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La fotografía más salvaje llega a Madrid

Lidia Ramírez

Un orangután macho a 30 metros del suelo sube por la raíz más gruesa de una higuera gigantesca hasta la cima en la rica selva tropical del Parque Nacional de Gunung Palung, en la isla de Borneo, Indonesia. Tres días pasó el fotógrafo estadounidense Tim Laman escalando un árbol de 30 metros para colocar cámaras GoPro que se podían manejar de forma remota. Una de ellas capturó esta espectacular imagen, Vidas entrelazadas, ganadora del premio absoluto en la categoría adulta del prestigioso concurso de fotografía Wildlife Photographer of the Year, en su 50 aniversario. Una historia llena de energía con la que Laman quiere denunciar la deforestación que recorre el sudeste asiático como una peste, y que está provocando que las poblaciones de orangutanes se reduzcan a un ritmo vertiginoso.

El otro gran ganador de este prestigioso galardón pero en la categoría juvenil es el británico Gideon Knight, de 16 años, con su fotografía La luna y el cuervo. Una imagen común en Londres, como puede ser uno de estos animales sobre la rama de cualquier arbusto, le ha hecho a este joven aficionado a alzarse con uno de los más prestigiosos premios de fotografía del mundo. La composición de las siluetas y la luz fantasmagórica han sido claves para validarse como la mejor instantánea en su categoría.

'La luna y el cuervo', de Gideon Knight.  (Foto: Gideon Knight /
La luna y el cuervo, Gran Premio Wildlife Photographer of the Year categoría ‘Juvenil’. (Foto: Gideon Knight / Wildlife Photographer of the Year)

De la mano de una de las instituciones más reconocidas del mundo en el estudio de la Naturaleza, el Museo de Historia Natural de Londres,  Wildlife Photographer of the Year llega a Madrid con las imágenes más bellas del año. 100 fotografías de entre más de 49.865 imágenes presentadas por fotógrafos de naturaleza procedentes de 96 países que te hacen adentrarte en los lugares más salvajes del mundo, mostrando con espectacularidad la esencia de la naturaleza a través de la fauna, flora o paisajes.

Wildlife Photographer of the Year celebra este año su 50º certamen

Las categorías premiadas en este concurso son Diversidad de la Tierra: Mamíferos, Aves, Anfibios y Reptiles, Invertebrados y Plantas; Entornos de la Tierra: Subacuático, Tierra y Urbano; Diseño de la Tierra: Detalles, Impresiones y Blanco y Negro, y una categoría nueva este año: Documental, en la que se premia fotografía individual y reportaje al mejor fotoperiodista de naturaleza. Además, se premian tanto a profesionales como a amateurs, jóvenes y adultos.

A continuación, las imágenes más impactantes del certamen.

El gato callejero, por Nayan Khanolkar

Esta espectacular fotografía ha sido la merecedora del premio Wildlife Photographer of the Year en la categoría ‘Urbano’. El artífice de esta bella imagen, el indio y profesor de Biología en Bombay, Nayan Khanoldar, esperó cuatro meses hasta que su objetivo capturó a la perfección la coexistencia de estos bellos animales con el mundo urbano, en un momento en el que los leopardos son uno de los animales más perseguidos por los cazadores. Con esta imagen, Nayan quiere mostrar cómo estos mamíferos son parte aceptada del pueblo Warli, suburbio de Bombay, donde fue inmortalizada esta instantánea.

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El gato callejero. (Foto: Nayan Khanolkar/Wildlife Photographer of the year)

Vecino entrometido, por Sam Hobson

Este fotoperiodista británico sabía bien con quien podría encontrarse cuando puso su cámara una noche de verano en el muro de una calle en los suburbios de Bristol, ciudad conocida por la abundante presencia de zorros. Tras semanas de exploración y trabajo para encontrar el lugar ideal, esta preciosa imagen fue el resultado a largas horas de espera. Sam quería capturar la naturaleza inquisitiva del zorro rojo urbano acostumbrado a vivir entre la población. Vecino entrometido quedó finalista en la categoría ‘Urbano’. 

Vecino entrometido. (Sam Hobson  / Wildlife
Vecino entrometido. (Foto: Sam Hobson / Wildlife Photographer of the Year)

Bosque de cuentos de hadas, por Agorastos Papatsanis

Los encantadores cuentos que rodean las setas inspiraron a Agorastos a crear esta imagen etérea. Con el blanco y el negro como protagonista, una lente vintage y una amplia apertura, este fotógrafo profesional griego logró una imagen de ensueño. Bosque de cuentos de hadas quedó finalista en la categoría de ‘Blanco y Negro’.

Bosque de cuentos de hadas.  (Foto: Agorastos Papatsanis / )
Bosque de cuentos de hadas. (Foto: Agorastos Papatsanis / Wildlife Photographer of the Year)

Réquiem por un búho, por Mats Andersson

En la primera luz del amanecer, Mats usó el blanco y negro para capturar el momento melancólico de este búho tras la muerte de su pareja. Durante la primavera, el par de aves había acompañado a Mats en sus caminatas diarias a través del bosque. Poco después, el fotógrafo también encontró a esta lechuza muerta. Réquiem por un búho ha sido la ganadora del Wildlife Photographer ‘Blanco y Negro’. Mats estudió fotografía en la Escuela de Arte Industrial de Gotemburgo, Suecia. Posteriormente se consagró como director de las más importantes escuelas de fotografía del país. 

Réquiem por un búho. (Foto: Mats Andersson / )
Réquiem por un búho. (Foto: Mats Andersson / Wildlife Photographer of the Year)

Reliquia de oro, por Dhyey Shah

Lo más espectacular de esta fotografía, además de su indudable belleza, es el artífice de la misma. Dhyey Shah tan sólo tiene 10 años y a su corta edad ya puede presumir de haber quedado finalista en uno de los más prestigiosos premios de fotografía del mundo. La imagen fue tomada en la isla arficial de Umananda, en India, cuando el pequeño fotógrafo realizaba una excursión en barco. Justo después de bajar de la embarcación, contempló este langur dorado sentado en lo alto de un árbol. Más mérito tiene aún la instantánea ya que solamente hay seis de estos primates en la isla, los que, con gran parte de la vegetación arrancada, se ven obligados a depender principalmente de la comida de los visitantes.

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Reliquia de oro. (Foto: Dhyey Shah /  Wildlife Photographer of the Year)

Presencia española en el certamen

Un balance delicado y Picotear y Mirar, por Carlos Pérez Navas

Si hay un nombre que ha dejado bien alto el listón de fotógrafos españoles en Wildlife Fhotographer of the Year 2016, ese es el de Carlos Pérez Naval, y tan sólo tiene diez años. Carlos no sólo quedó finalista con su graciosa fotografía Picotear y Mirar (derecha) en la categoría de menores de diez años, sino que se alzó con el primer galardón de esta clase con Un balance delicado (izquierda). Este joven principiante retrataba desde el coche de sus padres las cañas y arbustos durante las primeras nevadas del invierno cuando un Mosquitero se posó sobre una de ellas, momento que inmortalizó y que le ha hecho consagrarse un año más como uno de mejores fotógrafos amateur del mundo. Y es que no es la primera vez que Carlos alcanza el éxito. El 2014 la princesa Kate Middleton le entregaba el Gran Premio en la categoría infantil. Entonces, un amenazador escorpión en primer plano le había servido para conseguirlo. Además, ha ganado varios premios de fotografía en España, Italia y Francia.

Un balance delicado (izquierda) y  (Foto: Carlos Pérez/Wildlive Fhotographer of the year)
Un balance delicado (izquierda) y Picotear y mirar (derecha). (Foto: Carlos Pérez Naval/Wildlife Fhotographer of the Year)

Cachemira luz y sombras, por Enrique López-Tapia

Llevaba 20 años presentándose a este certamen sin haber tenido la suerte de ser seleccionado entre el centenar de los mejores. Hasta ahora, porque este enamorado de los paisajes ha sido finalista en la categoría ‘Tierra’. Enrique López-Tapia muestra con esta instantánea un espectáculo increíble de luces de un atardecer en la India, en el Valle de Cachemira, a 4.000 metros de altitud.

Cachemira luz y sombras. (Foto: Enrique López-Tapia / Wildlife Fothographer of the Year)
Cachemira luz y sombras. (Foto: Enrique López-Tapia / Wildlife Fothographer of the Year)

El morir de la luz, por Ángel Fitor 

La siguiente imagen es la ganadora de la categoría de ‘Invertebrados’. Tres años esperó este alicantino, fotógrafo especializado en animales marinos, para conseguir la mejor puesta de sol con las aguas del Mar Menor calmadas y eternizar esta singular imagen en la que una medusa está a punto de morir. Según comenta Ángel, esta lágrima de mar estaba a punto de morir al tener una burbuja de aire atrapada en su paraguas, no permitiéndola bucear.

El morir de la luz. (Foto: /Wildlife Photographer of the Year)
El morir de la luz. (Foto: Ángel Fitor /Wildlife Photographer of the Year)

Refugio en una refinería, por Juan Jesús González Ahumada

En un primer plano un nido de cigüeñas blancas encima de una torre de cableado eléctrico y en el fondo una refinería en la que se ve claramente la contaminación lumínica y las emisiones de las torres, además de las oscuras nubes que hacen resaltar aún más la iluminación de la refinería. El autor de la imagen quería mostrar la relación que tienen las cigüeñas blancas con las estructuras que el hombre ha ido creando. Juan Jesús había fotografiado en varias ocasiones estas aves, sin embargo, en la imagen “faltaba algo”. Por eso una noche de tormenta fue el marco perfecto para conseguir esta composición finalista de la categoría ‘Urbana’.

Refugio en una refineria.  (Foto: Juan Jesús González Ahumada / Wildlife Photographer of the Year)
Refugio en una refinería. (Foto: Juan Jesús González Ahumada / Wildlife Photographer of the Year)

Precisión de cristal, por Mario Cea

Cada noche, poco después de la puesta del sol, unos 30 murciélagos del género común o enano, emergen de sus sitios de descanso en una casa abandonada en Salamanca para ir de caza. Cada uno come hasta 3.000 insectos por noche. Su vuelo es característicamente rápido y desigual. Los sonidos que hacen crean ecos que les permiten hacer un mapa sonoro de su entorno. Mario esperó toda una noche para captar con su cámara cómo uno de ellos salía a través de una ventana rota, disparando justo en el momento oportuno para capar al mamífero y resaltar los bordes de los fragmentos de vidrio. Precisión de cristal quedó finalista en la categoría ‘Urbano’.

Precisión de cristal. (Foto: Mario Cea / Wildlife Photography of the Year)
Precisión de cristal.  (Foto: Mario Cea / Wildlife Photography of the Year)

Wildlife Photographer of the Year supone, año tras año, una plataforma para la denuncia contra las amenazas a nuestro entorno natural, así como una ventana al mundo de las grandes maravillas naturales. Hasta el 10 de enero de 2017 puede visitarse en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

Algunas verdades desagradables

Andrés Cañizález

Foto: Cristian Hernandez
EFE

En estos días atroces que vive Venezuela, cuando logro desconectarme de la mecánica nacional, he vuelto sobre las páginas de un texto clásico de la historia del siglo XX. Se trata de “La República española y la guerra civil (1931-1939)” del estadounidense Gabriel Jackson, que ni más ni menos permite entender, literalmente desde su incubación, cómo se fueron dando los pasos hasta llegar a la guerra civil, cuyas heridas aún no están curadas del todo en la España del siglo XXI.

No trazaré acá un paralelismo entre aquello y lo que vivimos en Venezuela, aunque no tengo dudas de que sería un terreno de interesante indagación. En realidad, Jackson me ha permitido dar con algo que desde hace varias semanas me viene dando vueltas en la cabeza. Se trata de las verdades incómodas, aquellas que nadie quiere oír, pese a que pocos segundos antes en una reunión social o familiar alguien te dice ¿Y cómo ves la vaina?

Jackson lo sintetiza de esta forma: “las pasiones políticas impidieron a la mayoría de los observadores reconocer las verdades desagradables con respecto al bando con el cual simpatizaban”. En no pocas ocasiones he manifestado públicamente mi voto de confianza a la dirigencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). En mi rol de periodista e intelectual público intento que el apoyo a la MUD no me empañe la visión y el análisis del momento tan dramático y definitorio que vivimos.

Esta adhesión pública, sin que medie un interés económico o un vínculo partidista, no la hago sólo ahora cuando día por medio tenemos a algún diputado opositor herido o vejado por estar al frente de las manifestaciones de calle. Lo expresé sin ambages en noviembre-diciembre del año pasado, cuando la vocería opositora pasaba por una hora oscura tras el fracasado diálogo con el gobierno y lo que fue, en el imaginario popular, el enfriamiento de la calle.

Sobre esto último hay mucha tela para cortar, pues si se revisan las cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social en realidad la calle tiene bastante tiempo sin estar lo que se dice fría, aún pese a la represión y la criminalización de la protesta popular, ésta última ampliamente denunciada por Provea.

Primera verdad. No hay ninguna señal de un resquebrajamiento serio al interior de las Fuerzas Armadas, al menos al momento en que escribo estas líneas. Hay malestar en mandos medios y cansancio en los uniformados que deben salir a la calle, pero el duopolio represivo de alto mando de la FAN y gobierno de Nicolás Maduro se mantiene amalgamado. Sin una ruptura en esta alianza no habrá cambio. La represión de la protesta, junto a las muertes a cuentagotas que se vienen registrando, hay que decirlo, se pueden mantener por largo tiempo.

Segunda verdad. Un escenario de cambio no nos conducirá necesariamente a la democracia. Como demócrata que soy y venezolano que vive en Venezuela sin plan B de emigrar, deseo profundamente que cualquier posibilidad de cambio desemboque en la restauración democrática, bajo los principios trazados en la Constitución de 1999. Ese es, sin duda, mi deseo más profundo.

Pero existe un claro riesgo (y la constituyente empujada por Maduro le pone fecha a ese escenario) de que pasemos no a más democracia sino a más dictadura. La represión puede subir de tono, se eliminen instancias judiciales independientes y sencillamente se militariza todo aquello que tenga que ver con la protesta política (ya hay bastante señales de que se puede ir en esa dirección). El punto culminante de tener más dictadura podría ser la salida de Maduro del poder y su reemplazo por alguna junta militar que asuma bajo la lógica de que “hay que poner orden”.

Tercera verdad. La caída de la dictadura no se resolverá en cuestión de horas con la huida del tirano. En el imaginario venezolano pesa mucho la visión idílica de que una vez que Pérez Jiménez huyó hubo en el país un florecimiento democrático inmediato, en 1958.

El madurismo, como degeneración autocrática del chavismo, combina no sólo la condición de una dictadura convencional (represión, censura, control de las instituciones) sino que hay dos elementos que a veces soslayamos. Por un lado, la condición de narcotraficantes que han adquirido muchos de quienes son figuras oficiales, junto al poder tras bambalinas que tiene la dictadura cubana en Venezuela, asunto que se ha acrecentado tras la muerte de Hugo Chávez y la asunción de Nicolás Maduro.

Cuarta verdad. Tarde o temprano llegaremos a una mesa de negociación. El enquistamiento del chavismo en la estructura del Estado y la adhesión sin reticencias del sector militar (que además se encarga del trabajo represivo) no se acabará solamente con la renuncia de Maduro (en caso de que éste renuncie por voluntad propia o forzado por los militares).

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Las autoridades venezolanas reprimen con violencia las protestas de la oposición. | Foto: Ivan Alvarado / Reuters

Lo último que se ha discutido, de un grupo de países “amigos”, con naciones que sean colocadas a partes iguales por el gobierno y la oposición, podría ser una vía concreta no de dialogar (el tiempo del diálogo creo yo se acabó el 1 de diciembre de 2016) sino de negociar. Si usted le da crédito a lo que he dicho en las líneas anteriores entenderá que hay mucho que negociar.

Ni la crisis económica (aún agudizándose como se prevé) ni una agenda permanente de protestas en la calle (con la intensidad que viene sucediendo) generarán –por sí solas- el anhelado cambio democrático.

Ni será rápido, ni será fácil. Esa es la quinta verdad. Un buen amigo me considera un pesimista, cuando le comparto esta visión. Trato de mirar la realidad sin que los cristales de mis anteojos estén empañados por lo que deseo para mis hijos (que vivan en un país libre y próspero). No estoy diciendo que estamos condenados como sociedad, sólo que debemos afrontar este momento definitorio para la vida nacional mirando no sólo las posibilidades, sino también los riesgos.

Se trata de mantenerse, en esta hora de crisis, con convicciones firmes y resiliencia en la actuación cotidiana, tanto social como individualmente.

La historia en imágenes de la lucha LGTB tras el franquismo

Jorge Raya Pons

Foto: FELGTB

Los años oscuros no quedan tan lejos. En marzo de 1976, el valenciano Antonio Ruiz, de 18 años, fue detenido y encarcelado durante 94 días después de que un juez aplicara contra él la Ley de Peligrosidad Social. Se trataba de una legislación aprobada en 1970 por las Cortes franquistas para castigar aquellas conductas que se consideraban antisociales, y ser homosexual era una de ellas. Esta ley, que vino a sustituir la famosa Ley de Vagos y Maleantes ­–puesta en vigor en 1933 y reformada en 1954 para incluir a los homosexuales, igualándolos, por ejemplo, a los pederastas– contemplaba penas como el internamiento en prisión –unos 5.000 en ocho años– o el sometimiento a terapias de conversión, las cuales, para sorpresa general, siguen existiendo.

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Una máquina de electroshock empleada en los años 60. | Fuente: FELGTB

Antonio Ruiz es un símbolo de la persecución contra los homosexuales que se desató durante el franquismo y que dio sus últimos coletazos en los primeros años de la democracia; la ley sufrió varias reformas en los años siguientes –eliminando los artículos relativos a los actos de homosexualidad en 1979– y fue abolida definitivamente en 1995. En 2009, Antonio fue el primer indemnizado en España por haber entrado en prisión por ser homosexual. Le compensaron con 4.000 euros.

Tras salir de los tribunales, celebró enérgicamente la resolución del Gobierno español, entonces presidido por Rodríguez Zapatero. “Por fin somos ciudadanos de primera”, dijo. “España se ha convertido en el primer Estado del mundo que reconoce la represión a la que se vieron sometidos los homosexuales y les indemniza. Hemos empezado a recuperar la memoria histórica”. Queda para las próximas generaciones su ficha policial de 1976; en ella se puede leer con claridad que el motivo de su detención fue su condición sexual. No han pasado más que cuatro décadas desde entonces.

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Ficha policial de Antonio Ruiz, detenido por ser homosexual en 1976. | Fuente: FELGTB

Este viraje tan extraordinario que ha vivido España en menos de medio siglo solo se comprende desde la lucha que ejercieron activistas como Armand de Fluviá o Francesc Francino, quienes decidieron enfrentarse a la Ley de Peligrosidad Social aun a riesgo de sufrir la represión de la dictadura. “En aquella época, los gais éramos un peligro social, unos corruptores de menores, unos enfermos mentales, los peores pecadores y la escoria de la sociedad”, recuerda Armand, a sus 85 años, quien más adelante se convertiría en la primer homosexual en manifestarlo públicamente en televisión: fue en 1978, en el programa Vosté pregunta.

“Yo fundé el movimiento gay en 1970 con el MELH (Movimiento Español de Liberación Homosexual). Lo hacíamos todo en la clandestinidad, incluso un fanzine que enviábamos desde París. Lo hacía con mi amigo Francesc (Francino), que murió hace muchos años por el sida. El primer número salió en 1972 y se llamaba Aghoix, sacamos 18 números. Pasábamos la frontera con mucho pánico, con miedo a que nos viera la Policía o la Guardia Civil. Lo hacíamos de uno en uno y por la noche. Este fue el juego sagrado que se mantuvo hasta que Franco murió. Entonces ya salimos con una cosa más potente que es el FAGC (Frente de Liberación Gai de Cataluña)”.

Durante el franquismo apenas eran “unos 20” quienes luchaban desde la clandestinidad; en cuanto se fundó el FAGC, sostiene Armand, llegaron a ser cerca de 500.

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Un manifestante durante la primera marcha del Orgullo celebrada en Madrid, en 1978. | Fuente: FELGTB

Un nuevo país

El emerger del FAGC en la sociedad española fue decisivo; no se puede comprender la lucha LGTB en España sin atender a sus logros. El FAGC fue el punto de partida de todo un movimiento que había guardado silencio por demasiado tiempo y que fue una inspiración para otros territorios que encontraron en Cataluña un ejemplo. Sus principales exigencias fueron la abolición de la Ley de Peligrosidad y la legalización de las organizaciones activistas; la propia FAGC fue inscrita y legalizada en 1980.

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Durante el primer Orgullo celebrado en Madrid se reclamó la abolición de la Ley de Peligrosidad Social.

“Todos los partidos y sindicatos que salieron de la clandestinidad como nosotros nos apoyaron”, relata Armand. “Se fueron formando grupos en distintos sitios de España y empezó la lucha. Yo recuerdo que en 1976 vino a visitarme el iniciador del movimiento gay en Euskadi para ver cómo lo habíamos hecho aquí, en Cataluña. Luego vinieron desde Sevilla. Recuerdo que en 1977 publicamos el manifiesto del FAGC; aquello sirvió para el resto de grupos que fueron formándose en España”.

El resultado de este ímpetu se hizo visible en Barcelona con la primera marcha LGTB permitida por las autoridades en España; fue el 26 de junio de 1977 y recorrió las Ramblas al grito de “¡Amnistía!”. De acuerdo con las crónicas de la época, se congregaron en la emblemática vía cerca de 4.000 personas. La primera celebración del Orgullo en Madrid se convocó un año después.

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Dos hombres en el Orgullo madrileño de 1978. | Fuente: FELGTB
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El movimiento feminista tuvo protagonismo en el primer Orgullo de Madrid. | Fuente: FELGTB

“Del 75 al 80 fue un quinquenio de maravilla”, dice Armand, con entusiasmo. “Muerto Franco, se acabó la rabia. Tras tantos años de dictadura se levantó esa losa que había, la gente perdió el miedo. Todo era fantástico”.

Desde entonces las marchas se han sucedido en todo el país, especialmente en las grandes ciudades, y el fortalecimiento del movimiento desde los años 90 ha permitido dar voz también a los transexuales y a las lesbianas, que comenzaron a agruparse en colectivos feministas para reivindicar que se les diera la misma visibilidad que a los hombres homosexuales.

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Una niña, con la bandera del Orgullo pintada. | Fuente: FELGTB

La evolución de las reivindicaciones

La historia reciente del movimiento homosexual, tal y como se puede descubrir en la exposición Subversivas: 40 años de activismo LGTB en España –organizada por la Federación Española de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales–, es la muestra tangible de la evolución de la sociedad española desde la Transición hasta hoy, con todas sus etapas.

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Los activistas se movilizaron para concienciar a las autoridades sobre la gravedad del sida, que afectaba con dureza a la comunidad gay. | Fuente: FELGTB

Desde la lucha por la concienciación contra el sida, la principal preocupación de los colectivos LGTB en los 80, hasta la Ley de Matrimonio Homosexual (2005) o la Ley de Identidad de Género (2007), que permitió a cualquier persona a cambiar su nombre y sexo en el registro  sin necesidad de pasar por una operación.

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Pedro Zerolo, uno de los grandes activistas LGTB contemporáneos, junto a Toni Poveda y Bibiana Aído en 2008. | Fuente: FELGTB

Es una realidad que la transformación del país ha sido absoluta; en cuatro décadas, España se ha convertido en un referente mundial en la defensa de los derechos de la comunidad LGTB. Tanto es así que este año es Madrid la ciudad que acoge la fiesta internacional del Orgullo; durante dos semanas se espera recibir hasta tres millones de personas en la ciudad.

“Hemos alcanzado lo que muchos otros no han logrado”, sentencia Armand. “Realmente, ahora no tenemos ninguna discriminación. La lucha de los colectivos es ahora contra la homofobia. Tenemos leyes para ello y contemplan sanciones. Es cierto que hay gente medio loca que nos odia, pero no creo que sean demasiados”.

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Celebración del Europride en Madrid en 2007. | Fuente: FELGTB

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Foto de la manifestación del Orgullo en 2009. | Fuente: FELGTB

En cualquier caso, el activista barcelonés sostiene que todavía quedan algunas victorias pendientes: “Ahora hay que incidir en la enseñanza y en los medios de comunicación. Lo que tenemos que conseguir es que se hable desde la guardería hasta la universidad, que la televisión vaya dando ejemplos positivos desde la homosexualidad. Y detalles como el alquiler de vientres, algo que aquí en España todavía no se permite, pero que parece que está al caer”.

De los trastornos y las drogas

Melchor Miralles

Foto: STEVE DIPAOLA
Reuters

Las estadísticas tienen lo suyo, y siempre muchas lecturas. Hoy sabemos que en 2015 250 millones de personas consumieron algún tipo de droga en el mundo, y al menos 190.000 murieron por causas directas relacionadas con los estupefacientes, según el Informe Mundial sobre Drogas de la ONU, que asegura también que casi 30 millones de personas padecen trastornos graves por esta causa. La más consumida es el cannabis, pero la heroína figura como la más nociva y la que más muerte causa. Los números, qué duda cabe asustan.

Me parece un trabajo relevante de la ONU. Los científicos que lo han hecho merecen mi respeto. Pero si se quiere entrar a fondo en la materia hay que ir al fondo. Las drogas lo que son es un gran negocio que enriquece a muchos. Su combate es imposible a nivel nacional, un solo país no puede acabar con la causa del problema. Y como genera ríos de millones de beneficios, quienes se enriquecen a su costa tienen la capacidad de neutralizar con dinero a gobiernos, jueces y policías. Y el problema crece cada año. Y seguimos manejando estadísticas, y escandalizándonos, y lo que nos queda por ver.

Esos treinta millones de personas que padecen los trastornos a que se refiere este informe quizá hayan empezado a trastornarse antes, y por ello han acabado en la droga, donde han encontrado un refugio y un cobijo que no tenían, puede que incluso sabiendo el daño que iba a causarles. Hemos construido una sociedad que cada día genera motivos para el disgusto, el hartazgo, el desasosiego y el dolor. Crecen el hedonismo y el egoísmo, aumenta el culto al dinero y cada vez importan menos los seres humanos, que tenemos sentimientos, sufrimientos, dolores y penas que nos afligen.

Bien por Naciones Unidas, el doctor ya ha diagnosticado la enfermedad. Ahora me gustaría que nos dijeran estos expertos de la cosa cual es la solución. Para acabar con los trastornos, y para que las drogas solo se utilicen para aquellos casos en los que son útiles. Me temo que tardará en llegar.

Calderiana intempestiva

José María Albert de Paco

Foto: Andreu Dalmau
EFE

En la sección de librería del Corte Inglés no hay libreros, sino empleados que tratan de compensar sus lagunas con una actitud más o menos servicial. Para cualquier letraherido, la experiencia de consumo en estos establecimientos carece del embrujo que envuelve a esas librerías en las que todo está dispuesto para que el comprador se crea poco menos que Harold Bloom, desde la altivez de los dependientes hasta el crujido de las lamas del parqué. Tanto es así que sus propietarios no se consideran exactamente libreros, sino prescriptores del buen gusto, comisarios culturales que, imbuidos de redentorismo, determinan qué obras merecen un lugar de privilegio y cuáles, en cambio, un nicho mortuorio en el más recóndito anaquel.

La librería Calders, de Barcelona, ha declarado en Twitter persona non grata al escritor Gregorio Morán, haciendo así honor a la catalanísima costumbre del señalamiento (ni siquiera la librería Europa llevó tan lejos su bravuconería). Desconozco en qué consiste que una librería te declare persona non grata, ni si los declarantes exhibirán un cartel del tipo ‘prohibida la entrada a perros y mexicanos’. Lo desconozco, digo, porque hasta ahora, por una cuestión de cercanía, era cliente de la Calders, y me consta que no hacía falta que declarasen a nadie non grato para vetar sus libros. Empezando, por cierto, por el libro sobre Ciudadanos que Iñaki Ellakuría y yo escribimos hace año y medio, y que fue la única novedad del sello Debate que, por aquel entonces, no encontró acomodo en el apartado de ensayos políticos. Obviamente, la censurita del tendero no se ciñe a obras menores; en ocasiones, también apunta alto: véase el caso de María Elvira Roca Barea y su Imperiofobia, de cuyo lanzamiento no hubo noticia en la Calders, como no suele haber noticia de nada que huela a disidencia. Puede parecer paradójico, pero el progreso de la humanidad no se debe al sensiblero ingeniero social que pretende salvarte de ti mismo, sino al jefe de planta poco instruido que por cada Roca Barea se lleva un 0,2%. Y en esa evidencia, en fin, radica el gran triunfo de Antonio Escohotado.

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