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La leyenda negra del Diamante Azul

Enrique Redondo de Lope

Foto: Diamonds & Jewellery
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No es el diamante más grande, ni el más valioso. Quizás tampoco es el más espectacular, ni incluso el más conocido, pero probablemente sí que es el más legendario. Es el Diamante Azul, también conocido como el Hope Diamond o Diamante de la Esperanza. Pero es, sobre todo, el Diamante Maldito. Y es que pese a que a lo largo de la historia el diamante, la materia más antigua que conocemos, ha sido la piedra mágica por excelencia, el Diamante Azul representa la más poderosa maldición que jamás ha sido asociada a una joya.

Según la tradición hindú, todo comenzó cuando este diamante fue encontrado en el fondo del río Kistna hace más de seis siglos y tras ser tallado por una antigua deidad fue colocado como el tercer ojo de la diosa Sita. Más tarde, embrujado por su belleza, un sacerdote hindú lo sustrajo, y al ser descubierto fue torturado hasta su muerte. La maldición del Diamante Azul acababa de comenzar.

El camino que ha recorrido desde sus orígenes asiáticos hasta su actual presencia en el Museo de Washington ha sido, cuanto menos, tortuoso, con tragedias, suicidios y asesinatos jalonando sus más de tres siglos de historia. Y es que todo en esta piedra es especial. Para empezar, a diferencia de los diamantes más habituales que son incoloros, esta gema es de un intenso color azul marino debido a una alta concentración de boro. Además es el diamante azul de mayor tamaño conocido al pesar algo más de 45 quilates (casi el 99% de este tipo de diamantes no llegan a un quilate). Muchos expertos le consideran un ejemplo de diamante perfecto al no presentar ninguna incorrección, algo extremadamente difícil en una gema de este tamaño.

Pero al margen de su magnética belleza, la que realmente cautiva de esta joya es su historia.

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Una lista inexacta, pero representativa de las historias que giran alrededor del Diamante Hope a principios del siglo XX. | Imagen vía The Smithsonian Institution

El diamante referente de la Monarquía Francesa

Su aparición en Europa no pudo ser más novelesca, siendo introducido en Francia por el contrabandista Jean-Baptiste Tavernier, que tras adquirirlo en la India y tallarlo de una manera realmente tosca (en ese momento su tamaño excedía de 100 quilates) lo vendería al Rey Luis XIV a finales del Siglo XVII por una suma exorbitante, pasando a ser uno de los símbolos de la Familia Real Francesa; a partir de ese momento se le conocería como El Diamante Azul de la Corona.

Por su parte Tavernier, con el dinero de su venta, adquirió una gran mansión y un importante título nobiliario, pero poco tiempo después por culpa de las cuantiosas deudas de juego que contrajo su propio hijo, tuvo que malvender todo su patrimonio y arruinado viajó a Rusia con el propósito de intentar rehacer su fortuna. Allí murió al ser atacado por una jauría de perros salvajes.

El diamante seguiría en poder los reyes franceses, y con su llegada al Trono, Luis XVI le regaló el diamante a María Antonieta de Austria, quien se lo prestaría a la Princesa de Lamballe. Tanto el Rey como María Antonieta murieron decapitados, mientras que la Princesa fue brutalmente despedazada por una muchedumbre enfervorecida. La maldición del Diamante Azul hacía su presentación por la puerta grande en los salones europeos.

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El Diamante Hope es uno de los objetos más populares en el Museo Smithsonian, atrayendo a millones de visitantes cada año. | Imagen vía The Smithsonian Institution

En manos de la familia Hope

Tras unos años fuera de circulación, tiempo durante el cual estuvo en propiedad de la Zarina Catalina la Grande y el Rey Jorge IV (ambos muertos de manera inesperada), a mediados del Siglo XIX el diamante fue adquirido por Henry Hope, un banquero irlandés inmensamente rico que lo registraría con el nombre de Diamante Hope, y quien lo daría a conocer al gran público.

El diamante fue exhibido tanto en la Gran Exposición de Londres como en la Exposición Universal de París, maravillando a los asistentes por su belleza y su trágica historia. Podría parecer que mientras perteneció a esta dinastía la maldición se tomó un respiro, aunque un par de generaciones más tarde la familia Hope se declararía en quiebra (¡qué peor maldición para una saga de banqueros!), teniendo que desprenderse del famoso diamante. El Hope se vendería en Londres por medio del joyero Jacques Celot, del que dicen que vivió tan obsesionado con la belleza de la joya que enloquecería sin causa aparente para terminar suicidándose. El Príncipe ruso Kanitovski, comprador de la joya, se lo regaló a una de sus amantes (la cual moriría de un disparo), y él mismo fue asesinado poco tiempo después.

Más tarde, y tras diversos avatares, pasará a ser propiedad del magnate norteamericano Ned Mclean quien lo adquirió en 1918. Ned, murió en un hospital psiquiátrico completamente arruinado no sin antes perder a dos de sus hijos en extrañas circunstancias. Después de estas trágicas muertes, la señora Mclean, depositó el diamante en una cámara de seguridad durante veinte años. Más tarde sería heredado por una de sus nietas, quien también aparecería muerta en extrañas circunstancias a la edad de veinticinco años.

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Fotograma de la película Titanic. Todos sabemos qué le pasó a ese barco. | Imagen vía IMDB.

El letargo de la maldición del Diamante Azul

Según los fanáticos y estudiosos de este diamante (que los hay, y muchos), la maldición del Diamante Azul cesó en 1947 cuando fue adquirido por el famoso joyero estadounidense Harry Winston, debido a que durante los nueve años que lo tuvo en su propiedad nunca pretendió hacer ostentación de su belleza ni hacer negocio con el, dedicándolo a ser mostrado para obtener fondos destinados a obras de caridad. En 1958 Winston acordó donar la mítica joya al Instituto Smithsoniano.

El Diamante Azul fue colocado en una caja forrada de gamuza, envuelta en papel estraza y llevado al correo de Nueva York para enviarlo a Washington, cumpliendo con la tradición de que este es el método más seguro para el envío de joyas. El paquete, debidamente rotulado y sellado, se llevó entonces a una sección de la oficina del Correo vigilada por guardias armados, que lo llevarían a su destino. Asegurado en un millón de dólares, el envío costó poco más de 145 dólares. Y es que el Diamante Azul siempre fue una joya diferente.

Como era de esperar una historia tan subyugante tenía que tener su reflejo cinematográfico. Así por ejemplo, en la oscarizada Titanic, la joya a la que denominan Corazón del Mar que Hockley le regala a Rose está inspirado en el Diamante Azul. Actualmente esos 42 quilates de historia color azul plomo atraen a más de 7 millones de visitantes al año y es el icono del Museo Smithsonian, siendo el segundo objeto de museo más visitado del mundo detrás de la Mona Lisa. Y es que si los diamantes siempre han cautivado nuestra imaginación, definitivamente la leyenda negra del Diamante Azul lo hace aún más fascinante.

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Vandana Shiva: “Corporaciones como Monsanto corrompen a los Gobiernos"

Beatriz García

Foto: Cortesía Capitán Swing

¿Qué sabemos de los alimentos que comemos? Una pregunta cuya respuesta puede provocar mucho más que un dolor de tripas. Cada año mueren 222.000 personas en todo el mundo envenenados por los pesticidas, según la OMS. Las mismas sustancias químicas que se emplearon en guerras, como el Agente Naranja en Vietnam, se utilizan hoy para acabar con las plagas, y de paso con todo el planeta.

Así lo asegura la doctora en Física y activista medioambiental Vandana Shiva en el libro ‘¿Quién alimenta realmente al mundo?’ (Capitán Swing), donde urge a un nuevo modelo de agricultura más sostenible y local, en el que la mujer vuelva a tener un papel central. Asimismo, la activista india, que se ha convertido en el azote de las multinacionales, responsabiliza a la multinacional Monsanto de los suicidios de 300.000 agricultores en la India por el pago de patentes de semillas modificadas genéticamente.

¿Puede algo tan pequeño como una semilla haberse convertido en un arma de destrucción, enfermedad y hambruna? ¿Qué estamos sembrando en realidad?

Vandana Shiva: “Corporaciones como Monsanto corrompen a los Gobiernos"

Ha asesorado a muchos Gobiernos, entre ellos al del expresidente  Zapatero. ¿Cuál es el error más común que cometen?

La falta de respeto para las constituciones y leyes que se han escrito desde una sociedad democrática, porque se convierten en los esclavos del 1% de la sociedad y utilizan su dinero para financiar las campañas electorales. ¡Qué digo 1%! Quienes están robando nuestra economía y lo controlan absolutamente todo son muchísimos menos, el 000,1% de la sociedad. Quieren destruir la naturaleza quedándose todos los recursos, además de poseer las nuevas tecnologías. Si no fíjese en Trump, que es el primer presidente de la Inteligencia Artificial. Sus interacciones en Facebook se vendieron a compañías de algoritmos como Cambridge Analytics, que compilaron toda esta información y detectaron cuatro tipos de lenguaje de odio: el odio hacia las mujeres, hacia los negros, los musulmanes y los inmigrantes en general. ¡La IA y las redes sociales son el capital de un hombre que no tiene ningún tipo de experiencia política y gobierna el que dicen que es el país más poderoso del mundo! La piratería de los procesos democráticos es la nueva amenaza que tenemos en el futuro y han conseguido que una sociedad tan diversa como la nuestra se base únicamente en el miedo y el odio. Y los políticos siguen impulsando este sistema… Primero fue Estados Unidos y ahora está llegando a Europa, donde en Austria ya hay un presidente del odio y veremos cómo van a aparecer otras personas desconocidas que llegarán a la política con este tipo de mensajes. Debemos salir de este círculo vicioso y apostar por la humanidad y la diversidad para crear un futuro.

¿Ha recibido amenazas por su activismo?

Sí, recibí amenazas directas de Monsanto cuando los denuncié. Monsanto es la compañía más importante del mundo de semillas, pero no tenía nada que ver con ellas hace 20 años. No han creado ninguna semilla, lo que han hecho es modificarlas genéticamente y por eso dicen que las han inventado y compran todas las patentes. Ellos mismos son los que escribieron el acuerdo con la Organización Mundial del Comercio (OMC) para tener su monopolio, pero en 1991 hubo una revisión y empecé a trabajar en el Parlamento para que no se permitieran estas patentes. Una semilla no es una invención ni una máquina, sino una expresión regulada de un sistema vivo que se reproduce, se multiplica y se adapta. Cada vez que me interpongo en el camino de Monsanto recibo amenazas, pero lo relevante para todos es que esta nueva economía que dirige un 1% quiere poseer nuestros recursos y nuestras mentes, y lo siguiente será que nos digan qué tenemos que pensar. Pero tienen miedo, porque no puedes enfrentarte al 99% del mundo y no tener miedo, y ese miedo es el que genera los sistemas de vigilancia.
Lo que he aprendido en esta vida es que las plantas se autorregulan solas, si las sometes a químicos ocurre lo que en Estados Unidos, que la mitad de sus campos están cubiertos de superhierbas. Lo que busca ese 1% es el control de la política y de la democracia representativa a través de mensajes falsos como los de Trump. Tenemos que recuperar la capacidad de pensar por nosotros mismos y nuestra libertad.

Quizás quien mejor lo comprende es quien lo ha padecido ya. Me refiero a la revolución verde del Punjab, que usted investigó en los años 80, y esa segunda revolución verde de los transgénicos. ¿Con la violencia se siembra?

Se dice que la revolución verde empezó en Punjab, pero no fue una revolución, lo que se hizo fue introducir productos químicos en la agricultura por una imposición de los Estados Unidos y el Banco Mundial. Sí, el presidente Johnson, la Fundación Rockefeller y la Fundación Ford forzaron a la India para que aceptase la introducción de químicos cuando el país era próspero. Yo me licencié en Ciencias Físicas en Punjab en 1973 y hacia el final de la década había mucha violencia. Entonces la revolución verde recibió un Premio Nobel con el argumento de que era lo que traería la prosperidad pero, ¿sabe lo que querían? Lo que no querían, en realidad, es que India fuese hacia el ‘rojo’ de China, ese era su gran temor, y el color verde no tiene nada que ver con la ecología. No había ningún movimiento ecológico detrás, simplemente un color distinto. Y recibieron un Nobel de la Paz cuando en Punjab había una guerra, en una tierra en la que murieron 30.000 personas por culpa de esos movimientos. Entonces me empecé a preguntar qué era lo que había pasado, por qué la gente estaba en contra. Los agricultores me dijeron en una reunión: “Si no podemos decidir qué cultivamos –porque les forzaban a cultivar arroz y trigo-, ni tampoco cómo lo hacemos y nos obligan a utilizar químicos, si ni siquiera podemos decidir el precio de venta, estamos en un modelo de esclavos”.

Pero la violencia de los transgénicos la encontramos a muchos más niveles: Todos los sistemas vivos se autorregulan y las semillas también, y una de las primeras violencias es reducirlo todo a un gen; no puedes decir que has creado una planta por haber modificado un gen. En India las leyes no permiten crear patentes para las semillas, pero Monsanto continua pidiendo regalías a los agricultores y ellos no tienen dinero. Les dicen que si firman un papel serán multimillonarios, pero el documento lo que dice en realidad es que la tierra será de la corporación si no pagan, y cuando pasan un par de años se acaban quedando con su tierra y el agricultor se suicida porque no puede pagar. Ya se han suicidado 300.000 agricultores en India por culpa de Monsanto.

Cuando asesoré a Zapatero hubo una época en que el Ministerio de Medioambiente no podía tomar sus propias decisiones porque estaban manipulados por la industria de los transgénicos.

Otra forma de violencia es la que se ejerce contra la naturaleza. Las corporaciones decían que iban a hacer milagros, como cultivar alimentos en el Sáhara, pero lo que tenemos son cultivos BT, que contienen pesticidas que matan a los insectos polinizadores de las plantas. Ya han matado al 66% de los organismos que vivían en las tierras algodoneras; también han matado abejas y han surgido patógenos en la comida de los animales, también los pájaros empiezan a morir. En Argentina hay bebés que tienen diez veces más cáncer que antes, y en Honduras y Sri Lanka ocurre lo mismo con los trastornos de hígado. No solo se destruye el planeta, sino también la salud.

¿Por qué si la Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que los transgénicos son perjudiciales sigue produciéndolos Monsanto? Han destruido a todos mis amigos científicos que trabajaban para el Gobierno, les han robado las tierras. Se han cargado todas las instituciones científicas y esa es la mayor de las violencias, la que atenta contra la ciencia y la democracia.

Nuestras estructuras están diseñadas para proteger la salud y el medioambiente, pero Monsanto corrompe a los Gobiernos. Cuando asesoré a Zapatero hubo una época en que el Ministerio de Medioambiente no podía tomar sus propias decisiones porque estaban manipulados por la industria de los transgénicos.

Dice en el libro que las agroquímicas trajeron la guerra a los campos, que los productos que se utilizaron primero para matar personas, como el Agente Naranja en Vietnam, se usaron luego como pesticidas. ¿Acaban con las plagas o ellos mismos son ‘la plaga’?

La industria de los pesticidas dice que todos los insectos deben ser exterminados, pero la naturaleza es capaz de controlar las plagas a través de la diversidad sin necesidad de químicos. Si planto nueve cultivos distintos, esas diferentes plantas alimentarán a los diversos insectos y mantendrán el equilibrio ante los depredadores. Lo que significa que un insecto no se convertía en plaga porque se controlaban entre ellos. Cuando devolvemos materia orgánica al suelo y reciclamos semillas, las plantas tienen más resistencia a una plaga.

Hemos realizado muchos estudios y prueban que si empleas fertilizantes químicos la planta tienen más agua y las plagas pueden atacar, se generan mayores plagas en tanto la materia orgánica las reduce. En segundo lugar, las plantas tienen un mecanismo de control de plagas que consiste en que cuando un insecto ataca a una de ellas, suelta una sustancia que afecta a las demás plantas, es decir, construye su inmunidad. Porque son inteligentes, tienen sobrada resistencia a las plagas. Y ocurre al contrario con los pesticidas y el veneno que tienen los transgénicos, las plantas se vuelven vulnerables y las plagas se hacen más resistentes y se incrementan.

Sostiene que, al contrario de lo que nos hacen creer, no son la agricultura industrial ni las grandes corporaciones con sus monocultivos las que alimentan el mundo, sino las mujeres. ¿Por qué es tan importante su papel como agricultoras?

Las mujeres fuimos las primeras científicas agrícolas antes de que la división del trabajo acabase dando lugar a la agricultura del colonialismo, de los bienes de consumo y las grandes producciones, que quedaron en manos de los hombres y hoy se considera la única agricultura. Y de esa forma la agricultura de las mujeres quedó en el ámbito de lo invisible; de hecho, ellas mismas fueron invisibilizadas. Pero es en estas pequeñas granjas gestionadas por mujeres con conocimientos reales de lo que es la biodiversidad, de las semillas y de la tierra que trabajan, donde se producen alimentos reales y con valor nutritivo. Y le pondré un ejemplo: He visto como solo en un 5% de la tierra labrada por mujeres nigerianas se producía el 50% del alimento de la región y el resto se dedicaba a la comercialización. Algún día debería ser el modelo agrícola principal en todo el mundo.

¿Existe un vínculo entre la violencia contra la mujer y la violencia ‘sembrada’? Se lo pregunto porque en su libro menciona la proliferación de abortos selectivos en regiones de la India donde abundaban cultivos transgénicos.

En los años 80, cuando estaba realizando un estudio sobre la revolución verde en el Punjab había muchos anuncios sobre la selección del sexo de los niños. Mi hermana, que es médico, fue nombrada por el Gobierno para que formase parte de un comité que iba a redactar leyes para prohibir los abortos selectivos. Llegaba a casa con mapas donde habían asesinado a las mujeres antes de nacer y comprobamos que ocurría en las mismas zonas donde tenía influencia la industria agroquímica. ¿Por qué? Porque en los sistemas agrícolas pequeños la mujer tiene un papel relevante en el trabajo, pero la industria agrícola la sustituye por máquinas y la devalúa como mano de obra. Ya no la necesitan. Pero es incluso peor, porque cuando cultivas para la propia nutrición tienes en cuenta que todos los seres tienen derecho a la vida, lo que no ocurre con la agroeconomía donde solo el comercio tiene valor y el alimento pasa a ser un bien de consumo.

Y al final esta perspectiva de comercialización entra en tu pensamiento y la mujer pasa a ser un sexo que podemos desechar. Una vez una mujer me dijo: “Si puedo elegir el color de mi sari, ¿por qué no puedo hacer lo mismo con el sexo de mi hijo?” Pues bien, hay unos 35 millones de niñas indias que no han podido nacer y en las aldeas que padecieron la revolución verde no hay niñas, tienen que comprarlas del Nepal, de Bangladesh. ¡Ahora se comercializan las niñas! Son círculos viciosos que no paran de reproducirse.

Usted fue una de las principales promotoras de la creación de bancos de semillas en la India y la preservación de la biodiversidad y la agroecología. ¿Qué podemos hacer los ciudadanos para crear comunidades alimentarias?

En cualquier lugar donde se puedan cultivar alimentos debería hacerse. Fíjate en la cantidad de alimentos que importamos de otros países cuando podríamos cultivar en lugares comunes, en las ciudades, incluso en balcones. Todas las ciudades deberían tener su propia adaptación. Puedes escoger entre alimentarte con tóxicos e importar o cultivar alimentos de forma localizada, en tu ciudad.

Creo que el urbanismo debería integrar la planificación de alimentación, incluyendo los mercados, el cultivo de cercanía… Empezar por lo pequeño sin destruir la agricultura y nuestra salud.

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La 'incredible' India no tiene quien hable en sus stands de Fitur

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Estamos sentados frente a una mesa, en silencio. B. B. Mukherjee observa la pantalla de su teléfono, pone la cabeza en alto, con sus gafas de diseño a rayas grises y negras sobre su nariz. Mukherjee luce un estrecho bigote con una forma más parecida a un triángulo que a un cuadrado, y viste un traje descatalogado de franela y color marfil que combina con una corbata de otra década. Estamos sentados a la distancia de un metro y B. B. Mukherjee, que es subgerente del Ministerio de Turismo indio en España, sigue en silencio tras cinco minutos y mirando con atención vídeos indescifrables con un volumen moderadamente alto. Tiene un reloj de oro en su muñeca izquierda y tantos anillos como dedos en sus manos. La responsable de prensa está sentada a mi izquierda y me mira con nerviosismo, como esperando una respuesta, y yo le sonrío y eso le tranquiliza.

Estoy sentado frente a Mukherjee en el stand indio de Fitur porque los dos responsables más importantes de la delegación de la India, que puso mucho interés para promocionar su país y mucho dinero para instalar este espacio tan grande –por no hablar de que el nombre de la marca, Incredible India, aparece prácticamente en cada folleto que circula por aquí dentro como principal patrocinador del evento–, están en sus respectivos hoteles desde una hora indeterminada que no logro averiguar, cuando quedan todavía dos horas para el cierre de la jornada.

La situación es particularmente divertida y extraña. Mukherjee levanta repentinamente la mirada, sonríe mucho y extiende la mano, como advirtiendo –en este momento– que está acompañado. Luego entrecruza los dedos, esperando la primera pregunta, y sus anillos brillan como diamantes.

Le comento, a modo de arranque, que han aumentado mucho su disposición en 2018. Él asiente con la cabeza y dice, con un acento marcadamente indio que solo escuché en películas: “Sí, este año hemos estado en todas las ferias importantes de Europa como patrocinadores”. Pero, casi en una maniobra de escapismo, desvía con velocidad su respuesta y sostiene que India es un país tremendamente rico y diverso, con bosques y templos y ruinas y playas y montañas, y continúa con una explicación nada concisa e inesperada del estado de salud del sistema judicial y político indio y de la calidad sanitaria. “Tendrías que ver qué cirujanos tenemos”, dice, levantando las cejas. “Son muy buenos”.

Después le pregunto por la vocación de su presencia en Madrid y no parece importarle: continúa con su respuesta anterior, explicando las bondades de su presidente y la fortaleza de su democracia, y describe a la India como un país muy rico y “paradójico” donde la riqueza no impide la miseria. Le digo que eso significa que hay mucha desigualdad. El subgerente de Turismo sonríe y concluye: “Sí, qué paradójico, ¿verdad?”.

Y en cada pregunta hay una respuesta similar, como si nos encontráramos en conversaciones ajenas, y la conversación es tan frustrante y claramente incontrolable que finalmente desisto y pienso en la segunda entrevista.

La 'incredible' India no tiene quien hable en sus stands de Fitur
Entrevista a B.A. Devaiah en uno de los stands de ‘Incredible India’. | Foto: Interface

Más al sur, Karnataka

La responsable de prensa se disculpa mientras me conduce hasta el área donde se instala la delegación de Karnataka, una región del sur con 55 millones de habitantes, más salvaje y más verde que el norte –el lugar al que suelen ir a parar los turistas–. La parada está adornada con plantas y una ambientación premeditadamente exótica, con bancos en todas partes y la representación más o menos conseguida de un tigre de Bengala sobre una alfombra verde. Karnataka es una de las zonas que persiguen explotar en los próximos años y hacen un esfuerzo verdadero por crear una imagen atractiva.

Así que el gabinete de comunicación organiza una conversación con el consejero de Turismo, un hombre joven y bien vestido con un inglés perfecto. Esperamos mientras cumple con otro compromiso y al volver se acerca hacia nosotros, con rostro serio, y dice que prefiere no hacerla: se niega, en principio, por estar cansado. Ellos procuran convencerle de lo contrario y finalmente concede una confesión: él no es el consejero de turismo, sino B.A. Devaiah, de Starks Communications, una agencia contratada por el Gobierno regional para representarlos. Lo hace extendiendo una tarjeta que recojo.

Le pregunto si está legitimado para hablar en nombre del Gobierno y él asiente, nos sentamos y hay una conversación fructífera en un primer momento: responde con interés y educación y habla de una región que conoce porque es la suya. Karnataka está en el sur del país y las diferencias respecto al norte, más transitado, más exprimido, son abismales. Un modo distinto de comprender la religión y las tradiciones, un idioma que no es el mismo –hablan mayoritariamente el kannada– y una gastronomía que, presume, únicamente se asemeja en la frecuencia del arroz blanco. Un atributo que, de cualquier modo, comparten la mayor parte de los países de la región.

Devaiah se encuentra menos cómodo y pone más reparos si hay que hablar de seguridad. Él alude, directamente, a las violaciones de mujeres. No las niega, aunque asegura que muchos occidentales viven en la zona y lo hacen con tranquilidad. Dice que si se producen tantas es porque hay muchos habitantes, sin aludir a razones concretas.

–¿Y en cuanto a las infraestructuras?–le planteo.

“Sí, tenemos”, responde, con un largo silencio.

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El gran poder de China pasa por su nueva Ruta de la Seda

Luís Torras

Foto: JASON LEE
Reuters

Desde 2012, China ha avanzado con paso firme convertirse en una Gran Potencia con influencia real sobre la comunidad internacional, capaz de controlar sus intereses domésticos y los regionales.Uno de los grandes ejes de esta política exterior es el llamado One Road, One Belt: una ambiciosa empresa de colaboración internacional para impulsar infraestructuras y el desarrollo económico a lo largo de la amplísima región euroasiática. Un proyecto que alumbra una China más abierta, colaborativa e integrada en la economía global con las nuevas oportunidades y amenazas que esto supone.

A lo largo de la historia, China ha tenido una actitud ambivalente con respecto al comercio exterior. Dinastías como la Yuan (Mongoles), que dominó el destino de China durante los siglos XIII y XIV (1279-1368), fue relativamente plana, abierta y permeable para con el intercambio cultural. Estos serán los tiempos de Marco Polo, donde los dominios del entonces emperador Kublai Kan se extendían desde el norte de Manchuria hasta la orilla misma del Danubio. Tiempos de comercio e impulso tecnológico que culminará con los viajes por el Índico del marino Zheng He iniciados en 1371 e interrumpidos de forma repentina en 1433 por motivos políticos. Durante estos años de apertura, China parecía olvidarse de su Gran Muralla, que durante tanto tiempo había sido barrera de protección y muro de aislamiento, como recuerda la historiadora Julia Lovell.

Esta visión aperturista no será la tónica general. Con la llegada de la dinastía Ming, China alcanzará su zénit, pero también iniciará su declive. Poco antes de la interrupción de los viajes de ultramar del marino Zheng He, el gran Emperador Yongle trasladará la capital del imperio de la comercial Nankín a Pekín, más al norte, y mandará construir la Ciudad Prohibida (1401), que durante los siglos sucesivos aislará tremendamente al emperador de su pueblo. Se iniciaba así un largo proceso de anquilosamiento institucional que irremediablemente conducirá de forma irremediablemente al retraso económico. China se cerraba en sí misma favoreciendo un modelo vertical, jerarquizado, condenando al ulterior potente Imperio celeste a merced de potencias extranjeras hasta bien entrado el siglo XX.

Mapa de la influencia Mongol en los s. XIII y XIV. | Fuente: World Economic Forum

La historia volverá a tener un importante punto de inflexión en 1949, cuando los comunistas liderados por Mao Zedong recuperaron la soberanía y la unidad de China de nuevo. El Partido Comunista se convertía de facto en una nueva dinastía, marxista, no feudal, en la que, como en el pasado, coexistían elementos más reformistas y aperturistas con elementos más autoritarios. En 1978, con el advenimiento de Deng Xiaoping, China iniciaba (por fin) un nuevo ciclo de prosperidad, el más importante de su historia, iniciando una importante reforma pro-mercado y una decidida apertura al exterior. Unos cambios fundamentales que se sitúan en la base del crecimiento económico de los últimos años, y catalizador de los anhelos de China de influir en los asuntos del mundo. 

China no tiene la ambición de ser una potencia global; sí de afianzar su posición como potencia regional y recuperar su antigua área de influencia. La Nueva Ruta de la Seda es una pieza estratégica central para cumplir esta visión y por la que China busca asegurar, por mar y tierra, el acceso a mercados claves tanto para el abastecimiento de materias primas como para dar salida a sus mercancías. Para comprender la importancia estratégica que tiene para China “connecting the dots”, en feliz expresión de Steve Jobs, es importante aproximar (aunque sea de manera somera), la muy diferente y desigual situación geoestratégica de partida del gigante asiático en comparación a Estados Unidos.

Estados Unidos tiene dos salidas estratégicas al mar, cuenca Atlántica y Pacífica, además de ejercer una gran influencia en el mar del Caribe. Únicamente tiene fronteras con dos países, Canadá y México, sobre los que, además, ejerce una gran capacidad de influencia, y cuenta con suficientes recursos hídricos y superficie disponible para la agricultura para garantizar su seguridad alimentaria y, también, de forma creciente, el suministro de energías primarias. China, por su parte, concentra una quinta parte de la población mundial y sólo tiene un 6% de la tierra cultivable (una parte muy importante del país es desierto), con amplías zonas con un importante estrés hídrico. Estos condicionantes hacen que el país sea crecientemente dependiente del exterior en el crítico capítulo alimentario y también en el energético. China tiene una sola salida al mar y unas complejísimas fronteras con hasta 14 países diferentes, donde se incluyen potencias nucleares como Corea del Norte, India, Pakistán o Rusia, además de tener cerca de sus costas a dos importantes aliados de EE UU, Corea del Sur o Japón, lo que da lugar a frecuentes conflictos territoriales. Una situación muy compleja para un gigante en edad de crecimiento. 

Al margen de asegurar el acceso a mercados estratégicos, la nueva Ruta de la Seda quiere ser un elemento para la cooperación internacional y la estabilidad en el área de influencia china. Uno de los factores clave de éxito de las reformas en los últimos años ha sido la gran habilidad de Pekín para forjarse un entorno relativamente favorable. Xi Jinping, el líder más destacable del panorama político actual (con diferencia), es buen conocedor de las lecciones de la historia y ha intensificado como ningún otro líder chino una intensa agenda internacional que le ha llevado a establecer relaciones con prácticamente todos los países de la región. La diplomacia china ha sabido tejer alianzas y complicidades con potencias regionales menores pero también con la Rusia de Putin, la Turquía de Tayyip Erdogan, o, recientemente, también con los Estados Unidos del siempre polémico Trump.

La Nueva Ruta de la Seda incorpora un mensaje de compromiso con la colaboración internacional y el comercio –un mensaje especialmente claro en los últimos encuentros en Davos–, lo que, paradojas de la vida, ha convertido a China en uno de los principales y más estables pilares de defensa de la globalización en un momento caracterizado por el auge del populismo en Occidente y el cuestionamiento de los pilares sobre los que se asienta el progreso de las últimas décadas. Un compromiso que incorpora un vector educacional y para con el bienestar social en una concepción holística del crecimiento económico, muy propia del pensamiento chino. Un enfoque diplomático amplio, que rara vez se circunscribe a un aspecto específico, sino que busca el equilibrio largo plazo en el conjunto de las relaciones internacionales.

Fuente: World Economic Forum
Fuente: MacKinder, The Geographical Journal (1904).

A cambio, China gana influencia regional, y afianza su posición de potencia global (ahí están los mapas de MacKinder), lo que puede conllevar importantes dividendos en clave doméstica. China necesita diversificar sus mercados para la exportación, algo fundamental para favorecer un soft landing que resuelva los problemas de sobrecapacidad que arrastra el país en muchos sectores, al tiempo que garantizar el suministro de fuentes de energía primaria y comida. El esquema de estos proyectos es siempre el mismo: China, a través de sus instituciones estatales de crédito, financia proyectos en países menos desarrollados para impulsar carreteras, trenes, puertos y otras infraestructuras básicas. A cambio, estos proyectos son desarrollados por contratistas chinos; que, luego, pasan a estar controlados (de una manera u otra) por la propia China. Un proyecto global con marcado liderazgo chino y características chinas (también por lo que hace a los estándares de contratación y transparencia). El gran reto de todo lo anterior: la financiación. Esta por ver hasta que punto las finanzas chinas serán capaces de impulsar todos estos macro proyectos sin dañar la solvencia de sus finanzas públicas.

Sin infraestructuras, difícilmente es posible el desarrollo económico. China necesita asegurar el progreso económico en los países de su entorno y área de influencia como piezas esenciales para su propio crecimiento (de nuevo, esta visión de gran angular tan propia de la manera de pensar china). La nueva Ruta de la Seda lanza un potente balón de oxigeno al eje euroasiático, lo que alumbra un escenario global con poderes globales más diluidos, más heterogéneo, más equitativo en términos geopolíticos, y con un cada vez mayor regusto chino. China lanza así una visión más organicista del mundo que buscar reforzar el eje comercial más importante del mundo durante siglos como señala el historiador Peter Frankopan en su imprescindible The Silk Roads, retornando, también, a una china más horizontal y abierta al mundo. Habrá que estar atentos.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

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El fin de los coches de gasolina y diésel, cada vez más cerca

Redacción TO

Foto: Mike Blake
Reuters

Los coches de gasolina y diésel tienen los días contados. Los elevados niveles de contaminación junto con la reducción de los costes de producción de los vehículos eléctricos está haciendo que cada vez más gobiernos se planteen eliminar del mercado los coches de gasolina y diésel.

Además, los coches eléctricos supondrán el mismo coste para el usuario que los vehículos de gasolina o diésel alrededor del 2020, según explicó el vicepresidente senior de vehículos eléctricos de Renault, Gilles Normand, en una entrevista. Por tanto, puede que llegue un momento en el que sean los propios clientes quienes se inclinen por este tipo de vehículos.

Francia

El 6 de julio de este año, el Gobierno de Francia anunció que quiere acabar con la comercialización de coches de diésel y gasolina para el año 2040, informó el ministro de la Transición Ecológica, Nicolas Hulot.

Aunque el gobierno admite que será una meta difícil de cumplir, especialmente para los fabricantes, considera que estos están preparados para asumir este cambio.

Un claro ejemplo de esto es cómo las empresas automovilísticas francesas Peugeot, Citroen y Renault se colocaron en 2016 a la cabeza de la lista de la Agencia Europea de Medioambiente de grandes fabricantes que generan menos cantidad de contaminantes.

Reino Unido

La contaminación se ha convertido en un grave problema en Reino Unido, donde ha causado una epidemia de enfermedades respiratorias, especialmente en niños. Por este motivo, el Gobierno británico también quiere unirse a la lucha contra la contaminación y el cambio climático eliminando los coches de gasolina de su mercado.

A finales del mes de julio, el ministro de Medio Ambiente, Michael Gove, anunció que la venta de automóviles con motores diésel y gasolina acabará en el año 2040.

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Las gasolineras podrán desaparecer con la prohibición de la venta de coches de gasolina y diésel. | Foto: Caroline Spiezio/AP

El objetivo de esta medida es reducir la contaminación provocada por el dióxido de nitrógeno producido por este tipo de vehículos, ya que Reino Unido es uno de los países que recibió una advertencia de la Unión Europea por la mala calidad de su aire.

“No podemos seguir utilizando automóviles diésel y de gasolina, no solo por los problemas de salud que plantean sino que también porque sus emisiones significan una aceleración del cambio climático, dañan nuestro planeta y a las generaciones futuras”, dijo el ministro.

China

El mayor mercado del mundo del automóvil también puede sufrir un gran cambio en los próximos años. China prohibirá “en un futuro cercano” la venta de coches de diésel y gasolina, informó a principios de septiembre el viceministro de Industria y Tecnología de la Información, Xin Guobin.

En China ya se vende una gran cantidad de vehículos híbridos y eléctricos. Solo en 2016 se vendieron 507.000 unidades de este tipo de coches.

El ministro considera que las empresas “deberían esforzarse para mejorar el nivel de ahorro de energía de los coches tradicionales y desarrollar vigorosamente nuevos vehículos energéticos” pues asegura que estas medidas darán un “empuje a la industria automovilística de China”.

Tras varios meses de alianzas estratégicas en el sector automovilístico chino, sumadas a estas nuevas medidas, el país asiático pretende convertirse en el líder mundial del sector de los vehículos eléctricos.

Noruega

El país nórdico fue uno de los más adelantados en cuanto a la eliminación de los coches de diésel y gasolina del mercado.

Aunque la medida aún no ha sido aprobada definitivamente, la previsión es que la venta de estos vehículos esté prohibida en Noruega en 2025, según anunciaron en 2016 algunos representantes de la derecha del país.

Elon Musk celebró este anuncio a través de su cuenta de Twitter. “Acabo de oír que Noruega prohibirá la venta de coches de gasolina en 2025. Qué país más impresionante”, dijo el magnate americano, fundador de SpaceX y cofundador de Tesla.

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Casi un 25% de los coches de Noruega son eléctricos. | Foto: Rodrigo Garrido/ Reuters

Sin embargo, todavía existe controversia en torno a esta medida, ya que una parte importante de la economía noruega se basa en el petróleo, aunque casi un cuarto de los coches en este país ya son eléctricos.

Países Bajos

Igual que Noruega, los Países Bajos quieren prohibir la venta de coches de diésel y gasolina para el año 2025. En abril de 2016, el Partido del Trabajo impulsó una medida que fue apoyada por la mayoría de de diputados de la Cámara baja.

Aunque lejos del alto porcentaje de coches eléctricos que circulan por Noruega, los Países Bajos también cuentan con un elevado número de este tipo de vehículos, ya que casi un 10% de los coches que circulan por este país son eléctricos.

La implementación de esta medida supondrá que los coches de gasolina que aún estén circulando podrán seguir haciéndolo hasta su completa avería, pero no se podrán fabricar ni vender más vehículos con este tipo de motores.

India

Los alarmantes niveles de contaminación en uno de los países más poblados del mundo han llevado al Gobierno de India a tomar medidas. En el año 2030, este país no venderá coches movidos por gasolina o diésel, anunció el ministro de Energía, Piyush Goyal, en el mes de mayo.

“Vamos a introducir vehículos eléctricos a gran escala. Vamos a fabricar vehículos autosuficientes. La idea es que para 2030 no se venda ni un solo coche diésel ni de gasolina en el país”, dijo el ministro.

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India tiene un grave problema con la contaminación producida por la gran cantidad de coches que circulan en sus carreteras. | Foto: Stringer/ Reuters

Sin embargo, la contaminación no ha sido el único motivo de India para prohibir la venta de estos vehículos, sino que los costes que implican la importación de combustible han tenido también una gran influencia en esta decisión.

España

El Gobierno de España no ha anunciado ninguna medida similar a la de países como Francia o Reino Unido respecto a los coches de diésel y gasolina, pero sí lo ha hecho el Ayuntamiento de Madrid, aunque con medidas mucho menos ambiciosas.

En diciembre de 2016, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, anunció que en el año 2025 los coches con motores diésel desaparecerán de la capital.

La medida se incluye dentro de un pacto alcanzado con París y Ciudad de México durante la Cumbre de Alcaldes y también cuenta con medidas para incentivar el uso de vehículos alternativos, mejorar las infraestructuras para las bicicletas e incentivar los desplazamientos a pie.

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