Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

La Horda: “No podrán detenernos porque no existimos”

Beatriz García

Foto: Leticia Hueda

– ¿Quieres saber cuál es la mejor forma de guardar un secreto?

– Habla más bajo, te van a oír todos…

– Si susurrásemos, sospecharían. La mejor forma de guardar un secreto es exponerlo a la vista de todos.

(Conversación entre dos agentes secretos, pongamos que tú y yo…)

Conocí a Servando Rocha (Santa Cruz de La Palma, 1974 – tal vez deberíamos dudar también de eso) en dos lugares y dos épocas diferentes. En la primera ocasión, me sentí invisible; en la segunda, me enorgullecí de serlo. Y tal vez ocurra lo mismo contigo, lector. Si es así, si el Ojo de Horus de William Burroughs también te vigila desde la portada de un libro, sabrás entonces que ese libro es ‘La Horda: Una revolución mágica’ (La Felguera, 2017).

La entrevista que sigue sí tuvo lugar, aunque si sucedió o no en la forma en que lo cuento carece totalmente de importancia. El propio historicismo, me dice Servando, “es una manera de manipular y maquillar la historia”. La manipulación de la manipulación, de eso trata La Horda. Además de otras muchas cosas que iremos viendo en tanto nos  internamos por los fétidos callejones y subterráneos del París de 1623, una ciudad devastada por la Guerra de los Treinta Años donde hay espías por todas partes, alquimistas que trabajan como mercenarios a las órdenes de católicos o protestantes y una comunidad invisible, nacida al abrigo de los rosacruces, que ha existido a lo largo de los tiempos y de la que tal vez tú, lector, acabes formando parte.

La Horda: “No podrán detenernos porque no existimos” 1
El ojo de Horus de William Burroughs nos vigila desde la portada.

– Ése no es el principio de ‘La Horda’, o sí, pero deberías primero hablar de Morgana. Porque Morgana es como Pandora y su caja, aunque nadie sepa quién es… – Servando no susurra. Es un agente secreto dedicado a revelar secretos.

– ¿Te refieres al compilador del manuscrito que encontraron en un apartamento en Londres en los años ochenta después de la explosión? ¡Bah! No sirve de nada hablar de alguien del que ni siquiera sabemos si ha existido… Seguro que se lo inventó algún gracioso; por ejemplo, tú.

– De eso se trata. ‘La Horda’ es un libro sobre verdades que se emancipan de las mentiras para ser verdades absolutas y de secretos que a su vez se alimentan de otros secretos. Antes mencionabas a la Hermandad de la Rosacruz: hay muchos investigadores serios que creen que los primeros rosacruces fueron un invento de unos pocos, no así la segunda y la tercera generación, que creyeron en la primera, y así sucesivamente… Creer en algo hace que acabe existiendo –concluye Servando.

Caminamos intentado detectar energías ocultas en ese París renacentista y decrépito recreado por el editor de La Felguera, que cada vez nos recuerda más a un decorado expresionista, una mezcla de ‘El Gabinete del doctor Caligari’ y El ‘Jorobado de Notredame’ de Víctor Hugo. Y hay que avanzar con cuidado, evitando determinadas zonas muertas donde los Despiertos, enemigos de las células invisibles, son fuertes y peligrosos. Las ciudades de ‘La Horda’ están vivas, son ciudades que dialogan contigo. “El subsuelo tiene memoria”, leo en esta singular novela trampa por la que transitamos igual que si cruzásemos un laberinto de falsos espejos, un mapa en el que encontrar un tesoro oculto.

– En el fondo –dice Servando-, este pasear sin rumbo es una forma de conectar con el territorio. Ocurre a menudo, cuando caminas por una ciudad y de repente llegas a un lugar que te afecta de una forma especial. También Ramón del Valle-Inclán lo hacía, la naturaleza y el paseo inspiraron sus iluminaciones; era profundamente esotérico, un seguidor de la teosofía.

—–MOMENTOS PROMOCIONALES: La Felguera publicará próximamente ‘La lámpara maravillosa’ de Ramón del Valle-Inclán, con prólogo de Javier Sierra. FIN DEL COMUNICADO.—–

 

– Sí, bueno, pero ahora estamos tú y yo a merced de Ardenti, el cazador de invisibles que me cae tan bien aunque quiera acabar con nosotros, y no tenemos una triste varita…

La Horda: “No podrán detenernos porque no existimos” 2
Se avecina una revolución mágica. | Foto: Leticia Hueda.

Servando empieza a recitar un fragmento de ‘El matrimonio entre el Cielo y el Infierno’ de William Blake: “Entonces pregunté: ¿Para que una cosa exista basta la firme convicción? Respondió: Todos los poetas lo creen”.

– Pero podemos utilizar el ingenio poético. La magia es eso, imaginación creadora. Lo hacían Baudelaire y Mallarmé, y también los grandes iconos ocultistas como Alan Moore o Aleister Crowley. Si conociéramos a nuestros héroes del romanticismo y las vanguardias nos parecerían humanos, demasiado humanos. Y no importa si empleaban la meditación, las drogas o el paseo, puedes tener una experiencia extática incluso escuchando música o cuando te enamoras.

La revolución y la magia tienen en común su voluntad de transformación, pero para ello hace falta ver más allá de los límites de esta realidad ordinaria. “Ver”, como dice el autor de ‘La Horda’, “en cursiva”. Me habla de que vivimos con la mirada más atrofiada, que caminamos sin estar conectados al presente. Tal vez, le digo, necesitamos un Apocalipsis o una revelación.

– Lo malo del Apocalipsis es que siempre está por llegar.

– Vas a hacerme llorar… Mal asunto.

– Mejor eso que arder en la hoguera como Giordano Bruno, acusado de herejía. Lo curioso de todo es que no se equivocaba, ese gran astrólogo, filósofo, poeta y mago auguró que allá donde habían levantado una pira erigirían más tarde una estatua en su honor. Y así fue. Él es una de las mentes fundacionales de La Horda. Su semilla.

Dime una cosa, en la novela cuentas que el mago John Dee y Bruno se conocieron realmente, que igual que otros invisibles que les siguieron intentaban eliminar las guerras de religión y crear una fraternidad en la tierra. ¿Eso es cierto?

– ¿Cierto? Tiene gracia que lo preguntes a estas alturas.

Hubo un tiempo en que el arte y el ocultismo, y el ocultismo y la política no estaban separados. Magos y alquimistas como John Dee oficiaban de consejeros en las cortes europeas y más tarde Bakunin, principal ideólogo del anarquismo, inventó cientos de sociedades secretas que jamás existieron. Pero, ¿y si sí lo hicieron? ¿Y si la todas las teorías de la conspiración fuesen ciertas?, se pregunta y me pregunta Servando, invocando a esos invisibles de todas las épocas y nacionalidades presentes en ‘La Horda’, como el escritor William Burroughs o el situacionista Alexander Trocci, quien habló de ‘la invisible insurrección de un millón de mentes’. Porque herejes y revolucionarios son lo mismo, los primeros precedieron a los segundos.

La Horda: “No podrán detenernos porque no existimos” 3
Un libro repleto de juegos tipográficos y enigmas página tras página.

Los caminos se estrechan, el Mapa de los Laberintos de Giordano Bruno, que seguimos a medida que leemos ‘La Horda’, parece querer plegarse y todavía no hemos encontrado Arcadia, el fabuloso manuscrito que todos los invisibles, nosotros incluidos, hemos querido tener en nuestro poder. Tendremos que seguir creyendo en su existencia, en tanto París se nos sacude y, a lo lejos, presentimos las manecillas del Big Ben.

Londres, en algún punto del pasado cercano…

Una fachada herrumbrosa nos separa del final de la entrevista. “No podrán detenernos porque no existimos”, leemos a dúo como si conjurásemos la misma frase que fue lema de la Angry Brigade, la guerrilla urbana que sembró de atentados Reino Unido a principios de los años setenta. Esa misma invocación, esa llamada, sobrevuela ‘La Horda’.

– ¿Hay alguien ahí? – Un hombre con el cuello cortado, un antiguo miembro de los Angry Brigade, entra con nosotros en la casa okupada cuyas primeras plantas están totalmente calcinadas a causa de un reciente incendio. Afuera, en el patio, hay una hoguera y algunas personas alrededor.

– Son como nosotros, gente fuerte, gente que cree en lo mismo que nosotros – nos dice, o tal vez se lo dice sólo a Servando, o se lo dijo, mejor dicho, aquel día, años atrás, en que viajó a Londres para reunirse con supuestos miembros de esta antigua brigada furiosa y escribir ‘Nos estamos acercando. ‘La historia de Angry Brigade’ (La Felguera, 2004).

Fue ese mismo día, sí, y no otro cuando acabaron recorriendo las calles de Londres a 150 kilómetros por hora mientras el tipo del cuello cortado gritaba “¡Que le den a los pacifistas!” y le hablaba a Servando de guerrillas informativas y ‘bobbies’ asustados. Y ahora que el inglés nos hace, o le hizo, subir hasta las últimas plantas, rodeados de murales de hombres armados, el editor de La Felguera me señala una pintada:

‘Esta no es la salida’.

– Pero, ¿ y si…? –murmura.

– ¿Y si qué?

– ¿Y si hubiera una puerta detrás de ese muro?

Y si detrás de esa puerta estuviera William Burroughs mirándonos, su Ojo de Horus desde los estantes de las librerías, en la portada de un libro. Un libro que se titula ‘La Horda’ y que estás llamado a leer.

Pd. Si quieres unirte a La Horda no te esfuerces en buscarlos. Cuando llegue el momento, si estás preparado, ellos te encontrarán a ti.

Save

Save

Save

Save

Save

Save

Continua leyendo: Bares literarios, cañas y letras

Bares literarios, cañas y letras

Christian Rubio

La literatura mueve montañas. Cuando parece que está todo dicho, todo escuchado, todo inventado, un nuevo ejército de letras se agolpan para dar vida a una nueva historia. Las posibilidades son infinitas frente a la página en blanco, cada anécdota aspira a ser epopeya, cada personaje está listo para convertirse en leyenda. La mente del escritor funciona como una fábrica de ideas abierta las 24 horas del día, siempre atenta, permeable, creativa.

Pero hay artistas que van un paso más allá. Los hay que escriben historias y construyen su propio altavoz para contarlas tal y como habían imaginado en sus cabezas. Con esa pasión tan individual, tan profunda, desnudan su intimidad sobre un escenario, delante de un público expectante. Luz tenue, un micrófono, quizá algo de música suave. La performance está servida en los cafés literarios, esos mágicos lugares donde las letras y la voz unen sus fuerzas.

Madrid fue, es y será siempre una auténtica fuente de inspiración para estos artistas. En sus laberínticas calles florecen estos cafés, unas veces disfrazados de bares corrientes, otras escondidos a la vuelta de esa esquina inesperada. Secretos de la capital, que dirían los madrileños pura sangre. El mítico Bukowski Club, que cerró sus puertas en 2013, era probablemente el punto de encuentro más querido por los amantes de la literatura. Pero su desaparición no frenó las ganas de los poetas de subirse a los escenarios y recitar sus propios textos. Muchos otros bares de Madrid han seguido la estela del Bukowski y cada cierto tiempo se preparan con sus mejores galas para acoger las llamadas jam session de poesía, recitales y concursos donde dar rienda suelta a ese deseo irrefrenable del escritor. Estos son sólo algunos de ellos.

Intruso Bar

Una vez al mes, el Intruso Bar acoge el célebre 'Poetry Slam Madrid'. (Foto: Intruso Bar)
Una vez al mes, el Intruso Bar acoge el célebre ‘Poetry Slam Madrid’. (Foto: Intruso Bar)

En este local, situado en la calle Augusto Figueroa nº3 -frente al mercado de Fuencarral-, no falta de nada. Tiene actuaciones en directo todas las semanas, conciertos y eventos de todo tipo. Hay sesiones de música jazz y fusión, y por sus tablas han pasado artistas y grupos de talla internacional como The Sweet Vandals, Bob Sands Big Band, California Honeydrops, Bob Stroger, Tail Dragger o Graham Fenton.

Además, en Intruso Bar se celebra una vez al mes el ‘Poetry Slam Madrid‘, un evento archiconocido en el mundillo en el que 12 poetas participantes tienen 3 minutos para convencer al público de su valía. Los espectadores son los que eligen al ganador de la noche con sus votos y sus aplausos. La diversión y la emoción están garantizadas. Como reza su lema: “¿Te apuntas?”.

El dinosaurio todavía estaba allí

Una gran compañía y una comida muy literaria son los platos fuertes del gastrobar por excelencia de Madrid. (Foto: El dinosaurio todavía estaba allí)
Una gran compañía y una comida muy literaria son los platos fuertes del gastrobar por excelencia de Madrid. (Foto: El dinosaurio todavía estaba allí)

Librería. Café. Gastrobar. ¿Qué más se necesita? En este encantador espacio, la literatura y el arte culinario se dan la mano en un ambiente único y muy familiar. Acoge con frecuencia exposiciones fotográficas, presentaciones de libros, mesas redondas, recitales de poesía y microrrelatos… aunque, como dicen en su página web, también están abiertos a otras sugerencias de sus clientes y cualquier proposición será bien recibida. Destaca la llamada ‘Jurassic Jam‘, sesión de micro abierto los domingos.

Mientras se disfruta de una buena sesión literaria, se pueden degustar platos elaborados a diario en la cocina del local. Todos ellos llevan el nombre de un libro en homenaje a los autores que más han conmovido a los dueños. La especialidad de la casa es un espectacular cocido madrileño, que te espera cada sábado a mediodía en la calle Ave María nº8.

Búho Real

Desde 2014, este local histórico de la capital acoge jam de poesía además de actuaciones musicales. (Foto: Búho Real)
Desde 2014, este local histórico de la capital acoge ‘jam’ de poesía además de actuaciones musicales. (Foto: Búho Real)

Con más de 30 años de historia, el Búho Real es uno de los mayores lugares de referencia para los artistas emergentes. Es sala de conciertos porque en él se han dado incontables actuaciones musicales, pero también es café literario por sus numerosas jam de micro abierto con monólogos, microteatro, poesía, presentaciones y talleres.

Ubicado en la calle Regueros nº5, se define como un espacio abierto y multidisciplinar donde artista y público interactúan y comparten una experiencia única. Además tiene una decoración fantástica. No en vano está considerado patrimonio cultural por la Comunidad de Madrid.

Aleatorio Bar

El Aleatorio Bar está regentado por cinco amigos y "poetas de las redes". (Foto: cosasquenadietedice.wordpress.com)
El Aleatorio Bar está regentado por cinco amigos considerados “poetas de las redes”. (Foto: cosasquenadietedice.wordpress.com)

Otro local que destaca por su ambientación, que destila arte y personalidad. Una rayuela dibujada en el suelo (al principio el bar se iba a llamar Cortázar), un buzón amarillo chillón en el que puede leerse “sugerencias o poesías”, las paredes abarrotadas de fotografías, un sofá vintage, una luz suave… y por supuesto, un taburete, un atril y un micro preparados para el poeta protagonista.

Microteatro, espectáculos de magia, coloquios y entrevistas se dan también cita en su pequeño escenario. Tiene apenas tres años de vida, pero el Aleatorio es hoy uno de los bares madrileños mejor preparados para ser considerado el heredero natural del Bukowski. Podrás comprobarlo en la calle Ruiz nº7.

Vergüenza ajena

Bar y librería que apuesta sobre todo por autores independientes. Su virtud para mezclar literatura y el carácter propio de una tasca de barrio es digna de admirar. No faltan las exposiciones artísticas, las jam de poesía, los debates, las cervezas artesanas, las tapas, los pinchos y las copas de vino, como bien demuestra su galería de fotos en las redes sociales.

Su aforo es de 30 personas, por lo que tiene ese aura perfecta para disfrutarlo en un círculo de intimidad. Su sesión de micro abierto se celebra los jueves a las 21:00 horas. Si quieres formar parte de su encanto sólo tienes que pasarte por la calle Galileo nº56.

Mención especial – Diablos Azules

El Diablos Azules se definía como un "Café-bar Poetíiiilico y tertulioso" antes de cerrar sus puertas. (Foto: Diablos Azules)
El Diablos Azules se definía como un “Café-bar Poetíiiilico y tertulioso” antes de cerrar sus puertas. (Foto: Diablos Azules)

El bar literario Diablos Azules echó el cierre definitivo en febrero de este año. Una triste pérdida para la noche cultural madrileña, que vio como se ponía fin a 10 años de relatos, poemas y recitales inolvidables. Los martes y los sábados se celebraban cálidas jam session bajo el título ‘La voz del poeta‘, que escribieron con letras de oro el nombre de algunos de los escritores más populares de la actualidad literaria. El éxito de estas sesiones fue tal que pronto fueron retransmitidas a través de su web en streaming.

Los jueves estaban dedicados a los microrrelatos. ‘El tamaño sí que importa‘ era el nombre oficial del evento, muy popular entre los fieles del local. Artistas de renombre como Benjamín Prado y Luis García Montero se han dejado ver más de una vez en su tarima y entre sus mesas.

Desde que cerró, el bar ha estado publicando en colaboración con Infolibre el suplemento Los Diablos azules, en el que repasa el panorama actual de la literatura nacional e internacional y recoge las tertulias, entrevistas y sesiones que se echan en falta del local.

“Malos tiempos para la lírica”, cantaba el grupo de rock gallego Golpes Bajos. Pero la poesía y la narrativa nunca duermen en Madrid. Son inmortales, incombustibles. De hecho, no han dejado de crecer en importancia en una ciudad que valora la cultura como el mejor regalo para la vista y para los oídos. Una ciudad donde la noche y las letras se funden en otra de sus principales cartas de presentación: sus bares y sus cafeterías.

Continua leyendo: La sólida galaxia de Juan Gerstl

La sólida galaxia de Juan Gerstl

Clara Paolini

¿Puede la geometría encapsular paisajes de la memoria?, ¿cómo hacer de un poema una realidad palpable y duradera?, ¿es posible traducir piezas de la autobiografía a un lenguaje tan estético como universal?

Preguntas en la intersección entre el pensamiento y la técnica sobrevuelan la obra de Juan Gerstl (Caracas, 1985), acompañando tanto al visitante como al artista en un itinerario compartido.

Bajo el título Poesía Geométrica – El Viaje, la Galería Kreisler alberga hasta el 19 de febrero la primera gran exposición en solitario de este artista venezolano afincado en Madrid; una muestra donde materiales conocidos por su resistencia contrastan con lo etéreo de los mundos interiores.

La exposición expresa con orden y solidez minimalista un agitado diario de viaje: Desde los amables azules y tonos terrosos de paradisíacas playas caribeñas al verde de los pinos, el metal de las piedras y el blanco glaciar de los Alpes.

“Utilizo la geometría para representar diferentes lugares y momentos de mi vida”

Pixelando la realidad en paletas cromáticas, las piezas invitan al visitante a recorrer los espacios propuestos por el artista invitando a que cada uno imponga su propia (y libre) decodificación. 

Juan Gerstl junto a su obra_ De la selva al mar
Juan Gerstl junto a su obra “De la selva al mar”. (Foto: Rodolfo Gerstl)

Entre otras curiosas anécdotas sobre su biografía artística y vital, Juan Gerstl relata que viviendo en Venezuela, empezó a aficionarse a los vuelos en parapente, y desde el cielo, mientras observaba las cordilleras montañosas de Caracas, soñaba con el Mont Blanc. De esta encrucijada biográfica nace una de las instalaciones presentes en la muestra, con cada una de las dos cordilleras, la venezolana y la de los Alpes, a cada lado de la “moneda” del destino.

En otra de sus piezas, “De la selva al mar” el espectador se ve inmerso en un recorrido de 9 metros a través de paisajes descompuestos en variedades tonales que, como cápsulas de aire de otras tierras, sumergen al participante en la exploración de sus propios recuerdos, deseos y nostalgias.

(Foto: Rodolfo Gerstl)
(Foto: Rodolfo Gerstl)

Con la llegada a España del artista, aparece el vino tinto y los colores de las encinas de los bosques de Castilla, y en otra esquina del recuerdo, una mesa con el azul patentado por Yves Klein como superficie, que se utiliza como “molde” y materia prima para la creación de la estructura a los pies de la galaxia que se presume tanto personal como universal.

La galaxia es infinita, las ideas son infinitas. Tenemos que utilizar ese gran tesoro que son nuestras ideas, nuestra mente”

La poesía geométrica de Juan Gertsl no describe una sola  experiencia del mundo, sino que es un mundo propio recogido en el ámbar de la perfección técnica, y desde la retina a la mente, propone un nuevo borde para lo real en el espectador atento.

Juan Gerstl junto a su obra “De la selva al mar”. (Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)
Juan Gerstl junto a su obra “De la selva al mar”. (Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)

La indagación en el lenguaje de la poesía se torna aquí una exploración sensorial, donde sus límites, contornos y profundidades invitan a dejarse llevar por la corriente de las formas, a la deriva de nosotros mismos, despreocupados de certidumbres y certezas. 

Dos de mis principales prioridades son perdurar en el tiempo y no ser egoísta

De forma tan clara y precisa como su obra, el artista expresa el impulso de su proceso creativo: “Dos de mis principales prioridades son perdurar en el tiempo y no ser egoísta. La primera, perdurar en el tiempo, queda patente en la utilización de materiales duraderos como el aluminio bidón, que se utiliza para revestimiento de fachadas de edificios. Es un material al que no afectan los cambios de temperatura, un material de vanguardia que no se dilata y donde la permanencia de las tintas es más duradera, así como la utilización de otros materiales como el metracrilato o el plexiglás. Son materiales tan resistentes que se acercan más a la fabricación de embarcaciones o maquinaria que las artes gráficas. La segunda, no ser egoísta, significa que la obra tiene que hablarte a ti, que yo no tenga que explicar demasiado para que puedas disfrutarla”, ofrece Gerstl a modo de invitación.

(Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)
(Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)

Con una renovada visión del arte cinético, pero fiel a la originalidad y vanguardia de su propia esencia,  Juan Gerstl ofrece una solución purificada para la belleza. La verdad, el orden, la sencillez y la armonía, también están presentes en la sala como acompañantes de las narrativas ocultas, invitando al viajero a proponer diálogos entre la galaxia de Juan y la de cada uno como espectador. 

Como final del viaje, en la última obra presente en la muestra, lo terrenal pierde presencia en favor del universo dorado plagado de estrellas que encabeza estas líneas. Poesía palpable, que volcada como tesoro al exterior, pareciera conseguir vencer el sentimiento que una vez expresó Camus: “Ante aquella noche cargada de signos y de estrellas me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo”.

Magnetismo, técnica, estética y profundidad contra la indiferencia de un mundo que merece la pena observar. Sin duda, el viaje continúa.


Continua leyendo: Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano”

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano”

Beatriz García

Foto: Gunther Von Hagens
Gunther Von Hagens

Dice la asirióloga e historiadora Érica Couto-Ferreira que “somos porque nuestros cuerpos existen” y aunque el suyo se refleje, como es natural, en la superficie de los espejos, los evita desde niña porque los asocia a presencias sobrenaturales que se mueven a través de ellos. También le recuerdan a la muerte, esa muerte material, de la carne, que le provoca tanta fascinación como miedo. Conocida por los amantes del género por el podcast literario ‘Todo tranquilo en Dunwich’, que conduce junto a José Luis Forteza, esta gallega que vive en Italia, país en el que cada iglesia hay criptas con osarios, reliquias de santos y cuerpos incorruptos expuestos en vitrinas, ha cambiado las ruinas y los ritos de civilizaciones antiguas por los teatros anatómicos del siglo XIX, las sociedades de petrificadores, los cuerpos convertidos en arte y la obsesión por parecer eternamente dormidos, inmortales, en un libro que desentierra uno de los mayores tabúes de nuestra sociedad: la muerte física y la forma en que nos acercamos a ella.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 5
Érica Couto-Ferreira. Foto via Érica Couto-Ferreira.

El libro ‘Cuerpos. Las otras vidas del cadáver’ (Ed. Gasmask, 2017) es tanto una reflexión sobre el buen y mal morir como un viaje histórico, inquietante y, si se me permite, bastante divertido hacia los mil y un usos del cadáver como objeto político, médico, técnico, artístico y como depositario de la memoria familiar. Un retablo de anécdotas y referencias literarias sobre diarios de verdugos, difuntos convertidos en arte, danzas macabras, vampirismos y aquellos científicos y artistas que creyeron que muertos somos más longevos que vivos.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 3
Lección de Anatomía, de Rembrandt

A mí la idea de morirme me aterroriza, pero me gusta pasear por los cementerios. Raro, ¿no?

Es que la muerte que queremos ver es una muerte exótica, estética, hermosa, o  bien marcada por la normalidad, como la muerte que sucede de forma violenta, por guerras, terrorismo… Pero el fallecimiento cotidiano por vejez o enfermedad es lo que nos espanta, porque está en nuestro día a día y nos recuerda que nosotros también vamos a morir. Lo que nos atrae es el carácter morboso de la muerte ficticia, la artística, la que no vamos a vivir.

Pienso en las catacumbas de Palermo o en las obras de Fragonard que aparecen en el libro y ya no sé si el arte imita a la vida o la muerte al arte.

Y además muchas de estas obras evocan belleza e incorruptibilidad, y eso no es realmente la muerte, que es putrefacción y decadencia. Y en parte está ligado a que hasta época muy reciente la ciencia y el arte no estaban separados. Por ejemplo, los médicos del siglo XIX y principios del XX estudiaban lenguas clásicas, poesía y arte, y estaban en contacto con grupos intelectuales y literarios, lo que les permitía conjugar más elementos en sus investigaciones y preparados. Y considero que eso lo hemos perdido con la especialización que existe hoy en día.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 2
El jinete del anatomista Honoré Fragonard

Pero no siempre hubo esa obsesión por embellecer e inmortalizar la muerte…

No, en época medieval encontramos manuscritos iluminados y detalles de iconografía arquitectónica que muestran la muerte real, que es el esqueleto que baila. Al inicio de la edad moderna todavía está muy presente y, poco a poco, se abandonan esos motivos y vamos hacia la idea del muerto vivo, del muerto incorruptible, del muerto dormido.

Cuentas en el libro que algunas familias del siglo XIX tenían las costumbre de exhibir el cadáver de sus difuntos en el salón de casa. Pienso en Martin van Butchell, el excéntrico dentista londinense que embalsamó a su mujer y la colocó en su consulta…

Sí, Butchell tenía fama muy merecida de excéntrico, pero cuando se casó por segunda vez a la nueva esposa no le gustaba la idea de que tuviera expuesto el cadáver de la primera y lo donó al Hunterian Museum de Londres. En cuanto a lo que comentas de los muertos en los hogares, imagino que no habrían muchas familias que pudiesen acceder a ese tratamiento, pero nos habla de una sociedad con menores restricciones legales y sociales a ese respecto. Hoy en día un comportamiento así sería imposible, pero en el siglo XIX todavía podías mantener cerca a los propios difuntos de manera literal.

“El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo”

Igualmente, hay comportamientos muy similares hoy en día aunque las formas hayan cambiado. Creo que hay empresas en Japón que fabrican reproducciones exactas de tus hijos muertos y hace unos meses también una compañía proponía realizar vinilos utilizando cenizas del muerto y con la posibilidad de escuchar su voz grabada. No creo que estemos volviendo al pasado, pero tenemos la misma necesidad de lidiar con la muerte y el duelo.

Érica Couto-Ferreira: “La muerte que queremos ver es exótica, pero nos espanta el fallecimiento cotidiano” 4
Las catacumbas de Palermo

¿Estamos perdiendo el pudor a la muerte?

A mí me gustaría pensar que sí, pero tengo mis dudas. Creo que este tipo de encargos que predomina es ficticio, solamente estético, como ir un paso más allá de lo que es la tanatomorfosis y la aniquilación del cuerpo. Me refiero a saltarse esa fase entre la agonía y el después, porque igualmente uno no quiere ver la parte más terrible del cuerpo que se deshacen. Es otro mirar a un lado, o más allá del cadáver.

¿Y eso de que la muerte nos iguala a ricos y pobres?

Nadie puede escapar a la muerte  y eso es cierto, pero no nos iguala. No es lo mismo morir apedreado porque el gobierno de tu país así ha decidido hacer justicia o morir como el gran dictador que nunca ha pagado por sus crímenes y al que realizan un funeral de estado que dura una semana.

“Siento una fascinación ilimitada por la muerte y los cadáveres, pero también me provocan miedo y rechazo”

Por no hablar de quienes antaño aspiraban a vivir eternamente pero no por propia voluntad, como los criminales a los que se les imponían destinos aborrecibles. El Museo Lombroso de Torino está plagado de cabezas de criminales que fueron sumergidas en formol para servir de ejemplo de lo que no debía hacerse.

Así que un cadáver es también un instrumento político…

Lo vemos diariamente, con estas grandes tumbas de generales, dictadores y cabecillas varios que siguen ahí. El mismo Lenin, que quería ser enterrado, sigue en su tumba convertida casi en icono del capitalismo.

Y luego está la venganza en vida y, sobre todo, más allá de ella.

Arqueológicamente se han encontrado muchos ejemplos en distintos periodos cronológicos y áreas de sepulturas que presentan un cadáver enterrado de una manera anormal, que no era consuetudinaria en la cultura o contexto en que ese cadáver se inscribe. En muchos casos era una manera de neutralizar el cadáver o de castigarlo más allá de la muerte, indicando su pertenencia a un credo herético o etnia repudiada… No estamos libres de eso ni cuando nos morimos.

¿Qué te parece que se expongan cuerpos en los museos?

Crea debate y te obliga a pensar y confrontar con otras personas que no piensan como tú. Yo siento una fascinación morbosa por determinadas colecciones, cuando visité el Hunterian estaba emocionadisima, pero al cabo de media hora tuve que salir porque me estaba mareando y tenía náuseas. Eso explica muy bien mi relación con la muerte y los cadáveres, por una parte siento una fascinación ilimitada, pero también una cierta reacción de miedo o rechazo.

Hablas del oficio de verdugo y de las memorias que escribían. Eran peor vistos que el cobrador del frac.

Sí, pero socialmente se estimaba necesario y se ganaban bien la vida, aunque les estuviera vetado el acceso a ciertos espacios públicos y se casasen entre familias de verdugos por su estigma social.

Ya no existen verdugos ni petrificadores pero, ¿se sigue embalsamando gente?

Creo que el Papa Juan Pablo tuvo una embalsamado no permanente para que durase varias semanas incorrupto y poder organizar los funerales de estado, pero ni siquiera hoy duran mucho tiempo. Fue parte de un período de investigación científica y no cuajó por el coste y porque no se consiguió perfeccionar. Aunque es cierto que en países como Estados Unidos hay más tradición, ya que durante la Guerra Civil se embalsamaron muchos cadáveres de soldados para ser devueltos a las familias. En Europa somos más de inhumar o cremar, pero todavía podemos copiar a los norteamericanos…

Como buena gallega, quizás hayas visto algún rito de muerte en los pueblos. He oído que en algunos se siguen haciendo fotografías post mortem.

De fotografía postmortem no sé nada, pero existe todavía una serie de ritos ligados a la muerte o al servicio de ser salvado de la muerte, como las procesiones de las mortajas. Cuando una persona está al borde de la muerte puede hacer un voto con determinado santo y si es salvada su cuerpo es transportado en ataúd, fingiendo que ha muerto, hasta la capilla en la que hizo ese voto. Con los exvotos pasa algo parecido, lo que entregas simboliza tu cuerpo viejo o enfermo, tu vida anterior. Cuando tenía 4 años caí muy enferma y mi familia hizo un voto, cuando me recuperé me llevaron al santuario cubierta con un tul que luego depositaron en el altar y que simbolizaba el cuerpo, el viejo cuerpo enfermo. Quizás sean prácticas menos vigentes ahora, pero se juega mucho con la idea de muerte y de nueva vida.

Save

Save

Save

Save

Save

Save

Save

Continua leyendo: 'Iros' y otras palabras que no creerías admitidas por la RAE

'Iros' y otras palabras que no creerías admitidas por la RAE

Redacción TO

La Real Academia Española (RAE), esa institución a la que todos hemos acudido en busca de ayuda o de auxilio ante una situación embarazosa con nuestra propia lengua, ha suscitado respuestas de todo tipo ante su anuncio de aceptar ‘iros‘ como imperativo para el verbo ir.

Según el anuncio de la RAE, aunque la forma más puritana y más correcta de expresar el imperativo seguirá siendo ‘idos’, será la palabra ‘iros’ la que ocupe la denominación de uso más habitual. La razón del cambio de regla en este verbo en particular obedece a que los españoles apenas utilizamos correctamente el imperativo.

Que la RAE acepte una palabra u otra no depende del todo de los expertos lingüistas que ocupan sus sillas, sino de la gente de a pie, es decir, nosotros dictamos lo que se escribe en el diccionario. ‘Iros’ no será ni la primera, ni la última palabra en ser aceptada aunque no sea correcta, prueba de ello son estos otros términos, que parecen una broma o una enajenación mental de la RAE.

Las palabras no solo tienen por qué ser únicamente gramaticalmente erróneas, sino que también pueden estar pronunciadas de una manera tan coloquial que hasta duele y encima ser correcto. Albericoque, norabuena, asín, almóndiga, toballa, cocreta, dotor y otubre, son algunos ejemplos de palabras reconocidas por la RAE.

También hay palabras de nueva creación que se han hecho hueco en las páginas del diccionario como amigovio: “persona que mantiene con otra una relación de menor compromiso formal que un noviazgo”; papichulo: “hombre que por su atractivo físico es objeto de deseo”, o muslamen, pechamen y culamen, cuya definición no es necesaria.


Sin duda, ‘iros’ ha sido un golpe duro a la altura de la eliminación del acento de la palabra solo, y los internautas no han dudado en expresar su contrariedad con lo que mejor les define: la ironía y el sarcasmo. 

TOP