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La fotografía más salvaje llega a Madrid

Lidia Ramírez

Un orangután macho a 30 metros del suelo sube por la raíz más gruesa de una higuera gigantesca hasta la cima en la rica selva tropical del Parque Nacional de Gunung Palung, en la isla de Borneo, Indonesia. Tres días pasó el fotógrafo estadounidense Tim Laman escalando un árbol de 30 metros para colocar cámaras GoPro que se podían manejar de forma remota. Una de ellas capturó esta espectacular imagen, Vidas entrelazadas, ganadora del premio absoluto en la categoría adulta del prestigioso concurso de fotografía Wildlife Photographer of the Year, en su 50 aniversario. Una historia llena de energía con la que Laman quiere denunciar la deforestación que recorre el sudeste asiático como una peste, y que está provocando que las poblaciones de orangutanes se reduzcan a un ritmo vertiginoso.

El otro gran ganador de este prestigioso galardón pero en la categoría juvenil es el británico Gideon Knight, de 16 años, con su fotografía La luna y el cuervo. Una imagen común en Londres, como puede ser uno de estos animales sobre la rama de cualquier arbusto, le ha hecho a este joven aficionado a alzarse con uno de los más prestigiosos premios de fotografía del mundo. La composición de las siluetas y la luz fantasmagórica han sido claves para validarse como la mejor instantánea en su categoría.

'La luna y el cuervo', de Gideon Knight.  (Foto: Gideon Knight /
La luna y el cuervo, Gran Premio Wildlife Photographer of the Year categoría ‘Juvenil’. (Foto: Gideon Knight / Wildlife Photographer of the Year)

De la mano de una de las instituciones más reconocidas del mundo en el estudio de la Naturaleza, el Museo de Historia Natural de Londres,  Wildlife Photographer of the Year llega a Madrid con las imágenes más bellas del año. 100 fotografías de entre más de 49.865 imágenes presentadas por fotógrafos de naturaleza procedentes de 96 países que te hacen adentrarte en los lugares más salvajes del mundo, mostrando con espectacularidad la esencia de la naturaleza a través de la fauna, flora o paisajes.

Wildlife Photographer of the Year celebra este año su 50º certamen

Las categorías premiadas en este concurso son Diversidad de la Tierra: Mamíferos, Aves, Anfibios y Reptiles, Invertebrados y Plantas; Entornos de la Tierra: Subacuático, Tierra y Urbano; Diseño de la Tierra: Detalles, Impresiones y Blanco y Negro, y una categoría nueva este año: Documental, en la que se premia fotografía individual y reportaje al mejor fotoperiodista de naturaleza. Además, se premian tanto a profesionales como a amateurs, jóvenes y adultos.

A continuación, las imágenes más impactantes del certamen.

El gato callejero, por Nayan Khanolkar

Esta espectacular fotografía ha sido la merecedora del premio Wildlife Photographer of the Year en la categoría ‘Urbano’. El artífice de esta bella imagen, el indio y profesor de Biología en Bombay, Nayan Khanoldar, esperó cuatro meses hasta que su objetivo capturó a la perfección la coexistencia de estos bellos animales con el mundo urbano, en un momento en el que los leopardos son uno de los animales más perseguidos por los cazadores. Con esta imagen, Nayan quiere mostrar cómo estos mamíferos son parte aceptada del pueblo Warli, suburbio de Bombay, donde fue inmortalizada esta instantánea.

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El gato callejero. (Foto: Nayan Khanolkar/Wildlife Photographer of the year)

Vecino entrometido, por Sam Hobson

Este fotoperiodista británico sabía bien con quien podría encontrarse cuando puso su cámara una noche de verano en el muro de una calle en los suburbios de Bristol, ciudad conocida por la abundante presencia de zorros. Tras semanas de exploración y trabajo para encontrar el lugar ideal, esta preciosa imagen fue el resultado a largas horas de espera. Sam quería capturar la naturaleza inquisitiva del zorro rojo urbano acostumbrado a vivir entre la población. Vecino entrometido quedó finalista en la categoría ‘Urbano’. 

Vecino entrometido. (Sam Hobson  / Wildlife
Vecino entrometido. (Foto: Sam Hobson / Wildlife Photographer of the Year)

Bosque de cuentos de hadas, por Agorastos Papatsanis

Los encantadores cuentos que rodean las setas inspiraron a Agorastos a crear esta imagen etérea. Con el blanco y el negro como protagonista, una lente vintage y una amplia apertura, este fotógrafo profesional griego logró una imagen de ensueño. Bosque de cuentos de hadas quedó finalista en la categoría de ‘Blanco y Negro’.

Bosque de cuentos de hadas.  (Foto: Agorastos Papatsanis / )
Bosque de cuentos de hadas. (Foto: Agorastos Papatsanis / Wildlife Photographer of the Year)

Réquiem por un búho, por Mats Andersson

En la primera luz del amanecer, Mats usó el blanco y negro para capturar el momento melancólico de este búho tras la muerte de su pareja. Durante la primavera, el par de aves había acompañado a Mats en sus caminatas diarias a través del bosque. Poco después, el fotógrafo también encontró a esta lechuza muerta. Réquiem por un búho ha sido la ganadora del Wildlife Photographer ‘Blanco y Negro’. Mats estudió fotografía en la Escuela de Arte Industrial de Gotemburgo, Suecia. Posteriormente se consagró como director de las más importantes escuelas de fotografía del país. 

Réquiem por un búho. (Foto: Mats Andersson / )
Réquiem por un búho. (Foto: Mats Andersson / Wildlife Photographer of the Year)

Reliquia de oro, por Dhyey Shah

Lo más espectacular de esta fotografía, además de su indudable belleza, es el artífice de la misma. Dhyey Shah tan sólo tiene 10 años y a su corta edad ya puede presumir de haber quedado finalista en uno de los más prestigiosos premios de fotografía del mundo. La imagen fue tomada en la isla arficial de Umananda, en India, cuando el pequeño fotógrafo realizaba una excursión en barco. Justo después de bajar de la embarcación, contempló este langur dorado sentado en lo alto de un árbol. Más mérito tiene aún la instantánea ya que solamente hay seis de estos primates en la isla, los que, con gran parte de la vegetación arrancada, se ven obligados a depender principalmente de la comida de los visitantes.

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Reliquia de oro. (Foto: Dhyey Shah /  Wildlife Photographer of the Year)

Presencia española en el certamen

Un balance delicado y Picotear y Mirar, por Carlos Pérez Navas

Si hay un nombre que ha dejado bien alto el listón de fotógrafos españoles en Wildlife Fhotographer of the Year 2016, ese es el de Carlos Pérez Naval, y tan sólo tiene diez años. Carlos no sólo quedó finalista con su graciosa fotografía Picotear y Mirar (derecha) en la categoría de menores de diez años, sino que se alzó con el primer galardón de esta clase con Un balance delicado (izquierda). Este joven principiante retrataba desde el coche de sus padres las cañas y arbustos durante las primeras nevadas del invierno cuando un Mosquitero se posó sobre una de ellas, momento que inmortalizó y que le ha hecho consagrarse un año más como uno de mejores fotógrafos amateur del mundo. Y es que no es la primera vez que Carlos alcanza el éxito. El 2014 la princesa Kate Middleton le entregaba el Gran Premio en la categoría infantil. Entonces, un amenazador escorpión en primer plano le había servido para conseguirlo. Además, ha ganado varios premios de fotografía en España, Italia y Francia.

Un balance delicado (izquierda) y  (Foto: Carlos Pérez/Wildlive Fhotographer of the year)
Un balance delicado (izquierda) y Picotear y mirar (derecha). (Foto: Carlos Pérez Naval/Wildlife Fhotographer of the Year)

Cachemira luz y sombras, por Enrique López-Tapia

Llevaba 20 años presentándose a este certamen sin haber tenido la suerte de ser seleccionado entre el centenar de los mejores. Hasta ahora, porque este enamorado de los paisajes ha sido finalista en la categoría ‘Tierra’. Enrique López-Tapia muestra con esta instantánea un espectáculo increíble de luces de un atardecer en la India, en el Valle de Cachemira, a 4.000 metros de altitud.

Cachemira luz y sombras. (Foto: Enrique López-Tapia / Wildlife Fothographer of the Year)
Cachemira luz y sombras. (Foto: Enrique López-Tapia / Wildlife Fothographer of the Year)

El morir de la luz, por Ángel Fitor 

La siguiente imagen es la ganadora de la categoría de ‘Invertebrados’. Tres años esperó este alicantino, fotógrafo especializado en animales marinos, para conseguir la mejor puesta de sol con las aguas del Mar Menor calmadas y eternizar esta singular imagen en la que una medusa está a punto de morir. Según comenta Ángel, esta lágrima de mar estaba a punto de morir al tener una burbuja de aire atrapada en su paraguas, no permitiéndola bucear.

El morir de la luz. (Foto: /Wildlife Photographer of the Year)
El morir de la luz. (Foto: Ángel Fitor /Wildlife Photographer of the Year)

Refugio en una refinería, por Juan Jesús González Ahumada

En un primer plano un nido de cigüeñas blancas encima de una torre de cableado eléctrico y en el fondo una refinería en la que se ve claramente la contaminación lumínica y las emisiones de las torres, además de las oscuras nubes que hacen resaltar aún más la iluminación de la refinería. El autor de la imagen quería mostrar la relación que tienen las cigüeñas blancas con las estructuras que el hombre ha ido creando. Juan Jesús había fotografiado en varias ocasiones estas aves, sin embargo, en la imagen “faltaba algo”. Por eso una noche de tormenta fue el marco perfecto para conseguir esta composición finalista de la categoría ‘Urbana’.

Refugio en una refineria.  (Foto: Juan Jesús González Ahumada / Wildlife Photographer of the Year)
Refugio en una refinería. (Foto: Juan Jesús González Ahumada / Wildlife Photographer of the Year)

Precisión de cristal, por Mario Cea

Cada noche, poco después de la puesta del sol, unos 30 murciélagos del género común o enano, emergen de sus sitios de descanso en una casa abandonada en Salamanca para ir de caza. Cada uno come hasta 3.000 insectos por noche. Su vuelo es característicamente rápido y desigual. Los sonidos que hacen crean ecos que les permiten hacer un mapa sonoro de su entorno. Mario esperó toda una noche para captar con su cámara cómo uno de ellos salía a través de una ventana rota, disparando justo en el momento oportuno para capar al mamífero y resaltar los bordes de los fragmentos de vidrio. Precisión de cristal quedó finalista en la categoría ‘Urbano’.

Precisión de cristal. (Foto: Mario Cea / Wildlife Photography of the Year)
Precisión de cristal.  (Foto: Mario Cea / Wildlife Photography of the Year)

Wildlife Photographer of the Year supone, año tras año, una plataforma para la denuncia contra las amenazas a nuestro entorno natural, así como una ventana al mundo de las grandes maravillas naturales. Hasta el 10 de enero de 2017 puede visitarse en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

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Ni Sofia Coppola, ni Tinder: la seducción era otra cosa

Lorena G. Maldonado

La frigidez no es un pecado, pero sí una lástima. Ayer salí de ver La seducción, de Sofia Coppola, cargando con una anorgasmia militante -en mi barrio se dice revenía’- y corrí al Burger King a meterme entre pecho y espalda una vulgar pero sincera tendercrisp que me devolviese a la tierra, que me conectase de nuevo con la carne, la saliva y la culpa, con la lascivia del queso americano y la grosera humanidad de dos labios abriéndose. La parte de la vida que me interesa suele alojarse al otro lado de la boca que se desprende, que se ensancha como una flor carnívora llena de fascinaciones, admiración, estupor o apetitos. La película fue como el antónimo: más o menos un rictus.

Claro que no todo el mundo va a ser folclórico emocional, pero una cosa es la sobriedad -esa que nos angustió en la exquisita Shame– y otra la abulia: ahí Coppola en su filme protagonizado por un corrillo de hembras psicópatas y un macho castrado -qué iracundo, el cabo, cuando tiró la tortuga-. Casi extrañé la testosterona trumpista de Eastwood, que fue El Seductor en la de Don Siegel (¡1971!). Qué sangre tan acuosa aquí, qué raza tan pocha, qué poco cachondos estamos en este banquete de la revolución sexual.

La seducción: madre mía. A los que quiero les deseo que nunca les tonteen así. Una hora y media asistiendo a un cortejo de amebas. En los lavacabezas de la peluquería he vivido más tensión sexual. Al terminar, sentí por fin una trémula excitación mientras hundía mi patata gajo en la salsa, y recordé que no sé nada de cine -algunos amigos han montado un cinefórum y se esfuerzan, con mucha paciencia, en corregirme esta anemia cultural-, pero oye, me dije a mí misma, en el relato del deseo te defiendes, como todos los veleidosos. En el relato, por lo menos, que los engranajes ya son otra cosa -y sólo marchan si no se comete la torpeza de desmontarlos para entenderlos-.

¿Por qué me entusiasman Roberto Álamo, Bardem, Luis Tosar, Paul Dano o Alan Rickman y me quedo gélida con el mismísimo Brad Pitt? Miren: no lo sé. La vida tiene estas cosas. También el bueno de Colin Farrell me dejó en La seducción mortalmente aburrida, con las papilas gustativas de vacaciones, con una tristeza muy rara, parecida a la que uno siente cuando ve a una pareja besarse mal.

Sí. En el deseo llevamos años auscultándonos; pero en la seducción todos somos un poco bisoños, porque cada cuadrilátero es una historia. Entre los breves apuntes: uno, lo importante no es follar, lo importante es el contexto -o, si quieren, como decía Pessoa, lo fundamental del amor es lo que lo rodea-. En la película el contexto es delicioso, pero Coppola se pone muy esteta e ignora nuestro mejor secreto como civilización: debajo de tantas capas de diplomacia, seguimos debiéndonos a la suciedad.

Dos, el capricho físico no tiene nada que ver con la belleza del otro, sino con algo menos canónico y más oscuro: algo que está, quizá, en el sonido de una risa, en el olor, en el tacto, en el ping-pong dialéctico, en el látigo imperceptible de la pestaña. No sé ustedes, pero yo me he quedado noqueada alguna vez con una carcajada perfectamente ejecutada, libre, limpísima, y se me han contraído las piernas. Colgarse de una risa -de sus ojos guiñados y su barbilla oscilante, redimida- es muy parecido al amor: inexplicable, sombrío. Ya quisiera esa autoridad ese Colin Farrell de rasgos preceptivos que arrastra la perversión de un chupete.

Tres. Hay un aviso, siempre. El deseo tiene ese decoro: el del golpe primero, el de “huye o juega, pero no balbucees”. Y después todo eso tan hermoso que ha muerto a manos de Tinder: el ser conscientes de que cuando se enseñan las cartas, se acaba la partida. Todos empezamos de cero en cada conquista, todos hemos entendido que nadie, por suerte, es infalible, todos nos hemos puesto alhajas -como las cursis de la peli- y hemos comprobado, no sin cierto patetismo, que no sirven para nada, todos hemos experimentado celos verdosos y todos nos hemos vengado de forma más o menos poética -esto ya según la elegancia-. Pero ninguna de estas similitudes entre la sentimentalidad humana y La seducción me conectó en ningún momento con la historia: por poco reveladoras, por superficiales.

Me niego a creer -repito, desde mi corta educación cinematográfica, pero con mi derecho al desencanto a nivel usuario- que la de Coppola trascienda a reflejar ni un milímetro del alma de la mujer: no albergamos en el pecho esa casa de locas. No sacia mis ansias feministas que Colin Farrell sea un animal pánfilo, sin maldades: el sexo y la violencia requieren de un contrario a la altura. No, menoscabar la virilidad de un hombre no te subrayará como mujer. La poderosa Nicole Kidman no asume que el despecho no sólo es antierótico, sino que practicarlo jamás hizo a una ganadora.

Es irónico: tal vez en los setenta, cuando se estrenó El seductor, el espectador aún pudiese encontrar en el cine el morbo que no rascaba en su vida. Hoy, en medio del neoliberalismo rústico y su espesa oferta sexual, nos estamos volviendo unos reprimidos culturales. O peor: hemos dejado de reinventar las posibilidades del cuerpo. En seducción hemos desaprendido, es obvio -miren ahí a la gente en sus aplicaciones, llamando “tomar un café” al “echar un polvo”- y el sexo lo hemos cursado tanto que nos hastía. Quizá algún día, de nuevo, una risa. Quizá algún día, otra vez, la tensión dialéctica y las cartas boca abajo, en partida tirante y lenta. Mientras, contra la oquedad existencial, nos quedan las hamburguesas.

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Estas son las mejores imágenes del eclipse solar de 2017

Redacción TO

Foto: GEORGE FREY
AFP

Estados Unidos ha sido el mayor afortunado a la hora de contemplar la belleza del eclipse solar que ha tenido lugar este lunes. La Luna se ha interpuesto entre la Tierra y el Sol, ofreciendo en algunos lugares del mundo un espectáculo visual del que los estadounidenses han sido los espectadores más privilegiados, ya que este país ha sido el único donde se ha podido ver el eclipse solar total.

La última vez que Estados Unidos presenció un eclipse de estas características fue en 1979, y el próximo que podrá ver será en el año 2024. Por eso este año, el país se ha convertido en el lugar de peregrinación de todos aquellos aficionados a la astronomía y a muchos curiosos que quieren presenciar este extraño fenómeno, que ha comenzado en Oregón y ha acabado en Carolina del Sur.

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El eclipse solar visto desde la Bahía Depoe, en Oregón. | Foto: Mike Blake/ Reuters

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El efecto del anillo de diamante se observa en Madras, Oregón. | Foto: NASA/ Reuters
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El Sol forma una Luna creciente durante el eclipse solar en Charleston, Carolina del Sur. | Foto: Mandel Ngan/ AFP

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La Luna comienza a pasar frente al Sol en el Lago Ross, en Washington. | Foto: NASA/Reuters
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Las nubes oscurecen el eclipse solar en Mount Pleasant, Carolina del Sur. | Foto: Randall Hill/Reuters
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El eclipse solar visto desde el instituto de Madras, en Oregon. | Foto: Jason Redmond/Reuters

Sin embargo, también se ha podido observar este fenómeno astronómico desde otros lugares, como México, desde donde también han llegado imágenes que muestran la belleza de este esperado fenómeno astronómico. En España, el mejor lugar para ver el eclipse solar, aunque solo de una manera parcial, han las Islas Canarias. También se ha podido observar de manera parcial en lugares como Galicia o Cáceres, pero no ha tenido esta posibilidad la parte occidental del país.

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El eclipse solar parcial visto desde Ciudad de México. | Foto: Alfredo Estrella/AFP
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Vista del eclipse solar parcial visto desde el Museo de Historia Natural de Ciudad de México. | Foto: Pedro Pardo/ AFP

Así lo han visto los estadounidenses

Este eclipse solar ha sido un fenómeno muy esperado en varios lugares del mundo, pero especialmente en Estados Unidos. A lo largo del día, numerosas personas se han concentrado en distintos puntos del país para encontrar el mejor punto para poder ver sin ningún obstáculo el paso de la Luna frente al Sol. Nadie ha querido perderse este inusual fenómeno, e incluso el propio Donald Trump ha sido fotografiado disfrutando del eclipse desde la Casa Blanca.

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Donald Trump y Melania Trump ven el eclipse solar en la Casa Blanca. | Foto: Kevin Lamarque/ Reuters
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Un grupo de gente observa el eclipse solar desde el estadio Saluki en Illinois. | Foto: Scott Olson/ AFP
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Un grupo de gente observa cómo se aproxima el eclipse solar en Tennesee. | Foto: Jonathan Ernst/ Reuters

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Las señales para descubrir si eres más inteligente que la media

Redacción TO

Foto: Reuters

Todos creemos ser más inteligentes que la media, todos creemos llevar la razón todo el tiempo. Pero la verdad sea dicha: no siempre es así. Siempre hay quien se siente por encima, y en la mayor parte de las ocasiones de forma injustificada. La ciencia ha buscado modos de descubrir aquellos gestos que demuestran inteligencia, más allá de las opiniones que podamos ofrecer –a veces sin que nos pregunten- en una conversación cualquiera. El diario británico The Independent ha recopilado seis que, de acuerdo con varios estudios, pueden demostrar que –esta vez sí– podemos considerarnos más inteligentes que la mayoría de nuestros congéneres.

1. Eres sarcástico

Un estudio dirigido por la profesora Francesca Gino apunta que el sarcasmo es un mecanismo de creatividad indiscutible que requiere de una energía cerebral particular. “Para crear o descifrar el sarcasmo, tanto quien se expresa como el receptor necesitan superar esa barrera de la contradicción (es decir, la distancia psicológica) entre el significado literal y el real”, explica. “Se trata de un proceso que se activa con las abstracción, y que como tal promueve el pensamiento creativo”.

2. Eres políglota

Hablar más de un idioma ayuda a disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades como el Alzheimer o la demencia. También favorece a la agilidad mental y, como demuestra este estudio, el desarrollo de nuestro cerebro.

3. Eres el hijo mayor

Una investigación apunta que los hijos pequeños tienden a tener un coeficiente intelectual inferior que los mayores. Con todo, no tendría que ver tanto con el aspecto genético como con el ambiente familiar.

Las señales para descubrir si eres más inteligente que la media
Ned Flanders, el zurdo más popular. | Fuente: The Simpsons/Fox

4. Eres zurdo

Los zurdos no solo representan un 10% de la población, sino que proporcionalmente son más inteligentes que los diestros. A los zurdos se les ha reconocido una serie de atributos cognitivos superiores a los diestros, aunque no en todos en todos los casos.

5. Eres gracioso

Que un hombre o una mujer sea gracioso es una ventaja competitiva desde un punto de vista social: eso nos convierte en más atractivos. Varios estudios demuestran que el sentido del humor está relacionado con una mejor capacidad para hacer razonamientos abstractos. Además, una broma comprende un mecanismo por naturaleza complejo, y nuestra capacidad para descifrarlo define nuestra inteligencia.

6. Dudas de ti mismo

Como dijo Sócrates, “solo sé que no sé nada”. Las personas capaces de asumir sus errores y corregirlos demuestran una mayor inteligencia. Este es un punto claro: si crees que siempre tienes razón y eres incapaz de rectificar, tienes altas probabilidades de ser menos inteligente que la media.

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Visa Pour l’Image, el gran festival del fotoperiodismo, arranca motores

Beatriz García

Perpiñán acogerá del 2 al 17 de septiembre la 29 edición de Visa Pour l’Image, uno de los mayores certámenes de fotografía periodística del mundo.

Es la cita que todo amante de la fotografía marca en el mes de septiembre de su calendario. El festival Visa Pour l’Image volverá a convertir la ciudad francesa de Perpiñán en el epicentro del mejor fotoperiodismo del año durante dos semanas de exposiciones, charlas, premios y debates, que centran su atención en conflictos de actualidad como la guerra de Siria y la crisis de los refugiados, y otras realidades a menudo olvidadas por los medios, como la de las víctimas del terrorismo en Perú y su lucha por la justicia y la verdad.

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Noche de exposiciones en el Campo Santo | Imagen por Mazen Sagar

Para que no te pierdas ni un píxel del certamen, aquí tienes algunas de las exposiciones y eventos más destacados que podrás disfrutar del 2 al 17 de septiembre en Visa Pour l’Image:.

Instantáneas de la guerra y el horror

La guerra en Siria y la recuperación de Mosul de manos del Estado Islámico fue recogida por la lente de los fotógrafos Álvaro Canovas (París Match), Lorenzo Meloni (Magnum Photos) y Laurent Van Der Stockt (Le Monde), éste último nominado a la Visa D’Or Paris Match.

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‘El colapso del Califato’, Lorenzo Meloni (Magnum Photos)

Las tres exposiciones, que abordan la guerra desde diferentes perspectivas, son las grandes protagonistas del festival, junto a dos trabajos que reflejan la crudeza con la que los civiles viven los conflictos armados: No safe place (Ningún lugar seguro), de Renée C. Byers, sobre la pobreza y descontento de los refugiados afganos en Estados Unidos, y Lives on Wire (Vidas en el alambre), de la fotógrafa argelina Zohra Bensemra (Reuters), que muestra cómo los civiles se enfrentan al horror de la guerra y los desastres naturales en muchas regiones del mundo.

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‘The Sacramento Bee’ de Renée C. Byer.

 

Para preguntarte qué significa “desarrollo”

China se ha convertido en tan sólo tres décadas en la segunda mayor economía del mundo. El fotógrafo Lu Guang ha dedicado los últimos doce años de su vida a viajar por el país capturando con su cámara el lado más oscuro del crecimiento económico: los ríos contaminados, los poblados sin agua corriente y los niños abandonados en orfanatos.

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‘Desarrollo y polución’, Lu Guang.

Un viaje similar, aunque en otro continente, fue el que hizo Vlad Sokhin (Cosmos), que recoge los efectos del cambio climático en las zonas más remotas de Alaska y Nueva Zelanda y las luchas de los indígenas por permanecer en la tierra de sus ancestros.

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‘Warm Waters’, de Vlad Sokhin

La vida salvaje, los safaris de caza y el impacto del hombre en el hábitat de los animales son los temas centrales del innovador fotoperiodista de National Geographic Michael Nichols, que ha colaborado con grandes conservacionistas, como la primatóloga Jane Goodall.

Realidades invisibles que nos conciernen a todos

El fotógrafo Daniel Berehulak pasó seis meses trabajando con un reportero local en Manila para conocer de primera mano los crímenes de la campaña ‘antidrogas’ del presidente Rodrigo Duterte en Filipinas, que causó más de 7.000 fallecidos a manos de escuadrones de la muerte y fuerzas del orden. El trabajo de Berehulak, They are Slaughtering Us Like Animales (Nos están sacrificando como animales) está nominado a los premios Visa d’Or que entrega el festival.

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‘They are Slaughtering Us Like Animales’, de Daniel Berehulak

Ayacucho es uno de los veinticuatro departamentos que conforman Perú y también el título del trabajo fotográfico de Ángela Ponce Romero, galardonada con la Visa D’Or Humanitaria – Comité Internacional de la Cruz Roja por una investigación que denuncia la muerte, los matrimonios forzosos, los abusos y las desapariciones de civiles durante las oleadas de terrorismo de los años ochenta y noventa en el país.

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‘Ayacucho’, de Ángela Ponce Romero.

Otra de las exposiciones esperadas es Dreamers (Soñadores), obra de la fotógrafa Darcy Padilla, que fue ganadora del Premio Canon de la Mujer Fotoperiodista el pasado año, y retrata la vida en la reserva india de Pine Ridge, uno de los lugares más pobres de Estados Unidos.

Un íntimo Picasso y el año en imágenes

Una de las sorpresas de esta edición es la inauguración de la exposición sobre la intimidad, la vida amorosa y la obra de Pablo Picasso, a partir de las instantáneas del fotógrafo de guerra y amigo íntimo del pintor David Douglas Duncan.

Cada noche y durante todo el festival habrá veladas de proyección donde se repasarán algunas de las historias que han marcado este año y dos meses, como los tributos a Leonard Cohen y Chuck Berry, la hambruna en África, la crisis de los refugiados o las últimas elecciones en Estados Unidos.

Además de mesas redondas, paneles de discusión dirigidos por profesionales de medios como Paris Match o Elle, jornadas para jóvenes fotógrafos y visitas gratuitas guiadas por algunos de los autores que participan en una de las veinticinco exposiciones de Visa Pour l’Image.

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