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La Horda: “No podrán detenernos porque no existimos”

Beatriz García

Foto: Leticia Hueda

– ¿Quieres saber cuál es la mejor forma de guardar un secreto?

– Habla más bajo, te van a oír todos…

– Si susurrásemos, sospecharían. La mejor forma de guardar un secreto es exponerlo a la vista de todos.

(Conversación entre dos agentes secretos, pongamos que tú y yo…)

Conocí a Servando Rocha (Santa Cruz de La Palma, 1974 – tal vez deberíamos dudar también de eso) en dos lugares y dos épocas diferentes. En la primera ocasión, me sentí invisible; en la segunda, me enorgullecí de serlo. Y tal vez ocurra lo mismo contigo, lector. Si es así, si el Ojo de Horus de William Burroughs también te vigila desde la portada de un libro, sabrás entonces que ese libro es ‘La Horda: Una revolución mágica’ (La Felguera, 2017).

La entrevista que sigue sí tuvo lugar, aunque si sucedió o no en la forma en que lo cuento carece totalmente de importancia. El propio historicismo, me dice Servando, “es una manera de manipular y maquillar la historia”. La manipulación de la manipulación, de eso trata La Horda. Además de otras muchas cosas que iremos viendo en tanto nos  internamos por los fétidos callejones y subterráneos del París de 1623, una ciudad devastada por la Guerra de los Treinta Años donde hay espías por todas partes, alquimistas que trabajan como mercenarios a las órdenes de católicos o protestantes y una comunidad invisible, nacida al abrigo de los rosacruces, que ha existido a lo largo de los tiempos y de la que tal vez tú, lector, acabes formando parte.

La Horda: “No podrán detenernos porque no existimos” 1
El ojo de Horus de William Burroughs nos vigila desde la portada.

– Ése no es el principio de ‘La Horda’, o sí, pero deberías primero hablar de Morgana. Porque Morgana es como Pandora y su caja, aunque nadie sepa quién es… – Servando no susurra. Es un agente secreto dedicado a revelar secretos.

– ¿Te refieres al compilador del manuscrito que encontraron en un apartamento en Londres en los años ochenta después de la explosión? ¡Bah! No sirve de nada hablar de alguien del que ni siquiera sabemos si ha existido… Seguro que se lo inventó algún gracioso; por ejemplo, tú.

– De eso se trata. ‘La Horda’ es un libro sobre verdades que se emancipan de las mentiras para ser verdades absolutas y de secretos que a su vez se alimentan de otros secretos. Antes mencionabas a la Hermandad de la Rosacruz: hay muchos investigadores serios que creen que los primeros rosacruces fueron un invento de unos pocos, no así la segunda y la tercera generación, que creyeron en la primera, y así sucesivamente… Creer en algo hace que acabe existiendo –concluye Servando.

Caminamos intentado detectar energías ocultas en ese París renacentista y decrépito recreado por el editor de La Felguera, que cada vez nos recuerda más a un decorado expresionista, una mezcla de ‘El Gabinete del doctor Caligari’ y El ‘Jorobado de Notredame’ de Víctor Hugo. Y hay que avanzar con cuidado, evitando determinadas zonas muertas donde los Despiertos, enemigos de las células invisibles, son fuertes y peligrosos. Las ciudades de ‘La Horda’ están vivas, son ciudades que dialogan contigo. “El subsuelo tiene memoria”, leo en esta singular novela trampa por la que transitamos igual que si cruzásemos un laberinto de falsos espejos, un mapa en el que encontrar un tesoro oculto.

– En el fondo –dice Servando-, este pasear sin rumbo es una forma de conectar con el territorio. Ocurre a menudo, cuando caminas por una ciudad y de repente llegas a un lugar que te afecta de una forma especial. También Ramón del Valle-Inclán lo hacía, la naturaleza y el paseo inspiraron sus iluminaciones; era profundamente esotérico, un seguidor de la teosofía.

—–MOMENTOS PROMOCIONALES: La Felguera publicará próximamente ‘La lámpara maravillosa’ de Ramón del Valle-Inclán, con prólogo de Javier Sierra. FIN DEL COMUNICADO.—–

 

– Sí, bueno, pero ahora estamos tú y yo a merced de Ardenti, el cazador de invisibles que me cae tan bien aunque quiera acabar con nosotros, y no tenemos una triste varita…

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Se avecina una revolución mágica. | Foto: Leticia Hueda.

Servando empieza a recitar un fragmento de ‘El matrimonio entre el Cielo y el Infierno’ de William Blake: “Entonces pregunté: ¿Para que una cosa exista basta la firme convicción? Respondió: Todos los poetas lo creen”.

– Pero podemos utilizar el ingenio poético. La magia es eso, imaginación creadora. Lo hacían Baudelaire y Mallarmé, y también los grandes iconos ocultistas como Alan Moore o Aleister Crowley. Si conociéramos a nuestros héroes del romanticismo y las vanguardias nos parecerían humanos, demasiado humanos. Y no importa si empleaban la meditación, las drogas o el paseo, puedes tener una experiencia extática incluso escuchando música o cuando te enamoras.

La revolución y la magia tienen en común su voluntad de transformación, pero para ello hace falta ver más allá de los límites de esta realidad ordinaria. “Ver”, como dice el autor de ‘La Horda’, “en cursiva”. Me habla de que vivimos con la mirada más atrofiada, que caminamos sin estar conectados al presente. Tal vez, le digo, necesitamos un Apocalipsis o una revelación.

– Lo malo del Apocalipsis es que siempre está por llegar.

– Vas a hacerme llorar… Mal asunto.

– Mejor eso que arder en la hoguera como Giordano Bruno, acusado de herejía. Lo curioso de todo es que no se equivocaba, ese gran astrólogo, filósofo, poeta y mago auguró que allá donde habían levantado una pira erigirían más tarde una estatua en su honor. Y así fue. Él es una de las mentes fundacionales de La Horda. Su semilla.

Dime una cosa, en la novela cuentas que el mago John Dee y Bruno se conocieron realmente, que igual que otros invisibles que les siguieron intentaban eliminar las guerras de religión y crear una fraternidad en la tierra. ¿Eso es cierto?

– ¿Cierto? Tiene gracia que lo preguntes a estas alturas.

Hubo un tiempo en que el arte y el ocultismo, y el ocultismo y la política no estaban separados. Magos y alquimistas como John Dee oficiaban de consejeros en las cortes europeas y más tarde Bakunin, principal ideólogo del anarquismo, inventó cientos de sociedades secretas que jamás existieron. Pero, ¿y si sí lo hicieron? ¿Y si la todas las teorías de la conspiración fuesen ciertas?, se pregunta y me pregunta Servando, invocando a esos invisibles de todas las épocas y nacionalidades presentes en ‘La Horda’, como el escritor William Burroughs o el situacionista Alexander Trocci, quien habló de ‘la invisible insurrección de un millón de mentes’. Porque herejes y revolucionarios son lo mismo, los primeros precedieron a los segundos.

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Un libro repleto de juegos tipográficos y enigmas página tras página.

Los caminos se estrechan, el Mapa de los Laberintos de Giordano Bruno, que seguimos a medida que leemos ‘La Horda’, parece querer plegarse y todavía no hemos encontrado Arcadia, el fabuloso manuscrito que todos los invisibles, nosotros incluidos, hemos querido tener en nuestro poder. Tendremos que seguir creyendo en su existencia, en tanto París se nos sacude y, a lo lejos, presentimos las manecillas del Big Ben.

Londres, en algún punto del pasado cercano…

Una fachada herrumbrosa nos separa del final de la entrevista. “No podrán detenernos porque no existimos”, leemos a dúo como si conjurásemos la misma frase que fue lema de la Angry Brigade, la guerrilla urbana que sembró de atentados Reino Unido a principios de los años setenta. Esa misma invocación, esa llamada, sobrevuela ‘La Horda’.

– ¿Hay alguien ahí? – Un hombre con el cuello cortado, un antiguo miembro de los Angry Brigade, entra con nosotros en la casa okupada cuyas primeras plantas están totalmente calcinadas a causa de un reciente incendio. Afuera, en el patio, hay una hoguera y algunas personas alrededor.

– Son como nosotros, gente fuerte, gente que cree en lo mismo que nosotros – nos dice, o tal vez se lo dice sólo a Servando, o se lo dijo, mejor dicho, aquel día, años atrás, en que viajó a Londres para reunirse con supuestos miembros de esta antigua brigada furiosa y escribir ‘Nos estamos acercando. ‘La historia de Angry Brigade’ (La Felguera, 2004).

Fue ese mismo día, sí, y no otro cuando acabaron recorriendo las calles de Londres a 150 kilómetros por hora mientras el tipo del cuello cortado gritaba “¡Que le den a los pacifistas!” y le hablaba a Servando de guerrillas informativas y ‘bobbies’ asustados. Y ahora que el inglés nos hace, o le hizo, subir hasta las últimas plantas, rodeados de murales de hombres armados, el editor de La Felguera me señala una pintada:

‘Esta no es la salida’.

– Pero, ¿ y si…? –murmura.

– ¿Y si qué?

– ¿Y si hubiera una puerta detrás de ese muro?

Y si detrás de esa puerta estuviera William Burroughs mirándonos, su Ojo de Horus desde los estantes de las librerías, en la portada de un libro. Un libro que se titula ‘La Horda’ y que estás llamado a leer.

Pd. Si quieres unirte a La Horda no te esfuerces en buscarlos. Cuando llegue el momento, si estás preparado, ellos te encontrarán a ti.

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Bares literarios, cañas y letras

Christian Rubio

La literatura mueve montañas. Cuando parece que está todo dicho, todo escuchado, todo inventado, un nuevo ejército de letras se agolpan para dar vida a una nueva historia. Las posibilidades son infinitas frente a la página en blanco, cada anécdota aspira a ser epopeya, cada personaje está listo para convertirse en leyenda. La mente del escritor funciona como una fábrica de ideas abierta las 24 horas del día, siempre atenta, permeable, creativa.

Pero hay artistas que van un paso más allá. Los hay que escriben historias y construyen su propio altavoz para contarlas tal y como habían imaginado en sus cabezas. Con esa pasión tan individual, tan profunda, desnudan su intimidad sobre un escenario, delante de un público expectante. Luz tenue, un micrófono, quizá algo de música suave. La performance está servida en los cafés literarios, esos mágicos lugares donde las letras y la voz unen sus fuerzas.

Madrid fue, es y será siempre una auténtica fuente de inspiración para estos artistas. En sus laberínticas calles florecen estos cafés, unas veces disfrazados de bares corrientes, otras escondidos a la vuelta de esa esquina inesperada. Secretos de la capital, que dirían los madrileños pura sangre. El mítico Bukowski Club, que cerró sus puertas en 2013, era probablemente el punto de encuentro más querido por los amantes de la literatura. Pero su desaparición no frenó las ganas de los poetas de subirse a los escenarios y recitar sus propios textos. Muchos otros bares de Madrid han seguido la estela del Bukowski y cada cierto tiempo se preparan con sus mejores galas para acoger las llamadas jam session de poesía, recitales y concursos donde dar rienda suelta a ese deseo irrefrenable del escritor. Estos son sólo algunos de ellos.

Intruso Bar

Una vez al mes, el Intruso Bar acoge el célebre 'Poetry Slam Madrid'. (Foto: Intruso Bar)
Una vez al mes, el Intruso Bar acoge el célebre ‘Poetry Slam Madrid’. (Foto: Intruso Bar)

En este local, situado en la calle Augusto Figueroa nº3 -frente al mercado de Fuencarral-, no falta de nada. Tiene actuaciones en directo todas las semanas, conciertos y eventos de todo tipo. Hay sesiones de música jazz y fusión, y por sus tablas han pasado artistas y grupos de talla internacional como The Sweet Vandals, Bob Sands Big Band, California Honeydrops, Bob Stroger, Tail Dragger o Graham Fenton.

Además, en Intruso Bar se celebra una vez al mes el ‘Poetry Slam Madrid‘, un evento archiconocido en el mundillo en el que 12 poetas participantes tienen 3 minutos para convencer al público de su valía. Los espectadores son los que eligen al ganador de la noche con sus votos y sus aplausos. La diversión y la emoción están garantizadas. Como reza su lema: “¿Te apuntas?”.

El dinosaurio todavía estaba allí

Una gran compañía y una comida muy literaria son los platos fuertes del gastrobar por excelencia de Madrid. (Foto: El dinosaurio todavía estaba allí)
Una gran compañía y una comida muy literaria son los platos fuertes del gastrobar por excelencia de Madrid. (Foto: El dinosaurio todavía estaba allí)

Librería. Café. Gastrobar. ¿Qué más se necesita? En este encantador espacio, la literatura y el arte culinario se dan la mano en un ambiente único y muy familiar. Acoge con frecuencia exposiciones fotográficas, presentaciones de libros, mesas redondas, recitales de poesía y microrrelatos… aunque, como dicen en su página web, también están abiertos a otras sugerencias de sus clientes y cualquier proposición será bien recibida. Destaca la llamada ‘Jurassic Jam‘, sesión de micro abierto los domingos.

Mientras se disfruta de una buena sesión literaria, se pueden degustar platos elaborados a diario en la cocina del local. Todos ellos llevan el nombre de un libro en homenaje a los autores que más han conmovido a los dueños. La especialidad de la casa es un espectacular cocido madrileño, que te espera cada sábado a mediodía en la calle Ave María nº8.

Búho Real

Desde 2014, este local histórico de la capital acoge jam de poesía además de actuaciones musicales. (Foto: Búho Real)
Desde 2014, este local histórico de la capital acoge ‘jam’ de poesía además de actuaciones musicales. (Foto: Búho Real)

Con más de 30 años de historia, el Búho Real es uno de los mayores lugares de referencia para los artistas emergentes. Es sala de conciertos porque en él se han dado incontables actuaciones musicales, pero también es café literario por sus numerosas jam de micro abierto con monólogos, microteatro, poesía, presentaciones y talleres.

Ubicado en la calle Regueros nº5, se define como un espacio abierto y multidisciplinar donde artista y público interactúan y comparten una experiencia única. Además tiene una decoración fantástica. No en vano está considerado patrimonio cultural por la Comunidad de Madrid.

Aleatorio Bar

El Aleatorio Bar está regentado por cinco amigos y "poetas de las redes". (Foto: cosasquenadietedice.wordpress.com)
El Aleatorio Bar está regentado por cinco amigos considerados “poetas de las redes”. (Foto: cosasquenadietedice.wordpress.com)

Otro local que destaca por su ambientación, que destila arte y personalidad. Una rayuela dibujada en el suelo (al principio el bar se iba a llamar Cortázar), un buzón amarillo chillón en el que puede leerse “sugerencias o poesías”, las paredes abarrotadas de fotografías, un sofá vintage, una luz suave… y por supuesto, un taburete, un atril y un micro preparados para el poeta protagonista.

Microteatro, espectáculos de magia, coloquios y entrevistas se dan también cita en su pequeño escenario. Tiene apenas tres años de vida, pero el Aleatorio es hoy uno de los bares madrileños mejor preparados para ser considerado el heredero natural del Bukowski. Podrás comprobarlo en la calle Ruiz nº7.

Vergüenza ajena

Bar y librería que apuesta sobre todo por autores independientes. Su virtud para mezclar literatura y el carácter propio de una tasca de barrio es digna de admirar. No faltan las exposiciones artísticas, las jam de poesía, los debates, las cervezas artesanas, las tapas, los pinchos y las copas de vino, como bien demuestra su galería de fotos en las redes sociales.

Su aforo es de 30 personas, por lo que tiene ese aura perfecta para disfrutarlo en un círculo de intimidad. Su sesión de micro abierto se celebra los jueves a las 21:00 horas. Si quieres formar parte de su encanto sólo tienes que pasarte por la calle Galileo nº56.

Mención especial – Diablos Azules

El Diablos Azules se definía como un "Café-bar Poetíiiilico y tertulioso" antes de cerrar sus puertas. (Foto: Diablos Azules)
El Diablos Azules se definía como un “Café-bar Poetíiiilico y tertulioso” antes de cerrar sus puertas. (Foto: Diablos Azules)

El bar literario Diablos Azules echó el cierre definitivo en febrero de este año. Una triste pérdida para la noche cultural madrileña, que vio como se ponía fin a 10 años de relatos, poemas y recitales inolvidables. Los martes y los sábados se celebraban cálidas jam session bajo el título ‘La voz del poeta‘, que escribieron con letras de oro el nombre de algunos de los escritores más populares de la actualidad literaria. El éxito de estas sesiones fue tal que pronto fueron retransmitidas a través de su web en streaming.

Los jueves estaban dedicados a los microrrelatos. ‘El tamaño sí que importa‘ era el nombre oficial del evento, muy popular entre los fieles del local. Artistas de renombre como Benjamín Prado y Luis García Montero se han dejado ver más de una vez en su tarima y entre sus mesas.

Desde que cerró, el bar ha estado publicando en colaboración con Infolibre el suplemento Los Diablos azules, en el que repasa el panorama actual de la literatura nacional e internacional y recoge las tertulias, entrevistas y sesiones que se echan en falta del local.

“Malos tiempos para la lírica”, cantaba el grupo de rock gallego Golpes Bajos. Pero la poesía y la narrativa nunca duermen en Madrid. Son inmortales, incombustibles. De hecho, no han dejado de crecer en importancia en una ciudad que valora la cultura como el mejor regalo para la vista y para los oídos. Una ciudad donde la noche y las letras se funden en otra de sus principales cartas de presentación: sus bares y sus cafeterías.

La sólida galaxia de Juan Gerstl

Clara Paolini

¿Puede la geometría encapsular paisajes de la memoria?, ¿cómo hacer de un poema una realidad palpable y duradera?, ¿es posible traducir piezas de la autobiografía a un lenguaje tan estético como universal?

Preguntas en la intersección entre el pensamiento y la técnica sobrevuelan la obra de Juan Gerstl (Caracas, 1985), acompañando tanto al visitante como al artista en un itinerario compartido.

Bajo el título Poesía Geométrica – El Viaje, la Galería Kreisler alberga hasta el 19 de febrero la primera gran exposición en solitario de este artista venezolano afincado en Madrid; una muestra donde materiales conocidos por su resistencia contrastan con lo etéreo de los mundos interiores.

La exposición expresa con orden y solidez minimalista un agitado diario de viaje: Desde los amables azules y tonos terrosos de paradisíacas playas caribeñas al verde de los pinos, el metal de las piedras y el blanco glaciar de los Alpes.

“Utilizo la geometría para representar diferentes lugares y momentos de mi vida”

Pixelando la realidad en paletas cromáticas, las piezas invitan al visitante a recorrer los espacios propuestos por el artista invitando a que cada uno imponga su propia (y libre) decodificación. 

Juan Gerstl junto a su obra_ De la selva al mar
Juan Gerstl junto a su obra “De la selva al mar”. (Foto: Rodolfo Gerstl)

Entre otras curiosas anécdotas sobre su biografía artística y vital, Juan Gerstl relata que viviendo en Venezuela, empezó a aficionarse a los vuelos en parapente, y desde el cielo, mientras observaba las cordilleras montañosas de Caracas, soñaba con el Mont Blanc. De esta encrucijada biográfica nace una de las instalaciones presentes en la muestra, con cada una de las dos cordilleras, la venezolana y la de los Alpes, a cada lado de la “moneda” del destino.

En otra de sus piezas, “De la selva al mar” el espectador se ve inmerso en un recorrido de 9 metros a través de paisajes descompuestos en variedades tonales que, como cápsulas de aire de otras tierras, sumergen al participante en la exploración de sus propios recuerdos, deseos y nostalgias.

(Foto: Rodolfo Gerstl)
(Foto: Rodolfo Gerstl)

Con la llegada a España del artista, aparece el vino tinto y los colores de las encinas de los bosques de Castilla, y en otra esquina del recuerdo, una mesa con el azul patentado por Yves Klein como superficie, que se utiliza como “molde” y materia prima para la creación de la estructura a los pies de la galaxia que se presume tanto personal como universal.

La galaxia es infinita, las ideas son infinitas. Tenemos que utilizar ese gran tesoro que son nuestras ideas, nuestra mente”

La poesía geométrica de Juan Gertsl no describe una sola  experiencia del mundo, sino que es un mundo propio recogido en el ámbar de la perfección técnica, y desde la retina a la mente, propone un nuevo borde para lo real en el espectador atento.

Juan Gerstl junto a su obra “De la selva al mar”. (Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)
Juan Gerstl junto a su obra “De la selva al mar”. (Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)

La indagación en el lenguaje de la poesía se torna aquí una exploración sensorial, donde sus límites, contornos y profundidades invitan a dejarse llevar por la corriente de las formas, a la deriva de nosotros mismos, despreocupados de certidumbres y certezas. 

Dos de mis principales prioridades son perdurar en el tiempo y no ser egoísta

De forma tan clara y precisa como su obra, el artista expresa el impulso de su proceso creativo: “Dos de mis principales prioridades son perdurar en el tiempo y no ser egoísta. La primera, perdurar en el tiempo, queda patente en la utilización de materiales duraderos como el aluminio bidón, que se utiliza para revestimiento de fachadas de edificios. Es un material al que no afectan los cambios de temperatura, un material de vanguardia que no se dilata y donde la permanencia de las tintas es más duradera, así como la utilización de otros materiales como el metracrilato o el plexiglás. Son materiales tan resistentes que se acercan más a la fabricación de embarcaciones o maquinaria que las artes gráficas. La segunda, no ser egoísta, significa que la obra tiene que hablarte a ti, que yo no tenga que explicar demasiado para que puedas disfrutarla”, ofrece Gerstl a modo de invitación.

(Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)
(Foto: Rodolfo Gerstl / Galería Kreisler)

Con una renovada visión del arte cinético, pero fiel a la originalidad y vanguardia de su propia esencia,  Juan Gerstl ofrece una solución purificada para la belleza. La verdad, el orden, la sencillez y la armonía, también están presentes en la sala como acompañantes de las narrativas ocultas, invitando al viajero a proponer diálogos entre la galaxia de Juan y la de cada uno como espectador. 

Como final del viaje, en la última obra presente en la muestra, lo terrenal pierde presencia en favor del universo dorado plagado de estrellas que encabeza estas líneas. Poesía palpable, que volcada como tesoro al exterior, pareciera conseguir vencer el sentimiento que una vez expresó Camus: “Ante aquella noche cargada de signos y de estrellas me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo”.

Magnetismo, técnica, estética y profundidad contra la indiferencia de un mundo que merece la pena observar. Sin duda, el viaje continúa.


La Feria del Libro de Madrid, a ritmo de 'saudade' portuguesa

Redacción TO

Foto: Luca Piergiovanni
EFE

“Los madrileños son gatos. Y madrileños somos todos los que vivimos aquí, un rato, o toda la vida”, dice Ena Cardenal de la Nuez, la autora del cartel de la 76ª edición de la Feria del Libro de Madrid que comienza este viernes. “Todos somos gatos. Gatos que leen”, acaba diciendo. Y eso, leer, y disfrutar de la cultura, de los libros y de los autores es lo que harán todos aquellos que se acerquen al parque del Retiro desde este viernes y hasta el próximo 11 de junio.

Este año, el evento cultural por excelencia de Madrid rinde homenaje a la cultura portuguesa. Hay previstas actividades relacionadas con la literatura, el cine y la música para mostrar la riqueza y exaltar los valores de la producción cultural del país vecino.

La sesión inaugural de este viernes corre a cargo del ensayista y filósofo portugués, Eduardo Lourenço. Será a las 19 horas, en el Pabellón Bankia de Actividades Culturales y, como es tradición, la Familia Real acudirá por la mañana para recorrer el recinto y las casetas. Se espera que a la presentación acusa también el presidente portugués Marcelo Rebelo de Sousa.

La Feria del Libro de Madrid, esta vez, a ritmo de 'saudade' portuguesa
Cartel de la Feria del Libro de Madrid de este 2017. | Imagen: Feria del Libro de Madrid

A través de talleres, charlas, conferencias, conciertos y presentaciones de libros, numerosas personalidades de la cultura portuguesa participarán en este evento. El poeta Nuno Júdice (premio Reina Sofía de poesía iberoamericana) o Ana Luisa Amaral; el escritor Bruno Vieira, Premio Literario José Saramago 2015, o la cantante Lula Pena, considerada una de las grandes voces actuales del fado, estarán presentes en la Feria del Libro de Madrid.

Entre las actividades culturales programadas destacan los homenajes a Gloria Fuertes, José Luis Sampedro, Miguel Hernández y a la Universidad de Salamanca, que celebra su octavo siglo de vida. En la biblioteca municipal Eugenio Trías se han organizado presentaciones de libros, encuentros con autores, charlas, mesas redondas, entrega de premios y debates.

Las firmas de libros, entre lo más esperado

Pero una de las grandes atracciones de esta feria es poder acercarte a tus autores favoritos para que te firmen un libro. Periodistas, políticos, fotógrafos, jueces, artistas…, ya tienen cita en las casetas madrileñas para dedicar sus obras a todos aquellos que se pasen por el Retiro. Este año, entre muchos otros, estarán en Madrid la escritora sueca de novela negra, Camila Läckberg, también Ray Loriga, Arturo Pérez-Reverte, Chema Madoz, Antonio Pampliega, Pamela Palenciano, Julia Navarro o Fernando Grande-Marlaska.

En definitiva, durante más de 15 días, se podrá disfrutar de diferentes opciones literarias, musicales y filosóficas, tanto para mayores como para pequeños. Así, en el Pabellón Infantil están previstas actividades con objeto de que la lectura ayude a los niños a ejercitar la imaginación, la creatividad, la razón crítica, y sentar las bases para desarrollar una personalidad que, desde los cimientos, esté basada e impregnada de cultura.

La Feria del Libro de Madrid, esta vez, a ritmo de 'saudade' portuguesa 2
Este evento cultural se lleva celebrando en Madrid desde 1933. | Foto: Bernardo Rodríguez / EFE

La 76ª edición de la Feria del Libro de Madrid cuenta con 367 casetas, 488 expositores (24 organismos oficiales, 24 distribuidores y venta a crédito, 63 librerías especializadas, 53 librerías generales y 324 editoriales). Durante 17 días, registra un tránsito parecido al de los principales museos del país durante todo el año, según sus organizadores.

Este evento cultural se ubica en el Paseo del Duque de Fernán Núñez, en los Jardines del Buen Retiro. El horario de visita es de lunes a viernes, de 11 a 14 y de 18 a 21:30 horas. Sábados y domingos, de 11 a 15 y de 17 a 21:30 horas.

Los imprescindibles de la Feria del Libro

La Feria del Libro de Madrid, a ritmo de 'saudade' portuguesa

– Alfagura, caseta 246: ‘Rendición’, de Ray Loriga, y ‘Clavícula’, de Marta Sanz.

-Libros del KO, caseta 315: ‘El Mar es tu espejo’, de Catalina Gayà Morlà.


– Anagrama, caseta 224:
‘La Historia’, de Martín Caparrós (reedición).

– Blackie, caseta 162: ‘La conquista del cerebro’, de Daniel Tammet, y ‘El laberinto de Gloria Fuertes’, con más de 300 poemas, algunos inéditos.

– Tusquets, caseta 337: ‘Patria’ de Fernando Aramburu.

– Planeta, caseta 263: ‘Nuestra casa en el árbol’, de Lea Vélez.

– Malpaso, caseta 186: ‘Bowie’, sin aún no has podido ir a la exposición de Londres y ‘Cuando el diablo salió del baño’, de Sophie Divry.

Maullidos de autor: escritores y sus gatos

Clara Paolini

Foto: Pinterest

Existe un poderoso vínculo entre los felinos y la literatura, y buena prueba de ello son las cientos de fotografías que rescatan del olvido entrañables escenas de escritores en compañía de sus gatos.  ¿Por qué los autores sienten tal atracción por los mininos?, ¿de dónde proviene el magnetismo?

Tal y como señalaba David M. Barnett en un artículo publicado en The Guardian, muchos escritores justifican su obsesión por los gatos utilizando la cita del novelista, periodista y dramaturgo canadiense Robertson Davies, quien explicaba que “a los escritores les gustan los gatos porque son criaturas tranquilas, adorables y sabias, y a los gatos les gustan los escritores por las mismas razones”.

Cuenta la leyenda que Mr. Peter Wells fue el nombre del gato escritor H. G. Wells; Topaz, el de Tennessee Williams; Catarina, la gata de Edgar Allan Poe; Chopin, el de F. Scott Fitzgerald, y que a lo largo de su vida, Mark Twain disfrutó de la compañía de numerosos seres gatunos apodados Apollinaris, Beelzebub, Blatherskite, Buffalo Bill, Satan, Sin, Sour Mash, Tammany o Zoroaster. Los ejemplos son tan inabarcables como la propia historia de la literatura, pero entre el infinito elenco de maullidos y letras, rescatamos algunos de los casos más emblemáticos.

Jorge Luis Borges

Maullidos de autor: escritores y sus gatos
Borges y su gato Beppo | Foto: YouTube

Según sus biógrafos, Jorge Luis Borges tuvo dos gatos llamados Odín y Beppo. El primero, bautizado en honor al dios de la mitología nórdica, y el segundo, con el que posa en la fotografía, llamado Beppo, porque era el mismo nombre del gato que se cree que un día tuvo Lord Byron. En palabras de Borges, el gato “se llamaba Pepo, pero era un nombre horrible, entonces se lo cambié enseguida por Beppo, el gato de Byron. El gato no se dio cuenta y siguió su vida”.

A este felino le dedicó un poema en la obra La cifra, publicada en 1981.

El gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.

¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?

Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede al tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.

¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?

Patricia Highsmith

Maullidos de autor: escritores y sus gatos 2
Patricia Highsmith y su gato Spider | Fotos: RRSS

La prolífica autora de El Talento de Mr. Ripley Extraños en un tren mostró una gran pasión por los gatos, y la leyenda cuenta que llegó a tener seis, en su mayoría siameses. Dormían con ella, la observaban y rondaban por su mesa mientras escribía.

Highsmith llegó incluso a incluir a estos animales como personajes en algunos de sus relatos, y según declaró una amiga de la autora “encontraba en los gatos el equilibrio emocional” que los humanos no conseguían aportarle.

Ernest Hemingway

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Hemingway ofreciéndole un bocado a Snowball | Foto: JFK Library 

“Un gato tiene absoluta honestidad emocional. Los seres humanos, por un motivo u otro, pueden esconder sus sentimientos, pero un gato no”, aseguraba Hemingway. Su pasión por los felinos es un hecho tan corroborado que su casa en Key West, Florida,  convertida hoy en museo y visitada por los devotos del famoso escritor estadounidense, cuenta como uno de su mayores atractivos los seis gatos descendientes de Snowball, el gato que originalmente pertenecía al escritor y le acompaña en la imagen que encabeza estas líneas.

Jean Cocteau

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Jean Cocteu y su felino | Foto: Johnny Times

El poeta, novelista, dramaturgo y cineasta francés Jean Cocteau fue un gran devoto de estos animales y se dice que describía a su gato Karoun como “el rey de los gatos”. Diferentes fuentes indican que Cocteau explicaba su predilección diciendo: “Si prefiero los gatos a los perros, es porque no hay gatos policía (…) Me gustan los gatos porque me gusta mi casa. Y porque, poco a poco, se convierten en su alma visible”.

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Gato y figura | Jean Cocteau (1962)

Ray Bradbury

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Ray Bradbury con su gato | Foto: Pinterest

El signo del gato fue el título elegido para la colección de 21 cuentos que resumen la trayectoria literaria de uno de los grandes genios de la literatura norteamericana del siglo XX, Ray Bradbury. Además, en su libro Zen in the Art of Writing, el autor comparte su sabiduría con un consejo válido en toda circunstancia artística o creadora: “Este es el gran secreto de la creatividad. Trata a las ideas como a los gatos: haz que te sigan”

Doris Lessing

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Doris Lessing, confirmada amante de los gatos | Foto: The Great Cat

La ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2007, Doris Lessing, concibió todo un tratado sobre el amor humano hacia los gatos. En su libro de memorias  titulado On Cats, la escritora británica colecciona historias felinas que mercaron su trayectoria, desde su niñez en las granjas africanas pasando por los apartamentos londinenses de su juventud, hasta llegar a “El Magnífico”, el último gato con el que compartió hogar en la vejez. En otro de sus libros, Particulary Cats, la autora vuelve a aferrarse a los felinos para contar su propia vida demostrando que a veces, la compañía de estos animales resulta tan reveladora como la de cualquier humano.

Charles Bukowski

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Bukowski felino | Foto: Garuyo.com

El padre del “realismo sucio” declaró sobre los felinos impresiones con las que más de uno estará de acuerdo: “Caminan con una dignidad sorprendente, pueden dormir veinte horas al día, sin duda y sin remordimiento: estas criaturas son mis maestras”.

Julio Cortázar

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Cortázar y Teodoro W. Adorno | Foto: República Kafkiana

Un libro cuenta que el gato de Julio Cortázar se llamaba nada más y nada menos que Teodoro W. Adorno. Era un gato callejero, “negro y canalla”, que un día aterrizó en su vida en Saignon en el sur de Francia y que se materializaba cada vez que él y su mujer volvían a la localidad provenzal. Un día, Teodoro W. Adorno no sólo no volvió a la casa del escritor argentino, sino que al cruzárselo en el pueblo ignoró por completo al autor que le había dado un nombre tan bonito como rimbombante.

Truman Capote

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Capote en buena compañía | Foto: signosenrotacion.

El periodista y escritor estadounidense Truman Capote es el maestro detrás de joyas literarias como A sangre fría y Desayuno con diamantes, novela donde la aparición del gato es un símbolo clave y además sirve como herramienta para proporcionar el desenlace: “Somos un par de seres que no se pertenecen, un par de infelices sin nombre, porque soy como este gato, no pertenecemos a nadie. Nadie nos pertenece, ni siquiera el uno al otro”.

Colette

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Colette, la reina de los gatos | Foto: The Great Cat

La polémica novelista francesa autora de Gigi, cuya adaptación lanzaría al estrellato a Audrey Hepburn, fue descrita como la auténtica “mujer de los gatos”. En su novela The Cat, retrata el compromiso y la luna de miel de una pareja dividida por la exagerada devoción del hombre a su gato Saha: “No era sólo un pequeño gato”, pensó Alain. “Era la nobleza encarnada de toda la raza del gato, su indiferencia ilimitada, su tacto, su vínculo de unión con el aristócrata humano”. Palabras las de Collete que muestran una fascinación sin límites compartida por el resto de escritores que ocupan estas líneas.

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