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La Galicia más indómita a través de sus faros

Marta Ruiz-Castillo

Foto: Camiño dos faros
Camiño dos Faros

Galicia recibió en 2016 una cifra récord de visitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística publicados por la Xunta el pasado enero. El Camino de Santiago se ha convertido en los últimos años en un reclamo para el turismo nacional e internacional y en verano, viajar a esta región del noroeste de España es, sin duda, una forma de pasar las vacaciones aunque el sol no esté garantizado todos los días. Entre las numerosas opciones para conocer un poco mejor esta comunidad autónoma, medio aislada hasta hace no muchos años con el resto de España debido a las precarias comunicaciones por tierra, está la Ruta de los Faros.

Una región como la gallega que mira al mar a través de sus 1.498 km aproximadamente de cabos, no podía dejar de contar con una ruta como esta que, a través de ocho etapas, acerca al caminante a los parajes más extraordinarios de la costa, cruzando largas playas de fina arena blanca, agrestes montes, dunas, bosques, aldeas, villas marineras, y castros que recuerdan el paso de los celtas por estas tierras mágicas.

Mágicas, sí, porque en el camino de los faros el caminante va encontrándose aquí y allá con pisadas verdes de los trasnos, los duendes gallegos y emblema de la Asociación O Camiño dos Faros, que en 2012 decidió unir Malpica con Fisterra a través de la Costa de la Morte, creando esta ruta.

La primera etapa comienza en la localidad de Malpica, donde se encuentra el faro más pequeño de los que recorren la costa gallega, y termina en la playa de Niñóns. A lo largo de sus 22 kilómetros el caminante pasa por seis tranquilas playas como las de Area Maior, al principio del camino, o la de Barizo, una pequeña playa frecuentada por los residentes de la zona que no cuenta con ningún  tipo de servicios. Destacan también las extrañas formas de las piedras en el entorno del faro de Punta NarigaEn esta primera etapa con acantilados espectaculares, las islas Sisargas son un punto de referencia en el mar.

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A lo largo de las distintas etapas encontramos tranquilas playas de fina arena blanca como la de Niñóns. | Foto: Luis Álvarez Real

La segunda etapa sale de Niñóns y finaliza en Ponteceso.  El caminante descubre calas solitarias y ensenadas, los imponentes acantilados de Cabo Roncudo, y el faro Roncudo, donde el fuerte sonido de las olas rompiendo contra las rocas da nombre a esta parte de la costa. La Ría de Corme-Laxe, donde el paisaje cambia completamente, el Monte da Facha y las espectaculares dunas de A Barra completan esta segunda etapa.

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Las huellas de los trasnos, los duendes gallegos, guían al caminante. | Foto: Luis Álvarez Real

La tercera etapa va de Ponteceso a Laxe, comenzando la ruta en el Estuario do Anllóns; desde aquí el sendero sigue hasta el castro de Borneiro y el dolmen de Dombate, lugares donde la historia atrapa al visitante antes de iniciar la subida al Monte Castelo de Lourido. Después comienza la bajada hasta la costa de Cabana, llena de furnas – grutas naturales producidas por la acción del mar – y playas en las que descansar tras la larga caminata.

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La ruta tiene muchas subidas y bajadas, siempre con el mar como referente. | Foto: Luis Álvarez Real

Después de unas etapas con cierta dificultad, la cuarta es la más corta y la más fácil; va desde Laxe a Arou. En el camino se pasa por el Faro de Laxe y el Peñón de Soesto desde donde se baja a la playa de Traba y su laguna natural. A continuación, el camino lleva por un empedrado hasta Camelle donde está el Museo de Man.  Este original museo al aire libre fue creado por el artista alemán Manfred Gnädinger, más conocido por el nombre de “Man, el alemán de Camelle”, que llegó a esta villa en los años 60 y se estableció para vivir como un ermitaño realizando sus obras de arte. Man murió de pena el 28 de diciembre de 2003, después de que el fuel del Prestige tiñera de negro el mar en el que se zambullía cada día, y su preciado jardín de esculturas creadas por él con piedras y restos de naufragios quedara salpicado de chapapote. Tras el naufragio del petrolero y la desaparición de su particular Edén,  Man renunció a seguir viviendo.

La quinta etapa lleva al viajero por el corazón de la Costa da Morte hasta Camariñas, la localidad de los famosos encajes. Antes se pasa por el Cementerio de los Ingleses, Faro Vilán, que se adentra en el mar sobre un promontorio rocoso de 100 metros de altura, la Ermita de la Virxe do Monte, construida en el XVIII en lo alto del Monte Farelo, y el Castillo de Soberano.

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Una escultura de la Casa Museo de Man, en Camelle. | Foto: Luis Álvarez Real

La sexta etapa, la más larga, es también fácil de hacer pues no hay subidas ni desniveles importantes. Hasta llegar a Muxía, lugar donde confluye el Camino de Santiago, el recorrido pasa por varias playas, la iglesia románica de San Xiao de Moraime del siglo XII y declarada conjunto histórico-artístico, hasta llegar al faro de Muxía y el famoso santuario de Nuestra Señora de la Barca.

A punto de culminar este viaje a través de los faros, en la séptima etapa se deja atrás Muxía para iniciar un recorrido muy agreste y con cierta dificultad que termina en el Faro Touriñán, punto más occidental de la España peninsular, y la Praia de Nemiña.

Para terminar, la octava y última etapa lleva al caminante hasta Fisterra, el fin del mundo, como llamaron los antiguos a esta parte de la costa gallega, llena de acantilados, playas y el castro de Castromiñán. Fisterra es también el final del Camino de Santiago para quienes, tras pasar por la catedral deciden seguir los pasos de los antiguos peregrinos y sentarse junto al faro para disfrutar de una espectacular visión del Atlántico donde las puestas de sol son excepcionales.

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Puesta de sol desde el Faro de Fisterra. | Foto: Turismo de Galicia

Los viajeros que se animen a ponerse una mochila a la espalda y un buen calzado para recorrer el Camino dos Faros recibe como recompensa, al final de cada jornada, una puesta de sol diferente y única.

Alternativas

Además de la Ruta dos Faros y sus inseparables trasnos, hay otras rutas más cortas, como la que propone la Xunta de la Galicia, de dos etapas, bajo el epígrafe Faros y Playas en el Fin del Mundo.

También se puede hacer una ruta distinta a los faros de Galicia por tren que acerca al viajero al punto más septentrional de la península ibérica. El programa de Renfe, puesto en marcha en 2013 tras un acuerdo con la Xunta de Galicia,  llega a Cabo Ortegal con sus Aguillóns, espectaculares farallones de roca; el mirador de Vixía Herbeira, sobre unos de los acantilados más altos de Europa; San Andrés de Teixido donde, según el dicho, “va de muerto quien no fue de vivo”; el cabo de Estaca de Bares, a cuyos pies se unen el Atlántico y el Cantábrico o la playa de las Catedrales, informa la compañía.

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Librería Lello: compre una entrada y podrá adquirir libros

Anna Maria Iglesia

Son las once de la mañana en Oporto y frente a la Librería Lello ya se agolpa un gran número de turistas esperando su turno para entrar. Todos ellos forman una rigurosa cola, escrupulosamente ordenada por el vigilante que, en la puerta de la librería, controla la lenta entrada de clientes. Delimitada por un cordón rojo que la enmarca en el lado izquierdo de la Rúa das Carmelitas, permitiendo así el continuo tráfico de transeúntes que recorren el centro histórico y universitario de Oporto – a pocos metros, en la Praça de Gomes Teixeira, se levanta la vieja Universidad, donde ya tan solo quedan algunas facultades-, la cola de turistas expectantes para entrar en la que el escritor Enrique Vila-Matas definió como una de las librerías más bonitas del mundo llega hasta la esquina con Rúa dos Clérigos.

El turista voluntariamente despistado, aquel que llega a la ciudad decidido a perderse, sin el minucioso conocimiento de quienes memorizan las guías, todas ellas adecuadamente patrocinadas, y ejecutan diligentemente el recorrido que éstas le indican, no podrá sino sorprenderse ante la larga cola que ocupa media acera y que tiene como objetivo la entrada en una librería, de cuya puerta, dividida en dos para no confundir las entradas de las salidas, sale continuamente gente de todas las nacionalidades, pero no necesariamente o, mejor dicho, no tan habitualmente como uno podría pensar –al fin y al cabo, uno entra en una librería para comprar libros- con un libro bajo el brazo.

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Turistas en la librería Lello | Imagen: Anna María Iglesia

Una podría dejarse llevar por vacuas y poéticas palabras y escribir el más bello elogio –siempre y cuando tenga la destreza necesaria para hacerlo- sobre ese grupo de personas, todas ellas provenientes de lugares geográficos distintos, expectante para entrar en una librería, convertida en centro de atención de la pequeña ciudad portuguesa. Sin embargo, la realidad desmentiría tan idealizado encomio: todos los allí reunidos no hacen sino seguir el ritual que toda guía de Oporto indica.

De la misma manera que autobuses llenos de turistas chinos se detienen casi a cada hora frente al centro comercial Lafayette en París, los turistas que llegan a Oporto acuden raudos a la Rúa das Carmelitas, donde la Librería Lello ejerce el perfecto papel de lugar de interés turístico, cuyo acceso, –business is business– obliga a la compra de un ticket por el precio de cuatro euros.

“Si compra un libro, le descontamos los 4 euros”, tranquiliza el vigilante a los pocos sorprendidos ante el hecho de que para entrar en una librería no sólo haya que hacer cola, sino también comprar una entrada. Algunos, incrédulos ante esta circunstancia, creen que a lo mejor la compra de una entrada se debe a que se esté celebrando una presentación de un libro –hay que recordar que, en otros países europeos, véase Alemania, no es infrecuente pagar para acudir a una presentación. “Si hay una presentación, ya vuelvo mañana”, le insisten al conserje, que con tono condescendiente les avisa: “Siempre es así. Si quiere encontrar poca gente, venga a la hora de comer, pero siempre hay cola”.

“Están los libros, pero faltan los lectores.”

A pocos metros de la librería, casi en la esquina de Rúa das Carmelitas con Rúa do. Dr. Ferreira da Silva, se encuentra la tienda donde se venden las entradas y una serie de objetos turísticos, ninguno relacionado con el mundo de los libros. La caja está al fondo, justo antes de llegar a unas escaleras por las que no deja de subir y bajar gente y que llevan a una pequeña sala, en cuya pared está pintada la ya famosa estación de tren desde la cual Harry Potter parte hacia Hogwarts. Tras la cola en la librería y la cola en la caja para comprar la entrada, ahora en aquella sala encontramos la tercera cola: esta vez para fotografiarse frente a la pared donde se recrea la estación de tren. Tan pocos resisten la tentación de fotografiarse frente al mural como pocos salen de la tienda sin la entrada y sin algún gadget que remita a la saga cinematográfica basada en las novelas de J. K. Rowling.

Es entonces cuando uno entiende que gran parte del interés turístico por la librería gira alrededor del mundo de Potter. Y no porque la película fuera rodada allí, sino porque sirvió como inspiración –en concreto la majestuosa escalera de madera y de rojos peldaños que da acceso a la segunda planta, desde donde se puente contemplar la vidriera que ocupa el centro del techo y desde la cual se filtra la luz del exterior- para la construcción algunos de los decorados de la película.

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La librería Lello antes del masificarse | Imagen: Aurélio da Paz dos

Fundada en 1869 por Ernesto Chardron, con el nombre de Librería Chardon, se instaló en un primer momento en Rúa dos Clérigos, número 296-298. Fue solamente en 1906, con Chardon ya fallecido y la librería en manos de los hermanos Lello, que la Librería Lello e Irmão se trasladaría al recién inaugurado edificio, obra del ingeniero Xavier Esteves. Fue el 13 de enero de 1906 cuando la librería abrió por primera vez sus puertas y el edificio neogótico de dos plantas se presentó ante la sociedad de Oporto.

Desde ese 13 de enero, la librería nunca exigió el pago de ninguna entrada, nunca hasta el año 2015, cuando se decidió que todo aquel que quisiera visitar la librería debía pagar tres euros, que se descontarían de la compra de cualquier libro. Dos años más tarde, el precio de la entrada ha subido un euro, los turistas no dejan de aumentar y la historia de la Librería Lello se desvanece en el olvido. No es el interés por los libros, ni por la arquitectura, ni por el extraordinario trabajo de carpintería y orfebrería lo que despierta el interés de gran parte de los que allí acuden. Los bustos esculpidos por Romao Júnior de alguno de los escritores más insignes de la literatura portuguesa como Antero de Quental, Camilo Castelo Branco, Eça de Queirós, Guerra Junqueiro o Teófilo Braga pasan casi desapercibidos; toda la atención se dirige hacia las escaleras, aquellas que más de uno no duda en describir como “las escaleras de Hogwarts”.

La Librería Lello: compre una entrada y podrá adquirir libros
Foto: Anna María Iglesia

Hay lectores; hay quien se detiene frente a las altas estanterías que recubren las paredes de la librería; hay quien consulta libros, en busca de un autor en lengua portuguesa que todavía le es desconocido, quien busca a Pessoa en su idioma, quien se lleva bajo su brazo O Crime do Padre Amaro de Eça de Queirós o la poesía de Antero de Quental, quien opta por el renacentista Luís de Camões o por la narrativa actual de José Luis Peixoto. Pero todos ellos son una minoría, puede que una minoría selecta, pero siempre minoría.

La Librería Lello se ha ido convirtiendo en un lugar turístico, en un lugar de foto del que se pueda decir: “Yo también estuve allí”. El pago de la entrada, oficialmente justificado por el excesivo número de visitantes, es una prueba más de que la Librería Lello ha entrado dentro de la devoradora maquinaria del turismo. Y no es la única: algo parecido podría decirse de Shakespeare and Co., donde la cantidad de turistas hace casi imposible detenerse en busca de un libro de interés. ¿Cuántos lectores de Oporto acudirán a Lello? ¿Cuántos lectores estarán dispuestos a pagar cuatro euros y esperar treinta minutos antes de poder entrar en la librería, rebuscar entre sus estantes y comprar un libro? Ahora que el debate sobre el turismo está sobre la mesa, la Librería Lello obliga a preguntarse cuán responsables somos de la “turistificación” de los espacios de nuestra ciudad.

Sigue siendo una de las librerías más bellas del mundo, pero cada vez se parece menos a una librería. Están los libros, pero faltan los lectores. Faltan los lectores, aquellos que acuden en busca de un nuevo libro, que se entretienen con el librero pidiendo consejo y recomendaciones, que se pierden entre las estanterías hasta no encontrar el título que desean, que buscan un libro y no un souvenir del lugar. ¿Qué sentido tiene una librería que posterga la entrada en una interminable espera, que no permite el entrar ocioso, aquel que no va dirigido a la compra de nada y que termina con uno o más títulos sobre el mostrador de la caja? En definitiva, ¿qué sentido tiene una librería que ya no busca lectores, sino turistas?

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¿Cómo afectará el atentado de Barcelona en su turismo?

Jorge Raya Pons

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Barcelona sufrió el pasado jueves el peor atentado desde Hipercor: una furgoneta arrolló a toda velocidad y en La Rambla a decenas de personas y al menos 15 han muerto, según cifras oficiales. Los días pasan y el miedo permanece; ahora el sentimiento de seguridad se ha transformado en un anhelo y la conciencia de la vulnerabilidad se extiende en los barceloneses. Es un temor comprensible y muchos ciudadanos se preguntan si este podría afectar a la imagen de Barcelona en el mundo. Lo cual se puede trasladar en forma de pregunta: aquellos viajeros que habían pensado en volar a Barcelona, ¿mantienen el interés tras el ataque yihadista?

Una representante del Gremi d’Hotels de Barcelona interpreta que es “pronto” para valorarlo, una conclusión que comparten desde el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. Lo cierto es que el gremio hotelero considera que se han producido anulaciones de reservas de manera “puntual”, en ningún caso significativas, y a falta de estimaciones más profundas, elaboradas y precisadas con el tiempo, Barcelona–como receptora de 30 millones de turistas cada año y como cuarta ciudad europea con más visitantes extranjeros, según los datos municipales– únicamente puede atender a la experiencia de otras capitales que sufrieron el horror del terrorismo para anticiparse a una posible fuga de turistas.

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Homenaje a las víctimas del atentado terrorista de Barcelona en La Rambla. | Foto: Alberto Gea/Reuters

Un caso simbólico y representativo es París. La Ciudad de la Luz perdió un 4,7% de las reservas hoteleras en 2016 respecto al año anterior, lo cual encuentra explicación en los atentados de Bataclan, Charlie Hebdo y las constantes amenazas terroristas sobre la ciudad y el país. En cifras redondas, significa 1,5 millones de visitantes y 1.300 millones de euros perdidos de un año a otro. Los datos corresponden al Comité Regional de Turismo de París (CRT). Bélgica perdió 2.400 millones de euros –medio punto de PIB– en 2016 tras el ataque terrorista en el aeropuerto de Bruselas, con 32 víctimas mortales. El dato lo aporta la patronal Institute for Economics and Peace.

Con todo, el CRT revela que París ha batido records en los primeros seis meses de 2017 y que las visitas han aumentado un 10,2% respecto al mismo periodo del año anterior. Esto significa que París recibió 16,4 millones de turistas de enero a junio, una cifra que no había alcanzado antes. En cualquier caso, nada apunta a que Barcelona vaya a sufrir el descenso repentino que conoció París. Al menos así lo interpreta la Asociación Europea de Turoperadores, que hace apenas cinco días dijo a través de su presidente, Tom Jenkins, que no anticipan “muchas cancelaciones inmediatas”: “Estos incidentes son cada vez menos infrecuentes y la gente comprende cada vez mejor que puede ocurrir en cualquier lugar”.

En Reino Unido, especialmente en Londres, los atentados no han echado atrás a los turistas y en este junio han sido un 7% más que en el junio anterior. En Alemania, las cifras son abrumadoras y, por ejemplo, los chinos que han visitado el país han aumentado un 15%. Las cifras proceden de los estudios realizados por la agencia Protourismus. Un representante de la compañía, Didier Arino, responde a preguntas de AFP que España no sufrirá grandes variaciones en los próximos meses: “El país experimenta tal dinámica de crecimiento que el efecto no se notará tanto”.

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Un cartel en memoria de las víctimas del atentado terrorista de Bataclan. | Foto: Reuters

A menudo se escribe con acierto que España ha experimentado un aumento extraordinario en el número de turistas por la caída de destinos como Turquía, Egipto o Túnez, un aumento que la patronal turística Exceltur cuantifica en 12 millones de personas desde 2010. La seguridad es la base del turismo: la situación en estos países mediterráneos es crítica y en ningún caso equiparable a la española. Ningún experto emplea estos ejemplos como precedentes a tener en cuenta.

Con los datos sobre la mesa se puede comprobar que el impacto de los atentados, como hechos esporádicos, tienen un impacto en el turismo a muy corto plazo y las cifras se recuperan con rapidez. “El efecto se acorta con la banalización de los atentados”, explica el presidente del sindicato francés Entreprises du Voyage a la agencia AFP. Todo se reduce a si una ciudad es segura o peligrosa a ojos del turista.

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Un 40% de los estadounidenses piensa como Trump sobre la violencia en Charlottesville

Redacción TO

Foto: JOSHUA ROBERTS
Reuters

Las concentraciones de supremacistas blancos en Charlottesville el pasado 12 de agosto, que causaron la muerte de tres personas y dejaron numerosos heridos, han provocado protestas contra el racismo y la extrema derecha. Pero también han generado una gran polémica, pues parece que no todo el mundo tiene claro quiénes fueron los responsables de los terribles actos de violencia que tuvieron lugar en dichas manifestaciones.

Las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, que culpó a ambas partes de los actos violentos antes de condenar públicamente al simpatizante nazi que embistió contra la multitud, han sido el principal foco de polémica y controversia durante los últimos días.

Un 40% de los estadounidenses piensa como Trump sobre la violencia en Charlottesville 3
Un grupo de personas celebra una vigilia por la mujer fallecida durante las protestas en Charlottesville. | Foto: Handout/ Reuters

Sin embargo, parece que Trump no está solo. El presidente estadounidense no es el único que no pone toda la culpa sobre los supremacistas blancos, racistas y neonazis. Una reciente encuesta llevada a cabo por SurveyMonkey y publicada por Axios, muestra que menos de la mitad de los encuestados culpan a los grupos de extrema derecha de la violencia y que un 40% considera que la responsabilidad es de ambas partes. Incluso hay un 9% de ellos que opina que los manifestantes que protestaban contra la extrema derecha son los responsables de los enfrentamientos violentos.

Diferencias entre republicanos y demócratas

Estos datos son aún más extremos cuando la encuesta se divide entre republicanos, demócratas e independientes.

Un 64% de los republicanos opina que ambas partes tienen la culpa de lo ocurrido en Charlottesville, un 18% culpa a los supremacistas blancos y un 9% a los opositores. Además, un 87% de los republicanos encuestados estaban de acuerdo con la frase “tenías un grupo en un lado que era mano, y tenías un grupo del otro lado que era también muy violento”, que dijo Donald Trump el pasado martes.

Un 40% de los estadounidenses piensa como Trump sobre la violencia en Charlottesville
La encuesta muestra una gran diferencia entre republicanos y demócratas. | Foto: Axios

Sin embargo, en el total de adultos encuestados, esta cifra baja, y solo un 43% está de acuerdo con esta frase del presidente de Estados Unidos, mientras que el 53% está en desacuerdo con ella.

Tanto los demócratas como los independientes muestran un gran rechazo a esta frase. Los primeros están en desacuerdo en un 87%, mientras que los independientes rechazan esta postura en un 59%.

En este último grupo parece haber una postura intermedia entre las que caracterizan a los republicanos y a los demócratas. Un 51% culpan a los grupos de extrema derecha de la violencia en Charlottesville, mientras que un 38% señala a ambos grupos y un 8% a los que protestaban en su contra.

Una cuestión política

La gran diferencia entre las respuestas de personas con diferentes ideas políticas muestra una gran división en la población estadounidense, que cuenta con opiniones totalmente opuestas en temas fundamentales y básicos de la sociedad.

Aunque la encuesta solo cuenta con las respuestas de 2.181 estadounidenses adultos, el periodista político de Axios, donde se ha publicado la encuesta, Mike Allen, cree que “estos descubrimientos reflejan el hecho de que, porque las partes de la nación dividen y fracturan los medios, ya no estamos de acuerdo en hechos básicos, y esto hace el debate civil imposible”.

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Numerosas personas se han manifestado contra la reacción de Trump ante los hechos ocurridos en Charlottesville. | Foto: Joe Penney/ Reuters

Por tanto, esta encuesta muestra que lo que muchos piensan, como han manifestado a través de las redes sociales, que debería ser una cuestión moral y una condena a lo que ocurrió en Charlottesville se ha convertido en una cuestión política. Además, demuestra que a pesar de las numerosas críticas que ha recibido Trump por su forma de tratar las muertes y las peleas en Charlottesville, que más tarde denunció y condenó, no son una representación de la opinión de la mayoría de la población, al menos en Estados Unidos.

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AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo

Redacción TO

Foto: Antonio Calanni
AP

Hay pocas circunstancias más frustrantes en la vida de un viajero que la cancelación o retraso de un vuelo, y sobre todo si ese viaje se hace por placer. En The Objective ya publicamos una breve guía de cómo proceder ante la cancelación de vuelo, que puede servir de ayuda a cualquier pasajero en apuros. Ahora presentamos AirHelp, la aplicación que te hace la vida más fácil si sufres alguna de las circunstancias citadas.

Según esta empresa especializada en la defensa de los derechos de los pasajeros, más de 110.000 personas en España sufrieron en julio retrasos, cancelaciones y sobreventa en aproximadamente unos 800 vuelos. Además, concreta que sólo un 1% de los afectados reclamaron una compensación, lo que se traduce en que las compañías aéreas deberían haber abonado 30 millones de euros tan sólo en ese mes por los retrasos, cancelaciones y casos de overbooking.

Para muchos, el proceso de reclamación se revela arduo y largo, por lo que no se plantean siquiera el ejercer su derecho como pasajero. Por suerte, la tecnología nos abre un mundo de posibilidades también en el fatigoso mundo de las solicitudes burocráticas.

Reclamación a golpe de clic

Desde AirHelp aseguran que el trámite con ellos pasa de durar horas a tan sólo 3 minutos, por lo que reclamar con este servicio, que cuenta con aplicación para smartphones, puede ser tan sencillo como hacer clic.

AirHelp, la app que te hace la vida fácil si te cancelan o retrasan un vuelo 1
Una app que te quita dolores de cabeza. Literal. | Imagen: AirHelp

Para los retrasos de vuelo en los viajes hacia y desde los países de la Unión Europea, la compensación puede llegar hasta los 600 euros, y desde AirHelp aseguran que con su servicio los viajeros obtienen una compensación media de 400 euros por vuelo. Las cosas son más complicadas si tu vuelo se retrasa en suelo estadounidense: según Scott Ginsberg, gerente de AirHelp, las aerolíneas en Estados Unidos sólo están obligadas a compensar los retrasos prolongados en la pista, con lo que los derechos de los pasajeros se ven más limitados.

Para poder luchar correctamente por la debida compensación, y a pesar de la ayuda de AirHelp, el pasajero debe proceder a tenerlo todo muy bien acotado. Desde conservar la tarjeta de embarque, a preguntar por el motivo del retraso al personal o anotar la hora real de llegada al destino final, todos los datos que tengamos harán más fácil todo el proceso. Desde AirHelp resaltan además la importancia de no firmar ningún documento ni aceptar ninguna oferta o vale que pueden acarrear la pérdida de los derechos de reclamación.

Vuelos de hasta 5 años de antigüedad

AirHelp te permite comprobar tus vuelos de los últimos 5 años para conocer si tienes derecho a compensación, un servicio completamente gratuito, y reclamar cuando uno de tus vuelo esté afectado. Siempre sale más barato hacerlo uno mismo, ya que AirHelp se reserva una comisión del 25% por el servicio en el caso de ganar el caso, pero si la reclamación no llega a buen puerto, el usuario no debe pagar nada.

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