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La biblioteca del futuro, 100 manuscritos retenidos en un bosque de Noruega

Romhy Cubas

Foto: SUZANNE PLUNKETT
Reuters

Si hay algo que ha perdurado a través de los siglos a pesar de la presencia ineludible de la tecnología son los libros. Desde que Gutenberg hizo posible la reproducción masiva y física de historias, la literatura perdura en el formato físico a pesar de alternativas útiles como podcast, e-books o audiolibros. De igual forma, la biblioteca continúa siendo el lugar predilecto para resguardar relatos que sobreviven al tiempo y a sus creadores; ese lugar alternativo físico y funcional que podría reemplazarla no ha sido creado, todavía.

Al norte de la ciudad de Oslo -en Noruega- existe un bosque con mil árboles cultivados única y específicamente para un fin,  imprimir cien libros dentro de cien años. El futuro de este bosque es reproducir ficciones para una biblioteca construida a partir de la expectativa. Desde el 2014 su archivo añade anualmente un libro del cual solo se revela el autor y el título,  Margaret Atwood –El cuento de la criada-, David Mitchell –Cloud Atlas– y el escritor islandés Sjón han sido los primeros escritores en contribuir pero todavía hay 96 autores más que añadir a una lista de libros que probablemente nunca podremos leer.

Con la convicción de este proyecto se ratifica el rol de la biblioteca como una especie de guardián del tiempo, una cápsula que resguarda cien manuscritos inéditos que solo se revelarán en el año 2114, es decir, si quieres leer estos libros tendrás que esperar 36.500 días y confiar en que alguien descubra la fórmula para vivir, sino eternamente, varias décadas más de lo acostumbrado.

Este proyecto fue creado por la artista escocesa Katie Paterson, quien ha creado con la biblioteca del futuro una antología literaria difícil de igualar. La idea es que tanto el bosque, como los árboles y las palabras crezcan en un círculo de materia orgánica que en cien años se convertirá en papel. Además está la suposición esperanzadora que tanto los libros como las personas le sobrevivirán al siglo que viene.  

“Simplemente estaba dibujando anillos de árboles y tuve una especie de visión. Anillos de árboles, papel, libros, futuro, árboles, bosques, escritores… Imaginé plantar un bosque que originara un libro con el tiempo”, ha explicado la artista en una entrevista con la CBC radio.

La librería del futuro, 100 manuscritos retenidos en un bosque de Noruega
La artista escocesa Katie Paterson en un bosque de Oslo-Noruega | Fotografía de: Giorgia Polizzi

Para Paterson el bosque es la obra de arte principal, luego viene lo demás. Los árboles fueron plantados por un grupo de voluntarios que tuvieron que talar árboles ya existentes para abrirle espacio a los nuevos. Sin embargo, estos fueron utilizados para construir un cuarto silente que será parte de la nueva biblioteca de Oslo programada para abrir puertas en el 2018. Está será el hogar de esos manuscritos secretos escritos a través de los años.

Así como es improbable que podamos leer estos libros es improbable que la artista de 37 años viva para ver su proyecto culminado, por lo que Paterson ha creado una especie de testamento para el mantenimiento del bosque hasta que llegue el momento de revelar los textos. Cada uno de estos movimientos reitera su fe en la perpetuidad de las palabras reproducidas en papel.

“A medida que las cosas se vuelven más y más digitales e intangibles uno se pregunta si el libro físico e impreso en papel continuará existiendo. Con suerte existirá, pero si no es así estos libros serán casi como una antigüedad futura”, reflexiona.

Una vez la colección esté terminada se imprimirán tres mil copias de todos los libros que la conforman. Además, mil certificados que otorgan el derecho a una edición completa en el 2114 están disponibles al público para su adquisición, inclusive el rey y la reina de Noruega recibirán uno.   

Los autores y el tiempo

La escritora Margaret Atwood, la primera autora en colaborar con un libro para la biblioteca –este se titula Scribbler Moon – recalca que es imposible saber quien la leerá.

“Estamos lidiando con la morfología del lenguaje en el tiempo. Cuáles palabras usadas en el presente serán diferentes, arcaicas, obsoletas. Cuáles palabras se integrarán al lenguaje. ¿Qué tipo de equipos se necesitarán para descifrarlas? ¿El mundo seguirá existiendo?”, se pregunta la autora por excelencia de los futuros distópicos.

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Margaret Atwood y Katie Paterson en Oslo | Imagen vía: Paterson Studios

Algo parecido se pregunta el escritor David Mitchell, cuyo manuscrito se titula –From Me Flows What You Call Time –Desde mi ser fluye lo que tú llamas tiempo- inspirado en una pieza musical del compositor japonés Toru Takemitsu.  

“Esperemos que haya gente alrededor dentro de cien años. Esta es una pequeña ventana de esperanza en una temporada con demasiados ciclos depresivos (…) Todo nos dice que estamos condenados pero la biblioteca es candidata para posibles futuros alternativos en donde habrán árboles, libros, lectores y civilización”, aclara.

Los autores de estos libros serán de tantas nacionalidades como países existen, y la invitación es a contribuir con todo tipo de formatos independientemente del idioma y extensión del manuscrito.

El criterio de selección de Katie Paterson se basó en la extensa contribución de los autores a la literatura y la poesía, además de la habilidad que poseen sus trabajos para capturar la imaginación tanto de esta como de las futuras generaciones. Además de la biblioteca construida con el propio bosque, una impresora será ubicada dentro del establecimiento para asegurar que aquellos a cargo en el 2114 tengan la posibilidad de imprimir los libros en papel.

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El escritor David Mitchell y Katie Paterson durante la ceremonia de entrega de su manuscrito en Oslo | Imagen vía: CBC Radio

Los trabajos de Paterson son universales y eco-amigables, la artista ha intentado documentar la ubicación de estrellas muertas con la ayuda de astrónomos y astrofísicos, ha traducido la Sonata de Medianoche de Beethoven a código morse en señales de radio rebotadas hacia la luna y ha contratado a una empresa de iluminación para crear una bombilla halógena que reproduce exactamente las cualidades de la luz de la luna. También ha reproducido el sonido de un glaciar derritiéndose en vivo a través de un teléfono celular,  entre algunos increíbles y cósmicos proyectos que reflejan la conciencia poética de la artista.

Coordenadas

(59°59’10.8″N 10°41’48.7″E)

Si quieres llegar a este bosque en Noruega debes ir al norte de Oslo. Aquí crecen árboles noruegos, abedules y pinos protegidos por la ciudad contra la amenaza de la expansión urbana. Con la orientación de los guardaparques de la Agencia de Medio Ambiente Urbano que han estado atendiendo esta tierra por más de cien años, Katie Paterson plantó este bosque que se encuentra a 30 minutos de la estación de Frognerseteren.

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Bosque en Oslo de la biblioteca del futuro | Imagen vía: futurelibrary.org

La sala silente construida con estos árboles estará situada en el último piso de la biblioteca junto con la colección especial de libros y archivos. Se ubicará en dirección al bosque de manera que este se pueda vislumbrar en el horizonte. Los nombres de los autores y los títulos de sus obras estarán en exhibición, pero ninguno de los manuscritos estará disponible para la lectura hasta su publicación dentro de un siglo.

Cada primavera marca la entrega de un manuscrito en una ceremonia gratuita y abierta al público, simbolizando un ritual que se espera mantener por décadas. El día implica una caminata hacia el bosque, donde el autor de la temporada da una lectura, y una conferencia de preguntas y respuestas en la biblioteca Deichmanske de Oslo.

La resonancia de este proyecto artístico gravita en la naturaleza, al igual que la vida de las generaciones presentes y futuras.

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Margaret Atwood: la centinela de la ficción especulativa y la narrativa distópica

Romhy Cubas

Foto: Alexandre Meneghini
Reuters

“No sabe qué es peor, un pasado irrecuperable

o un presente que lo destruirá si lo observa con demasiada atención.

Luego está el futuro. Puro vértigo.”

Oryx y Crake de M. Atwood

Los movimientos imaginarios que se arman con las aprensiones del presente visualizan un futuro desproporcionado y fuera de control que puede generar adicción. Margaret Atwood subsiste bajo ese halo desde que comenzó a escribir a los 16 años aunque no siempre quiso ser escritora –en algún momento quiso ser audiovisualista y biólogo-. El primer cuento que escribió tenía como protagonista a una hormiga: “debía tener siete años. No era nada del otro mundo. Al principio era un rollo. Pero hacia el final se ponía interesante. Tenía una durísima batalla con otro bicho”, afirma Atwood durante una entrevista para El Cultural en diciembre del año pasado.

La escritora canadiense es la tesis de una mujer prolífica y decidida del siglo XXI. Desde temprano se unió al activismo por los derechos de la igualdad de las mujeres, y su dinamismo literario y político la enlistan como una de las 100 personas más influyentes de la revista Time este año –de hecho fue la única escritora del conteo-. Es autora de más de 40 libros que abarcan novelas, poemarios, ensayos y cuentos para niños, y se considera más una “adivinadora educada” que una profeta -como la calificó la escritora del New Yorker Rebecca Mead-. No concibe la posibilidad de los universos sobre los que escribe sin el tiempo presente. Por ello su narrativa se ubica principalmente en el subgénero de la ficción especulativa -donde no todo es posible, no hay dragones, ni Guerras de las Galaxias- pero su existencia está en gran parte condicionada por la vigencia de todos esos progresos y medios en desarrollo actuales.

“Usualmente me preguntan sobre cómo es ser una escritora mujer o una escritora canadiense, pero nunca me han preguntado cómo es ser una escritora que también hace canoa y remo, que teje o que incluso cultiva jardines”. Esta es una declaración que muestra nimiamente el pensamiento de Atwood, quien escribe  para la antología de 1998 Women Writers at Work: The Paris Review Interviews (Mujeres escritoras en el trabajo: Entrevistas del Paris Review) “soy feminista, y Dios sabe que soy leal a mi sexo. Los escritores varones pueden sufrir tensiones en cuanto a la dedicación única de su arte por razones de clase o raza o nacionalidad, pero hasta ahora no es probable que a ningún escritor masculino se le pida sentarse en un panel para abordar los problemas especiales de su género. Tampoco se espera que un escritor apoye a otro simplemente porque este resulta ser un hombre”.

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Retrato de Elisabeth Moss y Margaret Atwood para la revista Time en New York | Imagen: Ruven Afanador

Con esta reflexión y desde sus primeras novelas las exactitudes inquietantes sobre “avances” futuros como la carne criada en laboratorios, la regulación farmacéutica de la atracción sexual, el sexo robótico para pederastas, la retransmisión en directo de ejecuciones o la alteración genética en animales y personas, la escritora se expresa en un gran rango de tendencias fundamentadas en la sociedad actual. Sus ficciones son tan extravagantes que se puede pasar de largo una objetividad tajante y documentada. Sobre El cuento de la criada, por ejemplo, la escritora ha aclarado que en el libro no sucede nada que no haya sucedido antes en otra época o lugar.

Sus novelas son una especie de prototipos; historias y contextos escritos inclusive antes de que fueran politizados y mediatizadas en el mundo real. Su relación con el futuro es complicada. La ambivalencia que surge constantemente entre la monogamia y la realidad del deseo humano, el sexo y el poder, una tribu genéticamente modificada, apocalipsis ecológicos, genocidios o dictaduras patriarcales, se afincan en porvenires sombríos y macabros que, sin embargo, son resistidos por sus personajes gracias al recuerdo de un pasado atado al positivismo y la esperanza.

En cuanto a las aprensiones y las pretensiones personales de la escritora, una entrevista en el diario británico The Guardian revela que su mayor miedo es una “demencia larga y persistente, seguida por la muerte por asfixia con una espina de pescado”. Su memoria más temprana es la cavar en lodo con una cuchara en 1942. A los 78 años su más preciada posesión son sus lentes, y si pudiera tener un súper poder sería volar con una capa. Su palabra favorita es “and” (y) –y también– por ser “tan esperanzadora”. Si pudiera regresar en el tiempo volvería al Titanic para los primeros días de su embarcación y el apocalipsis al que más le teme es el del fin de los océanos porque “si los océanos desaparecen, también lo haremos nosotros”.

Atwood ha recibido premios como el Booker, el Governor General y el Príncipe de Asturias de las Letras, pero en estos días su apellido pasa de boca en boca y de medio en medio gracias a la última adaptación televisiva de su novela de 1985, El Cuento de la criada –libro con el cual recibió premios como el Arthur C. Clark o el Los Angeles Prize-. El Cuento de la criada es efectivamente una especie de ficción maestra y especulativa en donde la sexualidad de la mujer es llevada a tribunas arriesgadas; no obstante, esta es un breve abreboca para entender la obra de la canadiense.

Esos múltiples extremos sociales sobre la escenificación de la mujer en un futuro atado a una enorme distopia de consecuencias absurdas -en las que el mundo pierde el control de todos los elementos evolutivos de los que alardea en el presente- dan para armar una lista con los otros libros de Atwood. Igual de fascinantes e inquietantes.

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Collage de la trilogía de Margaret Atwood

La trilogía de Oryx y Crake

Publicada en el 2003, Oryx y Crake revela un mundo en donde los avances médicos y tecnológicos caminan hacia un proyecto de manipulación genética que se sale de control. Rodeado de bestias híbridas y artificiales como los hombres-cerdos, los lobos-perros, las ratas-serpientes y un grupo de seres con semblante de humanos llamados Crakers, un hombre apodado Snowman es al parecer el único sobreviviente de una pandemia programada que acabó con la vida como era conocida en la Tierra. A través de este el relato revela como Crake, un brillante estudiante de ciencias, crea un avanzado programa de ingeniería genética-apocalíptica para el “bien común” de la humanidad. Atwood ahonda en una crítica satírica sobre las grandes compañías multinacionales, el monopolio de las empresas, la estratificación de las clases y los animales transgénicos (como los “cerdones”, cerdos híbridos criados para concebir órganos humanos que puedan ser trasplantados).

Esta es una trilogía que continúa con The Year of the Flood (2009) –El año del diluvio-  en donde una secta eco-religiosa llamada los Jardineros de Dios sobreviven a la misma catástrofe medioambiental de Oryx y Crake. Los jardineros están vinculados a un colectivo llamado MaddAddam, el nombre del último libro de la trilogía publicado en el 2013 a través de la historia de Toby, una de las protagonistas del libro anterior que trata de explicar el origen de los niños de Crake y la catástrofe biológica que une a todos los sobrevivientes.

La mujer comestible 

Fue la primera novela de Atwood y narra la historia de Marian MacAlpin, una joven universitaria que comienza a cuestionarse su vida gracias a una boda inmediata, la aparición de un extraño sujeto con el que comienza a llevar una relación y la gradual pérdida del apetito por cualquier tipo de alimento. La novela se enfoca en la transformación de una joven a punto de alcanzar el “sueño” de una mujer de su edad según la sociedad, pero la desintegración de su ego y su comportamiento inexplicable ante la comida retuercen una historia que bien podría ser sobre una joven que se casa y vive feliz para siempre. Con el tino habitual, Atwood cuestiona la imagen de la mujer y abarca -no sin cierta sátira- el juicio de los desórdenes alimenticios.

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“Nada se acaba” de Margaret Atwood | Imagen: Editorial Lumen

Nada se acaba

Finalista del Governor General’s Award en el mismo año, aborda  la descomposición del matrimonio y la identidad del amor por medio de Elizabeth y Nate. Estos dos paradigmas humanos viven en un cataclismo conyugal hasta que el suicidio del último amante de Elisabeth y la relación entre Nate y Lesje, una paleontóloga que solo se siente cómoda entre fósiles de dinosaurios, crean un triángulo amoroso. El relato es en esencia sobre la identidad del amor y las relaciones, sobre la monogamia y el deseo natural de las personas y sobre  una serie de personajes prototipos que ahínca en la crítica de Atwood como la madre progresista, la tía convertida en madrastra, la esposa convertida en amante.

Alias Grace

Ganadora del Giller Prize y finalista del Governor General’s Award esta relata la historia de Grace Marks, quien en la vida real y con 16 años se hizo famosa en Canadá por el asesinato de su jefe Thomas Kinnear y la amante de este 1843. James McDermott, verdadero autor del crimen, fue condenado a muerte; pero a Marks se le conmutó la pena capital por cadena perpetua. Dieciséis años más tarde el médico estadounidense Simon Jordan intenta resolver la verdadera historia tras los violentos sucesos de aquellos años.

Aunque es una de las pocas historias escritas por la canadiense basada totalmente en la vida real, la interpretación de Grace escrita por Atwood se vuelve única para retratar el perfil de una adolescente que enfrenta el sistema judicial en el siglo XIX.

Grace Marks se convirtió en una de las mujeres más enigmáticas de Canadá es la época por su supuesto papel en el doble asesinato. Fue exonerada después de 30 años de cárcel. Netflix y la cadena canadiense CBC ya tienen programada una adaptación de Alias Grace en formato de miniserie.

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“Por último, el corazón” de Margaret Atwood | Imagen: Salamandra Editorial

Por último, el corazón

Un matrimonio sin recursos sobrevive en su carro en un mundo de bancarrota financiera en donde la clase trabajadora se funda en un apocalipsis económico. En este espacio temporal el único sistema sostenible es el penitenciario. “Antes, el sentido de las cárceles era el castigo; luego fue la rehabilitación y la penitencia, y más tarde, tener encerrados dentro a los delincuente peligrosos. Después, durante unas cuantas décadas se usaron para controlar a la multitud. Se enjaulaba a los jóvenes agresivos y marginados para tenerlos lejos de las calles. Y luego, cuando se empezaron a gestionar como negocio privado, su sentido fue el margen de beneficio de los proveedores de comida prefabricada para las prisiones, los guardias contratados y todo eso”.

El Proyecto Positrón intenta cambiar esta situación. La solución: que la población haga turnos para vivir dentro de la prisión cada cierto tiempo, garantizando así la estabilidad del sistema.

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Margaret Atwood a los 28 años en la Universidad de Harvard 1967 | Imagen: FlareMagazine

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El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones

Romhy Cubas

Foto: Wikicommons
Wikimedia Commons

“Es posible que la invasión de los marcianos resulte, al fin, beneficiosa para nosotros; por lo menos, nos ha robado aquella serena confianza en el futuro, que es la más segura fuente de decadencia”.

La guerra de los mundos

El escritor, historiador y filósofo británico Herbert George Wells es uno de los grandes precursores de la ciencia ficción en la literatura. Su obra se puede comparar en alcance y relevancia con las geografías fantásticas de Julio Verne. Hace 151 años, un 21 de septiembre de 1866, Wells nació en el seno de una familia convencional de la Inglaterra de época, su visión totalmente utópica y fantástica para entonces dejó un registro crudo de  escenarios que con el tiempo se deshicieron de la etiqueta de ciencia ficción para convertirse en sucesos concretos.

Sin la ciencia, y específicamente la biología, Wells no habría creado relatos como el del Hombre invisible o La máquina del tiempo, publicado en un principio bajo el título de Los argonautas crónicos. Wells estudió biología en el Royal College of Sciences de Londres, y eventualmente se tituló en zoología en la Universidad de Londres. Gracias a estas experiencias y a un diagnóstico de tuberculosis que lo impulsó a dedicarse exclusivamente a la escritura, reunió una centena de obras de fantasía científica, predicciones tecnológicas y agudas observaciones sobre el poder y las consecuencias de la guerra que inclusive se manifiestan con mayor lucidez en el presente que en aquella época.

En sus novelas Wells dejó constancia de una inquietud por la supervivencia de las sociedades. Sus posiciones pacifistas y políticas hicieron de su obra una declaración sobre lucha de clases, la ética científica, y las utopías –muchas de carácter socialista-. Con frecuencia propuso la creación de un Estado mundial en donde hubiera una renta universal y donde los individualismos fueran suprimidos.

En sus obras están presentes la bomba atómica, la tecnología, las puertas y censores automáticos, la guerra biológica, la comida artificial, los rayos láser y decenas de otras fantasías que en aquél entonces no tenían espacio en la racionalidad de los lectores. Hasta ahora, y que nosotros sepamos, no existen hombres capaces de volverse invisibles o máquinas para viajar en el tiempo, pero si hay un puñado de escenarios y tecnologías que Wells planteó en sus libros y que hace décadas dejaron de ser ciencia ficción, otorgándole al escritor un halo visionario y certero.

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Portada del libro Hombres como dioses de H.G.Wells | Imagen vía: Amazon

Teléfonos y televisión

En Men Like Gods (1923), Wells crea una versión futurista de la Tierra en donde luego de cientos de años de progreso la gente se comunica exclusivamente mediante sistemas inalámbricos. Los guiños con lo celulares y los correos electrónicos de los que hoy dependemos para comunicarnos son evidentes, aunque la idea es un crudo formato de lo que conocemos en el presente. El principio de acumulación de mensajes, transmisión inalámbrica y comunicación a distancia son premonitorios.

Wells también desarrolló en When the Sleeper Wakes (1899) una forma utópica de entretenimiento en donde las tecnologías del audio libro y la televisión se disfrazan de ficción.

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Comic de La isla del Dr Moreau ilustrado por Gil Kane. Basado en la adaptación cinematográfica de 1977 del libro de H.G. Wells | Imagen vía: MyComicShop

La ingeniería genética

En  La isla del Dr. Moreau (1896) una nueva especie de animales biológicamente manipulados es parte de los experimentos de un científico demente que incursiona en la ingeniería genética. Las técnicas utilizadas son crudas y primitivas, pero la idea de trasplantes de órganos entre animales y humanos para adquirir longevidad, la creación de híbridos y el intercambio de células entre las especies son principios que guardan una relación obvia con las ambiciones de los científicos, quienes se vuelven cada vez más insaciables con los años. Precisamente Wells expone la codicia que puede presentarse cuando los humanos endiosan sus capacidades de creación y buscan en la tecnología un sustituto para todas las formas de vida.

“¿Quiénes son esas criaturas? -dije, señalando hacia ellas y alzando cada vez más el tono de voz para que todos me oyeran-. Antes eran hombres, hombres como nosotros; hombres a los que ha poseído una sustancia bestial, hombres a los que se ha esclavizado y convertido en monstruos y a los que todavía teme”.

La isla del doctor Moreau. H.G. Wells

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Bomba nuclear detonada por el gobierno francés en la Polinesia Francesa. | Imagen vía: Reuters

La bomba atómica y las armas nucleares

En The World Set Free (1914) Wells plantea el concepto de objetos que explotan gracias a distintos niveles de radiactividad, adelantándose inclusive al control de las naciones ante estos objetos para evitar una destrucción masiva. En el presente estos prototipos literarios tienen nombre e historial: la bomba atómica y las armas nucleares.

Wells reconoce y plantea principalmente el poder destructivo de la tecnología y las ambiciones humanas. En sus historias estas granadas  tienen el poder de explotar continuamente por días, semanas y hasta meses.

Actualmente conocemos de sobra su poder destructivo, pero Wells literalmente anuncia la creación de un objeto portátil con la capacidad para devastar una ciudad entera.

El futuro que H.G. Wells predijo en sus ficciones
Portada del libro La guerra de los mundos de H.G. Wells | Imagen vía: GoodReads

El Láser

En uno de sus libros más famosos, La guerra de los mundos (1898), que principalmente desarrolla el escenario de una guerra interplanetaria, las armas futuristas de los marcianos incluyen un devastador rayo de calor capaz de incinerar hectáreas a kilómetros de distancia. La descripción de Wells no es tan precisa como para construir un láser de trabajo, pero su parecido con el dispositivo y otras armas de “energía dirigida” es prueba suficiente.

“Todo lo que sea combustible se convierte en llamas al ser tocado por el rayo: el plomo corre como agua, el hierro se ablanda, el vidrio se rompe y se funde, y cuando toca el agua, esta estalla en una nube de vapor”. La guerra de los mundos. H.G. Wells

Muchas de las “predicciones” de Wells son ciertamente visionarias, otras se apegan al sentido común de un hombre de letras. A la par de cada avance, por muy pequeño que sea, es inevitable magnificar sus posibilidades y consecuencias. Wells también se anticipó al aterrizaje de la nave Apolo en Los primeros hombres en la luna (1901)  y entendió las probabilidades de un conflicto global en Europa con La forma de las cosas por venir (1933). No obstante, su predicción más valiosa es la de los escenarios que germinan cuando la tecnología intenta imponerse a la naturaleza humana.

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Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King

Romhy Cubas

Foto: Casa del Libro
Casa del Libro

La bibliografía de Stephen King, bautizado por muchos como el maestro del terror, da para llenar por lo menos una biblioteca dedicada exclusivamente a sus pesadillas. Con más de 70 libros publicados desde 1974 cuando firmó el contrato por su primera novela, Carrie, King es uno de los escritores modernos más lucrativos y de sus ficciones se han hecho adaptaciones en todos los formatos. Personajes emblemáticos como Jack Torrance y Pennywise se han aferrado al imaginario colectivo desde hace décadas, sus monstruos han sido la “cosa” del closet que ha obligado a dormir con la luz prendida a más de una generación.

Cuando el pasado 8 de septiembre se estrenó la nueva adaptación cinematográfica de una de sus novelas de terror más extensas y detalladas: It el payaso asesino, King demostró de nuevo que se puede vivir de fantasmas y pueblos embrujados. El libro, que ya había sido versionado en una teleserie de dos partes en 1990, relata en más de mil páginas la vida de un grupo de amigos en un pueblo maldito en donde cada 27 años se despierta una energía maligna. Esta pone en marcha masacres, incendios y, principalmente, la desaparición de decenas de niños en las circunstancias más macabras.

Y aunque es innegable que It es uno de los personajes más aterradores y mejor logrados de su bibliografía, la literatura de Stephen King está repleta de fantasmas, demonios, monstruos y males que son tan o más aterradoras como el payaso diabólico de Derry.

Con una obra tan extensa es fácil que muchos de los protagonistas que no han sido representados por grandes figuras en la pantalla grande, como Kathy Bates o Jack Nicholson, se pierdan en el mar de historias que ha producido Stephen King, por eso en este ranking rescatamos una lista con algunos de los monstruos más aterradores de su autoría, varios todavía vírgenes de adaptaciones cinematográficas.

Puede que entre las escenas más emblemáticas del cine de terror se encuentren por lo menos un par inspiradas en sus libros, incluyendo a Carrie cubierta de sangre de cerdo en su graduación, pero ninguna de estas versiones supera a los personajes narrados en su versión original, la de papel y tinta.

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Portada de La Historia de Lisey de Stephen King | Imagen vía: Ediciones DeBolsillo

La cosa del costado moteado de La historia de Lisey (2007)

Stephen King escribe una historia de amor que no tiene nada que ver con finales felices. Lisey es la viuda de Scott, un reconocido escritor cuyas sombras personales se presentan tan siniestras como los maltratos que sufrió en su infancia. La cosa del costado moteado es eso que no lo deja dormir por las noches, una criatura que vive en Boo’ya Moon, especie de universo paralelo que huele a fresas y violetas durante el día, pero que de noche esconde seres resbaladizos y peligrosos.

También apodado en el libro como “el chaval larguirucho de Scott”, este ser que se arrastra y corre entre la realidad y los sueños, que acecha en los espejos de la casa en la oscuridad y al cual se le oye comer cuando la luz del día se extingue con el atardecer, es uno de los personajes más inquietantes creados por King. La cosa del costado moteado inevitablemente te hará querer prescindir por algunos días de los espejos y su reflejo, sobre todo en la oscuridad.

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Banner de la nueva película de It -2017- dirigida por Andrés Muschietti | Imagen vía IMDB

It el payaso asesino

Con la última adaptación de “It”, el payaso de Derry se reivindica como el monstruo más famoso de King. Este es un ser que vive en un pequeño pueblo de Maine desde el principio de los tiempos, representa la maldad y la muerte y se transforma en los distintos terrores personales de aquél que se tropieza con su traje abombado. Su forma común y universal es la del payaso, Pennywise, un hombre que se pasea por las calles con labios rojos y maquillaje blanco, ofreciendo globos a los niños y prometiendo diversión en las cloacas laberínticas del pueblo.  

It es la cúspide de la coulrofobia –fobia a los payasos-, un ser que despierta cada 27 años para descuartizar niños y que busca que todos floten junto a su manojo de globos y risa inexistente.

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Jack Nicholson como Jack Torrance en la adaptación de El resplandor dirigida por Stanley Kubrick | Imagen vía: IMDB

Jack Torrance en El Resplandor

“¡No voy a hacerte daño! Wendy, querida, luz de mi vida, ¿de qué tienes miedo? No me has dejado acabar la frase, dije: No voy a hacerte daño, sólo voy a aplastarte los sesos. ¡Aplastaré tus jodidos sesos!”  -El Resplandor-

Es común que los libros de King sean protagonizados por escritores,  y en El Resplandor Jack Torrance es un autor alcohólico en recuperación que se traslada con su familia a un hotel de Colorado aislado del mundo. El hotel es un hervidero de fantasmas y asesinatos pasados que acechan a todo el que atraviese sus puertas. Jack es el recipiente perfecto para los demonios del lugar y poco después de su llegada su lado oscuro, su naturaleza violenta, su propensión a la bebida y su claustrofobia se explayan hasta crear a un hombre inquietante y poco cuerdo que persigue a su familia por el laberíntico hotel para asesinarla.

Jack Nicholson dio vida a este personaje en la adaptación de la novela dirigida por Stanley Kubrick en 1980. El nivel de locura que logró representar Nicholson con su famoso ¡Here is Johnny! es solo una fracción de la verdadera demencia que representa este personaje en el libro.

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Cujo en la adaptación cinematográfica de 1983 dirigida por Lewis Teague | Imagen vía: IMDB

Cujo, el perro asesino en Cujo

Solo Stephen King puede hacer que el mejor amigo del hombre se convierta en una fobia literaria. Cujo es un hermoso San Bernardo, grande e imponente,  juguetón y noble que es mordido en el hocico por un murciélago en uno de sus paseos diarios. Cujo, quien nunca ha sido vacunado contra la rabia, se contagia de una enfermedad que lo convierte en un animal violento y sediento de sangre con su propio monólogo interno de asesino primerizo.

El pueblo en donde habita se verá invadido por el miedo y una especie de toque de queda en donde nadie está a salvo de la rabia de Cujo.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 7
Portada de Duma Key de Stephen King | Imagen vía: Thedarktower.com

Perse, la muñeca maldita de Duma Key

En Duma Key Edgar Freemantle, el dueño de una compañía de construcción de Minneapolis, se muda a una playa ficticia de Florida para reconstruir su vida luego de sobrevivir a un accidente de tránsito que lo deja sin un brazo. El accidente no solo se lleva una extremidad de su cuerpo, sino que despierta una especie de psique expresada través de una obsesión por crear dibujos y cuadros que toman vida propia en la oscuridad.

Perse es la fuerza maligna manifestada en Duma Key, esta comanda un conjunto de almas malditas y se manifiesta a través de una vieja muñeca china con una capa roja. Su nombre completo, Perséfone, hace referencia a la diosa griega Perséfone, la reina del Inframundo.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 10
Kathy Bates como Annie Wilkes en la adaptación cinematográfica de Misery de 1990 | Imagen vía: IMDB

Annie Wilkes en Misery

Dicen que la miseria adora la compañía, y Misery es el perfecto ejemplo de este proverbio. Paul Sheldon es un famoso escritor de novelas románticas que mata a su personaje principal en su más reciente historia, “El hijo de Misery”. Un invierno, de camino a Los Ángeles y en medio de una tormenta de nieve, Sheldon sufre un accidente de tráfico. Despierta con las piernas rotas y postrado a una cama desconocida, su anfitriona Annie Wilkes resulta ser una enfermera que se declara su fan número uno.

Bajo el cuidado de Annie el escritor se comienza a recuperar hasta que la conducta de la fanática se sale de control. Cuando Annie se entera de que Paul mata a Misery en su nueva novela, comienza a drogar y torturar al escritor, obligándolo a escribir una nueva secuela del libro en donde Misery vuelva a la vida.

Annie es un personaje trastornado y demente que representa la peor pesadilla de cualquier persona que se gane “fanáticos” gracias a su obra.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 9
Escena de la nueva adaptación de El juego de Gerald producida por Netflix | Imagen vía: Netflix

Gerald Burnlingame en El juego de Gerald

En este juego mortuorio Gerald encadena a su esposa Jessie a la cama de una cabaña aislada e incomunicada en el bosque. En medio de un fallido juego erótico Gerald muere de un paro cardiaco y mientras este yace sin vida en el suelo de la habitación, Jessie -atada a la cabecera de la cama- intenta sobrevivir no solo al dolor, la sed y el hambre, sino a los fantasmas de su pasado en donde los hombres abusivos no escatiman.  La presencia de Gerald seguirá tan latente como la descomposición de su cuerpo. Los recuerdos del maltrato y los juegos soportados por Jessie a costa de su marido y su padre hacen que el personaje de Gerald, aunque muerto, sea tan o más dañino de lo que fue vida.   

Netflix  ha adaptado “El juego de Gerald” para su plataforma este año. La versión protagonizada por Carla Gugino (American Gangster), Henry Thomas (Ouija) y Bruce Greenwood (Meek’s Cutoff) se podrá ver desde el 29 de septiembre.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 8
Parte del póster promocional de la película El cazador de sueños proyectada en el 2003 | Imagen vía: IMDB

El Señor Gris de El cazador de sueños

Aunque es una historia de alienígenas y extraterrestres, King logra hacer de estas criaturas desagradables y mal olientes una pesadilla digna del autor.

El reencuentro de cuatro amigos de la infancia en una cabaña de Maine es la excusa para que una serie de comadrejas que incuban en el cuerpo de los humanos busquen exterminar la raza humana. Aunque puede parecer una forzada y ya contada historia de ciencia ficción, alienígenas y humanos, el elemento de terror se mantiene en vilo durante todo el libro.  Además está el Señor Gris, un extraterrestre que posee el cuerpo y la mente de las personas, comprometiendo su voluntad y borrando cualquier rastro humano que pueda quedar en el poseído.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 1
Portada de Buick 8 de Stephen King | Imagen vía Ediciones DeBolsillo

Buick el carro asesino

King ya lo ha logrado otras veces con celulares, con perros y en esta ocasión con un carro. No se necesita una familia poseída o un manicomio abandonado para crear una historia de terror. Para muestra el protagonista de este libro: un Buick modelo 1954 que cobra vida propia y tiene instintos asesinos.

Lo interesante aquí es la vida que le da King a lo material, algo tan simple como un carro abandonado y recuperado por unos agentes de la policía comienza a intervenir inesperada y peligrosamente en las vidas de quienes lo “conducen”.

Top 10 de los personajes más inquietantes de la literatura de Stephen King 4
Adaptación cinematográfica de El cementerio de mascotas dirigida por Mary Lambert en 1989 | Imagen vía IMDB

Gage Creed, el niño poseído de El cementerio de mascotas

Un médico se instala junto a su familia en una nueva casa en las colinas de Maine – un pueblo recurrente en las historias King-, a pocos quilómetros del terreno un antiguo cementerio, utilizado por los niños del lugar para enterrar a sus mascotas, se erige en medio del silencio y las carreteras inhabitadas.

El cementerio parece ser un terreno ahogado de magia negra y ritos antiguos.  Cuando el hijo menor de la familia, Gage Creed, muere en un accidente de tránsito, su padre lo entierra en el cementerio de mascotas con la esperanza de que regrese de entre los muertos.

En la historia King reflexiona sobre el duelo y las consecuencias –exageradas, por supuesto, hasta su máximo elemento de terror- de sufrir la pérdida de un ser querido. El pequeño Creed regresa poseído y con un incontrolable deseo de hacer daño a su familia.     

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El verano de Piglia

José Antonio Montano

Foto: JORGE SILVA
Reuters

No hay nada como tener un autor para un verano lector. Yo este verano he tenido a Piglia. Ha sido, para mí, el verano de Piglia.

Recuerdo otros veranos: el verano de Jünger (1991), el verano de Bernhard (2004). Ernst Jünger, con su fama de frío, me estuvo calentando después todo el invierno; sentía vivamente la brasa de aquella lectura –el calor del verano y el calor de ‘Radiaciones’–, como una estufita para los días desapacibles. Y Thomas Bernhard dejó electrificados, tensos y sin grasa, vigorosos, regocijantes, los meses (¡y años!) que siguieron.

Ahora ha sido el escritor argentino Ricardo Piglia, que murió a los setenta y cinco años en enero de este 2017. Yo no lo había leído, porque por lo que había leído sobre él pensaba que era un autor programático. Es decir, de los que tienen una teoría y luego escriben sus obras como ‘ejemplos’ de su teoría; obras que salen entonces medio muertas y como forzadas: aquejadas de abstracción. Pero Piglia no es eso. Tuve la suerte de empezar por ‘Los diarios de Emilio Renzi’ (y no porque me interesara Piglia, sino porque me interesan los diarios) y ahí me encontré su relación apasionada y nada programática con la literatura. También me había hecho la idea de que Piglia era pomposo y tampoco: como todos los maestros, es ligero, juguetón. Abre más que cierra.

Los dos primeros tomos de los diarios los leí a principio de julio. Para finales de agosto me había leído en total once libros de Piglia. El duodécimo ha sido el tercer y último tomo de los diarios, que se ha publicado en septiembre. He vuelto ahora a Piglia para terminar el verano y que sea así, definitivamente (¡programáticamente!) el verano de Piglia.

De los diarios me ha gustado su textura: cómo da cabida al ruido diarístico, el ruido de la escritura sin pulir; y que eso funcione. He leído diarios así que no funcionan, que se hacen aburridos. El de Piglia no, por puro mérito literario. Todo diario trabajado es un jardín, y la mayor sofisticación es que ese jardín retenga su aspecto agreste. Piglia lo consigue. Y además introduce variables estructurales que constituyen (¡por decirlo con el lenguaje de los profesores!) una reflexión sobre el género diarístico.

Los elementos del mundo de Piglia son limitados, controlables. Por eso se familiariza uno enseguida con él y los disfruta. Profundizando en ellos, naturalmente: son elementos contados pero fecundos. Escribe sobre la relación entre la ficción y la verdad (sobre el secreto, el enigma y el misterio, y sobre lo que él llama “la ficción paranoica”), sobre el acto de la lectura y sobre el lector como personaje, sobre el escritor también como personaje, sobre el escritor como crítico, sobre el amor y la pérdida, sobre el dinero, sobre filosofía, sobre psicoanálisis, sobre las quiebras del sujeto, sobre la vida en los márgenes, sobre la incidencia de la política en la vida (algo particularmente abrasivo en Argentina; se aprecia como en ningún otro sitio en la primera parte del tercer tomo de sus diarios, titulada “Los años de la peste”). De su mundo forman igualmente parte ‘sus’ escritores: los argentinos Borges, Arlt, Sarmiento, Alberdi, Macedonio Fernández o Manuel Puig; los extranjeros que vivieron en Argentina Gombrowicz o Hudson; y Kafka, Hemingway, Pavese, Joyce, Faulkner, Brecht o Bernhard, al que imita a veces.

En una de las anotaciones diarísticas, escrita cuando arrasa la moda del ‘boom’, se dice (y le dice al lector futuro) que debe mantenerse apartado de esa moda, trabajando a su ritmo y en su silencio. Uno de los gustos de leerlo ahora es comprobar que acertó: sus libros se mantienen cuando muchos de los otros han pasado.

¿Qué le aconsejaría al lector que quiera iniciarse en Piglia (¡aunque sé que son muchos los lectores ya iniciados en Piglia!)? Propongo los tres tomos de los diarios (o al menos el primero); el libro de cuentos ‘Nombre falso’, que incluye la novela corta de igual título; la novela ‘Respiración artificial’; y los libros de ensayos ‘Formas breves’ y ‘El último lector’. (De entre sus numerosos vídeos, recomiendo también las conferencias sobre Borges).

Por mi parte, tengo aún tres libros de Piglia sin leer, tres novelas: ‘La ciudad ausente’, ‘Plata quemada’ y ‘Blanco nocturno’. Me las dejo ya para el invierno. O sea, para el verano austral.

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