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La presa etarra Sara Majarenas convivirá con su hija tras concedérsele el segundo grado

Redacción TO

El pasado 15 de enero, a las 10:30 de la mañana, un hombre se presentó en el cuartel del pequeño pueblo valenciano de Benifaió confesando que había apuñalado a Izar, su hija de dos años, una vez en el tórax y otra más en la espalda. Una unidad de la Guardia Civil fue rápidamente hasta su casa y allí vieron a la niña, inconsciente pero con vida, a la que ingresaron con urgencia en el Hospital La Fe de Valencia. Pasó poco tiempo hasta que supieron que la mamá de Izar es Sara Majarenas, que cumple condena en la cárcel de Picassent desde 2005 por su pertenencia al Comando Levante de la banda terrorista ETA. Allí mismo ha crecido hasta hoy, 2 de marzo, día que cumple tres años, edad estipulada por Ley como límite para vivir dentro del régimen penitenciario.

“Estoy viviendo el momento más duro y difícil de mi vida”, ha escrito Majarenas en una carta que publica el diario Gara. Izar ha estado hospitalizada durante cinco semanas y un juez autorizó que su madre la acompañara durante las dos primeras. En las tres siguientes -con la menor fuera de peligro-, admitió visitas de una hora cada dos días. “Izar no entiende qué le hizo su propio padre, y no entiende tampoco por qué ha desaparecido de su vida de repente”, ha añadido. Majarenas se proclama como víctima de la violencia machista y solicita que no la separen de su hija, asumiendo que de lo contrario “no habrá reparación posible”.

El deseo de Sara Majarenas se ha cumplicado. Este mediodía, la Audiencia Nacional ha concedido a la presa etarra el segundo grado y podrá convivir con su hija en un centro de acogida. El juez José Luis Castro ha justificado su decisión apelando a la necesidad de Izar de recibir “el apoyo y afecto que necesitan madre e hija para solventar las dificultades que derivarían de una separación”, otorgando así prioridad a la protección de la menor sobre la pena de Majarenas.

La hija de la etarra Sara Majarenas no permanecerá en prisión 2
Sara Majarenas, junto a Mikel Orbegozo en un juicio de septiembre de 2007, donde se les juzgó por pertenencia a la banda terrorista ETA. (Foto: Sergio Barrenechea/EFE)

El caso había llegado incluso al Senado, donde Juan Ignacio Zoido, ministro de Interior, respondió a una demanda del senador Jon Iñarritu, de EH Bildu, para resolver un asunto tan sensible. El ministro aseguró que trabajaban “desde el primer día” para que Majarenas y su hija “puedan estar juntas”, pero no se sabía si dentro o fuera de prisión. En San Sebastián se había organizado una marcha para reclamar que no separaran a Izar de su madre. Bildu, uno de los movilizadores de la manifestación, exigía, además, que Majarenas fuera puesta en libertad. “Izar necesita el apoyo y protección de su madre las 24 horas del día para poder llevar una vida a futuro lo más normalizada posible y Majarenas tiene cumplidas hace tiempo las tres cuartas partes de su condena. ¿Qué argumento, que no sea el de la venganza, puede hacer que separen ahora a Sara e Izar?”, emitió en un comunicado. La voluntad del partido fue atendida.

Majarenas fue condenada a 13 años de prisión por la Audiencia Nacional en 2007 junto con el también etarra Miguel Orbegozo, con quien planeaba atentar contra militares y guardias civiles en ciudades de la Costa Brava, la Comunidad Valenciana y la Comunidad de Murcia.

Lola Lik, de cárcel a centro cultural para refugiados

Lidia Ramírez

Algo inusual en el resto del mundo está pasando en Holanda. Los índices de criminalidad son tan bajos – en los últimos ochos años los delitos han disminuido un 25% – que en las prisiones ya hay más vigilantes que presos, la población carcelaria ha disminuido un 43% en los últimos diez años. En este sentido, según recoge la web Slate, en 2014 las prisiones neerlandesas contaban con 9.710 detenidos frente a 9.914 vigilantes. Y si hace una década, Holanda tenía una de las tasas de encarcelamiento más altas de Europa; ahora presenta una de las más bajas: 57 personas por cada 100.000 habitantes. Como consecuencia, desde 2007, 19 cárceles se han visto obligadas a cerrar, según el portal de noticias francés. Una de las últimas en echar el cierre ha sido Bijlmerbajes (ahora Lola Lik), uno de los complejos penitenciarios más famosos de Ámsterdam, cercano a la estación de tren de Amsterdam Amstel, que ahora se ha convertido en un amable y colorido centro cultural para refugiados.

Así es Lola Lik, una antigua cárcel llena de vida

Con casi 10.000 metros cuadrados, sus muros grises y sobrios, se han transformado en murales llenos de color y vida. Centro creativo para startups, estudios de arte y oficinas, también cumple una función humanitaria muy importante: es un centro para más de 1.000 refugiados de Siria, Eritrea, Irak y Afganistán.

(Foto: Marieke van der Heijden | Lola Lik)
Lola Lik, un centro para más de 1.000 refugiados. (Foto: Marieke van der Heijden | Lola Lik)

Desde allí, se crean oportunidades para todos aquellos que lo necesiten. Se les guía a dar sus primeros pasos en el país y se les ayuda a integrarse con el resto de la población de manera única y creativa. De esta forma, se familiarizan con la zona y cultura holandesa de un modo divertido y amable.

Además, en Lola Lik también se realizan actividades como eventos musicales, gastronómicos, encuentros interculturales… Además, cualquier persona que quiera alquilar una oficina en la antigua prisión puede montar su propia startup, siempre y cuando contribuya a ayudar a los refugiados.

(Foto: Marieke van der Heijden | Lola Lik)
La prisión se ha convertido en un centro creativo para startups y estudios de arte. (Foto: Marieke van der Heijden | Lola Lik)
(Foto: Marieke van der Heijden | Lola Lik)
Refugiados de Siria, Eritrea, Irak y Afganistán se dan cita en él. (Foto: Marieke van der Heijden | Lola Lik)
(Foto: Marieke van der Heijden | Lola Lik)
Lola Lik ayuda a los refugiados a dar sus primeros pasos en el país familiarizándolos con la cultura holandesa. (Foto: Marieke van der Heijden | Lola Lik)

Para conocer más sobre este mágico lugar, puedes acceder a su página web.

¿Cuándo se jodió Venezuela?

Andrés Cañizález

Foto: Carlos Garcia Rawlins
Reuters

Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa tiene lo que se considera uno de los mejores inicios entre las novelas más logradas del siglo XX. En el primer párrafo ya el autor lanza la pregunta que estará dando vueltas a lo largo de centenares de páginas que siguen a continuación: ¿En qué momento se jodió Perú?. Hay muchas fechas posibles si se hace la misma pregunta sobre nuestro país: ¿Cuándo se jodió Venezuela?

Desde la primigenia irrupción de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992, con un intento de golpe de Estado que una parte de la dirigencia política tradicional aplaudió, hasta el 8 de diciembre de 2012 cuando un disminuido Chávez le pide al pueblo que respalde a Nicolás Maduro cuando él ya no esté. Entre tantas fechas posibles yo selecciono el 19 de abril de 2013, el día en que Maduro terminó investido como jefe de Estado. Ese día se jodió Venezuela, sería la respuesta a la pregunta de Conversación en la Catedral.

Pasaron ya cuatro años de la presidencia de Maduro. Cuatro años de aquella rápida actuación de los otros poderes públicos, actuando en comandita, para dejar en la presidencia al heredero de Chávez. He hecho un esfuerzo por recordar alguna política pública propia y apropiada en estos cuatro años, en materia económica o social. La respuesta es nada. La nada en cuatro años. Ha sido este período el que jodió a Venezuela.

¿Ha combatido de alguna manera la inflación el gobierno de Maduro? La respuesta es no. Al contrario, en estos años pasamos de un alza significativa de precios -pero aún acotada- a las puertas de la hiperinflación. De acuerdo con el Banco Central de Venezuela el año 2013, el primero en el cual ejerció el poder, el país tuvo una inflación de 56,2 por ciento anual. Era la época en la que todavía el ente emisor difundía públicamente las cifras del comportamiento económico.

La inflación anualizada y según estimación de la firma privada Torino Capital para el mes de febrero de 2017 se ubicaba en 455 por ciento. La más alta del mundo.

¿Ha crecido la economía venezolana bajo la administración de Maduro? La respuesta es no. En 2013 el Producto Interno Bruto (PIB) tuvo un registro positivo ya que creció 1,3 por ciento. A juicio de analistas, el país vivió el remanente de un año expansivo en el gasto público como lo fue 2012 cuando el chavismo se jugó el todo por el todo para que el Chávez enfermo fuese reelecto.

Sin datos oficiales sobre el comportamiento del PIB, apelar a las cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI) termina siendo un recurso inevitable para el periodismo. Según el FMI, los años de Maduro en el poder han contraído severamente el tamaño de nuestra economía. Los números en negativo son -6,2 por ciento de 2015, y -3,9 por ciento de 2014. En 2016 se vivió la mayor caída del PIB; el FMI la estima en -12 por ciento.

¿El gobierno de Maduro ha reforzado los controles sobre la economía? La respuesta es . Prácticamente las políticas públicas en materia económica de estos cuatro años han sido profundizar la receta heredada por Chávez. En sus primeros 22 meses al frente del ejecutivo, Maduro creó 16 instancias de control en lo que era el argot de aquel momento: hacerle frente a la guerra económica.

Algunas escisiones en el seno del poder chavista han permitido comprobar lo que muchos sospechábamos desde hace tiempo. El uso de controles sobre la economía venezolana no tiene tanto un sesgo ideológico, y en verdad para la cúpula se trata de la fachada para los grandes negocios de la corrupción, como ha ocurrido con el control cambiario.

De acuerdo con los datos presentados por los ex colaboradores de Chávez, los ex ministros Jorge Giordani y Héctor Navarro, sumarían 300.000 millones de dólares la suma malversada en una década de control cambiario. Maduro no sólo eludió investigar esto, sino que en cuatro años ha presentado varios esquemas para mantener el control cambiario con asignaciones totalmente opacas de divisas.

Incluso algunos, como el relanzamiento del Dicom anunciado el 27 de marzo, que sólo quedó en mero anuncio ya que un mes después sigue siendo una incógnita.

Venezuela ha vivido en los cuatros años de gobierno de Maduro un verdadero cataclismo económico con una serie de secuelas sociales que nos acompañarán largamente como sociedad. El economista Omar Zambrano, por ejemplo, considera que “entre 2013 y 2016 Venezuela experimentó la mayor y más abrupta contracción económica de su historia moderna”.
Las cifras de la Encuesta de Condiciones de Vida en Venezuela, que adelantan por varios años tres universidades del país: UCV, UCAB y USB, dejan al descubierto el fracaso social de Maduro. Su gobierno no sólo jodió al país en un sentido metafórico, sino que jodió literalmente a los venezolanos, a todos (o casi todos).

En los años de Maduro en el poder, los “no pobres” bajaron dramáticamente de 44 por ciento a 16,4 por ciento. Mientras que la “pobreza crónica” prácticamente se duplicó al pasar de 16,1 por ciento a 31,09 por ciento.

La crisis económica y social durante Maduro, siguiendo la terminología médica, pasó de aguda a crónica. En sus primeros dos años de mandato no tuvo capacidad de revertirla, mientras que en los dos años siguientes fue incapaz de al menos contenerla.

No hay señales de que actuará sobre los desequilibrios económicos y las graves secuelas sociales de la crisis. No hay signos de que enfrentar la crisis sea prioridad para el Nicolás Maduro al que todavía le restan dos años en el poder, según el mandato de seis años bajo el que asumió el 19 de abril de 2013. Para mí, el día en que se jodió Venezuela.

Desde la puerta de La Crónica, Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú? Los canillitas merodean entre los vehículos detenidos por el semáforo de Wilson voceando los diarios de la tarde y él echa a andar, despacio, hacia la Colmena. Las manos en los bolsillos, cabizbajo, va escoltado por transeúntes que avanzan, también, hacia la Plaza San Martín. Él era como el Perú, Zavalita, se había jodido en algún momento. Piensa: ¿en cuál?*

*Extracto de la novela “Conversación en la Catedral”, de Mario Vargas Llosa.

80 años del bombardeo a Eibar

Rodrigo Isasi Arce

Foto: Eibarko udal Artxiboa/Archivo municipal de Eibar

25 de abril de 1937. Los Flechas Negras italianos surcan el cielo y descargan sus bombas rompedoras sobre la ciudad vasca de Eibar. 21 bombas de 100 kilos y 103 de 50 kilos, lanzadas desde una altura aproximada de 1.500 metros, impactan contra el suelo de la ciudad, dejando varios muertos y terminando por destrozar la Villa Armera. Un día después, los aviones alemanes de la Legión Cóndor y de la Aviación Legionaria Italiana hacen lo mismo sobre la vecina localidad de Gernika, lo que movería posteriormente a Pablo Picasso a pintar su conocida obra del mismo nombre en la que denuncia la barbarie de la guerra.

Aunque las autoridades declararon el mismo día 24 la evacuación definitiva de Eibar, que ya estaba siendo bombardeada desde hacía varias jornadas, al día siguiente los aviones italianos volvieron a la carga. Salieron a las 11:00 horas desde el aeropuerto de Gasteiz para terminar de destrozar la ciudad guipuzcoana. Eibar, ya llevaba varios meses resistiendo el avance fascista y sufriendo los bombardeos y ataques enemigos. Hasta el final de la Guerra Civil se registraron alrededor de 250 muertos en la ciudad. La devastación que se aprecia en las imágenes de aquellos días no solo corresponde a los bombardeos, sino también a los varios meses en los que Eibar se encontró en la línea del frente.

Los bombardeos en esta zona del norte de España se iniciaron el 31 de marzo de 1937, con un ataque aéreo realizado por la Aviación Legionaria italiana sobre la villa vizcaína de Durango. Esta acción bélica se encuadró en la ofensiva del Frente Norte que realizaron las tropas nacionales entre marzo y octubre de 1937 en la Guerra Civil española bajo las órdenes del general Emilio Mola.

El bombardeo de Eibar 80 años después
Socavón en Eibar provocado por una bomba | Foto: Egoibarra/Indalecio Ojanguren

Juan de los Toyos, sobrino del alcalde socialista Juan de los Toyos, que izó la bandera republicana en el ayuntamiento de la ciudad el 14 de abril de 1931, cuenta a sus 94 años de edad a The Objective como vivió el bombardeo y los ataques fascistas que destruyeron Eibar y permitieron alzarse con la victoria al bando nacional. Nos reunimos con él en la plaza principal de Eibar, por donde antes de la guerra, discurría el río, hoy cubierto por adoquines.

“Yo tenía 13 años cuando hubo el primer bombardeo en Eibar; aquí había pocas casas, la inmensa mayoría de viviendas se realizó durante la época industrial en el periodo franquista, y recuerdo ver dos aviones, que eran italianos o alemanes” asegura de los Toyos. “Estaba en una campa cuando llegaron los aviones, en esa campa había un cañón antiaéreo de una fábrica de Placencia de las Armas, una ciudad donde se construía armamento, y ahí andaban los aviones dando vueltas. Recuerdo cómo intentaban apuntar con el antiaéreo para acertar a los aviones enemigos. Tiró un obús, pero claro, no acertó. Era muy difícil. No se si el antiaéreo tenia holgura o yo que sé, pero el caso es que había que controlar mucho para poder derribar a los aviones”.

“Recuerdo cómo cada vez que venían aviones enemigos, sonaban las campanas y una sirena”

Con estos bombardeos Eibar quedó muy destrozada“, y remarca “muy, muy destrozada, una cosa terrible”. “Recuerdo cómo cada vez que venían aviones enemigos, sonaban las campanas y una sirena para que las personas se escondieran en túneles o en algún refugio seguro”. Recuerda que cerca de la plaza donde nos encontramos había un puente sobre el río, en el que “en uno de los bombardeos, mucha gente se escondió bajo él, pero como había mucho chivato, se había avisado previamente de este escondite a las tropas que atacaban y tiraron ahí mismo un bombazo que mató a 50 personas que estaban resguardadas de los bombardeos”. Juan de los Toyos solo vivió en primera persona los primeros bombardeos ya que después se marcó con su familia a Bilbao, huyendo de la guerra.

El estallido de la Guerra Civil provocó un cambio radical en la vida eibarresa. Nada más sublevarse las tropas el 18 de julio de 1936, los vecinos formaron el batallón Amuategi. Se encargaron de frenar a las puertas de Eibar la ofensiva de las tropas nacionales, hasta abril del año 1937. La mayoría de sus integrantes murieron en la guerra o fusilados, o tuvieron que huir a Francia y América.

80 años del bombardeo a Eibar
Batallón Amuategi, 1937 | Foto: Fondo Castrillo Ortuoste/Archivo Municipal de Eibar

Una vez que se veía que la guerra estaba perdida, Juan y su familia tuvieron que huir de Bilbao a Castro y posteriormente a Santander. Desde allí, mediante un barco que cargaba carbón y acababa de llegar de Reino Unido, “nos metimos en su bodega llena de hollín y nos trasladamos hasta Francia, donde estuvimos en una colonia apoyados por el gobierno vasco”, cuenta con cierta tristeza. “Como aquello no iba a durar para todo la vida, mi tío embarcó en Marsella para México, donde murió en el exilio. Mi padre y yo nos quedamos en Bayona donde se hicieron cargo de nosotros unos americanos cuáqueros”, asegura.

“Nosotros intentamos ir a Marsella para embarcar hacia México, pero a mi padre le pidieron un día la documentación unos gendarmes, y no tenía los papeles en regla, ya que seguíamos empadronados en Burdeos. Uno de los gendarmes hablaba español y nos dijo que no teníamos permitido ir a Marsella, por lo que nos deportaron a España y regresamos a Eibar”, rememora de los Toyos su periplo antes de regresar a su ciudad natal.

“La socialdemocracia europea anda bastante al garete, no hay un entendimiento a nivel europeo”

La reconstrucción física de la ciudad requirió más de una década, mientras que otras heridas más profundas siguieron abiertas durante años. Eibar fue incluida dentro del Plan de Regiones Devastadas, junto con Gernika y Amorebieta, entre otras localidades.

Juan no quiere despedirse sin decir antes que “ahora nos iría mejor con una república, con un gobierno de izquierdas. La política actual ha cambiado una barbaridad, ahora hay otra forma de hacer política y la derecha ha cogido mucha fuerza, mientras que a la izquierda le va a costar mucho recuperar poder, porque la socialdemocracia europea anda bastante al garete, no hay un entendimiento a nivel europeo”.

Eibar recuerda su bombardeo 80 años después
Los generales Mola y Solchaga en Eibar en 1937, tras la victoria del bando nacional | Foto: Eibarko udal artxiboa

Actos por el 80 aniversario

La Villa Armera celebra entre el 25 y el 30 de abril los actos conmemorativos del 80 aniversario del bombardeo, organizados por el ayuntamiento de la localidad. Este martes dan comienzo las actividades con la conferencia Reflexiones sobre la guerra civil, del catedrático Juan Pablo Fusi Aizpurua, en el Coliseo, a las 19:30 horas. Además, también se puede descargar la aplicación gratuita ‘gerrazibilaeibarren’, que cuenta con los recorridos militares llevados a cabo durante la guerra. La jornada culmina con la realización de un trampantojo en la calle Egogain, en la zona en la que cayó una bomba.

Por su parte, el día 28, se representará en el Coliseo la obra Bonbardaketak Eibar 1937. 80 urte, una conferencia dramatizada, que contará con la presencia del historiador Jesús Gutiérrez, además de otros expertos y artistas como Nerea Arriola, Biraka dantza taldea, Koro Gaztea, Kezka dantza taldea, Lekim animazioak y Itzamna, entre otros.

El 29 de abril se impartirá un taller de tiza, en el que se realizará un plano de la ciudad antes de que lo asediara la guerra. Y para acabar, el día 30 habrá un concierto de la banda musical Cielito, que ha preparado un repertorio bélico especial para la ocasión.

El final de Aguirre

Ignacio Vidal-Folch

La estrepitosa caída de los ayudantes de Esperanza Aguirre –primero, Granados, y ahora González— dan el punto y final a un tono de entender la política: tono desacomplejado, soberbio y hasta jactancioso, característico de Aznar, que era hasta cierto punto sugestivo, hartos como estábamos de tanto “mea culpa”, pero que ha quedado descalificado; si no por el proceso a sus más destacados colaboradores –Rato, Zaplana, Matas, etcétera, etcétera—, por las lágrimas de la lideresa de Madrid, que era su último bastión y parecía incombustible. Des imperdonable llorar en público. Cuando apelas a la débil femineidad es que ya has perdido Granada y no te queda nada…

Cabe lamentarlo. Cabe pensar que será más triste un escenario político que se muerde los labios, completamente sometido a la corrección política y despojado de figurones de perfil tan pronunciado como el de Aguirre, tan llamativo, interesante, voluntarioso. Y ello al margen de las realizaciones de su ejecutoria.

También cabe encogerse de hombros ante el final de una época: a lo que está muriendo, según decía el sabio, hay que ayudarlo a morir.

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