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La princesa Diana: el juguete de los medios que logró lo impensable

Tal Levy

Foto: Tim Graham
Getty Images

Diana ha vuelto a morir. Fueron los medios quienes la crearon y también los que la persiguieron hasta su trágico final. “Un minuto no era nadie y al siguiente era la Princesa de Gales, madre, juguete de los medios, miembro de esta familia, lo que pueda imaginar. Fue simplemente demasiado para una persona”, se le escucha decir en el documental Princesa Diana: En primera persona, que National Geographic presenta este agosto y que recoge grabaciones inéditas. Esa misma prensa, que “estaba siendo insoportable siguiendo cada uno de mis pasos”, no la dejaría yacer en paz, atenta a cada nueva revelación, incluso después de 20 años de su partida. Ya lo decía Paul Auster en La invención de la soledad: “Memoria: el espacio en que una cosa ocurre por segunda vez”.

Ni siquiera le ha servido haber sido enterrado en la isla del Lago Oval, en Althorp House, propiedad de su familia, los Spencer, lejos de la mirada curiosa de los flashes, para encontrar esa privacidad que le fue negada en vida.

Diana Spencer no tenía el cabello largo como la mayoría de las princesas de los cuentos de hadas y murió despojada de su título real, aunque como el entonces recién estrenado primer ministro británico, Tony Blair, acertaría: “Ella era la Princesa del Pueblo y así es como permanecerá en nuestros corazones y recuerdos para siempre”.

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29 de julio de 1981, la boda entre Carlos y Diana. | Imagen vía Getty Images

De noble familia aunque de padres separados, el 29 de julio de 1981 contrajo matrimonio a sus 20 años con el príncipe Carlos de Inglaterra, 12 años mayor que ella, en la que sería descrita como la boda del siglo, con esos 750 millones de telespectadores de todo el mundo que hicieron batir los récord de audiencia, pero que se quedarían cortos frente a las 2.500 millones de personas que sintonizarían su funeral.

¡Cómo no quedar cautivados al verla bajar de aquel carruaje de cristal, el mismo que condujo al rey Jorge V el día de su coronación, y entrar a la catedral de St. Paul con su romántico vestido de mangas de farol y su larguísima cola de unos 25 metros, diseñado por David y Elizabeth Emanuel!

Tras casarse con el heredero de la Corona británica, tampoco podría decirse aquello de “y vivieron felices para siempre”. Como ella misma confesaría en la impactante entrevista que concedió a BBC en 1995: “Éramos tres en el matrimonio y eso es multitud”. Así, aludió a ese fantasma siempre presente entre ella y Carlos: Camila Parker Bowles, con quien él sostuvo un romance previo a conocer a Diana y que mantendría en el tiempo hasta convertirla en 2005 en su actual esposa.

El supuesto sueño coronado acabaría en pesadilla. En esa misma conversación, Lady Di, como era llamada, reconocería también su romance con el capitán de caballería James Hewitt.

La Reina de los Corazones

Nacida el 1 de julio de 1961 en Norfolk, ella logró lo impensable al menos después de fallecer: que la mismísima reina Isabel II le hiciera una reverencia al ver pasar su féretro cubierto con el estandarte real, rompiendo antiguos y rígidos protocolos. No era poco que, por Diana, su Majestad hiciera la primera transmisión en directo por televisión en medio siglo.

La monarquía cedió ante el clamor de todo un pueblo que con alfombras de flores que superaban los 100 metros y desconsolado llanto reclamaba que se le diera un tratamiento como lo que seguía siendo para ellos: su eterna princesa y, hasta más, “la Reina de los Corazones”.

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Última imagen de Diana antes del accidente en París | Imagen vía Reuters

A sólo 24 horas del accidente de coche que a las 3 de la madrugada del 31 de agosto de 1997, en el túnel bajo el puente del Alma de París, acabó con su vida y la de su entonces pareja, Dodi al Fayed, ya unas 6.000 personas por hora le rendían sus respetos frente a los palacios reales, según el documental Diana: Siete días que estremecieron el mundo, de la BBC.

Frente a la conmoción general, que ponía en peligro la relación misma de la Corona con sus súbditos, en el Palacio de Buckingham se consintió transgredir una regla más y ondear la bandera a media asta.

La película La reina, protagonizada por Helen Mirren, narraría la crisis que supuso la muerte de Diana para la Casa Real británica y cómo fue gestionada con la ayuda de Tony Blair.

Paradójicamente, la Princesa de Gales lograría finalmente que la monarquía se acercara a la gente, a la vida real, tal cual ella hizo al encargarse personalmente de la educación de sus hijos y con esa empatía que la llevaba a visitar a un enfermo de VIH o a la madre Teresa de Calcuta, comprometiéndose con las más diversas causas como obras de caridad o la lucha contra las minas antipersona.

Para Dickie Arbiter, secretario de prensa del Palacio de Buckingham, ella era “una bocanada de aire fresco”. Esa misma frescura y su indiscutible carisma fueron testigos de cómo forjó grandes amistades entre celebridades, como sir Elton John, quien afirmaría que ella “te hacía sentir completamente a gusto, no había una rigidez o incomodidad, como la que existe a veces con otros miembros de la familia real”. Aunque de escurridiza mirada, Lady Di sabía cómo relacionarse.

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Flores en el funeral de Diana | Imagen vía Wikimedia

Fue el cantante británico quien imprimió emoción en las exequias en la Abadía de Westminster con la interpretación en honor a su amiga Diana de una nueva versión de su balada Candle in the Wind, compuesta originalmente para otra mujer que también a su singular manera marcó la historia: Marilyn Monroe.

“Adiós Rosa de Inglaterra, que crezcas siempre en nuestros corazones. Eras la gracia que aparecía donde vidas habían sido rasgadas, eras la voz de nuestro país y arrullabas a aquellos que sufren“, resonó para después convertirse en el sencillo más vendido.

Y emocionó hasta las lágrimas a sus hijos, Guillermo y Enrique, de 15 y 12 años, que hasta ese momento parecían imperturbables frente a la solemnidad protocolar y cuya máxima expresión había sido escrita: una tarjeta con una gran y sola palabra, Mummy, que el mundo entero advirtió encima del ataúd.

Las cámaras mostrarían al tenor Luciano Pavarotti con su típico pañuelo blanco secando, esta vez, su llanto. El tema tocó la fibra de muchos de los asistentes a la ceremonia funeraria, entre los que se encontraban Margaret Thatcher, Henry Kissinger, Bill Clinton, Jacques Chirac, Tom Hanks, Nicole Kidman, Steven Spielberg, George Michael, Sting, Richard Attenborough, Giorgio Armani, Valentino y miembros de las casas reales europeas.

Reveladores secretos

Transcurridas dos décadas, sus hijos han decidido hablar y compartir sus más íntimos recuerdos con la audiencia en Diana, nuestra madre: su vida y su legado, documental de ITV y HBO, que también transmitirá TVE, en el que se recriminan lo poco que hablaron por teléfono con su mamá la noche que murió por darse prisa para continuar jugando con sus primos en el Castillo Balmoral, en Escocia.

“Esa llamada telefónica se me ha quedado grabada en la mente”, dice Guillermo, duque de Cambridge, ya a sus 35 años. “Lo único que recuerdo es lamentar por el resto de mi vida lo corta que fue la conversación”, lo secunda un todavía no resignado Enrique, quien da un paso adelante al confesar que “siendo niño, nunca disfruté hablar con mis padres por teléfono”, porque era lo que más hacían, debido al divorcio y la retahíla de escándalos que le sucedieron.

Ambos la recuerdan con un formidable sentido del humor, riéndose a carcajada limpia, por lo que el príncipe Guillermo no tiene la menor duda de que, además de la mejor mamá, hubiese sido una “abuela encantadora” y así se lo repite a sus hijos.

Ellos, quienes divulgaron en las redes fotos nunca antes vistas de su archivo personal, lamentan el continuo asedio que sufrió su madre por parte de los paparazzi, que incluso siguieron el coche aquel día fatal en que falleció a sus escasos 36 años y todo por conseguir una imagen. “Si eres la Princesa de Gales y eres madre, no creo que sea apropiado que te persigan 30 hombres en moto que bloquean tu camino, que te escupen para hacer que reacciones y que quieren hacer que esta mujer llore en público para conseguir una fotografía”, expresa Guillermo.

Incluso luego de fallecida no dan tregua, por lo que la controversia en torno al papel y la ética de los medios se ha avivado en el mes del aniversario de su partida con el estreno en el Canal 4 británico de Diana: en sus propias palabras.

Su plato fuerte, quizá demasiado para sus hijos, lo constituyen las conversaciones informales de Diana con su entrenador de oratoria, Peter Settelen, grabadas entre 1992 y 1993, en las que ventila detalles y oscuros secretos como que recordaba su boda como “el peor día de mi vida” y que antes de casarse sólo había visto a su esposo en 13 oportunidades.

La noche anterior al matrimonio, de acuerdo con la biografía Príncipe Carlos: Las pasiones y paradojas de una vida improbable, de Sally Bedell Smith, el heredero al trono no paró de llorar. Después la historia sería conocida. En un titular del sensacionalista Daily Mail se ha llegado hasta leer: “Charles y Diana no tuvieron sexo por siete años”.

“Si pudiera escribir mi propio guión, haría que mi marido se fuera con su mujer y nunca volviera”, se escucha en el documental. Ciertos fragmentos de estos ejercicios de voz en los que habla cándida y abiertamente fueron vistos en Estados Unidos en 2004 en la cadena NBC, pero no habían sido transmitidos en Reino Unido hasta el pasado 6 de agosto.

De hecho, se intentó impedir su difusión. Para el abogado de Settelen, Diana sabía que su entrenador “no era su sacerdote, doctor, terapeuta o abogado”, por lo que entonces no habría secreto de confesión alguno. Pero lo cierto es que fueron grabadas para ayudarla a actuar en público y de ningún modo para aparecer públicamente y menos después de 20 años de muerta. El canal lo ha presentado como una contribución al registro histórico.

Lady Di confiesa que era rebelde y que no debía jugar con fuego pues podía quemarse. Débil y fuerte a un tiempo, su infelicidad matrimonial la llevó a la bulimia y a intentos de suicidio, como cuando movida por la depresión se dejó caer, embarazada de 4 meses, por las escaleras para llamar la atención de su marido, sin poder ni siquiera así lograrlo. Tampoco la reina Isabel II mostraba interés en torno a su sufrimiento. Era despachada bajo la etiqueta de inestable.

Entre el glamour y la pena

Cautiva de las principales portadas de diarios y revistas, la Princesa Diana se convirtió en todo un icono de la moda, desde sus primeros trajes más clásicos hasta los más atrevidos. Marcó estilo con una elegancia no desprovista de desparpajo.

Es frecuente recordarla con ese largo vestido de terciopelo azul con el que bailó en la Casa Blanca con John Travolta en 1985, del diseñador Víctor Edelstein, uno de sus favoritos, quien afirmaba que ella parecía muy vulnerable. Fue subastado tras su muerte por 240.000 libras esterlinas y este año exhibido en Diana: Her Fashion Story, una muestra en el Palacio Kensington en la que pueden admirarse otros como aquel traje blanco que utilizó en 1989 y que rememoraba a Elvis Presley.

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Imagen promocional de la exposición Diana: Her Fashion Story | Imagen vía Kensington Palace

Su imagen ha sido estampada en camisetas, como la que lució el año pasado Rihanna, quien se ha declarado obsesionada por quien considera la mejor; al igual que Lady Gaga, de quien se ha llegado a decir se ha sentido la reencarnación de Lady Di, a la que definió como la más icónica mártir de la fama y que sirvió de inspiración para Paparazzi.

A decir de sus trajes, “la Reina de los Corazones” llevaba una vida glamorosa, pero en el interior la pena estaba siempre presente. De niña se sabía diferente a los demás y sentía que algo importante le depararía el destino.

Pese a que la policía investigó la muerte y aseguró que no existe indicio de conspiración para asesinarle, Mohamed al Fayed, padre de Dodi al Fayed, ha insistido en que no se trató de un accidente y ha apuntado hacia el servicio de inteligencia británico como responsable debido a que no podía dejar que Diana formalizara su unión con un musulmán y menos aún si estaba embarazada, como se especulaba, por ser ella la madre de quien en algún momento se espera sea el futuro rey.

El conde Charles Spencer, también crítico, ha señalado: “Siempre creí que la prensa al final la mataría. Parecería que cada dueño y cada editor de cada publicación que ha pagado por fotos intrusivas que explotan su imagen, alentando a individuos avaros y despiadados que arriesgan todo para conseguir una fotografía de Diana, tienen hoy las manos manchadas de sangre”.

Ilusiones, romance, glamour, engaño, intentos de suicidio, depresión, bulimia y hasta denuncias de complot, ingredientes estos todos de una historia que, aunque real, roza la telenovela. La eterna Lady Di, tan amada por las cámaras, nunca logró ser feliz del todo y eso que tenía el mundo entero a sus pies.

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Discursos con conciencia social que nos han dado las estrellas de cine

Néstor Villamor

Foto: RRSS
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Oprah Winfrey triunfó. No solo se llevó uno de los mayores galardones de la industria del cine, el premio Cecil B. DeMille a toda una carrera, sino que, en la pasada edición de los Globos de Oro, dio uno de los discursos más memorables que se recuerdan en estos premios. Desde la forma en la que recordó cómo le impactó ver en directo a Sidney Poitier convertirse en el primer actor de color en ganar un premio Oscar a la reinvindicación de la lucha contra el machismo. Sus palabras no solo hicieron estallar (de alegría) a internet, sino que hasta movieron mercados bursátiles y crearon hordas de tuiteros clamando por que la presentadora se postule como candidata a la presidencia de su país. Pero, aunque memorable, no es la primera vez que un discurso de una estrella de cine llega cargado de reivindicaciones políticas o sociales y provoca reacciones intensas entre el público.

Ocurrió el año pasado cuando Meryl Streep recibió el mismo premio que esta vez se ha llevado Winfrey. Con la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones, Estados Unidos estaba a punto de estrenar presidente en el momento de la gala. Y la actriz más respetada de Hollywood (y, por extensión, del mundo) quiso aprovechar la ocasión para hablar de la actuación que más le había llamado la atención de todo el año. “Ha habido una actuación este año que ha dejado aturdida. Ha hundido sus garras en mi corazón. No porque fuera buena: no tenía nada de bueno. Pero fue efectiva e hizo su trabajo. Hizo a su público objetivo reír y enseñar los dientes. Fue ese momento en el que la persona llamada a ocupar el asiento más respetado de nuestro país imitó a un periodista con discapacidad, alguien a quien superaba en privilegios, poder y capacidad de devolver un golpe. De algún modo me rompió el corazón cuando lo vi”.

La reacción no se hizo esperar. A Streep le llovieron los aplausos. Quien no se quedó contento fue Donald Trump, que publicó un tuit en el que decía: “Meryl Streep, una de las actrices más sobrevaloradas de Hollywood, no me conoce pero me atacó anoche en los Globos de Oro”. En un tuit siguiente la llamaba “lacaya de Hillary [Clinton] que perdió a lo grande”.

Pero la calma que mostró en su discurso la ganadora de tres Oscar contrasta con el entusiasmo que había exhibido solo dos años antes en la ceremonia de los Oscar, en la que aplaudió con vehemencia el discurso de Patricia Arquette, ganadora del galardón a la mejor actriz de reparto. “A cada mujer que ha dado a luz, a cada pagadora de impuestos y ciudadana de esta nación. Hemos luchado por la igualdad de derechos de todos los demás. Es momento de que tengamos igualdad de sueldos de una vez por todas e igualdad de derechos para las mujeres en los Estados Unidos de América”.

Antibelicismo

Donald Trump no fue el primer presidente vapuleado en el discurso de una personalidad del mundo del cine. Le ocurrió a George Bush, hijo, cuando, en 2003, el director Michael Moore ganó el Oscar al mejor documental y decidió no callarse su opinión sobre la Guerra de Irak. “Nos gusta la no ficción pero vivimos en tiempos ficticios. Vivimos en un tiempo en el que tenemos resultados electorales ficticios que eligen a un presidente ficticio. Vivimos en un tiempo en el que tenemos a un hombre enviándonos a la guerra por razones ficticias”. Moore no solo no se topó con la acogida que sí recibieron Winfrey, Streep y Arquette, sino que recibió abucheos de los asistentes.

A quien no abucheó el público fue a Halle Berry cuando en 2002 se convirtió en la primera mujer afroamericana en recibir un Oscar a la mejor actriz. “Este momento es mucho más grande que yo”, dijo al recibir su galardón. “Este momento es para Dorothy Dandridge, Lena Horne, Diahann Carroll. Es para las mujeres que hay a mi lado, Jada Pinkett, Angela Basset, Vivica Fox. Y es para cada mujer de color sin nombre y sin cara que ahora tiene una oportunidad porque esta puerta se ha abierto esta noche”.

Discursos con conciencia social que nos han dado las estrellas de cine
Al recibir su premio de la Academia, Hale Berry mencionó en su discurso a Dorothy Dandridge, la primera mujer afroamericana en ser nominada al Oscar a la mejor actriz. | Foto: Raw / AP

Y otra puerta se abrió cuando Lena Waithe se convirtió en la primera mujer afroamericana en lograr el Emmy al mejor guion de una serie cómica por Master of None. Después de, en primer lugar, dar las gracias a Dios, dio un discurso que ocupó la atención de la prensa al día siguiente: “A mi familia LGBQTIA [lesbianas, gays, bisexuales, queer -un término paraguas que hace referencia a todas las minorías sexuales-, transexuales, intersexuales y asexuales]. Os veo a todos y cada uno de vosotros. Las cosas que nos hacen diferentes son superpoderes. Cada día, cuando salgáis por la puerta, poneos vuestra capa imaginaria y conquistad el mundo porque el mundo no sería tan bonito como es si vosotros no estuvierais en él”.

También sobre el colectivo LGTB se pronunció Sean Penn cuando, en 2009, ganó su segundo Oscar por interpretar al icónico activista gay Harvey Milk. “Creo que es buen momento para que aquellos que votaron para prohibir el matrimonio gay se sienten y reflexionen y anticipen su gran vergüenza y la vergüenza a ojos de sus nietos si continúan con esos apoyos. Tenemos que tener igualdad de derechos para todo el mundo”.

Quien puso un tinte político a una gala de los Oscar sin hacer alusión a nadie fue Leonardo DiCaprio. Cuando en 2016 se llevó el premio al mejor actor no habló de presidentes, ni de mujeres. Ni de afroamericanos, ni de lesbianas. Ni falta que le hizo: habló del planeta. “El renacido iba sobre la relación del hombre con el mundo natural. Un mundo que colectivamente sentimos en 2015 como el año más caluroso desde que hay datos. Nuestra producción tuvo que mudarse a la punta Sur de este planeta solo para poder encontrar nieve. El cambio climático es real, está ocurriendo ahora mismo, es la amenaza más urgente a la que se enfrenta nuestra especie”. Mientras DiCaprio hablaba, Kate Winslet, en su asiento, estaba al borde de las lágrimas.

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Diez libros que sacudieron los estantes de las librerías este 2017

Romhy Cubas

La nueva vuelta al sol trajo miles de nuevas ficciones y no ficciones para entenderse con el mundo de los libros. En este 2017 la escena literaria regresó con decenas  de adaptaciones cinematográficas como es usual: It de Stephen King, Hidden Figures de Margot Lee Shetterly, Live By Night de Dennis Lehane, The Zookeeper’s Wife de Diane Ackerman o Tulip Fever de Deborah Moggach por nombrar algunas. El Premio Nobel de Literatura se anunció tal vez con menos controversia que el año pasado al ser entregado al japonés Kazuo Ishiguro, el novelista Paul Auster rompió su silencio de siete años con una novela de casi mil páginas y Bolaño retornó de manera póstuma -como viene siendo usual en los últimos años- con una novela sobre sepulcros y vaqueros.

Los creadores de Written Word Media predijeron a principios de este ciclo algunas tendencias relevantes y su posible impacto en el mundo de la literatura moderna. Bien sea que la mayoría de la ventas de ficción se registraran mediante los e-Books, que los autores indies y las pequeñas imprentas dominaran el mercado, que la lectura ilimitada de los Kindles continuara expandiéndose sin límites o que los Audiobooks hayan seguido ganando popularidad dominando un mercado ya de por si digitalizado, hay un hecho que no cambia a pesar de las nuevas tabletas súper delgadas de Apple y es que la gente continua leyendo y escribiendo. No obstante la comodidad de los nuevos dispositivos, el libro de papel mantiene su terca presencia en las librerías/bibliotecas del mundo.

Porque la novedad más emocionante siempre estará en la historia que están a punto de contarte y todos los silencios que el autor y su pluma buscan susurrar. Este 2017 en The Objective regresamos con la lista de los diez libros del año que sacudieron los estantes de las librerías. Entenderse con solo una decena de textos es quedarse corto, pero cada uno de estos títulos guarda un secreto en el que vale la pena indagar.

 

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Portada de El fuego invisible de Javier Sierra | Imagen: Planeta de Libros

El fuego invisible de Javier Sierra

El novelista y periodista español Javier Sierra tiene en su autoría una lista de poco menos de una decena de libros que lo han posicionado en la lista de los más vendidos de Estados Unidos elaborada por el New York Times –es el primer autor español en conseguirlo-. Este 2017 ganó el prestigioso Premio Planeta por su última obra presentada en el concurso bajo el seudónimo de Victoria Goodman.

La novela ambientada en Madrid es protagonizada por David Salas, un lingüista del Trinity Collage de Dublín que retoma relaciones con una vieja amiga de sus abuelos y con su ayudante, una reservada historiadora de arte. Victoria Goodman es el nombre de esta vieja conocida con quien se ve atrapado en una incógnita marcada por desapariciones y santo griales. La novela hila el enigma del mito del grial con España y ese patrimonio artístico y cultural que permanece todavía en sus formas arquitectónicas y en la historia de sus calles.

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Portada de 4 3 2 1 de Paul Auster | Imagen: Planeta de Libro

4 3 2 1 de Paul Auster

Paul Auster es uno de los grandes novelistas norteamericanos. Ganador del Premio Príncipe de Asturias de las letras en el 2006 el escritor es conocido por sus trilogías sobre Nueva York y sus reflexiones existencialistas sobre la ciudad y los individuos que la caminan. Luego de siete años de silencio Auster publica tal vez uno de los libros más esperados del año. Es la novela más extensa que ha escrito desde que se presentó en 1982 al público con la Invención de la Soledad. 4 3 2 1 son cuatro novelas en una sola, todas protagonizada por una versión distinta de Archie Ferguson.

Las vidas de Ferguson se explayan en el libro y lo llevan a existir en mundos completamente distintos. Con un trasfondo de  acontecimientos esenciales para la segunda mitad del siglo XX americano, el azar y la esencia de una generación, las articulaciones de todas estas existencias se desarrollan en una novela que supuso una vida entera de preparación, según las palabras del propio Auster.

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Portada de Los Pacientes del Doctor García de Almudena Grande Foto vía: Planeta de Libros

Los pacientes del Doctor García de Almudena Grandes

Esta escritora española se hizo conocida en el mundo de las letras por el controversial La edades de Lulú, desde entonces su carrera como novelista a la par de como columnista ha continuado con sus antihéroes y supervivientes literarios. Su nueva novela es la cuarta entrega del proyecto que la autora inició en el 2010 con Episodios de una guerra interminable.

Una novela de espías que se explaya en acontecimientos reales de la Segunda Guerra Mundial y el franquismo para construir las vidas de personajes ficticios que transitarán por España y Argentina. Infiltrados en la red internacional que permitió la fuga de miles de criminales nazis a América a través de una ruta secreta, la del Madrid franquista de la posguerra, el texto se cruza en un camino de intrigas y crímenes de guerra que se pierden entre deserciones y falsas identidades.

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Portada de Lincoln en el Bardo de George Saunders | Imagen: Goodreads

Lincoln en el Bardo de George Saunders

Ganadora del Premio Booker 2017, la primera novela de este escritor estadounidense es un retrato de Abraham Lincoln extraído de diarios y anotaciones de la época. La imagen casi intocable de Lincoln como el presidente que abolió la esclavitud en América se torna dolorosamente personal en esta historia ficticia en la cual el mandatario afronta la muerte de su hijo más querido.  

Durante la novela Lincoln vuelve al cementerio para abrir el ataúd de su hijo mientras los muertos reconocen su existencia. En su presencia, un colectivo social atrapado en el limbo reflexiona no solo sobre la muerte de un hijo sino sobre las pérdidas de la guerra y desigualdades e injusticias generacionales arraigadas en la época.  

Diez libros que sacudieron los estantes de las librerías este 2017
Portada de El monarca de las sombras de Javier Cercas | Imagen: Literatura Mondadori

El monarca de las sombras de Javier Cercas

La narrativa de este novelista español es una mezcla de crónica testimonial.  Desde el éxito de su novela Soldados de Salamina su obra ha sido traducida a más de treinta idiomas y con El monarca de las sombras Cercas escribe una de sus novelas más íntimas e incómodas.

La narración se enfoca en la búsqueda de un joven que peleó por una causa injusta y murió en el lado equivocado de la historia. Manuel Mena se incorporó al ejército de Franco al estallar la Guerra Civil y murió combatiendo en la batalla del Ebro. Mena era tío abuelo de Javier Cercas, quien hace una indagación personal de una historia familiar escondida durante demasiado tiempo entre perfiles de antihéroes y guerras fallidas.

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Portada de Exit West de Mohsin Hamid  | Imagen: Riverhead Books

Exit West de Mohsin Hamid

Calificada como una de las novelas más anticipadas por la revista Time y el Washington Post, esta novela futurista se ubica en un país sin nombre con una tumultuosa crisis política.  Una pareja de jóvenes caminan en medio de esta geografía llena de balas, bombas, aviones y destrucción mientras intentan escapar hacia una ciudad secreta que les susurra entre paredes resguardadas por hombres armados.   

La globalidad de la trama revela una discusión inminente sobre inmigración, refugiados, religión y conflictos bélicos. El autor explica cómo la geografía se convierte en el destino y el condicionante de dos personas atrapadas en una guerra.

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Portada de Los cinco y yo de Antonio Orejudo | Imagen: Planeta de Libros

Los cinco y yo de Antonio Orejudo

Orejudo se aferra a los recuerdos de su niñez y la generación de los sesenta para contar la historia de Toni, un escritor que no escribe y un profesor que no enseña. Mediante personajes ficticios y disfraces de infancia los personajes con los que Toni crece parecen convertirse en carne y hueso mientras él sufre el proceso inverso y se reconcilia como uno de ellos.

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Portada de You Don’t Have to say you love me de Sherman Alexie | Imagen: Amazon

No tienes que decir que me amas: Una memoria de Sherman Alexie

Esta memoria profundamente personal aborda la relación entre madre e hijo mediante 78 ensayos y 78 poemas escritos tras la muerte de la madre de Sherman Alexie.

Esa figura mítica y mágica que representa una madre emerge en un perfil maravilloso y complicado con un contexto inesperado, una reserva India como retentiva de infancia y de sufrimientos individuales.

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Portada de Recordarán tu nombre de Lorenzo Silva | Imagen: Planeta de Libros

Recordarán tu nombre de Lorenzo Silva

En esta novela, Lorenzo Silva narra la historia de la sublevación militar en Barcelona el 19 de julio de 1936, del desafío del general Goded a la legalidad republicana y de la decisión del general Aranguren, el máximo responsable de la Guardia Civil, que optó por defender la democracia. Para Planeta “el hecho de que este sea uno de nuestros episodios más desconocidos e incómodos lo convierte en uno de los mejores relatos que puede darnos la literatura sobre la guerra civil”

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Portada de Goodbye Vitamin de Rachel Khong | Imagen: Amazon

Goodbye, Vitamin de Rachel Khong

En Goodbye Vitamin la comedia y la realidad se mezclan en una genuina historia sobre las disyuntivas de la adultez y todos los caminos a través de los cuales es posible encontrarse a uno mismo.

Cuando su prometido huye con otra mujer, Ruth regresa a casa con su padre,  un importante profesor de historia que padece de Alzheimer. La convivencia destapa todas las expectativas de su nueva vida en una genuina, dulce e impredecible historia sobre amor, demencia y familia.

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Elisabeth Moss es protagonista de otra serie y deberías verla

Nerea Dolara

Foto: IMDB
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Top of the Lake, sus dos primeras temporadas, llegan a HBO este diciembre. El thriller policial es una muestra de que Moss se merece su estatus como la actriz del momento y es también un buen análisis del comportamiento tóxico masculino y la misoginia.

En 2013 la primera temporada de Top of the Lake se estrenó -siendo la primera serie en abrirse paso en un festival de cine- en Sundance. No era tan extraño si se tomaba en cuenta su pedigrí: dirigida por Jane Campion y con reparto que incluía a Jodie Foster, a Peter Mullan y a Elisabeth Moss. En ese momento, Moss sólo era conocida por su impresionante rol en Mad Men (que se puede ver en Netflix  y en HBO actualmente) y no era aún la it girl del audiovisual que es actualmente. Pero como la protagonista de este drama policial probó que su rango era amplio y que debía, como sucedió luego, tener mucho más trabajo del que le habían dado hasta el momento. Este año la segunda temporada de la serie, con Moss, Nicole Kidman y Gwendoline Christie, llegó para ser recibida con peores críticas… aunque ninguna para Moss.

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Elisabeth Moss en Top of the lake | Imagen: IMDB

La actriz se ha convertido en el rostro del año con The Handmaid’s Tale y la película The Square, que ganó en Cannes. Y Top of the Lake es un buen lugar donde explorar sus talentos. Ambas temporadas estarán disponibles en HBO este 31 de diciembre, lo que permite despedir el año con un atracón de Moss.

La primera temporada de la serie se desarrolla en un recóndito pueblo de Nueva Zelanda, un lugar habitado por gente distante y casi cavernaria. Están aislados, rodeados de paisajes y de poca civilización, y el resultado en muchos de sus hombres es el de convertirse en machos territoriales y agresivos. El personaje de Moss, una detective que trabaja en Australia y que es originaria del pueblo, vuelve cuando una adolescente embarazada desaparece. La serie es sorprendentemente perfecta para este año, lleno de reivindicaciones feministas y condenas a las actitudes tóxicas masculinas. Una fábula dura y difícil de ver, pero también llena de suspenso y buenas actuaciones.

Otro personaje importante es el entorno. Misterioso, amplio, salvaje, el pueblo ficticio y su naturaleza oprimen más que liberan y ofrecen una oportunidad para valorar el ojo de cineasta que tiene Campion (que ya lo dejó claro con El piano).

La serie es un buen thriller, la trama, compleja y llena de detalles, se resuelve satisfactoriamente (lo que no pasa con tantas series de este tipo… sí hablo de ti Borgen, o de ti The Killing) y las actuaciones son magistrales, lo que no es difícil si se toma en cuenta que además de Moss están Jodie Foster como una líder feminista de un grupo de mujeres que vive en contenedores en la pradera, aisladas de la tóxica masculinidad del pueblo, o Peter Mullan (Trainspotting, Braveheart), un dañino pater familia lleno de desprecio e ira.

La segunda temporada no fue tan bien valorada y en parte puede deberse a que la primera vez Campion trabajó en la serie sin presiones o alboroto crítico. Esta vez hubo alfombras rojas, reportajes y expectativas… recuerda al fenómeno de True Detective. En China Girl, el subtítulo de la segunda entrega, Moss vuelve, pero la historia y la revisión de la misoginia como problema pierden sutileza y por ende pierden su valor como comentario social. La historia se desarrolla esta vez en Sidney, una ciudad enorme y en que el comportamiento masculino sigue siendo tóxico, pero ya a unos niveles que son menos creíbles (eso sin dejar de tomar nota sobre todos los casos de acoso que últimamente aparecen en entornos “urbanos y educados”). Igualmente, vale la pena volver a ver Moss como Robin. Su conflicto interior con respecto al machismo y su propia feminidad es siempre algo que merece la pena ver.

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Elisabeth Moss y Gwendoline Christie en la última temporada de Top of the lake | Imagen: IMDB

Para los fans de Moss también está la opción de ver The Square, película ganadora de la Palma de Oro en que la actriz interpreta a una periodista en una historia que gira en torno a la inauguración de una instalación de arte en un museo y todos los problemas que se suceden.

A pocos meses de iniciado el año, en abril, llegará la segunda temporada de The Handmaid’s Tale. La serie, sobre una sociedad arcaica que esclaviza a sus mujeres, se convirtió en fenómeno este año, ganó varios Emmy y le va a otorgar, casi de seguro, un Globo de Oro a Moss.

Moss se ha convertido en la chica que tener en cuenta, la actriz del momento. Y revisar su trabajo en Top of the Lake es descubrir que, antes de ser Offred, ya era una estrella en construcción, sólo que nadie se había dado cuenta.

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El cambio climático hace posible la producción de vino en lugares que nunca imaginarías

Redacción TO

Foto: BENOIT TESSIER
Reuters

¿Imaginas llevar a una cena con amigos un vino polaco? ¿Y un vino inglés? Con dificultad un español escogería un vino que no fuera español. Quizá uno italiano o francés. Sin embargo, el calentamiento global puede hacer que esta circunstancia cambie. Todo porque el mapa de los países productores de vino está evolucionando sin parar.

Mientras los expertos se debaten sobre las áreas del mundo donde el cambio climático puede beneficiar o perjudicar la producción de vino, como explica en un reportaje la revista Quartz, parece incuestionable que a las áreas tradicionales se sumarán otras hasta ahora difíciles de imaginar. Porque al tiempo que la temperatura media global aumenta, las tierras más fértiles para el cultivo se alejan del ecuador en dos direcciones: hacia el norte y hacia el sur.

Hay estudios que sostienen con firmeza esta tesis. En 2013, la revista Proceedings of the National Academy of Sciences publicó uno a todas luces pesimista donde se sostiene que el vino que se produce en zonas como la Borgoña francesa o el Valle de Napa californiano no será posible en medio siglo, dado que el clima no será el idóneo para su producción.

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Una cosecha de uvas en Parras de la Fuente, México. | Foto:
Daniel Becerril/Reuters

Así, la misma investigación determina que la nuevas regiones europeas mejor acondicionadas para la producción serán Inglaterra, Polonia y Austria. Toda una sorpresa. En Estados Unidos, por su parte, esta condición se extendería a estados como Montana, Wyoming o Michigan, ubicados en el norte del país e históricamente desligados de la cultura enológica.

La revista Quartz señala las zonas que guardan más posibilidades de librar esta competición. Una de ellas sería Inglaterra, concretamente la región de South Downs, donde se estaría produciendo un champán cremoso y apetecible. Esta zona se podría beneficiar, en unos años, de unas condiciones climáticas equiparables a las de la región francesa de Champagne.

En Estados Unidos, la nueva esperanza sería Michigan, donde ya se cultiva a pequeña escala, pero podría continuar creciendo como lo ha hecho hasta ahora: en los últimos 10 años ha pasado de tener 16 bodegas a 130. En Australia, por su parte, existe Tasmania, que en pocos años podría competir con el vino del Valle de Barossa, el mejor de ese país.

Con todo, hay investigaciones que se esfuerzan por desmentir las conclusiones del estudio anteriormente citado y que sostienen que si bien el calentamiento global está ampliando el campo de la producción vinícola a más zonas del planeta, países como España o Italia no dejarán de ser grandes productores. Más allá de que algún estudio sostenga que el cava española perderá calidad por el cambio de temperatura.

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