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La T: Hackers, ciberfeminismo y un nuevo modelo de ciudad para Barcelona

Beatriz García

Foto: La T Barcelona
La T Barcelona

El recién inaugurado Laboratorio de Tecnopolíticas para el bien común convierte el barrio Poblenou en un centro del debate sobre el poder de la tecnología en manos de los ciudadanos

Somos multitudes conectadas. Fenómenos como la Primavera Árabe, el Movimiento 15-M, Wikileaks o Anonymous demostraron el poder revolucionario de la tecnología como resistencia ciudadana y vehículo para la revolución. Pero, ¿podemos seguir creando nuevas formas de resistencia y democracia a través de las redes y los dispositivos tecnológicos? ¿Puede la realidad virtual, el movimiento maker, los hackers y el ciberfeminismo aliarse con los vecinos para transformar radicalmente una ciudad? ¿Y el mundo? Para los miembros de La T no sólo es posible, sino que ya está ocurriendo. Este laboratorio de tecnopolíticas para el bien común, instalado en el corazón tecnológico y gentrificado de Barcelona, el barrio de Poblenou, nació hace pocos meses siguiendo la tradición de los antiguos ateneos y espera convertirse en un espacio de debate, experimentación y unión de colectivos para pensar el futuro, cambiar el presente y “disputar al dinero y las grandes empresas las tecnologías que están prefigurando el mundo”, señala Javier Toret, coordinador de La T y autor del estudio ’Tecnopolítica y 15M. La potencia de las multitudes conectadas’.

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Inauguración de La T con la participación del presentador de televisión Bruno Sokolowicz | Imagen vía La T Barcelona

Detrás de este grupo de investigadores y activistas, que se nutren de la filosofía hacker y DIY (do it yourself), se encuentra la consultora tecnológica Thoughtworks España, el colectivo de tecnopolítica de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC) y el grupo TecnopolíticaBCN, que lleva años trabajando los vínculos entre tecnología y política ciudadana. Y aunque sus objetivos son múltiples y el trabajo de La T acaba de empezar, lo más importante, dice Toret, es “el proceso de unión entre resistencias, cuerpo y creación colectiva”.

El 15 de mayo de 2011 miles de españoles, desesperados por la crisis económica e indignados por la pasividad del Gobierno, se lanzaron a la calle, acamparon en las plazas y protestaron pacíficamente por una democracia real y contra el excesivo poder de los bancos. Así nació el Movimiento 15M, la Spanish Revolution que inspiró a Occupy en Estados Unidos y a la Nuit Debout en Francia. Gran parte de este Cambio, de esta explosión de indignación colectiva y organizada, se gestó en las redes. Fue el día en que nos dimos cuenta que además de consumir tecnología podíamos reapropiárnosla. Para Héctor Huerga, responsable de Comunicación de La T, las tecnología no son políticamente neutras, sino campos de batalla. “El sólo hecho de que la tecnología haya sido legitimada por las personas a través de su uso diario ya representa un cambio sin vuelta atrás y no se le puede poner barreras. Frente a la visión hegemónica de la industria tecnológica, han surgido nuevas formas de resistencia, reapropiación y construcción de alternativas orientadas a la autonomía social y la sostenibilidad, y tal vez sean los estamentos oficiales quienes deban adaptarse a estos cambios, y no al revés”, concluye Héctor.

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La T son personas apasionadas de la tecnología y la transformación social. | Imagen vía La T Barcelona

El “invento” de las Smart Cities

Barcelona es una de las capitales de la vanguardia tecnológica, situándose entre las treinta ciudades más inteligentes del mundo, un proyecto de urbe del futuro sostenible donde las tecnologías de la comunicación y la información se emplearán para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. No obstante, hay muchas voces críticas que califican las Smart Cities de concepto marketiniano, vacío y, como afirma la directora de Proyectos de La T, Thais Ruiz de Alda, un instrumento para favorecer a las grandes empresas: “Las Smart Cities son un invento para que las tecnológicas vendan su software o usen contratos de servicios para privatizar infraestructuras que recuperar más adelante y que implican unos desembolsos desorbitados. Nosotros queremos hacer frente al discurso de las ciudades inteligentes y es bueno que existan en Barcelona comunidades con conocimientos profundos en tecnopolítica que denuncien estos abusos”.

Mientras, Toret califica de “nefasto” el plan de Smart City de Barcelona, sobre todo en el Poblenou, que desde que se convirtió en [email protected] ha sufrido los efectos de la gentrificación y el encarecimiento del alquiler. “Parece que las empresas que conforman el [email protected] no han encontrado una fórmula social y ambientalmente sostenible que sirva como ejemplo para que la inclusión, la diversidad y el medioambiente mejoren la vida de estos barrios”, añade Héctor Huerga. Por eso La T nace con la vocación de ser un ateneu experimental, que vincule a los vecinos, los escuche, se mezcle con los colectivos y construya barrio: “La idea es albergar proyectos con un sentido de territorio, como el Make/Made in Poblenou, y recuperar la actividad vecinal a través de sencillos ejercicios de creatividad y fabricación para garantizar la participación social en el espacio público”, dice Huerga.

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Eventos Beer to Peer, charlas sobre ciberfeminismo y realidad virtual.| Imagen vía La T Barcelona

Además del proyecto VR Hub, destinado a concentrar talento y reflexión en torno a la Realidad Virtual y sus usos para el bien común y comunitario, uno de los objetivos de La T es incluir la perspectiva de género en el desarrollo de tecnología. Por ello el ciberfeminismo es una de las piedras angulares de este laboratorio, liderado por el colectivo de DonesTech, quienes plantean debates y estudios sobre los grandes retos de los entornos digitales para acabar con las agresiones y los abusos, además de charlas de conocidas ciberfeministas, biohackers y activistas de todo el mundo, como la brasileña Rita Wu, que visitó La T el pasado junio. “El feminismo aportó desde muy temprano un punto de vista crítico de las tecnologías. En la primera línea de cuestionamiento de la supuesta neutralidad de la tecnología estuvieron las ciberfeministas y otras usuarias críticas que abrieron la caja oscura de la cienca”, explica la investigadora y docente del Colectivo Diásporas Críticas Anyely Marín Cisneros.

Si Barcelona ha sido históricamente una ciudad vinculada a la lucha política y a la vanguardia, esta pequeña Galia tecnopolítica y participativa en mitad del imperial [email protected] de Barcelona propone devolver al pueblo lo que siempre ha sido del pueblo, la tecnología, y recordarles el poder que tienen las multitudes conectadas.

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El Filtro Burbuja o por qué aunque tengas muchos 'likes' no necesariamente tienes razón

Ana Laya

Puede que no hayas oído hablar del filtro burbuja, pero definitivamente tu visión del mundo está siendo configurada por él. A finales de 2009, específicamente el 4 de diciembre, comenzó la era de la personalización, un pequeño paso para un algoritmo de Google, un gran paso para la lenta pero segura edificación de un sinfín de universos paralelos, de realidades alternativas.

Sí, todo esto empezó hace más tiempo de lo que (muchos) pensamos y no, esta no ha sido la causa del Brexit, ni de Trump, pero sí de la sorpresa que le ha causado a una gran parte de la población.

¿Por qué? Eli Pariser, activista liberal y co-fundador de Upworthy y Avaaz, lo explica en su libro El filtro burbuja. Cómo la red decide lo que leemos y lo que pensamos (Editorial Taurus, 2017) y en la conferencia a la que ha sido invitado por la Fundación Telefónica y el Instituto Aspen como parte del ciclo Tech & Society. “Aquello que una vez fue un medio anónimo donde todo el mundo podía ser quien quisiera, ahora es una herramienta para recopilar y analizar nuestros datos personales.”

Es justo lo contrario a la famosa viñeta de The New York Times; en Internet ahora todo el mundo no solo sabe que eres un perro, si no que también conocen tu sexo, tu grupo etario, desde dónde te conectas, en qué dispositivo, a través de qué buscador, e incluso mediante micrófono, giroscopio y GPS si sueles buscar vuelos a destinos exóticos mientras caminas al atardecer del trabajo a tu casa… ¿o jamás te preguntaste por qué todos los banners que se te atravesaban en tus lecturas vespertinas eran de aerolíneas?

El filtro, como lo describe Pariser, empezó con Google en 2009, pero los algoritmos de los grandes gigantes de las redes han ido replicando la fórmula, una fórmula centrada en obtener beneficios económicos a través de la publicidad, en lugar de informar de manera equilibrada, contrastada, ética… o al menos lineal; por eso ahora los timelines de Facebook y Twitter dejaron de ser “líneas de tiempo” para pasar a mostrar los posts no en orden de aparición sino en orden de “relevancia” y por eso también Instagram dejó de ser “insta”.

Esto se convierte en un problema grave cuando dejamos de hablar de posts de gatos haciendo cosas o de #windowswithaview, sino de noticias. Tal como le gusta alardear a Mark Zuckerberg, puede que Facebook sea la mayor fuente de noticias del planeta, “al menos en lo que respecta a ciertas definiciones de lo que es una ‘noticia'”, alerta Pariser. De hecho los investigadores del Pew Research advirtieron ya en 2015 que Facebook es la fuente primordial de información política entre millennials estadounidensenses, seguidos de cerca por los GenX, un fragmento nada despreciable de la población votante.

El Filtro Burbuja o por qué aunque tengas muchos 'likes' no necesariamente tienes razón
Portada de El Filtro Burbuja, de Eli Pariser. Traducido por Mercedes Vaquero. Editado por Taurus. (2017)

“En una era en la que el intercambio de información es la base de la experiencia compartida, la burbuja de filtros actúa como una fuerza centrífuga que nos separa.”

Si bien se puede argumentar que antes de Internet y de sus algoritmos siempre hemos consumido medios de comunicación afines a nuestros intereses y aficiones, hay dos aspectos en los que el filtro burbuja es radicalmente diferente: en primer lugar, tú y tus filtros están solos. Tú eres la única persona dentro de tu burbuja. “En una era en la que el intercambio de información es la base de la experiencia compartida, la burbuja de filtros actúa como una fuerza centrífuga que nos separa.” Segundo: la burbuja de filtros es invisible. El individuo que activamente toma la decisión de comprar el Daily Mail o sintonizar FOX News sabe exactamente cuál es el punto de vista o la línea editorial de esos medios; en cambio, como señala Pariser, las intenciones de Google o Facebook al mostrarte lo que decide mostrarte (o no) son, cuando menos, opacas y para la mayoría están ocultas en la falacia de la neutralidad y la abundancia.

La cita con la que abre Pariser su libro es de Zuckerberg que dice lo siguiente: “saber que una ardilla se muere delante de tu casa en este momento puede ser más relevante para tus intereses que el hecho de que la gente se muera en África. “Esa afirmación, además de ser muy amarga de digerir, puede que sea válida para un mundo en el que las personas son meros consumidores y no ciudadanos. “Es una virtud cívica estar abierto a aquello que parece encontrarse fuera de tus intereses (…) en un mundo complejo, casi todo te afecta”, afirma en el libro Clive Thompson, periodista especializado en tecnología. Mientras el crítico cultural Lee Spiegel lo expresa de otro modo: “los clientes siempre tienen la razón, pero la gente no.”

El Filtro Burbuja o por qué aunque tengas muchos 'likes' no necesariamente tienes razón 1
Eli Pariser en la rueda de prensa ofrecida en la Fundación Telefónica.

¿Atrapados sin salida?

Usando la misma metáfora que utiliza Pariser en su libro, el genio está fuera de la botella y es prácticamente imposible hacer que vuelva. La publicidad es la fuerza que guía la manera en la que los algoritmos son construidos y ya existe un mercado de miles de millones de euros que se basa en la recolección de data personal a través de cookies y en su venta, en cuestión de microsegundos, al mejor postor. Google, por ejemplo, promete no difundir tus datos personales, sí, pero otras páginas y apps bastante populares no lo garantizan en ninguno de esos Términos y Condiciones que aceptamos sin leer. La fórmula funciona y en opinión de Sheryl Sandberg, la jefa de operaciones de Facebook, el hecho de que una página no esté personalizada para un usuario en particular parecerá raro.

Pero tranquilo, que si has llegado hasta este punto en el artículo, significa que estás genuinamente interesado y que por lo menos ahora te estarás planteando activamente romper esa burbuja invisible. Y básicamente ahí está todo el truco. Pariser afirma que si bien el filtro burbuja sigue bastante vigente, desde la primera edición de su libro el contexto ha cambiado y ahora la gente está más familiarizada con los procesos que ocurren detrás de cámara en las redes sociales y los ingenieros que trabajan en estas grandes plataformas también son más conscientes de la responsabilidad que tienen en sus manos.

El Filtro Burbuja o por qué aunque tengas muchos 'likes' no necesariamente tienes razón 2
Captura de pantalla de Escape Your Bubble.

Entre esos ingenieros ingeniosos y los activistas de Internet hay ya algunos que se han dedicado a construir maneras de romper la burbuja, por ejemplo la página Escape Your Bubble, que te propone ayudarte a entender mejor ciertos fenómenos o el pensamiento de cierto grupo con el que no estás familiarizado.

“Tenemos que aceptar y entender más a nuestros compatriotas”, dicen en su manifiesto. Después de todo no parece casualidad que a los filtros burbuja lo acompañe el ‘thin-skinnedness’ (el síndrome de la piel delgada) gracias al cual el debate abierto y el intercambio de ideas sea algo cada vez menos frecuente en las redes, y en su lugar la respuesta ante opiniones contrarias suele ser el insulto, el trolleo y el ataque personal.

Ahora bien, si ya no confías en la inteligencia (o estupidez) artificial para hacer el trabajo de ir explotando todas estas burbujas invisibles que te permiten ver solo un fragmento del mundo, te toca a ti activamente hacerlo. Eli Pariser con su libro te facilita un alfiler. ¡Buena suerte!

 

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Contra la brecha de género, edita la Wikipedia

Clara Paolini

Foto: TONY GENTILE
Reuters

¿Por qué es tan necesario y urgente que las mujeres editen la Wikipedia?, ¿tiene la plataforma un sesgo machista?, ¿por qué las biografías de grandes mujeres de la historia (aún) aparecen en rojo?,  ¿cómo afecta a los contenidos la falta de la paridad entre sus contribuyentes?,  ¿qué puede hacer la Wikipedia por el feminismo?, ¿y el feminismo por la Wikipedia? Para obtener respuestas, te contamos lo que aprendimos editando la Wikipedia de la mano de Wikimujeres

En un mundo ideal, la Wikipedia sería neutral, objetiva, precisa e infinita; reflejaría la diversidad y riqueza de todo el saber humano acumulado a lo largo de la historia y en lugar de poner en duda su fiabilidad, cada uno de los habitantes del planeta sentiríamos el deber de contribuir a su perfeccionamiento.

Lamentablemente, no vivimos en un mundo ideal. La Wikipedia no es perfecta porque los humanos tampoco lo somos, preferimos señalar el error en lugar de solucionarlo, la historia nunca es objetiva y estamos muy lejos de alcanzar la igualdad en un sinfín de ámbitos y contextos. La mayor enciclopedia del mundo padece de los mismos males que sus contribuyentes y como consecuencia no escapa del mal de la desigualdad de género.

¿La buena noticia? Podemos hacer algo para cambiarlo y ese es precisamente el objetivo de Wikimujeres, “un grupo de usuarias de Wikipedia preocupadas por la diversidad y la neutralidad de la Wikipedia y dispuestas a trabajar para disminuir (y en un futuro eliminar) la brecha de género y culturas que existe en la enciclopedia más consultada en internet”.

Contra la brecha de género, edita la Wikipedia 1
Asistentes a la editatona sobre mujeres viajeras organizada por Wikimujeres el 4 de marzo en Medialab Prado.

¿Cómo empezar a eliminar la brecha? Montserrat Boix, creadora de Mujeres en Red y miembro de Wikimujeres, opina que el primer paso es contar, pero “en este espacio hay dificultades para que la gente se preocupe por estos datos porque la mayoría ni siquiera los considera relevantes. Ha tenido que pasar más de una década para que la fundación y la comunicación empiece a reflexionar sobre las mujeres”.

“Se estima que tan sólo un 13% del total de personas que editan la Wikipedia son mujeres

Según relata esta periodista, pionera en el ámbito del feminismo digital, han pasado únicamente 6 años desde que la Fundación Wikimedia (el organismo sin ánimo de lucro que dirige la Wikipedia) empezara a dilucidar que tenían un grave problema de perspectiva de género, descubriendo a través de las estadísticas que prácticamente no había mujeres editando.

Aunque desde entonces se han generado diferentes programas que luchan por eliminar la brecha, a día de hoy, los números hablan por sí solos: se estima que tan sólo un 13% del total de personas que editan la Wikipedia son mujeresy esta pronunciada brecha de género deja una inevitable impronta en su contenido.

¿Por qué hay muchos más hombres que mujeres editando la Wikipedia? Un estudio de la Universidad de Minnesota apuntaba entre las posibles razones a la propia disparidad en la representación y edición de contenidos, la mayor probabilidad de que las ediciones realizadas por mujeres sean revertidas y que los artículos con más proporción de contribuyentes femeninas suelan ser los más polémicos.

Algunas usuarias han llegado a considerar que la atmósfera de la comunidad huele a machismo, y aunque resulta poco probable que una legión de hombres misóginos se esfuerce por aumentar la brecha echando por la borda cualquier visión feminista, la falta de equidad y el tono generalizado de la comunidad no facilitan el cambio.

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María Sefidari editando la Wikipedia desde la editatona.

Que la Wikipedia tenga en cuenta la perspectiva de género, que cada vez haya más mujeres activas en la plataforma y conseguir eliminar poco a poco la desigualdad resulta tan necesario como urgente, pero ¿cómo darle la vuelta a las estadísticas? Partiendo de lo indispensable: enseñando y animando a otras personas a editar en la plataforma. Y lo cierto es que en Wikimujeres lo ponen verdaderamente fácil.

Además de ofrecer entretenidas reuniones donde aprender a editar desde cero (en Madrid los lunes en Medialab Prado y en Barcelona los martes en la Universitat Pompeu Fabra), Wikimujeres organiza editatonas: maratones en las que se crean y mejoran artículos de Wikipedia, en este caso, desde una perspectiva de género.

“No es que las mujeres no hayamos inventado nada a lo largo de la historia, lo que pasa es que muchas veces ese trabajo no ha recibido el crédito suficiente o ha sido invisibilizado”

Científicas, artistas, escritoras, revolucionarias, académicas, políticas, cineastas, sufragistas, pensadoras… La Wikipedia está plagada de “mujeres en rojo” cuyas biografías permanecen a la espera de ser rescatadas del olvido o cuyas vidas han sido relatadas por personas poco concienciadas sobre la importancia de la perspectiva de género. En muchas ocasiones, las mujeres que sí aparecen en la Wikipedia lo hacen como esposas, madres o ayudantes de hombres que la historia situó como protagonistas, aunque fueran ellas las que impulsaran necesarios pasos hacia un futuro en el que ahora habitamos.

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Trabajando contra la brecha de género.

“No es que las mujeres no hayamos inventado nada a lo largo de la historia, lo que pasa es que muchas veces ese trabajo no ha recibido el crédito suficiente o ha sido invisibilizado. A veces es más difícil acreditar relevancia enciclopédica porque hay menos fuentes, o porque son más difíciles de encontrar. Este tipo de iniciativas pone el foco precisamente en esa clase de huecos, en esa brecha de género y nos anima a todos a que contribuyamos e intentemos paliarla”, comenta María Sefidari, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos, vicepresidenta de la Fundación Wikimedia y cofundadora de Wikimujeres.

“Si la comunidad tiene un gran número de editores y bibliotecarios con una perspectiva retrógrada, hay que empezar a intentar ponerle freno”

Patricia Horrillo, inmejorable anfitriona de la editatona de Wikimujeres en Medialab, lo tiene claro: “Si la comunidad tiene un gran número de editores y bibliotecarios con una perspectiva retrógrada, hay que empezar a intentar ponerle freno”. Como muchas usuarias que luchan por una mayor igualdad dentro de la comunidad, aclara que aunque sea imprescindible aumentar el número de mujeres editoras, el hecho de ser mujer no siempre significa que éstas vayan a aportar una visión feminista ni que estén sensibilizadas con las cuestiones de género. Además, por supuesto, existe un gran número de hombres que sí consiguen aportar esa necesaria visión.

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La próxima editatona ¡apúntate!

¿Cómo empezar a colaborar?

Aunque la Wikipedia no tiene la complejidad de la física cuántica, para aprender rápidamente sin sentirse abrumado, lo mejor es contar con la ayuda de alguien que aporte las claves básicas. Existen multitud de comunidades como Wikimujeres a lo largo y ancho del mundo con las que iniciarte.

Además, si lo que prefieres es investigar por tu cuenta de forma autodidacta, la propia Wikipedia cuenta con tutoriales, en foros y otras páginas de internet es posible encontrar explicaciones detalladas para resolver cualquier duda y en definitiva, basta con dedicarle un poco de tiempo para engacharse.

Sin embargo hay algunas claves básicas que deberás tener en cuenta para ver tu contenido publicado: es obligatorio seguir el manual de estilo, aportar referencias válidas que prueben la información aportada (libros, artículos de prensa, webs fiables), que los temas tratados tengan relevancia y ser lo más imparcial y objetivo posible (cuantos menos adjetivos, mejor).

Al principio puede parecer más complicado de lo que imaginabas pero no olvides que una vez vayas cogiendo soltura, editar se convierte en una actividad adictiva con la que estarás contribuyendo a la mejora del conocimiento colectivo.

¿Qué mujeres falta por añadir?

Una vez hayas creado o traducido tu primera entrada en Wikipedia, será el propio sistema el que te vaya mostrando la infinidad de trabajo que queda por hacer.

A partir de la entrada que hayas editado, la Wikipedia te sugerirá biografías o contenidos relacionados que aún quedan por escribir, pero si tienes curiosidad por conocer algunos de los nombres de mujeres imprescindibles que permanecen en el tintero, existen varios lugares donde encontrarlas, como por ejemplo en los listados del proyecto “Mujeres en Rojo”.

Si dicen que la historia pertenece a quien la escribe, ¿por qué no escribirla entre todas? Eliminar la brecha de género está al alcance de nuestras manos.

Continúa leyendo: Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita

Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita

Redacción TO

Foto: Saudi Press Agency
Reuters

El pasado 4 de noviembre más de 200 personas fueron detenidas en Arabia Saudita sin acusaciones formales ni procedimientos jurídicos. Entre ellas, príncipes, ministros e importantes hombres de negocios cayeron en una operación anticorrupción lanzada por una comisión presidida por el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán, que ha tomado ciertas medidas para introducir cambios inéditos en el país como llevarlo de una economía dependiente del petróleo a una diversificada.

Al joven de 32 años no le titubeó la mano. Entre los nombres de los arrestados destacan el de uno de los inversores más poderosos del mundo: el príncipe Alwalid Bin Talal, quien tiene intereses en compañías como Citigroup, 21st Century Fox y Twitter, y el del príncipe Mutaib bin Abdalá, el hijo favorito del difunto rey Abdalá.  Poco antes de las detenciones, Mutaib bin Abdalá había sido retirado de su puesto como jefe de la Guardia Nacional.

Según apuntan medios locales, con esta acción el príncipe heredero y principal asesor del rey Salmán, logró poner bajo su control a los tres servicios de seguridad del país: el Ejército, los servicios de seguridad interna y la Guardia Nacional. Por décadas estos poderes se habían distribuido entre las ramas del clan de la casa de Saúd para mantener un equilibrio de poder.

Con la ‘purga’, Bin Salmán supuestamente intenta combatir uno de los principales problemas que sufre el país: la corrupción. Sin embargo, esta acción ha preocupado a observadores internacionales y a los propios ciudadanos que la han considerado como una “apuesta muy arriesgada”. Incluso algunos lo acusan de buscar “desestabilizar la región” y de pretender deshacerse de personas que no apoyan sus reformas e ideas.

En cambio, otros como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le han dado su apoyo. Un día después de la operación, Trump escribió en su Twitter: “Tengo mucha confianza en el rey Salmán y en el príncipe heredero que saben perfectamente lo que están haciendo”. “¡Algunos de los que son tratados duramente han exprimido a su país durante años!”, añadió.

Quebrantamiento de la línea de sucesión 

En junio de este año, el rey Salmán bin Abdulaziz designó a su hijo “preferido” Mohamed bin Salmán como príncipe heredero, relevando en el cargo y en la línea sucesoria a su sobrino y príncipe Mohamed bin Nayef, según un decreto real. Con esta medida, el rey quebró por primera vez la línea de descendencia aunque contó con el apoyo de 31 de los 34 miembros del Consejo de Lealtad, órgano creado en 2006 por el entonces monarca Abdullah Bin Abdulaziz al Saud para dirimir sobre cuestiones sucesoriales.

En aquel decreto, el rey también ordenó enmendar el segundo párrafo del régimen del Consejo de Lealtad, en el que se determina que el Gobierno debe ser ejercido por los hijos del fundador del reino, Abdelaziz bin Abdelrahman al Faisal al Saud, y agregó que pueden dirigir el país sus nietos.

Mohamed bin Salmán podría convertirse en una de las figuras más poderosas del mundo árabe. The New York Times destaca que, hasta el momento, ha bloqueado a la vecina Catar, ha acusado a Irán de actos de guerra y ha alentado la renuncia del primer ministro libanés. Y en Yemen, sus fuerzas armadas están luchando en el conflicto religioso de esa nación contra una facción de hutíes alineados con Irán. 

Al ser el principal asesor del rey, se dice que ha movido los hilos de sus drásticas decisiones, como la transformación de algunos ministerios, entre ellos el de Economía, y la destitución de algunos líderes de la vieja guardia. Como ejemplo, en mayo del año pasado, Alí al Naimi, que estuvo por dos década a la cabeza del Ministerio de Petróleo, fue relevado por el presidente de la petrolera estatal Aramco, Jalid al Falih, un estrecho aliado del príncipe.

¿Mayores posibilidades para las mujeres?

Mohamed bin Salmán antes de ser designado como heredero al trono,  ya contaba con el puesto de ministro de Defensa. Es el hombre más joven del mundo en ejercer ese cargo. Aunque pertenece a una de las corrientes musulmanas más conservadoras, el wahabismo, Bin Salmán ha elogiado un “islam moderado” en el que las mujeres tendrán mayores derechos.

De acuerdo a una medida que ya ha sido aprobada, las saudíes podrán conducir a partir de junio de 2018 en el único país en el mundo que todavía mantiene la prohibición. Otro de los cambios ‘aperturistas’ fue anunciado en octubre, cuando el Gobierno dijo que autorizará a las mujeres a asistir a estadios deportivos. De momento, el próximo año podrán ir a tres recintos pero solo junto a sus maridos.

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Arabia Saudita es el único país que aún prohibe a las mujeres conducir| Foto: Faisal Al Nasser / Reuters

¿Una ‘Visión 2030’?

En el programa de Gobierno del príncipe Bin Salamán presentado en abril de 2016, llamado ‘Visión 2030’, se menciona explícitamente la intención de “empoderar a las mujeres y hacer efectivo su potencial” con el objetivo de elevar su participación en la fuerza de trabajo y la productividad nacional.

Para el monarca esto se traduce en aumentar la participación femenina en el mercado laboral de 22% a 30%, como lo recoge el documento. Esta cifra forma parte de los índices que el Foro Económico Mundial ha usado para situar a Arabia Saudí en el puesto 138 de 145 países respecto a las oportunidades y participación económica de las mujeres, a pesar de que el 60% de los estudiantes que se gradúan de carreras universitarias son chicas, según la OECD.

A pesar de las promesas, Human Rights Watch ha denunciado que no ha sido concretada la orden real de abril de este año en la que se autorizó suavizar la tutoría del hombre a la que están sometidas las saudíes. En el reino del Golfo ellas todavía deben contar con la autorización de un tutor hombre, que generalmente es su padre, esposo o hermano, para poder viajar, estudiar, sacarse el pasaporte, contraer matrimonio o incluso salir de la cárcel tras haber cumplido alguna condena. De modo, que hasta que las cosas no cambien en la práctica, las ofertas del príncipe serán palabras al viento.

Transformaciones económicas

Otro de los principales giros que busca el príncipe y que también está plasmado en ‘Visión 2030’ es convertir a Arabia Saudita en una economía diversa, no dependiente del petróleo, como lo ha sido hasta ahora. Para ello pretende privatizar la petrolera Aramco.  “En Arabia Saudita hemos desarrollado una adicción al petróleo”, expresó Salmán en una entrevista con la televisora estatal Al Arabiya. Por su parte,  la BBC señala que lograr que el país se sobreponga a esa dependencia no será fácil ya que obtiene más de 70% de sus ingresos por la venta de crudo. Además, entre otro de sus objetivos económicos, está aumentar la aportación del sector privado al PIB a un 65% en 2030 (actualmente es de 40%).

Más novedades

El llamado ‘príncipe detrás del trono’ ha anunciado la restricción de facultades de la policía religiosa llamada ‘Comité de la propagación de la virtud y prevención del vicio’, cuerpo de encargado de aplicar la estricta versión saudí de la sharia. Además de las anteriores, otra muestra de ‘modernidad’ que llamó la atención de los medios fue cuando Mohamed visitó al fundador de Facebook, Marck Zuckerberg, con vaqueros en vez de su túnica blanca, y su reciente encuentro con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates.

Ser un príncipe ‘moderno’ en Arabia Saudita 1
El príncipe se reunió recientemente con el co-fundador de Microsoft, Bill Gates. | FOTO: Reuters Handout

Estas reuniones con los ‘reyes de la tecnología’ posiblemente forman parte de sus planes de modernizar la nación. El más ambicioso hasta el momento es el de construir una nueva metrópolis que se extenderá por tres países y costará 500.000 millones de dólares. El proyecto, llamado NEOM, fue anunciado en una conferencia de inversiones. 

De modo que ser un príncipe moderno en Arabia Saudita está lleno de matices. El joven abogado deberá enfrentar a algunos clérigos que no concuerdan con sus ideas ‘vanguardistas’, a una élite empresarial acostumbrada a subsidios estatales y tendrá que crear planes más concretos para la materialización de sus objetivos. Además, sus decisiones en cuanto a mejorar los derechos de la mujer aún están muy lejos de parámetros dispuestos por las organizaciones defensoras.

Continúa leyendo: Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso"

Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso"

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

Benedict está acostumbrado a firmar sus libros con el apellido Wells, pero lo que la verdad oculta es que se apellida von Schirach y que Wells, más que un alias artístico, es un homenaje al personaje de John Irving en Las normas de la casa de la sidra. Lo escogió con un motivo poderoso: “Él es la razón por la que escribo”.

Benedict Wells (Múnich, 1984) –uno de los autores más reconocidos en Alemania– ha estado en España por la publicación en castellano de su última novela, El fin de la soledad, a cargo de la editorial Malpaso, y es un hombre de rostro tranquilo, alto y delgado, con el pelo frondoso y castaño, que esconde tras de sí una historia fascinante. En el libro queda mucho de esa esencia y desde bien pronto, apenas en el segundo capítulo, viene a decirnos cómo se rompe una familia en mil pedazos después de que tres hermanos preadolescentes –Marty, Liz y Jules– pierdan a sus padres en un accidente de tráfico, sin otra salida que continuar con sus vidas en un internado público.

Cuando Benedict escribe sobre la soledad, lo hace desde el corazón y desde el estómago. Benedict supo desde joven que quería ser escritor y con 19 años se fue de Múnich a Berlín, que en 2003 era “una ciudad barata”, “perfecta para la gente que, como yo, no tenía dinero”, tomando un camino que nadie le aconsejó. “Mi vida era miserable”, recuerda. “No fui a la universidad. Los primeros años tras el instituto los viví muy solo, en un apartamento horrible, con la ducha en la cocina. Trabajé en varios empleos temporales, y escribía por las noches. Trabajé de camarero, en la taquilla de un cine, de recepcionista en un hotel, más tarde en un show televisivo que estaba bien, pero al que tuve que renunciar porque no me dejaba tiempo para escribir. No tenía otra vida. Sentía que debía invertir todo mi tiempo en escribir”.

Y continúa: “Hay mucha gente con talento. Pero, para mí, el talento no era el campo en el que podía marcar la diferencia. Lo único que estaba dentro de mi área de control era mi voluntad y mi esfuerzo. Pensaba que nadie estaba tan loco con 19 años como para tener esa vida solitaria y extraña de escribir todo el tiempo. Pensaba que muy pocas personas podían mantener ese ritmo después de dos años. Dediqué todo lo que tenía a la escritura y, después de un par de años, vi que era mejor que cuando comencé. Aun así, seguía pensando que necesitaba dos o tres años más, quizá cuatro. Mi vida era muy solitaria. Tan solitaria que podía pasar cinco semanas sin hablar absolutamente con nadie. Allí estaba yo, solo y escribiendo”.

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Portada de ‘El fin de la soledad’, de Benedict Wells. | Imagen: Malpaso

Lo más difícil de todo aquello, cuenta, más incluso que la reclusión y el olvido, era el modo amargo en que sus amigos y familiares renegaban de su esfuerzo. “Nadie me entendía”, dice, con gesto serio. “No podía demostrar que tenía el talento necesario. Habían pasado cuatro o cinco años y seguía sin publicar. Tenía 23 y algunos amigos veían mi apartamento, veían que no estudiaba, que no tenía una red de seguridad, y me decían: ‘Vamos, tienes que buscarte algo más estable’. La presión estaba ahí y era tal que estuve pensando en salir de Alemania. En cada conversación había un recordatorio de mi fracaso. Mi gran ventaja, de algún modo, era que mis padres no tenían dinero, así que podían apoyarme emocionalmente, pero no económicamente. Era totalmente libre. Aunque me pesaba la presión de que no pudieran entenderlo. Yo mismo… estaba esperando a que alguien me animara a intentarlo”.

Dice, con la memoria puesta en sus años en Berlín, que tuvo que luchar contra la soledad y el rechazo, pero también contra sus momentos de ansiedad y vacilación. “Me pasaba el día entero pensando que era un fracasado, que no valía lo suficiente”, dice. “Pero me sentaba frente al escritorio y pensaba que no había nada mejor que pudiera hacer. Vivía todo el tiempo entre dos extremos: excitado por escribir y contar una historia o deprimido porque pensaba que no tenía talento. Lo que me hizo seguir es la voluntad de contar historias. Pensaba que quizá no fuera tan bueno, pero quería terminar lo que había comenzado”.

Conforme Benedict se expresa, los recuerdos se van haciendo sólidos. Casi dibuja imágenes. Dice: “Recuerdo el día que descubrí a Michael Chabon. Simplemente leyendo Chicos prodigiosos y Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, viendo cómo escribía, cómo jugaba con el lenguaje, sentía que tenía que volver a escribir. Sabía que la literatura era mi vida y estaba dispuesto a fracasar. Prefería fracasar que arrepentirme por no haberlo intentado. Temía más al arrepentimiento que al fracaso”.

Dice que fue en el último instante que apareció un agente, justo cuando tenía planeado su viaje a Escocia. Después de tantos años, la editorial en alemán Diogenes –muy prestigiosa y conocida por publicar un único libro al año– se interesó por él y terminó por publicarle su primera novela, El último verano de Beck. Su nombre fue, definitivamente, cobrando más y más fuerza. Publicó tres novelas más con este sello.

“Uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real”

Probablemente su entereza y vocación exclusiva, su capacidad para no torcer el brazo, habrían sido imposibles de no haber soportado un duro entrenamiento previo –vivió de los 6 a los 19 años en un internado público por una grave situación familiar, como Marty, Liz y Jules–. Le pregunto por esta circunstancia, y habla de ello con naturalidad y sin resignación. “Creo que la independencia fue lo primero que aprendí en el internado”, dice, con la mirada puesta en una taza de café que apenas ha probado. “Pero entre los niños que estábamos allí, yo era un afortunado. Allí había niños que habían sufrido abusos, había refugiados… Al menos yo tenía unos padres que me querían. Los otros niños de mi clase iban con padres adoptivos, y yo me iba con los míos. Era extraño. Quizá para mis amigos, que han sido amados y han tenido una infancia protegida, habría sido más difícil”.

La vida de Benedict Wells es fascinante, decía, y en parte lo es por todo a lo que tuvo que renunciar. Le pregunto por las cosas que quedaron en el camino, si las echa de menos. Benedict responde que sí, sin reservas, y explica que es la razón por la que se mudó a Barcelona. “Tenía 26 años, había publicado mi primer libro y sentía que me había perdido muchas cosas”, dice. “Me di cuenta de que uno tiene que encontrar el equilibrio. Cada segundo que estás en la historia, dejas de estarlo en la vida real. Echo cosas de menos, sí. Pero todo tenía un propósito. Me habría gustado disfrutar de lo que llaman la vida del estudiante, pero luego estuve tres años y medio en Barcelona, y más tarde traté de imitar la vida del Erasmus en Montpellier. Me esforcé por hacer lo que no había hecho, y claro que no era lo mismo. Pero nunca dudé del camino que había tomado: amo la escritura y volvería a hacer lo mismo”.

Ahora Benedict es un autor respetado en Europa, sus libros se venden por cientos de miles, y en su país concede raramente entrevistas: es, la mayor parte del tiempo, un hombre solitario. Con todo, más allá de las ventas y de los premios y de ese reconocimiento intangible que es la admiración de sus lectores, todavía experimenta, de vez en cuando, la amargura del rechazo. “Recientemente escribí un artículo sobre el tren transiberiano y traté de venderlo a los periódicos”, cuenta, divertido. “Una vez más: rechazado-rechazado-rechazado. Me di cuenta de que todavía era posible. No hay garantías. Todavía puede ocurrirme”.

Benedict Wells: "Nada puede protegernos del fracaso" 2
Benedict Wells, fotografiado en Madrid. | Foto: Jorge Raya Pons/The Objective

“Después de todos estos años”, le pregunto, “¿qué significa para ti el fracaso?”.

Benedict se toma ocho, nueve segundos, busca una respuesta: “A veces es difícil asimilar que es inherente al ser humano, simplemente inevitable”. Hace una nueva pausa: “Vamos a fracasar y vamos a tener que lidiar con ello. Nada puede protegernos del fracaso. Lo único que puede cambiar es tu actitud. Por supuesto que existe aquella teoría de que el fracaso te hace más fuerte, y de que puedes aprender de ello. Pero hay fracasos de los que no puedes extraer nada. Probablemente ni siquiera puedas cambiar de actitud, pero tienes que esforzarte por hacerlo. Intentar aprender de tus fracasos, intentar hacer las paces con ellos. Es la única manera: intentarlo”.

Benedict, en su camino hacia el fin de la soledad, siempre encontró la literatura. “Es, definitivamente, una parte muy importante en mi vida. En ambas direcciones. Hacia fuera, mi pasión y mi profesión. Hacia dentro, el sentimiento de que no estás solo, de que puedes encontrarte a ti mismo en muchos libros, de que puedes sentirte a salvo”. Entonces habla de Harry Mulisch y de Kazuo Ishiguro, al que admira profundamente y llama profesor, y menciona Los restos del día y Nunca me abandones. Dice: “Hay pocos libros que me hayan cambiado de verdad, y estos son dos de ellos. Los leo y me pregunto: ‘¿Por quéee? ¿Cómo logró manipularme así? ¿Por qué me siento así?’. No es algo que esté entre las páginas. Trato de estudiar estos libros. Los libros que amo son mis profesores“.

Luego Benedict regresa a la idea de que la literatura, en el mejor de los casos, nos ayuda a sentirnos menos solos. “Es la primera experiencia cuando lees”, continúa. “No estás tan solo. Lo que realmente amo de la literatura es que es completamente distinta al resto de artes. En un cuadro, en una fotografía o en una película, todo está acabado. Puedes consumirlo. Pero un libro es simplemente blanco y negro. Todo viene de dentro. Tienes una página y todo depende de ti”.

Y concluye: “Hay algo que me fascina de la literatura: te deja a solas con la historia que tú has construido dentro de ti“.

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