Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

La palabra 'queer', del insulto a la bandera

Cecilia de la Serna

Foto: Adnan Abidi
Reuters

Marica, sarasa, bollera, tortillera, bujarra, trucha… un sinfín de términos que se utilizaban de manera despectiva -y hoy aún algunos los siguen utilizando- y que más tarde fueron adoptados por el propio colectivo LGTBIQ. Esta es una forma ya clásica de romper con los insultos y la homofobia transformando palabras despectivas e hirientes en banderas propias del movimiento. Ahora muchos hispanohablantes se preguntan por la ‘Q’ de la LGTBIQ, que se refiere al término anglosajón queer.

Queer es fundamentalmente raro o excéntrico. Al menos ese es su significado original que, con el tiempo, ha ido mutando hasta convertirse en el término que hoy manejamos. Aunque no se conoce con seguridad el origen exacto de la palabra, no se empezó a utilizar para referirse despectivamente a una persona homosexual hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX. El escritor escocés Walter Scott describió en 1826 en su novela Woodstock a un personaje cuyo aspecto era “what is vulgarly called queer” (“lo que vulgarmente se llama raro”), refiriéndose a un hombre con aspecto femenino. Otra referencia del uso de este término se remonta a 1894, cuando un noble escocés llamado John Douglas, que no estaba demasiado contento al descubrir que su hijo tenía una relación íntima con el escritor Oscar Wilde, llamó a hombres como Wilde “snob queers” y el escritor fue finalmente procesado por sodomía.

La palabra ’queer’, del insulto a la bandera 1
Una mujer porta una pancarta que reza “queer, musulmana y orgullosa” en el desfile del Orgullo Gay en Toronto, Canadá. | Foto: Mark Blinch / Reuters

En el ensayo Queer: historia de una palabra, la filósofa española Paul B. Preciado señala que “desde su aparición en el siglo XVIII en lengua inglesa, queer servía para referirse al tramposo, al ladrón, al borracho y a la oveja negra, pero también a todo aquel que no pudiera ser inmediatamente reconocido como hombre o mujer”. Era, en definitiva, una manera de calificar despectivamente a los hombres afeminados y a las mujeres masculinas. Asimismo servía para referirse a las personas trans.

Desde aquella época, en la que la forma de describir a un hombre homosexual nunca era positiva, hasta los años 90, queer fue un insulto más de tantos hacia este colectivo. No obstante, en la última década del siglo XX algo cambió. De hecho lo hizo un poco antes, como bien apunta Paul B. Preciado en su libro. Fueron los 80, con la crisis del sida, los que propiciaron que “un conjunto de microgrupos decidiera apropiarse de la injuria queer para hacer de ella un lugar de acción política”, afirma Preciado.

La teoría queer cuestiona lo que se encasilla en una categoría

A partir de los 90, lo queer se fue expandiendo hasta convertirse en una teoría. Esta corriente representa a las sexualidades que traspasan las fronteras de lo aceptado socialmente: la vida heterosexual, mo­nógama y entre personas de la misma edad y clase social, entre otros condicionantes. Todo lo que está fuera de la norma social es lo que engloba la teoría queer. Así, una pareja heterosexual e interracial, por ejemplo, podría considerarse queer.

La palabra ’queer’, del insulto a la bandera 2
La teoría queer rechaza lo socialmente establecido. | Foto: Andrew Kelly / Reuters

Además, grosso modo, aparte de retar la heterosexualidad “obligatoria” (también llamada “heteronormatividad”), la teoría queer rechaza clasificar a las personas por su orientación sexual o identidad de género. Teniendo en cuenta que la teoría queer cuestiona lo que se encasilla en una categoría, para muchos resulta contradictorio hablar de personas LGTBIQ. Ser queer, al final, es estar en contra de definiciones, vivir en una fluidez constante y cuestionar siempre lo socialmente establecido, incluidas las etiquetas “lesbiana”, “gay”, “bisexual”, “trans” e “intersexual”.

Continúa leyendo: Ser cristiano y homosexual

Ser cristiano y homosexual

Néstor Villamor

Cuando no es por una charla organizada por el arzobispado de Barcelona en la que un católico homosexual recomienda el celibato a los gays es por un autobús conducido por el grupo católico Hazte Oír que va echando humo y un mensaje tránsfobo por la carretera. La relación entre Cristianismo y homosexualidad siempre ha sido tensa. Y esta tensión es más difícil para las personas que pertenecen a ambos colectivos, que muchas veces tienen que resolver un dilema mayor: conjugar su religión con su sexualidad.

Es el caso de Óscar Cardeña, un homosexual de 43 años natural de Navalcarnero que durante años estuvo “muy metido” en la Iglesia Católica. Desde niño, siempre supo que era gay. También supo que era “muy espiritual”. Aunque no venía de una familia especialmente católica, tras fallecer su madre, teniendo él 14 años, miró hacia la Iglesia. Incluso empezó a estudiar Teología, cuenta, y estuvo “a punto” de irse a un monasterio. Pero ser católico no le permitía “compaginar” su religión con su sexualidad, lamenta. Su decisión fue vivir en secreto.

“Rezaba todos los días para que Dios me cambiara”

Llegué a tener novias”, explica, “rezaba todos los días para que Dios me cambiara y me he pasado horas rezando para que me diera una familia”. Ahora, Cardeña ha cambiado, pero no en el sentido que él esperaba. Lo hizo motivado por su descubrimiento de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, una confesión ecuménica que fundó en 1968 en Estados Unidos un reverendo homosexual para dar cobijo a la diversidad. Hoy, ICM cuenta con más de 400 congregaciones en 40 países, según la organización. Incluso Nancy Wilson, la anterior líder del credo, fue durante el mandato de Obama asesora de la White House Office on Faith-Based and Neighborhood Partnerships, un organismo que estructura la relación entre el Gobierno y las obras sociales relacionadas con la religión.

En España, la ICM tiene una congregación en Madrid activa desde 2010, liderada por Alejandro Medel, que oficia cultos todos los domingos a las 11:00 en la iglesia de El Salvador, en el número 5 de la calle del Noviciado, un templo que comparte con la Iglesia Evangélica Española. Medel asegura que muchos homosexuales que acuden a su iglesia llegan con “heridas” abiertas por la postura oficial de la Iglesia Católica con el colectivo LGTB. Él propone un enfoque diferente. Para Ia ICM, “todos somos hijos de Dios Padre y Madre” ya que “Dios no tiene género”, razona Medel. La apertura hacia las minorías sexuales y las mujeres es notable (ellas suponen más del 50% de los pastores de esta confesión, según datos de la propia ICM). Además de los cultos, llevan una escuela dominical y organizan estudios bíblicos para los adultos. Incluso ofician bodas religiosas entre parejas del mismo sexo.

Para Cardeña, el encuentro con la ICM propició su salida del armario y el descubrimiento de una nueva forma de vivir la religión. “Yo pensé que moriría católico, pero al conocerlos vi que podía ser cristiano y seguir siendo yo mismo”, se alegra. Y resume: “En ICM encontré mi casa”. Hoy, Cardeña tiene novio estable y una vida espiritual en la que esa relación tiene cabida: “Yo antes no podía tener con Dios la relación que tengo ahora, porque ni me aceptaba yo ni aceptaba el amor de Dios como él quería manifestármelo”. Y no titubea al decir: “Si me caso, me va a casar Alejandro”.

Tanto Medel como Cardeña se muestran críticos con el papa Francisco, al que muchos han aplaudido por su supuesto aperturismo. Un ejemplo ocurrió en 2011 cuando el pontífice cuestionó: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgar?”. “A mi entender, era un poco de marketing”, valora el pastor de la ICM, “porque en el fondo la Iglesia Católica no ha cambiado ni una coma en la doctrina sobre el colectivo LGTB”. Y en la misma línea se muestra su feligrés: “Me parece un falso”, determina.

Además de celebrar cultos y de organizar la escuela dominical y los estudios bíblicos, la Iglesia de la Comunidad Metropolitana colabora en diversas actividades con Crismhom (Cristianos Madrileños Homosexuales). Este colectivo, con sede en el número 18 de la madrileña calle de Barbieri, nació en 2006 con el objetivo de ofrecer un espacio a los miembros del colectivo LGTB con fe cristiana porque “determinada jerarquía de la Iglesia Católica no ofrece ese espacio”, explica Óscar Escolano, secretario de la Junta Directiva. A pesar de ser una entidad ecuménica, todos los sábados a las 20:30 acude un cura a dar una misa católica (comunión con oblea incluida). Escolano prefiere mantener en el anonimato el nombre del sacerdote, pero aclara que en estas misas “se incide en temas LGTB”. Lamenta, asimismo, que entre los dogmas de la Iglesia Católica no esté “la aceptación de la diversidad de género”. Y subraya: “Nosotros tendemos puentes”.

Continúa leyendo: ¿Es Master of None la serie más millennial que hemos visto?

¿Es Master of None la serie más millennial que hemos visto?

Nerea Dolara

Foto: Netflix
Netflix

La segunda temporada de Master of None explora en mayor profundidad temas que definen la vida de los treintañeros occidentales. 

Primero lo primero, aunque la gente que pertenece a la generación millennial es la que ha nacido -aproximadamente- entre 1981 y 1997, hay una subdivisión que mucho tiene que ver con la tecnología: hay viejos millennials y millennials jóvenes. Los viejos vieron el nacimiento de Internet en su niñez y aún recuerdan cuando se inventó el CD, sus primeros móviles fueron Nokias y jugaron Snake hasta el cansancio y por años vieron películas en VHS. La serie Master of None, que ya estrenó su segunda temporada en Netflix, no se ocupa de los millennials jóvenes sino de los “viejos”. Los personajes están en su treintena avanzada y exudan las características generacionales de sus coetáneos. Y también sus vidas, lo que les pasa, donde viven, todo parece sacado de un manual sobre la vida de los adultos jóvenes de estos tiempos. ¿Las claves? Aquí por qué Master of None es un perfecto ejemplo del millennial viejo.

¿Es Master of None la serie más millennial que hemos visto? 1
Master of None, estrena nueva temporada en Italia | Imagen vía Netflix

Razón 1: crisis vocacional

A los millennials jóvenes les ha tocado vivir un colapso económico que ha limitado las posibilidades laborales y de futuro y que ha hecho replantear muchos planes. Para los millennials con más edad esta crisis apareció justo en su verdadera entrada al mundo laboral y adulto, desmontando todas las ideas de progreso y desarrollo vital que generaciones anteriores les habían vendido. Es por ello que no es difícil entender que las crisis vocacionales y existenciales están a la orden del día. La juventud millennial ha comenzado a cuestionarse las normas sociales de existencia: ascenso, competencia, propiedades, familia y está pensándose la vida, a veces de otras formas. En Master of None, Dev (Aziz Ansari), comienza la segunda temporada en Italia. Dejó todo atrás y en un impulso se mudó a este país a aprender a hacer dinero. ¿Por qué? Porque quedarse en lo que es su carrera no se sentía como una obligación pero sí se sentía necesaria una búsqueda de felicidad.

Razón 2: diversidad

Master of None puede que sea una de las series actuales que más normalmente maneja el hecho de que su reparto sea diverso. La sensación que da es de que no ha sido por “discriminación positiva”, sino algo natural salido de personas que entienden que la diversidad existe y que es normal que se vea. La generación millennial ha crecido en un mundo cada vez más globalizado y producto de la crisis económica, y de sus búsquedas espirituales y el cambio de las prioridades, ha viajado. Por ende -aunque tal vez es ingenuo asumirlo así- entiende la existencia de la diversidad como algo natural. En Master of None hay gays, lesbianas, musulmanes, indios, chinos, blancos, negros, latinos y esto no marca nada más que conversaciones sobre racismo o problemas con la diversidad sexual que son completamente normales en un mundo que sigue anclado en el pasado. Otro ejemplo de la diversidad es la comida.

¿Es Master of None la serie más millennial que hemos visto? 2
Master of None, está protagonizada por Aziz Ansari (a la derecha) | Imagen vía Netflix

Razón 3: las relaciones generacionales

Uno de los mejores episodios de la temporada (SPOILER ALERT) se llama Thanksgiving. En él se puede ver a la mejor amiga de Dev, Denise, y al propio Dev desde que eran niños pasando juntos la fiesta de Acción de Gracia en casa de Denise. Y también se ve la progresión de la salida del armario de Denise y cómo impacta su vida familiar. Además de ser un excelente episodio, es el retrato de una generación que está tan familiarizada con la posibilidad de diversidad en la identidad sexual que nunca se plantea como problema. Es un relato magistral de la adaptación generacional -también de los temas raciales y de género- y de las relaciones familiares. Lo mismo pasa con la religión de Dev y su familia. Para él, un millennial agnóstico, la religión es algo ajeno, para sus padres, que no lo obligan a practicarla si no quiere, hay ciertas cosas que son sagradas y no porque sean religiosas sino porque forman parte fundamental de sus identidades. Dev no lo entiende al principio, pero luego se da cuenta de que la religión no ha sido una obligación para sus padres, sino un refugio para dos inmigrantes sin contactos en una ciudad enorme, un espacio de amistad y conexión con su pasado y sus raíces, algo que él no necesita como hijo de inmigrantes en una ciudad que siempre ha sido suya y con amigos desde la infancia.   

Razón 4: la estructura

Master of None está estructurada a modo de viñetas, especie de historias sueltas sobre sus personajes o -también se puede ver en otro de los mejores episodios de la temporada (New York, I Love You)- sobre habitantes anónimos de Nueva York de los que normalmente nadie habla. Es dispersa pero enfocada, otra marca millennial. Una generación marcada por la segunda y tercera pantalla y la vastedad de Internet, y al mismo tiempo determinada por el egocentrismo de las redes sociales, entiende la narración como algo que debería abarcar todo pero, a la vez, ser muy específico. Muy personal, pero a la vez amplio, general, inclusivo.

¿Es Master of None la serie más millennial que hemos visto? 3
Dev y Francesca. It’s complicated. | Foto via Netflix.

Razón 5: el mundo amoroso

Uno de los episodios de esta segunda temporada (First Date) nos muestra a Dev en más de una decena de citas con chicas que conoce en una especie de Tinder. La serie entiende perfectamente cómo funciona el sistema: frase genérica para saludar a prospectivas citas, usar el mismo restaurante o bar en el que quien invita se siente cómodo, conversaciones incómodas o a veces fluidas, pero siempre en modo de tanteo. También refleja el hecho de que las mujeres tienen que lidiar con desagradables fotos de penes o frases babosas dentro de la app, de que si no eres blanco ligas menos, o que simplemente muchas de estas citas, la mayoría, no llegan a nada, y el hecho de que eso no quita ninguno de los obstáculos, para que esta forma de ligar sea el protocolo establecido en las metrópolis occidentales.

Save

Save

Save

Continúa leyendo: 6 comentarios racistas que hacemos casi sin darnos cuenta

6 comentarios racistas que hacemos casi sin darnos cuenta

María Hernández

Foto: Wilson Chu
Reuters

El racismo es un problema que aún hoy, en pleno siglo XXI, sigue vigente en nuestra sociedad. A pesar del esfuerzo de las organizaciones anti racismo y de numerosos activistas por cambiar esta situación, aún hay personas que, por su color de piel, tienen que vivir día a día situaciones realmente difíciles.

Aunque hay mucha gente que ha dejado atrás estas actitudes y comportamientos racistas, hay cosas que aún hacemos y decimos, muchas veces sin darnos cuenta e incluso con buena intención, que generan momentos incómodos y desagradables para las personas que los reciben.

Y tú, ¿de dónde eres de verdad?

– Y tú, ¿de dónde eres?

– Soy de Murcia.

– Ya pero, ¿de dónde eres de verdad?

Nkiru, una bióloga de Murcia y de padre nigeriano, nos explica que esta conversación es más común de lo que parece y que, a veces, la gente no parece comprender que el origen de su padre no condiciona el suyo, y que ella es española. “Lo que me sorprende es que la gente vea una incompatibilidad entre ser negro y ser español”, nos cuenta.

Lo incómodo no es el hecho de que te pregunten de dónde eres, sino que solo se lo pregunten a una persona, explica Nkiru. “Cuando ves a otra persona, lo primero que le preguntas no es de dónde es, te suele dar un poco igual. Pero cuando a mí me preguntan ¿tú de dónde eres?, es como decir ‘algo te pasa a ti, eres diferente’”, explica. Su hermana Ada coincide en esta sensación, y asegura que cuando dice que es española, muchas veces la gente insiste en conocer su ‘verdadero’ origen.

Moha Gerehou, periodista y presidente de SOS Racismo en Madrid, coincide con ellas al afirmar que estas repetitivas preguntas pueden llegar a resultar incómodas. A veces te repiten “venga, ahora en serio, y parece que tengamos que sacar nuestro árbol genealógico” para explicar de dónde son o de dónde es su familia, nos explica Moha.

Derivado de ese “¿de dónde eres de verdad?”, viene el “¡qué bien hablas español, ¿no?”, que vuelve a la incompatibilidad de ser negro y ser español, a la incredulidad de algunos cuando entienden que la persona con la que están hablando no viene de otro país.

A esto se suman preguntas como “¿has estado alguna vez en tu país?” o, “¿hablas africano?”, adjudicando a todo un continente las mismas características lingüísticas y culturales sin tener en cuenta que cada persona es diferente, independientemente de dónde proceda.

Personas “de color”

Decir que alguien es “de color” en lugar de decir que es negro es algo que se ha convertido en políticamente correcto, pero hay movimientos anti racismo que buscan eliminar esta negatividad de la palabra negro y volverla a incluir en el lenguaje con normalidad.

“La palabra negro está tan asociada a la negatividad que nos resulta hasta chocante utilizarla para describir a una persona”, dice Moha. Por esta razón, a veces se “intenta quitarle dureza a la palabra y utilizar otras como morenito, de color…”, añade.

6 comentarios racistas que hacemos casi sin darnos cuenta 1
La expresión “de color” solo se utiliza para las personas negras. | Foto: Geert Vanden Wijngaert/AP

Sin embargo, la expresión “de color” solo se utiliza para las personas negras, y no para gente de otra procedencia, como los asiáticos, por ejemplo.

“La gente intenta ser políticamente correcta y al final lo que hace es totalmente lo contrario, es como señalarte más todavía”, opina Nkiru. “Uno es negro, otro es rubio… son características físicas, lo puedes decir tranquilamente”, añade.

Por esta razón hay movimientos que reivindican la normalización del uso de esta palabra. “Se está reivindicando la palabra negro, para quitarle toda esa capa de negatividad que ha adquirido durante todos estos años para decir bueno, llámame negro, ni negrito, ni de color, porque es lo que soy”, nos explica Mohamed.

El color carne

Similar a llamar a una persona negra “de color” es llamar “color carne” a ese tono rosado que se asemeja con el color de piel de una persona blanca.

Aunque dicho sin mala intención, esta denominación puede causar confusión, sobre todo entre los niños, que no entienden por qué se llama “color carne” a algo que no se parece en nada a su tono de piel.

6 comentarios racistas que hacemos casi sin darnos cuenta
El color carne puede llegar a causar confusión a muchos niños en el colegio. | Foto: The Objective

“En el colegio te dicen: coge el color carne. Y claro, el color carne es el color de todos los niños menos el tuyo, y te preguntas, ¿y lo mío no es carne?”, cuenta Nkiru, recordando momentos que, aunque quizá en el colegio no la marcaron, sí que la han hecho reflexionar posteriormente.

En algunos colegios se han llegado a vivir situaciones en las que el profesor se “ha enfadado, preguntándole al niño que por qué se pinta de color marrón en lugar de color carne”, afirma Moha. Son momentos desagradables que se podrían evitar simplemente asumiendo que no hay un solo “color carne”.

“Si yo tengo un amigo negro”

“Oye, si yo tengo un amigo negro”, o su variación, “si a mí los negros me caen muy bien”, es otra frase que, aunque dicha con buena intención, esconde una actitud racista.

“Normalmente lo dicen tras decir algo contra los musulmanes, los sudamericanos u otro colectivo extranjero delante de mí”, nos cuenta Obi, un español de padre nigeriano. Lo dicen como si fueran una única persona, una única mente como si se tuvieran que excusar por lo que han dicho simplemente por estar él delante, añade.

Decir que tienes un amigo negro, o un amigo gay, como un argumento en tu defensa, hace que diferencies a ese amigo del resto y que, de alguna manera, sea distinto o especial por sus rasgos físicos o personales. Y, sobre todo, hace que ese amigo se pueda sentir incómodo.

“Pues para ser negro, eres guapo”

Sol, gallega de padre mozambiqueño, afirma que en más de una ocasión le han dicho “pues para ser negra, eres guapa”. Una frase que, aunque dicha como cumplido, no es más que una generalización y una muestra de racismo. “A mí me han dicho que soy la segunda negra más guapa que conocen”, nos cuenta Ada, que se sorprende de que se sigan diciendo este tipo de comentarios sin que nos demos cuenta de su verdadero significado.

“A mí me han dicho que soy la segunda negra más guapa que conocen”

“Partiendo de la base de que todos los negros son feos, es como decirte que tú has conseguido salir de esa ciénaga de fealdad”, dice Moha con humor.

Pero aunque algunos hayan decidido no tomárselo de una manera hasta divertida, este supuesto cumplido puede ser muy desagradable para quien lo recibe.

Ser mulato

La palabra mulato está completamente integrada en nuestro idioma y se considera, incluso, políticamente correcta. Sin embargo, su significado no es otro que la cría estéril que nace del cruce entre una yegua y burro, un mulo. Fue de este símil del que sacó la palabra ‘mulato’ para definir al hijo de una persona negra y otra blanca, nos explica Moha.

“¿Durante cuánto tiempo han soportado los mestizos que les comparen con un mulo?”, se pregunta en uno de sus vídeos sobre el racismo. Moha considera que esta palabra debería dejar de ser utilizada y, en su lugar, se debería hablar de personas mestizas.

“Lo que reivindicamos es que se hable de personas mestizas, como se habla en cualquier otro idioma”, explica.

Continúa leyendo: Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia

Cecilia de la Serna

Foto: RUBEN SPRICH
Reuters

Como ya relatamos en este espacio, las mujeres lo han tenido realmente difícil para obtener el reconocimiento del mundo del Arte, tan machista o más que otros sectores de la sociedad. Si bien las artistas han logrado ir haciéndose un hueco en las últimas décadas, aún nos preguntamos si es necesario que una mujer esté desnuda (en un cuadro) para entrar en un museo. Antes de que llegaran las Guerrilla Girls y otros movimientos más recientes como el de Girls in museums, muchas mujeres desafiaron a sus contemporáneos y a la Historia del Arte de la forma más consecuente: creando. Muchas de ellas quedaron relegadas a ser “la mujer de” o “la musa de”, obviando el valor de su trabajo.

Aprovechando la iniciativa #5WomenArtists, a través de la cual varios museos y entidades artísticas retan al público a nombrar a cinco mujeres artistas con motivo del Día Internacional de la Mujer, podemos observar que no todo el mundo es capaz de hacer tal selección. Por ello vamos más allá y presentamos siete nombres femeninos -algunos más célebres que otros- que desafiaron a la Historia desde diferentes disciplinas, desde la pintura a la escultura, pasando por la ilustración.

1. Frida Kahlo (1907-1954)

El nombre de Frida Kahlo es, seguramente, el que más suene al común de los mortales. Su vida estuvo marcada por el infortunio de contraer una poliomielitis de niña, y después por un grave accidente que sufrió durante su juventud, accidente que la mantuvo postrada en cama durante largos periodos. No obstante, nada de aquello la separó de su capacidad creativa e inspiradora. La pintora mexicana combinó en su obra, de carácter muy personal, los estilos surrealista, naïf y folclórico.

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia 1
Perro Itzcuintli conmigo, una de las obras más emblemáticas de Frida Kahlo. | Foto: Stefano Rellandini / Reuters

Su vida personal se ha estudiado con lupa, casi con cierto voyeurismo. Su matrimonio con Diego Rivera marcó ciertamente la obra de Frida Kahlo, y su bisexualidad sigue planeando por su vida y obra. Sin embargo, el arte de Frida Kahlo va mucho más allá de su vivencias personales. Aunque su trabajo fue admirado en vida por varios artistas contemporáneos a su época, no fue hasta después de su muerte cuando sus piezas lograron una mayor trascendencia. La mexicana ha extendido su figura de artista hasta convertirse en icono del siglo XX.

2. Georgia O’Keeffe (1887-1986)

Sería muy difícil comprender el Arte Contemporáneo del siglo XX sin la influencia de Georgia O’Keeffe, que fue la gran pionera en el campo de las artes visuales. Sus obras más conocidas son las pinturas de flores a gran escala, como Black Iris, y sus series de cuadros, como Jack-in-a-Pulpit.

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia 2
Black Iris, de Georgia O’Keeffe. | Foto: Alfred Stieglitz Collection, 1969

Como detrás de cada gran mujer hay un gran hombre, la obra de O’Keeffe no se entendería sin la presencia del fotógrafo y galerista Alfred Stieglitz, que con buen ojo supo ver en ella una de las máximas representantes del Arte Moderno. A diferencia de Frida Kahlo, Georgia O’Keeffe sí que conoció en vida las mieles del éxito. De hecho, en sus últimos días pudo recibir numerosos galardones y asistir a importantes exposiciones y retrospectivas en su honor.

3. Louise Bourgeois (1911-2010)

La influencia de Louise Bourgeois en el Arte Contemporáneo a nivel global es innegable. Su obra trasciende las fronteras y los estilos artísticos: toca movimientos como el Surrealismo, el Posminimalismo y el Expresionismo Abstracto. Sus famosas esculturas de araña -un homenaje a su madre tejedora- son hoy un emblema del Arte.

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia 3
La escultura Maman, de Louise Bourgeois, expuesta en el Museo Picasso de Málaga. | Foto: Jon Nazca / Reuters

Una de estas esculturas llegó a subastarse por 10,7 millones de dólares, convirtiéndose en una de las artistas féminas más cotizadas del mercado. Reconocida como la precursora del Arte Confesional, cuatro de sus trabajos están catalogados como sugestivos de la figura humana, expresando temas como la traición, la ansiedad y la soledad. Sus trabajos eran puramente autobiográficos y estaban inspirados en su trauma de la infancia causado por el descubrimiento del affaire entre su padre y su niñera.

4. Yayoi Kusama (1929)

Yayoi Kusama es probablemente una de las artistas vivas más influyentes del mundo del Arte, llevando la voz cantante en el avant-garde. Tras estudiar Nihonga (pinturas de estilo japonés) en su país natal, se interesó por los movimientos occidentales, lo que la llevó a mudarse a Nueva York. Al principio se adhirió al Expresionismo Abstracto, para más tarde pasarse al Arte Pop. Sus obras está basadas en el arte conceptual y están fuertemente influenciadas por el feminismo. Además se ha adentrado en otras disciplinas artísticas como la literatura.

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia 4
Infinity Mirrored Room, por Yayoi Kusama. | Foto: Caren Firouz / Reuters

Las obras de Yayoi Kusama se encuentran entre las más cotizadas a escala mundial. En 2008, la casa de apuestas Christie’s vendió una obra de la artista japonesa por 5,1 millones de dólares, un récord para una mujer artista viva. Por otro lado, se han expuesto grandes retrospectivas de su obra en lugares de relevancia como el MoMA de Nueva York, el Museo Whitney de Arte Estadounidense y la Tate Modern de Londres.

5. Camille Claudel (1864-1943)

La historia de Camille Claudel está tintada de locura, una locura muy lúcida. Su visión artística era genial, muy adelantada para su época (empezó a esculpir a muy temprana edad, en la segunda mitad del siglo XIX). Como en la gran mayoría de casos de artistas féminas, se habla de Camille Claudel como la musa de su compañero –en este caso Auguste Rodin-, con el que mantuvo una relación amorosa durante unos años. Sin embargo, su obra cobra importancia por sí misma. Durante casi una década, Rodin y Camille trabajaron codo con codo, influyéndose e inspirándose el uno a la otra, y creando algunos de sus mejores trabajos: Fugit Amor, en el caso de Rodin; Sakountala, en el de Camille.

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia 5
Sakountala, de Camille Claudel. | Foto: Sotheby’s

Tras su ruptura con el famoso escultor galo, Claudel no se quedó sin inspiración, sino todo lo contrario. A pesar de entrar en una espiral de locura tras este proceso traumático, entre 1899 y 1905 surgieron algunas de sus mejores obras, como El Vals, El Pensamiento, La Ola o El Abandono. Su influencia en la escultura del siglo XX es innegable, aunque su nombre no resuene tanto como el del que fue su compañero.

6. Berthe Morisot (1841-1895)

Berthe Morisot es otra artista francesa, en este caso figura relevante del Impresionismo, cuyo enlace sentimental suele citarse. En su caso, se trata de Eugène Manet, hermano de Édouard Manet. La figura de Berthe Morisot, junto a las de otras maestras del Impresionismo, quedó ensombrecida por el conjunto del movimiento, mayoritariamente masculino.

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia 6
Pastora desnuda tumbada, una pintura de Berthe Morisot. | Foto: Museo Thyssen

Siguiendo la estela de otras grandes artistas de su tiempo, como Mary Cassatt o Marie Bracquemond, Berthe Morisot llenó sus lienzos de escenas cotidianas con gran dulzura y delicadeza. Tras su desaparición, sus cuadros siguen teniendo un lugar destacado en el mundo del Arte, de hecho sus pinturas pueden alcanzar cifras de más de 4 millones de dólares en el mercado actual.

7. Beatrix Potter (1866-1943)

Beatrix Potter creció en el seno de una familia acomodada en la Inglaterra Victoriana. Aunque siempre ha sido más reconocida por sus obras literarias -especialmente infantiles-, su incursión en el mundo de la ilustración -una disciplina artística que a menudo queda relegada a un segundo plano- no es en absoluto desdeñable. Potter logró unir su talento con el dibujo a su extraordinaria capacidad de observación de la naturaleza y de contar historias. Como resultado nació Peter Rabbit, un personaje de cuentos ya legendario.

Mujeres y arte: 7 nombres que desafiaron a la Historia 7
Peter Rabbit, el personaje más célebre de Beatrix Potter | Foto: Frederick Warne & Co.

En 1902 publica su primer cuento ilustrado y tal fue su éxito que durante la siguiente década no dejó de publicar nuevas historias. Tras el fallecimiento de su marido, Beatrix compró la granja Top Hill en Escocia, de donde saca la inspiración necesaria para seguir creando sus historias, escritas e ilustradas.

TOP