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La princesa Diana: el juguete de los medios que logró lo impensable

Tal Levy

Foto: Tim Graham
Getty Images

Diana ha vuelto a morir. Fueron los medios quienes la crearon y también los que la persiguieron hasta su trágico final. “Un minuto no era nadie y al siguiente era la Princesa de Gales, madre, juguete de los medios, miembro de esta familia, lo que pueda imaginar. Fue simplemente demasiado para una persona”, se le escucha decir en el documental Princesa Diana: En primera persona, que National Geographic presenta este agosto y que recoge grabaciones inéditas. Esa misma prensa, que “estaba siendo insoportable siguiendo cada uno de mis pasos”, no la dejaría yacer en paz, atenta a cada nueva revelación, incluso después de 20 años de su partida. Ya lo decía Paul Auster en La invención de la soledad: “Memoria: el espacio en que una cosa ocurre por segunda vez”.

Ni siquiera le ha servido haber sido enterrado en la isla del Lago Oval, en Althorp House, propiedad de su familia, los Spencer, lejos de la mirada curiosa de los flashes, para encontrar esa privacidad que le fue negada en vida.

Diana Spencer no tenía el cabello largo como la mayoría de las princesas de los cuentos de hadas y murió despojada de su título real, aunque como el entonces recién estrenado primer ministro británico, Tony Blair, acertaría: “Ella era la Princesa del Pueblo y así es como permanecerá en nuestros corazones y recuerdos para siempre”.

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29 de julio de 1981, la boda entre Carlos y Diana. | Imagen vía Getty Images

De noble familia aunque de padres separados, el 29 de julio de 1981 contrajo matrimonio a sus 20 años con el príncipe Carlos de Inglaterra, 12 años mayor que ella, en la que sería descrita como la boda del siglo, con esos 750 millones de telespectadores de todo el mundo que hicieron batir los récord de audiencia, pero que se quedarían cortos frente a las 2.500 millones de personas que sintonizarían su funeral.

¡Cómo no quedar cautivados al verla bajar de aquel carruaje de cristal, el mismo que condujo al rey Jorge V el día de su coronación, y entrar a la catedral de St. Paul con su romántico vestido de mangas de farol y su larguísima cola de unos 25 metros, diseñado por David y Elizabeth Emanuel!

Tras casarse con el heredero de la Corona británica, tampoco podría decirse aquello de “y vivieron felices para siempre”. Como ella misma confesaría en la impactante entrevista que concedió a BBC en 1995: “Éramos tres en el matrimonio y eso es multitud”. Así, aludió a ese fantasma siempre presente entre ella y Carlos: Camila Parker Bowles, con quien él sostuvo un romance previo a conocer a Diana y que mantendría en el tiempo hasta convertirla en 2005 en su actual esposa.

El supuesto sueño coronado acabaría en pesadilla. En esa misma conversación, Lady Di, como era llamada, reconocería también su romance con el capitán de caballería James Hewitt.

La Reina de los Corazones

Nacida el 1 de julio de 1961 en Norfolk, ella logró lo impensable al menos después de fallecer: que la mismísima reina Isabel II le hiciera una reverencia al ver pasar su féretro cubierto con el estandarte real, rompiendo antiguos y rígidos protocolos. No era poco que, por Diana, su Majestad hiciera la primera transmisión en directo por televisión en medio siglo.

La monarquía cedió ante el clamor de todo un pueblo que con alfombras de flores que superaban los 100 metros y desconsolado llanto reclamaba que se le diera un tratamiento como lo que seguía siendo para ellos: su eterna princesa y, hasta más, “la Reina de los Corazones”.

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Última imagen de Diana antes del accidente en París | Imagen vía Reuters

A sólo 24 horas del accidente de coche que a las 3 de la madrugada del 31 de agosto de 1997, en el túnel bajo el puente del Alma de París, acabó con su vida y la de su entonces pareja, Dodi al Fayed, ya unas 6.000 personas por hora le rendían sus respetos frente a los palacios reales, según el documental Diana: Siete días que estremecieron el mundo, de la BBC.

Frente a la conmoción general, que ponía en peligro la relación misma de la Corona con sus súbditos, en el Palacio de Buckingham se consintió transgredir una regla más y ondear la bandera a media asta.

La película La reina, protagonizada por Helen Mirren, narraría la crisis que supuso la muerte de Diana para la Casa Real británica y cómo fue gestionada con la ayuda de Tony Blair.

Paradójicamente, la Princesa de Gales lograría finalmente que la monarquía se acercara a la gente, a la vida real, tal cual ella hizo al encargarse personalmente de la educación de sus hijos y con esa empatía que la llevaba a visitar a un enfermo de VIH o a la madre Teresa de Calcuta, comprometiéndose con las más diversas causas como obras de caridad o la lucha contra las minas antipersona.

Para Dickie Arbiter, secretario de prensa del Palacio de Buckingham, ella era “una bocanada de aire fresco”. Esa misma frescura y su indiscutible carisma fueron testigos de cómo forjó grandes amistades entre celebridades, como sir Elton John, quien afirmaría que ella “te hacía sentir completamente a gusto, no había una rigidez o incomodidad, como la que existe a veces con otros miembros de la familia real”. Aunque de escurridiza mirada, Lady Di sabía cómo relacionarse.

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Flores en el funeral de Diana | Imagen vía Wikimedia

Fue el cantante británico quien imprimió emoción en las exequias en la Abadía de Westminster con la interpretación en honor a su amiga Diana de una nueva versión de su balada Candle in the Wind, compuesta originalmente para otra mujer que también a su singular manera marcó la historia: Marilyn Monroe.

“Adiós Rosa de Inglaterra, que crezcas siempre en nuestros corazones. Eras la gracia que aparecía donde vidas habían sido rasgadas, eras la voz de nuestro país y arrullabas a aquellos que sufren“, resonó para después convertirse en el sencillo más vendido.

Y emocionó hasta las lágrimas a sus hijos, Guillermo y Enrique, de 15 y 12 años, que hasta ese momento parecían imperturbables frente a la solemnidad protocolar y cuya máxima expresión había sido escrita: una tarjeta con una gran y sola palabra, Mummy, que el mundo entero advirtió encima del ataúd.

Las cámaras mostrarían al tenor Luciano Pavarotti con su típico pañuelo blanco secando, esta vez, su llanto. El tema tocó la fibra de muchos de los asistentes a la ceremonia funeraria, entre los que se encontraban Margaret Thatcher, Henry Kissinger, Bill Clinton, Jacques Chirac, Tom Hanks, Nicole Kidman, Steven Spielberg, George Michael, Sting, Richard Attenborough, Giorgio Armani, Valentino y miembros de las casas reales europeas.

Reveladores secretos

Transcurridas dos décadas, sus hijos han decidido hablar y compartir sus más íntimos recuerdos con la audiencia en Diana, nuestra madre: su vida y su legado, documental de ITV y HBO, que también transmitirá TVE, en el que se recriminan lo poco que hablaron por teléfono con su mamá la noche que murió por darse prisa para continuar jugando con sus primos en el Castillo Balmoral, en Escocia.

“Esa llamada telefónica se me ha quedado grabada en la mente”, dice Guillermo, duque de Cambridge, ya a sus 35 años. “Lo único que recuerdo es lamentar por el resto de mi vida lo corta que fue la conversación”, lo secunda un todavía no resignado Enrique, quien da un paso adelante al confesar que “siendo niño, nunca disfruté hablar con mis padres por teléfono”, porque era lo que más hacían, debido al divorcio y la retahíla de escándalos que le sucedieron.

Ambos la recuerdan con un formidable sentido del humor, riéndose a carcajada limpia, por lo que el príncipe Guillermo no tiene la menor duda de que, además de la mejor mamá, hubiese sido una “abuela encantadora” y así se lo repite a sus hijos.

Ellos, quienes divulgaron en las redes fotos nunca antes vistas de su archivo personal, lamentan el continuo asedio que sufrió su madre por parte de los paparazzi, que incluso siguieron el coche aquel día fatal en que falleció a sus escasos 36 años y todo por conseguir una imagen. “Si eres la Princesa de Gales y eres madre, no creo que sea apropiado que te persigan 30 hombres en moto que bloquean tu camino, que te escupen para hacer que reacciones y que quieren hacer que esta mujer llore en público para conseguir una fotografía”, expresa Guillermo.

Incluso luego de fallecida no dan tregua, por lo que la controversia en torno al papel y la ética de los medios se ha avivado en el mes del aniversario de su partida con el estreno en el Canal 4 británico de Diana: en sus propias palabras.

Su plato fuerte, quizá demasiado para sus hijos, lo constituyen las conversaciones informales de Diana con su entrenador de oratoria, Peter Settelen, grabadas entre 1992 y 1993, en las que ventila detalles y oscuros secretos como que recordaba su boda como “el peor día de mi vida” y que antes de casarse sólo había visto a su esposo en 13 oportunidades.

La noche anterior al matrimonio, de acuerdo con la biografía Príncipe Carlos: Las pasiones y paradojas de una vida improbable, de Sally Bedell Smith, el heredero al trono no paró de llorar. Después la historia sería conocida. En un titular del sensacionalista Daily Mail se ha llegado hasta leer: “Charles y Diana no tuvieron sexo por siete años”.

“Si pudiera escribir mi propio guión, haría que mi marido se fuera con su mujer y nunca volviera”, se escucha en el documental. Ciertos fragmentos de estos ejercicios de voz en los que habla cándida y abiertamente fueron vistos en Estados Unidos en 2004 en la cadena NBC, pero no habían sido transmitidos en Reino Unido hasta el pasado 6 de agosto.

De hecho, se intentó impedir su difusión. Para el abogado de Settelen, Diana sabía que su entrenador “no era su sacerdote, doctor, terapeuta o abogado”, por lo que entonces no habría secreto de confesión alguno. Pero lo cierto es que fueron grabadas para ayudarla a actuar en público y de ningún modo para aparecer públicamente y menos después de 20 años de muerta. El canal lo ha presentado como una contribución al registro histórico.

Lady Di confiesa que era rebelde y que no debía jugar con fuego pues podía quemarse. Débil y fuerte a un tiempo, su infelicidad matrimonial la llevó a la bulimia y a intentos de suicidio, como cuando movida por la depresión se dejó caer, embarazada de 4 meses, por las escaleras para llamar la atención de su marido, sin poder ni siquiera así lograrlo. Tampoco la reina Isabel II mostraba interés en torno a su sufrimiento. Era despachada bajo la etiqueta de inestable.

Entre el glamour y la pena

Cautiva de las principales portadas de diarios y revistas, la Princesa Diana se convirtió en todo un icono de la moda, desde sus primeros trajes más clásicos hasta los más atrevidos. Marcó estilo con una elegancia no desprovista de desparpajo.

Es frecuente recordarla con ese largo vestido de terciopelo azul con el que bailó en la Casa Blanca con John Travolta en 1985, del diseñador Víctor Edelstein, uno de sus favoritos, quien afirmaba que ella parecía muy vulnerable. Fue subastado tras su muerte por 240.000 libras esterlinas y este año exhibido en Diana: Her Fashion Story, una muestra en el Palacio Kensington en la que pueden admirarse otros como aquel traje blanco que utilizó en 1989 y que rememoraba a Elvis Presley.

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Imagen promocional de la exposición Diana: Her Fashion Story | Imagen vía Kensington Palace

Su imagen ha sido estampada en camisetas, como la que lució el año pasado Rihanna, quien se ha declarado obsesionada por quien considera la mejor; al igual que Lady Gaga, de quien se ha llegado a decir se ha sentido la reencarnación de Lady Di, a la que definió como la más icónica mártir de la fama y que sirvió de inspiración para Paparazzi.

A decir de sus trajes, “la Reina de los Corazones” llevaba una vida glamorosa, pero en el interior la pena estaba siempre presente. De niña se sabía diferente a los demás y sentía que algo importante le depararía el destino.

Pese a que la policía investigó la muerte y aseguró que no existe indicio de conspiración para asesinarle, Mohamed al Fayed, padre de Dodi al Fayed, ha insistido en que no se trató de un accidente y ha apuntado hacia el servicio de inteligencia británico como responsable debido a que no podía dejar que Diana formalizara su unión con un musulmán y menos aún si estaba embarazada, como se especulaba, por ser ella la madre de quien en algún momento se espera sea el futuro rey.

El conde Charles Spencer, también crítico, ha señalado: “Siempre creí que la prensa al final la mataría. Parecería que cada dueño y cada editor de cada publicación que ha pagado por fotos intrusivas que explotan su imagen, alentando a individuos avaros y despiadados que arriesgan todo para conseguir una fotografía de Diana, tienen hoy las manos manchadas de sangre”.

Ilusiones, romance, glamour, engaño, intentos de suicidio, depresión, bulimia y hasta denuncias de complot, ingredientes estos todos de una historia que, aunque real, roza la telenovela. La eterna Lady Di, tan amada por las cámaras, nunca logró ser feliz del todo y eso que tenía el mundo entero a sus pies.

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¿Qué turistas gastan más en España?

Redacción TO

Foto: ALBERT GEA
Reuters

España es uno de los destinos turísticos por excelencia de muchos visitantes de todo el mundo, que llegan atraídos por la cultura, la gastronomía y el buen tiempo, entre muchos otros factores que hacen de España uno de los países más atractivos. Los visitantes franceses encabezan el ranking de turistas extranjeros que más invierten en actividades turísticas cuando visitan España, según un estudio realizado por el portal turístico Musement. “Con bastante diferencia son los que más contratan todo tipo de servicios turísticos seguidos por los alemanes e italianos”, detalla Letizia Stok, responsable de Musement en España.

El estudio también concluye que los estadounidenses son mucho más concretos a la hora de invertir, ya que apuestan claramente por el deporte y la gastronomía, mientras que los portugueses y los ingleses están más divididos entre distintas categorías. La gastronomía es, de hecho, uno de los principales puntos fuertes de nuestro país como atracción turística. Y en este apartado los estadounidenses lideran la contratación de servicios gastronómicos, como rutas de vino o comida. “Más del 70% de las contrataciones de las rutas gastronómicas son de turistas estadounidenses, sin embargo, ingleses, portugueses e italianos prefieren invertir en otras actividades como visitar zoos y acuarios”, explican desde Musement.

¿Qué turistas gastan más en España?
Clase de cocina para turistas en Barcelona. | Foto: Marjorie Miller / AP

La vida nocturna también es otro de los factores que más actividad económica generan. Aquí los alemanes son los primeros, con un 46% de las contrataciones de entradas para discotecas, clubes o experiencias nocturnas. En el segundo puesto figuran los estadounidenses (23%) como los turistas que más gastan en la noche española. Les siguen en tercer lugar, empatados, los italianos e ingleses (15%) y, por último, los franceses y portugueses, que prefieren invertir su tiempo y dinero durante el día.

“Desmitificando la creencia de que España únicamente atrae por el sol y la playa, la cultura se ha convertido en la principal fuente de ingresos”

Si algo tienen en común todas las nacionalidades que más visitan nuestro país, según los datos extraídos de Musement, es que franceses, alemanes, italianos, ingleses, portugueses y estadounidenses, tienen interés por la cultura de nuestro país. Más del 90% de las contrataciones son para visitas culturales: museos, tours, monumentos, etc… “Desmitificando la creencia de que España únicamente atrae por el sol y la playa, la cultura se ha convertido en la principal fuente de ingresos. De hecho, las actividades que más se contratan desde nuestra app son las visitas a los museos o monumentos, puntualiza Stok.

En pleno debate sobre los excesos del turismo, Musement apunta que tanto los turistas españoles como los extranjeros optan por rutas alternativas a los puntos turísticos más masificados, lo cual sirve para diversificar a los turistas de las ciudades y para descongestionarlas. “Las rutas más desconocidas para los turistas se han convertido en un gran atractivo cuando visitan nuestro país, incluso los propios españoles también las contratan para redescubrir su ciudad”, explica Letizia Stok.

¿Qué turistas gastan más en España?
Una turista junto al Puente Viejo de Ronda (Málaga). | Foto: Jon Nazca / Reuters

Continúa leyendo: Con faldas y a lo loco: la divertida protesta de unos alumnos británicos

Con faldas y a lo loco: la divertida protesta de unos alumnos británicos

Redacción TO

Foto: RRSS

La ola de calor que ha invadido España, pero también el conjunto de Europa, puede ser un fuerte inconveniente en según qué sectores laborales o educativos. Si en España los centros educativos han tenido que soportar temperaturas que han llegado a superar los 35 grados, y a construcciones low cost que han empeorado la situación, más al norte el problema del calor también se ha intensificado.

Las altas temperaturas han obligado a unos jovencísimos alumnos británicos a tomar medidas inusuales. Se trata de unos 30 estudiantes de entre 11 y 16 años de la Academia ISCA en Exeter, en Inglaterra, que han decidido ponerse falda para protestar contra las normas de vestimenta del centro. Dichas normas establecen que, en caso de clima cálido, los estudiantes masculinos pueden llevar pantalones largos, mientras que las estudiantes femeninas pueden usar pantalones largos o falda, según prefieran. A los chicos se les permite que se quiten sus corbatas y desatar sus camisas en clase, pero deben llevar la corbata en el exterior, y mantener las camisas abrochadas cuando salen del aula.

La reivindicación de los chicos de la Academia ISCA es sencilla: quieren poder llevar pantalones cortos cuando hace mucho calor, así como a sus compañeras les permite llevar falda. De esta forma tan divertida y travestida han logrado una visibilidad mayúscula para su protesta.

Según declaraciones de los chavales a la BBC, esta curiosa reivindicación nació tras la sarcástica respuesta de Aimee Mitchell, directora del centro, ante su petición. Ésta les dijo que si querían estar más frescos podían ponerse una falda. Al día siguiente, cinco de los alumnos aparecieron con faldas, y la tendencia se fue expandiendo.

Gracias a este peculiar y divertido movimiento de los alumnos, la escuela parece ahora dispuesta a cambiar su política de vestimenta. “Los pantalones cortos no forman parte de nuestro uniforme para los niños, y yo no querría hacer ningún cambio sin consultar tanto a los estudiantes como a sus familias. Sin embargo, con un clima cálido cada vez más normal, estaría encantada de considerar un cambio para el futuro”, ha declarado la directora a la BBC. Los chicos de ISCA ya pueden decir que con faldas y a lo loco un gran cambio es posible.

Continúa leyendo: Robert Mueller, el investigador en cuyas manos podría estar el destino político de Donald Trump

Robert Mueller, el investigador en cuyas manos podría estar el destino político de Donald Trump

Tal Levy

Foto: Larry Downing
Reuters

En un edificio de oficinas del Departamento de Justicia en pleno centro de Washington D.C. no es poco lo que está en juego. Allí, a la cabeza de la investigación conocida como “Russiagate” que podría apartar a Donald Trump de la silla presidencial, se encuentra el fiscal especial Robert Mueller, quien fuera director del Buró Federal de Investigaciones (FBI) durante los gobiernos de George W. Bush y Barack Obama. Cuenta con el visto bueno tanto de republicanos como de demócratas gracias a una meritoria trayectoria que hizo, incluso, que el primer presidente negro en la historia de Estados Unidos solicitara al Congreso un cambio de legislación, que limitaba el cargo a un único mandato de no más de una década, para poder así extender por dos años más su permanencia al frente del servicio de inteligencia.

“No hay mejor persona para ese trabajo que Bob Mueller”, había sentenciado el fiscal general Eric Holder cuando le juramentó el 3 de agosto de 2011, tras asegurar que en la coyuntura marcada por la continua amenaza terrorista dentro y fuera de Estados Unidos era crucial que el FBI siguiera contando con un fuerte liderazgo.

Ahora tampoco es poca cosa lo que ha de enfrentar al estar a cargo de las averiguaciones sobre la supuesta relación entre Rusia y miembros del equipo de campaña de Trump para interferir en la pasada elección presidencial estadounidense; más, si como se ha afirmado en la primera plana de The Washington Post, estaría indagando la obstrucción a la justicia por parte del mandatario, lo que despejaría el camino en el Congreso a un impeachment (proceso de destitución).

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Robert Mueller habla durante una entrevista en la sede del FBI en Washington. | Imagen: AP Foto/Evan Vucci

Un giro al derecho y al revés

Pero no es la primera vez que Mueller debe salir al ruedo para una difícil faena. Basta recordar que este abogado de 72 años que trabajó en el Departamento de Justicia se convirtió en director del FBI una semana antes del 11-S, que dejaría al descubierto la vulnerabilidad de la superpotencia frente al terrorismo internacional.

No sólo el perfil de su ciudad natal, Nueva York, cambiaría para siempre, al desaparecer de un plumazo las Torres Gemelas, símbolo de altivez, de poderío, en el mayor atentado que ha sufrido el continente americano. También se daría un giro a la política internacional y, por supuesto, a la seguridad nacional.

Mueller está acostumbrado a marcar la diferencia. Bajo su mando, un nuevo enfoque redimensionaría el FBI, desde la estructura o capacitación hasta la propia cultura organizacional de esa familia, como la llamaba, integrada por 36.000 agentes, bajo “el lema de fidelidad, valentía e integridad”.

El 3 de septiembre de 2013 signaría el término de su servicio al frente del FBI, el cual daría paso al de James Comey, pero no por mucho tiempo pues, aunque las funciones del nuevo jefe expiraban en 2023, sería destituido por el presidente Donald Trump en mayo pasado.

Estos dos nombres, Mueller y Comey, estarían de nuevo ligados ya no al mando de un cuerpo de inteligencia en el que se sucedieron, sino a una investigación en la que, curiosamente a la inversa, el vacío por el despido de uno fue llenado por el otro.

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla en el Roosevelt Room de la Casa Blanca en Washington el jueves 15 de junio de 2017. | Imagen: AP Foto/Susan Walsh

El Watergate y la pistola humeante

“Se inventaron una falsa conspiración en la historia de los rusos, encontraron cero pruebas, así que ahora van a por la obstrucción de justicia en la historia falsa. Bonito”, lanzó en Twitter el pasado jueves 15 de junio Trump, quien acostumbrado a altisonantes frases ha calificado la pesquisa como “la más grande cacería de brujas” que ha vivido Estados Unidos.

Ya se entiende por qué, según develó The Wall Street Journal a fines de mayo, la Casa Blanca estudia la posibilidad de que abogados supervisen, ajustando o reduciendo, sus tuits para que “no salgan de la mente del presidente al mundo”.

En efecto, uno de sus mensajes en esta red social ha estado en el centro del debate al poder ser interpretado como una intimidación a un potencial testigo. “Más le vale a James Comey que no haya grabaciones de nuestras conversaciones antes de que él empiece a filtrar a los medios de comunicación”, había escrito quien estaría siendo inquirido por obstrucción a la justicia, entre otras razones, por despedirle.

Tejer similitudes es inevitable. Richard Nixon, quien dimitió de la Presidencia en 1974 debido al espionaje al Partido Demócrata, en su momento también cesó de sus funciones al investigador del caso Watergate, el fiscal especial Archibald Cox. El gobernante había ordenado a su jefe de gabinete, H.R. “Bob” Haldeman, que hiciera gestiones ante la CIA para que presionara al FBI con el objeto de cerrar la investigación, lo cual quedó registrado en una grabación conocida como “smoking gun tape, aludiendo como una pistola humeante a su carácter probatorio.

De acuerdo con Comey, Trump le habría dicho, según consta en un informe que dejó escrito y como destacó el 8 de junio al comparecer ante el Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos, que “espero que puedas dejar ir esto”, lo cual entendió como una directriz para que diera por terminada la pesquisa sobre el asesor de seguridad nacional Michael Flynn, quien se vio obligado a separarse de su cargo el 13 de febrero por haberle mentido al vicepresidente Mike Pence acerca de sus vínculos con Rusia.

Como destacara el senador John McCain: “Esto está adquiriendo el tamaño y el nivel del Watergate”. Pero hay una gran diferencia. Mientras el republicano Nixon debió hacer frente a un congreso de mayoría demócrata, Trump cuenta con un parlamento controlado por el mismo partido que lo llevó a la Presidencia.

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El presidente de Rusia, Vladimir Putin, habla durante una ceremonia de entrega de pasaportes a diez jóvenes rusos en el Kremlin, en Moscú, Rusia, el lunes 12 de junio de 2017. | Imagen: Alexei Druzhinin/Sputnik, Kremlin Pool Foto via AP.

Veterano en grandes lides

Sin duda, el “Russiagate” inquieta a los estadounidenses. De acuerdo con una encuesta de Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research, realizada entre el 8 y el 11 de junio y dada a conocer después de que Comey compareciera ante el Senado, casi la mitad de los consultados expresó gran preocupación por los supuestos contactos entre Trump o su equipo de campaña con el gobierno ruso y 20% se mostró medianamente preocupado.

Entre los encuestados, seis de cada diez cree que el mandatario intentó obstruir el curso de la justicia. El sondeo indica, además, que 26% piensa que la averiguación liderada por Mueller puede ser bastante o en extremo justa e imparcial y 36% tiene una confianza moderada en ello.  

Este fiscal especial no sólo puede alardear de una gestión exitosa como director del FBI desde 2001, cuando su proceso de nominación en el Senado se saldó con 98 votos a favor y ninguno en contra, hasta 2013, convirtiéndose en el hombre que más tiempo lideró el Buró sólo superado por su fundador, J. Edgar Hoover.

Fue veterano de guerra con no pocas condecoraciones. Unido al Cuerpo de Marines de Estados Unidos, dirigió un pelotón de rifle en Vietnam que le hizo merecedor, entre otras, de la Estrella de Bronce, entregada al heroísmo o éxito meritorio en servicio, y el Corazón Púrpura, instituida por el general George Washington en 1782 y que se otorga en nombre del Presidente a quien haya muerto o, como Mueller, resultado herido en combate.

Criado en Filadelfia, en 1966 se graduó de la Universidad de Princeton y después cursó un Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad de Nueva York. En 1973, egresó de la Facultad de Derecho de la Universidad de Virginia.

Su carrera fue en claro ascenso. Fue jefe de la división criminal de la Fiscalía en San Francisco, fiscal auxiliar en Boston, asistente del fiscal general Richard L. Thornburgh y encabezó la División Penal del Departamento de Justicia. Supervisó casos de gran relevancia como el del atentado del avión de Pan Am derribado por extremistas libios cuando sobrevolaba la localidad escocesa de Lockerbie o el de narcotráfico abierto contra “El hombre fuerte de Panamá”, Manuel Antonio Noriega.

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James Comey en el Senado. | Imagen: AP Foto/Susan Walsh, Archivo.

Un grupo de primera línea

Se ha rodeado de los mejores. El equipo que Mueller fichó para que le acompañe es de alto calibre. En el mismísimo Watergate participó como un joven fiscal auxiliar especial el abogado James Quarles, por lo que podrá aportar su experiencia en investigaciones que involucran la Presidencia.

Quarles trabajó en la firma Wilmer Cutler Pickering Hale and Dorr, en la que Mueller laboró en los últimos tres años hasta que dada la envergadura del “Russiagate” se apartara para evitar cualquier conflicto de intereses.

De ese mismo bufete reclutó a Aaron Zebley, con quien compartió en los tiempos en que coincidieron en el FBI, este como jefe de gabinete, y a Jeannie Rhee, quien fuera vicefiscal general y alta funcionaria de la Oficina de Asesoría Jurídica del Departamento de Justicia, donde aconsejó sobre aspectos constitucionales y regulatorios al fiscal general y a la propia Casa Blanca.

Más de cien casos ante la Corte Suprema avalan la experticia en derecho penal del subprocurador general Michael Dreeben, quien asistirá a Mueller a tiempo parcial.

Tú no incluyes a Michael Dreeben en un caso cualquiera. Él es el mejor abogado en derecho penal en Estados Unidos”, ha dicho a CNN Neal Katyal, socio de la firma Hogan Lovells y uno de los principales representantes legales de Hawái en la demanda en contra de la orden ejecutiva de Trump que prohíbe viajar a Estados Unidos a ciudadanos de varios países de mayoría musulmana.

También integran este dream team Andrew Weissmann, quien fue jefe de la sección de fraudes de la División Criminal del Departamento de Justicia. Participó en el caso Enron, que derivó en la condena por fraude y engaño del presidente de la compañía de energía; así como en el de Volkswagen, que dejó al descubierto el trucaje de los motores diésel que emitían más gases contaminantes que los que anunciaban.

El exfiscal especial Kenneth Starr, quien investigó al mandatario Bill Clinton en los años noventa, en declaraciones a ABC News alabó la honestidad a toda prueba de Robert Mueller y la experiencia de quienes le acompañan: “Es un gran, gran equipo de profesionales integrales, así que dejemos que hagan su trabajo”.

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Té frente a pinta: El futuro de Inglaterra según The Kinks

Clara Felis

Foto: Imagen del libro Atardecer en Waterloo

Mientras los padres brindaban con té en sus mejores tazas de porcelana, los hijos alzaban sus pintas en pubs y conciertos para defender que seguían en pie. Que eran indomables. Subversivos. Portadores del nuevo imperio británico. Jóvenes al fin y al cabo. Ambas generaciones intentaban olvidar las heridas provocadas por la II Guerra Mundial.  Unos mediante la indiferencia. Otros a través de la queja. Las guitarras. Los amplificadores. Los bailes frenéticos. El beat. El caos como equilibrio. Swinging London.

En este contexto cultural destacan dos nombres: Ray y Dave Davies. Hermanos y fundadores de The Kinks. La banda, que retorció la ironía británica hasta el límite, conserva en sus letras la mejor crónica social y política del actual Reino Unido. Dead End Street, Waterloo Sunset, A Well Respected man o Mr. Churchill says son algunas de las canciones que reflejan esa patria en decadencia. Pasado simple para los laboristas (Jeremy Corbyn). Presente continuo para los conservadores (Theresa May).

Cuando los Kinks tuvieron éxito estábamos en la época del Technicolor y el Swinging London, pero nuestro hogar era aún un documental en blanco y negro. No vi mucho cambio. Y mi familia tampoco lo esperaba. Nunca dejaron de esforzarse. Estaban concentrados en vivir, mientras que a Dave y a mí nos preocupaba todo ese gran movimiento social”, recordaría el propio Ray.

Este y otros testimonios de la banda se recogen en Atardecer en Waterloo (Sílex, 2017), el gran manual de la Kinkología (universo The Kinks) escrito por el periodista Manuel Recio y el matemático Iñaki García. En cada una de estas páginas se analiza el auge y la caída del reinado Davis, aquel que logró conquistar las Américas por medio de riffs y trajes eduardianos. “Los Kinks son un grupo tabernario. Cuando Ray Davies compuso Sunny Afternoon quería que se cantara en los pubs y bares, lo que a su vez les convierte en un grupo de salón o de pub. Lo que hicieron fue describir la sociedad británica de una manera costumbrista, literaria, e incluso poética que hacen que el oyente no inglés conecte con su sociedad. Esta es la magia de la formación, convertir los temas locales en universales”, remarca Manuel Recio.

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Manuel Recio antes de la entrevista. | Foto: The Objective.

Give the People What They Want

El auge del nacionalismo, la autonomía del Reino Unido con el resto de Europa o las diferencias entre clases quedan plasmadas en letras como Brainwashed, Yes Sir, No Sir o She’s bought a hat like Princess Marina’s. Es esta última uno de los espejos donde mirar y analizar los complejos y anhelos de la clase trabajadora. Aquella que intenta imitar en todo momento a la aristocracia para maquillar la áspera y esclava vida en la fábrica. “Ha comprado un sombrero como el de Anthony Eden/ porque le hace sentir como un señor/ No puede permitirse un Rolls o un Bentley/ Tiene que comprar un Ford de segunda mano”, relata la propia canción.

La nostalgia de una nación inglesa fuerte, la limitación territorial con Europa (“Brexit significa Brexit”) y los recortes en servicios sociales y educativos (impuesto a la demencia o la eliminación del comedor gratis para los escolares) son algunas de las propuestas en las que se ha basado el programa político de la primera ministra británica, Theresa May.  Debilitada por sus comparecencias en medios y su oposición a debatir cara a cara con Corbyn, la Dama de Hielo podría llegar a empatar con el líder laborista, según la última encuesta que divulgó el miércoles la cadena ITV (41,5% frente al 40,4% de los laboristas).

Té frente a pinta: El futuro de Inglaterra según The Kinks 1
Los Kinks en España. Sala Yulia Fonorama. | Foto vía Manuel Recio.

Un panorama político similar al que describen los Kinks en Give the People What They Want. En esta canción, cuyo nombre coincide con el del disco, la banda critica la falta de implicación colectiva ante los recortes y el populismo promovido por las clases políticas. Guitarras que luchan contra el hombre masa. Rasgueos de protesta ante el pensamiento único. (“Tienes que darle al pueblo lo que ellos quieren/ cuanto más hago/ más necesitan/ cada vez se hacen más difíciles y más difíciles de complacer”).

Country al estilo British

Un éxito en la América de los 80. Con él entraron el puesto 15 de las listas de ventas y lograron recuperar el prestigio que habían logrado en los 70. Todo lo contrario que en su Londres natal, donde se les seguía rememorando por You really got me o Sunny Afternoon. Los Kinks se habían convertido en un recuerdo de sí mismos. “Daba la sensación de que los medios del Reino Unido en aquella época sólo querían que siguiéramos produciendo en masa viejos hits sin dejarnos progresar más allá. Era complicado que nos radiaran en nuestro país”, reconoció el propio Ray por aquel entonces.

Es este el momento en el que el grupo deja de lado su peculiar barroquismo inglés y se vuelca en el estudio de los sonidos norteamericanos. Country y blues con acento British. Puro vanguardismo de los Kinks. “Entre las influencias de Ray hay una parte importante que se ubica en América, aunque es verdad que los Kinks son un grupo británico, y más concretamente londinense. El ejemplo de estos dos mundos se encuentra en Muswell Hillbillies. Un disco que rememora el barrio donde nacieron, de ahí el juego de palabras que guarda el nombre, pero también defiende la música de América”, remarca el escritor.

Tras despertar del intenso sueño americano, Ray, Dave y los suyos deciden volver a su Londres natal. Es allí donde podían transformar una historia anónima en himno nacional. Patriotismo outsider. Legado de Sir Ray Davies, caballero de la Orden del Imperio Británico.

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