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La mujer china redefine la belleza de género

Leticia Martínez

Foto: Thomas Peter
Reuters

La androginia entre las jóvenes chinas es tendencia; el rechazo a la definición y los estereotipos de género parece contrarrestar la presión de una sociedad tradicional que estimula la hiperfeminidad en las mujeres. La aparición en la escena musical de varias cantantes que prefieren no definir su sexualidad o género parecen avivar los debates sobre el ideal femenino de delicadeza y sumisión en la cultura china. Esta, no es otra loca moda del país asiático, pues lleva ya varios años asentada entre las nuevas generaciones y parece ser más popular que nunca.

La nueva sensación del pop chino se llama FFC-Acrush, es una boy band compuesta por cinco jóvenes de entre 18 y 24 años, que cuenta con unos 900.000 seguidores en la popular red social china Weibo, muy cerca de casi el millón de fans que tiene la venerada Katy Perry. Sin embargo, los titulares que genera Acrush no tiene tanto que ver con su música, como con el hecho de que sus integrantes son chicas, aunque parecen chicos. Las componentes de Acrush visten, bailan y actúan como lo haría One Direction, incluso aprenden a jugar al fútbol para practicarlo durante sus conciertos.

Hiperfemeninas y andróginas, las mujeres chinas se rebelan contra los estereotipos de género
Las componentes de FFC-Acrush antes de una conferencia en Pekín, China. |Foto: REUTERS/Damir Sagolj

El fenómeno, llamado ‘genderfluid’ – fluidez de género, en español­–, se basa en la mezcla de géneros.  “Estamos aprovechando la singular belleza de la neutralidad de género“, dijo Wang Tianhai, director de la multinacional que lleva la banda, en una entrevista a la CNN. “Reconocemos que este grupo de personas representan un sentido especial y único de belleza, y creemos que este estilo puede convertirse en tendencia”.

La popularidad de este grupo llega después de que Li Yuchun, una cantante de aspecto andrógino, ganara ‘Super Girl‘, un concurso tipo ‘American Idol’, con millones de espectadores repartidos por todo el país. “Desde entonces, todas las mujeres jóvenes del país se han dado cuenta de que las chicas que van vestidas como chicos no son menos guapas, sexualmente atractivas o seguras“, comentó Lei Ming, CEO de ABD, una consultora de entretenimiento de Beijing a la cadena CNN. “Su imagen indica una nueva tendencia en la representación del género de la China contemporánea. Tras décadas de rechazo de la imagen masculinizada de las mujeres promovida por la tradición Maoísta, y el fomento de la vuelta a la hiperfeminidad por parte del actual Estado chino, muchas mujeres se han embarcado en un proyecto para deshacer los estereotipos de género promovidos por los ideales masculinos”, asegura la profesora de Estudios de Género, Xin Huang, de la Universidad de Milwakee en el libro Cultura asiática en transición (2013).

En la filosofía e historia china, las mujeres siempre han ocupado un lugar secundario, encargándose del hogar y del cuidados de los hijos. El legado del Taoísmo, por ejemplo, describe el ‘yin’ como la feminidad suave y pasiva, mientras que el ‘yang’ representa la masculinidad, que se basa en principios de dominación. La apertura de China a nuevos mercados económicos, la globalización y la muerte de Mao Tse Tung acabaron con la imagen asexual de las mujeres durante el comunismo, para adquirir en su lugar un ideal extremadamente tradicional de lo que se supone que debe ser una mujer, y que ahora se pone en entredicho.

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Las mujeres chinas durante el gobierno de Mao Tse Tung se equiparaban a los hombres a través de una imagen asexual. Fot: Flickr/ Usuario IISG.

El término andrógino escapa a las normas socioculturales y a la dualidad de los sexos, por eso la apuesta de Li Yuchun por una imagen distinta a la usual es un paso hacia una mayor independencia de los ideales fuertemente arraigados en el patriarcado chino, un paso más hacia el empoderamiento de las mujeres.

No obstante, aún queda mucho por recorrer, pues la controversia persigue a estas cantantes, ya sea por cómo visten, por lo que cantan o por lo que hacen. La ansiedad social por categorizar el género es, sin duda, una manifestación de la inquietud que producen los cambios, aunque estos lleguen en forma de meros productos de consumo o tendencias pasajeras, pues ayudan a reflexionar y a observar el mundo desde otros niveles.

Mujeres en política, la larga batalla por la igualdad

Marta Ruiz-Castillo

Foto: SUSANA VERA
Reuters/Archivo

Con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, The Objective ha querido conocer de primera mano cómo es la vida de las mujeres que se dedican a una actividad como la política, y lo ha hecho de la mano de dos de sus protagonistas, Esperanza Aguirre, del Partido Popular, e Ione Belarra de Podemos. Dos mujeres separadas generacional e ideológicamente, con las que hemos hablado sobre la situación de la mujer en general y de la política en particular, a través de su experiencia. Visiones antagónicas o no tanto sobre un mundo tradicionalmente de hombres en el que, como ambas reconocen, persisten ciertas reminiscencias de un machismo que no termina de desaparecer.

La veteranía de una política liberal

Si hay en España una mujer que no deja indiferente a nadie en política esa es Esperanza Aguirre. Odiada y amada a partes iguales, no cabe duda de es una política de los pies a la cabeza. Y de las mujeres que más tiempo lleva dedicada a esta actividad. La actual portavoz del Grupo Municipal Popular y concejala del Ayuntamiento de Madrid ha sido presidenta de la Comunidad de Madrid, ministra de Educación y Cultura, presidenta del PP de Madrid y la única mujer hasta la fecha que ha ocupado la Presidencia del Senado. “Tengo 65 años y de ellos, con la excepción de cuando fui estudiante y acabé la carrera y las oposiciones, los seis años que estuve trabajando en el Ministerio y los dos que recientemente he estado en la empresa privada, todos los demás he estado en política. En total, 33. O sea que ya llevo más tiempo en política que fuera de ella”, explica.

Hace 33 años no era tan frecuente como ahora encontrar a mujeres políticas. Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Ahora hay muchas mujeres ejerciendo cargos de responsabilidad en todos los ámbitos, desde el Gobierno central hasta los Ayuntamientos pasando por el Congreso y el Senado o las administraciones autonómicas. “Una de las cosas que ha cambiado es que las cuotas obligatorias y las listas cremallera, que son obligatorias por ley, han hecho que no todas las que llegan ahora vengan por su capacitación profesional y académica sino que muchas vienen, desgraciadamente, porque las eligen por el hecho de ser mujeres”, se lamenta Aguirre.

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Esperanza Aguirre lleva 33 años en política y se declara feminista frente al machismo que subsiste. | Foto: Jorge Raya / The Objective

“A mí me molesta mucho que se tenga que preferir a una mujer sobre un hombre por el hecho de la cuota o de la igualdad. Yo no estoy de acuerdo con las cuotas pero reconozco que han tenido la virtualidad de colocar a muchas mujeres en la política”. Cuando ella llegó a la política “no eran raras las fotografías en las que todos eran varones”.

La pregunta entonces es por qué se le ocurrió entrar en política si era un medio más bien hostil para una mujer. “Acabé la carrera, hice unas oposiciones, en medio me casé, y estaba trabajando ya en el Ministerio de Turismo”. Entonces, añade, conoció a Pedro Schwartz que formó un partido que se llamaba la Unión Liberal con el que se presentó en las elecciones de 1982 y salió elegido diputado. Al año siguiente, “me ofreció ir en las municipales y no sin alguna reticencia al principio, acepté y salí elegida concejal del Ayuntamiento de Madrid por Unión Liberal en 1983, partido del que se decía que cabíamos todos en un taxi pero que lo pagaba Alianza Popular, lo cual no era del todo incierto”. Esos fueron los inicios en política de Esperanza Aguirre.

Desde el punto de vista más personal, desde el primer momento contó con todo el apoyo de su marido. “Estaba casada, trabajaba en el Ministerio, acababa de tener mi segundo hijo y habían llegado los socialistas con una noticia fantástica para las madres, que era que podíamos renunciar a un tercio del horario y a un tercio del sueldo. Y a mí en ese momento me vino maravillosamente bien porque al final no se renunciaba a un tercio del suelo total, sino a un tercio de los complementos. Con lo cual, yo podía atender a mis hijos y en esa tesitura me encontraba”. Reconoce que fue de gran ayuda para ella “esta decisión de Felipe González”. Durante un tiempo compaginó su trabajo en el ministerio con el puesto de concejala hasta que decidió dedicarse “‘full time’ a su actividad política como portavoz de Cultura en la oposición”.

“Soy feminista pero no comparto en absoluto la ideología de género” 

Admiradora de Margaret Thatcher, la primera mujer primera ministra del Reino Unido conocida como la ‘Dama de Hierro’, “hay muchos que consideran que ha sido un desastre para las mujeres, entre otros, los de Podemos que creen que lo bueno para el feminismo no es que haya mujeres en los cargos sino que se feminicen – ¿Cómo dice Pablo Iglesias? – que se feminicen los hombres porque hay mujeres muy masculinizadas – y a mí me considera una de ellas”.

Niega este extremo y asegura que ella es “feminista” pero “no comparto en absoluto la ideología de género y me parece muy mal que se pretenda adoctrinar a los niños en ese tema”. En política, Aguirre es de las que piensa que a las mujeres se les sigue tratando de forma diferente que a los hombres; como ejemplo pone el caso de la típica pregunta que siempre le hacen por ser mujer sobre cómo compagina la vida familiar con la vida política. “Eso no se lo preguntan nunca a un hombre”. Un síntoma, en su opinión, de que “subsiste el machismo” y entre los machistas destaca al secretario general de Podemos. “Un señor como Pablo Iglesias que dice que azotaría hasta hacer sangrar a Mariló Montero – periodista de TVE – y nadie dice nada, y las feministas no se salen de la rueda de prensa, no protestan…”. Una frase que “refleja el machismo de Pablo Iglesias”. Lo que hay que hacer, añade, es “¡denunciar el machismo!. Si tú me preguntas por qué he podido ser yo política, te contesto que porque mi marido no es machista. Es liberal y no es machista”. Además, la abuela materna de Aguirre “era muy feminista y obligó a sus hijas a hacer Bachillerato, y favoreció muchísimo que todas mis hermanas hiciéramos carreras”.

“Si me preguntan por qué he podido ser yo política, la respuesta es porque mi marido no es machista; es liberal pero no es machista”

Esperanza Aguirre tiene dos hijos a los que no ha necesitado inculcar ningún tipo de principio sobre la igualdad entre hombres y mujeres porque “ellos lo han percibido, han visto a su madre siempre trabajando y teniendo unos puestos de más protagonismo social que su padre y nunca les ha parecido mal. Sobre todo porque a su padre no le parecía mal”. En este sentido, puntualiza que más que ser ella un ejemplo de igualdad, ha sido de “desigualdad” porque “yo he tenido más protagonismo que mi marido”, por eso insiste en que “esto de las listas cremallera en política es un disparate. Hay varios ayuntamientos que querían hacer una lista de mujeres y no les han dejado. Es absurdo”.

Recuerda que “antes de que fuera obligatorio, siendo presidente José María Aznar, hizo que las ciudades más importantes de España tuvieran mujeres alcaldesas. Nadie había pensado que Sevilla, Málaga, Valencia, Ávila, Zaragoza…fueran ciudades que gobernaran las mujeres”. “Esto ha empezado a degenerar, poco a poco, cuando llegó José Luis Rodríguez Zapatero al Gobierno, que puso a las mujeres por ser mujeres, las sacó en Vogue posando…y ha degenerado, ha ido para abajo en todas partes”.

Sobre el Día de la Mujer Trabajadora, Aguirre dice que lo va a conmemorar “trabajando” con participaciones en diversos actos oficiales y de partido. “Vamos a ver, a mí lo que me gustaría es que no tuviéramos que celebrar el 8 de marzo ¿Por qué hay que celebrar el Día de la Mujer Trabajadora? Lo que tampoco puede ser es que en los países occidentales en los que tenemos la raíz cultural judeocristina y grecolatina, que hemos llegado a la igualdad ante la ley – con América incluida – aún hay otros países donde la mujer está preterida, sojuzgada, sometida a su padre o a su marido, cuando no mutilada. Entonces de eso no tenemos que hablar las mujeres occidentales. Te lo digo porque el otro día en el Ayuntamiento de Madrid hicimos una declaración institucional y no nos dejaron a nosotros- el PP – condenar algunos regímenes que, por principio, tiene a la mujer preterida, porque eso es islamofobia”.

Sin duda, ha habido muchos logros que han conseguido las mujeres pero si tuviera que quedarse con uno, Esperanza Aguirre se decanta por “el Código Civil, que nos concede todos los derechos”, que ha acabado con situaciones como la que equiparaba en el tardofranquismo a la mujer, en capacidad de obrar, con el menor y el loco. ¿Y qué es lo que queda por hacer? “Lo que queda es ocuparse del resto de las mujeres del mundo, millones de mujeres en el mundo donde no tienen los mismos derechos que los hombres”. Y en España “todavía quedan muchas cosas por hacer. Yo veo a las madres jóvenes trabajadoras que tienen que hacer encaje de bolillos; lo veo en mis nueras que tienen hijos y tienen trabajos muy estresantes y muchas veces las mujeres tienen que renunciar a un ascenso en el trabajo para poder ocuparse de los hijos y eso es lo que no puede ser. Porque somos una sociedad envejecida, necesitamos más niños y hay que ayudar y favorecer mientras los niños son pequeños, que puedas trabajar en tu casa; hay muchísimas cosas que se pueden hacer”.

El entusiasmo de la juventud

Ione Belarra acaba de empezar en política. Lleva desde enero del año pasado en el Congreso de los Diputados, aunque explica que ha sido “activista durante mucho tiempo en temas de migraciones y derechos humanos, y siento que soy eso, una activista que temporalmente está haciendo política institucional”. Miembro de Podemos, acaba de ser nombrada portavoz adjunta del Grupo Parlamentario en una Cámara baja donde, de los 150 escaños, 138 están ocupados por mujeres.

8M: Mujeres en política, la larga batalla por la igualdad
Ione Belarra es portavoz adjunta del Grupo Parlamentario de Podemos. | Foto: Podemos

A la hora de hablar sobre los derechos de las mujeres, Ione habla de las mujeres que no han tenido, como ella, el privilegio de estudiar, de las que por miedo a perder su trabajo es probable que no se sumen al paro de media hora internacional el 8M. Esta Psicóloga Educativa de 29 años cree que el “feminismo no debería ser una cuestión de partidos únicamente, pero detrás del feminismo hay una ideología profunda, que es hacer visible que las raíces de las desigualdades que hay entre hombres y mujeres no son casualidades, son fruto de un proceso histórico donde las mujeres han tenido menos oportunidades de estar en los espacios de decisión”. “Igual el ataque que nos hace la derecha es que estamos ideologizando este tema, pero es más por los matices”.

Al igual que Aguirre, Ione tiene claro que no todo el colectivo de mujeres está en la misma situación de igualdad o desigualdad. Y también admite que quedan reminiscencias machistas en los partidos, en la política. “Vivimos en una sociedad patriarcal en la que el machismo lo invade todo. Yo he crecido en una sociedad machista y seguramente tengo dejes que son machistas aunque me considero una mujer feminista”. Pero en el caso de Podemos, explica, todos sus integrantes tienen un compromiso claro de “reflexionar sobre eso y tratar de cambiarlo”. Ahí reside, en su opinión, la diferencia fundamental con respecto a otras formaciones donde el machismo está más arraigado, “en reflexionar sobre las situaciones que crean desigualdad con el compromiso de trabajar para transformarlas”.

“Vivimos en una sociedad patriarcal en el que el machismo lo invade todo, también los partidos”

Su opinión sobre la obligación de los partidos de elaborar listas cremallera en las elecciones difiere de la de Aguirre, ya que para Ione “que haya mujeres en las listas es un primer paso. No debe ser el único pero es importante porque cuando no se aplica esa corrección, los espacios de decisión se llenan de hombres”. “Debe ser obligatorio pero para nosotros es la exigencia mínima. Lo máximo es cambiar las dinámicas para que los hombres no ocupen tanto espacio”.

Desde su papel como política, admite que se ha avanzado en los derechos de las mujeres pero aún “queda mucho por hacer”. Y en este punto, lamenta la violencia machista, el hecho de que en los tres primeros meses de este año hayan sido asesinadas 16 mujeres; eso es la punta de un iceberg mucho más amplio de una sociedad donde no hay igualdad de género, de la cultura machista de este país, lamenta. “Las mujeres, a lo largo del día y de nuestra vida sufrimos muchas formas de violencia” y pone como ejemplo los piropos, “una forma de violentar tu cuerpo”.

Para Ione, haber entrado en política es una decisión que tomó con total libertad pero sabe que por el hecho de ser mujer tiene que “dar un plus” en su trabajo, en este caso como portavoz adjunta. “Para demostrar que valemos para el puesto tenemos que esforzarnos más y yo siento que cualquier pequeño fallo que cometa va a magnificarse mucho más que si fuera un hombre, porque se te mira con lupa y si cometo un error siento que alguien podría decir ‘ves como no está preparada para estar ahí, ves como no vale, ves como es demasiado joven, y todo, en el fondo, por ser mujer “. Después de tres años en Podemos, Ione percibe que los hombres trabajan mucho pero las mujeres “estamos trabajando muchísimo, metiendo muchas horas y renunciando a muchas cosas”. En su caso, ha renunciado a una beca de investigación muy difícil de conseguir. “Creo que sí, que estamos haciendo muchas renuncias sobre todo las mujeres jóvenes con los condicionantes que eso tiene en cuanto a plantearte tener hijos o no”. Ella desde luego ahora ni se lo plantea “con la vida que llevo”. Los hombres no tienen tanto este conflicto personal, admite Ione.

“Siento que cualquier pequeño fallo que cometa va a magnificarse más que si fuera un hombre”

En cuanto al mayor logro que se ha producido en los derechos de la mujer, Ione destaca el hecho de que se considere ya como “un consenso general que vivimos en una sociedad machista” y como nadie lo cuestiona es un logro porque “a partir de ahí puedes plantear soluciones al problema”. “Ahora está asumido que el machismo es una lacra contra la que hay que trabajar”, insiste.
Por eso, lo más importante que le queda por hacer a las feministas en su lucha contra la desigualdad es “conseguir que se incorporen las mujeres que tienen más dificultades en la España de hoy, las que tienen situaciones más precarias, las mujeres migrantes”, que no forman parte de la lucha feminista, reconoce, “porque no hemos sabido incorporarlas”.

Esperanza Aguirre e Ione Belarra, dos mujeres, dos políticas, dos generaciones diferentes, dos experiencias y militantes de partidos opuestos. Y, sin embargo, tras conversar con ellas, hay muchos puntos en común respecto a los retos que aún quedan por alcanzar en la larga batalla por la igualdad de las mujeres en el mundo.

Bechdel, la prueba del papel de la mujer en el cine

Cecilia de la Serna

Foto: Fox 2000 Pictures

Estamos en periodo de galas de entregas de premios, y con ellas las reivindicaciones sobre la inclusión de las minorías en el cine. El año pasado fue el de los #OscarSoWhite, una demanda a la que se dio respuesta y que ha resultado con la amplia representación de actores y creadores afroamericanos entre los nominados en la presente edición de los premios Oscar. Tras haber superado esa barrera, se abren otros frentes en la industria. La reivindicación de la eliminación de la brecha de género en el Séptimo Arte no es nueva, ya son varias las personalidades que han levantado la voz contra este problema. La brecha de género no se reduce al dinero que reciben las actrices en comparación a sus compañeros masculinos, sino que va mucho más allá.

La representación de la mujer en el cine es un tema sociocultural que influye, como pocas industrias culturales, en el papel de las mujeres en la sociedad. El cine no sólo es entretenimiento, sino que es educación, por lo que su influencia en los patrones de conducta de las personas, especialmente en los más jóvenes, es muy extensa. Para medir la presencia femenina respecto a la masculina en las películas no hacen falta grandes tesis o conocimientos, sino un sencillo cuestionario de tres preguntas: el test de Bechdel.

Este sencillo método evalúa si un guión de una película o serie -aunque es extrapolable a los cómics u otras representaciones artísticas- cumple con los estándares mínimos para evitar la brecha de género. Las tres cuestiones que establece el test de Bechdel son:

1. ¿En la película salen al menos dos personajes femeninos?

2. ¿Dichos personajes se hablan la una a la otra en algún momento?

3. Dicha conversación tiene que tratar de algo más que no sea un hombre (no limitado a relaciones románticas, por ejemplo dos hermanas hablando de su padre no pasa el test).

El origen de Bechdel se remonta 1985, cuando la dibujante Alison Bechdel publicó la tira cómica Unas lesbianas de cuidado, en la que dos mujeres se disponen a entrar al cine cuando una de ellas comenta que solo accede a ver películas que cumplan tres requisitos: que incluyan al menos dos personajes femeninos, que estos compartan escena y hablen entre sí, y que la conversación no trate acerca de hombres.

El test de Bechdel original. (Imagen: Alison Bechdel)
El test de Bechdel original. (Imagen: Alison Bechdel)

Entre las nominadas a Mejor Película en los Oscar sólo dos pasan el test de Bechdel: La llegada y Figuras ocultas

Aunque parezca mentira, no abundan las películas que pasen el test de Bechdel. Por ejemplo, de las nominadas a Mejor Película en los Oscar de 2017 sólo dos pasan el test: La llegada y Figuras ocultas. Para salir de dudas, una página web recopila, película por película, las cintas que aprueban el test de Bechdel.

No faltan los detractores del test, que esgrimen que la mayoría de los grandes clásicos del cine, así como excelentes filmes contemporáneos, no pasan el test. Por lo tanto, dicen que no debería ser la vara de medir, en ningún caso, la calidad de las cintas. La propia autora del test, que se ha popularizado especialmente con la aparición de Internet y las redes sociales, invita a no tomarlo demasiado en serio. Para Alison Bechdel, el cuestionario no es en ningún caso una prueba definitiva de que la película en cuestión sea feminista o, por el contrario, sexista. Tampoco de que sea una buena o mala obra cinematográfica. Como ejemplo, podemos tomar la película Chicas malas, que pasa completamente el test de Bechdel (aprueba las tres preguntas), pero que para numerosas activistas éste no es un gran ejemplo de feminismo, especialmente para las más jóvenes.

Aunque controvertido, el test de Bechdel es un indicativo bastante fiable en torno a la representación de la mujer, por la mujer, y para la mujer en el mundo del cine.

Indigenismo y feminismo

Francisco Segarra

Dijo Chesterton que todo es cristiano: la Revolución Francesa, el anarquismo, el comunismo, el feminismo, el socialismo, la democracia. Lo único que no es cristiano es el cristianismo, que es divino.

Un servidor añadiría -porque no existía en tiempos de GKC- que el indigenismo es cristiano también. En el sentido de que tiene conciencia del valor expiatorio de la sangre. Así, se ha descubierto en Perú un templo secreto donde los sacerdotes de algún culto indígena sacrificaban mujeres para aplacar a los dioses. Estas culturas prehispánicas entendieron bien el sacrificio de Cristo, y entendieron aún mejor que este sacrificio se perpetuaba de forma incruenta en la Eucaristía.

-O sea, ¿no hay que matar niños ni mujeres?
-No, señor indio. Se acabó.

Por eso el cristianismo se expandió por América con tanto éxito y tan rápidamente. Por supuesto, el hecho de no matar a otro ser humano se asocia a la dignidad de todo hombre y de toda mujer -hago hoy esta concesión a los terroristas gramaticales de género- por la mera razón de ser hijos e hijas de Dios. De un Dios que es amor y que no quiere sangre de ningún tipo.

En cuanto al feminismo, ya se ha dicho que es hijo del cristianismo. Una mujer es la Madre de Dios. Y una mujer, en una sociedad patriarcal como la hebrea, recibe antes que nadie el anuncio de la Resurrección: algo tan inconcebible que los hombres, siempre tan primarios, no la creen. Me refiero a María Magdalena: no creen en la Resurrección y no creen a una mujer.

En fin, como dicen que comenta el filósofo Javier Gomá, no hay mejor época posible para ser hombre, o mujer, que el tiempo presente. Algo es algo.

Un feminismo

Gonzalo Gragera

Hoy es 10 de marzo de 2017, un día, supongo, anodino, rutinario, pasajero, propicio al olvido, como los rostros de los compañeros de viaje en el vagón del metro; un día sin expectativas de género épico o de mayores victorias, a lo sumo una noche de concupiscencias o desenfreno de las pasiones, de certezas universales e inconfesables, de todo lo que bajo la etiqueta de humano nos hace divinos. Pero eso acaso sea esperar demasiado. Hoy, que no hay cifra ni fiesta de calendario, leo una noticia en la que el alto comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos apunta un dato bastante crudo: en varios países, Burundi o Rusia, dos ejemplos, uno lejano y otro más próximo, hay leyes que culpan a la mujer de la violencia doméstica; es decir, la mujer es la responsable de que cualquier animal denigre sus derechos fundamentales, su dignidad, su libertad, su igualdad.

Tanto asombra la noticia como su escasa difusión, aunque estos sean, cabe decir, asombros de distinta naturaleza. El primero se debe a la estupefacción, repulsa, rechazo; el segundo, más leve, de ahí lo secundario, lo accesorio, al modo en que lo afrontamos. Y es que no se suelen leer, ya sea en debates, exhortaciones políticas, comentarios… sucesos de este alcance. Sí abunda, al menos en lo que se puede comprobar desde la experiencia, la discusión feminista de tintes partidistas, o de sesgos ideológicos, en donde las propuestas –estamos en el incómodo campo de las intuiciones, de las sensaciones- no dirimen y centran su contenido en la mujer, sino en hacer de ellas un instrumento con el que ofrecer una conveniencia, un interés propio. Social, cultural, político. Como cuando alguien afea a una política una conducta o una mala gestión, y esta recrimina al contrario, para así evadir su supuesta responsabilidad, una actitud machista. No es la defensa de la igualdad formal lo que aquí importa, sino un sutil ejercicio de dialéctica cuyo fin es dar la vuelta a la tortilla. Esto no quita, claro está, un ápice de verdad a los que así defienden el feminismo, aunque lo estimen como un adorno snob; sin embargo, la honestidad, la otra cara de toda causa noble, se pierde. Una pérdida, simulemos un agujero, por la que entran tantos argumentos reaccionarios, aprovechando que la credibilidad pasa por Valladolid.

Mientras tanto, tal como relatan en la ONU, en países como Bangladesh o Burundi, sus códigos penales miran de soslayo cuando el asunto trata violaciones o desprecios varios a la mujer por el simple hecho de ser mujer. Pero eso no copa el retuit ni el mensaje viral; de eso no nos ocupamos, preocupamos, como conjunto; no son, en la generalidad, los temas sobre los que planteamos y en los que debatimos. Y ya sea de manera consciente o pecando de ingenuidad, pasan desapercibidos. Como este 10 de marzo de 2017.

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