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La revolución cultural de Ella Fontanals-Cisneros

Manuel Gerardo Sánchez

En un espectacular apartamento de la calle de Fortuny en Madrid, la biblioteca no sólo da la bienvenida a la expectación y a la larga espera, sino que también preludia la conversación. Las filas de libros y un lienzo blanco en el que estalla un relámpago nocturno de la pintora Carmen Herrera traslucen la pasión artística y el espíritu crítico de su asidua lectora. Entre decenas de títulos, en la estantería derecha, reposa quietecito un ejemplar: Maravillosa Venezuela. A la izquierda, qué ironía, en las antípodas imaginarias, como mágico designio, desafía un mamotreto llamado La Habana: historia y arquitectura de una ciudad romántica. Y allí están, confrontadas las cartografías de sus afectos, Venezuela y Cuba, tan diferentes como fraternas, tropicales y camorreras, los dos países que, por marrullerías de la historia, formarían la educación sentimental de Ella Fontanals-Cisneros. La mujer que se enamoraría de estas geografías heridas por el desgarro, el quiebre, el asolamiento del ideal comunista. Como si la persiguiera el ethos de corrupción que zurció los trajes militares de dos dictadores en tiempos diferentes, pero con una meta en común: las revoluciones que atarían el yugo y tormento a los pueblos hermanos que la preocupan y desuelan. Ella, la cubana que agitó el pañuelo del adiós a su isla natal, la inmigrante que fondeó su ambición en Venezuela. Ella, la exploradora que descubrió a muy temprana edad la fortuna y la tristeza y la que en lontananza fue testigo de atrocidades sin levantar mucho ruido, acaso porque nada podía hacer en contra —sublevarse no era opción por sus consanguinidades comprometedoras. Ella, la exesposa de Oswaldo Cisneros, referente de excelencia empresarial. La coleccionista de arte y líder de CIFO —Cisneros Fontanals Art Fondation— que atesora más de tres mil piezas de los grandes pintores y escultores del mundo. Ella simplemente ella.

“Mi primera impresión fue sombría. Estaba acostumbrada al ruido de Varadero, al tráfico. Cuba fue la última joya ultramar de España y eso se sentía en cada esquina”

No hay jactancia cuando habla, tampoco humildad. Sí una distinción dorada por el barroquismo de su verbo. Gracejo aderezado por la mezcla del cantadito caraqueño y el salero habanero. Se nota que en su lengua se recrean los territorios que la han recibido, acunado. “Cuando llegué a Venezuela tenía 13 años. Fui porque mi hermana Lourdes vivía allá. No entendía muy bien por qué partíamos. Mis padres me dijeron que sería por un momentico y mira en qué terminó. En Maiquetía me di cuenta de que no había luz ni ruido ni gente caminando por las calles. Nada. Entonces le pregunté a mi papá ¿adónde me has traído tú?”, hurga en el fósil de una fotografía despoblada. Ella sentía que le arrebataban la dicha y el brillo que la habían escarchado desde su nacimiento: una niña de la alta sociedad que dejaba atrás, en el horizonte nácar del mar Caribe, los salones suntuosos en los que aleteaban las turquesas de sus ojos; se despedía de las algazaras y carnavales más alegres de las Antillas para pasearse por un valle que ponía las piedras fundacionales de su desarrollo. Una Caracas en construcción, de modernidad y democracia en ciernes. Subiendo por la autopista, a la altura de la Universidad Central de Venezuela, una valla de publicidad, también revelación o hado incomprensible, le daba la bienvenida: anuncio enorme de Pepsi-Cola. Años después, en virtud de sus galanterías, caería —“a pesar de que no se vestía bien”, se ríe con picardía— en los brazos de Oswaldo Cisneros, señor, entre otros negocios, de esta gaseosa. La mudanza fue una cachetada a sus pretensiones de princesa. “Mi primera impresión fue sombría. Estaba acostumbrada al ruido de Varadero, al tráfico. Cuba fue la última joya ultramar de España y eso se sentía en cada esquina”, registra la remembranza, narra épocas de gloria e imperio, como preconizara Pier Paolo Pasolini en su nouvelle Actos impuros “la memoria puede hacer feliz lo que nunca lo fue” … hasta que una caterva de alebrestados con barbas al descuido —fo, sin glamour— irrumpiera con sus fusiles y consignas guerrilleras desde Sierra Maestra.

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“Mis padres siempre me mantuvieron al margen de los asuntos políticos, pero me dolió dejar a Manolo, él me llevaba 20 años y fue como mi papá. Nunca más lo volví a ver hasta que, en 1987, concretamos un encuentro en Inglaterra”

Era 1959, el derrocamiento de Batista, el recibimiento con loas y serpentinas a Fidel Castro y epígonos, la venta de promesas libertarias que terminarían en estafa cruenta y perversa. El sanseacabó. “Los rebeldes sorprendieron y conquistaron las simpatías de la gente. Eran ídolos, héroes que pondrían fin a injusticias sociales”, remarca Ella el gazapo histórico por el que tuvo que zarpar y abandonar a su hermano mayor: Manuel Fontanals. Un adepto de Castro y del Che Guevara, que no titubeó en alistarse en la dictadura, hincar su sumisión; su escalada en el gobierno fue tal que llegó a ser uno de los creadores del Banco Internacional de Cuba, representó a la isla en Londres por su deuda externa. “Mis padres siempre me mantuvieron al margen de los asuntos políticos, pero me dolió dejar a Manolo, él me llevaba 20 años y fue como mi papá. Nunca más lo volví a ver hasta que, en 1987, concretamos un encuentro en Inglaterra”. Y una lágrima riela, cruza, agrieta su cara, pero no lo resiente, no hay reproches ni dicterios de su parte. “Mi familia nunca llegó a entender por qué él era tan diferente y yo decidí olvidarme de todo lo ocurrido en ese lapso de tiempo”, zanja la pena como un asunto de borrón y cuenta nueva y remata: “Lo que pasó, pasó”. Frase que es también título de una canción de “La Lupe”, una paisana que jamás pudo volver a Santiago de Cuba, como Ella, por “gusana” o traidor a la patria, insulto con el que Castro llamaba a los exiliados. Pero no, lo que pasó los libros lo condenan: el incumplimiento de no llamar a comicios presidenciales, “porque primero es la revolución y después las elecciones”, infame engañifa de Fidel en 1960, los miles de fusilamientos a contrarios y desertores, la abolición de la prensa independiente, la tiranización del Partido Comunista y la fuga de cerebros en el “éxodo de Mariel”. Reflexiona: “Es verdad, hubo horror pero no arrastré querellas ni malos sentimientos”. Cierra el capítulo.

El regreso: y el que quiere azul celeste que le cueste

Más de dos décadas hubo de pasar para que regresara a su hogar, crisol de luces, bañado siempre por el mar. Volvió con su armadura de oro y cornucopias rebosantes. Pese a que muchos creerían que su riqueza dimana de las alforjas de Cisneros, ella es trabajadora, no estudió business, pero de economías y negocios sabe: regentó librerías, también una pequeña galería en Chacaito, compró y vendió inmuebles en Nueva York y hasta clases de chapoteos y brazadas impartió. “Fue lo primero que hice en Venezuela. Yo sabía de nado sincronizado y natación. Los ofrecí en el colegio Mater Salvatoris, ese verano gané mucho más que un ingeniero. Desde entonces no he parado, hasta el Internet hubiera inventado porque no me acobardo, nunca pienso que esto o aquello no lo puedo hacer. Además, tuve el mejor profesor, Oswaldo, aprendí de su generosidad, inteligencia, capacidad de resolución”. Ya acendraba su interés en el arte, había adquirido parte de su acervo, había fundado en 2002 CIFO y estos estímulos más la morriña aceleraban el retorno impostergable. “Me había propuesto hacer un viaje a Cuba de reconciliación en 2010. Comenzar de cero. Al caminar por las calles me di cuenta de que mis recuerdos no correspondían con la realidad: era un país en ruina, cayéndose a pedazos, en bicicletas porque no había carros en marcha. Triste. Me acompañó un curador porque también tenía la intención de que fuera un recorrido artístico. Allí volví a los ‘Concretos’, un grupo de pintores abstractos que se constituyó entre 1959 y 1960. Entre ellos destacan, Dolores Soldevilla, Pedro de Oráa y Sandú Darié. De un hallazgo a otro, conocí a la que era la directora del Museo de La Habana, Moraima Clavijo, quien me invitó a llevar parte de mi colección, montar una gran exhibición”.

Imagen de una de las exhibiciones actuales en el CIFO Art Space de Miami.
Imagen de una de las exhibiciones actuales en el CIFO Art Space de Miami.

“La parte política la he olvidado por una sola razón: no puedo hacer nada. Pero sí puedo ayudar a mi gente, crear cosas nuevas, contribuir a que los artistas tengan más chances de ser reconocidos, reivindicarlos después de tanto silencio”

La propuesta la obligaría a no mirar hacia atrás, devendría asentamiento y renacimiento. Se instaló en la capital de la otrora cultura taína y con su reconquista comenzó el remolino de críticas e invectivas que ahora la despeluca. Conciudadanos en Miami y otras latitudes señalan cierta lenidad, blandura y hasta consentimiento del poder que abdicara Fidel a favor de su hermano Raúl Castro. “A muchos no les gusta que haya regresado. Yo no tengo nada en contra del régimen…”, abre un largo paréntesis. Tajante, el contradiós hiela y paraliza antes del argumento: “La parte política la he olvidado por una sola razón: no puedo hacer nada. Pero sí puedo ayudar a mi gente, crear cosas nuevas, contribuir a que los artistas tengan más chances de ser reconocidos, reivindicarlos después de tanto silencio”. Por esta añadidura o timorata justificación, Ella importó en 2012 la exposición Una mirada múltiple, que reunió a la crema de la contemporaneidad. “Yo quería chinos, norteamericanos, alemanes, pero me pedían cubanos, porque no habían visto nada después de su partida. A Ana Mendieta, por ejemplo, sólo la conocían en libros. La expo tuvo mucho éxito. Estaba programada de mayo a julio, pero la mantuve hasta agosto. Aunque me habían jurado que no se iría la luz, nos quedamos a oscuras”. Hubo de rizar, pues, sus encantos, comba amarilla y donosura, para resolver el problema eléctrico. “Tengo muy buenas relaciones con el gobierno. En qué sentido: yo no me meto con él y él no se mete conmigo. Por otra parte, el ámbito cultural depende de instituciones públicas. Claro, yo me imagino que tienen sus reservas, represento lo opuesto, lo que repudian”. Pero el desdén o las cautelas no han roído su figurín, al contrario, gracias a sus contactos alquiló una casa —no pudo comprar porque no se ha residenciado de forma permanente, repatriarse supondría, de acuerdo a las leyes y grilletes, el fin de prerrogativas: barcos y aviones propios. Vive en una amplia y arreglada villa en CubanaCan, zona de embajadas y morada de la aristocracia castrista, donde no hacen ascos a la ostentación, donde la utopía proletaria se encandila con los colores de bellas fachadas —la quimera también naufraga en piscinas privadas. Ella recibe, como Madame de Staël o Juliette de Recamier, la intelectualidad de la isla. En sus salones picotean, discuten, chocan las copas de champaña los novelistas Leonardo Padura o Wendy Guerra, Jorge Fernández, actual director del Museo Nacional de Bellas Artes y un largo etcétera de turistas y entrépitos.

En su porfía de fomentar la belleza, al igual que la divulgación de nombres y logros y cuadros, Fontanals tempera su paciencia en La Habana —eso no quiere decir que no viaje de la Ceca a Meca. Consciente de la importancia de la memoria, adquirió el Archivo Veigas, uno con más de 300 mil carpetas entre documentos, catálogos, fotografías y revistas de cuño artístico que adosó a CIFO, pero que se mantendrá abierto al público local. También se fijó alzar un espacio de arte contemporáneo, que está en veremos por las trabas que siembra el Estado. “No dejan ni que importe un scanner para la digitalización del archivo. Me cedieron un sitio fantástico, pero está derruido. Han pasado ya tres años. Me he reunido con mucha gente. Hay tanta burocracia”. El eufemismo no aplica, en cambio sí las restricciones, prohibiciones y atolladeros.

Por amor al arte

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Está en España para la 36 edición de ArcoMadrid, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo que organiza Ifema, remanso en el que convergen más 200 galerías de los cinco continentes. Su propósito, al igual que uno del evento, es promocionar la obra de artistas latinoamericanos —al menos 45% de los galeristas son de la región. Sin ufanarse, se abrocha las charreteras, es amiga de Manuel Borja, cabeza del Museo Reina Sofía y también es colaboradora de la Tate Modern y el Pérez Art Museum Miami. Sus relaciones con la vanguardia, directores, museólogos y curadores le extienden la alfombra roja, la que acostumbra pisar. Como aclimatada está a que la escuchen y atiendan. No hay quien no se postre ante su sandunga o atino inversor. No en balde se adueña de una las colecciones particulares más interesantes del hemisferio. Desde los más famosos, las vedettes de la escena, como Jeff Koons, Damien Hirst, Anish Kapoor, Michelangelo Pistoleto o Liu Bolin, hasta los clásicos del abstraccionismo, concretismo y cinetismo latinoamericano —tiene al menos 800 piezas dentro de su patrimonio— Lygia Clark, Jesús Soto y Julio Le Parc, por nombrar unos pocos, descuellan en el haber de Cisneros Fontanals Art Fondation.
La cita española le brinda la ocasión de tender puentes para presentar talentos como el del músico Kelvis Ochoa o el de los artistas conceptuales Ernesto Rancaño y Marcos Castillo —este último miembro del colectivo “Los Carpinteros”— aprovechando la sazón: el mercado clama y reclama el ingenio latino. “Arco es la vitrina perfecta. El mundo se ha volteado, hay un boom quizá porque muchos se han asentado en Europa. En los últimos 15 años ha habido un hervor. Diría que ahorita es que estamos en el pico. Los museos están interesados, hay departamentos de arte latinoamericano. En este momento, el Metropolitan resolvió retomar una colección. La Tate compila desde hace tiempo”.

Arco también sirve para estrechar lazos con compradores y marchands y proyecta los anzuelos para picar tentaciones. “Mi formación como coleccionista se la debo a la curiosidad. Necesito llegar hasta el fondo de las cosas. Cuando me empecino no suelto hasta conocer el dónde, cómo, cuándo y por qué. Soy futurista, no tengo miedo, no me paro y he vivido siguiendo mis pálpitos. Fiel a mis testarudeces, voy hacia adelante y siempre creo que viene algo mejor. No tengo tantas ataduras quizá mis apegos son mis obras. No por avaricia, que la desprecio, no las guardo en una caja fuerte, quiero compartirlas”. Gracias a su tozudez ha sumado piezas brillantes, de ensoñaciones y deslumbramiento. Como una Reticularia de Gego. “Sabía que era un must para mi colección. Además, adoro a esa mujer. La subastaban en Sotheby’s, pujé y pujé hasta conseguirla. Pagué 400 mil dólares, mucho más de lo que valía. Hoy su precio es cuatro veces mayor. He aprendido que la vida es continua y siempre hay la oportunidad, mi oportunidad”.

Otros muchos proyectos se agolpan en su agenda de 2017, como una colectiva itinerante en Estados Unidos que convoca a 63 artistas cubanos. Resaltan Lolo Soldevilla, Darié, Antonia Irís, Lázaro Saavedra, René Francisco Rodríguez, Ponjuán. Las 120 piezas expugnarán los museos de Houston y Minneapolis. Ella entiende que después de tantos vuelos y tráfagos con la bohemia hay un lugar que la espera. Sí, la hija pródiga vuele a la raíz, al ADN, a su tradición musicalizada con congas, mambo y guaracha. Ansiedad su canción favorita, ansiedad la que la sacude sin turbaciones. Ansiedad por futuros en libertad. Una última pregunta cierra el anecdotario del pasado compartido. ¿Democracia o revolución? Un abismo se repliega, Ella vacila, renquea, mira a los lados en busca de auxilio y complicidad. Democracia, ella lo sabe, siempre democracia.

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ARCO, una aberración imprescindible

Clara Paolini

Foto: Cecilia de la Serna

La feria ARCO, el ineludible “día de la marmota” del arte contemporáneo, vuelve a situar a Madrid como centro de gravedad del contexto artístico español y de paso, de la opinología.

Con 36 años a sus espaldas, el evento capta un interés ecléctico, provocando que galeristas, artistas, críticos, comisarios y coleccionistas se arremolinen en los pasillos del IFEMA entremezclándose con periodistas y público general en un escenario que presenta la compra-venta de arte como telón de fondo.

A pesar de que año tras año, lamentablemente, la atención acaba centrándose en las estratosféricas cifras de las obras más caras o siempre surja la improductiva discusión sobre si lo expuesto merece o no el calificativo de arte, ARCO es una herramienta inmejorable para medir el pulso al entramado del mercado y dilucidar diferentes contextos artísticos, suponiendo además uno de los raros, pero tan necesarios, momentos en el que el arte se torna protagonista en la conversación.

'Ambiente de Estereo Realidad 4' del artista Jose Carlos Martinat en el espacio de la Galería Revolver. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)
‘Ambiente de Estereo Realidad 4’ del artista Jose Carlos Martinat en el espacio de la Galería Revolver. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

ARCO no es una bienal, tampoco un compendio de exposiciones, ni mucho menos es un museo; es una feria comercial y para disfrutarla, hay que entenderla como tal. Decía Óscar Alonso Molina hace unos días que “la feria como el peor contexto para disfrutar de las obras es un tópico y una paradoja con la que hemos aprendido a convivir”; pero no conviene olvidar que aunque ARCO no sea el lugar idóneo donde disfrutar de un encuentro íntimo y conmovedor con el arte, sí ejerce una función relevante para su supervivencia y diagnóstico.

¿Por qué ARCO es una cita imprescindible?, ¿qué supone para un artista exponer en sus pasillos?, ¿qué importancia tiene para las galerías?, ¿qué piensan de ARCO los coleccionistas extranjeros? En una gran feria como esta, ¿hay espacio para la belleza y la crítica? Descubriendo las numerosas incógnitas que sugiere el mercado del arte contemporáneo, nos embarcamos en la búsqueda de posibles respuestas.

¿Qué significado tiene ARCO para los artistas?

La feria lo transforma todo porque el contexto natural del arte se supone que son los museos, las galerías… pero la feria es una especie de aberración que con el paso de los años, se ha convertido en una aberración imprescindible”, opina Marco Antonio Castillo Valdés, uno de los dos artistas que conforman en la actualidad el colectivo cubano Los Carpinteros.

Han pasado ya 10 años desde que Los Carpinteros visitaran ARCO por primera vez, logrando el Primer Premio de la Popularidad entregado la feria allá por 1997, el cual contribuyó al despegue de una carrera hoy más que consolidada y aunque mucho ha llovido desde entonces, cierta esencia parece inmutable.

Dentro de la sección Proyectos Especiales y de la mano de la galería suiza Peter Kilchmann, Los Carpinteros presentan la obra Domo hexagonal, una atractiva y casi monumental estructura de madera que acoge en su interior a los visitantes, invitándoles a llenar cada uno de los espacios con propuestas propias. Partiendo de la idea de las cárceles panópticas convertidas en uso civil “la pieza no pretende ser una obra egocéntrica, sino una escultura que ofrece un servicio”.

'Domo Hexagonal' del colectivo de artistas cubanos Los Carpinteros. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)
‘Domo Hexagonal’ del colectivo de artistas cubanos Los Carpinteros. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

Consciente del contexto ferial en el que se ubica, durante la entrevista en exclusiva para The Objective, el artista declara que “todo el arte contemporáneo, por muy conceptual que sea, por muy radical que sea, ha tenido que adaptarse a estas condiciones”, refiriéndose a la imprescindible anomalía de la exhibición en el contexto ferial.

Aunque para algunos artistas vender su obra sea necesario para subsistir y continuar su trayectoria, no todos asisten a la feria bajo la presión del mercado, e incluso algunos como Daniel G. Andújar hacen dudar sobre la verdadera necesidad de una feria para el éxito de su trayectoria.

El artista, que ha sido seleccionado para la próxima Documenta de Kassel y de cuyos trabajos hemos podido disfrutar en instituciones del calibre del Museo Reina Sofía, asegura que para él no es tan importante vender o no vender y señalando al collage de fotografías propias y tomadas de internet que conforman su instalación en Casa sin Fin,l comenta que “a veces parece un sinsentido que esto lo vaya a comprar alguien”.

Bajo el abrigo de las instituciones culturales españolas, que a pesar de los varapalos el artista sigue considerando fuertes e indispensables, la trayectoria de Daniel G. Andújar resulta una rara avis que a pesar de la paradojas, se desenvuelve en ARCO con naturalidad: “No entendería que mi trabajo está dentro de un mercado porque de hecho hasta hace relativamente poco no vendía obra ni tenía galería. Ahora tengo más de 50 años y empiezo a contar con en esa parte ínfima del mercado que además tiene una preocupación por preservar trabajos que en principio yo no había creado para que pervivieran. Luchar contra eso es complejo”.

'Obras' de Daniel G. Andújar en la galería Casa Sin Fin. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)
‘Obras’ de Daniel G. Andújar en la galería Casa Sin Fin. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

En busca de savia joven, hablamos con la prometedora artista alicantina Rosana Antolí, que junto a Fito Conesa atrae el flujo de visitantes hacia la galería valenciana Espai Tactel. Ambos artistas, ganadores de la Generaciones de la Casa Encendida de este año, parecen encontrarse en el momento de despegue de su trayectoria, por lo que una feria como ARCO supone un necesario escalón ascendente que sobrepasar.

En la que es su primera vez exponiendo en la feria, Rosana Antolí asegura que “no hay expectativas, hay ilusión y mucha emoción porque es la feria referente en el país. Vienes aquí de excursión cuando estás en la universidad, llevas trabajando muchos años y de repente acabas viniendo aquí y reconocen el trabajo”.

Con 35 años, la artista da la impresión de entender el para otros invisible mecanismo del mercado del arte sin perder por ello ni un ápice de su esencia como artista: “Soy bastante consciente del contexto en el que se expone cada vez mi trabajo. No es lo mismo cuando planteo un trabajo para un museo o para Generaciones de La Casa Encendida que cuando lo planteo para la galería. Obviamente es una feria pero siempre tiene que haber un componente en el que disfrutes, en el que arriesgues y en el que juegues con ambas cosas; con la emoción y con el saber que estás en una feria de arte (…)  Para mí estar en ARCO era un escalón necesario para la carrera conforme como quiero llevarla y continuarla”.

Rosana Antolí presentando su obra 'Cosmos Dancing Caos', una escultura viva que danza a ritmo biolólogico en Espai Tactel.
Rosana Antolí presentando su obra ‘Cosmos Dancing Caos’, una escultura viva que danza a ritmo biolólogico en Espai Tactel. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

En contraposición a los anteriores, la feria ARCO también sirve como mercado de valores para artistas consagrados “de hoy de siempre”, ofreciendo variaciones en el tipo de cambio que se aplica a la moneda en la que se han convertido sus piezas. Desde Ai Weiwei, Louis Bourgeois o David Hockney (expuesto en la Galerie Lelong coincidiendo con su retrospectiva en la Tate), hasta las sobrecomentadas, en términos económicos, obras maestras como El triunfo de Nautilus, de Salvador Dalí o la escultura The red base de Alexander Calder.

¿Qué opina una de las mayores coleccionistas de arte del mundo sobre ARCO’17?

Durante ARCO y más tarde en una entrevista en privado, disfrutamos de un encuentro privilegiado: una charla con la filántropa, empresaria y coleccionista de largo recorrido Ella Fontanals- Cisneros, quien a través de su reputada Fundación CIFO (Fontanals – Cisneros) demuestra año tras años un ojo infalible para el arte haciéndose con las obras más deseadas del mercado.

De origen cubano, venezolana de adopción y residente en Miami en la actualidad, la coleccionista evita nombrar a sus artistas favoritos “porque son como una gran familia que se complementan” y destaca la importancia de ARCO para Latinoamérica “debido a que es la feria que trae más galerías latinoamericanas y facilita el acceso a las mismas para los coleccionistas europeos”.

Frente a la espectacular obra Sphere Jaune de Julio Le Parc, artista del que Ella Fontanals-Cisneros ha demostrado ser fiel seguidora, la reputada coleccionista habla sin tapujos sobre el mercado del arte en España, opinando respecto al 21% del IVA en cultura que “es imprescindible que las organizaciones y sobre todo que las galerías, hagan un lobby al Gobierno español para cambiar la situación“.

La coleccionista deja traslucir su pasión por el arte con cada palabra, y a pesar de las distancias, entiende a la perfección las necesidades urgentes del contexto español:  “Yo creo que el arte enriquece a un país por lo que es necesario liberar y facilitar, poniendo menos trabas para que crezca el número de coleccionistas y facilitando que la gente pueda adquirir arte. Sobre todo respecto a la donación de obras a las instituciones, si hubiera más apertura y esto contribuyera a desgravar impuestos, las instituciones tendrían más oportunidades de recibir valiosas donaciones”.

Con una mayor presencia de coleccionistas latinoamericanos que españoles, las palabras de Ella Fontanals-Cisneros resuenan en la percepción generalizada: sin coleccionistas latinoamericanos como ella, como Eduardo Hochschild o Eduardo Constantini, la salud de ARCO no sería la misma.

'A Brain Tree' del artista Een breinboom en la galería Jan Fabre.
‘A Brain Tree’ del artista Een breinboom en la galería Jan Fabre. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

¿Cómo viven ARCO  las galerías?

No todas las galerías pueden llegar a ARCO, y para las que lo hacen, se trata de una inversión no exenta de riesgo. A este respecto, la galería Espacio Valverde, dirigido por Asela Pérez y Jacobo Fitz-James Stuart, ha conseguido ganarse el respeto tanto de la crítica como el de sus veteranos compañeros de profesión, hecho que fácilmente comprobable por las numerosas alabanzas vertidas por otros asistentes durante los minutos de nuestra charla.

Además del espacio reservado a la artista Elena Alonso, para esta edición de ARCO, Espacio Valverde vuelve a presentar un proyecto que va más allá del supermercado artístico: Casa Leibniz ofrece un acogedor espacio para el pensamiento, organizando conversaciones entre escritores y artistas alrededor de una mesa de estilo jacobino que perteneció a la bisabuela del galerista (de la Casa de Alba).

Transmitiendo una sensación similar a la entusiasta artista Rosana Antolí, Jacobo explica su parecer sobre la feria: “Hemos ido a ferias, tenemos experiencia, pero ARCO, al ser la feria nacional a la que has ido desde niño, te hace una ilusión enorme. Es como un rito de paso, como en una tribu en la que tenías que meter la mano en un hoyo lleno de hormigas caníbales para ser mayor de edad. Algo así, pero sin hormigas caníbales”, explica entre sonrisas el galerista.

Fitz-James Stuart confiesa que su sueño “es que los artistas a los que representa puedan vivir de su trabajo y de paso, que nosotros también” e identifica los obstáculos que entorpecen el camino a tal meta: “El problema de aquí es que tenemos un 0,7% del mercado mundial. Londres tiene un 22%... pero eso también hace que tengamos unos artistas buenísimos porque hay poca tontería”, dice sin victimismos un galerista que sigue apostando en su espacio por proyectos y artistas con una carga intelectual en las antípodas del arte como espectáculo.

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Jacobo Fitz-James Stuart, co-director de Espacio Valverde. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

Espacio Valverde demuestra que, a parte de las galerías consolidadas, cuyas ventas parecen aseguradas de antemano, en ARCO también caben propuestas intermedias e incluso alternativas; un hecho también ejemplificado por Drop City, ganadores del Premio Opening para galeristas emergentes.

Lejos de ser una galería comercial al uso, Drop City se basa en un modelo colaborativo y multisede, con una fructífera red de producción y exhibición en la que los artistas son también los galeristas y comisarios, como es el caso de Nadia Hebson y Eleanor Wright con las que charlamos. Para ellas, en su primera visita a ARCO y tras la emoción de ver galardonado su trabajo, las ferias suponen un terreno por el que tenían curiosidad y no menos preguntas, un contexto que es imposible criticar o alabar desde la objetividad y consideran indispensable mantener la integridad: “Donde vivimos algunos de nosotros, como es mi caso en Newcastle, hay una escena artística muy activa pero no está conectada con la escena comercial. Sin embargo, los artistas necesitan vender obras y eso es lo que la feria ofrece, esa es la oportunidad, pero ¿cómo hacerlo de la forma más interesante posible, sin que vea comprometida, sin que sea solo un acto mercantilista?  Para eso la integridad es esencial”.

Con una mirada realista y no carente de distancia respecto al resto de galerías comerciales de las que se ve rodeada Drop City en la feria, Eleanor Wright nos recuerda una olvidadiza verdad esencial: “Aquí hay muchos tipos de arte y muchos tipos de conversaciones, no puedes entrar en conversación con todos, pero pienso que es necesario que cada uno busque su sitio y seguir hacer un trabajo que nos estimule intelectualmente”.

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‘Three man laughing at one’ de Juan Muñoz. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

En el polo opuesto a las propuestas de estas jóvenes galerías, encontramos a las gigantes españolas de siempre ofreciendo un paseo sin sorpresas con cuadros de Tàpies o esculturas de Juan Muñoz. Aunque con ligeras mutaciones, son la parte fija del “día de la marmota”, a las que este año se les unen las 12 galerías de Argentina, país invitado de este año entre cuyas propuestas se echan en falta espacios más allá de la capital y el sosiego.

¿Hay espacio para la crítica, el debate y la política en ARCO?

Aunque hace apenas unas semanas fuera el mismísimo MoMA de Nueva York el que liderara la protesta contra la política de inmigración de Trump, resulta sorprendente que en ARCO no encontramos rastro del polémico nuevo presidente estadounidense.

El escaso arte crítico sí hace mención, sin embargo, a temáticas y discursos derivados del concepto de frontera y al drama de los refugiados con obras de Uriburu o el otrora controvertido Eugenio Merino, quien ha instalado en la galería ADN la obra Rescue passports, una colección de pasaportes de los países con mayor número de refugiados envueltos en mantas térmicas.

Por otra parte, entre la poesía, la geopolítica y el arte, destaca la presencia del artista Babi Badalov en el espacio de la galería parisina Jérôme Poggi. El artista de Arzebayán del que podemos disfrutar en el MUSAC hasta junio, ofrece en ARCO una pequeña muestra de su exploración en las fronteras del lenguaje.

Parte instalación del artista Babi Badalov en la galería Jérôme Poggi.
Parte instalación del artista Babi Badalov en la galería Jérôme Poggi. (Foto: Cecilia de la Serna / The Objective)

Artistas consolidados a pocos metros de talentos emergentes, arte político y crítico cerca de obras centradas en la poética y la estética, obras polémicas, anodinas, conceptuales, figurativas, que permanecerán o que serán olvidadas… año tras año, como un familiar lejano al que solo vemos una vez al año, vemos ARCO igual pero diferente.

Los pasillos de ARCO ofrecen un restringido y condensado mapamundi artístico, tejido con infinitos hilos de discursos, ideas, épocas, lugares, relevancias y formas de entender el arte, y el espacio entre lo intelectual y lo comercial no siempre es cómodo ni fácil, por lo que ante la apabullante amalgama que surge de la intersección, lo mejor es que el espectador se convierta en buscador de tesoros utilizando la única brújula verdaderamente válida para el arte: los intereses, las afinidades, los gustos y deseos de cada cual.

Señoras y señores, disparen sus opiniones.

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‘Beautiful Business’: El arte salvará millones de empleos

Beatriz García

Foto: Alejandro Rojas

Mientras las compañías tecnológicas reunidas en el Mobile World Congress enarbolan la bandera de la inteligencia artificial y el internet de las cosas, una comunidad de filósofos, artistas, visionarios e innovadores debaten sobre la necesidad un nuevo humanismo radical que nos permita abrazar el futuro sin acabar convertidos en máquinas.

‘The Objective’ ha hablado con Tim Leberecht y Carmen Boronat, miembros del equipo fundador de ‘The House of Beautiful Business ’ la conciencia y el corazón del Mobile World Congress.

 

¿Cómo surgió la idea de crear este espacio para el debate sobre la tecnología y el humanismo?

Tim Leberecht: El año pasado impartí una charla sobre cómo crear una compañía más humana en la Era de las Máquinas y uno de los principios que promovía era que las máquinas pueden desarrollar un trabajo de forma más eficiente que nosotros, pero no tienen lo que nos hace humanos: nuestra capacidad para sentir, amar, apasionarnos, hacer poesía e imaginar.

Por eso decidimos materializar esta idea en un proyecto visionario y muy humano, y dado que el Mobile World Congress está centrado en la tecnología y la eficiencia, pensamos que era necesario un lugar de encuentro para conversar sobre nuestra propia transformación y qué capacidades emocionales necesitamos reforzar para poder adaptarnos a estos cambios tecnológicos sin perder nuestra esencia como humanos.

Carmen Boronat: La idea fue crear un debate sobre tecnología y humanismo en el que no sólo participasen los innovadores y emprendedores, sino filósofos y artistas, porque estos últimos nos ayudan a ver un futuro no sólo tecnológico, sino ético y emocional.

‘Beautiful Business’: El arte salvará millones de empleos 1
La Casa de la Seda es la sede barcelonesa de esta comunidad pop-up.

Habéis cambiado el viejo lema de “los negocios son los negocios” por el de “los negocios son bellos”. ¿Cómo es un ‘beautiful business’?

Tim L.: Si organizas tu negocio basándote en los principios de eficiencia, eliminarás cualquier atisbo de cultura. Hay tres cosas importantes que todo ‘beautiful business’ debe tener: lo primero es un propósito con impacto social, que aporte cierta visión positiva del mundo; lo segundo es que pueda trasladarse a una cultura empresarial humana, que no esté regida por la eficiencia y la productividad, porque tenemos la capacidad de crear belleza a nuestro alrededor y esto es importantísimo, sobre todo si pensamos que pasamos el 77 por ciento de nuestro tiempo en el trabajo. Y lo tercero y esencial es permitirnos ser vulnerables y primar otros valores sobre la extendida y dañina mentalidad del ganador. Lo que nos define como humanos es justamente la vulnerabilidad.

 

¿Sería algo así como crear belleza explorando la fealdad?

Tim L.: Se habla mucho de lugares de trabajo felices que puedan ser cuantificables y medibles, pero es una forma bastante cosmética y superficial de entender la felicidad. Lo más bello de ser humanos es la autenticidad, es decir, asumir que no todo es armonioso y existe una cara oscura en el mundo. Un buen ejemplo de que para ser auténtico hay que ser feo es la compañía Airbnb, donde los empleados aportan algo a su trabajo y no sólo son productivos.

‘Beautiful Business’: El arte salvará millones de empleos 2
“Actúa como un directivo, pero piensa como poeta”, Tim Leberecht

Los expertos aseguran que en veinte años habrán desaparecido millones de puestos de trabajo. ¿Esta idea de ‘belleza’ puede salvar nuestros empleos?

Tim L.: En un mundo regido por la optimización y la maximización de resultados, todo trabajo mecánico será automatizado. Pero la ‘belleza’ y el ‘romance’ radican en ver no uno, sino múltiples significados, y compañías como Tesla, Apple, e incluso el Fútbol Club Barcelona (FCB) vehiculan ideas mayores que una necesidad utilitaria o un valor práctico. Los fans del Barcelona, por ejemplo, son leales al club aunque cambien los jugadores.

Esa es la fuente de la belleza y por eso cada vez se valora más la creatividad en las empresas y la búsqueda de personas más imaginativas que reactivas y analíticas. Fíjate en Silicon Valley, donde se están contratando a poetas y escritores para diseñar conversaciones más humanas.

Carmen B.: En España tenemos un gran problema de desempleo, pero al mismo tiempo las compañías buscan perfiles con nuevas habilidades más tecnológicas y el peligro es que los currículos escolares olviden otras destrezas humanísticas, como la empatía o la creatividad, para focalizarse en la tecnología.

 

Nos dirigimos a un ‘renovarse o morir’ continuo, sobre todo en el mundo laboral. ¿Qué ocurrirá con quienes no logren adaptarse a estos cambios?

Tim L.: Ésa es una de las grandes cuestiones que tienen que afrontar las sociedades civilizadas, porque no podemos seguir tratando a colectivos vulnerables como los ancianos, los niños o las minorías, en función de un valor cuantificable. Debemos aprender que las personas tienen valor por ellos mismos, más allá de cualquier métrica empresarial y por eso necesitamos una educación humanística, porque hay cada vez más ciudadanos que viven en condiciones de desempleo mientras que nosotros seguimos otorgando valor a las personas en función del trabajo. La conversación ya ha surgido de forma natural con  propuestas como la Renta Básica Universal.

‘Beautiful Business’: El arte salvará millones de empleos
Un espacio para el intercambio de ideas sobre el futuro, la tecnología y las emociones.

 Una gran parte de la ciudadanía no puede acceder a esa nueva tecnología que se presenta en el Mobile World Congress. ¿Existe un debate real en el sector tecnológico en torno a cuestiones como la Renta Básica Universal?

Tim L.: Absolutamente. En países como Estados Unidos será más difícil lograr un acuerdo que en la Unión Europea, pero incluso el CEO de Siemens en Alemania, Joe Kaeser, o la Deutsche Telekom están de acuerdo en que los robots deben pagar impuestos.

Los escépticos dicen que si se implanta una renta mínima para todos los ciudadanos se trabajará menos, pero la economía no sufrirá ningún daño y el gasto en salud mental descenderá. Hay muchos países como Francia, donde se está debatiendo y es probable que en cuestión de diez años tengamos una Renta Básica Universal.

¿Y en España las empresas tecnológicas también participan del debate?

Carmen B.: Estamos todavía tres o cuatro años por detrás de otros países desarrollados, pero las compañías de tecnología están comprometidas y se encuentran en un proceso de transformación digital donde los espacios y la cultura están cambiando completamente.

Tim L.: Yo creo que eso es positivo, porque significa que las empresas españolas tienen una oportunidad real para dar el salto y ser más radicales en su transformación, y pensar en nuevas políticas y cómo pueden colaborar. España tiene un gran potencial por su historia y su bagaje humanístico, la calidad de vida y su seguridad social; todo ello supone una gran oportunidad para desarrollar un modelo económico mucho más audaz.

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Carmen Boronat preparando la primera sesión de charlas y debates.

¿Qué puede aprender el mundo de los negocios de los artistas?

Tim L.: Muchísimo. La mayoría de los principios aplicados a la innovación son artísticos: nunca se realiza la misma tarea, se abraza la incertidumbre y se reta al statu quo constantemente. Los artistas imaginan cómo podría ser el mundo y esa es una cualidad útil para una organización que quiera crear valor. Además, son talentos que no se pueden delegar a las máquinas…

Tim, tú eres muy crítico con la singularidad tecnológica y la idea de que las máquinas puedan llegar a ser más inteligentes que las personas. ¿Existe un riesgo real de que el hombre también acabe convirtiéndose en un robot?

T: Los seres humanos nos caracterizamos por tomar decisiones conscientes, con sentido común y moralidad. No sé si eso llegará a pasar, porque la inteligencia artificial es difícil de controlar y se encuentra en un momento álgido, pero ya que tenemos que coexistir con ella, necesitamos un humanismo radical que insista en aquello que nos hace humanos.

¿Cuál es el mayor riesgo de esta llamada ‘cuarta revolución industrial’, además de la pérdida de empleos?

Tim L.: La extinción de la especie humana, en el peor de los casos, pero también el aumento de los disturbios sociales y la violencia. Piensa en el auge de los extremismos en Francia y Alemania, en el Brexit y en la América de Trump… A lo que hay que sumar la gran cantidad de profesionales frustrados, especialmente hombres de mediana edad  que temen perder su empleo, su identidad y su estatus social, porque la tecnología sólo funciona para un uno por ciento de la población.

Si no afrontamos las posibles derivas de esta revolución industrial y damos a todo el mundo un nuevo sentido de valor y reconocimiento dentro de la sociedad no habrá un futuro pacífico.

Vivimos en la era de la ‘big data’ y de la post-verdad al mismo tiempo. ¿No es una paradoja?

Tim L.: Como romántico, te diría que la verdad no existe y que es algo muy subjetivo y emocional. No legitimo las noticias falsas de Trump, pero es un buen momento para darnos cuenta de que la información puede ser manipulada y de que nos hemos enfocado demasiado en los datos. Necesitamos una conversación sobre lo que significa la verdad para nosotros y para el mundo, porque no sólo hay una verdad empírica, sino también subjetiva.

¿Deberían ser las grandes compañías más políticamente comprometidas?

Tim L.: No puedes ser neutral en pleno siglo XXI. Las grandes empresas tecnológicas en Estados Unidos tienen empleados y un vínculo con la sociedad. La Administración de Trump ha cruzado la línea y deberían hablar.

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Warhol está vivo

Clara Paolini

El cuerpo de Andy Warhol dejó de latir, respirar y actuar hace 30 años, pero las ideas expresadas en su obra conservan tales verbos en un rabioso presente. Si vivo expresa un hecho; viviente, una facultad y vividor, una actitud, en Andy Warhol los tres adjetivos se conjugan dando lugar a un fenómeno más que nunca pertinente y hasta ahora, siempre pertinaz.

“La idea no es vivir para siempre, la idea es crear algo que sí lo haga”

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Un fantasma más vivo que nunca. (Foto: Petr Josek / Reuters)

Andrew Warhola, más conocido como Andy Warhol (1928-1987) supo combinar los sabores del inconfundible cóctel contemporáneo que hoy todo lo empapa: La estética de la publicidad revelando deseos e idiosincrasias, fotogramas como fábricas de fama, modas y hábitos; flujos de imágenes, música como aglutinante y el resplandor efímero de superestrellas convertidas en marca, emergiendo en los derribados márgenes entre alta y “baja” cultura.

“En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos”

Cuando el medio es el mensaje, lo que haces es menos importante que el cómo lo haces, y sobre eso Warhol sabía un rato. El proceso en el que la identidad de una persona se ve oscurecida por su propia representación ficticia, elevada y convertida en icónica por los medios de masas, quedó plasmado en retratos como los de Marilyn Monroe, Jackie Kennedy o Elvis y Elizabeth Taylor, y su capacidad de sintetizar el camino que convierte a un humano en símbolo se adelantó de forma premonitoria al presente.

El glamour, simplificado. (Foto: Darren Ornitz / Reuters)
El glamour, simplificado. (Foto: Darren Ornitz / Reuters)

Warhol se percató de que somos más que cuerpos; que nos estábamos convirtiendo en imágenes. Warhol está vivo en Instagram, le hubiera encantado Twitter, puede que en lugar de un programa en la MTV fuera hoy un youtuber famoso y su repetición de imágenes estetizadas, nos acompaña cada día en cada recodo de la web. Si Beyoncé, Pamela Anderson o Ivanka Trump hubieran nacido unas décadas antes, tendrían un retrato warholiano casi asegurado y son muchos los que opinan si Warhol siguiera de cuerpo presente, conseguiría darle a Banksy un buen repaso.

“Me gustan las cosas aburridas”

La radical propuesta de Warhol al situar objetos de la vida moderna como creaciones artísticas (desde las latas de sopa de Campbell hasta las cajas de detergentes Brillo) revolucionó la historia del arte en los años 60 situando el valor en la banalidad del presente más absoluto.

"Campbell's Soup II" (1969), y "Sunset" (1972) . (Foto: Luke MacGregor / Reuters)
“Campbell’s Soup II” (1969), y “Sunset” (1972) . (Foto: Luke MacGregor / Reuters)

Otros artistas como Jasper Johns, Rauschenberg y  en paralelo, Roy Lichtenstein ya habían empezado a pasar la página del institucionalizado expresionismo abstracto de finales de los 50, oscilando la creación hacia las antípodas: En contra de la abstracción y la introspección, el pop art exteriorizó lo interior e interiorizó lo exterior, como si de darle la vuelta a la camiseta artística de tratara el juego.

“¿No es la vida sólo una serie de imágenes que cambian a medida que se repiten?” 

Estados Unidos, el dinero, el sexo, la fama, la muerte… Warhol resumió, definió y de muchas maneras, encarnó el mundo en el que todavía vivimos. El resultado puede provocar la sensación de estar ante expresiones sin sentimiento ni alma, ya que tal y como él mismo describió, el artista era un apasionado de lo superficial, pero es justamente el efecto acumulativo el que supera al de un espejo que parece englobarlo todo.

El artista descrito por Truman Capote, citando a Wilde, como “una esfinge sin secretos“, sigue presente como un poderoso aglutinante del mundo cómodamente extraño al que nos guste o no, estamos inscritos.

Cronista de una época, Warhol consiguió imprimir una huella más allá de sus cuadros, eliminando la idea del artista solitario e introspectivo en pro de la apertura hacia la empresa y la marca en un contexto incipientemente (puede que aún inocentemente) mercantilista, creando por primera vez equipos como el que tienen hoy Jeff Koons, Damien Hirst o hasta Lady Gaga.

Bajo esta visión, la Factory se convirtió en un auténtico hervidero de artistas, intelectuales, famosos, Drag Queens y músicos. Allí, cruzaron sus vidas personajes como Valerie Solanas – la actriz y escritora feminista que disparó a Warhol en 1968 – y disparatados grupos compuestos por individuos que podían ir desde una condesa alemana a un vagabundo del Bowery.

Valerie Solanas, autora de SCUM y de culpable de disparar a Warhol. (Foto: Portada del Daily Mail y retrato de Richard Avedon)
Valerie Solanas, autora de SCUM y de culpable de disparar a Warhol. (Foto: Portada del Daily Mail y retrato de Richard Avedon)

Stephen Watson, autor de Factory Madeexplica que “Antes de la Factory, la autoría rara vez estaba en cuestión. Pero el trabajo de la Factory a mediados de los sesenta desdibujó la frontera entre sujeto y autor, y el papel de Warhol permaneció ambiguo. ¿Dirigió las películas de la Factory?, ¿escribió la novela?, ¿produjo de verdad el primer álbum de The Velvet Underground? En el sentido habitual de estos verbos activos, Andy Warhol no hizo nada de esto. Sin embargo, cada producto lleva su huella y habría sido imposible sin él“.

El arte y las ideas de Warhol continúan siendo polémicos: según predecía Brian Appleyard en The Economistla historia del arte verá a Warhol restaurado a “su lugar legítimo, como un grabador breve y muy conmovedor de la deslumbrante superficie en donde nos encontramos”. Sin embargo, su influencia parece destinada a soportar el futuro, ya que el núcleo mismo de cómo la industria, la sociedad, el arte y la economía se fusionan parece no tener una fecha de caducidad, y hasta que el capitalismo termine, la influencia de Warhol parece irrevocable.

“Si quieres saber todo sobre Andy Warhol, basta con ver mis pinturas y películas y allí estoy. No hay nada más”

Han pasado 30 años desde que “papa del pop” se convirtiera en fantasma, pero Warhol sigue vivo, actuando, latiendo y respirando en cada rincón del panorama cultural de un siglo XXI augurado por su instinto.

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Urvanity, la feria que lleva el arte urbano de las calles a las galerías

Álvaro R. de la Rubia

Foto: Álvaro R. de la Rubia

Han cambiado mucho las cosas en el arte urbano durante los últimos años: los artistas ya no son buscados por la policía sino por los coleccionistas, ya no son considerados parte de un movimiento underground sino creadores de primer orden y en la conciencia colectiva ya no se asocia arte urbano a tags y pintadas sino a murales alucinantes y a arte comprometido socialmente.

Coleccionistas, instituciones y público han reconocido la cantidad de talentos que han decidido adoptar como vía de expresión esta nueva vertiente creativa  y prueba de ello es que algunas ciudades ya no se esfuerzan en borrar lo más rápido posible las obras sino que luchan por conservarlas, como es el caso de las intervenciones de Banksy en Londres, consideradas casi un reclamo turístico.

Piezas de Banksy exhibidas en Urbanity.
Piezas de Banksy exhibidas en Urvanity.

España no es una excepción respecto al aumento de artistas urbanos y a la consideración que se tiene de ellos .Aryz, Okuda San Miguel, Boa Mistura o Liqen son solo algunos ejemplos de artistas españoles que triunfan dentro y fuera de nuestro país. Este año, a la ya rica oferta artística que rodea la semana del arte madrileña se suma Urvanity, una feria dedicada exclusivamente al arte urbano y a todas las vertientes del denominado nuevo arte contemporáneo. La feria, con 17 galerías (12 de ellas extranjeras) y más de 65 artistas representados, puede visitarse durante este fin de semana en el Palacio Neptuno de Madrid. Para conocer más detalles sobre Urvanity charlamos con Sergio Sancho, director de la feria y coleccionista.

Sergio Sancho, organizador de Urvanity.
Sergio Sancho, organizador de Urvanity.

¿Cómo surge Urvanity y qué la diferencia del resto de ferias paralelas a ARCO?

Visitando ferias de fuera de España y con la llegada de Instagram descubrí  un entramado de galerías, artistas… que conectaban conmigo y mis gustos y que, sin embargo, aquí no tenían tanta visibilidad. En las ferias paralelas a ARCO se programaban contenidos similares a los que ofrecía ARCO pero nadie se estaba dedicando exclusivamente a este nuevo arte contemporáneo. Creamos la feria con la idea de reivindicar a todos estos artistas a los que se les conoce mucho a través de las redes sociales, los murales en exteriores… pero cuyo trabajo de estudio o galería es menos conocido aquí en España.

 

Sin embargo, en los últimos años varias de las ferias de la semana del arte madrileña estaban programando arte urbano y empezando a prestar más atención a estos artistas.

Es cierto que algunas galerías nacionales de este tipo de arte estaban presentes en varias de las ferias. Pero creo que la especialización hace la fuerza y que las galerías internacionales de arte urbano no acababan de venir porque no se estaban viendo representadas en lo que las ferias estaban programando. Con Urvanity queremos aunar estas galerías, tanto nacionales como internacionales, para que cada una sume y el trabajo de todas luzca más.

Banksy, probablemente el artista urbano sobre el que más se ha escrito, es un gran reclamo. ¿Pero qué más encontraremos en Urvanity?

Hay muchas otras propuestas de otros artistas que están a la misma altura. Es cierto que Banksy mueve mucho, es muy mediático y no todos los días tenemos la oportunidad de ver obras suyas en directo. Pero también hay obras de D*Face, Jef Aerosol, JonOne, Moses & Taps y un montón más de artistas de primer nivel. Además hemos incluido un programa de muros en Madrid con artistas internacionales porque nos parecía coherente hacer ese guiño a los orígenes del arte urbano.

Piezas exhibidas en Urvanity.
Piezas de Jaune en el stand de la galería Vroom & Varossieau.

¿A qué crees que se debe el éxito del arte urbano en los últimos años?

Creo que el arte contemporáneo tradicional no conecta con gran parte del público y que el nuevo arte contemporáneo es más cercano, visual, quizás menos conceptual… Es una vuelta al arte pop en cierto sentido: regresar a ese arte popular pero en esta ocasión bebiendo del comic, el skate, las culturas urbanas… Conecta con elementos con los que hemos convivido y posee referencias visuales que todos conocemos.

¿Cómo se ha producido la introducción del arte urbano en el mercado y las galerías?

Los inicios del arte urbano tienen que ver con el grafiti, con hacerse un nombre, marcar un territorio… no es tan diferente de la dinámica de las redes sociales ahora (querer darse a conocer, dejar una impronta…).  Pero la realidad es que actualmente hay artistas urbanos que tienen una técnica tan buena que luego su trabajo de estudio funciona. No significa que todos los que pintan en la calle lo hagan y tampoco vale todo.

Urvanity en el Palacio Neptuno.
Urvanity en el Palacio Neptuno. ¡Imperdible!

Sin embargo el arte urbano nace como algo público y gratuito. ¿Ha perdido algo de su esencia saltando al mercado del arte?

No creo que haya perdido su esencia. Es cierto que nace como un arte muy reivindicativo pero me parece lógico que los artistas vivan de su trabajo. Y para eso hay que vender obras. Lo que me parece apasionante es cuando alguien se dedica enteramente a lo que le gusta. Simplemente en la calle puedes expresarte con un lenguaje y quizás en las galerías te expresas con otro. Además a los artistas urbanos les encanta pintar en la calle y siempre que tengan la oportunidad seguirán haciéndolo. El trabajo de estudio y las intervenciones en la calle no son excluyentes.

¿En qué punto está España respecto a mercados más sólidos como el estadounidense o el británico?

Creo que en el arte urbano (y también en el tradicional) poco a poco nos estamos poniendo las pilas y hay posibilidades de crear un buen mercado. Pero todavía quedan cosas por hacer. Por ejemplo en Francia comprar arte desgrava, en Reino Unido se potencia la compra de arte con iniciativas como el programa Own Art… Aquí, sin embargo, tenemos un 21% de IVA. Desde las instituciones y ciertos ámbitos se podría potenciar más la compra, fomentar la cultura artística en los colegios… Por nuestra parte, en el futuro queremos dar más peso en la feria a los niños para que puedan interactuar más con el mundo del arte.

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