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La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo

Tal Levy

Foto: YouTube
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No sólo es la novela que el presidente del Congreso de Estados Unidos, Paul Ryan, suele obsequiar a los nuevos miembros de su equipo, sino también la que el banco Saxo de Dinamarca regala a clientes y empleados. De uno a otro confín, La rebelión de Atlas, obra máxima de Ayn Rand, ha marcado por igual a emprendedores de Silicon Valley que a estrellas de Bollywood.

Este libro de cabecera de conservadores y liberales de todo el mundo, de empresarios e inversores de riesgo, cumple 60 años de su publicación este octubre ratificando por qué en una encuesta que la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos realizó en 1991 fue considerado el más influyente en la vida de los estadounidenses, sólo superado por la Biblia.

De allí que no sorprenda que el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, haya confesado el gran impacto que le produjo leerla o que el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, la catalogue como favorita. Incluso fue uno de los libros que le sirvieron a Steve Jobs de guía para la vida y que le enseñaron cómo marcar una diferencia en el mundo, según ha revelado el cofundador de Apple Steve Wozniak.

Aunque La rebelión de Atlas fue desacreditada por los críticos, la huella dejada entre sus lectores ha sido duradera.

Novela, texto curricular, libro de negocios o de autoayuda, según se quiera, pasó de enseñarse en las aulas estadounidenses a incluirse recién en el plan de estudios de Ciencias Políticas de Reino Unido, donde 20.000 obras de Rand anualmente son vendidas. “Cada año se compran alrededor de 25.000 ejemplares en la Rusia natal de Rand, otros 13.000 al año en Brasil, 6.000 en España y 1.000 en Japón y Bulgaria. Incluso en China, unos 15.000 libros de Rand se compran cada año, un número que, dado el despertar económico e intelectual de ese país, sólo puede aumentar”, se lee en la web del Adam Smith Institute.

La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand que se convirtió en la biblia de los capitalistas y emprendedores del mundo
Póster con todas las portadas de La rebelión de atlas | Imagen vía Pinterest

La virtud del egoísmo

¿Quién es John Galt?”. Esta pregunta da inicio y se repite en el transcurso de las casi 1.200 páginas de La rebelión de Atlas. Más allá de su papel clave en la trama, para Ayn Rand él vendría a ser el mejor representante de su ética Objetivista, asentada en tres valores: razón, propósito y autoestima, a los cuales corresponden las virtudes respectivas de la racionalidad, la productividad y el orgullo.

“La felicidad es un estado de alegría no contradictoria, una alegría sin pena ni culpa, una alegría que no choca con ninguno de tus valores y que no te lleva a tu propia destrucción”, afirma Galt en el emblemático discurso que condensa el sentido de la vida para Rand y que ella demoró dos años en perfeccionar de los doce que le tomó escribir el libro en su totalidad.

El motivo y propósito de mis escritos es la proyección de un hombre ideal”, señala Rand en El Manifiesto Romántico. “Ni la política ni la ética ni la filosofía son fines en sí mismos, ni en la vida ni en la literatura. Sólo el hombre es un fin en sí mismo”.

Pero ¿de qué trata la novela? En palabras de la autora fallecida en 1982, “el tema de La rebelión de Atlas es ‘El rol de la mente en la existencia del hombre’. El tema-trama es: ‘El hombre pensante rebelándose contra una sociedad altruista-colectivista”.

Describe cómo el Estado con su altruismo termina saqueando, arrasando y persiguiendo a los creadores e innovadores, que son quienes son los impulsores del progreso y del bienestar gracias a su individualismo, a que tienen al egoísmo por virtud. ¿Qué sucedería si los individuos emprendedores estuvieran en huelga? A esta interrogante el libro da respuesta.

Y es que para Rand, anticomunista hasta la médula, “la vida en una isla desierta es más segura e infinitamente preferible a la existencia en la Rusia soviética, la Alemania nazi o la Cuba de Castro”, como apuntó en los ensayos reunidos en La virtud del egoísmo, de 1961. Creía en lograr lo mejor de cada uno en contra de una sociedad de zombis, de hombres-masa, sometidos, manipulados.

“No me cabe la menor duda de que la novela ha desempeñado un papel importante en desacreditar al socialismo como un ideal y hacer que la discusión sobre el capitalismo sea intelectualmente legítima”, asegura en la web del Ayn Rand Institute, su presidente, Yaron Brook.

Pero también La rebelión de Atlas ha sido descalificada por quienes la consideran un canto panfletario al capitalismo, una exaltación de la avaricia, del egoísmo. No obstante, su interés renace, como en medio de la debacle financiera de Estados Unidos en 2009, con un Barack Obama recién presidente, cuando se vendieron más de 200 mil ejemplares.

Es la actualidad misma la que renueva su vigencia. Quizá el más cercano ejemplo, el de la Venezuela de hoy. “Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes no trafican bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un inútil sacrificio, entonces podrá reconocer que esa sociedad está condenada”, se lee en el libro que está de aniversario y cuyo impacto es compartido en Twitter bajo el hashtag #atlasshrugged60, iniciativa del Instituto Ayn Rand.

Un manantial de éxito

Entre los discípulos de Rand se encuentra quien fuera presidente de la Reserva Federal estadounidense de 1987 a 2006, Alan Greenspan, quien llegó a formar parte de un selecto círculo que frecuentaba su casa neoyorquina todos los sábados.

También devoto se ha declarado el cofundador de Pay Pal y primer gran inversor de Facebook, Peter Thiel. Otros, como el eurodiputado conservador británico Daniel Hannan, uno de los máximos promotores del Brexit, exhiben una fotografía de la escritora en su despacho.

Por un tiempo, la portada de El manantial, novela que Rand tardó siete años en escribir y que fue rechazada por 12 editoriales hasta que Bobbs-Merrill Company la publicó en 1943, sirvió de avatar de Twitter del fundador y ex consejero delegado de Uber Travis Kalanick.

Incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado sentirse identificado con el protagonista de esa obra de ficción, de las pocas que le gustan y que “tiene que ver con los negocios, la belleza, la vida y las emociones internas… con todo”, recogió USA Today.  

Eso sí, estudiosos consideran que el mandatario está muy lejos del prototipo de héroe de Ayn Rand.

Lo cierto es que el personaje de Howard Roark, inspirado en el legendario arquitecto Frank Lloyd Wright, ha ayudado a muchos lectores a la hora de tomar una decisión. ¿Qué haría Roark en esta situación?, se han preguntado quienes han debido hacer frente a un dilema moral, según ha contado Rand, y “esa es la función psico-epistemológica de un ideal humano personificado (concretizado)”.   

La autora no accedió a suprimir ni una sola palabra del parlamento final de Roark en la adaptación de su novela a la gran pantalla en 1949. Gary Cooper no sólo personificó al arquitecto capaz de dinamitar su obra antes de doblegarse a sí mismo, sino que protagonizó el discurso más largo en la historia de Hollywood: 6 minutos.

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Estatua de Atlas en el Rockefeller Center de Nueva York | Imagen vía Wikimedia Commons

A la gloria del hombre

Otra obra de ficción de Rand, Los que vivimos, publicada en 1936, es lo más parecido a una autobiografía suya al abordar la determinación de una mujer, Kira Argounova, enfrentada a un sistema totalitario.

De familia judía, Ayn Rand nació en San Petersburgo en 1905 bajo el nombre de Alissa Zinovievna Rosenbaum. A los 12 años vio cómo los bolcheviques le confiscaron la farmacia a su padre y también cuestionó a Dios, al punto de escribir en su diario: “Hoy he decidido ser atea”.

“En la sofocante y sórdida fealdad de la Rusia soviética” descubrió un año después la obra de Víctor Hugo, a quien consideraba el más grande novelista de la literatura mundial.

Igual admiración, en el campo de la filosofía, le despertaría Aristóteles, porque su Lógica “liberó al hombre al validar el poder de su mente”.

Graduada en Filosofía e Historia en la Universidad de San Petersburgo a los 19 años, esta apasionada del naciente cine se propuso ser guionista, por lo que se matriculó en el Instituto Estatal de las Artes Cinematográficas.

Dos años después, marchó en busca de la libertad hacia Estados Unidos gracias a un permiso de viaje que le permitió dejar atrás esa suerte de “cementerio soviético”, donde años más tarde sus padres y su hermana Natasha morirían sin haberlos podido llevar consigo a América pese a sus muchos esfuerzos.

Sólo en la década de los setenta lo lograría con su otra hermana, Nora, pero habían pasado muchos años y distaba de la que fue. Lo que es capaz de hacer el comunismo fue atestiguado por Ayn Rand en carne viva con su hermana, quien decidió volver a la Unión Soviética.

Fue el director y productor cinematográfico Cecil B. DeMille quien introdujo a Rand en Hollywood tras incorporarla como extra a Rey de Reyes, filme gracias al cual ella conoció al que sería su esposo, el actor Frank O’Connor.

Y lograría sus objetivos: convertirse en libretista, novelista, ensayista y filósofa, dedicándose hasta el último de sus días a divulgar en conferencias y entrevistas sus ideas.

Pero también sería blanco de ataques. “A la gente jamás le gusta un hombre que ha alcanzado el éxito por sí mismo. Cuando tienes una gran devoción hacia un objetivo, la gente te llama despiadado. Y cuando trabajas más duro que otros, cuando trabajas como una máquina mientras otros se lo toman con calma y tú los superas, la gente te llama inescrupuloso”, replicaría.

Aunque su marcado acento ruso a lo largo de sus 77 la delataba, ella siempre se sintió americana por convicción, por eso no extraña que el tap haya sido su danza favorita, más aún por ser de origen afroamericano, tan lejos de Europa e incapaz, como destacaría, de expresar tragedia, dolor, miedo o culpa, sino felicidad y emociones aledañas a la alegría de vivir.

“La impresión que uno se lleva es: control total; la mente humana controlando, sin esfuerzo, el impecable funcionamiento de su cuerpo. La clave es la precisión. Transmite una sensación de propósito, disciplina, claridad, combinada con una ilimitada libertad de movimiento y una inalcanzable creatividad que se atreve a lo repentino, lo inesperado y, sin embargo, nunca pierde la línea integradora central: el ritmo de la música”. Quizá esta descripción suya del tap es la mejor alegoría de lo que fue su vida.

Rand vivió sin buscar más aprobación que la propia, a contracorriente de la moda imperante. No tuvo reparo a la hora de lucir un prendedor con el símbolo del dólar, el mismo que le tributaron en forma de coronas de flores sus admiradores al morir. Tampoco en pensar en términos de blanco o negro, en contra del culto del que llamaba el amoral gris. De opiniones terminantes, contundente, audaz y visionaria, la determinación guio sus pasos.

Pero como afirmaba que “en el campo de la caracterización una acción vale mil adjetivos”, mejor apelar a un ensayo suyo fechado entre octubre y noviembre de 1963: “El motivo y propósitos de mis escritos puede ser resumido mejor diciendo que si la totalidad de mi obra fuera a estar precedida de una dedicatoria, se leería: A la gloria del hombre. Y si alguien me preguntara qué es lo que he dicho para la gloria del hombre, sólo contestaría parafraseando a Howard Roark. Sostendría en alto una copia de La rebelión de Atlas y diría: ‘La explicación está de más”.

Breve diccionario a lo Rand

Altruismo: mide la virtud de un hombre según el grado de su disposición a capitular, a renunciar o traicionar sus valores.

Amor: expresión y afirmación de la autoestima, una respuesta a los propios valores en la persona del otro.

Arte: espejo metafísico del hombre.

Capitalismo: único sistema que puede hacer posible en la práctica la libertad, la individualidad y la búsqueda de los valores. No es un sistema del pasado; es el sistema del futuro.

Felicidad: estado exitoso de la vida.

Historia de ficción: abstracción que reclama universalidad, es decir, su aplicación a cada vida humana incluida la de uno.

Hombre: única especie viviente que tiene el poder de actuar para destruirse a sí misma.

Inacción: antítesis de la vida.

Mente: herramienta fundamental para la supervivencia del hombre. La mente dirige, las emociones siguen.

Nación: cantidad de individuos, y no puede tener otros derechos que los de sus ciudadanos individuales.

Racismo: forma más baja y groseramente primitiva de colectivismo.

Razón: medio básico de supervivencia para el hombre.

Religión: forma primitiva de filosofía.

Sentido de vida: suma integrada de los valores básicos del hombre. Es la fuente del arte.

Continúa leyendo: Estos son los sectores laborales más prometedores del futuro

Estos son los sectores laborales más prometedores del futuro

Rob Smith

Foto: Mel Evans
AP Photo, File

La Inteligencia Artificial (IA) y los robots, han llegado para quedarse y automatizar el trabajo. Los trabajadores del futuro tendrán que adaptarse rápidamente y adquirir un amplio conjunto de habilidades si quieren sobrevivir al gran cambio que experimentará el mercado laboral mundial durante los próximos 10 años. Para ayudar a preparar a la fuerza de trabajo futura, un nuevo informe del World Economic Forum (WEF) y Boston Consulting Group ha analizado 50 millones de ofertas de trabajo online de Estados Unidos. Basándose en el trabajo actual de una persona, el conjunto de habilidades, la educación y la capacidad de aprender, los investigadores establecen caminos desde los trabajos que existen hoy hasta los nuevos trabajos que se espera que existan en el futuro.

La resolución de problemas, el pensamiento crítico y la creatividad, además del hábito de aprendizaje permanente, son solo algunas de las nuevas capacidades que los trabajadores deberán lograr para adaptarse al nuevo mercado laboral. WEF evalúa a continuación el trabajo que se desea realizar en función de la similitud que existe con el trabajo existente y con la cantidad de oportunidades laborales que es probable que ofrezca en el futuro.

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David Hanson, el fundador de Hanson Robotics, trabaja en el robot insignia de su compañía, Sophia. | Foto: Kin Cheung/AP Photo

Los sectores con más oportunidades

Para evaluar la compatibilidad de diferentes trabajos, el informe utiliza “puntajes de similitud”, que muestran la superposición entre educación, experiencia, capacitación, habilidades y conocimiento con un valor numérico entre 0 y 1. Los puntajes altos de similitud se describen en el informe como 0,9 o superior, mientras que los trabajos de baja similitud son los que están por debajo de 0,85. Así que los programadores, por ejemplo, se consideran aptos para trabajos en desarrollo web (0,92), pero no en antropología (0,82).

Según un análisis reciente, los trabajadores de la línea de ensamblaje, que se encuentran entre los que se consideran en mayor riesgo de perder sus empleos por la automatización, tienen 140.000 oportunidades de transición en total, la mayoría de cualquier grupo de trabajadores.

Los que tienen menos oportunidades – alrededor de 5.000 -, incluyen fabricantes de herramientas y operadores de máquinas de procesamiento, según el informe.

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Es probable que los trabajos de las mujeres se vean desproporcionadamente afectados por la automatización, al menos a corto plazo. De los 1,4 millones de empleos en EE.UU. que se prevé serán interrumpidos entre ahora y el 2026, más de la mitad (57%) son realizados por mujeres, un problema que también se refleja en el informe de Global Gender Gap Report 2017 del World Economic Forum.

Si bien se prevé que los empleos disminuyan en algunos de los sectores analizados en el informe, se espera que haya un aumento neto de empleos para el 2026 en todas las industrias, excepto en la producción, donde se pronostica que más de 360,000 empleos desaparecerán.

En la categoría de educación y capacitación, por ejemplo, se espera generar alrededor de 790,000 puestos de trabajo para el año 2026, mientras que en la sanidad habrá hasta 2,3 millones. En general, el informe predice que en los próximos años se crearán alrededor de 11 millones de empleos solamente en los Estados Unidos.

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Trabajadores en la sección de empaquetado de una fábrica en Ohio, EEUU. | Foto: John Minchillo/AP Photo

Para coincidir con el informe, el Foro publicó un estudio complementario – Ocho futuros del trabajo: escenarios y sus implicaciones – que imagina varios escenarios sobre cómo sería el futuro del trabajo para el año 2030, y cuáles son las principales implicaciones hoy.

Como era de esperar, la necesidad de anticipar los cambios en el mercado laboral y prepararse para volver a capacitar a los trabajadores, así como para ayudarlos en la transición a nuevos empleos, son las principales prioridades.

Artículo publicado originalmente en el World Economic Forum en español.

Continúa leyendo: #NeverAgain: el movimiento de los jóvenes de Parkland para acabar con las armas

#NeverAgain: el movimiento de los jóvenes de Parkland para acabar con las armas

Anna Carolina Maier

Foto: JOE SKIPPER
Reuters

Hay muchas formas de llevar un duelo. Algunos prefieren mantenerse en silencio sin salir de casa pero, definitivamente, este no es el mecanismo que prefieren los estudiantes del instituto Marjory Stoneman Douglas que sobrevivieron al tiroteo del 14 de febrero en el que fueron asesinadas 17 personas.

Por el contrario, tan solo cuatro días después de la matanza, los jóvenes iniciaron el movimiento #NeverAgain (Nuncá más). El objetivo es que se hagan “verificaciones más estrictas de antecedentes para los compradores de armas”. También han organizado una protesta, denominada Marcha por Nuestras Vidas, para el 24 de marzo en Washington en la que exigirán un mayor control de armas en Estados Unidos.

Cameron Kasky pertenece al club de teatro de la escuela. Comenzó a publicar en Facebook algunos mensajes desde el coche después de que él y su hermano fueran recogidos por su padre tras sobrevivir al tiroteo. “Estoy a salvo”, publicó dos horas después de la masacre. Durante la tarde de ese oscuro día de San Valentín, la frustración de Kasky fue creciendo.

“No puedo dormir. Pensando en tantas cosas. Estoy tan enfadado que ya no estoy asustado ni nervioso… Estoy enfadado”, escribió. “Solo quiero que la gente entienda lo que sucedió y que no hacer nada no conducirá a nada. ¿Quién hubiera pensado que ese concepto era tan difícil de entender?”, se preguntó.

Estas publicaciones dieron lugar a una invitación por parte de la cadena CNN para que el chico escribiese un artículo de opinión que luego dio lugar a entrevistas televisadas, relata The New Yorker. Poco antes había sido entrevistado por el periodista, también de la CNN, Anderson Cooper.

La noche del jueves, tras la vigilia por los fallecidos, Kasky invitó a algunos amigos a su casa para tratar de iniciar un movimiento. “Manténganse alerta. #NeverAgain (Nunca más)”, puso en sus redes.

Kasky confesó que, al comienzo, había criticado al Partido Republicano, pero él y sus amigos habían decidido que el movimiento no debería ser partidista. Consideró que la mayoría de la gente, sin importar las ideologías, estaría de acuerdo en que las masacres escolares deben terminar.

De hecho, en una publicación en Facebook se disculpó y manifestó: “El objetivo de este movimiento es unir al país y a los que nos apoyan en todo el mundo para hacer algo sobre la violencia armada. Todavía apoyo mis declaraciones sobre Rick Scott y Marco Rubio, pero por el momento, no se trata de eso. Esto es sobre dos cosas: sanar el dolor de la pérdida y recordar a aquellos que hemos perdido, promoviendo el control de armas. Los maestros no necesitan armas. Esa no es la forma de combatir este problema”.

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El grupo se quedó despierto toda la noche creando cuentas para redes sociales y concretando el mensaje clave que querían transmitir, “porque lo importante aquí no era hablar de sangre derramada”, dijo Kasky. Fue entonces cuando surgió la idea concreta de solicitar a los políticos que creen una norma que exija una verificación de antecedentes más exhaustiva para aquellas personas que quieran adquirir armas.

Alfonso Calderón, un español nacido en Alcobendas (Madrid), estuvo con Kasky esa noche creando la organización. “Nikolas Cruz, el tirador de mi escuela, fue denunciado a la policía treinta y nueve veces”, contó a The New Yorker.

Antes de la medianoche del 15 de febrero #NeverAgain lanzó su página de Facebook. “Gracias a todos los que han apoyado a nuestra comunidad y, por favor, recuerden mantener en sus mentes el recuerdo de las personas queridas que hemos perdido”, escribió entonces Kasky.

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Además de Kasky y de Calderón, Jaclyn Corin -presidenta del curso de primero de bachillerato de Marjory Stoneman Douglas- se despertó la mañana después del ataque ante la confirmación de que su amigo desaparecido, Joaquín Oliver, un joven venezolano de 17 años, estaba entre los muertos.

La hermanastra de Oliver, Andre Ghersi, había compartido horas antes una foto del chico y pedía pistas sobre su paradero. “No hemos oído nada de él. Por favor compartan esta foto y contacténme si tienen cualquier información”. Sin embargo, en la madrugada del jueves la madre de Joaquín confirmó a Univision Noticias que Oliver había fallecido. Llevaba viviendo en Estados Unidos 15 años.

Por esto, Jaclyn Corin comenzó a publicar -al igual que Kasky- su frustración en redes sociales. “Póngase en contacto con sus representantes locales y estatales, ya que debemos tener leyes sobre armas más estrictas de inmediato”, escribió en Instagram.

Please pray for my school, and the students and teachers that were injured or killed in this horrific event. Never would I have EVER thought this would happen in Parkland, my home, for it has long been labeled the safest neighborhood in all of Florida before today. This is NOT something ANYONE should go have to go through or worry about, and I would not wish for any human to endure the petrifying experience that my classmates and I did today. This traumatic event will stay with me for the rest of my life – seeing Marjory Stoneman Douglas on the same list as places like Virginia Tech, Columbine, and Sandy Hook is unbelievable. I am so grateful for the people who comforted and protected me today, along with the law enforcements that reacted so quickly to this emergency. PLEASE contact your local and state representatives, as we must have stricter gun laws IMMEDIATELY. We NEED to work together to bring change to this country so that something like this NEVER happens again. #MSDStrong #ProudToBeAnEagle

Una publicación compartida de Jaclyn Corin (@jackiecorin) el

La joven es hoy una de las líderes que organizó el viaje de más de un centenar de estudiantes a Tallahassee, para pedir al gobernador de Florida y a los legisladores que pongan freno a las armas.

Llegaron este miércoles, tras más de siete horas de trayecto. Amanecieron con una apretada agenda de 70 reuniones planificadas a contrarreloj, según Univisión. Corin ha confesado a varios medios que antes de esta situación no había sido políticamente activa. “Es tan personal ahora. Me sentiría horrible si no hiciera nada al respecto”, señaló. Corin y Kasky han unido fuerzas bajo el mismo movimiento Never Again.

Lo mismo ha hecho Emma González, una chica de padres cubanos, que se ha convertido en uno de los rostros más visibles de esta valiente generación. Salvó su vida al esconderse en un armario del centro y dio un conmovedor discurso en un un mitin en Ft. Lauderdale en contra de las armas que se volvió viral.

“Ciertamente no entendemos por qué es más complicado hacer planes con amigos los fines de semana que comprar un arma automática o semiautomática en Florida”, dijo entonces Emma. También afirmó: “Seremos los niños sobre los que se leerá en los libros de historia. No porque vayamos a ser otra estadística sobre tiroteos masivos en colegios de Estados Unidos, sino porque, tal como dijo David (Hogg), vamos a ser el último”. David Hogg, que lleva adelante el periódico escolar del instituto de Parkland, fue otro de los primeros en presentarse en la televisión para exigir a los legisladores estatales y federales leyes más duras sobre las armas de fuego.

Volviendo a Alfonso Calderón, impulsor de #NeverAgain, le contó a un periodista de The New Yorker que una vez se encontró, junto a un amigo, con Nikolas Cruz en un Walmart. Esto fue después de que Cruz fuese expulsado del instituto donde atentó. Los dos amigos se pararon y escucharon mientras este alardeaba de una escopeta que acababa de comprar. Ese momento pesa sobre Calderón. Insiste en que debió haberlo contado a alguien más pero sus compañeros aseguran que ninguno fue escuchado por las autoridades. El primer paso del movimiento Never Again fue creer en una idea que el resto de Estados Unidos pudiese considerar imposible: que el de Marjory Stoneman Douglas High realmente podría ser el último tiroteo escolar en Estados Unidos. El impulso de hacer del dolor acción podría convertir a esta idea en una realidad.

Entre otros “héroes” se encuentra Anthony Borges. No ha podido unirse al movimiento porque se encuentra convaleciente. El jóven de 15 años y de origen venezolano que junto a una profesora que murió en el acto, logró cerrar la puerta de su aula para evitar que Nicolás Cruz, de 19 años, atentara contra sus 20 compañeros. Recibió cinco balazos y ahora se recupera en un hospital de Broward.

Sus padres tuvieron que apelar a la ayuda económica para pagar los gastos clínicos. La página GoFundMe inició una campaña que en cinco días superó el objetivo de 500.000 dólares.

Uno de sus amigos, Carlos Rodríguez, contó a ABC News que la acción rápida de Borges salvó su vida. “Ninguno de nosotros sabía qué hacer. Él tomó la iniciativa para salvar a sus otros compañeros”, dijo Rodríguez.

Su padre, Royer Borges, señaló en una entrevista en el programa ‘Un nuevo día’ de Telemundo, que una de las balas le afectó un pulmón y el hígado, aunque aseguró que ya Anthony está fuera de peligro. “Es mi héroe. Solo pido a la gente que recen por él”, dijo.

Continúa leyendo: Las historias de las víctimas de la matanza de Parkland

Las historias de las víctimas de la matanza de Parkland

Redacción TO

Foto: Gerald Herbert
AP

El joven Nikolas Cruz entró con un fusil semiautomático en su viejo instituto de Parkland, el Marjory Stoneman Douglas High School, y abrió fuego sobre decenas de personas que pudieron ser sus compañeros. Cruz asesinó a 17 personas y otras 14 tuvieron que ser hospitalizadas. El asaltante se deshizo del rifle antes de salir del centro entre la marabunta y el ruido, y fue detenido horas después en un pueblo cercano. El último tiroteo en una escuela norteamericana introdujo de nuevo el debate de la venta de armas en Estados Unidos, que en estados como Florida no tiene grandes restricciones, y empujó a numerosos activistas a reivindicar un cambio legislativo que dé la vuelta a la situación.

Ahora, la cadena CNN revela las imágenes de las víctimas del atentado, cuenta sus historias, comparte la angustia de sus padres y hermanos. Hay situaciones heroicas y tragedias inimaginables, particularmente sensibles tratándose de adolescentes, chicos y chicas entre los 15 y 17 años, y profesores y alumnos que arriesgaron su vida por salvar al resto.

Es el caso de Scott Beigel, el profesor de Geografía de 35 años que se enfrentó al joven armado. La estudiante Kelsey Friend dijo que si está viva es gracias a él, que fue a toda prisa y corriendo apremiando a los alumnos para que se recluyeran en una de las aulas. Pocos después le alcanzó Cruz. El entrenador asistente del equipo de fútbol americano Aaron Feis también acudió hasta el lugar de los tiroteos en cuanto los escuchó a lo lejos. Murió cubriendo a los alumnos ante los disparos en ráfaga del rifle de Cruz.

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Scott Beigel, 35 años.

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Aaron Feis, 37.

Allí perdieron la vida Alyssa Alhadegg, de 14 años, de quien cuenta su madre que era aficionada al fútbol, hermosa, inteligente, talentosa, exitosa e increíble, o Martín Duque, de la misma edad, de quien su hermano cuenta que “era un niño divertido, extrovertido y a veces muy tranquilo, dulce y preocupado y amado por su familia”.

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Martín Duque, 14 años.
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Jaime Guttenberg, 14 años.

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Nicholas Dworet, 17 años.

Resultan igualmente dolorosas las muerte de adolescentes como Jaime Guttenberg, de 14 años. Su padre, en una vigilia en recuerdo de las víctimas, dijo de ella que era una chica especial y se preguntó con lamento que no sabía qué sería de él de aquí en adelante. La familia de Nicholas Dworet, otra víctima de 17 años, sufre una situación parecida. Nicholas sabía que en unos meses se incorporaría al equipo de natación de la Universidad de Indianápolis, con la llegada de otoño, y tras conocerse su muerte, el rector de la universidad pidió oraciones por él y por cada una de las víctimas de una matanza que difícilmente podrá olvidarse.

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Chris Hixon, 49 años.

Chris Hixon tenía 49 años, era profesor de Educación Física y los alumnos le recuerdan con cariño. Cuentan de él que era amable, que a veces cuando un chico se quedaba sin dinero para el almuerzo, él se lo prestaba. Hixon combatió en Irak y era padre de familia. Es uno de los tres adultos asesinados en Parkland. La lista es descorazonadora.

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Alyssa Alhadeff, 14 años.

Alyssa Alhadeff tenía 14 años y era una apasionada del fútbol. Su madre todavía recuerda las últimas palabras que le concedió: le dijo ‘Te quiero’ antes de que bajara del coche y entrara en el instituto. Peter Wang tenía 15 años y un carácter solidario. Era cadete del Ejército y el asaltante le alcanzó manteniendo una puerta abierta y alentando a sus compañeros para que se refugiaran en una de las aulas.

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Peter Wang, 15 años.

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Carmen Schentrup, 16 años.

Carmen Schentrup tenía 16 años y era un alumna ejemplar, con un expediente académico repleto de matrículas de honor. Su familia cuenta que también una gran lectora. Alex Schachter tenía 14 años y era un gran amante de la música. Su especialidad eran el trombón y tocaba en la banda del instituto. Helena Ramsay tenía 17 años y le faltaban unos meses para comenzar la universidad.

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Alex Schachter, 14 años.

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Helena Ramsey, 17 años.
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Meadow Pollack, 18 años.

Meadow Pollack tenía 18 años y, como Helena, estaba a punto de entrar en la universidad. Ese camino todavía le quedaba lejos a Alaina Petty, de 14 años, que destacaba por su solidaridad. Tanto que sirvió como voluntaria tras el paso del huracán Irma por Florida. Gina Montalto tenía 14 años y siempre llevaba consigo un cuaderno: lo tenía repleto de dibujos y soñaba con ser diseñadora.

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Alaina Petty, 14 años.
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Gina Montalto, 14 años.
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Joaquin Oliver, 17 años.

Joaquin Oliver tenía 17 años y era un gran aficionado al deporte, especialmente al fútbol y el baloncesto. Sus amigos le llamaban ‘Guac’ y compartía con ellos el gusto por el hip-hop y el graffiti. Aunque nació en Venezuela, desde los 3 años vivió en Estados Unidos.

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Suburbios, Masacres y la Pesadilla Americana

Andrés Miguel Rondón

Foto: Mike Stocker
South Florida Sun-Sentinel via AP

Ante otra espantosa masacre en una secundaria norteamericana, esta vez en Florida, el mismo debate tonto sobre las armas reina en todas las redes, comedores y medios del país. Demócratas, con razón, critican que Estados Unidos es el único país desarrollado que sufre masacres escolares, ya que es el único país de la OECD donde la población tiene fácil acceso a las armas.

Los republicanos, que tienen serios conflictos de interés con la NRA (National Rifle Association, uno de sus patronos principales) y cuyos votantes son mayoritariamente orgulloso propietarios de armas, argumentan, en una falsa dicotomía, que el problema no son las armas sino el estado mental de los que jalan sus gatillos. Propio de la actual polarización política que atraviesa dicho país, a ojos extranjeros este debate es de una indolencia intelectual espectacular.

Efectivamente un loco con un cuchillo es muchísimo menos peligroso que un loco con un fusil semiautomático. Es moralmente reprochable que los republicanos adrede ignoren este punto tan obvio. Pero también es cierto que el hecho de que jóvenes norteamericanos lleguen al nihilismo de asesinar, suicidarse, y causar terror como fin en sí mismo apunta a problemas mucho más serios y profundos que el simple debate de armas sugiere. Hay algo en el cuerpo Americano que está podrido y es importante que ambos partidos se den la vuelta para verlo.

El experimento americano, aquella fantasía utópica que llego a su apogeo en la posguerra – The American Dream, con sus coches, sus suburbios, sus blockbusters – claramente ha fracasado. La epidemia de opioides, el creciente populismo, la plutocracia desvergonzada de los lobbyes, la vida como realidad televisiva son, junto a las masacres escolares, síntomas del mismo tumor. Y es que la meritocracia, el consumo y las apariencias, por más confort que traigan, no son, en sí mismas, premisas para una vida digna de vivirla. Lleva, en desafortunados resbalones, al nihilismo.

El High School norteamericano es un microcosmo de su cultura, sus esplendores y ansiedades. Produce, en su competitividad darwiniana, algunas de las mentes más brillantes e industriosas del mundo. Pero es fecunda también en otra cosa: la envidia, el bullying, y la profunda pesadumbre de los losers. El problema es que, como muestran todas las estadísticas (en especial la de desigualdad económica), cada vez hay más perdedores que ganadores. Cosa natural en toda meritocracia, por cierto: en una carrera de cien metros solo se dan tres medallas.

El vínculo entre las masacres escolares y el síndrome de los losers no es absoluto, pero la correlación es fuerte. La literatura del caso de Columbine, predecesor a todas las masacres actuales, apunta en esa dirección. Hay por supuesto otros factores, ninguno de los cuales justifican de ninguna manera la sociopatía de los jóvenes nihilistas. Pero invita a una conversación más seria y desnuda del problema. Una que tal vez nunca tengan los políticos norteamericanos. Pero que hace mucha falta.

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