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La inmortalidad incómoda de Roberto Bolaño

Romhy Cubas

…pugnada entre Anagrama y Alfaguara

“Yo no me siento el mejor narrador chileno, ni siquiera me preocupa eso. A mí lo único que me interesa en el momento de escribir es hacerlo con una mínima decencia, que no me avergüence al cabo de un tiempo de lo que he escrito, no lanzar palabras al vacío.”

– Roberto Bolaño

Roberto Bolaño Ávalos fue la voz de una juventud latinoamericana sembrada en los huesos de militancias y unas ansias de cambios que se sucedieron en ideologías contrarias; chileno de nacimiento pero con esencia de peregrino, como expresaba el 2 de agosto de 1999 en la ceremonia de entrega del Premio Rómulo Gallegos en Caracas -“A mí lo mismo me da que digan que soy chileno, aunque algunos colegas chilenos prefieran verme como mexicano, o que digan que soy mexicano, aunque algunos colegas mexicanos prefieren considerarme español (…) e incluso lo mismo me da que me consideren español, aunque algunos colegas españoles pongan el grito en el cielo y a partir de ahora digan que soy venezolano…”- se aferró al peligroso oficio de la ficción con maneras bohemias muy cercanas a la soledad y tribulación del París de Cortázar.

Heredero del boom latinoamericano de Borges y Vargas Llosa en todo su esplendor, confió en el triunfo eventual de sus creaciones y se apoyó en su memoria para plasmar una juventud errante y apasionada. Hoy su legado compite pobremente con la intriga de sus personajes Arturo Belano y Mario Santiago en “Los Detectives Salvajes” (1998) gracias a que el pasado marzo se dio a conocer que los textos del autor predilecto de Anagrama –editorial que publicó más de la mitad de sus libros en vida- abandonan la casa de publicaciones, de la mano de su viuda y albacea Carolina López, para transferir los derechos a Alfaguara por una cantidad que se rumorea superior a los 500.000 euros.

Alfaguara editaría a partir de septiembre la obra de Roberto Bolaño (1953-2003), un total de 21 títulos, así como dos textos inéditos: El espíritu de la ciencia ficción, y un libro de cuentos. El acuerdo alcanzado por la agencia Wylie y el sello del Penguin Random House Grupo Editorial ha avivado una novela editorial entre los conocidos y familiares de Bolaño, que muy difícilmente podrá alzarse con la altura de su legado. La polémica llega con contrapunteos y “dedicatorias” mediáticas que recuerdan que los inéditos póstumos se entretienen más con las sombras del mercadeo que con la esencia de la pluma de autoría.

Bolaño, adicto al café y con escasas horas de sueño, se montaba en el rock de los setenta, en infusiones de manzanilla con miel y en incontables cigarrillos para escribir; dejó una narrativa de corto y largo aliento que mezcló la ficción con la poesía y la ironía lacónica del humor, se aferró a los recuerdos para recrear una juventud articulada en éxodos y despedidas. Su patria fue la lengua, su obra un gran homenaje a una generación en la que le tocó emigrar y pugnar: terco, polémico, contestatario y litigante hasta de las razones sin razón, erudito burlón y lector implacable, murió de una dolencia hepática degenerativa a los 50 años un 15 de julio del 2003 a las 2:3 0am en Barcelona-España, a quien bautizó como “la ciudad más hermosa del mundo”.

El contrapunteo de los albaceas

Para la editorial Anagrama, Ignacio Echeverría –íntimo amigo y una especia de albacea por convicción del chileno- y para el editor de la casa Jorge Herralde, la decisión de mudarse de la empresa aparece con dramas inconclusos y romances controversiales del pasado. La editorial, que ha sostenido que no se le dio la oportunidad de pujar y pelear el legado del escritor como es costumbre en estas dinámicas del mundo literario, culpa a Carolina López, la viuda de Bolaño, de haber retirado sus títulos porque “formábamos parte de aquellos amigos íntimos a quienes nos había presentado a Carmen Pérez -con quien tuvo una relación sentimental y extramatrimonial- como su novia” aseguró Echeverría el pasado septiembre en un artículo para El Cultural. Carolina López debate asegurando que la voluntad de Bolaño siempre fue que su esposa e hijos gestionaran su obra y que el conjunto editorial actúa movido por “el despecho y la falsedad de sus acusaciones”.

En una nota publicada por El País el pasado 24 de noviembre titulada “La verdad sobre Roberto Bolaño”, López rompe el silencio que la ha caracterizado en los medios para afirmar que “la reciente publicación de la novela inédita El espíritu de la ciencia-ficción y la cesión de los derechos de la obra de Roberto a Alfaguara y no a Feltrinelli (sucesora de Anagrama) se debe únicamente a razones profesionales. La propuesta que realizó Alfaguara en el marco de las negociaciones en las que intervino mi agente, Andrew Wylie, fue mucho más ventajosa para la obra de Roberto. No solo en lo económico. Alfaguara tiene una mayor presencia en Latinoamérica, donde sus libros cuestan menos, algo fundamental para garantizar el acceso de los lectores a su obra”. En la misma carta explica la ruptura de su relación tanto con Jorge Herralde y Roberto Echeverría a causa de desengaños y transacciones que se llevaron a cabo sin su autorización; a Echeverría le achaca el haber difundido por correo electrónico a terceros el manuscrito inédito de El secreto del mal (2007) sin autorización o contrato alguno.

Roberto Bolaño y su esposa Carolina López
Roberto Bolaño y su esposa Carolina López

A sus declaraciones se suman las del agente estadounidense Andrew Wylie, mejor conocido como El Chacal , quien reafirma que los motivos del cambio de casa editorial no fueron sentimentales sino “puro negocio”. De este lado del ring Anagrama cita una lista de agravios expuestos por reediciones del escritor que la viuda no autorizó. Del otro lado, el de los amigos y editores de Bolaño, Echeverría sostiene que la lista de proyectos en torno a Bolaño interferidos por los vetos de Carolina López es numerosa, y que esta venía cortando sus relaciones con “gran parte de quienes constituyeron el entorno más cercano a Bolaño durante los últimos años de su vida” (23 de septiembre artículo publicado en El Cultural).

El secreto del mal edición de Ignacio Echeverría en Anagrama.
El secreto del mal edición de Ignacio Echeverría en Anagrama.

Como prueba recurre a la reedición en Ediciones Universidad Diego Portales de Bolaño por sí mismo, una selección de entrevistas con Roberto Bolaño armada por Andrés Braithwaite, amigo del escritor y prologado por Juan Villoro, o el puñado de cuentos y de narrativas inéditas tituladas: El secreto del mal, que se pospuso por varios años por “la determinación de Carolina López de apartarme en lo sucesivo, siquiera fuera como consultor, de toda decisión sobre el legado de Bolaño”.

Bolaño tuvo dos hijos con López nacidos en 1990 y el 2001, con quien mantuvo una vida familiar en Blanes-Cataluña. Con Pérez de Vega tuvo una relación amorosa a los largo de unos seis años que abarcó viajes, actos públicos y reuniones con amigos. Fue Pérez la que lo trasladó al hospital Vall d’Hebron donde murió y quien llamó a su esposa Carolina para que acudiera al lugar.

Entre libros reembolsados y “bolañeros” desconfiados

A todo esto se suma la noticia de que las librerías que hayan comprado “en firme” los títulos de Bolaño pueden venderlos hasta acabar en existencias los títulos que el escritor  publicó en la editorial Anagrama; sin embargo; los establecimientos españoles que tengan los textos en depósito los deberán entregar a la distribuidora Les Punxes antes del día 31 de diciembre.

La novela inédita de Bolaño El espíritu de la ciencia ficción, que ya se puede encontrar en las librerías, está ambientada en un México análogo al de Los detectives salvajes dentro un núcleo de afectos bohemios y literarios que recorre la historia de dos jóvenes poetas latinoamericanos, Jan y Remo, que buscan vivir de la literatura en el México de los años setenta. Ellos confían en el mito de ganarse la vida con la literatura. En el libro se mezcla la narrativa realista con la onírica –los sueños de uno de los protagonistas-

La historia inicia con la transcripción de una hipotética y descabellada entrevista realizada por una reportera a un escritor premiado durante la misma noche de entrega del galardón.

Para Alfaguara, el libro cobra especial rele­vancia porque “puede leerse como una suerte de previa historia de adolescencia de aquellos salvajes sabuesos literarios. Los años de formación poética, de ini­ciación al sexo y de incipientes pesquisas detec­tivescas de Bolaño”.

Bolaño en librerías via El Rincón del bibliotecario.
Bolaño en librerías via El Rincón del bibliotecario.

Pero las críticas sobre el pulso narrativo del texto inédito y las diferencia entre clásicos como Los detectives salvajes y 2666 han puesto a los “bolañeros” a reflexionar sobre la esencia de la obra, que para muchos reside más en las fotografías de los manuscritos de Bolaño, donde se puede intimar con su manera de trabajar y organizarse. Sus seguidores se disputan inevitablemente si este “inédito póstumo” sería autorizado por el chileno de seguir con vida, si lo consideraría como un trabajo concluyente y digno de publicarse o simplemente formaría parte de borradores que nunca pretendieron ver los estantes de las librerías; los más apasionados se preguntan si la comprensión global de la obra de Bolaño se verá o no afectada por esta nueva publicación.

Bolaño terminó El espíritu de la ciencia-ficción en Blanes en 1984. Según declaraciones de Pilar Reyes, su editora, “El manuscrito está fechado y firmado, y son tres las libretas que lo contienen, en tres etapas de la escritura: notas, primer borrador y transcripción en limpio. Existe una cuarta libreta con la entrevista que integra la parte inicial del libro, con indicaciones exactas del autor de dónde debe ensamblarse”.

El mito de la obra póstuma

Desde la muerte del escritor se han publicado siete títulos, editados todos por Anagrama: El gaucho insufrible2666Entre paréntesisEl secreto del malLa Universidad DesconocidaEl Tercer Reich y Los sinsabores del verdadero policía. A ellos se adhiere ahora  El espíritu de la ciencia-ficción, una novela iniciática que indica importantes antecedentes de una de sus obras más emblemáticas: Los detectives salvajes.

Bolaño no se encuentra presente para zanjar esta querella editorial de acusaciones y voluntades sospechosas. Es el albacea o el heredero quien decide, a falta de otra opción, este tipo de arbitrajes; aunque los textos póstumos y de ultratumba de estos mitos literarios raramente superan la obra publicada en vida.

Roberto Bolaño exhibiendo el Premio Herralde por Los detectives salvajes junto a JH y Sergio Pitol, ganador de la segunda edición del premio con El desfile del amor (1998) | Foto: Anagrama.
Roberto Bolaño exhibiendo el Premio Herralde por Los detectives salvajes junto a JH y Sergio Pitol, ganador de la segunda edición del premio con El desfile del amor (1998) | Foto: Anagrama.

Roberto Bolaño tuvo en eco mediático y un aplauso de la crítica mundial imbatible, se convirtió en un autor de culto que llegó al mercado Norte Americano y que antes de morir ya sonaba en deliberaciones de la Academia de Suecia. Para los íntimos y dolidos, cercanos de Bolaño, se está llevando a cabo una operación “borrado” de un segmento de su memoria retocada y censurada bajo el interés de su viuda y sus dos hijos; para su familia la decisión se sujeta a “negocios” y no a materias personales, pero como escribió el mismo autor por allá por los noventa: «Hay momentos para recitar poesías y hay momentos para boxear». Roberto Bolaño Los Detectives Salvajes 1998

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7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Nerea Dolara

El asesino y líder de un culto se convirtió en icono pop y ha sido el sujeto de muchas creaciones culturales. Ahora que ha muerto te recomendamos desde libros hasta podcasts sobre este tenebroso personaje que tanta obsesión ha generado desde los sesenta.

No es un secreto que los asesinos despiertan una oscura curiosidad en la gente “normal” (véase Seven o más recientemente Mindhunter, por ejemplo). Tampoco lo es que gracias a esa pulsión la cultura les ha dedicado muchas horas y páginas a sabiendas de que siempre habrá personas interesadas en saber más. Uno de los asesinos que se ha mantenido como una enorme figura influyente, incluso tras años de cárcel, es Charles Manson. El hippie que quería ser músico y que terminó liderando varios sangrientos asesinatos murió esta semana, pero su presencia sigue siendo amplia y poderosa en la cultura. Manson y sus crímenes están en todos los géneros y aquí revisamos su presencia en la cultura y qué puedes mirar, leer o escuchar si quieres descubrir su larga influencia en la cultura.

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Un libro

Las chicas tuvo un éxito inusitado el año pasado. No es de extrañar. La primera novela de Emma Cline relata, con nombres cambiados, la experiencia de una chica de clase media que deja su casa para unirse a un grupo de casi adolescentes que viven con un gurú, una clara referencia a Manson y La Familia. La novela retrata con maestría el momento histórico y la capacidad de Manson de atraer, seducir y someter. Su cariño y su violencia, su volátil personalidad. Y retrata a las chicas, todas amantes, todas jóvenes, todas perdidas. Una novela que no romantiza un tiempo que muchas veces se ha visto como idílico, que relata una historia dura y a la vez capaz de enganchar.

7 elementos de cultura pop para conocer a Charlie Manson

Un disco

The Downward Spiral, de Nine Inch Nails (1994), no sólo recicla letras de Mechanical Man, una canción de Charles Manson, e incluye una colaboración con Marilyn Manson (cuyo apellido falso proviene claramente del nombre del asesino), sino que se grabó en 10025 Cielo Drive, la casa en que Sharon Tate y sus amigos fueron brutalmente asesinados y donde Trent Reznor construyó un estudio al que llamó Pig (en referencia a las pintadas que los asesinos dejaron en las paredes). Reznor luego reconoció que tal vez esto fue un error. The Guardian lo cita explicando que poco después se encontró con la hermana de Tate que le reclamó por explotar la muerte de Sharon. “Por primera vez pensé: ¿Y si fuese mi hermana?. Pensé: Que se joda Charlie Manson. No quiero que me vean como alguien que apoya a un asesino en serie”.

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Un ensayo

The White Album es un extenso ensayo en que Joan Didion analiza -posteriormente, se publicó en los setenta pero habla de su vida en la California de los sesenta- el fenómeno hippie y de la contracultura en California y su vida en ese tiempo. Los asesinatos perpetrados por La Familia aparecen en el libro y Didion los identifica como los responsables de la muerte de un momento, de un espíritu libre y despreocupado. California se llenó de paranoia y miedo. Y cuando Manson, el perfecto ejemplo del hippie descarrilado (el discurso dominante en los medios) fue detenido, el flower-power recibió su última estocada. Didion entrevistó a Linda Kasabian, una de las asesinas y amantes de Manson, más de una vez, de hecho le compró el vestido que llevó a su juicio. Y en el libro relata estas conversaciones.

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Una serie

Aquarius no tuvo demasiado éxito, pero claramente cuenta la historia de los comienzos de Manson y lo que va a venir después. Un policía, completamente conservador y que rechaza a los hippies, interpretado por David Duchovny, sigue la pista de una adolescente desaparecida que se une al grupo de un gurú. La serie se toma libertades, pero resulta un ejercicio interesante.

Una canción

Death Valley 69, de Sonic Youth, hace referencia directa a Manson, La Familia y los asesinatos. La canción fue llamada por Rolling Stone “la mejor fusión de punk y estética de película de terror que ha hecho la banda”.

Un podcast

You Must Remember This es un excelente podcast sobre historia de Hollywood que hace Karina Longsworth, antigua jefa de cultura del L.A. Times. ¿Qué hace la historia de Charles Manson en su podcast? La serie de 10 episodios sobre el asesino existe en sus archivos porque, como sabrá casi todo el mundo, los discípulos de Manson mataron, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, esposa de Roman Polanski. Las muertes afectaron no sólo al país y al verano del amor, que mucha gente considera que murió en ese instante, sino al mundo del cine. Profundamente investigada, la serie relata la completa historia de Manson y cómo pasó de ser un extraño y violento aspirante a músico a líder de un culto con tendencias asesinas. Una joya del periodismo y un excelente retrato de ese tiempo y este personaje.

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Una película

Manson (1973) es un documental nominado al Oscar en que el cineasta, Robert Hendrickson, tuvo total acceso al rancho que era hogar de La Familia y entrevistó a sus miembros antes, durante y tras los juicios por los asesinatos Tate-LaBianca. También habla con ex miembros de la familia y muestra segmentos de noticias y análisis del momento en televisión. El documental presenta la visión que tienen los seguidores de su líder y de lo que defiende. Interesante y aterrador.

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Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso"

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Benedict está acostumbrado a firmar sus libros con el apellido Wells, pero lo que la verdad oculta es que se apellida von Schirach y que Wells, más que un alias artístico, es un homenaje al personaje de John Irving en Las normas de la casa de la sidra. Lo escogió con un motivo poderoso: “Él es la razón por la que escribo”.

Benedict Wells (Múnich, 1984) –uno de los autores más reconocidos en Alemania– ha estado en España por la publicación en castellano de su última novela, El fin de la soledad, a cargo de la editorial Malpaso, y es un hombre de rostro tranquilo, alto y delgado, con el pelo frondoso y castaño, que esconde tras de sí una historia fascinante. En el libro queda mucho de esa esencia y desde bien pronto, apenas en el segundo capítulo, viene a decirnos cómo se rompe una familia en mil pedazos después de que tres hermanos preadolescentes –Marty, Liz y Jules– pierdan a sus padres en un accidente de tráfico, sin otra salida que continuar con sus vidas en un internado público.

Cuando Benedict escribe sobre la soledad, lo hace desde el corazón y desde el estómago. Benedict supo desde joven que quería ser escritor y con 19 años se fue de Múnich a Berlín, que en 2003 era “una ciudad barata”, “perfecta para la gente que, como yo, no tenía dinero”, tomando un camino que nadie le aconsejó. “Mi vida era miserable”, recuerda. “No fui a la universidad. Los primeros años tras el instituto los viví muy solo, en un apartamento horrible, con la ducha en la cocina. Trabajé en varios empleos temporales, y escribía por las noches. Trabajé de camarero, en la taquilla de un cine, de recepcionista en un hotel, más tarde en un show televisivo que estaba bien, pero al que tuve que renunciar porque no me dejaba tiempo para escribir. No tenía otra vida. Sentía que debía invertir todo mi tiempo en escribir”.

Y continúa: “Hay mucha gente con talento. Pero, para mí, el talento no era el campo en el que podía marcar la diferencia. Lo único que estaba dentro de mi área de control era mi voluntad y mi esfuerzo. Pensaba que nadie estaba tan loco con 19 años como para tener esa vida solitaria y extraña de escribir todo el tiempo. Pensaba que muy pocas personas podían mantener ese ritmo después de dos años. Dediqué todo lo que tenía a la escritura y, después de un par de años, vi que era mejor que cuando comencé. Aun así, seguía pensando que necesitaba dos o tres años más, quizá cuatro. Mi vida era muy solitaria. Tan solitaria que podía pasar cinco semanas sin hablar absolutamente con nadie. Allí estaba yo, solo y escribiendo”.

Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso" 1
Portada de ‘El fin de la soledad’, de Benedict Wells. | Imagen: Malpaso

Lo más difícil de todo aquello, cuenta, más incluso que la reclusión y el olvido, era el modo amargo en que sus amigos y familiares renegaban de su esfuerzo. “Nadie me entendía”, dice, con gesto serio. “No podía demostrar que tenía el talento necesario. Habían pasado cuatro o cinco años y seguía sin publicar. Tenía 23 y algunos amigos veían mi apartamento, veían que no estudiaba, que no tenía una red de seguridad, y me decían: ‘Vamos, tienes que buscarte algo más estable’. La presión estaba ahí y era tal que estuve pensando en salir de Alemania. En cada conversación había un recordatorio de mi fracaso. Mi gran ventaja, de algún modo, era que mis padres no tenían dinero, así que podían apoyarme emocionalmente, pero no económicamente. Era totalmente libre. Aunque me pesaba la presión de que no pudieran entenderlo. Yo mismo… estaba esperando a que alguien me animara a intentarlo”.

Dice, con la memoria puesta en sus años en Berlín, que tuvo que luchar contra la soledad y el rechazo, pero también contra sus momentos de ansiedad y vacilación. “Me pasaba el día entero pensando que era un fracasado, que no valía lo suficiente”, dice. “Pero me sentaba frente al escritorio y pensaba que no había nada mejor que pudiera hacer. Vivía todo el tiempo entre dos extremos: excitado por escribir y contar una historia o deprimido porque pensaba que no tenía talento. Lo que me hizo seguir es la voluntad de contar historias. Pensaba que quizá no fuera tan bueno, pero quería terminar lo que había comenzado”.

Conforme Benedict se expresa, los recuerdos se van haciendo sólidos. Casi dibuja imágenes. Dice: “Recuerdo el día que descubrí a Michael Chabon. Simplemente leyendo Chicos prodigiosos y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, viendo cómo escribía, cómo jugaba con el lenguaje, sentía que tenía que volver a escribir. Sabía que la literatura era mi vida y estaba dispuesto a fracasar. Prefería fracasar que arrepentirme por no haberlo intentado. Temía más al arrepentimiento que al fracaso”.

Dice que fue en el último instante que apareció un agente, justo cuando tenía planeado su viaje a Escocia. Después de tantos años, la editorial en alemán Diogenes –muy prestigiosa y conocida por publicar un único libro al año– se interesó por él y terminó por publicarle su primera novela, El último verano de Beck. Su nombre fue, definitivamente, cobrando más y más fuerza. Publicó tres novelas más con este sello.

“Uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real”

Probablemente su entereza y vocación exclusiva, su capacidad para no torcer el brazo, habrían sido imposibles de no haber soportado un duro entrenamiento previo –vivió de los 6 a los 19 años en un internado público por una grave situación familiar, como Marty, Liz y Jules–. Le pregunto por esta circunstancia, y habla de ello con naturalidad y sin resignación. “Creo que la independencia fue lo primero que aprendí en el internado”, dice, con la mirada puesta en una taza de café que apenas ha probado. “Pero entre los niños que estábamos allí, yo era un afortunado. Allí había niños que habían sufrido abusos, había refugiados… Al menos yo tenía unos padres que me querían. Los otros niños de mi clase iban con padres adoptivos, y yo me iba con los míos. Era extraño. Quizá para mis amigos, que han sido amados y han tenido una infancia protegida, habría sido más difícil”.

La vida de Benedict Wells es fascinante, decía, y en parte lo es por todo a lo que tuvo que renunciar. Le pregunto por las cosas que quedaron en el camino, si las echa de menos. Benedict responde que sí, sin reservas, y explica que es la razón por la que se mudó a Barcelona. “Tenía 26 años, había publicado mi primer libro y sentía que me había perdido muchas cosas”, dice. “Me di cuenta de que uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real. Echo cosas de menos, sí. Pero todo tenía un propósito. Me habría gustado disfrutar de lo que llaman la vida del estudiante, pero luego estuve tres años y medio en Barcelona, y más tarde traté de imitar la vida del Erasmus en Montpellier. Me esforcé por hacer lo que no había hecho, y claro que no era lo mismo. Pero nunca dudé del camino que había tomado: amo la escritura y volvería a hacer lo mismo”.

Ahora Benedict es un autor respetado en Europa, sus libros se venden por cientos de miles, y en su país concede raramente entrevistas: es, la mayor parte del tiempo, un hombre solitario. Con todo, más allá de las ventas y de los premios y de ese reconocimiento intangible que es la admiración de sus lectores, todavía experimenta, de vez en cuando, la amargura del rechazo. “Recientemente escribí un artículo sobre el tren transiberiano y traté de venderlo a los periódicos”, cuenta, divertido. “Una vez más: rechazado-rechazado-rechazado. Me di cuenta de que todavía era posible. No hay garantías. Todavía puede ocurrirme”.

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Benedict Wells, fotografiado en Madrid. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

“Después de todos estos años”, le pregunto, “¿qué significa para ti el fracaso?”.

Benedict se toma ocho, nueve segundos, busca una respuesta: “A veces es difícil asimilar que es inherente al ser humano, simplemente inevitable”. Hace una nueva pausa: “Vamos a fracasar y vamos a tener que lidiar con ello. Nada puede protegernos del fracaso. Lo único que puede cambiar es tu actitud. Por supuesto que existe aquella teoría de que el fracaso te hace más fuerte, y de que puedes aprender de ello. Pero hay fracasos de los que no puedes extraer nada. Probablemente ni siquiera puedas cambiar de actitud, pero tienes que esforzarte por hacerlo. Intentar aprender de tus fracasos, intentar hacer las paces con ellos. Es la única manera: intentarlo”.

Benedict, en su camino hacia el fin de la soledad, siempre encontró la literatura. “Es, definitivamente, una parte muy importante en mi vida. En ambas direcciones. Hacia fuera, mi pasión y mi profesión. Hacia dentro, el sentimiento de que no estás solo, de que puedes encontrarte a ti mismo en muchos libros, de que puedes sentirte a salvo”. Entonces habla de Harry Mulisch y de Kazuo Ishiguro, al que admira profundamente y llama profesor, y menciona Los restos del día y Nunca me abandones. Dice: “Hay pocos libros que me hayan cambiado de verdad, y estos son dos de ellos. Los leo y me pregunto: ‘¿Por quéee? ¿Cómo logró manipularme así? ¿Por qué me siento así?’. No es algo que esté entre las páginas. Trato de estudiar estos libros. Los libros que amo son mis profesores“.

Luego Benedict regresa a la idea de que la literatura, en el mejor de los casos, nos ayuda a sentirnos menos solos. “Es la primera experiencia cuando lees”, continúa. “No estás tan solo. Lo que realmente amo de la literatura es que es completamente distinta al resto de artes. En un cuadro, en una fotografía o en una película, todo está acabado. Puedes consumirlo. Pero un libro es simplemente blanco y negro. Todo viene de dentro. Tienes una página y todo depende de ti”.

Y concluye: “Hay algo que me fascina de la literatura: te deja a solas con la historia que tú has construido dentro de ti“.

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La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago

Romhy Cubas

Reflexionar en pasado, presente y futuro tiene un eco de responsabilidad innegable en la literatura. La ficción es solo otra forma de contar la realidad, sobre todo cuando esta se tambalea en su propia deshumanización. Uno de los escritores que en vida siempre insistió en presentar esta crítica en formato de ensayos ficticios e utópicos fue José Saramago, Premio Nobel de Literatura en 1998 y autor de novelas como El Evangelio según Jesucristo (1991), Ensayo sobre la ceguera (1995), Todos los nombres (1997), La caverna (2000), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004) y El viaje del elefante (2009).

El escritor portugués se afincó en la imaginación y las ironías de esa ficción tan parecida a la realidad para crear ensayos literarios con un mensaje universal que advierte contra los status quo y la contradicción del poder político.

Recordar a Saramago es entender que entre la lucidez y la ceguera hay una línea tan delicada como los fracasos políticos y sociales que cada día se afincan más en el periódico de las mañanas.

Las hipótesis de Saramago son más que conjeturas. Cuando creó aquél país en el cual más del 80% del electorado de su capital decidió votar en blanco en los comicios municipales, abrió la grieta para entrever una crisis institucional que en el presente no necesita de votos en blanco para desarrollarse. Ensayos sobre la lucidez es una crítica a la “democracia” y sus instituciones, el cuestionamiento de un sistema mediante el silencio y una papeleta en blanco. Un ensayo que luego de su publicación en el 2004 provocó molestar, sobre todo entre ciertas posiciones políticas, por el hecho de satirizar una democracia mucho más endeble de lo que quisiera aparentar.

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago 1
Portada de Ensayo sobre la lucidez de José Saramago editado por Alfaguara.

Esa conjetura del voto en blanco no permanece enclaustrada en las páginas de la literatura. En Argentina en las elecciones de 1957 la proscripción y prohibición del peronismo en los comicios electorales por parte de La Revolución Libertadora provocó que desde el exilio Perón utilizara el recurso del voto en blanco como una forma de protesta entre sus acólitos. Más que un recurso fue una exigencia a distancia. Una demanda que tuvo éxito cuando el voto en blanco fue mayoría en las urnas de aquél año con 2.115.861 votantes. Sin embargo, en este escenario el voto en blanco seguía siendo un voto para un representante, y en Ensayo sobre la lucidez Saramago plantea una población totalmente insatisfecha con todos los nombres y partidos políticos; personas de todas las edades, ideologías y condiciones sociales se manifiestan contra la política como un género.

En la realidad, los votos en blanco son considerados por la ley de muchos países como votos válidos que se tienen en cuenta en la primera fase del escrutinio, cuando se procede a la barrera del 3% de los votos en cada circunscripción.

“Mal tiempo para votar” apunta Saramago en este ensayo que hace demasiados guiños al presente y sus disyuntivas. Uno en donde el voto ha perdido esa fuerza democrática por la que se libraron batallas. En la historia del Nobel los votos válidos no llegan al 25% del escrutinio, los políticos inquietos intentan hallarse en el resultado inesperado, el gesto capaz de mover montañas para evitar conjeturas internacionales y desastres nacionales. Los miembros del Gobierno implantan entonces un estado de sitio para protegerse a sí mismos, la máquina política se pone en marcha y entran factores tan desafortunadamente comunes como la corrupción, la manipulación de los medios de comunicación, las falsas promesas y los discursos de intimidación.

Esta opción del voto en blanco no fue respaldada por el escritor en la vida real, sin embargo Saramago siempre dejó clara su posición ante la historia y sus contadores. “La historia se escribe desde el punto de vista de los vencedores, los vencidos nunca han escrito la historia. Y se escribe, fatalmente, desde un punto de vista masculino”.

Una ceguera anunciada

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago 2
Adaptación cinematográfica de “Ensayo sobre la ceguera” dirigida por Fernando Meirelles en el 2008.

Luego está el Ensayo sobre la ceguera, o antes, si se considera que la novela fue publicada una década previa al Ensayo sobre la lucidez, en 1995, y que es de hecho la precuela de un mismo país propenso a las pandemias sociales.

“Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran”, escribe Saramago en este ensayo en donde utiliza la deshumanización y el egoísmo de una especie que intenta sobrevivir a una ceguera que traspasa los límites físicos y se establece como una epidemia moral. Sus personajes experimentan la falta de luz desde un semáforo, un cine, una caminata por el parque. Entonces la capacidad para ver se vuelve una parábola que se deshace en la naturaleza humana. “Lo que quería era no tener que abrir los ojos”.

La incertidumbre de la civilización y la inestabilidad de  sus acciones se asemejan  a un entorno que se repite como la historia, intentando aprender de sus errores pero sin conseguirlo por completo. Y es que esta ceguera no es una simple ausencia de luz, al contrario es una  “blancura insondable como el sol dentro de la niebla” que se expande cual gripe de invierno.

La reincidencia de la ceguera y lucidez de José Saramago
Portada de Ensayo sobre la ceguera de José Saramago editado por Alfaguara.

La vigencia de las novelas de Saramago permanece en esa especie de experimentos sociológicos que reflexionan disfrazados de ficción sobre el presente. El voto en blanco como crisis institucional, la sátira crítica de la democracia, la ambivalencia del color blanco como instrumento de ceguera y lucidez. El debate necesario e imperativo a través de una literatura que a propósito, carece de signos de puntuación.

Saramago murió de leucemia en junio del 2010, hace ya un poco más de siete años, pero de sus ensayos quedaron debates e hipótesis vigentes que aunque se expresan entre los extremos de la literatura, es necesario releer para evitar esa ceguera de luz y de lucidez que reincide con una confianza peligrosa en la actualidad.

“Hoy es hoy, mañana será mañana, y es hoy cuando tengo la responsabilidad, no mañana si ya estoy ciega. Responsabilidad de qué. La responsabilidad de tener ojos cuando otros los han perdido” 

Ensayo sobre la ceguera. José Saramago.

  

Continúa leyendo: Claudia Piñeiro: “En la actualidad el pensamiento es un símbolo que se reparte como las banderas en España"

Claudia Piñeiro: “En la actualidad el pensamiento es un símbolo que se reparte como las banderas en España"

Ariana Basciani

Foto: Alejandra López
Penguin Random House

La escritora y guionista argentina, Claudia Piñeiro, pasa por Madrid en medio de la álgida situación política en España. Su libro Las maldiciones (Alfaguara, 2017) no puede estar más acorde con el momento, ya que es un thriller que se adentra en cómo la nueva política ha cambiado la sociedad y sus valores, vanagloriando el pragmatismo y el engaño, perdiendo lo esencial del pensamiento crítico y centrándose solo en el individualismo y la ambición de poder.

Piñeiro dispone de una prosa ágil, con humor, enriquecida con datos históricos –aunque ella misma diga que no podría escribir una novela histórica- y con un estilo fácil, sin caer en simplezas.

Antes de que deje Madrid, se tomó unos minutos para hablar de su nueva novela y sobre cómo ha cambiado el pensamiento político tanto en los representantes del gobierno como en nosotros, los votantes.

Aunque en Las viudas de los jueves o Betibú ya tocabas el tema político ¿qué te motivó a centrarte en la política en Las maldiciones?

Normalmente yo arranco de una imagen disparadora. En este caso, no necesariamente tenía que ver con política; era esa escena en la que el líder político está en la playa con su asistente, Fernando Rovira y Román Sabaté. En el momento en que lo pensé, no sabía que pertenecían a un partido político, para mí eran un líder y su aprendiz, un jefe y su empleado; con una relación de poder en la cual el jefe cree que le puede pedir algo personal a su empleado y este tiene que decidir si lo hace o no, incluso contra sus principios. Cuando yo pensé en esta imagen que tenia mucho que ver con la relación del amo y el esclavo de Hegel, me imaginé esa escena en una playa: al chico desorientado, pensando “acepto, porque si no pierdo este trabajo, o no lo acepto”, y me pregunté en qué mundo puede transcurrir esto de una manera más rica y más potente. Y el mundo de la política es un lugar adecuado, porque es un lugar donde están las ambiciones y necesidad de subsistencia de muchos personajes. Allí se iba a dar esta historia mejor. Además, para los argentinos es un mundo de todos los días, vas a la panadería, vas en el colectivo o llegas a tu casa y encuentras un programa que está hablando de política; te da para contar un montón de cosas, interesantes, ricas. Mis otras novelas, como Las viudas de los jueves o Betibú, son políticas en cómo cuentan la sociedad, pero la política no era la protagonista.

Hablas de que la política es un tema común en Argentina, quizás en Latinoamérica y en Estados Unidos desde el mandato de Trump, ¿cómo crees que será acogido este nuevo libro por los lectores españoles?

Los escritores tratamos de escribir historias universales, aunque estemos hablando de la particular de nuestro país. Yo acabo de terminar Patria de Aramburu, que transcurre en el país vasco, y yo lo siento propio así sea un mundo en el cual no vivo. A mi me gusta que me cuenten las cosas que no conozco de ese país, pero hay muchas cosas que cuenta de los conflictos personales que son perfectamente trasladables a Argentina o a Latinoamérica. Eso de que la sociedad se divide porque unos piensan de una manera y otros de otra es fácilmente entendible y como el autor va acompañando los personajes te lleva a sentir empatía permanentemente. Entonces la novela es una novela de conflicto, de personajes con las que cualquier lector de estos países puede identificarse. Después hay otras cuestiones muy particulares de la Argentina, de otros países latinoamericanos o de España. Habrá lectores a quienes les interese cosas así y a otros menos. Siempre en un libro uno se apoya más en un aspecto que en otro, pero eso ya tiene que ver con los lectores, no tiene que ver con si se es un lector español o de un país determinado. En este caso, cada lector decidirá si le da más importancia o se entusiasma con lo que les pasa a estos personajes.

¿Hay alguna inspiración autobiográfica en el personaje de La China o de Macri con el personaje de Fernando Rovira?

Siempre la gente trata de hacer relaciones y en definitiva, a mi como escritora me pasa y quizás a otros escritores también, que los personajes son una mezcla de gente que uno conoce y uno le va incorporando características a muchas personas y hasta de uno mismo. La China, por ejemplo, fui extrayendo rasgos de muchas amigas mías periodistas, sobre todo del oficio, preocupadas por hacer su trabajo bien y que tienen que padecer un montón de cosas propias del mundo editorial y de la prensa; pero no es ninguna de ellas. Sí le he sacado cositas que me interesan a distintas personas y me las he apropiado para este personaje. En cuanto al político, la relación es muy directa porque tiene que ver con una forma de hacer política relacionada con el marketing, con los nuevos discursos. El personaje de Fernando Rovira no tiene nada que ver con Macri, yo creo que no hay ninguna relación entre los dos; los dos sí pertenecen a un tipo de partido que es lo que llamamos la nueva política, gente que viene del mundo empresarial con sus herramientas del manejo de empresas, con las que se puede dirigir un país; a veces tienen éxito, otras veces no. Es la política que se asienta en los asesores de imagen, en los focus group. En ese sentido el partido que yo invento en la novela, Pragma, es parecido al partido de Macri, pero es parecido al de otros países en Latinoamérica o en cualquier otra parte. De alguna manera, Trump por la derecha o Macron por la izquierda, son dos construcciones hechas desde la publicidad del marketing, y no desde partidos tradicionales que han venido batallando un discurso de ideologías.

 

Volviendo a los personajes y a la novela, si el verdadero libro de La China es “Las maldiciones”, ¿sería entonces “La maldición de Alsina” el verdadero libro de Claudia Piñeiro?

En esta novela el personaje de La China tiene un proyecto de libro sobre un hecho histórico. Yo nunca hice investigación historia para una novela, me costaría hacerlo, me sentiría muy presionada. Es muy probable que nunca escriba una novela de este tipo porque sentiría que no tengo todos los elementos, que no sé exactamente qué pasó. Sin embargo, sí puedo permitirme esas cuestiones en la ficción, de ir hacia la historia y si no ha ocurrido exactamente así no importa, porque es una ficción y el lector lo sabe.

Al personaje de la China le pongo cosas de mi mundo, relacionadas con la dificultad para publicar y la comunicación con los editores. Esos momentos cuando los editores te dicen: “tenés que pensar en un libro que venda, pero no, métele un muerto”. Entonces de alguna manera al hablar de la política y los políticos no quería dejar de lado también la hipocresía en el mundo editorial para algunas cosas. A mi me gusta reírme o hablar de determinados temas pero también incluirme, por ello también está incluido el mundo editorial y con lo que tenemos que transar algunas veces los escritores para poder publicar un libro.

Una especie de crítica

Sí, no mirar solamente la paja en el ojo ajeno, sino también en el propio.

Claudia Piñeiro: “En la actualidad el pensamiento es un símbolo que se reparte como las banderas en España" 1
Portada de Las maldiciones | Imagen vía Alfaguara

¿Es un libro para reivindicar la vieja política en los tiempos convulsos que vivimos?

No en todos los aspectos, porque la vieja política nos ha llevado a este punto. Pero sí rescatar cuestiones de la ideología, como comentabas parece que estamos ante una perdida de las ideologías, de que son algo malo y las ideologías implican una reflexión, un pensamiento critico. Uno no debería embanderarse detrás de una ideología porque sí, sino porque leíste, porque estudiaste, porque tenés los elementos para tomar una decisión. Y un político de la vieja política te daba un discurso que estaba lleno de contenido y de ese contenido tu podías sacar tus conclusiones; ahora lo que te dan es una apelación de marketing para que le compres el producto. Hay una reflexión menor, como instantánea, me dices esto y voy ya y lo voto. Antes había una reflexión acerca de la política, del bien común, de lo que es bueno para un país, una mirada más de estadista; ahora se parece más a un CEO de empresa, donde hay que generar determinado resultado. En ese sentido sí está la añoranza de ese discurso político anterior, de la reflexión, del pensamiento critico.

¿Allí estaría la maldición? en cómo se ha pervertido el lenguaje…

Lo más doloroso es que nos han robado la palabra relato, el relato es una palabra nuestra, de la literatura y la política nos robó esa palabra. Como si lo que hacen los políticos es un relato. En realidad es una palabra más importante, pero se ha bastardeado al punto de convertirse en una mentira hecha por un político para contarnos un cuento.

También es un tema de superficialidad, al final hacer política se convierte en algo superfluo, ¿se debe quizás a la pérdida de las ideologías?

Sí y hay una subestimación de quien recibe el relato. Si yo doy un relato completo, con ideología y con peso, lo va aburrir, no le va a interesar, no lo va a divertir, no va a querer leer, no lo va a entender. Entonces yo subestimo al que va a recibir ese discurso y lo bajo de categoría. Cada vez el discurso es más fútil, porque si no lo va a entender, no me va a votar. Cada vez se degrada más.

Ahora en España, con el independentismo, el símbolo de la bandera ha tomado una carga muy importante, quizás se han pervertido debido al extremismo ideológico de ambos lados de la historia. ¿Nos hemos quedado sin símbolos?

En Argentina no hay problema con la bandera, cada provincia tiene la suya, pero no hay necesidad de representarlas tan diferentes, de diferenciar su lenguaje, etc. En Argentina, como pasa España, por más que se dice que es un país federal, es un país absolutamente centrado en Buenos Aires. Desde los acontecimientos culturales hasta donde llegan los trenes, es tremendo; ojalá tuviéramos más peso en otras provincias, pero termina funcionando un centrismo tremendo en un país que se declara federal en su constitución. En Argentina no nos pasa con la bandera pero sí con otras cuestiones que son simbólicas y que terminan sirviendo para discutir. Las sociedades están discutiendo últimamente, le pasa a España, le pasa a Argentina, y eso genera grietas muy profundas en gente que está de un lado o del otro, y en esa grieta cualquier cosa es un símbolo; uno levanta una bandera y ya quiere decir algo. En Argentina los que tenemos la posibilidad de decir algo -periodistas, escritores- y que lo escuchen los demás, inmediatamente eso que decís es tomado para un lado u otro de esa grieta, y vos no puedes decir nada que se pueda interpretar desde el kirchnerismo o del anti kirchnerismo o desde el macrismo o del anti macrismo, porque independientemente de cuál sea tu criterio, y que no tenga nada que ver con tu posición política, es criticado por un lado o por el otro lado político. En la actualidad el pensamiento es un símbolo que se reparte como las banderas que comentas en España.

Lo único que tenemos como seres humanos es el pensamiento y la palabra, ¿Cómo podemos resistir ante el ruido?

Tenemos una obligación de seguir resistiendo y seguir diciendo lo que uno piensa. Las redes sociales no ayudan mucho por los ataques en ellas. Nosotros hasta hace poco tuvimos un caso muy importante como la desaparición de Santiago Maldonado en una circunstancia en la cual la gendarmería estaba reprimiendo un corte de rutas. Entonces si vos decís cualquier cosa o si vos vas a una manifestación, sos anti macri o sos kirchnerista. No es así, hay un montón de gente que quiere saber qué pasó con la desaparición de Santiago Maldonado. Con las redes sociales debes pensar si poner algo o no y creo que eso es lo que se busca, tratar de hacer una censura preventiva; no te prohíben que lo digas, pero te atacan tanto que la siguiente vez lo vas a pensar antes de decirlo.

En la novela, comentas sobre los casos de “NiUnaMenos” en Argentina, ¿cómo te posicionas ante la violencia de género y el feminismo de hoy en día?

Yo desde el primer momento he estado apoyando el movimiento, hay una situación muy grave de violencia de género en la Argentina, y es un problema sobre el que hay que seguir batallando y educando para que no suceda. Lo que yo hago en la novela es mostrar la falsedad de algunos discursos con respecto a eso. Cómo el personaje del político termina diciendo “Ni una Menos” si no le importa nada, ni la violencia de género ni el feminismo, lo usa porque sabe que decir “Ni una menos” le va a generar votos o simpatía entre los votantes. Y porque le dijeron decís “Ni una menos”. Me preguntas mi posición, por supuesto que es luchar por la igualdad de la mujer. En la Argentina las mujeres no ganan el mismo sueldo por el mismo trabajo que un hombre, no tienen la misma oportunidad para ciertos trabajos por más que vos digas que pueden entrar. Ves la foto del presidente con sus ministros y el 90% son hombres. Por ejemplo, yo he trabajado en empresas donde el listado de teléfono era “Juan Pérez” y “María de Tesorería”. Las Marías no tenían apellido, pero los hombres sí. Todo eso tiene que ver con la violencia de género. La situación de las mujeres en Argentina abarca muchos temas, lo que a mí me molesta es el uso político hipócrita, que se representa en la novela.

¿Crees que como electores hemos fallado al no entender el doble discurso?

Sí, aunque no se puede pedir a todo el mundo que comprenda el alcance. Nosotros como periodistas o como escritores que estamos atentos a la palabra del otro, captamos rápidamente ese doble discurso, pero lo que no debería existir es ese doble discurso. Es importante que se eduque a las nuevas generaciones con pensamiento critico, con recursos para descubrir el doble discurso. Aunque los que educan son los mismos que gobiernan, no es fácil, pero la solución está en la educación.

Las maldiciones de Claudia Piñeiro es un thriller perfecto para relatar cómo ha cambiado la política y al mismo tiempo, un reflejo de cómo seguimos pervirtiendo nuestros valores por el beneficio personal sin reflexión ni autocrítica que parezca cambiarnos al respecto.

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