Hola, ¿qué estás buscando?

de resultados

No se ha encontrado ningún resultado

Ver más

La Tate rinde homenaje al arte queer

Cecilia de la Serna

Foto: Tate Britain

El Reino Unido tiene un objetivo claro: redimirse de sus errores históricos. Más allá del Brexit, y otros grandes hitos que marcan su historia más reciente, los británicos tienen experiencia en apartar de lo socialmente aceptado a algunos grupos que conviven en las islas. La lucha por los derechos de los homosexuales en el Reino Unido comenzó hace cinco décadas, cuando el Parlamento británico votó a favor de la despenalización del sexo entre hombres en Inglaterra y Gales. Eso fue en 1967, y hasta ese momento este tipo de relaciones constituía un delito grave. Especialmente las establecidas entre dos hombres, ya que las relaciones entre mujeres no estuvieron nunca prohibidas por esta ley, al menos de forma explícita, dada la obsesión de los ingleses por perseguir la sodomía.

La discriminación suele caracterizarse por influir en todos los aspectos de la vida, y la cultura no se queda fuera. Muchos fueron los artistas británicos que tuvieron que esconder su condición sexual, o que padecieron un auténtico tormento por intentar vivirla en libertad. Oscar Wilde, Francis Bacon, David Hockney, John Singer Sargent, Keith Vaughan, Dora Carrington o Ethel Sands son algunos de los nombres que conforman la historia del arte y la cultura LGTB del Reino Unido. Todos ellos están presentes en Queer British Art: 1861-1967, la exposición que acaba de inaugurar la Tate Britain de Londres. Con el ánimo de conmemorar el 50 aniversario de la despenalización de la homosexualidad, y de hacer justicia, los británicos cuelgan en uno de sus museos más emblemáticos lo mejor del arte marica. Porque queer, en este caso, se refiere sin tapujos a lo marica.

La Tate rinde homenaje al arte queer 1
Sappho and Erinna in a Garden at Mytilene (1864), de Simeon Solomon. | Imagen: Tate Britain

Esta es la primera muestra dedicada a la vida y obra de creadores del colectivo LGTB

El nombre de la muestra ha supuesto una fuerte polémica, ya que el término ‘marica’ podría considerarse despectivo -más en español que el ‘queer’ inglés, ya totalmente adaptado por la comunidad LGTBQ+ -, y por no englobar a otros colectivos, como el de las lesbianas. Clare Barlow, comisaria de la exposición, aseguraba a The Guardian que el uso del término ‘marica’ estaba justificado “por lo que tiene de reivindicativo, porque derriba las barreras y abre las puertas a muchas posibilidades”.

Esta exposición no es una más de las tantas que los museos y galerías londinenses inauguran a lo largo de cada año. Se trata de la primera muestra dedicada a la vida y obra de creadores del colectivo LGTB, un evento inimaginable hace apenas unos años. Es la revolución desde las paredes de un museo, y la sensación de justicia que deja el pasear por sus salas da buena fe de ello.

Oscar Wilde fue encarcelado durante dos años por “indecencia grave y sodomía”

Entre los objetos expuestos se incluye la puerta de la celda en la que el escritor, poeta y dramaturgo irlandés Oscar Wilde fue encarcelado durante dos años por “indecencia grave y sodomía”. Esta pieza de metal, que ha viajado desde la prisión de Reading hasta la galería londinense, se muestra expuesta junto a un retrato, obra de Robert Goodloe, del poeta a los 27 años, once años antes de su encarcelamiento. Cuando Goodloe pintó a Wilde, este estaba en el mejor momento de su carrera. Quedan así reflejados el éxito y el escarnio, el uno al lado del otro. Una ironía teñida de injusticia, con la que ahora podemos contextualizar la forma en la que una nación dejó de lado a uno de sus mayores talentos por sus preferencias sexuales.

La Tate rinde homenaje al arte queer 2
Oscar Wilde pintado por Robert Goodloe en 1881. | Imagen: Tate Britain

Otro de los platos fuertes de esta exposición es la muestra centrada en las creaciones del círculo de Bloomsbury, un grupo artístico creado en torno a Virgina Woolf al que pertenecieron pintores y filósofos como Dora Carrington, Lytton Strachey o Bertrand Russell y que mantenía una postura muy abierta acerca de la sexualidad.

La Tate rinde homenaje al arte queer 3
Bathing (1911), una obra de Duncan Grant. | Imagen: Tate Britain

Muchas obras del arte marica británico se han perdido con el tiempo, ya que fueron destruidas por considerarse pecaminosas o por promover un estilo de vida que no era tolerado por el conjunto de la sociedad. No obstante, muchas se conservaron, y las más grandes pueden verse en esta exposición sin precedentes. La muestra va más allá de las obras y viaja al propio corazón de los artistas, mostrando objetos personales y documentos que dan fe del tormento que tuvieron que vivir por revelar al mundo el secreto de sus vidas. Hoy que no son necesarios los secretos, que el orgullo prima sobre la vergüenza, sí son necesarias muestras como ésta. Era vital dedicar un lugar en el que otorgar justicia a los que sufrieron, sin obviar su sufrimiento, mostrando su trabajo y su talento por encima de todo. Hacerlo en un lugar como la Tate Britain, residencia de lo más granado del arte británico, es casi tan valiente como las vidas de estos artistas.

La Tate rinde homenaje al arte queer 4
Drawing of two men kissing, un dibujo de Keith Vaughan. | Imagen: Tate Britain

Queer British Art: 1861-1967 estará disponible en la Tate Britain Gallery de Londres hasta el 1 de octubre de 2017.

Save

El Expresionismo Abstracto aterriza a lo grande en Bilbao

Cecilia de la Serna

Foto: Museo Guggenheim de Bilbao
Museo Guggenheim de Bilbao

Pollock, Rothko, De Kooning, Smith, Still, Kline, Motherwell. Son “apellidos propios”, grandes estandartes, del Expresionismo Abstracto. Este movimiento, uno de los más revalorizados en las últimas décadas de cara a los coleccionistas, tiene su origen en el Nueva York de la década de 1940 y mantiene el honor de estar considerado el primer movimiento genuinamente estadounidense dentro del arte abstracto. Cuando hablamos de “movimiento” generalmente lo entendemos como un todo. No obstante, el del Expresionismo Abstracto es uno de los movimientos menos unificados de la Historia del Arte, y es que en realidad este fue un fenómeno complejo, variable e individualista, difícil de encuadrar en un solo marco. De hecho, lo único que une realmente a este grupo de artistas, que nunca formaron una unidad articulada, es que supuso la ruptura con las convenciones de las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX, como el Cubismo o el Surrealismo.

El Guggenheim de Bilbao recoge el testigo de la Royal Academy de Londres y presenta una extensa exposición con más de 130 obras

Medio siglo hemos tenido que esperar en el Viejo Continente para presenciar de nuevo una gran retrospectiva del Expresionismo Abstracto. El Museo Guggenheim de Bilbao tiene el privilegio de recoger ahora el testigo de la Royal Academy de Londres, y presenta una extensa exposición con más de 130 pinturas, esculturas y fotografías procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo.

Jackson Pollock. Mural, 1943. (Foto: The Pollock-Krasner Foundation)
Jackson Pollock. Mural, 1943. (Foto: The Pollock-Krasner Foundation)

Esta retrospectiva -aunque más bien deberíamos denominarla ‘perspectiva’-, ha arrasado en la Royal Academy de Londres durante todo el otoño. Entre las 130 obras que ahora llegan a orillas de la ría de Bilbao encontramos algunas de los más conocidos maestros de la abstracción, como Jackson Pollock, Mark Rothko, Robert Motherwell o Willem De Kooning. Sin embargo, la originalidad y las joyas ocultas de esta muestra residen en la variedad de obras expuestas, especialmente de artistas que no alcanzaron tanta fama, como Arshile Gorky, Hans Hofmann, William Baziotes, Gerome Kamrowski, Clyfford Still, David Smith, Franz Kline, Barnett Newman, Ad Reinhardt…

Mark Rothko. Banda amarilla (Yellow Band), 1956. (Foto: Sheldon Museum of Art)
Mark Rothko. Banda amarilla (Yellow Band), 1956. (Foto: Sheldon Museum of Art)

Lo que pocos conocen es que el arte de todos estos maestros fue utilizado por la CIA como propaganda cultural anti soviética en plena Guerra Fría -en ese marco se dio la última gran exposición de Expresionismo Abstracto en Europa-. Después de la Segunda Guerra Mundial, la humanidad se debatía entre la decepción de conocer la peor parte de sí misma y la reconstrucción de su propia identidad. Entonces llegaron estos artistas norteamericanos, que destacaban el arte como producto de la libertad y la democracia frente al comunismo soviético. Ahora, en la era en la que los valores norteamericanos están cuestionados por la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, parece que Pollock, Rothko y compañía vuelven a estar más de actualidad que nunca.

La exposición Expresionismo Abstracto puede verse en el Museo Guggenheim de Bilbao del 3 de febrero al 4 de junio de 2017.

La revolución cultural de Ella Fontanals-Cisneros

Manuel Gerardo Sánchez

En un espectacular apartamento de la calle de Fortuny en Madrid, la biblioteca no sólo da la bienvenida a la expectación y a la larga espera, sino que también preludia la conversación. Las filas de libros y un lienzo blanco en el que estalla un relámpago nocturno de la pintora Carmen Herrera traslucen la pasión artística y el espíritu crítico de su asidua lectora. Entre decenas de títulos, en la estantería derecha, reposa quietecito un ejemplar: Maravillosa Venezuela. A la izquierda, qué ironía, en las antípodas imaginarias, como mágico designio, desafía un mamotreto llamado La Habana: historia y arquitectura de una ciudad romántica. Y allí están, confrontadas las cartografías de sus afectos, Venezuela y Cuba, tan diferentes como fraternas, tropicales y camorreras, los dos países que, por marrullerías de la historia, formarían la educación sentimental de Ella Fontanals-Cisneros. La mujer que se enamoraría de estas geografías heridas por el desgarro, el quiebre, el asolamiento del ideal comunista. Como si la persiguiera el ethos de corrupción que zurció los trajes militares de dos dictadores en tiempos diferentes, pero con una meta en común: las revoluciones que atarían el yugo y tormento a los pueblos hermanos que la preocupan y desuelan. Ella, la cubana que agitó el pañuelo del adiós a su isla natal, la inmigrante que fondeó su ambición en Venezuela. Ella, la exploradora que descubrió a muy temprana edad la fortuna y la tristeza y la que en lontananza fue testigo de atrocidades sin levantar mucho ruido, acaso porque nada podía hacer en contra —sublevarse no era opción por sus consanguinidades comprometedoras. Ella, la exesposa de Oswaldo Cisneros, referente de excelencia empresarial. La coleccionista de arte y líder de CIFO —Cisneros Fontanals Art Fondation— que atesora más de tres mil piezas de los grandes pintores y escultores del mundo. Ella simplemente ella.

“Mi primera impresión fue sombría. Estaba acostumbrada al ruido de Varadero, al tráfico. Cuba fue la última joya ultramar de España y eso se sentía en cada esquina”

No hay jactancia cuando habla, tampoco humildad. Sí una distinción dorada por el barroquismo de su verbo. Gracejo aderezado por la mezcla del cantadito caraqueño y el salero habanero. Se nota que en su lengua se recrean los territorios que la han recibido, acunado. “Cuando llegué a Venezuela tenía 13 años. Fui porque mi hermana Lourdes vivía allá. No entendía muy bien por qué partíamos. Mis padres me dijeron que sería por un momentico y mira en qué terminó. En Maiquetía me di cuenta de que no había luz ni ruido ni gente caminando por las calles. Nada. Entonces le pregunté a mi papá ¿adónde me has traído tú?”, hurga en el fósil de una fotografía despoblada. Ella sentía que le arrebataban la dicha y el brillo que la habían escarchado desde su nacimiento: una niña de la alta sociedad que dejaba atrás, en el horizonte nácar del mar Caribe, los salones suntuosos en los que aleteaban las turquesas de sus ojos; se despedía de las algazaras y carnavales más alegres de las Antillas para pasearse por un valle que ponía las piedras fundacionales de su desarrollo. Una Caracas en construcción, de modernidad y democracia en ciernes. Subiendo por la autopista, a la altura de la Universidad Central de Venezuela, una valla de publicidad, también revelación o hado incomprensible, le daba la bienvenida: anuncio enorme de Pepsi-Cola. Años después, en virtud de sus galanterías, caería —“a pesar de que no se vestía bien”, se ríe con picardía— en los brazos de Oswaldo Cisneros, señor, entre otros negocios, de esta gaseosa. La mudanza fue una cachetada a sus pretensiones de princesa. “Mi primera impresión fue sombría. Estaba acostumbrada al ruido de Varadero, al tráfico. Cuba fue la última joya ultramar de España y eso se sentía en cada esquina”, registra la remembranza, narra épocas de gloria e imperio, como preconizara Pier Paolo Pasolini en su nouvelle Actos impuros “la memoria puede hacer feliz lo que nunca lo fue” … hasta que una caterva de alebrestados con barbas al descuido —fo, sin glamour— irrumpiera con sus fusiles y consignas guerrilleras desde Sierra Maestra.

Ella-Fontanals-by-Alberto-Hernandez_2Small

“Mis padres siempre me mantuvieron al margen de los asuntos políticos, pero me dolió dejar a Manolo, él me llevaba 20 años y fue como mi papá. Nunca más lo volví a ver hasta que, en 1987, concretamos un encuentro en Inglaterra”

Era 1959, el derrocamiento de Batista, el recibimiento con loas y serpentinas a Fidel Castro y epígonos, la venta de promesas libertarias que terminarían en estafa cruenta y perversa. El sanseacabó. “Los rebeldes sorprendieron y conquistaron las simpatías de la gente. Eran ídolos, héroes que pondrían fin a injusticias sociales”, remarca Ella el gazapo histórico por el que tuvo que zarpar y abandonar a su hermano mayor: Manuel Fontanals. Un adepto de Castro y del Che Guevara, que no titubeó en alistarse en la dictadura, hincar su sumisión; su escalada en el gobierno fue tal que llegó a ser uno de los creadores del Banco Internacional de Cuba, representó a la isla en Londres por su deuda externa. “Mis padres siempre me mantuvieron al margen de los asuntos políticos, pero me dolió dejar a Manolo, él me llevaba 20 años y fue como mi papá. Nunca más lo volví a ver hasta que, en 1987, concretamos un encuentro en Inglaterra”. Y una lágrima riela, cruza, agrieta su cara, pero no lo resiente, no hay reproches ni dicterios de su parte. “Mi familia nunca llegó a entender por qué él era tan diferente y yo decidí olvidarme de todo lo ocurrido en ese lapso de tiempo”, zanja la pena como un asunto de borrón y cuenta nueva y remata: “Lo que pasó, pasó”. Frase que es también título de una canción de “La Lupe”, una paisana que jamás pudo volver a Santiago de Cuba, como Ella, por “gusana” o traidor a la patria, insulto con el que Castro llamaba a los exiliados. Pero no, lo que pasó los libros lo condenan: el incumplimiento de no llamar a comicios presidenciales, “porque primero es la revolución y después las elecciones”, infame engañifa de Fidel en 1960, los miles de fusilamientos a contrarios y desertores, la abolición de la prensa independiente, la tiranización del Partido Comunista y la fuga de cerebros en el “éxodo de Mariel”. Reflexiona: “Es verdad, hubo horror pero no arrastré querellas ni malos sentimientos”. Cierra el capítulo.

El regreso: y el que quiere azul celeste que le cueste

Más de dos décadas hubo de pasar para que regresara a su hogar, crisol de luces, bañado siempre por el mar. Volvió con su armadura de oro y cornucopias rebosantes. Pese a que muchos creerían que su riqueza dimana de las alforjas de Cisneros, ella es trabajadora, no estudió business, pero de economías y negocios sabe: regentó librerías, también una pequeña galería en Chacaito, compró y vendió inmuebles en Nueva York y hasta clases de chapoteos y brazadas impartió. “Fue lo primero que hice en Venezuela. Yo sabía de nado sincronizado y natación. Los ofrecí en el colegio Mater Salvatoris, ese verano gané mucho más que un ingeniero. Desde entonces no he parado, hasta el Internet hubiera inventado porque no me acobardo, nunca pienso que esto o aquello no lo puedo hacer. Además, tuve el mejor profesor, Oswaldo, aprendí de su generosidad, inteligencia, capacidad de resolución”. Ya acendraba su interés en el arte, había adquirido parte de su acervo, había fundado en 2002 CIFO y estos estímulos más la morriña aceleraban el retorno impostergable. “Me había propuesto hacer un viaje a Cuba de reconciliación en 2010. Comenzar de cero. Al caminar por las calles me di cuenta de que mis recuerdos no correspondían con la realidad: era un país en ruina, cayéndose a pedazos, en bicicletas porque no había carros en marcha. Triste. Me acompañó un curador porque también tenía la intención de que fuera un recorrido artístico. Allí volví a los ‘Concretos’, un grupo de pintores abstractos que se constituyó entre 1959 y 1960. Entre ellos destacan, Dolores Soldevilla, Pedro de Oráa y Sandú Darié. De un hallazgo a otro, conocí a la que era la directora del Museo de La Habana, Moraima Clavijo, quien me invitó a llevar parte de mi colección, montar una gran exhibición”.

Imagen de una de las exhibiciones actuales en el CIFO Art Space de Miami.
Imagen de una de las exhibiciones actuales en el CIFO Art Space de Miami.

“La parte política la he olvidado por una sola razón: no puedo hacer nada. Pero sí puedo ayudar a mi gente, crear cosas nuevas, contribuir a que los artistas tengan más chances de ser reconocidos, reivindicarlos después de tanto silencio”

La propuesta la obligaría a no mirar hacia atrás, devendría asentamiento y renacimiento. Se instaló en la capital de la otrora cultura taína y con su reconquista comenzó el remolino de críticas e invectivas que ahora la despeluca. Conciudadanos en Miami y otras latitudes señalan cierta lenidad, blandura y hasta consentimiento del poder que abdicara Fidel a favor de su hermano Raúl Castro. “A muchos no les gusta que haya regresado. Yo no tengo nada en contra del régimen…”, abre un largo paréntesis. Tajante, el contradiós hiela y paraliza antes del argumento: “La parte política la he olvidado por una sola razón: no puedo hacer nada. Pero sí puedo ayudar a mi gente, crear cosas nuevas, contribuir a que los artistas tengan más chances de ser reconocidos, reivindicarlos después de tanto silencio”. Por esta añadidura o timorata justificación, Ella importó en 2012 la exposición Una mirada múltiple, que reunió a la crema de la contemporaneidad. “Yo quería chinos, norteamericanos, alemanes, pero me pedían cubanos, porque no habían visto nada después de su partida. A Ana Mendieta, por ejemplo, sólo la conocían en libros. La expo tuvo mucho éxito. Estaba programada de mayo a julio, pero la mantuve hasta agosto. Aunque me habían jurado que no se iría la luz, nos quedamos a oscuras”. Hubo de rizar, pues, sus encantos, comba amarilla y donosura, para resolver el problema eléctrico. “Tengo muy buenas relaciones con el gobierno. En qué sentido: yo no me meto con él y él no se mete conmigo. Por otra parte, el ámbito cultural depende de instituciones públicas. Claro, yo me imagino que tienen sus reservas, represento lo opuesto, lo que repudian”. Pero el desdén o las cautelas no han roído su figurín, al contrario, gracias a sus contactos alquiló una casa —no pudo comprar porque no se ha residenciado de forma permanente, repatriarse supondría, de acuerdo a las leyes y grilletes, el fin de prerrogativas: barcos y aviones propios. Vive en una amplia y arreglada villa en CubanaCan, zona de embajadas y morada de la aristocracia castrista, donde no hacen ascos a la ostentación, donde la utopía proletaria se encandila con los colores de bellas fachadas —la quimera también naufraga en piscinas privadas. Ella recibe, como Madame de Staël o Juliette de Recamier, la intelectualidad de la isla. En sus salones picotean, discuten, chocan las copas de champaña los novelistas Leonardo Padura o Wendy Guerra, Jorge Fernández, actual director del Museo Nacional de Bellas Artes y un largo etcétera de turistas y entrépitos.

En su porfía de fomentar la belleza, al igual que la divulgación de nombres y logros y cuadros, Fontanals tempera su paciencia en La Habana —eso no quiere decir que no viaje de la Ceca a Meca. Consciente de la importancia de la memoria, adquirió el Archivo Veigas, uno con más de 300 mil carpetas entre documentos, catálogos, fotografías y revistas de cuño artístico que adosó a CIFO, pero que se mantendrá abierto al público local. También se fijó alzar un espacio de arte contemporáneo, que está en veremos por las trabas que siembra el Estado. “No dejan ni que importe un scanner para la digitalización del archivo. Me cedieron un sitio fantástico, pero está derruido. Han pasado ya tres años. Me he reunido con mucha gente. Hay tanta burocracia”. El eufemismo no aplica, en cambio sí las restricciones, prohibiciones y atolladeros.

Por amor al arte

Ella-Fontanals-by-Alberto-Hernandez_3Small

Está en España para la 36 edición de ArcoMadrid, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo que organiza Ifema, remanso en el que convergen más 200 galerías de los cinco continentes. Su propósito, al igual que uno del evento, es promocionar la obra de artistas latinoamericanos —al menos 45% de los galeristas son de la región. Sin ufanarse, se abrocha las charreteras, es amiga de Manuel Borja, cabeza del Museo Reina Sofía y también es colaboradora de la Tate Modern y el Pérez Art Museum Miami. Sus relaciones con la vanguardia, directores, museólogos y curadores le extienden la alfombra roja, la que acostumbra pisar. Como aclimatada está a que la escuchen y atiendan. No hay quien no se postre ante su sandunga o atino inversor. No en balde se adueña de una las colecciones particulares más interesantes del hemisferio. Desde los más famosos, las vedettes de la escena, como Jeff Koons, Damien Hirst, Anish Kapoor, Michelangelo Pistoleto o Liu Bolin, hasta los clásicos del abstraccionismo, concretismo y cinetismo latinoamericano —tiene al menos 800 piezas dentro de su patrimonio— Lygia Clark, Jesús Soto y Julio Le Parc, por nombrar unos pocos, descuellan en el haber de Cisneros Fontanals Art Fondation.
La cita española le brinda la ocasión de tender puentes para presentar talentos como el del músico Kelvis Ochoa o el de los artistas conceptuales Ernesto Rancaño y Marcos Castillo —este último miembro del colectivo “Los Carpinteros”— aprovechando la sazón: el mercado clama y reclama el ingenio latino. “Arco es la vitrina perfecta. El mundo se ha volteado, hay un boom quizá porque muchos se han asentado en Europa. En los últimos 15 años ha habido un hervor. Diría que ahorita es que estamos en el pico. Los museos están interesados, hay departamentos de arte latinoamericano. En este momento, el Metropolitan resolvió retomar una colección. La Tate compila desde hace tiempo”.

Arco también sirve para estrechar lazos con compradores y marchands y proyecta los anzuelos para picar tentaciones. “Mi formación como coleccionista se la debo a la curiosidad. Necesito llegar hasta el fondo de las cosas. Cuando me empecino no suelto hasta conocer el dónde, cómo, cuándo y por qué. Soy futurista, no tengo miedo, no me paro y he vivido siguiendo mis pálpitos. Fiel a mis testarudeces, voy hacia adelante y siempre creo que viene algo mejor. No tengo tantas ataduras quizá mis apegos son mis obras. No por avaricia, que la desprecio, no las guardo en una caja fuerte, quiero compartirlas”. Gracias a su tozudez ha sumado piezas brillantes, de ensoñaciones y deslumbramiento. Como una Reticularia de Gego. “Sabía que era un must para mi colección. Además, adoro a esa mujer. La subastaban en Sotheby’s, pujé y pujé hasta conseguirla. Pagué 400 mil dólares, mucho más de lo que valía. Hoy su precio es cuatro veces mayor. He aprendido que la vida es continua y siempre hay la oportunidad, mi oportunidad”.

Otros muchos proyectos se agolpan en su agenda de 2017, como una colectiva itinerante en Estados Unidos que convoca a 63 artistas cubanos. Resaltan Lolo Soldevilla, Darié, Antonia Irís, Lázaro Saavedra, René Francisco Rodríguez, Ponjuán. Las 120 piezas expugnarán los museos de Houston y Minneapolis. Ella entiende que después de tantos vuelos y tráfagos con la bohemia hay un lugar que la espera. Sí, la hija pródiga vuele a la raíz, al ADN, a su tradición musicalizada con congas, mambo y guaracha. Ansiedad su canción favorita, ansiedad la que la sacude sin turbaciones. Ansiedad por futuros en libertad. Una última pregunta cierra el anecdotario del pasado compartido. ¿Democracia o revolución? Un abismo se repliega, Ella vacila, renquea, mira a los lados en busca de auxilio y complicidad. Democracia, ella lo sabe, siempre democracia.

El arte de ignorar a las mujeres

Cecilia de la Serna

Foto: DAVID GRAY
Reuters

Cuando se habla del papel de la mujer en diferentes sectores de la sociedad, casi siempre sale perdiendo. Pero lo que una nunca imagina es que en un sector tan progresista y vanguardista como el del Arte, las mujeres se encuentran tan ignoradas o más que en otros tantos. La reciente inauguración de la primera retrospectiva dedicada a una mujer en el Museo del Prado en sus casi 200 años de historia ha traído a la primera línea informativa una circunstancia que muchos llevan décadas denunciando: las mujeres no tienen sitio en los museos si no es para posar desnudas.

El enigma de Clara Peeters

El Museo del Prado es una de las mayores pinacotecas del mundo, contiene una de las colecciones de arte europeo más importantes del viejo continente, y es incuestionablemente la casa de la mayor compilación de arte español de la historia. Sin embargo, esta maravilla que habita el Paseo del Prado madrileño tiene una tarea muy pendiente: rendirle el tributo merecido a las artistas féminas. Entre sus paredes se conservan obras de más de 5.000 artistas hombres frente a tan sólo 41 mujeres a las que habría que sumar otras 12 contemporáneas, de las que atesora unas 70 obras. Únicamente siete están actualmente expuestas. En este desolador contexto, no es de extrañar que el Prado haya esperado casi 200 años para rendirle un homenaje a una mujer. Y esa mujer es Clara Peeters, cuyo nombre ya quedará impregnado en la centenaria historia del Museo del Prado.

clara_peters_1
Bodegón con gavilán, aves, porcelana y conchas, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)

Clara Peeters (1594 – 1657) fue una pintora barroca flamenca, pionera en la pintura de bodegones, y hasta hace poco era un nombre desconocido para el gran público, al menos en España. Su trabajo fue olvidado durante siglos, tal vez por el mero hecho de ser mujer. Peeters pintaba bodegones porque no podía pintar casi otra cosa. En la época, las pocas mujeres que querían hacer del arte su forma de vida debían conformarse con esto ya que no les estaba permitido el dibujo anatómico, considerado indecoroso porque implicaba el estudio a partir del desnudo de cuerpos masculinos. Hoy tan sólo se conservan y conocen 39 obras de sus obras, y cuatro pertenecen al Museo del Prado. Con esas cuatro obras, el Prado se convierte de facto en la pinacoteca con más cuadros en posesión de la artista flamenca, circunstancia que originó esta retrospectiva realizada en colaboración con el Museo Real de Bellas Artes de Amberes. Peeters merece esta retrospectiva porque no sólo pintó en un tiempo donde por hacerlo se cernía sobre sí un estigma, sino que a su manera estuvo a la vanguardia. Avanzada a su tiempo, fue una precursora a la hora de dotar de forma y significado a sus suntuosas naturalezas muertas. Fue la primera artista, por ejemplo, que pintó peces en los bodegones.

Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)
Bodegón con flores, copa de plata dorada, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, de Clara Peeters. (Foto: Museo del Prado)

El enigma de Clara Peeters se consolida en los autorretratos que dejó, prácticamente escondidos, en algunos de sus cuadros. Concretamente, ocho son los autorretratos que dejó dibujados de forma casi imperceptible, a través de los cuales tal vez reivindicaba su condición de mujer artista, aunque tal vez simplemente se divertía viéndose reflejada. Sea como fuere, gracias a esta mujer, a su arte y a su vida -a pesar de que no sepamos demasiado de su biografía-, el mayor museo de España ha dejado un poquito de lado dos siglos de flagrante sexismo.

La exposición El arte de Clara Peeters está disponible en el Museo del Prado hasta el 19 de febrero de 2017.

Guerrilla Girls, tres décadas en las trincheras

Hay una máxima en la que todas las mujeres artistas, pertenecientes a cualquier época, coinciden: están ignoradas –si no menospreciadas o vilipendiadas. Si hay un colectivo que puede dar fe de ello son las Guerrilla Girls. Bajo la premisa de que que el mundo del arte fuera machista siglos atrás, pase, pero que no hay justificación para que lo siga siendo hoy día, las Guerrilla Girls han luchado durante los últimos 30 años para erradicar el sexismo en galerías y museos. Se trata de un grupo de artistas y activistas feministas que ha apoyado con datos cada una de sus reivindicaciones.

Las ventajas de ser una mujer artista, según las Guerrilla Girls. (Foto: Guerrilla Girls)
Las ventajas de ser una mujer artista, según las Guerrilla Girls. (Foto: Guerrilla Girls)

A mediados de los ochenta, el MOMA de Nueva York presentaba An International Survey of Painting and Sculpture, una ‘mega exposición’ de arte contemporáneo integrada en teoría por los 200 “artistas más importantes del momento” y con la presencia de tan sólo 13 mujeres. El desequilibrio era tan notable que despertó la ira de un grupo de artistas anónimas neoyorquinas que decidieron pasar a la acción bajo el nombre de Guerrilla Girls. Ese fue el germen de todo un movimiento sociocultural que ha atravesado barreras hasta convertirse en un icono del arte. A esa primera protesta le siguieron muchas, a través de las cuales estas mujeres, ataviadas con máscaras de primates y que se presentaban bajo el nombre de Frida Kahlo, Eva Hesse o Lee Krasner, denunciaban la desigualdad de género: gracias a datos y estadísticas, lograron evidenciar que en el arte no había lugar ni para mujeres ni para negros.

“El arte no puede ser reducido a un pequeño número de artistas que han ganado un concurso de popularidad entre los grandes comerciantes, curadores y coleccionistas. A menos que los museos exhiban el arte de manera tan diversa como las culturas que dicen representar, no estarán mostrando la Historia del Arte sino que sólo estarán preservando la historia de la riqueza y el poder”

 Guerrilla Girls

Más allá de Estados Unidos, las Guerrilla Girls decidieron emprender acciones allende. Enviaron cuestionarios a 383 museos o espacios de exposición de arte moderno y contemporáneo de Europa con el fin de calibrar la proporción de género, raza, religión, orientación sexual y etnia de los artistas que formaban parte de sus colecciones permanentes y sus exposiciones temporales. De los 383 cuestionados, 282 no emitieron respuesta alguna. En ese sondeo, las activistas feministas concluyeron que los museos o galerías europeos contenían una media del 22 por ciento de arte producido por mujeres. Desde que comenzaron su particular guerrilla, estas artistas anónimas han logrado colarse de manera oficial –gracias en particular a sus originales carteles- en lugares de notable prestigio como la Tate Modern o la Whitechapel Gallery londinenses.

¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met Museum? (Foto: Guerrilla Girls)
¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met. Museum? (Foto: Guerrilla Girls)

Hoy en día, las Guerrilla Girls ya no existen en su formato original. En su lugar, actualmente coexisten tres grupos que se autoproclaman sus sucesoras, y siguen haciendo una labor feminista en torno al mundo del arte.

La exposición de las Guerrilla Girls -las originales- ¿Es peor en Europa? puede verse en la Whitechapel Gallery de Londres hasta el 5 de marzo del 2017.

Revolución desde la institución

Tan sólo uno de cada cuatro grandes museos ha estado comandado por una mujer, y las que alcanzan los puestos directivos de pequeños o medianos centros de arte ganan un 78% menos que los hombres que ejercen exactamente las mismas funciones. Por eso, cuando una llega a lo más alto, es tan noticiable como fundamental. La revolución al mando de las grandes galerías de arte contemporáneo ha sucedido este mismo año, con la llegada de la británica Frances Morris, que se ha “echado a las espaldas” todo un emblema como es la Tate Modern de Londres. Morris tenía en su haber un currículum consolidado antes de comenzar su labor en la dirección de la Tate: su papel en la pinacoteca -en la que ha trabajado desde 1987- fue clave en el desarrollo del alcance internacional del museo, así como en el impulso de la presencia de mujeres artistas. Estuvo detrás, por ejemplo, de grandes exposiciones como la retrospectiva dedicada a Louise Bourgeois en 2007 o la exposición de Agnes Martin en 2015.

Pero el trabajo de Morris ha ido más allá de la pura reivindicación feminista  -que ha confirmado en sus primeros meses en el cargo-, ya que ha llegado a revolucionar el concepto mismo de exposición de arte. Morris es la responsable de la ruptura del orden cronológico en la colección artística, algo que más tarde se imitó en todas partes. Su objetivo ha sido siempre contextualizar las obras más allá del tiempo y el espacio en que fueron concebidas, una idea totalmente rompedora. Por lo que, Morris es, en sí misma, toda una precursora en su campo.

Los pasitos que comenzaron a dar las Guerrilla Girls están tornándose en pasos agigantados

El ejemplo de Frances Morris sirve para ilustrar que hay algo que está cambiando. Si la Tate Modern pone al mando a una mujer que habla sin pudor de mujeres y trabaja sin reparos con arte producido por artistas féminas, es que los pasitos que comenzaron a dar las Guerrilla Girls están tornándose en pasos agigantados. Las grandes instituciones del arte, entre las que incuestionablemente se encuentran esta pinacoteca londinense y el museo madrileño que hoy expone su primera retrospectiva femenina, deben tomar ahora las riendas de una revolución ya imparable.

Nuevas formas de reivindicación

El arte siempre va más allá de grandes museos, porque el arte vive en la gente que lo disfruta, que lo comparte. Internet juega hoy un papel predominante en las nuevas formas artísticas, y también en la reivindicación que centra este artículo.

El espectador en el arte tiene mayoritariamente nombre de mujer

La iniciativa pionera en activismo feminista del arte en Internet es la cuenta en Instagram @Girlsinmuseums, creada hace poco más de un año, que tiene ya más de 11.000 seguidores y 12.000 fotografías etiquetadas por usuarios de la red. A través de este canal, las italianas Camilla Crescini y Francesca Malagoli logran mostrar al mundo la asistencia masiva de mujeres a museos y galerías. De esta forma, buscan evidenciar que la demanda femenina, una demanda que está siendo desatendida por parte del mundo del arte, tiene un impacto mayúsculo. Su iniciativa genera conversación y debate en torno a la brecha de género en el contexto cultural. Según datos de Crescini, el 87% del contenido difundido en redes sociales durante las visitas a los museos lo publican mujeres, frente al 13% de los hombres. Al fin y al cabo, el arte –y la cultura en general- es un diálogo entre el artista y el espectador, una conversación constante en la que ambos participan, y lo que queda demostrado gracias a @Girlsinmuseums es que el espectador tiene mayoritariamente nombre de mujer.

Hay grandes nombres de la pintura, la escultura o la fotografía que no pasan desapercibidos. Louise Bourgeois, Frida Kahlo, Yoko Ono, Cindy Sherman, Marina Abramovic o Annie Leibovitz compiten en fama, prestigio y caché en el mercado con sus colegas masculinos, pero no es suficiente. Desde las instituciones deben trabajar para recordar nombres olvidados, como el de Clara Peeters, y en la calle la implicación de las mujeres que aman -amamos- el Arte debe ser mayor para recordar que el arte de ignorar a las mujeres es cosa del pasado.

Sí, la bisexualidad existe

Néstor Villamor

Foto: Stefanie Loos
Reuters

…y está en el cerebro, no donde tú piensas

El debate todavía continúa bien entrado el siglo XXI, incluso entre miembros de la comunidad LGTB: ¿Existe realmente la B? ¿Hay bisexuales en el mundo o son solo homosexuales con la puerta del armario a medio abrir? Esta pregunta ya tiene respuesta científica: la bisexualidad sí existe y, además, no se encuentra en los genitales, sino en el cerebro. Lo confirma un estudio publicado en febrero en la web de la revista Nature que concluye que las personas de esta orientación tienen una respuesta cerebral propia y distintiva ante los impulsos eróticos. La investigación, titulada “Neural Correlates of Sexual Orientation in Heterosexual, Bisexual, and Homosexual Men (of escorts london)”(“Correlaciones neuronales de la orientación sexual en hombres heterosexuales, bisexuales y homosexuales”), estuvo coordinada por el profesor de Neurociencia Adam Safron y supervisada por la Universidad Northwestern.

“Los hombres bisexuales no muestran diferencias significativas en sus respuestas a los estímulos masculinos y femeninos”

El estudio se ha centrado solamente en varones, pero el resultado está claro: “Los hombres bisexuales no muestran diferencias significativas en sus respuestas a los estímulos masculinos y femeninos”. Durante el experimento, las respuestas se midieron mediante resonancias magnéticas que mostraban la reacción del VS, una región del cerebro asociada con la motivación de incentivos. ¿Resultado? Los cerebros de aquellos que se habían definido previamente como bisexuales respondían de forma similar a pechos y abdominales, mientras que las respuestas de los heterosexuales y homosexuales variaban mucho ante uno y otro estímulo.

Estudio avalado con el sello de calidad del porno

La metodología fue tan simple como efectiva: los investigadores convocaron por la web de anuncios clasificados Craigslist a 79 hombres de entre 25 y 50 años y de origen étnico diverso (26 heterosexuales, 28 bisexuales y 25 homosexuales) y les mostraron fotografías y vídeos pornográficos tanto de hombres como de mujeres. De esa forma, establecieron que la respuesta cerebral de los participantes concordaba con la sexualidad con que previamente se habían identificado.

Otra cuestión que zanja el estudio, y que también es objeto de polémica de barra de bar, es que, aunque poco significativa, la respuesta sexual siempre es superior ante estímulos de un sexo o de otro. En otras palabras: a los los bi siempre les tira (un poco) más la carne o el pescado.

Este es el primer estudio de estas características, señala la publicación de Nature, que explora la actividad cerebral de los bisexuales con imágenes neuronales, ya que, según los investigadores, no existían resultados consistentes en personas de esta orientación.

El factor que el estudio deja abierto a la duda es el temporal: los investigadores reconocen no haber examinado la duración de estos estímulos a lo largo de la vida ni la edad a la que aparecen. Se plantean, además, que puede ser “éticamente problemático” realizar un estudio de estas características con “participantes más jóvenes”.

TOP