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La historia "verdadera" de Juan José Millás

Anna Maria Iglesia

Foto: Seix Barral
Seix Barral

Juan José Millás lleva toda la vida escribiendo. En 1975 publicó su primera novela, Cerbero son las sombras y, a partir de ahí, se ha labrado una sólida carrera literaria. Ha conseguido casi todos los premios posibles, desde el Premio Nacional de literatura hasta el comercialismo Premio Planeta, pasando por el Premio Nadal en 1990. Mi verdadera historia (Seix Barral) es una nouvelle sobre el sentimiento de culpa que envuelve a un adolescente que, un día, lanza una canica desde un puente y provoca un grave accidente de tráfico. Al sentimiento de culpa se suma el deseo de ser tomado en consideración por un padre ensimismado en los libros, donde encuentra refugio ante una vida que no lo satisface. Para el protagonista, la lectura, lejos de ser un refugio, es un espejo en el que verse reflejado y la escritura una vía de escape donde crear una ficción que termina coincidiendo con la realidad, pero ¿qué es lo real? ¿Aquello que está dentro o fuera de los textos?

En su novela El Mundo, un escritor iba a dar una conferencia sobre cómo lo irreal interviene en lo real. En Mi verdadera historia, el protagonista se plantea algo parecido, se pregunta si está dentro o fuera de la ficción.

Sí, efectivamente y es un asunto complicado. Yo suelo hacer la distinción entre aquello que nos ocurre y aquello que se nos ocurre: muchas veces aquello que nos ocurre es consecuencia directa de lo que se nos ha ocurrido antes. Todos somos hijos de un relato, ya antes de nacer, nuestros padres fantasean con si seremos niño o niña, abogados o ingenieros… claro que el relato pertenece a la ficción y nosotros pertenecemos a la realidad, pero como decía Shakespeare, estamos hechos de la materia de nuestros sueños. Es decir, es imposible una frontera entre la ficción y la realidad en nuestra propia historia o, dicho en otras palabras, es difícil encontrar la frontera entre lo que nos ocurre y lo que se nos ocurre.

La historia "verdadera" de Juan José Millás
Con “El Mundo” Juan José Millás obtiene el Premio Planeta 2007 y Nacional de Narrativa 2008. | Imagen vía Seix Barral

En varias de sus novelas, hay como protagonista un escritor. En esta ocasión, tenemos un niño que escribe, pero aquí la escritura está desligada del deseo de ser escritor.

Sí, en esta ocasión la escritura aparece a pesar de quien escribe, puesto que este niño que escribe no lo hace porque le interesa la escritura o la literatura. A él, la escritura le interesa solo en tanto en cuanto su padre es crítico literario: cuando ve a su padre leer un libro, el niño imagina que ese libro lo ha escrito él, es decir, que él es el autor del libro que lee su padre. En este sentido, la escritura es una forma de soñar con que su padre le mira y la hace caso. A parte de esto, como en otras novelas, aparecen algunos ingredientes sobre el hecho de escribir, sobre por qué se escribe y sobre lo inquietante que hay en el hecho de la escritura y de la lectura.

Una cosa curiosa es que los títulos de los libros que lee el padre parecen contar la historia del protagonista.

Al niño lo que le pasa es que le da miedo leer, porque los libros que tiene su padre tienen para él títulos inquietantes: Crimen y castigo, por ejemplo, novela que el niño cree que se refiere al crimen que ha cometido, o El Idiota, título que cree que lo describe. Y, efectivamente, en los títulos que el padre lee, el niño va viendo su propia biografía y, por esto mismo, le da mucho miedo abrir un libro y leerlo. Tiene miedo de encontrarse a sí mismo desde de los libros.

¿La literatura funciona como espejo de un yo que se refleja?

Claro, porque en la escritura nos encontramos y nos desencontramos de forma simultánea y las dos cosas, el encuentro y el desencuentro, dan miedo. Por esto, salvo excepciones, frente a la escritura hay una ambivalencia tremenda: los escritores decimos que lo que más nos gusta es escribir, pero también es cierto que es un placer que retrasamos permanentemente. Es decir, no hay actividad para la que se busquen más coartadas que para la escritura: “hoy no empezamos porque nos duele la cabeza”, “hoy no tenemos bolígrafo” …. Y esta ambivalencia es común a casi todos los escritores y esto es así porque en la escritura uno se juega mucho y, como sucede con todas las cosas en las que está mucho en juego, gustan a la vez que asustan.

Para un lector como el padre, sin embargo, la lectura se convierte en un refugio ante una vida que no le convence.

Sí, porque el padre está ensimismado en sí mismo y en sus libros. Seguramente él no habría querido tener un hijo, él hubiera deseado más tener un libro y, en el caso de no tener más remedio que tener un hijo, habría preferido que su hijo fuera de ficción. Por esto precisamente gran parte de la novela trata de los esfuerzos que hace este crío para convertirse en un hijo de ficción.

Sin embargo, al final hay una reivindicación de lo real.

Sino una reivindicación absoluta de lo real, sí hay un intento de plantear una negociación entre lo irreal y lo real. Yo creo que lo irreal interviene mucho en nuestras vidas, porque lo irreal tiene sin duda más fuerza que lo real. Basta ver que la gente sigue matando por Dios y, de hecho, el otro día uno de los terroristas detenidos en Inglaterra decía que mataría a su madre por Alá lo que significa, en otras palabras, que mataría a su madre por una idea. Esta es la prueba de que lo irreal tiene mucha fuerza y, por esto, lo que se quiere mostrar en el libro es un intento por parte del padre y por parte del hijo de llegar a un acuerdo entre las dos dimensiones, lo real y lo irreal.

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En “Mi verdadera historia” Juan José Millás narra la vida de adolescente de doce años con sus miedos, inseguridades y deseos de nuevas experiencias. | Imagen vía Seix Barral

En gran parte de su obra usted ha jugado mucho con la mezcla, más o menos explícita, de lo autobiográfico y lo no autobiográfico.

Siempre, en todos los libros, hay este juego. Cuando me preguntan sobre si un libro mío es autobiográfico, siempre respondo que el libro es autobiográfico en la medida en que puede no serlo, puesto que cuando escribimos una novela nos nutrimos de nuestras experiencias o de las experiencias de personas cercanas nuestras. Es decir, siempre hay un grado alto de autobiografía, lo que pasa es que metamorfoseamos nuestra propia experiencia de manera tal que entre lo que nos sucedió y lo que finalmente contamos se produce una transformación a la de un gusano cuando se convierte en mariposa. Por esto, cuando me preguntan qué hay de autobiográfico en este libro, contesto que en su literalidad hay poco, pues yo no viví el suceso fundacional que vive el protagonista, pero en la sustancia el libro es completamente autobiográfico. Es autobiográfico en las dudas que sufre el adolescente, en el sentimiento de culpa, real o imaginario, tan propio de la adolescencia, que es un periodo en el que se viven incluso cosas banales de forma muy trágica. Finalmente, si atendemos a lo anecdótico, el libro no sería autobiográfico, pero sí lo es si vamos al tuétano.

¿Y es ese tuétano autobiográfico lo que, al mismo tiempo, convierte lo anecdótico del yo en lo universal?

Efectivamente. El objetivo de toda novela es que aquello que cuentes sea metáfora de algo mucho más amplio. Si contamos la vida de cualquiera de las personas que nos rodean ahora estaríamos contando la vida de todos. A esto sirve la literatura.

Usted afirmaba que siempre le interesado narrar vidas corrientes y hablar de gente anónima. ¿Es en la anónima cotidianidad donde reside lo universal?

La vida más corriente del mundo es una vida absolutamente singular, porque la singularidad está en lo normal. De manera que no hay que hacer grandes aspavientos, pues para contar grandes historias no hay que viajar al centro de África, basta con viajar hasta la tienda de chinos de tu barrio. Se trata de ver lo cotidiano para así iluminarlo de tal manera que eso que nos resulta familiar se convierta en extraño. Yo creo que una de las obligaciones de la literatura es desfamiliarizarnos de aquello que nos es familiar, porque es precisamente así que los hechos banales adquieren significado.

Su planteamiento recuerda la idea de Freud de que lo extraño o, como él decía, lo siniestro está en lo familiar.

Sí, Freud decía que lo siniestro es aquello que es simultáneamente familiar y extraño. Esta afirmación es un acierto brutal. Esto lo experimentamos perfectamente cuando volvemos a casa de nuestros padres y entramos en la habitación en la que fuimos niños, donde todo está igual; la habitación nos resulta un espacio muy familiar, pero a la vez muy extraño en cuanto ya no somos el niño que creció en esas cuatro paredes. Yo creo que una de las obligaciones de la literatura es justamente hacer que lo familiar se convierta en extraño y esta extraña combinación, la de lo familiar y lo extraño, es lo que Freud llamaba lo siniestro. Solemos pensar que lo siniestro es algo que viene de fuera, pero no, lo siniestro es algo que nace de dentro.

Antes le preguntaba sobre el juego autobiográfico en sus novelas, ¿le interesa la autoficción?

Es una literatura interesante, lo que pasa es que como aquí funcionamos mucho por voces de péndulo y etiquetas, hablamos ahora de la autoficción como si fuera un invento cuando la Divina Comedia ya era autoficción. Y contestando a tu pregunta, es un género que me interesa en cuanto es un género fronterizo, al tener un pie en la realidad y otro en la ficción. Los grandes hallazgos siempre se han producido en la frontera, por esto son tan interesantes las Crónicas de Indias, escritas desde un mundo absolutamente desconocido, un mundo que les era completamente extraño a sus descubridores, que no tenían otro lenguaje y otras referencias que las suyas para poder describirlo y explicarlo. Se producía así una mezcla, otra vez, entre lo familiar de las referencias y lo extraño del nuevo mundo. Los relatos fronterizos son siempre fantásticos, porque no solo mezclan lo raro que está más allá de la línea de frontera con lo familiar de quien habla, sino porque obligan a un ejercicio lingüístico: contar lo extraño con el lenguaje de antes. El espacio natural del artista es siempre la frontera.

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Juan José Millás | Imagen cortesía de Seix Barral

¿Podemos decir que la idea de mezcla se concreta para usted en el concepto de escritor bastardo, término con el que se definió en una entrevista con Nuria Azancot?

Sí, esta idea proviene de un texto de la ensayista francesa Martha Robert. Ella parte del trabajo de Freud La novela familiar de un neurótico, donde el psicoanalista dice que todos, en algún momento, hemos fantaseado con la idea de que nuestros padres no eran nuestros padres. Martha Robert, por su parte, dice que sí que hay gente que siente que sus padres son sus padres y, por tanto, señala que el mundo se divide entre los bastardos, que son aquellos que se preguntan si sus padres son verdaderamente sus padres, y los legítimos, que son aquellos que no tienen dudas sobre la paternidad de sus padres. La pregunta que se hace Martha Robert es a qué grupo pertenece el escritor y, evidentemente, la respuesta es que el escritor es el bastardo porque la primera obligación de un escritor es cuestionarse la realidad, es preguntarse si sus padres son sus padres. Aquel no dude nunca sobre la paternidad de sus padres, es decir, aquel que no cuestiona la realidad podrá escribir el código civil, pero nunca Madame Bovary.

Usted definió a Vargas-Llosa como un escritor bastardo y un periodista legítimo, ¿Juan José Millás es también un escritor bastardo, pero un periodista legítimo cuando escribe en los periódicos?

Yo no creo que en mi caso se produzca una diferenciación en el momento de escribir, no creo que cuando escribo para prensa soy legítimo y cuando escribo novelas soy bastardo. Yo soy bastardo siempre, porque de hecho yo practico un periodismo más propio del bastardo que del legítimo. No establezco, además, esta división porque para mí la frontera entre el periodismo y la literatura es una frontera muy artificial. Si vamos al género estrella del periodismo, el reportaje, nos damos cuenta de que lo único que diferencia el reportaje de un cuento es que en el primero los datos vienen de fuera, tú no puedes inventar nada. Sin embargo, el modo de seleccionar los materiales y de articularlos para el reportaje es el mismo que se lleva a cabo en la escritura del cuento y en ambos casos hay una selección. El hecho de seleccionar algunos materiales para un reportaje, excluyendo otros, ya es una forma de “manipulación” y no lo digo en el mal sentido de la palabra; la selección es imprescindible, la cuestión es el criterio que se utiliza. Y normalmente el criterio empleado es seleccionar aquello que puedes poner al servicio del significado, lo mismo que haces cuando escribes un cuento.

Y por lo que se refiere a los lectores, ¿hay el lector del Juan José Millás escritor y del Juan José Millás articulista?

Sin duda, hay lectores que solamente me leen en el periódico, pero sin embargo no hay lectores que solamente me lean en las novelas. El lector de novelas lee todo. Y luego hay quienes se acercan a las novelas a través del periódico. Pero sí, esta división existe, solo que resulta imposible cuantificar los diferentes tipos de lectores.

Es su novela se lee: “Mi padre no lee textos premiados, textos que nacen con el pecado original de la comercialidad”. ¿Quiso representar a través del padre un determinado tipo de lector con prejuicios? O, en otras palabras, ¿somos demasiado prejuiciosos con los premios literarios?

Hay un prejuicio con los premios, pero es un prejuicio que es natural. Casi todos los premios nacen con el estigma de la comercialidad, es indudable. Precisamente por esto, por los prejuicios que pueden rodear siempre a un escritor, suelo decir que lo mejor es ser un escritor muerto. Siempre puedes tener prejuicios hacia un escritor vivo, sobre todo prejuicios por su presencia pública: a uno escritor vivo, no sólo lo lees, sino que lo escuchas por la radio, lo ves en televisión y en otros medios y su figura pública puede no gustarte para nada. Y esto es problemático, porque es difícil leer a un escritor que te cae mal, aunque sepas que es bueno. Sin embargo, con un escritor muerto esto no pasa: seguramente a mí me habría caído mal Truman Capote, porque, digamos, era un hombre muy complicado, pero no lo leo con prejuicios. Un escrito vivo, que actúa y es un personaje público, cae bien o mal, y los lectores se relacionan a partir de la percepción que tienen, de ahí que lo mejor es estar muerto.

¿La sobreexposición es un arma de doble filo para el escritor?

Sí, claro y, de hecho, puede haber casos excepcionales, pero creo que el sueño íntimo de todo escritor es no tener vida pública ninguna, publicar incluso con seudónimo y ver, a través de un agujero, lo que pasa con su obra, aunque esto no puede ser.

Yo diría que hay excepciones más que notables y reconocibles.

Sin duda hay escritores a los que le gusta visibilidad, pero creo que en la mayoría de los casos no es así. Lo que pasa es que, en una sociedad tan mediática como la nuestra, es difícil ser escritor y no tener una cierta visibilidad, comenzando por el hecho de que el editor, que está en la misma aventura que tú con el libro, te pide que hagas promoción. Sin embargo, mi sueño sería desaparecer como autor.

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Cine interactivo: La aventura de escoger finales en Netflix

Redacción TO

Foto: Netflix

Hace unos años era común que los niños anduvieran con sus libros de Elige tu propia aventura, donde habitaban aquellas historias que podían dar saltos tremendos si el niño se aburría del cuento o si elegía una trama secundaria –a veces terciaria- que cambiaba por completo la línea narrativa, conduciendo al protagonista hacia un final inesperado. Era novedoso porque creaba la impresión en el lector de estar participando en la historia como algo más que un espectador; se convertía en el dueño de los destinos de los personajes.

Estas novelas interactivas fueron rompedoras desde su irrupción en la década de los 80. Ahora, Netflix pretende seguir esta línea ofreciendo a sus clientes la capacidad de decidir el rumbo de las tramas argumentativas de algunas de sus ficciones. Con esta opción, el espectador puede escoger con su mando de la televisión o desde la pantalla de la tableta o del móvil, el camino que han de tomar los personajes principales del entretenimiento. Por el momento solo es posible hacerlo en una película, pero pronto se sumarán más. El título señalado se llama Puss in Book: Trapped in an Epic Tale.

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Puss in book, la primera animación interactiva de la compañía. | Fuente: Netflix

Los creadores de contenido tenían el deseo de contar historias no lineales como esta, y Netflix les ofrece la libertad de divagar, intentar cosas nuevas y permitir que hagan su mejor trabajo”, explica Carla Engelbrecht Fisher, directora de Innovación de la compañía, en un comunicado publicado en su blog. “Ser una empresa que funciona en internet nos permite innovar con nuevos formatos, ofrecer nuestros productos en múltiples dispositivos y, lo que es más importante, aprender de ellos”.

Después de dos años de trabajo, sale a la luz una plataforma interactiva cuyo principal público son los niños

La empresa californiana ha trabajado durante dos años en el desarrollo de esta plataforma que permite el funcionamiento de un sistema interactivo. Para ello requirieron de un equipo de varias decenas de desarrolladores, quienes decidieron dar un tiempo limitado a los consumidores para realizar su elección. Este tiempo se estima que oscila entre los 15 y los 20 segundos.

Además, su primera película, Puss in Book, demuestra que el primer objetivo de este tipo de producto son los niños. Esto se debe a que la mitad de los usuarios de Netflix consume contenidos infantiles. Así, en esta primera historia se narran las aventuras del gato con botas, tal y como lo conocimos en Shrek, tras quedar atrapado dentro de un libro de cuentos. Durante la evolución de la ficción, los niños pueden tomar hasta 13 decisiones que derivan en cierres completamente distintos y convertir el cuento en una narración de 13 minutos o de 39. Esto nos trae de nuevo a aquellos libros donde uno podía terminar con el caballero salvando a la princesa o derrotado y en el barro tras una batalla. Los cuentos antes eran así.

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Buddy Thunderstruck: The Maybe Pile será la segunda ficción en aprovechar esta función. | Fuente: Netflix

Los títulos interactivos estarán disponibles solo en algunos soportes. Esto significa que si eres cliente de Apple TV, Android, Chromecast o la propia web, no puedes disfrutar de este servicio. En cambio, sí podrán disfrutarlos los usuarios de Smart TV, videoconsolas y dispositivos con el sistema operativo iOS (Apple).

El 14 de julio llegará el segundo título interactivo, Buddy Thunderstruck: The Maybe Pile, una animación realizada con la técnica stop-motion protagonizada por Buddy, un perro piloto de camiones, y su amigo Darnell, un hurón mecánico de coches.

Asimismo, está previsto para el año que viene el estreno de otra animación: Stretch Armstrong: The Breakout. Habrá que esperar, por el momento, para ver si los buques insignia de Netflix se suman a esta iniciativa; se hace difícil imaginar que se abra esta posibilidad a series como House of cards u Orange is the new black.

7 trucos de Netflix que harán tu vida más fácil

Redacción TO

Foto: Netflix

Las razones del éxito de Netflix se pueden encontrar en muchas partes, pero sobre todo en su sencillez y comodidad de manejo. Estamos acostumbrados a navegar en su web y a dejar en cola los capítulos, a devorarlos uno detrás de otro. Sin embargo, con ese uso automático obviamos una cantidad de recursos disponibles para explotar al máximo sus posibilidades. La revista Time ha reunido los más importantes. Algunos los conocerás y otros harán que te preguntes qué has estado haciendo durante todo este tiempo.

Descubre qué películas se estrenan (y cuáles desaparecen de catálogo)

El flujo de películas, series y documentales es constante, va y viene conforme caducan las licencias y nacen nuevas producciones o consiguen derechos de otras obras. Por este motivo, es difícil descubrir el fondo de armario de Netflix e incluso conocer las novedades que se avecinan o que no son tan sonadas como para promocionarse en portada. Páginas como Instant WatcherWhat’s New On Netflix hacen ese trabajo diario de mantenernos al día de los estrenos, mientras que otras como Now Streaming nos advierten de cuáles están cerca de desaparecer del catálogo, algo que Netflix suele ocultar.

8 trucos de Netflix sin los que ya no podrás vivir
‘War Machine’, con Brad Pitt. | Fuente: Netflix

Mejora tus métodos de búsqueda

Francamente, las posibilidades de búsqueda dentro de la plataforma de Netflix son muy limitadas y hay ficciones de gran calidad que están escondidas entre los cientos de productos que almacena su catálogo. Por ello, puedes utilizar páginas como la propia Instant Watcher para añadir filtros a las búsquedas. Y si la película que quieres ver no está disponible, servicios como Can I Stream It o Where to Watch te dicen dónde puedes encontrarla y disfrutarla legalmente en streaming.

Usa tu teléfono como mando a distancia

En la PlayStation 3, los usuarios pueden navegar por Netflix a través de su teléfono o tableta. Para ello, deben estar conectados los dos dispositivos a la misma cuenta de Wi-Fi. Después, debe estar instalada la aplicación en los mismos. A partir de ese momento, el teléfono o tableta se convierte en el mando de control remoto.

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BoJack Horseman, una de las animaciones estrella de Netflix. | Fuente: Netflix

Consigue recomendaciones más ajustadas a tus gustos

Netflix se enorgullece de sus algoritmos con los que son capaces de intuir las series documentales o películas más acordes a tus gustos. Sin embargo, muchas veces esos pronósticos son erróneos. Estos puedes ajustarlos desde el panel de Preferencias en Tu cuenta.

Cambia los subtítulos

Si no te gustan los caracteres amarillos de los subtítulos puedes cambiarlos de color. Tienes hasta ocho opciones. También puedes cambiar de tipografía y de tamaño. Estas opciones también están disponibles desde Tu cuenta.

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‘House of Cards’, con Kevin Spacey. | Fuente: Netflix

Crea perfiles para usuarios múltiples

Cuando compartes tu cuenta de Netflix con varios amigos o familiares, los algoritmos pierden la orientación sobre qué recomendarte si los gustos son muy diversos. Si cada uno tiene su perfil, puede gestionar mejor sus preferencias. Netflix permite crear hasta cinco usuarios distintos desde el menú de configuración disponible en la web.

Borra tu historial de reproducciones

Muchas veces resulta molesto que una película que ya has visto aparezca en el menú de Seguir viendo. Puedes solucionarlo entrando en Tu cuenta desde el menú de Preferencias, en la pestaña de Actividad de visionado. Ahí puedes borrar cada uno de los contenidos que has consumido.

7 películas sobre vampiros que no deberías perderte

Redacción TO

Foto: Recorded Picture Company

Es cierto que la tradición vampírica no nació con Bram Stoker, pero es innegable que fue él quien la puso en el mapa internacional. Con la publicación de la novela epistolar Drácula, un día como hoy de 1897, ha extendido en el imaginario colectivo el mito del ser que vive en las sombras, siempre sediento de sangre humana, vulnerable a los símbolos sagrados y a las estacas bien dirigidas.

Desde entonces, ha dado lugar a numerosas ficciones. En el cine, sin ir más lejos, se ha convertido en una de las temáticas habituales en el género de terror y, en los últimos años, incluso en el de la comedia. Caso aparte –y todavía por descifrar– es la saga de Crepúsculo.

Esta lista reúne con precisión la evolución de la figura de los vampiros en los últimos años del siglo XX y en nuestro días, más de un siglo después de que viera la luz la novela que escribió el autor irlandés.

Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008)

Esta película de violencia y romance es una historia que encoge el alma sobre la soledad, el descubrimiento y las nuevas oportunidades. Una gran ficción de vampiros en los tiempos de Crepúsculo.

Sólo los amantes sobreviven (Jim Jarmusch, 2013)

¿Y si el amor fuera para siempre? La vida eterna es el castigo de dos vampiros que se aman profundamente y a lo largo de los siglos, con todas las asperezas, con todas sus etapas y sus crisis. Pero esta película versa también sobre la caída del sueño americano y las adicciones, dos temas que el autor de la obra conoce bien. Puro existencialismo.

Entrevista con el vampiro (Neil Jordan, 1994)

Esta es un clásico del cine. De alguna forma es la historia que todo cronista desearía narrar por inverosímil y fantástica. La adaptación de la novela de Anne Rice marcó un antes y después en la década de los 90 y relata las memorias de un hombre que escogió ser vampiro a cambio de la vida eterna. Una decisión que ha pesado siempre sobre él.

Abierto hasta el amanecer (Robert Rodriguez, 1996)

Otra obra maestra. Una película con un trasfondo emocional bien distinto a las anteriores. En esta película escrita por Quentin Tarantino dos forajidos huyen de sus crímenes en Estados Unidos y cruzan la frontera con México. Allí, en un bar de carretera, deciden hacer una parada que les dará más sorpresas de las imaginadas. El bar está poblado de vampiros

Lo que hacemos en las sombras (Taika Waititi, Jemaine Clement, 2014)

Una comedia sobre ser vampiro en los tiempos modernos. Un grupo de amigos en Nueva Zelanda que comparte penurias y anhelos de otros tiempos mientras se adaptan a la vida en sociedad en el siglo XXI. Como decíamos, hay relatos vampíricos que trascienden el terror.

The Addiction (Abel Ferrara, 1995)

En esta película la sangre humana es una metáfora. El cineasta italiano, con algunos momentos de pretenciosidad, desvela la caída al abismo de las drogas y la violencia de una joven estudiante de Filosofía tras ser mordida por una vampiresa.

Drácula (Francis Ford Coppola, 1992)

Una pieza colosal de uno de los cineastas más virtuosos de todos los tiempos. Coppola quiso rendir homenaje a la novela de Bram Stoker con una versión algo edulcorada de su novela, pero sin duda magistral. La historia de amor inquietante entre el conde Drácula y Mina Murray, que le recuerda a su amada, muerta cuatro siglos atrás, se concentra en una sola frase: “He atravesado océanos de tiempo para encontrarte”.

Maullidos de autor: escritores y sus gatos

Clara Paolini

Foto: Pinterest

Existe un poderoso vínculo entre los felinos y la literatura, y buena prueba de ello son las cientos de fotografías que rescatan del olvido entrañables escenas de escritores en compañía de sus gatos.  ¿Por qué los autores sienten tal atracción por los mininos?, ¿de dónde proviene el magnetismo?

Tal y como señalaba David M. Barnett en un artículo publicado en The Guardian, muchos escritores justifican su obsesión por los gatos utilizando la cita del novelista, periodista y dramaturgo canadiense Robertson Davies, quien explicaba que “a los escritores les gustan los gatos porque son criaturas tranquilas, adorables y sabias, y a los gatos les gustan los escritores por las mismas razones”.

Cuenta la leyenda que Mr. Peter Wells fue el nombre del gato escritor H. G. Wells; Topaz, el de Tennessee Williams; Catarina, la gata de Edgar Allan Poe; Chopin, el de F. Scott Fitzgerald, y que a lo largo de su vida, Mark Twain disfrutó de la compañía de numerosos seres gatunos apodados Apollinaris, Beelzebub, Blatherskite, Buffalo Bill, Satan, Sin, Sour Mash, Tammany o Zoroaster. Los ejemplos son tan inabarcables como la propia historia de la literatura, pero entre el infinito elenco de maullidos y letras, rescatamos algunos de los casos más emblemáticos.

Jorge Luis Borges

Maullidos de autor: escritores y sus gatos
Borges y su gato Beppo | Foto: YouTube

Según sus biógrafos, Jorge Luis Borges tuvo dos gatos llamados Odín y Beppo. El primero, bautizado en honor al dios de la mitología nórdica, y el segundo, con el que posa en la fotografía, llamado Beppo, porque era el mismo nombre del gato que se cree que un día tuvo Lord Byron. En palabras de Borges, el gato “se llamaba Pepo, pero era un nombre horrible, entonces se lo cambié enseguida por Beppo, el gato de Byron. El gato no se dio cuenta y siguió su vida”.

A este felino le dedicó un poema en la obra La cifra, publicada en 1981.

El gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.

¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?

Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede al tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.

¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?

Patricia Highsmith

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Patricia Highsmith y su gato Spider | Fotos: RRSS

La prolífica autora de El Talento de Mr. Ripley Extraños en un tren mostró una gran pasión por los gatos, y la leyenda cuenta que llegó a tener seis, en su mayoría siameses. Dormían con ella, la observaban y rondaban por su mesa mientras escribía.

Highsmith llegó incluso a incluir a estos animales como personajes en algunos de sus relatos, y según declaró una amiga de la autora “encontraba en los gatos el equilibrio emocional” que los humanos no conseguían aportarle.

Ernest Hemingway

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Hemingway ofreciéndole un bocado a Snowball | Foto: JFK Library 

“Un gato tiene absoluta honestidad emocional. Los seres humanos, por un motivo u otro, pueden esconder sus sentimientos, pero un gato no”, aseguraba Hemingway. Su pasión por los felinos es un hecho tan corroborado que su casa en Key West, Florida,  convertida hoy en museo y visitada por los devotos del famoso escritor estadounidense, cuenta como uno de su mayores atractivos los seis gatos descendientes de Snowball, el gato que originalmente pertenecía al escritor y le acompaña en la imagen que encabeza estas líneas.

Jean Cocteau

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Jean Cocteu y su felino | Foto: Johnny Times

El poeta, novelista, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau fue un gran devoto de estos animales y se dice que describía a su gato Karoun como “el rey de los gatos”. Diferentes fuentes indican que Cocteau explicaba su predilección diciendo: “Si prefiero los gatos a los perros, es porque no hay gatos policía (…) Me gustan los gatos porque me gusta mi casa. Y porque, poco a poco, se convierten en su alma visible”.

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Gato y figura | Jean Cocteau (1962)

Ray Bradbury

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Ray Bradbury con su gato | Foto: Pinterest

El signo del gato fue el título elegido para la colección de 21 cuentos que resumen la trayectoria literaria de uno de los grandes genios de la literatura norteamericana del siglo XX, Ray Bradbury. Además, en su libro Zen in the Art of Writing, el autor comparte su sabiduría con un consejo válido en toda circunstancia artística o creadora: “Este es el gran secreto de la creatividad. Trata a las ideas como a los gatos: haz que te sigan”

Doris Lessing

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Doris Lessing, confirmada amante de los gatos | Foto: The Great Cat

La ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2007, Doris Lessing, concibió todo un tratado sobre el amor humano hacia los gatos. En su libro de memorias  titulado On Cats, la escritora británica colecciona historias felinas que mercaron su trayectoria, desde su niñez en las granjas africanas pasando por los apartamentos londinenses de su juventud, hasta llegar a “El Magnífico”, el último gato con el que compartió hogar en la vejez. En otro de sus libros, Particulary Cats, la autora vuelve a aferrarse a los felinos para contar su propia vida demostrando que a veces, la compañía de estos animales resulta tan reveladora como la de cualquier humano.

Charles Bukowski

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Bukowski felino | Foto: Garuyo.com

El padre del “realismo sucio” declaró sobre los felinos impresiones con las que más de uno estará de acuerdo: “Caminan con una dignidad sorprendente, pueden dormir veinte horas al día, sin duda y sin remordimiento: estas criaturas son mis maestras”.

Julio Cortázar

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Cortázar y Teodoro W. Adorno | Foto: República Kafkiana

Un libro cuenta que el gato de Julio Cortázar se llamaba nada más y nada menos que Teodoro W. Adorno. Era un gato callejero, “negro y canalla”, que un día aterrizó en su vida en Saignon en el sur de Francia y que se materializaba cada vez que él y su mujer volvían a la localidad provenzal. Un día, Teodoro W. Adorno no sólo no volvió a la casa del escritor argentino, sino que al cruzárselo en el pueblo ignoró por completo al autor que le había dado un nombre tan bonito como rimbombante.

Truman Capote

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Capote en buena compañía | Foto: signosenrotacion.

El periodista y escritor estadounidense Truman Capote es el maestro detrás de joyas literarias como A sangre fría y Desayuno con diamantes, novela donde la aparición del gato es un símbolo clave y además sirve como herramienta para proporcionar el desenlace: “Somos un par de seres que no se pertenecen, un par de infelices sin nombre, porque soy como este gato, no pertenecemos a nadie. Nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro”.

Colette

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Colette, la reina de los gatos | Foto: The Great Cat

La polémica novelista francesa autora de Gigi, cuya adaptación lanzaría al estrellato a Audrey Hepburn, fue descrita como la auténtica “mujer de los gatos”. En su novela The Cat, retrata el compromiso y la luna de miel de una pareja dividida por la exagerada devoción del hombre a su gato Saha: “No era sólo un pequeño gato”, pensó Alain. “Era la nobleza encarnada de toda la raza del gato, su indiferencia ilimitada, su tacto, su vínculo de unión con el aristócrata humano”. Palabras las de Collete que muestran una fascinación sin límites compartida por el resto de escritores que ocupan estas líneas.

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