, a punt; una celebración descentralizada en cinco ciudades catalanas y ésta, la de la suma, la equis, la performance más cercana a una fecha concreta: el 1 de octubre, cuando el independentismo político planea celebrar un referéndum por la independencia.

Y que la gente vote.

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Foto: Albert Gea / Reuters.

Para algunos, como Cris Barti, maestra jubilada de Cardedeu, una ciudad a menos de 40 kilómetros de Barcelona, el listado de las camisas se queda corto. Barti iba de voluntaria de la organización, con un cartel que decía “Caixa de solidaritat”, con el cual recogía dinero para entre todos enfrentar la multa de 5 millones de euros que el Tribunal de Cuentas pide por la consulta del 9 de noviembre de 2014, un intento frustrado de referéndum, que deberán asumir once ex altos cargos de la Generalitat. Esta historia para ella comenzó en 2010, luego de que el Tribunal Constitucional recortara el Estatut, la norma básica que vertebra la autonomía catalana y que no se tocaba desde 1979.

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Sí. | Foto: Albert Gea / Reuters

Aquel proceso fue largo y proponía sacar el mayor partido al autogobierno, defendiendo el sentido de nación —recortado—, el aumento de derechos lingüísticos —recortado— y un nuevo sistema de financiación. Ya fue difícil poner de acuerdo a los partidos catalanes, para que luego de ser aprobado por una votación ciudadana en 2006, regresara reducido desde Madrid: “No hay diálogo posible”, dice mientras la gente pasa y le sueltan euros en una bolsa roja que lleva consigo. “Tampoco hay respeto, sino humillación”. No ve tercera vía. No la ve posible, dice que no la hay: “No tenemos con quién federarnos”.

Sabe que el camino ha sido de piedras, complejo, confuso, pero quiere que le dejen votar y que respeten el sentido de su voto. Desde 2010 se ha manifestado cada año.

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Banderas de Vlaamse Volksbeweging, el Movimiento Popular Flamenco | Foto: Albert Gea / Reuters.

Entre el inmenso parque de esteladas —la bandera independentista— destacaban unas amarillas con un león negro, la bandera de Vlaamse Volksbeweging, el Movimiento Popular Flamenco, un thinktank que quiere que Flandes se independice de Bélgica: “Hace cinco años que acompaño a los catalanes cada once de septiembre”, comentó Dieter Delrue, uno de los activistas. Le acompañaban unas 50 personas, todos belgas, hasta que consigan lo contrario.

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Dieter Delrue del Movimiento Popular Flamenco. | Foto: Ariana Basciani / The Objective.

Puestos a ondear banderas, también desfilaron la del Tíbet, la de Badalona, la de la Marina catalana y así, muchas otras, como la reedición de la bandera negra del tricentenario —la de combate— que se popularizó en la Diada de 2014, cuando se celebraban 300 años de la Guerra de Sucesión, una derrota que sometió desde entonces a los reinos de la Corona de Aragón, a las leyes de Castilla. Ya puestos, ninguna camiseta alcanza para la épica del movimiento.

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Estelada gigante. Foto: Susana Vera / Reuters.

Por eso Siria Sánchez, una antropóloga de 51 años, se unió a la manifestación sin ninguna camisa oficial, sin alzar ninguna bandera, sin corear ningún eslogan: “Esto es un movimiento de la sociedad civil”, dijo. Cuando tenía 16 años emigró a Sudamérica y vivió durante 15 más, en San Antonio de los Altos, a unos 13 kilómetros de Caracas. Dice que aun allá, en Venezuela, cada 11 de septiembre, ponía en su balcón la senyera, la bandera institucional de Cataluña. Nada de esteladas: “Entonces, no la teníamos tan incorporada en nuestra identidad”. Pero ahora sí. Y por eso, decidió salir y sumarse por primera vez, al millón con ganas de voto.

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Continúa leyendo: Mientras el bitcoin se desploma, sus grandes inversores se van de farra

Mientras el bitcoin se desploma, sus grandes inversores se van de farra

Redacción TO

Foto: DADO RUVIC
Reuters

De las 100 principales criptomonedas que actualmente están en el mercado, un total de 96 están en números rojos, es decir, la práctica totalidad de las criptodivisas pierde dinero (y con ellas, sus inversores). Solo se salvan de esta guillotina económica Tether, Gas, Neblio y Cryptonex. El martes se conocía la noticia de que la criptomoneda por antonomasia, bitcoin, se desplomaba un 16% y que sus casi igualmente famosas compañeras Ethereum y Ripple (las dos más populares después de bitcoin) perdían un 16% y un 24% de su valor, respectivamente. Uno podría pensar que este pesimista panorama alertaría a los inversores y que estos cruzarían tierra, mar y aire para salir de semejante embrollo. Pero se equivocaría. Los grandes inversores han cruzado mar sí, pero en crucero, con toda la calma.

Alrededor de 600 entusiastas de las criptomonedas se embarcaron el lunes por la noche en Singapur en el segundo Blockchain Cruise anual, una suerte de vacaciones en el mar con una temática entrada en las criptodivisas. El valor del bitcoin se situaba entonces cómodamente por encima de los 13.500 dólares (unos 11.000 euros) pero para cuando el buque llegó a el miércoles a Tailandia, donde los viajeros pudieron dedicarse a beber, a tomar el sol y a disfrutar de conferencias sobe la criptoeconomía, el bitcoin había caído ya hasta los 10.000 dólares (algo más de 8.000 euros), informa Bloomberg. En el transcurso de esos días, el grupo, compuesto en su mayoría de hombres jóvenes, muchos de los cuales han hecho fortunas gracias a bitcoin, habían perdido probablemente millones de dólares.

Pero el batacazo no detuvo la fiesta. Según ha explicado Ronnie Moas, uno de los conferenciantes del miércoles, el bitcoin alcanzaría, en el mejor de los casos, los 300.000 dólares (más de 245.000 euros) en tan solo siete años. “Nada crece en línea recta”, razona. Pero la lista de conferenciantes del exclusivo crucero no acaba ahí e incluye nombres fuertes como José Gómez, hombre cercano al expresidente de Venezuela Hugo Chávez; Kaspar Korjus, el hombre detrás de la “nación digital” de las e-residencias impulsada por el Gobierno de Estonia; Jorg Molt, que -de ser cierta su afirmación de que posee un cuarto de millón de bitcoins– tiene una fortuna de 2.800 millones de dólares (casi 2.300 millones de euros), e incluso el mismísimo John McAfee, el empresario de la compañía de ciberseguridad McAfee (cuyos antivirus se encuentran hoy en día en dispositivos de todo el mundo).

Precisamente McAfee se ha convertido en los últimos tiempos en un gran promotor de las criptodivisas a través de su cuenta de Twitter, donde también ha incluido una fotografía del crucero.

“¡Que todo el mundo se relaje!”, ha dicho recientemente, citado por International Business Times. “No sé si será el bitcoin o múltiples divisas pero habrá un estándar de criptomonedas para el mundo les guste a los gobiernos o no”.

Con este panorama, el mundo de las criptomonedas sigue festejando su repentino éxito, ajeno a los últimos datos, que apuntan a que estas divisas experimentarán una caída tan potente como lo fue su ascenso. Y olvidan el tortazo que se pegaron en 2007 las hipotecas subprime (disparador de la crisis económica) y de la explosión de la burbuja de las puntocom a principios de siglo. Los seguidores más acérrimos de la moda del bitcoin, según una de las conferencias, tendrán que ver una caída de más del 50% del valor antes de que salgan espantados. 

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La 'incredible' India no tiene quien hable en sus stands de Fitur

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Estamos sentados frente a una mesa, en silencio. B. B. Mukherjee observa la pantalla de su teléfono, pone la cabeza en alto, con sus gafas de diseño a rayas grises y negras sobre su nariz. Mukherjee luce un estrecho bigote con una forma más parecida a un triángulo que a un cuadrado, y viste un traje descatalogado de franela y color marfil que combina con una corbata de otra década. Estamos sentados a la distancia de un metro y B. B. Mukherjee, que es subgerente del Ministerio de Turismo indio en España, sigue en silencio tras cinco minutos y mirando con atención vídeos indescifrables con un volumen moderadamente alto. Tiene un reloj de oro en su muñeca izquierda y tantos anillos como dedos en sus manos. La responsable de prensa está sentada a mi izquierda y me mira con nerviosismo, como esperando una respuesta, y yo le sonrío y eso le tranquiliza.

Estoy sentado frente a Mukherjee en el stand indio de Fitur porque los dos responsables más importantes de la delegación de la India, que puso mucho interés para promocionar su país y mucho dinero para instalar este espacio tan grande –por no hablar de que el nombre de la marca, Incredible India, aparece prácticamente en cada folleto que circula por aquí dentro como principal patrocinador del evento–, están en sus respectivos hoteles desde una hora indeterminada que no logro averiguar, cuando quedan todavía dos horas para el cierre de la jornada.

La situación es particularmente divertida y extraña. Mukherjee levanta repentinamente la mirada, sonríe mucho y extiende la mano, como advirtiendo –en este momento– que está acompañado. Luego entrecruza los dedos, esperando la primera pregunta, y sus anillos brillan como diamantes.

Le comento, a modo de arranque, que han aumentado mucho su disposición en 2018. Él asiente con la cabeza y dice, con un acento marcadamente indio que solo escuché en películas: “Sí, este año hemos estado en todas las ferias importantes de Europa como patrocinadores”. Pero, casi en una maniobra de escapismo, desvía con velocidad su respuesta y sostiene que India es un país tremendamente rico y diverso, con bosques y templos y ruinas y playas y montañas, y continúa con una explicación nada concisa e inesperada del estado de salud del sistema judicial y político indio y de la calidad sanitaria. “Tendrías que ver qué cirujanos tenemos”, dice, levantando las cejas. “Son muy buenos”.

Después le pregunto por la vocación de su presencia en Madrid y no parece importarle: continúa con su respuesta anterior, explicando las bondades de su presidente y la fortaleza de su democracia, y describe a la India como un país muy rico y “paradójico” donde la riqueza no impide la miseria. Le digo que eso significa que hay mucha desigualdad. El subgerente de Turismo sonríe y concluye: “Sí, qué paradójico, ¿verdad?”.

Y en cada pregunta hay una respuesta similar, como si nos encontráramos en conversaciones ajenas, y la conversación es tan frustrante y claramente incontrolable que finalmente desisto y pienso en la segunda entrevista.

La 'incredible' India no tiene quien hable en sus stands de Fitur
Entrevista a B.A. Devaiah en uno de los stands de ‘Incredible India’. | Foto: Interface

Más al sur, Karnataka

La responsable de prensa se disculpa mientras me conduce hasta el área donde se instala la delegación de Karnataka, una región del sur con 55 millones de habitantes, más salvaje y más verde que el norte –el lugar al que suelen ir a parar los turistas–. La parada está adornada con plantas y una ambientación premeditadamente exótica, con bancos en todas partes y la representación más o menos conseguida de un tigre de Bengala sobre una alfombra verde. Karnataka es una de las zonas que persiguen explotar en los próximos años y hacen un esfuerzo verdadero por crear una imagen atractiva.

Así que el gabinete de comunicación organiza una conversación con el consejero de Turismo, un hombre joven y bien vestido con un inglés perfecto. Esperamos mientras cumple con otro compromiso y al volver se acerca hacia nosotros, con rostro serio, y dice que prefiere no hacerla: se niega, en principio, por estar cansado. Ellos procuran convencerle de lo contrario y finalmente concede una confesión: él no es el consejero de turismo, sino B.A. Devaiah, de Starks Communications, una agencia contratada por el Gobierno regional para representarlos. Lo hace extendiendo una tarjeta que recojo.

Le pregunto si está legitimado para hablar en nombre del Gobierno y él asiente, nos sentamos y hay una conversación fructífera en un primer momento: responde con interés y educación y habla de una región que conoce porque es la suya. Karnataka está en el sur del país y las diferencias respecto al norte, más transitado, más exprimido, son abismales. Un modo distinto de comprender la religión y las tradiciones, un idioma que no es el mismo –hablan mayoritariamente el kannada– y una gastronomía que, presume, únicamente se asemeja en la frecuencia del arroz blanco. Un atributo que, de cualquier modo, comparten la mayor parte de los países de la región.

Devaiah se encuentra menos cómodo y pone más reparos si hay que hablar de seguridad. Él alude, directamente, a las violaciones de mujeres. No las niega, aunque asegura que muchos occidentales viven en la zona y lo hacen con tranquilidad. Dice que si se producen tantas es porque hay muchos habitantes, sin aludir a razones concretas.

–¿Y en cuanto a las infraestructuras?–le planteo.

“Sí, tenemos”, responde, con un largo silencio.

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Los supermercados Whole Foods se quedan sin alimentos

Redacción TO

Foto: RRSS

Estanterías vacías, productos de primera necesidad agotados, clientes furiosos, empleados frutrados… Esa es la realidad que vive la cadena estadounidense de supermercados Whole Foods cuyas tiendas, desde hace varias semanas, brillan por la escasez de alimentos. “La semana pasada nos quedamos sin cebollas y patatas dos veces”, cuenta un empleado de una tienda de Whole Foods en Brooklyn a Business Insider.

“Recibimos quejas constantes de los clientes por ausencia continua de productos básicos”, señala otro empleado de Sacramento. “La sección de comida preparada no se repara, y la comida se ve rancia”, apunta por su parte un cliente.

Muchos fueron los clientes que en un principio culparon a Amazon, que compró Whole Foods en agosto por 13.7 mil millones de dólares, de este desabastecimiento al especular que la escasez podría deberse a un aumento en el tráfico de compradores a raíz de la adquisición.

Sin embargo, los propios empleados aseguran que el problema es anterior a la compra y en realidad es causado por el nuevo sistema de administración al que han calificado de “militarista”. Este nuevo sistema de inventario recientemente implementado y llamado Order-to-shelf (OTS) es un método estrictamente controlado de tecnología automatizada y que permite transportar los productos directamente desde los camiones de reparto hasta los estantes, de forma que las tiendas no necesitan almacenamiento interno. Algo, que para los propios empleados de Whole Foods, está  generando problemas de almacenamiento en toda la tienda.

“En mi tienda constantemente nos estamos quedando sin productos en todos los departamentos”, le dijo a Business Insider un gerente del departamento de la empresa en Illinois. “Todos sabemos que estamos perdiendo ventas y molestando a los clientes, pero tenemos las manos atadas”.

Continúa leyendo: Roger Torrent, de alcalde independentista a presidente del Parlament

Roger Torrent, de alcalde independentista a presidente del Parlament

Redacción TO

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Tras las elecciones del 21 de diciembre, los independentistas se han vuelto a hacer con el control del Parlament de Cataluña. Con la incógnita de quien será el próximo presidente de la Generalitat debido a las dudas sobre la posibilidad de que Carles Puigdemont sea investido a distancia, el nuevo presidente del Parlament se enfrenta a un panorama político convulso y a una verdadera crisis institucional. En los últimos días, el nombre de Roger Torrent ha acaparado numerosos titulares en los medios de comunicación tras convertirse el 17 de enero en el presidente del Parlamento de Cataluña más joven de la historia.

Nacido el 19 de julio de 1979 en Sarrià de Ter, a sus 38 años Torrent puede decir que lleva media vida dedicado a la política. Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración y técnico urbanista, a los 20 años ya era concejal de su municipio, y en 2007 ocupó el puesto de alcalde de esta misma localidad.

Posteriormente, en 2011, fue portavoz de Esquerra Republicana (ERC), partido del que es militante desde el año 2000, en la Diputación de Girona y en 2012 se convirtió en diputado del Parlament. Ahora ya es el séptimo representante de ERC en Cataluña que preside el Parlament (Carme Forcadell lo hizo en nombre de Junts pel Sí).

Mientras cumplía con sus obligaciones políticas, Torrent no dejó de lado su vida personal y ahora se presenta como un orgulloso padre de dos niñas, que lo acompañaron a votar el día de las elecciones autonómicas de Cataluña.

Apoyando la declaración de independencia de Cataluña antes del referéndum y pidiendo la libertad de todos los diputados que fueron encarcelados, Torrent ha mostrado siempre con claridad su convicción de que es necesario crear una república independiente catalana. Su apoyo a los políticos presos ha sido visible en sus apariciones públicas pero también en su vida personal, tanto que Torrent decoró su árbol de Navidad con lazos amarillos. 

La nueva legislatura

Con un lazo amarillo acompañando permanentemente a su traje y a su barba hipster, el nuevo presidente del Parlament ocupó un puesto que llega cargado de retos y responsabilidades.

Torrent comenzó de manera inmediata la ronda de contactos con los diferentes partidos políticos para enfrentar la complicada tarea de “recuperar las instituciones lo antes posible y ponerlas al servicio de los ciudadanos”, como dijo en su discurso inaugural. “Hay que recuperar la normalidad institucional para servir al país de la manera más adecuada”.

Roger Torrent, de alcalde independentista a presidente del Parlament 1
Carme Forcadell y Roger Torrent tras la elección de este como presidente del Parlament. | Foto: Albert Gea/ Reuters

Aunque hay quien considera que Torrent será el encargado de mantener el poder de ERC en el Parlament y evitar la investidura de Puigdemont, el recientemente elegido presidente de esta institución ha evitado posicionarse sobre este tema durante toda la ronda de contactos y ha dejado a los más impacientes con la duda sobre sus futuras actuaciones. Asegura en todo momento que decidir si se aprueba la investidura a distancia de Puigdemont “es una decisión que depende de la Mesa del Parlamento y será una decisión política del conjunto de la mesa”.

Cómo llegó al Parlament

El nombre de Roger Torrent comenzó a tomar relevancia durante la campaña electoral, cuando sustituyó a Marta Rovira en algunos debates. Ser considerado como alguien de total confianza por ERC y estar libre de procesos judiciales fueron los motivos que empujaron su nombre hasta lo más alto de la lista de candidatos y acabó imponiéndose para el cargo.

Quizá también ayudó su faceta más mediática. Su facilidad ante las cámaras ha hecho que en los últimos meses Torrent se haya convertido en un rostro habitual de las tertulias televisivas, siendo además colaborador del programa La Sexta Noche, donde desarrollaba sin titubeos un discurso de la línea dura del independentismo.

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Roger Torrent, a su llegada a la primera reunión de la Mesa del Parlament. | Foto: Alberto Estévez/ EFE

Ahora tendrá que enfrentarse a una legislatura realmente dura, envuelto en un contexto político convulso y con numerosas incógnitas, como ya hizo su antecesora Carme Forcadell. Antes de ser elegido, prometió “materializar el mandato democrático surgido de las urnas el pasado 21 de diciembre”. Queda ver ahora si cumplirá esta promesa y, lo más importante, cómo.

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